El autor argumenta que el tema del aborto es muy complejo y no hay consenso, ya que involucra cuestiones de vida y muerte con profundas implicaciones emocionales. Señala que el debate no puede resolverse mediante argumentos puramente lógicos o legales, sino que también se debe considerar la dimensión humana de las experiencias de las mujeres involucradas. Concluye que es importante que una mujer sea acompañada en su proceso de decisión sobre el aborto.