La arquitectura carolingia se desarrolló durante el imperio carolingio, buscando restaurar la arquitectura romana, enfocándose en iglesias, monasterios y palacios con estructuras de madera, ladrillo y piedra. Sus características incluyen arcos de medio punto, columnas y un diseño basado en planta de cruz, como se observa en importantes obras como el oratorio de Germigny-des-Prés y el palacio de Aquisgrán. Los monasterios, como el de Sankt Gallen, estaban diseñados para la vida en clausura, reflejando un modelo organizado para la vida monástica.