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Lectio Divina 2o. dom. bodas de caná

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Lectio Divina 2o. dom. bodas de caná

  1. 1. 1 Lectio Divina Ciclo C, 2º. Domingo Ordinario (Jn 2,1-11) Juan José Bartolomé La primera manifestación pública de Jesús en el cuarto evangelio tuvo un comienzo singular: en el marco de una boda. Gracias a la observación femenina, Jesús pudo adelantar su hora; su milagro salvó la falta de vino; fiesta en la boda, pero sobre todo convirtió a unos curiosos que seguían a Jesús, en discípulos creyentes. Si esta María, la fiesta está asegurada frente a la impericia o escasez; si tenemos a Jesús, la carencia se vuelve posibilidad de vida: la comunidad de discípulos nació en el momento que ella advirtió que faltaba el vino, y con él la alegría; la madre, a pesar de que su Hijo le dijo que no tenía que ver con ese problema, ella insistió e hizo que muchos se dieran cuenta quién era su Hijo. ¿Cuánto perdemos si no tenemos a María con nosotros? Si no invitamos a nuestra fiesta cuántas cosas nos faltarán, porque con ella todo es posible. Seguimiento: 1. En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí. 2. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. 3. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: “No les queda vino”. 4. Jesús le contestó: “Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora”. 5. Su madre dijo a los sirvientes: “Hagan lo que Él les diga”. 6. Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. 7. Jesús les dijo: “Llenen las tinajas de agua”. 8. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: “Saquen ahora, y llévenle al mayordomo el vino”. Ellos se lo llevaron. 9. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía; (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio. 10. y le dijo: “Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora”. 11. Así, en Caná de Galilea, Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en Él. I. LEER: entender lo que dice el texto fijándose en como lo dice. El relato de la boda en Caná de Galilea (Jn 2,1-11) es un bloque narrativo bien enmarcado. Entre la introducción que sitúa la acción y presenta los personajes (Jn 2,1-3a) y la conclusión que aporta su sentido teológico (Jn 2,11), se presenta la escena dividida en tres diálogos: el diálogo de María con Jesús (Jn 2,3b-5), el diálogo de Jesús con los siervos (Jn 2,7-8), el diálogo del encargado de la fiesta con el novio (Jn 2,9-10). A través de la palabra narrada, (Jn 2,11) los discípulos captaron en este primer signo de Jesús (más exactamente, el principio de los signos: cf. Jn 4,46-54; 5,1-9; 6,1-15.16-21; 9,1-12; 11,1-44) cómo
  2. 2. 2 Dios actuó, su gloria, su presencia eficaz en las intervenciones históricas, que sólo se pueden captar por la fe (cf. 2,23-25; 4,48; 20,29). Todo el relato se desarrolla en una celebración en la que los anfitriones no tuvieron en cuenta cuánto vino se iba a necesitar (Jn 2,3). El Bautista no comía ni bebía (cfr. Mt 11,18); sus discípulos fueron con Jesús a una Boda, que podía durar de tres a siete días. El primer signo realizado por Jesús fue cambiar agua en vino, y buen vino. Este milagro no fue pedido, fue un don, como todo lo mesiánico: Los invitados pudieron gozar de unos 600 litros de un vino excelente. Esta cantidad impresionante y la alegría que aseguraba, dirigen la atención hacia Jesús que, por proporcionar el vino, ha ocupado el papel del esposo (cf. Mt 15,1-13). La madre de Jesús fue a la fiesta (Jn 2,1) y fue ella quien hizo que hubiera vino. María no pide nada a Jesús para Ella, pero sí le advierte que se necesitaba vino. La respuesta de Jesús, dura e insólita, es central para entender el sentido último del episodio: tanto el nombre que le da Jesús: ‘mujer’, como el giro: ‘¿qué [nos va] a ti y a mí?’ (cfr. Jue 11,12; 2 Sam 16,10; 1 Re 17,18), es para pensarse. Jesús se separa de los vínculos terrenos que le pueden impedir su obediencia al Padre: la familiaridad que Jesús prefiere es la que nace de la obediencia a Dios (cf. Mc 3,31-35; Lc 2,48-49). Con su ruego, María queda al nivel de la fiesta, quería salvar sólo una familia; en su respuesta Jesús coloca la petición de su madre dentro del plan de Dios: le invita a entrar en su designio. La reacción de María es de fe: hace que los sirvientes le obedezcan. Los invita a que hagan lo que les diga su Hijo (Jn 2,5). La confianza de María en Jesús, y la disponibilidad de los criados, hacen que el Maestro acepte anticipar la alegría complacer a su madre. Bastó una palabra de Jesús, para que los discípulos vieran su gloria (Jn 2,11); suscitar fe es el fin de los signos (20,31). De Caná baja Jesús a Cafarnaún (Jn 2,12), rodeado de su familia y sus discípulos, ya creyentes: La fe es el origen de la nueva familia. Jesús ha dejado ver su gloria por vez primera en la intimidad de una fiesta de familia, entre amigos y familiares, en una oscura aldea galilea, entre personas modestas, con sirvientes que obedecen sin conocer a Jesús y una madre que descubre la falta de vino… y la necesidad a Jesús. II. MEDITAR: aplicar lo que dice el texto a la vida Tras ser identificado por Juan Bautista y habiendo dejado que unos curiosos le siguieran, Jesús empieza a predicar el Reino de Dios. Lo primero que hace es acompañar a unos jóvenes en la celebración de su matrimonio. Como nos ha recordado el evangelio, Jesús inició su misión siendo, en compañía de su madre y de los primeros discípulos, huésped de unos recién casados: participar en una boda, ¿no es 'extraño' inaugurar el Reino así?  No nos sorprende que haya ido; pero sí lo que hizo por los novio causando el asombro de todos los que se dieron cuenta. ¿Qué me asombra en Jesús?
  3. 3. 3 En ese tiempo los maestros que predicaban conversión practicaban la penitencia y el ayuno, como el Bautista. Los primeros discípulos que fueron con Jesús, se sorprendieron al ver que el Maestro si iba a una boda, que comiera en el banquete y vendiera vino. Esta fue la primera lección que Jesús les dio sin proponérselo. Más tarde les dijo: “No es posible ayunar, cuando el banquete está preparado (Mt 11,18-19); estando presente el novio, sus amigos deben alegrarse” (Mc 2,18-20).  Jesús llevo a sus seguidores a compartir el gozo y la ilusión de ese matrimonio. Ellos empezaron a creer en una fiesta, en un banquete de bodas. Los discípulos tenemos que compartido con los demás, contando con la presencia del Señor. Esos hombres gozaron de la presencia de Jesús, en un ambiente familiar; los esposos empezaban llenos de ilusión: todavía no creyeron en Él, pero fueron capaces de querer que Jesús estuviera en su boda. La experiencia humana los llevó a la experiencia de fe.  Vivir el amor humano, participar en el gozo de los demás, compartir las alegrías y las carencias de los que nos rodean, es un camino para creer en Jesús: no vivamos ajenos a lo que les sucede a nuestros hermanos. En la medida que más compartimos la vida de los demás, más nos acercaremos a Jesús. Tal vez no somos buenos creyentes porque no logramos descubrir en la vida normal, la nuestra y la de nuestro prójimo, razones para vivir con… elemento esencial del cristianismo. Los discípulos se hicieron creyentes en una boda. Quienes no aceptaron la invitación a participar a la Boda, no presenciaron el milagro del Maestro ni lo vieron convertir el agua de la vida en el vino de la fiesta. De lo que se perideron.  Aunque parezca extraño, no somos mejores discípulos de Jesús si no nos fiarnos totalmente de Él; al no tener la capacidad para festejar no sabremos vivir compartiendo la alegría con quienes tenemos cerca. Si queremos compartir con nuestro prójimo lo que lo alegra, veremos a Jesús en acción, porque Él siempre está con sus hermanos, bien en las alegrías como en los problemas. Quienes estuvieron en la boda probaron la alegría de estar con Jesús. Quienes se dejaron invitar por Jesús y fueron con él, (los dos discípulos del Bautista, que fueron a buscarlo para saber quién era y qué hacía, pudieron beber del vino bueno. Presenciaron el milagro porque vieron que el Maestro convirtió el agua en vino. De no haber sido por María, que se dio cuenta que faltaba el vino y que enseguida supo qué hacer, pidiéndole a su Hijo que actuara, el milagro no se hubiera realizado y la alegría de la fiesta habría terminado con es mal sabor de boca. Ella advirtió el peligro de que la fiesta se acabara y salvó a los jóvenes esposos de la crítica; si bien su Hijo en un primer momento le dijo que no haría nada, Ella sabía que acabaría por obedecerla. María no se detiene ante la primera negativa de su Hijo; sabe que haciendo lo que Él dijera, lograría que por su intervención, abundara el vino y la fiesta no acabaría ahí. Esta es la segunda lección que aprendieron los discípulos, en Caná de Galilea. No basta la compañía de Jesús para que la alegría de la vida esté asegurada; hace falta, además, hacer lo que Él diga, sea lo que sea. María no puede solucionar por sí misma la escasez de vino ni puede hacer qué la fiesta no se acabe; pero sabe que su Hijo puede hacer eso y más. Mueve a los que podían hacer algo, como llenar las tinajas, a ‘hacer lo que Él les pidiera’, la obediencia estaba de por medio. El milagro no se hizo esperar, aunque Jesús adelantó ‘su hora’, se dio la manifestación.
  4. 4. 4 El discípulo, que presencia no ya el signo realizado sino, sobre todo, la confianza de la Madre y la obediencia silenciosa de los sirvientes, se convierte en creyente feliz sin mucho esfuerzo. Quien vive la alegría de ser discípulo junto a María, puede estar seguro de que lo que falte en su vida, la escasez con que viva su fe, su imposibilidad de asegurarse el gozo y la ilusión en su interior y en su casa, pueden ser vencidas.  Nada nos puede robar la alegría de vivir, si vivimos con Jesús y con María. Ellos nos hacen falta, precisamente ante tantas cosas que nos faltan;. Si queremos gozar la alegría de vivir, necesitamos de Jesús y de María. Para convertirnos en discípulos necesitamos recuperar una devoción a la Madre de Dios que atenta a nuestros defectos, intercede confiada en la benevolencia de su Hijo. Si somos obedientes como siervos, podremos ser también testigos en la vida diaria, como los fueron los primeros discípulos. Con María el seguimiento de Jesús se convierte en experiencia de fe y en gozo. Vivir con María mientras vamos acompañando a Jesús nos facilita la fe y nos asegura una vida siempre feliz.  No es mucho lo que se nos pide para hacernos creyentes. Ni tendremos que renunciar a nuestra alegría de vivir, ni tendremos que vivir sin faltas. Esa es la ventaja de tener a María con nosotros: seguir a su Hijo de cerca. ¿Por qué descuidamos a la Madre y al Hijo? III. ORAMOS nuestra vida desde este texto Señor, que María, la Madre de tu Hijo siga siempre con nosotros. Ella te conoce, Le conoce y nos conoce. Sabe qué nos hace falta y cómo vivimos. Que la dejemos actuar, pero siendo responsables. Que como esos hombres obedezcamos lo que Él nos diga, para que haya vino en nuestra vida…¡Y que no se acabe! Si lo tomamos, estaremos de verdad alegres y podremos hacer este mundo más feliz. Esta gracia te la pedimos para todas las personas que conocemos, sobre todo por las que viven tristes. ¡Así sea! * * * * *

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