TEMA 6 - LOS PAISAJES VEGETALES ESPAÑOLES. LA VEGETACIÓN EN CYL.
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1.2 - Los factores humanos.
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constituido por formaciones arbór...
La especie más representativa de este tipo de bosque es la encina. Ésta se encuentra
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PRÁCTICAS. Mapas sobre dominios vegetales españoles generales o específicos. Algunas cliseries
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Los paisajes vegetales españoles. Tema 6 de 2º Bachillerato de Geografía.

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  1. 1. TEMA 6 - LOS PAISAJES VEGETALES ESPAÑOLES. LA VEGETACIÓN EN CYL. La vegetación española presenta una gran riqueza y variedad en la flora, definida por el elevado número de especies presentes en nuestro país (más de 6.000). Sin embargo, su importancia espacial es bastante menor, pues hay una gran escasez de superficie arbolada dentro de nuestro territorio. España es un país dotado de muy pocos bosques, con la particularidad de que los que existen ofrecen en general un aspecto pobre y clareado. 1 - LOS FACTORES DETERMINANTES DE LOS PAISAJES VEGETALES ESPAÑOLES. Esta diversidad de la vegetación obedece a la variedad de factores físicos que la condicionan: clima, relieve, clases de suelo, hidrografía... Pero su gran pobreza desde el punto de vista de su extensión y desarrollo biológico es consecuencia de la acción humana. El paisaje vegetal está formado por plantas no cultivadas, es decir, que no reciben labores anuales, y cuyo desarrollo responde a condiciones naturales. La acción del hombre puede incidir en él de forma muy importante, pero de manera esporádica e indirecta. Por eso, los bosques de repoblación deben considerarse paisaje vegetal y no agrario, ya que una vez repoblados, el medio natural es el determinante de su desarrollo. 1.1 - Los factores físicos. De todos estos factores, el más importante es el clima: éste nos ofrece la diferenciación fundamental de los paisajes vegetales españoles en dos grandes conjuntos zonales o latitudinales: el de la España Atlántica y el de la España Mediterránea; dentro de ésta, también el clima nos hará distinguir con personalidad propia el paisaje del SE, y quizás esta singularidad pueda extenderse incluso a la mayor parte de la España Mediterránea Costera. El factor climático fundamental es la abundancia o escasez de precipitaciones, pues la abundancia de agua favorece una vegetación adaptada a esta característica y la escasez de agua exige unas plantas más austeras en este aspecto. Secundariamente también actúa la temperatura, favoreciendo plantas más termófilas o más resistentes al frío; esto se nota en el tipo de robles, o en la diferencia entre espacios de las sabinas y las encinas. Otro factor relevante es el relieve, que introduce condiciones ecológicas singulares. Con la altitud aumentan las precipitaciones y disminuyen las temperaturas, lo que se traduce en el escalonamiento altitudinal de la vegetación de montaña. Asimismo incide la orientación, estableciéndose también diferencias entre la vertiente de solana (más cálida) y la vertiente de umbría, y entre las vertientes de barlovento (más húmedas) y de sotavento. La unión del factor climático y del factor topográfico crea un paisaje vegetal singular en las Canarias. En escalas mayores, es decir, en espacios más reducidos, resultan también decisivas, por un lado, la hidrografía, que condiciona la aparición del paisaje vegetal de ribera, y, por otro, el tipo de suelos, la edafología, ya que el componente calizo o silíceo de los suelos determina algunas asociaciones y formaciones vegetales específicas. La situación de puente de la Península entre distintas regiones biogeográficas (Eurosiberiana y Mediterránea) ha favorecido la presencia en España de especies vegetales muy diversas. A ello contribuyeron también las glaciaciones, que provocaron las migraciones de especies de mayores latitudes hacia la península. Al mismo tiempo, las barreras físicas peninsulares (Pirineos y cordilleras interiores) y el aislamiento del archipiélago canario, han favorecido el desarrollo de numerosas especies endémicas. 1
  2. 2. 1.2 - Los factores humanos. Al margen de lo natural, la vegetación debe sus caracteres actuales a la acción del hombre a lo largo de los siglos: deforestación (sustitución de los bosques por campos de cultivo, aprovechamiento ganadero u obtención de madera o leña, incendios, expansión de las áreas urbanas y de la actividad turística…) y reforestación, que ha alterado de forma decisiva el paisaje vegetal originario. La mayor parte de la península (90%) corresponde potencialmente a formaciones arboladas de bosque, que, sin embargo, en la actualidad no alcanzan el 20% de su superficie. A- La deforestación. La reducción de los espacios vegetales no es consecuencia sólo de la pérdida de las condiciones ecológicas medias que hicieron aparecer los bosques españoles en la época postglacial, sino también de una secular labor de deforestación. Las sucesivas talas y rozas para la implantación de cultivos, aprovechamiento ganadero (Mesta) o simple obtención de leña, motivaron que el bosque fuese retrocediendo y que la regeneración de las diversas especies arbóreas se hiciese cada vez más difícil y por medio de individuos de porte más modesto, hasta ser sustituido por otras plantas más resistentes al clima (matorrales) o simplemente por la tierra desnuda (eriales o calveros). Pero la deforestación no ha ocasionado el mismo efecto en todas las zonas. Ésta ha adquirido gran importancia y las más graves consecuencias, incluso para la conservación de los suelos, en la España mediterránea. Sin embargo, en la atlántica, por un lado, el carácter más accidentado del terreno ha restado espacio a los cultivos y ha preservado los bosques y, por otro, las condiciones ecológicas actuales, menos alejadas de las iniciales, han hecho más fácil la regeneración arbórea. Por ello, la región atlántica presenta hoy un paisaje vegetal de mucha mayor riqueza forestal, aún contando con amplias extensiones de tojos y brezos -especialmente en Galicia- ocasionadas por el deseo de conseguir pastos para el ganado. B - La reforestación. El hombre, que ha alterado de forma decisiva el paisaje vegetal originario, se ha visto obligado en tiempos recientes a urgentes tareas de repoblación forestal. Pero ésta, hasta fechas muy próximas a nosotros, no ha tendido a reconstruir los paisajes vegetales originarios, sino que se ha hecho basándose en especies distintas de las espontáneas, sobre todo coníferas y eucaliptos, con las que se buscaba una mayor rapidez en el crecimiento en aras de una superior rentabilidad económica; y ello a pesar de que éstas han acentuado los problemas ecológicos, pues han propiciado la proliferación de incendios. Sólo en fechas muy recientes la Política Agrícola Común europea, pretende reorientar la reforestación en un sentido más acorde con las condiciones naturales e impulsar con más fuerza su desarrollo espacial. De todos modos, en las últimas décadas, como consecuencia del abandono masivo del medio rural, se está produciendo en bastantes partes del territorio, un proceso de reforestación natural. 2 - LOS PRINCIPALES DOMINIOS VEGETALES ESPAÑOLES. La interacción de todos estos factores hacen posible la existencia de variados tipos de paisajes vegetales, que se manifiesta en una división zonal, con modificaciones locales: paisajes vegetales de la España atlántica, mediterránea y canaria, a los que hay que añadir las peculiaridades que establecen las condiciones ecológicas de montaña y de ribera. 2.1 - El dominio vegetal latitudinal de la España Atlántica. La vegetación o paisaje vegetal atlántico se extiende aproximadamente por el dominio climático atlántico (cornisas cantábrica y atlántica), zona de temperaturas moderadas, precipitaciones abundantes y regulares, y reducida insolación. Tiene como formaciones vegetales el bosque caducifolio, la landa y el prado. 2
  3. 3. La formación vegetal característica de esta región es el bosque templado de hoja caduca, constituido por formaciones arbóreas frondosas, frecuentemente monoespecíficas, de gran densidad y altura, con hojas anchas y planas que facilitan una intensa transpiración y se caen en otoño. Los árboles más representativos son los robles –que ocupan los suelos silíceos de las zonas más bajas (toleran mal los fríos y las nieves)– y las hayas –que se sitúan preferentemente en los suelos calizos y elevados (no soportan el calor y exigen mucha humedad)–. Otras especies (castaños, fresnos, olmos, tilos...) tienen un carácter secundario, pero se han visto favorecidos por la actuación humana (repoblación). En el sotobosque predominan los helechos, musgo, espinos, boj, arándanos..., en un ambiente sombrío creado por las copas de los árboles. Donde no existe el bosque –resultado de su degradación debido a la acción humana (sobreexplotación, incendios) o a condiciones ambientales más pobres (suelos, altura)– pueden aparecer las landas (un matorral muy denso formado por brezos, enebros, tojos y retama). Esta zona de matorrales sufre con frecuencia quemas y rozas para su aprovechamiento como pastos para el ganado. Cuando la landa desaparece, en su lugar nos encontramos con los prados naturales, que ocupan las laderas y el fondo de los valles. En el sector meridional de la España atlántica (transición al clima mediterráneo) –y en sectores de montaña media– aparece el bosque marcescente (sus hojas se secan en otoño, pero se mantienen el árbol hasta el nacimiento de los nuevos brotes en primavera) de rebollo y quejigo, con árboles de menor porte, más adaptados a la aridez y resistentes al frío. La explotación y los problemas actuales del bosque atlántico. A lo largo del tiempo han ido desapareciendo extensas áreas del bosque caducifolio, reducido hoy a un 10% de su antigua extensión. La uniformidad de especies que se da en los bosques atlánticos –hayedos, robledales...– favorece la explotación industrial de cada especie (leña, muebles, construcción...). El pastoreo, las roturaciones para ganar terreno para la agricultura y los incendios son otros enemigos del bosque caducifolio. En tiempos recientes se han repoblado grandes extensiones con árboles de rápido crecimiento y buen aprovechamiento económico, como el pino y el eucalipto. Estas especies colaboran al empobrecimiento del suelo (acidificación) y favorecen la propagación de los incendios forestales. Hoy uno de los principales atractivos y fuente de recursos económicos del bosque atlántico es su conversión en espacio de ocio. 2.2 - Los dominios vegetales latitudinales de la España Mediterránea Interior y Costera. El paisaje vegetal mediterráneo se extiende por Baleares y el espacio peninsular de clima mediterráneo, caracterizado por la existencia de una importante aridez estival y de precipitaciones escasas e irregulares. El paisaje vegetal mediterráneo español ofrece, en razón de los diferentes matices de temperaturas y precipitaciones, mayor variedad que el de la zona atlántica. Las formaciones vegetales características del dominio mediterráneo son el bosque perennifolio mediterráneo y el matorral. La vegetación mediterránea se adapta a las condiciones climáticas y da origen al bosque de hoja perenne (“bosque mediterráneo”). Esta formación vegetal se presenta en masas poco compactas, con árboles de tamaño pequeño, y se adapta a la aridez mediante diversos sistemas: árboles de tronco leñoso y corteza gruesa y rugosa, que se ramifican pronto y dan lugar a copas amplias y cerradas para aumentar la sombra y reducir la insolación y la evaporación, evitando que el calor llegue al suelo; raíces profundas, a fin de aumentar su área de alimentación y aprovechar al máximo la humedad; y hojas pequeñas cubiertas de cera o resina, con poros en el envés, para reducir la evapotranspiración. Las hojas, por otro lado, tienen carácter perenne, para no gastar energía en primavera en su renovación. 3
  4. 4. La especie más representativa de este tipo de bosque es la encina. Ésta se encuentra extendida por toda la península. No obstante, dicha extensión ha retrocedido considerablemente por las roturaciones (por el obstáculo que representan los árboles para la mecanización agraria y el regadío), sustituyéndose por cereales, viñedos y olivos, y quedando reducida en muchos casos a una situación marginal (montes). Hoy se concentra en las penillanuras del oeste peninsular, donde se han conservado gracias al sistema de la dehesa, que consiste en aclarar el bosque y combinar el aprovechamiento de su fruto, su leña y su madera con la agricultura y el pastoreo. En las zonas más húmedas, de temperaturas más suaves y suelos silíceos (Extremadura, norte de Cataluña, golfo de Cádiz), la encina es sustituida o alterna con el alcornoque. También son importantes las formaciones de pinares, que se han extendido por amplias zonas como consecuencia de la intervención humana (repoblación), por su mayor rapidez de crecimiento y por el aprovechamiento económico de su resina y de su madera (construcción, muebles, aglomerado y pasta de papel). Entre los árboles, al penetrar la luz, se desarrolla un sotobosque rico de arbustos de tipo leñoso: madroño, coscoja, lentisco, jara… Cuando el bosque mediterráneo se degrada se dan formaciones de matorrales: - En los suelos silíceos y de clima menos seco se desarrolla la maquia, formación densa de arbustos y matas en la que abundan madroños, brezos, acebos... - En las zonas más secas y en terrenos calizos aparece la garriga, matorral menos denso y de menor altura (romero, tomillo, espliego) con discontinuidades o calveros que a veces ocupan gran extensión. - En los enclaves semiáridos y en zonas donde la garriga ha sido degradada por la acción humana aparece la estepa. La sequedad y el calor sólo permiten el desarrollo de masas de arbustos espinosos y bajos (palmito, tomillo, plantas esteparias...), discontinuos, que dejan al descubierto suelos pobres. Estas plantas xerófilas consiguen superar las condiciones creadas por la sequía gracias a una serie de adaptaciones: enorme desarrollo de las raíces, hojas en púa, revestimiento ceroso... para reducir la transpiración. Vegetación de ribera. En las zonas húmedas de las riberas de los ríos se desarrollan bosques caducifolios, favorecidos por la humedad del suelo que les permite evitar el largo período de sequía estival, que caracteriza al clima mediterráneo. Esta vegetación de ribera está formada por sauces, alisos, chopos, fresnos, olmos..., dispuestos en bandas longitudinales desde el borde del cauce del río al exterior. 2.3 - Las modificaciones introducidas por la montaña en el paisaje vegetal Peninsular y Balear. Las montañas españolas son en general mucho menos ricas en bosques que las europeas, sobre todo las del área mediterránea, en las que dominan, por encima de las altitudes medias, los arbustos pobres. El factor responsable es la mayor aridez estival que afecta a toda esta zona climática, aunque las vertientes expuestas al Oeste y los valles representan sectores importantes de verdor. En general, una mayor abundancia de precipitaciones y un progresivo enfriamiento de las temperaturas originan unas masas de árboles que contrastan con la vegetación de las llanuras cercanas. Por otra parte, las asociaciones y formaciones vegetales presentan un escalonamiento (cliserie vegetal) a medida que se asciende, debido, primero, al aumento sobre todo de las precipitaciones en las altitudes medias; después, al descenso, ya notable, de las temperaturas en 4
  5. 5. las zonas más elevadas, y más arriba, al aumento fuerte del viento. Este escalonamiento ofrece diferencias según la orientación de las vertientes (barlovento, sotavento; umbría y solana). Si tenemos en cuenta la diversidad climática peninsular, es lógico pensar que la acción del relieve y su influencia en la vegetación será distinta según el medio climático en que se encuentre la montaña, así, diferenciaremos: a) La montaña alpina (Pirineos), que consta de los siguientes pisos bioclimáticos: • En el piso basal (hasta los 800-1000 m) aparecen formaciones vegetales similares a las de las zonas llanas limítrofes: bosque atlántico (robles) o mediterráneo (encinas, carrascas). • El piso montano (hasta los 1800 m) se caracteriza por la presencia del bosque caducifolio (bosques de hayas, en ocasiones en formaciones mixtas con coníferas). • En el piso subalpino (1800-2400 m) la vegetación está formada principalmente por coníferas (abeto, pino negro, pino silvestre), resistentes al frío y la nieve (árboles de gran altura, forma piramidal y ramas horizontales u oblicuas al suelo, para dificultar que la nieve se acumule en ellas). • El piso alpino o supraforestal (2400-3000 m), cubierto gran parte del año de nieve, es el dominio del prado de alta montaña. • En el piso nival (por encima de 3000 m) sólo crecen plantas rupícolas (adaptadas a vivir en las rocas: líquenes y musgos). b) En el resto de las montañas peninsulares no aparece el bosque de coníferas en el piso subalpino. • En el piso basal (hasta los 800 m) predomina el bosque característico de su zona (caducifolio en la atlántica y perennifolio en la mediterránea). • El piso montano o forestal (hasta los 1.800 m) desarrolla el bosque caducifolio (hayas en las vertientes y zonas más húmedas y frías; rebollos y quejigos en las más cálidas). • El piso supraforestal o alpino (por encima de 1800 m) está formado por pequeños arbustos cuyo tipo varía según el clima: landas (enebros, brezos...) en la zona atlántica, y enebros y sabinas – sustituidos en mayores cotas por matorral espinoso (piornal)- en la zona mediterránea. • Por encima del piso supraforestal aparecen los prados, reducidos en el área mediterránea al fondo de los valles y otras zonas húmedas. 2.4 - El paisaje vegetal de Canarias (región macaronésica) La vegetación de las islas Canarias presenta una gran riqueza fruto de su insularidad y de sus peculiares condiciones climáticas (aridez en la costa y precipitaciones abundantes en altitud -“mar de nubes”-), litológicas (suelo de origen volcánico) y de relieve, con un elevado número de endemismos. El dominio vegetal canario se presenta escalonado a lo largo de las llanuras costeras, las medianías y las cumbres, con contrastes entre las vertientes septentrionales (más húmedas, por los vientos alisios) y las meridionales. Las llanuras costeras ofrecen un piso basal (hasta los 400m) xerófilo, constituido por una vegetación rala, discontinua y áspera, bien adaptada a la aridez (chumberas, esparto, cardones, tabaibas...). En zonas de mayor humedad o altura aparecen la sabina, el drago o la palmera. Las medianías (entre los 400 y 2000m), aunque con diferencias entre una y otra vertiente, llegan a tener un piso montano húmedo –con bosque de laurisilva (muy denso y compuesto por más 5
  6. 6. de veinte especies)– y, encima, un piso montano seco –a base de pino canario, más resistente a la aridez y al frío–. Las cumbres están ocupadas por un matorral de montaña (retamas, codesos...). En las altas cumbres se asientan especies rupícolas, como la violeta del Teide. 3 - LA DIVERSIDAD BIOGEOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN La vegetación de Castilla y León, como la de España, está determinada fundamentalmente por el clima y por el relieve, desde el punto de vista natural, y por factores históricos y económicos, desde el punto de vista humano. 3.1. Los factores determinantes Castilla y León posee en la mayor parte de su territorio un clima mediterráneo interior y en su periferia uno de montaña, a los que se suman unos reducidos espacios de transición entre el atlántico y el mediterráneo. En función de ellos, su vegetación es predominantemente perennifolia (constituida por el monte mediterráneo), con la aparición además de una cliserie vegetal, aunque incompleta, en las zonas de montaña. Hasta los años 60 del siglo XX el bosque ha ido retrocediendo debido sobre todo a la roturación para su conversión en tierras de cultivo, dada la gran extensión de campiñas, páramos y penillanuras. Durante las fases de crecimiento tanto de la segunda mitad del siglo XV y gran parte del XVI como a lo largo del siglo XVIII, se realizaron una serie de roturaciones fraudulentas en muchos casos, que posteriormente fueron legalizadas. A finales del siglo XIX el mayor crecimiento de la población provoca nuevas roturaciones en los bosques que constituían los bienes propios de los Ayuntamientos –Desamortización de Madoz-. El resultado fue la desaparición de gran parte de los montes de encinas municipales, que se habían dedicado al pasto del ganado o a la saca de leña por los vecinos, como en los Montes Torozos. En cambio, a partir de 1960 –en función de la fortísima emigración rural experimentada en nuestra comunidad- el proceso se ha invertido. Así, muchas zonas de montaña, poco aptas para el cultivo moderno, se han abandonado y se están reforestando de forma espontánea; lo mismo ha sucedido con las tierras menos fértiles de la Meseta, al emigrar sus antiguos cultivadores. Por ello, en nuestra comunidad, al igual que en el resto de España, ha aumentado la superficie forestal en relación con la de mediados del siglo XX. 3.2. Los rasgos vegetales específicos de Castilla y León. El dominio vegetal predominante en Castilla y León es el bosque mediterráneo, que se extiende por la cuenca sedimentaria y las penillanuras del Oeste. En las penillanuras predominan los encinares, transformados en su mayor parte en dehesa. En las penillanuras de la provincia de Salamanca ocupan un lugar significativo los alcornocales, aprovechando los suelos silíceos y un cierto grado de mayor humedad. En las cuencas sedimentarias, el bosque mediterráneo de encinas ha sido sustituido por los campos de cultivo, interrumpidos por manchas de pinares de repoblación. Los pinares destacan en los suelos arenosos del Sur del Duero (pinos piñoneros en torno a Iscar, y pinos resineros en el área de Cuéllar). En los páramos más elevados y fríos del Este (provincias de Soria y Burgos) aparecen los sabinares. Estas formaciones boscosas se complementan con un matorral mediterráneo –compuesto de garriga sobre los suelos secos de los páramos y de maquia sobre los suelos silíceos de las penillanuras y en las campiñas–. Es frecuente también la aparición de auténticos calveros en las 6
  7. 7. laderas de colinas o cuestas, como consecuencia de antiguas roturaciones abusivas y el posterior abandono del cultivo. En las zonas más húmedas, de transición a la montaña, sobre todo del Norte de la cuenca sedimentaria, con precipitaciones superiores a los 600mm y menores de 1.000, aparecen los rebollares y quejigares. Por último, el dominio vegetal de montaña ocupa los bordes de Castilla y León. En las montañas septentrionales abundan sobre todo los robles y las hayas, acompañados de un sotobosque de carácter más bien atlántico, como los helechos. En las montañas del Este y del Sur, tras una presencia reducida de ambas especies (robles y hayas) se desarrolla sobre todo el piso montano superior de los pinos silvestres o pinos de montaña, especialmente significativos en la Sierra de la Demanda. En las zonas más altas predomina el matorral y los prados. ________________________________________________________________________________ CONCEPTOS. Formación vegetal, matorral, vegetación xerófila, suelo, bosque caducifolio, cliserie, repoblación forestal, bosque mediterráneo. FORMACIÓN VEGETAL: Conjuntos de vegetación individualizados por su aspecto exterior o fisonomía y por su grado de desarrollo. Pueden diferenciarse las formaciones arbóreas (bosque o monte), las arbustivas (matorral) y las herbáceas (prado). MATORRAL: Formación vegetal de carácter leñoso o arbustivo y de escaso desarrollo vertical. Hay formaciones de matorral propias del dominio atlántico, como la landa, y otras típicas del dominio mediterráneo, como el maquis o maquia y la garriga. VEGETACIÓN XERÓFILA: Plantas que se adaptan con facilidad a la aridez. Por ello ofrecen una fisonomía peculiar con unas raíces muy largas -con que poder captar la escasa agua existente-, un tronco leñoso, unas hojas endurecidas y reducidas en su número, para evitar las pérdidas por evaporación. SUELO: Parte superficial de la corteza terrestre compuesta de roca alterada física y químicamente y de materia orgánica, lo que permite que se desarrollen innumerables microorganismos y vida vegetal en su nivel superior. Cada especie tiende a colonizar un tipo de suelo, existiendo por ejemplo especies silícolas, como el alcornoque, y especies calcófilas, como el roble albar. BOSQUE CADUCIFOLIO: Formación arbórea propia de las zonas templadas de clima atlántico, que se caracteriza por disponer de especies frondosas, cuyas hojas se caen durante el período invernal. Los árboles más característicos son los robles, hayas, castaños, fresnos etc. Estas hojas suelen ser planas, por lo que este bosque se denomina también planicaducifolio. CLISERIE: Sucesión vegetal (“pisos de vegetación”) que se extiende por la vertiente de una montaña como consecuencia del escalonamiento climático que introduce el relieve montañoso. También se denomina cliserie al gráfico esquemático que refleja esta distribución escalonada de la vegetación. REPOBLACIÓN FORESTAL: Es el proceso inverso a la deforestación, es decir, supone la creación de espacios vegetales, sobre todo, a base de formaciones arbóreas. Habitualmente se ha hecho a través de la acción humana. Es sinónimo de reforestación o forestación. BOSQUE MEDITERRÁNEO: también denominado esclerófilo o perennifolio. Formación vegetal propia del clima mediterráneo, caracterizada por el mantenimiento de sus hojas a lo largo de todo el año. Las especies más abundantes son la encina, el pino y el alcornoque. Estos árboles presentan rasgos adaptados a la aridez, tanto en las hojas como en los troncos y raíces. ________________________________________________________________________________ 7
  8. 8. PRÁCTICAS. Mapas sobre dominios vegetales españoles generales o específicos. Algunas cliseries significativas (Pirineos, Sistema Central, Sistema Ibérico, Cordillera Cantábrica). Ejemplos en el libro: -Cómo comentar una cliserie: página 109. -Ejemplo de cliserie de montaña: página 97. -Mapa de vegetación de España, pág. 92. -Mapa de suelos de España, pág. 101. -Mapas de distribución de especies arbóreas: páginas 93-94. 8

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