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“Esos a quienes los vientos acometen/los pecadores son, torpes, car-
nales/que al apetito la razón someten/ Que como al estornino, a des-
iguales/vuelos obliga el tiempo no propicio, / así los lleva en surcos
eternales” (**)
Otros personajes buscan su felicidad a su alrededor: una acróbata
que sabe leer las manos, un ingeniero civil que busca a una mu-
chacha misteriosa que esconde un secreto cuya clave está en su
nombre: Ana Karenina (personaje de León Tolstoi), una humilde mu-
chacha de un barrio porteño que soporta a su iracundo padrastro y
cuida de su vulnerable madre y un joven amante de la música que
quiere dejar atrás los errores de su vida que lo llevaron a un refor-
matorio.
* Según estudios históricos el caso de Paolo y Francesca es real, y fue famoso
en su época. Francesca era la hija de Guido da Polenta, señor de Ravenna. Se casó
con Gianciotto Malatesta, señor de Rimini, rengo y deforme. Naturalmente se
enamoró de su gran cuñado Paolo mientras leían el romance de Ginevra (esposa del
Rey arturo) y Lancelot. 
La relación entre los dos duró de 1283 a 1285. En ese año Gianciotto (nombrado
Giovanni en el poema de Dante) los descubrió y ordenó sus muertes. El autor los
ubica en el último círculo del infierno, el de los traidores: por traicionar a su familia,
son arrastrados por el viento y no se pueden tocar. Dante se compadece de su pena,
según le explica a Virgilio porque experimentaron el sentimiento de amor más puro
y el dolor de amar (ver entre otras fuentes: WIKIPEDIA online).
** Alighieri, Dante. 2004. Divina Comedia. Losada, Bs. As. Pp28.
No dejes que el viento
nos arrastre...
Mariana Valle
3
Prólogo
“No Dejes que el Viento nos Arrastre”es  la historia de Cheng (Cheny),
nacida en Corea del Sur (Seúl) cuyos padres llegan a la Argentina –más
precisamente a Córdoba- a buscar un mejor futuro para la familia, pero
la tragedia se hace presente y la niña queda huérfana.
Ernesto (Tomy), es un colombiano que también llega a nuestro país
con un amigo y el tío de éste. Sus padres, al igual que los de Cheng,
han muerto.
Las circunstancias de la vida lo llevan a vivir en la calle y allí incluso
conoce las artimañas del“malvivir”.
Él vende alfajores en una plaza y ella lee un libro cuando el amor los
sorprende.
Ese amor adolescente, tierno e inocente, deja hondas huellas en
sus vidas que persisten aún en la distancia y a través del paso de los
años.
Hay un sueño recurrente para Ernesto: querer besar a Cheng y que el
viento se la lleve, la aparte de sus brazos. 
Así están Paolo y Francesca en el segundo cerco (o círculo) del infier-
no que visita Dante Alighieri en La Divina Comedia.
Ambos  fueron condenados por la lujuria. Paolo (o en algunas versio-
nes Pablo) era el bello hermano de Giovanni y estaba casado. Fue a
pedir la mano de Francesca (o en algunas versiones Francisca) para
Giovanni, pero se enamoró de ella y se volvieron amantes. Cuando
Giovanni descubrió el engaño mató a ambos amantes con una daga
(*). Su pena en el infierno (la ley del“contrapeso”) era ser arrastrados
por el viento, mirarse y no poderse tocar:
MarianaValle
8
su cuarto: leyendo, escuchando música, navegando en Internet. Todo
eso terminaba por aburrirla, no la colmaba del todo.
A veces salía a pasear por el barrio, esa actividad la tranquilizaba, le
daba paz y armonía.
En uno de esos paseos conoció a alguien, ese alguien movilizó su
vida. Lo primero que hizo fue enojarla, sí, pero no pasó desapercibi-
do: Todo había empezado a cambiar…
5
Dedicatorias
Dedico este humilde libro a quienes me acompañaron siempre y,
queriéndolo o no, me condujeron por el bello camino de la literatura.
A todos los chicos que son un poco soñadores y distraídos como yo.
A la niña que fui, quien gustaría de leer este relato en algunas tardes
de soledad.
A mis padres, hermanos, mis bellos sobrinos, mis abuelas (postizas
y tías“abuelizas”adoptadas), mi gran amor Ramón Ángel Lazorello,
mis amigos (Laura, Caro, Vero, Yany, Conti, Euge, Eze y Luis, quien
inspiró un personaje del libro), mis colegas, mis alumnitos (del taller
de Puentes, del Aprender y de los coles que tuve) y a mis profesores
(Jorge Torres Roggero, Domingo Ighina y especialmente al Sr. Pablo
Heredia, por su contención y por enseñarme con paciencia y dedica-
ción su labor).
Mariana Celeste Valle (*)
(*) Mariana Celeste Valle. Es Licenciada en Letras Modernas por
la Universidad Nacional de Córdoba. Dirige un taller literario en la Hospedería Padre
Alberto Hurtado desde 2008 hasta el presente (www.talllerliterariopadrehurtado.
blogspot.com ). Es actualmente Profesora adscripta de la cátedra de Literatura Ar-
gentina II, miembro del equipo de investigación“Modalizaciones estéticas de la cul-
tura popular en la literatura y el ensayo argentinos”y participa de la revista SILABA-
RIO. Ha publicado cuentos y poemas en revistas de circulación gratuita y trabajos de
investigación y entrevistas en la revista SILABARIO (www.revistasilabario.com ). Fue
docente y preceptora de nivel medio, colaboradora del área de Voluntariado Univer-
sitario de la UNC en proyectos para comunidades carenciadas (Puentes y Aprender
Enseñando). Ha presentado numerosas ponencias en congresos y jornadas sobre
literatura argentina y latinoamericana. Actualmente es becaria de postgrado tipo I de
CONICET con un proyecto dedicado a la producción cordobesa contemporánea refe-
rida a la problemática de la marginalidad y dirige el blog sobre literatura cordobesa:
www.ladoctaliteraria.blogspot.com.
Contacto: mariana_valle17@hotmail.com
6
Le dedico estas ilustraciones y diseño gráfico en primer lugar a la au-
tora, por su confianza en mi labor creativa y por permitirme plasmar
en imágenes esta hermosa historia.
A mis abuelas Carola y Elva, que ya no están físicamente pero están y
estarán presentes en mi corazón. Ambas fueron artistas y dibujantes
en sus tiempos libres y me transmitieron todo su amor por este bello
oficio y estoy segura que les hubiese emocionado revivir su juventud
con las palabras e imágenes de esta novela.
A mi familia, que me apoya incondicionalmente en cada“aventura”
en la que me embarco y a todas mis amigas que me alientan cada día
a seguir creciendo.
Carolina I. Moine (**)
(**) Carolina Moine. Es diseñadora Gráfica por el Instituto Sup. Aguas de la Cañada.
Ha brindado cursos de Diseño Gráfico y Diseño de Indumentaria en el instituto AES
Computación. Trabaja actualmente para la editorial Emmanuel Mounier y de forma
independiente en tareas relativas al diseño gráfico y de indumentaria.
Contacto: moinecarolina@gmail.com
Nodejesqueelvientonosarrastre
7
Unachicacomotodas,unachica
comonadie…
La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa? 
Los suspiros se escapan de su boca de fresa, 
que ha perdido la risa, que ha perdido el color. (1)
Ese día cumplía quince años y no estaba muy entusiasmada: No tenía
amigos en el colegio. Es más adivinaba sus burlas detrás de ella cuan-
do entraba al curso.
La miraban como si viniera de otro planeta. Lo que más les llamaba la
atención eran sus ojos, sus ojos orientales.
Sus padres biológicos la habían nombrado Cheng Lee, como su
abuela, pero su padre adoptivo y sus hermanos le decían Cheny.
Sentía un gran fastidio e incomodidad de estar en su lugar. Aunque
atrás había quedado el terrible dolor de perder a sus padres y des-
pués a su abuela, no era del todo feliz.
Tenía un hogar cálido y lleno de comodidades, pero algo le faltaba.
Para todos los demás (no para su familia) era“la rara”.
Sabía un idioma de un país muy lejano y sentía cierta felicidad de ha-
blarlo, aunque sea, para sus adentros. Era como estar ligada a un peda-
zo de tierra que ya había abandonado, a seres queridos que se habían
ido, pero todo eso estaba guardado muy profundo en su corazón.
Cheny, por lo demás, era una chica como todas las otras: con ga-
nas de conocer amigos, de divertirse, en fin, con deseos de alcan-
zar la dicha.
Pero algo le faltaba y eso la molestaba. Pasaba la tarde encerrada en
1 Poema Sonatina de Rubén Darío.
MarianaValle
12
Ladisputa
Como no tenía muchos amigos, no tenía –por ende- muchos invita-
dos en su casa.
Cumplir quince años no la entusiasmaba ni en lo más mínimo, le pa-
recía que era un día más, igual que todos…
Esa mañana bajó a desayunar con su padre y sus hermanos.
Cheny fue adoptada a los diez años. Había nacido en Corea del Sur y
aún tenía el idioma y hasta algunas costumbres bien arraigadas, aun-
que hablaba español a la perfección.
Sus hermanos también eran adoptados: Mariano, el mayor de 17, fue
adoptado a los quince; Efraín a los cuatro (ahora tenía 8) y Elízabeth, la
más pequeña, desde que era un bebé de días (ahora tenía 6). 
La cuestión es que ese día toda su familia la saludó y felicitó por su
cumple, y eso no pudo menos que provocarle una sonrisa.
Su papá esperaba celebrar una gran fiesta aquél día, pero Cheny ya le
había dicho que no estaba muy interesada en ello
De todos modos accedió a cenar con su padre y hermanos y un par
de colegas más, invitados por éste.
Se puso un vestido negro que le llegaba hasta las rodillas y una hebi-
lla en el pelo que le cubría hasta la cintura. Apenas se puso un poco
de color en las mejillas cuando se vio al espejo: tenía la piel“demasia-
do blanca”, pensó.
La cena transcurrió bastante tranquila, salvo por una disputa que
tuvieron sus hermanitos entre medio, que ocasionó el regaño de su
padre. Nada de mucha importancia.
Pasaron al salón de la gran casa a bailar el vals. El primero en bailar
con ella fue su padre, Cristhoper. Lo hizo con mucha gracia y, a conti-
nuación, le dio un gran beso y un fuerte abrazo.
Nodejesqueelvientonosarrastre
9
Él:Unchicocomo
todos,unchicocomonadie…
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo. 
Y las hojas caían en el agua de tu alma (2)     
Él no se sentía“raro”, tal vez los otros pensaran que lo era, pero eso
no le preocupaba. Se había formado en la“escuela de la vida”, había
soportado muchos momentos difíciles en sus cortos 15 años.
Hace 10, había perdido a sus padres. Después vivió un tiempo en un
hogar de huérfanos. Allí conoció a un gran amigo: Ezequiel, quien le
ofreció dejar Bogotá para probar suerte en la Argentina, cuando tenía
catorce años.
Vivió un tiempo con Ezequiel y el  tío de éste, a quien le habían
otorgado la patria potestad del muchacho. 
Pero después las cosas cambiaron, el tío se casó con una mujer que
aceptaba de bastante mala gana a su sobrino y mucho menos a su
amigo.
Si algo le había molestado siempre era ser rechazado. Bastante ya
tenía con el abandono (involuntario, sí, pero abandono al fin) de sus
padres.
No estaba dispuesto a soportar los malos tratos de nadie y por eso
se fue de la casa.
Anduvo meses durmiendo en las plazas, donde conoció a muchos
amigos que como él habían sido dejados de lado por“la sociedad”.
Todos le decían“el colombianito”porque no podía disimular su
tonada aunque cada vez se iba afianzando más a los modismos de
los argentinos como el“voseo”.
2 Poema“Número 6”de Pablo Neruda. 
MarianaValle
10
Su nombre real era Ernesto, pero en el orfanato le decían“Tomy”para
diferenciarlo de un tocayo (3) suyo y, al final, le quedó ese apodo.
Después de vagabundear y de aprender el duro oficio de dormir
en casi cualquier lugar a la intemperie y de buscar comida en
distintas instituciones y manos dispuestas a ofrecer caridad, se
vio seducido por “la mala vida” y empezó a robar para “hacerse de
unos pesos”. Esto le trajo serios problemas, por supuesto, tenía
que huir de la policía, pero también de otros “malandras” de mayor
experiencia que querían copar el “negocio del robo” en las áreas
peatonales de Córdoba.
Sabía que aquello era malo, pero en cierta forma pensaba que era
una manera de compensar lo que el porvenir nunca le iba a dar.
Subsistir en la calle es un oficio penoso, rudo y que requiere estar
“siempre alerta”.
La primera vez que peleó con otro chico –quien paradójicamente le
robó el mismo celular que él acababa de sacarle de la cartera a una
mujer en la parada del colectivo- terminó con un una muela rota y un
hilo de sangre que le caía, sin cesar, desde la boca hasta el pecho.
Después se fue afianzando un poco más y ganó otros combates.
Como tenía un buen carácter para comunicarse con los demás
(llevaba una sonrisa franca a todos lados) lo pusieron a cargo de
buscar más gente para el negocio del delito que regenteaba un
joven de veinticinco años. Eran unos cuantos muchachos que se
protegían entre ellos, como una familia singular.
A cambio, tenía apenas lo indispensable para vivir: una camita con
un colchón agujereado por todas partes en una galería pequeña del
centro de Córdoba y una platita para comprarse la comida cada día.
Tomy tenía el pelo castaño oscuro y los ojos color almendra.
Un día salió a vender alfajores en la plaza San Martín cuando le sucedió
algo completamente inesperado y“mágico”, se diría después.
3 Se le dice así a una persona que lleva el mismo nombre que otra.
Nodejesqueelvientonosarrastre
11
Estaba en la esquina cuando vio caminar hacia su dirección a una
chica de pelo largo y lacio color negro, con la piel muy blanca y unos
ojos iluminados como soles.
Se quedó pasmado. Había tenido muchas noviecitas, pero nunca
había reaccionado así frente a una chica: le temblaba el cuerpo y le
transpiraban las manos.
Apeló a sus típicas artimañas cuando ella pasó por su lado:“¡Chau,
princesa!”, le dijo. Minutos después habría de lamentarse esas
palabras tan torpes.
Ella se dio vuelta, lo miró, le hizo una expresión de enojo (que a él le
pareció encantadora) y siguió caminando. Indiferente como el hielo,
indiferente como el mármol.
Esa noche no pudo conciliar el sueño: pensaba en sus ojos, tan
únicos, tan bellos, tan“raros”…
Sin saber por qué, le palpitaba fuerte el pecho, y se durmió con una
sonrisa en los labios después de imaginarse cientos de veces el rostro
de esa chica que había conocido.
Entonces, Una luz acogedora se apoderó del humilde cuartito: esa luz
venía del corazón de un chico, como cualquier otro, como nadie.
MarianaValle
16
quería ayudarlo porque estaba muy agradecido con él. Entonces,
Tomy, le empezó a hacer un resumen de su vida y Mariano se sintió
muy identificado con aquélla historia.
Mientras caminaban, empezó a caer un aguacero cada vez más in-
tenso. Las nubes ya se habían puesto negras desde hace unas horas y
ahora gruesas gotas caían sobre ambos.
“No podés pasar esta noche en la plaza”le dijo Mariano.“Mi casa es
muy grande y podés ocupar un cuarto de huéspedes”.
A él no le gustó mucho la idea, su casa más que grande era como un
castillo ante sus ojos: un lugar reservado para un pordiosero como él.
Mariano insistió y al final aceptó.
Entraron por la puerta de servicio, al fondo de la casa. Subieron las
escaleras furtivamente.
El cuartito estaba arriba y parecía muy acogedor, su amigo le prestó
ropa suya para que se cambiara la mojada.
Estaba tan confortado allí que se durmió muy rápido. Una pared lo
separaba de ella, aunque no lo supiera.
Una voz lo despertó a medianoche, era una voz que le pareció muy
dulce, e inmediatamente cayó en la cuenta que era ella la que ha-
blaba y mezclaba el español con un idioma incomprensible: una vez
más parecía enojada, discutía con su hermano por lo de la pelea.
Como movido por una fuerza interior incontenible se levantó y abrió
despacito la puerta de la pieza, apenas para ver lo que pasaba.
La luz mortecina del pasillo iluminaba a Mariano y a Cheny. Ella ya
se había puesto su  pijama de color violeta. El pelo le caía lacio, so-
bre la cintura.
Le pareció que así deberían lucir las princesas de los cuentos: con un
pijama violeta y una expresión de enojo, porque así la vio más linda
que nunca.
Nodejesqueelvientonosarrastre
13
Después, con mucha timidez, su hermano la sacó a bailar. La pisó un
par de veces y rieron ambos de buena gana por el papelón.
Cuando ya daban las doce de la noche, y después de haber abierto
todos los regalos de los invitados, buscó a Mariano para charlar con
él. No lo encontró por ningún lado.
Salió al jardín y caminó hasta la entrada de la casa, a lo lejos lo vio
que doblaba la esquina, algo le dijo que tenía que seguirlo. El joven
quería“tomar aire fresco”, la casa lo asfixiaba, le propuso ir al centro
de la Ciudad y no al tranquilo bar de siempre en el Cerro de Las Rosas,
donde vivían.
Si bien ella era menor, tenía para con él cierta actitud maternal o de
protección, porque éste siempre se metía en problemas que fasti-
diaban a su padre y ella trataba, a toda costa, de evitarlo. Accedió a
ir con él. Tomaron el N3, y siguieron caminando por la Bajada Alvear
hasta divisar a lo lejos su destino: un boliche situado en un edificio
bastante deteriorado.
La calle Libertad estaba bastante sucia y descuidada. Un muchacho
los interceptó y quiso robarle a Mariano, quien se resistió y recibió una
fuerte golpiza a cambio. Tenía la cara algo lastimada y le brotaba un
poco de sangre. Cheny intentó interponerse entre ambos jóvenes para
parar la pelea: era corajuda y no le tenía miedo casi a nada.
Pero alguien la agarró por la cintura y se lo impidió:“¿Qué hacés?
¡Tené cuidado!”le dijo con una tonadita rara. 
Todavía la sujetaba entre sus brazos cuando ella, enojada, se dio vuel-
ta para mirarlo. Le vio cara conocida.
Recordó que era el chico que la había piropeado cuando salió a ca-
minar por el centro a la mañana:“¡Mi hermano está en peligro!, ¡hacé
algo!”le dijo furiosa.
En el piso, otro joven golpeaba a Mariano mientras le prodigaba algu-
nos insultos en“dialecto cordobés”. Tomy se interpuso entre ambos y
defendió a Mariano, preocupado porque Cheny lloraba y gritaba sin
MarianaValle
14
parar, agarrándose la cara con ambas manos. El mayor del grupo, el
“regente”de la banda delictiva, terminó con la contienda y le devol-
vió una mirada furiosa a Tomy.
Cheny corrió a abrazar a su hermano:“¿Estás bien?”.“Estoy bien”, le
respondió éste.
Le hizo muchas preguntas, pero él le dijo que en esas condiciones no
estaba dispuesto a responder nada, que mañana hablarían.
Las cuadras que la separaban de su casa, las caminó abrazada a
su hermano.
Le fastidió mucho el chico aquél: lo había puesto en peligro: ¿en qué
clase de cosas andaba metido? Encima tuvo el tupé de sostenerla de
la cintura cuando quiso parar la pelea. La estrechó muy fuerte, pudo
sentir que sus brazos casi la sofocaban…
“¿Quién se creía que era?”
Ayudó a su Mariano a limpiarse las heridas. Afortunadamente, como
él dijo, estaba bien y nadie más se dio cuenta de lo ocurrido.
Volvieron a su casa, saludó a su padre que aún seguía conversando
con amigos en la fiesta y se fue a su cuarto. Se puso el camisón y se
acostó: en lo último que pensó fue en el muchacho ese. Le molestó
su actitud, pero se durmió con una sonrisa en los labios.
Nodejesqueelvientonosarrastre
15
MásProblemas
La había tenido entre sus brazos. Hasta pudo sentir el olor de su piel.
Pero ella le dedicó esa mirada furiosa. Le causó gracia y rió para sus
adentros, aún enojada la veía más tierna, como un niño a quien no le
han consentido su capricho.
“El Gringo”se enojó mucho con el imprevisto de aquélla pelea. Le
reprochó a Tomy haber defendido a Mariano, que además –y por si
fuera poco- era un“concheto”y por su culpa ahora podían acusarlo
ante la policía. Al chico le había robado el celular otro de los“hospe-
dados” de la Galería (el Cara Cortada) que jamás esperó que su“vícti-
ma”se atreviera a resistirse.
Después de esa pelea, a él sin miramientos lo echaron a la calle, la
galería es pública, pero también había reglas para gozar de ella y ya
no era bienvenido allí: lo echaron como a un perro.
Ahora una vez más estaba en la plaza bajo el cielo estrellado, pero por
lo menos no tenía que soportar las inclemencias del tiempo, pensó.
Sus amigos de siempre, los excluidos también por la sociedad, lo ani-
maron un poco esa noche. Paco consiguió comida por medio de un
amigo suyo, dueño de un restaurante, se ofreció a ayudarlo en lo que
necesitara.“Sos un gil”, le dijo, aún no podía entender su actitud.“Bus-
carte quilombos por salvar a un concheto…”
Esa noche le costó más que nunca dormir. Pensó en sus padres, en su
vida miserable, en la angustia de todos los días y en cuán lejos estaba
de ella.
Al otro día salió a vender, con sus amigos, los alfajores que habían
comprado en el mayorista del barrio con las moneditas que tenía en
el bolsillo. Ya no quería tener que volver a robar jamás.
Cuando pasó por la escuela Antonio Huerta se encontró con Mariano,
quien lo reconoció y le dijo que lo acompañara hasta su casa, que
Nodejesqueelvientonosarrastre
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Cerró, la puerta sin hacer ruido y se durmió.
Lo último que la escuchó decir fue“hasta mañana”. Se imaginó que se
lo había dicho a él.
MarianaValle
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Enlaplaza
Estaba cavilando en un banco de la plaza Colón: la venta había sido
bastante buena. No podía quejarse.
Parecía que el destino se proponía interponerla en su camino. Allí
estaba la chica de los ojos orientales, charlando como una amiga.
Tenía un pantalón y una camisa a cuadros y llevaba el pelo recogido
con una cola de caballo.Él la miraba de lejos.
Ella se sentó en un banco y se puso a leer un libro. “Ella me odia,
ella me odia…” se decía, pero el impulso pudo más y caminó hasta
su banco.
“¡Hola!, ¿querés un alfajor?... Son tan ricos como vos”(“¡otra vez con su
palabras torpes!”, se reprocharía más tarde).
Ella agarró el alfajor y lo guardó en el bolso, junto con el libro. Estaba
leyendo“Las Mil y una noches”.
“¿Te gusta leer?”: Silencio como respuesta.“Bueno, a mí me gusta,
tengo un libro que saqué del… (iba a decir“orfanato”, pero no) Es de
un chico que lleva una rana al colegio, es muy chévere”.
Ella lo miró, tenía los ojos encristalados, pero no de bronca ahora sino
de tristeza.
“Hoy no tengo ganas de pelear con vos. Se cumple un aniversario de
la muerte de mis padres…”
“Bueno, mis padres también murieron, algunas cosas tenemos en
común…”, suspiró él al recordarlo.
Ella sonrió y se le hicieron pocitos en las mejillas.
No se sentía incómoda a su lado, sino todo lo contrario.“¿Y vos donde
estás…?”, (quiso preguntarle por dónde estaba viviendo)…
Nodejesqueelvientonosarrastre
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“Yo… no te preocupes, me tengo que ir…”dijo él (¡hubiera querido
quedarse horas a su lado en ese banco!) y salió corriendo con su caja
de alfajores.
Ella lo miró marcharse y sintió pena por él, algo le inquietaba el corazón.
La ira ya se había disipado y quedaban emociones mucho más cálidas
en su pecho.“Tengo que ayudarlo…”, pensó.
Su día pasó sin mayores sobresaltos: estudiar química, francés…
A la noche se encerró en su cuarto y se tiro en su cama mirando el
techo: odiaba esa sensación de asfixia que le daba cuando sentía que
algo andaba mal, le daba bronca.
Una lágrima le cayó por la mejilla, aunque ella se esforzó por no de-
jarla escapar. Después vino otra…
Lisi (Elizabeth) entró al cuarto y se acostó a su lado. Ella la abrazó y le
acarició el pelo. No hacía falta que se dijeran nada.
Antes de dormir, la última imagen que se le vino fue la de un joven
sentado al lado suyo en un banco.
Nodejesqueelvientonosarrastre
25
La noche estaba llena de estrellas.
Desde lejos se escuchaba un tema de salsa muy movido.“Me encanta
bailar, dijo él, ¿y a vos?”.
“Bueno, yo… no sé mucho”dijo ella, involuntariamente, ruborizada.
“Pues, yo te podría enseñar. Parate”. Ella le hizo caso, pero se sentía
algo rara y, eso sí, le palpitaba mucho el corazón.
Él le tomó la mano y se la puso en su hombro, después le entrelazó la
cintura con suavidad (no con el ímpetu de la otra vez) y le enseñó el
paso típico del“uno, dos, tres”.
Desde el“uno”ella lo pisó y él se rió mucho, en el“tres”él la terminó
pisando a ella y ambos rieron.
En un momento se miraron a los ojos. Los ojos de ella eran castaños
muy oscuro y brillaban mucho en su tez pálida ahora ruborizada. Los
ojos de él, color almendra, también estaban iluminados.
Estaban tan cerca el uno del otro que parecían compartir la respira-
ción entrecortada.
“Me tengo que ir”, dijo ella subrepticiamente y salió casi corriendo en
dirección a la vieja casona.
El se quedó sentado mirando la luna y sonriendo. Se sentía tan feliz
que hasta tarareaba un viejo son colombiano, su princesa oriental
había bailado con él.
Cheny se fue a su cuarto y pensó:“Estuve a punto de besarlo…”. Esa noche
trató de convencerse a sí misma de que eso no podía pasar.Trató…
Porque no pudo dejar de rememorar cada momento en sus ojos y en
cómo lucían esa noche y en esas manos calientes y húmedas que la
habían sostenido. Había bailado con su príncipe colombiano.
PlazaColón,NuevaCórdoba,Córdoba
Nodejesqueelvientonosarrastre
23
Miradas
“Tengo que hacer algo”, se repetía ofuscada entre sus libros de Litera-
tura. Ese día tenía examen.
Fue al despacho de su padre y le pidió hablar con él.
“¿Tenés algún problema, Cheny”, le dijo éste cuando la vio con esa
cara de preocupación.
“No. Bah… Sí, no sé…”.“¿Y eso qué significa?”exclamó atónito el pa-
dre y con una sonrisa.
“Bueno tengo un amigo que… necesita ayuda”.“¿Es un amigo del
colegio?”.“No… Pero, lo conocí en la plaza, Mariano también lo co-
noce. Es un chico muy bueno que… necesita un trabajo porque…
no tiene a dónde ir y pensé que podría hacer algo acá y dormir, tal
vez, en un cuarto de huéspedes hasta que… se solucionen un poco
las cosas…”.
“Mmmm… ¿y por qué te importa tanto ese amigo?”replicó éste con
el ceño fruncido.“Porque yo… lo quiero (¡no podía creer lo que aca-
baba de decir!)… porque yo no quiero verlo mal, me da pena, es un
buen chico, papi…”
Christopher se sintió conmovido por la solidaridad de su hija y le dijo
que lo iba a pensar.
A la noche, durante la cena, le comentó:“Creo que a lo mejor se nece-
sita alguien para cortar el pasto, arreglar un poco el jardín, desde que
tu mamá no está lo he descuidado bastante. Tal vez podría hablar
mañana con tu amigo, Cheny”.
Mariano se quedó atónito. Antes de irse a dormir la increpó a su her-
mana:“¿Por qué ese interés repentino por el Tomy?, ¿qué te pasa?”.
“Nada, me cae bien, nada más y además es tu amigo, vos deberías
preocuparte por él”, sentenció muy firmemente.
MarianaValle
24
“Sí, yo debería y no vos”le dijo su hermano quien parecía bastante
molesto con el marcado“interés”de su hermana por el muchacho.
Dio la media vuelta y se fue a dormir.
Al otro día ella lo esperó en el mismo banco de la plaza. A la una de-
bía llegar y llegó con su cajita de alfajores.
“¡Tengo que hablar con vos!”, le dijo. Él se quedó asombrado por se-
mejante recibimiento.
Se sentó a su lado y ésta le explicó la situación. Él acepto hablar con
el señor Thompson esa tarde.
Era una buena oportunidad, no podía desaprovecharla, pero le mo-
lestaba que ella se acercara a él por caridad, no era eso lo que hubiera
esperado.
El Sr. Thompson le explicó las condiciones del trabajo. Tomy sabía
bastante de jardinería, lo había aprendido del portero del orfanato
donde vivió en Bogotá.
Podía usar por el momento el cuarto libre de huéspedes, si así lo ne-
cesitaba, hasta que encontrara otro lugar.
No obstante, se sintió muy incómodo y avergonzado por la situación,
pero la amabilidad del señor lo convenció:“al fin y al cabo no tengo a
dónde ir, no me queda otra”, se dijo para sí.
El día siguiente trabajó hasta tarde. Estaba contento, hasta tarareaba
una canción colombiana, hacía mucho que no se sentía así.
A la noche salió a pasear por el jardín: ¡sus ojos no daban crédito de la
belleza y extensión del lugar!
Caminando llegó a un banco, había una muchacha sentada allí: era ella.
“Hola”le dijo muy despacito.“Hola”, le respondió ella con vergüenza.
“¿Puedo sentarme a tu lado?”. Su sonrisa fue interpretada como una
afirmación.
Nodejesqueelvientonosarrastre
29
“Estonopuedeser...”
“Todo cambió cuando te vi, de blanco y negro a color me convertí y fue
tan fácil, quererte tanto: algo que no imaginaba. Fue entregarte mi amor
con una mirada…” (4)
Una pared los separaba y él podía escuchar la canción que ella había
puesto en su disquetera como si esas palabras se  las dedicara a él, las
sentía como una nueva forma de comunicación.
“Sé qué no es fácil decir te amo, pero así es el amor, simplemente pasó y
todo tuyo ya es hoy. Antes que pase más tiempo contigo, amor, déjame
decir que eres el amor de mi vida…”
No podían expresar más claro lo que él quería decirle, atravesando una
pared, entrando a su cuarto y mirándola a los ojos. Pero no podía…
Había algo más entre ellos: las convenciones, las responsabilidades,
los demás…
Ella se pasó toda la tarde esquivándolo, pero sin querer se lo cruzó en
el jardín: hubiera querido correr hacía él y abrazarlo muy fuerte…
Él se pasó toda la tarde evitándola, pero la vio: hubiera querido correr
hacia ella y volver a escuchar aquél idioma tan raro…
“¿Hay algo qué te preocupa?”, le dijo cuando la vio sentada en el ban-
co del jardín mirando pensativa las flores…
“Sí, hay algo…”le dijo ella mientras se restregaba una mano sobre el
pantalón y seguía con los ojos fijos en el suelo…
“¿Y qué es eso?”, le preguntó él,“¿te puedo ayudar?”…
“Bueno yo… no sé… cómo decirte…”.“Hace un tiempo conocí un
chico en Estados Unidos… y bueno… yo me (le costaba mucho decir-
4 El tema es“Todo Cambió”interpretado por el grupo mexicano Camila.
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Elbeso
Mariano rendía Lengua ese día, y como tantas otras veces, no había
estudiado nada.
A la mañana lo vio“al Tomy”, barriendo la vereda y le dijo:“Che, hoy me
hago la chupina y no voy al cole, ¿me acompañás a lo de unos ami-
gos?”. El otro joven lo miró asombrado:“¿Y qué es eso qué es, eh? (nun-
ca lo había escuchado).Yo estoy trabajando, ahora no puedo”.
“Dale- insistió Mariano- Mi papá no está y no vuelve hasta el medio-
día Vos no te hagás drama”.
“No hermano, le debo mucho a tu familia y tengo que ser responsa-
ble”, le dijo Tomy.
“Ah… bueno… no te olvidés que fui yo el primero en abrirte las puer-
tas de mi casa cuando lo necesitabas”. Sonaba a exhortación y lo era,
Mariano sabía como manipular a alguien cuando tenía un propósito.
Al fin y al cabo, era cierto lo que le decía y Tomy, con cargo de con-
ciencia y algo de preocupación, se vio forzado a aceptar, pero antes le
aclaró:“Un rato nada más, ¿eh?”.
Caminaron varias cuadras hasta llegar a un edificio donde vivían los
amigos de Mariano: Andrés, Julián y Benjamín.
“Estamos formando una banda y nos falta alguien que toque la batería.
Yo sé que vos sabés tocar los timbales, te vi el otro día con los de mi
viejo, esto es parecido. Podrías intentar…”dijo Mariano a Tomy.
Y la verdad que mal no le iba con el instrumento, todos quedaron
asombrados de su talento tan rápidamente adquirido y lo felicitaron,
parecía que llevara el ritmo en la sangre.
Sin embargo, ya eran las 11 y media y no veía las horas de irse y conti-
nuar con sus quehaceres. Mariano accedió. Se despidieron los dos del
resto de los jóvenes y salieron del lugar. Tomy, con rumbo hacia a la
Nodejesqueelvientonosarrastre
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casa y Mariano en busca de otro lugar donde pasar el rato hasta que
se terminara el turno del colegio.
Iban caminando cuando vieron una chica de uniforme que cruzaba la
calle hacia donde estaban ellos: ¡Era Cheny!
“¿Qué hacés acá y no en el colegio?”le dijo a su hermano.“Qué te
importa… ¿y vos que hacés acá?”, le dijo éste.
“Faltó un profe y salí antes”, le respondió ésta.“¿Y vos Tomy, lo estás
protegiendo? No me lo esperaba…”.
“Bueno, nos vamos, no tengo que darte explicaciones”, le dijo Maria-
no. Y se fueron los dos, dejándola con una expresión de furia, asom-
bro y tristeza mezclada en el rostro.
Tomy se sentía abochornado. Caminó dos cuadras más con Mariano y,
por fin, éste se alejó y él tornó rumbo hacia la casa de losThompson.
Las palabras de Cheny lo habían herido como pinchazos que le atra-
vesaban la piel. Estaba atormentado por cómo había quedado en-
frente de ella: pudo ver su cara de desilusión.
Toda la tarde estuvo pensando en eso.
El Sr. lo mandó a regar las plantas internas. En un pasillo de la casa se
encontró a Cheny, que ya no tenía el uniforme sino una camisa roja y
unos jeans: detalles que pueden parecer sin importancia, pero que él
grababa siempre en la retina de sus ojos.
Otra vez la mirada furiosa, otra vez las palabras emanaban una detrás
de otra reprochándole:“¡Lo acompañaste a mi hermano a hacerse la
chupina!, ¡sos igual que él!, ¡cómo pude confiar en vos!...”No sabía qué
decirle, hubiera querido esfumarse en el aire en ese momento.
De pronto sintieron la voz del papá de Cheny.“Esperá tengo algo que
decirte”, le dijo Tomy, pero no quiero que nos escuchen…
“Está bien”, dijo ella,“yo también tengo muchas cosas por decirte”. Los
pasos del Sr. hablando por teléfono se fueron haciendo cada vez más
MarianaValle
28
tenues hasta ya no oirse.
“Ahora que estamos solos, te quiero decir que…”. Ella lo interrum-
pió:“No, yo te quiero decir. Te quiero decir que pusiste en peligro
la vida de mi hermano y aún así confié en vos y traté de ayudarte y
lo primero que hacés es consentir los malos actos de Mariano y me
arrepiento de haberte conocido todo esto lo hice porque me caíste
bien y porque te quiero y porque… (¡otra vez lo había dicho y enci-
ma frente a él!)”.
Tenía la mirada brillante, de rabia y de angustia y las palabras le sa-
lían así, medio atragantadas. Y él se sentía tan apenado que hubiera
querido arrodillarse a sus pies.“Sos…. Sos… ¡un mentiroso!, ¡me
mentiste! y….”
No pudo seguir hablando... Bajó la mirada hacia el piso. Él la sostuvo
muy fuerte entre sus brazos. Le tomó la cabeza entre sus manos y le
acarició el pelo. Ella todavía estaba enojada, cuando observó sus ojos
marrones taciturnos. Entonces, ambos se besaron dulcemente los la-
bios mientras la tarde caía apesadumbrada sobre el salón.
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Él, a todo eso, reía con ganas. Ella le manchó la cara con la pasta
de harina…
“Ah, no señorita, ¡eso no se lo permito!”dijo él… y la agarró por los
hombros y le tiró un poco de engrudo en la cara.
A los veinte minutos la sacaron del horno y le pusieron el dulce
de ciruelas.
“Es la torta más fea que he visto en mi vida…”reflexionó él muy pensativo.
Cheny suspiró y después lo manchó nuevamente con dulce de ciruela…
Él hizo lo mismo y le untó con dulce la cara, tras lo cual se la  tomó
con ambas manos y le estampó un besazo en la mejilla:“Pues estaba
rico…”, le dijo, y salió campante de la cocina mientras ella se lamenta-
ba por ser tan mal cocinera.
MarianaValle
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lo)… me enamoré de él y él… me engañó y yo sufrí mucho por eso…
y no quisiera que me volviera a pasar…”
“¿Y por qué tenés ese miedo?”, le dijo él que la miraba fijamente.
“Por que yo… no sé, pero no quiero volver a enamorarme…”. Antes
que él le pudiera decir algo, se levantó y se fue.
 
Nodejesqueelvientonosarrastre
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¿Matemáticas,yo?,¿Cocinar,yo?
Amanda, la cocinera de la casa, observaba con asombro cómo el
joven hacía malabares con los limones del centro de mesa.“¿Dónde
aprendiste eso?”, le preguntó.
“Ay, señora… esas cosas uno las aprende en la calle, les sirven
para sobrevivir…”.
“¿Y vos nunca aprendiste otras cosas como… nunca fuiste al cole-
gio?”.“Hasta cuarto grado nomás –dijo él- allá en Bogotá. Ah, pero
eso sí… no me pregunte porque no me acuerdo de nada, nada más
que la maestra me odiaba y todo el tiempo me gritaba ¡Zelaya, lo voy
a apercibir…!”.
Amanda se rió de la desfachatez con que hablaba el muchacho.
Christopher, que pasaba por ahí (la cocina donde desayunaban los
empleados) no pudo resistir escuchar la conversación.“Tomy quiero
hablar con vos”, le dijo. Vení a mi despacho…
Estaba muy nervioso Tomy:“¿sabrá algo de lo que pasó con Maria-
no… o con Cheny?”.
“Sentate. Mirá quiero que terminés el colegio. Un joven como vos
tiene que pensar en hacer algo provechoso con su vida.”
“Ah, sí, en eso tiene usted mucha razón”dijo con respeto Tomy, “pero
a mí me cuesta bastante”
“Bueno, yo he pensado en alguien que te puede ayudar: tu amiga”.
“¿Mi amiga?”, dijo él.
“Sí, Cheny, te puede ayudar. Ella es muy buena alumna. No creo que
tenga problemas y le va hacer bien distraerse un rato, la noto preocu-
pada últimamente”.
A la tarde se encontró con Cheny en el desván donde se guardaban
los libros y algunas reliquias de la casa.
MarianaValle
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“Bueno, voy a ser tu profesora”, dijo Cheny sonriendo.“¡Sí! Menuda
profesora voy a tener”, acotó él por lo bajo.
La clase resultó ser un desastre para Cheny: ¡Tomy no tenía paciencia!
Ella le hablaba de las fracciones y él la miraba como si le estuviese
hablando en coreano.
Se quedó en un momento pensativo (ella pensó que finalmente
había entendido).“¡Ah, ya sé! –dijo-, ¡los cocodrilos!”.“¿Cocodrilos?”
preguntó Cheny.
“Vaya sí, ahora recuerdo que los cocodrilos se comían al más grande.
La maestra nos hacía un dibujo. A la fracción más grande se la comía
el cocodrilo…”Y dibujó en la pizarra:“X>x”y después le agregó los
dientes y los ojos del cocodrilo.
Cheny estaba perpleja, ¿casi media hora y sólo recordaba eso?
“No estás poniendo atención”, le dijo con su mejor cara de enojo.“Perdón,
estoy nervioso”dijoTomy rascándose la cabeza con cara de ofuscado.
Cheny no pudo contener la risa. “¿¡Y cómo me vas a pagar esto!?”
“Lo que vos quieras”, respondió él firmemente.
“Bueno, además de bailar, escuché decir a  Amanda que sabés coci-
nar. Hoy tengo que preparar algo rico porque vamos a juntarnos con
mis amigas, quiero que sea especial. Quiero hacerlo yo, pero a lo me-
jor me podrías ayudar”, dijo ella.
Se metieron los dos a la cocina. La cocinera no estaba, por suerte,
había salido a comprar.
“Bueno esta receta es una tarta de ciruelas, que se hace allá en Co-
lombia para fechas especiales. Lleva harina, huevos, ciruelas, queso. ”
La comida resultó un desastre para Tomy. Cheny rompió tres huevos
mal hasta que aprendió la técnica del“golpecito”. La masa se hizo un
engrudo chicloso imposible de amasar.
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“Claro… oye, ¿cómo andas?, ¿quién es esa chica?”.
Tomy le respondió con preguntas:“¿Qué hacés acá, cómo llegaste?”
“Ah, ya veo que cogiste muchas cosas de los argentinos”, le dijo son-
riendo en alusión al típico“voseo”rioplatense.
Se sentaron en un banco:“Yo no he honrado la memoria de mi her-
mano. Hoy tengo la suerte de poder hacer algo por ti. Tengo una lin-
da casa, un auto, una buena mujer. Fíjate que esa mujer fue la que me
convenció de venir a buscarte. Han pasado tantos años, Ernesto”.“¡Ah!
(suspiró): su familia sí qué fue generosa con ella: le donó una gran he-
rencia. Bueno, la mía sólo me dejó deudas y buenos momentos para
recordar… Pero ahora estoy acá por ti, Ernestito, quiero que vuelvas
allá a Bogotá, que vivas con nosotros. Mi mujer es cantante y bailari-
na y vamos a armar un espectáculo. ¡Es tu sueño!, ¡vas a poder ser ma-
labarista y actuar y bailar como yo! Ya es hora, ya es hora de volver”.
Tomy pensó en tantas lunas subsistiendo al frío de la ciudad con sus
juegos de malabares que, antaño, habían sido de su abuelo acróbata
y constituían uno de los pocos tesoros que había conservado de sus
padres y se había llevado consigo luego de huir del orfanato.
“Volver”de tantas cosas juntas que escuchó le quedó resonando esa
palabra con la intensidad de un tango bien sentido. Volver a Bogotá,
dejar Argentina. Dos opciones sin posibilidad de reconciliación. Volver
era ganar muchas cosas, pero volver era dejar muchas otras.
No había mucho tiempo para pensarlo, el vuelo salía al otro día a
la tarde.
Sentía cariño por el suelo cordobés más de lo que podría haber podi-
do imaginar antes de pisarlo. Sentía afecto por las costumbres nuevas
adquiridas. Pero sobre todo sentía un gran amor por ella.
Sin embargo, acá – en Córdoba- no era nadie sino un hospedado por
caridad, por servidumbre. ¿Y qué era para ella?, ¿qué sería para ella?,
¿la dejaría su padre vivir con alguien como él?, ¿consentiría un desti-
no tan mediocre para su hija adorada?, ¿y qué harían éste, Mariano y
MarianaValle
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Alguiensabe
Una tarde la encontró en el desván.“Tomy ya no puedo darte clases”,
le dijo muy seria.
“Pero, ¿leíste mi cuaderno? Me esforcé mucho con los ejercicios de
matemática”, dijo él lamentándose.
“Sí, es verdad, me asombraste”dijo ella y sonrió, pero con un dejo de
tristeza:“Pero no puedo”.
“¿Puedo saber por qué?”, le dijo él.“No… no puedo decirte…”dijo ella.
Él estaba sentado en una silla al lado suyo. Le susurró al oído:“Yo
nunca te voy a hacer sufrir…”
Al día siguiente la volvió a ver en el jardín. Estaba jugando con sus
hermanitos a la pelota. Era un juego raro, que consistía en no ser
“quemado”(tocado) por la pelota, así que los tres se habían tirado
muchas veces al suelo y estaban llenos de tierra.
Él la vio de lejos y se divirtió mucho…
Lisa lo divisó y le gritó“¡Tomy vení a jugar!”. Cheny no parecía muy
contenta de verlo, más bien se la veía incómoda.
Pero jugaron los cuatro y se divirtieron mucho. Él fue el más“quema-
do”o lastimado,“suerte de principiante”, pensó irónicamente.
Los dos nenes lo golpearon y hasta Cheny le tiró un pelotazo en la rodi-
lla, tras lo cual le dijo“perdón”con sincero sentimiento de culpa.
Cuando terminó el juego ellos se quedaron un rato solos. Bah, mejor
dicho, Cheny intentó irse tras sus hermanos, pero él le tomó la mano
y la atrajo hacía él.
Ella miraba para abajo y él le subió la cara con las manos hasta
que ella no pudo evitar mirarlo. Se acercó a él lentamente y le
besó la boca. Él le tomó el rostro con una mano, mientras con la
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otra le agarraba la cintura, mientras la besaba… “Me tengo que ir,
dijo ella…”
“No, todavía no…”le pidió él como un niño. Se sentía que estaba tan
a gusto como si estuviese fuera del tiempo y el lugar viviendo ese
instante mágico. Quiso besarla, pero ella se apartó señalando algo
con su dedo índice.
Alguien los observaba desde lejos…
MarianaValle
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Volver
Sólo buenos recuerdos tenía de ese hombre de aspecto sencillo y
campechano.
Varias veces lo había visitado en el orfanato y le había alegrado
las tardes: contándole alguna anécdota divertida de su familia,
trayéndole alguna baratija, que él guardaba como tesoros en ese
lugar, y enseñándole las cosas de la vida del circo: Sí, porque él
había sido un gran malabarista cuando joven. Toda la familia había
salido predispuesta para vincularse con el espectáculo: La abuela
Marta (cantante lírica), el abuelo José (integrante de un famoso
grupo de cumbia de Bogotá en aquellos años), Francisco (malaba-
rista) y Ernestito (así le decían de niño)… Bueno, él fue la excep-
ción: con mucho esfuerzo sus padres le pagaron la universidad y
llegó a ser abogado. Allí, en la facultad, conoció a María. Se casa-
ron al poco tiempo y tuvieron un hijo nombrado como su papá.
Tomy nunca esperó nada de su tío, nunca le reclamó ni le reprochó nada.
Su hermano y su cuñada habían muerto trágicamente, no tenía pa-
dres, ni hermanos, ni una casa confortable, apenas tenía dinero cómo
para subsistir él con algunas changuitas, no tenía instinto paternal.
Resumiendo: no podía hacerse cargo de un niño de 7 años.
No había ningún otro familiar, ningún otro destino para él que esa
institución que lo acogió 7 años.
Por eso lo miraba ahora sin rencor.
“Estabas con una chica, Ernesto, ¿quién es?”, le preguntó muy intri-
gado y a continuación le explicó su ingreso a la morada suntuosa
de los Thompson: “El señor de la seguridad no me dejó pasar aun-
que le dije que era tu tío. Usé de mis habilidades para entrar acá”,
acotó sonriendo.
“¿Te subiste por las rejas?”, le dijo Tomy.
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Mariano y Tomy partieron con rumbo hacia la clínica. El papá de
Cheny no estaba.
Cuando llegaron tuvieron que aguardar un buen rato, con el corazón
atragantado, en la sala de espera.
El médico, por fin, salió y les dio el parte médico:“La paciente tuvo
contusiones en la  cabeza. Está siendo examinada. Todos sus signos
vitales son estables. No corre peligro de vida, pero deberá permane-
cer un buen tiempo acá…”Y se abrió paso invitándolos a la sala“Pue-
den verla sólo un rato. Esto es terapia intensiva”.
Cheny estaba consciente: tenía varias raspaduras en la cara y se notaba
confundida. Mariano la abrazó y no pudo contener las lágrimas.
Tomy tenía todas las emociones atragantadas (culpa, tristeza, miedo,
rabia, impotencia). Le tomó una mano y se la acarició. Ella tenía los
ojos entreabiertos, por el cansancio del trauma que había vivido:“Es-
tás acá…”, le dijo.
Tomy y Mariano tuvieron que salir de la sala. Los dos jóvenes se abra-
zaron. Mariano notó, entonces, que no era sólo cariño lo que Tomy
sentía por ella. Estaba sentado a su lado y tenía las manos sobre el
rostro, con el ceño fruncido. Cuando se las sacó de la cara le vio en los
ojos rojos como si hubiera llorado.“Tengo que hablar con vos”, le dijo, 
“pero ahora no…”
MarianaValle
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los demás cuando supieran de ese amor prohibido?, ¿a dónde se la
llevaría si éstos no aprobaban lo suyo?, ¿qué futuro podría darle?
En esos dilemas no se hallaba un chicuelo enfrentado a inquietudes ba-
nales, sino un hombre de 17 años enfrentando el destino de su vida.
La pregunta que más le dolía (porque en su interior ya lo tenía de-
cidido aunque quisiera no afontarlo) era:“¿Cómo haría para vivir
sin ella?, ¿cómo volver el tiempo atrás hasta antes de conocerla?”
Todo ahora estaba impregnado de su esencia, de la calidez de sus
palabras, la protección de su cariño y el misterio cautivante de su
mirada avasallante.
Esa noche tuvo un sueño: caminaba por un jardín muy lindo y escu-
chaba a lo lejos la risa de una niña y un niño que jugaban. Intentaba
acercarse hacia ellos, pero de repente sentía que alguien detrás suyo
lo retenía y le sostenía el corazón. Recordó fugazmente un abrazo
perdido de su madre y cuando volteó a mirar su rostro se despertó.
“Eran sus ojos”pensó, “sus ojos orientales y su rostro, pero con las
huellas del tiempo que pasó”.
Al otro día a la tarde, ella se acostó en su cama y se durmió. Cuando
despertó vio un papelito amarillo que sobresalía de la almohada:
Si ves esto sabras que me e ido. Tome un buelo para bogota
a las 18 hrs. Ay veces en que las palabras están demas, eso
decia un amigo mio, nunca lo entendi porque el hablaba
mucho y sobre todo gritaba mucho para vender sus pro-
ductos por la peatonal . Nunca lo entendi, sino hasta hoy.
Me tengo que ir.
Te amo, de verdad.
                                 Tomy.
No te olvides de mí, yo nunca me voy a olvidar de vos.
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Bajó rápido las escaleras y miró el reloj de la pared: Eran las cinco.
Agarró su bicicleta y pedaleó tan rápido como pudo.
El cielo estaba gris oscuro y algunas gotitas ya manchaban las vere-
das de La Docta (5).
5 Así se llama a la provincia de Córdoba en recuerdo a que fue cuna de la
primera universidad argentina.
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Elaccidente
Las gotas que caían eran cada vez más grandes. Eso le dificultaba la
visión. Las calles que rodean el Aeropuerto de Pajas Blancas están
siempre  atestadas de tránsito. Ese día no era la excepción.
En una mala maniobra le zigzagueó el manubrio y la bici se le fue
para un costado, siendo golpeada por el frente de un auto que pasa-
ba a su lado.
El hombre bajó del vehículo y socorrió a la joven. Unos turistas espa-
ñoles que estaban por ahí vieron lo sucedido.
Tomy estaba adentro del aeropuerto cuando escuchó los comenta-
rios de éstos últimos:“¡qué desgracia lo de esa chica atropellada!”, dijo
la mujer.“Sí, a mí se me hace que era una turista porque tenía cara de
japonesa…”, acotó el marido.
Un escalofrió le corrió por el cuerpo a Tomy:“¿Y si era ella?”.
Tenía un mal presentimiento.“No puedo, no puedo irme ahora”, le
dijo a su tío y salió corriendo lo más rápido que pudo con su bolso.
Se tomó un taxi y fue a la casa de los Thompson.
“¡¿Dónde está tu hermana?!?”, le preguntó a Mariano apenas lo vio.
“Ha salido”, le dijo éste.
“¿Se fue en la bicicleta?”, insistióTomy con un tono grave de preocupación.
“No sé… A lo mejor…”dijo Mariano, que en el fondo ya temía algo.
El guardia de seguridad les confirmó que la había visto irse con su
bicicleta hace una hora más o menos.
“¡Decime qué pasa!”, lo instó Mariano,“¿por qué tenés esa cara?”. No
alcanzó a responderle cuando sonó el teléfono. Era un hombre que
avisaba lo qué le había ocurrido a Cheny. Aportó los datos de la clí-
nica en la que estaba y no dijo más sobre su estado de salud, porque
los médicos la estaban observando en ese momento.
MarianaValle
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Ideó algo mejor. Se fue al mercado.
Más tarde habló con Amanda, le dijo que había venido un primo suyo
de Colombia, que lo quería agasajar.“La cocina es tuya”, le dijo la mu-
jer sonriendo.
Eran las siete de la mañana y la casa parecía habitada sólo por él y
el silencio.
Abrió despacito el cuarto de Cheny, que estaba sola porque su her-
manita se había quedado a dormir en lo de Martina (claro, ese detalle
cuando lo escuchó el día anterior lo puso más que feliz: todo su plan
se concretaba a la perfección).
La muchacha dormía plácidamente. Él apoyó el desayunador sobre la
mesita de la pieza. Se sentó en una silla al lado de su cama.
Ella tenía su pijama color violeta:“Oye, bella”, le susurró al oído. Ella
se restregó los  ojos y la nariz con las manos, mientras fruncía el ceño.
Entreabrió los ojos y los volvió a cerrar, y los volvió a abrir con asom-
bro.“¿qué hacés acá?”
La sorpresa había ayudado a despertarla con toda lucidez, equivalen-
te a un poco de agua fría.
“Te traje el desayuno”, le dijo él. Y le puso la bandeja sobre la falda,
mientras la ayudaba a sentarse con un gran almohadón detrás de
la espalda.
“¿Estás loco?”, le dijo ella sonriendo.“Algo…”respondió él.
“Mira, estas son cosas que se hacen en mi país: Éste es pan de chicha-
que lleva harina de trigo huevos y grasa de marrano… entre otras
cosas. Éstas de acá son cucas…”
Cheny escuchaba con atención y reía…
“Bueno, no tengás miedo porque no tienen seis patas ni antenitas
y son sabrosas… tienen panela rallada, vainilla, mantequilla. Ahm y
ésta de acá es una torta de cuajada… ¡ojo que tampoco es como sue-
AeropuertoPajasBlancas,Córdoba
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SaboresdeColombia
Cheny estuvo internada una semana en la lujoso Hospital Privado del
Cerro de Las Rosas. Le hicieron todo tipo de estudios que arrojaron
buenos resultados.
Los últimos cinco días los pasó en un cuarto muy confortable, donde
la visitaron diariamente su papá y sus hermanos en la hora indicada.
Tomy quiso ir, pero no era un“familiar directo”. Christopher se vio sor-
prendido por cómo le inquiría cada día sobre el estado de salud de su
hija, avasallándolo con preguntas.
“Se ve que la querés mucho. Sos un buen amigo”, le dijo y le refregó
una mano sobre la cabeza en gesto de cariño casi paternal.
Una tarde estaba regando las plantas cuando Amanda le comentó,
como al pasar:“Esta nochecita la traen a la señorita Cheng. Por suerte
le dieron el alta”.
Cerca del horario de la cena, después de comer un sabroso guiso pre-
parado por la amable cocinera y después de verla alejarse, muy des-
pacio, con su cuerpo regordete y añoso sobre la bicicleta antigua, se
sentó a esperar a Cheng, mirando de reojo detrás de las cortinas de la
sala, desde el piso de arriba.
Ello entró abrazada a su padre. Le costaba caminar, se había esguinza-
do el pie, tenía algunos moretones y magulladuras en los brazos, y dos
rasponcitos en las mejillas. Ese detalle tan preciso lo vio cuando subía
la escalera y estaba más cerca de él (sin saber que él estaba ahí, claro).
Sus hermanos y su padre la acompañaron a su cuarto.
Él se fue a dormir a su habitación. Se sentía muy aliviado de haberla visto
bien.
Eran las 9 recién. Pensó la manera de verla, pero el cuarto estaba siempre
ocupado, podía sentir las voces de su padre y su hermano a cada rato.
MarianaValle
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mente y tenían una amistad auténtica, sólida, inquebrantable.
Perder eso era demasiado para él por eso no se podía ni imaginar que
Tomy amaba de verdad a Cheny.
Además, hasta ese momento, el no sabía lo que era el amor por una
mujer. La primera mujer, la que le dio la vida, no le había dejado bue-
nos recuerdos: sólo sabía de ella que lo abandonó. Después lo cuidó su
tío, después lo expulsaron de la escuela, después mintió, robó e intentó
destruirse la vida con actos que lo llevaron a un reformatorio. Después
lo rescató de eso, Christopher: le dio una familia.
No conocía más amor que esa familia y sus amigos, por ahora.
Cheny, en cambio, sentía un amor que la desbordaba. No deja-
ría que Tomy volviera a la calle. En Corea “Cheng” es nombre de
varón y nombre de mujer. Su padre, el señor Lee, esperaba con
ansias un varoncito.
Pero apenas vio a su hija se enamoró de ella. Los años que la tuvo
(antes de morir) fueron los más felices de su vida.“Vos vas a ser una
guerrera”le decía.
Cheny no era como las otras nenas, no se amilanaba ante nadie, no
jugaba con muñecas sino con espadas y cuando alguien atentaba
contra un ser querido se volvía poderosa.
Un día un niño del jardín derribó la torre de su mejor amiga Lou. Ella
camino hacia él, lo tomó entre sus brazos por el cuello y lo derribó al
suelo: el chico estaba pálido del susto.
Tomy era su amor, no dejaría que nada malo le ocurriera, que volviera
a la calle. La guerrera estaba despierta en ella.
“Tengo que convencer a Mariano que ya me olvidé de Tomy. Y la me-
jor forma es que piense que gusto de alguien más”, pensó.
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na! Es muy dulce y lleva guayabas… Y por último, ésta es una tarta de
ciruelas, bueno... creo que ya la conocés”.
Cheny estaba anonadada de ver tanta comida junta y de escuchar
tantos vocablos nuevos. No podía creer, sobre todo, lo bien que lucía
la tarta de ciruelas (“soy un desastre…”pensó).
“¡¿Y cómo me voy a comer todo esto!?”.“Ah, pues, con este cafecito
con leche”le dijo él. Ella rió, conmovida por su gesto tierno.
El se sintió fascinado de escuchar su risa: era, sin duda, la mejor re-
compensa.
“¿Qué te parece?”.
“ ”(6), respondió ella.
“¿Y eso qué es?”, acotó él,“¿es lindo?, ¿no es un insulto, no?”
“No. Es lindo”, dijo ella sonriente y misteriosa.
“No me vas a decir”, le reprochó con insistencia.“No”, dijo decidida.
“¿Nunca?”.
 “No sé…”dijo  sonriendo con timidez y con la mirada baja, algo aver-
gonzada por su confesión en lengua materna.
“¡Dale que hay que hacer un montón de cosas!”dijo en voz alta”, dijo
el señor Thompson en voz muy alta que denotaba su ofuscación con
su interlocutor del otro lado del teléfono. Tomy y Cheny se miraron
con temor…
“¡Andate!”, le dijo ella,“y con cuidado”.
“Vale”, le dijo él.
Cuando estaba por abrir el picaporte ella le dijo:“¡Tomy!”, él se dio
vuelta y la miró.
6 Significa“te amo”en coreano
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“Te ibas a ir…”le dijo ella con un tono de tristeza…
Él quiso decir algo, pero ella le repitió“¡Andá, te pueden ver!”.
Por suerte nadie lo vio salir del cuarto. Pero cuando caminaba por el
pasillo se encontró con Mariano.“¡Ey!, hermano”, le dijo y le palmeó
el hombro.
Mariano tenía una expresión de bronca y habló con un tono de gravedad:
“Vos y yo vamos a hablar… ¡ahora!”y le mostró un papel amarillo…
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Lasentencia
“¿Qué pasa entre vos y mi  hermana? Tomy estaba resignado,
sabía que llegaría ese momento. “Le voy a decir la verdad…”,
pensó, mientras se restregaba nervioso, las manos transpiradas
sobre el panatalón.
“Mirá, leí este papel una y otra vez y no lo puedo creer. Porque pensé
que Cheny era como una hermana para vos. No una minita que te
querías levantar”.
“Cheny no es eso para mí”, le replicó Tomy.
“Entonces entre ustedes dos no pasa ni pasará nada”, sentenció Mariano.
Del otro lado, de la puerta del cuarto de su hermano, Cheny escucha-
ba la sentencia.
Mariano prosiguió“Mi hermana ha sufrido mucho. No quiero que
te metás con ella. Podés salir con cualquier chica, la que se te cante,
pero ella, no. No quiero dejar de considerarte mi amigo, mi hermano,
no quiero que te tengás que ir de acá otra vez a la calle. Entre vos y
Cheny no hay nada.”
Tomy guardó silencio, tampoco Mariano esperaba respuesta. Su casi
monólogo había sido contundente.
Tenía la profunda convicción de que todo eso quedaría en el olvido.
Que él y Tomy seguirían como antes, que lo de Cheny fue una equivo-
cación y que pronto lo vería saliendo con otra chica. 
Cheny volvería a verlo como lo que debía ser: un amigo o un herma-
no para ella.
Lo creía firmemente, pero en el fondo se negaba a asimilar otra si-
tuación porque no podía ni pensar en tener que enemistarse con su
amigo del alma.
Ernesto y él compartían muchas cosas y ambos se querían franca-
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Verla de nuevo a Gisela le causó inquietud:“¿Será que realmente le
pasa algo con ella?”, pensar eso la atemorizaba. En el fondo de su co-
razón sabía que Tomy la amaba, pero tenía miedo:“Hay tantas cosas
entre nosotros dos”, pensó.
Mariano estaba muy preocupado por Gisela. Desde el primer día que
la vio se quedó admirado de su belleza y su actitud tan diferente a la
del resto de las chicas. La conoció en un baile en el Sargento Cabral
(9) y se quedo toda la noche bailando con ella, al son del ritmo de
cuarteto de La Mona Jiménez (10).
“No debería fijarme en ella porque es la amiga de Tomy y creo que
algo pasa entre ellos”, reflexionó el mayor de los Thompson. Pero ya
empezaba a sentir algo especial por ella que no podía evitar.
Tomy se fue a dormir y dejo a Mariano con Gisela. Éste le dijo que se
quedaba un rato más ayudándole a armar el sofá cama, que era un
trasto viejo ya, y por eso costaba que quedara plenamente horizontal.
La charla entre los jóvenes fluyó plenamente. Mariano le contó más o
menos su vida antes de ser adoptado, sus sufrimientos.
Ella le habló de la muerte de su hermanito, Joaquín, a raíz de los
estragos de la leucemia sobre su joven cuerpo y de la depresión de
su mamá.
Gisela era una de esas chicas que exteriormente parece tener-
lo todo (era realmente hermosa y eso, muchas veces, causaba
envidia en otras mujeres), pero que en el fondo esconden una
gran vulnerabilidad.
“Sos una tipazo”, le dijo a Mariano cuando armó finalmente la cama, y
le dio un abrazo con unos golpes bastante fuertes en la espalda.
9 Es un estadio donde se realizan frecuentemente bailes de cuarteto (genero
musical de origen cordobés y con reminiscencias del paso doble y la tarantela, así
como de otros ritmos caribeños como el merengue y la salsa)
10 Cantor popular de Córdoba, con mas de 100 discos editados de cuarteto.
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Celos
“Uno se sienta de frente y se vacían los primeros vasos
lentamente, contemplando fijamente al rival con adversa mirada”(7)
A la fiesta organizada por el cumpleaños de Elizabeth concurrieron
todos sus amiguitos. La casa estaba decorada como un parque infan-
til. En la mesa, exultantes, se exhibían todo tipo de manjares.
Mica, Flor, Benja y Julián, amigos de Mariano, también estaban
como invitados.
Lo sorprendió Gisela:“¡Ey, amigo, qué jodita esta!”le dijo mientras se
comía un alfajorcito de la mesa dulce.
“Ah, sí, acá todo es de lujo: menos nosotros dos”, dijo Tomy y pegó
una carcajada.
“Mirá vine hasta acá porque te tengo un notición, me tuve que hacer
la invitada a la fiesta, me colé detrás de una nenita…jeje”.“¡Típico
tuyo!”, exclamó Tomy divertido.
“El profe de salsa quiere contratarnos, por esta temporada, porque
quiere agregar un turno de salsa”.
Tomy había trabajado un tiempo en el gimnasio, limpiando, y se ha-
bía hecho amigo del profe. Éste lo invitaba a bailar a veces, con algu-
na de las señoras o señoritas sin compañía de la clase y se admiraba
de sus dotes de bailarín.
“¿Aceptás?”, le dijo Gisela.“Ehmmm, no sé tengo que hablar con el
señor Thompson…”.“Es a la noche, no te va a hacer historia”, acotó
ella y lo abrazó por la emoción.
Gisela tenía mucho en común con Cheny, hasta podrían ser amigas, si
no estuviera de por medio Tomy.
7 Poema“Celos”de César Pavese.
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Él la quería muchísimo: era su mejor amiga, la incondicional. Ella esta-
ba enamorada de él. Un anochecer estaban sentados hablando pava-
das y ella en un momento lo besó: así sin previo aviso.
Tomy prefirió hacer como que había olvidado ese beso. Ella era su
amiga, su hermana: no podía verla con otros ojos.
En la radio pusieron un tema de salsa.
Se pusieron a bailar con mucho son: los dos eran una maravilla jun-
tos. Se movían sincronizados a la perfección y con mucho ritmo.
Cheny, que pasaba por ahí, los vio.
Se le frunció el ceño.
Tomy la devolvió a la realidad:“¡Cheny! Ésta es mi amiga Gisela…”
“Ah!. (8 )“dijo ella con mirada furiosa y le extendió la
mano, tras lo cual se fue.
“Me dijo un saludo en chino: ¡qué gracioso!”dijo Gisela.“Es coreano. Y
no sé si es un saludo”, dijo Tomy sonriendo pícaramente.
Ya entrada la noche,Tomy vio a Cheny y a Julián hablando en un banco.
“Soy muy torpe bailando”, le contaba ella.“Ah, no te creo, aproveche-
mos la música vení”.
Ella se paró y él la tomo por la cintura: le enseñó el paso del“uno, dos,
tres”y le salió perfecto.
Tomy que veía todo sintió como un dolor en el estómago, no era
como otras veces porque ahora sí había comido bien.
8 Significa“Odio verte”en coreano.
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Entrenosotrosdos
Gisela entró con los ojos rojos al gimnasio. Tomy estaba ya ensayando
la coreografía.
Como buena profesional, se acopló a él en la danza y le siguió el rit-
mo. Los clientes ni se dieron cuenta de la pena que embargaba a la
joven profesora. Pero él sí.
Cuando salieron del local, la estrechó hacia él agarrándole los hom-
bros y le refregó la cabeza como hacía con sus amigos varones.“ ¿Qué
pasa, niña?”.
“Tomy me peleé con mi padrastro. Me echó de su casa”.“¿Oye qué
pasó?”, preguntó él.
“Estoy harta de verlo maltratar a mi mamá. Le recrimina que esté
todo el día postrada en la cama, que no quiera hacer nada. Desde
que murió Joaquín que ella es casi un vegetal, sin emoción. Pero no
puedo ver que este tipo le grite y la haga sufrir más. Le grité, le dije
todo lo que pensaba, lo que tenía atragantado. Y ya no quiero volver”.
Apretaba los labios como para no llorar, pero no pudo evitarlo, Tomy
sentía una gran tristeza de verla así:“Ya, algo vamos a hacer…”
Caminó con ella hasta la hospedería que conocía, donde daban alber-
gue a la gente sin hogar, pero en el trayecto se lo encontró a Mariano, 
quien los saludó a ambos.
Se sentaron en unos bancos de la plaza. Gisela le contó todo lo que le
había ocurrido. Mariano era un extraño para ella, pero desde que lo
vio le causó buena impresión y confianza.
“Por esta noche podés dormir en mi casa”. Hay una camita en el sóta-
no… Bueno, es lo que hay, pero te puede servir”, le dijo.
Fueron hasta la casa de los Thompson. Cuando entraron Cheny los
vio, Mariano le pidió silencio“Después te explico”, le dijo.
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nombre, sin embargo lo sintió como una traición, estaba seguro
que era de Mica.
Después vino toda la trama que terminó involucrando a Cheny que
ahora estaba parada frente a él con unos jeans y una camisa blanca.
Él la saludó y la invitó a sentarse. La conversación entre ellos fluía
muy espontáneamente. Realmente se divertían juntos. Él la sentía
como una amiga y, en esos momentos, se olvidaba de que ella debía
ser instrumento de su venganza. Es más, hasta llegó a pensar que
podría enamorarse de alguien como ella: inteligente, divertida, senci-
lla, dulce.
Miró el reloj: eran las cinco y 20.“Qué me querías decir?”, preguntó sin
adivinar la trama secreta que se envolvía sobre ella.
“Te quería decir que… desde que te conocí me pasan cosas con
vos, que me parecés hermosa y me encanta pasar el tiempo con
vos”. La miró fijamente y ella bajó la mirada, se sentía nerviosa,
asustada. “Yo…”
Antes de lo previsto (unos minutos) vio caminar hacia allí a Tomy y a
Mariano (junto con Benja) que a las 5 y 30 ensayaban ahí con la re-
ciente banda musical en proceso de formación: Una fusión inusitada
de rock y cuarteto.
Cheng no los vio, pues su mirada estaba en la dirección opuesta.
Súbitamente Julián le arrebató un beso.
Mariano se vino como una mecha encendida de furia hacia él y le
gritó“¡¿qué hacés con mi hermana!?”. Tomy fue más allá, le pegó con
el puño derecho y le dejó sangrando la nariz.
“¿Qué hacés?, ¡pará!”, le gritó Cheny, todavía sorprendida por la acti-
tud de Julián.
Sin mediar palabra alguna, Tomy emprendió la vuelta, como un autó-
mata. Estaba ciego de rencor, de desilusión. Atrás los dejo a Cheny, a
Mariano y a Julián.
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Decididamente eso le hizo“perder la cabeza”a Mariano.“Querría que-
darme toda la noche charlando con ella y mirándola”, pensó.
Tomy volvió a ver a Cheny antes de entrar al cuarto.
“Hoy estuviste toda la mañana evitándome, ¿qué te pasa”, le preguntó
el muchacho. “Nada”contestó ella con pretendido tono de indiferencia
que no pudo esconder su bronca de haberlo visto con Gisela el otro día.
“Ey, ¿Tú estás enojada? Por lo que veo en tu cara…”, le preguntó sos-
teniéndola del brazo.
“¡Estoy cansada, Tomy!”dijo ella y abrió la puerta de su cuarto.
“¡Cheny!...”, dijo él, del otro lado de la puerta cerrada.“Eres más linda
cuando te enojás”.
Al otro día Cheny recibió un mensaje de Julián invitándola a tomar
algo. Ella aceptó.
La pasaron muy bien ambos, charlaron muy entretenidamente toda
la tarde.
Julián tenía un propósito: molestar a Mariano, quien había salido un
par de veces con su actual novia y para ello Cheny era el instrumento
de su venganza.
Pero estando junto a ella eso se le olvidaba. Descubrió que era una
muy buena persona y hasta empezó a encariñarse con la muchacha.
Cuando salieron del bar, él la abrazó y le dijo“la pase muy bien con
vos”.“Yo también”, dijo ella. Y no mintió.
Caminaba hacia su casa cuando empezó a llover. Sintió que alguien
corría detrás suyo, por el ruido de los chapotazos sobre la calle.
“No te mojés, por favor”, le dijo Tomy y le puso su campera de lana
apelmazada sobre los hombros.
“Y tú de dónde vienes”, preguntó él con el ceño fruncido (cuando es-
taba enojado le salían los modismos colombianos y el trato de“tú”).
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“Estaba con Julián”dijo ella livianamente.
Sin embargo, esas palabras le cayeron como un balde de agua fría a él.
Se quedó en silencio un largo rato, estaba juntando cosas para decir,
tenía bronca acumulada, rumiando los pensamientos lentamente
como una vaca parsimoniosa sobre el pasto.
“¿Sabes que me molesta de tí?”, le dijo.”¿Qué?”, preguntó ella.“Nada
deja, me voy a mi lugar de la casa”y señaló el cuartito de las herra-
mientas, corroído por la humedad, donde estaba durmiendo actual-
mente. Era el mejor sitio que había encontrado para dormir en años,
aún cuando una gota le cayera sobre la nariz cuando llovía mucho.
Y finalmente entraron a la casa, cada uno en dirección opuesta, ella
se quedó mirándolo, hubiera querido decirle algo, pero se tragó los
vocablos entre los labios apretujados.
Él sintió cierto temor.“Sé que ella me ama, pero… hay tantas cosas
entre nosotros dos”.
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Serompiócomoporcelana
“Te espero en la plaza del frente del cole a las 5. Tengo algo que decir-
te” decía el mensaje de Julián.
Lo había planeado desde el día anterior, sabía que a las 5 y 30 Tomy y
Mariano estarían allí.
Ese día se sintió mal y no quiso desayunar con sus hermanos. Julián
era, en el fondo, un chico de gran corazón, pero muy pendenciero. Su
padre se había ido con otra mujer y los había dejado solos a él y a sus
cinco hermanos. Desde los 11 que trabajaba, lustrando zapatos, ven-
diendo diarios, etc., etc. Siempre rebuscándosela para colaborar con
la precaria economía de su hogar.
Estaba haciendo unos trabajos de albañilería cuando la conoció a
Mica, que vivía justo en ese edificio. Se quedó prendado de sus ojos,
desde el primer momento.
Para él ella era una especie de princesa inalcanzable. Algo de lo que
ni siquiera se sentía digno.
Desde que la conoció no pudo dejar de pensar en ella, en especial, en
ese rostro tan bello iluminado por esos ojos azules.
Quiso el destino o la suerte que se encontraran en un boliche. Ella
estaba con unas amigas, muy divertida.
Él se le acercó y la invitó a bailar. “¿De a dos es mejor, no?”, le dijo. Ella
reía a todo comentario suyo. Hablaron mucho mientras bailaban. De
sus preferencias musicales, del colegio, de los amigos...
Allí pudo descubrir a una muchacha cálida y sencilla, incluso un poco ver-
gonzosa, muy diferente a la imagen distante que se había hecho de ella.
Cuando la vio, una semana después, junto a Mariano se enfureció.
Una vez, charlando con él, le había confesado que estaba pro-
fundamente enamorado de alguien, pero no se atrevió a decir su
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Le costó derribar a Tomy - flaco y desgarbado, pero muy alto- sin em-
bargo éste colaboró con su empresa porque le divertía su actitud.
Cuando ella se fue, él se quedo acostado un rato sobre el piso, mien-
tras una hormiga curiosa le trepaba por la nariz. Tenía una mezcla
intensa de sensaciones: culpa, enojo consigo mismo, temor… y amor.
Ese gesto formaba parte para él de un cúmulo de actitudes le fascina-
ban de ella, que la hacían diferente a todas y que lo enamoraban.
Más tarde golpeó la puerta de cuarto de Cheny (quien sabía que no
estaba) y entró a hablar con su hermanita.
“¡Alo, nena!, le dijo,“¿puedo preguntarte algo sobre tu hermana”. Lisi lo
invitó a sentarse en una sillita rosa y le ofreció una masita. Se sentía muy
halagada de recibir visitas, y más aTomy porque en el fondo lo quería
mucho. A su alrededor otros muñecos y muñecas“tomaban el té”.
“Oye, quiero saber qué hace tu hermana cuando esta triste… o se
enoja…”, le dijo.
“Bueno… Cuando mi hermana está triste no quiere decir nada, se
queda como muda. A veces no quiere ni comer. Y se tira a la cama y
mira el techo. A veces lee… o habla con su amiga Lou y le cuenta lo
que le pasó. Y si está muy triste se pone la cabeza en la almohada y yo
no le veo la cara, pero la escucho llorar…”.
Tony escuchaba expectante.“Y… ¿cuándo se enoja?….”
“Ufff… (la nena hizo un ademán agitando las manos en señal de que
era de temerse cuando eso sucedía ).
“Mirá cuando se pelean con Mariano, le dice palabras en coreano
y a veces le hace uno de esos golpes que le quiere doblar la mano,
o tirarlo.”
Tomy se quedó anonadado:“¿Y tu hermano que hace?”.“Y como él
tiene más fuerza él la tira al piso y ella llama a alguien… o se que-
da un rato tirada y diciendo cosas raras, en coreano supongo”. Pero
cuando más, más enojada está no dice nada, como aquélla vez que
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“Él me besó a mí”yo no quería, le dijo Cheny a su hermano.“Lo voy a
matar al guaso éste si te jode de nuevo”, le replicó aquél.
“¿A dónde está Tomy?”, preguntó ella al regresar a su casa. Al no encon-
trarla se sentó afligida, en su cuarto, mirando el jardín. Recordó su pri-
mer encuentro en la plaza y que tanto había significado para ella que
aún conservaba, casi petrificado el alfajor que le había obsequiado…
Tomy, en cambio, fue a buscarla a Gisela. Sólo ella lograba calmarlo
cuando estaba mal, era la“incondicional”. Era temprano, deambula-
ron por las calles de Buenos Aires hasta que comenzó a anochecer.
Entraron a un bar de mal aspecto situado en La Bajada Alvear.
La presión del momento lo llevó a besarla. Ese beso fue para él un
consuelo, una venganza, una compensación de su orgullo macerado
tras el beso de Julián y Cheny.
Para ella, sin embargo, ese beso significó una ilusión hecha realidad,
fue como llegar al tesoro tan preciado tras años de buscarlo.
Pero él se arrepintió pronto de lo ocurrido.
Cuando retornó, vio a cheny sentada en las escaleras de la sala: esta-
ba llorando.“Tomy…”, le dijo con la voz entrecortada.
“Tengo sueño…me voy a acostar”dijo a secas, él.
“¿De dónde venís?”le dijo Mariano cuando lo vio en el pasillo.
“Salí con Gisela”. “¿Pasó algo?”, le preguntó inquietado Mariano.
“Nos besamos”, respondió Ernesto sin saber que acababa de las-
timar plenamente el sueño de su amigo. Ni siquiera quería decir
esas palabras, confesar lo ocurrido, pero fue como una trampa del
inconsciente, un acto fallido. Mariano presentía que eso ocurriría,
pero no que le iba a doler tanto como le dolió. Le cambió de tema
rápidamente:
“Julián es una basura. La hizo ir a Cheny y la besó por la fuerza para
vengarse de mí”, me lo confesó. Si me agarraba en un mal día lo surtía
a trompadas”.
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Tomy se quedó anonadado.Cuando miró hacia atrás la vio parada
frente a él: escuchó todo. Su mirada, sin embargo, no era de bronca,
ni siquiera de reproche, sino de uno de los sentimientos más doloro-
sos: la desilusión.
Ella no dijo nada y entró al cuarto. Mariano le palmeó la espalda
y le dijo serio “mañana hablamos” (acarreaba su propia frustra-
ción también).
A veces alguien nos obsequia algo maravilloso…algo que parece tan
lindo que nos da miedo de sólo pensar en que pueda romperse. Por
ejemplo un objeto de porcelana. Entonces, nosotros lo escondemos,
lo apartamos, lo cuidamos recelosos de los avatares del entorno, de
quienes puedan dañarlos. Y a veces a nosotros mismos se nos rom-
pen y cuando vemos las piezas ya esparcidas por el suelo pensamos:
“¿intento reconstruirlo o me resigno a perderlo?”.
Cheny sintió que su amor por Tomy se había roto, como porcelana. Lo
amaba, sí, pero ese amor estaba profundamente herido.
Tomy sintió que había dañado su más preciado tesoro: Cheny.  Él mis-
mo lo había hecho, con su propia actitud. Ahora pensaba en ello con
uno de los sentimientos más terribles del hombre: la culpa.
Lo que tanto cuidaba lo había roto como a un hermoso objeto de
porcelana. Esa noche pensó cientos de veces en cómo reconstruir
las piezas… 
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Reconstruyendolaspiezas
“¡Anda, déjame hablar contigo!”él corría detrás de ella, que era indife-
rente a sus ruegos.
“Por lo menos déjame explicarte, escuchame, necesito hablar con
vos…”, le imploraba Tomy nervioso mezclando los modismos argenti-
nos y colombianos.
Ella se dio vuelta y en tono grave y tajante le dijo“No tengo nada que
hablar con vos”.
A lo cual él, que no se deba por vencido, le dijo:“Si estás enojada, pé-
game, aunque sea… me lo merezco, pero no me dejés así Cheny…”.
Ella le lanzó una advertencia:“¡Basta, andate!”. Había llegado al punto
máximo de su fastidio, cuando sentía como un cosquilleo por el cuer-
po y se le encendían las mejillas.
Y Tomy, seguía insistente: hasta le tomo una mano y trato de acercar-
la a él por la fuerza. Cheny sintió la misma bronca que cuando aquél
chico le había tirado la torre de su amiga.  Le agarró la otra mano de
Tomy -que estaba pasmado de asombro al ver súbitamente la ex-
presión iracunda de Cheng- se la dobló detrás de la espalda y con la
rodilla le pegó en la cintura.
Tomy, anonadado por su actitud, se tiró al piso, haciendo aspamento, 
como sin en verdad le hubiese dolido mucho (bueno, lo cierto es que
algo le dolió el golpe de la chica, pero no tanto).
 “¡Me mataste!”, le dijo, mientras Cheny sonreía ufana.
“Te dije que no me molestés”. Ese golpe se lo había enseñado su pa-
dre (el biológico) cuando era chiquita y para su familia constituía un
mecanismo de defensa contra los ataques de los extraños.
En verdad no quería dañar a Tomy, sino hacerle saber que no iba a
amilanarse ante nadie y que realmente estaba enojada.
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do como un loco.
La mujer por una rendija de la ventana le decía que se fuera a lo de
su hermana, que en esas condiciones no lo iba a dejar pasar. Estaba
completamente borracho.
Tomy intervino en la situación:“Señor, hágale caso, no haga más pro-
blemas por hoy. Mañana va a estar mejor y su mujer lo va recibir…”.
El hombre sin mediar palabra le pegó una trompada que casi lo  tira
al suelo. Tomy  lo empujó y le agarró ambas manos como esposándo-
lo:“¡Ey! ¿Qué está loco? ¡Váyase de acá o llamo a la policía!”.
La mujer gritaba:“¡Tiene razón Jorge!, andate porque voy a llamar
en serio…”.
El tipo se fue, medio tambaleando, al final.
Gisela salio y lo abrazó. Estaba llorando sobre su hombro y las lá-
grimas le mojaron la remera.“Gracias por estar acá. Te amo ”le dijo
entre sollozos.
Él no pudo decirle nada de lo que tenía pensado. La estrechó y la
contuvo hasta que se calmó un poco.
“Va a estar todo bien”, le dijo y le acarició el pelo.
“Quedate, tenés la nariz y la boca con sangre”.“No. Estoy bien. Voy a
estar bien”, dijo. Ella le volvió a insistir, pero al final lo dejó ir.
Tomy llegó a la casa con un gran dolor de cabeza, además de las he-
ridas y, sobre todo, sentía lastima por“la Gi”(así le decía) y culpa por
haber herido a Cheny.
Ésta  salía de su cuarto cuando lo vio llegar:“ ¡¿qué te pasó,  quién te
hizo eso!?”
“Nada, no importa. Estoy bien”
“No, vení a la cocina”, dijo ella.
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Mariano le rompió el jarrón de su abuela con la pelota.
Tomy conjeturó:“¿Entonces si te pega no está taaaan enojada, no?”.
“No”, dijo Lisi y a continuación le ofreció una“taza de té”. Tomy se sin-
tió aliviado.
“¿Y cómo hacés para que te perdone?, preguntó el muchacho aprove-
chando la sagacidad infantil de la niña para comprender a su hermana.
“Mirá –dijo ella- una vez le rompimos el diario con mi hermano. Y no
nos quería ni hablar. Le hicimos un dibujo de ella adentro de un cora-
zón y yo le puse mucha brillantina”.
Acto seguido se lo mostró.“Vaya…qué lindo”, dijo Tomy, impresiona-
do por el cuardo vanguardista apelmazado de plasticola.
“¿Querés brillantina”, le ofreció ella.“No, pero gracias. Estaba muy rico
esto”, le dijo señalando una masita de masapán.
“Mi papá me dijo que esas no se comen, porque te salen bichos en la
panza”. Tomy ya se acababa de comer la segunda.
Antes de irse Lisi le dijo“Ojalá que vuelvan a ser novios”. Tomy no
pudo contener la carcajada“Shhh”, le dijo llevándose un dedo a la
boca. La nena sonrió en señal de aprobación.
Gisela se apareció ese día en la casa de los Thompson  mucho más
acicalada que de costumbre. Se lo encontró a Mariano que casi se
desmaya cuando la ve tan linda.
“Tomy, no está, si lo buscás a él…”le dijo.“Uy, que malondón, che,
yo venía para hablar con él, bueno me voy”y, acto seguido, le pal-
meó el hombro.
“Espera Gisela te acompaño…”, le dijo Mariano y salió con ella.
“El día está hermoso,  ¿no querés ir a tomar algo?
“Nosé,yaentroallaburodentrodeunrato…“Ah…¿estás…?”.“Sí”,seade-
lantóella:“laayudoamitíaenlapeluquería,estoyvendiendochampús”.
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Mariano la invitó a comer un choripán en el Parque Sarmiento. Esa no
hubiera sido una salida adecuada para Mica, pero le parecía perfecta
para Gisela.
Hablaron de todo un poco y el tiempo pasó rápidamente.
En un momento ella le empezó a hablar de Tomy:“Desde que está
en tu casa está raro. No es el mismo…”.“¡Yo lo amo al guaso!”, las pa-
labras le brotaron sin querer de la boca y retumbaron en los oídos
de Mariano…
Ella, que ya le había revelado el secreto, continuó:“Creo que le pasa
algo, en serio, con otra minita. ¿Vos sabés algo?”.
“No, no sé”dijo él, pero pensó súbitamente en Cheny con cierto temor…
A las tres de la tarde ella entraba a trabajar y él la acompañó.
Definitivamente estaba enamorado ya de ella, todo era perfecto para
él: su belleza exterior, pero también su hermosa forma de ser.“Tan
genuina y simple…”, pensó.
Mientras tanto, Tomy estaba en el desván buscando entre los libros
algo interesante para dedicarle a Cheny. Encontró un libro con una
recopilación de poemas inspirados en la cultura oriental que leyó
con interés:
“El Haiku es una de las formas más bellas de la literatura japonesa.
Se trata de un poema corto que generalmente consta de de diecisiete
sílabas, distribuidas en tres versos y que busca transmitir una imagen
al lector”
Eligió un haiku del poeta Marcel Valloisk y se dispuso a escribir
una carta.
Agarraba un papel, tachaba, lo hacía un bollo y lo tiraba. Nunca había
hecho algo así y le costaba horrores. Al final trató de poner las pala-
bras tal como se le venían a la cabeza. La carta quedó así:
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Mi prinsesa oriental :
Estoy arrepentido de lo que paso, fui un idiota. Me ciento
muy enojado de haberte lastimado. Me lo tenia bien mere-
cido al golpe que me diste. Yo te amo y lo menos que queria
en el mundo es lastimarte. Sos la persona que mas me im-
porta.
Aunque halla cosas y personas que no nos dejen estar jun-
tos, yo voy a luchar por estar con vos.
Te cuento un secreto: sos la cosita mas linda que vi en mi
vida, ¡¡hasta cuando me pegas!!
Este poema, que es un “haiku” de la tradición oriental re-
sume lo que siento por vos:
AMOR
Estremecedor recuerdo
En corazón palpitante
De unas pupilas brillantes.
Te amo.
Un beso muy dulce y un abrazo gigante.
                                                                  Ernesto
Manuel Zelaya.
Pd: Perdon por mis herrores ortográficos
Ella encontró la carta en un sobre, debajo de la puerta. Le pareció
hermosa, hasta con los errores de ortografía y todo.
Tomy estaba dispuesto a arreglar las cosas y eso implicaba hablar con
Gisela y pedirle perdón.
Cuando llegó a su domicilio se encontró con una situación muy tensa.
Su padrastro golpeaba a patadas la puerta de la humilde casa gritan-
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“Yo soy su amigo, podés confiar en mí, ¿venís de tan lejos? Acompá-
ñame, vamos a tomar algo y me contás mejor”.“Ok”, dijo el joven.
Se sentaron en la mesa de un bar.“Conozco al tío de Ernesto. Soy In-
geniero Civil. Estuve en Bogotá haciendo una digitalización de planos
de Obras Hidráulicas,  Obras de Drenaje Vial y Diseño de Movilidad
del Urbanismo…”
“Ah, pará…Yo me quedé  en“Bogotá”…jeje…”, dijo Mariano anonadado.
“Bueno lo conocí a Francisco, el tío de Tomy, en una obra. Él es albañil.
Es un gran hombre y cuando le comenté que me venía para la Argenti-
na me dio algo muy importante para Ernesto, algo de dinero (dijo mos-
trándole un sobre marrón). Mira, este es mi número de teléfono, dile
que me llame, es urgente. Francisco quiere que su sobrino compre un
boleto para Bogotá y yo tengo el dinero para dárselo a tu amigo”.
Mariano guardó el número.
Amenizando la situación Luis, el venezolano, le comentó:“Me voy a
un recital de Soda Stereo… Tengo dos entradas de más por unos ami-
gos que me fallaron, ¿quieres venir conmigo?, puedes invitar algún
amigo o amiga….”, le dijo a Mariano, agradecido por su predisposi-
ción y buen recibimiento.
Éste le comentó“Si, me gustaría ir con una chica”. Y ya que se sentía
cómodo y a gusto con el venezolano, le dijo con una sonrisa:“Vos
tenés cara de saber mucho de mujeres…”.“¿Yo? Naaa, qué va”le con-
testó el otro.
“Sí, yo creo que me mentís. Mirá: conozco a una chica que es preciosa
y me tiene loco, pero gusta de mi mejor amigo. Y yo no sé qué hacer”
“¿Y tu amigo gusta de ella?”, le preguntó Luis.“No creo”, dijo Mariano
(y volvió a pensar en Cheny).
“Pues yo le diría lo que siento”dijo el joven
“No es tan fácil… no quiero perder su amistad, que piense que me la
quiero levantar como a cualquier minita. Ella me importa de verdad.
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Sacó el botiquín de primeros auxilios y le puso agua oxigenada.
“Es un bestia ese tipo”dijo enfurecida después que él le contó.
“Ya…estoybien,gracias…portodo”,dijoélsonriendovergonzosamente.
Le encantaba a él verla así en esa actitud maternal, tan preocupada,
queriendo cuidarlo.“¿seguro?”, le preguntó Cheng aún con rostro
de preocupación.
“Bueno, podrías hacer algo por mí…”.“¿Qué?”, dijo Cheny en total acti-
tud de predisposición a auxiliar a Tomy, cual si fuese una enfermera.
“Abrázame”dijo él.
Ella se quedó pasmada, no esperaba que le pidiera eso.
El se acercó a ella y la abrazó, ella no se resistió y lo abrazó también. Él
suspiró al volver a sentir el aroma de su piel y tenerla de vuelta entre
sus brazos.
Estuvieron un largo tiempo así:“¿Estás mejor”, le dijo ella.
“Sí gracias…”dijo él y le besó la mejilla.“Buenas noches”
“Buenas noches” dijo ella- y se quedó un rato pensando: “no debe-
ría haberlo abrazado, estoy enojada con él”, pero lo cierto es que
se sintió maravillosamente bien en ese momento y no pudo ni
pensar en eso.
Tomy se acostó y se quedó pensando: de cualquier costado que se
ubicara le irritaba la piel lastimada al roce de la almohada. Se durmió
boca arriba acordándose del aquél abrazo…
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Lainvitación
“Es tarde a la noche, ella busca qué vestir.
Después se maquilla y peina su largo pelo
y me pregunta:< ¿Me veo bien?>
Le digo: Sí, estás maravillosa, hoy” (11)
Roque era para él casi como el padre que apenas tuvo, le tenía un
cariño muy profundo. Vendía zoquetes y medias largas a “3x10”
en la zona de Colón y Urquiza y alquilaba una pensión barata en
barrio Güemes.
En el poco tiempo desde que lo conocía se había ganado su con-
fianza, su amistad y su lealtad. Por eso le fue sincero cuando le pre-
guntó:“¿Qué te pasa, euh?”, después de observarlo con la mirada
perdida, mientras sostenía una bolsa con pintura que había ido a
comprar al centro.
“¿Es una cuestión de polleras (12)?”adivinó el anciano. Tomy le reveló
su secreto, lo que sentía por Cheny.
El hombre no se vio muy sorprendido por la confesión:“Te he visto
como andás encamotado…jeje”(13)“¿Y qué puedo hacer?”, pregun-
tó Tomy.
“Cuando yo tenía tu edad conocí a una chica que era perfecta para
mí. Lo que significa: una mujer que aún con sus errores y su mal
humor nos hace sentir maravillosamente bien cuando estamos a su
lado. Era una tipaza (14).
11 Tema del cantante Eric Clapton
12 Es una expresión popular para referirse a“una cuestión de mujeres”
13 Significa en la jerga popular“estar obnubilado por amor”
14 Significa“una gran mujer”
Nodejesqueelvientonosarrastre
69
Ella vivía en mis pagos, allá en Santiago del Estero. Nos conocíamos
desde chiquitos y compartíamos todo. Ella se puso de novia, con un
hacendado rico de la zona. Tenía 16 años cuando me confesó que
no lo amaba, que me amaba a mí y que estaba dispuesta a dejarlo
todo por estar a mi lado. ¿Qué te parece?Nos íbamos a encontrar se-
cretamente en la plaza mayor del pueblo, íbamos a hacer las valijas
y partiríamos rumbo a Uruguay, donde ella tenía familiares de dine-
ro que le ofrecían hospedaje y trabajo, como camarera. Lo teníamos
todo cocinado (15).
La mañana de ese día llegó  mi hermano con un pasaje en tren a
Córdoba para él y para mí. Me convenció de que ese era mi destino.
Que seguirla a ella era una locura, que sus padres no lo consentirían y
todo sería terrible para mí.
Muchas veces pensé en cuánto habrá llorado esa muchacha después
de esperarme horas y horas en ese banco. Si de algo estoy seguro es
que me amaba más que nadie.
Y yo me quedé solo, acá. No encontré nunca más una mujer como ella.
No tuve hijos. Cosas de la vida, qué se yo. Siempre quise cambiar el tiem-
po….”. El hombre se sentía como tranquilo de su revelación, y le dijo“No
la pierdas, si la amás. No cometás el mismo error que yo…”y después con
énfasis y simpatía estrepitosamente volvió a su oficio:“Medias, medias, 3
pares, 10 pesitos. Aproveche señora, aproveche señor…”
Tomy pensó mucho en sus palabras a lo largo del día
Un muchacho llegó a la casa por la tarde y toco el timbre de la resi-
dencia: Pregunto por“Ernesto Manuel Zelaya”. Mariano, que estaba
justo por ahí le dijo al guardia de seguridad que no se preocupara,
que si era un conocido de Tomy era de confianza y lo dejó pasar.
“Tomy no está, salió a comprar, ¿qué te hace falta?”.
“Bueno… yo necesito hablar con él, vengo de muy lejos, de Venezue-
la, y tengo algo importante para decirle.”
15 Significa“planeado”
MarianaValle
74
en los labios. Se había delineado los ojos y se marcaban aún más sus
rasgos orientales.
“Acá estoy”, dijo ella, algo nerviosa.
El chico estaba mudo.
“¿Estoy bien?”, preguntó para romper el silencio.
“Maravillosa”, dijo Tomy que estaba conmocionado por su belleza.
Salieron los dos por la puerta del fondo sin que los vieran. Caminaron
algunas cuadras en silencio.
Él cada tanto la miraba y sonreía, le parecía hermoso caminar junto a
ella por las veredas de Córdoba y que los demás miraran la chica tan
linda que iba a su lado, su tesoro.
Estaba muy nervioso y ella también.
“Está lindo el día, digo la noche…”.“Sí”, dijo ella y sonrió.
El acercó muy despacio su mano a la suya y se la tomó.
Después hablaron de cosas sin demasiada importancia, pero que pa-
recían más que relevantes en ese momento.
Llegaron a un lujoso restaurante el zona más pintoresca al frente de
la famosa Cañada (18).
Tomy se tocó la billetera adentro del bolsillo:“Esto te va a costar carito
Ernestito...”, pensó, pero nada le importaba más que estar ahí junto a ella.
18 Emblema de Córdoba. Construcción armada en torno a las aguas del lago
San Roque.
Nodejesqueelvientonosarrastre
71
A veces incluso pienso que no la merezco, que es mucho para mí”
“Mmmm (pensó Luis). Entonces primero hazle saber cuánto la quieres 
y después que estás enamorado de ella”.
“¡Ah!, ¡Sos un capo!”le dijo Mariano con una sonrisa y salió a preparar-
se para buscar a Gisela.
Cuando lo vio a Tomy le comentó lo de Luis, le pidió el teléfono y la
dirección de Gisela.“No tiene teléfono”te doy la dirección”, le dijo de
mala gana. Temía que éste (por su fama de mujeriego) la hiciera sufrir.
Mariano tocó el timbre de la casa humilde de San Vicente. Se
sorprendió de verla, parecía una pocilga. Las paredes estaban to-
talmente corroídas por la humedad y la puerta de madera estaba
toda descascarada.
Gisela se sorprendió también cuando lo vio y sintió cierta vergüenza de
que alguien de familia adinerada cómo él viera el lugar dónde vivía.
“No puedo ir, pero gracias”, le respondió a la invitación de Mariano.
El muchacho, insistente, le pidió que le diera motivos.
“Tengo que cuidar a mi mamá”. Él se dio cuenta que ella estaba ner-
viosa y con los ojos encristalados como si hubiese llorado.
Finalmente le comentó la discusión con el padrastro y que temía que
éste volviera y maltratara a su madre.
“Sos joven, tenés que divertirte. Tu mamá va a estar bien. Está con tu
abuela. Y cualquier cosa llama a la policía o a mí y venimos rápido a
ver qué pasa.Yo le voy a dejar un celular (la mujer no tenía ni teléfo-
no). Vos necesitás divertirte: Va a estar todo bien.”
Gisela sintió cierta seguridad de escuchar esas palabras, como las
sentía cuando se lo decía Tomy.
“Voy a tratar de sacarme un poco de angustia, pero va a ser difícil”
comentó ella con resignación.
MarianaValle
72
El recital estaba muy bueno. Había unas miles de personas amonto-
nadas, pero cuando Mariano la miraba a Gisela sentía que estaban
solos ellos dos. Ella estaba vestida muy sencilla y humildemente y
aún así se veía hermosa y deslumbraba para él, hubiera preferido ir a
un buen baile de cuarteto, pero aun así se sentía a gusto.
“Cuando me quedo solo
suspirando formas de humo
Dulce criatura
nunca estás segura:
soy tan dependiente de tu amor…”(16)
Mariano le tarareó esa canción al oído:“Soy tan dependiente de tu
amor”le susurró.
Ella se río:“¡salí de acá chamuyero (17)!”le dijo y lo empujó, pero
suavemente.
“Gi, te tengo que decir algo…”acotó muy seriamente:“Te quiero mu-
cho, hermosa”y la abrazó fuertemente. Fue un abrazo intenso, tal vez,
mucho más que un beso porque les llegó al alma de cada uno, les
tocó sus respectivas heridas (las que llevaban en sus cortas vidas) y se
las alivió en ese instante.
Tomy golpeó el cuarto de Cheny“¿Puedo hablar con vos?”, le dijo.
“No, ahora no”dijo ella firmemente.“Yo me voy a buscar mi muñeca
que me quedó abajo”dijo Lisi y se retiró del cuarto.
“Estamos solos”, le dijo él.
“Tomy no quiero hablar con vos, hoy no”suspiró Cheny.
“¿Tenés planes para esta noche?, le preguntó él.“No. Pensaba ir a lo
de Flor, pero al final ella tenía visitas y lo postergamos”
16 Fragmento de la letra de la canción“Claroscuro”de Soda Stéreo.
17 En Córdoba la expresión significa“alguien que con fines persuasivos
inventa cosas”.
Nodejesqueelvientonosarrastre
73
“¿Tu papá sabe… que no vas nada?”preguntó él con mucha expecta-
tiva.“No…todavía no le dije.”, respondió ella previniendo lo que él le
iba a proponer.
“¡Salí conmigo Cheny!, Esta noche. Vos y yo… por favor…”
“No, Tomy, vos me heriste y me prometiste que nunca lo ibas a hacer,
me mentiste”.
“Sí, fue un estúpido, me odio. Pero todo fue equivocación. Vos sos lo
más importante que yo tengo. Estoy acá por vos. Cuando te vi en esa
sala de terapia intensiva sentí el mismo dolor que cuando murieron
mis viejos. Me acordé detodo eso. Te juro que fue espantoso y ahí
me di cuenta. Que no te voy a perder a vos, a menos si te pierdo, es
porque hice todo lo que pude y no alcanzó”(esa frase le quedaría
profundamente grabada años después).
“Dame esta oportunidad. La última…”, dijo Tomy, implorando.
Ella le dijo.“Lo voy a pensar. No te prometo nada”.
“Te espero a las 9 en mi cuarto (Mariano no está). Voy a estar rogando
que golpeés esa puerta, como un tonto.”
Eran las 8: Se bañó, se cambió. Le robó una camisa, un pantalón y
unos zapatos a Mariano.“Esta situación lo amerita amigo”, pensó.
A las 8 y 30 estaba nervioso sentado en la cama. Esperando el hermo-
so sonido del golpe de la puerta.
Jugaba con los nudillos de sus dedos, se puso a hacer malabares con
el centro de mesa. Se sentó de vuelta. Se acostó.
Se hicieron las nueve, las nueve y 5, las nueve y 10, las 9 y 15… Miró el pa-
pel con el celular de Marcos, lo guardó en un cajoncito de la cómoda.
Desesperanzado ya, escuchó el mágico“toc, toc”. La chica que estaba
del otro lado tenía un vestido rojo con flores blancas, el pelo lacio
negro y brillante que le caía hasta la espalda y que contrastaba con su
piel pálida… y con el poquito de rubor en las mejillas y algo de color
Nodejesqueelvientonosarrastre
79
“¿¡qué!?”dijo Tomy que no lo podía creer.“
¿No… tenés esa plata, no cierto? Dijo ella en tono muy suave.
“Bueno… Sé lavar bien los platos, ¿me esperás un rato?”, dijo tántean-
dose los bolsillos mientras sacaba, nervioso, un par de monedas y
billetes arrugados y un pañuelito bordado con su nombre, regalo de
su abuela.
“Los lavamos juntos”sugirió ella, a quien la situación le provocaba
mucha ternura.
“Tengo una idea mejor –dijo ella después -. He observado que el mozo
tiene unos lentes muy grandes como vidrio de botella…Y es muy dis-
traído, recién iba con una fuente tropezó y se le cayeron las papas.Yo lo
noté. Puedo hacer como que me voy al baño y salir rumbo hacia la puer-
ta.Y vos un ratito después, te metés entre todas esas mesas llenas y te
vas disimuladamente hacia la puerta y… ¡corremos!”
Tomy no tuvo tiempo de pensarlo porque ella se levantó, tomó  su
bolso y se fue.
Tiempo después él hizo lo mismo. Corrieron como locos unas cin-
co cuadras.
Se rieron mucho del momento, estaban ambos colorados y agitados
por semejante aventura.
Salieron corriendo y riendo y se sentaron frente a La Cañada, bajo la
luz de la luna, a observar las aguas mansas que le provocaron lo que
a los amantes los canales de Venecia por la emoción que llevaban
dentro. La noche estaba estrellada y se podía decir que titilaban azu-
les, los astros a lo lejos (21).
Él se sentó a su lado, sobre la baranda y con los pies colgando y la
ayudó a sentarse a su lado. Despacio acercó sus dedos a los de ella y
le tomó la mano.
21 Fragmento del célebre poema número 20 de Pablo Neruda
Av.ColónyMarceloT.deAlvear,LaCañada,Córdoba
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  • 1. 4 “Esos a quienes los vientos acometen/los pecadores son, torpes, car- nales/que al apetito la razón someten/ Que como al estornino, a des- iguales/vuelos obliga el tiempo no propicio, / así los lleva en surcos eternales” (**) Otros personajes buscan su felicidad a su alrededor: una acróbata que sabe leer las manos, un ingeniero civil que busca a una mu- chacha misteriosa que esconde un secreto cuya clave está en su nombre: Ana Karenina (personaje de León Tolstoi), una humilde mu- chacha de un barrio porteño que soporta a su iracundo padrastro y cuida de su vulnerable madre y un joven amante de la música que quiere dejar atrás los errores de su vida que lo llevaron a un refor- matorio. * Según estudios históricos el caso de Paolo y Francesca es real, y fue famoso en su época. Francesca era la hija de Guido da Polenta, señor de Ravenna. Se casó con Gianciotto Malatesta, señor de Rimini, rengo y deforme. Naturalmente se enamoró de su gran cuñado Paolo mientras leían el romance de Ginevra (esposa del Rey arturo) y Lancelot.  La relación entre los dos duró de 1283 a 1285. En ese año Gianciotto (nombrado Giovanni en el poema de Dante) los descubrió y ordenó sus muertes. El autor los ubica en el último círculo del infierno, el de los traidores: por traicionar a su familia, son arrastrados por el viento y no se pueden tocar. Dante se compadece de su pena, según le explica a Virgilio porque experimentaron el sentimiento de amor más puro y el dolor de amar (ver entre otras fuentes: WIKIPEDIA online). ** Alighieri, Dante. 2004. Divina Comedia. Losada, Bs. As. Pp28. No dejes que el viento nos arrastre... Mariana Valle
  • 2. 3 Prólogo “No Dejes que el Viento nos Arrastre”es  la historia de Cheng (Cheny), nacida en Corea del Sur (Seúl) cuyos padres llegan a la Argentina –más precisamente a Córdoba- a buscar un mejor futuro para la familia, pero la tragedia se hace presente y la niña queda huérfana. Ernesto (Tomy), es un colombiano que también llega a nuestro país con un amigo y el tío de éste. Sus padres, al igual que los de Cheng, han muerto. Las circunstancias de la vida lo llevan a vivir en la calle y allí incluso conoce las artimañas del“malvivir”. Él vende alfajores en una plaza y ella lee un libro cuando el amor los sorprende. Ese amor adolescente, tierno e inocente, deja hondas huellas en sus vidas que persisten aún en la distancia y a través del paso de los años. Hay un sueño recurrente para Ernesto: querer besar a Cheng y que el viento se la lleve, la aparte de sus brazos.  Así están Paolo y Francesca en el segundo cerco (o círculo) del infier- no que visita Dante Alighieri en La Divina Comedia. Ambos  fueron condenados por la lujuria. Paolo (o en algunas versio- nes Pablo) era el bello hermano de Giovanni y estaba casado. Fue a pedir la mano de Francesca (o en algunas versiones Francisca) para Giovanni, pero se enamoró de ella y se volvieron amantes. Cuando Giovanni descubrió el engaño mató a ambos amantes con una daga (*). Su pena en el infierno (la ley del“contrapeso”) era ser arrastrados por el viento, mirarse y no poderse tocar:
  • 3. MarianaValle 8 su cuarto: leyendo, escuchando música, navegando en Internet. Todo eso terminaba por aburrirla, no la colmaba del todo. A veces salía a pasear por el barrio, esa actividad la tranquilizaba, le daba paz y armonía. En uno de esos paseos conoció a alguien, ese alguien movilizó su vida. Lo primero que hizo fue enojarla, sí, pero no pasó desapercibi- do: Todo había empezado a cambiar… 5 Dedicatorias Dedico este humilde libro a quienes me acompañaron siempre y, queriéndolo o no, me condujeron por el bello camino de la literatura. A todos los chicos que son un poco soñadores y distraídos como yo. A la niña que fui, quien gustaría de leer este relato en algunas tardes de soledad. A mis padres, hermanos, mis bellos sobrinos, mis abuelas (postizas y tías“abuelizas”adoptadas), mi gran amor Ramón Ángel Lazorello, mis amigos (Laura, Caro, Vero, Yany, Conti, Euge, Eze y Luis, quien inspiró un personaje del libro), mis colegas, mis alumnitos (del taller de Puentes, del Aprender y de los coles que tuve) y a mis profesores (Jorge Torres Roggero, Domingo Ighina y especialmente al Sr. Pablo Heredia, por su contención y por enseñarme con paciencia y dedica- ción su labor). Mariana Celeste Valle (*) (*) Mariana Celeste Valle. Es Licenciada en Letras Modernas por la Universidad Nacional de Córdoba. Dirige un taller literario en la Hospedería Padre Alberto Hurtado desde 2008 hasta el presente (www.talllerliterariopadrehurtado. blogspot.com ). Es actualmente Profesora adscripta de la cátedra de Literatura Ar- gentina II, miembro del equipo de investigación“Modalizaciones estéticas de la cul- tura popular en la literatura y el ensayo argentinos”y participa de la revista SILABA- RIO. Ha publicado cuentos y poemas en revistas de circulación gratuita y trabajos de investigación y entrevistas en la revista SILABARIO (www.revistasilabario.com ). Fue docente y preceptora de nivel medio, colaboradora del área de Voluntariado Univer- sitario de la UNC en proyectos para comunidades carenciadas (Puentes y Aprender Enseñando). Ha presentado numerosas ponencias en congresos y jornadas sobre literatura argentina y latinoamericana. Actualmente es becaria de postgrado tipo I de CONICET con un proyecto dedicado a la producción cordobesa contemporánea refe- rida a la problemática de la marginalidad y dirige el blog sobre literatura cordobesa: www.ladoctaliteraria.blogspot.com. Contacto: mariana_valle17@hotmail.com
  • 4. 6 Le dedico estas ilustraciones y diseño gráfico en primer lugar a la au- tora, por su confianza en mi labor creativa y por permitirme plasmar en imágenes esta hermosa historia. A mis abuelas Carola y Elva, que ya no están físicamente pero están y estarán presentes en mi corazón. Ambas fueron artistas y dibujantes en sus tiempos libres y me transmitieron todo su amor por este bello oficio y estoy segura que les hubiese emocionado revivir su juventud con las palabras e imágenes de esta novela. A mi familia, que me apoya incondicionalmente en cada“aventura” en la que me embarco y a todas mis amigas que me alientan cada día a seguir creciendo. Carolina I. Moine (**) (**) Carolina Moine. Es diseñadora Gráfica por el Instituto Sup. Aguas de la Cañada. Ha brindado cursos de Diseño Gráfico y Diseño de Indumentaria en el instituto AES Computación. Trabaja actualmente para la editorial Emmanuel Mounier y de forma independiente en tareas relativas al diseño gráfico y de indumentaria. Contacto: moinecarolina@gmail.com Nodejesqueelvientonosarrastre 7 Unachicacomotodas,unachica comonadie… La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?  Los suspiros se escapan de su boca de fresa,  que ha perdido la risa, que ha perdido el color. (1) Ese día cumplía quince años y no estaba muy entusiasmada: No tenía amigos en el colegio. Es más adivinaba sus burlas detrás de ella cuan- do entraba al curso. La miraban como si viniera de otro planeta. Lo que más les llamaba la atención eran sus ojos, sus ojos orientales. Sus padres biológicos la habían nombrado Cheng Lee, como su abuela, pero su padre adoptivo y sus hermanos le decían Cheny. Sentía un gran fastidio e incomodidad de estar en su lugar. Aunque atrás había quedado el terrible dolor de perder a sus padres y des- pués a su abuela, no era del todo feliz. Tenía un hogar cálido y lleno de comodidades, pero algo le faltaba. Para todos los demás (no para su familia) era“la rara”. Sabía un idioma de un país muy lejano y sentía cierta felicidad de ha- blarlo, aunque sea, para sus adentros. Era como estar ligada a un peda- zo de tierra que ya había abandonado, a seres queridos que se habían ido, pero todo eso estaba guardado muy profundo en su corazón. Cheny, por lo demás, era una chica como todas las otras: con ga- nas de conocer amigos, de divertirse, en fin, con deseos de alcan- zar la dicha. Pero algo le faltaba y eso la molestaba. Pasaba la tarde encerrada en 1 Poema Sonatina de Rubén Darío.
  • 5. MarianaValle 12 Ladisputa Como no tenía muchos amigos, no tenía –por ende- muchos invita- dos en su casa. Cumplir quince años no la entusiasmaba ni en lo más mínimo, le pa- recía que era un día más, igual que todos… Esa mañana bajó a desayunar con su padre y sus hermanos. Cheny fue adoptada a los diez años. Había nacido en Corea del Sur y aún tenía el idioma y hasta algunas costumbres bien arraigadas, aun- que hablaba español a la perfección. Sus hermanos también eran adoptados: Mariano, el mayor de 17, fue adoptado a los quince; Efraín a los cuatro (ahora tenía 8) y Elízabeth, la más pequeña, desde que era un bebé de días (ahora tenía 6).  La cuestión es que ese día toda su familia la saludó y felicitó por su cumple, y eso no pudo menos que provocarle una sonrisa. Su papá esperaba celebrar una gran fiesta aquél día, pero Cheny ya le había dicho que no estaba muy interesada en ello De todos modos accedió a cenar con su padre y hermanos y un par de colegas más, invitados por éste. Se puso un vestido negro que le llegaba hasta las rodillas y una hebi- lla en el pelo que le cubría hasta la cintura. Apenas se puso un poco de color en las mejillas cuando se vio al espejo: tenía la piel“demasia- do blanca”, pensó. La cena transcurrió bastante tranquila, salvo por una disputa que tuvieron sus hermanitos entre medio, que ocasionó el regaño de su padre. Nada de mucha importancia. Pasaron al salón de la gran casa a bailar el vals. El primero en bailar con ella fue su padre, Cristhoper. Lo hizo con mucha gracia y, a conti- nuación, le dio un gran beso y un fuerte abrazo. Nodejesqueelvientonosarrastre 9 Él:Unchicocomo todos,unchicocomonadie… En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo.  Y las hojas caían en el agua de tu alma (2)      Él no se sentía“raro”, tal vez los otros pensaran que lo era, pero eso no le preocupaba. Se había formado en la“escuela de la vida”, había soportado muchos momentos difíciles en sus cortos 15 años. Hace 10, había perdido a sus padres. Después vivió un tiempo en un hogar de huérfanos. Allí conoció a un gran amigo: Ezequiel, quien le ofreció dejar Bogotá para probar suerte en la Argentina, cuando tenía catorce años. Vivió un tiempo con Ezequiel y el  tío de éste, a quien le habían otorgado la patria potestad del muchacho.  Pero después las cosas cambiaron, el tío se casó con una mujer que aceptaba de bastante mala gana a su sobrino y mucho menos a su amigo. Si algo le había molestado siempre era ser rechazado. Bastante ya tenía con el abandono (involuntario, sí, pero abandono al fin) de sus padres. No estaba dispuesto a soportar los malos tratos de nadie y por eso se fue de la casa. Anduvo meses durmiendo en las plazas, donde conoció a muchos amigos que como él habían sido dejados de lado por“la sociedad”. Todos le decían“el colombianito”porque no podía disimular su tonada aunque cada vez se iba afianzando más a los modismos de los argentinos como el“voseo”. 2 Poema“Número 6”de Pablo Neruda. 
  • 6. MarianaValle 10 Su nombre real era Ernesto, pero en el orfanato le decían“Tomy”para diferenciarlo de un tocayo (3) suyo y, al final, le quedó ese apodo. Después de vagabundear y de aprender el duro oficio de dormir en casi cualquier lugar a la intemperie y de buscar comida en distintas instituciones y manos dispuestas a ofrecer caridad, se vio seducido por “la mala vida” y empezó a robar para “hacerse de unos pesos”. Esto le trajo serios problemas, por supuesto, tenía que huir de la policía, pero también de otros “malandras” de mayor experiencia que querían copar el “negocio del robo” en las áreas peatonales de Córdoba. Sabía que aquello era malo, pero en cierta forma pensaba que era una manera de compensar lo que el porvenir nunca le iba a dar. Subsistir en la calle es un oficio penoso, rudo y que requiere estar “siempre alerta”. La primera vez que peleó con otro chico –quien paradójicamente le robó el mismo celular que él acababa de sacarle de la cartera a una mujer en la parada del colectivo- terminó con un una muela rota y un hilo de sangre que le caía, sin cesar, desde la boca hasta el pecho. Después se fue afianzando un poco más y ganó otros combates. Como tenía un buen carácter para comunicarse con los demás (llevaba una sonrisa franca a todos lados) lo pusieron a cargo de buscar más gente para el negocio del delito que regenteaba un joven de veinticinco años. Eran unos cuantos muchachos que se protegían entre ellos, como una familia singular. A cambio, tenía apenas lo indispensable para vivir: una camita con un colchón agujereado por todas partes en una galería pequeña del centro de Córdoba y una platita para comprarse la comida cada día. Tomy tenía el pelo castaño oscuro y los ojos color almendra. Un día salió a vender alfajores en la plaza San Martín cuando le sucedió algo completamente inesperado y“mágico”, se diría después. 3 Se le dice así a una persona que lleva el mismo nombre que otra. Nodejesqueelvientonosarrastre 11 Estaba en la esquina cuando vio caminar hacia su dirección a una chica de pelo largo y lacio color negro, con la piel muy blanca y unos ojos iluminados como soles. Se quedó pasmado. Había tenido muchas noviecitas, pero nunca había reaccionado así frente a una chica: le temblaba el cuerpo y le transpiraban las manos. Apeló a sus típicas artimañas cuando ella pasó por su lado:“¡Chau, princesa!”, le dijo. Minutos después habría de lamentarse esas palabras tan torpes. Ella se dio vuelta, lo miró, le hizo una expresión de enojo (que a él le pareció encantadora) y siguió caminando. Indiferente como el hielo, indiferente como el mármol. Esa noche no pudo conciliar el sueño: pensaba en sus ojos, tan únicos, tan bellos, tan“raros”… Sin saber por qué, le palpitaba fuerte el pecho, y se durmió con una sonrisa en los labios después de imaginarse cientos de veces el rostro de esa chica que había conocido. Entonces, Una luz acogedora se apoderó del humilde cuartito: esa luz venía del corazón de un chico, como cualquier otro, como nadie.
  • 7. MarianaValle 16 quería ayudarlo porque estaba muy agradecido con él. Entonces, Tomy, le empezó a hacer un resumen de su vida y Mariano se sintió muy identificado con aquélla historia. Mientras caminaban, empezó a caer un aguacero cada vez más in- tenso. Las nubes ya se habían puesto negras desde hace unas horas y ahora gruesas gotas caían sobre ambos. “No podés pasar esta noche en la plaza”le dijo Mariano.“Mi casa es muy grande y podés ocupar un cuarto de huéspedes”. A él no le gustó mucho la idea, su casa más que grande era como un castillo ante sus ojos: un lugar reservado para un pordiosero como él. Mariano insistió y al final aceptó. Entraron por la puerta de servicio, al fondo de la casa. Subieron las escaleras furtivamente. El cuartito estaba arriba y parecía muy acogedor, su amigo le prestó ropa suya para que se cambiara la mojada. Estaba tan confortado allí que se durmió muy rápido. Una pared lo separaba de ella, aunque no lo supiera. Una voz lo despertó a medianoche, era una voz que le pareció muy dulce, e inmediatamente cayó en la cuenta que era ella la que ha- blaba y mezclaba el español con un idioma incomprensible: una vez más parecía enojada, discutía con su hermano por lo de la pelea. Como movido por una fuerza interior incontenible se levantó y abrió despacito la puerta de la pieza, apenas para ver lo que pasaba. La luz mortecina del pasillo iluminaba a Mariano y a Cheny. Ella ya se había puesto su  pijama de color violeta. El pelo le caía lacio, so- bre la cintura. Le pareció que así deberían lucir las princesas de los cuentos: con un pijama violeta y una expresión de enojo, porque así la vio más linda que nunca. Nodejesqueelvientonosarrastre 13 Después, con mucha timidez, su hermano la sacó a bailar. La pisó un par de veces y rieron ambos de buena gana por el papelón. Cuando ya daban las doce de la noche, y después de haber abierto todos los regalos de los invitados, buscó a Mariano para charlar con él. No lo encontró por ningún lado. Salió al jardín y caminó hasta la entrada de la casa, a lo lejos lo vio que doblaba la esquina, algo le dijo que tenía que seguirlo. El joven quería“tomar aire fresco”, la casa lo asfixiaba, le propuso ir al centro de la Ciudad y no al tranquilo bar de siempre en el Cerro de Las Rosas, donde vivían. Si bien ella era menor, tenía para con él cierta actitud maternal o de protección, porque éste siempre se metía en problemas que fasti- diaban a su padre y ella trataba, a toda costa, de evitarlo. Accedió a ir con él. Tomaron el N3, y siguieron caminando por la Bajada Alvear hasta divisar a lo lejos su destino: un boliche situado en un edificio bastante deteriorado. La calle Libertad estaba bastante sucia y descuidada. Un muchacho los interceptó y quiso robarle a Mariano, quien se resistió y recibió una fuerte golpiza a cambio. Tenía la cara algo lastimada y le brotaba un poco de sangre. Cheny intentó interponerse entre ambos jóvenes para parar la pelea: era corajuda y no le tenía miedo casi a nada. Pero alguien la agarró por la cintura y se lo impidió:“¿Qué hacés? ¡Tené cuidado!”le dijo con una tonadita rara.  Todavía la sujetaba entre sus brazos cuando ella, enojada, se dio vuel- ta para mirarlo. Le vio cara conocida. Recordó que era el chico que la había piropeado cuando salió a ca- minar por el centro a la mañana:“¡Mi hermano está en peligro!, ¡hacé algo!”le dijo furiosa. En el piso, otro joven golpeaba a Mariano mientras le prodigaba algu- nos insultos en“dialecto cordobés”. Tomy se interpuso entre ambos y defendió a Mariano, preocupado porque Cheny lloraba y gritaba sin
  • 8. MarianaValle 14 parar, agarrándose la cara con ambas manos. El mayor del grupo, el “regente”de la banda delictiva, terminó con la contienda y le devol- vió una mirada furiosa a Tomy. Cheny corrió a abrazar a su hermano:“¿Estás bien?”.“Estoy bien”, le respondió éste. Le hizo muchas preguntas, pero él le dijo que en esas condiciones no estaba dispuesto a responder nada, que mañana hablarían. Las cuadras que la separaban de su casa, las caminó abrazada a su hermano. Le fastidió mucho el chico aquél: lo había puesto en peligro: ¿en qué clase de cosas andaba metido? Encima tuvo el tupé de sostenerla de la cintura cuando quiso parar la pelea. La estrechó muy fuerte, pudo sentir que sus brazos casi la sofocaban… “¿Quién se creía que era?” Ayudó a su Mariano a limpiarse las heridas. Afortunadamente, como él dijo, estaba bien y nadie más se dio cuenta de lo ocurrido. Volvieron a su casa, saludó a su padre que aún seguía conversando con amigos en la fiesta y se fue a su cuarto. Se puso el camisón y se acostó: en lo último que pensó fue en el muchacho ese. Le molestó su actitud, pero se durmió con una sonrisa en los labios. Nodejesqueelvientonosarrastre 15 MásProblemas La había tenido entre sus brazos. Hasta pudo sentir el olor de su piel. Pero ella le dedicó esa mirada furiosa. Le causó gracia y rió para sus adentros, aún enojada la veía más tierna, como un niño a quien no le han consentido su capricho. “El Gringo”se enojó mucho con el imprevisto de aquélla pelea. Le reprochó a Tomy haber defendido a Mariano, que además –y por si fuera poco- era un“concheto”y por su culpa ahora podían acusarlo ante la policía. Al chico le había robado el celular otro de los“hospe- dados” de la Galería (el Cara Cortada) que jamás esperó que su“vícti- ma”se atreviera a resistirse. Después de esa pelea, a él sin miramientos lo echaron a la calle, la galería es pública, pero también había reglas para gozar de ella y ya no era bienvenido allí: lo echaron como a un perro. Ahora una vez más estaba en la plaza bajo el cielo estrellado, pero por lo menos no tenía que soportar las inclemencias del tiempo, pensó. Sus amigos de siempre, los excluidos también por la sociedad, lo ani- maron un poco esa noche. Paco consiguió comida por medio de un amigo suyo, dueño de un restaurante, se ofreció a ayudarlo en lo que necesitara.“Sos un gil”, le dijo, aún no podía entender su actitud.“Bus- carte quilombos por salvar a un concheto…” Esa noche le costó más que nunca dormir. Pensó en sus padres, en su vida miserable, en la angustia de todos los días y en cuán lejos estaba de ella. Al otro día salió a vender, con sus amigos, los alfajores que habían comprado en el mayorista del barrio con las moneditas que tenía en el bolsillo. Ya no quería tener que volver a robar jamás. Cuando pasó por la escuela Antonio Huerta se encontró con Mariano, quien lo reconoció y le dijo que lo acompañara hasta su casa, que
  • 9. Nodejesqueelvientonosarrastre 17 Cerró, la puerta sin hacer ruido y se durmió. Lo último que la escuchó decir fue“hasta mañana”. Se imaginó que se lo había dicho a él.
  • 10. MarianaValle 18 Enlaplaza Estaba cavilando en un banco de la plaza Colón: la venta había sido bastante buena. No podía quejarse. Parecía que el destino se proponía interponerla en su camino. Allí estaba la chica de los ojos orientales, charlando como una amiga. Tenía un pantalón y una camisa a cuadros y llevaba el pelo recogido con una cola de caballo.Él la miraba de lejos. Ella se sentó en un banco y se puso a leer un libro. “Ella me odia, ella me odia…” se decía, pero el impulso pudo más y caminó hasta su banco. “¡Hola!, ¿querés un alfajor?... Son tan ricos como vos”(“¡otra vez con su palabras torpes!”, se reprocharía más tarde). Ella agarró el alfajor y lo guardó en el bolso, junto con el libro. Estaba leyendo“Las Mil y una noches”. “¿Te gusta leer?”: Silencio como respuesta.“Bueno, a mí me gusta, tengo un libro que saqué del… (iba a decir“orfanato”, pero no) Es de un chico que lleva una rana al colegio, es muy chévere”. Ella lo miró, tenía los ojos encristalados, pero no de bronca ahora sino de tristeza. “Hoy no tengo ganas de pelear con vos. Se cumple un aniversario de la muerte de mis padres…” “Bueno, mis padres también murieron, algunas cosas tenemos en común…”, suspiró él al recordarlo. Ella sonrió y se le hicieron pocitos en las mejillas. No se sentía incómoda a su lado, sino todo lo contrario.“¿Y vos donde estás…?”, (quiso preguntarle por dónde estaba viviendo)… Nodejesqueelvientonosarrastre 19 “Yo… no te preocupes, me tengo que ir…”dijo él (¡hubiera querido quedarse horas a su lado en ese banco!) y salió corriendo con su caja de alfajores. Ella lo miró marcharse y sintió pena por él, algo le inquietaba el corazón. La ira ya se había disipado y quedaban emociones mucho más cálidas en su pecho.“Tengo que ayudarlo…”, pensó. Su día pasó sin mayores sobresaltos: estudiar química, francés… A la noche se encerró en su cuarto y se tiro en su cama mirando el techo: odiaba esa sensación de asfixia que le daba cuando sentía que algo andaba mal, le daba bronca. Una lágrima le cayó por la mejilla, aunque ella se esforzó por no de- jarla escapar. Después vino otra… Lisi (Elizabeth) entró al cuarto y se acostó a su lado. Ella la abrazó y le acarició el pelo. No hacía falta que se dijeran nada. Antes de dormir, la última imagen que se le vino fue la de un joven sentado al lado suyo en un banco.
  • 11. Nodejesqueelvientonosarrastre 25 La noche estaba llena de estrellas. Desde lejos se escuchaba un tema de salsa muy movido.“Me encanta bailar, dijo él, ¿y a vos?”. “Bueno, yo… no sé mucho”dijo ella, involuntariamente, ruborizada. “Pues, yo te podría enseñar. Parate”. Ella le hizo caso, pero se sentía algo rara y, eso sí, le palpitaba mucho el corazón. Él le tomó la mano y se la puso en su hombro, después le entrelazó la cintura con suavidad (no con el ímpetu de la otra vez) y le enseñó el paso típico del“uno, dos, tres”. Desde el“uno”ella lo pisó y él se rió mucho, en el“tres”él la terminó pisando a ella y ambos rieron. En un momento se miraron a los ojos. Los ojos de ella eran castaños muy oscuro y brillaban mucho en su tez pálida ahora ruborizada. Los ojos de él, color almendra, también estaban iluminados. Estaban tan cerca el uno del otro que parecían compartir la respira- ción entrecortada. “Me tengo que ir”, dijo ella subrepticiamente y salió casi corriendo en dirección a la vieja casona. El se quedó sentado mirando la luna y sonriendo. Se sentía tan feliz que hasta tarareaba un viejo son colombiano, su princesa oriental había bailado con él. Cheny se fue a su cuarto y pensó:“Estuve a punto de besarlo…”. Esa noche trató de convencerse a sí misma de que eso no podía pasar.Trató… Porque no pudo dejar de rememorar cada momento en sus ojos y en cómo lucían esa noche y en esas manos calientes y húmedas que la habían sostenido. Había bailado con su príncipe colombiano. PlazaColón,NuevaCórdoba,Córdoba
  • 12. Nodejesqueelvientonosarrastre 23 Miradas “Tengo que hacer algo”, se repetía ofuscada entre sus libros de Litera- tura. Ese día tenía examen. Fue al despacho de su padre y le pidió hablar con él. “¿Tenés algún problema, Cheny”, le dijo éste cuando la vio con esa cara de preocupación. “No. Bah… Sí, no sé…”.“¿Y eso qué significa?”exclamó atónito el pa- dre y con una sonrisa. “Bueno tengo un amigo que… necesita ayuda”.“¿Es un amigo del colegio?”.“No… Pero, lo conocí en la plaza, Mariano también lo co- noce. Es un chico muy bueno que… necesita un trabajo porque… no tiene a dónde ir y pensé que podría hacer algo acá y dormir, tal vez, en un cuarto de huéspedes hasta que… se solucionen un poco las cosas…”. “Mmmm… ¿y por qué te importa tanto ese amigo?”replicó éste con el ceño fruncido.“Porque yo… lo quiero (¡no podía creer lo que aca- baba de decir!)… porque yo no quiero verlo mal, me da pena, es un buen chico, papi…” Christopher se sintió conmovido por la solidaridad de su hija y le dijo que lo iba a pensar. A la noche, durante la cena, le comentó:“Creo que a lo mejor se nece- sita alguien para cortar el pasto, arreglar un poco el jardín, desde que tu mamá no está lo he descuidado bastante. Tal vez podría hablar mañana con tu amigo, Cheny”. Mariano se quedó atónito. Antes de irse a dormir la increpó a su her- mana:“¿Por qué ese interés repentino por el Tomy?, ¿qué te pasa?”. “Nada, me cae bien, nada más y además es tu amigo, vos deberías preocuparte por él”, sentenció muy firmemente. MarianaValle 24 “Sí, yo debería y no vos”le dijo su hermano quien parecía bastante molesto con el marcado“interés”de su hermana por el muchacho. Dio la media vuelta y se fue a dormir. Al otro día ella lo esperó en el mismo banco de la plaza. A la una de- bía llegar y llegó con su cajita de alfajores. “¡Tengo que hablar con vos!”, le dijo. Él se quedó asombrado por se- mejante recibimiento. Se sentó a su lado y ésta le explicó la situación. Él acepto hablar con el señor Thompson esa tarde. Era una buena oportunidad, no podía desaprovecharla, pero le mo- lestaba que ella se acercara a él por caridad, no era eso lo que hubiera esperado. El Sr. Thompson le explicó las condiciones del trabajo. Tomy sabía bastante de jardinería, lo había aprendido del portero del orfanato donde vivió en Bogotá. Podía usar por el momento el cuarto libre de huéspedes, si así lo ne- cesitaba, hasta que encontrara otro lugar. No obstante, se sintió muy incómodo y avergonzado por la situación, pero la amabilidad del señor lo convenció:“al fin y al cabo no tengo a dónde ir, no me queda otra”, se dijo para sí. El día siguiente trabajó hasta tarde. Estaba contento, hasta tarareaba una canción colombiana, hacía mucho que no se sentía así. A la noche salió a pasear por el jardín: ¡sus ojos no daban crédito de la belleza y extensión del lugar! Caminando llegó a un banco, había una muchacha sentada allí: era ella. “Hola”le dijo muy despacito.“Hola”, le respondió ella con vergüenza. “¿Puedo sentarme a tu lado?”. Su sonrisa fue interpretada como una afirmación.
  • 13. Nodejesqueelvientonosarrastre 29 “Estonopuedeser...” “Todo cambió cuando te vi, de blanco y negro a color me convertí y fue tan fácil, quererte tanto: algo que no imaginaba. Fue entregarte mi amor con una mirada…” (4) Una pared los separaba y él podía escuchar la canción que ella había puesto en su disquetera como si esas palabras se  las dedicara a él, las sentía como una nueva forma de comunicación. “Sé qué no es fácil decir te amo, pero así es el amor, simplemente pasó y todo tuyo ya es hoy. Antes que pase más tiempo contigo, amor, déjame decir que eres el amor de mi vida…” No podían expresar más claro lo que él quería decirle, atravesando una pared, entrando a su cuarto y mirándola a los ojos. Pero no podía… Había algo más entre ellos: las convenciones, las responsabilidades, los demás… Ella se pasó toda la tarde esquivándolo, pero sin querer se lo cruzó en el jardín: hubiera querido correr hacía él y abrazarlo muy fuerte… Él se pasó toda la tarde evitándola, pero la vio: hubiera querido correr hacia ella y volver a escuchar aquél idioma tan raro… “¿Hay algo qué te preocupa?”, le dijo cuando la vio sentada en el ban- co del jardín mirando pensativa las flores… “Sí, hay algo…”le dijo ella mientras se restregaba una mano sobre el pantalón y seguía con los ojos fijos en el suelo… “¿Y qué es eso?”, le preguntó él,“¿te puedo ayudar?”… “Bueno yo… no sé… cómo decirte…”.“Hace un tiempo conocí un chico en Estados Unidos… y bueno… yo me (le costaba mucho decir- 4 El tema es“Todo Cambió”interpretado por el grupo mexicano Camila. MarianaValle 26 Elbeso Mariano rendía Lengua ese día, y como tantas otras veces, no había estudiado nada. A la mañana lo vio“al Tomy”, barriendo la vereda y le dijo:“Che, hoy me hago la chupina y no voy al cole, ¿me acompañás a lo de unos ami- gos?”. El otro joven lo miró asombrado:“¿Y qué es eso qué es, eh? (nun- ca lo había escuchado).Yo estoy trabajando, ahora no puedo”. “Dale- insistió Mariano- Mi papá no está y no vuelve hasta el medio- día Vos no te hagás drama”. “No hermano, le debo mucho a tu familia y tengo que ser responsa- ble”, le dijo Tomy. “Ah… bueno… no te olvidés que fui yo el primero en abrirte las puer- tas de mi casa cuando lo necesitabas”. Sonaba a exhortación y lo era, Mariano sabía como manipular a alguien cuando tenía un propósito. Al fin y al cabo, era cierto lo que le decía y Tomy, con cargo de con- ciencia y algo de preocupación, se vio forzado a aceptar, pero antes le aclaró:“Un rato nada más, ¿eh?”. Caminaron varias cuadras hasta llegar a un edificio donde vivían los amigos de Mariano: Andrés, Julián y Benjamín. “Estamos formando una banda y nos falta alguien que toque la batería. Yo sé que vos sabés tocar los timbales, te vi el otro día con los de mi viejo, esto es parecido. Podrías intentar…”dijo Mariano a Tomy. Y la verdad que mal no le iba con el instrumento, todos quedaron asombrados de su talento tan rápidamente adquirido y lo felicitaron, parecía que llevara el ritmo en la sangre. Sin embargo, ya eran las 11 y media y no veía las horas de irse y conti- nuar con sus quehaceres. Mariano accedió. Se despidieron los dos del resto de los jóvenes y salieron del lugar. Tomy, con rumbo hacia a la
  • 14. Nodejesqueelvientonosarrastre 27 casa y Mariano en busca de otro lugar donde pasar el rato hasta que se terminara el turno del colegio. Iban caminando cuando vieron una chica de uniforme que cruzaba la calle hacia donde estaban ellos: ¡Era Cheny! “¿Qué hacés acá y no en el colegio?”le dijo a su hermano.“Qué te importa… ¿y vos que hacés acá?”, le dijo éste. “Faltó un profe y salí antes”, le respondió ésta.“¿Y vos Tomy, lo estás protegiendo? No me lo esperaba…”. “Bueno, nos vamos, no tengo que darte explicaciones”, le dijo Maria- no. Y se fueron los dos, dejándola con una expresión de furia, asom- bro y tristeza mezclada en el rostro. Tomy se sentía abochornado. Caminó dos cuadras más con Mariano y, por fin, éste se alejó y él tornó rumbo hacia la casa de losThompson. Las palabras de Cheny lo habían herido como pinchazos que le atra- vesaban la piel. Estaba atormentado por cómo había quedado en- frente de ella: pudo ver su cara de desilusión. Toda la tarde estuvo pensando en eso. El Sr. lo mandó a regar las plantas internas. En un pasillo de la casa se encontró a Cheny, que ya no tenía el uniforme sino una camisa roja y unos jeans: detalles que pueden parecer sin importancia, pero que él grababa siempre en la retina de sus ojos. Otra vez la mirada furiosa, otra vez las palabras emanaban una detrás de otra reprochándole:“¡Lo acompañaste a mi hermano a hacerse la chupina!, ¡sos igual que él!, ¡cómo pude confiar en vos!...”No sabía qué decirle, hubiera querido esfumarse en el aire en ese momento. De pronto sintieron la voz del papá de Cheny.“Esperá tengo algo que decirte”, le dijo Tomy, pero no quiero que nos escuchen… “Está bien”, dijo ella,“yo también tengo muchas cosas por decirte”. Los pasos del Sr. hablando por teléfono se fueron haciendo cada vez más MarianaValle 28 tenues hasta ya no oirse. “Ahora que estamos solos, te quiero decir que…”. Ella lo interrum- pió:“No, yo te quiero decir. Te quiero decir que pusiste en peligro la vida de mi hermano y aún así confié en vos y traté de ayudarte y lo primero que hacés es consentir los malos actos de Mariano y me arrepiento de haberte conocido todo esto lo hice porque me caíste bien y porque te quiero y porque… (¡otra vez lo había dicho y enci- ma frente a él!)”. Tenía la mirada brillante, de rabia y de angustia y las palabras le sa- lían así, medio atragantadas. Y él se sentía tan apenado que hubiera querido arrodillarse a sus pies.“Sos…. Sos… ¡un mentiroso!, ¡me mentiste! y….” No pudo seguir hablando... Bajó la mirada hacia el piso. Él la sostuvo muy fuerte entre sus brazos. Le tomó la cabeza entre sus manos y le acarició el pelo. Ella todavía estaba enojada, cuando observó sus ojos marrones taciturnos. Entonces, ambos se besaron dulcemente los la- bios mientras la tarde caía apesadumbrada sobre el salón.
  • 15. Nodejesqueelvientonosarrastre 33 Él, a todo eso, reía con ganas. Ella le manchó la cara con la pasta de harina… “Ah, no señorita, ¡eso no se lo permito!”dijo él… y la agarró por los hombros y le tiró un poco de engrudo en la cara. A los veinte minutos la sacaron del horno y le pusieron el dulce de ciruelas. “Es la torta más fea que he visto en mi vida…”reflexionó él muy pensativo. Cheny suspiró y después lo manchó nuevamente con dulce de ciruela… Él hizo lo mismo y le untó con dulce la cara, tras lo cual se la  tomó con ambas manos y le estampó un besazo en la mejilla:“Pues estaba rico…”, le dijo, y salió campante de la cocina mientras ella se lamenta- ba por ser tan mal cocinera. MarianaValle 30 lo)… me enamoré de él y él… me engañó y yo sufrí mucho por eso… y no quisiera que me volviera a pasar…” “¿Y por qué tenés ese miedo?”, le dijo él que la miraba fijamente. “Por que yo… no sé, pero no quiero volver a enamorarme…”. Antes que él le pudiera decir algo, se levantó y se fue.  
  • 16. Nodejesqueelvientonosarrastre 31 ¿Matemáticas,yo?,¿Cocinar,yo? Amanda, la cocinera de la casa, observaba con asombro cómo el joven hacía malabares con los limones del centro de mesa.“¿Dónde aprendiste eso?”, le preguntó. “Ay, señora… esas cosas uno las aprende en la calle, les sirven para sobrevivir…”. “¿Y vos nunca aprendiste otras cosas como… nunca fuiste al cole- gio?”.“Hasta cuarto grado nomás –dijo él- allá en Bogotá. Ah, pero eso sí… no me pregunte porque no me acuerdo de nada, nada más que la maestra me odiaba y todo el tiempo me gritaba ¡Zelaya, lo voy a apercibir…!”. Amanda se rió de la desfachatez con que hablaba el muchacho. Christopher, que pasaba por ahí (la cocina donde desayunaban los empleados) no pudo resistir escuchar la conversación.“Tomy quiero hablar con vos”, le dijo. Vení a mi despacho… Estaba muy nervioso Tomy:“¿sabrá algo de lo que pasó con Maria- no… o con Cheny?”. “Sentate. Mirá quiero que terminés el colegio. Un joven como vos tiene que pensar en hacer algo provechoso con su vida.” “Ah, sí, en eso tiene usted mucha razón”dijo con respeto Tomy, “pero a mí me cuesta bastante” “Bueno, yo he pensado en alguien que te puede ayudar: tu amiga”. “¿Mi amiga?”, dijo él. “Sí, Cheny, te puede ayudar. Ella es muy buena alumna. No creo que tenga problemas y le va hacer bien distraerse un rato, la noto preocu- pada últimamente”. A la tarde se encontró con Cheny en el desván donde se guardaban los libros y algunas reliquias de la casa. MarianaValle 32 “Bueno, voy a ser tu profesora”, dijo Cheny sonriendo.“¡Sí! Menuda profesora voy a tener”, acotó él por lo bajo. La clase resultó ser un desastre para Cheny: ¡Tomy no tenía paciencia! Ella le hablaba de las fracciones y él la miraba como si le estuviese hablando en coreano. Se quedó en un momento pensativo (ella pensó que finalmente había entendido).“¡Ah, ya sé! –dijo-, ¡los cocodrilos!”.“¿Cocodrilos?” preguntó Cheny. “Vaya sí, ahora recuerdo que los cocodrilos se comían al más grande. La maestra nos hacía un dibujo. A la fracción más grande se la comía el cocodrilo…”Y dibujó en la pizarra:“X>x”y después le agregó los dientes y los ojos del cocodrilo. Cheny estaba perpleja, ¿casi media hora y sólo recordaba eso? “No estás poniendo atención”, le dijo con su mejor cara de enojo.“Perdón, estoy nervioso”dijoTomy rascándose la cabeza con cara de ofuscado. Cheny no pudo contener la risa. “¿¡Y cómo me vas a pagar esto!?” “Lo que vos quieras”, respondió él firmemente. “Bueno, además de bailar, escuché decir a  Amanda que sabés coci- nar. Hoy tengo que preparar algo rico porque vamos a juntarnos con mis amigas, quiero que sea especial. Quiero hacerlo yo, pero a lo me- jor me podrías ayudar”, dijo ella. Se metieron los dos a la cocina. La cocinera no estaba, por suerte, había salido a comprar. “Bueno esta receta es una tarta de ciruelas, que se hace allá en Co- lombia para fechas especiales. Lleva harina, huevos, ciruelas, queso. ” La comida resultó un desastre para Tomy. Cheny rompió tres huevos mal hasta que aprendió la técnica del“golpecito”. La masa se hizo un engrudo chicloso imposible de amasar.
  • 17. Nodejesqueelvientonosarrastre 37 “Claro… oye, ¿cómo andas?, ¿quién es esa chica?”. Tomy le respondió con preguntas:“¿Qué hacés acá, cómo llegaste?” “Ah, ya veo que cogiste muchas cosas de los argentinos”, le dijo son- riendo en alusión al típico“voseo”rioplatense. Se sentaron en un banco:“Yo no he honrado la memoria de mi her- mano. Hoy tengo la suerte de poder hacer algo por ti. Tengo una lin- da casa, un auto, una buena mujer. Fíjate que esa mujer fue la que me convenció de venir a buscarte. Han pasado tantos años, Ernesto”.“¡Ah! (suspiró): su familia sí qué fue generosa con ella: le donó una gran he- rencia. Bueno, la mía sólo me dejó deudas y buenos momentos para recordar… Pero ahora estoy acá por ti, Ernestito, quiero que vuelvas allá a Bogotá, que vivas con nosotros. Mi mujer es cantante y bailari- na y vamos a armar un espectáculo. ¡Es tu sueño!, ¡vas a poder ser ma- labarista y actuar y bailar como yo! Ya es hora, ya es hora de volver”. Tomy pensó en tantas lunas subsistiendo al frío de la ciudad con sus juegos de malabares que, antaño, habían sido de su abuelo acróbata y constituían uno de los pocos tesoros que había conservado de sus padres y se había llevado consigo luego de huir del orfanato. “Volver”de tantas cosas juntas que escuchó le quedó resonando esa palabra con la intensidad de un tango bien sentido. Volver a Bogotá, dejar Argentina. Dos opciones sin posibilidad de reconciliación. Volver era ganar muchas cosas, pero volver era dejar muchas otras. No había mucho tiempo para pensarlo, el vuelo salía al otro día a la tarde. Sentía cariño por el suelo cordobés más de lo que podría haber podi- do imaginar antes de pisarlo. Sentía afecto por las costumbres nuevas adquiridas. Pero sobre todo sentía un gran amor por ella. Sin embargo, acá – en Córdoba- no era nadie sino un hospedado por caridad, por servidumbre. ¿Y qué era para ella?, ¿qué sería para ella?, ¿la dejaría su padre vivir con alguien como él?, ¿consentiría un desti- no tan mediocre para su hija adorada?, ¿y qué harían éste, Mariano y MarianaValle 34 Alguiensabe Una tarde la encontró en el desván.“Tomy ya no puedo darte clases”, le dijo muy seria. “Pero, ¿leíste mi cuaderno? Me esforcé mucho con los ejercicios de matemática”, dijo él lamentándose. “Sí, es verdad, me asombraste”dijo ella y sonrió, pero con un dejo de tristeza:“Pero no puedo”. “¿Puedo saber por qué?”, le dijo él.“No… no puedo decirte…”dijo ella. Él estaba sentado en una silla al lado suyo. Le susurró al oído:“Yo nunca te voy a hacer sufrir…” Al día siguiente la volvió a ver en el jardín. Estaba jugando con sus hermanitos a la pelota. Era un juego raro, que consistía en no ser “quemado”(tocado) por la pelota, así que los tres se habían tirado muchas veces al suelo y estaban llenos de tierra. Él la vio de lejos y se divirtió mucho… Lisa lo divisó y le gritó“¡Tomy vení a jugar!”. Cheny no parecía muy contenta de verlo, más bien se la veía incómoda. Pero jugaron los cuatro y se divirtieron mucho. Él fue el más“quema- do”o lastimado,“suerte de principiante”, pensó irónicamente. Los dos nenes lo golpearon y hasta Cheny le tiró un pelotazo en la rodi- lla, tras lo cual le dijo“perdón”con sincero sentimiento de culpa. Cuando terminó el juego ellos se quedaron un rato solos. Bah, mejor dicho, Cheny intentó irse tras sus hermanos, pero él le tomó la mano y la atrajo hacía él. Ella miraba para abajo y él le subió la cara con las manos hasta que ella no pudo evitar mirarlo. Se acercó a él lentamente y le besó la boca. Él le tomó el rostro con una mano, mientras con la
  • 18. Nodejesqueelvientonosarrastre 35 otra le agarraba la cintura, mientras la besaba… “Me tengo que ir, dijo ella…” “No, todavía no…”le pidió él como un niño. Se sentía que estaba tan a gusto como si estuviese fuera del tiempo y el lugar viviendo ese instante mágico. Quiso besarla, pero ella se apartó señalando algo con su dedo índice. Alguien los observaba desde lejos… MarianaValle 36 Volver Sólo buenos recuerdos tenía de ese hombre de aspecto sencillo y campechano. Varias veces lo había visitado en el orfanato y le había alegrado las tardes: contándole alguna anécdota divertida de su familia, trayéndole alguna baratija, que él guardaba como tesoros en ese lugar, y enseñándole las cosas de la vida del circo: Sí, porque él había sido un gran malabarista cuando joven. Toda la familia había salido predispuesta para vincularse con el espectáculo: La abuela Marta (cantante lírica), el abuelo José (integrante de un famoso grupo de cumbia de Bogotá en aquellos años), Francisco (malaba- rista) y Ernestito (así le decían de niño)… Bueno, él fue la excep- ción: con mucho esfuerzo sus padres le pagaron la universidad y llegó a ser abogado. Allí, en la facultad, conoció a María. Se casa- ron al poco tiempo y tuvieron un hijo nombrado como su papá. Tomy nunca esperó nada de su tío, nunca le reclamó ni le reprochó nada. Su hermano y su cuñada habían muerto trágicamente, no tenía pa- dres, ni hermanos, ni una casa confortable, apenas tenía dinero cómo para subsistir él con algunas changuitas, no tenía instinto paternal. Resumiendo: no podía hacerse cargo de un niño de 7 años. No había ningún otro familiar, ningún otro destino para él que esa institución que lo acogió 7 años. Por eso lo miraba ahora sin rencor. “Estabas con una chica, Ernesto, ¿quién es?”, le preguntó muy intri- gado y a continuación le explicó su ingreso a la morada suntuosa de los Thompson: “El señor de la seguridad no me dejó pasar aun- que le dije que era tu tío. Usé de mis habilidades para entrar acá”, acotó sonriendo. “¿Te subiste por las rejas?”, le dijo Tomy.
  • 19. Nodejesqueelvientonosarrastre 41 Mariano y Tomy partieron con rumbo hacia la clínica. El papá de Cheny no estaba. Cuando llegaron tuvieron que aguardar un buen rato, con el corazón atragantado, en la sala de espera. El médico, por fin, salió y les dio el parte médico:“La paciente tuvo contusiones en la  cabeza. Está siendo examinada. Todos sus signos vitales son estables. No corre peligro de vida, pero deberá permane- cer un buen tiempo acá…”Y se abrió paso invitándolos a la sala“Pue- den verla sólo un rato. Esto es terapia intensiva”. Cheny estaba consciente: tenía varias raspaduras en la cara y se notaba confundida. Mariano la abrazó y no pudo contener las lágrimas. Tomy tenía todas las emociones atragantadas (culpa, tristeza, miedo, rabia, impotencia). Le tomó una mano y se la acarició. Ella tenía los ojos entreabiertos, por el cansancio del trauma que había vivido:“Es- tás acá…”, le dijo. Tomy y Mariano tuvieron que salir de la sala. Los dos jóvenes se abra- zaron. Mariano notó, entonces, que no era sólo cariño lo que Tomy sentía por ella. Estaba sentado a su lado y tenía las manos sobre el rostro, con el ceño fruncido. Cuando se las sacó de la cara le vio en los ojos rojos como si hubiera llorado.“Tengo que hablar con vos”, le dijo,  “pero ahora no…” MarianaValle 38 los demás cuando supieran de ese amor prohibido?, ¿a dónde se la llevaría si éstos no aprobaban lo suyo?, ¿qué futuro podría darle? En esos dilemas no se hallaba un chicuelo enfrentado a inquietudes ba- nales, sino un hombre de 17 años enfrentando el destino de su vida. La pregunta que más le dolía (porque en su interior ya lo tenía de- cidido aunque quisiera no afontarlo) era:“¿Cómo haría para vivir sin ella?, ¿cómo volver el tiempo atrás hasta antes de conocerla?” Todo ahora estaba impregnado de su esencia, de la calidez de sus palabras, la protección de su cariño y el misterio cautivante de su mirada avasallante. Esa noche tuvo un sueño: caminaba por un jardín muy lindo y escu- chaba a lo lejos la risa de una niña y un niño que jugaban. Intentaba acercarse hacia ellos, pero de repente sentía que alguien detrás suyo lo retenía y le sostenía el corazón. Recordó fugazmente un abrazo perdido de su madre y cuando volteó a mirar su rostro se despertó. “Eran sus ojos”pensó, “sus ojos orientales y su rostro, pero con las huellas del tiempo que pasó”. Al otro día a la tarde, ella se acostó en su cama y se durmió. Cuando despertó vio un papelito amarillo que sobresalía de la almohada: Si ves esto sabras que me e ido. Tome un buelo para bogota a las 18 hrs. Ay veces en que las palabras están demas, eso decia un amigo mio, nunca lo entendi porque el hablaba mucho y sobre todo gritaba mucho para vender sus pro- ductos por la peatonal . Nunca lo entendi, sino hasta hoy. Me tengo que ir. Te amo, de verdad.                                  Tomy. No te olvides de mí, yo nunca me voy a olvidar de vos.
  • 20. Nodejesqueelvientonosarrastre 39 Bajó rápido las escaleras y miró el reloj de la pared: Eran las cinco. Agarró su bicicleta y pedaleó tan rápido como pudo. El cielo estaba gris oscuro y algunas gotitas ya manchaban las vere- das de La Docta (5). 5 Así se llama a la provincia de Córdoba en recuerdo a que fue cuna de la primera universidad argentina. MarianaValle 40 Elaccidente Las gotas que caían eran cada vez más grandes. Eso le dificultaba la visión. Las calles que rodean el Aeropuerto de Pajas Blancas están siempre  atestadas de tránsito. Ese día no era la excepción. En una mala maniobra le zigzagueó el manubrio y la bici se le fue para un costado, siendo golpeada por el frente de un auto que pasa- ba a su lado. El hombre bajó del vehículo y socorrió a la joven. Unos turistas espa- ñoles que estaban por ahí vieron lo sucedido. Tomy estaba adentro del aeropuerto cuando escuchó los comenta- rios de éstos últimos:“¡qué desgracia lo de esa chica atropellada!”, dijo la mujer.“Sí, a mí se me hace que era una turista porque tenía cara de japonesa…”, acotó el marido. Un escalofrió le corrió por el cuerpo a Tomy:“¿Y si era ella?”. Tenía un mal presentimiento.“No puedo, no puedo irme ahora”, le dijo a su tío y salió corriendo lo más rápido que pudo con su bolso. Se tomó un taxi y fue a la casa de los Thompson. “¡¿Dónde está tu hermana?!?”, le preguntó a Mariano apenas lo vio. “Ha salido”, le dijo éste. “¿Se fue en la bicicleta?”, insistióTomy con un tono grave de preocupación. “No sé… A lo mejor…”dijo Mariano, que en el fondo ya temía algo. El guardia de seguridad les confirmó que la había visto irse con su bicicleta hace una hora más o menos. “¡Decime qué pasa!”, lo instó Mariano,“¿por qué tenés esa cara?”. No alcanzó a responderle cuando sonó el teléfono. Era un hombre que avisaba lo qué le había ocurrido a Cheny. Aportó los datos de la clí- nica en la que estaba y no dijo más sobre su estado de salud, porque los médicos la estaban observando en ese momento.
  • 21. MarianaValle 46 Ideó algo mejor. Se fue al mercado. Más tarde habló con Amanda, le dijo que había venido un primo suyo de Colombia, que lo quería agasajar.“La cocina es tuya”, le dijo la mu- jer sonriendo. Eran las siete de la mañana y la casa parecía habitada sólo por él y el silencio. Abrió despacito el cuarto de Cheny, que estaba sola porque su her- manita se había quedado a dormir en lo de Martina (claro, ese detalle cuando lo escuchó el día anterior lo puso más que feliz: todo su plan se concretaba a la perfección). La muchacha dormía plácidamente. Él apoyó el desayunador sobre la mesita de la pieza. Se sentó en una silla al lado de su cama. Ella tenía su pijama color violeta:“Oye, bella”, le susurró al oído. Ella se restregó los  ojos y la nariz con las manos, mientras fruncía el ceño. Entreabrió los ojos y los volvió a cerrar, y los volvió a abrir con asom- bro.“¿qué hacés acá?” La sorpresa había ayudado a despertarla con toda lucidez, equivalen- te a un poco de agua fría. “Te traje el desayuno”, le dijo él. Y le puso la bandeja sobre la falda, mientras la ayudaba a sentarse con un gran almohadón detrás de la espalda. “¿Estás loco?”, le dijo ella sonriendo.“Algo…”respondió él. “Mira, estas son cosas que se hacen en mi país: Éste es pan de chicha- que lleva harina de trigo huevos y grasa de marrano… entre otras cosas. Éstas de acá son cucas…” Cheny escuchaba con atención y reía… “Bueno, no tengás miedo porque no tienen seis patas ni antenitas y son sabrosas… tienen panela rallada, vainilla, mantequilla. Ahm y ésta de acá es una torta de cuajada… ¡ojo que tampoco es como sue-
  • 22. AeropuertoPajasBlancas,Córdoba Nodejesqueelvientonosarrastre 45 SaboresdeColombia Cheny estuvo internada una semana en la lujoso Hospital Privado del Cerro de Las Rosas. Le hicieron todo tipo de estudios que arrojaron buenos resultados. Los últimos cinco días los pasó en un cuarto muy confortable, donde la visitaron diariamente su papá y sus hermanos en la hora indicada. Tomy quiso ir, pero no era un“familiar directo”. Christopher se vio sor- prendido por cómo le inquiría cada día sobre el estado de salud de su hija, avasallándolo con preguntas. “Se ve que la querés mucho. Sos un buen amigo”, le dijo y le refregó una mano sobre la cabeza en gesto de cariño casi paternal. Una tarde estaba regando las plantas cuando Amanda le comentó, como al pasar:“Esta nochecita la traen a la señorita Cheng. Por suerte le dieron el alta”. Cerca del horario de la cena, después de comer un sabroso guiso pre- parado por la amable cocinera y después de verla alejarse, muy des- pacio, con su cuerpo regordete y añoso sobre la bicicleta antigua, se sentó a esperar a Cheng, mirando de reojo detrás de las cortinas de la sala, desde el piso de arriba. Ello entró abrazada a su padre. Le costaba caminar, se había esguinza- do el pie, tenía algunos moretones y magulladuras en los brazos, y dos rasponcitos en las mejillas. Ese detalle tan preciso lo vio cuando subía la escalera y estaba más cerca de él (sin saber que él estaba ahí, claro). Sus hermanos y su padre la acompañaron a su cuarto. Él se fue a dormir a su habitación. Se sentía muy aliviado de haberla visto bien. Eran las 9 recién. Pensó la manera de verla, pero el cuarto estaba siempre ocupado, podía sentir las voces de su padre y su hermano a cada rato.
  • 23. MarianaValle 50 mente y tenían una amistad auténtica, sólida, inquebrantable. Perder eso era demasiado para él por eso no se podía ni imaginar que Tomy amaba de verdad a Cheny. Además, hasta ese momento, el no sabía lo que era el amor por una mujer. La primera mujer, la que le dio la vida, no le había dejado bue- nos recuerdos: sólo sabía de ella que lo abandonó. Después lo cuidó su tío, después lo expulsaron de la escuela, después mintió, robó e intentó destruirse la vida con actos que lo llevaron a un reformatorio. Después lo rescató de eso, Christopher: le dio una familia. No conocía más amor que esa familia y sus amigos, por ahora. Cheny, en cambio, sentía un amor que la desbordaba. No deja- ría que Tomy volviera a la calle. En Corea “Cheng” es nombre de varón y nombre de mujer. Su padre, el señor Lee, esperaba con ansias un varoncito. Pero apenas vio a su hija se enamoró de ella. Los años que la tuvo (antes de morir) fueron los más felices de su vida.“Vos vas a ser una guerrera”le decía. Cheny no era como las otras nenas, no se amilanaba ante nadie, no jugaba con muñecas sino con espadas y cuando alguien atentaba contra un ser querido se volvía poderosa. Un día un niño del jardín derribó la torre de su mejor amiga Lou. Ella camino hacia él, lo tomó entre sus brazos por el cuello y lo derribó al suelo: el chico estaba pálido del susto. Tomy era su amor, no dejaría que nada malo le ocurriera, que volviera a la calle. La guerrera estaba despierta en ella. “Tengo que convencer a Mariano que ya me olvidé de Tomy. Y la me- jor forma es que piense que gusto de alguien más”, pensó. Nodejesqueelvientonosarrastre 47 na! Es muy dulce y lleva guayabas… Y por último, ésta es una tarta de ciruelas, bueno... creo que ya la conocés”. Cheny estaba anonadada de ver tanta comida junta y de escuchar tantos vocablos nuevos. No podía creer, sobre todo, lo bien que lucía la tarta de ciruelas (“soy un desastre…”pensó). “¡¿Y cómo me voy a comer todo esto!?”.“Ah, pues, con este cafecito con leche”le dijo él. Ella rió, conmovida por su gesto tierno. El se sintió fascinado de escuchar su risa: era, sin duda, la mejor re- compensa. “¿Qué te parece?”. “ ”(6), respondió ella. “¿Y eso qué es?”, acotó él,“¿es lindo?, ¿no es un insulto, no?” “No. Es lindo”, dijo ella sonriente y misteriosa. “No me vas a decir”, le reprochó con insistencia.“No”, dijo decidida. “¿Nunca?”.  “No sé…”dijo  sonriendo con timidez y con la mirada baja, algo aver- gonzada por su confesión en lengua materna. “¡Dale que hay que hacer un montón de cosas!”dijo en voz alta”, dijo el señor Thompson en voz muy alta que denotaba su ofuscación con su interlocutor del otro lado del teléfono. Tomy y Cheny se miraron con temor… “¡Andate!”, le dijo ella,“y con cuidado”. “Vale”, le dijo él. Cuando estaba por abrir el picaporte ella le dijo:“¡Tomy!”, él se dio vuelta y la miró. 6 Significa“te amo”en coreano
  • 24. MarianaValle 48 “Te ibas a ir…”le dijo ella con un tono de tristeza… Él quiso decir algo, pero ella le repitió“¡Andá, te pueden ver!”. Por suerte nadie lo vio salir del cuarto. Pero cuando caminaba por el pasillo se encontró con Mariano.“¡Ey!, hermano”, le dijo y le palmeó el hombro. Mariano tenía una expresión de bronca y habló con un tono de gravedad: “Vos y yo vamos a hablar… ¡ahora!”y le mostró un papel amarillo… Nodejesqueelvientonosarrastre 49 Lasentencia “¿Qué pasa entre vos y mi  hermana? Tomy estaba resignado, sabía que llegaría ese momento. “Le voy a decir la verdad…”, pensó, mientras se restregaba nervioso, las manos transpiradas sobre el panatalón. “Mirá, leí este papel una y otra vez y no lo puedo creer. Porque pensé que Cheny era como una hermana para vos. No una minita que te querías levantar”. “Cheny no es eso para mí”, le replicó Tomy. “Entonces entre ustedes dos no pasa ni pasará nada”, sentenció Mariano. Del otro lado, de la puerta del cuarto de su hermano, Cheny escucha- ba la sentencia. Mariano prosiguió“Mi hermana ha sufrido mucho. No quiero que te metás con ella. Podés salir con cualquier chica, la que se te cante, pero ella, no. No quiero dejar de considerarte mi amigo, mi hermano, no quiero que te tengás que ir de acá otra vez a la calle. Entre vos y Cheny no hay nada.” Tomy guardó silencio, tampoco Mariano esperaba respuesta. Su casi monólogo había sido contundente. Tenía la profunda convicción de que todo eso quedaría en el olvido. Que él y Tomy seguirían como antes, que lo de Cheny fue una equivo- cación y que pronto lo vería saliendo con otra chica.  Cheny volvería a verlo como lo que debía ser: un amigo o un herma- no para ella. Lo creía firmemente, pero en el fondo se negaba a asimilar otra si- tuación porque no podía ni pensar en tener que enemistarse con su amigo del alma. Ernesto y él compartían muchas cosas y ambos se querían franca-
  • 25. MarianaValle 54 Verla de nuevo a Gisela le causó inquietud:“¿Será que realmente le pasa algo con ella?”, pensar eso la atemorizaba. En el fondo de su co- razón sabía que Tomy la amaba, pero tenía miedo:“Hay tantas cosas entre nosotros dos”, pensó. Mariano estaba muy preocupado por Gisela. Desde el primer día que la vio se quedó admirado de su belleza y su actitud tan diferente a la del resto de las chicas. La conoció en un baile en el Sargento Cabral (9) y se quedo toda la noche bailando con ella, al son del ritmo de cuarteto de La Mona Jiménez (10). “No debería fijarme en ella porque es la amiga de Tomy y creo que algo pasa entre ellos”, reflexionó el mayor de los Thompson. Pero ya empezaba a sentir algo especial por ella que no podía evitar. Tomy se fue a dormir y dejo a Mariano con Gisela. Éste le dijo que se quedaba un rato más ayudándole a armar el sofá cama, que era un trasto viejo ya, y por eso costaba que quedara plenamente horizontal. La charla entre los jóvenes fluyó plenamente. Mariano le contó más o menos su vida antes de ser adoptado, sus sufrimientos. Ella le habló de la muerte de su hermanito, Joaquín, a raíz de los estragos de la leucemia sobre su joven cuerpo y de la depresión de su mamá. Gisela era una de esas chicas que exteriormente parece tener- lo todo (era realmente hermosa y eso, muchas veces, causaba envidia en otras mujeres), pero que en el fondo esconden una gran vulnerabilidad. “Sos una tipazo”, le dijo a Mariano cuando armó finalmente la cama, y le dio un abrazo con unos golpes bastante fuertes en la espalda. 9 Es un estadio donde se realizan frecuentemente bailes de cuarteto (genero musical de origen cordobés y con reminiscencias del paso doble y la tarantela, así como de otros ritmos caribeños como el merengue y la salsa) 10 Cantor popular de Córdoba, con mas de 100 discos editados de cuarteto. Nodejesqueelvientonosarrastre 51 Celos “Uno se sienta de frente y se vacían los primeros vasos lentamente, contemplando fijamente al rival con adversa mirada”(7) A la fiesta organizada por el cumpleaños de Elizabeth concurrieron todos sus amiguitos. La casa estaba decorada como un parque infan- til. En la mesa, exultantes, se exhibían todo tipo de manjares. Mica, Flor, Benja y Julián, amigos de Mariano, también estaban como invitados. Lo sorprendió Gisela:“¡Ey, amigo, qué jodita esta!”le dijo mientras se comía un alfajorcito de la mesa dulce. “Ah, sí, acá todo es de lujo: menos nosotros dos”, dijo Tomy y pegó una carcajada. “Mirá vine hasta acá porque te tengo un notición, me tuve que hacer la invitada a la fiesta, me colé detrás de una nenita…jeje”.“¡Típico tuyo!”, exclamó Tomy divertido. “El profe de salsa quiere contratarnos, por esta temporada, porque quiere agregar un turno de salsa”. Tomy había trabajado un tiempo en el gimnasio, limpiando, y se ha- bía hecho amigo del profe. Éste lo invitaba a bailar a veces, con algu- na de las señoras o señoritas sin compañía de la clase y se admiraba de sus dotes de bailarín. “¿Aceptás?”, le dijo Gisela.“Ehmmm, no sé tengo que hablar con el señor Thompson…”.“Es a la noche, no te va a hacer historia”, acotó ella y lo abrazó por la emoción. Gisela tenía mucho en común con Cheny, hasta podrían ser amigas, si no estuviera de por medio Tomy. 7 Poema“Celos”de César Pavese.
  • 26. MarianaValle 52 Él la quería muchísimo: era su mejor amiga, la incondicional. Ella esta- ba enamorada de él. Un anochecer estaban sentados hablando pava- das y ella en un momento lo besó: así sin previo aviso. Tomy prefirió hacer como que había olvidado ese beso. Ella era su amiga, su hermana: no podía verla con otros ojos. En la radio pusieron un tema de salsa. Se pusieron a bailar con mucho son: los dos eran una maravilla jun- tos. Se movían sincronizados a la perfección y con mucho ritmo. Cheny, que pasaba por ahí, los vio. Se le frunció el ceño. Tomy la devolvió a la realidad:“¡Cheny! Ésta es mi amiga Gisela…” “Ah!. (8 )“dijo ella con mirada furiosa y le extendió la mano, tras lo cual se fue. “Me dijo un saludo en chino: ¡qué gracioso!”dijo Gisela.“Es coreano. Y no sé si es un saludo”, dijo Tomy sonriendo pícaramente. Ya entrada la noche,Tomy vio a Cheny y a Julián hablando en un banco. “Soy muy torpe bailando”, le contaba ella.“Ah, no te creo, aproveche- mos la música vení”. Ella se paró y él la tomo por la cintura: le enseñó el paso del“uno, dos, tres”y le salió perfecto. Tomy que veía todo sintió como un dolor en el estómago, no era como otras veces porque ahora sí había comido bien. 8 Significa“Odio verte”en coreano. Nodejesqueelvientonosarrastre 53 Entrenosotrosdos Gisela entró con los ojos rojos al gimnasio. Tomy estaba ya ensayando la coreografía. Como buena profesional, se acopló a él en la danza y le siguió el rit- mo. Los clientes ni se dieron cuenta de la pena que embargaba a la joven profesora. Pero él sí. Cuando salieron del local, la estrechó hacia él agarrándole los hom- bros y le refregó la cabeza como hacía con sus amigos varones.“ ¿Qué pasa, niña?”. “Tomy me peleé con mi padrastro. Me echó de su casa”.“¿Oye qué pasó?”, preguntó él. “Estoy harta de verlo maltratar a mi mamá. Le recrimina que esté todo el día postrada en la cama, que no quiera hacer nada. Desde que murió Joaquín que ella es casi un vegetal, sin emoción. Pero no puedo ver que este tipo le grite y la haga sufrir más. Le grité, le dije todo lo que pensaba, lo que tenía atragantado. Y ya no quiero volver”. Apretaba los labios como para no llorar, pero no pudo evitarlo, Tomy sentía una gran tristeza de verla así:“Ya, algo vamos a hacer…” Caminó con ella hasta la hospedería que conocía, donde daban alber- gue a la gente sin hogar, pero en el trayecto se lo encontró a Mariano,  quien los saludó a ambos. Se sentaron en unos bancos de la plaza. Gisela le contó todo lo que le había ocurrido. Mariano era un extraño para ella, pero desde que lo vio le causó buena impresión y confianza. “Por esta noche podés dormir en mi casa”. Hay una camita en el sóta- no… Bueno, es lo que hay, pero te puede servir”, le dijo. Fueron hasta la casa de los Thompson. Cuando entraron Cheny los vio, Mariano le pidió silencio“Después te explico”, le dijo.
  • 27. MarianaValle 58 nombre, sin embargo lo sintió como una traición, estaba seguro que era de Mica. Después vino toda la trama que terminó involucrando a Cheny que ahora estaba parada frente a él con unos jeans y una camisa blanca. Él la saludó y la invitó a sentarse. La conversación entre ellos fluía muy espontáneamente. Realmente se divertían juntos. Él la sentía como una amiga y, en esos momentos, se olvidaba de que ella debía ser instrumento de su venganza. Es más, hasta llegó a pensar que podría enamorarse de alguien como ella: inteligente, divertida, senci- lla, dulce. Miró el reloj: eran las cinco y 20.“Qué me querías decir?”, preguntó sin adivinar la trama secreta que se envolvía sobre ella. “Te quería decir que… desde que te conocí me pasan cosas con vos, que me parecés hermosa y me encanta pasar el tiempo con vos”. La miró fijamente y ella bajó la mirada, se sentía nerviosa, asustada. “Yo…” Antes de lo previsto (unos minutos) vio caminar hacia allí a Tomy y a Mariano (junto con Benja) que a las 5 y 30 ensayaban ahí con la re- ciente banda musical en proceso de formación: Una fusión inusitada de rock y cuarteto. Cheng no los vio, pues su mirada estaba en la dirección opuesta. Súbitamente Julián le arrebató un beso. Mariano se vino como una mecha encendida de furia hacia él y le gritó“¡¿qué hacés con mi hermana!?”. Tomy fue más allá, le pegó con el puño derecho y le dejó sangrando la nariz. “¿Qué hacés?, ¡pará!”, le gritó Cheny, todavía sorprendida por la acti- tud de Julián. Sin mediar palabra alguna, Tomy emprendió la vuelta, como un autó- mata. Estaba ciego de rencor, de desilusión. Atrás los dejo a Cheny, a Mariano y a Julián. Nodejesqueelvientonosarrastre 55 Decididamente eso le hizo“perder la cabeza”a Mariano.“Querría que- darme toda la noche charlando con ella y mirándola”, pensó. Tomy volvió a ver a Cheny antes de entrar al cuarto. “Hoy estuviste toda la mañana evitándome, ¿qué te pasa”, le preguntó el muchacho. “Nada”contestó ella con pretendido tono de indiferencia que no pudo esconder su bronca de haberlo visto con Gisela el otro día. “Ey, ¿Tú estás enojada? Por lo que veo en tu cara…”, le preguntó sos- teniéndola del brazo. “¡Estoy cansada, Tomy!”dijo ella y abrió la puerta de su cuarto. “¡Cheny!...”, dijo él, del otro lado de la puerta cerrada.“Eres más linda cuando te enojás”. Al otro día Cheny recibió un mensaje de Julián invitándola a tomar algo. Ella aceptó. La pasaron muy bien ambos, charlaron muy entretenidamente toda la tarde. Julián tenía un propósito: molestar a Mariano, quien había salido un par de veces con su actual novia y para ello Cheny era el instrumento de su venganza. Pero estando junto a ella eso se le olvidaba. Descubrió que era una muy buena persona y hasta empezó a encariñarse con la muchacha. Cuando salieron del bar, él la abrazó y le dijo“la pase muy bien con vos”.“Yo también”, dijo ella. Y no mintió. Caminaba hacia su casa cuando empezó a llover. Sintió que alguien corría detrás suyo, por el ruido de los chapotazos sobre la calle. “No te mojés, por favor”, le dijo Tomy y le puso su campera de lana apelmazada sobre los hombros. “Y tú de dónde vienes”, preguntó él con el ceño fruncido (cuando es- taba enojado le salían los modismos colombianos y el trato de“tú”).
  • 28. MarianaValle 56 “Estaba con Julián”dijo ella livianamente. Sin embargo, esas palabras le cayeron como un balde de agua fría a él. Se quedó en silencio un largo rato, estaba juntando cosas para decir, tenía bronca acumulada, rumiando los pensamientos lentamente como una vaca parsimoniosa sobre el pasto. “¿Sabes que me molesta de tí?”, le dijo.”¿Qué?”, preguntó ella.“Nada deja, me voy a mi lugar de la casa”y señaló el cuartito de las herra- mientas, corroído por la humedad, donde estaba durmiendo actual- mente. Era el mejor sitio que había encontrado para dormir en años, aún cuando una gota le cayera sobre la nariz cuando llovía mucho. Y finalmente entraron a la casa, cada uno en dirección opuesta, ella se quedó mirándolo, hubiera querido decirle algo, pero se tragó los vocablos entre los labios apretujados. Él sintió cierto temor.“Sé que ella me ama, pero… hay tantas cosas entre nosotros dos”. Nodejesqueelvientonosarrastre 57 Serompiócomoporcelana “Te espero en la plaza del frente del cole a las 5. Tengo algo que decir- te” decía el mensaje de Julián. Lo había planeado desde el día anterior, sabía que a las 5 y 30 Tomy y Mariano estarían allí. Ese día se sintió mal y no quiso desayunar con sus hermanos. Julián era, en el fondo, un chico de gran corazón, pero muy pendenciero. Su padre se había ido con otra mujer y los había dejado solos a él y a sus cinco hermanos. Desde los 11 que trabajaba, lustrando zapatos, ven- diendo diarios, etc., etc. Siempre rebuscándosela para colaborar con la precaria economía de su hogar. Estaba haciendo unos trabajos de albañilería cuando la conoció a Mica, que vivía justo en ese edificio. Se quedó prendado de sus ojos, desde el primer momento. Para él ella era una especie de princesa inalcanzable. Algo de lo que ni siquiera se sentía digno. Desde que la conoció no pudo dejar de pensar en ella, en especial, en ese rostro tan bello iluminado por esos ojos azules. Quiso el destino o la suerte que se encontraran en un boliche. Ella estaba con unas amigas, muy divertida. Él se le acercó y la invitó a bailar. “¿De a dos es mejor, no?”, le dijo. Ella reía a todo comentario suyo. Hablaron mucho mientras bailaban. De sus preferencias musicales, del colegio, de los amigos... Allí pudo descubrir a una muchacha cálida y sencilla, incluso un poco ver- gonzosa, muy diferente a la imagen distante que se había hecho de ella. Cuando la vio, una semana después, junto a Mariano se enfureció. Una vez, charlando con él, le había confesado que estaba pro- fundamente enamorado de alguien, pero no se atrevió a decir su
  • 29. MarianaValle 62 Le costó derribar a Tomy - flaco y desgarbado, pero muy alto- sin em- bargo éste colaboró con su empresa porque le divertía su actitud. Cuando ella se fue, él se quedo acostado un rato sobre el piso, mien- tras una hormiga curiosa le trepaba por la nariz. Tenía una mezcla intensa de sensaciones: culpa, enojo consigo mismo, temor… y amor. Ese gesto formaba parte para él de un cúmulo de actitudes le fascina- ban de ella, que la hacían diferente a todas y que lo enamoraban. Más tarde golpeó la puerta de cuarto de Cheny (quien sabía que no estaba) y entró a hablar con su hermanita. “¡Alo, nena!, le dijo,“¿puedo preguntarte algo sobre tu hermana”. Lisi lo invitó a sentarse en una sillita rosa y le ofreció una masita. Se sentía muy halagada de recibir visitas, y más aTomy porque en el fondo lo quería mucho. A su alrededor otros muñecos y muñecas“tomaban el té”. “Oye, quiero saber qué hace tu hermana cuando esta triste… o se enoja…”, le dijo. “Bueno… Cuando mi hermana está triste no quiere decir nada, se queda como muda. A veces no quiere ni comer. Y se tira a la cama y mira el techo. A veces lee… o habla con su amiga Lou y le cuenta lo que le pasó. Y si está muy triste se pone la cabeza en la almohada y yo no le veo la cara, pero la escucho llorar…”. Tony escuchaba expectante.“Y… ¿cuándo se enoja?….” “Ufff… (la nena hizo un ademán agitando las manos en señal de que era de temerse cuando eso sucedía ). “Mirá cuando se pelean con Mariano, le dice palabras en coreano y a veces le hace uno de esos golpes que le quiere doblar la mano, o tirarlo.” Tomy se quedó anonadado:“¿Y tu hermano que hace?”.“Y como él tiene más fuerza él la tira al piso y ella llama a alguien… o se que- da un rato tirada y diciendo cosas raras, en coreano supongo”. Pero cuando más, más enojada está no dice nada, como aquélla vez que Nodejesqueelvientonosarrastre 59 “Él me besó a mí”yo no quería, le dijo Cheny a su hermano.“Lo voy a matar al guaso éste si te jode de nuevo”, le replicó aquél. “¿A dónde está Tomy?”, preguntó ella al regresar a su casa. Al no encon- trarla se sentó afligida, en su cuarto, mirando el jardín. Recordó su pri- mer encuentro en la plaza y que tanto había significado para ella que aún conservaba, casi petrificado el alfajor que le había obsequiado… Tomy, en cambio, fue a buscarla a Gisela. Sólo ella lograba calmarlo cuando estaba mal, era la“incondicional”. Era temprano, deambula- ron por las calles de Buenos Aires hasta que comenzó a anochecer. Entraron a un bar de mal aspecto situado en La Bajada Alvear. La presión del momento lo llevó a besarla. Ese beso fue para él un consuelo, una venganza, una compensación de su orgullo macerado tras el beso de Julián y Cheny. Para ella, sin embargo, ese beso significó una ilusión hecha realidad, fue como llegar al tesoro tan preciado tras años de buscarlo. Pero él se arrepintió pronto de lo ocurrido. Cuando retornó, vio a cheny sentada en las escaleras de la sala: esta- ba llorando.“Tomy…”, le dijo con la voz entrecortada. “Tengo sueño…me voy a acostar”dijo a secas, él. “¿De dónde venís?”le dijo Mariano cuando lo vio en el pasillo. “Salí con Gisela”. “¿Pasó algo?”, le preguntó inquietado Mariano. “Nos besamos”, respondió Ernesto sin saber que acababa de las- timar plenamente el sueño de su amigo. Ni siquiera quería decir esas palabras, confesar lo ocurrido, pero fue como una trampa del inconsciente, un acto fallido. Mariano presentía que eso ocurriría, pero no que le iba a doler tanto como le dolió. Le cambió de tema rápidamente: “Julián es una basura. La hizo ir a Cheny y la besó por la fuerza para vengarse de mí”, me lo confesó. Si me agarraba en un mal día lo surtía a trompadas”.
  • 30. MarianaValle 60 Tomy se quedó anonadado.Cuando miró hacia atrás la vio parada frente a él: escuchó todo. Su mirada, sin embargo, no era de bronca, ni siquiera de reproche, sino de uno de los sentimientos más doloro- sos: la desilusión. Ella no dijo nada y entró al cuarto. Mariano le palmeó la espalda y le dijo serio “mañana hablamos” (acarreaba su propia frustra- ción también). A veces alguien nos obsequia algo maravilloso…algo que parece tan lindo que nos da miedo de sólo pensar en que pueda romperse. Por ejemplo un objeto de porcelana. Entonces, nosotros lo escondemos, lo apartamos, lo cuidamos recelosos de los avatares del entorno, de quienes puedan dañarlos. Y a veces a nosotros mismos se nos rom- pen y cuando vemos las piezas ya esparcidas por el suelo pensamos: “¿intento reconstruirlo o me resigno a perderlo?”. Cheny sintió que su amor por Tomy se había roto, como porcelana. Lo amaba, sí, pero ese amor estaba profundamente herido. Tomy sintió que había dañado su más preciado tesoro: Cheny.  Él mis- mo lo había hecho, con su propia actitud. Ahora pensaba en ello con uno de los sentimientos más terribles del hombre: la culpa. Lo que tanto cuidaba lo había roto como a un hermoso objeto de porcelana. Esa noche pensó cientos de veces en cómo reconstruir las piezas…  Nodejesqueelvientonosarrastre 61 Reconstruyendolaspiezas “¡Anda, déjame hablar contigo!”él corría detrás de ella, que era indife- rente a sus ruegos. “Por lo menos déjame explicarte, escuchame, necesito hablar con vos…”, le imploraba Tomy nervioso mezclando los modismos argenti- nos y colombianos. Ella se dio vuelta y en tono grave y tajante le dijo“No tengo nada que hablar con vos”. A lo cual él, que no se deba por vencido, le dijo:“Si estás enojada, pé- game, aunque sea… me lo merezco, pero no me dejés así Cheny…”. Ella le lanzó una advertencia:“¡Basta, andate!”. Había llegado al punto máximo de su fastidio, cuando sentía como un cosquilleo por el cuer- po y se le encendían las mejillas. Y Tomy, seguía insistente: hasta le tomo una mano y trato de acercar- la a él por la fuerza. Cheny sintió la misma bronca que cuando aquél chico le había tirado la torre de su amiga.  Le agarró la otra mano de Tomy -que estaba pasmado de asombro al ver súbitamente la ex- presión iracunda de Cheng- se la dobló detrás de la espalda y con la rodilla le pegó en la cintura. Tomy, anonadado por su actitud, se tiró al piso, haciendo aspamento,  como sin en verdad le hubiese dolido mucho (bueno, lo cierto es que algo le dolió el golpe de la chica, pero no tanto).  “¡Me mataste!”, le dijo, mientras Cheny sonreía ufana. “Te dije que no me molestés”. Ese golpe se lo había enseñado su pa- dre (el biológico) cuando era chiquita y para su familia constituía un mecanismo de defensa contra los ataques de los extraños. En verdad no quería dañar a Tomy, sino hacerle saber que no iba a amilanarse ante nadie y que realmente estaba enojada.
  • 31. MarianaValle 66 do como un loco. La mujer por una rendija de la ventana le decía que se fuera a lo de su hermana, que en esas condiciones no lo iba a dejar pasar. Estaba completamente borracho. Tomy intervino en la situación:“Señor, hágale caso, no haga más pro- blemas por hoy. Mañana va a estar mejor y su mujer lo va recibir…”. El hombre sin mediar palabra le pegó una trompada que casi lo  tira al suelo. Tomy  lo empujó y le agarró ambas manos como esposándo- lo:“¡Ey! ¿Qué está loco? ¡Váyase de acá o llamo a la policía!”. La mujer gritaba:“¡Tiene razón Jorge!, andate porque voy a llamar en serio…”. El tipo se fue, medio tambaleando, al final. Gisela salio y lo abrazó. Estaba llorando sobre su hombro y las lá- grimas le mojaron la remera.“Gracias por estar acá. Te amo ”le dijo entre sollozos. Él no pudo decirle nada de lo que tenía pensado. La estrechó y la contuvo hasta que se calmó un poco. “Va a estar todo bien”, le dijo y le acarició el pelo. “Quedate, tenés la nariz y la boca con sangre”.“No. Estoy bien. Voy a estar bien”, dijo. Ella le volvió a insistir, pero al final lo dejó ir. Tomy llegó a la casa con un gran dolor de cabeza, además de las he- ridas y, sobre todo, sentía lastima por“la Gi”(así le decía) y culpa por haber herido a Cheny. Ésta  salía de su cuarto cuando lo vio llegar:“ ¡¿qué te pasó,  quién te hizo eso!?” “Nada, no importa. Estoy bien” “No, vení a la cocina”, dijo ella. Nodejesqueelvientonosarrastre 63 Mariano le rompió el jarrón de su abuela con la pelota. Tomy conjeturó:“¿Entonces si te pega no está taaaan enojada, no?”. “No”, dijo Lisi y a continuación le ofreció una“taza de té”. Tomy se sin- tió aliviado. “¿Y cómo hacés para que te perdone?, preguntó el muchacho aprove- chando la sagacidad infantil de la niña para comprender a su hermana. “Mirá –dijo ella- una vez le rompimos el diario con mi hermano. Y no nos quería ni hablar. Le hicimos un dibujo de ella adentro de un cora- zón y yo le puse mucha brillantina”. Acto seguido se lo mostró.“Vaya…qué lindo”, dijo Tomy, impresiona- do por el cuardo vanguardista apelmazado de plasticola. “¿Querés brillantina”, le ofreció ella.“No, pero gracias. Estaba muy rico esto”, le dijo señalando una masita de masapán. “Mi papá me dijo que esas no se comen, porque te salen bichos en la panza”. Tomy ya se acababa de comer la segunda. Antes de irse Lisi le dijo“Ojalá que vuelvan a ser novios”. Tomy no pudo contener la carcajada“Shhh”, le dijo llevándose un dedo a la boca. La nena sonrió en señal de aprobación. Gisela se apareció ese día en la casa de los Thompson  mucho más acicalada que de costumbre. Se lo encontró a Mariano que casi se desmaya cuando la ve tan linda. “Tomy, no está, si lo buscás a él…”le dijo.“Uy, que malondón, che, yo venía para hablar con él, bueno me voy”y, acto seguido, le pal- meó el hombro. “Espera Gisela te acompaño…”, le dijo Mariano y salió con ella. “El día está hermoso,  ¿no querés ir a tomar algo? “Nosé,yaentroallaburodentrodeunrato…“Ah…¿estás…?”.“Sí”,seade- lantóella:“laayudoamitíaenlapeluquería,estoyvendiendochampús”.
  • 32. MarianaValle 64 Mariano la invitó a comer un choripán en el Parque Sarmiento. Esa no hubiera sido una salida adecuada para Mica, pero le parecía perfecta para Gisela. Hablaron de todo un poco y el tiempo pasó rápidamente. En un momento ella le empezó a hablar de Tomy:“Desde que está en tu casa está raro. No es el mismo…”.“¡Yo lo amo al guaso!”, las pa- labras le brotaron sin querer de la boca y retumbaron en los oídos de Mariano… Ella, que ya le había revelado el secreto, continuó:“Creo que le pasa algo, en serio, con otra minita. ¿Vos sabés algo?”. “No, no sé”dijo él, pero pensó súbitamente en Cheny con cierto temor… A las tres de la tarde ella entraba a trabajar y él la acompañó. Definitivamente estaba enamorado ya de ella, todo era perfecto para él: su belleza exterior, pero también su hermosa forma de ser.“Tan genuina y simple…”, pensó. Mientras tanto, Tomy estaba en el desván buscando entre los libros algo interesante para dedicarle a Cheny. Encontró un libro con una recopilación de poemas inspirados en la cultura oriental que leyó con interés: “El Haiku es una de las formas más bellas de la literatura japonesa. Se trata de un poema corto que generalmente consta de de diecisiete sílabas, distribuidas en tres versos y que busca transmitir una imagen al lector” Eligió un haiku del poeta Marcel Valloisk y se dispuso a escribir una carta. Agarraba un papel, tachaba, lo hacía un bollo y lo tiraba. Nunca había hecho algo así y le costaba horrores. Al final trató de poner las pala- bras tal como se le venían a la cabeza. La carta quedó así: Nodejesqueelvientonosarrastre 65 Mi prinsesa oriental : Estoy arrepentido de lo que paso, fui un idiota. Me ciento muy enojado de haberte lastimado. Me lo tenia bien mere- cido al golpe que me diste. Yo te amo y lo menos que queria en el mundo es lastimarte. Sos la persona que mas me im- porta. Aunque halla cosas y personas que no nos dejen estar jun- tos, yo voy a luchar por estar con vos. Te cuento un secreto: sos la cosita mas linda que vi en mi vida, ¡¡hasta cuando me pegas!! Este poema, que es un “haiku” de la tradición oriental re- sume lo que siento por vos: AMOR Estremecedor recuerdo En corazón palpitante De unas pupilas brillantes. Te amo. Un beso muy dulce y un abrazo gigante.                                                                   Ernesto Manuel Zelaya. Pd: Perdon por mis herrores ortográficos Ella encontró la carta en un sobre, debajo de la puerta. Le pareció hermosa, hasta con los errores de ortografía y todo. Tomy estaba dispuesto a arreglar las cosas y eso implicaba hablar con Gisela y pedirle perdón. Cuando llegó a su domicilio se encontró con una situación muy tensa. Su padrastro golpeaba a patadas la puerta de la humilde casa gritan-
  • 33. MarianaValle 70 “Yo soy su amigo, podés confiar en mí, ¿venís de tan lejos? Acompá- ñame, vamos a tomar algo y me contás mejor”.“Ok”, dijo el joven. Se sentaron en la mesa de un bar.“Conozco al tío de Ernesto. Soy In- geniero Civil. Estuve en Bogotá haciendo una digitalización de planos de Obras Hidráulicas,  Obras de Drenaje Vial y Diseño de Movilidad del Urbanismo…” “Ah, pará…Yo me quedé  en“Bogotá”…jeje…”, dijo Mariano anonadado. “Bueno lo conocí a Francisco, el tío de Tomy, en una obra. Él es albañil. Es un gran hombre y cuando le comenté que me venía para la Argenti- na me dio algo muy importante para Ernesto, algo de dinero (dijo mos- trándole un sobre marrón). Mira, este es mi número de teléfono, dile que me llame, es urgente. Francisco quiere que su sobrino compre un boleto para Bogotá y yo tengo el dinero para dárselo a tu amigo”. Mariano guardó el número. Amenizando la situación Luis, el venezolano, le comentó:“Me voy a un recital de Soda Stereo… Tengo dos entradas de más por unos ami- gos que me fallaron, ¿quieres venir conmigo?, puedes invitar algún amigo o amiga….”, le dijo a Mariano, agradecido por su predisposi- ción y buen recibimiento. Éste le comentó“Si, me gustaría ir con una chica”. Y ya que se sentía cómodo y a gusto con el venezolano, le dijo con una sonrisa:“Vos tenés cara de saber mucho de mujeres…”.“¿Yo? Naaa, qué va”le con- testó el otro. “Sí, yo creo que me mentís. Mirá: conozco a una chica que es preciosa y me tiene loco, pero gusta de mi mejor amigo. Y yo no sé qué hacer” “¿Y tu amigo gusta de ella?”, le preguntó Luis.“No creo”, dijo Mariano (y volvió a pensar en Cheny). “Pues yo le diría lo que siento”dijo el joven “No es tan fácil… no quiero perder su amistad, que piense que me la quiero levantar como a cualquier minita. Ella me importa de verdad. Nodejesqueelvientonosarrastre 67 Sacó el botiquín de primeros auxilios y le puso agua oxigenada. “Es un bestia ese tipo”dijo enfurecida después que él le contó. “Ya…estoybien,gracias…portodo”,dijoélsonriendovergonzosamente. Le encantaba a él verla así en esa actitud maternal, tan preocupada, queriendo cuidarlo.“¿seguro?”, le preguntó Cheng aún con rostro de preocupación. “Bueno, podrías hacer algo por mí…”.“¿Qué?”, dijo Cheny en total acti- tud de predisposición a auxiliar a Tomy, cual si fuese una enfermera. “Abrázame”dijo él. Ella se quedó pasmada, no esperaba que le pidiera eso. El se acercó a ella y la abrazó, ella no se resistió y lo abrazó también. Él suspiró al volver a sentir el aroma de su piel y tenerla de vuelta entre sus brazos. Estuvieron un largo tiempo así:“¿Estás mejor”, le dijo ella. “Sí gracias…”dijo él y le besó la mejilla.“Buenas noches” “Buenas noches” dijo ella- y se quedó un rato pensando: “no debe- ría haberlo abrazado, estoy enojada con él”, pero lo cierto es que se sintió maravillosamente bien en ese momento y no pudo ni pensar en eso. Tomy se acostó y se quedó pensando: de cualquier costado que se ubicara le irritaba la piel lastimada al roce de la almohada. Se durmió boca arriba acordándose del aquél abrazo…
  • 34. MarianaValle 68 Lainvitación “Es tarde a la noche, ella busca qué vestir. Después se maquilla y peina su largo pelo y me pregunta:< ¿Me veo bien?> Le digo: Sí, estás maravillosa, hoy” (11) Roque era para él casi como el padre que apenas tuvo, le tenía un cariño muy profundo. Vendía zoquetes y medias largas a “3x10” en la zona de Colón y Urquiza y alquilaba una pensión barata en barrio Güemes. En el poco tiempo desde que lo conocía se había ganado su con- fianza, su amistad y su lealtad. Por eso le fue sincero cuando le pre- guntó:“¿Qué te pasa, euh?”, después de observarlo con la mirada perdida, mientras sostenía una bolsa con pintura que había ido a comprar al centro. “¿Es una cuestión de polleras (12)?”adivinó el anciano. Tomy le reveló su secreto, lo que sentía por Cheny. El hombre no se vio muy sorprendido por la confesión:“Te he visto como andás encamotado…jeje”(13)“¿Y qué puedo hacer?”, pregun- tó Tomy. “Cuando yo tenía tu edad conocí a una chica que era perfecta para mí. Lo que significa: una mujer que aún con sus errores y su mal humor nos hace sentir maravillosamente bien cuando estamos a su lado. Era una tipaza (14). 11 Tema del cantante Eric Clapton 12 Es una expresión popular para referirse a“una cuestión de mujeres” 13 Significa en la jerga popular“estar obnubilado por amor” 14 Significa“una gran mujer” Nodejesqueelvientonosarrastre 69 Ella vivía en mis pagos, allá en Santiago del Estero. Nos conocíamos desde chiquitos y compartíamos todo. Ella se puso de novia, con un hacendado rico de la zona. Tenía 16 años cuando me confesó que no lo amaba, que me amaba a mí y que estaba dispuesta a dejarlo todo por estar a mi lado. ¿Qué te parece?Nos íbamos a encontrar se- cretamente en la plaza mayor del pueblo, íbamos a hacer las valijas y partiríamos rumbo a Uruguay, donde ella tenía familiares de dine- ro que le ofrecían hospedaje y trabajo, como camarera. Lo teníamos todo cocinado (15). La mañana de ese día llegó  mi hermano con un pasaje en tren a Córdoba para él y para mí. Me convenció de que ese era mi destino. Que seguirla a ella era una locura, que sus padres no lo consentirían y todo sería terrible para mí. Muchas veces pensé en cuánto habrá llorado esa muchacha después de esperarme horas y horas en ese banco. Si de algo estoy seguro es que me amaba más que nadie. Y yo me quedé solo, acá. No encontré nunca más una mujer como ella. No tuve hijos. Cosas de la vida, qué se yo. Siempre quise cambiar el tiem- po….”. El hombre se sentía como tranquilo de su revelación, y le dijo“No la pierdas, si la amás. No cometás el mismo error que yo…”y después con énfasis y simpatía estrepitosamente volvió a su oficio:“Medias, medias, 3 pares, 10 pesitos. Aproveche señora, aproveche señor…” Tomy pensó mucho en sus palabras a lo largo del día Un muchacho llegó a la casa por la tarde y toco el timbre de la resi- dencia: Pregunto por“Ernesto Manuel Zelaya”. Mariano, que estaba justo por ahí le dijo al guardia de seguridad que no se preocupara, que si era un conocido de Tomy era de confianza y lo dejó pasar. “Tomy no está, salió a comprar, ¿qué te hace falta?”. “Bueno… yo necesito hablar con él, vengo de muy lejos, de Venezue- la, y tengo algo importante para decirle.” 15 Significa“planeado”
  • 35. MarianaValle 74 en los labios. Se había delineado los ojos y se marcaban aún más sus rasgos orientales. “Acá estoy”, dijo ella, algo nerviosa. El chico estaba mudo. “¿Estoy bien?”, preguntó para romper el silencio. “Maravillosa”, dijo Tomy que estaba conmocionado por su belleza. Salieron los dos por la puerta del fondo sin que los vieran. Caminaron algunas cuadras en silencio. Él cada tanto la miraba y sonreía, le parecía hermoso caminar junto a ella por las veredas de Córdoba y que los demás miraran la chica tan linda que iba a su lado, su tesoro. Estaba muy nervioso y ella también. “Está lindo el día, digo la noche…”.“Sí”, dijo ella y sonrió. El acercó muy despacio su mano a la suya y se la tomó. Después hablaron de cosas sin demasiada importancia, pero que pa- recían más que relevantes en ese momento. Llegaron a un lujoso restaurante el zona más pintoresca al frente de la famosa Cañada (18). Tomy se tocó la billetera adentro del bolsillo:“Esto te va a costar carito Ernestito...”, pensó, pero nada le importaba más que estar ahí junto a ella. 18 Emblema de Córdoba. Construcción armada en torno a las aguas del lago San Roque. Nodejesqueelvientonosarrastre 71 A veces incluso pienso que no la merezco, que es mucho para mí” “Mmmm (pensó Luis). Entonces primero hazle saber cuánto la quieres  y después que estás enamorado de ella”. “¡Ah!, ¡Sos un capo!”le dijo Mariano con una sonrisa y salió a preparar- se para buscar a Gisela. Cuando lo vio a Tomy le comentó lo de Luis, le pidió el teléfono y la dirección de Gisela.“No tiene teléfono”te doy la dirección”, le dijo de mala gana. Temía que éste (por su fama de mujeriego) la hiciera sufrir. Mariano tocó el timbre de la casa humilde de San Vicente. Se sorprendió de verla, parecía una pocilga. Las paredes estaban to- talmente corroídas por la humedad y la puerta de madera estaba toda descascarada. Gisela se sorprendió también cuando lo vio y sintió cierta vergüenza de que alguien de familia adinerada cómo él viera el lugar dónde vivía. “No puedo ir, pero gracias”, le respondió a la invitación de Mariano. El muchacho, insistente, le pidió que le diera motivos. “Tengo que cuidar a mi mamá”. Él se dio cuenta que ella estaba ner- viosa y con los ojos encristalados como si hubiese llorado. Finalmente le comentó la discusión con el padrastro y que temía que éste volviera y maltratara a su madre. “Sos joven, tenés que divertirte. Tu mamá va a estar bien. Está con tu abuela. Y cualquier cosa llama a la policía o a mí y venimos rápido a ver qué pasa.Yo le voy a dejar un celular (la mujer no tenía ni teléfo- no). Vos necesitás divertirte: Va a estar todo bien.” Gisela sintió cierta seguridad de escuchar esas palabras, como las sentía cuando se lo decía Tomy. “Voy a tratar de sacarme un poco de angustia, pero va a ser difícil” comentó ella con resignación.
  • 36. MarianaValle 72 El recital estaba muy bueno. Había unas miles de personas amonto- nadas, pero cuando Mariano la miraba a Gisela sentía que estaban solos ellos dos. Ella estaba vestida muy sencilla y humildemente y aún así se veía hermosa y deslumbraba para él, hubiera preferido ir a un buen baile de cuarteto, pero aun así se sentía a gusto. “Cuando me quedo solo suspirando formas de humo Dulce criatura nunca estás segura: soy tan dependiente de tu amor…”(16) Mariano le tarareó esa canción al oído:“Soy tan dependiente de tu amor”le susurró. Ella se río:“¡salí de acá chamuyero (17)!”le dijo y lo empujó, pero suavemente. “Gi, te tengo que decir algo…”acotó muy seriamente:“Te quiero mu- cho, hermosa”y la abrazó fuertemente. Fue un abrazo intenso, tal vez, mucho más que un beso porque les llegó al alma de cada uno, les tocó sus respectivas heridas (las que llevaban en sus cortas vidas) y se las alivió en ese instante. Tomy golpeó el cuarto de Cheny“¿Puedo hablar con vos?”, le dijo. “No, ahora no”dijo ella firmemente.“Yo me voy a buscar mi muñeca que me quedó abajo”dijo Lisi y se retiró del cuarto. “Estamos solos”, le dijo él. “Tomy no quiero hablar con vos, hoy no”suspiró Cheny. “¿Tenés planes para esta noche?, le preguntó él.“No. Pensaba ir a lo de Flor, pero al final ella tenía visitas y lo postergamos” 16 Fragmento de la letra de la canción“Claroscuro”de Soda Stéreo. 17 En Córdoba la expresión significa“alguien que con fines persuasivos inventa cosas”. Nodejesqueelvientonosarrastre 73 “¿Tu papá sabe… que no vas nada?”preguntó él con mucha expecta- tiva.“No…todavía no le dije.”, respondió ella previniendo lo que él le iba a proponer. “¡Salí conmigo Cheny!, Esta noche. Vos y yo… por favor…” “No, Tomy, vos me heriste y me prometiste que nunca lo ibas a hacer, me mentiste”. “Sí, fue un estúpido, me odio. Pero todo fue equivocación. Vos sos lo más importante que yo tengo. Estoy acá por vos. Cuando te vi en esa sala de terapia intensiva sentí el mismo dolor que cuando murieron mis viejos. Me acordé detodo eso. Te juro que fue espantoso y ahí me di cuenta. Que no te voy a perder a vos, a menos si te pierdo, es porque hice todo lo que pude y no alcanzó”(esa frase le quedaría profundamente grabada años después). “Dame esta oportunidad. La última…”, dijo Tomy, implorando. Ella le dijo.“Lo voy a pensar. No te prometo nada”. “Te espero a las 9 en mi cuarto (Mariano no está). Voy a estar rogando que golpeés esa puerta, como un tonto.” Eran las 8: Se bañó, se cambió. Le robó una camisa, un pantalón y unos zapatos a Mariano.“Esta situación lo amerita amigo”, pensó. A las 8 y 30 estaba nervioso sentado en la cama. Esperando el hermo- so sonido del golpe de la puerta. Jugaba con los nudillos de sus dedos, se puso a hacer malabares con el centro de mesa. Se sentó de vuelta. Se acostó. Se hicieron las nueve, las nueve y 5, las nueve y 10, las 9 y 15… Miró el pa- pel con el celular de Marcos, lo guardó en un cajoncito de la cómoda. Desesperanzado ya, escuchó el mágico“toc, toc”. La chica que estaba del otro lado tenía un vestido rojo con flores blancas, el pelo lacio negro y brillante que le caía hasta la espalda y que contrastaba con su piel pálida… y con el poquito de rubor en las mejillas y algo de color
  • 37. Nodejesqueelvientonosarrastre 79 “¿¡qué!?”dijo Tomy que no lo podía creer.“ ¿No… tenés esa plata, no cierto? Dijo ella en tono muy suave. “Bueno… Sé lavar bien los platos, ¿me esperás un rato?”, dijo tántean- dose los bolsillos mientras sacaba, nervioso, un par de monedas y billetes arrugados y un pañuelito bordado con su nombre, regalo de su abuela. “Los lavamos juntos”sugirió ella, a quien la situación le provocaba mucha ternura. “Tengo una idea mejor –dijo ella después -. He observado que el mozo tiene unos lentes muy grandes como vidrio de botella…Y es muy dis- traído, recién iba con una fuente tropezó y se le cayeron las papas.Yo lo noté. Puedo hacer como que me voy al baño y salir rumbo hacia la puer- ta.Y vos un ratito después, te metés entre todas esas mesas llenas y te vas disimuladamente hacia la puerta y… ¡corremos!” Tomy no tuvo tiempo de pensarlo porque ella se levantó, tomó  su bolso y se fue. Tiempo después él hizo lo mismo. Corrieron como locos unas cin- co cuadras. Se rieron mucho del momento, estaban ambos colorados y agitados por semejante aventura. Salieron corriendo y riendo y se sentaron frente a La Cañada, bajo la luz de la luna, a observar las aguas mansas que le provocaron lo que a los amantes los canales de Venecia por la emoción que llevaban dentro. La noche estaba estrellada y se podía decir que titilaban azu- les, los astros a lo lejos (21). Él se sentó a su lado, sobre la baranda y con los pies colgando y la ayudó a sentarse a su lado. Despacio acercó sus dedos a los de ella y le tomó la mano. 21 Fragmento del célebre poema número 20 de Pablo Neruda Av.ColónyMarceloT.deAlvear,LaCañada,Córdoba