JOSÉ MARTÍ Y LA EDUCACIÓN
PARA NUESTRA AMÉRICA
ANTE LAS CONDICIONES ACTUALES
Pedagogía 2013
Curso 14
Autores
Dr. C. Pedro ...
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Edición: Dr. Cs. Gilberto García Batista
Corrección: Lic. José Luis Leyva Labrada
© sobre la presente edición, sello ed...
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Índice
José Martí y la educación para nuestra América ante las condiciones
actuales América Latina a fines del siglo X...
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RESUMEN
En este curso se pretende hacer llegar a los participantes en el evento
internacional Pedagogía 2013, algunas re...
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JOSÉ MARTÍ Y LA EDUCACIÓN PARA NUESTRA AMÉRICA ANTE
LAS CONDICIONES ACTUALES
Este año 2013 conmemoramos el 160 aniversar...
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una apreciable base ética, fue liderado por criollos ilustrados o al menos
estimulados inicialmente por aquellas ideas, ...
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prosperidad perpetua…)‖.1
La revolución de independencia, anclada en un p...
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las exigencias de los campesinos, los negros, las mujeres y los
mestizos no sufrieron cambios sustanciales en esta etapa...
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al mundo con la alpargata en los pies y la vincha en la
cabeza.‖ 5
El hombre natural de estas tierras y el mestizo eran ...
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es relativamente libre; en la del petróleo cosmopolita y
asalariado, y en la de las frutas, especialmente el banano,
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consideraban taradas y salvajes.
Domingo Faustino Sarmien...
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inconformidad de la educación y la cultura con la naturaleza y con su
tiempo. Destacó la incongruencia de las políticas ...
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―El positivismo fue asumido y cultivado en Latinoamérica
como una filosofía optimista, llena de confianza en el
hombre, ...
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positivismo. Sus definiciones y postulados de base en relación con sus
ideas sociales aplicadas a la educación, son coh...
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El primero de enero de 1891 apareció publicado en La Revista Ilustrada
de Nueva York el ensayo titulado Nuestra América...
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Las causas del fracaso republicano de Hispanoamérica eran materias
de viejo interés entre la clase ilustrada del contin...
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liberales que conoció en esos países y por las realidades histórico-
sociales que constató en ellos.
Atrapado en el med...
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formación de los monopolios, y sociales, como la creciente polarización
y enfrentamiento entre capitalistas y trabajado...
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extranjeras para problemas originales; se quieren aplicar a sentimientos
absolutamente genuinos, fórmulas políticas y e...
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Desde la revista mensual Martí explicita más de una vez la necesidad
urgente de esa unión en el ―colosal‖ peligro que r...
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Pero la fuerza de su rechazo se impone, y el párrafo anterior continúa
así, con el lapidario adverbio: ―y en plantar be...
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martiano de aquella época, el pensador que preveí...
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lanzarse a asumir el liderazgo del movimiento patriót...
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moderno de escribir para recibir un pago y asegurar así su existencia—,
sino que se trataba de un revolucionario profun...
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aquella época —me refiero a su discurso Madre América, pronunciado
el 19 de diciembre de 1889 ante los delegados de His...
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―Un cura, unos cuantos tenientes y una mujer alzan en
México la república en hombros de los indios. Un canónigo
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rumbo que marcaban las necesidades propias del continente,
comportaban la inclusión de las clases populares.
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propietarias y hegemónicas. Progreso, ciencia, máquinas, industria y
educación eran entonces palabras claves en el ambi...
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marcar tales indicaciones en sus manuscritos, conocidos desde antes
en ambas publicaciones.
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del punto y aparte, a considerar la extrema impor...
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nacionales han de reemplazar a los políticos exóticos‖.
Es difíc...
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mayorías, so pena de sostener y acrecentar las contradicciones que
habían hecho supervivir a la colonia en las repúblic...
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cubano no considera portador de ―una maldad ingénita y fatal‖, sino que
su desdén por nuestros pueblos responde a ―cara...
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América (1891), Carta a María Mantilla (1895). José Martí no escribió
para satisfacer exigencias académicas de definir ...
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Desarrollar espiritualmente al hombre, y crear una actitud ante lo
bello como vía de educación.
Desarrollar la intelige...
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dialéctica de las relaciones humanas basadas en el respeto a la
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de los pueblos de América Latina.
A continuación, se muestra una expresión de la interpretación de las
ideas de José Ma...
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que acechan al continente: la desunión, el aldeanis...
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igualdad en la lucha diaria con los que conservan el alma del
país.‖43
Bajo esta interpretación se asume La Edad de Oro...
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identidad del hombre real de estas tierras, que lo prepare para vivir con
orgullo en el sitio que lo vio nacer.
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El Apóstol además de defender las diversas variantes donde se debía
alternar el estudio con el trabajo, también habló d...
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de un mundo singular que empieza a ser científico‖.47
Dijo en 1888 a los
lectores de La Nación.
El vínculo de la vida d...
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dicho Pablo Guadarrama. En tal sentido, la ciencia debe ser un
elemento puesto al servicio de mejorar la vida de cada h...
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labor fue desarrollada a través de diversos órganos de prensa, entre los
que ocupa un lugar importante la revista La Am...
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Martí relaciona el elemento científico con la capacidad de saber, aplicar,
transformar, elevarse y perfeccionarse el se...
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costado. Y con esto, además, la mente del alumno se
mantiene viva y contrae el hábito saludable de desear,
examinar y p...
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humano y consolidar la bondad. En el ensayo Nuestra América, planteó:
―Se ha de tener fe en lo mejor del hombre y desco...
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Pedagogía 2013

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Dr. C. Pedro Pablo Rodríguez López
pptdcr@cubarte.cult.cu
Centro de Estudios Martianos
Dr. C. Elmys Escribano Hervis
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Universidad de Ciencias Pedagógicas
―Juan Marinello Vidaurreta‖
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  1. 1. JOSÉ MARTÍ Y LA EDUCACIÓN PARA NUESTRA AMÉRICA ANTE LAS CONDICIONES ACTUALES Pedagogía 2013 Curso 14 Autores Dr. C. Pedro Pablo Rodríguez López pptdcr@cubarte.cult.cu Centro de Estudios Martianos Dr. C. Elmys Escribano Hervis escriba2003@gmail.com Universidad de Ciencias Pedagógicas ―Juan Marinello Vidaurreta‖ Dr. C. Luis Ernesto Martínez González luisernestomg@yahoo.es Universidad de Ciencias Pedagógicas ―Juan Marinello Vidaurreta‖ Matanzas
  2. 2. ii Edición: Dr. Cs. Gilberto García Batista Corrección: Lic. José Luis Leyva Labrada © sobre la presente edición, sello editor Educación Cubana. Ministerio de Educación, 2012. ISBN 978-959-18-0869- 1 Sello Editor EDUCACIÓN CUBANA Dirección de Ciencia y Técnica Avenida 3ra # 1408 esquina a 16. Miramar, Playa. La Habana. Cuba. Teléfono: (53-7) 202-2259
  3. 3. iii Índice José Martí y la educación para nuestra América ante las condiciones actuales América Latina a fines del siglo XIX / 1 A 120 años del ensayo Nuestra América / 10 La concepción de la educación en la obra de José Martí / 29 José Martí en la educación de los pueblos de Latinoamérica / 53 La contribución a la cultura y la libertad como sustento de la significación del autodidactismo concebido por José Martí / 80 Anexos / 92
  4. 4. iv
  5. 5. v RESUMEN En este curso se pretende hacer llegar a los participantes en el evento internacional Pedagogía 2013, algunas reflexiones acerca de la necesidad de continuar profundizando, de forma creadora, en la concepción martiana sobre la educación. Con este objetivo se ha diseñado este curso, titulado: ―José Martí y la educación para nuestra América ante las condiciones actuales‖, conformado por varios resultados de investigaciones desarrolladas por sus autores en los últimos años. En tal sentido, se comienza con una caracterización de la situación política, económica y social de América Latina en los finales del siglo XIX, más adelante se continúa con tres esclarecedores análisis sobre el ensayo martiano Nuestra América, visto sobre todo con un énfasis en su contemporaneidad. Seguidamente se exponen en síntesis los principales presupuestos de la concepción de la educación en la obra de José Martí, para concluir con algunas propuestas de cómo llevar a la práctica lo que Martí propuso en su tiempo, defendió en sus escritos y demostró con su quehacer práctico como educador. Para los autores sería un gran motivo de satisfacción si este curso logra motivar a los educadores latinoamericanos en la necesidad de aplicar a su realidad las ideas del hombre de La Edad de Oro.
  6. 6. 1 JOSÉ MARTÍ Y LA EDUCACIÓN PARA NUESTRA AMÉRICA ANTE LAS CONDICIONES ACTUALES Este año 2013 conmemoramos el 160 aniversario del nacimiento de José Julián Martí Pérez (1853-1895), proclamado con justicia el más universal de todos los cubanos. La significación de su vida y de su obra para su tiempo y para los momentos actuales es de una importancia extraordinaria. El ejemplo ético de su vida, legada a la causa de la verdadera independencia y la justicia, al decir de Ezequiel Martínez Estrada, es el faro que mejor nos guía. Su concepción sobre la educación como preparación del hombre para la vida en correspondencia con la cultura, las condiciones y necesidades de nuestra América es esencial para el diseño de proyectos reales de transformación en nuestras sociedades y muy particularmente para enrumbar la educación en el continente. El estudio de su pensamiento es fuente de inspiración y cantera de argumentos para encarar las complejidades y desafíos de la modernidad en un mundo unipolar en que conviven las expresiones más descollantes de desarrollo y los niveles más críticos de pobreza e inequidad. 1. América Latina a fines del siglo XIX. El siglo XIX en América Latina fue el siglo de la independencia. La lucha por la independencia significó un intenso proceso espiritual e ideológico que sintetizó ideales anticoloniales e independentistas. Los latinoamericanos estuvieron en contacto con el mundo y de este modo recibieron la influencia estimulante al cambio de la Gran Revolución Burguesa Francesa, la Revolución Gloriosa Inglesa o la Revolución de Independencia de las Trece Colonias Norteamericanas; en esta parte del mundo el proceso de liberación no fue importado ni prefabricado en el exterior, sino que obedece a un profundo condicionamiento histórico, intrínseco en el continente, como emanación auténtica de profundas necesidades de independencia y justicia social. La revolución de independencia en el continente expresó en sus ideales un profundo anhelo de igualdad social y un alto contenido humanista, representó el enfrentamiento sostenido a las imposiciones económicas, políticas y culturales que representaba el colonialismo, fue una batalla contra los grandes propietarios y una respuesta a la necesidad de progreso, desarrollo y libertad para nuestros pueblos. Este proceso tuvo
  7. 7. 2 una apreciable base ética, fue liderado por criollos ilustrados o al menos estimulados inicialmente por aquellas ideas, muchos de sus líderes fueron hombres ilustrados que recorrieron Estados Unidos y Europa y conocieron su cultura, en su gesta este grupo social se apoyó en los hombres de la tierra involucrados de forma directa como consecuencia de sus anhelos y esperanzas, así como los más legítimos y puros empeños de redención y libertad genuinas. El proceso de independencia fue un gran hecho político, en él se elaboró un concepto de libertad que superó al ofrecido por los ideólogos enciclopedistas franceses. El continente batalló contra el colonialismo, la arbitrariedad, la explotación y las injusticias de todo orden; así lo expresaron el vivo ejemplo del precursor, el venezolano Francisco de Miranda o el más democrático de los revolucionarios de esta época, el haitiano Toussaint Louverture. Fue un período que trajo inseguridad, miedo e incertidumbre por el derrotero que tomaría la historia. La desorganización administrativa también gravitaba sobre ello, aunque es válido apuntar que la concepción e ideología iluminista de algunos de sus líderes prometía cambios en las condiciones de vida y por ende en la educación del hombre. Gregorio Weinberg, valora así el hecho: ―Aunque por momentos pueda parecernos ingenua actitud, ella responde a los nuevos principios incorporados. Así, trátase de estimular la participación de todo el pueblo en el quehacer educacional; se mandan a imprimir obras de avanzado espíritu político; aunque pedagógicamente discutible, para formar las nuevas generaciones; se intenta extirpar los castigos corporales de las escuelas; se alienta la preocupación por la enseñanza de la mujer o de los indios, etc. Hay en todo un estilo renovado que asienta ahora sobre las ideas de igualdad, libertad, justicia, tal como las entendíamos distintos grupos que abarcaban un amplio espectro desde los llamados jacobinos o los moderados; de todas maneras el tema de la educación y de la cultura está a la orden del día. (Nuestros lectores, -escribe Manuel Belgrano en el Correo de Comercio el 21 de julio de 1810- tal vez se fastidiaran con que les hablemos tanto de escuelas; pero que se convenzan de que existen en un país
  8. 8. 3 nuevo que necesita echar los fundamentos de su prosperidad perpetua…)‖.1 La revolución de independencia, anclada en un pensamiento humanista como ya se apuntó, concibió la transformación de la sociedad colonial basada esencialmente en la extensión de la educación popular. Se hicieron grandes esfuerzos por ampliar el alcance de la educación y la escuela en el continente, algunas de dichas transformaciones chocaron contra las más disímiles dificultades en estos países, lo que hizo que más de un anhelado proyecto quedara en el plano de las buenas intenciones. ―Los hombres que encabezaron los movimientos de liberación, salvo unas cuantas excepciones como la de Bolívar, se apresuraron a tallarse patrias a su medida: las fronteras de cada uno de los nuevos países llegaban hasta donde llegaban las armas de los caudillos. Más tarde, las oligarquías y el militarismo, aliados a los poderes extranjeros y especialmente al imperialismo norteamericano, consumarían la atomización de Hispanoamérica. Los nuevos países, por lo demás, siguieron siendo las viejas colonias: no se cambiaron las condiciones sociales, sino que se recubrió la realidad con la retórica liberal y democrática. Las instituciones republicanas, a la manera de fachadas, ocultaban los mismos horrores y las mismas miserias.‖2 La sociedad no pudo ser reformada con el rigor que reclamaban los distintos problemas sociales que gravitaban sobre el continente. Octavio Paz ha afirmado que en esta época ―Hispanoamérica fue una España sin España (…) Un feudalismo disfrazado de liberalismo burgués, un absolutismo sin monarca pero con reyezuelos: los señores presidentes.‖3 Fue una época en la que se revolucionaron las ideas, pero la realidad se negaba afanosamente al cambio, como pesado lastre. Las necesidades de desarrollo humano, libertad, educación a la medida de 1 Gregorio Weinberg: Modelos educativos en el desarrollo histórico de América Latina, UNESCO-ONU- PNUD-CEPAL, 1981, p.79. 2 Octavio Paz: Los hijos del limo, Barcelona, Edit. Seix Barral, S. A., 1993, p.125. 3 Ídem, p.126.
  9. 9. 4 las exigencias de los campesinos, los negros, las mujeres y los mestizos no sufrieron cambios sustanciales en esta etapa. Aunque las colonias lograron su independencia, persistieron hábitos coloniales, sobre todo en las élites criollas de gobierno. Con acierto, José Martí, apuntó en el ensayo crítico Nuestra América: ―El continente descoyuntado durante tres siglos por un mando que negaba el derecho del hombre al ejercicio de su razón, entra, desatendiendo o desoyendo a los ignorantes que lo habían ayudado a redimirse, en un gobierno que tenía por base la razón; la razón de todos en las cosas de todos, y no la razón universitaria de unos sobre la razón campestre de otros. El problema de la independencia: no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu‖.4 Se manifestaron en el continente a partir de esta etapa, formas de aldeanismo, desarraigo, falta de unidad entre los pueblos y los gobiernos, así como una falta de vínculo de las élites gobernantes con los elementos naturales, los hombres y la realidad de sus pueblos. La visión crítica martiana, estimulada a partir de sus estancias en México, Guatemala y Venezuela, fue expresada en la ya citada obra. De este modo reflejó las contradicciones y desafíos que en el orden educativo y cultural encaraban estas tierras en períodos posteriores al proceso político-militar independentista latinoamericano: ―Éramos una visión, con el pecho de atleta, las manos de petimetre y la frente de niño. Éramos una máscara, con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón de Norteamérica y la montera de España. El indio, mudo, nos daba vueltas alrededor, y se iba al monte, a la cumbre del monte, a bautizar sus hijos. El negro, oteado, cantaba en la noche la música de su corazón, solo y desconocido, entre las olas y las fieras. El campesino, el creador, se revolvía, ciego de indignación, contra la ciudad desdeñosa, contra su criatura. Éramos charreteras y togas, en países que venían 4 José Martí: Obras completas, La Habana, Edit. Nacional de Cuba, 1963, t.6, p19. En lo adelante esta edición se citará como OC, tomo y página.
  10. 10. 5 al mundo con la alpargata en los pies y la vincha en la cabeza.‖ 5 El hombre natural de estas tierras y el mestizo eran desconocidos. Se ejecutaron acciones físicas genocidas en contra de ellos. ―El problema del indio fue zanjado por el procedimiento gordiano en Argentina y Uruguay. Las batidas en gran escala se llevaron a cabo en 1829 al 32 por Rosas y en 1879 por Roca. Esta última vez se exterminaron más de veinte mil indígenas, asesinados por las tropas del ejército de línea a tiros de remington.‖ 6 De acuerdo a la cultura impuesta por el grupo dominante en aquella fecha, la educación desconocía la esencia humana de la base social con la que se hizo la independencia, con decretos y leyes extranjerizantes y ajenos a la realidad y a las necesidades mismas de bienestar, independencia y desarrollo de los hombres naturales de estas tierras, o con una esclerosis arrasadora se mantenían los primitivos y obsoletos sistemas educativos en aquellas repúblicas. La economía latinoamericana se desenvolvió de forma sostenida esencialmente con un carácter agrario. Se trabajaba en la tierra en función de productos primarios para obtener materia prima exportable. En este aspecto se observa una interesante relación dada entre el carácter de la producción agraria, las relaciones humanas que se forjan alrededor de ellas y la cultura que este proceso genera. Ezequiel Martínez Estrada, aporta una interesante mirada a la complejidad de este tema en la región: ―Productos como el henequén, el banano, el azúcar y el caucho exigen formas de trabajo crueles e insalubres, en climas tórridos, en tierras húmedas propicias a enfermedades infecciosas y endémicas, además de una clase de tareas agotadoras. Hay estrecha relación entre la clase de producción, las condiciones de trabajo y el dominio del capitalismo, según las regiones. De modo que en el área del café y el azúcar el trabajo es forzado si no es esclavo; en la del trigo y la carne 5 Ídem, p.20. 6 Ezequiel Martínez Estrada: Diferencias y semejanzas entre los países de la América Latina, Venezuela, Edit. Biblioteca Ayacucho, S. A., p.78.
  11. 11. 6 es relativamente libre; en la del petróleo cosmopolita y asalariado, y en la de las frutas, especialmente el banano, mestizo y desamparado. Y como cultivo y cultura son sinónimos, en esas áreas se genera un tipo particular de vida espiritual, que ha podido designarse como civilización del café, del trigo o del banano.‖ 7 Se entró con fuerza una tesis, de esencia colonialista, cuestionadora de la capacidad racional del hombre natural de estas tierras y sus posibilidades de enfrentar el gobierno y el desarrollo de forma autónoma e independiente. Al auxilio de estas posiciones recurrían posturas racistas, biologicistas y en un punto más extremo y por ende más radical, aplicaron a la sociedad una lectura de las teorías de Charles Darwin sobre la selección natural y la lucha por la vida. Fue común por la fecha el debate de ideas sobre el hombre y el problema de las razas. Ante los que argumentaban ideas racistas, Martí sostuvo: ―Peca contra la humanidad, el que fomente y propague la oposición y el odio de las razas.‖8 Aseguró que ―No hay odio de razas, porque no hay razas. Los pensadores canijos, los pensadores de lámparas, enhebran y recalientan las razas de librería, que el viajero justo y el observador cordial buscan en vano en la justicia de la Naturaleza, donde resalta en el amor victorioso y el apetito turbulento, la identidad universal del hombre.‖9 La idea de las razas había aportado supuestos argumentos justificativos del injusto orden de cosas, primero en la colonia y posteriormente en la república, de ahí el fariseísmo de que unas ―razas inferiores‖ debían ser gobernadas por gente ―laboriosa y emprendedora‖. La condición de ―inferioridad‖ se pagaba con obediencia y sometimiento. Para asumir con prontitud la meta del desarrollo, las oligarquías criollas que se hicieron con el poder, apelaron a la imitación de la vida europea, especialmente su expresión francesa por una parte, y por otra, algunos pensaron que copiar del desarrollo industrial de Estados Unidos reportaba la solución al problema latinoamericano. El sector social que marchó a la cabeza de los cambios de aquel momento, se pronunció en 7 Ídem, p.82. 8 Ídem. 9 José Martí: Nuestra América. Edición crítica, Investigación, presentación y notas Cintio Vitier, La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2000, p.28-29.
  12. 12. 7 nombre de la civilización contra las razas inferiores, las que consideraban taradas y salvajes. Domingo Faustino Sarmiento escribió en Chile la obra Facundo, en ella se refleja los acontecimientos en Argentina desde la independencia, donde tenía lugar la contradicción ―entre la civilización (refugiada en las ciudades, potencial de orden y progreso) y el medio pampeano, cuyos habitantes (los gauchos) eran la manifestación viva del desorden ciego de la naturaleza. La esperanza transformadora de Argentina se identificaba con un programa de reconstrucción nacional, educativo, que salvase el abismo entre la sociedad civilizada y la que se había forjado al margen de ella en las provincias, la gauchada‖.10 José Martí se opuso a la tesis de Sarmiento acerca de las contradicciones entre civilización y barbarie, dejó bien sentado que ―No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza‖.11 Si nos atenemos a Martí, las ideas de Sarmiento, son expresión de una visión colonialista de la sociedad y la historia. Para el Apóstol ―… la civilización, que es el nombre vulgar con que corre el estado actual del hombre europeo, tiene derecho natural de apoderarse de la tierra ajena perteneciente a la barbarie, que es el nombre que los que desean la tierra ajena dan al estado actual de todo hombre que no es de Europa o de la América europea.‖12 Al servicio de los empeños coloniales emergen teorías para justificar el despojo. Algunos argumentaron la incapacidad de ciertas razas para gobernarse, además de escribir sobre su abierta tendencia al vicio y la holganza, según esa lógica el problema sería genético y era entonces necesario poblar el continente de razas superiores y racionales, capaces de encauzar la industria, la agricultura y el comercio. La estancia de José Martí en 1881 en Venezuela, le aportó vivencias suficientes para reflejar de modo crítico la situación de ese país que a su vez era representativa de todo el continente. Subrayó la 10 Mentor Interactivo Enciclopedia de Ciencias Sociales, Barcelona (España), Edit. Océano, p.227. 11 OC, t.6, p.17. 12 OC, t.8, p.442. Este fragmento de “Las ruinas indias” resulta ilustrativo: “La superstición y la ignorancia hacen bárbaros a los hombres en todos los pueblos. Y de los indios han dicho más de lo justo en estas cosas los españoles vencedores, que exageraban o inventaban los defectos de la raza vencida, para que la crueldad con que la trataron pareciera justa y convincente al mundo.” José Martí: La Edad de Oro, La Habana, Edit. Gente Nueva, s.a, p.85.
  13. 13. 8 inconformidad de la educación y la cultura con la naturaleza y con su tiempo. Destacó la incongruencia de las políticas de gobierno para ofrecer posibilidades reales de desarrollo a los pueblos, así como una educación en arreglo a sus más auténticas necesidades. Escribió que los pueblos de América estaban: ―Criados como parisienses, se ahogan en su país: no sabrían vivir bien más que en París. Son plantas exóticas en su propio suelo: lo cual es una desgracia. (…) Cuando el pueblo en que se ha nacido no está al nivel de la época en que vive, es preciso ser a la vez el hombre de su época y el de su pueblo, pero hay que ser ante todo el hombre de su pueblo.‖13 Sobre el dañino hábito de la imitación y el desarraigo, observó: “En la ciudad, una vida rara semipatriarcal, semiparisiense, espere a los forasteros. Las comidas que en ella se sirven, exceptuando algunos platos del país, las sillas para sentarse, los trajes que se usan, los libros que se leen, todo es europeo. (…) se desdeña el estudio de las cuestiones esenciales de la patria;-se sueña con soluciones extranjeras para problemas originales; -se quiere aplicar sentimientos absolutamente genuinos, fórmulas políticas y económicas nacidas de elementos completamente diferentes”.14 El siglo XIX termina y comienza el XX en América Latina con el positivismo. El positivismo fue la postura filosófica más socorrida en América Latina en esta etapa y desarrolló una notable influencia en la cultura, la ciencia, la educación y el pensamiento social en sentido general. Esta corriente filosófica no fue asumida en Latinoamérica de forma mecánica y como imitación, sino que ella fue objeto de una adecuación racional, lo que lleva a señalarse en ella una expresión sui géneris en el continente, incluso en cada país en que se tomó como fundamento del proceso de cambio. Uno de sus méritos en nuestro continente lo constituye el hecho de haber representado un fundamento racional para enfrentar la filosofía especulativa que precisamente en esa etapa pugna por echar raíces en el ámbito intelectual en América Latina. 13 OC, t.19, p.154. 14 Ídem, pp.159-160.
  14. 14. 9 ―El positivismo fue asumido y cultivado en Latinoamérica como una filosofía optimista, llena de confianza en el hombre, en la capacidad creativa de su pensamiento, en la cultura, en la ciencia, en el progreso y el desarrollo industrial; como una filosofía aliada del liberalismo y defensora de la democracia burguesa. Esas ideas resultaban muy avanzadas para los países latinoamericanos, recién liberados, en su mayoría, del colonialismo español y enfrascados entonces en profundas luchas entre las oligarquías retrogradas y la naciente burguesía nacional‖.15 Estas posiciones entraron en concordancia con los intereses de las débiles burguesías nacionales, quienes pretendían desarrollar formas pre-monopolistas de producción, la introducción de los adelantos de la ciencia y la tecnología, preconizada por los positivistas fue alzada como bandera por los políticos de turno y legitimizada en una carrera hacia el pretendido desarrollo. Algunos representantes del positivismo latinoamericano asumieron la variante spenceriana reconocida como ―darwinismo social‖, también de una forma muy particular, aquí se asumió la condición de indio o negro como pretendida inferioridad y un freno para el deseado desarrollo de los pueblos, confiaron en el mestizaje como posible solución a la problemática prevaleciendo una confianza en la perfectibilidad del hombre, aunque debe apuntarse en este aspecto que no abandona su esencia racista. La defensa de la educación como una especie de panacea a todos los problemas es un signo muy distintivo de esta corriente, muchos de sus seguidores defendieron el derecho de la mujer a recibir educación y animaron el establecimiento de leyes y decretos para hacer igualitario y obligatorio el acceso a este servicio, pero los países no tenían la infraestructura escolar, ni siquiera los maestros indispensables para dar cobertura a todos los reclamos de este género. Resulta inobjetable que como consecución lógica a la idea mayoritaria en el continente de expandir la educación popular, la mejor forma de continuidad posterior, fiel por demás a la idea misma de la educación popular, es el 15 Pablo Guadarrama: Humanismo y autenticidad en el pensamiento latinoamericano, Santa Clara, Cuba; Bogotá, Colombia, Ed. Oficinas de Publicaciones, UNIINCA, 1997, p.198.
  15. 15. 10 positivismo. Sus definiciones y postulados de base en relación con sus ideas sociales aplicadas a la educación, son coherentes con la situación de Latinoamérica de fines del siglo XIX. Además de pretender el sueño del progreso y establecer el orden en países en situación de turbulencia social a través de la educación, también identifica el ideal educativo preconizado por los positivistas la adopción de reformas y la recurrencia a patrones extranjeros en materia educativa. Este modelo, cierra el siglo distanciándose de la esencia de la etapa de la emancipación, pues este modelo abre claras expectativas a relaciones de dependencia. El lema del ―orden y progreso‖ traería la asunción de postulados foráneos, para alcanzar la anhelada meta en los pueblos del continente. El siglo XIX cerró con una marcada diferencia entre la educación que se dispensaba y las necesidades de desarrollo, de libertad y desalienación de nuestros pueblos. La educación de los hombres del campo continuó siendo un obstáculo insalvable a todos los modelos practicados hasta la fecha. En 1900, el 54% de los habitantes de nuestra América eran analfabetos. El vínculo orgánico entre proyecto educativo - proyecto social de transformación del hombre continuaba ausente. Las políticas de desarrollo económico eran débiles e inestables, cuando no comprometidas con los intereses de alguna potencia extranjera. Complejo fue el panorama histórico de aquel momento como complejas y contradictorias las valoraciones de los efectos para el continente de la asunción del positivismo como filosofía que ―guió‖ la educación y la cultura. A pesar de los yerros que provocó, el positivismo señaló nuevos derroteros para el desestancamiento educacional de la colonia y también del período posterior a la independencia en el que no se observaron cambios drásticos en este sentido. La confianza en la investigación, en la ciencia y en las posibilidades de perfectibilidad del hombre son puntos básicos a tener en cuenta en un debate acerca de esta forma de pensamiento filosófico en América Latina. A 120 AÑOS DEL ENSAYO NUESTRA AMÉRICA 16 I. El texto en sus contextos. 16 Aquí se recoge el contenido de varios artículos publicados en 2011 por el investigador Pedro Pablo Rodríguez, director de la edición crítica de las obras completas de José Martí en el Centro de Estudios Martianos, a propósito del 120 aniversario del ensayo Nuestra América.
  16. 16. 11 El primero de enero de 1891 apareció publicado en La Revista Ilustrada de Nueva York el ensayo titulado Nuestra América, bajo la firma de José Martí. Esa publicación, que ya había abierto antes sus páginas al cubano, era un mensuario de pensamiento y de letras, de impresión que podría considerarse de cierto lujo, cuyo editor propietario fue el panameño Elías de Losada. Es casi seguro, desde luego, que los primeros lectores del texto martiano fueran los integrantes del reducido grupo de intelectuales latinoamericanos entonces residentes en la ciudad del Norte, buena parte de ellos bien conocidos por Martí y colaboradores suyos en la Sociedad Literaria Hispanoamericana de Nueva York, fundada algunos años antes. No es de dudar que la revista también tuviera grata y sistemática acogida en muchos lugares de Hispanoamérica. El 30 del mismo mes, con ligeras variantes, el escrito fue publicado en el diario El Partido Liberal, de la Ciudad de México, en el que el Maestro compartía desde 1886 con La Nación, de Buenos Aires, sus ―Escenas norteamericanas‖, las crónicas que le convirtieron en escritor admirado y guía del naciente movimiento modernista de las letras en español. No se sabe si Nuestra América le fue expresamente solicitado para su reproducción en el periódico mexicano o si su envío formó parte de una estrategia editorial de su autor. En verdad, este ensayo no es propiamente una escena norteamericana, aunque hay algunos casos excepcionales en tal sentido en lo publicado por Martí en ese diario. De todos modos, uno se pregunta, sin embargo, por qué no se incluyó en La Nación. ¿Su autor no lo remitió allá o sería desechado por el editor argentino? El hecho real es que ambas publicaciones, la neoyorquina y la mexicana, garantizaron a Nuestra América, muy probablemente, un público lector relativamente amplio por nuestra región, atraído por el conocimiento de la firma y por el tema del escrito.
  17. 17. 12 Las causas del fracaso republicano de Hispanoamérica eran materias de viejo interés entre la clase ilustrada del continente, cuyo debate se actualizó desde que a mediados del siglo XIX las reformas liberales fueron intentando la formación de la nación moderna en nuestras sociedades. Martí, pues, no estaba entregando un tema nuevo, sino que la originalidad de su texto se asienta en sus respuestas totalmente diferentes a las que solían dictarse entonces y, sobre todo, en la perspectiva con que organiza sus ideas desde una lógica contrapuesta a la razón moderna. No es casual que el cubano escribiera aquel ensayo iluminador en ese momento. La propia evolución de su pensamiento y la interrelación de aquella con las circunstancias del año 1889, permiten comprender que Nuestra América fue un texto casi imposible de ser creado varios años atrás. Al mismo tiempo, marca un hito significativo e imprescindible en esa evolución que conduciría a Martí tras su publicación, de modo natural, a diseñar y exponer una estrategia liberadora para la región, con pretensiones universales, y su inmediata puesta en marcha mediante la gran pelea de su vida: Organizar a los patriotas en el Partido Revolucionario Cubano, a fin de impulsar la guerra necesaria y alcanzar la independencia de Cuba y Puerto Rico, las Antillas libres que habrían de cortar la posibilidad de la expansión de Estados Unidos hacia el Sur y desde las que se encaminaría la acción concertada de toda nuestra América. El ensayo, entonces, fue elaborado justamente en la ocasión precisa en que su autor debía sintetizar su análisis sobre nuestra región y en que esta requería de una interpretación de su problemática capaz de asegurarle el mantenimiento de su soberanía y la apertura de los caminos para un futuro propio. Ahí descansa la importancia de aquellas publicaciones al comienzo de 1891. Desde su arribo a México en 1875, y durante sus estancias en Guatemala entre 1877 y 1878 y en Venezuela durante el primer semestre de 1881, Martí se preocupó por caracterizar la identidad continental, motivado por los debates y la ejecutoria de los gobiernos
  18. 18. 13 liberales que conoció en esos países y por las realidades histórico- sociales que constató en ellos. Atrapado en el medio de la fabulosa y contradictoria expansión finisecular de la modernidad industrial capitalista, el joven intelectual cubano manifestó una voluntad latinoamericanista que marcaría indeleblemente su acción como líder político durante su madurez. A los 24 años de edad, decía en Guatemala que su oficio era ―engrandecer a América, estudiar sus fuerzas y revelárselas‖17 . Y a los 28, señalaba en Venezuela su consagración urgente a revelar, sacudir y fundar la América.18 No se trataba de osada altisonancia juvenil en quien desde sus días mexicanos había comenzado a emplear el término de nuestra América para contrastar la riqueza espiritual de nuestra región con el sentido de la razón europea: ―Si Europa fuera el cerebro, nuestra América sería el corazón.‖19 A su llegada a Guatemala, país que incluso superaba a México en cuanto a su mayoría poblacional aborigen, había expresado una concepción de gran importancia teórica, histórica, cultural y antropológica que le situó en la posibilidad de ofrecer más adelante una nueva dimensión de lo nuestroamericano: Éramos un pueblo nuevo resultado de un proceso antagónico mediante el choque de dos civilizaciones, la indígena y la conquistadora, por ello mestizo en la forma, y requerido de la unidad ante la semejanza de sus orígenes y constitución. Así, la voluntad latinoamericanista se sostenía en él desde joven, tanto en una sensibilidad particular hacia el alma continental como en el brillante criterio de la condición mestiza y novedosa de estos pueblos. A lo largo de los años 80, su acelerada, profunda, rica y variada madurez de personalidad y como intelectual y líder político, se asentó en su notable comprensión de que se vivía una época de tránsito a escala planetaria que junto a fenómenos económicos, como la 17 José Martí: Obras completas. Edición crítica, La Habana: Centro de Estudios Martianos, 2000-2011, t.5, p.192. En lo adelante se citará como OCEC, tomo y página. 18 OCEC, t.8, p.110. 19 OCEC, t.6, p.423.
  19. 19. 14 formación de los monopolios, y sociales, como la creciente polarización y enfrentamiento entre capitalistas y trabajadores, incluía un serio resquebrajamiento de los valores espirituales. La crisis finisecular de la modernidad industrial, que atormentó a tantos, especialmente a los artistas, fue magistral y singularmente descrita por Martí en su Prólogo al Poema del Niágara de su amigo venezolano Juan Antonio Pérez Bonalde. Aquellos tiempos que calificó ―de reenquiciamiento y remolde‖20 no le amilanaron, sino que acicatearon su voluntad batalladora latinoamericanista. Y mientras intentaba echar adelante la libertad de su isla se dedicó a crear una verdadera conciencia acerca de la comunidad de problemas e intereses de nuestra región entre la clase letrada hispanoamericana, sus posibles lectores, aprovechando el auge por entonces de las publicaciones periódicas. El ensayo Nuestra América se nos anuncia y prefigura en su obra desde los años 80, particularmente en Un voyage à Venezuela, un manuscrito en francés que se interrumpe durante su enumeración y enjuiciamiento de los problemas continentales, precisamente cuando iba a desarrollar sus ideas de la dicotomía entre el campo, donde veía a Persia, y la ciudad, que asimilaba a París. Lamentablemente, en ese texto incompleto, escrito al parecer durante el segundo semestre de 1881, nos quedamos sin su análisis total de la dicotomía entre ambas zonas culturales y sociales de la región, entre su postura ante el conflicto entre tradición y modernidad. Pero en las hojas de que disponemos se puede leer que estudiar los problemas de Venezuela es hacerlo con toda nuestra América, y en ellas está implícita la lógica que al respecto desarrollaría en 1891 en Nuestra América al postular que no había batalla entre civilización y barbarie sino entre falsa erudición y naturaleza: se trataba de conocernos en nuestras particularidades y de no pretender el encuadre de estas en los moldes importados de Europa y Estados Unidos. Y en el texto anterior se expresa así: ―Sólo que se desprecia el estudio de los asuntos esenciales de la patria;- se sueña con soluciones 20 OCEC, t.6, p.146.
  20. 20. 15 extranjeras para problemas originales; se quieren aplicar a sentimientos absolutamente genuinos, fórmulas políticas y económicas nacidas de elementos del todo diferentes.‖21 En Un voyage à Venezuela, el escritor que transitaba ya hacia su madurez literaria, emplea una imagen para expresar las disparidades y desajustas de nuestra región, que se traduce así al español: ―Estos pueblos tienen una cabeza de gigantes y un corazón de héroe en un cuerpo de hormiga loca.‖22 El débil cuerpo no puede sustentar la cabeza ni el corazón. Es el mimo procedimiento discursivo y literario del ensayo publicado en 1891, cuando dirá, quizás con mayor precisión de su criterio: ―Éramos una visión, con el pecho de atleta, las manos de petimetre y la frente de niño.‖23 Más, hay otra zona de la escritura martiana que desbroza el camino hacia Nuestra América. Me refiero a sus numerosos escritos en el periódico mensual La América, publicado en Nueva York, para el cual colaboró desde 1883 y que dirigió durante 1884. Aunque no se ha hallado una colección completa, en los números conservados salta a la vista de inmediato que desde ellos Martí lanzó una campaña por la unidad continental como la verdadera solución a la contraposición entre tradición y modernidad. Con fino juicio, el cubano insiste en esos escritos en que la unión es la única manera de dejar atrás todo aquello que impedía a nuestros pueblos incorporar la modernidad desde y en función de su propia tradición, de sus propios requerimientos. De hecho en el conjunto de textos para La América, se pone en evidencia en todos sus análisis el criterio que sintetizaría en magistral fórmula en Nuestra América: ―Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas.‖ 21 OCEC, t.13, p.145. 22 Ídem, p.138. 23 Todas las citas del ensayo martiano Nuestra América han sido tomadas de: José Martí: Nuestra América. Edición crítica, Investigación, presentación y notas Cintio Vitier, La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2000.
  21. 21. 16 Desde la revista mensual Martí explicita más de una vez la necesidad urgente de esa unión en el ―colosal‖ peligro que representaba ya para nuestra América la emergencia de Estados Unidos como potencia moderna. Califica de ―inevitable‖24 el encuentro con la nación del Norte y llama a prepararse adecuadamente para ello, ―compactos en espíritu y unos en la marcha‖.25 Y, como en el ensayo de 1891, destaca la importancia en todo ello de las ideas, de la conciencia: ―Pensar es prever.‖26 Justificaba así, al mismo tiempo, tanto su propia labor intelectual de previsión y alerta mediante la escritura, como su repetida crítica a la incompetencia de la clase letrada del continente. Curiosa manera la de Martí para atraer a sus lectores, a esa misma clase letrada, de la que dijo en Un voyage à Venezuela: ―Resulta, pues una inconformidad absoluta entre la educación de la clase dirigente, y las necesidades reales y urgentes del pueblo que debe ser dirigido.‖27 En verdad, sus apreciaciones durante el decenio de los 80 constituyen un sistemático debate con las actitudes e ideas, y sobre todo con la lógica del razonamiento de aquella. El debate, más que el diálogo, se desató para Martí desde su Revista Venezolana, de Caracas, en 1881, en cuyos dos únicos números enfrentó perspectivas y juicios adversos a los suyos, como señala en Propósitos y en El carácter de la Revista Venezolana, ambos textos verdaderos llamados a emplear el talento en bien de nuestra América, y a que la intelectualidad tuviese una actitud creadora, sostenida en el conocimiento de lo nuestro. A veces, como hace en un artículo de La América, el pronombre en plural que le incluye también a él parece atenuar su crítica: ―así vivimos suspensos de toda idea y grandeza ajena, que trae cuño de Francia o de Norteamérica‖.28 24 OCEC, t.19, p.13. 25 OCEC, t.18, p.180. 26 Ídem. 27 OCEC, t.13, p.145. 28 OCEC, t.13, p.180.
  22. 22. 17 Pero la fuerza de su rechazo se impone, y el párrafo anterior continúa así, con el lapidario adverbio: ―y en plantar bellacamente en suelo en cierto estado y de cierta historia, ideas nacidas de otro Estado y de otra historia, perdemos las fuerzas que nos hacen falta para presentarnos al mundo‖.29 Se anunciaba así la airada desestimación de los ―sietemesinos‖, de ―los faltos de valor‖, de ―los insectos dañinos‖, como describe en Nuestra América a los ―letrados artificiales‖, al ―criollo exótico‖, a los portadores de ―la falsa erudición‖. No hay suavidad sino franca dureza en el enjuiciamiento de Martí, quien obviamente busca conmover, sacudir la conciencia de esa clase letrada y lo que en ella pueda haber de patriotismo. Es el líder político cuya sagacidad se aprecia en Madre América, su discurso ante los delegados los estados de América Latina a la Conferencia Internacional Americana de Washington, convocada por Estados Unidos para enyugar económicamente a la región en sus designios. Leído ante ese auditorio de diplomáticos el 19 de diciembre de 1889, este escrito es el antecedente más inmediato del ensayo Nuestra América. El cubano quería y necesitaba convencer a los representantes de las naciones latinoamericanas de las intenciones estadounidenses y de que no aceptaran la postura anexionista hacia Cuba. Por eso esta pieza oratoria se enzarza en un emotivo recorrido por la epopeya de las luchas independentistas, el primer momento verdadero de nuestra América, y culmina afirmando que en los latinoamericanos residentes en el país norteño ―la admiración justa y el estudio útil y sincero de lo ajeno, el estudio sin cristales de présbita ni de miope, no nos debilita el amor ardiente, salvador y santo de lo propio.‖30 Este era, digámoslo así, el modelo del intelectual latinoamericano al que Martí aspiraba, de alguna manera un retrato de sí mismo, y cuya actitud debió ser seguida por esos diplomáticos que le escuchaban. Vencido el deseo expansionista de Estados Unidos en aquella Conferencia, o más bien obligada a ser aplazado o a buscar quizás 29 Ídem. 30 OC, t.6, p.140.
  23. 23. 18 otros caminos más directos y expeditos, como se respira en el aliento martiano de aquella época, el pensador que preveía y que así servía a Cuba y a toda nuestra América se sintió obligado a dar la clave del enigma continental: Nuestra América, texto escrito con toda seguridad a finales de 1890. Se cerraba un capítulo y se abría otro de la gran batalla martiana por el ―bien mayor del hombre‖31 : el ensayo cenital culminaba brillantemente un largo periodo de estudio y fundamentaría desde entonces la enorme pelea de su autor para acelerar la independencia de las Antillas españolas, en beneficio, desde luego, de la justicia para los hijos de esas islas, y también para contribuir al equilibrio de América y del mundo. II. La razón de la independencia. El ensayo de José Martí, considerado cada vez más como uno de los textos fundadores del pensamiento latinoamericano es, sin duda, también uno de los escritos iniciadores del modernismo literario hispanoamericano, cualidad quizá no destacada suficientemente. No pretendo en estos apuntes fundamentar tal aserto, sino solamente llamar la atención acerca de que las características de esta prosa atrevida y original son elemento decisivo para expresar justamente la síntesis analítica que hace del texto un valioso e iluminador examen de la realidad continental en su conjunto tanto para entender la región en aquel momento finisecular en que fue escrito, como en su alcance propositivo. Y, desde tal perspectiva, quiero ofrecer algunos comentarios acerca de la mirada martiana desde Nuestra América sobre el proceso independentista de los primeros decenios del siglo XIX. Es indudable que los objetivos esenciales del ensayo son brindar una explicación del presente que se vivía para fundamentar la necesidad de asumir cambios radicales que desatasen a la región de sus viejas ataduras y que, al mismo tiempo, evitasen el ajuste de nuevos lazos sobre la base de los previos, que conducirían hasta la pérdida de la soberanía de las naciones de la zona. Por ello, se advierte de inmediato una cierta urgencia en sus palabras, que conspiran contra el análisis 31 OC, t.4, p.101.
  24. 24. 19 metódico, extenso y acabado. El intelectual cubano, a punto ya de lanzarse a asumir el liderazgo del movimiento patriótico insular, no ofrece, pues, un tratado —tan usual en la cultura de la época—, más tampoco entrega un programa. Este, si de alguna manera lo hay en el texto, tiene un sentido absolutamente implícito. No se sabe si el escrito le fue solicitado por los editores de La Revista Ilustrada de Nueva York, en la que apareció Nuestra América por primera ocasión el 1ro de enero de 1891, ni cómo aquellos lo consideraron en términos de género literario. Lo que sí me parece obvio es que el escritor estaba consciente de que redactaba para una publicación periódica, asunto en lo que tenía vasta y larga experiencia, y que finalmente no lo consideró reñido con su envío a un diario como El Partido Liberal, de México, donde colaboraba habitualmente. Y la revisión de las publicaciones martianas en los diarios a lo largo de los años 80 demuestra que más de una pueden clasificarse claramente como ensayos. No estamos entonces ante algo inusual en el ejercicio martiano del periodismo. La decisión o la inclinación inconsciente hacia el ensayo al redactar el texto, indican, en cualquiera de ambos casos, que hubo una voluntad escritural ajena a la crónica y al artículo sobre un determinado y preciso acontecimiento o asunto: a mi juicio, Martí pretendió a plena conciencia entregar su interpretación madura acerca de la problemática regional y no solo de sus problemas. De ahí, pues, lo tan abarcador de su estudio que requiere por ello de la síntesis, aunque esta también se le imponía, a mi ver, por su marcado deseo ya por esos años de huir de las trampas a que le conducía la lógica de la razón moderna, objetada entonces por él más de una vez y en el propio ensayo que nos ocupa. El dilema martiano era tremendo: no solo debía entregar un análisis del presente con miras al futuro; no solo debía buscar las raíces de ese presente; sino que, además, debía hacerlo desde otras perspectivas y otras lógicas, diferentes a las que campeaban en aquellos tiempos, so pena de que su apreciación quedase en las mallas de las que entonces se repetían y de que, por consiguiente, tendiese a servir a los mismos intereses responsables de la situación que se vivía. Y no puede dejarse a un lado que el hombre que se sentó a redactar estas cuartillas no era, ni pretendía ser, un profesional de alguna disciplina social, ni siquiera un profesional de las letras —aunque viviese en sí mismo el drama
  25. 25. 20 moderno de escribir para recibir un pago y asegurar así su existencia—, sino que se trataba de un revolucionario profundo empeñado en quitar todas las trabas a la sociedad y a las personas. Recuérdese que había dicho que su deseo era ―desatar a América y desuncir al hombre‖32 , frase que, por cierto, evidencia una vez más su extraordinaria capacidad de síntesis a través de la imagen. Esa lógica y esas perspectivas otras se hacen sentir, en consecuencia, en Nuestra América en todos los asuntos que allí fue tocando, lo cual, desde luego, es una evidencia más de esa voluntad analítica desde puntos de vista distantes a los usuales y a la vez, razón de su misma expresión. En el ensayo, Martí se refiere explícitamente a las independencias hispanoamericanas en dos momentos, aunque es obvio que ese asunto está en fondo de toda su mirada sobre la problemática continental. La primera mención se sitúa justamente al comienzo del cuarto párrafo, que abre la tercera parte del texto, si nos atenemos a los separadores con que fue publicado tanto en Nueva York, como en México, parte que se dedica esencialmente a sustentar la crítica al empleo de fórmulas ajenas a las realidades continentales y a rechazar el considerar como incapaces y atrasadas a las clases populares. Dice así Martí, apelando a la interrogante afirmativa: ―¿Ni en qué patria puede tener un hombre más orgullo que en nuestras repúblicas dolorosas de América, levantadas entre las masas mudas de indios, al ruido de la pelea del libro con el cirial, sobre los brazos ensangrentados de un centenar de apóstoles?‖. En verdad el empleo del verbo ―levantadas‖ permite entender la idea en dos sentidos: como referencia al proceso de las luchas patrióticas para alcanzar tales repúblicas, y como la existencia de esas repúblicas tras las guerras emancipadoras. La habitual polisemia martiana y el propio hecho histórico de que la mayoría de las repúblicas hispanoamericanas se ―levantaron‖ tras cruentas guerras admite la lectura en ambos sentidos. Los ―indios mudos‖, frase usada por su autor en otros de sus textos, puede entenderse como la ausencia de voz propia, que expresa sus propios intereses, sobre todo cuando sabemos por otro escrito de 32 OC, t.4, p.450.
  26. 26. 21 aquella época —me refiero a su discurso Madre América, pronunciado el 19 de diciembre de 1889 ante los delegados de Hispanoamérica a la Conferencia Internacional Americana de Washington— que la presencia de los guerreros de los pueblos originarios fueron para él decisivos para la victoria de la causa patriótica. La pelea del libro con el cirial puede entenderse como el enfrentamiento entre la iglesia, sostén del colonialismo español y afincada en la apelación a la fe, y la razón y el análisis, el conocimiento representado por el libro, manera también de recordar la significación de las personalidades ilustradas que generalmente dirigieron los procesos independentistas y de las nuevas ideas. Y ―los apóstoles‖ de brazos ensangrentados alude a los aún llamados antecesores o protoindependentistas y muy probablemente a los líderes que encabezaron la resistencia indígena frente a la conquista. Tal interpretación se sustenta en señalamientos en tal sentido en Madre América, y en su discurso dedicado a Bolívar, en 1893, en que explica las independencias como la unión entre la ―revolución de lo alto‖, la ―levadura rebelde‖ del español segundón, y la cólera baja y ―el consuelo de la guerra‖ para las masas indígenas.33 Más adelante, ya en el larguísimo párrafo siete de Nuestra América, que constituye a la vez la parte cuarta del ensayo, Martí se extiende en sus apreciaciones sobre las independencias. Obsérvese su marcado interés en señalar lo complejo de los sucesos en que se entremezclaron intereses y grupos y clases sociales diversos, y hasta los símbolos de la colonia, lo cual le sirve para sustentar la complejidad en que surgieron las repúblicas, y a la vez cómo las clases populares no estuvieron ausentes de dichos procesos: ―Con los pies en el rosario, la cabeza blanca y el cuerpo pinto de indio y criollo, vinimos denodados al mundo de las naciones. Con el estandarte de la Virgen salimos a la conquista de la libertad‖. Y a continuación se extiende en la reiteración de estas características de complejidad en diferentes lugares del continente, como México, Centroamérica, Venezuela y la región del Plata. 33 OC, t.8, pp.241-248.
  27. 27. 22 ―Un cura, unos cuantos tenientes y una mujer alzan en México la república en hombros de los indios. Un canónigo español, a la sombra de su capa, instruye en la libertad francesa a unos cuantos bachilleres magníficos, que ponen de jefe de Centroamérica contra España al general de España. Con los hábitos monárquicos, y el Sol por pecho, se echaron a levantar pueblos los venezolanos por el Norte y los argentinos por el Sur‖. Y la grandeza del proceso y de sus líderes se demuestra para el cubano con la entrevista de Guayaquil entre Bolívar y San Martín: ―Cuando los dos héroes chocaron, y el continente iba a temblar, uno, que no fue el menos grande, volvió riendas‖. Parecería así que, a pesar de reconocer lo difícil y hasta contradictorio de aquel proceso de luchas armadas, Martí favorece una visión positiva de estas y encuentra que ellas abrieron camino un destino provechoso para nuestros pueblos, frustrado sin embargo por los regímenes republicanos que, entre otras cosas, apartaron a las clases populares y se asentaron sobre formas organizativas de otras realidades: ―las capitales de corbatín dejaban en el zaguán al campo de bota de potro‖; ―los redentores bibliógenos no entendieron que la revolución que triunfó con el alma de la tierra desatada a la voz del salvador, con el alma de la tierra había de gobernar‖. Y el continente desatendió o desoyó ―a los ignorantes que lo habían ayudado a redimirse‖ y dio lugar a un gobierno que no tenía por base la razón de todos en las cosas de todos‖, sino ―la razón universitaria de unos sobre la razón campestre de otros‖. Y entonces, concluye que ocurrió lo contrario a lo buscado y logrado por las guerras de independencia: ―La colonia continuó viviendo en la república.‖ ¿Fracasó, pues, para Martí la epopeya bélica de la independencia? Todo lo contrario. Al igual que explícitamente lo afirma en más de uno de sus escritos, al igual que califica en otros de sus textos de próceres y de héroes a los conductores de aquellas gestas, en Nuestra América indica la necesidad de recuperar aquel espíritu de unidad que inflamó a las luchas libertadoras y que los cambios imprescindibles para tomar el
  28. 28. 23 rumbo que marcaban las necesidades propias del continente, comportaban la inclusión de las clases populares. Interesante e infrecuente lectura la de Martí acerca de los procesos independentistas hispanoamericanos, no como inevitables fracasos históricos, según el planteo de las fuerzas más conservadoras, ni como meros símbolos formales de las nuevas naciones burguesas que se estaban estructurando durante la segunda mitad del siglo XIX, sino como impulsos, acicates y ejemplos para las nuevas naciones inclusivas, originales y genuinas propuestas en Nuestra América. Se esta entonces en presencia de otra lectura, de otra asimilación del pasado, de carácter renovador, revolucionario, que intentaba no valerse, ni validarse de la razón ―universitaria‖ a la que se objeta sistemáticamente a lo largo del ensayo. III. Desafío a la modernidad. No se sabe cuál fue la reacción de los lectores de Nuestra América al encontrase ante este ensayo magistral de José Martí en La Revista Ilustrada de Nueva York, el primero de enero de 1981, y en el diario mexicano El Partido Liberal, el 30 del mismo mes. Parecería desde hoy que la clase letrada del continente no estaba preparada emocional ni intelectualmente para asumir aquel escrito que chocaba abiertamente con la lógica, las previsiones y los intereses de la mayoría de las oligarquías de viejo y de nuevo cuño de las que aquella formaba parte en su casi totalidad. Los antiguos elementos conservadores y terratenientes, aliados de la Iglesia católica, resistían aún en algunos países a las reformas liberales, triunfantes por casi todos lados, que intentaban ajustar nuestras sociedades a los cambios que imponía la modernidad finisecular, signada por el impetuoso desarrollo industrial, el avance científico y tecnológico, la formación de los primeros monopolios y el reparto territorial del mundo constituido ya en mercado universal. Aquellos enfrentamientos, a menudo muy cruentos, de ideas, proyectos sociales y ambiciones de poder tendían, sin embargo, a diluirse mediante alianzas familiares y de negocios. No sin desconfianzas y rechazos, las concepciones liberales y el positivismo se afianzaban, prestigiadas por el indudable crecimiento económico que caracterizó a la época y cuyos beneficios fueron recogidos por las diversas capas
  29. 29. 24 propietarias y hegemónicas. Progreso, ciencia, máquinas, industria y educación eran entonces palabras claves en el ambiente espiritual dominante. En casi todos los casos, no obstante, tales ideas y sus ejercicios prácticos desechaban al país viejo, tradicional, y cargaban la responsabilidad por lo que consideraban atraso a las clases y sectores populares, sobre todo a los pueblos originarios y a los descendientes de los esclavos negros. Esos ―bárbaros‖ eran incapaces de asumir o de evolucionar hacia la modernidad dada su propia condición racial, y se convertían en un obstáculo para el progreso. Así, se siguieron dos ―soluciones‖ de similar basamento racista: o la deculturación de esos sectores mediante su asimilación a la cultura dominante, incluida la lengua española, o su eliminación física. De esa manera, ese desarrollo del capitalismo continuó y acrecentó la pérdida de las propiedades comunales así como el desprecio y la eliminación de las culturas autóctonas y de los sectores populares en general, aunque algunos símbolos de aquellos se incorporaran a las imágenes de la nación moderna que se estaba construyendo. El discurso martiano en Nuestra América, sin embargo, resultaba insólito en aquellos contextos, tanto por su lógica y procedimientos expositivos, como por sus perspectivas filosóficas, culturales y antropológicas, y, en consecuencia, por sus soluciones a los problemas continentales. Estas últimas han sido las que más han llamado la atención en la mayoría de los exámenes de este ensayo; mas acercarnos a su pensar es, a mi juicio, lo que permitiría comprender la verdadera y enorme subversión que se planteo el Maestro, animado por su consciente toma de partido junto a los pobres de la tierra y por su ética solidaria y de liberación humana. Ello, además, nos entrega armas de filo notable para afrontar la tremenda crisis civilizatoria que en la actualidad hace peligrar la propia existencia de nuestra especie y del planeta. La lógica de Martí en Nuestra América no se ajusta al pensamiento racional moderno. En sus publicaciones en vida del autor, el texto aparece separado en seis secciones o acápites mediante el uso de recursos tipográficos. Parece altamente probable que así se procediera tanto en la revista neoyorquina como en el diario mexicano siguiendo las indicaciones del autor, minucioso editor de sus textos que solía
  30. 30. 25 marcar tales indicaciones en sus manuscritos, conocidos desde antes en ambas publicaciones. El conjunto del escrito abarca once párrafos larguísimos, absolutamente suficientes en sí mismos en cuanto al desarrollo de sus ideas, y, que, no obstante, se articulan, más que con una coherencia entre ellos, con el objeto de conducirnos al final esperanzado en la posibilidad de mudar los destinos del continente, pelea a la que nos convoca desde el comienzo. ¿Tendría presente Martí a la serpiente mexicana que se muerde la cola? Por otro lado, las imágenes y narraciones mediante las cuales se van presentando sus ideas no son un mero recurso literario, sino un modo de pensar, escogido a plena conciencia por el autor, tan interesado desde su juventud en el habla popular continental, florida e imaginativa, pero conceptuosa, a diferencia del pensar ―literario‖ descontextualizado, tan común en la clase letrada de entonces, más de una vez objetado por el Maestro. Esas imágenes y narraciones de Martí quieren entregar un mundo original en todos sus contornos, en junto, como él mismo decía al explicar su método en las ―Escenas norteamericanas‖, para de esa manera hacerlo asequible a nuestras conciencias y así facilitar el paso a las transformaciones. A veces es como si Martí quisiera hablar desde la suya, la española, las lenguas indígenas, cuyo conocimiento exige en el ensayo a los gobernantes de la región; al mismo tiempo, dado el carácter mestizo para él de la cultura latinoamericana –un pueblo nuevo que ya no es estrictamente español ni indígena–, como la calificó durante su estancia en Guatemala, nos entrega en esos relatos elementos de ambas raíces, unidos en su propósito concientizador y de alerta fundacional. Así, por ejemplo, las narraciones con que se inicia el texto aluden a lo europeo —el gigante de las botas de siete leguas, alusión a Pulgarcito de Perrault— y a los cometas que van engullendo mundos —alusión a mitos indígenas prehispánicos. La función analítica que Martí otorga a las narraciones del primer párrafo de Nuestra América, pues con ellas critica al ―aldeano vanidoso‖ que no ve más allá de su pequeña aldea, se completa con la conclusión abrupta, movilizadora, imperativa que las continúa en el texto (―Lo que
  31. 31. 26 quede de aldea en América ha de despertar‖) para seguir, sin descanso del punto y aparte, a considerar la extrema importancia de las ideas, las armas del juicio, que no fueron las precisamente usadas por el español Juan de Castellanos, cuya mención, por cierto, resultaba entonces como hoy un verdadero alarde de cultura libresca, dado el desconocimiento generalizado de su libro Elegías de varones ilustres de Indias. Es como si el cubano quisiese demostrar a la misma intelectualidad cuya cultura libresca objetó una y otra vez, que la erudición también podía ser puesta en función de los intereses de nuestra América: aunque, obviamente, para él nuestras armas no podían ser exactamente las mismas de los conquistadores elogiados por Castellanos en sus endecasílabos. Para el cubano, las armas de guerra cumplirían una función defensiva para la América Latina, no agresiva ni conquistadora, y serían dirigidas por la conciencia, por las armas del juicio. Por tanto, la lógica de ese párrafo inicial del ensayo no excluye el uso de las armas, sino que valora por encima de ellas el uso del juicio, de las trincheras de ideas: la obra renovadora, trasformadora de nuestra América a que él aspiraba, implicaba sobre todo un cambio de mentalidad, de la forma de pensar del dominado, del subordinado, servil en su pensamiento a las ideas importadas de los polos modernos europeos y de Estados Unidos, que mantenían y reproducían la relación dependiente. El encadenamiento de pensamientos aforísticos caracteriza buena parte de la expresión de Nuestra América, con lo cual Martí va más allá de la simple relación causa-efecto, tan propia del positivismo de su tiempo, para intentar darnos más costados de las relaciones entre los fenómenos que explica. Cada frase, cada aforismo, tiene sentido per se y se sustenta en sí mismo, mas es el conjunto de frases lo que nos entrega el curso y la hondura del análisis martiano. ―Conocer es resolver. Conocer el país, y gobernarlo conforme al conocimiento, es el único modo de librarlo de tiranías. La universidad europea ha de ceder a la universidad americana. La historia de América, de los Incas a acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia
  32. 32. 27 que no es nuestra. Nos es más necesaria. Los políticos nacionales han de reemplazar a los políticos exóticos‖. Es difícil cortar ese razonamiento, tanto que lo hago sólo a manera de ejemplo, pues en verdad para atrapar la exposición martiana en todo su alcance y profundidad hay que examinar el descomunalmente largo sexto párrafo de donde lo cito. El encadenamiento discursivo de las frases aforísticas es lo que lleva a la idea central del párrafo en cuestión y del ensayo en su conjunto: hay que conocer a nuestra América y gobernarla de acuerdo a sí y no según reglas copiadas de otras partes; esa era, pues, la ―clave del enigma‖ continental, como él mismo escribió. La ausencia de ese conocimiento de nuestra autoctonía tomaba cuerpo para Martí en el apartamiento del hombre natural –el indio, el negro, el campesino–, quien hacía pagar mediante su apoyo a los caudillos ese abandono de las repúblicas criollas. Por eso la intelectualidad –―el libro importado‖, ―los letrados artificiales‖, ―el criollo exótico‖, ―la falsa erudición‖– resultaban vencidos por ese hombre natural, por ―el mestizo autóctono‖. La reiteración de ideas mediante imágenes diferentes en las que el adjetivo interpreta un papel decisivo, ayudan a la explicación del gran problema, que nunca Martí entrega mediante una definición exacta, sino a través de una especie de aproximaciones sucesivas y con un sentido francamente polisémico. Si nos quedamos solamente con esos pares contrapuestos con los que Martí desecha precisamente los conceptos de civilización y barbarie propios del pensar moderno –―No hay batalla entre la civilización y la barbarie‖–, parecería entonces que aprueba como deseable esa autoctonía representada por el hombre natural. Sin embargo, la batalla entre la falsa erudición y la naturaleza, como él plantea los términos del problema, no podían conducir a un estancamiento en esa tradición por muy genuina que ésta fuera. Lo dijo desde el principio del ensayo: que el aldeano vanidoso debía mirar al mundo y prever cómo éste influiría sobre él para evitar que ello tuviera efectos negativos. La modernidad avasalladora tenía que ser asumida desde lo autóctono, desde lo natural americano y en función de los intereses de las
  33. 33. 28 mayorías, so pena de sostener y acrecentar las contradicciones que habían hecho supervivir a la colonia en las repúblicas. Difícil, pero imprescindible acomodo entre tradición y modernidad es lo que se plantea Martí, y por ello el verdadero llamado de Nuestra América, su objetivo supremo, es el de la unidad continental para resolver esas contradicciones de las repúblicas criollas, para entregar la justicia a los sectores populares y para impedir las nuevas subordinaciones que asomaban desde el Norte del hemisferio. De hecho, nuestra América, para Martí, no podía seguir siendo como hasta entonces, pero tampoco podía volver atrás: se trataba de dar un osado salto hacia delante, de una nueva modernidad ―nuestromericana‖ o de una contramodernidad, pero desde lo nuestro, desde nuestras tradiciones y desde nuestras realidades, y satisfaciendo los intereses olvidados de las clases populares. Como dijo en brillante síntesis en el ensayo: ―Injértese el mundo en nuestras repúblicas; pero que el tronco sea el de nuestras repúblicas‖. Por eso, el ensayo fustiga a la intelectualidad de su tiempo: Martí quiere que ella cambie su lógica de pensar, sus paradigmas, se sumerja en su pueblo natural, no deje de atender a los cambios del mundo e incorpore y entregue un proyecto propio para la región. De ella deberían salir ―los hombres nuevos americanos‖, que para él ya iban naciendo y a los cuales describe así: ―En pie, con los ojos alegres de los trabajadores, se saludan, de un pueblo a otro, los hombres nuevos americanos. Surgen los estadistas naturales del estudio directo de la naturaleza. Leen para aplicar, pero no para copiar. Los economistas, estudian la dificultad en sus orígenes. Los oradores empiezan a ser sobrios. Los dramaturgos, traen los caracteres nativos a la escena. Las academias, discuten temas viables. La poesía se corta la melena zorrillesca, y cuelga del árbol glorioso el chaleco colorado. La prosa, centelleante y cernida, va cargada de ideas. Los gobernadores, en las repúblicas de indios, aprenden indio‖. Era pues, una gigantesca renovación cultural y civilizatoria la que estaba proponiendo Martí en Nuestra América, la que debía mudar a su interior para así afrontar la amenaza del vecino norteño, al que el
  34. 34. 29 cubano no considera portador de ―una maldad ingénita y fatal‖, sino que su desdén por nuestros pueblos responde a ―caracteres peculiares y activos, de ideas y de hábitos, de ensanche y de adquisición, de vanidad y de avaricia‖, que pudieran trocarse en ―amenaza grave‖ de ocurrir determinados sucesos. Ni ante semejante avistado peligro cede Martí en su perspectiva ecuménica y ética de igualdad humana, de culturas y civilizaciones: ―no hay razas‖, dice; estas son asuntos de ―librería‖, es decir, inventos, artificios mentales. Y ese peligro podría resolverse ―para la paz de los siglos‖, sin odios, sin estimular ideas ni prácticas degradantes para otro pueblo, sino ―con el estudio oportuno –y la unión tácita y urgente del alma continental‖. Al término del ensayo, la esperanzada confianza en la América trabajadora que veía surgir, la moderna y autóctona nuestra América que proponía, y andaba por ―el camino abonado por los padres sublimes‖ –evidente alusión a los próceres que forjaron las independencias–; esa América nueva surgida como se narra en el mito de los indígenas tamanacos de Venezuela referido al padre Amalivacá y a su mujer, quienes recrearon la humanidad lanzando hacia atrás los frutos de la palma moriche, de cuyas semillas nacieron hombres y mujeres. Así, nuestra América habría de transformarse con y desde sus basamentos indígenas y sus padres fundadores: su lógica no podía desasirse de sus propios orígenes y caracteres, como se pretendía y se llevaba a cabo desde la razón moderna. LA CONCEPCIÓN DE LA EDUCACIÓN EN LA OBRA DE JOSÉ MARTÍ 34 José Martí no escribió un tratado sobre educación o pedagogía, como sí fue el caso de algunos autores contemporáneos al Maestro. Ellos legaron obras que cimentaron el posterior desarrollo de la educación y la pedagogía en el área. En este orden la obra de José Martí es un caso sui géneris, su percepción sobre la educación aparece vertida en sus artículos y crónicas periodísticas, elogios, cartas, ensayos y muy especialmente en algunos trabajos suyos que son una magnífica expresión de ello, sirvan de ejemplo: La Edad de Oro (1889), Nuestra 34 Este epígrafe toma como referente la obra de Elmys Escribano: La concepción de la educación en la obra de José Martí, La Habana, Edit. Pueblo y Educación, 2006.
  35. 35. 30 América (1891), Carta a María Mantilla (1895). José Martí no escribió para satisfacer exigencias académicas de definir o simplemente teorizar sobre el tema, sino que estimulado por las necesidades de la vida del hombre americano, de hacer su desarrollo más pleno, reflexionó sobre la esencia de la educación en este continente. La percepción sobre la educación que Martí se forjó durante su vida, estuvo estimulada desde sus experiencias como estudiante habanero en varias escuelitas de barrio en aquella sociedad colonial, esta experiencia se vio reforzada años más tarde tras sus vivencias en Guatemala, México y Venezuela, su labor docente en Estados Unidos también alimentó favorablemente su pensamiento sobre la educación. De este modo concibió la educación en torno a un eje vital: la formación del hombre para la vida. José Martí vertebró y diseñó esta concepción en función de la especificidad del hombre americano, las condiciones y las necesidades del continente, así como la conformación del concepto de nuestra América y muy particularmente de la tradición de pensamiento humanista que recepcionó.35 Si interpretamos la obra de José Martí en torno a la educación y la concepción que se forjó sobre el tema, pensamos que los siguientes puntos explicitan en qué consiste la idea de la educación como preparación del hombre para la vida: Desarrollar las potencialidades y fuerzas naturales tanto en cada individuo como en los pueblos. Actuar en correspondencia con la Naturaleza. Garantizar la transmisión de la experiencia histórico - social de una generación a otra. Posibilitar la actuación científica, técnica y cultural del hombre con respecto a la época en que vive. Habilitar al hombre de medios personales (conocimientos, hábitos, habilidades) para vivir de su trabajo honradamente. 35 Se recomienda al lector – cursista acudir a trabajos de Cintio Vitier y los propios autores de este curso para ampliar sobre este tema. Para profundizar pueden estudiarse los textos mencionados en el anexo.
  36. 36. 31 Desarrollar espiritualmente al hombre, y crear una actitud ante lo bello como vía de educación. Desarrollar la inteligencia como atmósfera natural en la vida del hombre, así como la capacidad de crear en cada individuo y en los pueblos. Habilitar al hombre para aprender por sí mismo, incentivando el autodidactismo.36 Consolidar la identidad nacional y desarrollar una educación patriótica. Estimular al hombre a pensar por sí, a ser honesto, honrado, virtuoso y a vivir con decoro. Poner coraza contra los males: el egoísmo, la vanidad, la servidumbre, la codicia; prever extravíos, ignorancia, evitar la manipulación y la dependencia. Preparar para la paz, la felicidad y la independencia individual y social como condición y consecuencia última de todo el sistema de influencias o requerimientos para preparar al hombre para la vida. La educación, debe ir donde va la vida, estos aspectos encuentran fundamento y razón de ser en la educación de cada ciudadano, campesino, indio, negro o mujer de forma individual y la expresión de todos en su conjunto en la grandeza del alma nacional, pues: ―De la independencia de los individuos depende la grandeza de los pueblos.‖37 Preparar al hombre para la vida expresa la condición eminentemente humanista de la concepción sobre la educación en la obra de José Martí. El humanismo martiano es un humanismo pleno, que confía en el mejoramiento, en la perfección de todos los hombres.38 En virtud de ese humanismo raigal, su concepción de la educación se erige en verdadero proyecto de mejoramiento social y humano que incluye y une a todos. La concepción de la educación en Martí es portadora de una 36 Véase: Luis Ernesto Martínez: El autodidactismo en la concepción de la educación de José Martí, tesis en opción al grado científico de Doctor en Ciencias Pedagógicas, Instituto Superior Pedagógico “Juan Marinello”, Matanzas, 2007. 37 OC, t.7, p.124. 38 José Martí: Poesía completa. Edición crítica, La Habana, Ed. Letras Cubanas, 2001, t.I., p.17.
  37. 37. 32 dialéctica de las relaciones humanas basadas en el respeto a la individualidad, la justicia y al derecho ajeno. La preparación del hombre para la injerencia social viene a ser una gran necesidad en países signados por el marginalismo y la exclusión de grandes colectivos humanos de la cultura y la vida social de la nación. ―Y hasta que no se haga andar al indio, no comenzará a andar bien la América.‖39 Fundamentó de manera sostenida la necesidad de que la mujer se prepare para la vida al igual que el hombre y que acceda a estudios universitarios, que la capacite en el uso de lo más actual de la ciencia, que desarrolle una vida laboral útil y activa que le posibilite vivir con decoro, dignidad plena y libertad. En este orden el pensamiento martiano se ubica entre los más avanzados de su época en abierta oposición a los convencionalismos coloniales de raíz católica que legara España a los países de América. En este contexto el mencionado postulado martiano adquiere una dimensión liberadora. La necesidad de que cada individuo sea libre de acciones y de pensamiento forma para Martí una ética; una nueva ética de dignidad humana individual y nacional, que acrecentaba la necesidad de su práctica en América, donde los países liberados de la metrópolis no vivían un clima completo de libertad y realización humana individual de cada miembro de la sociedad. El problema de la libertad no estaba en el cambio de gobierno, sino en el cambio de espíritu, en la erradicación de los rezagos coloniales: el racismo, la segregación, la subvaloración, el aldeanismo, el desarraigo, entre otros. ―La felicidad general de un pueblo descansa en la independencia individual de sus habitantes. Una nación libre es el resultado de sus pobladores libres‖.40 La educación que sustenta se presenta como una obra de perfeccionamiento humano, búsqueda del bien, de la justicia, la paz y la libertad. Esta percepción martiana de la educación representa un basamento conceptual necesario, incluso para hoy día, en tanto la búsqueda y consagración de un lugar digno y decoroso en el concierto humano de las naciones sigue siendo un caro anhelo para la mayoría 39 OC, t.8, p.337. 40 Idem, p.284.
  38. 38. 33 de los pueblos de América Latina. A continuación, se muestra una expresión de la interpretación de las ideas de José Martí sobre la educación del hombre, contextualizada, como ya se expresó en el ámbito latinoamericano. En dicha interpretación se propone una lógica para la comprensión del fenómeno que se estudia y la valoración de su alcance, así como la posible utilidad en las condiciones actuales para todos los que vierten sus preciados esfuerzos en la formación humana.  Educar desde y para la identidad. La idea de la identidad y educar para esta y desde esta es un sólido sostén en la concepción de la educación de José Martí. Se asume como objetivo primordial de la educación, como expresión específica de la finalidad suprema de preparar al hombre para la vida. La condición mestiza de nuestra América en lo social y lo cultural representa según Martí algo medular de la identidad continental, y son aspectos vitales de la condición humana del latinoamericano, presupuestos esenciales para la educación del hombre y para enriquecer dicha identidad como algo vivo, dialéctico, siempre en crecimiento y desarrollo; lo autóctono, lo diferente y específico edifica una dimensión mayor hacia o para lo que debe educarse el hombre. Su fundamento de educar para la identidad se basa en una rigurosa necesidad de la historia. La segunda mitad del siglo XIX era una ―…época de tantas mezclas (…), donde los pueblos copian desmedidamente lo de otros, sin ceñirse a sacar del estudio ajeno, aquel conocimiento de la identidad del hombre, por el que las naciones, aún rudimentarias, han de perfeccionarse y confundirse, sino bebiéndose por novelería, o pobreza de invención, o dependencia intelectual, cuanta teoría, autóctona o traducida, sale al mercado ahíto. En América se padece de esto más que en pueblo alguno, porque los pueblos de habla española nada, que no sea manjar rehervido, reciben de España.‖41 41 OC, t.5, p.189.
  39. 39. 34 Educar desde y para la identidad es una necesidad ante los peligros que acechan al continente: la desunión, el aldeanismo, el desarraigo, la imitación servil o la copia sumisa de patrones exóticos extenuados. Estos problemas fueron planteados en el ya citado ensayo-crítico Nuestra América, donde Martí con visión de profeta señaló el peligro que representaba Estados Unidos para la libertad y la identidad del continente. Escribió: ―A los sietemesinos solo les faltará el valor. Los que no tienen fe en su tierra son hombres de siete meses. Porque les falta el valor a ellos, se lo niegan a los demás. No les alcanza al árbol difícil el brazo canijo, el brazo de uñas pintadas y pulsera, el brazo de Madrid o de París, y dicen que no se puede alcanzar el árbol. Hay que cargar los barcos de esos insectos dañinos, que le roen el hueso a la patria que los nutre. Si son parisienses o madrileños, vayan al Prado, de faroles, o vayan a Tortoni, de sorbetes. ¡Estos hijos de carpintero, que se avergüenzan de que su padre sea carpintero! ¡Estos nacidos en América, que se avergüenzan, porque llevan delantal indio, de la madre que los crió, y reniegan, ¡bribones!‖42 De acuerdo a esta problemática, que era alentada por políticas de gobiernos liberales, alentados por filosofías que propendían a que cada día los pueblos de nuestra América fueran más desconocidos y distantes de lo que habían sido y ya no querían seguir siendo, pues el empeño mayor era llegar a ser como otros, en relación a ello el Apóstol precisó: ―El fin de la educación no es hacer al hombre nulo, por el desdén o el acomodo imposible al país en que ha de vivir; sino prepararlo para vivir bueno y útil en él. El fin de la educación no es hacer al hombre desdichado, por el empleo difícil y confuso de su alma extranjera en el país en que vive, y de que vive, sino hacerlo feliz, sin quitarle, como su desemejanza del país le quitaría, las condiciones de 42 OC, t.6, p.16.
  40. 40. 35 igualdad en la lucha diaria con los que conservan el alma del país.‖43 Bajo esta interpretación se asume La Edad de Oro, como un proyecto en favor de preparar al hombre americano para vivir en América, preferenciando el conocimiento de los héroes del continente, la historia patria y la cultura nacional como modos concretos de educar desde la identidad más raigal que expresa a esa gran masa humana. En dicha obra planteó en su artículo Las ruinas indias: ―No habría poema más triste y hermoso que el que se puede sacar de la historia americana. No se puede leer sin ternura, y sin ver como flores y plumas por el aire, uno de esos buenos libros viejos forrados de pergamino, que hablan de la América de los indios, de sus ciudades y de sus fiestas, del mérito de sus artes y de la gracia de sus costumbres.‖44 Se opuso a la imitación y defendió la realización de la vida en correspondencia con la naturaleza continental. ―Cada pueblo se cura conforme a su naturaleza, que pide diversos grados de la medicina, según falte este u otro factor en el mal, o medicina diferente. Ni Saint Simon, ni Karl Marx, ni Marlo, ni Bakunin. Las reformas que nos vengan del cuerpo. Asimilarse lo útil es tan juicioso, como insensato imitar a ciegas. El dinerismo nos pudre y guerreamos contra el dinerismo. Antes teníamos más hombres felices: ahora tenemos más fieras y más bestias.‖45 En la base de la tradición y la cultura del continente se halla la alta espiritualidad de sus hombres, la que es necesario, recrear y desarrollar en una concepción de la educación distinta a la impuesta. Una concepción de la educación fiel a esta tradición ancestral, a la historia del hombre americano; una historia que muestre una arrasadora visión de los vencidos como signo de reconocimiento y rescate de la memoria histórica del continente, que aliente los signos que distinguen la 43 OC, t.5, p.261. 44 José Martí: La Edad de Oro, La Habana, Edit. Gente Nueva, s.a, p.83. 45 OC, t.12, p.378.
  41. 41. 36 identidad del hombre real de estas tierras, que lo prepare para vivir con orgullo en el sitio que lo vio nacer. Educar para la identidad en un continente tan trastornado por el hábito de sumisión al mando del opresor, al colonialismo, al anquilosamiento burocrático de los gobiernos criollos que no rompieron con el espíritu de la colonia, al peligro de la asimilación acrítica de lo que venía de Europa o de Estados Unidos, era –y es- un proyecto necesario, que adquiría una proyección humanista, política, patriótica y antimperialista.  Preparar al hombre para el trabajo. Martí le confirió una importancia vital al hecho de que la formación del hombre tuviera una base laboral y práctica. Dicha línea, en su pensamiento se interpreta como contenido concreto del proceso educativo. Elogió la preparación de los estudiantes con las habilidades necesarias para el oficio que debían realizar como parte de la formación que dispensaban algunos colegios y universidades. Era necesario aprender el manejo de las herramientas y los elementos y partes de los procesos productivos. Fue sustentado no solo con respecto al trabajo agrícola - como se interpreta frecuentemente- sino también con respecto al trabajo industrial, a la enseñanza de los oficios, a la formación de especialistas universitarios o la preparación para la vida hogareña de los niños. Su proyección en relación con el trabajo, su carácter y esencia eminentemente humana, revela la condición desalienadora de esa actividad dentro de su concepción educativa. Fue fiel a la raigal tradición humanista amerindia, en la que se consideró el trabajo como una actividad inherente a la condición de ser un buen hombre. Martí defendió el hecho de que todos se prepararan para el trabajo activo y creador de bienes necesarios a los demás, como una condición para obtener la felicidad individual y social. En los pueblos de América Latina esta idea se levanta como una máxima educativa de primer orden, pues la cultura de la dependencia establecida por el paso rutinario de sociedades y gobiernos que consagraron el desdén al trabajo físico, significaba un cambio, una ruptura revolucionaria y creadora en dicha cultura.
  42. 42. 37 El Apóstol además de defender las diversas variantes donde se debía alternar el estudio con el trabajo, también habló de las ventajas físicas, morales e higiénicas que venía del vínculo orgánico entre ambas actividades en todo el proceso de educación del hombre: ―Ventajas físicas, mentales y morales vienen del trabajo manual (...) El hombre crece con el trabajo que sale de sus manos. Es fácil ver cómo se depaupera, y envilece a las pocas generaciones, la gente ociosa hasta que son meras vejiguillas de barro, con extremidades finas, que cubren de perfumes suaves y de botines de charol: mientras que el que debe su bienestar a su trabajo, o ha ocupado su vida en crear y transformar fuerzas, y en emplear las propias tiene el ojo alegre, la palabra pintoresca y profunda, las espaldas anchas, y la mano segura. Se ve que son ésos los que hacen el mundo: y engrandecidos, sin saberlo acaso, por el ejercicio de su poder de creación, tienen cierto aire de gigantes dichosos, e inspiran ternura y respeto.‖46 Este postulado tiene para los pueblos de América Latina una significación educativa, moral y socioeconómica, pues de acuerdo con Iván Schulman, el programa martiano comprende la modernización socioeconómica de este continente; ello ha de encaminarse con trabajo creador, con el crecimiento de la industria, el desarrollo del comercio, la aplicación de la ciencia a los procesos productivos, industriales y agrícolas, y sobre todo: con el sudor en la frente, con el golpe del arado, el cultivo de los campos y el dominio de la agricultura como fuente permanente de riqueza en países eminentemente agrarios.  La educación científica. Martí representa un caso singular en el estudio de la historia del pensamiento, pues en él se funde el hombre de las letras, la literatura, el periodismo y el hombre con un pensamiento científico concreto y funcional. Martí captó como pocos la esencia del momento que vivía: un momento en que se gestaban cambios notables como expresión de la transición hacia una época nueva. ―La ciencia está ya en los umbrales 46 OC, t.8, p.285.
  43. 43. 38 de un mundo singular que empieza a ser científico‖.47 Dijo en 1888 a los lectores de La Nación. El vínculo de la vida de José Martí con la ciencia fue directo, en Guatemala impartió ―…conferencias sobre el estado actual de las Ciencias Naturales.‖48 Y en el mismo orden de la docencia: tuvo conocimiento de las reformas y contenidos de estudios que se practicaban en las universidades estadounidenses en la década de los ochenta. Este pensamiento tuvo una presencia específica dentro de la concepción de la educación. Concibió que en la enseñanza se debiera desterrar todo lo escolástico y sustituirlo por lo científico. ―Que se trueque de escolástico en científico el espíritu de la educación; que los cursos de enseñanza pública sean preparados y graduados de manera que desde la enseñanza primaria hasta la final y titular, la educación pública vaya desenvolviendo, sin merma de los elementos espirituales, todos aquellos que se requieren para la aplicación inmediata de las fuerzas del hombre a la naturaleza. – Divorciar el hombre de la tierra, es un atentado monstruoso. Y eso es meramente escolástico: ese divorcio. – A las aves, alas; a los peces, aletas; a los hombres que viven en la Naturaleza, el conocimiento de la Naturaleza: ésas son sus alas. Y el medio único de ponérselas en hacer de modo que el elemento científico sea como el hueso del sistema de educación pública. Que la enseñanza científica vaya, como la savia en los árboles, de la raíz al tope de la educación pública. – Que la enseñanza elemental sea ya elementalmente científica.‖49 En su concepción de preparar al hombre para la vida, de integrarlo a su tiempo y cultura, desempeña un rol importante la ciencia. ―El primer elemento desalienador al que Martí rindió tributo fue a la ciencia‖50 ha 47 OC, t.11, p.477 48 OC, t.20, p.47 49 OC, t.8, p.278. 50 Pablo Guadarrama: “Humanismo práctico y desalienación en José Martí”, en Humanismo en el pensamiento latinoamericano, La Habana, Ed. de Ciencias Sociales, 2001, p.38.
  44. 44. 39 dicho Pablo Guadarrama. En tal sentido, la ciencia debe ser un elemento puesto al servicio de mejorar la vida de cada hombre y de toda la humanidad y de integrar al hombre a su entorno y a su época. La introducción de lo científico en la educación, para Martí, no se concretaba solamente en la inserción de los contenidos de ciencia en los programas escolares, sino que se concretaba en el enfoque científico del proceso educativo, en el estilo sencillo y práctico de la enseñanza, en atención a los problemas de la vida, a lo útil, al desarrollo, en llevar la ciencia como ―savia‖, como ―espíritu‖, como fundamento del proceso de formación del hombre, donde ésta se manifieste no sólo en lo que estudia, sino en cómo se estudia; o sea, con qué espíritu se enfrenta la enseñanza: ―Y no está la reforma completa en añadir cursos aislados de enseñanza científica a las universidades literarias; sino en crear universidades científicas, sin derribar por eso jamás las literarias; en llevar el amor a lo útil, y la abominación a lo inútil, a las escuelas de letras; en enseñar todos los aspectos del pensamiento humano en cada problema.‖51 El propio Martí en su experiencia profesional como docente, brindó un magnífico ejemplo del espíritu científico y de novedad pedagógica, del que imprimió su práctica educativa. De su estancia guatemalteca, y la docencia de Historia de la Filosofía, recordará años más tarde ―…cuando paseando con sus discípulos por los pueblos antiguos, les enseñaba cómo los dioses no habían hecho al hombre a su semejanza, sino que el hombre había hecho los dioses a semejanza de él, y no había más que un dios, como entre los hebreos, éste mudaba de espíritu, aspecto y voz con cada cambio del pueblo hebreo.‖52 Además de su insistencia de hacer de la ciencia algo esencial en los sistemas educativos de entonces, realizó grandes contribuciones como difusor de la ciencia y la técnica, fuera del currículum académico escolar. Divulgó a los lectores del continente las novedades más descollantes en el campo de la ciencia y la técnica del momento.53 Esta 51 OC, t.8, p.282. 52 OC, t.11, p.479. 53 Pueden consultarse de Alexis Schlachter los textos: Martí en las ciencias, La Habana, Ed. Científico- Técnica, 1995 y Un Martí desconocido: el de la ciencia, La Habana, Ed. Academia, 2000, y de Rafael Almanza: Hombre y tecnología en José Martí, Santiago de Cuba, Ed. Oriente, 2001.
  45. 45. 40 labor fue desarrollada a través de diversos órganos de prensa, entre los que ocupa un lugar importante la revista La América. En La Edad de Oro también tuvo importante presencia el elemento científico. Cada número de la revista tomó de la mano al niño, y lo llevó por la historia, la naturaleza, la vida y las costumbres de hombres de otras tierras y otros tiempos, la poesía y la ciencia. Es difícil catalogar dentro de La Edad de Oro, una obra como exclusivamente científica, poética o histórica, pues en todas se entremezclan de modo particular la poesía, el sentimiento, el espíritu trascendente y elevado del ser humano, no obstante son variados los ejemplos de obras incluidas dentro de los cuatro números de La Edad de Oro que cristalizan el espíritu de educación científica que Martí alentó en la niñez del continente. En La Ilíada, de Homero, ofreció una magnífica explicación sobre el origen de las creencias, que es meritorio anotar aquí como ejemplo de lo expresado: ―En la Ilíada están juntos siempre los dioses y los hombres, como padres e hijos. Y en el cielo suceden las cosas lo mismo que en la tierra; como que son los que inventan los dioses a su semejanza, y cada pueblo imagina un cielo diferente, con divinidades que viven y piensan lo mismo que el pueblo que las ha creado y las adora en los templos: porque el hombre se ve pequeño ante la naturaleza que lo crea y lo mata, y siente la necesidad de creer en algo poderoso, y de rogarle, para que lo trate bien en el mundo, y para que no le quite la vida.‖54 Otras obras con clara presencia del espíritu científico pueden ser La exposición de París, La historia del hombre contada por sus casas, e Historia de la cuchara y el tenedor. En La última página del cuarto número de la citada revista, anotó: ―Se ha de conocer las fuerzas del mundo para ponerlas a trabajar, y hacer que la electricidad que mata en un rayo, alumbre en la luz. Pero el hombre ha de aprender a defenderse y a inventar, viviendo al aire libre, y viendo la muerte de cerca, como el cazador del elefante. La vida de tocador no es para hombres. Hay que ir de vez en cuando a vivir en lo natural, y a conocer la selva.‖55 Siempre 54 José Martí: La Edad de Oro, La Habana, Edit. Gente Nueva, s.a, p.36 55 Idem, p.205.
  46. 46. 41 Martí relaciona el elemento científico con la capacidad de saber, aplicar, transformar, elevarse y perfeccionarse el ser humano, siendo con ello mejor, más humano, más bueno. La labor de divulgador científico–técnico desarrollada por Martí, incluyó a veces, su prédica directa con quienes se relacionaba, pues siempre llevaba consigo importantes títulos de ciencia. Su última carta a María Mantilla es un magnífico testimonio de su interés porque la niñez latinoamericana estudiara los avances de las ciencias.56 La defensa de la enseñanza de la ciencia y la técnica, desde lo más actual que la representa, con un espíritu científico creciente y la difusión de los principales adelantos y hechos relevantes en esta esfera, son parte importante que se une a su concepto de la educación. La identificación de esta idea martiana con el término de línea directriz, obedece no solo a la abundante presencia del tema en sus obras, sino a los fundamentos históricos que la sustentan. Para el Maestro, la inclusión del estudio de la ciencia y la técnica dentro de su concepción de la educación para Latinoamérica, era la introducción de una importante fuerza que propende a la desalienación, al desarrollo y la libertad. En el plano social su introducción significaba la oposición a la escolástica, a la retórica y al dogma, - que significaba estancamiento y opresión colonial – sustentando en oposición a ello el espíritu científico, el desarrollo del pensamiento. Ello conforma un punto de partida básico para el estudio de la agricultura, la tierra y sus potencialidades para el mejoramiento de la existencia humana. Este elemento encierra una dimensión económica en función de crear una plataforma estable para el crecimiento de las economías de las naciones americanas que por herencia de la colonia, sus economías eran débiles, deformadas e inestables. ―Necesita el agricultor además conocer de una manera íntima, en sus efectos y modo de obrar, las ciencias que hoy ayudan y aceleran los cultivos – y más adelante, agregó - Las Escuelas de Agricultura vienen a ser grandes benefactores de las gentes de campo, a quien dan la reforma ya probada, y evitan arriesgar las sumas y perder el tiempo que el experimentarla por cuenta propia les hubiera 56 OC, t.20, pp.216-220.
  47. 47. 42 costado. Y con esto, además, la mente del alumno se mantiene viva y contrae el hábito saludable de desear, examinar y poner en práctica lo nuevo.‖57 Tan importante, era para Martí la atención al desarrollo de la ciencia y la introducción sostenida del espíritu científico en la educación, que la situó en un lugar preferencial como parte de la reforma educativa que necesitaban los países latinoamericanos. ―En muchos países ha de hacerse una revolución radical en la educación, si no se les quiere ver siempre, como aún se ve ahora a algunos, irregulares, atrofiados y deformes, como el monstruo de Horacio: colosal la cabeza, inmenso el corazón, arrastrando lo pies flojos, secos y casi en hueso los brazos.‖58 Para Martí la ciencia debe expresarse en lenguaje claro, sencillo y llena de sentimiento, pues este ―es también un elemento de la ciencia‖59 como la poesía y la propia educación, que crece en su magnitud cuando se hace de forma bella. Su obra misma es un buen ejemplo donde se materializa e ilustra su concepción de marchar cohesionadamente: arte y ciencia; y, la relación estrecha entre ciencia y ética, puesta la investigación, el conocimiento científico y la técnica, en función del espíritu más puro de mejoramiento humano, de preparar al hombre para la vida, para el desarrollo y la independencia en tierras donde ello es una necesidad primordial.  La educación de valores. La obra martiana en sus diferentes géneros es portadora de un contenido axiológico, por ejemplo: su drama Abdala, Adúltera, Patria y libertad (Drama indio) y su novela: Amistad funesta poseen un contenido axiológico. Otro tanto sucede con su poesía, desde el Ismaelillo hasta sus posteriores Versos libres y Versos sencillos. El estudio de su epistolario revela constantemente preocupaciones éticas en las que resalta el sentido del deber y el altruismo revolucionario. Su oratoria, también contiene ese centro axiológico y es portadora de un código de altísimos valores. Consagró todos sus empeños en hacer al hombre cada vez mejor. Se manifiesta en su obra un sostenido intento por perfeccionar al ser 57 OC, t.8, pp.286-287. 58 Idem, p.279. 59 OC, t.4, p.250.
  48. 48. 43 humano y consolidar la bondad. En el ensayo Nuestra América, planteó: ―Se ha de tener fe en lo mejor del hombre y desconfiar de lo peor de él. Hay que dar ocasión a lo mejor para que se revele y prevalezca sobre lo peor. Si no, lo peor prevalece.‖60 Se mostró defensor de la espiritualidad de la educación, estimulando el libre credo como un derecho natural del hombre, también fue partidario de asumir la práctica de la religión con una dimensión axiológica, donde ésta estimule la consolidación de la honradez, el honor, el decoro y la virtud en el hombre. Resaltó la significación del conocimiento de las tradiciones, la historia y la cultura autóctona: ―La historia de América, de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria.‖61 Los problemas nacionales, todos, tienen su base en lo ya acontecido: ―Lo pasado es la raíz de lo presente. Ha de saberse lo que fue, porque lo que fue está en lo que es.‖62 El estudio y conocimiento de la historia, es una vía de favorecer el arraigo, proporciona valores que se desarrollan al entrar en contacto con el pasado de las luchas, el ejemplo de los próceres inspira el amor patrio y orgullo nacional. El conocimiento de la historia aparejado al conocimiento de la cultura nacional, es motivo de orgullo y edificador de valores. En carta a Justo Castillo, apuntó: ―El que no tiene país propio, se queda sin raíces en el mundo.‖63 Para Martí era esencialmente necesario desarrollar el amor a lo nacional y autóctono como base de la identidad y sentimientos patrióticos, pues el desdén a su pueblo, es ―…la peor y más vergonzosa de las desdichas humanas…‖64 Concibió la creación artística, el teatro, la literatura y la poesía con base en la realidad, los problemas e intereses del pueblo que la crea, esto contribuye a formar una posición favorable hacia lo nacional. La 60 OC, t.6, p.22. 61 OC, t.6, p.18. 62 OC, t.12, p.302. 63 OC, t.2, pp.405-406. 64 OC, t.5, p.262.

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