Otros Mundos―Hay otros mundos, pero están en este‖                              ELUARD
John G. Fuller          EL VIAJE       INTERRUMPIDO         DOS HORAS OLVIDADAS    A BORDO DE UN PLATILLO VOLANTE         ...
Título original:     THE INTERRUPTED JOURNEY:Two Lost Hours "Aboard a Flying Saucer"            Traducción de            J...
Escaneo del libro original: Moreau     coleccionrealismofantastico.blogspot.com              Transcripción y digitación   ...
CONTENIDOINTRODUCCIÓN  PROLOGO CAPITULO I CAPITULO II CAPITULO III CAPITULO IV CAPITULO V CAPITULO VI CAPITULO VIICAPITULO...
CAPITULO IX   CAPITULO X   CAPITULO XI  CAPITULO XII  CAPITULO XIII    APÉNDICEAPARTADO GRAFICO
INTRODUCCIÓNEl 14 de diciembre de 1963, El señor Barney Hillse presentó en mí consulta, como habíamosconvenido de antemano...
A la sazón, no existía indicio alguno de que elcarácter mixto de su matrimonio o la experienciasufrida en el objeto volant...
para este tipo de desarreglo lo mejor era lahipnosis. Decidimos comenzar el tratamientodespués de las Navidades siguientes...
El tratamiento normal terminó el 27 de junio de1964 y, desde entonces, hasta fines del veranode 1965, los Hill y yo seguim...
dadas las circunstancias, yo no podía hacer nada,y que el problema de concederle la entrevista orehusársela tendrían que r...
lo mejor sería consultar a un abogado, Betty Hillme dijo que mi nombre salía en los artículos yesto explicaba que se hubie...
los misterios de la vida y veían en la experienciade los Hill y en la hipnosis la confirmación de suscreencias. Lo que mov...
manera de contraatacar, tanto a estos artículoscomo a cualquier otra ofensiva que pudieraavecinárseles, era publicar la ve...
Los documentos del médico son de su exclusivapropiedad, pero el contenido de los mismos debeser puesto a disposición de ot...
durante el período de tiempo afectado por laamnesia.Fuller dijo que esperaba recrear las experienciasy reacciones emociona...
místico», inventado por el reportero, parecía dara los errores y tergiversaciones una autenticidadque no tenía nada que ve...
la verdad. En cierto modo, es cierto, pero hayque tener en cuenta que la hipnosis es una sendaque conduce a la verdad tal ...
más interés que éstas, de lo cual se deduce quesus razonamientos y elucubraciones son suyas ysólo suyas, basadas en su int...
PROLOGODi con la historia de Barney y Betty (ésta casiminea se sirve de su verdadero nombre, que esEunice) Hill por pura c...
volante no identificado en White Mountains, en1961. Este incidente les había ocasionado unaconsiderable tensión emocional....
necesitara hablar con ellos. Si no querían hablarde su caso en público no me correspondía a mípersuadirles contra su propi...
naturalmente allí. Hacia el fin de misinvestigaciones, llegó a la Comisaría un aviso deque los Hill me agradecerían que fu...
él y, como Conrad Quimby ya me lo habíaadvertido, no insistí.Varias semanas más tarde, apareció una serie deartículos en u...
manera verídica. Los Hill llevaban cinco añosguardando el secreto de su caso; así, pues, no seles puede acusar de buscar p...
Querida madre:Barney y yo te escribimos para decirte que, porfin, hemos llegado a una decisión por lo que serefiere a nues...
experimentar un cambio como resultado de lapublicación del artículo que leíste en el periódicoy que trata de nosotros. Cua...
de toda clase, desde las escritas con la letra demolde de los niños hasta las de retorcida letra deviejo.Muchos estudiante...
mujer vino a vernos y nos dijo que uno estabavolando sobre su huerta y su marido queríasubirse a él ¿Creíamos nosotros, no...
caso de la manera debida, pedimos al doctorSimon que se la facilitase.Esperamos que la publicación de este libropermitirá ...
Westport, Connecticut.                         JOHN G. FULLER
EL VIAJE INTERRUMPIDODOS HORAS OLVIDADAS A BORDO   DE UN PLATILLO VOLANTE
CAPITULO ISetiembre es e! más duro de los meses en WhiteMountains. Los hoteles hoscos, vestigios de latradición victoriana...
sus guerreras escarlata o naranja brillante,llegarán en busca de venados o guacos, o decualquier cosa que se les ponga a t...
por la aduana canadiense-norteamericana sobrelas nueve de aquella noche, zigzagueando, luego,por la solitaria carretera qu...
restaurante silencioso, había entrado una parejaracialmente mixta: Barney, apuesto descendientede un etíope libre, cuya ab...
que recibieron, por sus obras sociales, de manosde un dignatario estatal. Betty, ocupada entrabajos sociales en el Estado ...
gargantas que tiene que sortear. Más al Sur,cerca de Plymouth, hay unos cuarenta y ochokilómetros de autopista, capaz, ent...
El coche corría suavemente hendiendo el airenocturno; la carretera serpenteaba por el terrenollano de la parte superior de...
juegos de luz y sombra con ayuda del sol, y que,al anochecer, adquiere los tonos más tiernos delcolor amatista oscuro».Per...
—Cuando miré por primera vez — dijo más tardeBarney Hill — no me pareció que fuera nada departicular. Sólo se me ocurrió p...
carretera, donde gozarían de una visibilidadrazonablemente libre de interferencias.Había un bosque cerca, y Barney, person...
vidas. Y, según ciertos observadores, iba acambiar también et curso de la Historia, delmundo.La idea de irse de viaje habí...
al mismo tiempo. Con un poco de suerte, Barneypodría conseguir que le diesen parte de susvacaciones en la misma techa y de...
Salió de la oficina de Correos de Boston a lassiete y treinta minutos, y fue en coche aPortsmouth, pensando sorprender a B...
Inglaterra. En mi familia — escribió en ciertaocasión, en una tesis — parece existir la creenciade que el objeto de nuestr...
Fue estudiante muy aplicada en la escuela (unedificio de una sola habitación) a que asistió enKingston, New Hampshire. Con...
Betty, dama llena de prejuicios linajudos. Se unióa ellos y les ayudó a organizar y dirigir huelgas,acabando por formar pa...
negra. Más tarde, se sintió impresionada por algoque oyó decir a su madre: que hay gente a quienno son simpáticos los negr...
Así comenzó la integración de Ann, pero elproceso fue largo y duro. A veces, Betty teníaque impedirle casi por la fuerza q...
El viaje que iba a dejar tan profunda huella ensus vidas fue planeado con rapidez y tranquilidad.La falta de dinero contan...
del despertador    señalaba   las   cuatro   de   lamadrugada.Barney, madrugador inveterado, fue el primeroen levantarse, ...
devolvió la sonrisa. No había el menor indicio delo que iba a ocurrir; y también es cierto que nopodía haberlo. Ningún inc...
—Nos hemos equivocado, Betty —dijo— Es unavión comercial. Probablemente, va a Canadá.Volvió a subirse al coche y continuar...
en busca de automóviles congelados o averiados.Es lo más fácil del mundo morirse do frío en esosparajes solitarios, y la p...
— Sea lo que sea, Barney — dijo Betty — loimportante es que sigue allí arriba y que continúasiguiéndonos y que, además, se...
Con ayuda de los binóculos, Barney distinguíaahora una sombra parecida al fuselaje de unavión, aunque no veía las alas. Ta...
objeto volante no identificado en Kingston, .NewHampshire, donde vivían. Betty, que tenía plenaconfianza en la buena fe de...
chorro le pasó zumbando muy cerca, rompió labarrera del sonido y rasgó el aire con unaexplosión.Volviendo al coche, Barney...
había gente allí arriba, tenía que estar viendomuy claramente aquel objeto.Cuando el coche arrancó de nuevo, pasandojunto ...
en la puerta de una de las casucas, y Betty pensóque sería facilísimo resolver aquel problema allímismo parando y yendo a ...
Contuvo el aliento súbita e involuntariamente,porque vio, con toda claridad, una doble hilera deventanas. Sin los binóculo...
siguió siendo la misma. A la derecha, no lejos delsur del lugar llamado Indian Head, donde otrohistórico rostro de piedra ...
pudieron ver su verdadera forma: era como unatorta luminosa, Pero las vibraciones del motor leimpedían estarse quieto, y l...
entre dos de los postes del teléfono a lo largo dela carretera, como dijo más tarde Barney — diosilenciosamente una vuelta...
Barney no calculó su tamaño, pero se dijo queera tan grande como un avión de pasajeros depropulsión a chorro, o mayor quiz...
Barney con los binóculos en el rostro; luego, sequedó muy quieto.Detrás de las ventanas, Barney veía figuras, porlo menos,...
más a ambos lados; y de la parte inferior tambiénsalió algo que quizá fuera una escala, peroBarney no estaba seguro de ell...
capturados. Ordenó a Betty que mirase por laventanilla para ver dónde estaba aquel objeto,Betty miró y no vio nada. El obj...
— No lo sé.Ambos comenzaron a sumirse en una extraña ycosquilleante somnolencia. A partir de aquelmomento, quedaron como c...
de consciencia, Betty recuerda vagamentehaberle dicho a su marido:— ¿Qué? ¿Crees, ahora, en los platillos volantes?Y Barne...
extraña, tan increíble, que lo mejor era no hablarde ella con nadie.— Además, nadie lo creería — dijo Barney —Apenas consi...
Los pájaros cantaban ahora en coro, formando unsonoro telón de fondo para los pensamientos deBetty, obsesionada aún por lo...
Ambos notaban una sensación extraña, viscosa.Se sentaron en la cocina, ante una taza de café,pero, antes, Barney había ido...
Indian Head. Recordaba haber visto en lacarretera un letrero que dividía a las ciudades deLincoln y North Woodstock, pero ...
Ambos están de acuerdo en que volvieron a laplena posesión de sus sentidos en la carreteraU.S. 93, junto a un letrero dond...
miré a mi alrededor. No sé cómo describirlo, eracomo si alguien flotase en la atmósfera. Noquiero decir que ese alguien es...
CAPITULO IICuando se despertaron, eran ya casi las tres de latarde. Durmieron, pero no soñaron; se sentían,muy aliviados d...
despejada, Barney tuvo un nuevo instante depercepción: se vio como en un relámpagosaliendo de la carretera n.° 3 y entrand...
rincón más apartado de su armario. Desdeentonces, no se los ha vuelto a poner.Barney, al levantarse, pasó revista a la rop...
esperando algo, pero no sabía qué. Hizo un granesfuerzo por recordar lo ocurrido después dellevarse los binóculos al rostr...
quería contarle la suya. Barney accedió aregañadientes, aunque estaba convencido de quelo mejor sería tratar de olvidar po...
suyo, en Kingston, era médico y dijo que iba apreguntarle qué huella podría haber dejado aquelobjeto volante si se hubiese...
—Gracias, hombre — dijo — La verdad es que esuna suerte contar con tu ayuda. — Pero, ¿paraqué quieres la brújula? — Pregun...
Pasó la brújula cuidadosamente sobre uno de loscírculos. La aguja se agitó inmediatamente. Bettycasi se dejó dominar por e...
círculos brillantes y la reacción de la brújula encuanto la acercaba a ellos. Entonces, Barney,aunque a desgana, salió con...
—Bueno, vamos a ver, ¿por qué crees que seagitó al acercarla a la parte posterior?— No sé — respondió Barney.— Me explico ...
Una vez más, Barney rehusó ceder cuando ella lepidió que la acompañara al coche para comprobarde nuevo la reacción de la b...
rojas en la punía. Entonces, el oficial pareció másinteresado; y cuando Betty le dijo que su maridohabía tenido oportunida...
investigado    sobre     objetos    volantes     noidentificados.La conversación telefónica produjo cierto cambioen la act...
Quien les telefoneo fue el comandante Paul W.Henderson, de la escuadrilla de bombarderosnúmero 100, estacionada en la Base...
En la noche del 19 al 20 de setiembre, entre las20/001 horas y las 20/0100 horas, los señoresHill, viajando por la zona su...
3. Color: EL único color que pudieron distinguirfue el de la franja de luces, comparable enintensidad y color a un filamen...
B. Descripción de la trayectoria del objeto.1. Fue visto por primera vez a través delparabrisas del coche. El tamaño y la ...
C. Como fue observado.1. Desde el suelo, visualmente.2. Con binóculos, en algunos momentos.3. La primera observación tuvo ...
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  1. 1. Otros Mundos―Hay otros mundos, pero están en este‖ ELUARD
  2. 2. John G. Fuller EL VIAJE INTERRUMPIDO DOS HORAS OLVIDADAS A BORDO DE UN PLATILLO VOLANTE PLAZA & JANES, S.A. EditoresBARCELONA BUENOS AIRES MÉXICO D. F. – BÓGOTA
  3. 3. Título original: THE INTERRUPTED JOURNEY:Two Lost Hours "Aboard a Flying Saucer" Traducción de JESÚS PARDO Portada de JUAN B. OCHE Primera edición: Febrero, 1968
  4. 4. Escaneo del libro original: Moreau coleccionrealismofantastico.blogspot.com Transcripción y digitación Eva Fender Edición digital, corrección final e imágenes Adam Fender Diferencias con la edición impresa:Cambiado mr y mrs por señor, señora o el respectivonombreCambiada la palabra gemelos por binóculosCambiado el nombre de ponta poran por Punta PoráEliminadas los notas al pie de página (reemplazadas lamayoría por traducciones al español)Cambiado wigwams a tienda indiaAgregado apartado grafico
  5. 5. CONTENIDOINTRODUCCIÓN PROLOGO CAPITULO I CAPITULO II CAPITULO III CAPITULO IV CAPITULO V CAPITULO VI CAPITULO VIICAPITULO VIII
  6. 6. CAPITULO IX CAPITULO X CAPITULO XI CAPITULO XII CAPITULO XIII APÉNDICEAPARTADO GRAFICO
  7. 7. INTRODUCCIÓNEl 14 de diciembre de 1963, El señor Barney Hillse presentó en mí consulta, como habíamosconvenido de antemano. Era un día como otrocualquiera. Mr. Hill me había sido enviado porOtro psiquíatra. Yo aún ignoraba cuáles eran losproblemas de Mr. Hill, pero cuando me presentóa su mujer, que es blanca, me preguntévagamente si sus dificultades tendrían algo quever con el carácter racialmente mixto de sumatrimonio. A petición suya, vi a los dos juntos yno tardé en advertir que necesitaban ayuda.Un mes después de su experiencia espacial, elmatrimonio Hill había sido interrogado por WalterWebb, conferenciante del Planetarium de Hayden,Boston, y asesor científico del Comité NacionalInvestigador de Fenómenos Aéreos. Con ayudade un ejemplar del informe enviado por el señorWebb al Comité, los señores Hill me contaron lahistoria que el lector encontrará en el libro deJohn Fuller.
  8. 8. A la sazón, no existía indicio alguno de que elcarácter mixto de su matrimonio o la experienciasufrida en el objeto volante no identificado fueranotra cosa que elementos secundarios delproblema básico que me expusieron los señoresHill; angustia agobiante, que, en el caso deBarney Hill, se exteriorizaba abiertamente, peroque, en el de su mujer, adoptaba la forma deconstantes pesadillas. Aparte de su valor comonoticia de actualidad, la experiencia sufrida en elobjeto volante no identificado tenía importanciaporque constituía el núcleo mismo de la angustiaque, al parecer, había hecho que fracasase eltratamiento psiquiátrico a que se había estadosometiendo Barney Hill desde hacía algún tiempo.Este núcleo parecía ser un espacio de tiempo enalgún punto del viaje que hicieron los Hill desdeCanadá a Portsmouth en setiembre: de 1961, Sesentían constantemente acosados por unaangustia implacable en tomo a aquel período deunas pocas horas, tenían la sensación de que leshabía, ocurrido algo. Pero, ¿qué?Propuse a los Hill un sistema de tratamiento y sedecidió que lo que más urgía era abrir la puertaque conducía al cuarto oscuro (la amnesia) y que
  9. 9. para este tipo de desarreglo lo mejor era lahipnosis. Decidimos comenzar el tratamientodespués de las Navidades siguientes; y paracelebrar la primera sesión se señaló el día 4 deenero de 1964.A pesar del elemento fantástico que introducía enel tratamiento la experiencia del objeto volanteno identificado, las cosas fueron todo lo bien quecabía esperar con dos pacientes angustiados,pero dispuestos a cooperar con el médico, y nohubo nada de particular hasta que les di de alta,a fines de junio de 1964. Durante este período detiempo, no vislumbramos nada del dramainminente, que comenzó el 14 de diciembre de1963, iba a retrotraernos dos años en el tiempo ya llevarnos tiempo adelante Hasta este mismomomento, es decir, hasta dos años y mediodespués, cuando estoy escribiendo estaintroducción a un libro que va a dar nueva vida auna serie de sucesos dramáticos que ni siquierasospeché durante el tratamiento. Fue un dramaque culminó en el libro del Señor Fuller y en estaintroducción, que, en cierto modo, es única, pueses la explicación de mi presencia, algo forzada,en escena, como miembro reacio de él.
  10. 10. El tratamiento normal terminó el 27 de junio de1964 y, desde entonces, hasta fines del veranode 1965, los Hill y yo seguimos en contacto, puesellos me tenían al corriente de su estado mentalcon visitas y llamadas telefónicas, No tuve elmenor atisbo de la tormenta inminente hastafines del verano de 1965, cuando recibí unallamada telefónica dé un periodista, que parecíasaber la historia de los Hill, el tratamiento a quehablan sido sometidos y la parte que yo habíatenido en él; hasta sabía que habíamos empleadola hipnosis. Me pidió una entrevista, que yorehusé concederle, y le comuniqué que no estabadispuesto a hablar del caso de los Hill sin contarcon el permiso de ellos por escrito; y que, auncon ese permiso, lo que dijese tendría quedepender de mi opinión sobre el efecto que mispalabras pudiesen tener en su salud mental. Unmes o dos después, Mr. Hill, muy angustiado ylleno de zozobra, vino a decirme que el reporterohabía ido a pedirle una entrevista y que él y sumujer habían rehusado concedérsela. El reporteroaseguraba estar en posesión de datos sobre elcaso y amenazaba con publicarlos si no se leconcedía la entrevista que deseaba. Les dije que,
  11. 11. dadas las circunstancias, yo no podía hacer nada,y que el problema de concederle la entrevista orehusársela tendrían que resolverlo ellos solos,consultando, como máximo, a algún abogado.Durante la última semana de octubre de 1965,mientras yo estaba en Washington asistiendo aunas reuniones profesionales, me telefonearon demi despacho para decirme que se había armadoun escándalo mayúsculo. Se estaban recibiendomuchas llamadas para Barney Hill, bastantes deellas de gente completamente desconocida, Todoesto parecía guardar relación con la publicaciónde una serie de artículos en un periódico deBoston. Estos artículos habían sido escritos por elmismo reportero a quien yo había negado laentrevista y, al parecer, sin permiso de losseñores Hill. Mis socios y nuestros empleadoshicieron lo que pudieron por atender a lasllamadas hasta mi regreso, Cuando volví, Barneyme telefoneó y me dijo que aquella serie deartículos le habían producido considerableangustia, aunque aún no los había leído. Decíaque habían tergiversado los hechos, yconsideraba que eran una violación de su vidaprivada; quería que le aconsejase y yo sugerí que
  12. 12. lo mejor sería consultar a un abogado, Betty Hillme dijo que mi nombre salía en los artículos yesto explicaba que se hubieran recibido tantasllamadas telefónicas en mi oficina.El carácter de estas llamadas me dio una ideabastante clara de la interpretación que el públicoen general estaba dando a tos artículos. Lasllamadas telefónicas podrían dividirse a grossomodo, en cuatro grupos principales:El primero: los desesperados. Gente, al parecer,emocional o mentalmente enferma, que veía enla hipnosis, como la describía el reportero, lasolución mágica a sus problemas.El segundo: los místicos. Gente interesada en laclarividencia, la percepción extrasensorial laastrología y los fenómenos relacionados con estasciencias. Muchos de los pertenecientes a estegrupo creían que la experiencia de los Hill y elempleo de la hipnosis confirmaban sus ideas ycreencias.Tercero: los correligionarios. Los espontáneos ylos metomentodo, que conocían las respuestas a
  13. 13. los misterios de la vida y veían en la experienciade los Hill y en la hipnosis la confirmación de suscreencias. Lo que movía a la mayoría de éstosera el deseo de que yo les considerase colegas ocorreligionarios míos, quizá con esperanza delucro.Cuarta; los simpatizantes. Bastantes telefonearonpara comunicarme que lamentaban lapersecución de que me había hecho objeto elreportero, el cual aludía a mí en todos losartículos, menos en uno, llamándome (unpsiquíatra de Boston) o por mi nombre. Citaba minombre con bastante sutilidad, y nunca dejaba dedecir con elogio que había rehusado faltar a misdeberes para con mis pacientes revelando losdetalles del caso. Sin embargo, y esto era lo sutil,la impresión general que dejaban los artículos enla mente del lector era que algunas de lasfantásticas revelaciones habían sido hechas enestado hipnótico y emanaban, en cierto modo, demí; de ahí las llamadas telefónicas y las cartasque recibí de todas partes.Después de consultar a sus amigos y abogados,los Hill llegaron a la conclusión de que la mejor
  14. 14. manera de contraatacar, tanto a estos artículoscomo a cualquier otra ofensiva que pudieraavecinárseles, era publicar la verdad. Por aquelentonces Fuller había estado investigandoapariciones de objetos votantes no identificadosen el territorio de New Hampshire y preparaba unlibro sobre incidentes acaecidos en la zona deExeter. Los Hill y yo discutimos el asunto, y ellosme pidieron que pusiera a disposición del señorFuller todos los documentos del caso;particularmente las cintas magnetofónicas deltratamiento hipnótico, a fin de que pudierapresentar al público la versión autentica de ahistoria tal y como ellos la habían experimentado.El interés del público, lejos de amainar, había idoaumentando, y existía el peligro de que sepublicasen otras versiones que sólo sirvieran paraaumentar su angustia.Por razones terapéuticas, todas las sesiones deltratamiento hipnótico habían sido grabadas encinta magnetofónica. Me dije que,indudablemente, Fuller querría disponer de todoeste material, reproducción literal e irrefutable, yque la actitud de los Hill era perfectamentecomprensible.
  15. 15. Los documentos del médico son de su exclusivapropiedad, pero el contenido de los mismos debeser puesto a disposición de otros cuando elinterés del paciente lo requiera. En este, sentido,también son propiedad de los pacientes. Despuésde pensarlo, llegué a la conclusión el que elobjetivo principal, o sea la salud emocional ymental de los señores Hill, requería que yoaccediese a sus deseos, cerciorándome antes deque iban a ser usados debidamente y no demanera que pudiese ser perjudicial para ellos.Resultó, luego, que tanto el señor Fuller como yohabíamos tenido la misma idea y que amboshabíamos consultado nuestras respectivasbiografías en «¿Quién es Quién?», quedandoperfectamente contentos el uno del otro. Acontinuación, tuvieron tugar varias reunionesentre los Hill, el señor Fuller y yo, y convinimosen que yo tendría derecho a censurar todos losdatos médicos del libro, con el fin de impedir quese produjeran impresiones y conclusiones falsas.También se decidió que el libro no revelaríaningún dato de tipo personal o íntimo que noguardara relación con la experiencia de los Hill
  16. 16. durante el período de tiempo afectado por laamnesia.Fuller dijo que esperaba recrear las experienciasy reacciones emocionales tan bien evocadas porlas cintas magnetofónicas; tarea difícil,ciertamente.La decisión de entregar las cintas y demásdocumentos me creaba un problema personal; eldel anonimato profesional, que uno de loscánones de nuestra profesión. En esta cuestión,yo ya había sido víctima de los artículosperiodísticos, en los que se mencionaba minombre sin permiso mío. Además, el caso Hill noera un mero incidente local, limitado a la ciudadde Boston, pues yo seguía recibiendo cartas yllamadas de otras ciudades; por eso, cuandorecibí una solicitud de información de una ciudadtan lejana como Wisconsin, llegué a la conclusiónde que ya no me quedaba anonimato queproteger y de que la revelación periodística de miparticipación en el caso podría identificarme conciertas afirmaciones y conclusiones del reporteracon las cuales estoy en completo desacuerdo. Lamística de la hipnosis y mi papel de «maestro
  17. 17. místico», inventado por el reportero, parecía dara los errores y tergiversaciones una autenticidadque no tenía nada que ver con la realidad de loshechos.Aunque mi participación en este libro se halimitado a supervisar el uso de frases yexplicaciones médicas, creo que debo aclarar lacuestión de la hipnosis para acabar con ciertasideas erróneas de la gente, que frecuentementerodea a la hipnosis como de un halo arcano yendosa al hipnotizador los ropones del magoMartín. La hipnosis es un procedimiento útil,usado en psiquiatría con objeto de concentrartoda la atención en algún punto particular en eltranscurso de un tratamiento terapéutico. Encasos como el de los Hill, puede dar la llave delcuarto oscuro, del período amnésico. En estadohipnótico, salen, a. veces, a la superficieexperiencias hundidas en la amnesia con mayorrapidez que en el transcurso de un procesopsicoterapéutico normal. A pesar de todo, pocacosa puede obtenerse con la hipnosis que nopueda obtenerse también, sin ella. La mística dela hipnosis ha tendido a fomentar la creencia deque la hipnosis es el camino mágico y real hacia
  18. 18. la verdad. En cierto modo, es cierto, pero hayque tener en cuenta que la hipnosis es una sendaque conduce a la verdad tal y como la entiende elpaciente. Esta verdad es lo que él cree que es laverdad, y esto puede guardar o no guardarrelación con la verdad final e impersonal. Lo másfrecuente es que la guarde. Haciendo uso de mispoderes de censor sobre el libro de John Fuller,me he limitado, de la manera más estrictaposible, a vigilar el lenguaje médico, teniendopresentes siempre mis observaciones y misdatos. He tratado de eliminar especulacionesperegrinas basadas en mis datos, pero sin inhibirla libertad de expresión e interpretación de Fullersiempre que mis datos no resultarantergiversados. A mi modo de ver, esta historia esla documentación parcial de una experienciahumana interesantísima, en un ambienteinusitado y en relación con lo que popularmentese llama «objetos volantes no identificados». Quelos objetos volantes no identificados existan o noes de menor importancia para mí que estaexperiencia sufrida por dos seres humanos querevela la influencia de experiencias y fantasíasanteriores a sus experiencias y reaccionesactuales. Para Fuller aquélla es, naturalmente, de
  19. 19. más interés que éstas, de lo cual se deduce quesus razonamientos y elucubraciones son suyas ysólo suyas, basadas en su interpretación de misdatos, las declaraciones de los Hill, susexperiencias anteriores y sus conviccionesactuales.Estoy seguro de que he causado noches deinsomnio y muchos momentos de desesperaciónal señor Fuller. También lo estoy de que, enmuchas ocasiones, le he hecho sentir que estabaasesinando a un hijo suyo, pero siempre haaceptado mis críticas con buena voluntad y hasabido borrar lo erróneo y restaurar loerróneamente suprimido, de manera que yopudiese dar el visto bueno al texto. Lo ha sabidohacer tan bien, que hasta yo, que he vividobuena parte de lo que ustedes van a leer, loencuentro sumamente interesante a mi vez. BENJAMÍN SIMON, Doctor en Medicina
  20. 20. PROLOGODi con la historia de Barney y Betty (ésta casiminea se sirve de su verdadero nombre, que esEunice) Hill por pura casualidad, o, mejor dicho,como consecuencia de una serie de incidentes.Yo sabía muy poco, o nada, sobre la cuestión delos objetos volantes no identificados, hasta queme decidí a investigar cierto caso sorprendenteen el que intervino la policía de Exeter, en elEstado de New Hampshire, A consecuencia deesto, escribí un artículo corto en la secciónllamada «Trade Winds» («Vientos del Comercio»)de la Saturday Review. Después, escribí otroartículo más extenso que se publicó en Look y deahí salió, más tarde, el libro titulado Incidenteen Exeter.Mientras llevaba a cabo mis investigaciones en laparte sur de New Hampshire, conocí a ConradQuimby, director y editor del periódico de Derry(News Hampshire) News, quien me dijo que unmatrimonio muy inteligente y fidedigno que élconocía había tenido un encuentro con un objeto
  21. 21. volante no identificado en White Mountains, en1961. Este incidente les había ocasionado unaconsiderable tensión emocional. Quimby me dijotambién que el matrimonio siempre se habíamostrado reacio a hablar de su caso, excepto conalgunos amigos íntimos, porque no querían pasarpor chiflados y, además, el tema era tancandente y discutido que temían que dificultasesu colaboración con el Movimiento de DerechosCiviles.Cuando Mr. Quimby me dijo esto, yo estabadedicado únicamente a investigar la proliferaciónde apariciones de platillos volantes que tuvo lugaren 1965, que aún, en el momento de escribirestas líneas, continúa. Como ya había localizadoen la zona a más de sesenta personas que habíanvisto aquel año objetos volantes no identificadostocando casi las copas de los árboles, y comoalgunos de ellos decían haber sentido esosobjetos caerles casi encima, del coche, a ocho odiez metros de altura como máximo, comencé apensar que no sería muy difícil documentar todoslos casos que se me presentaban. Tomé notaapresuradamente del de Barney y Betty Hill.Diciéndome que lo más probable era que no
  22. 22. necesitara hablar con ellos. Si no querían hablarde su caso en público no me correspondía a mípersuadirles contra su propia voluntad y en unacuestión tan personal como aquélla.Mis investigaciones en la zona de Exeter duraronvarias semanas. Al principio, había pensado quela historia de los objetos volantes no identificadospodría ser explicada limitando las investigacionesa una sola zona, y llevándolas a cabo concuidado, diligencia y minuciosidad; de esto podríaresultar una explicación racional, Lo cierto, sinembargo, es que no resultó. A medida queaumentaban las pruebas, iba disminuyendo míescepticismo, Policías, pilotos militares, técnicosdel radar,, marinos de la Flota, vigilantes de lacosta, todos confirmaban los increíbles informesque docenas de ciudadanos de Exeter, gentehonrada y competente, me proporcionabadurante largos y penosos interrogatorios.Me serví de la Comisaría de Policía de Exetercomo base de operaciones para llevar a cabo misinvestigaciones, ya que todos los nuevosincidentes que surgían en torno a esos objetosvolantes no identificados iban a parar
  23. 23. naturalmente allí. Hacia el fin de misinvestigaciones, llegó a la Comisaría un aviso deque los Hill me agradecerían que fuese avisitadles a su casa de Portsmouth, que estácerca. Como Barney trabajaba en obras debeneficencia y sociales en el Estado de NewHampshire, iba con Frecuencia a la Comisaría acomprobar casos de auxilio social de los que lapolicía pudiera tener datos. Los Hill habían dichoal policía que habló con ellos que podrían darmeinformación útil sobre la cuestión de los objetosvolantes no identificados.Aquel mismo día, horas más tarde, hablé conMrs. Hill, quien me expresó su convicción de quela cuestión estaba adquiriendo importancia y eranecesario examinarla con responsabilidad ycompetencia. Me dio los nombres de algunaspersonas del lugar que habían ido a comunicarleapariciones de objetos volantes; gente, measeguró, de conducta impecable y, en opiniónsuya, observadores fidedignos.Pero no me dijo absolutamente nada sobre supropio caso. Era evidente que no quería hablar de
  24. 24. él y, como Conrad Quimby ya me lo habíaadvertido, no insistí.Varias semanas más tarde, apareció una serie deartículos en un periódico de Boston. En ellos senarraba, sin dar el telón de fondo ni preparar allector con datos preliminares, la historia deBarney y Betty Hill, y se decía que, estandosometidos a hipnosis por un psiquiatra de Boston,habían contado que habían sido raptados,llevados a bordo de un objeto volante noidentificado, sometidos a un reconocimiento físicoy puestos en libertad con promesa de que nosufrirían a consecuencia de todo aquello. Los Hillaseguraron que los artículos habían sido escritossin su consentimiento y que ellos no habíanfacilitado datos al reportero; ambos estabanllenos de angustia e inquietud. Cuando. Hable porteléfono con Betty Hill, ni ella ni su marido teníanla menor idea de que aquellos artículos iban a serpublicados.Los artículos destruyeron toda posibilidad desecreto, y los Hill llegaron a la conclusión de que,una vez publicada la historia, lo fundamental eraque los datos fueran presentados al público de
  25. 25. manera verídica. Los Hill llevaban cinco añosguardando el secreto de su caso; así, pues, no seles puede acusar de buscar publicidad.Me preguntaron si me interesaba la idea depreparar el libro con su colaboración y lesrespondí que era un caso de máximo interéspúblico. Lo cierto es que, a fin de cuentas, en vezde un solo libro he terminado por escribir dos.Lo que piensan sobre esto los Hill puede verseleyendo la carta que Betty escribió a su madre apropósito de la publicación de este libro:
  26. 26. Querida madre:Barney y yo te escribimos para decirte que, porfin, hemos llegado a una decisión por lo que serefiere a nuestra experiencia con el objetovolante no identificado. Como ya sabes, desde elprincipio de nuestra experiencia hemos estadotratando de dilucidar nuestra posición en esteasunto y la responsabilidad que nos atañe.Al principio, pensábamos que era una experienciapersonal, nuestra, y creíamos que no teníaningún interés público. Algunos que hubieranvisto objetos volantes no identificados podríansentir interés por nuestro caso, pero pensábamosque, en general, la reacción pública sería deaburrimiento, incredulidad y apatía.Personalmente, sentíamos interés porinformarnos sobre el tema, pues queríamos darcon la respuesta a muchas preguntas y aunseguirnos tratando de encontrarla.Durante estas últimas semanas, hemos puesto enduda que en esta cuestión, tengamos derecho aseguir manteniendo el secreto. Sinceramente,pienso que esta actitud nuestra comenzó a
  27. 27. experimentar un cambio como resultado de lapublicación del artículo que leíste en el periódicoy que trata de nosotros. Cuando el reportero vinoa pedirnos una entrevista, antes de publicar suartículo, nos negamos a. verle o a hablar con élsiquiera de nuestra experiencia. Le rogamos queno publicase la historia. Teníamos miedo, porquecreíamos que nos vedamos rodeados dedesprecio, ridículo e incredulidad. El reporteronos dijo que no teníamos derecho a impedir lapublicación del artículo, porque en su opinión,nuestra experiencia era de gran interés público.Mucho nos asombró comprobar que la reaccióndel público no fue, ni mucho menos, la quenosotros temíamos. Menos mal que en esta zonahan tenido lugar muchas apariciones de esosobjetos, están bien documentados y han recibidomucha publicidad. El artículo, por tanto, caía enbuen terreno. La reacción del público fueinstantánea y todos querían saber más sobrenuestra experiencia. Recibimos llamadastelefónicas de Europa y Canadá y de todas partesde los Estados Unidos. Se pusieron en contactocon nosotros emisoras de Televisión y Radio, nosvisitaron periodistas y recibimos cartas de gente
  28. 28. de toda clase, desde las escritas con la letra demolde de los niños hasta las de retorcida letra deviejo.Muchos estudiantes nos escribieron solicitandomás detalles, pidiéndonos consejo o libros sobreel mismo tema, pensando, sin duda, en viajesextra planetarios y en la vida que pudiera haberen otros planetas. Un muchacho nos escribiódándonos las gracias, diciendo que ya había leídolos libros cuyos títulos le habíamos mandado yque con la información así obtenida habíaintervenido en una competición y ganado unpremio.Cuando vamos a visitar una escuela, comosolemos hacer de cuando en cuando por causa denuestras actividades sociales, los maestros nospiden siempre que hablemos de ello a los chicos.Los profesores de las escuelas secundariassiempre nos invitan cuando reúnen a susdiscípulos para hablar del tema de los objetosvolantes no identificados.Mucha gente viene a hablarnos de susexperiencias en relación con esos objetos. Una
  29. 29. mujer vino a vernos y nos dijo que uno estabavolando sobre su huerta y su marido queríasubirse a él ¿Creíamos nosotros, nos preguntó,que era prudente hacerlo?Luego, comenzaron los rumores. Fantasías que lagente deseaba desesperadamente creer, ¿Cómonos fue el viaje? ¿Subimos hasta Venus y Marte?¿Trataron de darnos curas milagrosas para elcáncer, o las enfermedades del corazón? Ymuchas más preguntas por el estilo, ¿Nossalvarían de nosotros mismos y nos ayudarían aresolver nuestros problemas insolubles?¿Creíamos que esto anunciaba la segunda llegadade Cristo? Y tampoco faltó quien nos hizo estapregunta: ¿Estaban ustedes borrachos? Creímosque lo principal es poner en claro lo que ocurrióde verdad, de modo que no haya Jugar amalentendidos. Esto, naturalmente, suponepublicar la información que obtuvo el doctorSimon durante el tratamiento. Nos hemos puestode acuerdo con el escritor John G. Fuller para queescriba el libro por nosotros. Como el señor Fullercreía que la información existente en cintamagnetofónica era necesaria para presentar el
  30. 30. caso de la manera debida, pedimos al doctorSimon que se la facilitase.Esperamos que la publicación de este libropermitirá al lector juzgar por sí mismo y decidir sifue una ilusión, una alucinación, un sueño o unarealidad.Con un fuerte abrazo, BETTY Y BARNEYLo único que puedo añadir es que trabajar con losHill y con el doctor Simon ha sido una experienciabeneficiosa e instructiva. A los tres les apasionala exactitud y tienen un profundo respeto por ladocumentación estricta, prefiriendo quedarsecortos a exagerar. Si todo esto se nota en estelibro, habré conseguido mi objetivo. Una notafinal: casi todo el diálogo que tuvo lugar entre losHill durante el incidente ha sido tomadodirectamente de las cintas magnetofónicas dondeellos mismos lo grabaron durante las sesioneshipnóticas a que les sometió el doctor Simon.Julio, 1966.
  31. 31. Westport, Connecticut. JOHN G. FULLER
  32. 32. EL VIAJE INTERRUMPIDODOS HORAS OLVIDADAS A BORDO DE UN PLATILLO VOLANTE
  33. 33. CAPITULO ISetiembre es e! más duro de los meses en WhiteMountains. Los hoteles hoscos, vestigios de latradición victoriana, están cerrados o a punto decerrar; los moteles y los chalets de paso sólotienen encendidos unas horas sus avisos de neónque anuncian habitaciones libres, pues susdueños acababan cansándose y apagándolo parairse a dormir temprano. Las laderas de NewHampshire, tan populares entre los esquiadores,están ahora libres de nieve y de esquiadores, ylas pistas de esquiar parecen grandes hendidurasde color pardusco junto a los funicularesinmóviles. El éxodo del «Día del Trabajo» haliberado de trafico casi todas las carreteras;pocos son los remolques y los automóviles con eltecho cargado de equipaje que pasan por allícamino de Boston o de Nueva York. El inviernoestá ya echándose encima de las laderas frías yhostiles del monte Washington, en cuya cima hayun observatorio meteorológico que registra losvientos más veloces a que ha sido expuestajamás montaña alguna en el mundo entero. Porallí andan a su placer los osos y las zorras.Dentro de algunas semanas, los cazadores., con
  34. 34. sus guerreras escarlata o naranja brillante,llegarán en busca de venados o guacos, o decualquier cosa que se les ponga a tiro y sealegalmente cazable. Los esquiadores vendránmás tarde, sedientos de nieve y ron caliente, ycon ellos volverá la alegría del verano. Y,entonces, "White Mountains cobrará nueva vida.Era un triste día de mediados de setiembre delaño 1961, el 19 de setiembre, para ser exactos.Aquel día, Barney Hill y su mujer, Betty,comenzaron el largo viaje desde la fronteracanadiense por la carretera U.S. 3, cruzandoWhite Mountains, camino de Portsmouth, dondeviven. La radio del coche, un «Chevrolet» Bel Air,modelo 1957, no descapotable, había advertidocon toda claridad que un huracán que llegaba dela costa podría pasar por New Hampshire, sucesoque en años anteriores había descuajado árbolesy cubierto las carreteras de cables eléctricos dealta tensión. No habían llevado suficiente dineropara pagar los extras de su viaje de recreo, y lopoco que les quedaba había ido mermandopeligrosamente durante el viaje que hicieron, sinprisas, a las cataratas del Niágara, volviendoluego por Montreal, ya camino de casa. Pasaron
  35. 35. por la aduana canadiense-norteamericana sobrelas nueve de aquella noche, zigzagueando, luego,por la solitaria carretera que cruza las altasmontañas del noroeste del Estado de Vermont,territorio del que se dice que ha amenazadosepararse no sólo del Estado de Vermont, sinotambién de los Estados Unidos. El tráfico rodadoera escaso; los Hill vieron muy pocos cocheshasta que llegaron a las deseadas luces deColebrook, media hora después; Colebrook: esuna antigua colonia de New Hampshire, fundadaen 1770, que yace a la sombra del monteMonadnock, justo al otro lado del río, según sesale de Vermont. Las luces del pueblo, aunquefueron un alivio para ellos, después de lasinterminables vueltas y revueltas de la carretera,eran pocas. Una, solitaria, anunciaba la existenciade un solo restaurante, y ellos, pensando quequizá fuera aquélla la última oportunidad que seles presentaba de tomar algo caliente, decidierondar la vuelta, porque ya lo habían pasado delargo.El restaurante casi estaba vacío. Algunos chicosjóvenes se agrupaban en un rincón. Sólo unamujer, la camarera, pareció advertir que, en el
  36. 36. restaurante silencioso, había entrado una parejaracialmente mixta: Barney, apuesto descendientede un etíope libre, cuya abuela, nacida durantelos años de la esclavitud, había sido educada enla casa del dueño de la plantación, de quien erahija Betty, cuya familia había comprado tressolares en York, Estado de Maine, en 1638, con laconsecuencia de que uno de los compradores fuedespedazado por los indios. A ambos les tenía sincuidado la curiosidad que sus respectivos coloresdespertaban en los lugares públicos y ya nisiquiera la notaban, ni se sentían cohibidos porella. El principal lazo que les unía desde que seconocieron era una serie de interesesintelectuales mutuos; juntos recorrían el Estadode New Hampshire defendiendo la causa de losderechos, civiles. Barney había sido presidente deacción política de la Asociación Nacional para elProgreso de las Personas de Color (NAACP) y,ahora era jefe del departamento de agravioslegales, de la NAACP en Portsmouth; también eramiembro del comité asesor de la Comisión deDerechos Civiles del Estado de New Hampshire ydel comité directivo del Programa de AuxilioSocial del Condado de Rockingham. Tanto élcomo su mujer muestran con orgullo el diploma
  37. 37. que recibieron, por sus obras sociales, de manosde un dignatario estatal. Betty, ocupada entrabajos sociales en el Estado de New Hampshire,se dedica, después de las horas de trabajo, a suscargos de subsecretaría y coordinadora deactividades comunales de la NAACP, y enlaceentre las Naciones Unidas y la Iglesia Unitaria-Universalista a que pertenecen ambos enPortsmouth.Pero lo que iba a ocurrirles a ambos en la nochedel 19 de setiembre de 1961 no tenía nada quever con su bien avenida vida matrimonial, ni consu entusiasmo por el progreso social. Sentadosen la barra del restaurante de Colebrook mientrasBarney comía una hamburguesa y Betty un pastelde chocolate, ninguno de los dos tenía la menoridea de lo que les esperaba. Estuvieron pocotiempo el necesario para fumar un cigarrillo ytomar una taza de café negro; luego, continuaronpor la carretera U.S. 3, de regreso al hogar.La distancia de Colebrook a Portsmouth es dedoscientos setenta y cuatro kilómetros, y lacarretera U.S. 3 es extraordinariamente suave yfácil, teniendo en cuenta lo profundo de las
  38. 38. gargantas que tiene que sortear. Más al Sur,cerca de Plymouth, hay unos cuarenta y ochokilómetros de autopista, capaz, entonces, paracuatro vehículos y, actualmente, para más, dondese puede aumentar la velocidad sin riesgo hastaunos cien kilómetros por hora. En las otrascarreteras, Barney Hill solía llegar hasta ochentay noventa kilómetros por hora, aunque, hay quereconocerlo, esta última velocidad era algoexcesiva.El reloj que se levanta sobre el restaurante deColebrook marcaba las diez y cinco minutoscuando salieron.— Por lo que veo — había dicho Barney a Betty alsubir ambos al coche—, llegaremos a casa a lasdos y media de la madrugada. Lo más tarde, alas tres. Betty asintió. Tenía confianza en lamanera de conducir de Barney, aunque, a veces,le reñía por ir a excesiva velocidad. Era unanoche clara y brillante, con luna casi llena. Lasestrellas relucían, como ocurre siempre en lasmontañas de New Hampshire cuando el cielo estálibre de nubes, cuando la luz de las estrellasparece iluminar las cimas de las montañas conuna extraña incandescencia.
  39. 39. El coche corría suavemente hendiendo el airenocturno; la carretera serpenteaba por el terrenollano de la parte superior del valle del ríoConnecticut, vieja tierra de pieles rojas ymadereros, llena de historia y leyendas. Loscincuenta kilómetros al sur de Northumberland,donde los seguidores de Rogers se reunierondespués del saqueo de Saint Francis, pasaron enseguida. Betty, entusiasta observadora delpaisaje, gozaba del fulgor de la luna, que sereflejaba en el valle y las montañas lejanas, tantoal este de New Hampshire como al otro lado delrío, en Vermont, al oeste. Delsey, la ruidosaperrita de los Hill, estaba silenciosa en el suelodel coche, junto a los pies de Betty. CruzaronLancaster, una aldea con una amplia calle mayory bellas casas anteriores a la revolución, oscurastodas en aquella noche de setiembre, La U. S. 3continúa hacia el Sur, mientras el río Connecticuttuerce hacia el Oeste, ampliando el territorio delEstado de New Hampshire y reduciendo el deVermont. Aquí, el valle amplio y suave ofrece uncamino más incierto a través de las montañas depicos como filos de Pilot Range, descritaelocuentemente por un escritor, que la llama«gran muralla serpenteante que hace fantásticos
  40. 40. juegos de luz y sombra con ayuda del sol, y que,al anochecer, adquiere los tonos más tiernos delcolor amatista oscuro».Pero, ahora, no había ni sol ni color amatista;sólo había la luna luminosa, muy brillante y muygrande, y una carretera negra que parecíacompletamente desierta. A la izquierda de laluna, un poco debajo de ella, se veía una estrellamuy brillante, «quizás un planeta», pensó Betty,a juzgar por su brillo constante. Justo al sur deLancaster, aunque no consigue recordar la horaexacta, Betty vio con cierta alarma que encimade aquel planeta había aparecido otra estrella oplaneta más grande. Estaba segura de quecuando miro la vez anterior no la había visto allí.Pero lo más curioso es que el nuevo visitantecelestial parecía cada vez más grande y másbrillante. Lo observó durante unos momentos, sindecir nada a su marido, que seguía sorteandocurvas a través de las montañas. Por fin, en vistade que la extraña luz persistía, dio un suavecodazo a Barney, quien aminoró un poco lavelocidad y se asomó por la ventana derechapara verla.
  41. 41. —Cuando miré por primera vez — dijo más tardeBarney Hill — no me pareció que fuera nada departicular. Sólo se me ocurrió pensar que teníacierto interés haber visto un satélite.Evidentemente, había cambiado de trayectoria y,ahora, parecía ir siguiendo la curva de la Tierra.Estaba bastante lejos, quiero decir que parecíauna estrella en movimiento.Siguieron su camino, mirando con frecuenciaaquel objeto brillante, encontrando difícil decidirsi se movía o si era el movimiento del coche loque daba la impresión de que estabamoviéndose. El objeto desaparecía detrás deárboles o de la cima de una montaña parareaparecer de nuevo en cuanto pasaba laobstrucción. Delsey empezaba a mostrarseligeramente inquieta y Betty dijo que quizá fueramejor parar y dejarla bajarse del coche,aprovechando la oportunidad para observarmejor aquel objeto. Barney, entusiastaobservador de aeroplanos, que, a veces, llevabaa sus dos hijos (habidos de un matrimonioanterior) a ver amerizar y despegar hidroaviones,de pruebas en el lago Winnipesaukee, accedió yfrenó el coche, aparcándolo a un lado de la
  42. 42. carretera, donde gozarían de una visibilidadrazonablemente libre de interferencias.Había un bosque cerca, y Barney, persona algoinquieta y nerviosa, dijo que había que tenercuidado con los osos, siempre posibles en aquelterritorio. Betty, que raras veces se preocupa ose rompe la cabeza por nada, se echó a reír y lacosa acabó así; puso el collar a Delsey y la llevópor el borde de la carretera. En aquel momento,pudo comprobar que la estrella o luz, o lo quefuese, se movía; no cabía la menor posibilidad deduda. Cuando Barney se reunió con ella, en lacarretera, Betty le dio la correa de Delsey yvolvió al coche. Cogió del asiento delantero unosbinóculos marca «Crescent», de siete porcincuenta, que había llevado para ver mejor elpaisaje, y, sobre todo, las cataratas del Niágara,que Betty Hill nunca había visto hasta entonces.Barney, viendo que aquella luz estabamoviéndose, llegó a la conclusión de que setrataba de un satélite errante.Betty se llevó los binóculos a los ojos y los enfocócuidadosamente. Lo que ambos estaban a puntode ver iba a cambiar para siempre el curso de sus
  43. 43. vidas. Y, según ciertos observadores, iba acambiar también et curso de la Historia, delmundo.La idea de irse de viaje había sido espontánea, yse le había ocurrido primero a Barney. Desdehacía algún tiempo, le había estado tocando elturno nocturno de la oficina de Correos deBoston, donde trabajaba como ayudante delexpedidor. Le gustaba aquel trabajo, aunque nolas horas ni el largo viaje nocturno desdePortsmouth a Boston: unos cien kilómetros de iday otros cien de vuelta todas las noches, Esto eraparticularmente fatigoso, pues no había trenes niautobuses a la hora en que él tenía que empezarel trabajo. La fatiga de estos doscientoskilómetros diarios de viaje, pensaba Barney,habían enconado su ulcera, que estaba siendosometida a tratamiento médico.Una noche, el 14 de setiembre de 1961, mientrasse dirigía al trabajo, comenzó a pensar en hacerun viaje de descanso. Betty iba a tener unasemana de vacaciones, y bien la necesitaba, puesera encargada de Auxilio Social en el Estado vtenía que bregar con ciento veinte casos distintos
  44. 44. al mismo tiempo. Con un poco de suerte, Barneypodría conseguir que le diesen parte de susvacaciones en la misma techa y descansar así,mientras le facilitaban los primeros resultados delexamen a Rayos X que el médico había hecho desu úlcera. Durante aquella noche, mientrastrabajaba, la idea fue cobrando forma en sumente. Le fue gustando más y más, mientrasseguía con su rutina de siempre, en pie delantede los cuarenta encargados de seleccionar lascartas, gritando los números de las ciudades osectores urbanos de que se compone Boston. Losempleados, mientras, iban echando las cartas alos buzones correspondientes, de donde caían aun clasificador móvil, del que otros empleados laspasarían a cestos para llevarlas a losmontacargas, camino del mundo exterior.Barney, cuyo índice de inteligencia es muy alto,podía hacer cosas mucho más difíciles, pero,como les ocurre a muchos funcionariosadministrativos, encontraba que la monotonía deeste trabajo resultaba más que compensada porlas ventajas que da trabajar para el Estado,Además, era un empleo seguro, que le dejabatiempo sobrado para sus obras sociales, muchomás satisfactorias y difíciles.
  45. 45. Salió de la oficina de Correos de Boston a lassiete y treinta minutos, y fue en coche aPortsmouth, pensando sorprender a Betty con suidea. La idea por sí sola le hacía sentirse mejor.Aunque las duras realidades del invierno NewHampshire eran cada vez más inminentes, lascarreteras aún so encontraban libres de nieve yfáciles, y el tráfico sería escaso, ideal para ir deviaje sin prisas.Planearon el viaje aquella misma mañana,mientras tomaban café caliente, Betty aceptó laidea sin discusiones. Pero en su presupuesto nohabía dinero para el viaje. Lo que más pesaba aBarney era que sus dos hijos no pudieran ir conellos, porque ambos se habían unido fácilmente asu segundo hogar, con afecto mutuo yespontáneo entre ellos y Betty, cosa que Barneyatribuía, con cierto humor avieso, a lo buenacocinera que era Betty.La armonía total de aquel matrimonio racialmentemixto había sido conseguida con notable falta deesfuerzo. Betty estaba tan orgullosa de suliberalismo como de su viejo linaje de Nueva
  46. 46. Inglaterra. En mi familia — escribió en ciertaocasión, en una tesis — parece existir la creenciade que el objeto de nuestra vida es salvar elabisma entre el pasado y el futuro; por encimade este puente fluye todo el pasado, bueno omalo, para influir en el futuro, y el futuro delmundo depende de la individualidad y resistenciade ese puente.A través de toda la historia de su familia, comoindica la misma Betty, sus miembros han luchadopor causas impopulares. Los de la ramaapellidada Dow eran cuáqueros en 1672; fueronagredidos, golpeados y expulsados de Salisbury,Estado de Massachusetts, les robaron cuantoposeían y les incendiaron las casas. Antes de laguerra civil, eran entusiastas abolicionistas y sepusieron del lado de John Greenleaf Whittiercuando el pueblo de Amesbury, en el mismoEstado, le quemó la imprenta.—El día más feliz de mi vida —dijo Betty en ciertaocasión fue el día en que aprendí a leer. A partirde entonces, dejé de aburrirme.
  47. 47. Fue estudiante muy aplicada en la escuela (unedificio de una sola habitación) a que asistió enKingston, New Hampshire. Con un solo maestropara los seis grados, Betty pudo ir progresando asu propio ritmo. Aún se acuerda de cuandoenseñaba a dividir a los alumnos de cuarto gradoestando ella todavía en el tercero, y también deque ganaba todas las competiciones, concursosde ortografía, papeles dramáticos y premios. Erauna niña muy enérgica, a veces traviesa, siemprellena de proyectos para ganar dinero; recogíaprímulas, fresas silvestres, frambuesas yarándanos que luego vendía con mucha ganancia.Era tan ávida lectora que su madre tuvo queprohibirle leer más de un libro diario. CuandoBetty cumplió los once años, en plena depresióneconómica, su madre echó a un lado lastradiciones familiares y fue a trabajar a unafábrica. Al principio, esto iba a ser provisional ysólo unas horas al día. El padre de Betty, el queganaba el dinero, había caído enfermo, losahorros habían ido gastándose y la herencia desu madre desapareció en un desfalco. Pero losorganizadores sindicales que llegaban por aquelentonces a las ciudades industriales de NuevaInglaterra acabaron dominando a la madre de
  48. 48. Betty, dama llena de prejuicios linajudos. Se unióa ellos y les ayudó a organizar y dirigir huelgas,acabando por formar parte del comité ejecutivode un sindicato. Betty se sentía orgulloso de sumadre, la veía a la cabeza de los grupos dehuelguistas y temía que fuera víctima de algunaagresión o detenida por la policía. Durante estetiempo, la mesa familiar gemía, no bajo el pesode la comida, sino bajo las discusiones entre untío que estaba ayudando a organizar un sindicatoen Lynn, un amigo de la familia que estabahaciendo lo mismo en Lawrence, y la madre deBetty, que era fanática y exclusiva seguidora dela Federación Norteamericana del Trabajo.Aquellas escenas, con tanta huelga, tantaelección y tanto festejo, emocionaban a lapequeña Betty. Su padre, que ahora trabajaba enuna fábrica de zapatos propiedad de otro tío, semantenía estoicamente neutral.Betty tuvo muy poco contacto por entonces congente de color. En New Hampshire no habíamuchos negros., pero de pequeña vivióprecisamente enfrente de un matrimonio mixto yoyó las frases venenosas con que suscondiscípulos zaherían, a sus espaldas, a la mujer
  49. 49. negra. Más tarde, se sintió impresionada por algoque oyó decir a su madre: que hay gente a quienno son simpáticos los negros, pero es un errorporque los negros son personas como los demás;si Betty oía a alguien insultar a los negros, sudeber era defenderles sin la menor vacilación.Y eso fue lo que hizo. Mientras ella estudiabasegundo curso en la Universidad de NewHampshire, donde cursaban sus estudios desde1937, ingresó una chica negra de "Wilmington,Estado de Delaware‖, ante la consternación deprofesores y estudiantes. En los años treinta, laintegración racial era un problema incluso en lasUniversidades de los Estados del Norte, Bettysolía encontrar a Ann siempre sola en el pasillo oen el cuarto de fumar, despreciada por los demásestudiantes; no dijo nada al principio, pero sesentía indignada. Cuando Ana salía del cuarto defumar, las otras chicas solían comentar en vozalta que lo mejor sería que se fuese a su casa deuna vez y, entonces, Betty se sentía hervir deindignación. Por fin, en una de estas ocasiones,se levantó, fue hacia Ann y la invitó a ver sualcoba.
  50. 50. Así comenzó la integración de Ann, pero elproceso fue largo y duro. A veces, Betty teníaque impedirle casi por la fuerza que se fuese dela Universidad. Tenía que forcejear con Ann paraque dejase de hacer las maletas. Ann acabó conmuy buenas notas, Fue a la Universidad deHarvard y, ahora, es profesora en unaUniversidad del Sur.Aunque las raíces del matrimonio de Betty yBarney yacen quizás en la actitud mental querefleja este incidente, los problemas raciales desu vida cotidiana son mínimos. Barney, a veces,parece temer que no le dejen entrar en sitiospúblicos, como hoteles, restaurantes o mítines.Pero la gente les tiene simpatía, todos lesaceptan y su vida social privada es casidemasiado activa.— Para mí — dijo Betty, en cierta ocasión, a unaamiga — esto tiene la misma importancia que sifulano tiene los ojos azules o negros. Todo elmundo quiere conocernos, todos quiereninvitarnos a sitios, Tenemos incluso que limitarnuestra vida social, porque, si no, no haríamosotra cosa que ir de un sitio a otro sin cesar.
  51. 51. El viaje que iba a dejar tan profunda huella ensus vidas fue planeado con rapidez y tranquilidad.La falta de dinero contante fue compensada enparte por Betty, que tuvo la idea de pedirprestada a un amigo una nevera de automóvil;de esta manera, reducían el gasto de tener quecomer en restaurantes durante el viaje. Barney,olvidando por el momento el régimen a que letenía sujeto su úlcera, bebió un vaso de zumo denaranja, comió seis tajadas de tocino y doshuevos pasados por agua mientras estudiaba losmapas de las carreteras por donde tendrían queir. Irían sin prisa, evitando los atajos, visitaríanlas cataratas del Niágara, pero sin dedicarlesdemasiado tiempo; luego, irían por Montreal y,de allí, regresarían a Portsmouth. Mientras Bettysalía a comprar provisiones, Barney fue a echar lasiesta para recuperar fuerzas después de realizarsu trabajo nocturno en la oficina de Correos deBoston.Por la tarde, terminaron de hacer casi todo elequipaje, llenaron la nevera del automóvil decomida y la pusieron a congelar; a las ocho deaquella noche, estaban ya en la cama. La aguja
  52. 52. del despertador señalaba las cuatro de lamadrugada.Barney, madrugador inveterado, fue el primeroen levantarse, pero, pocos momentos después,Betty ya tenía el café hirviendo y sólo les faltabaterminar de hacer el equipaje. Llenando el baúldel coche, Barney cogió un saquito de abono dehueso y lo apartó, sin sacarlo de allí; Betty habíacomprado el abono para usarlo en el jardín,durante las vacaciones y casi daba igual dejarlodonde estaba porque ocupaba poco espacio. Mástarde, comprobarían que este artículo tancorriente en toda casa con jardín iba a ser causade insólita especulación y examen.Era una mañana clara y estimulante,característica de New Hampshire; se pusieron enmarcha, anotando los kilómetros en elvelocímetro para perder, luego, la tira de papel,cosa que siempre le ocurría a Barney. Tomaron lacarretera n.° 4, hacia Concord, llenos deoptimismo. Barney, al volante, rompió a cantarroncamente. ¡Oh, what a beautiful morning!Betty, a quien gustaba oír cantar a Barney,sonrió. Barney, que quería complacer a Betty,
  53. 53. devolvió la sonrisa. No había el menor indicio delo que iba a ocurrir; y también es cierto que nopodía haberlo. Ningún incidente de esta índole ibaa quedar tan bien documentado.El objeto que vieron en el cielo, cerca de lacarretera n.° 3, cuatro noches más tarde, al surde Lancaster, New Hampshire, continuó suerrática trayectoria, mientras ellos pasaban porWhitfield y por la aldea de Twin Mountain. Sedetuvieron brevemente varias veces y paraentonces ya Barney estaba francamente perplejo.Su única teoría, aparte de que se tratase de unsatélite, era que fuese una estrella, pero fueinmediatamente descartada porque habíancomprobado que se movía, cambiando detrayectoria de la manera más extraña. En una delas paradas, pocos kilómetros al norte de CannonMountain, Betty había dicho:—Barney, si crees de verdad que eso es unsatélite o una estrella es que has perdido eljuicio.A simple vista, Barney comprendía que Bettytenía razón. Era evidente ahora que no se tratabade un objeto celestial; de eso, estaba seguro.
  54. 54. —Nos hemos equivocado, Betty —dijo— Es unavión comercial. Probablemente, va a Canadá.Volvió a subirse al coche y continuaron el viaje.Betty, que estaba sentada atrás, siguióobservando el objeto, mientras Barney conducíahacia la carretera n.° 3. Ella pensaba que cadavez se volvía más brillante y mayor, y superplejidad y curiosidad iban aumentando.Barney lo veía, a veces, por el parabrisas, pero loque más le preocupaba ahora era que algúncoche se le echase encima por una de las curvas,muy frecuentes en aquel trayecto del camino. Laidea de que aquello era un avión comercialcamino de Canadá le tranquilizó; por unmomento, había temido que se tratase de algúnfenómeno inexplicable. La carretera estabacompletamente desierta; llevaban kilómetros sinver un solo coche o camión; estabancompletamente solos en aquellas profundidades aaltas horas de la noche. Hay gente en el norte deNew Hampshire capaz de dejarse matar antesque arriesgarse de noche por esas carreteras;este temor o, más bien, superstición, es antiguo.En invierno, hay un grupo espontáneo, llamado«Los Ángeles Azules» que patrulla las carreteras
  55. 55. en busca de automóviles congelados o averiados.Es lo más fácil del mundo morirse do frío en esosparajes solitarios, y la policía del Estado nopuede, materialmente, vigilar todo el territorio,dada su extensión, con la frecuencia y asiduidadque haría falta.Barney, cada vez más preocupado y perplejo apesar de sus consoladoras teorías, esperaba verde un momento a otro algún policía motorizado o,por lo menos, otro automóvil, para detenerse unmomento y cambiar impresiones con elconductor.Hacia las once, se acercaban ya a la enorme ysombría silueta de Cannon Mountain, que selevantaba al Oeste, a su derecha. Barney aminoróla velocidad junto a un apartadero, desde dondese veía un vasto paisaje hacía el Oeste, y se pusoa observar la extraña luz móvil. Con granasombro, advirtió que había dado una vueltabrusca, del Norte, su dirección hasta entonces, alOeste, completando luego el giro y dirigiéndosedirectamente hacia ellos.Barney frenó bruscamente el coche, y lo llevóhacia el apartadero.
  56. 56. — Sea lo que sea, Barney — dijo Betty — loimportante es que sigue allí arriba y que continúasiguiéndonos y que, además, se nos estáechando encima—Por fuerza tiene que Ser un avión — dijoBarney. Estaban los dos en el apartadero,mirando la luz, que cada vez era más intensa. — Un avión de pasajeros.— ¿Daría vueltas de esa manera un avión depasajeros? — preguntó Betty.— Pues, entonces, será una avioneta. Eso es, unaavioneta con cazadores que se ha perdido.— No es la temporada de caza — dijo Betty,mientras Barney le quitaba los binóculos de lamano. — Y, además, no se oye absolutamente nada.Tampoco Barney oía nada, aunque sentíadesesperados deseos de oír algo.—Puede ser un helicóptero —dijo, enfocando losbinóculos. Estaba seguro de que no lo era, perobuscaba mentalmente cualquier explicación quetuviera sentido. — El viento estará llevando el ruido en direccióncontraria.— No hace viento, Barney Esta noche no haceviento, de sobra lo sabes.
  57. 57. Con ayuda de los binóculos, Barney distinguíaahora una sombra parecida al fuselaje de unavión, aunque no veía las alas. También creyóver una serie de luces parpadeando a lo largo delfuselaje, si es que era un fuselaje,alternativamente. Cuando Betty le cogió losbinóculos, el objeto pasó por delante de la luna,de perfil. Parecía estar emitiendo unos finosdardos de luz de colores diversos que giraban entomo a un objeto cuya forma, a aquella distancia,recordaba la de un cigarro puro. Justo unmomento antes, había cambiado de velocidad, delenta a rápida y, ahora, la aminoraba de nuevo,pasando por delante de la luna. Las luces seguíanparpadeando persistentemente: rojo, ámbar,verde, azul. Betty se volvió hacia Barney,diciéndole que volviera a mirar.— Por fuerza tiene que ser un avión — dijoBarney — Quizás un avión militar. Un avión dereconocimiento, A lo mejor, es un avión que seha perdido. Estaba empezando a sentirse irritadoo, mejor dicho, a desahogar su irritación enBetty, que rehusaba aceptar una explicaciónracional. En cierta ocasión, varios años antes, en1957, la hermana y los padres de Betty le habíandicho que habían visto con toda claridad un
  58. 58. objeto volante no identificado en Kingston, .NewHampshire, donde vivían. Betty, que tenía plenaconfianza en la buena fe de su hermana y en sucapacidad de observación, le creía. Barney ni locreía ni dejaba de creerlo; aquel tema le dejabaindiferente, no le interesaba ni poco ni mucho. Encierto modo, después de oír aquella historia, sesentía más escéptico sobre la existencia de esosobjetos volantes. Se dijo que Betty, por primeravez en cinco años, se disponía a mencionar denuevo la visión de su hermana; pero no fue así.Junto a ellos, la perrita gemía y daba muestrasde miedo. Betty dio los binóculos a Barney, cogióa Delsey, la llevó al coche, y la encerró en él.Barney volvió a enfocar los binóculos,lamentando no poder cambiar impresiones conalgún otro conductor. Sobre todo, lo que él queríaera oír algún ruido. El zumbido de una hélice o elsilbido de un avión de propulsión a chorro. Perono se oía nada. Por primera vez, sintió queestaba siendo observado, que el objeto se estabaacercando de verdad a él y tratando de rodearle,«Si fuese un avión militar — pensaba — no haríaesto.» Y su mente retrocedió en el tiempo, a unosaños antes, cuando un avión de propulsión a
  59. 59. chorro le pasó zumbando muy cerca, rompió labarrera del sonido y rasgó el aire con unaexplosión.Volviendo al coche, Barney le dijo a Betty que leparecía que aquel avión les había visto y estabajugando a asustarles. Hizo cuanto pudo para queBetty no advirtiese que tenía miedo, pues esto, nia sí mismo le gustaba confesárselo. Continuaronconduciendo hacia Cannon Mountain a unavelocidad de sólo ocho kilómetros por hora,mientras el objeto se movía de maneradesconcertante en el cielo. La única luz que veíandesde hacía mucho tiempo en la cima de lamontaña relucía en la punta del funicularsilencioso y cerrado, o quizás no fuera unfunicular, sino un restaurante. Se detuvieron denuevo al pie de la montaña, momentáneamente,mientras el objeto daba una vuelta brusca ydesaparecía. En el mismo instante, se apagóinexplicablemente la luz de la cima de lamontaña. Betty miró el reloj de pulsera al mismotiempo, preguntándose si habrían cerrado elrestaurante. No veía bien la esfera del reloj a laluz de los mandos del coche, de modo que nopudo averiguar la hora exacta. Se dijo que, si
  60. 60. había gente allí arriba, tenía que estar viendomuy claramente aquel objeto.Cuando el coche arrancó de nuevo, pasandojunto a la silueta oscura del Viejo de la Montaña,el objeto volvió a aparecer, deslizándosesilencioso y lento, paralelo al coche, al Oeste, dellado de Vermont. Allí había más árboles y eramás difícil observar ininterrumpidamente elobjeto, que seguía deslizándose por encima delas copas. Allí estaba, moviéndose al mismo ritmoque ellos. Cerca del apartadero, desde donde seve un torrente que es atracción turística, sedetuvieron de nuevo y entonces, casi pudieronverlo con toda claridad; pero en seguidavolvieron a interponerse los árboles.Un poco más allá del torrente, pasaron junto a unpequeño motel, el primer signo de vida que veíandesde hacía muchos kilómetros. Aquel edificioacogedor les reanimó algo, aunque Barney, conlos ojos fijos ya en las curvas de la carretera yaen el objeto que surcaba el cielo, apenas se fijóen él. Betty vio un signo luminoso de laAsociación Automovilística Estadounidense y laluz de una ventana solitaria. Un hombre cataba
  61. 61. en la puerta de una de las casucas, y Betty pensóque sería facilísimo resolver aquel problema allímismo parando y yendo a pasar la noche almotel. Estaba pensando esto, pero no se lo dijo aBarney. Su curiosidad por aquel objeto se habíavuelto irreprimible y estaba decidida a averiguarLo que era. Ya Barney estaba empezando airritarla, tratando de negar incluso su existencia.Barney concentraba su atención en las curvas,por si algún otro coche venía en direcciónopuesta, tratando, al mismo tiempo, de no perderde vista el objeto, que, ahora, había dado otravuelta y estaba casi enfrente de ellos, sobre lacarretera.Para entonces, ya se veía que estaba sólo a unoscientos de metros de altura y era enorme. Desdemás lejos, le había parecido a Betty que girabasobre sí mismo; ahora, estaba inmóvil y el juegode luces había cambiado: ahora, en vez de unaserie de luces parpadearles y multicolores se veíaun brillo blanco y continúo. A pesar de lasvibraciones del coche, Betty se llevó los binóculosa los ojos y volvió a mirar.
  62. 62. Contuvo el aliento súbita e involuntariamente,porque vio, con toda claridad, una doble hilera deventanas. Sin los binóculos, parecía más bien unafranja continua de luz, pero ahora no cabía lamenor duda de que se trataba de un vehículovolante de enormes proporciones, aunque eraimposible calcular su tamaño por no saber ni laaltitud ni la distancia exacta que mediaba entreellos. Luego, lentamente, una luz roja seencendió en el lado izquierdo del objeto, seguidade otra parecida en el derecho.— Barney — dijo Betty — la verdad es que no sépor qué tratas de no mirarlo.Para el coche y míralo.—Cuando frene, ya habrá desaparecido — dijoBarney.Pero no había la menor convicción en suspalabras.— Barney, tienes que parar. No volverás a veruna cosa como esta en toda tu vida.Barney miró por el parabrisas y pudo verlo ahoracon toda claridad: estaba a unos sesenta metrosde altura, pensó, y seguía acercándose. Unacurva que hacía la carretera a la izquierda situó alobjeto a su derecha del coche, pero la distancia
  63. 63. siguió siendo la misma. A la derecha, no lejos delsur del lugar llamado Indian Head, donde otrohistórico rostro de piedra contempla lasmontañas y los valles, Barney vio dos tiendasindias comerciales de imitación en un sitio dondehabía un centro turístico, ahora cerrado, llamadoNatureland. Allí, durante el verano, cientos dechicos correteaban al sol con sus padres. Enaquel momento, sin embargo, estaba silenciosocomo una tumba.Barney paró el coche casi en el centro de lacarretera, sin pensar; debido a su incertidumbrey perplejidad, que pudiera echársele encimaalgún otro automóvil.— Bueno, dame los binóculos — dijo.A Betty le irritó el tono de su voz. Parecía como siestuviera llevándole la corriente.Barney bajó del coche, con el motor aún enmarcha, y apoyó el brazo en la portezuela. Elobjeto había dado otra vuelta, esta vez endirección a ellos, y se cernía silencioso en el airea la distancia de una manzana de casas y a laaltura de dos árboles puestos uno encima delotro. Estaba inclinado y, por primera vez,
  64. 64. pudieron ver su verdadera forma: era como unatorta luminosa, Pero las vibraciones del motor leimpedían estarse quieto, y la visión sedesdibujaba.Se apartó un poco del coche para ver mejor.— ¿Lo ves? ¿Lo ves? — preguntó Betty.Por primera vez en todo aquel tiempo su vozparecía llena de excitación. Barney confesó luegocon toda franqueza que sintió miedo, quizáporque Betty se excitaba muy raras veces yquizá, también, por la proximidad de aquel objetoextraño y completamente silencioso, quedesafiaba casi todas las leyes de la aerodinámica.— Es un aeroplano o algo por el estilo — cortóBarney.— De acuerdo — dijo Betty — es un avión. Pero,¿cuándo has visto tú un avión con dos lucesrojos? Yo siempre creí que los aviones tenían unaluz roja y otra verde.— Es que no pude verlo bien — dijo el — , elcoche vibraba y hacía temblar los binóculos.Se apartó unos pasos más y volvió a enfocarlo.Mientras lo hacía, el enorme objeto — sudiámetro tenía la misma anchura que la distancia
  65. 65. entre dos de los postes del teléfono a lo largo dela carretera, como dijo más tarde Barney — diosilenciosamente una vuelta completa sobre lacarretera, quedando a sólo unos treinta metrosde distancia de ellos. La doble hilera de ventanasera ahora perfectamente visible.Barney estaba muy asustado, pero, sin saber porqué, cruzó la carretera, se adentró luego por elcampo, y avanzó directamente hacia el objeto.Ahora, el enorme disco estaba inclinado enángulo hacia Barney; dos proyecciones,semejantes a atetas de pez, salían por amboslados, y tenían luces rojas en los extremos. Lasventanas parecían convexas, en torno al vehículo,en torno al perímetro del disco grueso y en formade torta. Seguía sin oírse el menor ruido. Llenode agitación, pero poseído aún de un irresistibleimpulso de acercarse más y más al vehículo,Barney continuó avanzando por el campo,llegando a sólo quince metros de distancia de él,que había descendido hasta la altura de las copasde los árboles.
  66. 66. Barney no calculó su tamaño, pero se dijo queera tan grande como un avión de pasajeros depropulsión a chorro, o mayor quizá.De nuevo en el coche, Betty no advirtió alprincipio que Barney se alejaba de ella. Estabapensando que no era prudente estacionar elcoche allí, en mitad de la carretera, aunque nohubiese curvas cerca. El coche no estaba ni a laizquierda ni a la derecha, estaba precisamentesobre la línea blanca que marcaba el centro de lacarretera. Pensó que lo mejor sería estar alerta,por si aparecían faros delante o detrás del coche,mientras lo llevaba a un lado. Es lo que estabahaciendo cuando, de pronto, se dio cuenta de queBarney había desaparecido campo adentro.Instintivamente, llamó:— ¡Barney! — Gritó — ¡Barney, idiota, vuelveaquí! — Si no volvía en seguida, se dijo, ellamisma iría a. buscarle — ¡Barney! ¿Qué te pasa?¿Es que no me oyes? No recibió respuesta yempezó a bajarse del coche; la portezuela dellado del volante estaba abierta.En pleno campo, cerca de un puesto de verdurascerrado, junto a un manzano nudoso, estaba
  67. 67. Barney con los binóculos en el rostro; luego, sequedó muy quieto.Detrás de las ventanas, Barney veía figuras, porlo menos, media docena de seres vivos. Parecíanestar apoyados contra las ventanastransparentes, mientras el objeto descendía haciaél. Estaban agrupados, mirándole. Advirtióvagamente que iban de uniforme, Betty, a casisesenta metros de distancia de su marido, legritaba desde el coche, pero Barney no recuerdahaberla oído.Se diría que los binóculos se le habían pegado alos ojos. Luego, como obedeciendo a algunaseñal inaudible e invisible, todos los tripulantesdel disco se apartaron de la ventana, y secolocaron frente a un gran tablero situado a unospasos de distancia de la hilera de ventanas.Sólo quedó uno, mirando a Barney: era, sinduda, uno de los jefes. Con ayuda de losbinóculos, Barney vio cómo los otros se movíanen torno a lo que parecía un centro de mandos,en el fondo. Lentamente, el vehículo fuedescendiendo, unos centímetros cada vez. Lasaletas con las luces rojas en la punía aún salieron
  68. 68. más a ambos lados; y de la parte inferior tambiénsalió algo que quizá fuera una escala, peroBarney no estaba seguro de ello. Barney reajustólos binóculos, enfocándolos sobre el único rostroque seguía pegarlo a la ventana. En esteinstante, su memoria pareció debilitarse yrecuerda muy vagamente los acontecimientos.Aunque ignoraba el motivo de esa idea, estabaseguro de que iba a ser capturado. Trató deapartarse los binóculos del rastro, pero no loconsiguió. A medida que su visión iba haciéndosemás clara, los ojos del único miembro de latripulación que seguía mirándole fijamente se leclavaban en el cerebro. Barney nunca había vistounos ojos como aquéllos. Haciendo uso de todasu energía, se arrancó, por fin, los binóculos delrostro y fue corriendo y gritando hacia dondeestaban Betty y el coche. Arrojó los binóculos alasiento, dando casi con ellos a Betty, que sehabía quedado sentada al verle correr por la durasuperficie de la carretera, aunque ya iba abajarse del coche.Barney estaba al borde de la histeria. Puso elcoche en marcha y arrancó a toda velocidad,gritando que estaba seguro de que iban a ser
  69. 69. capturados. Ordenó a Betty que mirase por laventanilla para ver dónde estaba aquel objeto,Betty miró y no vio nada. El objeto habíadesaparecido. Alargando el cuello, miró encimadel coche, pero tampoco vio absolutamente nada.El extraño vehículo se había desvanecido. Perotambién habían desaparecido las estrellas, que,unos segundos antes, brillaban tanto. Barneyseguía chillando que estaba seguro de que eldisco estaba precisamente encima de ellos.Betty volvió a mirar, pero lo único que veía era lamás completa oscuridad. Se asomó a la ventanillatrasera, pero tampoco vio nada, excepto lasestrellas, que eran perfectamente visibles poraquella ventanilla.En aquel momento, oyeron un «bip-bip» extraño,como producido electrónicamente. Todo el cocheparecía vibrar con él. Era un ritmo irregular:«Bip... bip... bip, bip, bip», que parecía salir dedetrás del coche, de la parte trasera del cuerpodel vehículo.Barney preguntó:— ¿Qué ruido es ese?Betty respondió:
  70. 70. — No lo sé.Ambos comenzaron a sumirse en una extraña ycosquilleante somnolencia. A partir de aquelmomento, quedaron como cubiertos por unaespecie de neblina.Algo más tarde, aunque no supieron decirexactamente cuándo, el «bip-bip» volvió a sonar,Sólo advertían que eran dos sonidos paralelos,separados entre sí por un espacia de tiempo decuya longitud no tenían la menor idea, cómotampoco la tenían de lo que había sucedido, nidel tiempo que había tardado en suceder.A medida que el segundo «bip» se iba haciendomás sonoro, los Hill fueron recuperandolentamente la conciencia. Aún estaban en elcoche, y el coche estaba en movimiento, conBarney al volante. Ambos estaban silenciosos,entumecidos, y como sonámbulos. Al principio,siguieron el viaje en silencio, mirando a lacarretera para ver dónde estaban. Un letrero lesindicó que estaban cerca de Ashland, a unoscincuenta y seis kilómetros al sur de Indian Head,donde había sonado por primera vez elinexplicable «bip». En aquellos primeros instantes
  71. 71. de consciencia, Betty recuerda vagamentehaberle dicho a su marido:— ¿Qué? ¿Crees, ahora, en los platillos volantes?Y Barney recuerda haber respondido:— ¡No digas tonterías! Naturalmente que no.Pero ninguno de los dos consigue recordar másdetalles que éste, hasta que llegaron a laautopista nueva: US. 93. Poco después de entraren ella, Betty despertó súbitamente de susomnolencia y señaló un letrero que decía: CONCORD - DIECISIETE MILLAS—Aquí es donde estamos, Barney —dijo— Ahora,ya lo sabes.También Barney recuerda que su mente se aclaróen aquel momento. Ni siquiera recuerda habersesentido inquieto o turbado durante los cincuentay seis kilómetros que median entre Indian Head yAshland, de cuyo trayecto no parecía recordarnada.Siguieron hacia Concord, sin decirse apenaspalabra. Sin embargo, decidieron que laexperiencia sufrida en Indian Head era tan
  72. 72. extraña, tan increíble, que lo mejor era no hablarde ella con nadie.— Además, nadie lo creería — dijo Barney —Apenas consigo creerlo yo mismo.Betty asintió. Cerca de Concord, buscaron un sitiodonde tomar una taza de café, pero no habíanada abierto. Aún confusos y sin hablar,continuaron conduciendo. Volvían ahora hacia elEste, por la carretera n.° 4, cruzando el Estado,hacia el océano y, por lo tanto, hacia Portsmouth.Justo en las afueras de Portsmouth, vieron que laaurora rayaba de blanco el cielo hacia el Este.Condujeron por entre las calles de la ciudaddormida, en la que aún no se movía nadie. Perolos pájaros gorjeaban ya y era casi de día cuandollegaron a casa. Barney miró el reloj, pero este sehabía parado, y, poco después, Betty vio quetambién se había parado el suyo. Dentro de lacasa, el reloj de la cocina marcaba las cinco yunos minutos de la madrugada.— Parece que hemos llegado a casa un poco mástarde de lo que habíamos previsto — dijo Barney.Betty llevó a Delsey para que diese su paseomatutino mientras Barney descargaba el coche.
  73. 73. Los pájaros cantaban ahora en coro, formando unsonoro telón de fondo para los pensamientos deBetty, obsesionada aún por lo ocurrido aquellanoche. Barney también estaba pensativo.Hablaron poco. Por alguna razón que ella mismano se supo explicar, Betty pidió a su marido quellevase el equipaje al cobertizo de atrás, en lugarde entrarlo en la casa. Barney lo hizo así y,luego, fue a ver si so había dejado algo en elcoche. Al recoger los binóculos, notó por primeravez una cosa inusitada: la correa que la nocheanterior había rodeado su cuello estaba ahorarota por la mitad; la ruptura era limpia yreciente.Desde Concord hasta allí, durante el silenciosoviaje, Betty y Barney habían mirado al cielo aintervalos regulares, preguntándose si aquelextraño objeto reaparecería. Incluso después deentrar en su casa, un edificio de esquinas rojas,rodeado de un pequeño jardín, situado en elcentro de Portsmouth, iban los dos, sin darsecuenta, a la ventana de cuando en cuando, paramirar el cielo matutino.
  74. 74. Ambos notaban una sensación extraña, viscosa.Se sentaron en la cocina, ante una taza de café,pero, antes, Barney había ido al baño paraexaminarse el bajo vientre, que, sin que élsupiese por qué, le picaba. Dos años después,seguía sin explicarse qué le movió a hacer esto.Cuando salió del baño, pasaron revista de nuevoa lo sucedido y volvieron a prometerse no hablarde ello con nadie. La segunda parte del viaje lesresultaba extrañamente vaga; no conseguíanrecordar casi nada del trayecto entre Indian Heady Ashland. Recordaban fragmentariamente habercruzado Plymouth, justo antes de la segundaserie de «bips». A Barney le inquietaba yconfundía que el extraño vehículo no hicieseruido. Trataba de clasificarlo mentalmente comoun aeroplano, a pesar de su aspecto inusitado yde la sensación extraterrestre de que les habíallenado a los dos.Recordaban distintamente dos series de «bips»,pero el intervalo entre ambas les tenía perplejos.Betty, reconfortada por una taza de café biencargado, recordó muy vagamente algunas de lascosas que habían ocurrido después de pasar
  75. 75. Indian Head. Recordaba haber visto en lacarretera un letrero que dividía a las ciudades deLincoln y North Woodstock, pero era unaimpresión momentánea y fragmentaria.Recordaba, también, haber pasado junto a unatienda en la ciudad de North Woodstock, pero erauna impresión aislada. Los dos recordaban muyvagamente una forma lunar grande y luminosaque parecía tocar la carretera, como posada bajolos pinos. Betty, haciendo esfuerzos por recordar,creía que Barney había dado una vuelta brusca,saliendo de la carretera n." 3, pero no conseguíalocalizar el sitio. Cuando los dos vieron el objetoen forma de luna, Barney recordaba vagamentehaber dicho a Betty:— ¡Otra vez, santo Dios ¡Betty recuerda la reacción que experimentócuando Barney negó que aquello pudiera ser unobjeto volante no identificado. Pensó: «Barney esasí, cuando le asusta alguna cosa u ocurre algoque no le gusta, se encoge de hombros y se diceque no ha ocurrido nada» Hasta cierto punto, elmismo Barney reconoce que esto es verdad.
  76. 76. Ambos están de acuerdo en que volvieron a laplena posesión de sus sentidos en la carreteraU.S. 93, junto a un letrero donde ponía quefaltaban unas veintisiete millas para llegar aConcord. Antes de esto, sólo recuerdan una cosa:la imagen fragmentaria de las calles oscuras dePlymouth, unos diez kilómetros al norte deAshland, donde tuvo lugar la segunda serie de«bips».—Cuando llegamos a nuestra casa —dijo Barneymás adelante — y Betty salió a pasear al perropor el patio, me bajé del coche y empecé a sacarlo que había en él. Betty me dijo que tirase alcubo de la basura la comida que quedaba en lanevera y que pusiera las demás cosas fuera de lacasa. Yo tenía mucha prisa por terminar deponerlo todo en el cobertizo de atrás para poderir a tomar un baño; en cuanto me vi en el baño,cogí un espejo y me puse a examinarme elcuerpo. Y no sé por qué la verdad, ni lo sabíatampoco entonces, pero me sentía como sucio.Era una suciedad diferente de la que sueleacumulársele a uno en el cuerpo a consecuenciade un viaje, Algo viscoso. Betty y yo fuimos a laventana y, entonces, abrí la puerta trasera yambos miramos al cielo. Fui, luego, a la alcoba y
  77. 77. miré a mi alrededor. No sé cómo describirlo, eracomo si alguien flotase en la atmósfera. Noquiero decir que ese alguien estuviese allí, connosotros, era más bien la sensación de que habíaocurrido algo muy extraño. Inmediatamentedespués de un desayuno ligero, se metieron en lacama, y durmieron de un tirón. Tenían laesperanza de que el incidente se desvanecieserápidamente de su memoria y pasase a ser tansólo una de esas interesantes anécdotas quealgún día le gusta a uno contar a la gente. Nosabían que, por el contrario, iba a afectarprofundamente sus vidas durante muchos años.
  78. 78. CAPITULO IICuando se despertaron, eran ya casi las tres de latarde. Durmieron, pero no soñaron; se sentían,muy aliviados de verse de nuevo en su casa,bañados y descansados. Barney, echado en lacama, con los ojos abiertos, volvió a recordar laextraña experiencia de la noche anterior. Lo quemás le desconcertaba y confundía era la faltacompleta de ruido de aquel objeto volantemientras duró el incidente; también le dejabaperplejo el hecho de que no tuviera ningunacaracterística que le permitiese relacionarlo conun avión normal. Lamentaba profundamente queno hubiese pasado por allí ningún policía estatal oalgún camión, porque entonces, habría podidocompartir su experiencia con alguien. Aún tenía lasensación de que en algún sido, no sabía a puniófijo donde, había alguien, una presencia vaga eindefinida, Muy vagamente, le parecía haberencontrado un obstáculo que le impedía el pasoen la carretera, la noche anterior. Pero era unaimpresión desdibujada e indistinta. La vuelta a laconsciencia, después de oír el extraño sonidoelectrónico, fue muy lenta. Antes de que sumente se viera de nuevo completamente
  79. 79. despejada, Barney tuvo un nuevo instante depercepción: se vio como en un relámpagosaliendo de la carretera n.° 3 y entrando en la104, para tomar el atajo de Concord. Pero elletrero que decía: «CONCORD - DIECISIETEMILLAS» seguía siendo, tanto para él como paraBetty, el símbolo de su vuelta a la normalidad.Aquella tarde, mientras yacía en la cama,despierto, sentía que la razón de que él y Bettyhubieran hablado tan poco durante la parte finaldel viaje fue que ambos, o él por lo menos,experimentaba un suave entumecimiento mental.Apartó rápidamente de su mente las figuras vivasque había visto a bordo del extraño objetovolante; no quería pensar en ellas.Al despertarse, Betty se puso a pensar, antes queen ninguna otra cosa, en lo ocurrido la nocheanterior. No conseguía apartar de su mente elviaje de regreso ni la experiencia sufrida. Pasaríael resto del día moviendo incrédulamente lacabeza. Una de las primeras cosas que hizoaquella tarde al levantarse de la cama (aunquenunca ha conseguido explicarse por qué) fuecoger el vestido y los zapatos que había llevadopuestos la noche anterior y guardarlos en el
  80. 80. rincón más apartado de su armario. Desdeentonces, no se los ha vuelto a poner.Barney, al levantarse, pasó revista a la ropa quehabía llevado puesta la noche anterior y quedóalgo sorprendido al comprobar que sus mejoreszapatos estaban muy gastados en la partesuperior de las puntas relucientes. También lesorprendió ver que los bordes de las perneras desus pantalones y también sus calcetines estabancubiertos de agujas de pino; pero, de pronto, seacordó, como en una inundación de recuerdos, dehaberse adentrado solo en el campo, en IndianHead. Barney, a quien gusta mucho ir bienvestido, no consiguió comprender, sin embargo,que lo que se le hubiese desgastado fuera laparte superior de los zapatos. Acabó por decirseque, yendo por el campo, habría rozado sin dudaalguna roca con los zapatos, aunque no sabíacómo pudo haber ocurrido tal cosa, y se encogióde hombros. Más adelante, iba a descubrir laposible causa.El súbito recuerdo del incidente del campo, junioa Indian Head, le indujo a ir a la puerta traserade la casa y mirar de nuevo al cielo. Estaba
  81. 81. esperando algo, pero no sabía qué. Hizo un granesfuerzo por recordar lo ocurrido después dellevarse los binóculos al rostro y echar a correr,de vuelta al coche, pero sin éxito. Le eracompletamente imposible pasar de allí.Cuando se sentaron a desayunar, por segundavez en el mismo día, habló de esto con Betty,quien le preguntó repetidas veces por qué habíavuelto corriendo al coche y por qué había temidoser capturado. ¿Y cómo no había oído sus gritos,pidiéndole que volviera al coche? Más tarde, en eltranscurso de uno de los numerosos viajes quehicieron a aquel lugar, descubrieron que era difíciloír gritos a la distancia que, según el cálculo deBarney, tenía que haber habido entre los doscuando él se adentró, solo, por el campo. Ademásde todo esto, Barney se notaba un escozorinexplicable en la parte posterior del cuello.Su decisión de no hablar absolutamente connadie de su experiencia comenzó a debilitarseaquel mismo día, durante la comida de la tarde.Barney trataba de resistirse, pero Betty,recordando la experiencia de su hermana con unobjeto volante no identificado varios años atrás,
  82. 82. quería contarle la suya. Barney accedió aregañadientes, aunque estaba convencido de quelo mejor sería tratar de olvidar por completo elincidente.Betty fue al teléfono y llamó a su hermana,sintiendo cierto alivio ante la posibilidad dedesahogarse, contando lo sucedido a uninterlocutor amigo. Su hermana, Janet Miller,vivía muy cerca, en Kingston, con su marido ysus hijos; el marido era jefe de los exploradoresde la localidad y aficionado a la astronomía.Tratando de no ponerse nerviosa, Betty se puso acontar lo ocurrido la noche anterior. Janet, quecreía firmemente en los objetos volantes noidentificados por haber visto ella misma uno, seexcitó mucho y confirmó la sospecha de Betty deque el coche o la ropa pudieran habérselescontaminado con radiactividad si el objetovolante se había cernido justo sobre ellos. Hastaaquel momento, la sospecha latente que sentíaBetty de haber sido víctima de alguna especie decontaminación había sido puramente instintiva;pero, ahora, comenzaba a preguntarse si noexistirían motivos concretos para creer en talposibilidad. Janet recordó a Betty que un vecino
  83. 83. suyo, en Kingston, era médico y dijo que iba apreguntarle qué huella podría haber dejado aquelobjeto volante si se hubiese acercado mucho alcoche, Unos momentos más tarde, Janet volvió alteléfono y dijo a Betty que, según el médico,cualquier brújula acusaría la existencia deradiactividad si la aguja se agitaba como loca, sinparar en ningún punto de la esfera, al entrar encontacto con el exterior del coche.Al oír parte do la conversación de Betty con suhermana, el escepticismo de Barney aumentó;mientras ella iba por la casa, buscando la brújulabarata que solían usar cuando iban de viaje,Barney parecía dispuesto a hacerse el remolón. —Pero, ¿dónde está? —Preguntó Betty, llena deimpaciencia por encontrarla y salir a tocar conella el coche,— La puse en el cajón — respondió el— ¿En qué cajón? — volvió a preguntar Betty.Aquello sólo servía para impedir que Barneyconsiguiese desechar el incidente de su mentepara siempre.— No sé, búscala tú — dijo.Betty se sentía cada vez más irritada
  84. 84. —Gracias, hombre — dijo — La verdad es que esuna suerte contar con tu ayuda. — Pero, ¿paraqué quieres la brújula? — Pregunto él — No tehace falta para nada.—Ésa es tu opinión —replicó Betty—. Guárdatelay dame la brújula. Barney acabó cediendo yencontró la brújula. Betty salió corriendo y vioque llovía. Pasó la brújula por la superficiehúmeda del automóvil y la aguja no parecióreaccionar de manera notable, pero cuando lapasó por la parte posterior notó una cosaextraña: por la superficie metálica había unadocena o más de manchas brillantes, cada una deellas perfectamente circular y del tamañoaproximado de un dólar de plata. Estaban muybien dibujadas y pulidas, en contraste con lasuperficie mate del coche, como si la pinturahubiese sido cuidadosamente esparcida con unpatrón circular. En aquel momento, Betty recordólos extraños «bip-bip», oídos la noche anterior, yprocedentes de la parte trasera del coche; en elestado de nerviosismo en que se encontraba aconsecuencia de haber hablado con su hermana,se sintió extrañamente emocionada al veraquellos círculos brillantes justo en aquel sitio.
  85. 85. Pasó la brújula cuidadosamente sobre uno de loscírculos. La aguja se agitó inmediatamente. Bettycasi se dejó dominar por el pánico, pero consiguiósobreponerse y siguió pasando la brújula por unode los lados del coche, donde no había ningúncírculo. La aguja reaccionaba allí de un modonormal, señalando una dirección. Rápidamente,Betty llevó la brújula de nuevo a los círculosrelucientes, y de nuevo volvió a perder el control.Entró corriendo en la casa.— Barney — dijo— tienes que salir y ver lo queocurre. La parte posterior del coche está llena decírculos brillantes, y en cuanto les aplico labrújula, la aguja se vuelve loca.Barney repitió que eran imaginaciones suyas yrehusó salir a mojarse.Entretanto, una pareja a quien los Hill teníanalquilado uno de los pisos de su casa bajó alvestíbulo; al ver que Betty parecía disgustada poralgo, preguntaron qué pasaba, y ella, muyexcitada, les contó toda la historia del objetovolante, añadiendo que estaba tratando deconvencer a Barney de que saliera a ver los
  86. 86. círculos brillantes y la reacción de la brújula encuanto la acercaba a ellos. Entonces, Barney,aunque a desgana, salió con la pareja, mientrasBetty telefoneaba a su hermana para contárselo.Janet, en tanto, había hablado con el antiguo jefede la policía de Newton, New Hampshire, queestaba de visita en su casa aquel día, el cualaconsejó que los Hill pusieran su caso enconocimiento de la Base Aérea de Pease, enPortsmouth, un centro del Alto Mando AéreoEstratégico que, durante aquellos últimos meses,había estado recibiendo continuamente informessobre apariciones de objetos volantes noidentificados. El jefe de la policía había recibidoinstrucciones en este sentido en cuanto lasapariciones de objetos volantes comenzaron aproliferar en el Estado de New Hampshire, Barneyvolvió al cuarto de estar pocos minutos después,antes de que Betty terminara de hablar porsegunda vez con su hermana.— ¿Qué hizo la brújula? — preguntó Betty.—Nada de particular, lo que todas las brújulas —respondió el — Se agitó un poco al acercarse a lallanta de recambio, pero nada de particular. Bettyle miró fríamente.
  87. 87. —Bueno, vamos a ver, ¿por qué crees que seagitó al acercarla a la parte posterior?— No sé — respondió Barney.— Me explico que se agitase al tocar elacumulador. Pero, ¿por qué al acercarse a lallanta de recambio? La verdad, Barney...—No sé — dijo Barney — a lo mejor es por elmetal. A mí no me pareció que reaccionase demanera extraña.— ¿Y qué me dices de los círculos brillantes? —Preguntó Betty — ¿Los viste?—Sí — dijo Barney.—Bueno, ¿qué me dices de ellos?—Nada, algo que chocaría con el metal, Bettyquedó convencida de que Barney estaba tratandode negarse a sí mismo que hubieran tenidoaquella experiencia nocturna y no se explicaba talactitud. (Más adelante, Barney reconoció que laexperiencia había sido para él una pesadilla tanabrumadora, tan increíble, que sentíadesesperados deseos de apartarla enteramentede su mente y olvidarla. En aquel momento, leirritaba que Betty persistiera en susinvestigaciones.)
  88. 88. Una vez más, Barney rehusó ceder cuando ella lepidió que la acompañara al coche para comprobarde nuevo la reacción de la brújula en contactocon los círculos brillarles. Lo que hizo fue insistiren que lo mejor era no seguir el consejo de Janetde comunicar lo sucedido a la Base Aérea dePease.— Bueno, ya que te empeñas — dijo, por fin —Pero si llamas a la Base Aérea, haz el favor de nocomplicarme en el asunto, A Betty le obsesionabala idea de que pudieran haberse contaminado deradiactividad, pero, al mismo tiempo, comprendióque esto podría parecerles ridículo a los oficialesde la Base Aérea. A pesar de todo, telefoneó a lapolicía de la Base y, después de haber sidopuesta con varios departamentos por lacentralita, consiguió dar con un oficial que pidiódetalles, Betty le explicó la historia de manerageneral, porque la reacción del oficial era deincredulidad. Evitó demostrar timidez oconfusión, y omitió detalles, como el de las dosfilas de ventanas que había visto, pensando quecon mencionarlos sólo Conseguiría aumentar elescepticismo de su interlocutor. Dijo, sinembargo, que el objeto tenía como unas aletasque parecían salir de ambos lados, con luces
  89. 89. rojas en la punía. Entonces, el oficial pareció másinteresado; y cuando Betty le dijo que su maridohabía tenido oportunidad de examinar con másdetalle que ella aquella parte del misteriosovehículo, pidió hablar con él.Barney no mostró entusiasmo alguno por ponerseal teléfono pero ya parecía más tranquilo y acabópor hacerlo. Cooperó con el oficial cuanto pudo,dando todos los detalles que recordaba, pero,pusilánime, rehusó mencionar a los seres vivosque había visto con toda claridad en el interior.En el transcurso de la conversación, el oficial ledijo que le había puesto en contacto con otralínea de la base, y que lo que decía estaba siendointerceptado. Ni Betty ni Barney tenían ningúndeseo de verse envueltos en situacionesdesagradables. Betty decía que los oficiales sólohabían mostrado indiferencia, pero Barney, por elcontrario, sostenía que estaban sumamenteinteresados, que no habían dado muestras deimpaciencia y que lo que les intrigaba eran lasalelas con luces rojas. Para los oficiales de laBase Aérea era éste detalle nuevo, a pesar de losmuchos informes que habían recibido e
  90. 90. investigado sobre objetos volantes noidentificados.La conversación telefónica produjo cierto cambioen la actitud de Barney. De su conversación conel oficial, Barney sacó en limpio que había habidootros informes, algunos de los cuales eransemejantes al suyo, de modo que no habíamotivos para temer que le acusaran de loco sicontaba algo que a él le parecía inexplicable. Sinembargo, ambos decidieron no hablar a nadie delos círculos brillantes, y Barney, por su parte,siguió resuelto a callarse lo de los seres vivos quehabía visto a bordo del objeto volante, detrás dela ventana convexa, Esto, a su modo de ver,podía ser causa de que la gente recelase de laveracidad del incidente y ya tenía él bastantesdudas sobre este detalle, Lo que más le asustabaera pasar por tonto.Al día siguiente, su preocupación a este respectodisminuyó algo porque la Base Aérea de Pease lestelefoneó pidiendo más información. Esto dio aBarney más seguridad en sí mismo y en suexperiencia nocturna, pero aun así rehusó daraquellos detalles.
  91. 91. Quien les telefoneo fue el comandante Paul W.Henderson, de la escuadrilla de bombarderosnúmero 100, estacionada en la Base de Pease; elcomandante dijo a los Hill que se había pasado lanoche en vela preparando el informe y que queríacompletarlo con algunos detalles más. Les dijo,también, que quizá tuviera que volverles a llamarmás tarde, aunque después de esta segundaconversación los Hill no volvieron a saber de él.Su informe oficial al «Libro del Proyecto Azul»(Project Blue Book), que es el nombre deldepartamento del centro aéreo de Wright-Paterson, Estado de Ohio, donde se clasifican ycotejan los miles de informes sobre aparicionesde objetos volantes no identificados que llegan detodo el país, indica que los Hill no tenían razónalguna para temer quedaren ridículo cuando, contanta aprensión, comunicaron telefónicamente suexperiencia a la Base Aérea de Pease. INFORME NUMERO 100-1-61
  92. 92. En la noche del 19 al 20 de setiembre, entre las20/001 horas y las 20/0100 horas, los señoresHill, viajando por la zona sur de la carretera n.° 3cerca de Lincoln, New Hampshire, observaron porel parabrisas del coche un objeto extraño en elcielo. Les llamó la atención por su forma y laintensidad de su luminosidad, que destacabaentre las estrellas. El cielo estaba claro y la nocheera serena a aquella hora. A. Descripción del objeto1. Franja continua de luces, forma de cigarropuro inalterable, a pesar de los cambios dedirección. (Ni el señor ni la señora Hill recuerdanhaber mencionado la forma de disco del vehículoa poca distancia.)2. Tamaño; Cuando lo vieron por primera vez,parecía ser del tamaño de una moneda de cincocentavos a un brazo de distancia. Más larde,cuando parecía estar a unos treinta y cincometros de altura sobre el coche, les pareció deltamaño de un plato sopero a un brazo dedistancia.
  93. 93. 3. Color: EL único color que pudieron distinguirfue el de la franja de luces, comparable enintensidad y color a un filamento de lámparaincandescente. (Véase lo referente a las «lucesde la punta de las alas».) (Barney, que, en aquelmomento, parecía deseoso de quitar importanciaal incidente, se mostró reacio a dar su impresiónexacta sobre el tamaño del objeto volante.)4. Número de objetos volantes no identificados;Uno.5. Formación: Ninguna.6. Detalles o cosas de interés: Véase apartadonúmero uno. Durante el período de observación,las alas parecieron emerger del cuerpo delobjeto; al parecer, tenían forma de V y lucesrojas en los extremos. Más tarde, esas alas aúnparecieron alargarse más.7. Cota, estela o escape: No vieron ninguno.8. Sonido; Ninguno, aparte del mencionado en elaparcado D.
  94. 94. B. Descripción de la trayectoria del objeto.1. Fue visto por primera vez a través delparabrisas del coche. El tamaño y la luminosidaddel objeto les llamó la atención por ser superior alos de las estrellas visibles en aquel momento.2. Ángulo de elevación al ser visto por primeravez: unos cuarenta y cinco grados.3. Ángulo da elevación al desaparecer: No fueobservado, por serles imposible a los señores Hillprecisar el momento de su desaparición.4. Línea de vuelo y maniobras: Véase apartadoD.5. Cómo desapareció el objeto volante: Véaseapartado D.6. Duración de la observación:Aproximadamente, treinta minutos.
  95. 95. C. Como fue observado.1. Desde el suelo, visualmente.2. Con binóculos, en algunos momentos.3. La primera observación tuvo lugar desde elinterior del coche, tanto en marcha como parado.El objeto fue observado tanto desde dentro comodesde fuera del coche. D. Situación y detalles.(Aquí, el informe relata los detalles generales dela observación. entre ellos el extraño sonido «bip-bip», que, como los Hill explicaron al que lesinterrogó, «parecía como si alguien hubiesedejado caer un diapasón». Por las dificultadesnormales que se producen en una conversacióntelefónica, hubo que omitir muchos detalles,entre otros, el de las luces multicoloresobservadas por Betty, y también, normalmente,el de las figuras vivas que vio Barney, de las queéste no quería hablar a nadie.)

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