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Profundizando y Madurando
Nuestra Fe
Tema No. 7
La Comunidad Humana
OBJETIVOS:
• 1.- Ayudar a las personas participantes a
valorar cuan importante es para nosotros la
vida comunitaria.
• 2.- Conducirles a distinguir la relación entre
la persona y la sociedad.
• 3.- Guiarles a una mejor comprensión de la
participación en la vida social.
• 4.- Ayudarles a discernir entre los conceptos
de Justicia social y Caridad.
Charla No. 1
La Comunidad en la cultura
Hispana
El espíritu comunitario hispano:
La experiencia cotidiana refleja nuestro sentido
profundamente comunitario de la vida. Nuestra vida es
comunión. Nosotros no dialogamos, somos diálogo, pues los
demás son parte de nuestro existir.
En todos los aspectos de la vida expresamos nuestro
espíritu comunitario y cooperativo. Sufrimos en nuestra misma
carne la desgracia de cuantos encontramos en nuestro caminar
Nos identificamos con naturalidad con las alegrías y problemas
de cuantos nos rodean; esto nos lleva a llorar con los que lloran
y a reír con los que ríen, convirtiéndolos en parte integral de
nosotros mismos.
La convivencia espontánea, la comunicación
transparente, el acercamiento y acogimiento de los demás,
incluso de personas desconocidas, nos hacen fácil crear grupos
amistosos. Nos gusta la fiesta, las celebraciones y el compartir.
Necesitamos ponerlo todo en común y nos damos sin esperar --
nada a cambio; no podemos no darnos, no podemos no amar,
aunque muchas veces esto nos acarree incomprensiones y
malos entendidos. La solidaridad y el compañerismo, los
sentimientos de hermandad que nos llevan a defender los
derechos de otras personas, son expresión de nuestra manera
de ser y estar con los otros.
El apoyo a la familia, la lealtad con los amigos, la
colaboración con los compañeros, la necesidad de compartir y
recibir apoyo, generosidad, servicio y hospitalidad, hacen de
nuestra existencia una vida comunitaria.
En momentos de necesidad organizamos ayuda,
colectas y cooperación generosa. No nos cuesta sacrificarnos
por los amigos y por los ideales. En medio de las tensiones, el
dolor y la pobreza, vivimos el regalo de los unos a los otros y en
todo esto experimentamos el cariño y el amor de Dios.
Para nuestra cultura hispana es de lo más natural
sentirnos comunidad, es decir, comunión entre nosotros, ya que
para el hispano el “nosotros” es más representativo que el “yo”.
Cuando observamos la realidad de nuestra cultura
hispana, en ocasiones nos parece que esta visión de nuestra
gente nos parece demasiado idealizada y poco objetiva de lo
que realmente ocurre entre nosotros. Es innegable que nuestra
comunidad aparte de sus luces también tiene sombras y que en
no pocos casos aparecen el egoísmo y el individualismo como
expresión del actuar de nosotros los hispanos.
Y no es que queramos cerrar los ojos a estas realidades
y ver solo lo bueno y positivo de nuestra cultura, sino más bien
hacemos resaltar el hecho de que nuestros valores y
tradiciones, en su mayor parte, corresponden a lo que
anteriormente hemos descrito como la vida comunitaria de
nuestra gente.
Charla No. 2
La Persona y la Sociedad
La sociabilidad humana:
Dios no ha creado al hombre como un ser solitario, sino
que lo ha querido como un ser social (Gn. 1, 27). Para la
persona humana la vida social no es algo accesorio, sino que
deriva de una importante dimensión inherente a su naturaleza:
la sociabilidad. El ser humano no puede crecer y realizar su
vocación si falta la unión con los otros.
Esta natural sociabilidad se hace más patente a la luz de
la fe, ya que existe una cierta semejanza entre la vida íntima de
la Santísima Trinidad y la comunión que se debe instaurar entre
los hombres, porque todos han sido redimidos por Cristo, están
llamados al único y mismo fin. La manera de relacionarse del
ser humano debe ser gratuita y sin excluir a nadie, ya que en el
prójimo se ve la imagen de Dios, por quien es necesario darse
hasta el extremo.
El hombre está llamado a existir para los demás, pues
no solo debe existir con los demás o junto a los demás, lo que -
Implica servir y amar; pues la vida humana se envilece cuando
se cierra al prójimo.
La real posibilidad de edificar una sociedad digna de la
persona, se encuentra en el crecimiento interior del hombre, en
abrirse al amor y al servicio del otro, fomentando las relaciones
desinteresadas que nacen de la disposición a la auto donación
como regla personal de conducta.
La sociabilidad se entrelaza con otra característica
humana: La radical igualdad y las diferencias accidentales de
las personas, todos los seres humanos poseemos una misma
naturaleza, un mismo origen y estamos llamados a participar de
la vida Divina, por lo tanto, todos tenemos la misma dignidad.
Junto a esta igualdad, existen también diferencias, que
deben valorarse positivamente, y que pertenecen al Plan de
Dios, que quiere que cada uno reciba de otro lo que necesita, y
que el que tiene talentos los ponga al servicio de los demás.
La Sociedad:
La sociabilidad humana se ejerce mediante el
establecimiento de diversas asociaciones dirigidas a alcanzar
distintas finalidades: Una sociedad es un conjunto de personas
ligadas de manera orgánica por un principio de unidad que
supera a cada una de ellas; y que tienen una meta o finalidad
en común.
Los objetivos humanos son múltiples, lo mismo que los
diferentes tipos de nexos, como el idioma o la cultura; por ello
existe un amplio mosaico de asociaciones que van desde la
familia hasta la comunidad internacional.
Estas sociedades o asociaciones, corresponden a la
naturaleza del hombre y le son necesarias e indispensables
para su realización plena.
El estrecho nexo que existe entre la persona y la vida
social, explica el enorme influjo de la sociedad en el desarrollo -
Personal, y el deterioro humano que conlleva una sociedad
defectuosamente organizada: El comportamiento de las
personas depende, en algún modo, de la organización social.
Sin reducir el ser humano a un elemento anónimo de la
Sociedad, conviene recordar que el desarrollo pleno de la
persona y el progreso social se influencian mutuamente.
En este sentido, a causa de los pecados de los hombres,
se llegan a generar en la sociedad estructuras injustas o
estructuras de pecado. Las cuales se oponen al recto orden de
la sociedad, hacen más difícil la práctica de la virtud y más
fáciles los pecados personales, puede tratarse de costumbres
inmorales generalizadas como la corrupción, o leyes injustas
como el aborto.
La Autoridad:
Toda comunidad humana necesita de una autoridad que
la gobierne. Esta tiene su fundamento en la naturaleza humana
y es necesaria para la unidad de la sociedad. Su misión
consiste en asegurar, en cuanto sea posible, el bien común de
todos.
Como la sociabilidad es una cualidad propia de la
naturaleza humana, se debe concluir que toda autoridad
legítima emana de Dios, como autor de la naturaleza; pero la
determinación del régimen y la designación de los gobernantes
han de dejarse a la libre voluntad de los ciudadanos.
La legitimidad moral de la autoridad debe estar ordenada
al bien común y quienes la ejerzan deben practicarla como un
servicio, practicar la justicia distributiva, evitar el favoritismo y
todo interés personal, además de no comportarse de manera
despótica.
En cuanto a los sistemas políticos, la Iglesia aprecia el
sistema de la democracia, en la medida en que se asegure la
participación de los ciudadanos en las opciones políticas, y --
garantice a los gobernados, la posibilidad de elegir y controlar a
sus gobernantes. La democracia debe velar por la dignidad de
la persona y sus derechos inviolables, pues una democracia sin
estos valores, se convierte fácilmente en un totalitarismo.
El Bien Común:
Por bien común se entiende el conjunto de aquellas
condiciones de la vida social que permiten a los grupos, y a
cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente
su propia perfección.
El bien común, por tanto, no es solo de orden material,
sino también espiritual, y comporta tres elementos esenciales:
1.- Respetar la persona y su libertad
2.- Procurar el bienestar social y el desarrollo humano integral
3.- Promover la paz, la estabilidad y la seguridad de todos.
Teniendo en cuenta la naturaleza social del hombre, el
bien de cada uno, está necesariamente relacionado con el bien
Común y éste, a su vez, debe estar orientado al progreso y
realización de todas las personas.
El ámbito del bien común, no es solo la ciudad o el país,
pues existe también un bien común universal y éste requiere
una organización de la comunidad de naciones.
En nombre del bien común, las autoridades están
obligadas a respetar los derechos fundamentales e inalienables
de la persona humana; en particular, las libertades naturales
que son indispensables para el desarrollo de la vocación
humana.
Sociedad y dimensión trascendente de la persona:
La sociabilidad concierne a todas las dimensiones de la
persona y, por tanto, a su trascendencia. La profunda verdad
sobre el hombre, de donde deriva su dignidad, consiste en ser
imagen y semejanza de Dios y estar llamado a la comunión con
Él; por eso, la dimensión teológica se hace necesaria para ---
Interpretar y resolver los actuales problemas de la convivencia
humana.
El ateísmo en sus distintas manifestaciones es uno de
los fenómenos mas graves de nuestro tiempo, y sus
consecuencias son nocivas para la sociedad; puesto que
olvida o menosprecia la dimensión trascendente de la relación
con Dios.
Si se quiere que el orden social tenga una base estable
es necesario un fundamento absoluto, que no esté a merced
de las opiniones de los juegos de poder; y solo Dios es
fundamento absoluto; es por ello que se debe evitar a todo
costo, la contraposición de las dimensiones religiosa y social
de la persona humana.
Es necesario el crecimiento espiritual del ser humano
para favorecer el desarrollo de la sociedad. El encuentro con
Dios introduce en la historia una fuerza misteriosa que cambia
el corazón del ser humano, y le mueve a la conversión.
Participación en la vida pública:
Participar en la promoción del bien común, cada uno
según el lugar que ocupa y el papel que desempeña, es un
deber inherente a la dignidad de la persona humana, pues
nadie se debe conformar con una ética individualista, y ello nos
obliga, en cuanto sea posible, a tomar parte activa en la vida
pública.
El derecho y el deber de participar en la vida social,
deriva del principio de subsidiaridad, el que consiste en que una
estructura social de orden superior, no debe interferir en la vida
interna de un grupo social de orden inferior, privándole de sus
competencias, sino que más bien, debe sostenerle en caso de
necesidad y ayudarle a coordinar su acción con la de los demás
componentes sociales, con miras al bien común.
Esta participación se realiza, ante todo con el
cumplimiento responsable de los propios deberes familiares y
profesionales y de las obligaciones de justicia legal.
Teniendo en cuenta la interdependencia de las personas
y los grupos humanos, la participación en la vida pública debe
hacerse con un espíritu de solidaridad, entendiéndolo como un
empeño en pro de los demás.
Aunque la solidaridad comprende a todos los hombres,
una razón de urgencia hace que sea más necesaria, cuanto
más difíciles sean las situaciones de las personas: Se trata del
amor preferencial por los más necesitados.
En definitiva, las personas deben ejercer sus derechos
civiles y cumplir sus deberes, pues los cristianos estamos
llamados a cristificar el mundo, haciendo de esta humanidad un
nuevo cielo y una nueva tierra, con la fuerza del amor y el
servicio compasivo.
Charla No. 3
La Justicia Social.
Introducción:
Nuestro mundo que tiene grandes posibilidades en todos
los ámbitos de la vida, presenta un panorama social
preocupante tanto a nivel nacional como internacional. La
justicia social conlleva relaciones de explotación y estructuras
perversas de pecado, pero nace del egoísmo de los corazones.
Uno de los mayores anhelos de la humanidad, es la promoción
humana de los pueblos subdesarrollados, víctimas de unos
niveles de pobreza incompatibles con los derechos humanos
más básicos.
Qué entendemos por justicia Social:
Existe justicia social cuando la sociedad posibilita el que
cada persona, asociación o pueblo disponga de los medios
necesarios, según su naturaleza y condición, para desarrollarse
plenamente; a esto le llamamos bien común. La autoridad
existe para garantizar el bien común.
Vivimos en una sociedad en la que, con frecuencia, el
individualismo y la búsqueda de la ganancia personal,
prevalece sobre el bien común; en un mundo del trabajo y de la
producción donde el valor central del hombre con frecuencia se
sacrifica en beneficio del provecho máximo a cualquier precio,
que determina la ruptura del tejido social, provocando un
alejamiento de los ciudadanos de la vida pública.
Se impone la necesidad de recuperar la dimensión ética
de la persona, la cual está en crisis profunda. La enseñanza
moral de la Iglesia debe conducirnos a la práctica de este valor
porque no basta el conocimiento y contemplación de la
realidad, sino que se requiere la creación de una nueva
humanidad de acuerdo con las exigencias de la ética humana y
cristiana. Pues son los valores éticos el camino para la
salvación de la sociedad contemporánea. Porque hablar de
ética significa tener presente una visión completa del hombre.
Fundamentos de la Justicia Social:
La revelación cristiana no solo nos comunica que el amor
es la mediación de Dios, sino que lo comunica plenamente en
la persona de Jesucristo, “justicia de Dios”. Por la entrega de
Jesús de Nazaret hasta dar la vida, Dios hace justos a los que
éramos pecadores; en consecuencia, quien acoge el amor
misericordioso de Dios ama a su prójimo (Mt. 25, 31-46).
El Nuevo Testamento sitúa el amor como el fundamento
y la fuerza de la justicia. Las primeras comunidades hacen de la
comunión de bienes, la expresión mayor de la justicia
distributiva (Hch. 4, 32). Un dato nuclear en los Evangelios es la
unión entre la vida de Jesús y la experiencia de Dios como
Padre; en cercanía a los excluidos, enfermos, pobres y
pecadores.
Pertenece a la esencia de la fe cristiana, el considerar a
las relaciones con los demás como ámbito de experiencia de --
Dios, y la lucha por la justicia como lo que valida la autenticidad
de la fe. La justicia social, es pues, la fundamental igualdad de
todos los hombres y la creación de condiciones de vida justa y
humana.
El respeto de la persona humana tiene su
fundamentación en que ella es imagen de Dios, y los derechos
que dimanan de su dignidad son anteriores a la sociedad. Que
cada uno, sin ninguna excepción, debe considerar al prójimo
como otro yo, cuidando, en primer lugar, de su vida y de los
medios necesarios para vivirla dignamente.
Hay que superar y eliminar, como contraria al plan de
Dios, toda forma de discriminación en los derechos
fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por
motivo de sexo, raza, color, condición social, idioma o religión.
Allí donde la justicia y la caridad se convierten en el alma
de la economía e inspiran opciones coherentes, se eliminan las
injusticias y se realiza aquella solidaridad que pretende la
distribución equitativa de los bienes y pone a los pobres, a los
indigentes y a los marginados en el primer puesto.
Igualdad y diferencias entre las personas:
Al venir al mundo, la persona no dispone de todo lo
necesario para el desarrollo de su vida corporal y espiritual.
Necesita de los demás. Ciertamente existen diferencias en
cuanto a la edad, a las capacidades físicas, a las aptitudes
intelectuales o morales, a las circunstancias de las que cada
uno se pueda beneficiar. Los talentos y carismas no están
distribuidos por igual, pero nadie es tan pobre que no tenga
nada que ofrecer y nadie es tan rico que no necesite algo. Pero
ante los ojos de Dios todos somos iguales, todos tenemos la
misma dignidad y todos somos hijos de Dios.
Solidaridad humana:
El principio de solidaridad, expresado también con el
nombre de amistad o caridad social es una exigencia directa de
la fraternidad humana y cristiana.
La solidaridad se manifiesta, en primer lugar, en la
distribución de los bienes y en la remuneración del trabajo.
Supone también el esfuerzo a favor de un orden social más
justo en el que las tensiones y conflictos puedan ser resueltos
mediante una salida negociada.
Los problemas socioeconómicos solo pueden ser
resueltos con la ayuda de todas las formas de solidaridad.
Internacionalmente la solidaridad es una exigencia del orden
moral y en buena medida, la paz del mundo depende de ella.
La virtud de la solidaridad va más allá de los bienes
materiales, ya que difundiendo los bienes espirituales de la fe,
la Iglesia ha favorecido el desarrollo de los bienes temporales.

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Pmnf tema 7

  • 1. Profundizando y Madurando Nuestra Fe Tema No. 7 La Comunidad Humana
  • 2. OBJETIVOS: • 1.- Ayudar a las personas participantes a valorar cuan importante es para nosotros la vida comunitaria. • 2.- Conducirles a distinguir la relación entre la persona y la sociedad. • 3.- Guiarles a una mejor comprensión de la participación en la vida social. • 4.- Ayudarles a discernir entre los conceptos de Justicia social y Caridad.
  • 3. Charla No. 1 La Comunidad en la cultura Hispana
  • 4. El espíritu comunitario hispano: La experiencia cotidiana refleja nuestro sentido profundamente comunitario de la vida. Nuestra vida es comunión. Nosotros no dialogamos, somos diálogo, pues los demás son parte de nuestro existir. En todos los aspectos de la vida expresamos nuestro espíritu comunitario y cooperativo. Sufrimos en nuestra misma carne la desgracia de cuantos encontramos en nuestro caminar Nos identificamos con naturalidad con las alegrías y problemas de cuantos nos rodean; esto nos lleva a llorar con los que lloran y a reír con los que ríen, convirtiéndolos en parte integral de nosotros mismos. La convivencia espontánea, la comunicación transparente, el acercamiento y acogimiento de los demás, incluso de personas desconocidas, nos hacen fácil crear grupos amistosos. Nos gusta la fiesta, las celebraciones y el compartir. Necesitamos ponerlo todo en común y nos damos sin esperar --
  • 5. nada a cambio; no podemos no darnos, no podemos no amar, aunque muchas veces esto nos acarree incomprensiones y malos entendidos. La solidaridad y el compañerismo, los sentimientos de hermandad que nos llevan a defender los derechos de otras personas, son expresión de nuestra manera de ser y estar con los otros. El apoyo a la familia, la lealtad con los amigos, la colaboración con los compañeros, la necesidad de compartir y recibir apoyo, generosidad, servicio y hospitalidad, hacen de nuestra existencia una vida comunitaria. En momentos de necesidad organizamos ayuda, colectas y cooperación generosa. No nos cuesta sacrificarnos por los amigos y por los ideales. En medio de las tensiones, el dolor y la pobreza, vivimos el regalo de los unos a los otros y en todo esto experimentamos el cariño y el amor de Dios.
  • 6. Para nuestra cultura hispana es de lo más natural sentirnos comunidad, es decir, comunión entre nosotros, ya que para el hispano el “nosotros” es más representativo que el “yo”. Cuando observamos la realidad de nuestra cultura hispana, en ocasiones nos parece que esta visión de nuestra gente nos parece demasiado idealizada y poco objetiva de lo que realmente ocurre entre nosotros. Es innegable que nuestra comunidad aparte de sus luces también tiene sombras y que en no pocos casos aparecen el egoísmo y el individualismo como expresión del actuar de nosotros los hispanos. Y no es que queramos cerrar los ojos a estas realidades y ver solo lo bueno y positivo de nuestra cultura, sino más bien hacemos resaltar el hecho de que nuestros valores y tradiciones, en su mayor parte, corresponden a lo que anteriormente hemos descrito como la vida comunitaria de nuestra gente.
  • 7. Charla No. 2 La Persona y la Sociedad
  • 8. La sociabilidad humana: Dios no ha creado al hombre como un ser solitario, sino que lo ha querido como un ser social (Gn. 1, 27). Para la persona humana la vida social no es algo accesorio, sino que deriva de una importante dimensión inherente a su naturaleza: la sociabilidad. El ser humano no puede crecer y realizar su vocación si falta la unión con los otros. Esta natural sociabilidad se hace más patente a la luz de la fe, ya que existe una cierta semejanza entre la vida íntima de la Santísima Trinidad y la comunión que se debe instaurar entre los hombres, porque todos han sido redimidos por Cristo, están llamados al único y mismo fin. La manera de relacionarse del ser humano debe ser gratuita y sin excluir a nadie, ya que en el prójimo se ve la imagen de Dios, por quien es necesario darse hasta el extremo. El hombre está llamado a existir para los demás, pues no solo debe existir con los demás o junto a los demás, lo que -
  • 9. Implica servir y amar; pues la vida humana se envilece cuando se cierra al prójimo. La real posibilidad de edificar una sociedad digna de la persona, se encuentra en el crecimiento interior del hombre, en abrirse al amor y al servicio del otro, fomentando las relaciones desinteresadas que nacen de la disposición a la auto donación como regla personal de conducta. La sociabilidad se entrelaza con otra característica humana: La radical igualdad y las diferencias accidentales de las personas, todos los seres humanos poseemos una misma naturaleza, un mismo origen y estamos llamados a participar de la vida Divina, por lo tanto, todos tenemos la misma dignidad. Junto a esta igualdad, existen también diferencias, que deben valorarse positivamente, y que pertenecen al Plan de Dios, que quiere que cada uno reciba de otro lo que necesita, y que el que tiene talentos los ponga al servicio de los demás.
  • 10. La Sociedad: La sociabilidad humana se ejerce mediante el establecimiento de diversas asociaciones dirigidas a alcanzar distintas finalidades: Una sociedad es un conjunto de personas ligadas de manera orgánica por un principio de unidad que supera a cada una de ellas; y que tienen una meta o finalidad en común. Los objetivos humanos son múltiples, lo mismo que los diferentes tipos de nexos, como el idioma o la cultura; por ello existe un amplio mosaico de asociaciones que van desde la familia hasta la comunidad internacional. Estas sociedades o asociaciones, corresponden a la naturaleza del hombre y le son necesarias e indispensables para su realización plena. El estrecho nexo que existe entre la persona y la vida social, explica el enorme influjo de la sociedad en el desarrollo -
  • 11. Personal, y el deterioro humano que conlleva una sociedad defectuosamente organizada: El comportamiento de las personas depende, en algún modo, de la organización social. Sin reducir el ser humano a un elemento anónimo de la Sociedad, conviene recordar que el desarrollo pleno de la persona y el progreso social se influencian mutuamente. En este sentido, a causa de los pecados de los hombres, se llegan a generar en la sociedad estructuras injustas o estructuras de pecado. Las cuales se oponen al recto orden de la sociedad, hacen más difícil la práctica de la virtud y más fáciles los pecados personales, puede tratarse de costumbres inmorales generalizadas como la corrupción, o leyes injustas como el aborto. La Autoridad: Toda comunidad humana necesita de una autoridad que la gobierne. Esta tiene su fundamento en la naturaleza humana
  • 12. y es necesaria para la unidad de la sociedad. Su misión consiste en asegurar, en cuanto sea posible, el bien común de todos. Como la sociabilidad es una cualidad propia de la naturaleza humana, se debe concluir que toda autoridad legítima emana de Dios, como autor de la naturaleza; pero la determinación del régimen y la designación de los gobernantes han de dejarse a la libre voluntad de los ciudadanos. La legitimidad moral de la autoridad debe estar ordenada al bien común y quienes la ejerzan deben practicarla como un servicio, practicar la justicia distributiva, evitar el favoritismo y todo interés personal, además de no comportarse de manera despótica. En cuanto a los sistemas políticos, la Iglesia aprecia el sistema de la democracia, en la medida en que se asegure la participación de los ciudadanos en las opciones políticas, y --
  • 13. garantice a los gobernados, la posibilidad de elegir y controlar a sus gobernantes. La democracia debe velar por la dignidad de la persona y sus derechos inviolables, pues una democracia sin estos valores, se convierte fácilmente en un totalitarismo. El Bien Común: Por bien común se entiende el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos, y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección. El bien común, por tanto, no es solo de orden material, sino también espiritual, y comporta tres elementos esenciales: 1.- Respetar la persona y su libertad 2.- Procurar el bienestar social y el desarrollo humano integral 3.- Promover la paz, la estabilidad y la seguridad de todos. Teniendo en cuenta la naturaleza social del hombre, el bien de cada uno, está necesariamente relacionado con el bien
  • 14. Común y éste, a su vez, debe estar orientado al progreso y realización de todas las personas. El ámbito del bien común, no es solo la ciudad o el país, pues existe también un bien común universal y éste requiere una organización de la comunidad de naciones. En nombre del bien común, las autoridades están obligadas a respetar los derechos fundamentales e inalienables de la persona humana; en particular, las libertades naturales que son indispensables para el desarrollo de la vocación humana. Sociedad y dimensión trascendente de la persona: La sociabilidad concierne a todas las dimensiones de la persona y, por tanto, a su trascendencia. La profunda verdad sobre el hombre, de donde deriva su dignidad, consiste en ser imagen y semejanza de Dios y estar llamado a la comunión con Él; por eso, la dimensión teológica se hace necesaria para ---
  • 15. Interpretar y resolver los actuales problemas de la convivencia humana. El ateísmo en sus distintas manifestaciones es uno de los fenómenos mas graves de nuestro tiempo, y sus consecuencias son nocivas para la sociedad; puesto que olvida o menosprecia la dimensión trascendente de la relación con Dios. Si se quiere que el orden social tenga una base estable es necesario un fundamento absoluto, que no esté a merced de las opiniones de los juegos de poder; y solo Dios es fundamento absoluto; es por ello que se debe evitar a todo costo, la contraposición de las dimensiones religiosa y social de la persona humana. Es necesario el crecimiento espiritual del ser humano para favorecer el desarrollo de la sociedad. El encuentro con Dios introduce en la historia una fuerza misteriosa que cambia el corazón del ser humano, y le mueve a la conversión.
  • 16. Participación en la vida pública: Participar en la promoción del bien común, cada uno según el lugar que ocupa y el papel que desempeña, es un deber inherente a la dignidad de la persona humana, pues nadie se debe conformar con una ética individualista, y ello nos obliga, en cuanto sea posible, a tomar parte activa en la vida pública. El derecho y el deber de participar en la vida social, deriva del principio de subsidiaridad, el que consiste en que una estructura social de orden superior, no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior, privándole de sus competencias, sino que más bien, debe sostenerle en caso de necesidad y ayudarle a coordinar su acción con la de los demás componentes sociales, con miras al bien común. Esta participación se realiza, ante todo con el cumplimiento responsable de los propios deberes familiares y profesionales y de las obligaciones de justicia legal.
  • 17. Teniendo en cuenta la interdependencia de las personas y los grupos humanos, la participación en la vida pública debe hacerse con un espíritu de solidaridad, entendiéndolo como un empeño en pro de los demás. Aunque la solidaridad comprende a todos los hombres, una razón de urgencia hace que sea más necesaria, cuanto más difíciles sean las situaciones de las personas: Se trata del amor preferencial por los más necesitados. En definitiva, las personas deben ejercer sus derechos civiles y cumplir sus deberes, pues los cristianos estamos llamados a cristificar el mundo, haciendo de esta humanidad un nuevo cielo y una nueva tierra, con la fuerza del amor y el servicio compasivo.
  • 18. Charla No. 3 La Justicia Social.
  • 19. Introducción: Nuestro mundo que tiene grandes posibilidades en todos los ámbitos de la vida, presenta un panorama social preocupante tanto a nivel nacional como internacional. La justicia social conlleva relaciones de explotación y estructuras perversas de pecado, pero nace del egoísmo de los corazones. Uno de los mayores anhelos de la humanidad, es la promoción humana de los pueblos subdesarrollados, víctimas de unos niveles de pobreza incompatibles con los derechos humanos más básicos. Qué entendemos por justicia Social: Existe justicia social cuando la sociedad posibilita el que cada persona, asociación o pueblo disponga de los medios necesarios, según su naturaleza y condición, para desarrollarse plenamente; a esto le llamamos bien común. La autoridad existe para garantizar el bien común.
  • 20. Vivimos en una sociedad en la que, con frecuencia, el individualismo y la búsqueda de la ganancia personal, prevalece sobre el bien común; en un mundo del trabajo y de la producción donde el valor central del hombre con frecuencia se sacrifica en beneficio del provecho máximo a cualquier precio, que determina la ruptura del tejido social, provocando un alejamiento de los ciudadanos de la vida pública. Se impone la necesidad de recuperar la dimensión ética de la persona, la cual está en crisis profunda. La enseñanza moral de la Iglesia debe conducirnos a la práctica de este valor porque no basta el conocimiento y contemplación de la realidad, sino que se requiere la creación de una nueva humanidad de acuerdo con las exigencias de la ética humana y cristiana. Pues son los valores éticos el camino para la salvación de la sociedad contemporánea. Porque hablar de ética significa tener presente una visión completa del hombre.
  • 21. Fundamentos de la Justicia Social: La revelación cristiana no solo nos comunica que el amor es la mediación de Dios, sino que lo comunica plenamente en la persona de Jesucristo, “justicia de Dios”. Por la entrega de Jesús de Nazaret hasta dar la vida, Dios hace justos a los que éramos pecadores; en consecuencia, quien acoge el amor misericordioso de Dios ama a su prójimo (Mt. 25, 31-46). El Nuevo Testamento sitúa el amor como el fundamento y la fuerza de la justicia. Las primeras comunidades hacen de la comunión de bienes, la expresión mayor de la justicia distributiva (Hch. 4, 32). Un dato nuclear en los Evangelios es la unión entre la vida de Jesús y la experiencia de Dios como Padre; en cercanía a los excluidos, enfermos, pobres y pecadores. Pertenece a la esencia de la fe cristiana, el considerar a las relaciones con los demás como ámbito de experiencia de --
  • 22. Dios, y la lucha por la justicia como lo que valida la autenticidad de la fe. La justicia social, es pues, la fundamental igualdad de todos los hombres y la creación de condiciones de vida justa y humana. El respeto de la persona humana tiene su fundamentación en que ella es imagen de Dios, y los derechos que dimanan de su dignidad son anteriores a la sociedad. Que cada uno, sin ninguna excepción, debe considerar al prójimo como otro yo, cuidando, en primer lugar, de su vida y de los medios necesarios para vivirla dignamente. Hay que superar y eliminar, como contraria al plan de Dios, toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivo de sexo, raza, color, condición social, idioma o religión.
  • 23. Allí donde la justicia y la caridad se convierten en el alma de la economía e inspiran opciones coherentes, se eliminan las injusticias y se realiza aquella solidaridad que pretende la distribución equitativa de los bienes y pone a los pobres, a los indigentes y a los marginados en el primer puesto. Igualdad y diferencias entre las personas: Al venir al mundo, la persona no dispone de todo lo necesario para el desarrollo de su vida corporal y espiritual. Necesita de los demás. Ciertamente existen diferencias en cuanto a la edad, a las capacidades físicas, a las aptitudes intelectuales o morales, a las circunstancias de las que cada uno se pueda beneficiar. Los talentos y carismas no están distribuidos por igual, pero nadie es tan pobre que no tenga nada que ofrecer y nadie es tan rico que no necesite algo. Pero ante los ojos de Dios todos somos iguales, todos tenemos la misma dignidad y todos somos hijos de Dios.
  • 24. Solidaridad humana: El principio de solidaridad, expresado también con el nombre de amistad o caridad social es una exigencia directa de la fraternidad humana y cristiana. La solidaridad se manifiesta, en primer lugar, en la distribución de los bienes y en la remuneración del trabajo. Supone también el esfuerzo a favor de un orden social más justo en el que las tensiones y conflictos puedan ser resueltos mediante una salida negociada. Los problemas socioeconómicos solo pueden ser resueltos con la ayuda de todas las formas de solidaridad. Internacionalmente la solidaridad es una exigencia del orden moral y en buena medida, la paz del mundo depende de ella. La virtud de la solidaridad va más allá de los bienes materiales, ya que difundiendo los bienes espirituales de la fe, la Iglesia ha favorecido el desarrollo de los bienes temporales.