La alegría de los hijos de Dios
Mi encuentro con san Josemaría Escrivá, Fundador del Opus Dei
San Josemaría fue escogido p...
Miles de hombres y mujeres de todas las edades y de los más variados ambientes
han encontrado a Jesucristo a través de las...
Preguntar a un catecúmeno, “¿quieres recibir el Bautismo?”,
significa al mismo tiempo preguntarle, “¿quieres ser santo?”.
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Son las 6.35 de la tarde. De regreso a
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Petra Herold
Forchheim, Alemania.
Estudió Física y Matemáticas.
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La vocación de los fieles laicos a la santidad implica que
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Evgeni Pazukhin
San Petersburgo, Rusia.
Filósofo y escritor. Es el autor de la primera
biografía de san Josemaría Escrivá ...
Mi trabajo me da ocasión de conocer a
gente que tiene a su cargo la gestión o
la dirección de proyectos importantes.
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Quien ha encontrado verdaderamente a Cristo no puede
tenerlo sólo para sí, debe anunciarlo. (...) La propuesta de
Cristo s...
Sidney, Australia.
Es profesora de francés y de educación física. Su esposo James
también es profesor. Tienen siete hijos....
Verónica Montiel
Buenos Aires, Argentina.
Estudia filosofía y trabaja en la biblioteca
de la Universidad Nacional de la Pla...
San Josemaría
San Josemaría Escrivá nació
en Barbastro (España) el 9-I-1902.
Fue ordenado sacerdote
en Zaragoza el 28-III-...
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Folleto informativo que recoge testimonios de personas de todo el mundo que han encontrado a Jesucristo a través de las enseñanzas de san Josemaría, fundador del Opus Dei.
+Info http://opusdei.es/es-es/article/la-alegria-de-los-hijos-de-dios/

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Opus Dei: La alegría de los hijos de Dios

  1. 1. La alegría de los hijos de Dios Mi encuentro con san Josemaría Escrivá, Fundador del Opus Dei San Josemaría fue escogido por el Señor para anunciar la llamada universal a la santidad y para indicar que las actividades comunes que componen la vida de todos los días son camino de santificación. Se podría decir que fue el santo de lo ordinario. En efecto, estaba convencido de que, para quien vive en una perspecti- va de fe, todo es ocasión de encuentro con Dios, todo es estímulo para la oración. Vista de este modo, la vida cotidiana revela una grandeza insospechada. La santi- dad aparece verdaderamente al alcance de todos. Juan Pablo II Roma, 7-X-2002 De: Alberto Michelini Coordinación: Carmen Sofía Brenes Diseño y maquetación: abarro © 2006 Oficina de Información del Opus Dei en España www.opusdei.org
  2. 2. Miles de hombres y mujeres de todas las edades y de los más variados ambientes han encontrado a Jesucristo a través de las enseñanzas del fundador del Opus Dei. El origen de los relatos siguientes es el deseo de sus autores de compartir con otros la alegría de saberse hijos de Dios. Sueño —y el sueño se ha hecho realidad— con muchedumbres de hijos de Dios, santificándose en su vida de ciudadanos corrientes, compartiendo afanes, ilusiones y esfuerzos con las demás criaturas. Necesito gritarles esta verdad divina: si perma- necéis en medio del mundo, no es porque Dios se haya olvidado de vosotros, no es porque el Señor no os haya llamado. Os ha invitado a que continuéis en las activida- des y en las ansiedades de la tierra, porque os ha hecho saber que vuestra vocación humana, vuestra profesión, vuestras cualidades, no sólo no son ajenas a sus desig- nios divinos, sino que Él las ha santificado como ofrenda gratísima al Padre. San Josemaría Escrivá Es Cristo que pasa, 20
  3. 3. Preguntar a un catecúmeno, “¿quieres recibir el Bautismo?”, significa al mismo tiempo preguntarle, “¿quieres ser santo?”. Significa ponerle en el camino del Sermón de la Montaña: “Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial” (Mt 5,48). Como el Concilio mismo explicó, este ideal de perfección no ha de ser malentendido, como si implicase una especie de vida extraordinaria, practicable sólo por algunos “genios” de la santidad. Los caminos de la santidad son múltiples y adecuados a la vocaciónde cada uno. Doy gracias al Señor que me ha concedido beatificar y canonizar durante estos años a tantos cristianos y, entre ellos, a muchos laicos que se han santificado en las circunstancias más ordinarias de la vida. Es el momento de proponer de nuevo a todos con convicción este “alto grado” de la vida cristiana ordinaria. Juan Pablo II Carta apost. Novo millennio ineunte, 6-I-2001, n. 31. Vosotros y yo formamos parte de la familia de Cristo, porque Él mismo nos escogió antes de la creación del mundo, para que seamos santos y sin mancha en su presencia por la caridad, habiéndonos predestinado como hijos adoptivos por Jesucristo, a gloria suya, por puro efecto de su buena voluntad (Ef 1, 4-5). Esta elección gratuita, que hemos recibido del Señor, nos marca un fin bien determinado: la santidad personal, como nos lo repite insistentemente San Pablo: hæc est voluntas Dei: sanctificatio vestra (1 Ts 4, 3), ésta es la Voluntad de Dios: vuestra santificación. (...) La meta que os propongo –mejor, la que nos señala Dios a todos– no es un espejismo o un ideal inalcanzable: podría relataros tantos ejemplos concretos de mujeres y hombres de la calle, como vosotros y como yo, que han encontrado a Jesús que pasa quasi in occulto (Jn 7, 10) por las encrucijadas aparentemente más vulgares, y se han decidido a seguirle, abrazados con amor a la cruz de cada día (cfr. Mt 16, 24). San Josemaría Escrivá Amigos de Dios, nn. 2-4. Llamados a ser santos...
  4. 4. Son las 6.35 de la tarde. De regreso a casa pienso en lo que debo escribir. Llego a la puerta y mientras hurgo en el bolso para buscar la llave, caigo en la cuenta de que la colada todavía está tendida... Entro en casa anhelando acostarme un ratito. Estoy recuperándome de una enfermedad vírica y aún me siento débil. Los niños están haciendo los deberes. Llamo: “¡Hola! Álvaro, por favor cierra la ventana”. Dejo el bolso encima de la cama y llevo a la cocina las verduras que acabo de comprar. Inmediatamente me lavo las manos y empiezo a preparar la cena. “¿A quién le toca bañarse?” “¡A mí!”, dice Joe. “Álvaro, ¿te has bañado? ¡Caray! ¡Qué desastre de mesa! ¡Límpiala! Glo- ria, corre las cortinas”. “Mamá”, dice Lisa, “el profesor nos ha dado un trabajo de kiswahili para que lo leamos a nuestros padres”. “Bien”, contesto. “Guárdalo, ya se lo leerás a papá”. No siempre es fácil llevar una familia, pero ponerme en contacto con el espí- ritu del Opus Dei me ha dado un punto de referencia para saber qué hacer en cada momento. ¿Qué dice san Josema- ría sobre esto? Un hijo da un portazo. Le hago volver: “Abre la puerta y cié- rrala con cuidado y di Jesús, te quiero”. O se hace daño y le digo: “Ofrece esto a Jesús por...” Eso no es algo mío...: ¡lo he copiado del fundador del Opus Dei! Poned amor en las pequeñas activi- dades de la jornada, decía, y nos ani- maba a descubrir ese algo divino que en los detalles se encierra. Finalmente la cena está lista, los ni- ños comen y rezan el Rosario. Entonces decido revisar el uniforme de los chicos para el día siguiente. El pantalón cor- to de Joe está lleno de desgarrones. Lo pongo aparte para zurcirlo –el montón crece...– y pienso que algo tan trivial como buscar el hilo de color exacto para zurcir un desgarrón puede ser im- portante. Y otros tantos detalles: estoy a punto de tirar un papel y recuerdo que el reverso en blanco se podría utili- zar como borrador..., y ahí descubro lo que es la pobreza cristiana. La lista es interminable. Mi primer encuentro con san Josema- ría fue a través de una película. Me im- presionó su alegría, su gran bondad, e lsentido del humor... Han sido sus pala- bras y enseñanzas, su modo de vida, las que han configurado todo mi ser y es de esperar que también el de mi familia y el de muchas personas más. Vickie Amulega Nairobi, Kenia. Es madre de cinco hijos. Tiene dos trabajos a tiempo completo: profesora/tutora de un colegio y ama de casa. “Un niño da un portazo. Le hago volver: abre la puerta y ciérrala con cuidado y di Jesús, te quiero”. Roger Bissonnette Québec, Canadá. Es mecánico de automóviles y conductor de autobuses. Vive con su mujer en Côteau-du-Lac. Tienen dos hijos adultos. “Tomé la resolución de sonreir más yo también”. Vi tertulias filmadas de san Josemaría y una cosa que me impresionó fue su sonrisa alegre y contagio- sa. Después, conocí a gen- te que tenía también una sonrisa auténtica. Tomé la resolución de sonreír más, a pesar de las contrarie- dades que a veces me en- contraba en el trabajo. Un amigo me preguntó cómo hacía para estar siempre de buen humor. Yo no sabía qué contestarle y le dije que había aprendido esto de Josemaría Escrivá. Mi mujer dice que mi carácter se ha suavizado, que ha perdido algunas aspe- rezas típicas de los mecánicos. Practicaba mi fe, iba a misa todos los domingos pero jamás se me ocurrió que podía buscar la santidad. Eso, pensaba, es sólo para sacerdotes y religiosos. Pero cuando mi mujer me dio a leer algunas de las homilías de san Josemaría, descubrí que yo también podía llegar a ser santo. Fue una gran novedad. Tenía la mala costumbre de decir groserías cuando me topaba con contrariedades a lo largo del día, pero me di cuenta de que tenía que dar buen ejemplo, y cambié mis hábitos. Como en muchos garajes mecánicos en la región, en las paredes del mío había ciertos calendarios no muy apropiados. Decidí quitarlos. Al principio no fue fácil poner en práctica lo que iba oyendo. Pero aprendí que Dios es un Padre que nos ama a pesar de nuestras flaquezas, y que debía procurar continuamente co- menzar y recomenzar.  Bobo Lee Yuen Chun Hong Kong, China. Es agente de seguros. Su esposo Brian trabaja como administrador de propiedades. “Me han enseñado cómo rezar, cómo tener amistad íntima con Jesucristo”. La primera vez que oí hablar de Josemaría Escrivá fue mientras realizaba mis estudios universitarios. En aquella época, estaba recibiendo clases de Catecismo en preparación para el bautis- mo. Han transcurrido más de doce años desde entonces. Sus enseñanzas son una invitación a vivir de fe. Luchar por alcanzar la santidad es sencillo: se trata de hacer bien nuestro propio trabajo, de desempeñar a conciencia nuestros deberes y responsabilidades y hacer de todo una ofrenda para Dios. San Josemaría me ha enseñado cómo rezar, cómo tener amistad íntima con Jesu- cristo. En Amigos de Dios nos dice: No es cristiano pen- sar en la amistad divina exclusivamente como en un recurso extremo (...) A los que amamos van constantemente las palabras, los deseos, los pensamientos:haycomo una continua presencia. Pues así con Dios. En mis relaciones con los demás, especialmente con mi esposo y mis hijas, me recuerda que debo ser generosa y estar dispues- ta a hacer sacrificios que nadie note. Estoy segura de que si los ofrezco con amor serán muy aprecia- dos por Dios. 
  5. 5. Petra Herold Forchheim, Alemania. Estudió Física y Matemáticas. Casada con Rolf, tienen cuatro hijos. “Se notaba que estaba muy enamorado de la Iglesia: su entusiasmo me contagió”. Estaba bastante distanciada de la Igle- sia. Cuando leí aquella biografía sobre el fundador del Opus Dei, percibí su gran entusiasmo. Se notaba que estaba muy enamorado de la Iglesia y a mí me con- tagió. Pude decir entonces de todo cora- zón “sí” a la Iglesia, “sí” al Papa. Se grabó también a fondo en mi me- moria la exigencia de que debemos ser cristianos de una pieza: No nos confor- memos con las etiquetas: os quiero cristianos de cuerpo entero. Entonces yo estaba interiormente dividida. La vida religiosa por un lado y lo cotidiano por otro, eran dos ámbitos entre los cua- les había poco en común. Pero enten- dí cómo puedo unificar esos aspectos, cómo puedo santificar el trabajo, conver- tirlo en oración, al darme cuenta de que no importa que tenga o no un relieve es- pecial, sino que lo que importa es cómo lo hago, con qué amor, con qué entrega. No importa tampoco que el trabajo se vea coronado por el éxito, sino que esté ofrecido a Dios. Descubrí que no es tan importante que los niños deshagan rá- pidamente el trabajo recién terminado en casa –por ejemplo la limpieza–, por- que sé que no he trabajado inútilmente. Ahora hago lo mismo de antes, pero de modo unitario, coherente. Soy capaz de reaccionar con más serenidad. Había otro punto que me preocupaba. Mi esposo era protestante y yo tenía un plan de cómo podría llevarle a la conver- sión, pero a veces tenía la impresión de que todo iba demasiado lento. Y la rea- lidad ha sido bien diferente a lo que yo había planeado. Hay que confiar más en Dios, ponerlo todo en sus manos. Un día le pregunté a un sacerdote del Opus Dei que me orienta en la dirección espiritual qué podría hacer para ayudar a mi espo- so en su conversión, y me dio este conse- jo: “Ame a su esposo de todo corazón”. Ahora me digo siempre: no podía haber- me dado un consejo mejor, puesto que sólo con amor podemos ayudar a los hombres a acercarse más a Cristo. La alegría que irradiaba san Josemaría me ha impresionado siempre. Él había tenido muchos problemas, de salud, fi- nancieros y todos los que encontró para fundar el Opus Dei. Era joven y, sin duda, esos problemas tuvieron que afectarle mucho. Pero nunca perdió la alegría. Esto se ve claramente en las filmaciones de sus encuentros con grupos de per- sonas. Sus palabras transmiten alegría. Después de conocerle, siempre que me viene un bajón, pienso en él y me sien- to de nuevo en forma y motiva-da para continuar trabajando.  Rolf Herold Forchheim, Alemania. Casado con Petra, es profesor en un colegio de enseñanza secundaria y autor de libros escolares. “Me mostró que en la Iglesia católica hay libertad”. Era evangélico, protestante, pero no vi- vía la religión en serio. Nunca me había interesado de modo intenso por la fe. A través de Petra, conocí a Josemaría Es- crivá y fui comprendiendo algunas de sus afirmaciones, que resultaban muy provocativas para mí. Por ejemplo: “tú tienes que ser santo”. Yo no había con- templado nunca laposibilidad de llegar a ser santo. Esa fue para mí la razón para enfrentarme con el tema de la fe. Leí cosas con enfoques totalmente di- ferentes; empecé con san Francisco de Sales, luego Teresa de Lisieux, después leí al Cardenal Newman. El que más me impresionó fue C.S. Lewis, el anglicano. Leía paralelamente palabras de Escrivá. Y todos esos diferentes autores con- vergen en lo que Escrivá dice: que, con la fe, todo se dirige hacia la unidad. Él ha logrado hacer comprensible para mí esa unidad. Esa fue la última razón por la que yo también pude decir “sí” a la Iglesia católica, porque me dije: la Iglesia católica es donde se realiza esa unidad. Hacia allá voy, a ella pertenezco de algu- na manera. No porque Petra sea católi- ca, sino porque percibo que allí hay algo detrás, una Verdad. Ese fue un punto. Y el segundo punto: Escrivá me mos- tró algo que yo nunca hubiera creído, que en la Iglesia católica hay libertad. Lo que yo había pensado antes de la Iglesia católica correspondía a clichés habituales: coacción, estrechez, “debes hacer”... A través de los escritos de Es- crivá y también de vídeos de reuniones con él, percibí lo que después he visto: el amor a la libertad que subyace en sus palabras. Escrivá amaba la libertad del modo como Dios la ama. La verdadera libertad me parece tan atractiva porque me he dado cuenta de que, en nuestra sociedad, estamos so- metidos a muchas influencias: influen- cias de los medios de comunicación, de grupos de presión, del vecindario, etc. Hay muchas presiones de las que no nos liberamos o de las que sólo con gran dificultad conseguimos liberar- nos. Para lograrlo, necesito un fundamen- to, y ese fundamento, a partir del cual se puede ir en muy diferentes direccio- nes, cada uno según su camino, es la Iglesia católica. 
  6. 6. La vocación de los fieles laicos a la santidad implica que la vida según el Espíritu se exprese particularmente en su inserción en las realidades temporales y en su participación en las actividades terrenas. (...) La unidad de vida de los fieles laicos tiene una gran importancia. Ellos, en efecto, deben santificarse en la vida profesional y social ordinaria. Por tanto, para que puedan responder a su vocación, los fieles laicos deben considerar las actividades de la vida cotidiana como ocasión de unión con Dios y de cumplimiento de su voluntad, así como también de servicio a los demás hombres, llevándoles a la comunión con Dios en Cristo. Juan Pablo II Exhort. apost. Christifideles laici, 30-XII-1988, n. 17. Sois todos hombres dedicados al trabajo en diversas profesiones humanas, formáis diversos hogares, pertenecéis a tan distintas naciones, razas y lenguas. Os habéis educado en aulas de centros docentes o en talleres y oficinas, habéis ejercido durante años vuestra profesión, habéis entablado relaciones profesionales y personales con vuestros compañeros, habéis participado en la solución de los problemas colectivos de vuestras empresas y de vuestra sociedad. Pues bien: os recuerdo, una vez más, que todo eso no es ajeno a los planes divinos. Vuestra vocación humana es parte, y parte importante, de vuestra vocación divina. Esta es la razón por la cual os tenéis que santificar, contribuyendo al mismo tiempo a la santificación de los demás, de vuestros iguales, precisamente santificando vuestro trabajo y vuestro ambiente: esa profesión u oficio que llena vuestros días, que da fisonomía peculiar a vuestra personalidad humana, que es vuestra manera de estar en el mundo; ese hogar, esa familia vuestra; y esa nación, en la que habéis nacido y a la que amáis. San Josemaría Escrivá Es Cristo que pasa, n. 46 en medio del mundo...
  7. 7. Evgeni Pazukhin San Petersburgo, Rusia. Filósofo y escritor. Es el autor de la primera biografía de san Josemaría Escrivá en ruso. “La enseñanza de Josemaría Escrivá es, en su esencia, ecuménica”. Irene de Santos San Antonio Aguas Calientes, Guatemala. Es artesana. Tiene 9 hijos y se dedica a fabricar tejidos a mano que luego comercia en el mercado y a atender una tortillería. Su lengua materna es el kaqchikel. “Fui enterándome de muchas cosas de mi vida como católica, que no sabía”. El occidente cristiano no puede existir sin el oriente cristiano y viceversa. El Papa Juan Pablo II habla por eso de los “dos pulmones de Europa”. Escrivá, pregonando la idea de un ma- terialismo cristiano, une los dos pulmones: espiritualiza la ma- teria, entendida en occidente de una forma tan pragmática, y materializa el espíritu, demasiado espiritualizado en oriente. Por eso digo que la enseñanza de Josemaría Escrivá es, en su esencia, ecuménica. Cuando mi mujer y yo estábamos traduciendo la colección de homilías de Amigos de Dios, que en la versión rusa se titula Los más cercanos al Señor, la primera homilía con la que nos enfrentamos fue la dedicada al trabajo hecho en presencia de Dios. Mientras avanzábamos en la traducción, nos dábamos cuenta de que el trabajo realizado con la intención de hacer- lo del mejor modo a los ojos de Dios, era precisa- mente el trabajo del que hablaba Josemaría, y que la traducción que estába- mos haciendo era obra de Dios. Así, gracias a Escrivá, y lo digo como ortodoxo y por tanto ligado a una tradición de misticismo, me he dado cuenta de que Dios está presente en todas las situaciones de todos los días.  Conocí el Opus Dei por medio de una carta que lle- gó a la escuela del pueblo sobre la Escuela de Hotele- ría y Hogar Zunil. A mi hija Mirna le interesó. Fuimos a conocerla, nos gustó y decidió estudiar allí. Enton- ces comenzó la renovación cristianade toda mi familia. Mi hija me contaba lo que aprendía. Un día me dijo: “Mamá, ustedes no pueden seguir viviendo así, sin casarse”. Yo, por ignorancia, no había recibido el sacramen- to del matrimonio y nunca había pensado que fuera necesario. Pero mi hija insistió y me facilitó que asistiera a unas clases de doctrina. Así fui conociendo más a Dios y enterándome de mu- chas cosas de mi vida como católica que no sabía. Me preparé, y ese año nos casamos por la Iglesia. Nunca pensé que podría ser del Opus Dei. Veía cómo el Se- ñor iba llamando a cada una de mis hijas y para mí aquello era como un sueño. Las veía alegres, serviciales, trabajadoras... Hasta que un día, también yo recibí del Señor el regalo de la vocación. Porque las personas que estamos en el Opus Dei, so- mos personas llamadas por Dios. Yo me he entregado a Dios y me cuesta vivir esta entrega cada día; pero he aprendido de san Josemaría que es aquí en el mundo, en los quehaceres del día, donde estamos ganando nuestra santificación: porque ganar el cielo no es fácil, es difícil, pero Dios nos ayuda.  Una simple observación, en la que mu- chos no piensan, es que una de las claves para el éxito en el matrimonio es escoger la pareja adecuada. Las enseñanzas de Josemaría Escrivá me llevaron a tomar esta responsabilidad muy en serio. Vi- viendo en Warrane College cuando era estudiante, pude relacionarme con un buen grupo de personas y estoy muy contento de decir que, gracias a la ayu- da de San José, encontré una maravillosa esposa, Anne. Tenemos ahora doce hijos entre las edades de 21 y 3. Este es mi mayor tesoro en la tierra y nunca habría pensado que sería posible, si no fuera por san Josemaría. Es resultado de sus ense- ñanzas sobre la vocación matrimonial y la generosidad con nuestro Señor en la transmisión de la vida. Con una familia tan grande siempre hay retos, especial- mente con tantos niños tan cercanos en edad. En estos tiempos, la gente tiene que ver que tener una familia grande da bas- tante trabajo, pero que es también inmensa- mente gra- tificante y puede ser muy di- vertido. E n - s e ñ a r a los niños a ser generosos es difícil, pero en una familia numerosa se convierte en una necesidad. Uno de los regalos que hemos recibido en este sentido es que uno de nuestros hijos es también del Opus Dei. Espero que su ejemplo lleve a alguno más de sus hermanos y hermanas a entregar su vida a Dios. Nos daría una gran alegría que recibieran ese don del celibato que impulsa a entregar el cuerpo y el alma al Señor, a ofrecerle el corazón indiviso, sin la mediación del amor terreno. El ejemplo de la constante visión so- brenatural de san Josemaría ha sido muy importante para nosotros en momentos de prueba. Económicamente ha habido muchos, pero el Señor sabe hasta dónde apretar para que no perdamos nuestra confianzaenÉl.Quizánuestromayorreto haya sido la pérdida de uno de nuestros hijos. Poco después de saber que Anne estaba esperando, descubrimos que Jo- seph tenía una condición congénita que hacía imposible la supervivencia. Con mucha gracia de Dios, pudimos ofrecerle nuestro bebé a Jesús el mismo día que nació. El Señor nos dio gran serenidad en este tiempo y finalmente el regalo de tener un hijo en el Cielo.  Sidney, Australia. Tiene 46 años y está casado con Anne. Trabaja en la industria del turismo. “Tener una familia grande da bastante trabajo, pero es inmensamente gratificante y puede ser muy divertido”. John Perrottet
  8. 8. Mi trabajo me da ocasión de conocer a gente que tiene a su cargo la gestión o la dirección de proyectos importantes. Es bonito ver cómo se puede aportar un punto de vista cristiano que incide en las decisiones que se toman. Por ejemplo, al hacer centros comerciales buscamos que los proyectos incluyan siempre un espa- cio dedicado al ocio familiar, y que haya viviendas con más de cuatro habitacio- nes, para que las familias que tienen más hijos no se sientan agobiadas. Todas las mañanas tengo que prever cómo me voy a organizar y cuándo voy a rezar, porque es del trato y la conver- sación con Dios, de donde saco fuerza e ilusión para enfocar lo que tengo por delante. He visto la realidad de aquellas- palabras: Una costumbre eficaz para lograr presencia de Dios: cada día, la primera audiencia, para Jesucristo. A veces me cuesta encontrar el tiempo para hacer un rato de oración mental. Entonces, aprovecho el viaje en coche. Saco una cinta de puntos de meditacio- nes de Forja que me ayuda a concen- trarme, y logro hablar con Dios mientras ruedo por las calles de Madrid. Por las tardes suelo llegar cansada a casa, cansadísima. Y sé que la jornada- de las madres no acaba cuando se mete la llave en la puerta. ¡Ahí empieza otra! A veces pienso ¡no puedo más!, y en- tonces busco mi fortaleza en el Señor y procuro sonreír todo lo que puedo –es, como decía san Josemaría, la mejor mortificación– y me esfuerzo por de- dicarles un ratito a cada uno de mis hi- jos para que me cuenten sus aventuras del colegio. No querría aparecer como la madre que ya no puede más a esas horas del día. Aunque hay veces que me cuesta, esa es la verdad. Con José Manuel durante el día ape- nas nos vemos, pero todas las noches procuramos encontrar un momento para contarnos nuestras cosas. Habla- mos de nuestros hijos, de cómo les han ido las cosas en el colegio, de sus mé- dicos. Cuidamos nuestra relación con especial esmero porque somos cons- cientes de que tenemos que ayudarnos mutuamente a llegar al Cielo. Yo pienso –así lo enseñaba san Josemaría– que para míel camino para ir al Cielo tiene el nombre de mi marido.  Madrid, España. Trabaja en el campo de la promoción inmobiliaria. Está casada y tiene seis hijos. “Sé que la jornada de las madres no acaba cuando se mete la llave en la puerta de la casa al volver del trabajo ¡Ahí empieza otra!” Cristina Rubio Alberite, España. Se ordenó en 1990. Es párroco de Alberite, un pueblo de 2.000 habitantes en La Rioja. “Entregar la vida al sacerdocio es una cosa estupenda, maravillosa”. Rev. Armando Lasanta Me ha hecho un gran bien el ejemplo del fundador del Opus Dei que siempre decía: lo primero, las normas de piedad, el trato con el Señor en la oración, la celebración de la Santa Misa, el cuidar los pequeños detalles en el trato con las personas, la asistencia a losenfermos... He aprendido de él la importancia de estar siempre alegre, de transmitir op- timismo, de ser positivo en medio de las contradicciones de la vida. Todo es para bien, decía y él mismo era maes- tro del buen humor. Otra gran inquietud que también he heredado de su experiencia es buscar vocaciones sacerdotales. Ayudar a que los chavales, los jóvenes, descubran que, si Dios les llama, lo que dé sen- tido a su vida puede ser entregarse a Dios a través del sacerdocio. Hacerles ver que entregar la vida al sacerdocio es una cosa estupenda, maravillosa. Yo mismo fui fruto en cierto modo de la inquietud apostólica del sacerdote de mi pueblo... También he aprendido del fundador del Opus Dei que la formación tiene que ir encaminada al trato con Jesucris- to. Que la gente ame a Jesucristo, que se acerque a Él. Para eso, el Sagrario de la iglesia tiene que ser el centro de la vida, no sólo del sacerdote, sino tam- bién del pueblo; que sientan al Señor en el Sagrario como una referencia, Al- guien a quien pueden visitar y acudir. Procuro recordar a todos que debemos recibir la Comunión con el alma limpia, después de haberle pedido perdón en el sacramento de la confesión, cuando es necesario. Y luego, el trato con nues- tra Madre la Virgen. En una tierra como ésta de La Rioja, que es tan amante de nuestra Madre, les animo a ponerla también a Ella como centro de sus vi- das, junto al Señor en el Sagrario. Por mi parte, gracias a los medios de formación que recibo en la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz he ido ad- quiriendo un amor cada vez mayor a la Iglesia, al Papa y al magisterio. Me con- mueve descubrir la gran fidelidad del Papa a Jesucristo. Es un hombre que se gasta por la Iglesia.  La Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz es una Asociación inseparable de la Prelatura del Opus Dei. Los sacerdotes diocesanos que se ads- criben a ella –que continúan per- teneciendo al clero de su diócesis y dependen exclusivamente de su Obispo– reciben atención espiritual según el espíritu del Opus Dei.
  9. 9. Quien ha encontrado verdaderamente a Cristo no puede tenerlo sólo para sí, debe anunciarlo. (...) La propuesta de Cristo se ha de hacer a todos con confianza. Se ha de dirigir a los adultos, a las familias, a los jóvenes, a los niños, sin esconder nunca las exigencias más radicales del mensaje evangélico. Juan Pablo II Carta apost. Novo millennio ineunte, 6-I-2001, n. 40. Quizás alguno se pregunte cómo, de qué manera puede dar este conocimiento a las gentes. Y os respondo: con naturalidad, con sencillez, viviendo como vivís en medio del mundo, entregados a vuestro trabajo profesional y al cuidado de vuestra familia, participando en los afanes nobles de los hombres, respetando la legítima libertad de cada uno. (...) Actuando así daremos a quienes nos rodean el testimonio de una vida sencilla y normal, con las limitaciones y con los defectos propios de nuestra condición humana, pero coherente. Y, al vernos iguales a ellos en todas las cosas, se sentirán los demás invitados a preguntarnos: ¿cómo se explica vuestra alegría?, ¿de dónde sacáis las fuerzas para vencer el egoísmo y la comodidad?, ¿quién os enseña a vivir la comprensión, la limpia convivencia y la entrega, el servicio a los demás? Es entonces el momento de descubrirles el secreto divino de la existencia cristiana: de hablarles de Dios, de Cristo, del Espíritu Santo, de María. El momento de procurar transmitir, a través de las pobres palabras nuestras, esa locura del amor de Dios que la gracia ha derramado en nuestros corazones. San Josemaría Escrivá Es Cristo que pasa, n. 148. para iluminar los caminos de la tierra
  10. 10. Sidney, Australia. Es profesora de francés y de educación física. Su esposo James también es profesor. Tienen siete hijos. “Cuando descubrí que podía mantener una relación personal con Jesucristo a través de las cosas de cada día, mi vida adquirió su sentido real”. Julia Burfitt Los círculos en los que me movía eran muy materialistas. Siempre tenía la sen- sación de que debía elegir entre amar el mundo o amar mi fe. Tenía la impresión de que quienes se tomaban en serio la religión –cualquiera que ésta fuera– no estaban muy interesados en empeños humanos. Cuando conocí el mensaje del fundador del Opus Dei, mi visión cambió totalmente. Encontré personas extrover- tidas y alegres, que estaban aldía de las últimas tendencias y que eran creyen- tes. ¡Eran tan positivas frente a la vida! Empecé a entender que era justamente amando las cosas del mundo, como pode- mos poner en práctica plenamente la fe. ¡Dios nos quiere viviendo en el medio del mundo! Como los primeros cristia- nos, debemos respirar el mismo aire que respiran todos, sin formar camarillas ca- tólicas. Después de todo, ¿cómo podría- mos llevar el mundo a Dios si no estuvié- ramos en contacto con ese mundo? Cuando leí el primer punto de Cami- no: Que tu vida no sea una vida es- téril... me di cuenta de que hasta ese momento había estado desperdiciando el tiempo. Y cuando descubrí que podía mantener una relación personal con Je- sucristo a través de las cosas de cada día, mi vida adquirió su sentido real. Busco la amistad con cada uno de mishijos para hablar de su mundo y, sobre todo, escucharles y responder a lo que preguntan. Un día, mi marido y yo nosdecidimos a fomentar en casa un tiem-po de silencio. Durante media hora, antes de la cena, los niños hacen algo por su cuenta: leer, dibujar, armar un puzzle, etc. Les animamos a que no hablen entre ellos durante esos minutos. ¡Los niños encuentran muy pocas opor- tunidades de estar en silencio! ¿Cómo llegarán a tener una relación personal con Dios si no saben retirarse del ruido para meterse en sí mismos? Sé que si mi familia está en primer lugar, tengo toda la libertad para esfor- zarme por alcanzar metas profesionales. Gracias a esta convicción, logré comple- tar una maestría en literatura francesa, mientras tenía cuatro niños en casa. Iba a la universidad una noche a la semana y hacía los trabajos mientras los niños dormían o jugaban fuera. Los medios de formación me ayudaron a ser más disciplinada en el uso del escaso tiempo que tenía. Ahora la vida me parece una aventu- ra extraordinaria. Sé que mi personali- dad, las circunstancias en las que estoy, mis talentos, mis amistades, la carrera profesional, etc. interesan a Dios. Lo que haga con ellos, las decisiones que tome, son la arena en la que debo ejer- citar mi fe.  Sidney, Australia. Es profesor desde hace casi 20 años. Trabaja en la sección de cine de una revista dirigida a la familia. “En primer lugar, soy esposo y padre de familia”. James Burfitt Nací en una familia católica y aunque co- nocí el Opus Dei cuando era joven, nunca me había interesado demasiado. Ya ha- bía empezado a trabajar cuando, gracias a un hermano mío, hice un reti-ro espiri- tual. Empecé a frecuentar unas clases de formación cristiana y redes-cubrí la po- sibilidad de tener una vida de trato con Dios. Me di cuenta de queDios me había dado mucho y que yo tenía que respon- der. Mi maestro fue san Josemaría. Al leer sus libros me parecía que estaban dirigidos a mí, y fui descubriendo que no podía permanecer pasivo. Empecé a desear amar a Dios apasionadamente y descubrí mi vocación al Opus Dei. Actualmente soy, en primer lugar, es- poso y padre de familia. Luego, soy pro- fesor. Mi esposa y yo nos esforzamos por mantener nuestro matrimonio jo- ven y por hacernos amigos de nuestros siete hijos. Esto sólo se logra gastando tiempo con ellos, hablando y, sobre todo, escuchándoles. Soy su entrena- dor de rugby y dedico mucho tiempo a enseñar a los mayores otros deportes. Me parece importante que no nos vean como personas que les contemplan mientras crecen y adquieren experien- cias, sino como quien quiere adquirir esas experiencias a la vez que ellos. En nuestra familia hemos pasado por muchos momentos duros: tanto mi es- posa como yo tenemos un carácter tes- tarudo que a veces hace difícil la vida matrimonial, los dos hemos perdido a nuestros padres y a otros parientes, hemos sufrido enfermedades serias y otras cosas de ese estilo. El espíritu de filiación divina nos ha ayudado a ver todo esto como una caricia de Dios y a entender el sentido positivo que tienen las dificultades. La escasez de recursos, por ejemplo, es uno de los grandes regalos que po- demos dar a nuestros hijos. Aunque están rodeados de materialismo y con- sumismo, en casa vivimos con un presu- puesto muy ajustado. Nos gustaría que esto les ayude a descubrir a Jesucristo como amigo, y a darse cuenta de que lo que les dará la felicidad es hacer la voluntad de Dios. 
  11. 11. Verónica Montiel Buenos Aires, Argentina. Estudia filosofía y trabaja en la biblioteca de la Universidad Nacional de la Plata. “Redescubrí el valor de la confesión, una herramienta indispensable para seguir de cerca a Jesús”. Raul C. Hernandez Quezon City, Filipinas. Empresario. Desde que se jubiló, se dedica a la promoción de cooperativas y programas de formación empresarial para jóvenes. “Teníamos que reorganizar la empresa de modo que los afectados pudieran mantener sus familias”. Siempre había tomado la religión como una materia más, como filosofía, geografía o historia. Tenía concepciones mate- rialistas muy arraigadas y estaba convencida de que la justicia social y la libertad de los trabajadores llegarían por medio de una revolución que aboliría las clases sociales. Conocer las enseñanzas de san Josemaría fue dar un giro de 180º. Entendí que ninguna revolución es posible sin ese sí libérrimo que cada uno puede dar a Dios. Cuando empecé a asistir a medios de formación cristiana, una de las cosas que más me llamaron la atención fue la ale- gría y buen humor de las personas que encontraba; me re- sultaba bastante incomprensible. Con el tiempo redescubrí el valor de la confesión, una “herramienta” indispensable para seguir de cerca a Jesús, reconciliarnos con Él y mantener en el corazón esa alegría que proviene de Dios. Me llené de deseos de mostrar que –con la gracia de Dios y mi esfuerzo– es posi- ble cambiar esta sociedad por otra más justa.  El fundador del Opus Dei ha tenido mucho que ver con mi modo de afrontar problemas en el trabajo. Un ejemplo claro fue cuando mi empresa necesitó un plan para ser más compe- titiva. La estrategia forzosa era la jubilación anticipada y, en algún caso, el despido de empleados. Ante este desafío, recé y me di cuenta de que la vida de san Josemaría estaba fundamentada en el amor a Cristo y a la gente. Pensé que esa perspectiva era muy aplicable en el mundo empresarial. Esto nos llevó a diseñar la reorganización de la empresa de acuerdo con un planteamiento que tuviera en cuenta que los afectados pudieran convertirse en empre- sarios y, de este modo, seguir teniendo entradas económicas para mantener a sus familias.  Québec, Canadá. Estudió medicina. Duante cuatro años estuvo en las fuerzas armadas canadienses como clarinetista. “Mis relaciones de amistad han tomado un sentido nuevo: ahora comprendo mejor mi responsabilidad de compartir con mis amigos este tesoro de alegría”. Marie Cantin Hace unos diez años, cuando hice la elección de dedicarme totalmente a mi familia y dejar por algún tiempo mi profesión de médico, sentí la necesidad de alimentar mi fe. Me acordé entonces del Opus Dei. Decidí ponerme en con- tacto con un centro de la Prelatura, y ¡eureka!, lo que oía saciaba mi sed de amar a Cristo. Desde el comienzo, me cautivó el mensaje sobre el trabajo. Aprecié mu- cho descubrir que lo que da valor a nuestras tareas era el amor de Dios que se pone al realizarlas. Es, en medio de las cosasmás materiales de la tierra, donde debemos santificarnos, sir- viendo a Dios y todos los hombres, decía el fundador del Opus Dei. Bajo esta luz, el simple hecho de preparar una comida o de bañar a un niño ad- quiere un valor infinito. Mi vida espiritual se ha enriquecido con el estudio de los escritos de san Josemaría. He comprendido que mi bautismo me confiere una vocación –la santidad– y que es posible alcanzarla gracias a la frecuencia de sacramentos, la oración, la dirección espiritual, el co- nocimiento de la doctrina cristiana. Me impresionó el amor de san Jose- maría a esa fuente de gracias que son los sacramentos. La misa, centro y raíz de la vida cristiana, es cada vez más para mí, como lo fue para él, el eje alrededor del que giran mis días. Además, la frecuen- cia asidua del sacramento de la alegría, o sea la confesión, me ayuda a conocer- me mejor y a discernir más claramente la voluntad de Dios; ese encuentro de corazón a corazón entre Padre e hija me permite experimentar aún más la reali- dad de la filiación divina, fundamento del espíritu del Opus Dei. Una vez que mi vida interior cre- ció, descubrí la posibilidad de ver con la mirada de Dios, de desarrollar un “alma contemplativa” que me ayude en el esfuerzo por captar la voluntad de Dios en esos detalles pequeños y grandes de la vida. Pero el pano- rama que me abrieron los escritos de san Josemaría no se limita a mi santi- ficación, sino que desborda hacia los demás: mis relaciones de amistad han tomado un sentido nuevo, porque comprendo mejor mi responsabilidad de compartir con mis amigos este te- soro de alegría. Desde que conozco todo esto, no pasa un día sin que agradezca a Dios que haya abierto este nuevo camino de santidad en su Iglesia y que nos haya invitado a mi esposo y a mí a seguirle en él. 
  12. 12. San Josemaría San Josemaría Escrivá nació en Barbastro (España) el 9-I-1902. Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 28-III-1925. El 2-X-1928 fundó, por inspiración divina, el Opus Dei. El 26-VI-1975 falleció repentinamente en Roma, después de haber mirado con inmenso cariño por última vez una imagen de la Virgen que presidía el cuarto de trabajo. En ese momento el Opus Dei estaba extendido por los cinco continentes, y contaba con más de 60.000 miembros de 80 nacionalidades, al servicio de la Iglesia con el mismo espíritu de plena unión al Papa y a los Obispos que vivió siempre san Josemaría Escrivá. El Santo Padre Juan Pablo II canonizó al fundador del Opus Dei en Roma, el 6-X-2002. Su fiesta litúrgica se celebra el 26 de junio. El cuerpo de san Josemaría Escrivá reposa en la Iglesia prelaticia de Santa María de la Paz. Viale Bruno Buozzi 75, Roma. “En honor de la Santísima Trinidad, para exaltación de la fe católica y crecimiento de la vida cristiana,... declaramos y definimos Santo al Beato Josemaría Escrivá de Balaguer y lo inscribimos en el Catálogo de los Santos...” El trabajo y cualquier otra actividad, llevada a cabo con la ayuda de la gracia, se convierten en medios de santificación cotidiana. “La vida habitual de un cristiano que tiene fe –solía afirmar Josemaría Escrivá–, cuando trabaja o descansa, cuando reza o cuando duerme, en todo momento, es una vida en la que Dios siempre está presente” (...) Siguiendo sus huellas, difundid en la sociedad, sin distinción de raza, clase, cultura o edad, la conciencia de que todos estamos llamados a la santidad. Juan Pablo II De la homilía del 6-X-2002 Oh, Dios, que has elegido a San Josemaría, sacerdote, para anunciar la vocación universal a la santidad y al apostolado en la Iglesia, infunde tu bendición sobre esta imagen y haz que todos aquellos que la contemplen sean alentados a cumplir fielmente el trabajo cotidiano en el espíritu de Cristo y a servir con ardiente amor a la obra de la redención. Por Cristo nuestro Señor. Benedicto XVI Oración recitada en la bendición de la estatua de San Josemaría en la Basílica de San Pedro.

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