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Lección 12 | Notas de Elena | La iglesia de Cristo y la ley | Escuela Sabática

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Lección 12 | Notas de Elena | La iglesia de Cristo y la ley | Escuela Sabática Segundo trimestre 2014
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Lección 12 | Notas de Elena | La iglesia de Cristo y la ley | Escuela Sabática

  1. 1. www.EscuelaSabatica.es - Ministerio Jesús Padilla © II Trimestre de 2014 Cristo y su Ley Notas de Elena G. de White Lección 12 21 de junio 2014 La Iglesia de Cristo y la Ley: Sábado 14 de junio "Por la fe Noé, habiendo recibido respuesta de cosas que aún no se veían, con temor aparejó el arca en que su casa se salvase: por la cual fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que es por la fe" (Hebreos 11:7). Mientras Noé daba al mundo su mensaje de amonestación, sus obras demostraban su sinceridad. Así se perfeccionó y manifestó su fe. Dio al mundo el ejemplo de creer exactamente lo que Dios dice. Todo lo que poseía lo invirtió en el arca. Cuando empezó a construir aquel inmenso barco en tierra seca, multitudes vinieron de todos los rumbos a ver aquella extraña escena, y a oír las pala- bras serias y fervientes de aquel singular predicador. Cada martillazo dado en la construcción del arca era un testimonio para la gente. Al principio, pareció que muchos recibirían la advertencia; sin embargo, no se volvieron a Dios con verdadero arrepentimiento. No quisieron renunciar a sus pecados. Durante el tiempo que precedió al diluvio, su fe fue probada, pero ellos no resistieron esa prueba. Vencidos por la incredulidad reinante, se unieron a sus antiguos camaradas para re- chazar el solemne mensaje. Algunos estaban profundamente convencidos, y hubieran atendido la amonestación; pero eran tantos los que se mofaban y los ridiculizaban, que terminaron por participar del mismo espíritu, resistieron a las invitaciones de la misericordia, y pronto se hallaron entre los más atrevidos e insolentes burladores; pues nadie es tan desenfrenado ni se hunde tanto en el pecado como los que una vez conocieron la luz, pero resistieron al Espíritu que convence de pecado (Patriarcas y profetas, p. 82). Domingo 15 de junio: De Adán a Noé El primer intento por derribar la Ley de Dios, hecho entre los inmacula-
  2. 2. www.EscuelaSabatica.es - Ministerio Jesús Padilla © dos habitantes del cielo pareció por algún tiempo coronado de éxito. Un inmenso número de ángeles fue seducido; pero el aparente triunfo de Sata- nás se convirtió en derrota y pérdida, y determinó su separación de Dios y su destierro del cielo. Cuando se renovó el conflicto en la Tierra, Satanás volvió a ganar una aparente ventaja. Por la transgresión, el hombre llegó a ser su cautivo, y el reino del hombre cayó en manos del jefe de los rebeldes. Pareció que Sata- nás tendría libertad para establecer un reino independiente y para desafiar la autoridad de Dios y de su Hijo. Pero el plan de la redención hizo posible que el hombre volviera a la armonía con Dios y a acatar su ley; y que tanto la Tierra como el hombre pudieran ser finalmente redimidos del poder del diablo. Otra vez quedaba derrotado Satanás, y otra vez recurrió al engaño, espe- rando transformar su derrota en victoria. Para incitar la rebelión de la raza caída, hizo aparecer a Dios como injusto por haber permitido que el hombre violara su ley. Dijo el artero tentador: "Si Dios sabía cuál iba a ser el resul- tado, ¿por qué permitió que el hombre fuese probado, que pecara, e introdu- jera la desgracia y la muerte?" Y los hijos de Adán, olvidando la paciente misericordia, gracias a la cual se le ha otorgado al hombre otra oportunidad, sin pensar en el tremendo y asombroso sacrificio que su rebelión costaba al Rey del cielo, prestaron oídos al tentador y murmuraron contra el único Ser que podría salvarlos del poder de Satanás. Millares de personas repiten hoy la misma rebelde queja contra Dios. No comprenden que al quitarle al hombre la libertad de elegir, le roban su pre- rrogativa como ser racional y le convierten en un mero autómata. No es el propósito de Dios forzar la voluntad de nadie. El hombre fue creado mo- ralmente libre. Como los habitantes de todos los otros mundos, debe ser sometido a la prueba de la obediencia; pero nunca se le coloca en una situación en la cual se halle obligado a ceder al mal. No puede sobrevenirle tentación o prueba alguna que no sea capaz de resistir. Dios tomó medidas tales, que nunca tuvo el hombre que ser necesariamente derrotado en su conflicto con Sata- nás. A medida que se multiplicaron los hombres sobre la Tierra, casi todo el mundo se alistó en las filas de la rebelión. De nuevo Satanás pareció haber alcanzado la victoria. Pero la omnipotencia divina impidió otra vez el desa- rrollo de la iniquidad y, mediante el diluvio, la tierra fue limpiada de su contaminación moral (Patriarcas y profetas, p. 342, 343). Dios puso al hombre bajo una ley, como condición indispensable para su propia existencia. Era súbdito del gobierno divino, y no puede existir go- bierno sin ley. Dios pudo haber creado al hombre incapaz de violar su ley; pudo haber detenido la mano de Adán para que no tocara el fruto prohibido, pero en ese caso el hombre hubiese sido, no un ente moral libre, sino un mero autómata. Sin libre albedrío, su obediencia no habría sido voluntaria, sino forzada. No habría sido posible el desarrollo de su carácter. Semejante
  3. 3. www.EscuelaSabatica.es - Ministerio Jesús Padilla © procedimiento habría sido contrario al plan que Dios seguía en su relación con los habitantes de los otros mundos. Hubiese sido indigno del hombre como ser inteligente, y hubiese dado base a las acusaciones de Satanás, de que el gobierno de Dios era arbitrario (Patriarcas y profetas, p. 30). Lunes 16 de junio: De Noé a Abraham (Génesis 6:5-9) Los pecados que acarrearon la venganza sobre el mundo antediluviano, existen hoy. El temor de Dios ha desaparecido de los corazones de los hom- bres, y su ley se trata con indiferencia y desdén. La intensa mundanalidad de aquella generación es igualada por la de la presente. Cristo dijo: "Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día que Noé entró en el arca, y no conocie- ron hasta que vino el diluvio y llevó a todos, así será también la venida del Hijo del hombre" (S. Mateo 24:38, 39)... Condiciones semejantes prevalecen hoy día. Lo que es lícito en sí es lle- vado al exceso. Se complace al apetito sin restricción. Hoy muchos de los que profesan ser cristianos comen y beben en com- pañía de los borrachos mientras sus nombres aparecen en las listas de honor de las iglesias. La intemperancia entorpece las facultades morales y espiri- tuales, y prepara el dominio de las pasiones bajas. Multitudes de personas no sienten la obligación moral de dominar sus apetitos sensuales y se vuel- ven esclavos de la concupiscencia. Los hombres viven solo para el placer de los sentidos; únicamente para este mundo y para esta vida. El despilfarro prevalece en todos los círculos sociales. La integridad se sacrifica en aras del lujo y la ostentación. Los que quieren enriquecerse rápidamente corrompen la justicia y opri- men a los pobres; y todavía se compran y venden "siervos, y las almas de los hombres". El engaño, el soborno y el robo se cometen libremente entre humildes y encumbrados. La prensa abunda en noticias de asesinatos y crí- menes ejecutados tan a sangre fría y sin causa, que parecería que todo ins- tinto de humanidad hubiese desaparecido. Estos crímenes atroces son hoy día sucesos tan comunes que apenas motivan un comentario o causan sor- presa. El espíritu de anarquía está penetrando en todas las naciones, y los disturbios que de vez en cuando excitan el horror del mundo, no son sino señales de los reprimidos fuegos de las pasiones y de la maldad que, una vez que escapen al dominio de las leyes, llenarán el mundo de miseria y de desolación... Antes del diluvio, Dios mandó a Noé que diese aviso al mundo, para que los hombres fuesen llevados al arrepentimiento, y para que así escapasen a la destrucción. A medida que se aproxima el momento de la segunda venida de Cristo, el Señor envía a sus siervos al mundo con una amonestación para que los hombres se preparen para ese gran acontecimiento. Multitudes de personas han vivido violando la Ley de Dios, y ahora, con toda misericor- dia, las llama para que obedezcan sus sagrados preceptos. A todos los que abandonen sus pecados mediante el arrepentimiento para con Dios y la fe en
  4. 4. www.EscuelaSabatica.es - Ministerio Jesús Padilla © Cristo, se les ofrece perdón. Pero muchos creen que renunciar al pecado es hacer un sacrificio dema- siado grande. Porque su vida no está en armonía con los principios puros del gobierno moral de Dios, rechazan sus amonestaciones y niegan la auto- ridad de su ley (Patriarcas y profetas, p. 90-92). Martes 17 de junio: De Abraham a Moisés. Después de la dispersión de Babel, la idolatría llegó a ser otra vez casi universal, y el Señor dejó finalmente que los transgresores empedernidos siguiesen sus malos caminos, mientras elegía a Abraham del linaje de Sem, a fin de hacerle depositario de su ley para las futuras generaciones. Abraham se había criado en un ambiente de superstición y paganismo. Aun la familia de su padre, en la cual se había conservado el conocimiento de Dios, estaba cediendo a las seductoras influencias que la rodeaban, "y servían a dioses extraños" (Josué 24:2), en vez de servir a Jehová. Pero la verdadera fe no había de extinguirse. Dios ha conservado siempre un rema- nente para que le sirva. Adán, Set, Enoc, Matusalén, Noé, Sem, en línea ininterrumpida, transmitieron de generación en generación las preciosas revelaciones de su voluntad. El hijo de Taré se convirtió en el heredero de este santo cometido. Por doquiera le invitaba la idolatría, pero en vano. Fiel entre los fieles, incorrupto en medio de la prevaleciente apostasía, se man- tuvo firme en la adoración del único Dios verdadero. "Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras" (Salmo 145:18). Él comunicó su voluntad a Abraham, y le dio un conocimiento claro de los requerimientos de su ley, y de la salvación que alcanzaría me- diante Cristo (Patriarcas y profetas, p. 117). Los ángeles le comunicaron a Abrahán la voluntad de Dios, y Cristo mismo le dio un conocimiento específico de su ley moral y de la gran salva- ción que él ofrecería al mundo. Abrahán fue elegido por Dios para preservar la verdad en medio del pecado y la corrupción; fue dotado con bendiciones especiales por haber sido fiel en guardar sus mandamientos, y su familia fue elegida como un tesoro peculiar. Sin embargo sus descendientes dejaron de adorar al Dios verdadero, se mezclaron con las naciones que no temían ni respetaban a Dios, y gradualmente imitaron sus costumbres, hasta que Dios permitió que siguieran los engaños de sus propios corazones corruptos (Re- view and Herald, 29 de abril de 1875). Abraham era un hombre favorecido de Dios. El Señor dijo: "Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el ca- mino de Jehová, haciendo justicia y juicio" (Génesis 18:19). Abraham fue honrado por Dios porque cultivó la religión en la familia e hizo que el te- mor de Dios penetrase en toda su casa. Es Dios quien dice: "Yo sé que él mandará", es decir, que de su parte no habrá traición del cometido sagrado; no cederá ante nadie, sino ante Dios; hay una ley, y Abraham la guardará; ninguna emoción ciega empañará su sentido del bien ni se impondrá entre Dios y las almas de sus hijos; ese tiempo de indulgencia, que es la crueldad
  5. 5. www.EscuelaSabatica.es - Ministerio Jesús Padilla © más atroz, no hará que Abraham se extravíe (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 516, 517). Miércoles 18 de junio: De Moisés hasta Jesús). Dios se propuso hacer de la ocasión en que iba a pronunciar su ley una escena de imponente grandeza, en consonancia con el exaltado carácter de esa ley. El pueblo debía comprender que todo lo relacionado con el servicio de Dios debe considerarse con gran reverencia. El Señor dijo a Moisés: "Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mañana, y laven sus vestidos; y estén aperci- bidos para el día tercero, porque al tercer día Jehová descenderá, a ojos de todo el pueblo, sobre el monte de Sinaí". Durante esos días, todos debían dedicar su tiempo a prepararse solemnemente para aparecer ante Dios. Sus personas y sus ropas debían estar libres de toda impureza. Y cuando Moisés les señalara sus pecados, ellos debían humillarse, ayunar y orar, para que sus corazones pudieran ser limpiados de iniquidad. Se hicieron los preparativos conforme al mandato; y obedeciendo otra orden posterior, Moisés mandó colocar una barrera alrededor del monte, para que ni las personas ni las bestias entraran al sagrado recinto. Quien se atreviera siquiera a tocarlo, moriría instantáneamente. Jehová se reveló, no solo en su tremenda majestad como juez y legisla- dor, sino también como compasivo guardián de su pueblo: "Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de siervos". Aquel a quien ya conocían como su guía y libertador, quien los había sacado de Egipto, abriéndoles un camino en la mar, derrotando a Faraón y a sus hues- tes, quien había demostrado que estaba por sobre los dioses de Egipto, era el que ahora proclamaba su ley (Patriarcas y profetas, p. 310-313). Dios quería hacer de su pueblo Israel una alabanza y una gloria. Se dio a ellos toda ventaja espiritual. Dios no les negó nada favorable a la formación del carácter que había de hacerlos sus representantes. Su obediencia a la Ley de Dios había de hacerlos maravillas de prosperi- dad delante de las naciones del mundo. El que podía darles sabiduría y habi- lidad en todo artificio, continuaría siendo su maestro, y los ennoblecería y elevaría mediante la obediencia a sus leyes. Si eran obedientes, habían de ser preservados de las enfermedades que afligían a otras naciones, y habían de ser bendecidos con vigor intelectual. La gloria de Dios, su majestad y poder, habían de revelarse en toda su prosperidad. Habían de ser un reino de sacerdotes y príncipes. Dios les proveyó toda clase de facilidades para que llegaran a ser la más grande nación de la tierra (Palabras de vida del Gran Maestro, p. 230, 231). Jueves 19 de junio: Desde Jesús hasta el Remanente. La visión de Zacarías con referencia a Josué y el Ángel se aplica con
  6. 6. www.EscuelaSabatica.es - Ministerio Jesús Padilla © fuerza especial a la experiencia del pueblo de Dios durante las escenas fina- les del gran día de expiación. La iglesia remanente será puesta entonces en grave prueba y angustia. Los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús sentirán la ira del dragón y de su hueste. Satanás considera a los habitantes del mundo súbditos suyos; ha obtenido el dominio de muchos cristianos profesos; pero allí está ese pequeño grupo que resiste su supre- macía. Si él pudiese borrarlo de la Tierra, su triunfo seria completo. Así como influyó en las naciones paganas para que destruyesen a Israel, pronto incitará a las potestades malignas de la tierra a destruir al pueblo de Dios. Se requerirá de los hombres que rindan obediencia a los edictos humanos en violación de la Ley divina. Los que sean fieles a Dios y al deber serán amenazados, denunciados y proscritos. Serán traicionados por "padres, y hermanos, y parientes, y ami- gos" (S. Lucas 21:16). Su única esperanza se cifrará en la misericordia de Dios; su única defensa será la oración. Como Josué intercedía delante del Ángel, la iglesia remanente, con corazón quebrantado y ardorosa fe, supli- cará perdón y liberación por medio de Jesús su Abogado. Sus miembros serán completamente conscientes del carácter pecaminoso de sus vidas, verán su debilidad e indignidad, y mientras se miren a sí mismos, estarán por desesperar... Sin embargo, aunque los seguidores de Cristo han pecado, no se han entregado al dominio de los agentes satánicos. Se han arrepentido de sus pecados, han buscado al Señor con humildad y contrición, y el Abo- gado divino intercede en su favor (Profetas y reyes, p. 431, 432). Toda verdadera obediencia proviene del corazón. La de Cristo procedía del corazón. Y si nosotros consentimos, se identificará de tal manera con nuestros pensamientos y fines, amoldará de tal manera nuestro corazón y mente en conformidad con su voluntad, que cuando le obedezcamos esta- remos tan solo ejecutando nuestros propios impulsos. La voluntad, refinada y santificada, hallará su más alto deleite en servirle. Cuando conozcamos a Dios como es nuestro privilegio conocerle, nuestra vida será una vida de continua obediencia. Si apreciamos el carácter de Cristo y tenemos comu- nión con Dios, el pecado llegará a sernos odioso. A sí como Cristo vivió la ley en la humanidad, podemos vivirla nosotros si tan solo nos asimos del Fuerte para obtener fortaleza. Pero no hemos de colocar la responsabilidad de nuestro deber en otros, y esperar que ellos nos digan lo que debemos hacer. No podemos depender de la humanidad para obtener consejos. El Señor nos enseñará nuestro deber tan voluntariamente como a alguna otra persona. Si acudimos a él con fe, nos dirá sus misterios a nosotros per- sonalmente. Nuestro corazón arderá con frecuencia en nosotros mismos cuando él se ponga en comunión con nosotros como lo hizo con Enoc. Los que decidan no hacer, en ningún ramo, algo que desagrade a Dios, sabrán, después de presentarle su caso, exactamente qué conducta seguir. Y recibi- rán no solamente sabiduría, sino fuerza. Se les impartirá poder para obede- cer, para servir, según lo prometió Cristo. Cuanto se dio a Cristo, todas las cosas destinadas a suplir la necesidad de los hombres caídos, se le dio como a la cabeza y representante de la humanidad. "Y cualquier cosa que pidiéremos, la recibiremos de él, porque guarda-
  7. 7. www.EscuelaSabatica.es - Ministerio Jesús Padilla © mos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él" (El Deseado de todas las gentes, p. 621, 622). Material facilitado por MINISTERIO JESÚS PADILLA © http://escuelasabatica.es/ https://www.facebook.com/jespadill.channel Suscríbase para recibir gratuitamente recursos para la Escuela Sabática

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