El arte bizantino, considerado el primer arte cristiano, surgió tras la división del Imperio Romano y se desarrolló a través de tres edades de oro, marcadas por avances en arquitectura y en la influencia religiosa. Destacan obras como la Basílica de Santa Sofía, que simbolizan la fusión de tradiciones orientales y occidentales, y la importancia del culto a las imágenes durante su apogeo. La caída de Constantinopla en 1453 marcó el fin del Imperio Bizantino, pero su legado artístico y cultural perdura, influyendo en el desarrollo de la arquitectura y el arte en el mundo eslavo y más allá.