El siglo XIX fue un periodo de grandes transformaciones económicas, sociales y políticas, con el auge de la burguesía liberal y el surgimiento de la clase obrera. La arquitectura se vio influenciada por la Revolución Industrial, dando paso a dos tendencias: el historicismo y la arquitectura del hierro, con un resurgimiento de estilos del pasado, especialmente el gótico, en respuesta a los cambios socioculturales. La búsqueda de una identidad nacional y la valoración de la tradición artesanal marcaron este periodo, poniendo en oposición las corrientes románticas con los principios del neoclasicismo.