Este poema de Francisco de Quevedo trata sobre un amor que perdura más allá de la muerte. Aunque el cuerpo muera, el alma y el recuerdo del amor permanecerán. A través de 14 versos endecasílabos organizados en un soneto, el poeta describe cómo aunque el cuerpo se convierta en cenizas y polvo, el alma y el amor seguirán vivos.