EL NIÑO FRENTE A LAS EXIGENCIAS DEL MUNDO EXTERNO
Psic. Javier Verán
El niño desde la teoría psicoanalítica.-
Para Anna Fr...
sobrepase el nivel de tolerancia y exponga al niño al sufrimiento. Lo importante
es que en el balance entre experiencias a...
Etapa de confrontación.-
Existe una oposición entre los deseos del niño y ciertos fines y métodos de la
educación. El niño...
va aprendiendo a controlar sus impulsos, sus deseos de morder, destruir,
patear.
El niño en estas edades se debate entre d...
No es una tarea fácil. Un niño al que en esta edad no se le enseñe a renunciar
a sus caprichos, por ser tratado con demasi...
que explore y manipule su medio, entonces el niño o niña desarrollará un
adecuado sentido de autonomía y de independencia ...
Tiempos posmodernos.-
¿Pero qué es lo que se está esperando de los niños en estos tiempos? ¿Y qué
se espera de nosotros co...
y en su entorno, en su propia capacidad para pensar y solucionar conflictos,
superar obstáculos, confiado, abierto, sensib...
niños han perdido su espacio para estar solos. Cuando un niño está aburrido,
algo se le ocurre, inventa algo. Ponerse en c...
Sin ánimo de entrar a polemizar acerca de cuáles deberían ser los objetivos
de la educación inicial, o cómo deberían ser l...
Para intentar comprender a un niño es fundamental tomar en cuenta las
características de los vínculos que ha ido estableci...
protegerse, quererse, permitiendo la expresión de diferentes aspectos
inherentes al desarrollo emocional del niño; de esta...
Cuanto más pequeños los alumnos o alumnas, más importante el papel que
tienen los maestros para favorecer el desarrollo de...
la construcción de vínculos de confianza, seguridad y creatividad, y que sólo
así se obtendrá el potencial para un aprendi...
mejora en la capacidad de aprendizaje, pues fortaleciendo lo emocional se
fortalece la libertad para crear, imaginar, desc...
Próxima SlideShare
Cargando en…5
×

Javier veran el mundo de hoy

149 visualizaciones

Publicado el

Javier veran el mundo de hoy

Publicado en: Salud y medicina
0 comentarios
0 recomendaciones
Estadísticas
Notas
  • Sé el primero en comentar

  • Sé el primero en recomendar esto

Sin descargas
Visualizaciones
Visualizaciones totales
149
En SlideShare
0
De insertados
0
Número de insertados
7
Acciones
Compartido
0
Descargas
1
Comentarios
0
Recomendaciones
0
Insertados 0
No insertados

No hay notas en la diapositiva.

Javier veran el mundo de hoy

  1. 1. EL NIÑO FRENTE A LAS EXIGENCIAS DEL MUNDO EXTERNO Psic. Javier Verán El niño desde la teoría psicoanalítica.- Para Anna Freud, la personalidad se desarrolla bajo el impacto de dos fuerzas contrapuestas: los impulsos instintivos y las exigencias ambientales. La fuerza de los impulsos no la podemos alterar; cada niño o niña nace con una disposición a reaccionar a los estímulos internos y externos, que varía entre un niño y otro. Se dice que un niño es “temperamental”, cuando reacciona intensamente, en oposición a un niño más plácido, dócil, que se adapta mejor a los horarios o frustraciones. Sin embargo, sí es posible aliviar algunas presiones externas que actúan sobre los niños, para lo que es indispensable reconocer el daño que pueden sufrir durante el crítico período de desarrollo, debido a la manera en que se actúa frente a sus necesidades, impulsos, deseos y dependencia emocional. Atendiendo al desarrollo emocional saludable, lo que se buscaría sería un adecuado equilibrio entre satisfacción de necesidades, frustración y postergación. La frustración es inevitable y necesaria, siempre que no
  2. 2. sobrepase el nivel de tolerancia y exponga al niño al sufrimiento. Lo importante es que en el balance entre experiencias agradables y desagradables, gratificantes o frustrantes, predominen las gratificantes. Para Winnicott, el papel del ambiente es fundamental, al punto de considerar las fallas ambientales como la causa principal de los distintos cuadros psicopatológicos. Según este autor, el niño nace provisto de una tendencia al desarrollo, y la tarea de la madre, y del ambiente en general, es brindar un soporte adecuado para que las condiciones innatas del niño logren un óptimo desarrollo. Erikson, destaca la influencia de la sociedad en el desarrollo de la personalidad. Según este autor, en el desarrollo se da una conjunción simultánea de las fuerzas biológicas, con las psicológicas y sociales en un proceso que está ubicado tanto en el núcleo del individuo, como en el núcleo de su cultura comunal. El ambiente no es definido como “lo exterior al individuo” sino “como una realidad que no solamente nos rodea, sino que también está dentro de nosotros mismos”. Es por esto que se define al ser humano como una unidad bio – psico –social.
  3. 3. Etapa de confrontación.- Existe una oposición entre los deseos del niño y ciertos fines y métodos de la educación. El niño tiene sus necesidades propias; la sociedad a través de la familia y la escuela trata de inculcarle un modo de actuar. Es coincidiendo con esta etapa de enfrentamiento entre las necesidades internas del niño, y las demandas planteadas por el ambiente, que se da la educación inicial. Las destrezas que el niño va adquiriendo, le permiten desempeñar un papel mucho más activo en su relación con el ambiente: se desplaza libremente, trata de alimentarse solo, tiene gran curiosidad por el mundo que le rodea y lo explora con entusiasmo. Es autosuficiente, busca ser independiente, y estos signos exteriores de independencia van acompañados de un sentimiento de seguridad en sí mismo, lo que lo lleva a actuar como queriendo demostrar a los demás, que “ya es grande”, que ya “puede hacerlo sin ayuda”. A medida que va aprendiendo de la experiencia, va empezando a aceptar que las cosas no son siempre como él quiere; va cediendo su omnipotencia inicial,
  4. 4. va aprendiendo a controlar sus impulsos, sus deseos de morder, destruir, patear. El niño en estas edades se debate entre dos posiciones: o se deja llevar por la búsqueda inmediata de satisfacción, que es una necesidad interna, o cede ante la presión del mundo externo y renuncia al placer instintivo. A veces se pone de lado del mundo externo contra su propia naturaleza, y se porta como un “niño bueno”, y otras veces se opone al ambiente y hace lo que le viene en gana. Hacia los tres años ya sabe exactamente lo que quiere: ejercer el poder. Hacer lo que quiere, y lograr que los demás hagan lo que él exige, comportándose muchas veces como un tirano con su madre. Puede ser especialmente exigente, demandante, impaciente, no tolera demora alguna cuando trata de conseguir lo que quiere. Busca el placer: es impaciente, destructivo, inquieto, no tolera ninguna frustración, ninguna rivalidad. Una de las principales tareas a estas edades, es ayudarlos en el difícil paso de aprender que la realidad no siempre está de acuerdo con lo que él espera. En esta época, la función de los padres, y de los adultos cercanos, es la de proveer de un nivel adecuado de control.
  5. 5. No es una tarea fácil. Un niño al que en esta edad no se le enseñe a renunciar a sus caprichos, por ser tratado con demasiada condescendencia y tolerancia, más adelante tampoco lo sabrá hacer y se volverá egoísta. Por eso la necesidad de los “famosos límites”, que funcionan como una barrera de contención para que la impulsividad no se desborde. Si por el contrario, un niño cuya voluntad se paraliza en sus comienzos por la excesiva dureza e inflexibilidad de los padres, o por los castigos corporales, en el futuro no tendrá la fuerza ni la audacia para defender sus pretensiones; se convertirá en alguien sin iniciativa, ni confianza en sí mismo. Es en estas edades tempranas donde se pueden encontrar las raíces del temor a la crítica, si es que el niño siente que “todo tiene que hacerlo bien”, correctamente, sin equivocarse. Uno puede encontrarse con niños que desde muy pequeños, intentan seguir las reglas de manera precisa, y cuando lo logran es a costa de una pérdida de vitalidad y espontaneidad. Si los padres reconocen y alientan el orgullo que siente su hijo o hija por sus logros y por su deseo de hacer por sí mismo todo lo que pueda, si se le permite
  6. 6. que explore y manipule su medio, entonces el niño o niña desarrollará un adecuado sentido de autonomía y de independencia que hará que se sienta capaz de controlarse a sí mismo y al ambiente, fortaleciéndose ese sentimiento de confianza en la propia capacidad. Pero si se bloquean innecesariamente los intentos de independencia, o se le exige más de lo que puede hacer, lo más probable es que sienta vergüenza ante otras personas, y tenga dudas respecto a su capacidad para influir en su medio. Es por eso importante estar atento a qué es lo que se demanda del niño. Si le pedimos demasiado para su edad o nivel de madurez y desarrollo, lo más probable es que logremos un fuerte sentimiento de frustración por parte del niño y quizá también del adulto al ver los resultados, trayendo como consecuencia un niño frustrado, triste, molesto o que se rinde, abandona, pierde interés. Un niño o niña que queda con la sensación de no estar cumpliendo con las expectativas de los padres, lo que puede traer como consecuencia la idea de que no merece su cariño.
  7. 7. Tiempos posmodernos.- ¿Pero qué es lo que se está esperando de los niños en estos tiempos? ¿Y qué se espera de nosotros como padres, maestros, psicólogos? Porque nosotros también estamos inmersos en esta sociedad que nos envuelve, nos plantea expectativas, exigencias, logros. La sociedad en la que vivimos influye en cada uno de los aspectos del desarrollo humano, y esto se ve reflejado en las prácticas de crianza, y en las creencias o ideales que uno tiene para promover lo que se considera una adecuada educación o formación. Vivimos en una sociedad en la que la globalización, la eficacia, el éxito, la competitividad, ya no es un tema exclusivo de empresarios, sino que se va trasladando a la vida cotidiana de todos, instalándose en nuestras casas, ocupaciones, ritmos de vida, y que se traduce en nuevas expectativas y exigencias para los niños. Quienes trabajamos con niños estamos en la necesidad de tener en claro cuál es el ideal de niño que tenemos y a qué aspiramos en nuestro trabajo diario. Por un lado tenemos el ideal de un niño autónomo, con confianza en sí mismo
  8. 8. y en su entorno, en su propia capacidad para pensar y solucionar conflictos, superar obstáculos, confiado, abierto, sensible. Al otro extremo tenemos el niño obediente, dependiente de la autoridad, en búsqueda del reconocimiento permanente del otro, o temeroso del castigo. Debemos preguntarnos ¿qué podemos hacer para proteger los derechos del niño en cuanto a su necesidad de que se respeten sus tiempos de crecimiento, desarrollo, maduración? Porque, en el afán de prepararlos para el futuro, muchas veces se intenta adelantar la secuencia y los ritmos propios de adquisiciones y aprendizajes pertinentes a cada niño según su edad. Ahora se espera que los niños aprendan lo más rápido posible, la mayor cantidad de cosas. La búsqueda de la excelencia educativa no admite fracasos, no tolera demoras, ninguna distracción es posible. La vida de los niños muchas veces está marcada por lo que dictan los adultos, perdiéndose la posibilidad para la creación. De ser así, se estaría yendo en contra de ciertas características intrínsecas de la niñez, como son la necesidad de jugar, fantasear, relajarse, de tener cierta libertad de movimientos y tiempo libre que predisponga a la creación. Muchos
  9. 9. niños han perdido su espacio para estar solos. Cuando un niño está aburrido, algo se le ocurre, inventa algo. Ponerse en contacto con los contenidos del mundo interno es algo que también hace crecer, que permite que las experiencias y los conocimientos se asienten. Lo importante desde nuestro punto de vista, es privilegiar el respeto por el niño. Es una edad en la que debemos alentar la fantasía, la curiosidad, la imaginación, en la que pueden llevar a cabo sus ideas por sí mismos. Es la época del juego, no de una educación formal. No discutimos los beneficios de una adecuada estimulación. Los mismos niños piden estimulación cuando están maduros. Pero intentar conseguir que los chicos logren todo rápidamente, implica no respetar el ritmo y tiempo de cada niño. Muchas veces se privilegia los logros alcanzados en el desarrollo motor e intelectual, dejando un poco de lado la experiencia emocional. Esto nos pone en contacto con una situación cada vez más preocupante, y es la relacionada con el tema de los exámenes de ingreso a los colegios.
  10. 10. Sin ánimo de entrar a polemizar acerca de cuáles deberían ser los objetivos de la educación inicial, o cómo deberían ser las evaluaciones para el ingreso a los colegios, creo que nos encontramos frente a una situación en la que, tanto padres, como maestras y psicólogos, tenemos algo, o mucho que decir. Y tenemos que estar atentos a los riesgos que esto implica: caer en la búsqueda del objetivo sin respetar al niño; priorizar el entrenamiento en desmedro del respeto por los ritmos y tiempos del niño, y de la importancia del aprendizaje a partir del deseo de descubrimiento, curiosidad, y del vínculo afectivo. No se trata solamente de un tema de oferta y demanda. Se trata de que se exige al niño, y a sus padres, trastocar los ritmos propios de la infancia. Y a veces, los padres, que en un momento pueden estar de acuerdo en que habría que buscar un colegio que se adecue y/o respete las características del niño y de la familia, también tienen que enfrentar la presión social de lo que significa “pertenecer” a determinado grupo. El vínculo con la maestra.-
  11. 11. Para intentar comprender a un niño es fundamental tomar en cuenta las características de los vínculos que ha ido estableciendo a lo largo de su vida. Primero con su madre, luego el padre, para luego ir entablando relaciones con sus hermanos, abuelos, maestros, amigos. El vínculo con la maestra representa para el niño un modelo de relación con una figura adulta, que provee de orientación, enseñanza, afecto, además de los límites y exigencias propias de la situación de aprendizaje, que facilitan un soporte para el desarrollo de la personalidad. Si las profesoras brindan un buen trato que involucre el respeto de los derechos de los alumnos, confianza, afecto, atención, se convertirán en figuras de apoyo, protección y cuidado, y ocuparán un lugar importante en su desarrollo emocional e historia personal. Además, hay que tener en cuenta que, cuando se ofrecen como figuras adultas positivas, en ocasiones brindan lo que los niños necesitan y no encuentran en sus propios hogares: figuras protectoras, que ofrecen afecto y respeto y enseñan a respetar y tolerar, y les provean de la capacidad de cuidarse,
  12. 12. protegerse, quererse, permitiendo la expresión de diferentes aspectos inherentes al desarrollo emocional del niño; de esta manera, se estaría promoviendo que a partir de esta relación, de este vínculo entre maestro/ maestra y alumno/alumna, se le ofrezca al niño o niña la oportunidad de ser ellos mismos, con libertad para sentir, pensar, fantasear, preguntar, imaginar, encontrando placer en el aprendizaje y satisfacción en sus logros asegurándoles de esa manera el desarrollo de la confianza en su capacidad de aprender y crear. Los niños en edad preescolar dependen mucho de la sonrisa o del ceño fruncido del adulto. Los temores y afectos de los niños menores de siete años se orientan principalmente hacia el adulto, es decir, hacia los padres y hacia aquellos que cumplen la función de éstos. La aprobación o desaprobación de la persona adulta con la que se relaciona, es mucho más importante para los niños pequeños que los deseos u oposiciones de sus compañeros. Una mirada dura, una llamada de atención, un comentario humillante, pueden tener serias repercusiones en el sentimiento de seguridad y confianza en sí mismo del niño.
  13. 13. Cuanto más pequeños los alumnos o alumnas, más importante el papel que tienen los maestros para favorecer el desarrollo de la confianza en sí mismos, que pregunten sin miedo, que digan sus ideas, que respondan lo que crean es la respuesta correcta aunque estén equivocados: de los errores se aprende si es que hay alguien que, afectuosamente, nos los hace ver. Las maestras tienen la gran oportunidad, y responsabilidad, de contribuir a la formación de niños pequeños, de ayudarlos en el desarrollo de la capacidad de autocontrol, y de irlos orientando a afrontar nuevas experiencias, ayudándoles a descubrir qué es lo que se espera de ellos. Uno de los principios que es necesario tener en cuenta, es aceptar y reconocer incondicionalmente la individualidad del niño. Esto no quiere decir avalar cualquier conducta, sino que implica una auténtica preocupación por el niño, lo que lo convierte en la persona a la que el niño podrá recurrir pase lo que pase, lo que ayuda al logro de sentimiento de seguridad. A pesar de encontrarnos en tiempos de cada vez mayor exigencia para cumplir metas educativas y por ende, de adelantar procesos de aprendizaje, pensamos que las prioridades deben estar puestas en cumplir los tiempos necesarios para
  14. 14. la construcción de vínculos de confianza, seguridad y creatividad, y que sólo así se obtendrá el potencial para un aprendizaje diverso y consolidado. Es importante que se tengan presentes las necesidades emocionales de los niños y que ellos encuentren en el jardín de infantes las condiciones necesarias que le permitan jugar, experimentar y desarrollar sus propias ideas creativas. Igual importancia recae sobre la profesora que debe ofrecer alternativas y motivar a los niños para que siempre reciban el impulso necesario para realizar actividades propias. Es importante que se reconozca que los niños van transcurriendo por etapas a lo largo de su desarrollo, y cada una de estas etapas puede estar acompañada de situaciones críticas, de ansiedades, temores, fantasías. El conocer las características de éstas, permitirá mantener expectativas reales de lo que los niños pueden lograr de acuerdo a su edad, evitando así que se adopten actitudes perjudiciales para los niños. Solo atendiendo este aspecto será posible lograr que el paso por el jardín de infantes se ofrezca como un espacio para el desarrollo emocional, y facilite una
  15. 15. mejora en la capacidad de aprendizaje, pues fortaleciendo lo emocional se fortalece la libertad para crear, imaginar, descubrir, pensar, y, finalmente, aprender.

×