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hoja parroquial

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Año 11, nº 566 - 13 de septiembre de 2015
“Y vosotros, ¿quién decís que soy?”
EL PÚLPITO
PARROQUIA DE NTRA. SRA. DE LA MEDALLA MILAGROSA
EL PUERTO DE SANTA MARÍA (CÁDIZ)
Domingo 24º del Tiempo Ordinario
San Juan Crisóstomo
¿Qué decimos cuando, en un
ambiente frío u hostil, se
nos interroga sobre nuestra
f e ? ¿ Q u é r e s p u e s t a s
ofrecemos, desde nuestra
vivencia religiosa, cuando se
nos plantea la ausencia o
inexistencia de Dios en
medio del mundo?
Preguntas que, más que
respuestas, exigen un
convencimiento profundo de
lo que somos y vivimos:
s o m o s c r i s t i a n o s y
queremos vivir como tales.
Ser cristiano, no es muy
difícil. Pero “VIVIR COMO
CRISTIANO” se hace más
cuesta arriba. Sobre todo si,
vivir como cristianos,
implica ir contracorriente.
Decir al “pan, pan y al vino,
vino”. O, por ejemplo, no
comulgar con ruedas de
molino en temas o en
problemas que, la sociedad,
presenta como paradigma
de progreso o bienestar
social. Como a Pedro,
también a nosotros, el
c o r a z ó n n o s p u e d e
traicionar. Queremos un
Jesús amigo, confidente,
c o m p a ñ e r o p e r o s i n
demasiadas exigencias.
Aquel viejo adagio “serás mi
amigo siempre y cuando no
pongas piedras en mi
camino” viene muy bien
para reflexionar sobre el
mensaje evangélico de este
domingo. Jesús nos lo
adelanta: “quien no coja su
cruz y me siga no es digno
de mí”.
Es cómoda una fe sin obras.
Una vivencia sin más
trascendencia que un “vis a
vis” con Dios. Sin más
c o m p r o m i s o q u e l a
tranquilidad que supone el
estar bautizado. El ser
c r i s t i a n o , p e r o s i n
a v e n t u r a r s e e n d a r
t e s t i m o n i o d e l o q u e
creemos, escuchamos y
sentimos: Jesucristo es
nuestra salvación.
¿Que quieres vivir bien? ¡No
te compliques la vida! Pero,
v i e n e e l S e ñ o r y n o s
recuerda que para entrar
por la puerta del cielo, hay
que emplearse a fondo en su
causa. Confesar el nombre
del Señor no solamente es
despegar los labios y decir
un “sí, creo”. Además nos
exige un construir nuestra
vida con los ladrillos de la
fraternidad, el perdón y el
testimonio de nuestra fe.
¿Queremos confesar, con
todas las consecuencias, el
n o m b r e d e J e s ú s ?
Aprendamos a conocerle
m á s y m e j o r . N o s
preocupemos de meditar su
Palabra. De avanzar por los
caminos que Él nos propone.
E l S e ñ o r, a d e m á s d e
bautizados en su nombre,
desea gente de bien que viva
según lo que nos exige el
Bautismo: una vida en Dios,
entregada a los demás y
profundamente arraigada
en Cristo.
E n c i e r t a o c a s i ó n u n
nadador cruzó un inmenso
río. Y, al llegar a la otra
orilla, le preguntaron: “¿Son
profundas las aguas?” Y, el
deportista, respondió: “la
verdad es que no me he
fijado. Solamente he nadado
superficialmente. No he
buceado”. Algo así, queridos
amigos, nos puede ocurrir a
nosotros. Como Pedro
p o d e m o s p r e t e n d e r
quedarnos en lo bonito de la
a m i s t a d , E n l a
superficialidad de la fe.
Pero, el Señor quiere y
desea que ahondemos en lo
que creemos. Que vivamos
según como pensamos. Y
que, en definitiva, no
r e h u y a m o s d e e s a s
situaciones en las que
podemos demostrar si
nuestra fe es oro molido o
arena que se escapa entre
las manos. ¿Y nosotros qué?
Javier	
  Leoz,	
  sacerdote
¿Y nosotros qué?
PRIMERA LECTURA
(Is 50, 5-9a)
“Mirad, el Señor me ayuda,
¿quién me condenará?”
El Señor me abrió el oído; yo no
resistí ni me eché atrás: ofrecí la
espalda a los que me aplastaban, las
mejillas a los que mesaban mi barba;
no me tapé el rostro ante ultrajes ni
salivazos. El Señor me ayuda, por
eso no sentía los ultrajes; por eso
endurecí el rostro como pedernal,
s a b i e n d o q u e n o q u e d a r í a
defraudado. Tengo cerca a mi
defensor, ¿quién pleiteará contra
mí? Comparezcamos juntos. ¿Quién
tiene algo contra mí? Que se me
acerque. Mirad, el Señor me ayuda,
¿quién me condenará?
SALMO RESPONSORIAL
(Sal 114, 1-9)
R: Caminaré en presencia
del Señor en el país de la vida
Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco. R.
Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre el Señor,
“Señor, salva mi vida”. R.
El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas, me salvó. R.
Arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida. R.
SEGUNDA LECTURA
(Stg 2, 14-18)
“Enséñame tu fe sin obras, y yo,
por las obras, te probaré mi fe”
¿De qué le sirve a uno, hermanos
míos, decir que tiene fe, si no tiene
obras? ¿Es que esa fe lo podrá
salvar? Supongamos que un
hermano o una hermana andan sin
ropa y faltos de alimento diario, y
que uno de vosotros les dice: “Dios os
ampare; abrigaos y llenaos el
estómago”, y no le dais lo necesario
para el cuerpo; ¿de que sirve? Esto
pasa con la fe: si no tiene obras, por
sí sola está muerta. Alguno dirá: “Tú
tienes fe, y yo tengo obras.
Enséñame tu fe sin obras, y yo, por
las obras, te probaré mi fe”.
SANTO EVANGELIO
(Mc 8, 27-35)
“Tú eres el Mesías”
En aquel tiempo, Jesús y sus
discípulos se dirigieron a las aldeas
de Cesarea de Felipe; por el camino,
preguntó a sus discípulos: “¿Quién
dice la gente que soy yo?” Ellos le
contestaron: “Unos, Juan Bautista;
otros, Elías; y otros, uno de los
profetas”. Él les preguntó: “Y
vosotros, ¿quién decís que soy?”
Pedro le contestó: “Tú eres el
M e s í a s ” . É l l e s p r o h i b i ó
terminantemente decírselo a nadie.
Y empezó a instruirlos: “El Hijo del
hombre tiene que padecer mucho,
tiene que ser condenado por los
ancianos, sumos sacerdotes y
escribas, ser ejecutado y resucitar a
los tres días”. Se lo explicaba con
toda claridad. Entonces Pedro se lo
llevó aparte y se puso a increparlo.
Jesús se volvió y, de cara a los
discípulos, increpó a Pedro: “¡Quítate
de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas
como los hombres, no como Dios!”
Después llamó a la gente y a sus
discípulos, y les dijo: “El que quiera
venirse conmigo, que se niegue a sí
mismo, que cargue con su cruz y me
siga. Mirad, el que quiera salvar su
vida la perderá; pero el que pierda su
vida por mí y por el Evangelio la
salvará”.
“Y vosotros, ¿quién decís que soy?”
Parroquia de Ntra. Sra. de la Medalla Milagrosa. C/Federico García Lorca, s/n. Apdo. de correos, 164. 11.500 El Puerto de Santa María. Tlfno: 956 85 65 61.
Tiempo de oración
Lecturas de la próxima semana
(4ª semana del salterio)
Lunes 14: FIESTA DE LA EXALTACIÓN
DE LA CRUZ
Num 21, 4b-9; Sal 77, 1-2.34-38; Jn 3, 13-17
Martes 15: Nuestra Señora,
la Virgen de los Dolores
Hb 5, 7-9; Sal 30, 2-6.15-16.20; Jn 19, 25-27
Miércoles 16: Santos Cornelio y Cipriano
1Tm 3, 14-16; Sal 110, 1-6; Lc 7, 31-35
Jueves 17: San Roberto Belarmino
1Tm 4, 12-16; Sal 110, 7-10; Lc 7, 36-38.50
Viernes 18: San José de Cupertino
1Tm 6, 2c-12; Sal 48, 6-10.17-20; Lc 8, 1-3
Sábado 19: San Jenaro
1Tm 6, 13-16; Sal 99, 2-5; Lc 8, 4-15
Domingo 20: San Andrés Kim
Sb 2, 12.17-20; Sal 53, 3-8; Stg 3, 16 - 4, 3;
Mc 9, 30-37
Jueves Eucarístico y Sacerdotal
(hora de meditación con exposición del Santísimo)
Todos los jueves de 20.30 a 21.30h.
Envíe sus aportaciones a hojaparroquialmilagrosa@yahoo.es
ORACIÓN	
  POR	
  EL	
  EMIGRANTE	
  Y	
  EL	
  REFUGIADO
	
   	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  
Señor,	
  	
  Dios,	
  Tú	
  que	
  has	
  creado	
  todos	
  los	
  pueblos	
  a	
  tu	
  imagen,	
  te	
  
adoramos.	
  Elevamos	
  nuestros	
  corazones	
  y	
  nuestras	
  voces	
  hacia	
  
Ti.	
  Te	
  pedimos	
  por	
  los	
  países	
  y	
  los	
  pueblos,	
  de	
  donde	
  han	
  huido	
  
los	
  refugiados.	
  Que	
  la	
  paz	
  entre	
  los	
  pueblos,	
  la	
  reconciliación	
  a	
  
todos	
  los	
  niveles,	
  y	
  el	
  desarrollo	
  humano	
  para	
  todos,	
  pueda	
  
converCrse	
  en	
  realidad.	
  
Te	
  pedimos	
  por	
  los	
  países	
  de	
  origen	
  de	
  todos	
  los	
  emigrantes,	
  que	
  
buscan	
  mejores	
  condiciones	
  de	
  vida,	
  para	
  ellos	
  y	
  para	
  sus	
  
familias.	
  Te	
  pedimos	
  por	
  sus	
  jefes,	
  para	
  que	
  se	
  comprometan	
  con	
  
el	
  bienestar	
  de	
  su	
  pueblo.	
  	
  	
  
Te	
  pedimos	
  por	
  los	
  «extranjeros»	
  que	
  viven	
  en	
  nuestros	
  países,	
  
que	
  terminan	
  en	
  los	
  suburbios	
  y	
  en	
  los	
  barrios	
  pobres	
  de	
  	
  las	
  
grandes	
  ciudades,	
  donde	
  comparten	
  su	
  vida	
  con	
  los	
  marginados	
  
o	
  con	
  los	
  que	
  están	
  sin	
  trabajo.	
  	
  	
  
Te	
  pedimos	
  por	
  todos	
  los	
  que	
  Cenen	
  el	
  poder	
  de	
  decidir	
  los	
  
acuerdos	
  y	
  las	
  leyes	
  internacionales.	
  Que	
  miren,	
  no	
  sólo	
  por	
  los	
  
intereses	
  de	
  sus	
  propios	
  países,	
  sino	
  que	
  tomen	
  en	
  consideración	
  
la	
  situación	
  de	
  los	
  países	
  pobres	
  del	
  mundo.	
  
Abre	
  nuestros	
  corazones,	
  nuestras	
  casas,	
  y	
  nuestras	
  iglesias	
  a	
  los	
  
extranjeros,	
  refugiados,	
  y	
  a	
  todos	
  los	
  que	
  buscan	
  asilo	
  políCco.	
  
Que	
  se	
  sientan	
  acogidos	
  e	
  integrados	
  en	
  nuestra	
  sociedad.	
  
Te	
  pedimos	
  por	
  todos	
  los	
  crisCanos	
  y	
  por	
  los	
  hombres	
  y	
  mujeres	
  
de	
  buena	
  voluntad.	
  Que	
  la	
  comunidad	
  crisCana	
  nacida	
  de	
  
Pentecostés,	
  en	
  la	
  «diferencia	
  de	
  culturas»,	
  se	
  abra	
  a	
  los	
  
emigrantes,	
  no	
  sólo	
  para	
  acogerlos	
  sino	
  sobre	
  todo	
  para	
  crear	
  la	
  
«comunión»	
  entre	
  las	
  diferentes	
  comunidades,	
  y	
  vivir	
  así	
  la	
  
universalidad	
  de	
  la	
  Iglesia.	
  Te	
  lo	
  pedimos	
  por	
  Cristo	
  Nuestro	
  
Señor,	
  que	
  era	
  un	
  refugiado	
  y	
  que	
  ha	
  plantado	
  su	
  Cenda	
  entre	
  
nosotros.	
  
De	
  las	
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DOMINGO XXXII DEL TO. CICLO C. 10 DE NOVIEMBRE DEL 2013
 

13-09-15

  • 1. Año 11, nº 566 - 13 de septiembre de 2015 “Y vosotros, ¿quién decís que soy?” EL PÚLPITO PARROQUIA DE NTRA. SRA. DE LA MEDALLA MILAGROSA EL PUERTO DE SANTA MARÍA (CÁDIZ) Domingo 24º del Tiempo Ordinario San Juan Crisóstomo ¿Qué decimos cuando, en un ambiente frío u hostil, se nos interroga sobre nuestra f e ? ¿ Q u é r e s p u e s t a s ofrecemos, desde nuestra vivencia religiosa, cuando se nos plantea la ausencia o inexistencia de Dios en medio del mundo? Preguntas que, más que respuestas, exigen un convencimiento profundo de lo que somos y vivimos: s o m o s c r i s t i a n o s y queremos vivir como tales. Ser cristiano, no es muy difícil. Pero “VIVIR COMO CRISTIANO” se hace más cuesta arriba. Sobre todo si, vivir como cristianos, implica ir contracorriente. Decir al “pan, pan y al vino, vino”. O, por ejemplo, no comulgar con ruedas de molino en temas o en problemas que, la sociedad, presenta como paradigma de progreso o bienestar social. Como a Pedro, también a nosotros, el c o r a z ó n n o s p u e d e traicionar. Queremos un Jesús amigo, confidente, c o m p a ñ e r o p e r o s i n demasiadas exigencias. Aquel viejo adagio “serás mi amigo siempre y cuando no pongas piedras en mi camino” viene muy bien para reflexionar sobre el mensaje evangélico de este domingo. Jesús nos lo adelanta: “quien no coja su cruz y me siga no es digno de mí”. Es cómoda una fe sin obras. Una vivencia sin más trascendencia que un “vis a vis” con Dios. Sin más c o m p r o m i s o q u e l a tranquilidad que supone el estar bautizado. El ser c r i s t i a n o , p e r o s i n a v e n t u r a r s e e n d a r t e s t i m o n i o d e l o q u e creemos, escuchamos y sentimos: Jesucristo es nuestra salvación. ¿Que quieres vivir bien? ¡No te compliques la vida! Pero, v i e n e e l S e ñ o r y n o s recuerda que para entrar por la puerta del cielo, hay que emplearse a fondo en su causa. Confesar el nombre del Señor no solamente es despegar los labios y decir un “sí, creo”. Además nos exige un construir nuestra vida con los ladrillos de la fraternidad, el perdón y el testimonio de nuestra fe. ¿Queremos confesar, con todas las consecuencias, el n o m b r e d e J e s ú s ? Aprendamos a conocerle m á s y m e j o r . N o s preocupemos de meditar su Palabra. De avanzar por los caminos que Él nos propone. E l S e ñ o r, a d e m á s d e bautizados en su nombre, desea gente de bien que viva según lo que nos exige el Bautismo: una vida en Dios, entregada a los demás y profundamente arraigada en Cristo. E n c i e r t a o c a s i ó n u n nadador cruzó un inmenso río. Y, al llegar a la otra orilla, le preguntaron: “¿Son profundas las aguas?” Y, el deportista, respondió: “la verdad es que no me he fijado. Solamente he nadado superficialmente. No he buceado”. Algo así, queridos amigos, nos puede ocurrir a nosotros. Como Pedro p o d e m o s p r e t e n d e r quedarnos en lo bonito de la a m i s t a d , E n l a superficialidad de la fe. Pero, el Señor quiere y desea que ahondemos en lo que creemos. Que vivamos según como pensamos. Y que, en definitiva, no r e h u y a m o s d e e s a s situaciones en las que podemos demostrar si nuestra fe es oro molido o arena que se escapa entre las manos. ¿Y nosotros qué? Javier  Leoz,  sacerdote ¿Y nosotros qué?
  • 2. PRIMERA LECTURA (Is 50, 5-9a) “Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?” El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me aplastaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, s a b i e n d o q u e n o q u e d a r í a defraudado. Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará? SALMO RESPONSORIAL (Sal 114, 1-9) R: Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida Amo al Señor, porque escucha mi voz suplicante, porque inclina su oído hacia mí el día que lo invoco. R. Me envolvían redes de muerte, me alcanzaron los lazos del abismo, caí en tristeza y angustia. Invoqué el nombre el Señor, “Señor, salva mi vida”. R. El Señor es benigno y justo, nuestro Dios es compasivo; el Señor guarda a los sencillos: estando yo sin fuerzas, me salvó. R. Arrancó mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída. Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida. R. SEGUNDA LECTURA (Stg 2, 14-18) “Enséñame tu fe sin obras, y yo, por las obras, te probaré mi fe” ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos de alimento diario, y que uno de vosotros les dice: “Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago”, y no le dais lo necesario para el cuerpo; ¿de que sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta. Alguno dirá: “Tú tienes fe, y yo tengo obras. Enséñame tu fe sin obras, y yo, por las obras, te probaré mi fe”. SANTO EVANGELIO (Mc 8, 27-35) “Tú eres el Mesías” En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Felipe; por el camino, preguntó a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que soy yo?” Ellos le contestaron: “Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas”. Él les preguntó: “Y vosotros, ¿quién decís que soy?” Pedro le contestó: “Tú eres el M e s í a s ” . É l l e s p r o h i b i ó terminantemente decírselo a nadie. Y empezó a instruirlos: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días”. Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: “¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!” Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará”. “Y vosotros, ¿quién decís que soy?” Parroquia de Ntra. Sra. de la Medalla Milagrosa. C/Federico García Lorca, s/n. Apdo. de correos, 164. 11.500 El Puerto de Santa María. Tlfno: 956 85 65 61. Tiempo de oración Lecturas de la próxima semana (4ª semana del salterio) Lunes 14: FIESTA DE LA EXALTACIÓN DE LA CRUZ Num 21, 4b-9; Sal 77, 1-2.34-38; Jn 3, 13-17 Martes 15: Nuestra Señora, la Virgen de los Dolores Hb 5, 7-9; Sal 30, 2-6.15-16.20; Jn 19, 25-27 Miércoles 16: Santos Cornelio y Cipriano 1Tm 3, 14-16; Sal 110, 1-6; Lc 7, 31-35 Jueves 17: San Roberto Belarmino 1Tm 4, 12-16; Sal 110, 7-10; Lc 7, 36-38.50 Viernes 18: San José de Cupertino 1Tm 6, 2c-12; Sal 48, 6-10.17-20; Lc 8, 1-3 Sábado 19: San Jenaro 1Tm 6, 13-16; Sal 99, 2-5; Lc 8, 4-15 Domingo 20: San Andrés Kim Sb 2, 12.17-20; Sal 53, 3-8; Stg 3, 16 - 4, 3; Mc 9, 30-37 Jueves Eucarístico y Sacerdotal (hora de meditación con exposición del Santísimo) Todos los jueves de 20.30 a 21.30h. Envíe sus aportaciones a hojaparroquialmilagrosa@yahoo.es ORACIÓN  POR  EL  EMIGRANTE  Y  EL  REFUGIADO                                                                                                                                                                                                                                                     Señor,    Dios,  Tú  que  has  creado  todos  los  pueblos  a  tu  imagen,  te   adoramos.  Elevamos  nuestros  corazones  y  nuestras  voces  hacia   Ti.  Te  pedimos  por  los  países  y  los  pueblos,  de  donde  han  huido   los  refugiados.  Que  la  paz  entre  los  pueblos,  la  reconciliación  a   todos  los  niveles,  y  el  desarrollo  humano  para  todos,  pueda   converCrse  en  realidad.   Te  pedimos  por  los  países  de  origen  de  todos  los  emigrantes,  que   buscan  mejores  condiciones  de  vida,  para  ellos  y  para  sus   familias.  Te  pedimos  por  sus  jefes,  para  que  se  comprometan  con   el  bienestar  de  su  pueblo.       Te  pedimos  por  los  «extranjeros»  que  viven  en  nuestros  países,   que  terminan  en  los  suburbios  y  en  los  barrios  pobres  de    las   grandes  ciudades,  donde  comparten  su  vida  con  los  marginados   o  con  los  que  están  sin  trabajo.       Te  pedimos  por  todos  los  que  Cenen  el  poder  de  decidir  los   acuerdos  y  las  leyes  internacionales.  Que  miren,  no  sólo  por  los   intereses  de  sus  propios  países,  sino  que  tomen  en  consideración   la  situación  de  los  países  pobres  del  mundo.   Abre  nuestros  corazones,  nuestras  casas,  y  nuestras  iglesias  a  los   extranjeros,  refugiados,  y  a  todos  los  que  buscan  asilo  políCco.   Que  se  sientan  acogidos  e  integrados  en  nuestra  sociedad.   Te  pedimos  por  todos  los  crisCanos  y  por  los  hombres  y  mujeres   de  buena  voluntad.  Que  la  comunidad  crisCana  nacida  de   Pentecostés,  en  la  «diferencia  de  culturas»,  se  abra  a  los   emigrantes,  no  sólo  para  acogerlos  sino  sobre  todo  para  crear  la   «comunión»  entre  las  diferentes  comunidades,  y  vivir  así  la   universalidad  de  la  Iglesia.  Te  lo  pedimos  por  Cristo  Nuestro   Señor,  que  era  un  refugiado  y  que  ha  plantado  su  Cenda  entre   nosotros.   De  las  Hermanas  Misioneras  de  Nuestra  Señora  de  África