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3debía estar sumisa a Él, la criatura se la atribuyó a sí misma. Hubo una verdadera desviación (elverbo retorquet lo expre...
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La sabiduría cisterciense según san bernardo (3)

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La sabiduría cisterciense según san bernardo (3)

  1. 1. 2012LA SABIDURÍA CISTERCIENSE SEGÚN SAN BERNARDO Fr. Abdón 3.- UNIÓN DE LA GRACIA Y DE LA LIBERTAD 18/09/2012
  2. 2. 2 3.- UNIÓN DE LA GRACIA Y DE LA LIBERTAD La búsqueda mutua del Creador y de su criatura espiritual se identifica concretamente con labúsqueda de una unión, cada vez más íntima, entre la gracia ofrecida y la acogida que le da elconsentimiento de la libertad humana. El símbolo del matrimonio en el Cantar de los Cantaresexpresa por ello para san Bernardo toda la historia de la salvación, una historia de amor. Desdeeste punto de vista aborda el problema de la gracia y el libre albedrío, que en caso contrarioresulta insoluble. Pero esta solución se sitúa a un nivel superior de conocimiento espiritual,próximo a la pureza evangélica de corazón1. Sin embargo, describe esta unidad indisociable concierta precisión. La gracia, dice nuestro autor, actúa con el libre albedrío. Aquella sólo se leadelanta al principio, y después le acompaña, de manera que su acción es siempre simultánea eindivisa. Se trata de una especie de mezcla (mixtim), donde la gracia hace todo y la libertadtambién realiza todo2. Esta unión íntima de la gracia y de la libertad es el fundamento de laespiritualidad de la caridad en san Bernardo. “¿Qué hace el libre albedrío si la gracia lo hacetodo?”, se pregunta él. Su respuesta tiene poco valor en el orden lógico, pero es la única en elorden existencial: “¡Es salvado!” Porque si no se da esta relación, ambos desaparecen. “Quita ellibre albedrío y no habrá nada que salvar; quita la gracia, y no habrá quien salve”. ¿Y cómoactúa la libertad cooperando con la gracia? Consiente, y para ella consentir es ser salvada3. Comose ve, la única perspectiva es la de la obra de la salvación. Pero en este consentimiento reside lavida del monje, porque es la forma de asentir así a la voluntad divina. Esta será la forma de suvida interior y exterior, de toda su vida. Pero el libre albedrío no es la libertad, y menos aún la libertad de los hijos de Dios. Si el librealbedrío, por su misma naturaleza, no puede ser jamás coaccionado, la libertad está debilitada,impedida y maniatada por el pecado y sus propias flaquezas. La libertad necesita ser liberada: enesto consiste el progreso del alma que quiere reconquistar su dignidad original de imagen deDios. ¿Cómo perdió la criatura humana su dignidad de ser libre, su capacidad de conocer y amar aDios sin error y sin defecto? San Bernardo da en el capítulo II del tratado sobre El amor a Diosuna descripción de este alejamiento que es el drama del hombre. Es significativo que sea lalibertad la que, para san Bernardo, haya provocado la caída. La dignidad de la criatura espiritualreside para él en la libertad. Pero en lugar de reconocer que la había recibido de su Creador y que1 Ver CASIANO, Colación XIII, 18: “Cómo puede suceder que Dios obre todo en nosotros y que todo seatribuya siempre a nuestro libre albedrío, es algo que el sentido y la razón humanas son impotentes decomprender plenamente”.2 Gr 47.3 Id 2. 2
  3. 3. 3debía estar sumisa a Él, la criatura se la atribuyó a sí misma. Hubo una verdadera desviación (elverbo retorquet lo expresa muy bien). Al rechazar su relación de dependencia por medio de estaautonomía radical, el alma pierde el conocimiento de Dios y ya no puede amar al quedesconoce4. La dignidad de la criatura humana sólo podía venirle del que la había creado a suimagen. Al alejarse libremente de su Creador, el alma no pierde la imagen, pero sí su semejanzacon la libertad divina, y se halla al margen de la gracia. La frase con que san Bernardo concluyeesta síntesis de la caída es explícita: “Es difícil, e incluso imposible, que el hombre sólo por sus propias fuerzas, o por su libre voluntad, sea capaz de atribuir a la voluntad de Dios plenamente todo lo que de él ha recibido. Más fácil es que lo desvíe (retorquet) hacía sí mismo y lo retenga como propio, como lo confirma la Escritura: Todos buscan sus intereses (Flp 2, 21)”5. En esta perspectiva se sitúa el esfuerzo del monje por renunciar a su propia voluntad, yhacerla común con la de Dios (voluntas communis). Como efecto del orgullo que se opone a la gracia y priva al alma de su vigor 6, ésta se hallasin Dios; sólo el esfuerzo contrario le devolverá la libertad, la verdad y el amor. Seguiremos, portanto, este orden: libertad, verdad, y amor en los capítulos II y III, donde veremos cómo nospresenta san Bernardo la restauración del alma en su belleza de imagen de Dios. La experiencia espiritual más trasparente y fuerte es la del libre consentimiento a la voluntaddivina. Es la experiencia del amor. “Busca al Verbo al que puedas consentir, pues él te da lagracia de consentir”7.4 AmD 3-5.5 Id. 6.6 SC 54, 10.7 Id. 85, 1. 3

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