La economía del Antiguo Régimen se caracterizaba por ser predominantemente agraria, con un alto porcentaje de la población dedicado al autoconsumo, y una intervención estatal fuerte para mantener el orden social y económico. La agricultura de subsistencia, el control gremial en la industria y la escasa innovación tecnológica impedían el desarrollo económico, mientras que el comercio se limitaba a ferias locales y estaba sujeto a altos impuestos. La desigualdad en la propiedad de la tierra y la exigencia de tributos hacia la nobleza y el clero perpetuaban un sistema donde los campesinos vivían en condiciones de precariedad frente a la opulencia de unos pocos.