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La Excursion

  1. 1. Clotxa “La Seca” Allá por el año 1932 apareció por Alcublas una joven maestra, que llegaba cargada de ilusión y buenos proyectos, eran años muy convulsos. Esta joven maestra se encontró con un pueblo, como lo eran la mayoría de España, en un estado de abandono cultural enorme. Pero era tal su entusiasmo y dedicación que no se amilanó por ello, se empeñó en conseguir que las niñas aprendiesen aunque fuese cantando, y así lo hizo. Les enseñó Geografía de España, al ritmo de quot;La Marsellesaquot;, hoy en día, algunas de sus alumnas aún recuerdan la canción, y la tararean. Un buen día les dijo a sus alumnas que al día siguiente irían de excursión, a lo que todas a coro replicaron que ¡¡que era eso de irse de excursión!! ; la necesidad de ayudar en casa y las múltiples obligaciones que tenían reservadas las niñas, les hacía desconocer lo que era marcharse de excursión. Bueno, dijo la maestra: “ irse de excursión es, ir al monte a disfrutar y no tener que hacer nada por obligación.” Así que cuando volváis a casa les decís a vuestras madres que mañana os pongan llanta para todo el día. Al salir de escuela les costo a las 51 alumnas mucho más, de lo habitual, el llegar a su casas. Se paraban cuchicheaban una contaba la imposibilidad de ir pues tenia que ir a escardar garbanzos, otra decía que tenia que cuidar a su hermano chico, la de mas allá pensaba que su madre no le pondría llanta, otra que ese día tenia horno su madre y tenía que ayudarla. La cantidad de dificultades que se planteaban las niñas mucho antes de comentarlo en casa era un síntoma claro de cómo andaban los tiempos y las necesidades. Cada niña llegó a su casa con el corazón encogido, maquinando cual sería el mejor momento para decírselo a su madre, si cuando la mandase a por paja al pajar, o cuando tuviese que acompañarla a la cambra, para coger cebada para el macho o el burro, porque claro si se lo
  2. 2. decían a su padre la iba a poner de malfatana para arriba o tal vez algún tozolazo, si es que no la castigaba a subir a dormir sin cenar. Pero era tal la ilusión que les había despertado y el respeto que había conseguido granjearse, D ª Consuelo, que encontrarían la forma de convencer a sus padres. Aunque tuviesen que cargarse de más trabajos, para congraciarse con sus padres por esa aventura que era irse de excursión. Esa noche las que consiguieron el permiso de sus padres, les costó mucho dormir en su cama de pellorfas de panoja, sus mentes no paraban de darle vueltas a lo que les podía deparar la excursión. Por la mañana el trajín fue de las madres, para ver que les podían poner en saco de tela. No es que hubiese mucha variedad, pero claro ese día la comida era compartida con todas y ni se podía poner mucho, ni poner poco. En fin dilema, que se resolvía con la realidad cotidiana, la necesidad. Por fin se reunieron en la plaza de los Olmos y D ª Consuelo observo contenta que eran muchas mas de lo que pensó, emprendieron la marcha calle Mayor abajo, siendo observadas por algunas a las que sus padres no les habían dado licencia, entre las risas y cuchicheos de las niñas, ante la emoción del día que les esperaba. En el Mesón siguieron hacia Despeñaperros, el día era claro y el verdor de La Hoya dañaba los ojos por su belleza, los campos llenos de mies y las amapolas tardías ponían su contrapunto de colores. Siguieron por La Hoya y al llegar a la Balsa Calzón se pararon para almorzar, fue el momento mágico de ver lo que guardaban esos saquitos de tela, que sus madres habían preparado con todo su amor; también llevaban múltiples recipientes para transportar agua, botellas, botas, pequeños botijos, cual quier cosa valía. Siguieron andando por el monte, siendo de tanto en tanto observadas, aquella curiosa
  3. 3. cuadrilla, por los labradores que hacían su trabajo en los campos, moviendo la cabeza y pensando en su interior, como cambian los tiempos. La maestra saluda a todos los que se encontraba y al mismo tiempo recababa información, dado el desconocimiento que tenia de las partidas. Alguna niña se encontraba a algún familiar y la cara se le iluminaba de alegría, que la viesen de excursión con la maestra. La maestra aprovechaba para contarles a las niñas aspecto de botánica, de la cual sus conocimientos tampoco eran muy grandes. De pronto vieron unas clotxas, son depresiones del terreno que recogen agua de lluvia, la maestra siguiendo las normas de higiene que le habían enseñado, dijo a las niñas que no se podía beber de ellas. Las niñas al oír, lo dicho por la maestra, no se lo pensaron dos veces y se pusieron a orinar en las clotxas. Después de este curioso hecho siguieron la excursión y al poco pararon a comer, buscaron la sombra de unos árboles, pues el sol ya se había enseñoreado de todo. La comida transcurrió entre risas e intercambios de la comida que llevaban las niñas, después la maestra les explico, con la ilusión de su juventud cosas, que las niñas escucharon con gran atención. Después de coger algunas hierbas y plantas medicinales, la maestra consideró, que ya era hora de retornar. Pero al poco de iniciar la vuelta los botijos y las botellas, que contenían la bebida, agua, se acabaron, por lo que las niñas empezaron a pedirle a la maestra insistentemente que querían beber. En la zona que se encontraban no había fuentes, por lo que la maestra dijo. Bueno a haber si encontramos algún labrador o algún pastor y nos dice donde hay una fuente. Siguieron andando y las niñas siguieron insistiendo que tenían sed. Mas tarde vieron en la lejanía un rebaño y su pastor, con sus perros. Aceleraron el paso y
  4. 4. cuando se encontraron con el su primera pregunta fue: ¿Dónde hay una fuente? El pastor miro cachazudamente a esta curiosa reunión y mirando a la lejanía dijo: Fuente lo que se dice fuente, por aquí no hay ninguna hasta el pueblo, pero desde aquí podéis ver esas clotxas, de las que mi ganao acaba de beber, que esta muy bien y el agua esta limpia y clara. La maestra y las niñas se miraron y empezar a reír. Ya lo dice el dicho cuando la sed aprieta………………

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