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Kilima 125 Marzo 2020

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125ª edición de la Revistilla Kilima

Publicado en: Noticias y política
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Kilima 125 Marzo 2020

  1. 1. Queridos amigos: Tenemos dos culturas diferentes. No sólo se trata de la diferencia del color de la piel, sino que nuestra forma de pensar tampoco coincide. Una Congregación de religiosas que reside en la parroquia, había elegido su convento como centro de formación de las postulantes o novicias. Llegaron un grupo de nueve chicas jóvenes de diferentes provincias para seguir los consejos de la encargada de su formación, tendrían unos 20 años, y todo se desarrollaba con normalidad hasta que un día una de ellas enfermó seriamente víctima de una fuerte depresión. La llevaron al hospital. El médico que la trató la prescribió un montón de medicinas y mucho reposo. Sin embargo, les advirtió a las monjas que si su enfermedad se prorrogaba más del tiempo previsto tendrían que actuar de forma diferente. Pasaron los días, las semanas y los meses y la enferma continuaba en la misma situación y entonces las monjas le pidieron su parecer al doctor que la había tratado y éste les dijo que no podría hacer nada por la enferma y que su curación dependía de su regreso a su familia. Según su opinión, alguna persona de su entorno obstaculizaba el que pudiera continuar su formación religiosa y tendrían que buscar en su casa quién sería esa persona y ver la forma de arreglarse con ella, de lo contrario tendría serias dificultades en su vida. Después de varias reuniones familiares, descubrieron que quien estaba destinado a recibir la dote por el casamiento de esta chica, se oponía a su ingreso en la vida religiosa ya que no estaba dispuesto a contentarse con tener a una sobrina religiosa y quedarse sin la dote que le correspondería. Le echó una maldición y es eso que provocó la fuerte depresión que fue la causa de que abandonara la vida religiosa. Una vez arreglado el conflicto, la chica ha recobrado la salud, pero no creo que intente de nuevo regresar a la vida religiosa. Hace falta tener mucha personalidad para enfrentarse a las desavenencias familiares. En las afueras de Likasi hemos preparado un lugar para el culto de la Virgen. Es una colina, en cuya cima se he colocado una cruz que se ilumina por las noches y hace como guía para los que vienen de Lubumbashi, ya que se encuentra sobre la carretera que une Lubumbashi con Likasi. Es un lugar que queda a desmano de todas las parroquias, pero la gente es muy devota de la Virgen y es frecuente encontrarse con fieles que han venido a este lugar a pasar la mañana o una buena parte del día, a rezar ante la imagen de la Virgen, que se encuentra en un alto, casi en la cima de la colina, donde han erigido una pequeña capilla en su honor.
  2. 2. Al pie de dicha colina se ha levantado una especie de tejavana en el que se encuentra el altar y varias veces al año nos juntamos en este lugar para celebrar la Eucaristía en honor a la Virgen, especialmente en el mes de Mayo y en Octubre, o a la ocasión de algún acontecimiento extraordinario, como podrían ser las ordenaciones sacerdotales. También este año nos íbamos a reunir para clausurar el mes del rosario celebrando una misa concelebrada por todos los curas de Likasi y la asistencia de los fieles de todas las parroquias. El acontecimiento iba a tener lugar el último sábado del mes de octubre. Pero dos días antes, atacaron la capilla, derribaron la Virgen y le cortaron las manos. El hecho causó una fuerte indignación en todo Likasi y el Obispo ordenó cerrar el lugar mariano y comprar una nueva imagen para reemplazar la que había sido mutilada. La nueva imagen iba a costar 3.200,00 $. Se dividió la cantidad por el número de parroquias, teniendo en cuenta la situación económica de cada una de ellas y en la colecta del primer domingo se consiguió recoger lo necesario para la compra de la nueva imagen. La gente es muy generosa y se privará incluso de la comida para que la Virgen siga protegiendo y reinando sobre Likasi. Nadie sabe quiénes fueron los autores de dicha profanación, pero “dicen” que fueron tres personas enviadas por un pastor de una de las numerosas iglesias que se han levantado últimamente. No sé por qué, pero a las sectas les molesta la presencia de la Virgen y ya han atacado en diferentes ocasiones. El pastor, quería cortar las manos de la imagen para que los fieles no recibieran las bendiciones de la Virgen, pero como consecuencia de esta acción, uno de los malhechores murió a las pocas horas, otro se volvió loco y el tercero está desaparecido. Nadie le puede encontrar. El pastor se ha quedado sin fieles en su iglesia ya que todos se han escapado, y si no hay fieles no hay colecta y si no hay colecta no hay dinero que entra en su bolsillo y ha tenido que cerrar su capilla. En esta situación de profunda miseria y total necesidad, hay casos que me dejan sin habla. Vivimos en un país que es cinco veces España y donde las guerras son constantes en alguno de los lados de la misma, sin que la paz verdadera se haya conocido desde hace muchos años. Hace unos años, en una provincia del interior se producían enfrentamientos entre las diferentes tribus que la habitaban. En uno de esos ataques murieron los padres de unos niños, que pudieron salir vivos de la contienda porque se escondieron y aprovechando las sombras de la noche huyeron hacia otros lugares más saludables recorriendo más de 1.000 Km hasta llegar a nuestra zona en la que pretendían encontrarse con los abuelos, que seguramente se harían cargo de ellos, o al menos eso era lo que pensaban. Eran dos, uno de unos 14 años y el otro podría tener unos 8. Recorrieron muchos kilómetros a pie. A veces se subían a un camión que les facilitaba acortar su recorrido, pero a pesar de las ayudas de algunas personas de buena voluntad, el pequeño cayó enfermo y murió. El mayor siguió adelante y después de muchos meses de duro caminar, consiguió llegar hasta Likasi, donde comenzó a preguntar a unos y otros para dar con la dirección de su abuelo. Por fin, consiguió encontrarle, pero cuando le contó la odisea y la muerte de su hermano, el abuelo le dijo que no le creía, ya que tenía que haber muerto con su hermano y si se encontraba vivo era señal de que era un hechicero y de que él no podía albergar a un hechicero en su casa, luego no tendría otra solución que la de buscar un refugio por su cuenta.
  3. 3. Llegó a oídos de un maestro la odisea de este chaval y se ofreció a pagarle la escuela y darle de comer, pero no podría alojarle en casa porque eran muchos y no tenía sitio. El compañero de pupitre le dijo que no se apesadumbrara porque hablaría con su padre y seguramente podrían compartir la cama, cosa que así fue, y estudió de esta manera, incluso llegó a la Universidad y con la ayuda de las Mercedarias de Bérriz terminó la carrera de medicina. Hoy es una persona agradecida que no olvidará las atenciones que ha recibido y de recién casado, ha querido acoger a un niño abandonado en su casa para que también otros puedan gozar de la suerte que él ha tenido. Nuestro sacristán es un caso parecido. Es una persona mayor que ya ha “colocado” a todos sus hijos. Estos se han casado y han ido a vivir por su cuenta. En casa, ya sin los hijos, vivían los dos solos, el marido y la mujer. Un día el párroco les llamó porque habían llegado a la parroquia dos hermanos que huían de las matanzas y persecuciones de su zona. El párroco le preguntó si no podría ocuparse de ellos. Les llamó aparte y les dijo: “Si queréis vais a vivir conmigo, pero no soy rico. Cuando yo coma, vosotros comeréis y cuando yo ayune también vosotros ayunaréis”. Y así han ido a vivir con él y todos los hijos mayores están de acuerdo con la actitud de los padres y les ayudan cuando tienen posibilidades. Este año ingresarán en la universidad, algo que jamás lo hubieran conseguido de haber permanecido en su pueblo. No es que la generosidad sea el denominador común de todas las familias, pero cuando sabes que muchos no pueden continuar los estudios por falta de medios económicos, que tienen muy difícil el alimento de cada día, que tienen que dormir sobre el suelo o sobre un sillón por falta de camas y que tengan la capacidad de albergar en “su casa” gente desconocida que implora socorro, es desconcertante y una lección para todos nosotros que hablamos mucho del Evangelio pero perdemos ocasiones para ponerlo en práctica. Precisamente ayer, iba a tener lugar una reunión-conferencia preparada por la escuela de enfermeras, a la que iba asistir el Rector de la Universidad de Lubumbashi y varios catedráticos. Estaba anunciada para las nueve y a las doce me marché porque todavía no habían llegado. Me pareció una falta de respeto demasiado grave para que les pudiera aguantar. Parece que llegaron a Likasi y se entretuvieron con el alcalde, sin importarles demasiado el compromiso adquirido con la escuela. Así marcha el país, pero todos quieren un Congo grande, pero sin cambiar cada uno sus formas de actuar. Un día, una madre, a quien la conocía desde hace muchos años, vino a verme para contarme que su hijo estaba enfermo y no quiere visitar un médico. Quería que yo hablara con él y le convenciera de lo que tenía que hacer. Así lo hice. El hijo es también mayor, padre de numerosa familia y a quien también le conocía desde hacía tiempo. Hablé con él, pero no le dije de dónde provenía la información. Me aseguró que no se sentía enfermo, pero al decirle que alguien se interesaba por él, se quedó mosca y pensó que alguien le quería embrujar. No quería marcharse del despacho sin saber de dónde provenía la información. Entonces me di cuenta que
  4. 4. estaba pensando que alguien le quería “matar”. Si le llego a decir que era su madre, la hacía buena, porque normalmente les acusan a las madres de querer actuar negativamente contra sus hijos. Fue a hablar con el médico, vino a verme otro día acompañado de su mujer, no podía pensar que alguien que le quería bien se interesara por su salud. Pasó por todas las prescripciones que le preparó el médico y afortunadamente todo salió bien, pero ha quedado preocupado sobre quién podría haberme hablado de esa manera con respecto a su salud. A pesar de las prohibiciones que he impuesto a los críos de casa y del vecindario para proteger los frutales, no hago carrera. Ahora son los alumnos de la escuela los que me asaltan constantemente. Le cogimos a uno y le quitamos el jersey que llevaba puesto. Tenía que venir su padre a recuperarlo. Resultó que era de Lubumbashi y estaba de paso. Total que me he quedado con el jersey. Más tarde cogimos a tres alumnos de nuestra escuela, con los que hicimos lo mismo. Para no tener esas prendas en casa se las llevé al secretario de la escuela y a los tres días vinieron los padres. El castigo era que tenían que traerme 10 manzanas cada uno en compensación por las que me habían comido. Me dijeron que era un castigo muy duro dadas las circunstancias económicas del momento. Ellos me proponían que con cinco podría valer y al final quedamos en que trajeran siete para que sus hijos continuaran en la escuela. Al final sólo me han traído seis y eso es lo que hemos aprovechado de su cacería. Lo malo es que la afición siguió creciendo e incluso venían por la noche a coger los frutos. Yo no intervine, la gente trató de cogerles pero se escaparon aprovechando la oscuridad de la noche. Al final, los críos de casa me suplicaron que recogieras todos los frutos que quedaban en el árbol para que todos pudiéramos estar en paz, y es eso lo que he hecho. Es una pena, porque los frutos no eran mayores que el tamaño que puede tener un huevo, pero un año más me ha quedado sin comprobar si las manzanas podrían alcanzar el tamaño normal o que las condiciones climatológicas les impedirían su total desarrollo. Aquí siempre hay algo raro que ocurre. Ahora resulta que el ejército ha llamado a los jóvenes para ingresar en el cuerpo, pero no se han apuntado los suficientes y en revancha, están secuestrando a jóvenes, incluso a plena luz del día, especialmente a aquellos que van vestidos de forma de llamar la atención, con pantalones colgando, melenas sin peinarse, con barba de varios días, y lo mismo lo hacen con las chicas. Si la familia se entera y consiguen 200 $ rápidamente, los jóvenes serán liberados, de lo contrario los llevan en avión a otra provincia para formarles e ingresar por la fuerza en el ejército. Pero esto mismo pasa en Lubumbashi que en Kinshasa. Ya han comenzado a aparecer algunos artículos en los periódicos pidiendo explicaciones sobre estas acciones, pero todavía se siguen dando casos. Vivimos en mundos distintos, pero intentando seguir al Único Dios Verdadero a quien escuchamos gustosos sus palabras, aunque luego se nos olviden sus deseos, a la hora de ponerlos en práctica. El domingo de Ramos, fui a presidir la ceremonia a una comunidad que vive a hora y media a pie desde casa. Me habían dicho que la ceremonia comenzaría a las ocho y media y por si acaso yo había llegado un cuarto de hora antes. Pero me encontré solo, todavía no habían
  5. 5. llegado ni los monaguillos ni los responsables de la comunidad. La capilla está hecha de palos, cubiertos con unos plásticos para protegernos de las inclemencias del tiempo. Nadie tiene reloj, ni lo necesitan. La gente iba llegando uno a uno y cuando ya habíamos formado un pequeño grupo nos dijo el responsable que había que desplazarse a la otra esquina del poblado porque la procesión iba a comenzar allá y seguramente la gente nos estaría esperando. Fuimos donde se nos indicó, pero no había sino cuatro mujeres que esperaban tranquilamente que se acercaran los monaguillos con sus albas para dar comienzo a la procesión. Estos habían traído pequeños ramos en un saco y los iban repartiendo a la gente que llegaba. Serían alrededor de las diez cuando el responsable decidió que había gente suficiente para comenzar la procesión y dio la orden de salida. Nos colocaron a todos en fila de a dos y al son de los cantos de la coral comenzamos la procesión. Todos tenían sus ramos, que los iban agitando a derecha e izquierda al son de los cantos. Atravesamos todo el poblado apabullando a los tímidos fieles de otras sectas que nos miraban como con envidia por la marcha que habíamos organizado. Los vecinos salían de sus casas para ver lo que pasaba y algunas mujeres emitían sus irrintxis al ver nuestras caras serias concentrados en el recuerdo de lo que celebrábamos. Los demás no sé lo que pensarían, pero al menos yo recordaba el suceso de Jerusalén y pienso que sería algo parecido a lo que celebrábamos. Por fin, llegamos a la capilla y continuamos con la celebración, todo con alegría, sin prisa, con las hostias en un frasco porque no había copón, y para cuando terminó la misa serían como las doce y media. Nadie estaba cansado, ni siquiera el cura, que ya está preparado para esta clase de ceremonias. Nos despedimos y me dieron parte de la colecta, muy escasa, para agradecerme por mi desplazamiento. No todos valen para aguantar este ritmo, pero yo sigo con esta gente que cree en Dios pero no ha dejado de lado a los espíritus ni al hechicero. Todo ello hace una amalgama que es difícil de purificar, pero para vivir la vida de cada día, todo les es necesario. Luego me llevaron a visitar una choza donde pude palpar la miseria de esta gente porque en la habitación no había un solo mueble y en una esquina, sobre unos trapos, yacía un chaval como de unos 14 años, mudo, que no se podía poner en pie, alimentado por una madre a quien le había dejado su marido a causa de esta desgracia y que vivía como podía cultivando los campos para dar de comer también a los otros dos hijos que habían quedado en casa. Me gustaría que las cosas fueran de otra manera, pero tengo la desgracia de convivir con una de las tribus más atrasadas del país, capaces de lloriquear por todo lo que les falta, pero incapaces de remangarse y buscar una solución a sus problemas. Pero muchas veces pienso: “También ellos son Hijos de Dios” y no me queda más remedio que adaptarme a su forma de
  6. 6. ser. Ya ves que mi vida es también muy sencilla, al unísono con la mentalidad de esta gente, sin reloj que me meta prisa, ni altas elucubraciones sobre el Dios Uno y Trino. No creo que sean ideas que merezcan comentarse en una Eucaristía, porque lo que vale aquí no se puede comprender en otro lugar y lo que pensáis vosotros también se nos hace difícil de digerir. Aunque nuestro nuevo Presidente no hace sino alardear de lo bien que marcha el país desde que llegó a la presidencia, y así lo va publicando por todos los países por los que pasa, la realidad es bastante diferente. Para hacerse querer por la gente, ha proclamado que la enseñanza debe ser gratuita, pero no tiene dinero para pagar a los maestros y éstos se han puesto en huelga, lo cual está considerado como una rebelión porque es ir contra el gobierno. Los escolares se manifiestan públicamente contra sus maestros porque no enseñan, la gente está dividida, y como resultado de todo esto es que no hay paz. Hace tiempo que no sabemos lo que significa esa palabra, aunque es cierto que vamos notando algunas mejoras en otros campos. Un abrazo. Xabier

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