Un Héroe para Mí

Un héroe es alguien que, con sus proezas, buenas cualidades y lozanía; nos motiva a
admirarlo. Alguien q...
mi barrio, no sé si exagero un poco.



Pero yo lo veía más bien como el Chapulín Colorado, por su pancita, su cabeza algo...
-    Sí –tarde cinco segundos para acertar al plan de mi papá-. Ya entiendo ¡Vamos
         a cantar para que nos den dine...
-¿Quién es? –pregunté.
    -¿Está tu padre? –su voz era desagradable y nada cortés, por lo que me dejó casi
aturdido.
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Un HéRoe Para Mí

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Este es un cuento popular, una historia como miles, pero de mero único valor. Espero les guste esta redacción mía.

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Un HéRoe Para Mí

  1. 1. Un Héroe para Mí Un héroe es alguien que, con sus proezas, buenas cualidades y lozanía; nos motiva a admirarlo. Alguien que lucha contra la injusticia, no busca nada cambio y además es un ejemplo a seguir. Los superhéroes que conozco, son en su gran mayoría los que pasan por la tele: El hombre araña, el Zorro, Superman, Batman, etcétera. Sin embargo, recuerdo que una vez oí gritar a mi vecina un bombero “¡Usted es un héroe!” Y fue cuando quise comprender más exactamente qué es un héroe, qué comen, dónde viven y también me preguntaba ¿Quién sería el mío? Decidí entonces buscar a mi héroe. ¿Quién sería? Pues alguien fuerte, alto, con capa y antifaz. Pero… ¿Dónde encontraría uno así? Cierta vez me pasé todo el día hablado con mamá acerca de los superhéroes; mi obsesión era tanta que aquella noche soñé algo que para mí, fue realmente fantástico. Estaba en un barco pirata como prisionero, no sé cómo había llegado hasta allí, me iban a tirar por la borda al océano y unos tiburones con hocicos enormes, al parecer desesperados por probar mi carne, amenazaban con devorarme. Cuando en eso apareció él, supuse que era mi héroe. Enseguida sacó su filuda espada y fue a enfrentarse contra todos aquellos piratas. Aquél personaje mantenía una sonrisa intacta, como de absoluta confianza que los vencería a todos, que los ganaría, pues manejaba la espada con mucha astucia y seguridad. Pero no duró mucho su actuación; para su desgracia y a la vez la mía, lo rodearon, lo capturaron y lo ataron como a mí de pies y manos. Entonces de entre todas esas personas mal olientes y de aspecto horrible, vino uno que al parecer era el capitán del barco, quien se acercó cojeando hasta nosotros. - ¿Cuál es su último deseo? - Suelta al niño, me tienes a mí –replicó mi héroe, mientras yo gritaba desesperadamente, a llantos que nos dejara con vida. El capitán ordenó que le quitasen el antifaz de la cara. Alcé la mirada para saber de quien se trataba, pero al sólo verlo, nos empujaron por la borda. Entonces grité, grité y grité… Creo que fueron muy intensos los gritos en mi sueño que papá vino y me sacudió de los hombros y yo desperté alarmado. - ¿Y el barco? ¿Y el sujeto que vino a…? - ¿Estas sudando o te ha ganado? –me dijo mientras me erguía. - Soñé que tu estabas conmigo, tú me rescatabas de los piratas, pero al final te acorralaron y nos echaron al agua ¡Y habían tiburones grandotes! - Solo tú sueñas esas cosas Moisés. –dijo echando un bostezo profundo. Me dio un beso en la frente y me dijo que intente dormir; desde ese momento es que quise hacer de mi papá mi héroe favorito; una vez rescató a mi gata cuando se atoró con una canica pequeña mientras comía, otra vez ayudó a mi mamá cuando se resbaló mientras bajaba por las escaleras, incluso en una ocasión encontró la cartera de una señora que era demasiado chismosa y hablaba mal de otros, yo le dije que no se lo devolviese pues así aprendería a ser más amable con las personas, pero mi papá me dijo que eso nunca debemos ni pensarlo. Cualquier cosa que no sea nuestra no debemos tomarlo por más mínimo valor que tenga, sea lo que sea. Eso es ser una persona justa y honrada. Por eso empecé a admirar más y más a mi papá, aunque no se parecía a los héroes de la tele como: Indiana Jones, un experto en artes marciales como Yaki Chan o siquiera musculoso y fuerte como Roky. Aún así los vecinos lo saludaban sonrientes, hablaban cosas buenas de él, y creo que lo consideraban el mejor padre del mundo o siquiera de
  2. 2. mi barrio, no sé si exagero un poco. Pero yo lo veía más bien como el Chapulín Colorado, por su pancita, su cabeza algo calva y por esos pelillos que se olvidaba cortárselos alrededor de su boca. No obstante, sucedió algo lamentable y difícil de superar; detectaron a mi madre un cáncer al hígado, yo para entonces no sabía nada de eso, pero notaba esa ausencia de alegría y vida en ella, ya no era la de antes. Se ponía a revisar fotos de antaño y lloraba por fuera y por dentro, no me imaginaba en ningún momento que pronto nos abandonaría, su sonrisa estaba acompañada de lágrimas y sollozos cada vez que la veía, había enflaquecido mucho y por momentos se quedaba mirando a algo a alguien invisible, muy quietecita, sentadita con las manos juntas. Mi héroe cuando regresaba del trabajo en la ciudad, le traía flores o uno que otro regalo con su escaso sueldo, algunos pendientes, anillo, una blusa, cosas así. Mamá empezó a tomar muchas pastillas a cada rato, me decía que le haga recordar cierta hora. Parecía mi mami una gallina, ya que mañana, tarde y noche tenía que tragar una capsula roja y otra azul. Empezaba a toser cada vez más fuerte y en esos momentos me llamaba para abrazarme y besarme. Claro, mimarme. - Dentro de poco mami va a tener que viajar a otro país a trabajar y ganar un poco mas de dinero ¿Ya mi amor? –oía su voz tan suave como un violín. - ¿A dónde te vas mami? –le pregunté desinteresadamente pero con los ojos bien abiertos. - Aún no se muy bien a donde, pero es un lugar muy lejos, y allí voy a sanarme de esta tos. Tú sabes como estamos aquí, lo comprendes; papá no gana lo suficiente y tengo que viajar no sé cómo pero lo haré por eso te pido que entiendas cuando tenga que irme. ¿Ya mi bebito lindo? – me decía mientras a acariciaba mis cabellos rulos. - No me digas bebito, ya tengo seis años mami –repuse-. ¿Y por cuanto días te vas? Tienes que estar para mi cumpleaños ¡Ya está cerca! Derramó unas lágrimas pero se las borró enseguida y me apegó más a su rostro endeble. - Si mi amor, ya cumples siete años, mi corazón –frunció el ceño algo extraña-. No creo que esté aquí, pero te prometo que te mando un regalo muy bonito sólo para ti. - -No es necesario mami, mi héroe dice que debemos que guardar pan para mayo y me explicó lo que significa, ¿Tú lo sabes? - Sí corazón, tu padre es muy bueno, hazle en caso en todo, pórtate bien y no le hagas enojar. Debemos hacernos un buen nombre, o sea nuestra conducta, nuestro comportamiento debe ser bueno, así las otras personas nos respetaran y seremos más felices que las lombrices ¿Ya chiquitín me lo prometes? - Si mami te lo prometo. Me hizo cosquillas y me lleno otra vez de besos y fuertes y blandos abrazos; mientras mi héroe estaba en la ciudad haciendo justicia y dándole su merecido a los malos. Después de una semana, mi héroe me pidió que lo acompañase a cantar. - Te gusta cantar ¿no Moisés? - Si papi –asentí con voz fuerte-, pero ¿Para qué quieres que cantemos? - Pues –empezó a trabarse al hablar- para comprar el pasaje de mamá ¿No te contó que iba a viajar? - Ha sí, sí ya me acordé, pero ¿Para qué vamos a cantar? –le volví a cuestionar. - Hijo, ¿has visto que cuando una persona canta bonito, canciones bonitas, hay gente que les da dinero?
  3. 3. - Sí –tarde cinco segundos para acertar al plan de mi papá-. Ya entiendo ¡Vamos a cantar para que nos den dinero! –grité alegre, saltando y agitando los brazos. - ¿Dónde te gustaría cantar, en la calle o en un bus? Pensé un instante y le dije que en los dos sitios; me tomo de la mano y fuimos primero al centro de Lima, él tocaba la zampoña y yo cantaba. Primero nos atrevimos a abordar un bus, la setenta y cinco, porque contaba con un pasadizo amplio y suficiente para movernos. - Moisés, cuando subamos al bus no digas que es para el pasaje de mamá ¿ya? - ¿Entonces que digo? –respondí confuso. - Tú solo canta, yo me encargo de hablarle a las personas. ¿Entendiste? Ha, y no te olvides de agradecer cuando acabes de cantar y luego cuando pases por los asientos cuando te den dinero. ¿Ya? Le dije que si, entonces ya solo me quedaba esperar a que terminara de decir esa frase que sin querer queriendo, me lo había aprendido de memoria; qué podía hacer, en todos los buses que subíamos decía lo mismo. “Amigo pasajero que tengas un buen día, no quiero incomodarte, pero soy al igual que tu, un padre de familia humilde que trata de sacar a su familia adelante de una manera honrada y limpia, no me avergüenzo, pues no hurto y no te miento. Esta vez necesitamos tu ayuda, joven estudiante, señor, señora, señorita; mi hijo y yo queremos…” Mi héroe decía lo que íbamos a ofrecer y a continuación, empezaba con las melodías de la zampoña; yo cantaba y aplaudía, a veces me desviaba y me salía del compas, pero poco a poco fui acostumbrándome. Luego yo pasaba por los lados de los asientos y algunas personas me daban unas cuantas monedas, agradecía tal como me decía mi héroe. Mi temor del inicio se iba yendo, me sentía con confianza a pesar que los rostros de aquellas personas eran de aburrimiento, cansancio o de sueño. - ¿Con esto alcanzará para el pasaje de mi mamá? –pregunté a mi héroe. - Yo creo que si, pero por si acaso, mañana regresamos; cantas muy bien hijo ¡Puedes ser cantante! Pero lo más importante es que nos ganamos le dinero honradamente, sin hacer daño a nadie, nos lo ganamos y quiero que recuerdes eso. Me cargo en su espalda, solo le dije que sí, ya estaba cansado y con mucho sueño aquel viernes por la noche. Pasaron tres días y mi mamá tuvo que viajar, o sea partir para nunca mas volver. Me había quedado dormido, no había nadie en casa y se me ocurrió ir a un bus a cantar, así ganar mi platita y comprarme una torta de chocolate que me había provocado. En los dos carros que subí repetí aquellas frases que decía mi héroe, pero tenía un leve problema, yo no era padre de familia, pero traté de acordarme en decir sólo el resto. Pasaron creo tres horas desde que acabé de comer mi torta de chocolate, cuando vi acercarse a mi héroe por la vereda, venía tambaleándose de un lado a otro, era muy gracioso, ya que por ratos parecía que se iba a caer. Venía de dejar a mi mamá seguramente y ahora regresaba cansado por pelear con los villanos. Lo conduje hasta la cama, lo dejé postrado y volví afuera a seguir jugando. Preferí todavía no preguntarle nada sobre mi mamá, tal vez estaría triste. Recordé lo que me había dicho mi mamá antes de irse, que debía ser obediente, y no me quedaba más que cumplir lo prometido. En eso, mientras me empeñaba haciendo un túnel en el cúmulo de hormigón que había en el suelo, alguien llamó a la puerta. Me acerqué y primero espié por un huequito a ver quién sería, y vi a una señora blanca, gordal, con un diente que parecía de oro pero malgastada, de trenzas y una gran papada bajo su boca.
  4. 4. -¿Quién es? –pregunté. -¿Está tu padre? –su voz era desagradable y nada cortés, por lo que me dejó casi aturdido. - Un ratito –le respondí y fui corriendo a avisar a mi héroe mareado, cansado de perseguir a algún malandrín más fuerte. - Papi te busca una señora blanca, gorda, no sé como se llama ¡Papi despierta! –lo abracé y me impulsé a su pecho. - Moisés, dile que no estoy –me respondió y me despojó de sí. Seguramente estaba herido, y quería descansar nada más. Nuevamente fui corriendo hasta la puerta y me percaté por ese huequito si estaba todavía allí la señora de aspecto raro. -Dice mi papá que no está. - Ha… Con que dice que no está ese sinvergüenza –replico la mujer- ¡Que salga ese hipócrita y que me devuelva lo me que robó! –bramaba muy feo mientras golpeaba la puerta, quién sabe si serian esos sus puños dos ladrillos enormes. Me asusté mucho, retrocedí de la puerta con el temor de que se me viniera encima, no grité, tarde en correr, pero antes se me vino a la mente el pirata del sueño que una vez tuve, de aquél pirata que nos tiró a mi héroe y a mi por la borda del barco al océano, pero no hallé respuesta a mi pregunta ¿Por qué esa pirata hablaba así de mi héroe? Entonces mi héroe se acercó algo aletargado; no fingía aquellas lágrimas que salpicaban desde sus ojos, se arrodilló frente a mí y me tomó de mis manos, noté que sudaba y moqueaba. Me empezó a contar lo que realmente le sucedió a mamá, había muerto; pero antes de eso, la noche anterior a su muerte, necesitaba desesperadamente las pastillas obligadas a tomar, pero hacía una semana que no se las compraba porque costaban caras y el dinero no nos alcanzaba. Me dijo mi padre que el dinero que juntábamos cuando íbamos a cantar en los buses no era para el supuesto pasaje de mamá, sino para sus medicinas que sólo aplazarían el fallecimiento de mamá. Aquella noche, mamá tenía convulsiones porque requería esas pastillas y mi papá no tuvo remedio que ir a tomar suciamente el dinero de una bodega, precisamente de la bodega de la señora que estaba esperándolo furiosa allá afuera. Me desilusioné de él como de mi mamá que no estaba. Me zafé de las manos de mi héroe y lo empujé con todas mis fuerzas, entonces fui corriendo hacia el interior de nuestra morada gritando, chillando el nombre de mi mamá, buscándola en el baño, en la cocina, en la otra parte de la casa; no podía creer que se haya ido para siempre. Me encerré en el baño y allí empecé a llorar como nunca lo había echo, me temblaban los hombros y empecé a hacerme preguntas que nadie podría responderme. ¿Qué paso con la justicia? ¿Dónde quedan esas palabras de honradez? ¿A dónde se fue el héroe que tenía? ¿¡Dónde estás mamita cuando más te necesito!? Y me di cuenta de algo, que mi héroe, mi súper héroe había muerto, y que desde ahora tendría que luchar contra los piratas y a la injusticia yo solo. Héctor Saúl Baltasar Tineo Perú 2006

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