CATILINA,Hijo de su tiempoAarón Balda2 de mayo de 2013
1El presente trabajo pretende contextualizar los acontecimientos golpistas que se dieron lugara mediados de la década del ...
2solo la cabeza visible que destacó sea porque Manlio así lo quiso, sea por su influencia familiar.Hay que recordar que de...
3de hecho, así resume la intervención en la que pronunció su primera Catilinaria Cicerón: [31]“Tum M. Tullius consul, sive...
4- Intervenir el sistema de las magistraturas acotando las funciones de las ya existentes ycreando nuevos puestos con atri...
5setenta mil veteranos. La mayoría de estas tierras fueron expropiadas, pero los legionarios allísituados no mediaron en e...
666 a.C. pero por sospechas hacia personas afines a él y, sobre todo, porque los otros candidatosa cónsul (entre los que d...
7primera catilinaria no es del todo precisa7). De hecho la controversia sobre la partida exacta deManlio y los motivos por...
8En efecto los sectores más pobres de la sociedad romana, como señala Wulff, toman comolíder a quien les asegure el susten...
9rápidamente, pues en enero el ejército consular interceptó y puso en fuga a las tropas enemigasmatando a Catilina y a Man...
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CATILINA, hijo de su tiempo
Aarón Balda
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Catilina, hijo de su tiempo

  1. 1. CATILINA,Hijo de su tiempoAarón Balda2 de mayo de 2013
  2. 2. 1El presente trabajo pretende contextualizar los acontecimientos golpistas que se dieron lugara mediados de la década del 60 a.C. en Roma, bautizado el del 66 por Salustio como laconjuración de Catilina. Para ello, en primer lugar, se revisarán las fuentes de primera mano quehan permanecido. Después se hará una presentación histórica del momento haciendo hincapiéen los sucesos precedentes. A continuación se expondrán las revueltas de 66 y 63 a.C. Porúltimo, se darán algunas conclusiones generales.Las fuentesEn lo relativo a la historia antigua este es siempre un apartado complejo relativamenteárido: bien existe una falta notable de testimonio escrito, bien este es parcial y/o literario por loque resulta difícil desligar la realidad histórica de la parcialidad del autor. En este caso lasituación es razonablemente favorable: hay dos autores contemporáneos cuyas referenciasdirectas de las conjuraciones tienen puntos de vista distintos. Además, el modo en que estasobras se escribieron (y el objetivo al que sirven) permiten creer sin demasiada distancia sucontenido:-Contra Catilina o Catilinarias: Cuatro famosos discursos del entonces cónsul Cicerónpronunciados en el 63 a.C. Es evidente que, como fueron publicados mucho después que lasrevueltas fueran sofocadas y Catilina yaciera muerto, se alteraron notablemente para enaltecer alpropio Cicerón. No obstante, incluso si el cónsul pretendía mediante mecanismos retóricos darrelevancia a su figura y al papel que cumplió en la protección del estado, hay que recordar quemuchos de sus lectores eran contemporáneos y vivieron el terror de aquellos días en sus propiascarnes.Este dato permite suponer que Cicerón tuvo que ceñirse, no a la literalidad de las palabrasque pronunció ante el senado y el pueblo romanos, sino a los hechos históricos, quedandolimitada su capacidad para la hipérbole. En particular destaca el primer discurso, que pronuncióante el senado el 8 de noviembre, estando presente Catilina, porque la raíz de la conclusión de larevuelta que casi acaba con su vida residió en los apoyos políticos que se procuró gracias a estediscurso. En efecto, incluso si se desconoce la respuesta de Catilina o el tono en que se dirigió alos senadores y en particular al magistrado enemigo, es evidente que el efecto del discurso fuedirecto: Catilina tuvo que huir de Roma y fue acogido por el ejército de Manlio.En líneas generales diremos que el sesgo parcial de Cicerón, en tanto que estuvodirectamente implicado en los acontecimientos es relevante a la hora de acercarse al modo enque trata al supuesto protagonista: [Cat. I, 5] “Si te iam, Catilina, comprehendi, si interficiiussero, credo, erit verendum mihi, ne non potius hoc omnes boni serius a me quam quisquamcrudelius factum esse dicat.[…]Tum denique interficiere, cum iam nemo tam inprobus, tamperditus, tam tui similis inveniri poterit, qui id non iure factum esse fateatur.” “Si ahoraordenara que te prendieran y mataran, Catilina, creo que nadie me tacharía de cruel, y temo quelos buenos ciudadanos me juzgaran tardío. Pero lo que ha tiempo debí hacer, por importantesmotivos no lo realizo todavía. […] Morirás, Catilina, cuando no se pueda encontrar ninguno tanmalo, tan perverso, tan semejante a ti, que no confiese la justicia de tu castigo.”Es tan solo una imagen de la capacidad para la hipérbole que mencionaba antes; lademonización de Catilina solo puede entenderse en un contexto en que este ya ha sido vencidoy, por tanto, el vencedor puede recrearse con la imagen de una quimera decapitada. Pero ante elresto de senadores resulta poco verosímil que esta retahíla pueda ser sostenida sin que secensure al cónsul de, para empezar, demagogo: Catilina no era el agente de su conjuración, tan
  3. 3. 2solo la cabeza visible que destacó sea porque Manlio así lo quiso, sea por su influencia familiar.Hay que recordar que de fondo existe una lucha política razonablemente sangrienta y que de unade sus facciones más radicales, los populares, Catilina solo es un exponente.-De coniuratione Catilinae: Escrita ca. 43 a.C. (aunque de datación dudosa: terminus postquem la muerte de César1y, tal vez, la de Cicerón, como señala J.M. Pabón), es una monografíahistoriográfica que tiene como tema fundamental la revuelta del 63 a.C. Sobresale el trato queSalustio da a la figura de Catilina, que resulta equilibrada, desde un punto de vista que pretendeponer de relieve los defectos morales del delator:(V, 1) “L. Catilina, nobili genere natus, fuit magna vi et animi et corporis, sed ingenio malopravoque. Huic ab adulescentia bella intestina, caedes, rapinae, discordia civilis grata fuereibique iuventutem suam exercuit. Corpus patiens inediae, algoris, vigiliae supra quamquoiquam credibile est. Animus audax, subdolus, varius, quoius rei lubet simulator acdissimulator, alieni appetens, sui profusus, ardens in cupiditatibus; satis eloquentiae, sapientiaeparum. Vastus animus immoderata, incredibilia, nimis alta semper cupiebat.” “Lucio Catilina,oriundo de noble linaje, estaba dotado de gran fortaleza tanto de alma como de cuerpo, pero sunaturaleza era malvada y retorcida. Le agradaban desde su juventud las guerras civiles, lasmuertes, las rapiñas y las querellas entre ciudadanos: en todo se ejerció durante sus primerosaños. Su cuerpo resistía de sobremanera el ayuno, el frío y el insomnio; su espíritu era osado,insidioso, múltiple, le gustaba disimular y engañar, ávido de lo ajeno, pródigo de lo propio,ardiente de deseos; con no escasa elocuencia, aunque poco conocimiento. Su ánimo extensocontinuamente deseaba lo desmedido, lo increíble, lo demasiado elevado.”Resulta difícil ignorar que entre sus atributos físicos destaque aquellos que son propios dellinaje de un guerrero corpus patiens inediae; las capacidades mentales y retóricas también sepresentan positivamente animus audax, ardens in cupiditatis esa excelencia, que le viene defamilia, queda corrompida por sus ansias desmedidas de poder. Estas quedan plasmadas con lossustantivos caedes, rapinae, y discordia civilis que están recogidas en bella intestina a modo depreludio de lo que su conjuración supuso para el estado. Probablemente Salustio ve a Catilinacomo un joven prometedor que ha tomado las decisiones equivocadas y está dispuesto a lograrlotodo. Es, en resumen, una descripción más humana y, por tanto, más cercana a la figurahistórica.El punto más favorable que tiene tomar como referencia estos dos autores es el hecho deque políticamente pertenecieran a facciones distintas: Salustio, como él mismo deja caer en másde una ocasión en su obra2, es popular y seguidor de César (destacan en particular sus apoyos enla guerra civil, que le valieron la reincorporación al senado sobre 48 a.C.); su carrera, noobstante, no carece de irregularidades: fue cuestor (54 a.C.) y tribuno de la plebe (52 a.C.), peroen el 46 lo encontramos ya como pretor con César en África. Por esto debemos suponer que sualianza política con el aún joven Julio le ayudó a estimular su carrera. En su obra, la figura deCésar queda puesta de relieve y la de su enemigo político, entonces cónsul, prefiere disimularla:1En 54, 1 se refiere a él: “Igitur iis genus, aetas, eloquentia prope aequalia fuere, magnitudo animipar, item gloria, sed alia alii. Caesar beneficiis ac munificentia magnus habebatur, integritate vitae Cato.”y especialmente en “In altero miseris perfugium erat, in altero malis pernicies.” que parece usarse comofórmula de reverencia póstuma.2Cf. Coniurat. Cat. 51: discurso de César; especialmente el modo en que se le introduce en 50 y lasdescripciones sentenciosas de 53 - 54: “Sed memoria mea ingenti virtute, divorsis moribus fuere viri duo,M. Cato et C. Caesar. Quos quoniam res obtulerat, silentio praeterire non fuit consilium, quin utriusquenaturam et mores, quantum ingenio possum, aperirem.”
  4. 4. 3de hecho, así resume la intervención en la que pronunció su primera Catilinaria Cicerón: [31]“Tum M. Tullius consul, sive praesentiam eius timens sive ira conmotus, orationem habuitluculentam atque utilem rei publicae, quam postea scriptam edidit.” “Entonces el cónsul MarcoTulio, enfadado bien por su presencia, bien por su propia ira, pronunció un discurso brillante yefectivo para el estado, que más adelante publicó escrito.” No se puede decir que sea unavaloración particularmente dura ni exhaustiva; tan solo los adjetivos luculentam y utilem, queson neutros dan, a entender que acepta la capacidad política del contenido de este discurso.En cuanto a Cicerón, a pesar de que practica una política que se adapta a la conveniencia delmomento, defiende los intereses del partido optimate durante su consulado, esto quedasubrayado por el hecho de que se interpone en la conjura de un radical popular, repudiado por supropio partido3, lo que hace que destaque aún más su enemistad política. Destaca en él que,como Salustio y a diferencia de Catilina, es un homo novus, hecho por el que es tachado y élmismo menciona que Catilina se considera superior a él.No obstante, es necesario recordar que la mayoría de historias de Roma han tenido estos dostestimonios como referencia fundamental (por ejemplo, Amiano Marcelino cita a Ciceróndirectamente más de treinta veces), por ello nuestro objetivo no es otro que releer las fuentes y,situando el acontecimiento en su momento histórico, extraer cuál pudo ser la verdadera realidadde la conjuración golpista y qué papel jugaba Catilina en ella: si realmente fue nuclear o tan solofue inculpado injustamente por sus enemigos políticos. Es decir, separar el mito arraigado en laconciencia colectiva de la realidad.El contextoDestaca la época por ser realmente convulsa tanto en Roma como fuera de ella; pero lasconjuraciones de la década del 60 a.C. no suponen un hecho aislado, sino que sigue a una seriede episodios en los que las vicisitudes de la guerra política dan como resultado que un sector dela población, que no tiene acceso al poder, trate de revelarse contra la clase dominante queacapara, monopoliza y vierte sangre por ese poder. Uno de los sucesos que mayor relevanciatuvo en el contexto histórico de Catilina fue el golpe de estado dictadura de Sila (81-80 a.C.),cuyas consecuencias resumo en pocas líneas:De un lado, la llamada constitución silana, que es el conjunto de reformas que aprobódurante su dictadura y que pretendía:- Reducir el poder de los magistrados cum imperio dentro del ager romanus. En especialquería evitar que los ejércitos provinciales fuesen demasiado poderosos como parapoder enfrentarse a Roma y, en definitiva, pudiera volver a darse una situación tal comola que su levantamiento militar produjo. A esto ayudó una reorganización del sistematerritorial de las provincias y de su administración desde Roma; no solo limitaba elpoder de los magistrados a cada provincia, sino también sus efectivos inmediatos.3Este es un tema controvertido, ya que Craso parece apoyar a Catilina y fue él quien aportó unaayuda considerable en su primera campaña al consulado, como señala Pabón. No obstante, que Crasofuese quien denunciara la conjura ante Cicerón, hace pensar que este ya tenía en mente una futura alianzacon Pompeyo y pretendía buscarse aliados en el senado. No obstante cf. praeterea se missum a M. Crasso,qui Catilinae nuntiaret, ne eum Lentulus et Cethegus aliique ex coniuratione deprehensi terrerent eoquemagis properaret ad urbem accedere, quo et ceterorum animos reficeret et illi facilius e periculoeriperentur. Y el modo en que se menciona a Craso en 48: Alii Tarquinium a Cicerone inmissum aiebant,ne Crassus more suo suspecto malorum patrocinio rem publicam conturbaret. Ipsum Crassum ego posteapraedicantem audivi tantam illam contumeliam sibi ab Cicerone inpositam.
  5. 5. 4- Intervenir el sistema de las magistraturas acotando las funciones de las ya existentes ycreando nuevos puestos con atribuciones específicas. A parte de modificar la edadmínima en que se podía entrar a formar parte del cursus honorum, privó de imperiummilitiae a las magistraturas superiores cum imperio en Italia. La limitación del podermilitar quedaba restringida a Roma y, por tanto, su ampliación, dotó de mayorimportancia jurídica a los territorios itálicos. A este punto es recomendable recordar queSila en los años 91-89 a.C. frenó una serie de revueltas, conocidas como la guerrasocial, que fueron causadas por ciudades aliadas de Roma que, debido a la distinciónjerárquico-categórica de las ciudades itálicas, se revelaron y declararon independientesde Roma.Sila pretendía evitar que esto volviese a suceder y, a la serie de concesiones deciudadanía romana que se dio durante la propia guerra (como la lex iulia de 90 a.C., quepremiaba a todos los aliados no sublevados con), añadió las restricción del imperium loque las hacía semejantes a Roma.- Cambiar el control de los tribunales de justicia. Desde la reforma de Gayo Graco (123a.C.), esto habían pasado a ser controlados por el ordo equester4para limitar lacapacidad de los senadores. No obstante, en un intento por reestructurar las bases delpoder de la nobilitas, estas atribuciones les fueron devueltas al ordo senatorialis.También limitaba las rogationes tal como las establecía la lex hortensia (127 a.C.)- Limitar las capacidades del tribunado de la plebe. Este no solo perdía su capacidadlegislativa, al no poder presentar propuestas de ley a la asamblea de la plebe sin laratificación y aprobación del Senado; sino que también excluía a los tribunos de la plebedel acceso a cualquier magistratura del cursus honorum, prohibiendo además que untribuno de la plebe pudiera ser reelegido; también se privaba a la magistratura delderecho de veto (ius intercessionis) que tantaas veces llegó a paralizar la políticasenatorial.En resumen, las reformas de Sila pretendían guiar la república y evitar una actuación militardesmedida que fortaleciese a un solo individuo que pudiese marchar sobre Roma y reformular elsistema republicano para rehacer la oligarquía. Pues sus características tradicionales habían sidorecortadas en el último siglo de tal modo que el poder de la nobilitas fue reduciéndose. Dehecho, el sistema permitía destacar a los individuos por encima del poder senatorial, haciendoposibles regímenes de una marcada autocracia militar, como los que vendrían a darse en losaños siguientes hasta el principado.Aunque los principios legislativos que Sila aprobó brindaban al Senado la posibilidad detomar las riendas, el ejército encabezó revueltas en los años siguientes5y magistrados comoEmilio Lépido, perteneciente a la facción popular, derogó algunas de sus reformas (haciendoque volviese a repartirse trigo entre la población romana, lo que indudablemente llevaba a cabouna compra masiva de votos y de apoyos populares) y expulsó de las tierras concedidas enEtruria a muchos de los veteranos de Sila.En efecto una de los cambios que mayor relevancia tuvo para la revueltas de 66 y 63 a.C. yque fue consecuencia directa del régimen de Sila fue la concesión de tierras itálicas a más de4En realidad, la reforma judicial del tribuno de la plebe era más lata, ya que dictaba que los jueces nopodrían ser reclutados del orden senatorial; aunque la consecuencia clara fue que el ordo equester acabópor monopolizar estos cargos.5Destacaremos, por ejemplo, la de Sertorio en Hispania en 83 - 78 a.C., que fue de una gran crueldady pudo considerarse una verdadera guerra civil en territorio provincial.
  6. 6. 5setenta mil veteranos. La mayoría de estas tierras fueron expropiadas, pero los legionarios allísituados no mediaron en el proceso, tan solo percibieron el pago por sus servicio militar (esnecesario recordar que licenciar a todos estos soldados era algo necesario para poder pacificarRoma, después de la gran movilización de tropas que llevó a cabo Sila). No obstante, comoseñalábamos, Lépido recuperó para sus antiguos propietarios algunas de estas tierras suscitandotensión con los veteranos, cuyas inclinaciones políticas pasaron a acercarse al sector másradical. Esta situación de inestabilidad se vio acentuada por la crisis económica, fruto de lasucesión de las guerras.La década de 60 a.C.Podríamos resumir la situación de esta época en palabras de Salustio:(Yug. 41) “Namque coepere nobilitas dignitatem, populus libertatem in libidinem vertere,sibi quisque ducere trahere rapere. Ita omnia in duas partis abstracta sunt, res publica, quaemedia fuerat, dilacerata.” “En efecto, la nobleza comenzó a forzar hasta los límites de losoportable su derecho a la dignitas, y el pueblo su derecho a la libertas; cada uno trataba decobrarlo todo o de arrebatarlo para sí mismo. Y, así, todo caía hacia una u otra parte y la respublica, que era el elemento de discordia, quedó destrozada.”Salustio se refiere a los continuos intentos de la nobleza por hacerse con el poder de maneraindividual: el más claro ejemplo lo constituye Pompeyo (en 66-63 a.C.), quien tras vencer aMitrídates en el Ponto, acumuló en su persona un gran poder militar ya que tuvo bajo controltodo oriente. Esto contribuyó a que acumulase también poder económico (en forma de clientelainfluyente y de dinero como botín de guerra). El Senado no podía refrenarlo ya que la mayoríade personajes ambiciosos del momento, como Cesar o Cicerón, requerían del apoyo dePompeyo y de sus seguidores y compañeros. En este caso, la imagen del magistrado quedadesdibujada a favor del privatus que combate por sus propios medios: el estado le dio facultadespara esgrimir tal poder militar, pero sus victorias le permitieron doblar el alcance de suambición y hacerse con mucho más.La nobleza, para obtener dignitas y su materialización, la elección en las más altasmagistraturas o la obtención de poderes extraordinarios (que era el método más utilizado a partirde las limitaciones de las magistraturas que ordenó Sila), se valió de todos los recursosdisponibles. Hasta el uso de la violencia y la sedición. La cuestión es si Catilina forma parte deese grupo de nobles ambiciosos que pretenden acumular en sí todo el poder posible. Lo cierto esque las fuentes apuntan en esa dirección y lo tachan de partidario de Sila, tiranófilo y ambicioso,como hemos visto. No obstante, su conjura probablemente no era suya, es decir, Catilina no erala cabeza de la conjuración de Catilina6.La conjura del 66 a.C.En primer lugar hay que decir que las fuentes son confusas respecto a su implicación en esteintento de golpe de estado. Faltan datos y es conocido que las fuentes más alejadas confunden laconjura del 66 con la de 63; lo que parece seguro es que se presentó como candidato a cónsul en6Nos referimos como culpables al grupo de conjurados, entre los que destacan senadores,ajusticiados por Cicerón sin posibilidad de apelar, tras el episodio de los alóbroges. Cicerón incluso llegaa insinuar que destacados senadores, como César, participaron a favor de esta revuelta golpista (hay querecordar que él pide el exilio para los nobles ajusticiados); probablemente se trate de consideracionespartidistas.
  7. 7. 666 a.C. pero por sospechas hacia personas afines a él y, sobre todo, porque los otros candidatosa cónsul (entre los que destaca el heredero de los pisones) obtuvieron el apoyo de Pompeyo y desus partidarios, no fue elegido. También se le acusa de haber intentado una pequeña revueltademagógica para atraerse el apoyo del pueblo, pero fue absuelto. Probablemente Catilina solohaya sido incluido en base a rumores, ya que era Craso, conocido detractor de la políticapompeyana, quien era entonces censor.El 64 a.C., Catilina había sido llevado de nuevo a juicio, aunque en esta ocasión por supapel en la represión de Sila. A instancias del cuestor Marco Porcio Catón, todos los hombresque se habían aprovechado de la represión fueron llevados a juicio. Catilina fue acusado deasesinar a Marco Mario Gratidiano, y por pasear la cabeza de éste por las calles de Roma. Otrosle acusaban de haber asesinado a muchos otros hombres notables de la ciudad. Entre lasacusaciones contaba que había asesinado a su propio cuñado, y había pedido su proscripciónposteriormente a Sila para hacer de su muerte un acto legítimo. A pesar de todo esto, Catilinafue de nuevo exculpado, aunque algunos conjeturan que esta exculpación se debió a lainfluencia de César, quien presidía el tribunal. No es, de hecho, más que una prueba de laimplicación de otros altos cargos senatoriales en las revueltas golpistas.Catilina eligió de nuevo presentarse al consulado. En las elecciones del año 62 a. C.,Catilina fue derrotado nuevamente, esta vez por Décimo Junio Silano y Lucio Licinio Murena,lo que quebró definitivamente sus ambiciones políticas. La única posibilidad de obtener elconsulado era ya a través de medios ilegítimos: la conspiración o la revolución.El 63 a.C.En las elecciones del 64 a.C. Catilina fue derrotado por Cicerón y Gayo Antonio Hybrida.El problema que Catilina planteaba al Senado era su inclinación política: era popular, pero muyextremista. Como demostró durante los meses posteriores en su exilio con Manlio, Catilinahablaba de reparto de tierras y de una política agraria incompatible con el régimen nobiliario.Esa política económica que chocaba con los planes de la aristocracia terrateniente, llevó adescartarlo del consulado y a conceder a un homo novus la magistratura superior.Durante ese año, Catilina preparó la que sería su última campaña propagandística ydemagógica legal. Ya era al menos la tercera vez que se le negaba la máxima magistratura y lapolítica tanto externa como interna de Roma no había mejorado: La guerra contra Mitrídates aúnduraría dos años más y la crisis económica no remitía. Para la sección más radical del partido delos populares, la plebe podía ser más fácilmente manipulada en épocas de escasez. Así, sepresentó a las elecciones del 63 (para ocupar el consulado en 64 a.C.); pero perdió (en su lugarfueron elegidos Murena y Silano). Esto desencadenó la revuelta golpista. Los acontecimientosse produjeron en los últimos tres meses del año 66; desde la asamblea curia en el campo deMarte a mediados de octubre, hasta la muerte de Catilina y Manlio el cinco de enero en labatalla de Pistoya.Aunque, desde el momento en que pierde las elecciones, se supone que ya se pone enmarcha el conjunto de las influencias de Catilina para dar muerte a Cicerón (recordemos que elotro cónsul, Hybrida, era aliado suyo y fue sospechoso de participar en la conjura), losacontecimientos para los ciudadanos que viven en Roma no están claros: pues que Manlio salióa reclutar a Etruria no se supo hasta un mes más tarde (la información que Cicerón da en su
  8. 8. 7primera catilinaria no es del todo precisa7). De hecho la controversia sobre la partida exacta deManlio y los motivos por los que esta se da, no están claros. Es evidente, de un lado, que amediados de noviembre Manlio debía de tener apoyo en la zona de Etruria, porque Catilina,fallado su golpe de estado, huye allí para ser acogido. Pero, además, se desconoce con cuántoapoyo contó en realidad; las menciones de Salustio y Cicerón hacen suponer que debían tratarsede unos nueve mil hombres; la mayoría veteranos de Sila, descontentos con la política senatorialque no solo les había arrebatado sus tierras (estipendio con el que se licenciaron), sino quetambién había concedido poderes especiales a Pompeyo para continuar la guerra en el Ponto almenos tres años más a pesar de que en Roma la situación era pésima.El intento de asesinato se dio el 7 de noviembre, apenas un mes después del fracasoelectoral; antes de que este se diera lugar, hubo una reunión en casa de Porcio Laeca, unsenador popular. El atentado consistiría en que dos sicarios acudiesen de madrugada a casa deCicerón, con un supuesto mensaje para el cónsul. Iban armados y esperaban que, ya que Cicerónesperaba noticias sobre la convulsión romana, ellos le llevasen información testimonial. Noobstante, Cicerón se procuró una escolta en su casa (Salustio habla de una pequeña comitiva)que interceptó a los dos jinetes, los detuvo y consiguió saber el motivo de su ataque. El intentode golpe de estado que casi se cobra la vida del cónsul fue la mecha que incitó a Cicerón apronunciar su primer discurso; cabe suponer que el miedo que sintió le hizo ser tenaz y lobastante contundente para que, la misma noche del 8 de noviembre, Catilina tuviese que huir dela ciudad. Afirma Salustio que, cuando huyó, se llevó consigo: “Dum ea Romae geruntur,Catilina ex omni copia, quam et ipse adduxerat et Manlius habuerat, duas legiones instituit,cohortis pro numero militum complet.” Mientras pasaba esto en Roma, Catilina forma doslegiones con las tropas que había traído consigo y las que Manlio tenía ya de antes, y dota cadacohorte hasta donde lo permite el número de soldados.Se trata de una exageración, pero el dato de que quam et ipse adduxerat hace plantearse queno huyó solo. En efecto en Roma Catilina tenía no poco aliados; los populares, cercanos a laclase más desfavorecida de Roma, contaban con el apoyo de la plebe: no obstante, como nobleque era, tenía de su lado también las influencias propias de su clase (los clientes y los interesespolíticos) que le permitieron poder costearse un ejército. Aunque resulta difícil saber hasta quépunto lo apoyaba la plebe (o si realmente tenía un contingente de voluntarios desahuciados), larelación es recíprocamente beneficiosa: Catilina les prometía reparto de tierras y un precioestable del trigo en Roma (que es la baza fundamental del sector popular8).7La afirmación de Catilinaria 1, V, no es una afirmación que pueda considerarse exacta, ni queasegure que Cicerón poseyese toda la información referente a las tropas que Manlio estuviera reclutando.No obstante la mención es relevante porque sí fue información importante para los senadores popularesque aún confiaban en la inocencia de Catilina: “Castra sunt in Italia contra populum Romanum inEtruriae faucibus conlocata, crescit in dies singulos hostium numerus; eorum autem castrorumimperatorem ducemque hostium intra moenia atque adeo in senatu videmus intestinam aliquam cotidieperniciem rei publicae.” Hay acampado en Italia, en los desfiladeros de Etruria, un ejército dispuestocontra la república crece día por día el número de los enemigos: el general de ese ejército, el jefe de esosenemigos está dentro de la ciudad y hasta lo vemos dentro del Senado maquinando sin cesar algún dañointerno a la república.8Cf. la política agraria de los Graco a mediados del siglo II a.C. en especial la lex frumentaria cuyosdetractores calificarían de populista.
  9. 9. 8En efecto los sectores más pobres de la sociedad romana, como señala Wulff, toman comolíder a quien les asegure el sustento inmediato y esté dispuesto a hacer pequeñas concesionesque mejoren la situación acuciante; por ello lo acompañaban: todos aquellos que debido a lamala situación agraria, propiciada por la guerra contra Mitrídates creían en que el reparto detierra que Catilina ofrecía era una solución aceptable. La población urbana de Roma siempredependió del trigo que le llegaba de las zonas de labranza y la situación de expropiación quehabían sufrido muchos, primero obra de Sila, después de la reorganización territorial quepretendía devolver lo expropiado, pasaron factura. Sumado esto al hecho de que el ejército sehallaba presente en el Ponto, creyó Catilina que la victoria militar era posible.El 9 de noviembre fue también convulso para el estado: el senado, enterado de la huida deCatilina, lo nombró enemigo público9. Pero los conjurados que aún permanecían en Roma (yque, gracias a que Catilina se había atraído para sí toda la atención, podían actuar en la sombre)aprovecharon que unos embajadores de los galos alóbroges estaban en la ciudad y les ofrecieronun pacto: su cooperación para derrocar el régimen actual de Roma a cambio del cumplimientode la misiva que los había enviado allí: relajar la situación que el gobernador romano en la Galiahabía impuesto sobre su pueblo. Menciona Salustio al conjurado Léntulo Sura como principalinteresado en procurarse esta alianza. No obstante, los alóbroges decidieron procurarse el favordel senado; acudieron a Cicerón con la información de que unos conjurados les habían ofrecidomarchar contra Roma y este, sabedor de lo complejo de la situación jurídica, les ordenó aportarpruebas. El 2 de diciembre los conspirados escribieron cartas alentadoras al pueblo galo parahacerles ver que la conspiración era un hecho y, gracias a que fueron interceptadas, la mayoríade los conjurados fueron apresados o matados en asechanzas alrededor de Roma (en alguna losalóbroges participaron directamente, haciendo a los golpistas quedar descubiertos).El 5 de diciembre aparece mencionado tanto por Cicerón, como por Salustio desdeperspectivas distintas: En su habitual línea aparentemente imparcial Salustio presenta el hechode la siguiente manera: Catón propone y defiende la pena de muerte para los conjuradoscapturados por los crímenes que han cometido contra el estado. Él representa el factor optimate.César le responde que es un mal mayor para el estado adjudicar semejante pena a los senadoresy propone la cadena perpetua o el exilio y confiscación de sus bienes. La suya es la respuestapopular. Salustio afirma que ellos son los mejores hombres del estado en ese momento y que susdiscursos (que él transcribe siguiendo el método aproximativo tucidideo en los cap. 52 y 53). Noobstante hay un tercer interlocutor cuya intervención no recoge, pero que fue de granimportancia en esta decisión sumaria: Pues Cicerón pronunció el 5 de diciembre su cuartodiscurso contra Catilina; él se hallaba en una posición muy comprometida ya que, a pesar deque, como juez, tenía que mostrarse imparcial y podía demostrar su inclinación por la propuestade Catón, en su cuarta Catilinaria se vale de todo tipo de mecanismos retóricos para hacer ver alos senadores cuál es la pena adecuada para esos prisioneros golpistas: la pena de muerte.El resultado fue duro y sumario: los conjurados fueron asesinados en la prisión sinposibilidad de apelación. Tan solo quedaba, por tanto, un foco de revuelta; el ejército de pobresy veteranos descontentos que Manlio y Catilina tenían cerca de Etruria. El asunto finalizó9El término que le aplica Cicerón es hostis que tiene un gran valor peyorativo, refiriéndose a unromano: cf. Catilinaria: 1, II eorum autem castrorum imperatorem ducemque hostium intra moenia atqueadeo in senatu videtis; 3, VII: cum ille in urbe hostis esset, tantis periculis rem publicam tanta pace, tantootio, tanto silentio liberassemus; 4, VIII: et summo nati loco, non patriam suam sed urbem hostium esseiudicaverunt. También 1, XI; 3, VI o 4, VII, con un valor más descriptivo del tipo de amenaza que suponeun hostis.
  10. 10. 9rápidamente, pues en enero el ejército consular interceptó y puso en fuga a las tropas enemigasmatando a Catilina y a Manlio la batalla. La muerte de Catilina no carece de impacto visual yemotivo: (61, 4) “Catilina vero longe a suis inter hostium cadavera repertus est, paulum etiamspirans ferociamque animi, quam habuerat vivos, in voltu retinens.” Catilina fue hallado lejosde los suyos, entre los cadáveres enemigos, todavía expirante y conservando en su rostro lafiereza del alma que siempre tuvo.ConclusiónLa conjuración de Catilina tiene dos posibilidades de análisis: puede ser presentada como elintento de un noble más por hacerse con el poder total en una república romana que está dandosus últimos coletazos hacia el poder absoluto de una sola persona. En esa línea no sería más queuna conspiración como tantas otras; mas en este caso falta un elemento que tanto en el caso deSila, como de César, como del propio Augusto, fue esencial: el ejército. Catilina no contó con elapoyo de las tropas regulares romanas (ni con un sector manifiesto de estas); de hecho suscombatientes eran veteranos ya licenciados o personas carentes de recursos.Por ello, parece más coherente pensar en Catilina como un reformista demonizado por lasfiguras más poderosas de su época: los aristócratas. Él también parte de esa clase que gobernabaa todo un imperio, Catilina fue apartado continuamente del poder, no solamente porque formaseparte de un sector popular radical que aterrorizaba a la clase senatorial patricio-plebeya quefundamenta su superioridad en el control de los medios de producción; Catilina representó laposibilidad de un nuevo futuro para la república cambiante: en lugar de inclinarse hacia el poderunipersonal de los emperadores, la aristocracia podría hacer concesiones a ese conjunto que erael mayoritario en Roma: la plebe.No obstante, esa y otras cuestiones pertenecen a esa historia de perdedores que Roma noconcedió ni a los Graco ni a Catilina. Cicerón se recreó sobre los restos de una conspiración quepudo detener gracias a la suerte y a unos galos que decidieron serle fieles, para ello publicóvarios años después unos discursos en los que, a pesar de su verborrea, se pueden llegar avislumbrar los hechos históricos. Salustio pretendió moldear una historia de valores y moralidadintachable, pero fue incapaz de llegar a los principios de sus enemigos y, cegado por los celoshacia su enemigo, Cicerón, creyó que acallándolo podría olvidar que llegó a cónsul y él no.Ambos enemigos que tomaron un acontecimiento minúsculo, tan solo un intento de asesinato, ylo utilizaron para propaganda de sus propios intereses partidistas. En medio estaba Catilina,intentando demostrarles a esos novi que no toda la política romana se hace en el senado.Bibliografía:-Cicerón (1969) Catilinarias, texto traducido por Francisco Campos Rodríguez, Gredos,Madrid-González, C. (1990) La república tardía: cesarianos y Pompeyanos, Akal, Madrid-Salustio (1954) Catilina y Yugurta; traducción e introducción por José Manuel Pabón,Alma Mater, Barcelona-Wulff, A. (2002) Roma e Italia de la Guerra Social a la retirada de Sila (90-79 a.C.),Latomus, Revue dÉtudes Latines, Bruselas

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