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1
La Resurrección:
¿Restauración o nueva creación?
P. Simón Pedro Arnold
10 de abril de 2021
Octava de Pascua
Es interesante pensar durante toda
esta travesía del tiempo pascual, hasta
Pentecostés, qué significa creer en Cristo
Resucitado, creer en la
Resurrección,
especialmente en un
contexto de muerte como
el que estamos
atravesando en este
momento. Cómo ir más
allá de los discursos
piadosos o falsamente
consoladores en los cuales
ya nadie está creyendo.
Entonces les
propongo una serie (…)
que va a tener como título
general “habla de
Resurrección en un
mundo de muerte”.
La primera meditación va a buscar
aclarar algunos conceptos, algunas
concepciones opuestas, en el fondo, de la
resurrección y del resucitado. La 1ª
meditación tendrá como título una
pregunta: Resurrección: ¿Restauración o
nueva creación?. Quizá más allá de la
pregunta es una opción de fe. Quisiera
partir de una constatación en las
Escrituras, en los Evangelios que en el
Nuevo Testamento no hay ningún relato
de la Resurrección como hecho, el hecho
de la resurrección no está relatado en
ninguna parte simplemente porque
no se trata de un hecho histórico que se
pueda registrar en un libro de historia, o
en una grabación. Es una
experiencia de carácter
mística, de Fe. Lo único que
tenemos en la Escritura, en el
Evangelio en particular o en
los Hechos de los Apóstoles
son relatos de apariciones.
Apariciones y desapariciones
no son, no nos describen la
Resurrección de Cristo, sino
que nos ponen en la dinámica
de la fe de la comunidad que
va visualizando poco a poco
en comunidad, de manera
diversa según las diferentes
comunidades representadas
por los Evangelios. También tenemos
después en San Pablo (y en San Juan,
aunque no tanto después, sino más en
Pablo, que son los textos más antiguos);
en Pablo tenemos ya una construcción
teológica de la resurrección muy
sofisticada, muy elaborada, pero ningún
relato, y nunca habrá ningún relato del
hecho de la resurrección porque es
imposible. Y quien se atreva a representar
el hecho de la resurrección está
cometiendo una herejía grave que sea a
través de pinturas, o imágenes o de relato.
Ningún relato sobre la resurrección pero sí
relatos de apariciones.
2
Me voy a quedar en estos relatos
de apariciones que tienen que ver con la
tradición. Estos relatos han ido
elaborándose poco a poco en las
comunidades para dar razón –como
parábolas, como construcciones
simbólicas- da razón de la convicción de la
comunidad, de esta convicción profunda
de nuestra fe cristiana de que Cristo ha
resucitado. Pablo va a decir “si Cristo no
ha resucitado somos los más desgraciados
de los seres humanos”. Pero estas
apariciones son construcciones
comunitarias a nivel simbólico que van
como dando razón de la tradición de la
comunidad primitiva. Quiere decir que
para entrar en el misterio de esta
experiencia teológica y mística de la
comunidad, justamente la Comunidad es
indispensable. Podríamos decir sin riesgo
de equivocarnos que la vida en
comunidad, el compartir de la fe en
comunidad es el único verdadero lugar
permanente donde se manifiesta el
Resucitado. El Resucitado no se puede
manifestar fuera de una tradición
comunitaria; aún cuando algunas
apariciones son individuales, se refieren
siempre a la experiencia comunitaria:
(…)lo que le dice Jesús a María Magdalena
en Juan 20 “Vete a anunciar a mis
hermanos, diles lo que te he dicho”. Sin
comunidad fraterna no hay resurrección.
La vida comunitaria, fraterna y la
resurrección están completamente
solidarios.
Abrir la Palabra, abrir las Escrituras,
y tratar de leer los acontecimientos a la
luz de las Escrituras como hizo Jesús en el
relato de Emaús eso es una tarea y una
responsabilidad permanente de la
comunidad creyente.
Compartir el pan en la misma mesa;
casi todos los relatos de apariciones
tienen que ver con una mesa, con un
compartir de la comida.
Tocar las heridas del Cuerpo de
Cristo que es su Iglesia, que es la
humanidad entera, y podríamos añadir
“tocar las heridas de Cristo que es el
Cosmos entero” eso vale para todos los
tiempos. No sólo para el tiempo de las
primeras comunidades que empezaron a
meditar juntas sobre su fe en la
resurrección.
Entonces hay tres elementos de la
vida comunitaria que son fundamentales
para el testimonio de la Resurrección:
abrir juntos la Palabra para iluminar los
acontecimientos que vamos viviendo (…),
tratar de leer los acontecimientos de
nuestra historia presente inmediata a la
luz de la Palabra; compartir el pan, la
experiencia de la mesa común como
revelación de la resurrección; y tocar las
heridas de Cristo en el mundo.
A partir de esta aclaración, quizás
un poco decepcionante cuando digo “no
hay ningún relato de la resurrección, sólo
hay relato de apariciones que son relatos
construidos en la tradición creyente de las
comunidades”, a partir de ahí tenemos
que reconocer que en la historia de la
Iglesia hay varias visiones de esta
experiencia fundadora de la comunidad.
Básicamente una visión conservadora y
una visión abierta hacia el futuro. Me da la
impresión que en el momento concreto de
la pandemia, de tiempo de muerte, estas
dos visiones se van confrontando en una
oposición irreductible.
3
La primera, la visión conservadora
que quizás se refleja en el lenguaje de la
religión popular, de la piedad, de la
devoción es considerar la resurrección de
Jesús y la resurrección, las resurrecciones,
como un fenómeno de restauración. Por
eso estoy hablando de una visión
conservadora, como si la resurrección
fuera la restauración del cadáver de Jesús,
como lo describe el relato de Lázaro como
lo describe el Evangelio de San Juan.
Si la resurrección de Jesús, nuestra
propia resurrección y la resurrección de
nuestros seres queridos es la restauración
de un cadáver, es decir
un retorno hacia atrás,
de lo vivido hacia atrás,
da la impresión que en
este momento nuestro
discurso sobre la
resurrección se topa con
una impasse. Fue
también la ilusión de
María Magdalena en el
relato de aparición en
San Juan, donde María quiere regresar al
cadáver; a eso llamo la visión
conservadora. Mi fe no se reconoce en la
idea de restauración de un cadáver.
Y hay una serie de signos en los
relatos de aparición que afirman que no
es una aparición. Por ejemplo que aparece
bajo otra figura, o que cuando aparece no
se le reconoce. Entonces, si fuera la simple
restauración del cadáver de Jesús, sí sería
muy fácil reconocerlo. Más bien, hay otra
visión de apertura, como si la
Resurrección fuera una apertura hacia una
nueva creación.
Quisiera trabajar algunas
expresiones de estos relatos de
apariciones (que no son relatos de
resurrección). La primera expresión que
me parece interesante en muchos de
estos relatos es que cuando ven a Jesús,
especialmente en San Lucas, cuando ven
al Resucitado no lo reconocen. Y cuando
reconocen al Resucitado, ya no lo ven.
Pareciera que en la Fe hay como una
oposición entre ver y reconocer; está muy
claro en el relato de Emaús pero también
en otros relatos de apariciones. Ver a
Jesús y no reconocerlo supone que hay un
primer momento de la experiencia de la
resurrección que es un acontecimiento
que es la presencia del Resucitado, del
Hombre Vivo, de la
Humanidad viva en medio
de nosotros, dentro de la
realidad histórica pero que
no se la puede descifrar
todavía. Se supone pasar
de la contemplación de la
visión al reconocimiento, y
eso es todo un proceso.
Cómo lo vamos a
reconocer a Aquel que se
ve? Relectura de la Palabra
que ilumina la realidad; compartir el pan y
tocar las heridas. Son siempre los tres
criterios para pasar del ver al reconocer.
Pero también una vez que se reconoce ya
no se lo ve. Es decir que uno no puede
apoderarse del Resucitado, no lo puede
confiscar, ni siquiera en una doctrina, ni
siquiera en un dogma.
Lo que quiere decir que la
experiencia de la resurrección, como
experiencia de fe, como experiencia
mística no es una evidencia. Cuando Jesús
caminaba con sus discípulos y con la
gente, como dice San Lucas, sí era
evidente: tú lo podías escuchar, lo podías
ver, lo podías tocar, podías verlo dormir,
lo podías ver encolerizarse con los
4
vendedores del Templo… esto era
evidente. El Jesús histórico era evidente.
En cambio el Jesús Resucitado ya no es
evidente, es el fruto de un proceso de fe, y
entonces San Lucas va a utilizar otra
expresión: el Resucitado ya no está con
nosotros, sino que está en medio de
nosotros; incluso, en otros textos, en
nosotros, como el Reino. Puede estar
dentro: “ahí donde dos o tres están
reunidos en mi Nombre, ahí estoy Yo”. En,
dentro… ahí está. “con” justamente no,
porque es la evidencia del Jesús histórico y
no la nueva presencia.
Entonces, cuando se lo ve no se lo
reconoce. Tú ves el mundo, por ejemplo
vemos la realidad de muerte de hoy, lo
vemos y no lo reconocemos, pues hay que
ser sinceros. Quién ve en este momento al
Resucitado? Nadie! Entonces, sí tu lo ves
pero no lo reconoces… Lo ve en la gente
que sufre, en el pan compartido en la
solidaridad. Tú tratas de escudriñarlo en la
Palabra, tocar las heridas. Pero no lo
reconoces. Y poco a poco haces un
proceso donde dentro de la oración,
dentro de la experiencia creyente
compartida vas a ir reconociéndolo poco a
poco resucitado, y ahí se te quita la
evidencia. La Resurrección no es una
evidencia. Y en ese sentido, y creo que es
muy importante para lo que vivimos hoy,
la Resurrección a pesar de que algunos
textos de la Escritura –de San Pablo en
particular- nos hagan titubear, la
Resurrección no es la derrota de la
muerte. Si la Resurrección es la derrota de
la muerte estamos fritos hoy frente a la
muerte. Estamos completamente
detenidos en nuestra fe si la Resurrección
es la derrota de la muerte. No es. Es la
transfiguración de la muerte. Creo que por
eso los relatos de transfiguración de Jesús
a sus tres discípulos queridos: Pedro, Juan
y Santiago, como que van preparando el
sentido de la Resurrección. La
Resurrección no es la derrota de la
muerte, no es lo contrario de la muerte,
no es la restauración de un cadáver, es la
transfiguración de la muerte.
En un segundo momento, después
de haber trabajado este “ver sin
reconocer” y “reconocer sin ver” al
Resucitado en los relatos de apariciones
quiero detenerme en la expresión de
Lucas “en medio de nosotros”. Cómo
poder decir que Cristo Resucitado está en
medio de nosotros en el contexto de
muerte masiva que conocemos. Saben
que en algunos países como los EEUU el
número de muerte de la pandemia supera
el número de muerte de la última guerra
mundial del país. Cómo decir que el
Resucitado está en medio de nosotros en
este contexto de muerte, casi sería una
bofetada decir eso, en qué sentido…?
Una primera afirmación, modesta,
humilde, me van a disculpar, el Resucitado
no niega ni resuelve el problema de la
pandemia. No es eso. No viene a
restaurar, no viene a levantar a los miles
de muerto que a diario nos están
afectando en el Perú en este momento,
no. No es eso el misterio de la
Resurrección. No viene ni a negar, ni a
resolver el problema de la pandemia. Y
por eso no podemos separar el dogma de
la Resurrección del dogma de la bajada a
los infiernos. El sábado santo propuse una
meditación de la bajada a los infiernos,
sobre la ausencia de Dios. Yo creo que
bajada a los infiernos es el lugar de la
Resurrección. Se dice que Jesús durante su
estadía en el sepulcro, según los relatos de
apariciones, va a visitar a los muertos y va
a levantar a Adán y Eva. Quiere decir que
5
va bajando en lo más hondo de nuestra
mortalidad, de nuestra tragedia, de
nuestros dramas. Bajar a los infiernos hoy
día sería entrar a lo más trágico, más
crudo, más cruel, más insoportable de la
pandemia; ahí está. Y entonces está “en
medio de” este infierno, ahí está el
Resucitado. El que resucitó es Aquel que
agarra de la mano esta humanidad dolida,
golpeada, herida. Y el Resucitado no es
alguien que ha dejado atrás este infierno,
sino que se manifiesta vivo, entero, de pie,
en medio de la tiniebla humana. Qué
significa eso? Un poco como los jóvenes
del profeta Daniel, en medio del horno
ardiente (que están, en otra versión, con
los leones en la fosa) y que finalmente
danzan y oran, y cantan un cántico que es
el de “los tres niños”; pues están “en
medio de” la hoguera, están en medio de
la fosa de los leones. Y ahí saltan, cantan,
danzan. La Resurrección es en medio de la
tiniebla humana, no “a pesar de”, no fuera
de ella. Estos tres niños, ya resucitados de
cierta manera, están diciendo que otro
mundo, otra manera de vivir no
solamente es posible -como dice el slogan
de hace algunos años- sino que ya
comenzó. Que esta hoguera, esta fosa de
los leones, esta pandemia ya es el
comienzo de una nueva manera de vivir. Y
ahí una imagen que me gusta mucho en el
relato de San Juan, cuando Pedro primero
entra en el sepulcro vacío, ve dos cosas un
poco diferentes; lo primero son los lienzos
que están ahí esparcidos. Quiere decir que
(…) la muerte se ha liberado: ha sacado los
lienzos. Pero, hay un segundo detalle que
observa Pedro, es que la mascarilla, la
mordaza de Jesús está dobladita. Quiere
decir que es un acto voluntario; si está
plegado es que el Resucitado “lo ha
plegado voluntariamente”. Entonces hay
una doble afirmación en esta simbólica:
una voluntad de liberarse y una voluntad
de tomar la palabra, de ir avanzando, de
ver, de escuchar, de hablar. Eso son los
lienzos y la mordaza. Una nueva manera
de vivir, un nuevo mundo, ya ha
comenzado en medio de la hoguera, en
medio de la fosa de los leones.
Entonces, más bien, el desafío
como dice la Carta a los Colosenses es
vivir como resucitados en medio de la
muerte. Entonces sí se entiende que la fe
en la Resurrección tiene que ver con
nuestro propi0 proceso de compromiso. Si
vivir como resucitados, mirar las cosas de
arriba, dice la Carta a los Colosenses, es
dar la vida, dar vida hasta el extremo. En
este momento si no vamos hasta el
extremo no creemos en la Resurrección.
Pienso en la situación política del país, y
de muchos países (…hay procesos
electorales en camino) si no nos
comprometemos hasta el extremo no
creemos en la Resurrección. Si somos
resucitados, y ahí está la clave: ¡la
Resurrección de Cristo somos nosotros en
la Historia! Dar la vida hasta el extremo
porque tenemos una convicción más allá
de la muerte. El creyente es el que va de
lo coyuntural a lo definitivo, es lo que en
teología se llama la dimensión
escatológica de la Historia. Dentro de
nuestra Historia, para el creyente, hay una
dimensión escatológica; es decir que hay
una frontera que saltamos y que va hacia
lo definitivo. Lo coyuntural es esta
pandemia terrible, es la muerte; lo
coyuntural es la catástrofe política del país
o del continente o del mundo. Pero
nosotros, dentro, en medio de la hoguera
coyuntural damos un salto cualitativo
hacia lo escatológico, lo definitivo. Hay
algo definitivo que es una convicción de
6
Fe, esa es la Resurrección. Es la dimensión
divina del mundo, del cosmos, y de la
Humanidad. Nos saltamos y por lo tanto
danzamos en medio de la hoguera.
Termino, tratando de sintetizar
todo eso (…) haciendo dialogar la
pandemia y el misterio pascual. Antes de
la Pascua, los discípulos, y en particular
dos de ellos, Judas y Pedro, van a escoger
un camino totalmente opuesto al misterio
pascual. Judas se va a desesperar. Quién
entre nosotros no está tentado en este
momento de caer en la desesperación;
hoy día se llama esto la depresión, el
decaimiento profundo, se habla mucho de
depresión en este momento. Ese es el
camino que tomó Judas, se desesperó y se
suicidó. En este momento, este camino de
muerte puede ser una tentación muy
fuerte. La otra tentación es la de Pedro y
de todos los demás, por si acaso todos los
demás hicieron lo mismo. Qué hizo Pedro?
Se murió de cobardía, de miedo, y por
miedo se retrajo, traicionó, negó a Jesús.
También nosotros estamos invadidos por
el miedo que nos lleva a la cobardía ante
la pandemia, por supuesto que hay que
ser prudente. Pero la cobardía es como
replegarse en lo segurito de nuestras
ideas, de lo que ya tenemos seguro.
También replegarnos en posturas
tradicionales a nivel político. Será que
nunca el Perú va a poder cambiar, que
siempre va a ser un país autoritario,
corrupto, inestable… Eso sería la cobardía.
Es el momento de hacer un salto
cualitativo y optar por vivir como
resucitados. Es decir optar por una
Resurrección que abre hacia una nueva
creación, un nuevo amanecer. Es el
momento de pasar del VER pasivo: vemos
pasivamente la muerte, vemos
pasivamente la corrupción del país; pasar
de ahí al RECONOCER. Reconocer es un
acto comprometido: yo reconozco a Cristo
y me pongo a seguirlo. Se trata de
renunciar a las palabras vacías y ponernos
en silencio frente al paisaje de muerte ¡de
pie frente al paisaje de muerte! San Lucas
utiliza una expresión muy fuerte cuando
Jesús decide ir a su Pasión, dice: se
endurece la cara y se pone de pie. Eso es
vivir como resucitado, ponerse de pie en
silencio frente al paisaje de muerte. Un
poco como el profeta Ezequiel ante los
huesos secos que no tiene ningún futuro,
y el Espíritu dice “hijo de hombre, tú
piensas que estos huesos pueden
renacer?” nos dice lo mismo a nosotros:
“tú piensas que este pueblo, este país,
esta situación del mundo de puros huesos
secos va a poder renacer?” eso es la
Resurrección, eso es vivir como
resucitado.
Es un tiempo absurdo, nuestro
tiempo es un tiempo absurdo. Y hay que
7
decirlo, el cristiano no escapa a lo
absurdo. A veces pensamos que tenemos
respuesta para todo. No, no tenemos
respuesta para todo. Este es un tiempo
absurdo para los creyentes como para los
no creyentes. Y entonces, si es la hora de
lo absurdo, qué cosa nos queda? La
Oración. Es ahí donde podemos
contrarrestar, no contrarrestar la muerte,
sino más bien afirmar, también de manera
absurda (la oración en ese sentido
también es absurda: hay un absurdo de la
desesperación o de la cobardía y hay un
absurdo de la Resurrección), donde nos
confrontamos con Dios en la oración y
afirmamos las cosas de arriba.
Esto que vivimos es el acabóse, es
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La Resurrección ¿restauración o nueva Creación.docx

  • 1. 1 La Resurrección: ¿Restauración o nueva creación? P. Simón Pedro Arnold 10 de abril de 2021 Octava de Pascua Es interesante pensar durante toda esta travesía del tiempo pascual, hasta Pentecostés, qué significa creer en Cristo Resucitado, creer en la Resurrección, especialmente en un contexto de muerte como el que estamos atravesando en este momento. Cómo ir más allá de los discursos piadosos o falsamente consoladores en los cuales ya nadie está creyendo. Entonces les propongo una serie (…) que va a tener como título general “habla de Resurrección en un mundo de muerte”. La primera meditación va a buscar aclarar algunos conceptos, algunas concepciones opuestas, en el fondo, de la resurrección y del resucitado. La 1ª meditación tendrá como título una pregunta: Resurrección: ¿Restauración o nueva creación?. Quizá más allá de la pregunta es una opción de fe. Quisiera partir de una constatación en las Escrituras, en los Evangelios que en el Nuevo Testamento no hay ningún relato de la Resurrección como hecho, el hecho de la resurrección no está relatado en ninguna parte simplemente porque no se trata de un hecho histórico que se pueda registrar en un libro de historia, o en una grabación. Es una experiencia de carácter mística, de Fe. Lo único que tenemos en la Escritura, en el Evangelio en particular o en los Hechos de los Apóstoles son relatos de apariciones. Apariciones y desapariciones no son, no nos describen la Resurrección de Cristo, sino que nos ponen en la dinámica de la fe de la comunidad que va visualizando poco a poco en comunidad, de manera diversa según las diferentes comunidades representadas por los Evangelios. También tenemos después en San Pablo (y en San Juan, aunque no tanto después, sino más en Pablo, que son los textos más antiguos); en Pablo tenemos ya una construcción teológica de la resurrección muy sofisticada, muy elaborada, pero ningún relato, y nunca habrá ningún relato del hecho de la resurrección porque es imposible. Y quien se atreva a representar el hecho de la resurrección está cometiendo una herejía grave que sea a través de pinturas, o imágenes o de relato. Ningún relato sobre la resurrección pero sí relatos de apariciones.
  • 2. 2 Me voy a quedar en estos relatos de apariciones que tienen que ver con la tradición. Estos relatos han ido elaborándose poco a poco en las comunidades para dar razón –como parábolas, como construcciones simbólicas- da razón de la convicción de la comunidad, de esta convicción profunda de nuestra fe cristiana de que Cristo ha resucitado. Pablo va a decir “si Cristo no ha resucitado somos los más desgraciados de los seres humanos”. Pero estas apariciones son construcciones comunitarias a nivel simbólico que van como dando razón de la tradición de la comunidad primitiva. Quiere decir que para entrar en el misterio de esta experiencia teológica y mística de la comunidad, justamente la Comunidad es indispensable. Podríamos decir sin riesgo de equivocarnos que la vida en comunidad, el compartir de la fe en comunidad es el único verdadero lugar permanente donde se manifiesta el Resucitado. El Resucitado no se puede manifestar fuera de una tradición comunitaria; aún cuando algunas apariciones son individuales, se refieren siempre a la experiencia comunitaria: (…)lo que le dice Jesús a María Magdalena en Juan 20 “Vete a anunciar a mis hermanos, diles lo que te he dicho”. Sin comunidad fraterna no hay resurrección. La vida comunitaria, fraterna y la resurrección están completamente solidarios. Abrir la Palabra, abrir las Escrituras, y tratar de leer los acontecimientos a la luz de las Escrituras como hizo Jesús en el relato de Emaús eso es una tarea y una responsabilidad permanente de la comunidad creyente. Compartir el pan en la misma mesa; casi todos los relatos de apariciones tienen que ver con una mesa, con un compartir de la comida. Tocar las heridas del Cuerpo de Cristo que es su Iglesia, que es la humanidad entera, y podríamos añadir “tocar las heridas de Cristo que es el Cosmos entero” eso vale para todos los tiempos. No sólo para el tiempo de las primeras comunidades que empezaron a meditar juntas sobre su fe en la resurrección. Entonces hay tres elementos de la vida comunitaria que son fundamentales para el testimonio de la Resurrección: abrir juntos la Palabra para iluminar los acontecimientos que vamos viviendo (…), tratar de leer los acontecimientos de nuestra historia presente inmediata a la luz de la Palabra; compartir el pan, la experiencia de la mesa común como revelación de la resurrección; y tocar las heridas de Cristo en el mundo. A partir de esta aclaración, quizás un poco decepcionante cuando digo “no hay ningún relato de la resurrección, sólo hay relato de apariciones que son relatos construidos en la tradición creyente de las comunidades”, a partir de ahí tenemos que reconocer que en la historia de la Iglesia hay varias visiones de esta experiencia fundadora de la comunidad. Básicamente una visión conservadora y una visión abierta hacia el futuro. Me da la impresión que en el momento concreto de la pandemia, de tiempo de muerte, estas dos visiones se van confrontando en una oposición irreductible.
  • 3. 3 La primera, la visión conservadora que quizás se refleja en el lenguaje de la religión popular, de la piedad, de la devoción es considerar la resurrección de Jesús y la resurrección, las resurrecciones, como un fenómeno de restauración. Por eso estoy hablando de una visión conservadora, como si la resurrección fuera la restauración del cadáver de Jesús, como lo describe el relato de Lázaro como lo describe el Evangelio de San Juan. Si la resurrección de Jesús, nuestra propia resurrección y la resurrección de nuestros seres queridos es la restauración de un cadáver, es decir un retorno hacia atrás, de lo vivido hacia atrás, da la impresión que en este momento nuestro discurso sobre la resurrección se topa con una impasse. Fue también la ilusión de María Magdalena en el relato de aparición en San Juan, donde María quiere regresar al cadáver; a eso llamo la visión conservadora. Mi fe no se reconoce en la idea de restauración de un cadáver. Y hay una serie de signos en los relatos de aparición que afirman que no es una aparición. Por ejemplo que aparece bajo otra figura, o que cuando aparece no se le reconoce. Entonces, si fuera la simple restauración del cadáver de Jesús, sí sería muy fácil reconocerlo. Más bien, hay otra visión de apertura, como si la Resurrección fuera una apertura hacia una nueva creación. Quisiera trabajar algunas expresiones de estos relatos de apariciones (que no son relatos de resurrección). La primera expresión que me parece interesante en muchos de estos relatos es que cuando ven a Jesús, especialmente en San Lucas, cuando ven al Resucitado no lo reconocen. Y cuando reconocen al Resucitado, ya no lo ven. Pareciera que en la Fe hay como una oposición entre ver y reconocer; está muy claro en el relato de Emaús pero también en otros relatos de apariciones. Ver a Jesús y no reconocerlo supone que hay un primer momento de la experiencia de la resurrección que es un acontecimiento que es la presencia del Resucitado, del Hombre Vivo, de la Humanidad viva en medio de nosotros, dentro de la realidad histórica pero que no se la puede descifrar todavía. Se supone pasar de la contemplación de la visión al reconocimiento, y eso es todo un proceso. Cómo lo vamos a reconocer a Aquel que se ve? Relectura de la Palabra que ilumina la realidad; compartir el pan y tocar las heridas. Son siempre los tres criterios para pasar del ver al reconocer. Pero también una vez que se reconoce ya no se lo ve. Es decir que uno no puede apoderarse del Resucitado, no lo puede confiscar, ni siquiera en una doctrina, ni siquiera en un dogma. Lo que quiere decir que la experiencia de la resurrección, como experiencia de fe, como experiencia mística no es una evidencia. Cuando Jesús caminaba con sus discípulos y con la gente, como dice San Lucas, sí era evidente: tú lo podías escuchar, lo podías ver, lo podías tocar, podías verlo dormir, lo podías ver encolerizarse con los
  • 4. 4 vendedores del Templo… esto era evidente. El Jesús histórico era evidente. En cambio el Jesús Resucitado ya no es evidente, es el fruto de un proceso de fe, y entonces San Lucas va a utilizar otra expresión: el Resucitado ya no está con nosotros, sino que está en medio de nosotros; incluso, en otros textos, en nosotros, como el Reino. Puede estar dentro: “ahí donde dos o tres están reunidos en mi Nombre, ahí estoy Yo”. En, dentro… ahí está. “con” justamente no, porque es la evidencia del Jesús histórico y no la nueva presencia. Entonces, cuando se lo ve no se lo reconoce. Tú ves el mundo, por ejemplo vemos la realidad de muerte de hoy, lo vemos y no lo reconocemos, pues hay que ser sinceros. Quién ve en este momento al Resucitado? Nadie! Entonces, sí tu lo ves pero no lo reconoces… Lo ve en la gente que sufre, en el pan compartido en la solidaridad. Tú tratas de escudriñarlo en la Palabra, tocar las heridas. Pero no lo reconoces. Y poco a poco haces un proceso donde dentro de la oración, dentro de la experiencia creyente compartida vas a ir reconociéndolo poco a poco resucitado, y ahí se te quita la evidencia. La Resurrección no es una evidencia. Y en ese sentido, y creo que es muy importante para lo que vivimos hoy, la Resurrección a pesar de que algunos textos de la Escritura –de San Pablo en particular- nos hagan titubear, la Resurrección no es la derrota de la muerte. Si la Resurrección es la derrota de la muerte estamos fritos hoy frente a la muerte. Estamos completamente detenidos en nuestra fe si la Resurrección es la derrota de la muerte. No es. Es la transfiguración de la muerte. Creo que por eso los relatos de transfiguración de Jesús a sus tres discípulos queridos: Pedro, Juan y Santiago, como que van preparando el sentido de la Resurrección. La Resurrección no es la derrota de la muerte, no es lo contrario de la muerte, no es la restauración de un cadáver, es la transfiguración de la muerte. En un segundo momento, después de haber trabajado este “ver sin reconocer” y “reconocer sin ver” al Resucitado en los relatos de apariciones quiero detenerme en la expresión de Lucas “en medio de nosotros”. Cómo poder decir que Cristo Resucitado está en medio de nosotros en el contexto de muerte masiva que conocemos. Saben que en algunos países como los EEUU el número de muerte de la pandemia supera el número de muerte de la última guerra mundial del país. Cómo decir que el Resucitado está en medio de nosotros en este contexto de muerte, casi sería una bofetada decir eso, en qué sentido…? Una primera afirmación, modesta, humilde, me van a disculpar, el Resucitado no niega ni resuelve el problema de la pandemia. No es eso. No viene a restaurar, no viene a levantar a los miles de muerto que a diario nos están afectando en el Perú en este momento, no. No es eso el misterio de la Resurrección. No viene ni a negar, ni a resolver el problema de la pandemia. Y por eso no podemos separar el dogma de la Resurrección del dogma de la bajada a los infiernos. El sábado santo propuse una meditación de la bajada a los infiernos, sobre la ausencia de Dios. Yo creo que bajada a los infiernos es el lugar de la Resurrección. Se dice que Jesús durante su estadía en el sepulcro, según los relatos de apariciones, va a visitar a los muertos y va a levantar a Adán y Eva. Quiere decir que
  • 5. 5 va bajando en lo más hondo de nuestra mortalidad, de nuestra tragedia, de nuestros dramas. Bajar a los infiernos hoy día sería entrar a lo más trágico, más crudo, más cruel, más insoportable de la pandemia; ahí está. Y entonces está “en medio de” este infierno, ahí está el Resucitado. El que resucitó es Aquel que agarra de la mano esta humanidad dolida, golpeada, herida. Y el Resucitado no es alguien que ha dejado atrás este infierno, sino que se manifiesta vivo, entero, de pie, en medio de la tiniebla humana. Qué significa eso? Un poco como los jóvenes del profeta Daniel, en medio del horno ardiente (que están, en otra versión, con los leones en la fosa) y que finalmente danzan y oran, y cantan un cántico que es el de “los tres niños”; pues están “en medio de” la hoguera, están en medio de la fosa de los leones. Y ahí saltan, cantan, danzan. La Resurrección es en medio de la tiniebla humana, no “a pesar de”, no fuera de ella. Estos tres niños, ya resucitados de cierta manera, están diciendo que otro mundo, otra manera de vivir no solamente es posible -como dice el slogan de hace algunos años- sino que ya comenzó. Que esta hoguera, esta fosa de los leones, esta pandemia ya es el comienzo de una nueva manera de vivir. Y ahí una imagen que me gusta mucho en el relato de San Juan, cuando Pedro primero entra en el sepulcro vacío, ve dos cosas un poco diferentes; lo primero son los lienzos que están ahí esparcidos. Quiere decir que (…) la muerte se ha liberado: ha sacado los lienzos. Pero, hay un segundo detalle que observa Pedro, es que la mascarilla, la mordaza de Jesús está dobladita. Quiere decir que es un acto voluntario; si está plegado es que el Resucitado “lo ha plegado voluntariamente”. Entonces hay una doble afirmación en esta simbólica: una voluntad de liberarse y una voluntad de tomar la palabra, de ir avanzando, de ver, de escuchar, de hablar. Eso son los lienzos y la mordaza. Una nueva manera de vivir, un nuevo mundo, ya ha comenzado en medio de la hoguera, en medio de la fosa de los leones. Entonces, más bien, el desafío como dice la Carta a los Colosenses es vivir como resucitados en medio de la muerte. Entonces sí se entiende que la fe en la Resurrección tiene que ver con nuestro propi0 proceso de compromiso. Si vivir como resucitados, mirar las cosas de arriba, dice la Carta a los Colosenses, es dar la vida, dar vida hasta el extremo. En este momento si no vamos hasta el extremo no creemos en la Resurrección. Pienso en la situación política del país, y de muchos países (…hay procesos electorales en camino) si no nos comprometemos hasta el extremo no creemos en la Resurrección. Si somos resucitados, y ahí está la clave: ¡la Resurrección de Cristo somos nosotros en la Historia! Dar la vida hasta el extremo porque tenemos una convicción más allá de la muerte. El creyente es el que va de lo coyuntural a lo definitivo, es lo que en teología se llama la dimensión escatológica de la Historia. Dentro de nuestra Historia, para el creyente, hay una dimensión escatológica; es decir que hay una frontera que saltamos y que va hacia lo definitivo. Lo coyuntural es esta pandemia terrible, es la muerte; lo coyuntural es la catástrofe política del país o del continente o del mundo. Pero nosotros, dentro, en medio de la hoguera coyuntural damos un salto cualitativo hacia lo escatológico, lo definitivo. Hay algo definitivo que es una convicción de
  • 6. 6 Fe, esa es la Resurrección. Es la dimensión divina del mundo, del cosmos, y de la Humanidad. Nos saltamos y por lo tanto danzamos en medio de la hoguera. Termino, tratando de sintetizar todo eso (…) haciendo dialogar la pandemia y el misterio pascual. Antes de la Pascua, los discípulos, y en particular dos de ellos, Judas y Pedro, van a escoger un camino totalmente opuesto al misterio pascual. Judas se va a desesperar. Quién entre nosotros no está tentado en este momento de caer en la desesperación; hoy día se llama esto la depresión, el decaimiento profundo, se habla mucho de depresión en este momento. Ese es el camino que tomó Judas, se desesperó y se suicidó. En este momento, este camino de muerte puede ser una tentación muy fuerte. La otra tentación es la de Pedro y de todos los demás, por si acaso todos los demás hicieron lo mismo. Qué hizo Pedro? Se murió de cobardía, de miedo, y por miedo se retrajo, traicionó, negó a Jesús. También nosotros estamos invadidos por el miedo que nos lleva a la cobardía ante la pandemia, por supuesto que hay que ser prudente. Pero la cobardía es como replegarse en lo segurito de nuestras ideas, de lo que ya tenemos seguro. También replegarnos en posturas tradicionales a nivel político. Será que nunca el Perú va a poder cambiar, que siempre va a ser un país autoritario, corrupto, inestable… Eso sería la cobardía. Es el momento de hacer un salto cualitativo y optar por vivir como resucitados. Es decir optar por una Resurrección que abre hacia una nueva creación, un nuevo amanecer. Es el momento de pasar del VER pasivo: vemos pasivamente la muerte, vemos pasivamente la corrupción del país; pasar de ahí al RECONOCER. Reconocer es un acto comprometido: yo reconozco a Cristo y me pongo a seguirlo. Se trata de renunciar a las palabras vacías y ponernos en silencio frente al paisaje de muerte ¡de pie frente al paisaje de muerte! San Lucas utiliza una expresión muy fuerte cuando Jesús decide ir a su Pasión, dice: se endurece la cara y se pone de pie. Eso es vivir como resucitado, ponerse de pie en silencio frente al paisaje de muerte. Un poco como el profeta Ezequiel ante los huesos secos que no tiene ningún futuro, y el Espíritu dice “hijo de hombre, tú piensas que estos huesos pueden renacer?” nos dice lo mismo a nosotros: “tú piensas que este pueblo, este país, esta situación del mundo de puros huesos secos va a poder renacer?” eso es la Resurrección, eso es vivir como resucitado. Es un tiempo absurdo, nuestro tiempo es un tiempo absurdo. Y hay que
  • 7. 7 decirlo, el cristiano no escapa a lo absurdo. A veces pensamos que tenemos respuesta para todo. No, no tenemos respuesta para todo. Este es un tiempo absurdo para los creyentes como para los no creyentes. Y entonces, si es la hora de lo absurdo, qué cosa nos queda? La Oración. Es ahí donde podemos contrarrestar, no contrarrestar la muerte, sino más bien afirmar, también de manera absurda (la oración en ese sentido también es absurda: hay un absurdo de la desesperación o de la cobardía y hay un absurdo de la Resurrección), donde nos confrontamos con Dios en la oración y afirmamos las cosas de arriba. Esto que vivimos es el acabóse, es el fin del mundo o es el comienzo de otro mundo.