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Leccion 13 | Libro Complementario | El evangelio de Santiago, segun Isaias | Escuela Sabática

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Leccion 13 | Libro Complementario | El evangelio de Santiago, segun Isaias | Escuela Sabática

  1. 1. 13 El evangelio de Santiago, según Isaías A estas alturas de nuestra conversación, seguro que habrás notado la frecuen­ cia con que usé el Antiguo Testamento al escribir mi libro. Que lo hiciera no es nada fuera de lo común, ya que esta era la "única Biblia" que existía en mis días. Proverbios, Amos y Job, solo por mencionar algunos de los libros que utilicé, me enseñaron algo importante. Sin embargo, el impacto que el libro del profeta Isaías tuvo en mi comprensión del evangelio merece una mención especial. Isaías me ayudó a entender qué es en realidad la religión verdadera y que esta solo puede practicarse en respuesta a la invitación de buscar a Dios (Isa. 55:6). Por eso me gustaría hablarte un poco más sobre dicha invitación. Estoy seguro de que hacerlo nos ayudará a entender todavía mejor qué implica, en la práctica, hacer de la religión «pura y sin mancha» parte de nuestro estilo de vida. Anhelo de todo corazón que captarlo te sea tan útil y provechoso como lo fue para mí. Cuando buscar es algo más ¿Recuerda aquella ocasión en que, desesperado, buscaba sus llaves por toda la casa hasta que por fin notó que las llevaba en el bolsillo? Para quienes la pacien­ cia aún no es un atributo, buscar suele ponernos a prueba, e incluso puede resultar desagradable. Sobre todo si tenemos prisa, o no hay a quien preguntarle (o culpar) por aquello que buscamos. Pero agradable o no, los seres humanos constantemente estamos buscando algo, ya sea un objeto, una persona o incluso un sentido a la vida. Por ello, como muchas otras acciones importantes, buscar puede convertirse en algo muy pro­ ductivo, siempre y cuando lo hagamos acertada y oportunamente. De ahí que la Biblia también resalte esta acción para enfatizar específicamente la importancia
  2. 2. 148 • Santiago. Un hermano de Jesús nos enseña a vivir la fe de establecer una relación con Dios: «¡Buscad a Jehová mientras puede ser halla­ do, llamadle en tanto que está cercano!» (Isa. 55:6). El imperativo usado en este versículo proviene del verbo hebreo darash, muy común en el Antiguo Testamento, y cuyo significado básico es el de «buscar cui­ dadosamente».1Sin embargo, la particularidad de esta búsqueda es que el propó­ sito principal de ella no es el de encontrar algo, sino el de conocer o entender algo sobre lo que se está buscando. Por ello, al referirse al conocimiento o aprendizaje que se espera obtener gracias a esta búsqueda, este verbo también puede traducirse como "preguntar", "consultar" o "escudriñar" (Lev. 10: 16; 1 Sam. 28: 7; Esd. 7: 10). Sin embargo, como era de esperar, en la Biblia buscar a Dios es mucho más que un mero ejercicio intelectual. Por ello, a fin de comprender mejor la riqueza y la utilidad del significado que se haya detrás de esta importante invitación, le in­ vito a notar cómo la utiliza especialmente el profeta Isaías para instarnos a buscar a Dios de la manera y en el momento correctos. Buscando correctamente Que sea necesario buscar a Dios no se debe, por supuesto, al hecho de que esté escondido. No obstante, pese a que la Biblia nos presenta a un Dios siempre accesible, también testifica que no siempre hemos aprovechado tan favorable dis­ posición de nuestro Creador. Por lo tanto, puesto que nuestro destino eterno podría estar en peligro al descuidar algo tan trascendental,2 creo que cuando hablamos de buscar a Dios (o invitamos a alguien a hacerlo), tendríamos que asegurarnos de entender mejor lo que esto implica. Por ejemplo, si buscar a Dios equivale también a consultarlo, quien lo hace tendría que estar dispuesto a escucharlo con atención, así como a considerar muy en serio las instrucciones que dicha consulta arroje.3 ¿Acaso no es eso lo que ha­ ríamos si, tras escuchar el diagnóstico de nuestro médico, realmente quisiéramos sanar puesto que valoramos nuestra salud? ¿No sería esta la forma correcta y más lógica de aprovechar el tiempo y los recursos invertidos en dicha consulta? No obstante, en la práctica, algunas veces intentamos buscar a Dios de ma­ nera equivocada, como si hacerlo fuera semejante a seguir las instrucciones del manual de algún aparato electrónico. Y es que así como podríamos pasar saltan­ do de un párrafo a otro, movidos tal vez por la simple curiosidad, pero al final no entendiéramos lo que el fabricante de dicho aparato esperaba, nuestra búsqueda de Dios también podría limitarse a la curiosidad o a la mera conveniencia. Según el capítulo 58 del libro de Isaías, es algo que, lamentablemente, tam­ bién se dio en la práctica religiosa del pueblo de Dios de aquellos días:
  3. 3. 13. El evangelio de Santiago, según Isaías • 149 ¡Clama a voz en cuello, no te detengas, alza tu voz como una trompeta! ¡Anun­ cia a mi pueblo su rebelión y a la casa de Jacob su pecado! Ellos me buscan cada día y quieren saber mis caminos, como gente que hubiera hecho justicia y que no hubiera dejado el derecho de su Dios. Me piden justos juicios y quieren acer­ carse a Dios. [...] He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio interés y oprimís a todos vuestros trabajadores (Isa. 58:1-3). Pero si el pueblo, tal como dice este pasaje, buscaba «cada día» a Dios, ¿por qué entonces el Señor parece reprochárselo? ¿Acaso no es eso lo que Dios espera­ ba que hicieran? Lejos de contradecir o desalentar nuestra búsqueda continua de Dios, la intención de este pasaje es otra, a saber, aclararnos que nuestra búsqueda de Dios ha de hacerse por los motivos correctos y que, además, también tiene que ir acompañada de un cambio en nuestro estilo de vida; algo que tanto los israeli­ tas como nosotros debiéramos haber entendido ya con claridad. Piénselo un momento, ¿acostumbra usted a "encomendarse a Dios" antes de empezar sus actividades diarias y pedir su bendición antes de salir a la escuela o al trabajo? Si suele hacerlo, ¡felicidades! Seguro que muchos de sus vecinos y com­ pañeros de trabajo no lo hacen. Sin embargo, buscar a Dios es más que eso. ¿Lee alguna meditación junto con su familia al iniciar el día, o leyó hoy la par­ te correspondiente a su lectura del "año bíblico"? ¡Enhorabuena! Eso es más que el 6% que nunca lo hace, el 7% que solo lo hace cuando tiene tiempo y el 26% que solo lo hace ocasionalmente.4Sin embargo, buscar a Dios es mucho más que eso. ¿Aprovecha y participa regularmente en los programas de vigilia y ayuno orga­ nizados en su iglesia? ¡Excelente!5 Pero recuerde, buscar a Dios es mucho más que eso. No más complejo o más difícil, sino algo más profundo y, por supuesto, algo mucho más significativo que cumplir con una lista de "actividades (¿rutinas?) piado­ sas". De hecho, eso es a lo que se refiere el resto del capítulo 58 del libro de Isaías: «¿Es este el ayuno que yo escogí: que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como un junco y haga cama de telas ásperas y de ceniza? ¿Llamaréis a esto ayuno y día agradable a Jehová?» (Isa. 58: 5). Resulta evidente, pues, que Dios no reprocha a su pueblo que lo busque, sino porque hacerlo, para ellos, se había convertido simplemente en una costumbre religiosa, cuyo efecto no se evidenciaba en sus acciones cotidianas: El ayuno que yo escogí, ¿no es más bien desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, dejar ir libres a los quebrantados y romper todo yugo? ¿No es que compartas tu pan con el hambriento, que a los pobres errantes albergues en casa, que cuando veas al desnudo lo cubras y que no te escondas de tu hermano? (Isa. 58: 6, 7).
  4. 4. 150 • Santiago. Un hermano de Jesús nos enseña a vivir la fe Por io tanto, en esencia, el profeta Isaías parece decirnos aquí que, si buscar a Dios no trae como resultado hacernos más sensibles a las necesidades de los demás (Isa. 58: 5-8), si no va acompañado de un trato más equitativo y justo a nuestros seme­ jantes (58: 3, 4, 9), ni se caracteriza por la fidelidad que el Señor espera (58: 13, 14), quienes nos rodean probablemente percibirán que somos "religiosos", pero difícilmen­ te nos identificarán como aquellos cuyo estilo de vida está en armonía y en cohe­ rencia con el carácter del Dios a quien decimos haber "encontrado": En el juicio se examinará el empleo que se haya hecho de cada talento. ¿Cómo hemos empleado el capital que el cielo nos concediera? [...] ¿Hemos perfeccio­ nado las facultades que fueran confiadas a nuestras manos, a nuestros corazo­ nes y a nuestros cerebros para la gloria de Dios y provecho del mundo? ¿Cómo hemos empleado nuestro tiempo, nuestra pluma, nuestra, voz, nuestro dinero, nuestra influencia? ¿Qué hemos hecho por Cristo en la persona de los pobres, de los afligidos, de los huérfanos o de las viudas? Dios nos hizo depositarios de su santa Palabra; ¿qué hemos hecho con la luz y la verdad que se nos confió para hacer a los hombres sabios para la salvación? No se da ningún valor a una mera profesión de fe en Cristo, solo se tiene por genuino el amor que se muestra en las obras. Con todo, el amor es lo único que ante los ojos del cielo da valor a un acto cualquiera. Todo lo que se hace por amor, por insignificante que aparezca en opinión de los hombres, es aceptado y recompensado por Dios.6 De ahí que el notable imperativo de buscar a Dios, en Isaías 55, vaya acom­ pañado de otras exhortaciones no menos importantes: ¡Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano! Deje el impío su camino y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar (Isa. 55: 6, 7). Sí, buscar a Dios significa procurar decididamente su presencia en nuestra vida;7significa consultarlo, conocerlo y, por lo tanto, estar dispuestos a aprender de él. Pero, según el profeta Isaías, buscar a Dios de la manera y por los motivos correctos también ha de ir acompañado por la experiencia y los resultados de un cambio de vida, un cambio que evidencie que nuestra religión, además de estar en nuestra mente, también es parte de nuestras acciones cotidianas. Por ello, buscar a Dios no es, ni puede ser, un fin en sí mismo, sino un medio para acercarnos al único que en realidad quiere y puede transformar nuestros pensamientos y nuestra vida entera.8 ¿Está en nosotros el mérito de lograr dicho cambio? No, en lo absoluto. Se halla, más bien, en la siempre constante y misericordiosa disposición que Dios tiene de transformarnos, la cual siempre ha estado a nuestro alcance.9Al respecto,
  5. 5. 13, El evangelio de Santiago, según Isaías *151 notemos nuevamente que el capítulo 55 de Isaías nos dice: «Inclinad vuestro oído yvenid a mí; escuchad y vivirá vuestra alma. Haré con vosotros un pacto eterno, las misericordias firmes a David» (Isa. 55: 3). Hacer caso omiso a tan favorable exhortación, además de poco inteligente, también sería un abierto y peligroso menosprecio por lo que Dios está dispuesto a hacer por nosotros. Por lo tanto, en vez de dejarlo con los brazos extendidos, haría­ mos bien en hacer caso a lo que el Señor nos dice nuevamente mediante el profeta: «Yo me dejé buscar por aquellos que no preguntaban por mí y fui hallado por aquellos que no me buscaban. Dije a gente que no invocaba mi nombre: "¡Aquí estoy, aquí estoy!" Extendí mis manos todo el día a un pueblo rebelde, que anda por mal camino, en pos de sus propios pensamientos» (Isa. 65: 1, 2). Puesto que la implementación de semejante búsqueda no debe ser algo espo­ rádico, ni opcional en nuestra vida, sino algo prioritario,10y puesto que sus resulta­ dos son de carácter eterno, asegurémonos de buscar a Dios realmente de la manera correcta: «Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro cora­ zón» (Jer. 29: 13).“ Tan fructífera búsqueda bien vale el esfuerzo, ¿no le parece? Buscando oportunamente Pero, además que de manera acertada, a Dios también es preciso buscarlo de manera oportuna. De ahí que la Biblia insista en la importancia de buscar a Dios frecuentemente, pero reproche no hacerlo o intentarlo cuando, desde la perspec­ tiva divina, ya es demasiado tarde: «¡Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano!» (Isa. 55:6). Sin embargo, ¿a qué se refiere exactamente el profeta Isaías con las expresio­ nes «mientras puede ser hallado» y «en tanto que está cercano»? ¿Acaso la dispo­ sición de nuestro Dios se limita a los "días hábiles" o a un "horario de oficina"? ¿O es que tal vez está pensando en mudarse pronto? Considerar aquí brevemente un conocido pasaje bíblico nos ayudará a enten­ der mejor a qué se refiere el profeta Isaías. Concentrémonos específicamente en­ tonces en la que, "curiosamente", es la primera ocasión en la que el verbo 'hallar' aparece en la Biblia: «Y puso Adán nombre a toda bestia, a toda ave de los cielos y a todo ganado del campo; pero no se halló ayuda idónea para él» (Gén. 2: 20). Que no se hallara pareja para Adán, según este versículo, no se debía a la falta de opciones o candidatos, sino al hecho de que, entre todos ellos, ninguno resultó ser su «ayuda idónea». Por lo tanto, desde el mismo inicio de las relacio­ nes humanas, la Biblia enfatiza que hallar a alguien no tiene tanto que ver con las distintas opciones de búsqueda, sino con lo oportuno e idóneo que resulte dicha
  6. 6. 152 • Santiago. Un hermano de Jesús nos enseña a vivir la fe búsqueda. De ahí que, lejos de insinuamos que el Creador hubiese olvidado algo tan importante, que esperara hasta este momento para crear a Eva se debió a su intención de despertar primero en Adán una necesidad que, tras ser suplida, haría que este apreciara a Eva todavía más: Después de la creación de Adán, toda criatura viviente fue traída ante su pre­ sencia para recibir un nombre; vio que a cada uno se le habia dado una compa­ ñera, pero entre todos ellos no habia "ayuda idónea para él". [...] El hombre no fue creado para que viviese en la soledad; habia de tener una naturaleza socia­ ble. Sin compañia, las bellas escenas y las encantadoras ocupaciones del Edén no hubiesen podido proporcionarle perfecta felicidad. [...] Dios mismo dio a Adán una compañera. Le proveyó de una "ayuda idónea para él", alguien que realmente le correspondía, una persona digna y apropiada para ser su compañe­ ra y que podria ser una sola cosa con él en amor y simpatía.12 Pero saber esto, en el contexto de buscar oportunamente a Dios, es toda­ vía algo mucho más útil e instructivo. Al aclararnos que entre todos los seres creados solo Eva había de suplir la necesidad que el hombre tenía de relacionarse con alguien semejante a él, la Biblia ciertamente resalta la importancia que Dios siempre ha concedido a las relaciones. Por ello, siendo que, en esencia, buscar a Dios también consiste en relacionar­ nos con alguien,13en este caso, con el único capaz de suplir todas nuestras necesi­ dades, "hallarlo", tal como se expresa en el relato de Génesis, tiene que ver defini­ tivamente también con la idoneidad de dicha relación que, gracias a la iniciativa divina, el Creador estableció desde el principio con el ser humano y siempre ten­ dría que haberse mantenido en estado óptimo. No obstante, con el paso del tiempo, semejante privilegio fue sustituido por un sinfín de costumbres politeístas de las cuales, lamentablemente, también par­ ticiparon aquellos que, tras liberarlos, Dios eligió como su pueblo. Así, la nación israelita desaprovechó durante años (unos 700 en el reino del norte, y 800 en el del sur) tan grandiosa bendición. De ahí que Isaías también resalte las consecuencias que el pueblo acarreó por no haber buscado a Dios mientras pudo hacerlo, mien­ tras estuvo «cercano» a él: «Pero el pueblo no se convirtió al que lo castigaba ni buscó a Jehová de los ejércitos» (Isa. 9: 13). «¡Ay de los que descienden a Egipto en busca de ayuda, confían en los caballos y ponen su esperanza en los carros, porque son muchos, y en los jinetes, porque son valientes; pero no miran al Santo de Israel ni buscan a Jehová!» (Isa. 31: 1). Por esta razón no tendría que extrañarnos que los profetas también usen el verbo 'buscar', aunque para referirse a las causas de la niptura de la relación entre Dios y su pueblo, así como a sus terribles consecuencias: «Los esparcirán al sol y a la
  7. 7. 13. El evangelio de Santiago, según Isaías • 153 luna y a todo el ejército del cielo, a los cuales amaron y sirvieron, en pos de los cua­ les anduvieron, a los cuales consultaron y ante los cuales se postraron» (Jer. 8: 2). «Porque los pastores se han vuelto necios y no han buscado a Jehová; por eso, no prosperaron y se dispersó todo su rebaño» (Jer. 10: 21; ver también 2 Cró. 25: 15). ¡Tal fue el triste resultado de no haber buscado a Dios de manera oportuna! Dios esperaba que, de hecho, aquella búsqueda caracterizaría el estilo de vida de aquellos a quienes había dado tan grandes privilegios: «Hombre, él te ha declarado lo que es bueno, lo que pide [busca] Jehová de ti: solamente hacer justicia, amar misericordia y humillarte ante tu Dios» (Miq. 6: 8). Es tiempo de buscar Por esa razón, en otro libro, el de Crónicas, buscar a Dios es una característica especialmente positiva de los dirigentes y del pueblo de Dios antes del cautiverio babilónico, pero también la actitud lógica que se esperaba que asumieran todos aquellos que, tras finalizar el exilio, tuvieron la oportunidad de regresar a Judea:14 Aplicad, pues, ahora vuestros corazones y vuestras almas a buscar a Jehová, vuestro Dios. Levantaos y edificad el santuario de Jehová Dios, para traer el Arca del pacto de Jehová, y los utensilios consagrados a Dios, a la casa edi­ ficada al nombre de Jehová (1 Cró. 22; 19). Ahora, pues, delante de todo Israel, congregación de Jehová, y de nuestro Dios que nos escucha, guardad y observad todos los preceptos de Jehová, vuestro Dios, para que poseáis la buena tierra, y la dejéis en herencia a vues­ tros hijos después de vosotros perpetuamente (1 Cró. 28: 8). En todo cuanto emprendió en el servicio de la casa de Dios, de acuerdo con la Ley y los mandamientos, buscó a su Dios, lo hizo de todo corazón, y fue prosperado (2 Cró. 31: 21). ¿Comprende ahora mejor por qué es necesario buscar a Dios y por qué hay que hacerlo de manera oportuna? Puesto que buscamos a Dios, no por­ que se esconda de nosotros, sino porque estando «cercano» y haciendo todo lo posible para que lo hallemos, sería bueno atender con prontitud el consejo de otro profeta: «Sembrad para vosotros en justicia, segad para vosotros en misericordia; haced para vosotros barbecho, porque es el tiempo de buscar a Jehová, hasta que venga y os enseñe justicia» (Ose. 10:12). Finalmente, el imperativo de buscar a Dios oportuna y constantemente tam­ bién tiene otro propósito. Dado que buscar a Dios, como ya se ha mencionado,
  8. 8. 154 • Santiago. Un hermano de Jesús nos enseña a vivir la fe también es un medio para ser perdonados y transformados por él (Isa. 55: 7), hacer­ lo nos asegura que pronto hemos de disfrutar no solo de nuestra propia trans­ formación, sino también de la plena restauración que el Creador hará en este planeta: «Acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las gentes; y su habitación será glo­ riosa» (Isa. 11:10; compare con Apo. 21). «Será el Sarón redil de ovejas y el valle de Acor majada de vacas, para mi pueblo que me buscó» (Isa. 65: 10). Acudamos pues diariamente a Dios y vayamos a él dispuestos a practicar una vida en la que él sea verdaderamente lo primero y lo más importante. ¡Busqué- moslo de todo corazón y, al hacerlo, recordemos que dicha búsqueda no solo nos conducirá a disfrutar del nuevo Edén, sino también a conocer y experimentar en plenitud aquella relación que jamás debió haberse roto con nuestro Creador. Aceptar ia invitación Hace varios años, una dolorosa y peculiar molestia en mis rodillas hizo que mis padres se dieran a la búsqueda del mejor especialista. Recuero que mis padres, deseosos de aliviar mi sufrimiento y hallar la solución a este problema, me llevaron a consultar casi con toda la gama de médicos a nuestro alcance (alópatas, homeópa­ tas, naturistas, etcétera), pero ninguno parecía tener la solución a mi dolencia. Fueron muchos, pues, los hospitales y consultorios que visitamos. Pero nunca ol­ vidaré a aquel médico que, tras mirarme fijamente, me hizo una de las preguntas que mayor impacto han tenido en mi vida: «¿Crees que puedo curarte?» Si bien el único que podía sanarme (y lo hizo) era Dios, definitivamente yo de­ seaba que ese hombre, hasta ese momento desconocido, me ayudara a sanar. «¿Crees que puedo curarte?» Esa era la causa por la que habíamos ido a consultarlo, e incluso esa era la razón por la que mis padres, aunque costosos, pagarían sus honorarios. ¿Por qué deseaba el médico entonces que le respondiera eso? ¿Acaso pensaba que nuestra visita obedecía simplemente a un gesto de cortesía? Hoy entiendo que detrás de dicha pregunta había muchas e importantes im­ plicaciones. No bastaba con haber ido a consultar al médico, yo tenía que estar dis­ puesto a seguir al pie de la letra sus instrucciones. Sin ello, el tratamiento no tendría el efecto deseado. ¿Ve a qué me refiero? ¿Cuánto tiempo hace que buscamos y consultamos a Dios? ¿Cuánto ha cam­ biado nuestra vida desde entonces? ¿Será que ya hemos entendido qué significa realmente encontrarlo tal como lo entendió y ejemplificó Santiago con tanta clari­ dad en su epístola? Cualquiera que sea nuestra respuesta, recordemos que la exhor­
  9. 9. 13. El evangelio de Santiago, según Isaías *155 tación divina sigue siendo la misma: «¡Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano!» (Isa. 55: 6). «Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros» (San. 4: 8). Que, mientras esperamos fiel y pacientemente «la corona de vida que Dios ha prometido a los que lo aman» (San. 1: 12), nuestra fe continúe haciéndose evidente por los resultados de atender todos los días a tan importante invitación. ¡Gracias San­ tiago (y también Isaías) por todo lo que nos has enseñado del evangelio! Referencias 1. En el hebreo bíblico existen dos verbos para referirse a la acción de «buscar»: baqash y darash. Entre ambos, estos verbos aparecen casi 400 veces (225 y 165 veces, respectivamente) en el Antiguo Testamento y, aunque en oca­ siones llegan a utilizarse en un mismo versículo como si fueran sinónimos (Jue. 6: 29; Sal. 38:12; Eze. 34:6; Jer. 29: 13, etc.), el verbo que se usa en Isa. 55: 6 (darash), dado su particular significado, es al que dedicaremos nuestra atención en este capítulo. 2. El profetaAmos enfatiza la trascendencia de esta acción al relacionarla directamente con la obtención de la vida: «Pero así dice Jehová a la casa de Israel: "¡Buscadme yviviréis!"» (Amos 5: 4); note asimismo los versículos 5, 6 y 14 del mismo capítulo). 3. Un buen ejemplo al respecto es el de Rebeca quien, aunque finalmente actuó de manera incorrecta (aconsejan­ do a Jacob que mintiera a su padre), no solo dio importancia al hecho de «consultar a Dios» (Gén. 25: 22). sino que también tomó muy en serio la información que Dios tuvo a bien revelarle a través de dicha consulta. 4. Según los datos de la encuesta realizada a 188 personas titulada «¿Cuantos días a la semana estudias la Biblia y cuantos capítulos?», tal como aparecen en http://foroadventista.org/forum/showthread.phpT14815- %BFCuantas-veces-a-la-semana-lees-la-Biblia-(no-incluye-estudio-de-Lecci%F3n-de-E.S)/page2. Y si bien di­ cha estadística probablemente no sea la más representativa de nuestra iglesia, bien podría seruna realidad gene­ ralizada. 5. No obstante, alrededor de 1,500 millones de musulmanes también practican el ayuno de manera regular, e in­ cluso lo hacen durante todo el mes del ramadán. 6. Elena G. de White, El conflicto de los siglos, cap. 29, pág. 478. 7. "Procurar" también es otra forma de traducir el verbo darash (Jer. 29: 7 y Sal. 109:10). 8. Es el mismo sentido que se halla tras la invitación de Jesús, nuestro mayor y mejor ejemplo: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended [imperati­ vo] de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas» (Mat. 11: 28,29). 9. De hecho, el mismo profeta Isaías dice que nuestra justicia es como «trapo de inmundicia» (Isa. 64: 6). 10. Tan prioritario que el uso del imperativo no solo es gramaticalmente necesario, sino que también es la manera más lógica de enfatizar la necesidad que tenemos de responder a las invitaciones divinas dadas desde el inicio del capítulo 55 de Isaías: «¡Venid, todos los sedientos, venid a las aguas! Aunque no tengáis dinero, ¡venid, comprad y comed! ¡Venid, comprad sin dinero y sin pagar, vino y leche! ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan y vuestro trabajo en lo que no sacia? ¡Oídme atentamente: comed de lo mejor y se deleitará vuestra alma con manjares! Inclinad vuestro oído y venid a mí; escuchad yvivirá vuestra alma» (Isa. 55:1-3). Recuerde que en un cruce peligroso, hacer caso de un imperativo ("ALTO") puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. 11. En la mentalidad de los autores bíblicos, el corazón es mucho más que un órgano vital y no siempre está asocia­ do con los sentimientos, tal como es común en nuestros días. En la Biblia, el corazón se refiere, más bien, a la parte racional del ser humano, a su mente e inteligencia. 12. Elena G. de White, Patriarcas y profetas, cap. 2, pág. 27. 13. Recuerde que la palabra 'religión' proviene del latín religare, que significa "volver a unir". Por lo tanto, ese tendría que ser el propósito principal de nuestras prácticas religiosas, el de unirnos de nuevo a Dios. 14. El propósito del libro de Crónicas, escrito tras el exilio babilónico, viene a ser la contraparte ideal al contenido del libro de Reyes. Mientras que en Reyes se exponen las razones del exilio, en Crónicas se evidencia un gran intento por extraer lecciones positivas incluso de la extinta monarquía israelita, especialmente de algunos de los reyes del sur (2 Cró. 8:11; 2 Cró. 13; 2 Cró. 33). Así, lejos de encubrir los errores narrados en el libro de Reyes, la dimensión y el propósito que tienen en Crónicas ciertos aspectos de su historia habrían de recordar al pueblo judío que Dios lo había hecho regresar de Babilonia a fin de restaurarlo y prosperarlo, siempre y cuando pusiera en práctica los aciertos y no los errores de su pasado.

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