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La estabilidade social

  1. 1. LA ESTABILIDADE SOCIAL DEBE PREVALECER POR ENCIMA DE TODO. Hay leyes que matan la libre iniciativa o anulan la esperanza de un porvenir mejor. Lo ideal sería la elaboración de leyes perdurables por largo espacio de tiempo. Sobre esta frase clara y terminante el ilustre magistrado y profesor paulista, Dr. Paulo Lúcio Nogueira, desenvolvió la notable tesis publicada en el "Jornal o Estado de São Paulo" el 4/03/1990, defendiendo la llamada "Estabilidad Jurídica " no sólo a través de leyes duraderas, sino también de decisiones judiciales , concluyendo magistralmente: solamente cuando haya un orden jurídico estable, confiable y seguro podremos disfrutar alguna paz social, inclusive con reflejos en la esfera económica y política. La lectura de ese trabajo nos invitó a reflexionar sobre la importancia de que se elaboren normas que vengan a contemplar la estabilidad social y, de hecho, a resolver los problemas que les dieron origen, dejando de crear otros, a veces más graves que aquellos. La leyes humanas no dejan de ser una pálida manifestación de las Leyes Universales y deben, por lo tanto, ser observados con criterio los efectos que causan en el escenario social cuando son efectivamente aplicadas, a fin de que esas leyes sean perfeccionadas o substituidas - si fuera el caso - cuando no cumples satisfactoriamente el objetivo para el cual fueron creadas. Según el pensador latino-americano Carlos Bernardo González Pecotche, las leyes fueron instituidas por la misma humanidad para que los hombres puedan, mediante su conocimiento, vivir en armonía y respetarse mutuamente.... Los pueblos se rigen por leyes que, según las altas miras invocadas por la legislación, organizan la vida social humana sobre bases de orden, disciplina y respeto común.
  2. 2. Toquemos ahora el punto referente a las imperfecciones de las leyes humanas y sus consecuencias en la vida del hombre. Las fallas humanas, es innegable, dieron origen a todas las injusticias, pues muchas veces - según Gonzáles Pecotche - se plasman en normas sociales, en hábitos, en leyes que inundan los códigos y extravían el pensamiento de quiénes tienen jerarquía de mando, sea cual fuera su posición, promoviendo equívocos en sus mentes. Las deficiencias de nuestras leyes e instituciones acarrean diariamente, como bien se expresa en el trabajo del precitado profesor Paulo Lucio Nogueira - que inspiro estas líneas - serios disgustos, los que bien se podrían evitar con sólo tomar las medidas correspondientes. Entre lo que se debe hacer y lo que demanda la conciencia pública, desde lo más íntimo de su sentir, está el perfeccionamiento de las leyes existentes, ya que lógico es pensar que quien las sancionó no pudo prever lo que luego, cuando esas formas fueron aplicadas, señalaría la propia realidad como deficiencia. Entretanto es casi general que los que menos se enteran de las fallas de que pueden padecer las leyes, como asimismo los procedimientos usados para s aplicación, son los legisladores y hombres de Estado. Es bien sabido que estos jamás sienten en carne propia el rigor injusto y las anormalidades que la poco menos que desvalida sociedad tienen que padecer. Hay leyes que matan la libre iniciativa o anulan la esperanza del hombre en un porvenir mejor. Y hay, también, las que deprimen el sentir común y apagan la confianza que puede tener el habitante en las instituciones que forman la estructura jurídica y social de una nación. Hay leyes injustas y rigorosas que prohíban hasta el último vestigio de libertad individual.
  3. 3. La rigurosidad de las leyes es, en muchos casos, contraproducente y ocasiona mayores trastornos e inconvenientes a la sociedad que los se tenían antes de que ellas existieran. Todo eso porque no se contempla, después de sancionada la ley, cuales son los males que corrige y cuales los que aparecen con ella. Hay aquí, pues, una preciosa orientación para el perfeccionamiento de nuestras leyes: debemos observar, cuando entran en vigencia esas leyes, los males que corrigen y los que aparecen con ellas. Es más: se sugiere organizar un archivo de antecedentes en el cual se reunirían las deficiencias observadas en nuestras leyes y en nuestra organización institucional y administrativa. Los individuos sin responsabilidades son los únicos favorecidos con la imperfección orgánica de nuestras instituciones y leyes. Tornase urgente su perfeccionamiento ya que ellas deben amparar la dignidad humana. Lo deben hacer aquellos que tienen en sus manos el poder judicial, a fin de que se mantenga viva la llama de la esperanza del ciudadano en las normas y en las organizaciones que forman la estructura jurídica y social del país. Hay elementos que el hombre puede utilizar para perfeccionar las leyes existentes o para hacer otras más justas. Siendo las leyes que se sancionan productos, muchas veces, de estudios parciales, los que no se examinan con la debida atención y conciencia de los maes que se quiere corregir y dada la falibilidad humana, se sugiere: Toda ley debería ser sancionada para regir en plazos perentorios. Toda disposición que, en la práctica, resultase deficiente para la vida normal de la sociedad, podría así ser subsanada y ampliada la ley al agregarse lo que la experiencia señalara como omisión.
  4. 4. La inteligencia humana puede servir para resolver muchas situaciones y cuando ello ocurra, tendremos otra clase de legisladores y hombres de Estado, capaces de dictar leyes justas y propicias, que eviten los excesos y pongan limites razonables a la ambición. Marco Aurélio Bicalho de Abreu Chagas

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