La escultura gótica se caracteriza por un mayor naturalismo e idealización de las formas humanas, así como por una mayor expresividad y movimiento en las figuras. Los temas religiosos, especialmente la Virgen y el Niño y el Cristo crucificado, son los más comunes. La escultura gótica se ubica principalmente en portadas, retablos y sepulcros, y evoluciona desde un estilo protogótico hasta alcanzar su madurez en el siglo XIII con maestros como Claus Sluter.