Este pasaje nos presenta un reto para la fe de cualquier persona incluso de
creyentes, pues las instrucciones que envió el profeta en realidad no tienen
nada de extraordinario, sino todo lo contrario, era la cosa más sencilla y
común, sin embargo, en esta simpleza descansaba la fe, una fe que desde
luego el general Naamán no tenía, pues, aunque tenía la necesidad de ser
sanado, no tenía la fe para ser sanado.
Cuántas veces nos hemos encontrado en situaciones que para resolverlas
representa un gran reto para cualquiera porque tiene que ver con asumir una
actitud a la que no estamos acostumbrados, pues tiene que ver con asumir
una actitud humilde ante una situación que normalmente acostumbramos
resolverla en base a nuestras propias capacidades, nuestra sagacidad, nuestra
inteligencia.
El general Naamán se encontraba en esta hipótesis, pues él esperaba
primeramente que fuera recibido con honores, con halagos y que el profeta
hiciera actos sobrenaturales espectaculares, invocando al Dios de Israel, etc.
Sin embargo, recibió una instrucción tan simple que eso representó una
frustración para este general...