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BIOGRAFIA:
(Andahuaylas, 1911 - Lima, 1969) Escritor y etnólogo peruano, renovador
de la literatura de inspiración indigenista y uno de los más destacados
narradores peruanos del siglo XX.
Sus padres fueron el abogado cuzqueño Víctor Manuel Arguedas Arellano,
que se desempeñaba como juez en diversos pueblos de la región, y
Victoria Altamirano Navarro. En 1917 su padre se casó en segundas
nupcias (la madre había muerto tres años antes), y la familia se trasladó al
pueblo de Puquio y luego a San Juan de Lucanas. Al poco tiempo el padre
fue cesado como juez por razones políticas y hubo de trabajar como
abogado itinerante, dejando a su hijo al cuidado de la madrastra y el hijo
de ésta, quienes le daban tratamiento de sirviente.
En 1921 se escapó con su hermano Arístides de la opresión del
hermanastro. Se refugiaron en la hacienda Viseca, donde vivieron dos
años en contacto con los indios, hablando su idioma y aprendiendo sus
costumbres, hasta que en 1923 los recogió su padre, quien los llevó en
peregrinaje por diversos pueblos y ciudades de la sierra, para finalmente
establecerse en Abancay.
Después de realizar sus estudios secundarios en Ica, Huancayo y Lima,
ingresó en 1931 a la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor
de San Marcos de Lima para estudiar Literatura. Entre 1932 y 1937 trabajó
como auxiliar de la Administración Central de Correos de Lima, pero
perdió el puesto al ser apresado por participar en una manifestación
estudiantil a favor de la República Española.
Después de permanecer alrededor de un año en la prisión El Sexto, fue
nombrado profesor de castellano y geografía en Sicuani, en el
departamento de Cuzco, cargo en que descubrió su vocación de etnólogo.
En octubre de 1941 fue agregado al Ministerio de Educación para
colaborar en la reforma de los planes de estudios secundarios. Tras
representar al profesorado peruano en el Congreso Indigenista
Interamericano de Patzcuaro (1942), reasumió su labor de profesor de
castellano en los colegios nacionales Alfonso Ugarte, Nuestra Señora de
Guadalupe y Mariano Melgar de Lima, hasta que en 1949 fue cesado por
considerársele comunista.
En marzo de 1947 fue nombrado Conservador General de Folklore en el
Ministerio de Educación, para posteriormente ser promovido a Jefe de la
Sección Folklore, Bellas Artes y Despacho del mismo ministerio (1950-52).
En 1953 fue nombrado Jefe del Instituto de Estudios Etnológicos del
Museo de la Cultura Peruana, y el mismo año comenzó a publicar la
revista Folklore Americano (órgano del Comité Interamericano de
Folklore, del que era secretario), la cual dirigió durante diez años.
A este cargo sucedieron el de director de la Casa de la Cultura del Perú
(1963-1964) y director del Museo Nacional de Historia (1964-1966), desde
los cuales editaría las revistas Cultura y Pueblo e Historia y Cultura.
También fue profesor de etnología y quechua en el Instituto Pedagógico
Nacional de Varones (1950-53), catedrático del Departamento de
Etnología de la Universidad de San Marcos (1958-68), y profesor en la
Universidad Nacional Agraria de la Molina desde 1964 hasta su muerte,
ocurrida a consecuencia de un balazo que se disparó en la sien y que
ocasionaría su fallecimiento cuatro días después Premio Inca Garcilaso de
la Vega (1968).
La obra de José María Arguedas
La producción intelectual de Arguedas es bastante amplia y comprende,
además de obras de ficción, trabajos, ensayos y artículos sobre el idioma
quechua, la mitología prehispánica, el folclore y la educación popular,
entre otros aspectos de la cultura peruana. La circunstancia especial de
haberse educado dentro de dos tradiciones culturales, la occidental y la
indígena, unido a una delicada sensibilidad, le permitieron comprender y
describir como ningún otro intelectual peruano la compleja realidad del
indio nativo, con la que se identificó de una manera desgarradora.
Por otro lado, en Arguedas la labor del literato y la del etnólogo no están
nunca totalmente disociadas, e incluso en sus estudios más académicos
encontramos el mismo lenguaje lírico que en sus narraciones. Y aunque no
era diestro en el manejo de las técnicas narrativas modernas, su literatura
(basada especialmente en las descripciones) supo comunicar con gran
intensidad la esencia de la cultura y el paisaje andinos.
Arguedas vivió un conflicto profundo entre su amor a la cultura indígena,
que deseaba se mantuviera en un estado `puro`, y su deseo de redimir al
indio de sus condiciones económicas y sociales. Se puede decir que la
añoranza a las formas tradicionales de la vida andina hizo que postulara
un estatismo social, en abierta contradicción con su adhesión al
socialismo.
Su obra revela el profundo amor del escritor por la cultura andina
peruana, a la que debió su más temprana formación, y representa, sin
duda, la cumbre del indigenismo peruano. Dos circunstancias ayudan a
explicar la estrecha relación de Arguedas con el mundo campesino. En
primer término, que naciera en una zona de los Andes que no tenía mayor
roce con estratos occidentalizados, en segundo lugar, que a la muerte de
su madre, su madrastra lo obligara a permanecer entre los indios. De esa
manera asimiló la lengua quechua, y lo mismo sucedió con las costumbres
y los valores éticos y culturales del poblador andino.
Esta precoz experiencia, vivida primero y simbolizada en su escritura por la
oposición indios/señores, se vería más tarde reforzada con los estudios
antropológicos. Como resultado de esta trama, la vida de Arguedas
transcurrió entre dos mundos no sólo distintos, sino además en contienda.
De allí surgió su voraz voluntad de interpretar la realidad peruana, la
permanente corrección de sus ideas sobre el país y la definición de su obra
como la búsqueda de una imagen válida de éste.
Ya desde sus primeros relatos se advierte la problemática que terminaría
por presidir toda su escritura: la vida, los azares y los sufrimientos de los
indios en las haciendas y aldeas de la sierra del Perú. Allí también se
presenta esa escisión esencial de dos grupos, señores e indios, que será
una constante en su obra narrativa. El espacio en que se desarrollan sus
relatos es limitado, lo que permite a esta oposición social y cultural
mostrarse en sus aspectos más dramáticos y dolorosos. Ya el derrotero de
Arguedas está trazado, aunque en su fuero interno vive intensamente la
ambigüedad de pertenecer a dos mundos, su actitud literaria es muy clara,
en la medida en que determina una adhesión sin atenuantes al universo
de los indígenas, generando dos cauces de expresión que se convertirán
en sendos rasgos de estilo: la representación épica y la introspección
lírica.
RESEÑA:
El zorro de arriba y el zorro de abajo es la sexta y última novela del
escritor peruano José María Arguedas publicada póstumamente en
1971. Es una novela trunca, es decir, no culminada, y que se halla
intercalada por unos diarios personales e intimistas donde el autor
refiere los tormentos que le agobiaban mientras iba escribiendo la
novela, para finalmente anunciar su inminente suicidio.
Complementan la obra dos cartas y un epílogo. La novela pinta las
consecuencias del acelerado proceso de modernización del puerto de
Chimbote, motivado por el boom pesquero, hacía allí llegan miles de
inmigrantes andinos atraídos por la oportunidad de ganarse la vida en
una pujante urbe industrial, y al mismo tiempo asimilarse a la llamada
«modernidad», todo lo cual, según la óptica del escritor, trae
consecuencias nefastas: la pérdida de la identidad cultural del hombre
andino y su degeneración moral al sucumbir ante los vicios de la
ciudad, en bares y burdeles. La obra consta de dos partes y un epílogo,
la primera parte consta de cuatro capítulos, los únicos terminados.
La época en que está ambientado el relato es la década de 1960, es
decir sincroniza con el tiempo en que fue escrito. Hay una alusión
concreta a un año, 1967. El autor solo pudo escribir cuatro capítulos
completos que conforman la primera parte, así como lo que llamó los
«hervores» de la segunda parte, además de los diarios que intercaló a
lo largo de la obra, labor que hizo entre mayo de 1968 y agosto de
1969, para poco después suicidarse disparándose un tiro en la cabeza.
En la novela los fragmentos novelescos, que narran la imposición del
orden capitalista y se focalizan en Chimbote, alternan con páginas
aisladas del diario personal, autobiográfico, del autor. En él se expresa
la decisión de suicidarse, se narran los preparativos de ese acto terrible
y se formula lo que pudiera ser el testamento de Arguedas.
Paradójicamente, pese al sentido trágico que expresan los fragmentos
novelescos y los diarios, en El zorro de arriba y el zorro de abajo se
encuentran afirmaciones de esperanza.
Los zorros a los que hace referencia el singular título de la obra (el de
arriba y el de abajo) son personajes mitológicos tomados por el autor
de unas leyendas indígenas recopilados a fines del siglo XVI o
comienzos del siglo XVII por el doctrinero hispanoperuano don
Francisco de Ávila en la provincia de Huarochirí. Estas leyendas
escritas en quechua fueron traducidas al castellano y editadas por el
mismo Arguedas bajo el título de Dioses y hombres de Huarochirí
(1966).
Resumen por capítulos[
PRIMERA PARTE]
PRIMER DIARIO
Fechado en Santiago de Chile, 10 de mayo de 1968, en el primer diario el autor narra una
secuencia de su vida que desemboca en su primer intento de suicidio de 1966. Cuenta que
contrajo en la infancia una «dolencia psíquica» que hizo crisis en mayo de 1944 (tenía
entonces 33 años) y que lo dejó casi cinco años neutralizado para escribir; de esa crisis
salió, en parte, gracias a su encuentro con una prostituta, una zamba gorda que le devolvió
el amor de vivir. Pero intelectualmente, no se recuperó del todo y a lo largo de esos años
solo leyó unos cuantos libros. En abril de 1966 intentó suicidarse, porque se sentía un
«enfermo inepto», un simple espectador de los acontecimientos revolucionarios que
sacudían al mundo y no soportaba el no poder ser un participante. Pero inmediatamente
dice que si volviera a escribir recobraría la sanidad, y que para facilitar ello se enfocaría
primero en un tema que en ese momento le obsesionaba, sobre el cómo no pudo matarse,
que luego enlazaría con los motivos elegidos para una novela a la que bautiza con el
nombre de El Zorro de Arriba y el Zorro de Abajo. En otros diarios (fechados el 11, 13, 15,
16 y 17 de mayo) rememora algunos episodios entre agradables y tormentosos de su
infancia y adolescencia, así como hace alusiones a la reciente polémica que tuvo con el
escritor argentino Julio Cortázar y a su gran amistad con el escritor mexicano Juan Rulfo.
CAPÍTULO I
Comienza narrando las acciones de Chaucato, patrón de la bolichera «Sansón I», y sus
trabajadores pesqueros, entre los que se hallan los apodados «el Mudo» y «el Violinista».
El diálogo entre estos personajes es excesivamente vulgar, con jergas e insultos
denigrantes, según el uso de los pescadores del puerto de Chimbote. Resaltan los
dicterios que recibe el Mudo por su condición de homosexual. Chaucato y sus pescadores
acarrean del mar toneladas de anchovetas que luego lo venden a las fábricas para su
conversión en harina y aceite de pescado. El dinero que ganan por este trabajo, muy
sustancioso, lo dilapidan después en los bares y prostíbulos del puerto. El burdel
emblemático de Chimbote se divide en tres secciones: el salón rosado, el salón blanco y el
corral, siendo el primero de mayor jerarquía, donde atienden prostitutas extranjeras (como
«la Argentina»), y el último el de nivel más bajo, donde se ofrecen mujeres pobres,
mayormente de origen andino y selvático. En ese ambiente ocurren grescas entre los
visitantes, peleas con las mujeres, encerronas, borracheras, sadomasoquismo, etc. Por
ejemplo, el pleito del Mudo con el gringo Maxwell, a quien amenaza degollar con un
cuchillo, y la incursión de un cabo de la guardia civil, a quien algunos revoltosos sobornan
para evitar ser apresados. Un pescador serrano, Asto, ostentosamente celebra su mejora
salarial visitando asiduamente a «la Argentina», la prostituta más cotizada del salón
rosado, por ser extranjera, blanca y rubia. En otra escena, tres prostitutas del Corral (entre
ellas la Orfa y Paula Melchora) retornan caminando a su barriada, lamentando su
situación. El capítulo finaliza mencionándose a Chaucato, quien duerme plácidamente en
un cuarto del burdel, mientras que dos prostitutas, la «Flaca» y la «China», se reparten el
pago, aunque la última reclama haber hecho sola el «trabajo».
CAPÍTULO II
Este capítulo presenta a un extravagante personaje, el loco Moncada, un zambo que
predica en calles y plazas del puerto, utilizando disfraces según la ocasión. Un ejemplo de
esas alocuciones o monólogos es el siguiente:
Miren como toreo las perversidades, las pestilencias. Yo soy lunar negro que adorna la cara, el
lunar cuando está en la mejilla de la mujer buenamoza o en la frente del hombre es adorno.
¿Quién dice que no?, yo soy lunar de Dios en la tierra, ante la humanidad. Ustedes saben que
la policía me ha querido llevar preso, otras veces decían que era gato con uñas largazas, de
ladrón. Yo, no niego que soy gato, pero robo la amistad, el corazón Dios, así araño yo... y no es
la moneda la que me hace disvariar sino mi estrella...
El loco Moncada, con una pesada cruz al hombro, recorre la ciudad, pasando por el
mercado. Al llegar a la vía del ferrocarril encuentra un gallo triturado por un vagón, que
recoge y mastica. La gente lo ve dirigirse hacia las barriadas situadas más lejos, en los
arenales. Sucedía entonces que las autoridades habían convencido a los pobladores
pobres a que enterraran a sus muertos en un nuevo cementerio habilitado en una pampa
hondonada situado al otro lado de la barriada de San Pedro. El antiguo cementerio,
situado en un médano colindante con la carretera principal, había sido cercado con un
muro y en su fachada colocada un gran arco; sería destinado en adelante para la gente
pudiente. Los pobladores de las barriadas, instados por sus líderes, organizaron entonces
una «procesión de cruces»: arrancaron las cruces de las tumbas de sus muertos (situadas
en la parte alta del viejo cementerio) y las trasladaron al nuevo cementerio, haciendo una
larga marcha. Nadie comprendía el motivo del loco Moncada para sumarse a esa
procesión; la cruz que abandona en la hondonada es recogida por el sacristán-guardián
del cementerio, que decide colocarla en lo alto del médano del cementerio. En otra
escena, Tinoco llega al barrio de La Esperanza Baja y entra en la casa de Florinda (la
hermana de Asto), a quien amenaza para que vuelva al Corral. Aparece Antolín Crispín, el
conviviente de Florinda y discute con Tinoco, quien termina por irse, volviendo al puerto.
En la parte final se describe la descarga de anchoveta de la bolichera «Sansón I» y la
visita de Asto a su hermana, luego de una dura jornada laboral.
SEGUNDO DIARIO
Fechado en el Museo de Puruchuco, Lima, el 13 de febrero de 1969, empieza diciendo
que su novela anterior, Todas las sangres, la compuso en dos etapas separadas una de
otra por varios años, y que la ha vuelto a leer después de mucho tiempo por obligación.
Confiesa también que aún no puede empezar el tercer capítulo de la presente novela,
porque no entiende a fondo lo que está pasando en Chimbote y en el mundo. Menciona
que la segunda parte de esta obra la escribió sin conocer bien Chimbote. Cuenta sobre su
estadía en la ciudad de New York, donde anduvo una semana sin descanso, por la Quinta
Avenida, la Calle 42, Greenwich Village, Harlem y Broadway, hasta que una noche tuvo
una aventura con una linda negrita a la que conquistó hablándole en quechua. Afirma que
no cree conocer bien las ciudades, a pesar de estar escribiendo sobre una de ellas.
Cuenta también que va a almorzar a un restaurante de obreros llamado «Miguel Angel»,
donde la dueña, una señora gorda y buenamoza, hace descuentos a los profesores de la
Universidad Nacional Agraria La Molina.
CAPÍTULO III
Comienza describiendo el diálogo entre el jefe de planta de la fábrica de harina de
pescado «Nautilus Fishing», don Angel Rincón Jaramillo y un visitante, don Diego, enviado
de Braschi. Don Ángel le cuenta los manejos de la industria pesquera, fríamente
calculados por Braschi y sus lugartenientes. La idea era enseñar a nadar y a pescar a los
serranos, y una vez entrenados en el oficio pagarles cientos y hasta miles de soles y como
no sabían manejar tanta plata, lo siguiente era hacerles gastar en borracheras y en putas,
y también en hacer que construyeran sus casas propias. Pero algunos serranos no caen
fácilmente en ese esquema y sobresalen por méritos propios. Don Ángel reconoce que
muchos trabajadores andinos asimilan rápidamente las técnicas de mantenimiento y
reparación de las embarcaciones, mejor incluso que los criollos. También menciona las
intrigas de los sindicalistas apristas y comunistas, y cómo después de una huelga de
trabajadores la industria aumentó el pago salarial a estos, para casi inmediatamente
devaluarse la moneda (en 1967), lo que significó que el trabajador empezara a ganar 30%
menos de lo que recibía antes de la huelga. Todo lo cual se da a entender como una
maquinación malévola de Braschi que conocía con antelación los manejos del poder de
turno. Para fines de la década ya la industria iba en declive por lo que se hizo necesario la
reducción del personal de trabajadores, pero aun así seguían llegando más serranos a
Chimbote. Don Ángel cuenta también que la última vez que Braschi estuvo en Chimbote
fue durante la entronización de San Pedro, el patrón de los pescadores, luego de lo cual se
despidió con un obsequio alucinante: sus ayudantes acarrearon cien prostitutas ante el
regocijo de los trabajadores, que armaron una orgía desenfrenada dentro de la fábrica.
Mientras continúa la conversación, don Ángel lleva a don Diego a conocer el proceso de la
producción de la harina y aceite de pescado; le muestra todas las maquinarias y le explica
su funcionamiento. Finalmente esa noche ambos van a visitar una boite donde se presenta
una nudista, apodada «La Caprichosa».
CAPÍTULO IV
Esteban de la Cruz es un inmigrante andino, que vive en una barriada con su esposa
Jesusa y sus dos pequeños hijos. Es compadre y amigo del loco Moncada. Su esposa
trabaja vendiendo papas en el mercado y él lo ayuda comprando la mercadería en Trujillo.
También se compra una máquina para remallar zapatos. En este capítulo aparece en
escena en la calle, tosiendo y expulsando esputos muy negros, que recoge en hojas de
periódico que luego guarda meticulosamente. Sucedía que en la sierra había trabajado en
la mina de carbón Cocalón y a raíz de esa experiencia tenía los pulmones llenos de polvo
de carbón. Ya en Chimbote, un día se siente mal de salud y va donde el médico, quien le
informa que tenía los días contados pues sus pulmones estaban llenos de carbón. Esteban
busca en Chimbote a sus antiguos compañeros de la mina y se entera que todos ya
habían muerto, excepto uno, quien ya agonizante le cuenta que el brujo de su pueblo le
había dicho que la única manera de curarse era botando el carbón a través de los esputos,
hasta que llegaran a pesar por lo menos siete onzas. Esteban, que ya había esputado
antes, recobra las esperanzas de vivir y es así como expulsa y recoge sus esputos para
pesarlos hasta poder llegar a la cantidad aconsejada; en el momento del relato ya había
expulsado 5 onzas. El loco Moncada lo visita y lo alienta a vencer el mal. Mientras que su
esposa Jesusa adquiere un puesto en el mercado que paga a plazos, dando como aval la
máquina de zapatería de Esteban. El capítulo finaliza con Esteban trabajando en su
máquina, muy entusiasmado, pese a que las fuerzas se le iban a medida que pasaban los
días.
TERCER DIARIO
El primer diario de esta entrega está fechado en Santiago de Chile, el 18 de mayo de
1969, y refiere su viaje a la ciudad de Arequipa y a la de Moquegua. En Arequipa estuvo
doce días, donde escribe las quince páginas finales del tercer capítulo de la novela;
menciona además a un pino gigante que ese elevaba en un patio colonial y cuya voz
afirma poder escuchar. En el diario del 20 de mayo, refiere que fue invitado por Nelson
Osorio a Valparaíso, Chile. Allí se hospeda en la casa de Nelson y en la de Pedro Lastra,
ambiente intelectual donde logra reanimarse. Concluye el capítulo IV de la novela. Asiste a
varias sesiones académicas en la Universidad de Valparaíso. Retorna al Perú. Menciona
su polémica con Julio Cortázar y alude a la visita que un día le hizo Mario Vargas Llosa.
Finalmente, en el diario del día 28 de mayo, dice que tras un segundo retorno de Chile
cree haber encontrado la «técnica» para la Segunda Parte de la obra, y asegura haber ya
escrito los tres primeros «hervores» de la misma: Chaucato con «Mantequilla», don Hilario
con «Doble Jeta» y la Decisión de Maxwell.
SEGUNDA PARTE
Comienza con el diálogo entre Chaucato y «Mantequilla». Chaucato vivía con su mujer y
sus dos hijos mellizos en un barrio residencial de Chimbote; «Mantequilla» le encuentra
recostado en su sillón, viendo latelevisión y le cuenta que Braschi pretende quitarle
su lancha, a lo que Chaucato responde que si eso ocurriera él se defendería hasta
con dinamita. El siguiente diálogo es entre «Doble Jeta» y don Hilario Caullama, ambos
pescadores de Chimbote naturales de Puno (aunque «Doble Jeta» alternaba con la
agricultura y se había comprado dos chacras pequeña en el valle del Santa que hacía
trabajar a mujeres peones que a la vez oficiaban de amantes). Similar al anterior diálogo,
«Doble Jeta» le avisa a su paisano que Braschi le iba a quitar su lancha «Moby Dick» y no
volvería a conseguir trabajo como patrón de lancha. Todo ello era represalia de Braschi
contra aquellos que se habían involucrado en los líos sindicalistas. Luego se narra la vida
de don Gregorio Bazalar, chanchero de San Pedro que llega a ser presidente de su
barriada, luego que un grupo de 200 vecinos lo eligiera en desmedro de Mansilla, el
anterior presidente, acusado de tener poca representatividad. En su casa Bazalar cría
cerdos, tarea en la que le ayudan dos mujeres jóvenes, la Juana y la Esmeralda, de
quienes la gente cree que son sus concubinas, pero él lo niega siempre, y dice que una es
su sobrina y la otra una recogida. El resto del capítulo refiere al diálogo que sostienen el
padre Cardozo, el padre Hutchinson (ambos norteamericanos), el chanchero Bazalar, el
albañil Cecilio Ramírez (estos dos representantes de las barriadas) y el gringo Maxwell.
Cada uno de ellos habla sobre la vida cotidiana de trabajo, sus familias, las penurias
económicas de los que viven en las barriadas de Chimbote. El padre Cardozo era el
sacerdote principal de todas las barriadas, y era conocedor de la vida de subsistencia de
sus pobladores, además había estado en Cuzco, Puno y otros lugares en donde venían
muchos inmigrantes. El diálogo se desarrolla en la residencia de curas del barrio de La
Esperanza, en la oficina del padre Cardozo, donde había dos láminas grandes que
representaban una a Cristo y otra al Che Guevara, y sobre este último gira en parte la
conversación pues en el fondo todos ellos eran simpatizantes de la revolución.
¿ÚLTIMO DIARIO?
Está conformado por trozos seleccionados y corregidos en Lima, el 28 de octubre. El
primero está fechado en Santiago de Chile, el 20 de agosto de 1969. Aquí el escritor
anuncia que no podrá culminar la novela y hace un breve repaso sobre los personajes de
la obra, contando cómo habría sido la suerte final de cada uno de ellos. Luego de decir
que ha luchado inútilmente contra la muerte, anuncia su inminente partida:
Despidan en mi un tiempo del Perú, cuyas raíces estarán siempre chupando jugo de la tierra
para alimentar a los que viven en nuestra patria, en la que cualquier hombre no engrilletado y
embrutecido por el egoísmo puede vivir, feliz, todas las patrias.
Por último en el diario del 22 de octubre, el autor hace alusión al balazo que acabaría con
su vida. Un mes después el escritor se disparó un tiro en la cabeza. Se puede decir que
esta obra José María Arguedas la terminó con su vida.
EPÍLOGO
Es una carta dirigida por el autor a don Gonzalo Losada, el editor de Buenos Aires, y está
fechada en Santiago de Chile, el 29 de agosto de 1969. Trata sobre las últimas
disposiciones sobre la publicación de la obra, la que consiente pese a estar inconclusa;
uno de sus pedidos es que se inserte como prólogo el discurso que pronunció cuando
ganó el premio Inca Garcilaso de la Vega (el famoso discurso donde dice «No soy un
aculturado»), último deseo que no fue cumplido por los editores de la obra.
Análisis
En la novela los fragmentos novelescos, que narran la imposición del orden capitalista y se
focalizan en Chimbote, alternan con páginas aisladas del diario personal, autobiográfico,
del autor. En él se expresa la decisión de suicidarse, se narran los preparativos de ese
acto terrible y se formula lo que pudiera ser el testamento de Arguedas. Sería demasiado
parcial interpretar la efectiva realización de ese hecho atroz fuera de sus
condicionamientos psicológicos íntimos, pero, respetando su inmancillable intimidad, es
evidente que en cierto sentido la decisión del suicidio es correlativa a la comprobación de
que el mundo no será como se soñó en Todas las sangres. Para José María Arguedas la
vida era un acto de participación en el proceso histórico y la historia un camino de
perfección; por esto, cuando comprueba que es imposible participar en el caos y que la
historia desobedece a los imperativos morales del hombre, decide quitarse la vida. No es
capaz de existir en un mundo que niega lo mejor del hombre. Paradójicamente, pese al
sentido trágico que expresan los fragmentos novelescos y los diarios, en El zorro de arriba
y el zorro de abajo se encuentran afirmaciones de esperanza.
Arguedas imagina que su frustración corresponde al límite de un mundo y que
inmediatamente detrás se construye la realidad tal como él la deseaba. Es sólo un acto de
fe.5
Mensaje
La obra es un fresco elocuente y crudo de las consecuencias negativas que conlleva la
modernidad y el desmedido afán de lucro. El indio inmigrante, al llegar a la ciudad,
sucumbe a la presión del entorno y va perdiendo paulatinamente su identidad cultural; sus
hijos se «acriollan» y adquieren otras costumbres; pero tal vez lo más grave sea la
degeneración moral del hombre andino que cae en los vicios urbanos cuyos santuarios
son los bares y burdeles del puerto. De otro lado, la industrialización, símbolo por
antonomasia de la modernidad, tiene consecuencias catastróficas en el medio ambiente: la
pesca indiscriminada y la contaminación que producen las fábricas disloca el equilibrio
natural; por ejemplo las aves marinas agonizan tristemente de inanición al perder su
alimento que es absorbido por el monstruo llamado industria pesquera.
Los alcatraces o cochos deambulan desesperadamente por el puerto, buscando alimento
en los basurales y son víctimas fáciles de los hombres y los perros. Una humareda densa
se eleva desde las chimeneas de las fábricas y las fundiciones, y un hedor domina toda la
ciudad, todo lo cual da el marco conveniente a una ciudad caída en la degeneración física
y moral.
.

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Biografia de zorro arriva

  • 1. BIOGRAFIA: (Andahuaylas, 1911 - Lima, 1969) Escritor y etnólogo peruano, renovador de la literatura de inspiración indigenista y uno de los más destacados narradores peruanos del siglo XX. Sus padres fueron el abogado cuzqueño Víctor Manuel Arguedas Arellano, que se desempeñaba como juez en diversos pueblos de la región, y Victoria Altamirano Navarro. En 1917 su padre se casó en segundas nupcias (la madre había muerto tres años antes), y la familia se trasladó al pueblo de Puquio y luego a San Juan de Lucanas. Al poco tiempo el padre fue cesado como juez por razones políticas y hubo de trabajar como abogado itinerante, dejando a su hijo al cuidado de la madrastra y el hijo de ésta, quienes le daban tratamiento de sirviente. En 1921 se escapó con su hermano Arístides de la opresión del hermanastro. Se refugiaron en la hacienda Viseca, donde vivieron dos años en contacto con los indios, hablando su idioma y aprendiendo sus costumbres, hasta que en 1923 los recogió su padre, quien los llevó en peregrinaje por diversos pueblos y ciudades de la sierra, para finalmente establecerse en Abancay. Después de realizar sus estudios secundarios en Ica, Huancayo y Lima, ingresó en 1931 a la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima para estudiar Literatura. Entre 1932 y 1937 trabajó como auxiliar de la Administración Central de Correos de Lima, pero perdió el puesto al ser apresado por participar en una manifestación estudiantil a favor de la República Española. Después de permanecer alrededor de un año en la prisión El Sexto, fue nombrado profesor de castellano y geografía en Sicuani, en el departamento de Cuzco, cargo en que descubrió su vocación de etnólogo. En octubre de 1941 fue agregado al Ministerio de Educación para colaborar en la reforma de los planes de estudios secundarios. Tras representar al profesorado peruano en el Congreso Indigenista Interamericano de Patzcuaro (1942), reasumió su labor de profesor de castellano en los colegios nacionales Alfonso Ugarte, Nuestra Señora de Guadalupe y Mariano Melgar de Lima, hasta que en 1949 fue cesado por considerársele comunista.
  • 2. En marzo de 1947 fue nombrado Conservador General de Folklore en el Ministerio de Educación, para posteriormente ser promovido a Jefe de la Sección Folklore, Bellas Artes y Despacho del mismo ministerio (1950-52). En 1953 fue nombrado Jefe del Instituto de Estudios Etnológicos del Museo de la Cultura Peruana, y el mismo año comenzó a publicar la revista Folklore Americano (órgano del Comité Interamericano de Folklore, del que era secretario), la cual dirigió durante diez años. A este cargo sucedieron el de director de la Casa de la Cultura del Perú (1963-1964) y director del Museo Nacional de Historia (1964-1966), desde los cuales editaría las revistas Cultura y Pueblo e Historia y Cultura. También fue profesor de etnología y quechua en el Instituto Pedagógico Nacional de Varones (1950-53), catedrático del Departamento de Etnología de la Universidad de San Marcos (1958-68), y profesor en la Universidad Nacional Agraria de la Molina desde 1964 hasta su muerte, ocurrida a consecuencia de un balazo que se disparó en la sien y que ocasionaría su fallecimiento cuatro días después Premio Inca Garcilaso de la Vega (1968). La obra de José María Arguedas La producción intelectual de Arguedas es bastante amplia y comprende, además de obras de ficción, trabajos, ensayos y artículos sobre el idioma quechua, la mitología prehispánica, el folclore y la educación popular, entre otros aspectos de la cultura peruana. La circunstancia especial de haberse educado dentro de dos tradiciones culturales, la occidental y la indígena, unido a una delicada sensibilidad, le permitieron comprender y describir como ningún otro intelectual peruano la compleja realidad del indio nativo, con la que se identificó de una manera desgarradora. Por otro lado, en Arguedas la labor del literato y la del etnólogo no están nunca totalmente disociadas, e incluso en sus estudios más académicos encontramos el mismo lenguaje lírico que en sus narraciones. Y aunque no era diestro en el manejo de las técnicas narrativas modernas, su literatura (basada especialmente en las descripciones) supo comunicar con gran intensidad la esencia de la cultura y el paisaje andinos.
  • 3. Arguedas vivió un conflicto profundo entre su amor a la cultura indígena, que deseaba se mantuviera en un estado `puro`, y su deseo de redimir al indio de sus condiciones económicas y sociales. Se puede decir que la añoranza a las formas tradicionales de la vida andina hizo que postulara un estatismo social, en abierta contradicción con su adhesión al socialismo. Su obra revela el profundo amor del escritor por la cultura andina peruana, a la que debió su más temprana formación, y representa, sin duda, la cumbre del indigenismo peruano. Dos circunstancias ayudan a explicar la estrecha relación de Arguedas con el mundo campesino. En primer término, que naciera en una zona de los Andes que no tenía mayor roce con estratos occidentalizados, en segundo lugar, que a la muerte de su madre, su madrastra lo obligara a permanecer entre los indios. De esa manera asimiló la lengua quechua, y lo mismo sucedió con las costumbres y los valores éticos y culturales del poblador andino. Esta precoz experiencia, vivida primero y simbolizada en su escritura por la oposición indios/señores, se vería más tarde reforzada con los estudios antropológicos. Como resultado de esta trama, la vida de Arguedas transcurrió entre dos mundos no sólo distintos, sino además en contienda. De allí surgió su voraz voluntad de interpretar la realidad peruana, la permanente corrección de sus ideas sobre el país y la definición de su obra como la búsqueda de una imagen válida de éste. Ya desde sus primeros relatos se advierte la problemática que terminaría por presidir toda su escritura: la vida, los azares y los sufrimientos de los indios en las haciendas y aldeas de la sierra del Perú. Allí también se presenta esa escisión esencial de dos grupos, señores e indios, que será una constante en su obra narrativa. El espacio en que se desarrollan sus relatos es limitado, lo que permite a esta oposición social y cultural mostrarse en sus aspectos más dramáticos y dolorosos. Ya el derrotero de Arguedas está trazado, aunque en su fuero interno vive intensamente la ambigüedad de pertenecer a dos mundos, su actitud literaria es muy clara, en la medida en que determina una adhesión sin atenuantes al universo de los indígenas, generando dos cauces de expresión que se convertirán en sendos rasgos de estilo: la representación épica y la introspección lírica.
  • 4. RESEÑA: El zorro de arriba y el zorro de abajo es la sexta y última novela del escritor peruano José María Arguedas publicada póstumamente en 1971. Es una novela trunca, es decir, no culminada, y que se halla intercalada por unos diarios personales e intimistas donde el autor refiere los tormentos que le agobiaban mientras iba escribiendo la novela, para finalmente anunciar su inminente suicidio. Complementan la obra dos cartas y un epílogo. La novela pinta las consecuencias del acelerado proceso de modernización del puerto de Chimbote, motivado por el boom pesquero, hacía allí llegan miles de inmigrantes andinos atraídos por la oportunidad de ganarse la vida en una pujante urbe industrial, y al mismo tiempo asimilarse a la llamada «modernidad», todo lo cual, según la óptica del escritor, trae consecuencias nefastas: la pérdida de la identidad cultural del hombre andino y su degeneración moral al sucumbir ante los vicios de la ciudad, en bares y burdeles. La obra consta de dos partes y un epílogo, la primera parte consta de cuatro capítulos, los únicos terminados. La época en que está ambientado el relato es la década de 1960, es decir sincroniza con el tiempo en que fue escrito. Hay una alusión concreta a un año, 1967. El autor solo pudo escribir cuatro capítulos completos que conforman la primera parte, así como lo que llamó los «hervores» de la segunda parte, además de los diarios que intercaló a lo largo de la obra, labor que hizo entre mayo de 1968 y agosto de 1969, para poco después suicidarse disparándose un tiro en la cabeza. En la novela los fragmentos novelescos, que narran la imposición del orden capitalista y se focalizan en Chimbote, alternan con páginas aisladas del diario personal, autobiográfico, del autor. En él se expresa la decisión de suicidarse, se narran los preparativos de ese acto terrible y se formula lo que pudiera ser el testamento de Arguedas. Paradójicamente, pese al sentido trágico que expresan los fragmentos novelescos y los diarios, en El zorro de arriba y el zorro de abajo se encuentran afirmaciones de esperanza. Los zorros a los que hace referencia el singular título de la obra (el de arriba y el de abajo) son personajes mitológicos tomados por el autor de unas leyendas indígenas recopilados a fines del siglo XVI o comienzos del siglo XVII por el doctrinero hispanoperuano don Francisco de Ávila en la provincia de Huarochirí. Estas leyendas
  • 5. escritas en quechua fueron traducidas al castellano y editadas por el mismo Arguedas bajo el título de Dioses y hombres de Huarochirí (1966). Resumen por capítulos[ PRIMERA PARTE] PRIMER DIARIO Fechado en Santiago de Chile, 10 de mayo de 1968, en el primer diario el autor narra una secuencia de su vida que desemboca en su primer intento de suicidio de 1966. Cuenta que contrajo en la infancia una «dolencia psíquica» que hizo crisis en mayo de 1944 (tenía entonces 33 años) y que lo dejó casi cinco años neutralizado para escribir; de esa crisis salió, en parte, gracias a su encuentro con una prostituta, una zamba gorda que le devolvió el amor de vivir. Pero intelectualmente, no se recuperó del todo y a lo largo de esos años solo leyó unos cuantos libros. En abril de 1966 intentó suicidarse, porque se sentía un «enfermo inepto», un simple espectador de los acontecimientos revolucionarios que sacudían al mundo y no soportaba el no poder ser un participante. Pero inmediatamente dice que si volviera a escribir recobraría la sanidad, y que para facilitar ello se enfocaría primero en un tema que en ese momento le obsesionaba, sobre el cómo no pudo matarse, que luego enlazaría con los motivos elegidos para una novela a la que bautiza con el nombre de El Zorro de Arriba y el Zorro de Abajo. En otros diarios (fechados el 11, 13, 15, 16 y 17 de mayo) rememora algunos episodios entre agradables y tormentosos de su infancia y adolescencia, así como hace alusiones a la reciente polémica que tuvo con el escritor argentino Julio Cortázar y a su gran amistad con el escritor mexicano Juan Rulfo. CAPÍTULO I Comienza narrando las acciones de Chaucato, patrón de la bolichera «Sansón I», y sus trabajadores pesqueros, entre los que se hallan los apodados «el Mudo» y «el Violinista». El diálogo entre estos personajes es excesivamente vulgar, con jergas e insultos denigrantes, según el uso de los pescadores del puerto de Chimbote. Resaltan los dicterios que recibe el Mudo por su condición de homosexual. Chaucato y sus pescadores acarrean del mar toneladas de anchovetas que luego lo venden a las fábricas para su conversión en harina y aceite de pescado. El dinero que ganan por este trabajo, muy sustancioso, lo dilapidan después en los bares y prostíbulos del puerto. El burdel emblemático de Chimbote se divide en tres secciones: el salón rosado, el salón blanco y el corral, siendo el primero de mayor jerarquía, donde atienden prostitutas extranjeras (como «la Argentina»), y el último el de nivel más bajo, donde se ofrecen mujeres pobres, mayormente de origen andino y selvático. En ese ambiente ocurren grescas entre los visitantes, peleas con las mujeres, encerronas, borracheras, sadomasoquismo, etc. Por ejemplo, el pleito del Mudo con el gringo Maxwell, a quien amenaza degollar con un cuchillo, y la incursión de un cabo de la guardia civil, a quien algunos revoltosos sobornan
  • 6. para evitar ser apresados. Un pescador serrano, Asto, ostentosamente celebra su mejora salarial visitando asiduamente a «la Argentina», la prostituta más cotizada del salón rosado, por ser extranjera, blanca y rubia. En otra escena, tres prostitutas del Corral (entre ellas la Orfa y Paula Melchora) retornan caminando a su barriada, lamentando su situación. El capítulo finaliza mencionándose a Chaucato, quien duerme plácidamente en un cuarto del burdel, mientras que dos prostitutas, la «Flaca» y la «China», se reparten el pago, aunque la última reclama haber hecho sola el «trabajo». CAPÍTULO II Este capítulo presenta a un extravagante personaje, el loco Moncada, un zambo que predica en calles y plazas del puerto, utilizando disfraces según la ocasión. Un ejemplo de esas alocuciones o monólogos es el siguiente: Miren como toreo las perversidades, las pestilencias. Yo soy lunar negro que adorna la cara, el lunar cuando está en la mejilla de la mujer buenamoza o en la frente del hombre es adorno. ¿Quién dice que no?, yo soy lunar de Dios en la tierra, ante la humanidad. Ustedes saben que la policía me ha querido llevar preso, otras veces decían que era gato con uñas largazas, de ladrón. Yo, no niego que soy gato, pero robo la amistad, el corazón Dios, así araño yo... y no es la moneda la que me hace disvariar sino mi estrella... El loco Moncada, con una pesada cruz al hombro, recorre la ciudad, pasando por el mercado. Al llegar a la vía del ferrocarril encuentra un gallo triturado por un vagón, que recoge y mastica. La gente lo ve dirigirse hacia las barriadas situadas más lejos, en los arenales. Sucedía entonces que las autoridades habían convencido a los pobladores pobres a que enterraran a sus muertos en un nuevo cementerio habilitado en una pampa hondonada situado al otro lado de la barriada de San Pedro. El antiguo cementerio, situado en un médano colindante con la carretera principal, había sido cercado con un muro y en su fachada colocada un gran arco; sería destinado en adelante para la gente pudiente. Los pobladores de las barriadas, instados por sus líderes, organizaron entonces una «procesión de cruces»: arrancaron las cruces de las tumbas de sus muertos (situadas en la parte alta del viejo cementerio) y las trasladaron al nuevo cementerio, haciendo una larga marcha. Nadie comprendía el motivo del loco Moncada para sumarse a esa procesión; la cruz que abandona en la hondonada es recogida por el sacristán-guardián del cementerio, que decide colocarla en lo alto del médano del cementerio. En otra escena, Tinoco llega al barrio de La Esperanza Baja y entra en la casa de Florinda (la hermana de Asto), a quien amenaza para que vuelva al Corral. Aparece Antolín Crispín, el conviviente de Florinda y discute con Tinoco, quien termina por irse, volviendo al puerto. En la parte final se describe la descarga de anchoveta de la bolichera «Sansón I» y la visita de Asto a su hermana, luego de una dura jornada laboral. SEGUNDO DIARIO Fechado en el Museo de Puruchuco, Lima, el 13 de febrero de 1969, empieza diciendo que su novela anterior, Todas las sangres, la compuso en dos etapas separadas una de otra por varios años, y que la ha vuelto a leer después de mucho tiempo por obligación. Confiesa también que aún no puede empezar el tercer capítulo de la presente novela,
  • 7. porque no entiende a fondo lo que está pasando en Chimbote y en el mundo. Menciona que la segunda parte de esta obra la escribió sin conocer bien Chimbote. Cuenta sobre su estadía en la ciudad de New York, donde anduvo una semana sin descanso, por la Quinta Avenida, la Calle 42, Greenwich Village, Harlem y Broadway, hasta que una noche tuvo una aventura con una linda negrita a la que conquistó hablándole en quechua. Afirma que no cree conocer bien las ciudades, a pesar de estar escribiendo sobre una de ellas. Cuenta también que va a almorzar a un restaurante de obreros llamado «Miguel Angel», donde la dueña, una señora gorda y buenamoza, hace descuentos a los profesores de la Universidad Nacional Agraria La Molina. CAPÍTULO III Comienza describiendo el diálogo entre el jefe de planta de la fábrica de harina de pescado «Nautilus Fishing», don Angel Rincón Jaramillo y un visitante, don Diego, enviado de Braschi. Don Ángel le cuenta los manejos de la industria pesquera, fríamente calculados por Braschi y sus lugartenientes. La idea era enseñar a nadar y a pescar a los serranos, y una vez entrenados en el oficio pagarles cientos y hasta miles de soles y como no sabían manejar tanta plata, lo siguiente era hacerles gastar en borracheras y en putas, y también en hacer que construyeran sus casas propias. Pero algunos serranos no caen fácilmente en ese esquema y sobresalen por méritos propios. Don Ángel reconoce que muchos trabajadores andinos asimilan rápidamente las técnicas de mantenimiento y reparación de las embarcaciones, mejor incluso que los criollos. También menciona las intrigas de los sindicalistas apristas y comunistas, y cómo después de una huelga de trabajadores la industria aumentó el pago salarial a estos, para casi inmediatamente devaluarse la moneda (en 1967), lo que significó que el trabajador empezara a ganar 30% menos de lo que recibía antes de la huelga. Todo lo cual se da a entender como una maquinación malévola de Braschi que conocía con antelación los manejos del poder de turno. Para fines de la década ya la industria iba en declive por lo que se hizo necesario la reducción del personal de trabajadores, pero aun así seguían llegando más serranos a Chimbote. Don Ángel cuenta también que la última vez que Braschi estuvo en Chimbote fue durante la entronización de San Pedro, el patrón de los pescadores, luego de lo cual se despidió con un obsequio alucinante: sus ayudantes acarrearon cien prostitutas ante el regocijo de los trabajadores, que armaron una orgía desenfrenada dentro de la fábrica. Mientras continúa la conversación, don Ángel lleva a don Diego a conocer el proceso de la producción de la harina y aceite de pescado; le muestra todas las maquinarias y le explica su funcionamiento. Finalmente esa noche ambos van a visitar una boite donde se presenta una nudista, apodada «La Caprichosa». CAPÍTULO IV Esteban de la Cruz es un inmigrante andino, que vive en una barriada con su esposa Jesusa y sus dos pequeños hijos. Es compadre y amigo del loco Moncada. Su esposa trabaja vendiendo papas en el mercado y él lo ayuda comprando la mercadería en Trujillo. También se compra una máquina para remallar zapatos. En este capítulo aparece en
  • 8. escena en la calle, tosiendo y expulsando esputos muy negros, que recoge en hojas de periódico que luego guarda meticulosamente. Sucedía que en la sierra había trabajado en la mina de carbón Cocalón y a raíz de esa experiencia tenía los pulmones llenos de polvo de carbón. Ya en Chimbote, un día se siente mal de salud y va donde el médico, quien le informa que tenía los días contados pues sus pulmones estaban llenos de carbón. Esteban busca en Chimbote a sus antiguos compañeros de la mina y se entera que todos ya habían muerto, excepto uno, quien ya agonizante le cuenta que el brujo de su pueblo le había dicho que la única manera de curarse era botando el carbón a través de los esputos, hasta que llegaran a pesar por lo menos siete onzas. Esteban, que ya había esputado antes, recobra las esperanzas de vivir y es así como expulsa y recoge sus esputos para pesarlos hasta poder llegar a la cantidad aconsejada; en el momento del relato ya había expulsado 5 onzas. El loco Moncada lo visita y lo alienta a vencer el mal. Mientras que su esposa Jesusa adquiere un puesto en el mercado que paga a plazos, dando como aval la máquina de zapatería de Esteban. El capítulo finaliza con Esteban trabajando en su máquina, muy entusiasmado, pese a que las fuerzas se le iban a medida que pasaban los días. TERCER DIARIO El primer diario de esta entrega está fechado en Santiago de Chile, el 18 de mayo de 1969, y refiere su viaje a la ciudad de Arequipa y a la de Moquegua. En Arequipa estuvo doce días, donde escribe las quince páginas finales del tercer capítulo de la novela; menciona además a un pino gigante que ese elevaba en un patio colonial y cuya voz afirma poder escuchar. En el diario del 20 de mayo, refiere que fue invitado por Nelson Osorio a Valparaíso, Chile. Allí se hospeda en la casa de Nelson y en la de Pedro Lastra, ambiente intelectual donde logra reanimarse. Concluye el capítulo IV de la novela. Asiste a varias sesiones académicas en la Universidad de Valparaíso. Retorna al Perú. Menciona su polémica con Julio Cortázar y alude a la visita que un día le hizo Mario Vargas Llosa. Finalmente, en el diario del día 28 de mayo, dice que tras un segundo retorno de Chile cree haber encontrado la «técnica» para la Segunda Parte de la obra, y asegura haber ya escrito los tres primeros «hervores» de la misma: Chaucato con «Mantequilla», don Hilario con «Doble Jeta» y la Decisión de Maxwell. SEGUNDA PARTE Comienza con el diálogo entre Chaucato y «Mantequilla». Chaucato vivía con su mujer y sus dos hijos mellizos en un barrio residencial de Chimbote; «Mantequilla» le encuentra recostado en su sillón, viendo latelevisión y le cuenta que Braschi pretende quitarle su lancha, a lo que Chaucato responde que si eso ocurriera él se defendería hasta con dinamita. El siguiente diálogo es entre «Doble Jeta» y don Hilario Caullama, ambos pescadores de Chimbote naturales de Puno (aunque «Doble Jeta» alternaba con la agricultura y se había comprado dos chacras pequeña en el valle del Santa que hacía trabajar a mujeres peones que a la vez oficiaban de amantes). Similar al anterior diálogo,
  • 9. «Doble Jeta» le avisa a su paisano que Braschi le iba a quitar su lancha «Moby Dick» y no volvería a conseguir trabajo como patrón de lancha. Todo ello era represalia de Braschi contra aquellos que se habían involucrado en los líos sindicalistas. Luego se narra la vida de don Gregorio Bazalar, chanchero de San Pedro que llega a ser presidente de su barriada, luego que un grupo de 200 vecinos lo eligiera en desmedro de Mansilla, el anterior presidente, acusado de tener poca representatividad. En su casa Bazalar cría cerdos, tarea en la que le ayudan dos mujeres jóvenes, la Juana y la Esmeralda, de quienes la gente cree que son sus concubinas, pero él lo niega siempre, y dice que una es su sobrina y la otra una recogida. El resto del capítulo refiere al diálogo que sostienen el padre Cardozo, el padre Hutchinson (ambos norteamericanos), el chanchero Bazalar, el albañil Cecilio Ramírez (estos dos representantes de las barriadas) y el gringo Maxwell. Cada uno de ellos habla sobre la vida cotidiana de trabajo, sus familias, las penurias económicas de los que viven en las barriadas de Chimbote. El padre Cardozo era el sacerdote principal de todas las barriadas, y era conocedor de la vida de subsistencia de sus pobladores, además había estado en Cuzco, Puno y otros lugares en donde venían muchos inmigrantes. El diálogo se desarrolla en la residencia de curas del barrio de La Esperanza, en la oficina del padre Cardozo, donde había dos láminas grandes que representaban una a Cristo y otra al Che Guevara, y sobre este último gira en parte la conversación pues en el fondo todos ellos eran simpatizantes de la revolución. ¿ÚLTIMO DIARIO? Está conformado por trozos seleccionados y corregidos en Lima, el 28 de octubre. El primero está fechado en Santiago de Chile, el 20 de agosto de 1969. Aquí el escritor anuncia que no podrá culminar la novela y hace un breve repaso sobre los personajes de la obra, contando cómo habría sido la suerte final de cada uno de ellos. Luego de decir que ha luchado inútilmente contra la muerte, anuncia su inminente partida: Despidan en mi un tiempo del Perú, cuyas raíces estarán siempre chupando jugo de la tierra para alimentar a los que viven en nuestra patria, en la que cualquier hombre no engrilletado y embrutecido por el egoísmo puede vivir, feliz, todas las patrias. Por último en el diario del 22 de octubre, el autor hace alusión al balazo que acabaría con su vida. Un mes después el escritor se disparó un tiro en la cabeza. Se puede decir que esta obra José María Arguedas la terminó con su vida. EPÍLOGO Es una carta dirigida por el autor a don Gonzalo Losada, el editor de Buenos Aires, y está fechada en Santiago de Chile, el 29 de agosto de 1969. Trata sobre las últimas disposiciones sobre la publicación de la obra, la que consiente pese a estar inconclusa; uno de sus pedidos es que se inserte como prólogo el discurso que pronunció cuando ganó el premio Inca Garcilaso de la Vega (el famoso discurso donde dice «No soy un aculturado»), último deseo que no fue cumplido por los editores de la obra. Análisis
  • 10. En la novela los fragmentos novelescos, que narran la imposición del orden capitalista y se focalizan en Chimbote, alternan con páginas aisladas del diario personal, autobiográfico, del autor. En él se expresa la decisión de suicidarse, se narran los preparativos de ese acto terrible y se formula lo que pudiera ser el testamento de Arguedas. Sería demasiado parcial interpretar la efectiva realización de ese hecho atroz fuera de sus condicionamientos psicológicos íntimos, pero, respetando su inmancillable intimidad, es evidente que en cierto sentido la decisión del suicidio es correlativa a la comprobación de que el mundo no será como se soñó en Todas las sangres. Para José María Arguedas la vida era un acto de participación en el proceso histórico y la historia un camino de perfección; por esto, cuando comprueba que es imposible participar en el caos y que la historia desobedece a los imperativos morales del hombre, decide quitarse la vida. No es capaz de existir en un mundo que niega lo mejor del hombre. Paradójicamente, pese al sentido trágico que expresan los fragmentos novelescos y los diarios, en El zorro de arriba y el zorro de abajo se encuentran afirmaciones de esperanza. Arguedas imagina que su frustración corresponde al límite de un mundo y que inmediatamente detrás se construye la realidad tal como él la deseaba. Es sólo un acto de fe.5 Mensaje La obra es un fresco elocuente y crudo de las consecuencias negativas que conlleva la modernidad y el desmedido afán de lucro. El indio inmigrante, al llegar a la ciudad, sucumbe a la presión del entorno y va perdiendo paulatinamente su identidad cultural; sus hijos se «acriollan» y adquieren otras costumbres; pero tal vez lo más grave sea la degeneración moral del hombre andino que cae en los vicios urbanos cuyos santuarios son los bares y burdeles del puerto. De otro lado, la industrialización, símbolo por antonomasia de la modernidad, tiene consecuencias catastróficas en el medio ambiente: la pesca indiscriminada y la contaminación que producen las fábricas disloca el equilibrio natural; por ejemplo las aves marinas agonizan tristemente de inanición al perder su alimento que es absorbido por el monstruo llamado industria pesquera. Los alcatraces o cochos deambulan desesperadamente por el puerto, buscando alimento en los basurales y son víctimas fáciles de los hombres y los perros. Una humareda densa se eleva desde las chimeneas de las fábricas y las fundiciones, y un hedor domina toda la ciudad, todo lo cual da el marco conveniente a una ciudad caída en la degeneración física y moral.
  • 11. .