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  1. 1. lili? !"lEUHÉHIÉHIIEHIÉÏJIIIÉHI¡EllllíllllElllïélllIEIll¡Eli! IEIHlÉIllYE-IIIÉIlIIÏ-¿llllg APORTES de MEXICO alla MEDICINA , 'lll_= —_-_lllláliil-_z_lliiíiillÉlI¡ÉlulÏéliuÉHHÉHuÉllllÉllllÉllllámlgllnállilállll llll 5"": lllE-lllE-‘(HÉ llllílllléllllá g zum llllíl ll ¡L! fi: fi sun:
  2. 2. lilálllléllllílill APORTES de MEXICO a la MEDICINA llllïellll-Ïeliilfizlil lujrïllllïllliïïllllïlllrïllllïsllirámïéluIïíluléuligialrïélsilélllKimlzlinzlulïlmïuuáxul; ol’ ° La me icma l! ’ E o fi antes de lla Conquista i? ” :2 íïzilsigliizjrgllnïéliuguuánililill; :iniéuilïliiiïzïiivfiïïs ÏÉHHÉIiilïllllïllillïilllSïillllá Autor: HUGOABROWN Asesoría: DR. CARLOS VIESCA TREVIÑO Sociedad Mexicana de Historia y Filosofía de ¡a Medicina LA INVESTIGACIÓN SOBRE LA HISTORIA DE LA MEDICINA EN MÉXICO HA SIDO PATROCINADA POR INICIATIVA DE GLAXO DE MÉXICO COMO UN APORI-‘E A LA COMUNIDAD MÉDICA MEXICANA INDICE EL DIFICIL COMIENZO . . . . . . . .18 Recuadro: los medicamentos animales .19 Recuadro: El tabaco . . . . . . . . . . . .2) DOS AGUDAS POLEMICAS . . . . . .22 Rccuadm: Lo frío y lo caliente: EL DORADO MEDICINAL UNA MEDICINA DIFERENTE . . . . Recuadm: L1 obstetricia EL MEDICO PREHISPANICO . . . . . Recuadm: La cirugía: Arte guerrera . . . LA SALUD PUBLICA Recuadro: Una odontologfa avanzada . . LA TERAPEUTICA RESULTANTE . LAS HIERBAS SAGRADAS EL PRIMER APORTE APROVECHADO . . . . . . . . . . . . . 17 Un principio clínico . . . . . . . . . . . . .25 CONCLUSION: ¿TESORO DESAPROVECHADO? . .26 Recuadm: Las tnepanaciones: ¿Un intento de neurocirugía? . . . . . . .27 Recuadm: El lemascal . . . . . . . . . . .28 APORTHGMEKKDDhMEDICINA. 1990 ©HugoBmvnAmodiySupuvH6mDtnCIloeVua1ïwBa l990©EditoridAmnquanemn. SBN:96&7hlS4l-5(0hrlCoIwlflI)y flÏAzSGÉIoILEdIMHnIAmOqInGeQASAGeCV. RnnfloúCPJflmAmemnemEdodeMesPthRlEÜdMruBnhpnGIIndeMEcQCentuwÜZCoL GnnJIIBI-nnnldn. C-PAHBIQMexicoDEmummenmdónuaammmdmrudaflaqmmpmdmdmmmhcbnmfimamk: noooejnplnm
  3. 3. arece probable que el primero en llevar a Euro- pa noticias sobre los mi- lagros curativos que lograban los habitantes de América, utilizando sólo hierbas y encantamientos, ha- ya sido Cristóbal Colón, si bien es- to no está documentado. Los relatos de Hernán Cortés, donde expresa su admiración hacia las tiendas de herbolaria y su asombro ante la multiplicidad de presentaciones y principios medi- cinales que halló en la Gran Te- nochtitlan, se hallan en cambio perfectamente conservados en sus Cartas de Relación dirigidas al Emperador Carlos (Primero de España, Quinto de Alemania, de acuerdo con ser doble casa real. Posteriormente, Bernal Díaz del Castillo, el relator por excelen- cia de la Conquista, confirmó ple- namente lo observado por Cortés. La situación político-militar de Carlos, sin embargo, no era la más adecuada para permitirle prestar atención a informaciones referi- das a nuevos instrumentos tera- péuticos. Su interés por el Nuevo Mundo se limitaba básicamente a determinar las ventajas materiales —el oro y las materias primas de manera principal- que pudieran contribuir a financiar sus guerras. Entre estas ventajas materiales, figuraba la comercialización de al- gunas especias vegetales muy soli- citadas en la Metrópoli (tales como la vainilla, el tabaco y otras). 2 l l l l Q""”", '{""/ “ ' L ¡ÁIMpJ/ JIÍÏL QÍCNÏI-¿tíxgl/ ¿ÍÏQXÜ/ Lfim i114; r ) LLCÏ, __ÏC_-C, .__. Q" " l‘ x . ... . . 41A m. .. I- _ Rflïíiffi lun: — ‘ziafraívfilvxm. _ g Il mi: ¡zjrdzrtrzc/ ¡‘fiut/ Ïflráïn ¡zmfifnr , 711o ¡wz/ aa ¿nuca ¿from t/ mflrza‘ cf r 4/. mw akmwmexavríarts naafinháíg ‘ i»: 47m: ¡E1341 ¿fr/ Fé 54115‘ íïíuafuráfú, [gin/ á W, n‘ É mma/ Ívxf “má: r/ arrflñk‘ ÍÍa uaám ¿inf? Hex/ ía! !! ¡W172 7 Sá“ ymgg fipykfi ffffiïv/ g ¡»í 1' cía: . 4171/14 ná, «fr/ alarm? ¿"fio/ L cera: 6%}; d”; d/ llí-‘dfl f; ‘la ta, ’ Olé r 7 ,7 7 f‘ y ¿k “f? ‘vfiíllymfit’. (513%; ttacsfdflÉtïy/ áfifiílgï iitïxzazgnfl {Wait juli” Nofífi; efrg‘ flgfigï “ *? *;s‘. .¡4¡¿ asia «¡pm V» a5”- WÏ" WW“ ‘i I, ¿la Adam: 59m4 r/ «¿xac tra/ Á Virúüredr Wii I, ‘ 4 el? Í Íïíafilt rtizfiti {WW 5", " ¿f V 4 «(cum IJaÍÉÍC-f ïáfifihifl" Cádtce de la Cmz-Badiano: clave para el conocimiento médico prehispánico.
  4. 4. La higiene ocupaba un lugar importante en la vida cotidiana del mexica. Figuras de higiene cotidiana (Códice Badiano) Se hicieron diversos intentos en este sentido; Francisco de Mendo- za, hijo del virrey de Mendoza, ha- bía iniciado en Cuernavaca un sembradío de especies con destino a la comercialización. CarlosV, porsu parte, habíacon- cedido a sus banqueros de la casa Fugger (los mismos que lo financia- ran en la compra de los electores que lo hicieron emperador) el mo- nopolio para la comercialización del guayacán en Europa. Posiblemente por gestión de Mendoza, se interesa por las nue- vas hierbas americanas el médico sevillano Nicolás Monardes; no existen pruebas, pero sí indicios, de que Monardes se hubiera aso- ciado con Mendoza en el negocio de la comercialización de hierba. Monardes realizó una serie de trabajos de observación de efectos. terapéuticos de algunas hierbas del Nuevo Mundo; publicó sus re- sultados en una serie de fascículos que hicieron mucho por divulgar la existencia de una nueva farma- copea. Sin embargo, Monardes nunca visitó América, ysólo conoció unas pocas especies vegetales con ac- ciones terapéuticas, de modo que el interés científico de Europa por las hierbas americanas empezó a despertarse de manera lenta. Fue en este contexto que se re- dactó la primera gran obra des- criptiva de la medicina mexicana prehispánica: el Libelus. de Medi- cinalibus Indorum Her-Iris, más co- nocido como “Códice Badiano”, si bien esta denominación significa una injusticia para su verdadero autor: Martín de la Cruz. La obra está dedicada, precisa- mente, a Francisco de Mendoza. No consta que él se la hubiera co- misionado a Fray Jacobo de Gra- do, presidente del Colegio de Tlatelolco, pero dados sus intere- ses, la hipótesis no es despreciable. El padre Grado le encargó al médico indígena Martín de la Cruz compilar un tratado exhaustivo so- bre la terapéutica utilizada por los mexicas. Este tratado, posterior- mente traducido al latín por el in- dígena cristianizado Juan Badiano, se transformó en una de las fuentes imprescindibles para conocer y comprender el elevado grado de perfección que había al- canzado la medicina mexica. El objetivo del padre Grado no era, precisamente, propagandizar las habilidades de los medicos del pueblo conquistado, sino sencilla- mente recuperar el estipendio anualque laRealHacienda de Car- los le tenía asignada y que, alrede- dor de 1540, se había interrumpido. De modo que se preparó un vo- lumen de gran lujo, primorosa- mente ilustrado por tlacuilos, y se 3
  5. 5. le envió a España, ostensiblemen- te a Felipe II, que ya había sucedi- do a Carlos V. Dicho volumen llegó a la Corte probablemente en 1553; no hay ninguna constancia de que hubie- ra llegado a las manos del Rey, pero es altamente probable que Monardes lo hubiera conocido y utilizado. Durante unos cuantos años, no hay evidencias de que el . LibeIum. ... hubiera circulado mucho, pero en la década de los sesentas (siempre hablando del siglo XVI, por su- puesto) se produjo un súbito rena- cimiento del interés de la Corte española por los medicamentos in- dígenas del Nuevo Mundo. Dicho renacimiento no tuvo un móvil científico sino comercial: los portugueses habían comprendido el valor de las plantas medicinales de sus colonias, y hasta habían pu- blicado su propio libro titulado Tratado dos simples medicinales. das Indias. Los mercaderes portu- gueses estaban ganando una posi- ción dominante en el mercado europeo de hierbas medicinales, y los tesoreros de Felipe II, de ma- nera especial Juan de Ovando, hi- cieron mucho por fomentar la investigación y el cultivo de varias especies. Felipe ordenó dos expediciones de investigación, una a América, a cargo del protomédico Francisco Hernández, y la otra a la India, bajo la dirección de Cristóbal de Acosta. Hernández cumplió concienzu- damente el encargo, y produjo to- da una serie de obras, en las que se incorporan la observación, la reco- pilación de testimonios y el análi- sis, de las cuales la más importante fu e Rerum Medicarum Novae His- panias Thesaurus sev Plantarum. Animalium. Mineralium Mexicano- mm. 4 El cohuaxcoyolin, hierba utilizada para aliviar el glaucoma (Códice Badíano) Su trabajo en México generó mucho interés y contribuyó a im- pulsar la organización de los servi- cios médicos en este país. Parece haber tenido una firme y fructífera amistad con Francisco Bravo, con quien trabajó arduamente en el Hospital Real de las Indias ensa- yando y observando los efectos de muchas de las plantas que había recolectado en el curso de sus in- vestigaciones. En España, sin embargo, pare- ce que su influencia fue escasa, y las ediciones importantes de sus obras no se realizaron hasta bas- tente después de su muerte. Esto se puede explicar, por lo menos en parte, por el hecho de que los gobernantes de España de aquel entonces estaban más preo- cupados por extraerle a la Ciencia sus beneficios para la guerra, que estudiar sus hallazgos para la sa- lud. Pero la lectura de la propia obra de Hernández sugiere otra expli- cación, posiblemente más a fondo: las hierbas que estudiaba el proto- médico de Felipe II estaban en- marcadas dentro de una Medicina totalmente diferente de la que él conocía. Era diferente la patoge- nia, diferente el diagnóstico y, qui-
  6. 6. zas lo más fundamental, era diferente el paciente. Hernández, en sus diversas obras, pone claramente de mani- fiesto el choque cultural entre las dos medicinas. Por una parte, re- clasifica parte de las hierbas que estudia, de acuerdo con linea- mientos galénicos en materia mé- dica, y plinianos en lo que se refie- re a historia natural. No está de acuerdo con muchos usos indíge- nas de las hierbas y lo discute por escrito. En cuanto a todo el siste- ma filosófico de los médicos novo- hispanos, y su interpretación particular de la salud y la enferme- dad, no parecen interesarle en ab- soluto, porque reinterpreta grandes capítulos, con completo desprecio por los objetivos y con- cepciones de la medicina nahuatl que estudiaba. Ante esta situación, resulta lógi- co que, por más que las acciones farmacológicas de las plantas estu- diadas por Hernández fueran re- ales, fueron relativamente pocas las que pudieron ser incorporadas de manera inmediata a una farma- copea europea. Hubo, a no dudar- lo, contribucionesimportantísimas de la Medicina americana a la eu- ropea, y algunas de ellas siguente- niendo vigencia en nuestros días (como la ipecacuana, por ejem- plo), pero hubo también infinidad de productos de la herbolaria ame- ricana que fueron pasados por alto porlos médicos europeos, sencilla- mente porque no pudieron hallar la manera de incorporarsus efectos dentro de sus esquemas clínicos y terapéuticos. Y hubo algunos más que, ha- biendo sido incorporados con grandes esperanzas, en la consabi- da búsqueda de la panacea (caso de la zarzaparrilla), fueron demos- trando con la experiencia sus limi- taciones y quedando relegadas. UNA MEDICINA DIFERENTE a medicina indígena estu- diada por Hernández, al igual que la descrita por Martín de la Cruz, Sahagún, del Castillo y otros, fue fundamental- mente la practicada por los habi- tantes de Tenochtitlan, Teotihua- can y otras grandes urbes del alti- plano central de México. No se sabe a ciencia cierta en qué medida esta medicina haya re- cibido aportes de otros pueblos ve- cinos en el tiempo y el espacio, pero dadas las características de la expansión mexica (mal llamada “azteca”), con los lazos comercia- les extendidos hasta regiones muy lejanas (según testimonios, hasta Guatemala), esta interacción pa- rece probable. Los pocos testimonios sobre prácticas curativas entre otros pueblos —tales como mayas, huas- tecos, teotihuacanos, totonacas, olmecas o tolteeas- sugieren sufi- ciente cantidad de denominadores comunes como para creer que, si no había raíces comunes, por lo menos los intercambios culturales fueron considerables. Si se habla pues del ejercicio de las artes de curar entre los mexicas, se estará brindando también una idea bastante fiel de lo que era este ejercicio en otros pueblos, si bien hay inevitables diferencias que se mencionarán oportunamente. En primer lugar, la dificultad principal con la que debieron tro- pezar Hernández y sus seguidores fue la concepción de la enferme- dad. Entre los indígenas america- nos la enfermedad era un ente en el que participaban elementos natu- rales y espirituales, que ellos plan- teaban como un continuum, sin plantear ninguna distinción. En lo referente a la patogenia, los ele- mentos espirituales (que a su vez tenían una gran carga social) pesa- ban mucho más que los naturales. Dichos elementos espirituales podían provenir de los dioses o de los hechiceros; esto, generalmen- te, podía determinarse de acuerdo con la fuerza que podía percibir- se en la enfermedad. Si provenían de los dioses, po- dían estarle planteando al enfer- mo diversas posibilidades: a) un castigo, b) una prueba, y c) una manifestación del ciego destino, a la que todos los hombres debían fatalmente someterse. Si provenía la enfermedad de algún conjuro realizado por un he- chicero, podía estar motivada por una venganza, por un acto de en- vidia, o por un atentado destinado a lograr alguna ventaja material por parte de un enemigo del enfer- mo. Las manifestaciones que estas intervenciones sobrenaturales po- dían inducir en el enfermo eran muchas y variadas, pero los diver- sos sistemas curativos de los indí- genas mexicanos solían codificar- 5
  7. 7. las en unos pocos grandes cuadros, que les ayudaban a identificar el agente causal. Por ejemplo, Sahagún informa que el ticitl (nombre que se les daba alos hechiccros) nahua de la Sierra de Orizaba identificaba cuatro grandes cuadros: Primero, la introducción, por obra de magia negra, de algún objeto extraño dentro mismo del cuerpo del en- fermo . Segundo, la inflicción de heridas o introducción de objetos en un muñeco confeccionado a se- mejanza del enfermo, y que repre- sentaría el tótem del mismo (concepto sumamente complejo, que significa algo asícomo el ante- pasado simbólico, que se halla re- lacionado también con ciertos clanes y fechas calendáricas); esta herida podría haber sido inflingida también al nahualli (otro concepto de difícil “traducción” a términos occidentales contemporáneos, pe- ro que significaría el “doble ani- mal” del enfermo), y se manifesta- ría en sufrimientos y hasta la muer- te del enfermo . Tercero, la pérdida del tonalli (especie de formulación unificadora del alma, el aliento vi- tal, el destino, y centro procesador de la energía que entra por la co- ronilla desde el cosmos). Cuarto, los aires nefastos, portadores de desgracias, que rondan alrededor de los hombres, especialmente de los débiles y de manera particular durante la noche. Este último concepto podría ser el que más se acerca a una noción contemporánea de la medicina, ya que los titici (plural de tícitI ) reco- nocían la labilidad de ciertos indi- viduos (los débiles, los desnutri- dos) ante estos “aires”, y estructu- raron toda una epidemiología alrededor de unos pocos datos. Algunos de los mencionados “aires” eran atribuidos a Tláloc, con lo que el estudio de la patoge- 6 nia vuelve a refugiarse en el terre- no sobrenatural; pero es preciso señalar también que, en la prácti- ca, las víctimas de los “aires” eran tratados como si padecieran un resfriado, con cuidados propios para esta clase de enfermedad, mismos que -hay que inferir— te- nían efectos curativos reales. Ahora bien, cuando la enferme- dad caía dentro de las patologías que obedecían a causas sobrenatu- rales, la labor del médico comen- zaba tratando de individualizar la causa del mal. Para ello, entablaba con el enfermo un diálogo suma- mente activo por medio del cual trataba de establecer si éste había La obstetricia La atención de la mujer embarazada, el parto y la atención de los niños pequeños eran asuntos de primordial importancia en la sociedad mexica, de la misma manera que las parteras —que pertenecían también al gremio de los titici- gozaban de una posición especial dentro de dicha sociedad. Esta preocupación es comprensible si se considera que, en todos los pueblos prehlspánicos la mortalidad infantil era suma- mente elevada, al igual que la prenatal. Esto, en una sociedad predominantemente agrícola, donde la necesidad de mano de obra era constante, debía resultar un problema serio. Así es comprensible que los cuidados de la embarazada fueran muy completos desde etapas relativamente tempranas. En ello cooperaban tanto los familiares como la partera, cuya selección era una decisión muy importante, que se tomaba en familia. La partera se encargaba de la preparación y la formación de la mujer en previsión del parto. Esta preparación era compleja, ya que incluía alimentación, ejercicios e higiene. Las visitas asíduas al temascal (baño de vapor) constituían una parte importante de la terapia previa al parto; igualmente, al ¡r creciendo el vientre de la embarazada, la partera realizaba frecuen- tes pa/ paciones para asegurarse de la posición correcta del feto. Si éste no se hallaba en buena posición, la partera podía realizar varias maniobras para colocarlo. Cuando el alumbramíento se demoraba, las parteras adminis- traban uno de dos ocitóclcos: el cihuapatli (Montanoa tomentosa) o cola de tlacuache. Aparentemente, la hierba es de efectos más suaves en lo que se refiere a su acción sobre la musculatura del útero, de modo que era preferida por sobre el producto animal. Su utilización requería de cuidados, pues eran igualmente cono- cidos los riesgos de las sobredosis (tetanía uterina con muerte del producto y probablemente también de la madre)
  8. 8. incurrido en actos que hubieran podido causar la ira de un dios. En esto, el tícitl tenía que poner en juego una considerable capaci- dad diagnóstica, como así también conocimientos religiosos, ya que había ciertos padecimientos que eran característicos de determina- dos dioses, mientras que otros, de acuerdo con características prees- tablecidas, eran atribuibles a la ac- ción de maleficios creados por brujos. Las enfermedades de la piel, por ejemplo, eran consideradas como enviadas por Tláloc, las con- vulsiones infantiles eran inducidas por unas mujeres celestiales lla- madas cíhualjvtpitin ylas enferme- dades venéreas eran castigos de Xochipilli (dios de la juventud, las flores y la música) a aquellos que no se abstuvieran de hacer el amor en épocas de ayuno. aralelamente a la duali- dad natural-sobrenatural en la concepción de la enfermedad, también las médicos se dividían en dos grandes grupos: los sacerdotales y los artesanales. Los sacerdotes de los diferentes dioses poseían los conocimientos necesarios para tratarlas enferme- dades provocadas o enviadas por dichos dioses. Así, los de Tláloc se encargaban de las dermatosis, co- mo ya hemos mencionado, y tam- bién de los sobrevivientes de las quemaduras del rayo; los sacerdo- tes de Ehécatl (dios del viento y posiblemente una representación alternativa de Quetzalcóatl) de los enfriamientos y padecimientos reumáticos; los de Tezcatlipoca se especializabanenla| ocuraylasepi- demias (que, según puede deducir- se de los testimonios, fueron muy pocas), y los de Ixtlilton se encarga- ban del tratamiento de niños que hubieran perdido el tortallí. Estos médicos sacerdotes reci- bían una formación esencialmente teológica en los calmecac (institu- ciones de enseñanza religiosa), pero ésta incluía también la carac- terización de las enfermedades provocadas por la deidad a la que servían, e igualmente se les ins- truían sobre fórmulas secretas ca- paces de tratar las mencionadas enfermedades, mismas que eran completamente desconocidas por los médicos artesanales (titicí), y que no han llegado hasta nosotros. Estos eran, en realidad, los es- pecialistas de la medicina mexica, con las ventajas y limitaciones de esta condición conllevaba. Otro grupo sacerdotal de indu- 7
  9. 9. Entre los pueblos indígenas de América se produjo un desarrollo considerable de la cirugía, pero siguiendo caminos muy distintos de los europeos. Este desarrollo independiente ha llevado a muchos a pensar que la cirugia americana era primitiva o limitada, pero no hay nada más alejado de Ia realidad. Simplemente ocurre que, para la medicina mexica, al igual que la de otros pueblos americanos, no se podia concebir una cirugía de resección, porque mutilar un órgano era considerado como contrario a la salud. Dañar un órgano para curar un mal era inconcebible, sólo cabía su reparación. Pero en estas tareas de reparación, las artes se habían desarrollado a niveles notables, como lo prueban las cirugías reconstructlvas (reimplantes de narices, por ejemplo) y Ia colocación de clavos lntramedulares para estabilizar fracturas complicadas. Esta predilección por la cirugía reconstructiva significó que una parte importante de la labor de los cirujanos se realizara en los ejércitos y en el marco de la guerra. En este sentido, la labor de los cirujanos parece haber alcanzado niveles de eficiencia muy notables, sobre todo en Io que se refiere a la inmovilización de fracturas, la curación de heridas, la desinfección de zonas cruentas (que se realizaba con orines) y la debridación de tejidos necróticos. Se ha especulado mucho sobre la aparente limitación del instrumental quirúrgico de los médicos prehispánlcos, debido a su desconocimiento del acero. Sin embargo, esto no parece haber sido especialmente importante, ya que los cuchillos de obsldiana permitían tallar buenos filos, además de que los cirujanos mostraron mucho ingenio para la creación de instrumentos a partir de materiales como por r. amp/ o, espinas de maguey, hueso, cabellos para suturar. Experiencias realizadas recientemente en Perú, por otra parte, han demostrado que se pueden practicar diversas cirugías utilizando exclusivamente instrumental incaico. El empleo de fármacos por parte de los cirujanos parece haber sido más limitado que el de los médicos, pero aún así considerable y probablemente eficaz. Un extracto cocido de penca de maguey (meu/ li) fue empleado como funglcida y antibiótico. El tlatlan cuaye (TresineCelosía) tenía propiedades antiinflama— torias, mientras que el nopal (Opuntia Sp. ) y el estafiate (Artemisa Mexicana Wild) cumplían funciones de analgésicos. Existen informes diversos sobre las utilizaciones muy diversas que le daban ai hule los médicos de diversos pueblos prehispánicos. En la cirugía se empleaba la savia del hule para hacer emplastos sobre las heridas en proceso de cicatrización, con el objeto de lograr que la cicatriz fuera lo menos pronunciada posible, y por io tanto más estética. Yqueda resolver el enigma farmacológico central: ¿qué producto o productos utilizaron los cirujanos del Nuevo Mundo para inducir anestesia? Porque la naturaleza de las intervenciones practicadas fue tal que el control del dolor debe de haber sido una exigencia fundamental. En algunos casos de fracturas complicadas, según relaciones de Fray Bernardino de Sahagún, los cirujanos mexicas abrían quirúrgicamente el miembro afectado y colocaban el equivalente de un clavo lntramedular. El “clavo” era, en este caso, una varilla ". ..de palo de teas, que tuviera mucha resina. ..". Los resultados de este tipo de intervenciones no son conocidos. Como tampoco lo son los desenlaces de algunos intentos de reimplante de narices seccionadas en hechos de guerra. Estas cirugías de tipo estético eran consideradas de gran importancia, porque el corte de nariz era, en algunos pueblos, el castigo a una falta moral, por lo que su víctima quedaba estigmatizada. Las cirugías oftalmológicas, como extirpación de pterigiones yleucomas, parecen haber sido también comunes.
  10. 10. Las artes adívinatorias debían ser dominadas por Io: médicos maícas, que conocían diversas técnicas (Códíce Florentino) dable importancia estaba repre- sentada por los tonalpouhqui, o lectores de los tonalpohoualli . (lí- bros del destino), encargados de confeccionar horóscopos en los cuales la salud cumplía un papel importante. Estos astrólogos, que posible- mente no hayan recibido una for- mación estrictamente médica, ejercían una influencia notable so- bre la labor de los titici, de manera particular en el diagnóstico de las enfermedades. Elaboraban sus cartas astrales de acuerdo con un esquema algo distinto del de los astrólogos euro- peos, esquematizando el cuerpo del hombre de acuerdo con una división de influencias entre el cosmos (de la cintura para arriba) y el inframundo (de la cintura para abajo), y estableciendo las influen- cias de los astros básicamante so- bre los órganos correspondientes a la esfera del cosmos (de acuerdo con su posición a la hora de nacer), y de los dioses del inframundo so- bre aquellos órganos situados de- bajo de la cintura. La fecha de nacimiento tam- bién revestía gran importancia, ya que predestinaba en muchos as- pectos; por ejemplo, los nacidos el día Uno-Lluvia debían ejercer las artes de curar y la hechicería. De manera similar, las probables pa- tologías quedaban fijadas desde el momento de nacer, y esta prede- terminación debía ser tomada en cuenta a la hora de formular cual- quier tipo de diagnóstico. Los titici por su parte, eran los médicos más artesanales, más prácticos, con una gran experien- cia y una tarea minuciosa de obser- vación de la realidad. Si bien las consideraciones espirituales y so- brenaturales permeaban constan- temente su trabajo, realizaban una labor sumamente meritoria de ob- servación y desarrollo de trata- mientos herbolarios. El término tícítl constituye, en realidad, un nombre simplifica- dor para un personaje bastante complicado. El hechicero podía ser “blanco” o “negro”, o podía alternar ambas personalidades. El tiempo, la práctica y el entorno social podían inclinar a un practi- cante de las artes a curar hacia uno u otro tipo de práctica. En las ciu- dades, la existencia de gremios po- día ejercer una presión decisiva para que el ticitl se especíalizara en las artes “blancas” (curar enfer- mos, deshacer brujerías), pero en poblados menores, se cree que el 9
  11. 11. hechicero “negro” gozaba de con- siderable predicamento. Como se podrá comprender a partir de lo ya expuesto, el diag- nóstico pasaba en primera instan- cias por el razonamiento religioso, y luego se pensaba en la posibili- dad de agresiones por parte de un brujo. Descartadas estas posibilida- des, o cuando se enfrentaba con dudas, el médico no se limitaba a los síntomas sino que ejercía él mismo las artes de la adivinación. Los recursos para ello eran varia- dos, pero los más frecuentes eran ellanzamiento de manojos de maíz sobre la superficie de agua conte- nida en un recipiente. El hundi- miento o no de los granos, más las formas que dibujaran en la super- ficie o en el fondo del mencionado recipiente orientaban el diagnósti- co. Una especialidad de especial importancia entre los titicí estaba constituida por las parteras, que manejaban también sustancias medicinales y eran muy duchas en la administración del temascal (una especie de baño de vapor, que ocupaba un lugar central en el tratamiento de la parturienta). También manejaban, por supues- to, una importante liturgia relacio- nada con el alumbramíento. La participación de las mujeres no se limitaba necesariamente a la obstetricia, sino que podían tam- bién participar en otras activida- des propias del tícítl En algunos pueblos, realizaban labores qui- rúrgicas relevantes, de manera es- pecial cirugía de ojos. En realidad, la médica tenía po- sibilidades muy amplias de ejercer su oficio en todas las áreas, salvo la concertación de huesos fractura- dos, que era prerrogativa de los hombres, por una serie de razona- mientos religiosos. 10 omo será fácil compren- der, la terapéutica que surge de esta concepción de la medicina y la enfermedad tiene que ser, forzosamente, muy diferente de las concepciones eu- ropeas. Pero diferente no significa, de ninguna manera, inferior. Se analí- zará más adelante la relati- va escasez de epidemias; igual- mente, el análisis de determinados datos permitiría inferir que la edad promedio que alcanzaban los me- xicas podía rondar alrededor de los 37 años en las clases más altas y en las ciudades, lo cual resulta suma- mente reducido en comparación con las expectativas actuales, pero bastante admirable si se compara con el dato que la expectativa vital de un francés del siglo XVI era de apenas 30 años. Por supuesto, es necesario in- corporar el impacto de las guerras en estas cifras tan bajas. Pero es igualmente notable la diferencia en favor del pueblo mexica frente a la civilización europea. Una posible explicación de esta diferencia reside en la salud públi- ca. En este aspecto, los mexicas y la mayoría de los pueblos mesoa- mericanos mostraron un grado de adelanto notable. En prácticamente todos los pueblos del México prehispánico se encuentran pruebas diversas de un verdadero culto por la higiene personal. En este sentido, la omni- Instrumentos de limpieza de palo, base de la higiene bucal (Códíce Florentino )
  12. 12. presencia del temascal es apenas un simple indicio. Tanto en Teotihuacan como en varias ciudades mayas (Palenque en particular) se aprecian sistemas de conducción de agua que hablan de redes muy importantes, capaces de surtir a la mayoría de los edificios importantes de la ciudad). El análisis de estos sistemas ha persuadido a muchos autores que existían dos redes con funciones x‘ o- r‘ v. ‘ f" j l j p 2 , ¡l í“, - La astrología influía el diagnóstico y formaba parte de la medicina (Códice Matritense) Las mujeres muertas en el parto eran deiflcadas, igual que los guerreros. Se creía que ellas viajaban junto al sol (Códice Florentino) específicas: la provisión de agua por un lado y su eliminación por el otro. Se han descubierto sumide- ros y sistemas de conducción den- tro mismo de las casas, que abonan esta interpretación. En Palenque, por su parte, Bus- tamante y Herrera describen cons- trucciones que fueron aparente- mente letrinas, mientras que otros autores han hallado restos análo- gos en otras ciudades prehispáni- cas (en Rancho la Ventilla, por ejemplo), que hablarían de estruc- turas destinadas al manejo de este tipo de excretas. La higiene bucal, por otra par- te, ocupaba un lugar importante en las prácticas diarias, siendo cos- tumbre inculcada de manera insis- tente por las instituciones de enseñanza. Igualmente, había de- terminadas prohibiciones y pre- cauciones en el comer, que debían ser cuidadosamente observadas, con el objeto de prevenir enferme- dades. Los mexicas habían diseñado un dentífrico, confeccionado a ba- se de una mezcla de ceniza con miel, cuya utilización estaba muy difundida. El LibeIIum de Martín de la Cruz contiene también una serie de recomendaciones sobre productos herbolarios destinados a curar el mal aliento. El manejo de residuos parece haber sido desparejo en las diver- sas ciudades que hallaron los espa- ñoles a su llegada. Excavaciones diversas hablan de la costumbre de enterrar la basura en los traspatios de las casas, y existen diversos in- dicios de que había alguna discipli- na en el sentido de arrojar los desperdicios en sitios especial- 11
  13. 13. mente diseñados para ello, lejos de las ciudades. En Tenochtitlan, sin embargo, existen evidencias de que la elimi- nación de basura se había transfor- mado en un problema suficiente como para provocar la acción de las autoridades. Los templos y lu- gares públicos eran aseados con regularidad, y los edificios pinta- dos de blanco con frecuencia, con los beneficios higiénicos consi- guientes. Torquemada habla también de la existencia de braseros públicos, instalados para cooperar precisa- mente con la eliminación de detri- tus, y la existencia de brigadas de hasta mil personas por barrio de- dicadas al mantenimiento de la limpieza pública. Aquí, nuevamente, Ios euro- peos recién llegados debieron ha- llarse ante un contraste impresio- nante, ya que sus propias ciudades del siglo XV y principios del XVI distaban mucho de ser dechados de limpieza, de la misma manera que el cuidado de su propio cuer- po era francamente primitivo, si se lo compara con la preocupación casi obsesiva de los pueblos de América respecto de su higiene personal (el ritual de Moctezuma Xocoyotzin, por ejemplo, incluía cuatro baños diarios). Parece probable, como lo sugie- re Carlos Viesca Treviño, que las concepciones religiosas contras- tantes del europeo y del america- no pudieran haber afectado de manera decisiva las actitudes ante el cuidado del cuerpo. El cristia- nismo medieval europeo tendía a despreciar esta parte física del hombre, atribuyéndole inclusive muchos pecados, mientras que el nahua de la misma época le atri- buía un valor especial, ya que lo consideraba un reflejo y repre- sentación del cosmos. 12 Una odontología avanzada Los tratamientos dentales practicados en diversos pueblos de América incluían las principales de las disciplinas comprendidas en la Odontologia del presente: se practicaban extracciones, se realizaban incrustaciones, se enseñaba una gama de actividades preventivas de la caries, y se trataba la enfermedad periodontal. De todas estas actividades, sólo la colocación de incrustacio- nes no tenia, aparentemente, un fin terapéutico. Entre los mayas, la costumbre de realizar incrustaciones de pirlta estaba evidente- mente muy difundida, pero el objetivo era en apariencia puramente estético, ya que las únicas piezas afectadas —por lo menos, en los cráneos descubiertos hasta ahora- eran los incisivos y caninos. Los mismos mayas acostumbraban limarse los incisivos, ha- ciéndolos puntiagudos; se desconoce el propósito de esta defor- mación. La higiene bucal era un capitulo importante en la educación de los niños; igualmente, se habian diseñado instrumentos de palo, recortados adecuadamente, para permitir la remoción del sarro. La utilización de fármacos era limitada, pero los pocos produc- tos empleados parecen haber tenido alguna eficacia. Las hojas de tabaco, previamente ca/ entadas y enrolladas, mitigaban el dolor cuando se colocaban sobre la encla inflamada o dentro de una cavidad especialmente molesta. La leche de las raíces del axó- chitl ten/ a un efecto similar, como asi también medicamentos más complicados. Sin embargo, cuando las medicaciones no daban las resulta- dos esperados, se extraia la pieza. El tratamiento de la enfermedad periodontal, por otra parte, parece haberse ceñido a principios similares a las vigentes en la odontología actual, con reducción de surcos o bolsas y resección de encías. Algunos autores sugieren la utilización de algún producto as- tringente para el tratamiento de encías ¡nflamadas y dientes flojos, pero el mismo no ha podido ser individualizado El valor de estas medidas de ti- po higiénico puede verse en un hecho que, si bien no tiene el valor de una comprobación científica, sí resulta muy sugerente: casi no se han hallado indicios de epidemias en la mayoría de los centros pobla- dos prehispánicos, con anteriori- dad a la entrada de la peste, desconocida en América y aporta- da por los españoles. En otras partes del mundo, la huella más clara de una epidemia grave es la existencia de cantida- des de inhumaciones colectivas, en las cuales los cuerpos han sido en- terrados sin beneficio de ritual fu- nerario alguno. Este tipo de inhumaciones está prácticamente ausente en Mesoa- mérica, a pesar de que las situacio- nes propicias para el desarrollo de
  14. 14. El tabaco y el axóchitl tienen acción analgésica sobre Ia encía inflamada y eran utilizadas como calmantes (Códice Florentino) epidemia deben de haber sido abundantes. Sin ir más lejos, la construcción de una pirámide es el tipo de obra de ingeniería monumental que de- bía reunir a grupos muy numero- sos de trabajadores durante períodos prolongados, en condi- ciones precarias de vivienda y con todas las circunstancias que pudie- ra agravar la propagación de en- fermedades. De las grandes pirámides mexi- canas, muchas se hallan en zonas tropicales, donde los padecimien- tos infectocontagiosos gozan de condiciones excepcionalmente fa- vorables para su transmisión. Sin embargo, son muy pocas las inhumaciones halladas en las in- mediaciones dc estas pirámides que pudieran sugerir estragos por epidemias. Es más, no hay indicios de una mortalidad superior a la normal, a pesar de que cálculos realizados en torno de las dos grandes pirámides de Teotihuacan indican que deben de haber traba- jado en su construcción contin- gentes de hasta 20.000 personas. Como dato comparativo, vale la pena señalar que el primer intento de construcción del Canal de Pa- namá —en el que trabajaron menos personas y que contó con una me- dicina supuestamente más avanza- da—, fracasó fundamentalmente por los estragos de la fiebre amari- lla. Los indígenas prehispánicos no tuvieron que enfrentar, cierta- mente, a la fiebre amarilla, tal co- mo le ocurrió a de Lesseps en el primer intento por construir el ca- nal de Panamá. Aparentemente, habría sido conocida en América una enfermedad similar a la fiebre amarilla, pero sin la virulencia de la variedad posthispánica, segura- mente traída de Africa por escla- vos negros. La única epidemia de grandes proporciones que parece haber afectado a México antes de la lle- gada de Cortés parece haberse producido entre las años de 1450 y 1456, en el altiplano central. Por los indicios que se tienen, podría haberse tratado de algún tipo de influenza, pero resulta también claro que sus consecuencias fue- ron multiplicadas por el hecho de que la región atravesaba un ‘perío- do de excepcional sequía, con la consiguiente escasez de alimentos y un grave problema de desnutri- ción que significó el debilitamien- to y por ende la labilidad de grandes sectores de población. Existe, evidentemente, una contradicción entre el carácter re- lativamente avanzado de la salud pública —con la consecuente baja incidencia de epidemias— y la ex- pectativa de vida relativamente baja (por más que haya sido mejor que la europea de su época). ¿Cuáles eran las causas de mor- talidad en los pueblos indígenas de América? Al ya mencionado factor de las guerras, habría que agregar un problema que, aparentemente, la medicina americana no pudo solu- cionar: la elevada mortalidad in- fantil. Infecciones gastrointestina- les y respiratorias, sumadas a en- fermedades eruptivas, fueron responsables de numerosas muer- tes entre los menores de cuatro años. 13
  15. 15. 0do lo anterior está con- figurando el panorama de una medicina que, si bien distaba mucho de ser científi- ca (en la acepción actual deltérmi- no) había hecho mucho por avanzar en la observación de los efectos medicinales de plantas, animales y hasta algunos minera- les, y había desarrollado preceptos de salud pública, dc epidemiología y de prevención que superaba en muchos aspectos a la medicina eu- ropea de su época. Esto fue claramente entendido por el protomédico de Felipe II, Francisco de Hernández, quien llegó a catalogar en siete años cer- ca de 1,200 plantas con acción te- rapéutica. Sin embargo, salvo muy pocas excepciones, este verdadero teso- ro de conocimientos terapéuticos no fue aprovechado por los euro- peos. El caso de Hernández fue par- ticularmente infortunado, ya que una buena parte de sus manuscri- tos quedó destruida en el incendio de El Escorial en 1671. Pero las ediciones compendiadas de sus obras, hechas en Italia y México, tampoco parecen haber sido apro- vechadas por sus contemporá- neos, y no fue hasta los siglos XIX y XX que empezaron a estudiarse de manera científica las acciones de toda esta vastísima farmacopca. En dicha farmacopca se hallan 14 productos, como la ya mencionada zarzaparrilla, cuyosefcctosfueron, cn su momento, glorificados. Pero hay también muchos otros cuya ac- ción farmacológica se ha estudiado de manera cuidadosa, que demues- tran que los títíci mexicas habían definido perfectamente sus efec- tos sobre el cuerpo humano, por más que los rccctaran dentro del marco de una ceremonia mágico- mística representativa de una diná- mica simbólica y social, y no como parte de una consulta médica al estilo occidental. Dicha ceremonia, por otra par- te, permitía ejercicios diagnósticos muy prácticos, ya que facilitaba al médico conocer profundamente aspectos referidos a las relaciones familiares, sociales, laborales y re- ligiosas del enfermo, con todos los datos que éstas pudieran aportarle en relación con el diseño de una terapéutica. Eran de empleo frecuente la raíz de Jalapa, contra el estreñi- miento (si bien es necesario enten- der que, para el médico mexica, la “purga” se entiende también co- mo depuración de humores), la va- leriana como medicamento antiespasmódico, el matlalitztic (Comelina Pálida), usado como antihemorrágico, el iztacoanene- pilli, como diuretico, el íztacpatli (Psoralea Pentaphyla) como anti- febril, el azcapan ixhua como som- nífero, las raíces dc tlalttichuell contra los forúculos, las raíces del tezonpahtli I contra la sarna, etc. Pero la utilización de estos me- dicamentos no siempre seguía los lineamientos terapéuticos tradi- cionales, razón por la cual Her- nández y sus seguidores tuvieron no pocos tropiezos. Uno de las más claros debió ser la utilización del tlacopatli. para curar dislocaciones de la quijada. Esta hierba, de sabor muy amargo, no ejerce ninguna acción farmaco- lógica directa sobre las articulacio- nes ni sobre las músculos que las mueven. Ocurre simplemente que su pésimo sabor provoca un vómi- to brusco y convulsivo que, en al- gunas ocasiones, ayuda a reubicar el cóndilo dislocado de la mandí- bula. Elhecho de que C0rtésyBernal Díaz del Castillo encontraran gran cantidad de herbolarios en la gran Tenochtitlan (había una calle com- pleta de estos negocios) hablaría de un cierto grado de conocimien- to popular sobre el manejo de es- tos productos medicinales y —aunque esto no consta- un nivel considerable de autorreceta. Sin embargo, parece lógico in- ferir, a partir de ciertos testimo- nios que los médicos sacerdotales habían dado un paso más allá dela simple utilización de infusiones, tinturas, emplastos y demás pre- sentaciones sencillas de las diver- sas hierbas, y se habían dedicado al
  16. 16. X, 1 ‘s, ¡“a a . ' n. Á’ . l LI; x‘ f VX ‘x É. iva/ in ¡’fl y, ’- . .. .;¡ 2 ‘ff/ n. [71 ‘¿unnz-¿(V . ./ ¿‘(x ‘V ¡ Lár/ ‘dí zvrvn" Íw'I('<’/ lñ/ ¡I ¿‘(It Írr/ g- n”, {/ ,_', - w ' , , , , . Ïzrhc .1; un ¡muy/ nz ¡"I'm :1 rav-qm. ,1‘ ¡ra-MÍ «wav/ j ¡‘M ¿rr-zx "vaf/ anwun/ Ï ct “amm ¡uu/ nt ¿v , ¡, ¡“,5 ¡rs/ zm ¡‘rra v/ Hr ïfi/ rz/ ry/ rqï ¡una! .1 ‘¡lr m. m, run’! ‘r ¡In ¡{¡, ,,, -¡¡-¿- ¡»(39514 Eau/ um} ¡/ /f'1¡¿rx¡. '.> xztrnrní/ j/IÍÍI/ l f’. I/ ¡n - [,15 ¿”mm ¿Jc/ ¡x/ ÉÏ J/ crÁÉ/ ïrfi/ Ï ¡‘(fr/ Lay 1 V n‘; ¿”pff 7,n. f¡¿%¡ / ¡,/ .¡}fi5 / /,1// rz2/I/ .v/ :¡¿vr; 7””, ¡”ami N, ” ¡rúfi ¡N dlqflfilg, [iL-«¡pzï ¿y grznur, ¡{III/ Mcg lap, h-m Íl/ áll/ c] riff/ VI .4! IÍI ‘ ¡x/ fiinfr/ K m’; wnmkiir) vgirtb/ ï‘ hip/ fin»; m maru’ ¡»xavi/ IV [jafjlï]; ‘¡IUH/ ‘CÏ/ {zf Jin! !! Ínzr/ yjfjffl/ lofñc‘ , ‘/]'0/¡p, !_'r' j-¡‘J/ ‘A, II’ . izq/ luv! mu} rvz t. . x rz/ .», r,ie'*)/ .Ï_€ 7}r, uzn’*tl'>-*I IC 77h51” I{k"c’. ’7' ¿{x5 m . “¡un m. ¡’h/ N/rvi/ {S Hifi/ Á?’ LO/ ¡‘Ó «¡f! L 251 f ¿[ap ¡gm/ ¡n ‘¿tu/ mv Íu: ¡n/ ¡{x/ zz; ¿t/ rcH/ zmu ' La clasificación de hierbas del Códice Badiano incluyó las principales con acción curátiva, analgésica, tópica antiinflamato- , ,,»/ }/au¡= ‘» r I'M "I (¿xv/ yuri? ) u. rc Íw U/ tn/ nx/ f/‘t’ ¿’l/ Www ¡KW/ If "if"? M1.’ »': I¡)rr(. r'. ‘r i ¡»If ‘(n-rflz/ zlr . .K"rr/ í Mir-w: l]. ria y de uso mágico-terapéutico como los alucinógenos (Códice Badiano). estudio de interacciones medica- mentosas más complejas, con efec- tos más eficaces que los preparados simples manejados por los titici. Es preciso recalcar, sin embargo, que todas las evidencias señalan que los médicos sacerdotales manejaban secuencias de medicinas diferen- tes, y no mezclas como era la la costumbre imperante en Europa. Los razonamientos que condu- jeron a la utilización medicinal de algunas especies no corresponden, por lo tanto, a la lógica médica de la Europa del siglo XVI, yesto ayuda a explicar por qué los facultativos españoles desdeñaron tantas de las enseñanzas de Martín de la Cruz, Hernández, Sahagún y otros. Un buen ejemplo de esto está dado por el uso del yolloxhóchitl (Taluma Mexicana). Hay casos en la medicina tradicional mexicana en que algunos medicamentos son recomendados de acuerdo con el principio (que actualmente es ba- se de la homeopatía) de que “lo semejante cura lo semejante”. En el caso del yolloxhóchitl se observa que su hoja tiene forma de corazón y efectivamente fue rece- tado por los titíci como medica- mento para diversas afecciones cardíacas. Especialmente era útil contra la depresión de algunos pa- cientes ancianos. Ahora bien, estudios contem- poráneos demuestran que tiene efectos cardiotónicos y diuréticos, acciones que podrían explicar su efecto curativo sobre la depresión del anciano; pero los médicos tra- dicionales no tenían más forma de saber esto que a través de una la- bor de observación clínica cons- tante y aguda. Pero esa observación clínica les persuadió también que podía ser- vir para el tratamiento de otros cuadros, tales como el retraso mental y la dificultad para orinar. ¿Podría existir algún mecanismo circulatorio que tuviera efectos benéficos para estos cuadros? El yolloxhóchítl pertenecía, además al privilegiado grupo de medicamentos que eran consumi- dos habitualmente por los gober- nantes, que habían individualiza- dos algunos productos que los ayu- daban a ser más fuertes, a pensar con mayor claridad y a desempe- fiar mejor sus altos cargos. 15
  17. 17. s preciso aclarar, en este punto, que la tarea de go- bernar, para un señor mexica, era tan diferente de la del rey europeo como lo era la labor del facultativo español respecto de la del ticitl mexica. Una parte importantísima de la función del tlatoani (emperador) residía en su comunicación con los dioses y espíritus, y en la interpre- tación de los signos —a veces oscu- ros y equívocos— que éstos enviaban. Para ayudarle en esta tarea, se procuraba que los altos funciona- rios estuvieran rodeados de un am- biente lo más agradable posible, y en este concepto estaban incluidas flores de agradables colores y olo- res; también se incluían en este tratamiento constante, la adminis- tración de algunos medicamentos tonificantes, como el ya menciona- do yollaxhóclzitl. Pero ellugar más importante dentro de esta farma- coterapia de’ los poderosos estaba ocupado por los alucinógenos. Estas hierbas sagradas eran, bá- sicamente, el peyotl (Lophophora Williamasii) el ololiuhqui (‘Iïirbina Corimbsa) y los teonanácatl (Psílo- cibes 5p. ). R. C. Wasson y José Luis Díaz mencionan que, de todas las plan- tas utlizadas con fines ceremonia- les en el Nuevo Mundo, más de la mitad provienen de México. Y en una sóla localidad, la Sierra Maza- 16 LAS IïEÍÏJÍÍJJ: ÁÁÏ1L; Lali. par! ÉRAAS teca, se emplean en la actualidad por lo menos cinco familias de psi- codislépticos. El mecanismo es sencillo: al consumir el alucinógeno —gene- ralmente en medio de ayuno, abs- tinencia sexual y un considerable ritual- el que lo ingiere se trans- forma en vehículo para la deidad representada por la planta, que entonces habla a través del ser hu- mano. De las plantas sagradas emplea- das en México, puede hacerse una clasificación de acuerdo con su ac- ciónzlos alucinógenos, losinducto- res de trance, los cognodislépticos, los deliriógenos y los neurotóxicos. En la primera categoría men- cionada, los alucinógenos, se encuentran los teonanácatl (psilo- cibes sp. ) y el peyotl (lophophora Williamsii). Entre los inductores de trance, el más conocido es el ololíulzqui (Rivea Corymbosa), que también podría tener algún efecto alucinó- geno, pero los zapotecas también han utilizado para el mismo fin una semilla llamada bado negro (Ipo- monea Violácea). También son co- nocidos los efectos del “sincuiche mexicano” (Heimia Salicifolia) ca- paz de inducir alucinaciones audi- tivas. Por regla general, este tipo de plantas se empleaban con el fin de obtener información con valor diagnóstico de un paciente en trance. Este tipo de psicodisléptico no tiene la cualidad de provocar alu- cinaciones. Más bien produce un incremento en la intensidad de las percepciones sensoriales, a la vez que una desautomatización de la percepción. i”, w El toloatzin , también de uso actual ha ingresado en la mitología popular (Códice Florentino) Se usaron otras plantas como la calea zacatechíclzi y los distintos tipos de Salvia Divinorum (uno de los cuales es la conocida “hoja de la pastora”). Entre los deliriógenos se cono- cen el tlápatl (posiblemente Datu- ra Stramonium) el ncxéhuac y el muy conocido tolotzin (toloache). Por último, en el grupo de los neurotóxicos se encuentra el que es probablemente el psicodislépti- co de uso más antiguo en el Nuevo Mundo: el frijolillo de mezcal (Sophora Sccundiflora), que pro- voca un efecto tóxico sobre el SNC que lleva a la parálisis, la hiperex- citación, y posiblemente a las con- vulsiones. Hay indicios de su uso ritual entre los indios norteameri- canos y los habitantes de las de- siertos del norte de México desde hace cerca de 10,000 años.
  18. 18. ÉÏÍiilllïíllllïïlllllíïlllil. Mw_ Mi HH El Elm Ï-¿EHH ÉÉ-‘lllliïilllt. xico ha abierto un muy interesante capítulo de la farma- cología, que ha sido el estudio en profundidad de los efectos de es- tas sustancias sobre el sistema ner- vioso. Pero esta es una consecuencia relativamente reciente. Posiblemente, la primera gran herencia de las prácticas curativas mexicanas a la medicina del mun- do haya sido la utilización de jardi- nes botánicos con el propósito de cultivar aquellas plantas cuyos efectos resultaban interesantes. No se sabe a ciencia cierta quién inició el uso de jardines botánicos en México. Cortés y Bernal Díaz del Castillo describieron de los que hallaron en Tenochtitlan, pero muy anterior a éstos era el que mandó construir Moctezuma I (Il- huicamina) en Oaxtepec, alrede- dor de 1470. Y parece por lo menos posible que el señor de Tez- coco, Netzahualcóyotl, haya cons- truido jardines con anterioridad. Fue en estosjardines, de mane- ra especial el de Oaxtepec, donde Hernández hizo la mayor parte de su trabajo de recopilación y clasi- ficación. Estos jardines, posiblemente, tuvieron fines algo distintos de los supuestos por los conquistadores españoles que los hallaron, y por los científicos que posteriormente a utilización ritual de los I psicodislépticos en Mé- E EL PRIMER APORTE "3 APROVECHADO Ls. ‘ ÉfHÍÉÏíllliÉ-Hílzzllll ‘ÉHIÍIÉHIHÏIIHÏLJ ’ ¿Hlïlllllïï ilílíïllllí HH! leyeron sus relaciones. En algunos de ellos, la finalidad era simple- mente asegurar una provisión constante de plantas de “uso real”; dichas plantas podían ser usadas por su olor, por sus efectos sobre la mente, o simplemente por su vista, y no había mayor intención científica. En otros casos, la inten- ción era más mística, ya que se coleccionaban no solamente plan- tas sagradas, sino también anima- les e inclusive hombres que Los jardines botánicos mdicinales: Un aporte mexica al Viejo Mundo (Códice Florentino). pudieran tener simbolismo mágico (los jorobados, por ejemplo). Uno de los rasgos más intere- santes de estos jardines botánicos fue que, por 1o menos en muchos de ellos, se intentó cultivar plantas que no eran de la zona, con el objeto de su estudio y posible adaptación. Por ejemplo, en Oax- tepec se intentó cultivar el cacao, proveniente del Golfo, y también el hueynactzlli. de Cutlatxtlán, ac- tualmente norte de Veracruz. Parece probable que las versio- nes de viajeros primero, y de Her- nández, de la Cruz y Sahagún después, hayan influido sobre las decisiones de crear jardines botá- nicos en algunas ciudades euro- peas, tales como Padua y París. El propio Hernández debió iniciar al- gunos pequeños viveros, ya que realizó estudios sobre los efectos de algunas plantas americanas sembradas en Madrid. 17
  19. 19. l fenómeno de los jardi- nes botánicos, pues, pue- de considerarse como un punto de partida para un proceso de interacción cultural que iba a desarrollarse durante muchos si- glos (hasta llegar a su apogeo en el momento actual), durante el cual se fueron integrando los procesos terapéuticos de Europa y el Nuevo Mundo. Las dos corrientes de estos pro- cesos fueron, sin embargo, muy di- símiles. La que provenía de Europa era dominante y soberbia; venía a “civilizar”. La que se diri- gía de América a Europa, por el contrario, era callada y modesta, casi subversiva. Uno de los primeros hechos que debió sorprender a los observado- res medianamente sensibles fue la gran diferencia entre la posición que ocupaban los titíci en los so- ciedades indígenas, y la que ocupa- ba el médico en Europa. En Europa, si bien la Medicina había dado pasos importantes, eran sólo los facultativos más me- ritorios los que habían alcanzado una posición social de preeminen- cia. En México, en cambio, el ticitl de la ciudad era miembro de un gremio ilustre, respetado, mien- tras que el médico sacerdotal per- tenecía a los estratos más enaltecidos. Los médicos españoles que lle- garon un tiempo después de las primeras oleadas conquistadoras fueron, en alguna medida, una au- téntica elite dentro del mismo ejercicio. Es muy probable que ellos hayan observado, no sola- mente la situación de prestigio de los médicos, sino también la exis- tencia de logros innegables en materia de salud, sin importar si se medían a través de la falta de epi- demias, o de los resultados de la medicina herbolaria y las otras te- Las aplicaciones tópícas ocupaban un lugar importante en la terapéutica herbolaria mexica (Códice Florentino) 18
  20. 20. Los medicamentos animales. A pesar de que la farmacopea de la mayoría de los pueblos americanos anteriores a Colón se basa en productos de origen vegetal, no hay que pensar que los productos animales, e inclusive minerales, estwieran vedados. Ya en el párrafo referente a obstetricia, se dijo que la cola de tlacuache era empleado como ocitócico. Pero no es el único caso. Desgraciadamente, muchos de los remedios animales parecen más asociados con los aspectos mágicos dela terapéutica que con los farmacológicos, de modo que resulta más difícil establecer su función precisa dentro de los tratamientos. En muchos casos, la ingestión de sangre o carne de un animal determinado está concebido para transmitir/ e al tonalli del enfermo alguna caracteristica determinada de dicho animal. El ejemplo clásico es el jaguar, que representaba (de manera especial para los mayas) la fuerza, la astucia, la agilidad y la ferocidad. Era común que se recetara a los gobernantes que consumieran carne de jaguar en tiempos de crisis, con el objeto de que no desfa/ lecieran en sus propósitos y mantuvieran sus fuerzas en todo momento. En otros casos, los medicamentes animales se untaban en el cuerpo del paciente. Las partes más empleadas eran la sangre, el cerebro yla piel, pero también los cuernos, las uñas y hasta los excrementos de algunos animales ten/ an fines terapéuticos. El análisis de estos medicamentos tropieza, sin embargo, con la dificultad ya apuntada: poder distinguir lo farmacológico de Io mágico. En el caso de la cola de tlacuache, la acción farmacológica ha sido claramente establecida; también parece que el excremento de águila tiene alguna acción eficaz contra los dolores del postpano. rapéuticas vigentes. Elque dccidieranemplearalgun nas de estas hierbas quedó proba- do por la aparición en las farmacopeas europeas de algunos productos de claro origen ameri- cano. También parece probable que dichas farmacopeas hayan padeci- do considerables confusiones de nomenclatura, ya que se conocen muchos casos de hierbas america- nas que, de buenas a primeras, aparecen con un nombre europeo, como fue el caso de la valeriana que, en algún momento de su transplante cultural, quedó trans- formado en “nardo céltico”. Pero, lo cierto fue que, a partir del siglo XVI, la herbolaria euro- pea se vio enriquecida por aportes provenientes del Nuevo Mundo. Fueron pocos al principio, y en al- gunas ocasiones su éxito dependió de su utilización por algún médico célebre, o de la curación de algún enfermo igualmente ilustre, como se verá más adelante. No faltaron los fracasos y las decepciones; pero en muchos ca- sos vale la pena preguntarse si és- tas no se hayan debido más al manejo que hicieron los médicos europeos de las hierbas, que a una falta de acción farmacológica de las mismas. Ya han sido mencionadas las grandes esperanzas puestas en la zarzaparrilla, a la que, en un pri- mer momento, se le atribuyeron acciones poco menos que milagro- sas. Por supuesto, las acciones mila- grosas no eran reales, pero sí exis- tía un efecto farmacológico real de la zarzaparrilla que transformó a esta hierba americana en uno de los mejores agentes antisifilíticos previos al salvarsán. Dicho efecto farmacológico no era directo contra el treponema, sino que se ejercía a través de una acción estimulante del metabo- lismo que inducía fiebre. Es cono- cida la labilidad del treponema ante el calor, de modo que es fácil inferir de qué manera los jarabes de zarzaparrilla, manejados en las dosis vigentes por aquel entonces, pudieran tener un verdadero efec- to terapéutico. El caso de la vainilla fue similar. La Pharmacographia de Flückiger y Hanbury, publicada en Inglate- rra a mediados del siglo XIX, dice que la “la vainilla se empleó mu- cho en medicina hace ya tiempo, pero ahora sólo se vende para per- fumar el chocolate, los dulces, las 19
  21. 21. cremas y los pasteles”. Los mexicas lo usaban cierta- mente para fortalecer el tonalli, generalmente bebido con cacao, y la farmacología moderna parece darles la razón, ya que se le han detectado efectos euforizantes leves, precisamente como obser- varon los titici. La valeriana, en cambio, tenía efectos reales que fueron rápida- mente reconocidos. En un princi- pio se la empleó como tónico, ya que se le reconocían actividades sumamente intensas, sobre todo en casos de “fiebres adinámicas”, pero con el tiempo se fue limitan- do su empleo, hasta quedar como antiespasmódico, acción en la cual ha demostrado ser un medicamen- to eficaz. Una de sus contraindicaciones residía en que tenía un sabor bas- tante desagradable, problema que no pudo solucionarse hasta media- dos del siglo XIX, con el adveni- miento de las cápsulas de Lehuby. El árnica, por su parte, fue otro medicamento de uso difundido en Europa, aunque sus empleos no hayan coincidido precisamente con los recomendados porlos mé- dicos americanos. En realidad, existe considerable controversia de si el árnica es de origen americano. Los ya mencio- nados Flückiger y Hanbury, lo ubi- can en Europa Central, señalando que la “variedad americana se dis- tingue por sus hojas estrechas, casi lineales”. A esta variedad la distin- guen con el nombre de Arnica An- gustifolia. Sin embargo, es llamativo que, a pesar de la aseveración de que era conocido como remedio popu- El tabaco Una de las aportaciones más significativas del Nuevo Mundo, desde muchos y variados puntos de vista, es el tabaco (Nicotina Tabacum). En un primer momento, su uso medicinal entre los europeos fue muy abundante, y fueron muchos quienes pensaron nuevamente en una posible panacea. Monardes describió cerca de 90 usos terapéuticos para el tabaco, y otros médicos también hicieron mucho por difundir su uso. Los conquistadores pudieron comprobar que los pueblos del Golfo lo utilizaban para reducir el dolor de muelas (se hacian pequeños tapones con hoja de tabaco previamente calentada y se introducla en las cavidades), y otros (siempre del Sureste) prepa- raban una mezcla de infusión de hojas de tabaco verde con jugo de naranja, con el objeto de curar los gases intestinales y los eólicos provocados por los mismos. Los europeos llegaron a utilizar la infusión de hojas de tabaco para el alivio de oclusiones intestinales, pero desconfiaron del fármaco por sus efectos secundarios. Flückiger y Hanbury los califican como "demasiado enérgico", y aseguran que su uso terapéutico ¡ba decayendo en 1870. 20 lar en Alemania, el árnica no apa- rece en las farmacopeas de Euro- pa hasta principios del siglo XVIII. Los empleos principales del ár- nica se dan en el tratamiento de contusiones y torceduras. Pero también es recomendado en diver- sas farmacopeas como estimulan- te y tónico, ya en su forma ingerida. Soubeiran, cn su Tiatado de Farmacia de 1860 advierte, sin em- bargo que la forma tomada pre- senta serios riesgos de sobredosis, con la posibilidad de náuseas, vér- tigos y temblores. Las presentaciones más cornu- nes eran la tintura y el extracto; pero Soubeiran describe una sus- tancia llamada “arnicina” lograda después de filtrar una solución acuosa de flores de árnica a través de carbón activado, hacer una re- disolución en alcohol y recoger un residuo de consistencia similar a la trementina. La raíz de Jalapa constituye uno de los ejemplos más claros de la manera en que las confusiones en torno de nomenclatura y la falta de un seguimiento contínuo de su uti- lización en la farmacopca crean confusiones en torno de la verda- dera historia de la hierba. Esta raíz, acerca de cuyas indi- caciones terapéuticas no hay ma- yores controversias (todas las farmacopeas coinciden en sus cua- lidades de purgante), fue una de las muchas estudiadas por Her- nández, y su incorporación a los libros de farmacología data, pues, del siglo XVII (hay que recordar que Hernández no fue publicado hasta mucho después de su muer- te). Sin embargo, Soubeiran escribe muy categórico, en 1860: “La de- terminación de la planta que pro- porciona este valioso medicamen- to data de 1827, y se debe al far-
  22. 22. macéutico francés Ledanois”. Aporta también Soubeiran la in- formación de que el principio acti- vo de la Jalapa puede obtenerse a partir de cuatro plantas diferentes: Exogonium Jalapa, Ipomoea Ori- zabensis, Ipomoea Thrpethum, y Convolvulus Michoacana. La ac- ción de esta última fue descrita por Monardes en fecha tan temprana como 1546. El caso de la Thuja Occidentalis representa dificultades similares. Hay perfecto acuerdo en el senti- do de que la corteza de este árbol contiene un glucósido muy útil pa- ra combatir el escorbuto, que era precisamente uno de los males más insistentes y que más profun- damente afectaba las tripulacio- nes de los barcos en travesías largas, como las necesarias para acceder al Nuevo Mundo. La lucha contra el escorbuto puede constituir, en realidad, uno de los triunfos científicos más me- ritorios del siglo XVI. Porque, po- co tiempo después de planteado el problema en toda su gravedad (el mal ya era conocido, pero fueron los viajes trasatlánticos los que pu- sieron de manifiesto todo su im- pacto), empezaron a surgir métodos tanto preventivos como curativos. Antes de su muerte en 1579, el belga Ronsaens ya había hablado de los efectos benéficos de los cí- tricos. Pero su conservación du- rante los viajes largos involucraba problemas, razón por la cual se siguió buscando un producto con características similares, pero más fácil de conservar. La corteza de la Thuja Occiden- talis cumplía con este requisito, y de hecho empezó a utilizarse, pero hubo versiones sumamente en- contradas en torno del origen del árbol (si bien se reconoce que pro- viene de América del Norte), y en x. ‘ -. ..—. ' -» x x k Adivinación: Los médicos españoles no comprendíeron Ia medicina mexica por desprenderla de su contexto (Códice Florentino) torno de qué pueblo autóctono había descubierto sus secretos. El tlápatl, por su parte, le ha dado a Occidente una medicina utilizada con frecuencia. Se trata del arbusto Datura Stramonium, cuyas hojas y granos contienen un alcaloide con diversas aplicaciones terapéuticas. Aquí nuevamente se pueden encontrar divergencias entre el uso que solían darle a este alcaloi- delos pueblos americanos, y el que le encontraron los médicos euro- peos. El tlápatl aparece mencionado con cierta frecuencia en relación con las alucinacionesylos fenóme- nos alucinatorios. En Europa, en cambio, se utilizó con insistencia y aparentemente con buenos resul- tados en el tratamiento del asma. Una vez más, sin embargo, hay controversias en torno de su ori- gen. No hay testimonio alguno de que se conociera con anterioridad al descubrimiento de América, pe- ro durante mucho tiempo se con- sideró una planta asiática por el hecho sencillo de que uno de sus nombres —Datura- parece ser de raíz sánscrita y aplicada a otras plantas que sí provienen de la In- dia, como Datura Fastuosa, por ejemplo. Flückiger y Hanbury proponen la hipótesis de que es una planta originaria de Europa, más especí- ficamente, de orillas del Mar Cas- pio, pero no aportan mayores pruebas en este sentido. La hipótesis más defendible in- dica que existen una gran cantidad de variedades de esta especie, al- gunas provenientes del Viejo Mundo, otras del Nuevo, y algunas de Asia. Dioscórides usó algunas de ellas, y registró sus efectos. Lo que sí está documentado es el paso de la hierba a las principa- les metrópolis de Europa durante el siglo XVI; los italianos iniciaron su cultivo, pero fueron los ingleses que le dieron verdadera difusión como antiasmático. Igualmente, los farmacéuticos ingleses llama- ron la atención sobre sus riesgos y efectos secundarios. 21
  23. 23. eguramente una de las controversias científicas más ásperas relacionada con la conquista giró en torno del origen de la sífilis. Durante mu- chos años se debatió si los españo- les trajeron la enfermedad al Nuevo Mundo, o si la llevaron de regreso a Europa. En realidad, la sífilis ha sido una enfermedad vergonzante, que ha llevado a las autoridades científi- cas de muchos países a realizar es- fuerzos sensibles por ubicar su origen en otros. 22 N. n. i.. ..t. ... ... —.. a-nu wïwxz. // // : _' V Nm‘ / l El hecho de que la primera epi- demia de sífilis haya tenido lugar poco después del descubrimiento de América por los europeos, hizo mucho por fortalecer la teoría de que el padecimiento provenía del Nuevo Mundo. El esquema epidemiológico que crearon los médicos de princi- pios del siglo XVI fue el siguiente: los marineros de Colón trajeron el Treponema Pallidum a Barcelona, donde se produjo el primer foco del “mal de bubas” (“sífilis” es un término culto que data del siglo Í? ÉÍLÏLMICAS / / / /// // /¿¡ 2. ilÍl-Ïïïll XIX): soldados barceloneses en- viados a Nápoles habrían sido los iniciadores de la primera verdade- ra epidemia europea del mal en esa ciudad. Gonzalo Fernández de Oviedo, un historiador español de méritos muy discutido fue el primero en formular por escrito la acusación en torno del origen americano de la sífilis. ’ Existen, sin embargo, testimo- nios contemporáneos que pon- drían en duda su afirmación. Por una parte, ajuzgar por las medidas
  24. 24. terapéuticas y preventivas toma- das, parecería que se trataba de una enfermedad ya conocida. Se conocía su mecanismo de propa- gación y los médicos militares te- nían ya recursos para tratar de circunscribir su propagación. Por otra parte, existen indicios de sífilis en Europa anteriores al viaje de Colón. Francisco de Asís Flores, en su monumental obra Historia de la Medicina en México, cree detec- tar alusiones a la sífilis en diversos pasajes de la Biblia, e incluso cree que David era víctima de la enfer- medad. En su libro De Natura Muliertï- bum, Hipócrates hace descripcio- nes de cuadros que sólo pueden definirse como sifilíticos, y Avice- na también describe un “chancro universal” muy difundido en el Medio Oriente. Y como esos, hay muchos indi- cios más en la historia anterior a 1492. Flores especula que la temida lepra bíblica pudiera ser en reali- dad la sífilis con otro nombre. Este razonamiento justificaría eldesco- munal temor al contacto que ins- piraban los leprosos de la antigüedad, cuando la lepra tal co- mo se conoce ahora no es un mal extremadamente contagioso. Ahora bien, estudios paleopa- tólogos han demostrado la exis- tencia de infecciones por trepo- nema en América desde antes de la llegada de los españoles, si bien no existen indicios de que se ha- yan producido aquí epidemias comparables con el brote napoli- tano. Otro aspecto que también hizo pensar en un posible origen ame- ricano de la sífilis fue el hecho de que los mexicas hubieran estudia- do la enfermedad y tuvieran, no uno sino varios remedios. ! u. . --—— ‘-<- -"—' A , ¿un l flan. l “¿la Tezcatlipoca, dios que provocaba el castigo de Ia locura (Códice Borgia) Ya se han mencionado los efec- tos terapéuticos de los jarabes de zarzaparrilla; pero también los médicos españoles lograron resul- tados muy positivos con la admi- nistración de raspados cocidos de palo santo, o guayaca, o guayacán (Guaiacum Officinale). La medicación americana resul- taba más eficaz, y a la vez mucho menos peligrosa que las aplicacio- nes locales de ungüentos de mer- curio combinados con tomas de preparados del mismo metal por vía oral. El advenimiento de estos medi- camentos americanos provocó una verdadera división en escuelas en lo que se refiere a la terapia antisifilítica, con la “avanzada” constituida por los médicos de Carlos V y luego de Felipe II, por- tadores de las nuevas hierbas y los “reaccionarios” europeos, que du- rante cierto tiempo se aferraron al mercurio. Investigaciones posteriores de los médicos franceses permitieron establecer que el palo santo, inge- rido a concentraciones mucho ma- yores, podía ser un tratamiento eficaz contra las afecciones reu- máticas. El ya citado Soubeiran re- comienda tisanas de 30-60 gramos de raspaduras de palo santo para la sífilis, y de 200 a 500 gramos para el tratamiento de los males reumá- ticos. Una hipótesis alternativa seña- la la posibilidad de que el trepone- ma presente en América no fuera el mismo, sino una variedad muta- da del germen europeo, que expli- caría la extraordinaria virulencia de su ataque en Nápoles y la apa- rente falta de defensas de la solda- desca en ese lugar. Esto no puede probarse a cien- cia cierta, ya que desde el punto de vista de la paleopatología la lesión por treponema es genérica, pu- diendo corresponder a sífilis, frambesia, u otra variedad de in- fección. Por último, queda la reflexión de que la ausencia de epidemias en América podría quedar explicada por la vida sexual más ordenada y menos reprimida de los indígenas X ochipilli (Códice Matritense) 23
  25. 25. La partera, con conocimientos avanzados, también era ticitl‘ (Códice Florentino) en relación con los europeos del siglo XVI. El paludismo, por su parte, re- presentó en determinado momen- to un fenómeno inverso al de la sífilis. Esta enfermedad, inexisten- te en el Nuevo Mundo, fue traída supuestamente desde Africa por los esclavos que los europeos tra- jeron en grandes cantidades con el objeto de impulsar con mano de obra barata su colonización. Este modelo teórico se tamba- lea cuando se leen a los cronistas de la Colonia que hablan insisten- temente sobre los tratamientos in- dígenas para fiebres tercianas y cuartanas. Por supuesto, esta descripción podría corresponder a alguna otra enfermedad tropical, pero resulta sumamente llamativo que elreme- dio por excelencia contra el palu- dismo, prácticamente hasta Comer carne podía otorgar las cualidades dominantes del animal que se tratara (Códice Florentino) 24 nuestros días, provenga de la far- macopca indígena del Nuevo Mundo. ¿Fue la quina un aporte mexica- no? La historia más detallada y ex- plícita del ingreso de la quina en el mundo y el uso científico euro- peos, tiene sus orígenes en Perú. Aparentemente, el corregidor de Loja habría padecido paludismo y se habría puesto en manos de los curanderos locales, quienes lo ha- brían curado transitoriamente me- diante la administración de unos polvos obtenidos de triturar la cor- teza de un árbol local. El funciona- rio, conocedor de que la esposa del virrey padecía también de tercia- nas y cuartanas, le habría enviado una provisión abundante de su medicamento milagroso, que tam- bién habría surtido efecto. La falla en este relato es que se produce entre los años 1630 y 1640 aproximadamente, cuando ya se tenían noticias del uso por parte de médicos españoles del polvo de la quina. Si esto es cierto, entonces co- bran vigencia todas las teorías al- ternativas sobre el origen de la quina, entre ellas la que afirma que es originaria de México o Centroa- mérica. Lo que resulta más notable es que la quina (Psoralea Pentaphy- lla) no es un simple antifebril , sino una droga con una acción muy compleja, dos de cuyos mecanis- mos son específicos contra el palu- dismo: la inhibición del musculo- esquelético, con la consiguiente reducción de los temblores, y la agresión contra una etapa del de- sarrollo del plasmodio. El ya citado Flores afirma que los médicos precolombinos tenían conocimiento de las fiebres inter- mitentes, pero no añade suficien- te información como para permitir
  26. 26. Lo frío y lo caliente: un principio clínico Uno de los enfoques rectores de muchas medicinas tradicionales es el planteo binario de principios que, a la vez, son opuestos y complementarios, singulares y enfrentados, dialécticos y sincréticos. En el caso de la medicina china, se habla del “yin” y el “yang "; en el México prehispánico, el planteo era del principio frlo y el principio caliente. Estos principios están diseminados en toda la creación: el cosmos es caliente, la tierra y el inframundo fríos. Las deidades que representan a uno y al otro ostentan a su vez, sus principios, a pesar de que existen excepciones. El hombre, ser complejo, reunía lo fr/ o y lo caliente, en diferentes proporciones de acuerdo con su personalidad. Dentro mismo del hombre había centros de frío yde calor, órganos fríos y órganos calientes. La enfermedad era el producto de la rotura del necesario equilibrio entre ambos principios, ya sea por la introducción de algún elemento que provocara un mayor frio o calor, o por la pérdida de cualquiera de estos principios. Esta concepción resulta muy lejana de los actuales principios de la medicina alópata, pero muchas de sus aplicaciones correspondían a realidades observadas y, por lo tanto, conducían a aplicaciones terapéuticas efectivas. El corazón, por ejemplo, era un órgano caliente por excelencia, mientras que el estómago era frío. Los pies, en cambio, no podían ser considerados fríos ni calientes, sino que eran una especie de fiel del equilibrio, que debían ser preservados cuidadosamente de los excesos térmicos. De acuerdo con estos ejemplos, las patologías se definían, de manera fundamental, como alteraciones en sentido contrario del signo del órgano afectado: se hablaba de “frio del corazón”, o de “calor del estómago”. Esta clasificación y su empleo han conducido al manejo de conceptos bastante dificiles de compren- der por parte del médico occidental moderno ya que no era desusado hab/ ar de "fiebres frías”, por ejemplo, que debían ser tratadas con medicamentos de signo contrario. Asi, las enfermedades "frías" eran tratadas con medicamentos “calientes”, y las enfermedades "calientes” con fármacos “frios”. Los ejemplos más sobresalientes de fármacos fríos eran las daturas el tlapatl y el toloatzin; el peyotl ' y el olloliuhqui son en cambio calientes. . Estos productos, sin embargo, no eran muy utilizados en la terapéutica cotidiana debido a su cualidad de hierbas sagradas. Los medicamentos “calientes ” eran por regla general de color oscuro, como el tilpotonquí (Eryngium e Beechyanium) o el xiuhtlmaitl (Pectis 8p. ). Los hongos constituían una familia particularmente dificil de clasificar de acuerdo con la convención frío-caliente, porque reun/ an características de ambos principios, y podían ser utilizados en un sentido o en el otro. Yesta combinación era parte de su esencia divina. dilucidar si se trataban, efectiva- mente del paludismo o de alguna otra enfermedad análoga. Lo que informa se refiere a la periodicidad de las fiebres, ya que las divide en cotidianas, tercianas y cuartanas hecho que sugeriría paludismo, pero esto no basta para definir con precisión el mal, y deja abierta la posibilidad, sugerida por otros es- tudiosos, de que habrían existido en América otras variedades de plasmodios, menos virulentos que elPlasmodium Falciparum, respon- sable del paludismo moderno. En lo que se refiere a los hierbas utilizadas para tratar estas fiebres, Flores habla de la raíz del chatal- lmíc, del yautil y de la texarapo- tia; también menciona la quina, pero seguida de un signo de inte- rrogación, quc hablaría de la duda del autor sobre la utilización de este fármaco. Un aspecto importante, pero que no menciona ningún texto ni testimonio, es la función del mos- quito como vector de la enferme- dad, factor probablemente desco- nocido y no tratado. 25
  27. 27. ÜH‘ "l, a conclusión ineludible . que surge del análisis de . _ / la medicina indígena pre- hispánica y su confrontación con la medicina europea, es que el pre- juicio dominó al interés científico perdiendo así el enriquecimiento de la integración. Es fácil comprender que, en los primeros momentos de la Con- quista, no se encontraron los hom- bres más idóneos para lograr esta integración. Los recién llegados eran básicamente militares, que venían a someter a un pueblo al que consideraban salvaje, con el prejuicio adicional de que eran pa- ganos, cosa que introducia un nue- vo elemento de suspicacia, ya que muchos de sus éxitos terapéuticos debieron ser atribuidos a la magia y al paganismo. Pero, transcurrido el tiempo y llegados los hombres de ciencia (de los cuales Hernández sólo fue el ejemplo más conspicuo), tam- poco se decidió Europa a aprove- char el innegable caudal de conocimientos y disciplinas de los médicos locales que, en algunos terrenos, superaban ampliamente a la Europa de su tiempo. ¿Cuál fue la razón de esta difi- cultad? ¿Por qué la medicina de la autodenominada civilización se mostró tan renuente a aceptar los aportes de la considerada salvaje, por más que existían ejemplos de su eficacia? 26 R‘ I‘. V a Thr- '- ria-rx‘ T. x/ ul «.4 w301 «a f' “w x) . .x La respuesta más razonable a estas preguntas parece ser que el médico europeonuncallegóacom- prender ni a aceptar las grandes diferencias de concepciones exis- tentes entre élysu colegaindígena. Hay quienes afirman que esta incomprensión radicaba en el con- tenido mágico y religioso de los procedimientos americanos. Un devoto católico no podía aceptar que los rituales y los conjuros pa- ganos, junto con una serie de artes adivinatorias que acomopañaban las terapias, pudieran tener lugar en la práctica médica. Pero esto parece simplista, por- ECA ÍÉÏÏ-CÏECHADO” que los propios sacerdotes, en mu- chos casos, supieron hacer una fusión de los elementos espiritua- les paganos y cristianos con el ob- jeto de utilizarlo para sus propios fines de propagación de su fé. Lo que resulta más profundo, y probablemente más difícil de asi- milar, es el hecho de que todos los pueblos de América tuvieran una concepción totalmente diferente de la salud y la enfermedad de la que tenían los europeos. Ya se ha hablado de la sacraliza- ción del cuerpo humano que ha- cían las religiones americanas frente al relativo desdén que ma- La cirugía mexica aceptaba sólo la reparación de órganos (Códice Florentino)
  28. 28. nifestaba en este aspecto el cristia- nismo, pero en realidad las diferencias iban mucho más lejos. El caso de la locura resulta ilus- trativo: para el cristianismo del si- glo XVI, los enfermos mentales estaban poseídos por el demonio y debían ser marginados y frecuen- temente castigados; la concepción prehispánica, en cambio, no atri- buía la locura a la posesión sino a un cambio en el corazón Se recordará que los mexicas consideraban un eje canalizado: de energía entre el cerebro y el corazón, de modo que una modifi- . _ H ‘ ' l ' ‘ y - cación de este último órgano debía La sesión terapéutica: Elementos farmacológicos, religiosos, sociales, astrológicos, 86116737 Cmïducïas ¿“(malas- mágicos para recuperar la salud (Códice Florentino). Lo más importante de esta con- Las trepanaciones: ¿Un intento de neurocirugía? En distintas zonas de México han sido descubiertos cráneos trepanados, pero las mayores concen- traciones de los mismos se encuentran en tres zonas: Tlatilco, en el Disitrito Federal; Montealban y Montenegro, cerca de Oaxaca; y en las ruinas mayas cercanas a Chiapa de Corzo y en Palenque. El examen de los cráneos demuestra que las intervenciones fueron hechas cuando el paciente estaba todavía vlvo, y algunos autores sostienen que vivió por lo menos varios días después de realizadas. Diversos autores han estimado una sobrevida de varios meses de pacientes trepanados, y sugieren que podían ser causas posibles para esta cirugía la hipertensión intracraneana, las heridas en las que hubieran quedado esquirlas de hueso, y posiblemente algunos tumores. Se distinguen dos técnicas claramente diferenciadas. En la gran mayor/ a de cráneos, la trepanación se ha hecho por desbaste, pero algunos de ellos se han hecho con una broca hueca, extrayendo un pedazo de hueso. En el resto de América se han encontrado también cráneos trepanados por el método de desbaste o raspado, fácilmente distinguible por los bordes en bísel del agujero. Pero la trepanación con broca parece haber sido exclusiva de México. No se sabe cuál era el objetivo buscado por las trepanaciones, pero los restos indican que se trata de una práctica muy antigua, que ya había caído en desuso cuando llegaron los españoles. Ninguno de los cronistas que se ocuparon de cuestiones médicas parece haber recibido comunicación alguna de la supervivencia de estas prácticas en el momento de escribir sus relaciones. El examen de los cráneos, por otra parte, no revela huellas de patologías, lo que hace dudar muy seriamente si tuvieron alguna intención terapéutica. Parece más probable la hipótesis de que las trepanaciones ten/ an un fin mágico-religioso, como pod/ a ser dejar escapar un espíritu o ente sobrenatural residente en el enfermo. De esta manera, si bien no se puede refutar totalmente Ia teoría de que algunas culturas precolombinas hablan intentado una primitiva forma de neuroclrugía, hay muy pocos datos que la apoyen, y sl muchos que tienden a contrariarla. 27
  29. 29. cepción, sin embargo, reside en que la locura era considerada co- mo una enfermedad y, por ende, el enfermo era un ser digno de trata- miento y cuidado. Y esta actitud resultaba cohe- rente con toda la concepción me- xica de enfermedad, que abarcaba todo el ser humano, incluyendo los órganos afectados, la mente, las interacciones sociales y, por su- puesto, la esfera religiosa (que en muchos casos no era más que un denominador común totalizador de todos los aspectos de la vida del paciente). En este marco, la parte ritual de las curaciones tenían una rigurosa lógica. El análisis de los males del cora- zón también revela la diferencia abismal existente entre una y otra medicina. El corazón era para los nahuas el principal centro del áni- mo y el pensamiento, razón por la cual la administración de hierbas con efectos sobre el músculo car- díaco representaban apenas una parte mínima del tratamiento. Estas diferencias, como todas las culturales y cosmogónicas que te- nían con los pueblos sometidos, fueron para los conquistadores muestras de una aparente supe- rioridad de Europa sobre América. Así perdieron, por ceguera his- tórica y etnocentrismo, la posibili- dad de entender, incorporar e integrar los conocimientos médi- cos de Mesoamérica. Sólo se pre- tendieron aplicarlos recursos en el aspecto estrictamente técnico, ais- lándolas por completo de su marco de referencia. Este error, reitera- do en la estructura de pensa- miento occidental, provocó una auténtica pérdida de observación, farmacología, experiencia clínica y conocimiento en términos de este binomio salud-enfermedad, cuer- po-espíritu, cielo-tierra que es el ser humano. 28 El temascal. Además de su uso terapéutico, el temascal cumplía una función punfl» ¿‘adora ( C ódice Magliabeclti). El temascal ocupa un lugar muy importante en Ia terapéutica prehispánica, ya que responde a un principio curativo muy general y puede ser dado para una cantidad de condiciones muy diversas. Se trata de una instalación parecida a un horno de pan muy grande, construido en adobe, en forma de bóveda, con una altura aproximada de un metro y medio y un diámetro que no sobrepasa los dos metros. Sus dimensiones, generalmente, están concebi- das para que dos personas puedan estar dentro. Adosado a este habitáculo se encuentra un horno, y la separa- ción está construida en alguna piedra porosa, que transmite efí- cazmente el calor. Cuando esta pared se pone al rojo, se le arroja agua, para que empiece a producir el vapor que es la característica sobresaliente de este tipo de “baño”. Nuevamente, lo mágico se asocia con lo terapéutico de manera íntima, porque al principio de depuración, de expulsión de factores dañinos, se asocian los efectos del calor húmedo. Por reg/ a general, quienes usaban con más frecuencia el temascal eran las embarazadas, pero también se les recetaba a los convalecientes de enfermedades largas, a quienes habian padecido fracturas o torceduras, a los mordidos por serpientes, alacranes o arañas ponzoñosas.
  30. 30. Pionero en Penlclllnns Líder on Cefalosporlnnn ZNT-L2/9O

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