TEOLOGÍA E HISTORIA: HISTORIA DE LA TEOLOGÍA
Jaime Alberto Cruz Vásquez
Tutor
Pbro. Héctor Andrés Mazo Martínez
Licenciado...
Teología e historia: Historia de la teología
Introducción
El mundo constantemente escuchó de boca del Papa Benedicto XVI l...
ilustrándolo y explicándolo al mismo tiempo” (Dei Verbum 16), de tal manera que
el Nuevo nunca se entenderá sin el Antiguo...
dos hombres se conocen, pues una vez cada hombre junte con el otro la parte que
tiene del anillo, descubre que hay algo qu...
En el antiguo rito del bautismo, y en el actual ritual de la Iglesia, el sacerdote
realizaba tres escrutinios a los catecú...
2. Período escolástico: va desde la mitad del siglo VIII hasta mediados del
siglo XVII. Se caracteriza por la introducción...
Padre (Jn 14,9-11). Cristo ha cerrado la revelación de Dios, pero ha inaugurado el
tiempo de la Iglesia, la cual, siempre ...
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El siguiente ensayo busca observar la relación entre Revelación, Dogma e Historia, y sirve de introducción para nuestro curso de Patrología, pues menciona los períodos del desarrollo del pensamiento teológico, abriendo espacio a la gran época de los Padres de la Iglesia

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  1. 1. TEOLOGÍA E HISTORIA: HISTORIA DE LA TEOLOGÍA Jaime Alberto Cruz Vásquez Tutor Pbro. Héctor Andrés Mazo Martínez Licenciado en Filosofía y Educación Religiosa Seminario Diocesano Santo Tomás de Aquino Teología Santa Rosa de Osos 2014
  2. 2. Teología e historia: Historia de la teología Introducción El mundo constantemente escuchó de boca del Papa Benedicto XVI la expresión “la fe cristiana no es una «religión del Libro»: el cristianismo es la «religión de la Palabra de Dios», no de «una palabra escrita y muda, sino del Verbo encarnado y vivo»” (Ratzinger, 2010 n° 7). Esta expresión da pie para afirmar la historicidad del cristianismo y sus dogmas, pues Aquel que es su esencia, Jesucristo, participa de la dinámica espacio-tiempo, de lo comprobable y, por ello, de la categoría de histórico. El “evangelio de Pablo” es testigo del factum historicum de la encarnación al afirmar que “al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la condición de hijos” (Gal 4,4-5). Valga la pena resaltar que Pablo escribe sus cartas antes de la aparición de los Evangelios, razón por la cual se trae a colación este texto y no el de los Evangelios. La existencia de Jesús es comprobable históricamente gracias no sólo a los testimonios de Pablo y los evangelistas, sino, también, por medio de fuentes paganas tales como la carta que envió Plinio el joven al emperador Trajano y el testimonio del historiador Flavio Josefo en sus Antigüedades judaicas. Pero para el cristianismo entender a Cristo en su plenitud necesita otra luz, la de la revelación, pues Él es aquél de quien hablaron la Ley y los antiguos profetas (Jn 1,45), es decir, las Escrituras (para los cristianos el Antiguo Testamento), pues, “aunque Cristo fundó el Nuevo Testamento en su sangre, no obstante los libros del Antiguo Testamento recibidos íntegramente en la proclamación evangélica, adquieren y manifiestan su plena significación en el Nuevo Testamento,
  3. 3. ilustrándolo y explicándolo al mismo tiempo” (Dei Verbum 16), de tal manera que el Nuevo nunca se entenderá sin el Antiguo. Un último punto a tener en cuenta es que con Cristo se cierra la revelación de Dios, de manera que “no hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo” (Dei Verbum 4). Puestas estas bases, es hora de preguntar ¿Cuándo surgió el dogma? ¿Cuál ha sido su desarrollo? Y ¿Cómo una determinación dogmática reciente puede formar parte de una revelación acabada hace veinte siglos? 1. Origen del dogma Según el cardenal Newman “la aparición de Cristo suscitó en la conciencia creyente de los apóstoles una especie de intuición global de la esencia del cristianismo. En esta «impresión» o «idea» inicial, al lado de los conocimientos explícitos se encontraban también orientaciones implícitas, sin expresar, sin formular, más «vividas» que conocidas por reflexión… En el correr de los tiempos, los primitivos contenidos de fe, todavía no percibidos reflexivamente, en virtud de la naturaleza propia de las leyes psicológicas y sociológicas del crecimiento del espíritu humano, y bajo el impulso del Espíritu Santo, son proyectados de una manera más viva en la conciencia explícita de la Iglesia creyente” (Schillebeeckx, 1969, pág. 74), para finalmente ser expuestos sistemáticamente y por medio de un lenguaje universal que permitiera que todos los hombres apreciasen en su formulación la verdad misma traída por Jesucristo. A este último momento es al que la Teología denomina “dogma” en sentido estricto; sin embargo, su origen se halla en la revelación misma de Dios a través de Jesucristo. Es Cristo el que ha dado origen a la Iglesia, comunidad de salvación y Cuerpo Místico de Él, la cual acoge su revelación y la convierte en palabras humanas, que a su vez se se convierten en símbolo de la verdad divina. Símbolo, que viene del griego symballein, es aquello que se junta, a la manera de un anillo dividido en dos partes, como señal de que
  4. 4. dos hombres se conocen, pues una vez cada hombre junte con el otro la parte que tiene del anillo, descubre que hay algo que los une. Anota el cardenal Ratzinger: “El sentido primitivo del dogma es posibilitar el culto común, posibilitar la comunión en lo sagrado. Así, la palabra symbolum, en la que reconocíamos el precursor y el punto de referencia constante de la palabra y de la realidad «dogma», nos ha llevado a dos determinaciones básicas y esenciales de éste: 1. El dogma como símbolo tiene siempre el carácter de mitad, de lo incompleto e insuficiente. Sólo referido a algo más allá de sí expresa la verdad… 2. De esta forma se manifiesta claramente el carácter esencialmente comunitario, litúrgico y verbal del dogma. Su sentido no es hacer captable un pensamiento como puro pensamiento, su sentido radica precisamente en la palabra y en la palabra en cuanto que es la forma de comunicación del pensamiento, el pensamiento como comunicación. Su sentido esencial es crear la posibilidad de expresar en común lo que nunca puede expresar suficientemente: Os ruego que digáis lo mismo dice Pablo 1 Cor 1,10 (…). El dogma tiene carácter verbal, su acento primordial no está en el pensamiento sin más, sino precisamente en la palabra, aunque es claro que no en una palabra irreflexiva. Pero esto significa (… que) el fundamento de su obligatoriedad y de su perennidad no es el que se pueda decir sola y exclusivamente así y no de otra manera, sino el que se pueda decir sólo así en común…” (Ratzinger, Teología e historia, 1972, pág. 80). El segundo sitz im leben en el cual se desarrolla el dogma (el primero es la predicación de Jesús transmitida por sus apóstoles) es la liturgia; ella ha dado origen a los primeros himnos cristológicos (Col 1,12-20 y Flp 2,5-11) y a las tradiciones eucarísticas (1 Cor 11,23-26), al igual que al principal dogma cristiano: la Santísima Trinidad (Mt 28,19). El Cardenal Ratzinger afirma que “la primera forma de lo que hoy llamamos «dogma», aparece en la profesión bautismal. Originalmente no se trata de una colección de frases doctrinales que puedan sumarse unas a otras hasta constituir una determinada serie de dogmas escritos en un libro (…)” (Ratzinger, Introducción al cristianismo, 1970, pág. 71).
  5. 5. En el antiguo rito del bautismo, y en el actual ritual de la Iglesia, el sacerdote realizaba tres escrutinios a los catecúmenos: ¿Crees en Dios? ¿Crees en Jesucristo su único Hijo? Y ¿Crees en el Espíritu Santo? A cada una de estas preguntas el catecúmeno respondía “creo”, afirmando así su adhesión a la fe eclesial. 2. Desarrollo del dogma “En la tradición de la fe, hay que distinguir una fase constitutiva, que contiene toda la revelación y que se acaba al mismo tiempo que la Iglesia católica primitiva, y una fase explicativa, que no le añade nada al contenido de la fe, ya que se ha cerrado la revelación, pero que va iluminando las riquezas que en él están contenidas” (Schillebeeckx, 1969, pág. 63). A esta segunda fase es a la que se denomina Historia del dogma, pues, la verdad revelada hasta Jesucristo empieza a desarrollarse y a plasmarse en el lenguaje filosófico del hombre de cada época. Esta fase suele dividirse en tres períodos: 1. Período patrístico: el cual va desde los primeros autores cristianos, posteriores a los apóstoles, hasta el siglo VIII; se caracteriza por el uso profundo de la Biblia, haciendo uso de los símbolos y la alegoría para comentar los textos. Esta teología surge como respuesta a los ataques a la fe cristiana y a las herejías que se presentaban en la interpretación de la revelación, desembocando en un vibrante diálogo entre fe y razón. Es la época de los grandes concilios dogmáticos. Este período se subdivide, a su vez, en otros tres: a) la etapa primera, que es la época de los Padres apostólicos (designados así por su cercanía temporal a los apóstoles); b) la edad dorada en los siglos IV y V, en la cual el pensamiento cristiano alcanza un alto grado de madurez gracias al período de paz inaugurado por el edicto de Constantino en el 313; c) hacia el siglo VIII se da la transición entre la Antigüedad y la Edad media.
  6. 6. 2. Período escolástico: va desde la mitad del siglo VIII hasta mediados del siglo XVII. Se caracteriza por la introducción de un nuevo estilo teológico con método racional, analítico y discursivo, y por el uso de la filosofía aristotélica. Es la época en la que aparecen las grandes Summae, como la de Santo Tomás. 3. Período moderno y contemporáneo: marcado por el racionalismo francés y el empirismo inglés. Se suele dividir en tres épocas: a) continuación de la decadencia en el pensar teológico del siglo XVIII; b) la vuelta a las fuentes bíblicas y patrísticas en el siglo XIX; c) la renovación del Concilio Vaticano II. 3. Continuidad, revelación y dogma El dogma de más reciente declaración, afirma la Iglesia, tiene su origen en la revelación misma de Dios; de manera que, su actual definición se convierte en una expresión nueva de lo que ya Dios había mostrado y que por la tradición de la Iglesia llegó hasta el hoy de la historia para formularse en términos inteligibles para el hombre contemporáneo. Por ello, “la tradición no es más que el hecho de escuchar incesantemente de nuevo, en la gracia, el suceso revelado que ha recibido su expresión constitutiva en la Iglesia apostólica y en sus Escrituras” (Schillebeeckx, 1969, pág. 171). “Un dogma es, por tanto, la expresión eclesial auténtica de una verdad revelada (…). Este sitz im leben (contexto) no altera la fe original, sino que permite precisamente entenderla en la situación contemporánea.” (Schillebeeckx, 1969, pág. 268). Conclusión Dios, movido por su gran amor, siempre ha hablado a los hombres como a amigos para invitarlos a la comunicación con Él. La plenitud de esa revelación ha sido el misterio de la encarnación, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo (Dei Verbum 4), quien con sus gestos y palabras ha dado a conocer la interioridad del
  7. 7. Padre (Jn 14,9-11). Cristo ha cerrado la revelación de Dios, pero ha inaugurado el tiempo de la Iglesia, la cual, siempre volverá a sus fuentes (Cristo, Palabra y Tradición) para beber de la novedad de la revelación, y así alentar a la Iglesia peregrina, a través de sus formulaciones dogmáticas, en su caminar a la consumación de la historia, cuando Dios será todo en todos (1 Cor 15,28). Bibliografía Ratzinger, J. (1970). Introducción al cristianismo. Salamanca: Sígueme. Ratzinger, J. (1972). Teología e historia. Salamanca: Sígueme. Ratzinger, J. (2010). Exhortación Apostólica Postsinodal Verbum Domini. Vaticano. Schillebeeckx, E. (1969). Revelación y teología. Salamanca: Sígueme.

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