2. • Jesucristo vino al mundo para anunciar e inaugurar el reino
de Dios.
• Los hombres poseen una innata capacidad para recibir a
Dios en su corazón (cf. Rm 5, 5). Sin embargo, esta
capacidad es ofuscada por el pecado, y en algunas
ocasiones el mal ocupa en el hombre el puesto que sólo le
corresponde a Dios.
• Jesucristo vino a liberar al hombre del mal y del pecado, y
también de todas las formas de dominación del diablo y de
sus espíritus malignos, llamados demonios, que quieren
pervertir el sentido de la vida del hombre.
• Jesucristo expulsaba los demonios para darle al hombre la
posibilidad de conseguir la libertad ante Dios, que quiere
darle su Espíritu Santo, para que se convierta en su templo
vivo y dirija sus pasos hacia el camino de la salvación
eterna.
3. • De todos los milagros que hacia Jesús, los más
impactantes fueron los exorcismos.
• Los Evangelios han conservado seis de esos relatos:
• el endemoniado de Cafarnaúm (Mc 1,23-28)
• Los poseídos de Gadara (Mt 8, 28-32)
• la hijita de una mujer cananea(Mc 7,24-30),
• un joven epiléptico “con un espíritu mudo” (Mc
9,14-27),
• el endemoniado mudo (Mt 9,32-34)
• el endemoniado ciego y mudo (Mt 12,22).
• En estos relatos Jesús se dirige al diablo en
términos directos y personales: “Sal de ahí, yo te lo
digo, sal fuera”. Los demonios lo obedecen y lo
reconocen como el Santo Hijo de Dios.
6. Entró en aquella sinagoga un hombre que estaba en
poder de un espíritu impuro, y se puso a gritar: ”¿Qué
quieres con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a
destruirnos? Yo sé que tú eres el santo de Dios”. Jesús le
hizo frente con autoridad: “¡Cállate y sal de ese
hombre!” El espíritu malo revolcó al hombre en el suelo
y lanzó un grito tremendo, pero luego salió de él.
(Marcos 1, 23-26)
8. Al llegar a la otra orilla, a la tierra de Gadara, dos
endemoniados salieron de entre los sepulcros y
vinieron a su encuentro. Eran hombres tan salvajes que
nadie se atrevía a pasar por aquel camino. Y se
pusieron a gritar: “¡No te metas con nosotros, Hijo de
Dios!” ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de
tiempo?”.
A cierta distancia de allí había una gran piara de
cerdos comiendo. Los demonios suplicaron a Jesús: “Si
nos expulsas, envíanos a esa piara de cerdos”. Jesús les
dijo: “Vayan”. Salieron y entraron en los cerdos. Al
momento toda la piara se lanzó hacia el lago por la
pendiente, y allí se ahogaron. (Mateo 8, 28-32)
10. Jesús marchó de allí y se fue en dirección a las tierras de Tiro y
Sidón. Una mujer cananea, que llegaba de ese territorio,
empezó a gritar: “¡Señor, Hijo de David, ten compasión de mí!
Mi hija está atormentada por un demonio”. Pero Jesús no le
contestó ni una palabra. Entonces sus discípulos se acercaron y
le dijeron: “Atiéndela, mira como grita detrás de nosotros”.
Jesús contestó: “No he venido enviado sino a las ovejas
perdidas del pueblo de Israel”.
Pero la mujer se acercó a Jesús y, puesta de rodillas, le decía:
“¡Señor, ayúdame!” Jesús le dijo: “No se debe echar a los
perros el pan de los hijos”. La mujer contestó: “Es verdad,
Señor, pero también los perritos comen las migajas que caen
de la mesa de sus amos”. Entonces Jesús le dijo: “Mujer, ¡qué
grande es tu fe! Que se cumpla tu deseo”. Y en aquel
momento quedó sana su hija. (Mateo 15, 21-28)
12. Cuando volvieron donde estaba la gente, se acercó
un hombre a Jesús y se arrodilló ante él. Le dijo:
”Señor, ten piedad de mi hijo, que es epiléptico y su
estado es lastimoso. A menudo se nos cae al fuego,
y otras veces al agua. Lo he llevado a tus discípulos,
pero no han podido curarlo”.
Jesús respondió: “¡Qué generación tan incrédula y
malvada! ¿Hasta cuando estaré entre ustedes?
¿Hasta cuando tendré que soportarlos?
Tráiganmelo acá”.
En seguida Jesús dio una orden al demonio, que
salió, y desde ese momento el niño quedó sano.
(Mateo 17, 14-18)
14. Apenas se fueron los ciegos, le trajeron a uno que
tenía un demonio y no podía hablar. Jesús echó al
demonio, y el mudo empezó a hablar. La gente
quedó maravillada y todos decían: “Jamás se ha
visto cosa igual en Israel”. En cambio, los fariseos
comentaban: “Este echa los demonios con la ayuda
del príncipe de los demonios”. (Mateo 9, 32-34)
16. Algunos le trajeron un endemoniado que era
ciego y mudo. Jesús lo sanó de modo que pudo
ver y hablar. Ante esto, toda la gente quedó
asombrada y preguntaban: “¿No será este el hijo
de David?” (Mateo 12, 22-23)
17. Otros casos
Además de los anteriores, hay en los Evangelios otras
narraciones genéricas que muestran a Jesús curando
endemoniados. Por ejemplo:
• “Antes del atardecer, cuando se ponía el sol, empezaron
a traer a Jesús todos los enfermos y personas poseídas
por espíritus malos. Jesús sanó a muchos enfermos… y
expulsó muchos demonios…” (Mc 1,32-34);
• “Y Jesús empezó a visitar las sinagogas de aquella
gente, recorriendo toda Galilea. Predicaba y expulsaba
a los demonios” (Mc 1,39);
• “Incluso los espíritus impuros, apenas lo veían, se
arrojaban a sus pies y gritaban: “Tú eres el Hijo de
Dios”. (Mc 3, 11).
18. El modo en cómo Jesús realiza el exorcismo es lo que
hace la diferencia entre Jesús y los otros maestros de
su época.
Jesús expulsa al demonio de forma nueva, no
siguiendo un ritual, sino con una palabra llena de
autoridad que maravilla a la gente.
Es la autoridad que vemos también en la realización de
sus milagros: “Quiero, queda limpio” (Mc 1,40-45) y la
autoridad única con la que enseña: “Ustedes han
escuchado lo que se dijo a sus antepasados…Pero yo
les digo…” (Mt 5,21ss).