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CORPORACIÓN CENTRO CARISMÁTICO MINUTO DE DIOS

MINISTERIOS APOSTÓLICOS

CENTRO DE ESTUDIOS PARA LÍDERES
CARISMÁTICOS “CELIC”
ESPECIALIZACIÓN PARA
MINISTERIOS DE SANACIÓN:
SANACIÓN Y LIBERACIÓN
Elaborado por Manuel Tenjo

PRESENTACIÓN GENERAL

1. OBJETIVOS
* Organizar y promover la formación integral de los Ministerios de Sanación y Liberación a
través de cursos, seminarios, talleres y mesas de investigación, para prestar un servicio de
calidad que contribuya a construir comunidades renovadas y renovadoras.
* Contribuir a la capacitación de líderes y servidores que faciliten el crecimiento de los
Ministerios de Sanación para que sus frutos conduzcan al encuentro personal con Dios y a la
vinculación comunitaria.

2. METODOLOGÍA
La Especialización para Ministerios de Sanación: Sanación y Liberación está compuesto de
clases asistenciales, trabajo en grupo, lecturas especializadas y realización de informes
periódicos.
Supone haber completado la formación básica en Pastoral Profética de la Red de Escuelas de
Evangelización San Gabriel que orientan los Ministerios Apostólicos Minuto de Dios.

3. EVALUACIÓN
La evaluación se realiza de acuerdo al rendimiento de los estudiantes al responder por la
asistencia, la participación y la presentación de los informes periódicos. Al final del semestre se
ofrece un Certificado de Reconocimiento a quienes alcancen los objetivos de cada unidad.

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ESPECIALIZACIÓN PARA MINISTERIOS DE SANACIÓN:
SANACIÓN Y LIBERACIÓN
1. EL MINISTERIO DE JESUCRISTO
“Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en las
sinagogas de ellos, predicando el evangelio del
Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia
en el pueblo. Se difundió su fama por toda Siria, y le
trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos
por diversas enfermedades y tormentos, los
endemoniados, lunáticos y paralíticos, y los sanó. Lo
siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de
Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán. (Mt
4,23-25)
El Ministerio de Jesús se puede señalar en los verbos que se
encuentran subrayados:
1.1. Predicación del Reino de Dios: Jesús es un predicador itinerante que anuncia la
presencia inminente del Reino de Dios. El Reino de Dios puede entenderse como el
reinado de Dios al interior del ser humano para liberarlo del miedo y de la culpa. Las
parábolas del Reino (Mt 13) nos muestran ese reino aconteciendo en el hombre y
viviendo de una manera nueva.
1.2. Enseñanza a los discípulos: Jesús se presenta como Maestro que escoge unos
discípulos, los capacita y los envía a que realicen lo que aprendieron de Él (Mt 28,1620). La formación de discípulos termina con la experiencia de la cruz y la misión
apostólica empieza con la experiencia del Espíritu Santo que da inicio a la Iglesia,
Cuerpo de Cristo Resucitado.
1.3. Sanación a los que se encuentran enfermos y endemoniados: las señales que realiza
Jesús garantizan que el Reino de Dios ya se encuentra entre los hombres. Eso significa
que el reinado de Dios es tan eficaz que sana al ser humano de todas sus dolencias. Dios
se hace presente en las palabras de autoridad y las sanaciones de poder que realiza
Jesucristo.

2. DIOS NOS QUIERE SANOS
Cuando descendió Jesús del monte, lo seguía mucha gente. En esto se le acercó un leproso y
se postró ante él, diciendo: ‘Señor, si quieres, puedes limpiarme’.
Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: ‘Quiero, sé limpio’. Y al instante su lepra
desapareció. Entonces Jesús le dijo: ¡Mira, no lo digas a nadie, sino ve, muéstrate al sacerdote
y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos’. (Mt 8,1-4)
Podemos observar en este pasaje bíblico que Jesús le dice al hombre leproso: ‘Quiero, sé
limpio’. La persona más interesada en la sanación de los seres humanos es Jesucristo. Él enviaba
a sus discípulos no solamente a predicar el Reino de Dios, sino también a sanar a aquellos que

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encontraran enfermos. Cuando oramos por los enfermos estamos en la misma dirección de la
voluntad de Dios.

3. RAIZ DE LAS DIFICULTADES
No quiero pecar por simplista, sin embargo existe una recomendación muy frecuente en toda la
Biblia: “No tengas miedo”. He podio observar que la raíz de todas las dificultades se llama:
miedo. En ocasiones oramos por las ramas y no llegamos a orar por la raíz.
La cadena de fracasos viene del miedo es grande y en ocasiones difícil de romper. Sin embargo
debemos recordar constantemente que “el amor de Dios es más grande que mi miedo” y que su
poder habita en mí.
Descubrir que la raíz de las enfermedades es el miedo y la culpa nos permite a nosotros buscar
las soluciones desde el origen y evitar quedarnos por las ramas.
RAIZ
PRINCIPAL

RAICES
SECUNDARIAS
APEGOS o
Asimientos

MANIFESTACIONES
Envidia
Ver enemigos
Estar a la defensiva

RENCORES
odios

No delegar
Celos
Envidia
Timidez
Venganza
Superficialidad
Ira

BAJA
AUTOESTIMA

Baja valoración
Bajo concepto
Baja eficacia

PRE – JUICIOS
juzgar, condenar
CULPA

Jesús llamando a la multitud, les dijo: ‘Oíd, y entended: No lo
que entra por la boca contamina al hombre; pero lo que sale de
la boca, esto contamina al hombre.’
Entonces, acercándose sus discípulos, le dijeron: ‘¿Sabes que
los fariseos se ofendieron cuando oyeron esta palabra?’
Pero respondiendo él, dijo: ‘Toda planta que no plantó mi Padre
celestial será desarraigada. Dejadlos; son ciegos guías de
ciegos; y si el ciego guía al ciego, ambos caerán en el hoyo.’
Respondiendo Pedro, le dijo: ‘Explícanos esta parábola.’
Jesús dijo: ‘¿También vosotros estáis faltos de entendimiento?
¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y
es echado en la letrina? Pero lo que sale de la boca, del corazón
sale; y esto contamina al hombre, porque del corazón salen los
malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las
fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.

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CÓMO NOS SENTIMOS

Sentirse amenazado

Sentirse solo

Sentirse desanimado

Sentirse rechazado
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Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no
contamina al hombre.’ (Mt 15,10-20)

4. LA SOLUCIÓN A LAS DIFICUALTADES
En 1 Jn 4,18 dice: “El amor expulsa el miedo, porque el miedo supone el castigo”
De manera que la solución definitiva es el “amor de Dios que ha sido derramado en nuestros
corazón por el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rom 5,5).
Cuando promovemos la apretura al amor de Dios, una sana autoestima y el amor a los demás,
estamos llegando a prevenir enfermedades en los hermanos. Debemos promover más el
optimismo y la fuerza que tenemos en el Espíritu Santo.
RAIZ
PRINCIPAL

RAICES
SECUNDARIAS

MANIFESTACIONES

CÓMO VIVIMOS

Ante el mundo, cosas
Ante las personas
Ante el pasado

Vivir responsable

Consolar
Exhortar
Solidaridad

Vivir comprometido

PERDONAR

Fraternizar
Sanar relaciones
Comunicación profunda

Vivir amado

Vivir poderoso

FELICIDAD

Humildad
Mansedumbre
Emprendedor

LIBERTAD

COMPRENDE
R

Además el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en
un campo, el cual un hombre halla y lo esconde de nuevo; y gozoso
por ello va y vende todo lo que tiene y compra aquel campo.
También el reino de los cielos es semejante a un comerciante que
busca buenas perlas, y al hallar una perla preciosa, fue y vendió todo
lo que tenía y la compró. (Mt 13,44-46)
El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia; el amor no
es jactancioso, no se
envanece, no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no
guarda rencor; no se goza
de la injusticia, sino que se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo
cree, todo lo espera, todo
lo soporta. (1 Cor 13,4-7)
El Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. (2 Cor 3,17)

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5. ETAPAS DE LA ORACIÓN DE SANACIÓN
 Es necesario tener en cuenta las etapas de sanación interior sin necesidad de forzarlas o
buscar sensacionalismo. Buscamos la sanación integral de la persona.
 Es necesario recordar que la raíz de todas las enfermedades y problemas es el miedo y
que la solución es el amor (1 Jn 4,18-21).
 Debemos recordar que la sanación física corrientemente viene como producto de la
sanación interior (Mt 9,1-8).
 Somos intercesores ante Jesucristo para que Él sane a la persona enferma.

SANACIÓN
1° EL
PERDON
SANA



2° SANACIÓN DE
RECUERDOS

INTERIOR



DEL

3° SANACIÓN DE
VACIOS
AFECTIV
OS








SER

HUMANO

4° SANACIÓN
FAMILIAR
EN SUS
DIVERSOS
ASPECTOS

5° SANACIÓN
INTERGENERACIONAL



6° LIBERACIÓN
EN CASOS DE
OPRESIONES
DEMONIACAS



7° EXORCISMO
EN CASOS DE
POSESIÓN
DEMONIACA

6. CARISMAS PARA EL MINISTERIO DE SANACIÓN
6.1. Introducción
Los carismas son regalos, gracias o dones dados por el Espíritu Santo para la edificación
comunitaria (Cfr. 1 Cor 12,7). Sin embargo en sentido amplio, la persona es el carisma del
Espíritu donde vienen otros carismas.
Los ministerios son formados por distintas personas que ponen al servicio sus muchos carismas,
es decir, varios carismas llegan a formar y constituir un solo ministerio. También los ministerios
son iguales entre sí; existe una jerarquía de servicio entre los ministerios pero no entre las
personas. Se nota más el interés de edificar el Cuerpo de Cristo y llevar a las personas a la
estatura del Hombre Perfecto. Además las personas pueden desarrollar sus carismas en los
ministerios donde son ubicados por Dios, pues el carisma debe ser trabajado, desarrollado y
profesionalizado.
6.2. Carismas básicos
•
•

La FE que mueve montañas: Mc 11,24; Heb 11; Sant 2,14-16
El DISCERNIMIENTO que conoce a Dios: Ef 5,10-11; 1Tes 5,19
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•
•
•
•
•

SERVICIO que se incomoda: Rm 12,7a; Jn 13,14-15
MISERICORDIA que siente el dolor ajeno: Rm 12,8d; Lc 10,25-37
PROFECÍA que edifica: 1 Cor 14,3
LENGUAS en comunión con Dios: Rm 8,26; 1 Cor 12,10c
CONOCIMIENTO Y SABIDURÍA que iluminan: 1 Cor 12,8
INTERCESIÓN. Supone conocer la oración: sus clases y sus formas de orar, para asumir
con responsabilidad y prestar un buen servicio que edifique a la comunidad. Este carisma
de intercesión fluye cuando las personas empiezan a tener una gran necesidad de orar por
las necesidades de los hermanos, sentirse solidarios con los problemas de otros seres
humanos y la confianza en que Jesucristo responde a favor de los demás va creciendo
constantemente.

6.3. Carismas específicos
•
•
•

El carisma específico es el que le brinda la identidad al Ministerio
SANACIÓN Y LIBERACIÓN son carismas que da identidad y fuerza al Ministerio de
Sanación y Liberación. 1 Cor 12,9
Los carismas de sanación y liberación van creciendo integralmente en la medida en que
el ministro se dedica a la oración, el estudio específico y el ejercicio del carisma, es decir,
ora por los hermanos y escucha los testimonios de las bendiciones de Dios.

6.4. Carismas complementarios
•
•

Enseñanza que forma: Rm 12,7b
Animación que lleva al encuentro con Dios: Rm 12,8a

6.5. Conclusiones
•
•
•

En el Ministerio de Sanación y Liberación confluyen varios carismas para que la misión
se pueda realizar y llevar a feliz término.
Un Ministerio compuesto por personas conscientes del ser y el hacer de los carismas
facilita ver la gloria de Dios en la misión.
Debemos tener en cuenta que los frutos del Espíritu Santo (Gal 5,22) le dan dirección
adecuada y camino a la santidad de los ministros de sanación y liberación.

NOTA ACLARATORIA.
Los elementos que se van a presentar en los siguientes numerales sobre las etapas y clases de
oración de sanación y liberación no están expresadas totalmente. Es muy complicado tratar de
realizar una síntesis de los grandes ministros de sanación en el mundo.
La tarea que le queda a cada estudiante y ministro de sanación es la siguiente: organizar su
carpeta y libros sobre cada etapa y clase de oración con todos los elementos que vaya
consiguiendo: información, formación, talleres de oración, testimonios, etc.
Brindamos elementos parciales pero la labor está por realizarse…

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7. SANACIÓN A TRAVÉS DEL PERDÓN
8. SANACIÓN DE RECUERDOS DOLOROSOS
9. SANACIÓN DE VACIOS AFECTIVOS
10.SANACIÓN FAMILIAR
11.SANACIÓN INTERGENERACIONAL
12. LIBERACIÓN EN CASOS DE OPRESIONES DEMONIACAS:

VENCER AL DIABLO1
La cultura atea del Occidente moderno vive todavía gracias a la
liberación del miedo a los demonios que ha traído el cristianismo.

La escatología es el estudio teológico de la consumación y plena realización del hombre y del
mundo en Cristo, por ser Él la personificación del Reino de Dios, que crece en la historia hasta el
cumplimiento al fin de los tiempos. La escatología ofrece el marco de referencia para tener una
completa visión cristiana de la historia y del hombre, fundamenta el sentido de la esperanza, y da
perspectiva a la moral y a la espiritualidad cristiana. Como es sabido los temas capitales son la
resurrección de la carne, el juicio de Dios, el infierno con Satanás, y el Cielo o su antesala en el
Purgatorio. Aquí sólo nos referimos al Demonio presente y olvidado en nuestro tiempo.
En el desierto de la Cuaresma Jesucristo permite ser tentado por el Diablo pero le vence hasta
que llegue su hora ante la Cruz, y de nuevo lo vencerá definitivamente. Si todavía actúa en la
historia contra la Iglesia es por permisión divina, porque los cristianos peregrinamos hacia la
Morada definitiva luchando con la esperanza de los vencedores. A través de varios capítulos nos
acercaremos al misterio de iniquidad que es el Demonio y sus ángeles pervertidos, viendo sus
orígenes, sus ataques a la Iglesia y a los hombres, para terminar considerando cómo vencer a los
demonios pervertidores. Se trata de una victoria asegurada porque el cristiano está inmerso en el
misterio de amor de Jesucristo.
Los capítulos llevan por título: 1) El Diablo anda suelto, 2) El misterio de los orígenes del mal,
3) Cómo actua el demonio, 4) Cómo vencer al demonio.

12.1. El diablo anda suelto
«La cultura atea del Occidente moderno vive todavía gracias a la liberación del miedo a los
demonios que ha traído el cristianismo. Pero si esta luz redentora de Cristo llegara a extinguirse,
el mundo recaería en el terror y la desesperación con toda su tecnología, no obstante su gran
saber. Existen ya signos de este regreso de fuerzas oscuras, mientras en el mundo secularizado
aumentan los cultos satánicos» (Card. J. Ratzinger).
1

Por Jesús Ortiz. www.encuentra.com

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Cultos demoníacos
El creciente interés por el ocultismo, la aparición de sectas satánicas, las noticias de lamentables
sucesos en Norteamérica, Inglaterra o Alemania, Norte de Italia o Sur de España parecen ser
síntomas de una intensa actividad diabólica en nuestra época.
Con frecuencia aparecen, en los periódicos, historias como la de una mujer muerta tras la
práctica de un exorcismo, de unos niños maltratados para expulsar los demonios del cuerpo, o la
aparición de restos de animales utilizados en algún aquelarre o reunión de culto al diablo.
¿Qué hay en la raíz de estos sucesos? De una parte hay mucho engaño y superchería sobre
personas ignorantes o incultas, pero de otra se puede advertir un agrave deformación de la fe,
atribuyendo a los demonios autonomía y poderes que no tienen. Se llega a este culto
supersticioso cuando se acentúan los aspectos sentimentales y emotivos de los religiosos; y
también por carecer de buena doctrina, cuando en vez de formar la inteligencia con las
enseñanzas de la Iglesia se alimenta con increíbles doctrinas.
A los temas demoníacos y de ocultismo se dedica hoy parte de la literatura, música, teatro, cine,
etcétera, y no faltan grupos y sectas demoníacos que suponen algo más que un juego. Novelas y
películas llenas de escenas de crueldad, de perversiones, de pseudo religión, de blasfemias, etc.,
permiten pensar que responden a un odio por lo sagrado –típico pecado de Satanás-, a un derribo
de la inteligencia para encerrarse en el mundo de los sentidos, que bien pudieran será una
verdadera “autopista para el infierno”, rememorando el título de una canción de rock duro.
Mons. Corrado Balducci, experto vaticano en cuestiones
sobre demonología, destacaba algunos síntomas de esta
ofensiva mundial del diablo. Cómo en capitales
importantes del mundo occidental, hay tiendas donde se
vende todo lo necesario para los ritos satánicos: velas,
iconografía demoníaca, paramentos, amuletos, etc.; y
también cómo en muchos países ha crecido una ola de
violencia y locura en forma de sectas sanguinarias que
ejercen su violencia sobre animales e incluso sobre niños
indefensos. En declaraciones a la prensa afirmaba que:
«El fenómeno del satanismo va in crescendo y la razón
está en la crisis religiosa, en la crisis de valores, en la
difusión del escepticismo y la desesperanza (...). Al
agravarse una profunda crisis ética y religiosa, hace que
se busque, se adore, se crea en el diablo, que se le
considere capaz de donar riquezas, sexo, siempre que nos
entreguemos a él. Los individuos plegados por ese mito
satánico terminan por ser operadores del mal para sí y
para los otros. A todo ello suele ir unido un abuso del
alcohol, de las drogas, y contribuye no poco en este culto
al demonio el llamado “rock satánicos»2
2

Mick Jagger, Los AC-DC. Nina Hagen, Lucifer’s Friend. Black Sabbath, Rolling Stones, Led Zappelin..., son
algunos grupos representativos de este tipo de rock satánico. Highway to hell, Príncipe de la oscuridad, Simpatía por
el diablo, Cantaré porque vivo en Satanás..., son títulos de algunas canciones.

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Advertencia de Pablo VI
El año 1972 el Papa VI nos alertó con gran claridad sobre el activismo del demonio en estos
años, afirmando que la defensa contra el demonio es una clara necesidad de la Iglesia actual. Por
ello será oportuno releer juntos ahora algunas de sus palabras.
«Se sale del cuadro de la enseñanza bíblica y eclesiástica quien se niega a reconocer su
existencia; o bien quien hace de ella un principio que existe por sí y que no tiene, como cualquier
otra criatura, su origen en Dios; o bien la explica como una pseudorealidad, una personificación
conceptual y fantástica de las causas desconocidas de nuestras desgracias. El problema del mal,
visto en su complejidad, y en su absurdidad respecto a nuestra racionalidad unilateral, se hace
obsesionante. Constituye la más fuerte dificultad para nuestra comprensión religiosa del cosmos.
No sin razón sufrió por ello durante años San Agustín: Quaereban unde malum, et non erat
exitus, buscaba de dónde procedía el mal, y no encontraba explicación (Confes. VII, 5, 7, 11,
etc., P.L., 22, 736, 739).
»Y he aquí, pues, la importancia que adquiere el conocimiento del mal para nuestra justa
concepción cristiana del mundo, de la vida, de la salvación. Primero en el desarrollo de la
historia evangélica al principio de su vida pública: ¿Quién no recuerda la página densísima de
significados de la triple tentación de Cristo? Después, en los múltiples episodios evangélicos, en
los cuales el demonio se cruza en el camino del Señor y figura en sus enseñanzas (Mt 12, 43). ¿Y
cómo no recordar que Cristo, refiriéndose al demonio en tres ocasiones, como a su adversario, lo
denomina como “príncipe de este mundo”? (Jn 12, 31; 14, 30; 16, 11). Y la incumbencia de esta
nefasta presencia está señalada en muchísimos pasajes del Nuevo Testamento. San Pablo lo
llama el “dios de este mundo” (2 Co 4, 4), y nos pone en guardia sobre la lucha a oscuras, que
nosotros cristianos debemos mantener no con un solo demonio, sino con una pluralidad
pavorosa: “Revestíos, dice el Apóstol, de la coraza de Dios para poder hacer frente a las
asechanzas del Diablo, pues toda vez que nuestra lucha no es (solamente) con la sangre y con la
carne, sino contra los principados y las potestades, contra los dominadores de la tinieblas, contra
los espíritus malignos del aire” (Ef 11, 12).
»Y que se trata no de un solo demonio, sino de muchos, diversos pasajes evangélicos no los
indican (Lc 11, 21; Mc 5, 9); pero uno es el principal: Satanás, que quiere decir el adversario, el
enemigo; y con él muchos, todos criaturas de Dios, pero caídas, porque fueron rebeldes y
condenadas (Cfr Denz., Sch., 800-428); todo el mundo misterioso, revuelto por un drama
desgraciadísimo, del que conocemos muy poco.
»Conocemos, sin embargo, muchas cosas de este mundo diabólico, que afectan a nuestra vida y a
toda la historia humana. El demonio está en el origen de la primera desgracia de la Humanidad;
él fue el tentador engañoso y fatal del primer pecado, el pecado original (Gn 3; Sb 1,24). Por
acuella caída de Adán, el demonio adquirió un cierto dominio sobre el hombre, del que sólo la
Redención de Cristo nos pudo liberar. Es una historia que sigue todavía: recordemos los
exorcismos del Bautismo y las frecuentes alusiones de la Sagrada Escritura y de la liturgia a la
agresiva y opresora “potestad de las tinieblas” (cfr Lc 22,53; Col 1, 3). Es el enemigo número
uno, es el tentador por excelencia. Sabemos también que este ser oscuro y pertubador existe de
verdad y que con alevosa astucia actúa todavía; es el enemigo oculto que siembra errores e
infortunios en la historia humana. Debemos recordar la parábola reveladora de la buena semilla y
de la cizaña, síntesis y explicación de la falta de lógica que parece presidir nuestras
sorprendentes visicitudes: Inimicus homo hoc fecit (Mt 13,28). El hombre enemigo hizo esto. Es

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“el homicida desde el principio... y padre de toda mentira” como lo define Cristo (cfr Jn 8, 4445); es el insidiador sofístico del equilibrio moral del hombre. Es el pérfido y astuto encantador,
que sabe insinuarse en nosotros por medio de los sentidos, de la fantasía, de la concupiscencia,
de la lógica utópica, o de los desordenados contactos sociales en el juego de nuestro actuar, para
introducir en él desviaciones. Mucho más nocivas, porque en apariencia son conformes a
nuestras estructuras físicas o psíquicas, o a nuestras instintivas y profundas aspiraciones.
» (...) ¿Qué defensa, qué remedio oponer a la acción del demonio? La respuesta es más fácil de
formularse, si bien sigue siendo difícil actualizarla. Podremos decir; todo lo que nos defiende del
pecado nos defiende por ello mismo del enemigo invisible. La gracia es la defensa decisiva. La
inocencia adquiere un aspecto de fortaleza. U. Asimismo, cada uno recuerda hasta qué punto la
pedagogía apostólica ha simbolizado en la armadura de un soldado las virtudes que pueden hacer
invulnerable al cristiano (cfr Rm 13, 12: Ef 5, 11, 14, 17; 1 Ts 5, 8). El cristiano debe ser
militante; debe ser vigilante y fuerte ( 1 Pe 5, 8); y debe a veces recurrir a algún ejercicio
ascénito especial para alejar ciertas incursiones diabólicas; Jesús lo enseña indicando el remedio
“en la oración y en el ayuno” (Mc 9, 29). Y el Apóstol sugiere la línea maestra a seguir: “No os
dejéis vencer por el mal, sino venced el mal en el bien” (Rm 12, 21; Mt 13, 29)» 3.
Por tanto, la existencia del mundo demoníaco se revela como una verdad dogmática en la
doctrina del Evangelio vivida por los cristianos en cualquier época y no sólo en el medievo.

No ser supersticiosos
«A lo largo de los siglos la Iglesia ha reprobado las diversas formas de superstición, la
preocupación excesiva acerca de Satanás y de los demonios, los diferentes tipos de culto y de
apego morboso a estos espíritus, etc; sería por eso injusto afirmar que el cristianismo ha hecho de
Satanás el argumento preferido de su predicación, olvidándose del señorío universal de Cristo y
transformando la Buena Nueva del Señor resucitado en un mensaje de terror»4.
Como enseña la teología moral, a la fe se oponen por exceso: la credulidad y la superstición, p.
Ej., atribuyendo al demonio un poder al margen de la Providencia Divina del que ciertamente
carece. Por defecto también se oponen a la fe: la infidelidad, la apostasía, la herejía, la duda y la
ignorancia.
Sobre esta última es preciso saber que tenemos obligación de aprender las cosas necesarias para
3

Pablo IV, Audiencia general, 15-XI-1972, en “Ecclesia”, 1972, pp. 1065 ss.
Fe cristiana y demonología, Doc. Recomendado por la Congr. para la Doctrina de la fe, en “Ecclesia”, 1975, pp.
1037 ss.
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la Salvación o indicadas por precepto divino a través de la Iglesia, y junto a ellas las verdades
que son necesarias para llevar una vida auténticamente cristiana y para el recto desempeño de los
deberes del propio estado. Por eso, el que descuida por culpable negligencia estos deberes, pone
en peligro la fe recibida y comete un grave pecado de ignorancia voluntaria.
La superstición es un vicio por el que la persona ofrece culto divino a quien no se debe –
cualquier criatura de dios- o a quien se debe –a Dios, y proporcionalmente a los santos- pero de
modo indebido. Por ejemplo hay superstición cuando se atribuye al demonio, a los muertos o a la
naturaleza poderes efectivos que no poseen según los sabios designios del Creador. La gravedad
de este pecado viene del ultraje que se hace a Dios por dar un honor indebido a los espíritus.
La Sagrada Escritura y la Tradición de la Iglesia admiten la intervención de los ángeles buenos y
malos sobre este mundo, y la posibilidad de que influyan sobre el cuerpo; pero siempre será
permitido estrictamente por Dios en el ámbito de su Providencia y Gobierno del universo.
La adivinación como pecado es la superstición que trata de averiguar las cosas futuras o que
están ocultas por medios indebidos o desproporcionados, pro ej., los naipes, las líneas de la
mano, los astros, la invocación de los demonios, etc. Este pecado es de suyo mortal contra la
religión.
El espiritismo tiene afinidad con la adivinación pues consiste en técnicas para mantener
comunicación con los espíritus, principalmente de los difuntos conocidos, para averiguar de ellos
cosas ocultas. Hoy día los estudios más serios y documentados sobre el espiritismo llegan a la
conclusión de que la mayor parte de los casos se deben a puros y simples fraudes. Sin embargo
consideran que un porcentaje mínimo se debe a verdadero trato con los espíritus malignos
(magia diabólica), mientras que un porcentaje de casos se explican por los fenómenos
metapsíquicos, cuyas posibilidades naturales son amplias y no totalmente conocidas aun por la
ciencia (parapsicología).
La asistencia a las reuniones espiritistas está gravemente prohibida por la Iglesia. Se comprende
que sea así por ser cooperación a una cosa pecaminosa, por el escándalo de los demás y por los
graves peligros para la propia fe.
La vana observancia es el uso de medios desproporcionados para obtener efectos naturales,
aunque no pretende averiguar las cosas ocultas o futuras, por ej., miedo a ciertos números o
animales, uso de amuletos, curaciones, etc. Estas vanas observancias son de suyo pecado mortal
por la grave injuria que se hace a Dios atribuyendo cosas vanas a la Omnipotencia exclusiva de
Dios, y también por pretender gobernar la propia vida al margen de las leyes divinas.
A este orden pertenece la magia o arte de realizar cosas maravillosas por causas ocultas. La
magia diabólica o negra solicita la intervención del demonio, y tiene la malicia de la adivinación
y de la vana observancia. En cambio, nada tiene de malo la magia blanca, prestidigitación o
ilusionismo, que obedece a causas naturales como la habilidad o destreza del que actúa.
Los pecados contra la religión que acabamos de ver –superstición, adivinación, espiritismos,
vana observancia, magia- suelen atraer la atención de gentes sencillas y de jóvenes. Cuanto
menor es la fe y la formación cristiana de una persona, más posibilidades tiene de caer en
prácticas supersticiosas; por eso es preciso conocer bien la doctrina de la Iglesia acerca de las
verdades de la fe –mediante el estudio y la meditación- y poner los medios para adquirir una
recta conciencia en cuestiones morales que dependen de la fe.

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No debe extrañar que la inteligencia diabólica, su odio contra Dios y su envidia a los hombres
lleven al demonio a servirse torpemente de la natural curiosidad humana. Algunas personas no se
contentan con saber lo que Dios ha revelado ni con lo descubierto por las ciencias; no parecen
admitir su limitada condición de criaturas ni creen en dios y en cambio son crédulas para los
horóscopos o las cartas. La verdad es que no salen ganando.
Todos estos pecados contradicen abiertamente el amor a Dios y tienen algo de idolatría, pues
como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: «La idolatría no se refiere sólo a los cultos
falsos del paganismo. Es una tentación constante de la fe. Consiste en divinizar todo lo que no es
Dios. Hay idolatría desde el momento en que el hombre honra y reverencia a una criatura en
lugar de Dios» 5.

12.2. El misterio de los orígenes del mal
Como advertía Pablo VI hace unos años el Diablo anda suelto y así lo hemos considerado. Ahora nos
vamos a remontar a los orígenes del Mal, según consta en la revelación que fundamenta la fe católica. Más
adelante habrá que considerar la actuación del Diablo y sus ángeles pervertidos contra la Iglesia y conta los
hombres, con diversos e inquietantes métodos. Pbro. Pablo Arce Gargollo

“Por mí se va la ciudad doliente, por mí se va a las penas eternas, por mí se va entre la gente
perdida. La Justicia movió a mi supremo Autor. Me hicieron la divina potestad, la suma
sabiduría y el amor primero. Antes que yo no hubo cosa creada, sino lo eterno, y yo permaneceré
eternamente. Vosotros, los que entráis, dejad aquí toda esperanza” (DANTE, Divina Comedia,
Infierno, III).
Dios creó y elevó a los ángeles
En continuidad con el Magisterio de la Iglesia, el Papa Juan Pablo II ha dedicado varias
Audiencias desde 1986 a exponer una amplia Catequesis sobre los ángeles y los demonios en
cuanto criaturas de Dios que participan activamente en la historia de la salvación, enseñando
“cómo existen espíritus puros, criaturas de Dios, inicialmente todos buenos, y después por una
opción de pecado se dividieron irremediablemente en ángeles de luz y en ángeles de tinieblas. Y
mientras la existencia de los ángeles malos nos pide a nosotros el sentido de la vigilancia para no
caer en sus halagos, estamos ciertos de que la victoriosa potencia de Cristo Redentor circunda
nuestra vida para que también nosotros seamos vencedores. En esto estamos válidamente
ayudados por los ángeles buenos, mensajeros del amor de Dios, a los cuales, amaestrados por la
Tradición de la Iglesia, dirigimos nuestra oración: “Ángel de Dios, que eres mi custodio,
ilumíname, rígeme y gobiérname, ya que he sido confiado a tu piedad celeste. Amén”6.
Como se acaba de indicar, los ángeles fueron constituidos en el estado de gracia santificante y,
por tanto, destinados a contemplar directamente a dios. Pero antes de alcanzar este fin
sobrenatural fueron sometidos a una prueba; los que vencieron alcanzaron inmediatamente el
Cielo, y los que no quisieron obedecer lanzaron el primer grito de soberbia contra Dios –non
serviam, no serviré-, que está en la raíz de todo pecado. Como consecuencia de esta rebelión,
perdieron los dones sobrenaturales con los que fueron enriquecidos y arrojados para siempre al
infierno creado para su castigo.
5

Catecismo de la Iglesia Católica, 1992, n. 2113.
Juan Pablo II, Catequesis durante la Audiencia General, 20-VIII-1986, n. 5. Remitimos a la doctrina enseñada por
el Papa en seis Audiencias comprendidas entre el 9-VII y el 20-VIII de 1986.
6

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“Notamos que la Sagrada Escritura y la Tradición llaman propiamente ángeles a aquellos
espíritus puros que en la prueba fundamental de libertad han elegido a Dios, su gloria y su reino.
Ellos están unidos a Dios mediante el amor consumado que brota de la visión beatificante, cara a
cara, de la Santísima Trinidad. Lo dice Jesús mismo: “Sus ángeles ven de continuo en el cielo la
faz de mi Padre, que está en los Cielos” (Mt 18, 10)” 7.
Diablo es palabra de origen griego que significa acusador o calumniador, y según algunos su
etimología alude al que está encerrado en la cárcel (infierno). Satanás es palabra de origen
hebreo y equivale a enemigo que insidia o persigue al hombre. Demonio, también de origen
griego, significa un ser superior a los hombres pero inferior a Dios.

Hubo una batalla en el Cielo
“Hubo una batalla en el cielo. Miguel y sus ángeles se levantaron a luchar contra el dragón. El
dragón presentó batalla y también sus ángeles. Pero no prevaleció ni hubo lugar para ellos en el
cielo. Fue arrojado el gran dragón, la antigua serpiente, el que se llama Diablo y Satanás, el que
seduce al universo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” (Ap.
12,7-9).
Cuanto más elevada se encuentre una criatura espiritual tanto peor es su caída. Por este motivo el
castigo con que Dios afligió a Lucifer y a los ángeles apóstatas fue el mayor que podían recibir:
expulsado del Cielo y alejado eternamente de Dios, Satanás fue arrojado por Dios al infierno,
junto con sus secuaces.
Aunque algunos han perdido la fe en la existencia y actividad de los demonios, hemos de tener
bien presente esta realidad: que existe un reino del mal, jerárquicamente estructurado, cuyo jefe
es Satanás, príncipe de los demonios, dotado de un poder que excede con mucho a las fuerzas
humanas naturales. Un ser personal desdichado y un reino de tinieblas que se mueven
activamente en lucha contra el Reino de Dios en la tierra. Un ser que es fuente mal, enemigo
irreconciliable del hombre en el que odia –con impotencia, pues nada puede contra el Creador- la
imagen de Dios.
7

Ibid.

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El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que “La victoria sobre el ‘príncipe del mundo’ (Jn14,
30) se adquirió de una vez por todas en la Hora en que Jesús se entregó libremente a la muerte
para darnos su Vida. Es el juicio de este mundo, y el príncipe de este mundo ha sido ‘echado
abajo’ (Jn 12, 31; Apc 12, 11” (n. 2853).
Los ángeles ayudan al hombre
“Yo mandaré un ángel ante ti para que te defienda en el camino y te haga llegar al lugar que te ha
dispuesto. Acátale y escucha su voz, no le resistas, porque no perdonará vuestras rebeliones y
porque lleva mi nombre. Pero si le escuchas y haces cuanto él te diga, yo seré enemigo de tus
enemigos y afligiré a los que te aflijan” (Ex 23, 20-22). A nuestro Ángel Custodio o protector se
le pueden aplicar los oficios que Dios enumera en esas palabras dirigidas a Moisés: su mayor
excelencia por naturaleza y por gracia los hace capaces de influir en la vida personal de los
hombres.
En los tiempos primeros de la Iglesia, los ángeles eran protagonistas frecuentes en la vida de los
cristianos. Un ángel libró de la cárcel a Pedro, en una hora difícil para la Iglesia naciente. Los
Hechos de los Apóstoles nos narran aquella escena, de naturalidad con que los primeros
cristianos trataban a su Ángel Custodio: “habiendo, pues, llamado al postigo de la puerta, una
doncella llamada Rode salió a observar quién era. Y conociendo la voz de Pedro, fue tanto su
gozo, que, en lugar de abrir,, corrió adentro con la nueva de que Pedro estaba a la puerta.
Dijéronle: estás loca. Más ella afirmaba que era cierto lo que decía. Ellos dijeron entonces: sin
duda será su ángel” (Hch 12,13-15).
Esta asignación personal de un Ángel Custodio es una manifestación de la Providencia especial
que Dios tiene con nosotros para guardarnos y protegernos en nuestro camino hacia el Cielo. De
ahí el cariño y veneración que les tenemos: “¡Cuánta reverencia deben infundirte estas palabras,
cuánta devoción deben inspirarte, cuánta confianza deben darte! Reverencia por la presencia,
devoción por su benevolencia, confianza por su custodia (...). Están presentes para tu bien; no
sólo están contigo, sino que están para tu defensa. Están presentes para protegerte, están
presentes para provecho tuyo”8.
El trato con el Ángel Custodio en el orden sensible
es menos experimentable que el de un amigo de la
tierra, pero su eficacia es mucho mayor. Sus
consejos vienen de Dios y penetran más hondo
que la voz humana. Su capacidad para oír y
comprender es inmensamente superior a la del
amigo o amiga más fiel; no sólo porque su
permanencia a nuestro lado es continua, sino
porque su permanencia a nuestro lado es continua,
sino porque penetra de un modo mucho más
agudo en lo que expresamos.
Es cierto que lo más recóndito de nuestra
intimidad es inaccesible a los ángeles y a los
demonios. Sólo Dios puede movernos desde
dentro; pero el Ángel Custodio, por su condición
de espíritu puro en estado de gracia, tiene gran
capacidad para influir en ti, de un modo indirecto.
Con su intervención aclara en la mente la doctrina
8

San Bernardo, Sermón 12, sobre el Salmo 90.

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y te hace ver los medios que debes poner para agradar a Dios. Basta que mentalmente le hables –
y esto es necesario porque no puede penetrar en el entendimiento como lo hace Dios-, para que
te entienda, e incluso para que él llegue a deducir de tu interior más que tú mismo. Y como la
Providencia de Dios con sus hijos llega hasta detalles más pequeños, el Ángel de la Guarda vela
por tu seguridad física y espiritual, alejando las tentaciones del demonio y las ocasiones de
peligro, tanto para el alma como para el cuerpo.

12.3. Cómo actúa el demonio
“De nuevo lo llevó el diablo a un monte alto, y le mostró todos los reinos del
mundo y su gloria, y le dijo: Todas estas cosas te daré si postrándote me adoras.
Entonces le respondió Jesús: Apártate Satanás, pues escrito está: ‘Al Señor tu
Dios adorarás, y a Él sólo darás culto’. Entonces lo dejó el diablo, y los ángeles
vinieron y le servían” (Mt 4, 8-11).

Se enfrentó a Jesucristo
Desde su caída, Satanás y su ángeles luchan contra el hombre justo y tratan de impedir su
salvación. Nos incitan a rebelarnos contra los planes divinos, afligen a hombre y mujeres con
tentaciones e incluso enfermedades. Su envidia y su maldad crecen conforme se acerca la
instauración del Reino de Dios.
Cuando el Señor se encarnó para redimirnos de la servidumbre de todo mal, Satanás concentró
sus ataques sobre Jesucristo tratando vanamente de destruir ese dominio divino que sentía
inminente. En primer lugar, le cercó con la triple tentación en el comienzo de su vía pública (cfr
Mt 4, 1-11); luego, viendo que nada podía directamente contra Él, inspiró a las autoridades
judías el odio a Jesús y el deseo de matarle (cfr Jn 8, 44); y en su ignorancia acerca del decreto
divino de Redención, lo cumplió clavando a Jesucristo en la Cruz y así de donde salió la muerte
(el árbol de la desobediencia en el Paraíso instigada por el demonio), de allí renació la vida (la
Salvación por la Cruz), y el que en un árbol venció (demonio), en un árbol fue vencido (la Cruz).
Jesús, nuestro Salvador, fue tentado porque Él así los dispuso; y lo quiso por amor a nosotros y
para nuestra enseñanza. Pero la perfección absoluta de Jesús no permitía sino lo que llamamos
tentación externa.
Las tentaciones de Jesús en el desierto tienen una significación muy honda para nuestra
Salvación, pues los personajes más importantes de la Historia Sagrada también fueron tentados:
Adán y Eva, Abrahán, Moisés, el mismo pueblo elegido; y así también Jesús- Nuestro Señor, al
rechazar las tentaciones diabólicas, repara las caídas de los hombres antes y después de Él;
preludia las siguientes tentaciones de cada uno de nosotros, y las luchas de la Iglesia contra las
tentaciones del poder diabólico. De ahí que Jesús nos haya enseñado, en el Padrenuestro, a pedir
a Dios que nos ayude con su gracia para no caer a la hora de la tentación.
Odia a la Iglesia
La historia de su diabólico influjo sigue. Desde que Jesucristo resucitó, el demonio dirige sus
asechanzas contra la Iglesia, que es el Cuerpo Místico de Cristo. Ya lo había predicho el Señor:
“Simón, mira que Satanás va tras vosotros para zarandearos como el trigo” (Lc 22,31). Se trata
de una guerra sin cuartel en la que ataca a la Iglesia desde dentro y desde fuera.
Desde dentro de la Iglesia el demonio siembra el error en las mentes de los cristianos con
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doctrinas que deslumbran a la inteligencia humana y pretenden someter lo divino a lo humano, e
impide ver su radical falsedad pues “no hay verdad en él. Cuando dice mentira, habla como
quien es, por ser de suyo mentiroso y padre de la mentira” (Jn 8, 44). Esto explica la difusión de
doctrinas erróneas en el seno de la Iglesia, que en nuestra época se hace más activa por contar
con poderes aliados y eficaces medios de difusión de ideas.
Ataca el demonio desde fuera a la Iglesia, obstaculizando en el mundo el cumplimiento de su
misión sobrenatural y salvadora, fomentando la difusión de un concepto materialista –e incluso
ateo- de la vida, que rechaza todo planteamiento cristiano. Promueve Satanás violentas
persecuciones contra la Iglesia, como ocurrió en los siglo II y III de nuestra era, moviendo la
poderosa máquina estatal del decadente Imperio Romano y que llevaría al homicidio de miles de
cristianos. Otras persecuciones más o menos solapadas, pero siempre eficaces, continúa
sufriendo la Iglesia en muchos países sometidos al régimen marxista y en otros confesionalmente
musulmanes.
Otras veces, el “neopaganismo” actual que en muchos lugares es la cultura hegemónica lleva en
su entraña una oposición frontal a la visión trascendente y sobrenatural del hombre y del mundo,
tal como enseña la doctrina católica. Intenta recluir la fe al ámbito de la conciencia para construir
una sociedad sin Dios, como si fuese posible al cristianismo poner entre paréntesis su fe al actual
en el ámbito profesional o social.
¿Síntomas de esas insidias diabólicas? Enseñaba el Papa Pablo VI: «Podremos suponer su acción
siniestra allí donde la negación de dios se hace radical, sutil y absurda, donde la mentira se
afirma hipócrita y poderosa, contra la verdad evidente; donde el amor es eliminado por un
egoísmo frío y cruel; donde el nombre de Cristo es impugnado con odio consciente y rebelde (cfr
1 Cor 16,22; 12,3), donde el espíritu del Evangelio es mistificado y desmentido, donde se afirma
la desesperación como la última palabra»9.
¿Qué otro sentido global podríamos dar, si no, a la persecución contra la Iglesia o los atentados
contra el Romano Pontífice, o la introducción en la Iglesia de la dialéctica marxista mediante
enfrentamientos propios de la lucha de clases, a la perversión del mensaje cristiano y de los
sacramentos con teorías revolucionarias, a los instintos de profanación del sacerdocio y de la
vida religiosa) Y en otro ámbito, ¿por qué pueblos enteros están sojuzgados bajo una propaganda
hipócrita?, o ¿qué sentido tiene presentar como progreso el asesinato clínico de millones de
criaturas inocentes mediante el aborto, o presionar sobre los matrimonios para que dejen de
concebir hijos, o también la destrucción de la juventud mediante la droga, la promiscuidad
sexual y la descapitalización de los más nobles ideales?.
Ataca al hombre en su cuerpo
El dominio relativo que los demonios tienen sobre los
hombres puede extender su influencia por las tentaciones en
el orden moral –como luego veremos-, o mediante los
diversos modos de turbar el cuerpo, como son la obsesión y la
posesión diabólicas. Tan malo sería negar las verdaderas
intervenciones diabólicas, que aparecen en la Sagrada
Escritura, como afirmar que todos nuestros males y pecados
proceden del demonio. Porque hay en los hombres estados
9

Pablo IV, op. cit.

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morbosos que no suponen intervención alguna diabólica, sino que provienen de causas naturales
como enfermedades psíquicas o de nuestra voluntad.
a) Obsesión y posesión diabólicas.
En casos excepcionales el demonio asedia el alma desde fuera con tentaciones peculiares
(obsesión) o incluso llega a introducirse accidentalmente en el cuerpo (posesión).
La obsesión consiste en una serie de tentaciones más violentas y duraderas que las ordinarias
para turbar más fácilmente el alma; sin embargo algunos santos atacados por estas tentaciones
conservaron en el interior de su alma una paz inalterable, como le ocurría el Santo Cura de Ars.
La posesión consiste en la ocupación del cuerpo humano por uno o varios demonios. Suele ir
acompañada de manifestaciones patológicas; epilepsia, mudez, ceguera... Los posesos pierden el
dominio de sí mismos, sus gestos y sus palabras, pues cuando están en trance de posesión son
instrumentos del demonio. Conviene advertir que ni la obsesión ni la posesión diabólicas –caso
de darse- son de suyo pecados, ni tampoco son necesariamente castigo debido a pecados de la
persona; sí son un mal físico, no moral, permitido por Dios unas veces para santificación de los
buenos o para manifestar su gloria; otras como pena o castigo de un pecado.
En el Evangelio figuran varios casos de posesión diabólica que fueron curados por nuestro
Salvador como los endemoniados de Gadara y el muchacho endemoniado: «Al llegar a la otra
orilla, a la región de los gadarenos, le fueron al encuentro dos endemoniados que salían de los
sepulcros, tan furiosos que nadie podía transitar por aquel camino. En ese momento se pusieron a
gritar diciendo: ¿Qué tenemos que ver contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí antes de tiempo
para atormentarnos? Había lejos de ellos una gran piara de cerdos que pacían. Los demonios le
rogaban diciendo: Si nos expulsas, envíanos a la piara de cerdos. Entonces toda la piara corrió
con ímpetu por la pendiente hacia el mar y pereció en el agua» (Mt 8, 28-32).
«Le salió al encuentro una gran muchedumbre. Y en medio de ella un hombre clamó diciendo:
Maestro, te ruego que veas a mi hijo, porque es el único te tengo. Un espíritu se apodera de él y
enseguida grita, le hace retorcerse entre espumarajos y difícilmente se aparta de él, dejándolo
maltrecho. (...) Trae aquí a tu hijo. Y al acercarse, el demonio lo revolcó por el suelo y le hizo
retorcerse. Entonces Jesús increpó al espíritu impuro y curó al niño, devolviéndolo a su padre.
Todos quedaron asombrados de la grandeza de Dios». (Lc 9, 37-43).
Antes de la venida de Jesucristo estas señales del dominio de Satanás sobre los hombres y el
mundo a consecuencia del pecado eran más frecuentes. Pero el Señor quiso dejar constancia de
su pleno dominio sobre el demonio y la presencia del Reino de Dios que salva a los hombres del
pecado, del demonio y de la muerte eterna: “Pasó haciendo el bien y sanando a todos los que
habían caído bajo el poder del diablo” (Hch 10, 38).
Se puede notar que el demonio ha tomado el cuerpo de alguien cuando éste llega a realizar
acciones inexplicables que rebasan sus capacidades naturales; p. ej., una joven puede desarrollar
fuerzas extraordinarias o anormales, un hombre hablar una lengua desconocida para él, etc.
Siempre por permisión divina, la acción demoníaca puede incluso apoderarse y dominar los
miembros corporales del poseído, y servirse de ellos como si le pertenecieran, actuando sobre el
sistema nervioso, o haciendo mover esos miembros, hablando por boca del paciente, etc.
Sin embargo, la mayoría de los supuestos casos de posesión, de obsesión o de infestación
diabólicas que son tratados en novelas y películas no responden a la realidad. Se trata de una

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moda por cuanto suena a diabólico o misterioso que está bien lejos del mundo de la ciencia
natural y de la doctrina de la fe, y quizá sea debido al alejamiento personal y social respecto a
Dios capitulando antes las fuerzas del mal por haber abandonado al Bien.
b) Los exorcismos
Desde que Cristo realizó la Redención y fundó la Iglesia, la posesión diabólica real tiene lugar
muy pocas veces. Para estos casos especiales la Iglesia ha recibido poder de Dios para realizar
exorcismos actuando con todo el poder divino para expulsar los demonios en nombre del Señor.
El exorcismo es la invocación hecha a Dios con el fin de alejar al
demonio de alguna persona, animal, lugar o cosa, que se hace en
nombre de la Iglesia por el sacerdote legitimado y según los ritos
previstos10.
El acto de exorcismo se desarrolla según las fórmulas
autorizadas por la Iglesia y por el sacerdote designado por el
Obispo. Se recitan oraciones, formuladas con profunda fe y en
nombre de Dios, de Cristo y de la Iglesia para que los demonios
se alejen de la persona por la autoridad divina.
Ataca al hombre en su alma
“Confortaos en el Señor y en la fuerza de su poder, vestíos de la armadura de Dios que podáis
resistir las insidias del diablo, porque no es nuestra lucha contra la carne y la sangre, sino contra
los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra
los espíritus malos de los aires” (Eph 6, 10-12).
La tentación diabólica, de la que aquí hablamos, es un aprueba u obstáculo procedente del
demonio que intenta perjudicarnos induciendo al pecado. Las tentaciones que el demonio insidia
en hombres y mujeres son muy variadas, sirviéndose de su obra y de nuestras concupiscencias.
San Juan escribe que “todo lo que hay en el mundo es concupiscencia de la carne,
concupiscencias. San Juan escribe que “todo lo que hay en el mundo es concupiscencia de la
carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida” (1 Jn 2, 14), como resumiendo la triple
raíz de todos los pecados, y esto puede ejemplificarse ahora mediante la experiencia de tres
personajes de la Sagrada Escritura –Adán, David, San Pedro-, pues sus tentaciones y caídas
reflejan en mayor o menor medida esas concupiscencias.
a) Adán o la independencia de Dios
El texto sagrado relata que Adán y Eva rompieron voluntariamente los lazos de amistad que les
unían con Dios, después de la elevación sobrenatural que gratuitamente habían recibido de Él:
«La serpiente dijo a la mujer: ¿Con que Dios os ha mandado realmente que no comieseis de
todos los árboles del Paraíso?” Eva contestó que sólo tenían prohibido, bajo pena de muerte,
comer de un árbol. “Y dijo la serpiente a la mujer: En modo alguno pereceréis. Dios sabe que tan
pronto como de él comáis se os abrirán los ojos y seréis como Dios, y conoceréis lo que es el
bien y el mal. Vio, pues, la mujer que el fruto del árbol era bueno para comer y hermoso a la
vista. Tomó de su fruto y comió y dio también a su marido, y también con ella comió» (cfr Gn 3,
4-6).
10

Cfr Código de Derecho Canónico, can. 1172.

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La primera gran tentación manifiesta que el demonio es padre de la mentira diciendo medias
verdades: animó a nuestros primeros padres a ser iguales a Dios y a no depender de Él, pudiendo
establecer ellos solos lo que es bueno y lo que es malo, sin dar explicación a Dios. ¿Te das
cuenta de la soberbia que anima los afanes de independencia del hombre o de la sociedad
respecto a Dios? Por eso, procura luchar contra ella desde tu juventud sabiendo distinguir con la
enseñanza de la Iglesia lo que es bueno y malo –formando con rectitud tu conciencia sin
engañarte- y empleando bien tu libertad. Ésta no consiste en la ausencia de vínculos y de
obligaciones, como piensan algunos jóvenes, sino en la calidad de esos vínculos: quien está
atado al alcohol, la droga o el sexo no es libre, mientras que sí lo es quien mantiene, por ejemplo,
la fidelidad al otro cónyuge por encima de los estados de ánimo.
b) David o la concupiscencia.
Cuenta el Libro Segundo de Samuel un tremendo pecado del rey David por el que supo llorar
con amargo arrepentimiento. El rey se quedó ocioso en Jerusalén en vez de acompañar el ejército
de Israel... “Sucedió que un día, levantándose David de su cama después de la siesta, se puso a
pasear por el terrado del palacio, y vio enfrente una mujer que se estaba lavando y era de
extremada hermosura. Envió, pues, el rey a saber quien era aquella mujer, y le dijeron que era
Betsabé, hija de Eliam, mujer de Urías, heteo. David la hizo venir a su palacio, habiendo enviado
primero en algunos que la hablasen de su parte; y entrada que fue a su presencia, durmió con
ella, la cual se purificó luego de su inmundicia, y volvió encinta a su casa. De lo que dio aviso a
David, diciendo: He concebido” (2 Sam 11, 2-5).
En este relato y sus consecuencias se encierran profundas enseñanzas sobre el carácter
envolvente de las tentaciones contra la santa Pureza: primero ociosidad, luego curiosear y no
guardar el sentido de la vista; más tarde indagar buscando nuevos detalles, hasta caer finalmente
en un pecado de lujuria. Lo peor es que el pecado se enreda y David no paró hasta conseguir que
el marido de Betsabé pereciera en el campo de batalla: el pecado de adulterio se agravó con un
pecado de homicidio.
La triste experiencia de David constituye una clarísima lección para huir de toda ocasión de
pecado y rechazar con energía cualquier diálogo con las tentaciones contra la castidad: Nos dice
el Beato Josemaría Escrivá: «Cuidad esmeradamente la castidad, y también aquellas otras
virtudes que forman su cortejo –la modestia y el pudor-, que resultan como su salvaguardia. No
paséis con ligereza por encima de esas normas que son tan eficaces para conservarse dignos de la
mirada de dios: la custodia atenta de los sentidos y del corazón; la valentía –la valentía de ser
cobarde – para huir de las ocasiones; la frecuencia de los sacramentos, de modo particular la
Confesión semanal; la sinceridad plena en la dirección espiritual personal; el dolor, la contrición,
la reparación después de las faltas” (Amigos de Dios, n. 185)
Si fueron gravísimos los pecados de David también fue imponente su arrepentimiento y su
penitencia: “Apiádate de mí, ¡oh Dios!, según tu misericordia; según la muchedumbre de tus
piedades borra mi iniquidad. Lávame completamente de mi culpa, y de mi pecado está siempre
delante de mí. Contra Ti solo pequé e hice lo que a tus ojos es malo. (...) Rocíame con hisopo, y
quedaré limpio; lávame y quedaré más blanco que la nieve. (...) Crea en mí ¡oh Dios!, un
corazón limpio, y renueva en mí un espíritu constante. No me eches de tu presencia ni retires de
mí tu santo espíritu generoso. (...) Abrirás, Señor, mis labios, y mi boca anunciará tu alabanza”
(Sal 50, 3-17).
Por eso si no debemos seguir su mala conducta, sí podemos imitar en nuestras caídas – graves o

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leves – su contrición y su llanto. Porque siempre cabe el arrepentimiento sincero que lleva al
sacramento de la Penitencia con propósitos firmes, repitiendo quizá ese “ayudado de vuestra
divina gracia, propongo firmemente que me fuere impuesta”, de la oración Señor mío, Jesucristo.
c) Pedro o la debilidad de la carne
Jesucristo les había advertido que estuvieran vigilantes pero no se enteraron y en vez de
comportarse como recios pescadores lo hicieron como vírgenes necias: «Quedaros aquí y velad
conmigo. (...) Volvió junto a sus discípulos y los encontró dormidos; entonces dijo a Pedro: ¿Ni
siquiera habéis sido capaces de velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en tentación:
pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil» (Mt 26, 38-41). Y así por tres veces.
Los hechos se precipitan y Pedro retrocede cada vez más: la pereza inicial le aleja de Jesucristo y
queda aislado en su temor, hasta llegar a negarle por tres veces: «Entretanto, Pedro estaba
sentado fuera en el atario; se le acercó una sirvienta y le dijo: Tú también estabas con Jesús el
Galileo. Pero él lo negó delante de todos diciendo: No sé de qué hablas. Al salir al portal le vio
otra y dijo a los que estaban allí: Éste estaba con Jesús el Nazareno. De nuevo lo negó con
juramento: No conozco a ese hombre. Poco después se le acercaron los que estaban allí y dijeron
a Pedro: Desde luego tú también eres de ellos, pues tu habla lo manifiesta. Entonces comenzó a
imprecar y a jurar: No conozco a ese hombre. Y al momento cantó el gallo. Y Pedro se acordó de
las palabras que Jesús había dicho: Antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces. Y,
saliendo afuera, lloró amargamente» (Mt 26, 69-75).
La fe de Pedro en Jesucristo sufre la gran prueba. Antes estaba dispuesto a ir a la cárcel o hasta la
muerte y ahora le niega abiertamente. En medio de aquel aturdimiento, la mirada serena de Jesús
que perdona conforta su fe y las lágrimas de dolor la purifican. Muy grave fue el pecado de
Pedro, pero profundo también fue su arrepentimiento... y firme; porque ya no abandonó más al
Señor, presidió en nombre de Jesucristo la Iglesia y murió por confesar la fe.

12.4. Cómo vencer al demonio
En esta última parte vemos cómo actúa el Diablo como serpiente y
como león, según convenga a sus propósitos destructivos de nuestra imagen
divina. Pero es preciso conocer al Adversario, el que pone zancadillas, el que
siempre niega.

Una cosa es la tentación
En sentido genérico se entiende por tentación toda solicitación de la voluntad para que realice un
acto contrario a la virtud. La tentación procede del mundo en cuanto se opone a Dios en diversa
medida, del demonio o tentador (cfr 1 Tes 3, 5) y de la carne o concupiscencia; sin embargo,
ninguno de ellos puede obligar a la voluntad a pecar: no podemos eludir la responsabilidad
personal en nuestros pecados.
La tentación actúa como en tres momentos que los moralistas llaman con diversos nombres:
1) sugestión involuntaria, que es una mera representación del mal y no encierra pecado alguno,
pudiendo incluso ser camino para progresar en la virtud;
2) advertencia del entendimiento, al cual se presenta la cosa primero como apetecible y después
como contraria a la ley moral; de ese doble conocimiento procede la lucha interna entre el placer

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y el deber, pero aún no hay pecado aunque se corre el riesgo si la voluntad no decide, con
prontitud, rechazar la tentación;
3) decisión de la voluntad, cuando se verifica efectivamente el pecado o el acto virtuoso. De
modo que mientras no prestes tu consentimiento – decir que sí – a la tentación no cometerás
pecado, pero si la admites o provocas, incurrirás en pecado grave o leve según su objeto.
Ante la tentación hemos de reaccionar con la serenidad de un hijo de Dios, aprovechándola para
crecer en humildad y en caridad. Sería necio negar que el demonio puede causar graves
molestias, pero también lo sería entregarse como un conejo aterrorizado, porque no puede
dominar a los que sinceramente viven para Dios; puede, sí, combatirlos, pero no derrotarlos
porque con la gracia divina vencen y se santifican.
a) El tentador como serpiente
El demonio viene a tentar unas veces como serpiente, cuando siembra dudas e inquietud en
nuestra inteligencia, para que se quede en tinieblas sin la luz de la fe. Entonces has de reaccionar
con prontitud haciendo actos de fe: “Creo en Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo”, o bien “Sé que
estás en la Eucaristía con tu Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad”; “Señor, tú lo sabes todo, tú
sabes que te amo”; “Santa María, Auxilio de los Cristianos, ruega por mí”, etc.
Éste es el testimonio de su alma santa, Francisca Javiera del Valle, que sufrió la dura prueba de
la tentación contra la fe pero no consistió lo más mínimo: “Según enseñanzas de nuestro
inolvidable Maestro, (el demonio) se propone arrancar de nosotros las virtudes teologales. Pero
donde va directamente a poner el blanco es en la fe, porque conseguida ésta, fácil cosa en
conseguir las otras dos; porque la fe es como el fundamento donde se levanta todo el edificio
espiritual, que él quiere y desea y pretende destruir (...). Cuando Satanás ya se acerca a la pelea,
lo primero que echamos de menos es la luz clara y hermosa que nos había Dios dado, para con
ella conocer la verdad. (...) ¿A qué compararé yo este estado? Nada hallo, si no es a esas noches
de verano, en que se levantan de repente esos nublados tan fuertes y horribles, que por su
oscuridad tenebrosa nada se ve, sino relámpagos que asustan, truenos que dejan a uno
temblando, aires huracanados, que recuerdan la justicia de Dios al fin del mundo, el granizo y
piedra, que parece que todo lo va a destruir.
“No hallo cosas a qué poderlo comparar: sola, sin su Dios, siente venir a ella como un ejército
furioso, que la gritan que está engañada, que no hay Dios, y la cercan por todas partes, llenos de
retórica que la dan conferencias, sin ella quererlo, pero no la dejan un punto, y con
razonamientos tan fuertes y violentos, que a la fuerza la quieren hacer creer que no hay Dios (...),
así el alma sin voz, y tartamudeando, como que atinó a decir: me uno a las creencias todas de mi
Madre la Iglesia y no quiero creer ninguna cosa más.
“(...) Tenía dieciocho años cuando esto pasó por mí y cuando tanto
yo sufría y lloraba sin consuelo la pérdida de mi fe, he aquí que
amaneció para mí el día claro y luminoso.
“Y así como yo, sin saber nada, en este estado me vi que me
metieron, también ahora vi y sentí que de él me sacaron. Y cuando
yo tanto lloraba la pérdida de mi fe, me vi de ella hermosamente
vestida”.
b) El tentador como león

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“Sed sobrios y estad en vela: porque vuestro enemigo el diablo anda rodando como león rugiente
alrededor de vosotros, en busca de presa que devorar. Resistidle firmes en la fe, sabiendo que la
misma tribulación padecen vuestros hermanos, cuantos hay en el mundo” (1 Pe 5, 8-9).
Otras veces experimentarás que Satanás ataca más fuerte como un león rugiente agitando las
pasiones, sublevando la soberbia o la impureza..., y es preciso entonces rechazar con firmeza esa
tentación, sin dialogar ni concederse nada. Es el momento de impedir un juicio temerario, de
apartar la vista o cortar tajantemente la sensación impura, o frenar la indignación y la ira.
Consiste ese rechazo generoso en levantarse, aprovechar bien el tiempo, poner los cinco sentidos
en lo que haces, en buscar compañía, en marcharse de un sitio..., siempre acudiendo a la
intercesión de la Santísima Virgen; “Ama a la Señora. Y Ella te obtendrá gracia abundante para
vencer en esta lucha cotidiana. – Y no servirán de nada al maldito esas cosas perversas, que
suben y suben, hirviendo dentro de ti, hasta querer anegar con su podredumbre bienoliente los
grandes ideales, los mandatos sublimes que Cristo mismo ha puesto en tu corazón.- Serviam!”.
Otra cosa es el consentimiento
Pero ¿y si las tentaciones vienen porque yo las busco? Porque puede ocurrir que una persona sea
cómplice del comienzo mismo de la tentación, cuando ya sabe el peligro que corre y no hace
caso de malas experiencias anteriores. Porque podría constituir una ocasión próxima y voluntaria
de pecado, que ya es pecado. Además una actitud semejante revelaría síntomas de tibieza
espiritual, que viene a ser como una obstrucción de los caminos del alma producida por la
acumulación de pecados de omisión no confesados y faltas de generosidad, que impiden circular
por ella libremente las aguas limpias y refrigerantes de la gracia. Por eso el demonio suele poner
más empeño en apartar a la gente piadosa de la virtud que en arrastrarlas abiertamente al vicio.
La complicidad de que hablamos puede venir también de falta de sinceridad con uno mismo,
auto-engañándose en lo principal de las intenciones y deseos con peligro de que la propia
conciencia se vaya deformando, hasta afirmar descaradamente que no es pecado lo que sí es
pecado. Finalmente, la complicidad puede proceder de la soberbia de quien no quiere
reconocerse muy débil y hecho del mismo barro que los más miserables de los mortales. Por ello
debería sentirse necesitado de cautelas y cuidar no romperse derramando la gracia recibida.
Considerando más en particular las tentaciones contra la castidad, y la posible complicidad
interior, es fácil hacer un breve resumen de las armas aconsejadas para ser muy breve resumen
de las armas aconsejadas para ser muy sinceros y vencer en estas batallas: “deben emplear los
fieles los medios que la Iglesia ha recomendado siempre para mantener una vida casta: disciplina
de los sentidos y la mente, prudencia atenta a evitar las ocasiones de caídas, guarda del pudor,
moderación en las diversiones, ocupación sana, recurso frecuente a la oración y a los
sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. Los jóvenes, sobre todo, deben empeñarse en
fomentar su devoción a la Inmaculada Madre de Dios y proponerse como modelo la vida de los
santos y de aquellos otros fieles cristianos, particularmente jóvenes, que se señalaron en la
práctica de la castidad “ (Declaración Persona humana, n. 12).
La Iglesia exhorta siempre a cada uno para que asuma la responsabilidad de las obras buenas y
de las malas. Sin atribuir éstas sólo a la acción diabólica. El Señor explicó bien que la causa del
pecado está en la voluntad:
“Lo que del hombre sale, eso es lo que mancha al hombre, porque dentro del corazón del hombre
proceden los pensamientos malos, las fornicaciones, los hurtos, los homicidios, los adulterios, las

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codicias, las maldades, el fraude, la impureza, la envidia, la blasfemia, la altivez, la insensatez.
Todas estas maldades del hombre proceden y manchan al hombre” (Mc 7, 20-30).
La milicia cristiana
“Echad mano de la armadura de Dios – escribe San Pablo –, para que podáis resistir en el día
malo, y, tras haber vencido todo, os mantengáis firmes. Estad, pues, firmes, ciñendo la cintura
con la verdad, y poniéndoos la coraza de la justicia, y calzándoos los pies, prontos para el
evangelio de la paz; embrazando en todo momento el escudo de la fe, con el cual podáis apagar
todos los dardos inflamados del maligno. Tomad el casco de la salvación y la espada del
Espíritu, esto es, la palabra de Dios. Con toda clase de oraciones y súplicas, orad en toda ocasión
en el espíritu, y velad unánimemente con toda constancia” (Ef 6, 13-18). Las tentaciones
vencidas no son tiempo perdido sino manifestación de amor de Dios y méritos para la vida
eterna. Nos ayudan a probar el temple de nuestra lucha interior por alcanzar de veras la santidad
a la que estamos llamados.
Para vencer en esta lucha el Señor nos enseñó a pedir todos los días en el Padrenuestro el
“líbranos del mal”: y así el Catecismo de la Iglesia Católica enseña que: “En esta petición, el mal
no es una abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone
a Dios. “El ‘diablo’ (‘dia-bolos’) es aquel que ‘se atraviesa’ en el designio de Dios y su obra de
salvación cumplida en Cristo”.
a) Con la gracia de Dios
Con la tentación que insidia el demonio, y que a veces facilitan nuestras concupiscencias, Dios
envía siempre gracias más que abundantes para vencer en contienda espiritual, que siempre
habrá de mantener con serenidad y fortaleza. También Dios está contigo cuando arrecia la
tentación: por los medios sin caer en tontas ingenuidades y vencerás. El gran Apóstol de
Jesucristo que ha sido vaso de elección divina para extender el Evangelio por Occidente nos ha
dejado el testimonio imponente de lo cerca que tenía a Dios a la hora de la tentación: “Conozco a
un hombre en Cristo, que hace catorce años (...) fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y sé que este
hombre (...) fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables que al hombre no le es lícito
pronunciar: De este tal me glorificaré, pero de mí mismo no me gloriaré, si no es de mis
flaquezas (...). Por lo cual, para que no me engría, me fue clavado un aguijón en la carne, un
ángel de Satanás, para que me abofetee y no me engría. Por esto, rogué tres veces al Señor que lo
apartase de mí, pero Él me dijo: Te basta mi gracia, porque la fuerza resplandece en la flaqueza.
Por eso, con sumo gusto me gloriaré más todavía en mis flaquezas, para que habite en mí la
fuerza de Cristo. Por lo cual me complazco en las flaquezas, en los oprobios, en las necesidades,
en las persecuciones y angustias, por Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”
(2 Cor 12, 1-10).
b) El uso del agua bendita
La gracia divina no falta cuando ponemos los medios adecuados, aunque para los ojos humanos
parezcan insignificantes. Para librarse del influjo diabólico los santos han empleado también el
agua bendita, que es un sacramental. Santa Teresa decía que “De muchas veces tengo
experiencia que no hay cosa con que hayan más (los demonios),para no tornar: Debe ser grande
la virtud del agua bendita; para mí es particular y muy conocida consolidación que siente mi
alma cuando la toma (la utiliza). (...) Estando en un oratorio, habiendo rezado un nocturno y
diciendo unas oraciones muy devotas, que están al fin de él, el demonio se me puso sobre el libro

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para que no acabase la oración; yo me santigüé y fuese. Volviendo a comenzar, tornóse. Creo
fueron tres veces las que la comencé, y hasta que eché agua bendita no puede acabar”.
El agua ritualmente bendecida nos recuerda a Jesucristo que se dio a sí mismo el apelativo de
“agua viva” (cfr Jn 7, 39), instituyó para nosotros el bautismo de Salvación, y también expulsó
con plena autoridad a los demonios. El agua puede bendecirla el sacerdote con esta oración:
“Bendito seas, Señor, Dios todopoderoso, que te han dignado bendecirnos y transformarnos
interiormente en Cristo, agua viva de nuestra Salvación; haz, te pedimos, que los que nos
protegemos con la aspersión o el uso de esta agua sintamos, por la fuerza del Espíritu santo,
renovada la juventud de nuestra alma y adelantemos siempre en una vida nueva. Por Jesucristo,
nuestro Señor”.
c) Oración a San Miguel Arcángel
La fe hará que nos mantengamos seguros en medio de cualquier tentación, firmemente apoyados
en la solidez inexpunable de la Iglesia, que lucha eficazmente contra el poder del diablo. Mucho
puede ayudarnos la oración al Arcángel San Miguel, compuesta por el Papa León XIII en
circunstancias verdaderamente especiales, según expresaba un colaborador suyo:
Una mañana el gran Pontífice León XIII había celebrado la Misa y estaba asistiendo a obra de
acción de gracias, como solía hacer. De repente se le vio enderezar enérgicamente la cabeza y
luego mirar fijamente por encima de la cabeza del celebrante. Miraba fijamente, sin parpadear
pero con una expresión de maravilla y de terror, cambiando de color y de expresión. Alguna cosa
extraña y grande le sucedía... Finalmente, como volviendo en sí y dando un ligero pero enérgico
toque de manos, se alza. Se lo ve dirigirse hacia su estudio privado. Sus familiares lo siguen con
ansia y con premura. Le dicen con voz queda: “¿Santo Padre, no se siente bien? ¿Necesita alguna
cosa?” Él responde: “Nada, nada.” Y se encierra dentro. Después de una media hora hace llamar
al Secretario de la Congregación de los Ritos y dándole una hoja, le ordena estamparla y enviarla
a todos los Obispos del mundo. ¿Qué cosa contenía? La oración que recitamos al final de la Misa
junto al pueblo, con la súplica a María y la fogosa invocación al Príncipe de las milicias
celestiales, implorando a Dios que arroje a Satanás al infierno”.
Y la oración reza así: “Arcángel San Miguel, defiéndenos en la lucha. Ayúdanos contra la
maldad y las insidias del demonio. Pedimos suplicantes que Dios lo someta a su imperio; y tú,
Príncipe de la milicia celestial, encadena en el infierno, con el poder divino, a Satanás y a los
demás espíritus malvados que van por el mundo para perdición de las almas. Amén”.

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Confianza
La protección de Santa María asegura también la victoria contra el Maligno. Después del pecado
original cometido por Adán y Eva, Dios había dicho a la serpiente. “Por cuanto hiciste esto,
maldita tú eres entre todos los animales y bestias de la tierra: andarás arrastrándote sobre tu
pecho, y tierra comerás todos los días de tu vida. Yo pongo enemistad perpetua entre ti y la
mujer, y entre tu raza y la descendencia suya: ella quebrantará tu cabeza” (Gen 3, 14-15). Esta
mujer es María, “una mujer revestida de sol, y la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una
corona de doce estrellas” (Apc 12, 1), que, llena de gracia, ha dado a luz según la humanidad al
verdadero Hijo de dios y ha vencido al demonio.
Por ello “con su amor materno se cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se
hallan en peligro y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por esto
motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora,
Socorro, Mediadora”.
Toda esta doctrina cierta sobre la existencia, el poder y la acción del demonio no es para un
cristiano ocasión de temores enfermizos, pero sí de prudencia. Será antídoto contra optimismos
falsos y estímulo eficaz para una firme vigilancia en la fe y para una vibrante acción apostólica
que anule la labor destructiva del diablo en los hombres y en la sociedad, mientras llega el día
grande en que se instaurará definitivamente el Reino de Dios.

13.ELEMENTOS PARA TENER EN CUENTA
13.1. El perdón: un don perfecto11
Dios, en su inmenso amor, nos tiene un regalo y espera que lo recibamos al conocer nuestra
naturaleza: el Perdón
Es bien sabido lo que dice San Juan, inspirado por el Espíritu: Dios es amor. ¿Qué sabemos del
amor? Un poco, por lo que aquí en la tierra vemos o experimentamos en los llamados
enamorados: cada uno está en el otro con el pensamiento y el corazón, parece que no tienen ojos
sino es para su amor. Si lo liberamos de cualquier forma de egoísmo o imperfección y lo
elevamos con el pensamiento a la perfección infinita, tenemos una pista, una idea lejanamente
aproximada de lo que es la Vida divina. Dios es el amor eterno, pleno e infinitamente
enamorado; y por eso es la infinita felicidad, eterna, inagotable, amor que no se agosta, que
existe en una plena y eterna juventud. Dios es más joven que todos.
El amor infinito es lo que vive Dios en su relación interpersonal trinitaria. Y ese amor se vuelca
primero en la creación y después, con maravillosa continuidad, en la salvación del hombre caído.
Dios nos quiere a cada uno como si fuéramos su único hijo. Para Dios Padre, Hijo y Espíritu
Santo es un hecho. Y al vernos radicalmente indigentes, alejados de Él -de la felicidad infinita,
para lo que nos había creado-, perdidos sin rumbo y sin norte, con el horizonte cerrado por las
consecuencias del pecado original y de los pecados personales, hace algo asombroso: el Hijo de
Dios se hace Hijo del hombre y nos redime con la cruz. Esto -dicho está muy brevemente- abre
de nuevo a la humanidad el horizonte eterno, la grandiosa posibilidad de la bienaventuranza sin
11

Por Pbro Dr. Antonio Orozco Delclós. www.encuentra.com

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término, es decir, la inmersión en el océano de Amor enamorado y enamorante que es la
Trinidad.
13.1.1. Por los frutos se conoce el árbol
Sería menester una enorme biblioteca para balbucear todo esto, pero podemos y debemos
comprender que no se puede ser amado "impunemente" por un Amor infinito. Y ahí tenemos
todas las páginas rojas de la historia para brindarnos un poco de luz sobre las consecuencias de
volver la espalda al Amor. Las consecuencias de un acto, de ordinario, nos revelan su naturaleza
moral. Por sus frutos se conoce el árbol.
Es preciso advertir que la ofensa a Dios, el desamor, no es una ofensa a quien nos ha dado algo,
poco o mucho (nuestros padres nos han dado mucho con la vida), sino a quien nos ha dado
radical y absolutamente todo. Tanto que sin Él no seríamos absolutamente nada. No habría
latidos en nuestro corazón, no habría respirar en nuestros pulmones; más aún, no habría nada de
nada, no seríamos en absoluto. Todo lo que somos y podemos llegar a ser (hermanos del Hijo de
Dios, hijos de Dios y coherederos de su gloria) lo hemos recibido. ¿Qué tienes tú que no hayas
recibido?, es la pregunta de san Pablo que da de lleno en línea de flotación de cualquier género
de autosuficiencia. ¿Qué significa negarse al Amor de Dios, rechazarlo, decidirse a no
corresponder con todas las fuerzas? Mientras no se responda satisfactoriamente a semejante
pregunta no sabremos quién es el Amor y quiénes somos nosotros mismos.
Negar a Dios, negar que Él es el Creador y nosotros sus criaturas es negar todo lo valioso de
nosotros mismos, nuestra relación con la Verdad, con la Belleza y el Amor. Es algo monstruoso
que sólo por la ceguera misma que causa el pecado, no advertimos. Es incurrir en una real
deformación del núcleo de nuestro ser personal, que es de donde proceden esas negaciones. Se
llama al pecado "mancha". Es una metáfora. Pero hay que decir más: es una deformación
monstruosa de la dimensión personal de nuestro ser, porque justamente es la negación práctica
de quien es nuestro Todo, en el más estricto sentido de la palabra. Si yo quiero ser un verdadero
matemático y empiezo estableciendo para mis adentros que dos y dos son cinco, toda la
aritmética que haga a partir de ese momento establecerá un inmenso error. El error se hallaría
precisamente casi al principio de mi discurso.
Podré contar chistes muy graciosos, tal vez escribir novelas de imaginación muy "creativa", pero
en cuestión de matemáticas seré un tipo peligroso. Si alguno empieza a desarrollar la razón
pensando que no hay Dios o que es lícito vivir como si no lo hubiera, podrá llegar a ser un gran
constructor de puentes o de otros artefactos; podrá ser premio Nobel de Literatura, tener una
conversación amena con sus amigos y escalar altas cumbres del poder social, económico o
político, pero su vivir personal estará herido y deformado de raíz. Es muy posible que cometa
crímenes sin saberlo; es seguro que se equivocará en cuestiones muy importantes de la vida
humana, sobre todo en las que podemos llamar cuestiones de sentido.
El que no conoce a Dios, o si se prefiere, el que con culpa no reconoce a Dios, no tiene
fundamento racional para sostener, por ejemplo, los derechos humanos (aunque los respete, por
una feliz incongruencia). Es un peligro (aunque también por una feliz inconsecuencia, sea
bondadoso con todo el mundo).
13.1.2. Saber qué significa ofender a Dios
No se trata aquí de juzgar conciencias singulares, sino de expresar una verdad lógica que carece
de réplica racional. A nuestro entender, no cabe ninguna. La ofensa a Dios deforma
profundamente a la persona que la comete. Por eso es radicalmente distinto ofender a Dios que

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ofender a una criatura (aunque una cosa lleve a la otra), aunque la criatura sea nuestra madre. Un
padre, una madre humanos pueden decir a su hijo: te perdono y me olvido.
Es difícil olvidar y que todo vuelva a ser lo mismo, pero es posible porque las relaciones que nos
unen a las criaturas no son, ni de lejos, tan profundas, tan radicales como las que nos enlazan a
Dios creador. Es todo nuestro ser lo que está ligado a Él. "Religión" es reconocerlo, re-ligarnos
libremente, por amor. Es todo nuestro ser que se distorsiona y resquebraja cuando negamos de un
modo consciente y libre ese vínculo entrañable con la Fuente del ser y de la vida.
La metáfora más adecuada podría ser quizá el terremoto. Y no tenemos posibilidad de recuperar
el orden o equilibrio interior desde su raíz, porque ésta ha quedado contaminada y descoyuntada.
No cabe auto-perdonarse, auto-redimirse o auto-confesarse. Porque lo que hemos roto, la
amistad, el amor de Dios en cuanto estaba en nosotros, no está, ni de lejos en nuestro poder. Un
monstruo no se puede normalizar a sí mismo. Hace falta que un ser extraordinariamente sabio y
poderoso realice en él una operación quirúrgica increíble. El monstruo, para dejar de serlo,
necesitaría nacer de nuevo.
13.1.3. Nacer de nuevo
Pues bien: esto es lo que ha hecho posible la cruz de Cristo, la posibilidad infinitamente deseada
por Dios Padre: el ejercicio de su misericordia por el perdón de los pecados. Pero, cuidado, el
perdón de los pecados sea cosa de poca monta. Los judíos presentes en la curación del paralítico,
se escandalizan cuando Jesús dice: perdonados te son tus pecados. ¡Blasfema!, gritaron, porque
sólo Dios puede perdonar los pecados. No se daban cuenta de que Jesús era Dios en Persona (la
Segunda), pero sí sabían que para perdonar los pecados no bastaba un hombre por santo que
fuese: sólo Dios puede perdonar los pecados. En esto, tenían razón. Es claro que si te ofendo a ti
no sirve que pida perdón al vecino de arriba.
Pero además, es tal el estado del que ha ofendido gravemente a Dios, que, para el perdón se
requiere un poder todopoderoso: la omnipotencia misma, que sólo Dios tiene. Por eso Tomás de
Aquino dice bien cuando asegura que la misericordia de Dios es la manifestación más perfecta
de su omnipotencia. Y la Iglesia reza: "Oh Dios, que manifiestas especialmente tu poder con el
perdón y la misericordia...". Y Juan Pablo II enseña que la misericordia de Dios es una "potencia
especial del amor, que prevalece sobre el pecado y la infidelidad del pueblo elegido" (DM, III, 4
c) Cabe preguntarse: ¿qué tiene que ver la omnipotencia con la misericordia? Al margen de
equivocadas doctrinas que tienen la misericordia por debilidad -no vale la pena que nos
entretengan-, en nuestro caso tiene mucho, todo que ver. Porque cuando se ha roto el amor
infinito, sólo un Amor infinito puede restaurarlo; sólo el Amor omnipotente. Si libremente me
despeño desde un vigésimo piso, no puedo libremente recomponerme, se acabó la libertad y la
vida terrenal; yo no puedo "resucitarme". Pues ¿cómo no comprender que romper libremente los
vínculos que me atan a Dios son una muerte más trágica que la corporal, porque es espiritual,
quizá no sensible (por eso muchos no creen en ella) pero tan realmente mortal como la vida
corporal? La Iglesia ha hablado siempre de pecado mortal; no muere la persona, pero muere en
ella el amor de Dios, la raíz de todo lo verdadero, bueno y bello. Es el infierno, o su anticipo, o
su inminente aparición.
13.1.4. Recreación
Por eso, la restauración de la vida de unión con Dios (Verdad, Bondad, Belleza, Sabiduría,
Amor), con su consecuencia de felicidad para la vida temporal y la eterna, más que una
restauración es una re-generación, una re-creación, es decir, requiere una operación de la

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omnipotencia divina. Lo dice bien claro Jesús a Nicodemo: "El que no naciere de nuevo, no
puede entrar en el Reino de los cielos" (Jn 3, 5-7).
Y toda la Tradición auténtica y todo el Magisterio auténtico de la Iglesia así lo llaman, así lo
dicen: renacimiento, regeneración. A la filiación divina no se nace ni se renace por voluntad
humana, sino por la omnipotente voluntad de Dios, cuyo perdón es eso: don perfecto. No es que
se olvide la culpa, es que se aniquila, porque ha nacido un hombre nuevo. El milagro tiene
muchas facetas.
Por una parte, permanece la persona, el yo que fui pecador. Y, por otra parte, el yo que antes del
perdón era pecador, al renacer por obra de la gracia santificante, ya no es pecador, es santo.
El que era injusto es justo, real y verdaderamente. Este es uno de los puntos en los que Lutero se
apartó de la enseñanza de la Iglesia católica. Para él la justificación no existe en sentido estricto,
la santificación no alcanza a renovar todo el ser de la persona.
Pero el Magisterio enseña que sí alcanza, porque Dios emplea en el perdón toda su fuerza
salvífica: "El Símbolo de la fe profesa la grandeza de los dones de Dios al hombre por la obra de
su creación, y más aún, por la redención y la santificación. Lo que confiesa la fe, los sacramentos
lo comunican: por "los sacramentos que les han hecho renacer", los cristianos han llegado a ser
"hijos de Dios" (Jn 1,12)" (CEC n. 1692; cfr 2782). La redención es justificación verdadera,
santificación real. Es un don de santidad que llega a lo más profundo de la persona, por pura
generosidad de Dios y encima de valor infinito. Es increíble que tengamos tan poco aprecio al
perdón de Dios; que no acudamos a las fuentes del perdón con una sed inmensa: al sacramento
de la penitencia, a limpiar manchas, más aún, a rehacernos, a que el amor de Dios, Padre
amorosísimo, nos regenere y nos recree.
13.1.5. El sacramento de la alegría
En el sacramento de la penitencia se otorga el don inmenso, perfecto: el perdón, el más grande
don divino, tan del gusto de Dios, rico en misericordia. El perdón es su obra máxima, mayor que
la resurrección de un muerto y que la creación de las insondables galaxias, porque mayor es la
distancia entre el pecado mortal y la vida sobrenatural de la gracia, que la diferencia entre la
nada y el ser.
"Realmente es grande un Dios que perdona: ¡Cuántas gracias tenemos que dar a Dios Nuestro
Señor, por este sacramento de su misericordia! Yo me pasmo; me conmuevo. Un Dios que
perdona me parece tan padre y tan madre a la vez, que me echaría a llorar de agradecimiento y
de alegría. ¿Qué haríamos sin su perdón?"12.
¿Por qué lloras como un loco amigo del alma mía?
Y el Amigo respondía: ¡Lloro de llorar tan poco!13
Y a la vez tendríamos que dar saltos de alegría. Concretamente, la Confesión sacramental es uno
de los más gozosos encuentros inmediatísimos con Cristo Jesús. Porque cuando se oye el "Yo te
absuelvo", ese "Yo" es un "Yo" cargado de misterio, no es humano, es divino. ¿Quién puede
perdonar los pecados sino sólo Dios?
12
13

Beato J. ESCRIVA DE BALAGUER
Versos de JOSE MARIA PEMAN.

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El ministro y el signo sacramental no son más que instrumentos por los que obra el verdadero
operante, que es Jesucristo, virtute praesens, con toda tu fuerza redentora. Entiéndase bien, el
sacerdote confesor no es un delegado de Dios para perdonar. La omnipotencia es indelegable.
Como Velázquez no puede decir a un aprendiz: "pinta Las Meninas". Esto es imposible. Para que
yo pintara Las Meninas, necesitaría el cerebro y el alma de Velázquez. Necesitaría que
Velázquez me suplantara, que su yo de alguna manera anulara el mío. Dios no anula nada, pero,
esto es mayor milagro, cuando el confesor dice "Yo te absuelvo" lo dice "in persona Christi". No
es un delegado, es el lugar escogido por Cristo para establecerse y a la vez que el confesor dice
sensiblemente "yo te absuelbo", Él interviene con su omnipotencia indelegable y ab-suelve, recrea, re-genera, o incrementa el nivel de vida sobrenatural, creando más vida. Debiéramos
llenarnos de asombro, de alegría, de felicidad, de gratitud. E ir corriendo a la plenitud de la
Eucaristía; y volver a purificarnos más en el sacramento de la penitencia; y luego, otra vez a la
Eucaristía y así sucesivamente. Hasta el día de la entrada definitiva en el gozo infinito de Dios
Uno y Trino.

13.2. Ruidos Espirituales
La espiritualidad es la manera específica como manifestamos la relación con Dios. Rodos los
seres humanos tenemos una espiritualidad, pues mostramos de diferentes maneras la relación
personal con el único Dios. Sin embargo existen unos "ruidos" o, dicho de otra manera,
obstáculos que nos impiden crecer y madurar espiritualmente, haciendo que el poder de Dios no
fluya con libertad en nosotros y a través de nosotros.
Los "ruidos" o impedimentos del crecimiento espiritual son comunes a toso los seres humanos,
aunque en ocasiones no somos conscientes de ellos. Es necesario señalar que cada persona tiene
otros ruidos espirituales que son individuales y que es necesario discernir en compañía de un
guía, pastor o confesor.
A continuación presentamos un bosquejo general de los impedimentos comunes a todos los seres
humanos.
13.2.1. La duda.
Se presenta en distintos momentos de la vida y del discernimiento de la voz de dios un ruido
espiritual al que llamamos: DUDA. La duda impide que la voluntad divina marche
adecuadamente en las decisiones que tomamos y por lo mismo, las acciones se frustran y se
entorpecen.

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La duda es una pequeña puerta por donde entran y se anidan las inseguridades en las relaciones
interpersonales, se justifican los fracasos que pudieron prevenirse y dificulta la toma de
decisiones que conduzcan a acciones positivas.
Si dejas que la duda irracional inunde tu vida, debes prepararte para fracasar en muchos
momentos decisivos de tu vida.
El remedio para la duda es la FE: Mc 11,24. Leer y comentar.
13.2.2. El miedo.
Al enfrentarnos a determinadas acciones nos podemos ver paralizados y frustrados porque el
miedo tiene la facultad de darle todo el poder al enemigo. El miedo impide que el poder de Dios
fluya con libertad, las acciones se ven impedidas de llegar a feliz termino, el fracaso se hace
cotidiano, se justifican inadecuadamente las derrotas o la falta de acción y busca culpables como
chivos expiatorios que asuman responsabilidades.
Cuando permites que el miedo entre constantemente en tu existencia se llena de sueños
irrealizables, fracasos continuos y frustraciones.
El remedio para el miedo es el AMOR: 1 Jn 4,18-21. Leer y comentar
13.2.3. El rencor.
Toda sanación física comienza con una sanación interior, normalmente dirigida al perdón y la
reconciliación.
El rencor es causa de enfermedades psicosomáticas y de sufrimientos de distinta índole,
generando, además, mala o deficiente comprensión de las relaciones humanas.
A la primera persona a quien guardamos rencor es a nosotros mismos, aumentando el complejo
de culpa y otras enfermedades mentales que dificultan el fluir poderoso de Dios.
El remedio para el rencor es el PERDON: Lc 23,24. Leer y comentar
13.2.4. La avaricia.
Tendemos a apegarnos y a apoderarnos de todo lo que nos rodea: dinero, placer, poder, prestigio,
posesiones materiales, haciendo que nuestro caminar se vuelva pesado, dificultosos y
tormentoso, además de tropezar continuamente.
La avaricia lleva a desear las riquezas espirituales y materiales para gozarnos de ellas y
mantenernos "por encima" de los hermanos. La causa del sufrimiento es el apego.
El remedio para los apegos es el DESPRENDIMIENTO: Lc 9,57-62. Leer y comentar.

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13.3. El enigma del dolor14
El escándalo del universo no es el sufrimiento sino la libertad. Georges Bernanos
¿Quién es el culpable del dolor?
El dolor es una realidad que nos encontramos por todas partes. Que afecta a unos y a otros, a los
buenos y a los malos, a los menos buenos y a los menos malos.
— Pero Dios podría haber creado el mundo de otra manera, y que todos fuéramos buenos,
y nadie tuviera la posibilidad de hacer el mal.
Supongo que comprenderás que eso es bastante poco compatible con la libertad humana. Si el
hombre es un ser libre, hay que contar con la posibilidad de que emplee mal esa libertad, y de
que exista, por tanto, el mal en el mundo.
— Pero Dios sabe lo que va a pasar, antes de que suceda. Si ya lo tiene previsto, no somos
entonces muy libres.
Una cosa es el conocimiento de algo que va a suceder y otra es la responsabilidad de hacerlo. Si
yo me asomo a la calle y veo a una persona tirar a otra por la ventana de un quinto piso, sé que se
estampará contra la acera, pero saberlo no quiere decir que yo sea el responsable. Dios tampoco.
Lo será, en todo caso, el que le haya empujado.
Y si veo en diferido un partido de fútbol previamente grabado en vídeo, por el hecho de saber
cuál es el resultado final del encuentro no quito a los jugadores la libertad de jugar al fútbol
tranquilamente. Algo semejante sucede cuando decimos que Dios sabe lo que va a pasar. No por
eso coarta nuestra libertad.
— Pero si Dios es omnipotente, ¿no podría haber hecho compatible la libertad con un
mundo bueno? ¿No es capaz Dios de hacer cualquier cosa?
Ser omnipotente significa tener poder para realizar todo aquello que sea intrínsecamente posible.
Pero ya sabes que no todo es intrínsecamente posible.
Dios puede sin ninguna dificultad hacer milagros, pero no puede hacer disparates.
Y esto no es imponer límites a su poder. Para demostrar que todas las cosas son posibles para
Dios, no podemos pretender que haga algo que es intrínsecamente contradictorio (que un círculo
fuera cuadrado, por ejemplo). Porque eso, si fuera posible hacerlo –que no lo es–, no demostraría
ninguna potencialidad.
Quizá podríamos imaginar un mundo –te respondo glosando ideas de C. S. Lewis– en el que
Dios corrigiese a cada momento los resultados de los abusos de la libertad de los hombres,
obligando a que todos sus actos fueran "buenos" en el sentido que tú dices.
Entonces, el palo tendría que volverse blando cuando quisiera usarse para golpear a alguien. El
cañón de la escopeta se haría un nudo cuando fuera a ser utilizada para el mal. El aire se negaría
14

Por Alfonso Aguilo. www.encuentra.com

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32

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a transportar las ondas sonoras de la mentira. Los malos pensamientos del malhechor quedarían
anulados porque la masa cerebral se negaría a cumplir su función durante ese tiempo. Y así
sucesivamente.
Comprenderás que si Dios tuviera que evitar cada uno de esos actos malos, este mundo sería algo
realmente grotesco. Desde luego, toda la materia situada en las proximidades de una persona
malvada estaría sujeta a impredecibles alteraciones, sería un auténtico show.
Se harían imposibles los actos malos, es verdad, pero la libertad humana quedaría anulada. Dios
puede modificar las leyes de la naturaleza y producir milagros –y de hecho a veces lo hace–, y
eso es algo ciertamente razonable, pero el concepto de mundo normal exige que tales milagros
sean algo poco habitual.
Podemos compararlo a una partida de ajedrez. Puedes, si quieres, hacer algunas concesiones a tu
adversario inexperto sin alterar mucho el juego. Puedes darle ventaja cediendo unas piezas al
comienzo. Puedes incluso dejarle rectificar un error en algún movimiento. Pero si le concedes
todo lo que le conviene todas las veces, si le dejas rectificar y volver atrás en todas las jugadas,
entonces, entonces no estás jugando al ajedrez. Sería otra cosa distinta.
Pues algo así ocurre con la vida de los hombres en este mundo. Si tratas de excluir la posibilidad
del mal y del sufrimiento, te encontrarías con que has excluido la libertad misma. Si
intentáramos ir corrigiendo a cada momento la Creación, como si este o aquel elemento pudiesen
ser eliminados, cada vez nos daríamos más cuenta de que no es posible lograrlo sin
desnaturalizarla. El devenir del mundo trae consigo, junto con la aparición de ciertos seres, la
desaparición de otros; junto con lo más perfecto, lo menos perfecto; junto con las construcciones
de la naturaleza, también las destrucciones; y junto con el bien existe también el mal.
¿Por qué el mal se ceba en los hombres buenos?
— ¿Y no podría Dios, al menos, hacer que las
desgracias afectaran menos a los hombres buenos?
A veces parece como si se ensañaran con quienes
menos las merecen.
Entonces, cuando hubiera un accidente, Dios tendría
que enviar un ángel para poner a salvo de forma
extraordinaria a los viajeros virtuosos.
Y si una helada destruyera una cosecha, otro ángel
tendría que ir para proteger las parcelas del hombre
bueno para que así no le afectaran los fríos.
Y si se tratara de una inundación, entonces tendría que
contener las aguas, como en el paso del Mar Rojo,
antes de que destruyeran la vivienda de la familia
honrada. Y volveríamos a lo mismo de antes.
El mundo está sometido a ciertas leyes generales que
Dios no suspende sino de vez en cuando, y esas leyes,
por lo general, afectan sin distinción a todos. Ya
sabemos que lo que va bien a los corderos, va mal a los lobos, y viceversa. Pero no sería sensato

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El especial.Ministerio de Sanacion

  • 1. Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com 1 CORPORACIÓN CENTRO CARISMÁTICO MINUTO DE DIOS MINISTERIOS APOSTÓLICOS CENTRO DE ESTUDIOS PARA LÍDERES CARISMÁTICOS “CELIC” ESPECIALIZACIÓN PARA MINISTERIOS DE SANACIÓN: SANACIÓN Y LIBERACIÓN Elaborado por Manuel Tenjo PRESENTACIÓN GENERAL 1. OBJETIVOS * Organizar y promover la formación integral de los Ministerios de Sanación y Liberación a través de cursos, seminarios, talleres y mesas de investigación, para prestar un servicio de calidad que contribuya a construir comunidades renovadas y renovadoras. * Contribuir a la capacitación de líderes y servidores que faciliten el crecimiento de los Ministerios de Sanación para que sus frutos conduzcan al encuentro personal con Dios y a la vinculación comunitaria. 2. METODOLOGÍA La Especialización para Ministerios de Sanación: Sanación y Liberación está compuesto de clases asistenciales, trabajo en grupo, lecturas especializadas y realización de informes periódicos. Supone haber completado la formación básica en Pastoral Profética de la Red de Escuelas de Evangelización San Gabriel que orientan los Ministerios Apostólicos Minuto de Dios. 3. EVALUACIÓN La evaluación se realiza de acuerdo al rendimiento de los estudiantes al responder por la asistencia, la participación y la presentación de los informes periódicos. Al final del semestre se ofrece un Certificado de Reconocimiento a quienes alcancen los objetivos de cada unidad. 1
  • 2. Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com 2 ESPECIALIZACIÓN PARA MINISTERIOS DE SANACIÓN: SANACIÓN Y LIBERACIÓN 1. EL MINISTERIO DE JESUCRISTO “Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, predicando el evangelio del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Se difundió su fama por toda Siria, y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos, y los sanó. Lo siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán. (Mt 4,23-25) El Ministerio de Jesús se puede señalar en los verbos que se encuentran subrayados: 1.1. Predicación del Reino de Dios: Jesús es un predicador itinerante que anuncia la presencia inminente del Reino de Dios. El Reino de Dios puede entenderse como el reinado de Dios al interior del ser humano para liberarlo del miedo y de la culpa. Las parábolas del Reino (Mt 13) nos muestran ese reino aconteciendo en el hombre y viviendo de una manera nueva. 1.2. Enseñanza a los discípulos: Jesús se presenta como Maestro que escoge unos discípulos, los capacita y los envía a que realicen lo que aprendieron de Él (Mt 28,1620). La formación de discípulos termina con la experiencia de la cruz y la misión apostólica empieza con la experiencia del Espíritu Santo que da inicio a la Iglesia, Cuerpo de Cristo Resucitado. 1.3. Sanación a los que se encuentran enfermos y endemoniados: las señales que realiza Jesús garantizan que el Reino de Dios ya se encuentra entre los hombres. Eso significa que el reinado de Dios es tan eficaz que sana al ser humano de todas sus dolencias. Dios se hace presente en las palabras de autoridad y las sanaciones de poder que realiza Jesucristo. 2. DIOS NOS QUIERE SANOS Cuando descendió Jesús del monte, lo seguía mucha gente. En esto se le acercó un leproso y se postró ante él, diciendo: ‘Señor, si quieres, puedes limpiarme’. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: ‘Quiero, sé limpio’. Y al instante su lepra desapareció. Entonces Jesús le dijo: ¡Mira, no lo digas a nadie, sino ve, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos’. (Mt 8,1-4) Podemos observar en este pasaje bíblico que Jesús le dice al hombre leproso: ‘Quiero, sé limpio’. La persona más interesada en la sanación de los seres humanos es Jesucristo. Él enviaba a sus discípulos no solamente a predicar el Reino de Dios, sino también a sanar a aquellos que 2
  • 3. Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com 3 encontraran enfermos. Cuando oramos por los enfermos estamos en la misma dirección de la voluntad de Dios. 3. RAIZ DE LAS DIFICULTADES No quiero pecar por simplista, sin embargo existe una recomendación muy frecuente en toda la Biblia: “No tengas miedo”. He podio observar que la raíz de todas las dificultades se llama: miedo. En ocasiones oramos por las ramas y no llegamos a orar por la raíz. La cadena de fracasos viene del miedo es grande y en ocasiones difícil de romper. Sin embargo debemos recordar constantemente que “el amor de Dios es más grande que mi miedo” y que su poder habita en mí. Descubrir que la raíz de las enfermedades es el miedo y la culpa nos permite a nosotros buscar las soluciones desde el origen y evitar quedarnos por las ramas. RAIZ PRINCIPAL RAICES SECUNDARIAS APEGOS o Asimientos MANIFESTACIONES Envidia Ver enemigos Estar a la defensiva RENCORES odios No delegar Celos Envidia Timidez Venganza Superficialidad Ira BAJA AUTOESTIMA Baja valoración Bajo concepto Baja eficacia PRE – JUICIOS juzgar, condenar CULPA Jesús llamando a la multitud, les dijo: ‘Oíd, y entended: No lo que entra por la boca contamina al hombre; pero lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.’ Entonces, acercándose sus discípulos, le dijeron: ‘¿Sabes que los fariseos se ofendieron cuando oyeron esta palabra?’ Pero respondiendo él, dijo: ‘Toda planta que no plantó mi Padre celestial será desarraigada. Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guía al ciego, ambos caerán en el hoyo.’ Respondiendo Pedro, le dijo: ‘Explícanos esta parábola.’ Jesús dijo: ‘¿También vosotros estáis faltos de entendimiento? ¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina? Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre, porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. 3 CÓMO NOS SENTIMOS Sentirse amenazado Sentirse solo Sentirse desanimado Sentirse rechazado
  • 4. Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com 4 Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre.’ (Mt 15,10-20) 4. LA SOLUCIÓN A LAS DIFICUALTADES En 1 Jn 4,18 dice: “El amor expulsa el miedo, porque el miedo supone el castigo” De manera que la solución definitiva es el “amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazón por el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rom 5,5). Cuando promovemos la apretura al amor de Dios, una sana autoestima y el amor a los demás, estamos llegando a prevenir enfermedades en los hermanos. Debemos promover más el optimismo y la fuerza que tenemos en el Espíritu Santo. RAIZ PRINCIPAL RAICES SECUNDARIAS MANIFESTACIONES CÓMO VIVIMOS Ante el mundo, cosas Ante las personas Ante el pasado Vivir responsable Consolar Exhortar Solidaridad Vivir comprometido PERDONAR Fraternizar Sanar relaciones Comunicación profunda Vivir amado Vivir poderoso FELICIDAD Humildad Mansedumbre Emprendedor LIBERTAD COMPRENDE R Además el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene y compra aquel campo. También el reino de los cielos es semejante a un comerciante que busca buenas perlas, y al hallar una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía y la compró. (Mt 13,44-46) El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no se envanece, no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, sino que se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. (1 Cor 13,4-7) El Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. (2 Cor 3,17) 4
  • 5. Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com 5 5. ETAPAS DE LA ORACIÓN DE SANACIÓN  Es necesario tener en cuenta las etapas de sanación interior sin necesidad de forzarlas o buscar sensacionalismo. Buscamos la sanación integral de la persona.  Es necesario recordar que la raíz de todas las enfermedades y problemas es el miedo y que la solución es el amor (1 Jn 4,18-21).  Debemos recordar que la sanación física corrientemente viene como producto de la sanación interior (Mt 9,1-8).  Somos intercesores ante Jesucristo para que Él sane a la persona enferma. SANACIÓN 1° EL PERDON SANA  2° SANACIÓN DE RECUERDOS INTERIOR  DEL 3° SANACIÓN DE VACIOS AFECTIV OS     SER HUMANO 4° SANACIÓN FAMILIAR EN SUS DIVERSOS ASPECTOS 5° SANACIÓN INTERGENERACIONAL  6° LIBERACIÓN EN CASOS DE OPRESIONES DEMONIACAS  7° EXORCISMO EN CASOS DE POSESIÓN DEMONIACA 6. CARISMAS PARA EL MINISTERIO DE SANACIÓN 6.1. Introducción Los carismas son regalos, gracias o dones dados por el Espíritu Santo para la edificación comunitaria (Cfr. 1 Cor 12,7). Sin embargo en sentido amplio, la persona es el carisma del Espíritu donde vienen otros carismas. Los ministerios son formados por distintas personas que ponen al servicio sus muchos carismas, es decir, varios carismas llegan a formar y constituir un solo ministerio. También los ministerios son iguales entre sí; existe una jerarquía de servicio entre los ministerios pero no entre las personas. Se nota más el interés de edificar el Cuerpo de Cristo y llevar a las personas a la estatura del Hombre Perfecto. Además las personas pueden desarrollar sus carismas en los ministerios donde son ubicados por Dios, pues el carisma debe ser trabajado, desarrollado y profesionalizado. 6.2. Carismas básicos • • La FE que mueve montañas: Mc 11,24; Heb 11; Sant 2,14-16 El DISCERNIMIENTO que conoce a Dios: Ef 5,10-11; 1Tes 5,19 5
  • 6. Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com 6 • • • • • • SERVICIO que se incomoda: Rm 12,7a; Jn 13,14-15 MISERICORDIA que siente el dolor ajeno: Rm 12,8d; Lc 10,25-37 PROFECÍA que edifica: 1 Cor 14,3 LENGUAS en comunión con Dios: Rm 8,26; 1 Cor 12,10c CONOCIMIENTO Y SABIDURÍA que iluminan: 1 Cor 12,8 INTERCESIÓN. Supone conocer la oración: sus clases y sus formas de orar, para asumir con responsabilidad y prestar un buen servicio que edifique a la comunidad. Este carisma de intercesión fluye cuando las personas empiezan a tener una gran necesidad de orar por las necesidades de los hermanos, sentirse solidarios con los problemas de otros seres humanos y la confianza en que Jesucristo responde a favor de los demás va creciendo constantemente. 6.3. Carismas específicos • • • El carisma específico es el que le brinda la identidad al Ministerio SANACIÓN Y LIBERACIÓN son carismas que da identidad y fuerza al Ministerio de Sanación y Liberación. 1 Cor 12,9 Los carismas de sanación y liberación van creciendo integralmente en la medida en que el ministro se dedica a la oración, el estudio específico y el ejercicio del carisma, es decir, ora por los hermanos y escucha los testimonios de las bendiciones de Dios. 6.4. Carismas complementarios • • Enseñanza que forma: Rm 12,7b Animación que lleva al encuentro con Dios: Rm 12,8a 6.5. Conclusiones • • • En el Ministerio de Sanación y Liberación confluyen varios carismas para que la misión se pueda realizar y llevar a feliz término. Un Ministerio compuesto por personas conscientes del ser y el hacer de los carismas facilita ver la gloria de Dios en la misión. Debemos tener en cuenta que los frutos del Espíritu Santo (Gal 5,22) le dan dirección adecuada y camino a la santidad de los ministros de sanación y liberación. NOTA ACLARATORIA. Los elementos que se van a presentar en los siguientes numerales sobre las etapas y clases de oración de sanación y liberación no están expresadas totalmente. Es muy complicado tratar de realizar una síntesis de los grandes ministros de sanación en el mundo. La tarea que le queda a cada estudiante y ministro de sanación es la siguiente: organizar su carpeta y libros sobre cada etapa y clase de oración con todos los elementos que vaya consiguiendo: información, formación, talleres de oración, testimonios, etc. Brindamos elementos parciales pero la labor está por realizarse… 6
  • 7. Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com 7 7. SANACIÓN A TRAVÉS DEL PERDÓN 8. SANACIÓN DE RECUERDOS DOLOROSOS 9. SANACIÓN DE VACIOS AFECTIVOS 10.SANACIÓN FAMILIAR 11.SANACIÓN INTERGENERACIONAL 12. LIBERACIÓN EN CASOS DE OPRESIONES DEMONIACAS: VENCER AL DIABLO1 La cultura atea del Occidente moderno vive todavía gracias a la liberación del miedo a los demonios que ha traído el cristianismo. La escatología es el estudio teológico de la consumación y plena realización del hombre y del mundo en Cristo, por ser Él la personificación del Reino de Dios, que crece en la historia hasta el cumplimiento al fin de los tiempos. La escatología ofrece el marco de referencia para tener una completa visión cristiana de la historia y del hombre, fundamenta el sentido de la esperanza, y da perspectiva a la moral y a la espiritualidad cristiana. Como es sabido los temas capitales son la resurrección de la carne, el juicio de Dios, el infierno con Satanás, y el Cielo o su antesala en el Purgatorio. Aquí sólo nos referimos al Demonio presente y olvidado en nuestro tiempo. En el desierto de la Cuaresma Jesucristo permite ser tentado por el Diablo pero le vence hasta que llegue su hora ante la Cruz, y de nuevo lo vencerá definitivamente. Si todavía actúa en la historia contra la Iglesia es por permisión divina, porque los cristianos peregrinamos hacia la Morada definitiva luchando con la esperanza de los vencedores. A través de varios capítulos nos acercaremos al misterio de iniquidad que es el Demonio y sus ángeles pervertidos, viendo sus orígenes, sus ataques a la Iglesia y a los hombres, para terminar considerando cómo vencer a los demonios pervertidores. Se trata de una victoria asegurada porque el cristiano está inmerso en el misterio de amor de Jesucristo. Los capítulos llevan por título: 1) El Diablo anda suelto, 2) El misterio de los orígenes del mal, 3) Cómo actua el demonio, 4) Cómo vencer al demonio. 12.1. El diablo anda suelto «La cultura atea del Occidente moderno vive todavía gracias a la liberación del miedo a los demonios que ha traído el cristianismo. Pero si esta luz redentora de Cristo llegara a extinguirse, el mundo recaería en el terror y la desesperación con toda su tecnología, no obstante su gran saber. Existen ya signos de este regreso de fuerzas oscuras, mientras en el mundo secularizado aumentan los cultos satánicos» (Card. J. Ratzinger). 1 Por Jesús Ortiz. www.encuentra.com 7
  • 8. 8 Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com Cultos demoníacos El creciente interés por el ocultismo, la aparición de sectas satánicas, las noticias de lamentables sucesos en Norteamérica, Inglaterra o Alemania, Norte de Italia o Sur de España parecen ser síntomas de una intensa actividad diabólica en nuestra época. Con frecuencia aparecen, en los periódicos, historias como la de una mujer muerta tras la práctica de un exorcismo, de unos niños maltratados para expulsar los demonios del cuerpo, o la aparición de restos de animales utilizados en algún aquelarre o reunión de culto al diablo. ¿Qué hay en la raíz de estos sucesos? De una parte hay mucho engaño y superchería sobre personas ignorantes o incultas, pero de otra se puede advertir un agrave deformación de la fe, atribuyendo a los demonios autonomía y poderes que no tienen. Se llega a este culto supersticioso cuando se acentúan los aspectos sentimentales y emotivos de los religiosos; y también por carecer de buena doctrina, cuando en vez de formar la inteligencia con las enseñanzas de la Iglesia se alimenta con increíbles doctrinas. A los temas demoníacos y de ocultismo se dedica hoy parte de la literatura, música, teatro, cine, etcétera, y no faltan grupos y sectas demoníacos que suponen algo más que un juego. Novelas y películas llenas de escenas de crueldad, de perversiones, de pseudo religión, de blasfemias, etc., permiten pensar que responden a un odio por lo sagrado –típico pecado de Satanás-, a un derribo de la inteligencia para encerrarse en el mundo de los sentidos, que bien pudieran será una verdadera “autopista para el infierno”, rememorando el título de una canción de rock duro. Mons. Corrado Balducci, experto vaticano en cuestiones sobre demonología, destacaba algunos síntomas de esta ofensiva mundial del diablo. Cómo en capitales importantes del mundo occidental, hay tiendas donde se vende todo lo necesario para los ritos satánicos: velas, iconografía demoníaca, paramentos, amuletos, etc.; y también cómo en muchos países ha crecido una ola de violencia y locura en forma de sectas sanguinarias que ejercen su violencia sobre animales e incluso sobre niños indefensos. En declaraciones a la prensa afirmaba que: «El fenómeno del satanismo va in crescendo y la razón está en la crisis religiosa, en la crisis de valores, en la difusión del escepticismo y la desesperanza (...). Al agravarse una profunda crisis ética y religiosa, hace que se busque, se adore, se crea en el diablo, que se le considere capaz de donar riquezas, sexo, siempre que nos entreguemos a él. Los individuos plegados por ese mito satánico terminan por ser operadores del mal para sí y para los otros. A todo ello suele ir unido un abuso del alcohol, de las drogas, y contribuye no poco en este culto al demonio el llamado “rock satánicos»2 2 Mick Jagger, Los AC-DC. Nina Hagen, Lucifer’s Friend. Black Sabbath, Rolling Stones, Led Zappelin..., son algunos grupos representativos de este tipo de rock satánico. Highway to hell, Príncipe de la oscuridad, Simpatía por el diablo, Cantaré porque vivo en Satanás..., son títulos de algunas canciones. 8
  • 9. 9 Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com Advertencia de Pablo VI El año 1972 el Papa VI nos alertó con gran claridad sobre el activismo del demonio en estos años, afirmando que la defensa contra el demonio es una clara necesidad de la Iglesia actual. Por ello será oportuno releer juntos ahora algunas de sus palabras. «Se sale del cuadro de la enseñanza bíblica y eclesiástica quien se niega a reconocer su existencia; o bien quien hace de ella un principio que existe por sí y que no tiene, como cualquier otra criatura, su origen en Dios; o bien la explica como una pseudorealidad, una personificación conceptual y fantástica de las causas desconocidas de nuestras desgracias. El problema del mal, visto en su complejidad, y en su absurdidad respecto a nuestra racionalidad unilateral, se hace obsesionante. Constituye la más fuerte dificultad para nuestra comprensión religiosa del cosmos. No sin razón sufrió por ello durante años San Agustín: Quaereban unde malum, et non erat exitus, buscaba de dónde procedía el mal, y no encontraba explicación (Confes. VII, 5, 7, 11, etc., P.L., 22, 736, 739). »Y he aquí, pues, la importancia que adquiere el conocimiento del mal para nuestra justa concepción cristiana del mundo, de la vida, de la salvación. Primero en el desarrollo de la historia evangélica al principio de su vida pública: ¿Quién no recuerda la página densísima de significados de la triple tentación de Cristo? Después, en los múltiples episodios evangélicos, en los cuales el demonio se cruza en el camino del Señor y figura en sus enseñanzas (Mt 12, 43). ¿Y cómo no recordar que Cristo, refiriéndose al demonio en tres ocasiones, como a su adversario, lo denomina como “príncipe de este mundo”? (Jn 12, 31; 14, 30; 16, 11). Y la incumbencia de esta nefasta presencia está señalada en muchísimos pasajes del Nuevo Testamento. San Pablo lo llama el “dios de este mundo” (2 Co 4, 4), y nos pone en guardia sobre la lucha a oscuras, que nosotros cristianos debemos mantener no con un solo demonio, sino con una pluralidad pavorosa: “Revestíos, dice el Apóstol, de la coraza de Dios para poder hacer frente a las asechanzas del Diablo, pues toda vez que nuestra lucha no es (solamente) con la sangre y con la carne, sino contra los principados y las potestades, contra los dominadores de la tinieblas, contra los espíritus malignos del aire” (Ef 11, 12). »Y que se trata no de un solo demonio, sino de muchos, diversos pasajes evangélicos no los indican (Lc 11, 21; Mc 5, 9); pero uno es el principal: Satanás, que quiere decir el adversario, el enemigo; y con él muchos, todos criaturas de Dios, pero caídas, porque fueron rebeldes y condenadas (Cfr Denz., Sch., 800-428); todo el mundo misterioso, revuelto por un drama desgraciadísimo, del que conocemos muy poco. »Conocemos, sin embargo, muchas cosas de este mundo diabólico, que afectan a nuestra vida y a toda la historia humana. El demonio está en el origen de la primera desgracia de la Humanidad; él fue el tentador engañoso y fatal del primer pecado, el pecado original (Gn 3; Sb 1,24). Por acuella caída de Adán, el demonio adquirió un cierto dominio sobre el hombre, del que sólo la Redención de Cristo nos pudo liberar. Es una historia que sigue todavía: recordemos los exorcismos del Bautismo y las frecuentes alusiones de la Sagrada Escritura y de la liturgia a la agresiva y opresora “potestad de las tinieblas” (cfr Lc 22,53; Col 1, 3). Es el enemigo número uno, es el tentador por excelencia. Sabemos también que este ser oscuro y pertubador existe de verdad y que con alevosa astucia actúa todavía; es el enemigo oculto que siembra errores e infortunios en la historia humana. Debemos recordar la parábola reveladora de la buena semilla y de la cizaña, síntesis y explicación de la falta de lógica que parece presidir nuestras sorprendentes visicitudes: Inimicus homo hoc fecit (Mt 13,28). El hombre enemigo hizo esto. Es 9
  • 10. 10 Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com “el homicida desde el principio... y padre de toda mentira” como lo define Cristo (cfr Jn 8, 4445); es el insidiador sofístico del equilibrio moral del hombre. Es el pérfido y astuto encantador, que sabe insinuarse en nosotros por medio de los sentidos, de la fantasía, de la concupiscencia, de la lógica utópica, o de los desordenados contactos sociales en el juego de nuestro actuar, para introducir en él desviaciones. Mucho más nocivas, porque en apariencia son conformes a nuestras estructuras físicas o psíquicas, o a nuestras instintivas y profundas aspiraciones. » (...) ¿Qué defensa, qué remedio oponer a la acción del demonio? La respuesta es más fácil de formularse, si bien sigue siendo difícil actualizarla. Podremos decir; todo lo que nos defiende del pecado nos defiende por ello mismo del enemigo invisible. La gracia es la defensa decisiva. La inocencia adquiere un aspecto de fortaleza. U. Asimismo, cada uno recuerda hasta qué punto la pedagogía apostólica ha simbolizado en la armadura de un soldado las virtudes que pueden hacer invulnerable al cristiano (cfr Rm 13, 12: Ef 5, 11, 14, 17; 1 Ts 5, 8). El cristiano debe ser militante; debe ser vigilante y fuerte ( 1 Pe 5, 8); y debe a veces recurrir a algún ejercicio ascénito especial para alejar ciertas incursiones diabólicas; Jesús lo enseña indicando el remedio “en la oración y en el ayuno” (Mc 9, 29). Y el Apóstol sugiere la línea maestra a seguir: “No os dejéis vencer por el mal, sino venced el mal en el bien” (Rm 12, 21; Mt 13, 29)» 3. Por tanto, la existencia del mundo demoníaco se revela como una verdad dogmática en la doctrina del Evangelio vivida por los cristianos en cualquier época y no sólo en el medievo. No ser supersticiosos «A lo largo de los siglos la Iglesia ha reprobado las diversas formas de superstición, la preocupación excesiva acerca de Satanás y de los demonios, los diferentes tipos de culto y de apego morboso a estos espíritus, etc; sería por eso injusto afirmar que el cristianismo ha hecho de Satanás el argumento preferido de su predicación, olvidándose del señorío universal de Cristo y transformando la Buena Nueva del Señor resucitado en un mensaje de terror»4. Como enseña la teología moral, a la fe se oponen por exceso: la credulidad y la superstición, p. Ej., atribuyendo al demonio un poder al margen de la Providencia Divina del que ciertamente carece. Por defecto también se oponen a la fe: la infidelidad, la apostasía, la herejía, la duda y la ignorancia. Sobre esta última es preciso saber que tenemos obligación de aprender las cosas necesarias para 3 Pablo IV, Audiencia general, 15-XI-1972, en “Ecclesia”, 1972, pp. 1065 ss. Fe cristiana y demonología, Doc. Recomendado por la Congr. para la Doctrina de la fe, en “Ecclesia”, 1975, pp. 1037 ss. 4 10
  • 11. 11 Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com la Salvación o indicadas por precepto divino a través de la Iglesia, y junto a ellas las verdades que son necesarias para llevar una vida auténticamente cristiana y para el recto desempeño de los deberes del propio estado. Por eso, el que descuida por culpable negligencia estos deberes, pone en peligro la fe recibida y comete un grave pecado de ignorancia voluntaria. La superstición es un vicio por el que la persona ofrece culto divino a quien no se debe – cualquier criatura de dios- o a quien se debe –a Dios, y proporcionalmente a los santos- pero de modo indebido. Por ejemplo hay superstición cuando se atribuye al demonio, a los muertos o a la naturaleza poderes efectivos que no poseen según los sabios designios del Creador. La gravedad de este pecado viene del ultraje que se hace a Dios por dar un honor indebido a los espíritus. La Sagrada Escritura y la Tradición de la Iglesia admiten la intervención de los ángeles buenos y malos sobre este mundo, y la posibilidad de que influyan sobre el cuerpo; pero siempre será permitido estrictamente por Dios en el ámbito de su Providencia y Gobierno del universo. La adivinación como pecado es la superstición que trata de averiguar las cosas futuras o que están ocultas por medios indebidos o desproporcionados, pro ej., los naipes, las líneas de la mano, los astros, la invocación de los demonios, etc. Este pecado es de suyo mortal contra la religión. El espiritismo tiene afinidad con la adivinación pues consiste en técnicas para mantener comunicación con los espíritus, principalmente de los difuntos conocidos, para averiguar de ellos cosas ocultas. Hoy día los estudios más serios y documentados sobre el espiritismo llegan a la conclusión de que la mayor parte de los casos se deben a puros y simples fraudes. Sin embargo consideran que un porcentaje mínimo se debe a verdadero trato con los espíritus malignos (magia diabólica), mientras que un porcentaje de casos se explican por los fenómenos metapsíquicos, cuyas posibilidades naturales son amplias y no totalmente conocidas aun por la ciencia (parapsicología). La asistencia a las reuniones espiritistas está gravemente prohibida por la Iglesia. Se comprende que sea así por ser cooperación a una cosa pecaminosa, por el escándalo de los demás y por los graves peligros para la propia fe. La vana observancia es el uso de medios desproporcionados para obtener efectos naturales, aunque no pretende averiguar las cosas ocultas o futuras, por ej., miedo a ciertos números o animales, uso de amuletos, curaciones, etc. Estas vanas observancias son de suyo pecado mortal por la grave injuria que se hace a Dios atribuyendo cosas vanas a la Omnipotencia exclusiva de Dios, y también por pretender gobernar la propia vida al margen de las leyes divinas. A este orden pertenece la magia o arte de realizar cosas maravillosas por causas ocultas. La magia diabólica o negra solicita la intervención del demonio, y tiene la malicia de la adivinación y de la vana observancia. En cambio, nada tiene de malo la magia blanca, prestidigitación o ilusionismo, que obedece a causas naturales como la habilidad o destreza del que actúa. Los pecados contra la religión que acabamos de ver –superstición, adivinación, espiritismos, vana observancia, magia- suelen atraer la atención de gentes sencillas y de jóvenes. Cuanto menor es la fe y la formación cristiana de una persona, más posibilidades tiene de caer en prácticas supersticiosas; por eso es preciso conocer bien la doctrina de la Iglesia acerca de las verdades de la fe –mediante el estudio y la meditación- y poner los medios para adquirir una recta conciencia en cuestiones morales que dependen de la fe. 11
  • 12. Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com 12 No debe extrañar que la inteligencia diabólica, su odio contra Dios y su envidia a los hombres lleven al demonio a servirse torpemente de la natural curiosidad humana. Algunas personas no se contentan con saber lo que Dios ha revelado ni con lo descubierto por las ciencias; no parecen admitir su limitada condición de criaturas ni creen en dios y en cambio son crédulas para los horóscopos o las cartas. La verdad es que no salen ganando. Todos estos pecados contradicen abiertamente el amor a Dios y tienen algo de idolatría, pues como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: «La idolatría no se refiere sólo a los cultos falsos del paganismo. Es una tentación constante de la fe. Consiste en divinizar todo lo que no es Dios. Hay idolatría desde el momento en que el hombre honra y reverencia a una criatura en lugar de Dios» 5. 12.2. El misterio de los orígenes del mal Como advertía Pablo VI hace unos años el Diablo anda suelto y así lo hemos considerado. Ahora nos vamos a remontar a los orígenes del Mal, según consta en la revelación que fundamenta la fe católica. Más adelante habrá que considerar la actuación del Diablo y sus ángeles pervertidos contra la Iglesia y conta los hombres, con diversos e inquietantes métodos. Pbro. Pablo Arce Gargollo “Por mí se va la ciudad doliente, por mí se va a las penas eternas, por mí se va entre la gente perdida. La Justicia movió a mi supremo Autor. Me hicieron la divina potestad, la suma sabiduría y el amor primero. Antes que yo no hubo cosa creada, sino lo eterno, y yo permaneceré eternamente. Vosotros, los que entráis, dejad aquí toda esperanza” (DANTE, Divina Comedia, Infierno, III). Dios creó y elevó a los ángeles En continuidad con el Magisterio de la Iglesia, el Papa Juan Pablo II ha dedicado varias Audiencias desde 1986 a exponer una amplia Catequesis sobre los ángeles y los demonios en cuanto criaturas de Dios que participan activamente en la historia de la salvación, enseñando “cómo existen espíritus puros, criaturas de Dios, inicialmente todos buenos, y después por una opción de pecado se dividieron irremediablemente en ángeles de luz y en ángeles de tinieblas. Y mientras la existencia de los ángeles malos nos pide a nosotros el sentido de la vigilancia para no caer en sus halagos, estamos ciertos de que la victoriosa potencia de Cristo Redentor circunda nuestra vida para que también nosotros seamos vencedores. En esto estamos válidamente ayudados por los ángeles buenos, mensajeros del amor de Dios, a los cuales, amaestrados por la Tradición de la Iglesia, dirigimos nuestra oración: “Ángel de Dios, que eres mi custodio, ilumíname, rígeme y gobiérname, ya que he sido confiado a tu piedad celeste. Amén”6. Como se acaba de indicar, los ángeles fueron constituidos en el estado de gracia santificante y, por tanto, destinados a contemplar directamente a dios. Pero antes de alcanzar este fin sobrenatural fueron sometidos a una prueba; los que vencieron alcanzaron inmediatamente el Cielo, y los que no quisieron obedecer lanzaron el primer grito de soberbia contra Dios –non serviam, no serviré-, que está en la raíz de todo pecado. Como consecuencia de esta rebelión, perdieron los dones sobrenaturales con los que fueron enriquecidos y arrojados para siempre al infierno creado para su castigo. 5 Catecismo de la Iglesia Católica, 1992, n. 2113. Juan Pablo II, Catequesis durante la Audiencia General, 20-VIII-1986, n. 5. Remitimos a la doctrina enseñada por el Papa en seis Audiencias comprendidas entre el 9-VII y el 20-VIII de 1986. 6 12
  • 13. 13 Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com “Notamos que la Sagrada Escritura y la Tradición llaman propiamente ángeles a aquellos espíritus puros que en la prueba fundamental de libertad han elegido a Dios, su gloria y su reino. Ellos están unidos a Dios mediante el amor consumado que brota de la visión beatificante, cara a cara, de la Santísima Trinidad. Lo dice Jesús mismo: “Sus ángeles ven de continuo en el cielo la faz de mi Padre, que está en los Cielos” (Mt 18, 10)” 7. Diablo es palabra de origen griego que significa acusador o calumniador, y según algunos su etimología alude al que está encerrado en la cárcel (infierno). Satanás es palabra de origen hebreo y equivale a enemigo que insidia o persigue al hombre. Demonio, también de origen griego, significa un ser superior a los hombres pero inferior a Dios. Hubo una batalla en el Cielo “Hubo una batalla en el cielo. Miguel y sus ángeles se levantaron a luchar contra el dragón. El dragón presentó batalla y también sus ángeles. Pero no prevaleció ni hubo lugar para ellos en el cielo. Fue arrojado el gran dragón, la antigua serpiente, el que se llama Diablo y Satanás, el que seduce al universo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” (Ap. 12,7-9). Cuanto más elevada se encuentre una criatura espiritual tanto peor es su caída. Por este motivo el castigo con que Dios afligió a Lucifer y a los ángeles apóstatas fue el mayor que podían recibir: expulsado del Cielo y alejado eternamente de Dios, Satanás fue arrojado por Dios al infierno, junto con sus secuaces. Aunque algunos han perdido la fe en la existencia y actividad de los demonios, hemos de tener bien presente esta realidad: que existe un reino del mal, jerárquicamente estructurado, cuyo jefe es Satanás, príncipe de los demonios, dotado de un poder que excede con mucho a las fuerzas humanas naturales. Un ser personal desdichado y un reino de tinieblas que se mueven activamente en lucha contra el Reino de Dios en la tierra. Un ser que es fuente mal, enemigo irreconciliable del hombre en el que odia –con impotencia, pues nada puede contra el Creador- la imagen de Dios. 7 Ibid. 13
  • 14. 14 Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que “La victoria sobre el ‘príncipe del mundo’ (Jn14, 30) se adquirió de una vez por todas en la Hora en que Jesús se entregó libremente a la muerte para darnos su Vida. Es el juicio de este mundo, y el príncipe de este mundo ha sido ‘echado abajo’ (Jn 12, 31; Apc 12, 11” (n. 2853). Los ángeles ayudan al hombre “Yo mandaré un ángel ante ti para que te defienda en el camino y te haga llegar al lugar que te ha dispuesto. Acátale y escucha su voz, no le resistas, porque no perdonará vuestras rebeliones y porque lleva mi nombre. Pero si le escuchas y haces cuanto él te diga, yo seré enemigo de tus enemigos y afligiré a los que te aflijan” (Ex 23, 20-22). A nuestro Ángel Custodio o protector se le pueden aplicar los oficios que Dios enumera en esas palabras dirigidas a Moisés: su mayor excelencia por naturaleza y por gracia los hace capaces de influir en la vida personal de los hombres. En los tiempos primeros de la Iglesia, los ángeles eran protagonistas frecuentes en la vida de los cristianos. Un ángel libró de la cárcel a Pedro, en una hora difícil para la Iglesia naciente. Los Hechos de los Apóstoles nos narran aquella escena, de naturalidad con que los primeros cristianos trataban a su Ángel Custodio: “habiendo, pues, llamado al postigo de la puerta, una doncella llamada Rode salió a observar quién era. Y conociendo la voz de Pedro, fue tanto su gozo, que, en lugar de abrir,, corrió adentro con la nueva de que Pedro estaba a la puerta. Dijéronle: estás loca. Más ella afirmaba que era cierto lo que decía. Ellos dijeron entonces: sin duda será su ángel” (Hch 12,13-15). Esta asignación personal de un Ángel Custodio es una manifestación de la Providencia especial que Dios tiene con nosotros para guardarnos y protegernos en nuestro camino hacia el Cielo. De ahí el cariño y veneración que les tenemos: “¡Cuánta reverencia deben infundirte estas palabras, cuánta devoción deben inspirarte, cuánta confianza deben darte! Reverencia por la presencia, devoción por su benevolencia, confianza por su custodia (...). Están presentes para tu bien; no sólo están contigo, sino que están para tu defensa. Están presentes para protegerte, están presentes para provecho tuyo”8. El trato con el Ángel Custodio en el orden sensible es menos experimentable que el de un amigo de la tierra, pero su eficacia es mucho mayor. Sus consejos vienen de Dios y penetran más hondo que la voz humana. Su capacidad para oír y comprender es inmensamente superior a la del amigo o amiga más fiel; no sólo porque su permanencia a nuestro lado es continua, sino porque su permanencia a nuestro lado es continua, sino porque penetra de un modo mucho más agudo en lo que expresamos. Es cierto que lo más recóndito de nuestra intimidad es inaccesible a los ángeles y a los demonios. Sólo Dios puede movernos desde dentro; pero el Ángel Custodio, por su condición de espíritu puro en estado de gracia, tiene gran capacidad para influir en ti, de un modo indirecto. Con su intervención aclara en la mente la doctrina 8 San Bernardo, Sermón 12, sobre el Salmo 90. 14
  • 15. 15 Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com y te hace ver los medios que debes poner para agradar a Dios. Basta que mentalmente le hables – y esto es necesario porque no puede penetrar en el entendimiento como lo hace Dios-, para que te entienda, e incluso para que él llegue a deducir de tu interior más que tú mismo. Y como la Providencia de Dios con sus hijos llega hasta detalles más pequeños, el Ángel de la Guarda vela por tu seguridad física y espiritual, alejando las tentaciones del demonio y las ocasiones de peligro, tanto para el alma como para el cuerpo. 12.3. Cómo actúa el demonio “De nuevo lo llevó el diablo a un monte alto, y le mostró todos los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: Todas estas cosas te daré si postrándote me adoras. Entonces le respondió Jesús: Apártate Satanás, pues escrito está: ‘Al Señor tu Dios adorarás, y a Él sólo darás culto’. Entonces lo dejó el diablo, y los ángeles vinieron y le servían” (Mt 4, 8-11). Se enfrentó a Jesucristo Desde su caída, Satanás y su ángeles luchan contra el hombre justo y tratan de impedir su salvación. Nos incitan a rebelarnos contra los planes divinos, afligen a hombre y mujeres con tentaciones e incluso enfermedades. Su envidia y su maldad crecen conforme se acerca la instauración del Reino de Dios. Cuando el Señor se encarnó para redimirnos de la servidumbre de todo mal, Satanás concentró sus ataques sobre Jesucristo tratando vanamente de destruir ese dominio divino que sentía inminente. En primer lugar, le cercó con la triple tentación en el comienzo de su vía pública (cfr Mt 4, 1-11); luego, viendo que nada podía directamente contra Él, inspiró a las autoridades judías el odio a Jesús y el deseo de matarle (cfr Jn 8, 44); y en su ignorancia acerca del decreto divino de Redención, lo cumplió clavando a Jesucristo en la Cruz y así de donde salió la muerte (el árbol de la desobediencia en el Paraíso instigada por el demonio), de allí renació la vida (la Salvación por la Cruz), y el que en un árbol venció (demonio), en un árbol fue vencido (la Cruz). Jesús, nuestro Salvador, fue tentado porque Él así los dispuso; y lo quiso por amor a nosotros y para nuestra enseñanza. Pero la perfección absoluta de Jesús no permitía sino lo que llamamos tentación externa. Las tentaciones de Jesús en el desierto tienen una significación muy honda para nuestra Salvación, pues los personajes más importantes de la Historia Sagrada también fueron tentados: Adán y Eva, Abrahán, Moisés, el mismo pueblo elegido; y así también Jesús- Nuestro Señor, al rechazar las tentaciones diabólicas, repara las caídas de los hombres antes y después de Él; preludia las siguientes tentaciones de cada uno de nosotros, y las luchas de la Iglesia contra las tentaciones del poder diabólico. De ahí que Jesús nos haya enseñado, en el Padrenuestro, a pedir a Dios que nos ayude con su gracia para no caer a la hora de la tentación. Odia a la Iglesia La historia de su diabólico influjo sigue. Desde que Jesucristo resucitó, el demonio dirige sus asechanzas contra la Iglesia, que es el Cuerpo Místico de Cristo. Ya lo había predicho el Señor: “Simón, mira que Satanás va tras vosotros para zarandearos como el trigo” (Lc 22,31). Se trata de una guerra sin cuartel en la que ataca a la Iglesia desde dentro y desde fuera. Desde dentro de la Iglesia el demonio siembra el error en las mentes de los cristianos con 15
  • 16. 16 Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com doctrinas que deslumbran a la inteligencia humana y pretenden someter lo divino a lo humano, e impide ver su radical falsedad pues “no hay verdad en él. Cuando dice mentira, habla como quien es, por ser de suyo mentiroso y padre de la mentira” (Jn 8, 44). Esto explica la difusión de doctrinas erróneas en el seno de la Iglesia, que en nuestra época se hace más activa por contar con poderes aliados y eficaces medios de difusión de ideas. Ataca el demonio desde fuera a la Iglesia, obstaculizando en el mundo el cumplimiento de su misión sobrenatural y salvadora, fomentando la difusión de un concepto materialista –e incluso ateo- de la vida, que rechaza todo planteamiento cristiano. Promueve Satanás violentas persecuciones contra la Iglesia, como ocurrió en los siglo II y III de nuestra era, moviendo la poderosa máquina estatal del decadente Imperio Romano y que llevaría al homicidio de miles de cristianos. Otras persecuciones más o menos solapadas, pero siempre eficaces, continúa sufriendo la Iglesia en muchos países sometidos al régimen marxista y en otros confesionalmente musulmanes. Otras veces, el “neopaganismo” actual que en muchos lugares es la cultura hegemónica lleva en su entraña una oposición frontal a la visión trascendente y sobrenatural del hombre y del mundo, tal como enseña la doctrina católica. Intenta recluir la fe al ámbito de la conciencia para construir una sociedad sin Dios, como si fuese posible al cristianismo poner entre paréntesis su fe al actual en el ámbito profesional o social. ¿Síntomas de esas insidias diabólicas? Enseñaba el Papa Pablo VI: «Podremos suponer su acción siniestra allí donde la negación de dios se hace radical, sutil y absurda, donde la mentira se afirma hipócrita y poderosa, contra la verdad evidente; donde el amor es eliminado por un egoísmo frío y cruel; donde el nombre de Cristo es impugnado con odio consciente y rebelde (cfr 1 Cor 16,22; 12,3), donde el espíritu del Evangelio es mistificado y desmentido, donde se afirma la desesperación como la última palabra»9. ¿Qué otro sentido global podríamos dar, si no, a la persecución contra la Iglesia o los atentados contra el Romano Pontífice, o la introducción en la Iglesia de la dialéctica marxista mediante enfrentamientos propios de la lucha de clases, a la perversión del mensaje cristiano y de los sacramentos con teorías revolucionarias, a los instintos de profanación del sacerdocio y de la vida religiosa) Y en otro ámbito, ¿por qué pueblos enteros están sojuzgados bajo una propaganda hipócrita?, o ¿qué sentido tiene presentar como progreso el asesinato clínico de millones de criaturas inocentes mediante el aborto, o presionar sobre los matrimonios para que dejen de concebir hijos, o también la destrucción de la juventud mediante la droga, la promiscuidad sexual y la descapitalización de los más nobles ideales?. Ataca al hombre en su cuerpo El dominio relativo que los demonios tienen sobre los hombres puede extender su influencia por las tentaciones en el orden moral –como luego veremos-, o mediante los diversos modos de turbar el cuerpo, como son la obsesión y la posesión diabólicas. Tan malo sería negar las verdaderas intervenciones diabólicas, que aparecen en la Sagrada Escritura, como afirmar que todos nuestros males y pecados proceden del demonio. Porque hay en los hombres estados 9 Pablo IV, op. cit. 16
  • 17. 17 Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com morbosos que no suponen intervención alguna diabólica, sino que provienen de causas naturales como enfermedades psíquicas o de nuestra voluntad. a) Obsesión y posesión diabólicas. En casos excepcionales el demonio asedia el alma desde fuera con tentaciones peculiares (obsesión) o incluso llega a introducirse accidentalmente en el cuerpo (posesión). La obsesión consiste en una serie de tentaciones más violentas y duraderas que las ordinarias para turbar más fácilmente el alma; sin embargo algunos santos atacados por estas tentaciones conservaron en el interior de su alma una paz inalterable, como le ocurría el Santo Cura de Ars. La posesión consiste en la ocupación del cuerpo humano por uno o varios demonios. Suele ir acompañada de manifestaciones patológicas; epilepsia, mudez, ceguera... Los posesos pierden el dominio de sí mismos, sus gestos y sus palabras, pues cuando están en trance de posesión son instrumentos del demonio. Conviene advertir que ni la obsesión ni la posesión diabólicas –caso de darse- son de suyo pecados, ni tampoco son necesariamente castigo debido a pecados de la persona; sí son un mal físico, no moral, permitido por Dios unas veces para santificación de los buenos o para manifestar su gloria; otras como pena o castigo de un pecado. En el Evangelio figuran varios casos de posesión diabólica que fueron curados por nuestro Salvador como los endemoniados de Gadara y el muchacho endemoniado: «Al llegar a la otra orilla, a la región de los gadarenos, le fueron al encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, tan furiosos que nadie podía transitar por aquel camino. En ese momento se pusieron a gritar diciendo: ¿Qué tenemos que ver contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí antes de tiempo para atormentarnos? Había lejos de ellos una gran piara de cerdos que pacían. Los demonios le rogaban diciendo: Si nos expulsas, envíanos a la piara de cerdos. Entonces toda la piara corrió con ímpetu por la pendiente hacia el mar y pereció en el agua» (Mt 8, 28-32). «Le salió al encuentro una gran muchedumbre. Y en medio de ella un hombre clamó diciendo: Maestro, te ruego que veas a mi hijo, porque es el único te tengo. Un espíritu se apodera de él y enseguida grita, le hace retorcerse entre espumarajos y difícilmente se aparta de él, dejándolo maltrecho. (...) Trae aquí a tu hijo. Y al acercarse, el demonio lo revolcó por el suelo y le hizo retorcerse. Entonces Jesús increpó al espíritu impuro y curó al niño, devolviéndolo a su padre. Todos quedaron asombrados de la grandeza de Dios». (Lc 9, 37-43). Antes de la venida de Jesucristo estas señales del dominio de Satanás sobre los hombres y el mundo a consecuencia del pecado eran más frecuentes. Pero el Señor quiso dejar constancia de su pleno dominio sobre el demonio y la presencia del Reino de Dios que salva a los hombres del pecado, del demonio y de la muerte eterna: “Pasó haciendo el bien y sanando a todos los que habían caído bajo el poder del diablo” (Hch 10, 38). Se puede notar que el demonio ha tomado el cuerpo de alguien cuando éste llega a realizar acciones inexplicables que rebasan sus capacidades naturales; p. ej., una joven puede desarrollar fuerzas extraordinarias o anormales, un hombre hablar una lengua desconocida para él, etc. Siempre por permisión divina, la acción demoníaca puede incluso apoderarse y dominar los miembros corporales del poseído, y servirse de ellos como si le pertenecieran, actuando sobre el sistema nervioso, o haciendo mover esos miembros, hablando por boca del paciente, etc. Sin embargo, la mayoría de los supuestos casos de posesión, de obsesión o de infestación diabólicas que son tratados en novelas y películas no responden a la realidad. Se trata de una 17
  • 18. 18 Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com moda por cuanto suena a diabólico o misterioso que está bien lejos del mundo de la ciencia natural y de la doctrina de la fe, y quizá sea debido al alejamiento personal y social respecto a Dios capitulando antes las fuerzas del mal por haber abandonado al Bien. b) Los exorcismos Desde que Cristo realizó la Redención y fundó la Iglesia, la posesión diabólica real tiene lugar muy pocas veces. Para estos casos especiales la Iglesia ha recibido poder de Dios para realizar exorcismos actuando con todo el poder divino para expulsar los demonios en nombre del Señor. El exorcismo es la invocación hecha a Dios con el fin de alejar al demonio de alguna persona, animal, lugar o cosa, que se hace en nombre de la Iglesia por el sacerdote legitimado y según los ritos previstos10. El acto de exorcismo se desarrolla según las fórmulas autorizadas por la Iglesia y por el sacerdote designado por el Obispo. Se recitan oraciones, formuladas con profunda fe y en nombre de Dios, de Cristo y de la Iglesia para que los demonios se alejen de la persona por la autoridad divina. Ataca al hombre en su alma “Confortaos en el Señor y en la fuerza de su poder, vestíos de la armadura de Dios que podáis resistir las insidias del diablo, porque no es nuestra lucha contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malos de los aires” (Eph 6, 10-12). La tentación diabólica, de la que aquí hablamos, es un aprueba u obstáculo procedente del demonio que intenta perjudicarnos induciendo al pecado. Las tentaciones que el demonio insidia en hombres y mujeres son muy variadas, sirviéndose de su obra y de nuestras concupiscencias. San Juan escribe que “todo lo que hay en el mundo es concupiscencia de la carne, concupiscencias. San Juan escribe que “todo lo que hay en el mundo es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida” (1 Jn 2, 14), como resumiendo la triple raíz de todos los pecados, y esto puede ejemplificarse ahora mediante la experiencia de tres personajes de la Sagrada Escritura –Adán, David, San Pedro-, pues sus tentaciones y caídas reflejan en mayor o menor medida esas concupiscencias. a) Adán o la independencia de Dios El texto sagrado relata que Adán y Eva rompieron voluntariamente los lazos de amistad que les unían con Dios, después de la elevación sobrenatural que gratuitamente habían recibido de Él: «La serpiente dijo a la mujer: ¿Con que Dios os ha mandado realmente que no comieseis de todos los árboles del Paraíso?” Eva contestó que sólo tenían prohibido, bajo pena de muerte, comer de un árbol. “Y dijo la serpiente a la mujer: En modo alguno pereceréis. Dios sabe que tan pronto como de él comáis se os abrirán los ojos y seréis como Dios, y conoceréis lo que es el bien y el mal. Vio, pues, la mujer que el fruto del árbol era bueno para comer y hermoso a la vista. Tomó de su fruto y comió y dio también a su marido, y también con ella comió» (cfr Gn 3, 4-6). 10 Cfr Código de Derecho Canónico, can. 1172. 18
  • 19. 19 Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com La primera gran tentación manifiesta que el demonio es padre de la mentira diciendo medias verdades: animó a nuestros primeros padres a ser iguales a Dios y a no depender de Él, pudiendo establecer ellos solos lo que es bueno y lo que es malo, sin dar explicación a Dios. ¿Te das cuenta de la soberbia que anima los afanes de independencia del hombre o de la sociedad respecto a Dios? Por eso, procura luchar contra ella desde tu juventud sabiendo distinguir con la enseñanza de la Iglesia lo que es bueno y malo –formando con rectitud tu conciencia sin engañarte- y empleando bien tu libertad. Ésta no consiste en la ausencia de vínculos y de obligaciones, como piensan algunos jóvenes, sino en la calidad de esos vínculos: quien está atado al alcohol, la droga o el sexo no es libre, mientras que sí lo es quien mantiene, por ejemplo, la fidelidad al otro cónyuge por encima de los estados de ánimo. b) David o la concupiscencia. Cuenta el Libro Segundo de Samuel un tremendo pecado del rey David por el que supo llorar con amargo arrepentimiento. El rey se quedó ocioso en Jerusalén en vez de acompañar el ejército de Israel... “Sucedió que un día, levantándose David de su cama después de la siesta, se puso a pasear por el terrado del palacio, y vio enfrente una mujer que se estaba lavando y era de extremada hermosura. Envió, pues, el rey a saber quien era aquella mujer, y le dijeron que era Betsabé, hija de Eliam, mujer de Urías, heteo. David la hizo venir a su palacio, habiendo enviado primero en algunos que la hablasen de su parte; y entrada que fue a su presencia, durmió con ella, la cual se purificó luego de su inmundicia, y volvió encinta a su casa. De lo que dio aviso a David, diciendo: He concebido” (2 Sam 11, 2-5). En este relato y sus consecuencias se encierran profundas enseñanzas sobre el carácter envolvente de las tentaciones contra la santa Pureza: primero ociosidad, luego curiosear y no guardar el sentido de la vista; más tarde indagar buscando nuevos detalles, hasta caer finalmente en un pecado de lujuria. Lo peor es que el pecado se enreda y David no paró hasta conseguir que el marido de Betsabé pereciera en el campo de batalla: el pecado de adulterio se agravó con un pecado de homicidio. La triste experiencia de David constituye una clarísima lección para huir de toda ocasión de pecado y rechazar con energía cualquier diálogo con las tentaciones contra la castidad: Nos dice el Beato Josemaría Escrivá: «Cuidad esmeradamente la castidad, y también aquellas otras virtudes que forman su cortejo –la modestia y el pudor-, que resultan como su salvaguardia. No paséis con ligereza por encima de esas normas que son tan eficaces para conservarse dignos de la mirada de dios: la custodia atenta de los sentidos y del corazón; la valentía –la valentía de ser cobarde – para huir de las ocasiones; la frecuencia de los sacramentos, de modo particular la Confesión semanal; la sinceridad plena en la dirección espiritual personal; el dolor, la contrición, la reparación después de las faltas” (Amigos de Dios, n. 185) Si fueron gravísimos los pecados de David también fue imponente su arrepentimiento y su penitencia: “Apiádate de mí, ¡oh Dios!, según tu misericordia; según la muchedumbre de tus piedades borra mi iniquidad. Lávame completamente de mi culpa, y de mi pecado está siempre delante de mí. Contra Ti solo pequé e hice lo que a tus ojos es malo. (...) Rocíame con hisopo, y quedaré limpio; lávame y quedaré más blanco que la nieve. (...) Crea en mí ¡oh Dios!, un corazón limpio, y renueva en mí un espíritu constante. No me eches de tu presencia ni retires de mí tu santo espíritu generoso. (...) Abrirás, Señor, mis labios, y mi boca anunciará tu alabanza” (Sal 50, 3-17). Por eso si no debemos seguir su mala conducta, sí podemos imitar en nuestras caídas – graves o 19
  • 20. 20 Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com leves – su contrición y su llanto. Porque siempre cabe el arrepentimiento sincero que lleva al sacramento de la Penitencia con propósitos firmes, repitiendo quizá ese “ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente que me fuere impuesta”, de la oración Señor mío, Jesucristo. c) Pedro o la debilidad de la carne Jesucristo les había advertido que estuvieran vigilantes pero no se enteraron y en vez de comportarse como recios pescadores lo hicieron como vírgenes necias: «Quedaros aquí y velad conmigo. (...) Volvió junto a sus discípulos y los encontró dormidos; entonces dijo a Pedro: ¿Ni siquiera habéis sido capaces de velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en tentación: pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil» (Mt 26, 38-41). Y así por tres veces. Los hechos se precipitan y Pedro retrocede cada vez más: la pereza inicial le aleja de Jesucristo y queda aislado en su temor, hasta llegar a negarle por tres veces: «Entretanto, Pedro estaba sentado fuera en el atario; se le acercó una sirvienta y le dijo: Tú también estabas con Jesús el Galileo. Pero él lo negó delante de todos diciendo: No sé de qué hablas. Al salir al portal le vio otra y dijo a los que estaban allí: Éste estaba con Jesús el Nazareno. De nuevo lo negó con juramento: No conozco a ese hombre. Poco después se le acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: Desde luego tú también eres de ellos, pues tu habla lo manifiesta. Entonces comenzó a imprecar y a jurar: No conozco a ese hombre. Y al momento cantó el gallo. Y Pedro se acordó de las palabras que Jesús había dicho: Antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces. Y, saliendo afuera, lloró amargamente» (Mt 26, 69-75). La fe de Pedro en Jesucristo sufre la gran prueba. Antes estaba dispuesto a ir a la cárcel o hasta la muerte y ahora le niega abiertamente. En medio de aquel aturdimiento, la mirada serena de Jesús que perdona conforta su fe y las lágrimas de dolor la purifican. Muy grave fue el pecado de Pedro, pero profundo también fue su arrepentimiento... y firme; porque ya no abandonó más al Señor, presidió en nombre de Jesucristo la Iglesia y murió por confesar la fe. 12.4. Cómo vencer al demonio En esta última parte vemos cómo actúa el Diablo como serpiente y como león, según convenga a sus propósitos destructivos de nuestra imagen divina. Pero es preciso conocer al Adversario, el que pone zancadillas, el que siempre niega. Una cosa es la tentación En sentido genérico se entiende por tentación toda solicitación de la voluntad para que realice un acto contrario a la virtud. La tentación procede del mundo en cuanto se opone a Dios en diversa medida, del demonio o tentador (cfr 1 Tes 3, 5) y de la carne o concupiscencia; sin embargo, ninguno de ellos puede obligar a la voluntad a pecar: no podemos eludir la responsabilidad personal en nuestros pecados. La tentación actúa como en tres momentos que los moralistas llaman con diversos nombres: 1) sugestión involuntaria, que es una mera representación del mal y no encierra pecado alguno, pudiendo incluso ser camino para progresar en la virtud; 2) advertencia del entendimiento, al cual se presenta la cosa primero como apetecible y después como contraria a la ley moral; de ese doble conocimiento procede la lucha interna entre el placer 20
  • 21. 21 Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com y el deber, pero aún no hay pecado aunque se corre el riesgo si la voluntad no decide, con prontitud, rechazar la tentación; 3) decisión de la voluntad, cuando se verifica efectivamente el pecado o el acto virtuoso. De modo que mientras no prestes tu consentimiento – decir que sí – a la tentación no cometerás pecado, pero si la admites o provocas, incurrirás en pecado grave o leve según su objeto. Ante la tentación hemos de reaccionar con la serenidad de un hijo de Dios, aprovechándola para crecer en humildad y en caridad. Sería necio negar que el demonio puede causar graves molestias, pero también lo sería entregarse como un conejo aterrorizado, porque no puede dominar a los que sinceramente viven para Dios; puede, sí, combatirlos, pero no derrotarlos porque con la gracia divina vencen y se santifican. a) El tentador como serpiente El demonio viene a tentar unas veces como serpiente, cuando siembra dudas e inquietud en nuestra inteligencia, para que se quede en tinieblas sin la luz de la fe. Entonces has de reaccionar con prontitud haciendo actos de fe: “Creo en Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo”, o bien “Sé que estás en la Eucaristía con tu Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad”; “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo”; “Santa María, Auxilio de los Cristianos, ruega por mí”, etc. Éste es el testimonio de su alma santa, Francisca Javiera del Valle, que sufrió la dura prueba de la tentación contra la fe pero no consistió lo más mínimo: “Según enseñanzas de nuestro inolvidable Maestro, (el demonio) se propone arrancar de nosotros las virtudes teologales. Pero donde va directamente a poner el blanco es en la fe, porque conseguida ésta, fácil cosa en conseguir las otras dos; porque la fe es como el fundamento donde se levanta todo el edificio espiritual, que él quiere y desea y pretende destruir (...). Cuando Satanás ya se acerca a la pelea, lo primero que echamos de menos es la luz clara y hermosa que nos había Dios dado, para con ella conocer la verdad. (...) ¿A qué compararé yo este estado? Nada hallo, si no es a esas noches de verano, en que se levantan de repente esos nublados tan fuertes y horribles, que por su oscuridad tenebrosa nada se ve, sino relámpagos que asustan, truenos que dejan a uno temblando, aires huracanados, que recuerdan la justicia de Dios al fin del mundo, el granizo y piedra, que parece que todo lo va a destruir. “No hallo cosas a qué poderlo comparar: sola, sin su Dios, siente venir a ella como un ejército furioso, que la gritan que está engañada, que no hay Dios, y la cercan por todas partes, llenos de retórica que la dan conferencias, sin ella quererlo, pero no la dejan un punto, y con razonamientos tan fuertes y violentos, que a la fuerza la quieren hacer creer que no hay Dios (...), así el alma sin voz, y tartamudeando, como que atinó a decir: me uno a las creencias todas de mi Madre la Iglesia y no quiero creer ninguna cosa más. “(...) Tenía dieciocho años cuando esto pasó por mí y cuando tanto yo sufría y lloraba sin consuelo la pérdida de mi fe, he aquí que amaneció para mí el día claro y luminoso. “Y así como yo, sin saber nada, en este estado me vi que me metieron, también ahora vi y sentí que de él me sacaron. Y cuando yo tanto lloraba la pérdida de mi fe, me vi de ella hermosamente vestida”. b) El tentador como león 21
  • 22. 22 Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com “Sed sobrios y estad en vela: porque vuestro enemigo el diablo anda rodando como león rugiente alrededor de vosotros, en busca de presa que devorar. Resistidle firmes en la fe, sabiendo que la misma tribulación padecen vuestros hermanos, cuantos hay en el mundo” (1 Pe 5, 8-9). Otras veces experimentarás que Satanás ataca más fuerte como un león rugiente agitando las pasiones, sublevando la soberbia o la impureza..., y es preciso entonces rechazar con firmeza esa tentación, sin dialogar ni concederse nada. Es el momento de impedir un juicio temerario, de apartar la vista o cortar tajantemente la sensación impura, o frenar la indignación y la ira. Consiste ese rechazo generoso en levantarse, aprovechar bien el tiempo, poner los cinco sentidos en lo que haces, en buscar compañía, en marcharse de un sitio..., siempre acudiendo a la intercesión de la Santísima Virgen; “Ama a la Señora. Y Ella te obtendrá gracia abundante para vencer en esta lucha cotidiana. – Y no servirán de nada al maldito esas cosas perversas, que suben y suben, hirviendo dentro de ti, hasta querer anegar con su podredumbre bienoliente los grandes ideales, los mandatos sublimes que Cristo mismo ha puesto en tu corazón.- Serviam!”. Otra cosa es el consentimiento Pero ¿y si las tentaciones vienen porque yo las busco? Porque puede ocurrir que una persona sea cómplice del comienzo mismo de la tentación, cuando ya sabe el peligro que corre y no hace caso de malas experiencias anteriores. Porque podría constituir una ocasión próxima y voluntaria de pecado, que ya es pecado. Además una actitud semejante revelaría síntomas de tibieza espiritual, que viene a ser como una obstrucción de los caminos del alma producida por la acumulación de pecados de omisión no confesados y faltas de generosidad, que impiden circular por ella libremente las aguas limpias y refrigerantes de la gracia. Por eso el demonio suele poner más empeño en apartar a la gente piadosa de la virtud que en arrastrarlas abiertamente al vicio. La complicidad de que hablamos puede venir también de falta de sinceridad con uno mismo, auto-engañándose en lo principal de las intenciones y deseos con peligro de que la propia conciencia se vaya deformando, hasta afirmar descaradamente que no es pecado lo que sí es pecado. Finalmente, la complicidad puede proceder de la soberbia de quien no quiere reconocerse muy débil y hecho del mismo barro que los más miserables de los mortales. Por ello debería sentirse necesitado de cautelas y cuidar no romperse derramando la gracia recibida. Considerando más en particular las tentaciones contra la castidad, y la posible complicidad interior, es fácil hacer un breve resumen de las armas aconsejadas para ser muy breve resumen de las armas aconsejadas para ser muy sinceros y vencer en estas batallas: “deben emplear los fieles los medios que la Iglesia ha recomendado siempre para mantener una vida casta: disciplina de los sentidos y la mente, prudencia atenta a evitar las ocasiones de caídas, guarda del pudor, moderación en las diversiones, ocupación sana, recurso frecuente a la oración y a los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. Los jóvenes, sobre todo, deben empeñarse en fomentar su devoción a la Inmaculada Madre de Dios y proponerse como modelo la vida de los santos y de aquellos otros fieles cristianos, particularmente jóvenes, que se señalaron en la práctica de la castidad “ (Declaración Persona humana, n. 12). La Iglesia exhorta siempre a cada uno para que asuma la responsabilidad de las obras buenas y de las malas. Sin atribuir éstas sólo a la acción diabólica. El Señor explicó bien que la causa del pecado está en la voluntad: “Lo que del hombre sale, eso es lo que mancha al hombre, porque dentro del corazón del hombre proceden los pensamientos malos, las fornicaciones, los hurtos, los homicidios, los adulterios, las 22
  • 23. 23 Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com codicias, las maldades, el fraude, la impureza, la envidia, la blasfemia, la altivez, la insensatez. Todas estas maldades del hombre proceden y manchan al hombre” (Mc 7, 20-30). La milicia cristiana “Echad mano de la armadura de Dios – escribe San Pablo –, para que podáis resistir en el día malo, y, tras haber vencido todo, os mantengáis firmes. Estad, pues, firmes, ciñendo la cintura con la verdad, y poniéndoos la coraza de la justicia, y calzándoos los pies, prontos para el evangelio de la paz; embrazando en todo momento el escudo de la fe, con el cual podáis apagar todos los dardos inflamados del maligno. Tomad el casco de la salvación y la espada del Espíritu, esto es, la palabra de Dios. Con toda clase de oraciones y súplicas, orad en toda ocasión en el espíritu, y velad unánimemente con toda constancia” (Ef 6, 13-18). Las tentaciones vencidas no son tiempo perdido sino manifestación de amor de Dios y méritos para la vida eterna. Nos ayudan a probar el temple de nuestra lucha interior por alcanzar de veras la santidad a la que estamos llamados. Para vencer en esta lucha el Señor nos enseñó a pedir todos los días en el Padrenuestro el “líbranos del mal”: y así el Catecismo de la Iglesia Católica enseña que: “En esta petición, el mal no es una abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios. “El ‘diablo’ (‘dia-bolos’) es aquel que ‘se atraviesa’ en el designio de Dios y su obra de salvación cumplida en Cristo”. a) Con la gracia de Dios Con la tentación que insidia el demonio, y que a veces facilitan nuestras concupiscencias, Dios envía siempre gracias más que abundantes para vencer en contienda espiritual, que siempre habrá de mantener con serenidad y fortaleza. También Dios está contigo cuando arrecia la tentación: por los medios sin caer en tontas ingenuidades y vencerás. El gran Apóstol de Jesucristo que ha sido vaso de elección divina para extender el Evangelio por Occidente nos ha dejado el testimonio imponente de lo cerca que tenía a Dios a la hora de la tentación: “Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (...) fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y sé que este hombre (...) fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables que al hombre no le es lícito pronunciar: De este tal me glorificaré, pero de mí mismo no me gloriaré, si no es de mis flaquezas (...). Por lo cual, para que no me engría, me fue clavado un aguijón en la carne, un ángel de Satanás, para que me abofetee y no me engría. Por esto, rogué tres veces al Señor que lo apartase de mí, pero Él me dijo: Te basta mi gracia, porque la fuerza resplandece en la flaqueza. Por eso, con sumo gusto me gloriaré más todavía en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo. Por lo cual me complazco en las flaquezas, en los oprobios, en las necesidades, en las persecuciones y angustias, por Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Cor 12, 1-10). b) El uso del agua bendita La gracia divina no falta cuando ponemos los medios adecuados, aunque para los ojos humanos parezcan insignificantes. Para librarse del influjo diabólico los santos han empleado también el agua bendita, que es un sacramental. Santa Teresa decía que “De muchas veces tengo experiencia que no hay cosa con que hayan más (los demonios),para no tornar: Debe ser grande la virtud del agua bendita; para mí es particular y muy conocida consolidación que siente mi alma cuando la toma (la utiliza). (...) Estando en un oratorio, habiendo rezado un nocturno y diciendo unas oraciones muy devotas, que están al fin de él, el demonio se me puso sobre el libro 23
  • 24. 24 Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com para que no acabase la oración; yo me santigüé y fuese. Volviendo a comenzar, tornóse. Creo fueron tres veces las que la comencé, y hasta que eché agua bendita no puede acabar”. El agua ritualmente bendecida nos recuerda a Jesucristo que se dio a sí mismo el apelativo de “agua viva” (cfr Jn 7, 39), instituyó para nosotros el bautismo de Salvación, y también expulsó con plena autoridad a los demonios. El agua puede bendecirla el sacerdote con esta oración: “Bendito seas, Señor, Dios todopoderoso, que te han dignado bendecirnos y transformarnos interiormente en Cristo, agua viva de nuestra Salvación; haz, te pedimos, que los que nos protegemos con la aspersión o el uso de esta agua sintamos, por la fuerza del Espíritu santo, renovada la juventud de nuestra alma y adelantemos siempre en una vida nueva. Por Jesucristo, nuestro Señor”. c) Oración a San Miguel Arcángel La fe hará que nos mantengamos seguros en medio de cualquier tentación, firmemente apoyados en la solidez inexpunable de la Iglesia, que lucha eficazmente contra el poder del diablo. Mucho puede ayudarnos la oración al Arcángel San Miguel, compuesta por el Papa León XIII en circunstancias verdaderamente especiales, según expresaba un colaborador suyo: Una mañana el gran Pontífice León XIII había celebrado la Misa y estaba asistiendo a obra de acción de gracias, como solía hacer. De repente se le vio enderezar enérgicamente la cabeza y luego mirar fijamente por encima de la cabeza del celebrante. Miraba fijamente, sin parpadear pero con una expresión de maravilla y de terror, cambiando de color y de expresión. Alguna cosa extraña y grande le sucedía... Finalmente, como volviendo en sí y dando un ligero pero enérgico toque de manos, se alza. Se lo ve dirigirse hacia su estudio privado. Sus familiares lo siguen con ansia y con premura. Le dicen con voz queda: “¿Santo Padre, no se siente bien? ¿Necesita alguna cosa?” Él responde: “Nada, nada.” Y se encierra dentro. Después de una media hora hace llamar al Secretario de la Congregación de los Ritos y dándole una hoja, le ordena estamparla y enviarla a todos los Obispos del mundo. ¿Qué cosa contenía? La oración que recitamos al final de la Misa junto al pueblo, con la súplica a María y la fogosa invocación al Príncipe de las milicias celestiales, implorando a Dios que arroje a Satanás al infierno”. Y la oración reza así: “Arcángel San Miguel, defiéndenos en la lucha. Ayúdanos contra la maldad y las insidias del demonio. Pedimos suplicantes que Dios lo someta a su imperio; y tú, Príncipe de la milicia celestial, encadena en el infierno, con el poder divino, a Satanás y a los demás espíritus malvados que van por el mundo para perdición de las almas. Amén”. 24
  • 25. 25 Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com Confianza La protección de Santa María asegura también la victoria contra el Maligno. Después del pecado original cometido por Adán y Eva, Dios había dicho a la serpiente. “Por cuanto hiciste esto, maldita tú eres entre todos los animales y bestias de la tierra: andarás arrastrándote sobre tu pecho, y tierra comerás todos los días de tu vida. Yo pongo enemistad perpetua entre ti y la mujer, y entre tu raza y la descendencia suya: ella quebrantará tu cabeza” (Gen 3, 14-15). Esta mujer es María, “una mujer revestida de sol, y la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas” (Apc 12, 1), que, llena de gracia, ha dado a luz según la humanidad al verdadero Hijo de dios y ha vencido al demonio. Por ello “con su amor materno se cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligro y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por esto motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora”. Toda esta doctrina cierta sobre la existencia, el poder y la acción del demonio no es para un cristiano ocasión de temores enfermizos, pero sí de prudencia. Será antídoto contra optimismos falsos y estímulo eficaz para una firme vigilancia en la fe y para una vibrante acción apostólica que anule la labor destructiva del diablo en los hombres y en la sociedad, mientras llega el día grande en que se instaurará definitivamente el Reino de Dios. 13.ELEMENTOS PARA TENER EN CUENTA 13.1. El perdón: un don perfecto11 Dios, en su inmenso amor, nos tiene un regalo y espera que lo recibamos al conocer nuestra naturaleza: el Perdón Es bien sabido lo que dice San Juan, inspirado por el Espíritu: Dios es amor. ¿Qué sabemos del amor? Un poco, por lo que aquí en la tierra vemos o experimentamos en los llamados enamorados: cada uno está en el otro con el pensamiento y el corazón, parece que no tienen ojos sino es para su amor. Si lo liberamos de cualquier forma de egoísmo o imperfección y lo elevamos con el pensamiento a la perfección infinita, tenemos una pista, una idea lejanamente aproximada de lo que es la Vida divina. Dios es el amor eterno, pleno e infinitamente enamorado; y por eso es la infinita felicidad, eterna, inagotable, amor que no se agosta, que existe en una plena y eterna juventud. Dios es más joven que todos. El amor infinito es lo que vive Dios en su relación interpersonal trinitaria. Y ese amor se vuelca primero en la creación y después, con maravillosa continuidad, en la salvación del hombre caído. Dios nos quiere a cada uno como si fuéramos su único hijo. Para Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo es un hecho. Y al vernos radicalmente indigentes, alejados de Él -de la felicidad infinita, para lo que nos había creado-, perdidos sin rumbo y sin norte, con el horizonte cerrado por las consecuencias del pecado original y de los pecados personales, hace algo asombroso: el Hijo de Dios se hace Hijo del hombre y nos redime con la cruz. Esto -dicho está muy brevemente- abre de nuevo a la humanidad el horizonte eterno, la grandiosa posibilidad de la bienaventuranza sin 11 Por Pbro Dr. Antonio Orozco Delclós. www.encuentra.com 25
  • 26. 26 Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com término, es decir, la inmersión en el océano de Amor enamorado y enamorante que es la Trinidad. 13.1.1. Por los frutos se conoce el árbol Sería menester una enorme biblioteca para balbucear todo esto, pero podemos y debemos comprender que no se puede ser amado "impunemente" por un Amor infinito. Y ahí tenemos todas las páginas rojas de la historia para brindarnos un poco de luz sobre las consecuencias de volver la espalda al Amor. Las consecuencias de un acto, de ordinario, nos revelan su naturaleza moral. Por sus frutos se conoce el árbol. Es preciso advertir que la ofensa a Dios, el desamor, no es una ofensa a quien nos ha dado algo, poco o mucho (nuestros padres nos han dado mucho con la vida), sino a quien nos ha dado radical y absolutamente todo. Tanto que sin Él no seríamos absolutamente nada. No habría latidos en nuestro corazón, no habría respirar en nuestros pulmones; más aún, no habría nada de nada, no seríamos en absoluto. Todo lo que somos y podemos llegar a ser (hermanos del Hijo de Dios, hijos de Dios y coherederos de su gloria) lo hemos recibido. ¿Qué tienes tú que no hayas recibido?, es la pregunta de san Pablo que da de lleno en línea de flotación de cualquier género de autosuficiencia. ¿Qué significa negarse al Amor de Dios, rechazarlo, decidirse a no corresponder con todas las fuerzas? Mientras no se responda satisfactoriamente a semejante pregunta no sabremos quién es el Amor y quiénes somos nosotros mismos. Negar a Dios, negar que Él es el Creador y nosotros sus criaturas es negar todo lo valioso de nosotros mismos, nuestra relación con la Verdad, con la Belleza y el Amor. Es algo monstruoso que sólo por la ceguera misma que causa el pecado, no advertimos. Es incurrir en una real deformación del núcleo de nuestro ser personal, que es de donde proceden esas negaciones. Se llama al pecado "mancha". Es una metáfora. Pero hay que decir más: es una deformación monstruosa de la dimensión personal de nuestro ser, porque justamente es la negación práctica de quien es nuestro Todo, en el más estricto sentido de la palabra. Si yo quiero ser un verdadero matemático y empiezo estableciendo para mis adentros que dos y dos son cinco, toda la aritmética que haga a partir de ese momento establecerá un inmenso error. El error se hallaría precisamente casi al principio de mi discurso. Podré contar chistes muy graciosos, tal vez escribir novelas de imaginación muy "creativa", pero en cuestión de matemáticas seré un tipo peligroso. Si alguno empieza a desarrollar la razón pensando que no hay Dios o que es lícito vivir como si no lo hubiera, podrá llegar a ser un gran constructor de puentes o de otros artefactos; podrá ser premio Nobel de Literatura, tener una conversación amena con sus amigos y escalar altas cumbres del poder social, económico o político, pero su vivir personal estará herido y deformado de raíz. Es muy posible que cometa crímenes sin saberlo; es seguro que se equivocará en cuestiones muy importantes de la vida humana, sobre todo en las que podemos llamar cuestiones de sentido. El que no conoce a Dios, o si se prefiere, el que con culpa no reconoce a Dios, no tiene fundamento racional para sostener, por ejemplo, los derechos humanos (aunque los respete, por una feliz incongruencia). Es un peligro (aunque también por una feliz inconsecuencia, sea bondadoso con todo el mundo). 13.1.2. Saber qué significa ofender a Dios No se trata aquí de juzgar conciencias singulares, sino de expresar una verdad lógica que carece de réplica racional. A nuestro entender, no cabe ninguna. La ofensa a Dios deforma profundamente a la persona que la comete. Por eso es radicalmente distinto ofender a Dios que 26
  • 27. Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com 27 ofender a una criatura (aunque una cosa lleve a la otra), aunque la criatura sea nuestra madre. Un padre, una madre humanos pueden decir a su hijo: te perdono y me olvido. Es difícil olvidar y que todo vuelva a ser lo mismo, pero es posible porque las relaciones que nos unen a las criaturas no son, ni de lejos, tan profundas, tan radicales como las que nos enlazan a Dios creador. Es todo nuestro ser lo que está ligado a Él. "Religión" es reconocerlo, re-ligarnos libremente, por amor. Es todo nuestro ser que se distorsiona y resquebraja cuando negamos de un modo consciente y libre ese vínculo entrañable con la Fuente del ser y de la vida. La metáfora más adecuada podría ser quizá el terremoto. Y no tenemos posibilidad de recuperar el orden o equilibrio interior desde su raíz, porque ésta ha quedado contaminada y descoyuntada. No cabe auto-perdonarse, auto-redimirse o auto-confesarse. Porque lo que hemos roto, la amistad, el amor de Dios en cuanto estaba en nosotros, no está, ni de lejos en nuestro poder. Un monstruo no se puede normalizar a sí mismo. Hace falta que un ser extraordinariamente sabio y poderoso realice en él una operación quirúrgica increíble. El monstruo, para dejar de serlo, necesitaría nacer de nuevo. 13.1.3. Nacer de nuevo Pues bien: esto es lo que ha hecho posible la cruz de Cristo, la posibilidad infinitamente deseada por Dios Padre: el ejercicio de su misericordia por el perdón de los pecados. Pero, cuidado, el perdón de los pecados sea cosa de poca monta. Los judíos presentes en la curación del paralítico, se escandalizan cuando Jesús dice: perdonados te son tus pecados. ¡Blasfema!, gritaron, porque sólo Dios puede perdonar los pecados. No se daban cuenta de que Jesús era Dios en Persona (la Segunda), pero sí sabían que para perdonar los pecados no bastaba un hombre por santo que fuese: sólo Dios puede perdonar los pecados. En esto, tenían razón. Es claro que si te ofendo a ti no sirve que pida perdón al vecino de arriba. Pero además, es tal el estado del que ha ofendido gravemente a Dios, que, para el perdón se requiere un poder todopoderoso: la omnipotencia misma, que sólo Dios tiene. Por eso Tomás de Aquino dice bien cuando asegura que la misericordia de Dios es la manifestación más perfecta de su omnipotencia. Y la Iglesia reza: "Oh Dios, que manifiestas especialmente tu poder con el perdón y la misericordia...". Y Juan Pablo II enseña que la misericordia de Dios es una "potencia especial del amor, que prevalece sobre el pecado y la infidelidad del pueblo elegido" (DM, III, 4 c) Cabe preguntarse: ¿qué tiene que ver la omnipotencia con la misericordia? Al margen de equivocadas doctrinas que tienen la misericordia por debilidad -no vale la pena que nos entretengan-, en nuestro caso tiene mucho, todo que ver. Porque cuando se ha roto el amor infinito, sólo un Amor infinito puede restaurarlo; sólo el Amor omnipotente. Si libremente me despeño desde un vigésimo piso, no puedo libremente recomponerme, se acabó la libertad y la vida terrenal; yo no puedo "resucitarme". Pues ¿cómo no comprender que romper libremente los vínculos que me atan a Dios son una muerte más trágica que la corporal, porque es espiritual, quizá no sensible (por eso muchos no creen en ella) pero tan realmente mortal como la vida corporal? La Iglesia ha hablado siempre de pecado mortal; no muere la persona, pero muere en ella el amor de Dios, la raíz de todo lo verdadero, bueno y bello. Es el infierno, o su anticipo, o su inminente aparición. 13.1.4. Recreación Por eso, la restauración de la vida de unión con Dios (Verdad, Bondad, Belleza, Sabiduría, Amor), con su consecuencia de felicidad para la vida temporal y la eterna, más que una restauración es una re-generación, una re-creación, es decir, requiere una operación de la 27
  • 28. Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com 28 omnipotencia divina. Lo dice bien claro Jesús a Nicodemo: "El que no naciere de nuevo, no puede entrar en el Reino de los cielos" (Jn 3, 5-7). Y toda la Tradición auténtica y todo el Magisterio auténtico de la Iglesia así lo llaman, así lo dicen: renacimiento, regeneración. A la filiación divina no se nace ni se renace por voluntad humana, sino por la omnipotente voluntad de Dios, cuyo perdón es eso: don perfecto. No es que se olvide la culpa, es que se aniquila, porque ha nacido un hombre nuevo. El milagro tiene muchas facetas. Por una parte, permanece la persona, el yo que fui pecador. Y, por otra parte, el yo que antes del perdón era pecador, al renacer por obra de la gracia santificante, ya no es pecador, es santo. El que era injusto es justo, real y verdaderamente. Este es uno de los puntos en los que Lutero se apartó de la enseñanza de la Iglesia católica. Para él la justificación no existe en sentido estricto, la santificación no alcanza a renovar todo el ser de la persona. Pero el Magisterio enseña que sí alcanza, porque Dios emplea en el perdón toda su fuerza salvífica: "El Símbolo de la fe profesa la grandeza de los dones de Dios al hombre por la obra de su creación, y más aún, por la redención y la santificación. Lo que confiesa la fe, los sacramentos lo comunican: por "los sacramentos que les han hecho renacer", los cristianos han llegado a ser "hijos de Dios" (Jn 1,12)" (CEC n. 1692; cfr 2782). La redención es justificación verdadera, santificación real. Es un don de santidad que llega a lo más profundo de la persona, por pura generosidad de Dios y encima de valor infinito. Es increíble que tengamos tan poco aprecio al perdón de Dios; que no acudamos a las fuentes del perdón con una sed inmensa: al sacramento de la penitencia, a limpiar manchas, más aún, a rehacernos, a que el amor de Dios, Padre amorosísimo, nos regenere y nos recree. 13.1.5. El sacramento de la alegría En el sacramento de la penitencia se otorga el don inmenso, perfecto: el perdón, el más grande don divino, tan del gusto de Dios, rico en misericordia. El perdón es su obra máxima, mayor que la resurrección de un muerto y que la creación de las insondables galaxias, porque mayor es la distancia entre el pecado mortal y la vida sobrenatural de la gracia, que la diferencia entre la nada y el ser. "Realmente es grande un Dios que perdona: ¡Cuántas gracias tenemos que dar a Dios Nuestro Señor, por este sacramento de su misericordia! Yo me pasmo; me conmuevo. Un Dios que perdona me parece tan padre y tan madre a la vez, que me echaría a llorar de agradecimiento y de alegría. ¿Qué haríamos sin su perdón?"12. ¿Por qué lloras como un loco amigo del alma mía? Y el Amigo respondía: ¡Lloro de llorar tan poco!13 Y a la vez tendríamos que dar saltos de alegría. Concretamente, la Confesión sacramental es uno de los más gozosos encuentros inmediatísimos con Cristo Jesús. Porque cuando se oye el "Yo te absuelvo", ese "Yo" es un "Yo" cargado de misterio, no es humano, es divino. ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios? 12 13 Beato J. ESCRIVA DE BALAGUER Versos de JOSE MARIA PEMAN. 28
  • 29. Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com 29 El ministro y el signo sacramental no son más que instrumentos por los que obra el verdadero operante, que es Jesucristo, virtute praesens, con toda tu fuerza redentora. Entiéndase bien, el sacerdote confesor no es un delegado de Dios para perdonar. La omnipotencia es indelegable. Como Velázquez no puede decir a un aprendiz: "pinta Las Meninas". Esto es imposible. Para que yo pintara Las Meninas, necesitaría el cerebro y el alma de Velázquez. Necesitaría que Velázquez me suplantara, que su yo de alguna manera anulara el mío. Dios no anula nada, pero, esto es mayor milagro, cuando el confesor dice "Yo te absuelvo" lo dice "in persona Christi". No es un delegado, es el lugar escogido por Cristo para establecerse y a la vez que el confesor dice sensiblemente "yo te absuelbo", Él interviene con su omnipotencia indelegable y ab-suelve, recrea, re-genera, o incrementa el nivel de vida sobrenatural, creando más vida. Debiéramos llenarnos de asombro, de alegría, de felicidad, de gratitud. E ir corriendo a la plenitud de la Eucaristía; y volver a purificarnos más en el sacramento de la penitencia; y luego, otra vez a la Eucaristía y así sucesivamente. Hasta el día de la entrada definitiva en el gozo infinito de Dios Uno y Trino. 13.2. Ruidos Espirituales La espiritualidad es la manera específica como manifestamos la relación con Dios. Rodos los seres humanos tenemos una espiritualidad, pues mostramos de diferentes maneras la relación personal con el único Dios. Sin embargo existen unos "ruidos" o, dicho de otra manera, obstáculos que nos impiden crecer y madurar espiritualmente, haciendo que el poder de Dios no fluya con libertad en nosotros y a través de nosotros. Los "ruidos" o impedimentos del crecimiento espiritual son comunes a toso los seres humanos, aunque en ocasiones no somos conscientes de ellos. Es necesario señalar que cada persona tiene otros ruidos espirituales que son individuales y que es necesario discernir en compañía de un guía, pastor o confesor. A continuación presentamos un bosquejo general de los impedimentos comunes a todos los seres humanos. 13.2.1. La duda. Se presenta en distintos momentos de la vida y del discernimiento de la voz de dios un ruido espiritual al que llamamos: DUDA. La duda impide que la voluntad divina marche adecuadamente en las decisiones que tomamos y por lo mismo, las acciones se frustran y se entorpecen. 29
  • 30. Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com 30 La duda es una pequeña puerta por donde entran y se anidan las inseguridades en las relaciones interpersonales, se justifican los fracasos que pudieron prevenirse y dificulta la toma de decisiones que conduzcan a acciones positivas. Si dejas que la duda irracional inunde tu vida, debes prepararte para fracasar en muchos momentos decisivos de tu vida. El remedio para la duda es la FE: Mc 11,24. Leer y comentar. 13.2.2. El miedo. Al enfrentarnos a determinadas acciones nos podemos ver paralizados y frustrados porque el miedo tiene la facultad de darle todo el poder al enemigo. El miedo impide que el poder de Dios fluya con libertad, las acciones se ven impedidas de llegar a feliz termino, el fracaso se hace cotidiano, se justifican inadecuadamente las derrotas o la falta de acción y busca culpables como chivos expiatorios que asuman responsabilidades. Cuando permites que el miedo entre constantemente en tu existencia se llena de sueños irrealizables, fracasos continuos y frustraciones. El remedio para el miedo es el AMOR: 1 Jn 4,18-21. Leer y comentar 13.2.3. El rencor. Toda sanación física comienza con una sanación interior, normalmente dirigida al perdón y la reconciliación. El rencor es causa de enfermedades psicosomáticas y de sufrimientos de distinta índole, generando, además, mala o deficiente comprensión de las relaciones humanas. A la primera persona a quien guardamos rencor es a nosotros mismos, aumentando el complejo de culpa y otras enfermedades mentales que dificultan el fluir poderoso de Dios. El remedio para el rencor es el PERDON: Lc 23,24. Leer y comentar 13.2.4. La avaricia. Tendemos a apegarnos y a apoderarnos de todo lo que nos rodea: dinero, placer, poder, prestigio, posesiones materiales, haciendo que nuestro caminar se vuelva pesado, dificultosos y tormentoso, además de tropezar continuamente. La avaricia lleva a desear las riquezas espirituales y materiales para gozarnos de ellas y mantenernos "por encima" de los hermanos. La causa del sufrimiento es el apego. El remedio para los apegos es el DESPRENDIMIENTO: Lc 9,57-62. Leer y comentar. 30
  • 31. 31 Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com 13.3. El enigma del dolor14 El escándalo del universo no es el sufrimiento sino la libertad. Georges Bernanos ¿Quién es el culpable del dolor? El dolor es una realidad que nos encontramos por todas partes. Que afecta a unos y a otros, a los buenos y a los malos, a los menos buenos y a los menos malos. — Pero Dios podría haber creado el mundo de otra manera, y que todos fuéramos buenos, y nadie tuviera la posibilidad de hacer el mal. Supongo que comprenderás que eso es bastante poco compatible con la libertad humana. Si el hombre es un ser libre, hay que contar con la posibilidad de que emplee mal esa libertad, y de que exista, por tanto, el mal en el mundo. — Pero Dios sabe lo que va a pasar, antes de que suceda. Si ya lo tiene previsto, no somos entonces muy libres. Una cosa es el conocimiento de algo que va a suceder y otra es la responsabilidad de hacerlo. Si yo me asomo a la calle y veo a una persona tirar a otra por la ventana de un quinto piso, sé que se estampará contra la acera, pero saberlo no quiere decir que yo sea el responsable. Dios tampoco. Lo será, en todo caso, el que le haya empujado. Y si veo en diferido un partido de fútbol previamente grabado en vídeo, por el hecho de saber cuál es el resultado final del encuentro no quito a los jugadores la libertad de jugar al fútbol tranquilamente. Algo semejante sucede cuando decimos que Dios sabe lo que va a pasar. No por eso coarta nuestra libertad. — Pero si Dios es omnipotente, ¿no podría haber hecho compatible la libertad con un mundo bueno? ¿No es capaz Dios de hacer cualquier cosa? Ser omnipotente significa tener poder para realizar todo aquello que sea intrínsecamente posible. Pero ya sabes que no todo es intrínsecamente posible. Dios puede sin ninguna dificultad hacer milagros, pero no puede hacer disparates. Y esto no es imponer límites a su poder. Para demostrar que todas las cosas son posibles para Dios, no podemos pretender que haga algo que es intrínsecamente contradictorio (que un círculo fuera cuadrado, por ejemplo). Porque eso, si fuera posible hacerlo –que no lo es–, no demostraría ninguna potencialidad. Quizá podríamos imaginar un mundo –te respondo glosando ideas de C. S. Lewis– en el que Dios corrigiese a cada momento los resultados de los abusos de la libertad de los hombres, obligando a que todos sus actos fueran "buenos" en el sentido que tú dices. Entonces, el palo tendría que volverse blando cuando quisiera usarse para golpear a alguien. El cañón de la escopeta se haría un nudo cuando fuera a ser utilizada para el mal. El aire se negaría 14 Por Alfonso Aguilo. www.encuentra.com 31
  • 32. 32 Comunidad Católica de Evangelización RUAH – www.comunidadruah.com a transportar las ondas sonoras de la mentira. Los malos pensamientos del malhechor quedarían anulados porque la masa cerebral se negaría a cumplir su función durante ese tiempo. Y así sucesivamente. Comprenderás que si Dios tuviera que evitar cada uno de esos actos malos, este mundo sería algo realmente grotesco. Desde luego, toda la materia situada en las proximidades de una persona malvada estaría sujeta a impredecibles alteraciones, sería un auténtico show. Se harían imposibles los actos malos, es verdad, pero la libertad humana quedaría anulada. Dios puede modificar las leyes de la naturaleza y producir milagros –y de hecho a veces lo hace–, y eso es algo ciertamente razonable, pero el concepto de mundo normal exige que tales milagros sean algo poco habitual. Podemos compararlo a una partida de ajedrez. Puedes, si quieres, hacer algunas concesiones a tu adversario inexperto sin alterar mucho el juego. Puedes darle ventaja cediendo unas piezas al comienzo. Puedes incluso dejarle rectificar un error en algún movimiento. Pero si le concedes todo lo que le conviene todas las veces, si le dejas rectificar y volver atrás en todas las jugadas, entonces, entonces no estás jugando al ajedrez. Sería otra cosa distinta. Pues algo así ocurre con la vida de los hombres en este mundo. Si tratas de excluir la posibilidad del mal y del sufrimiento, te encontrarías con que has excluido la libertad misma. Si intentáramos ir corrigiendo a cada momento la Creación, como si este o aquel elemento pudiesen ser eliminados, cada vez nos daríamos más cuenta de que no es posible lograrlo sin desnaturalizarla. El devenir del mundo trae consigo, junto con la aparición de ciertos seres, la desaparición de otros; junto con lo más perfecto, lo menos perfecto; junto con las construcciones de la naturaleza, también las destrucciones; y junto con el bien existe también el mal. ¿Por qué el mal se ceba en los hombres buenos? — ¿Y no podría Dios, al menos, hacer que las desgracias afectaran menos a los hombres buenos? A veces parece como si se ensañaran con quienes menos las merecen. Entonces, cuando hubiera un accidente, Dios tendría que enviar un ángel para poner a salvo de forma extraordinaria a los viajeros virtuosos. Y si una helada destruyera una cosecha, otro ángel tendría que ir para proteger las parcelas del hombre bueno para que así no le afectaran los fríos. Y si se tratara de una inundación, entonces tendría que contener las aguas, como en el paso del Mar Rojo, antes de que destruyeran la vivienda de la familia honrada. Y volveríamos a lo mismo de antes. El mundo está sometido a ciertas leyes generales que Dios no suspende sino de vez en cuando, y esas leyes, por lo general, afectan sin distinción a todos. Ya sabemos que lo que va bien a los corderos, va mal a los lobos, y viceversa. Pero no sería sensato 32