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Apuntes y recuerdos del congreso
carlista de la unidad.
El Escorial, 1986.
José Fermín Garralda Arizcun *
Exposición en el Círculo Carlista Navarro Villoslada.
Pamplona, 22-V-2026
*Sobre este tema nos remitimos a nueve artículos de nuestra autoría publicados en el
digital Ahora Información, previos a la celebración en El Escorial del 2 de mayo de 2026.
Ahora sintetizamos sus ideas principales y añadimos algunos aspectos.
Una ampliación de estos apuntes y recuerdos en “El Congreso de unidad de los carlistas en
1986. Reconstitución de la Comunión Tradicionalista Carlista” (Pamplona, 2026).
1. El sino de los carlistas –y los restantes
españoles- es mantenerse en la unidad y
recuperarla si la han perdido.
odo indica que el espíritu hispano tiende a la desunión, al
individualismo, y por eso necesita que alguien esté por
encima de todos y sea el punto de referencia común.
Generalmente los carlistas estuvieron siempre unidos alrededor del
mismo rey: por algo el monarca fue fundamental en el lema Dios-
Patria-Rey.
Es un lugar común decir que la desunión amenaza a los que
siempre están en la oposición –como es el caso de los carlistas-, a los
T
que por serlo tienen vetado acceder a puestos de responsabilidad
pública, sobre todo si carecen de monarca. Ahora bien, nadie debiera
desconfiar de un carlista porque una de sus virtudes más
características es la lealtad.
Las divisiones internas de la primera guerra carlista (1833-39),
fueron sucedidas por los abandonos al rey Carlos VII por una parte de
los neocatólicos tras perder la guerra en 1876, por la escisión integrista
de Cándido Nocedal en 1888, la mellista hacia 1920, y el minimismo de
Minguijón por entonces. Lograda la unión de todos con Alfonso Carlos
I en 1931, le sucede el grupo cruzadista durante la República, más
tarde aparece el Javierismo como realidad distinta al Regente, el
regencialismo RE.NA.C.E. (los llamados sivatistas por los javieristas),
el huguismo, los sixtinos, los carlosjavieristas…
La “ortodoxia” no naufragó en la década de los setenta del pasado
siglo. La desunión de los carlistas dentro de lo que el Carlismo siempre
fue (a esto algunos lo llaman ortodoxia) acabó como tal desunión en el
Congreso de la unidad de 1986, con la creación de una organización
política que no podía, ni por eso debía, concretar la persona del rey. En
los dos primeros Congresos de unidad de la CTC en 1986 y 1987, que
tienen que entenderse vinculados entre sí, estuvieron juntos todos,
todos los no huguistas, es decir, todos los tradicionalistas o carlistas.
Que algunos se separasen de la organización como don Juan Casañas,
Rafael Gambra, Fermín Echeverría, Eloy Landaluce (luego volverá),
Carlos Etayo (siempre decía pertenecer a la CTC de Navarra) y Ruiz de
Galarreta y algo más tarde algunos otros (los hay que volvieron
naturalmente a ella)… son casos puntuales y siempre respetables.
Desde hace unos años a esta parte, se han creado nuevos
problemas: a) los que únicamente velan por lo que ellos consideran
“pureza” del mensaje –el purismo-, que llegando al final de su trayecto
pueden aislarse de toda actividad propiamente política, cayendo en un
falso tradicionalismo y hasta en un clericalismo que centra su
identidad en cuestiones litúrgicas; b) los carlosjavieristas alejados de la
línea de don Carlos Hugo pero sin definirse en temas muy concretos.
Nuestra tesis es que las bases puestas en 1986 dan salida a
cualquier dificultad real en 2026, con la lógica necesidad de aceptar el
Carlismo de siempre, reconociendo que éste es una realidad política
aplicable a cada momento, y dejando a los demás libertad en el tema
dinástico, sabiendo todos que una monarquía liberal “no puede” ser la
de España, ni tampoco es posible para un carlista una España federal a
lo moderno (en sentido racionalista) que pudiera enmascararse con
una falsísima apariencia tradicional.
* * *
Apuntes y recuerdos del Congreso carlista de la unidad. El Escorial, 1986. José Fermín Garralda
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2. La jugada maestra de la Tradición
responde a la jugada maestra Revolución: la
unión frente a la división y el conflicto
(Montejurra 1976).
Recordemos como contrapunto el carácter nacional y
asombrosamente masivo de las romerías a Montejurra (Navarra) de
1962 a 1977 (Caspistegui, 1997). La jugada maestra de la Revolución de
derechas (la Cía) o izquierdas (Moscú), fue la de apoderarse casi de ese
Carlismo desde dentro, poco antes de 1976. Para ello se utilizó el
rechazo repentino y despechado –mediante una “relectura crítica” en
clave marxista- de los principios tradicionales mantenidos antes de que
Franco se inclinase por nombrar sucesor a don Juan Carlos de Borbón.
También se utilizó una comprensible “principitis” popular. Fallaron las
élites. La puntilla fue lo ocurrido en Montejurra 1976, que todo indica
fue cuidadosamente preparado desde instancias oficiales muy elevadas
del Estado. (¿Cómo el asesinato de Carrero Blanco?).
En Montejurra-76 se provocó artificialmente un enfrentamiento
entre los que antes fueron hermanos, aunque muchísimos
tradicionalistas no quisieron acudir, muchos de ellos avisados de lo
que podía fraguarse. Luego se elevó lo ocurrido a signo, a símbolo y
hasta paradigma, que sólo se mantiene por repetición interesada de los
enemigos soterrados o confesos del Carlismo. Todavía hoy, cualquier
cosilla –inscripción, placa etc.- que realicen los poquísimos que hoy
utilizan el término Partido Carlista, es transmitida y magnificada por la
prensa anticarlista de siempre. Por contraste, a los carlistas de
siempre, ni el pan ni el agua.
Los trágicos sucesos de Montejurra-76 se utilizarán desde el
Régimen que comenzaba la “transición” (Alfonso Osorio en TV: “el
Carlismo huele a sangre y telarañas”…). En la alta política no hay
casualidades. Había que aniquilar la única fuerza política que
aglutinaba un pueblo compacto, con ideales, que era activa, tenía
juventud entusiasta… y era heredera natural de la Cruzada, amante de
la reconstrucción del España vinculándola a su Tradición y era
legitimista, contraria a la dictadura franquista desde una perspectiva
tradicional. El tradicionalismo carlista y la deriva huguista tenían dos
formas muy diferentes de encarar la dictadura con la que por diversos
motivos no estaban de acuerdo. Don Mauricio de Sivatte dijo en un
Aplec de Montserrat que “Franco es el enemigo número uno de
España” –no dice la familia, del hombre…-, con la consiguiente multa
de un millón de pesetas. Piénsese en el libro de Gambra Tradición o
mimetismo (1976), y en las proclamas huguistas de claro estilo
marxista llenas de esterotipos. El tradicionalismo carlista podía ser el
aglutinante de la España de siempre en la transición-ruptura que se
estaba realizando en 1976, y se iba a consumar en 1978 y años después.
Si el Carlismo podía ser aglutinante y respuesta… se debía destruir, y
hacerlo como siempre hace el mal, con sangre y sembrando odio.
Pues bien, al hundimiento artificial y provocado de la tercera vía,
del Carlismo lógicamente tradicionalista (Clemente, 1976), le
respondió, en sólo diez largos años, la jugada maestra de la tradición
que es: unidos en el ideal.
El Pensamiento navarro hizo una gran labor en su última etapa
con Juan Indave Nuin como director, aunque desapareció en 1982 con
una enorme dignidad. En el lugar preferente y la víspera de
Montejurra-76, éste diario publicó una Nota de la Regencia Nacional
Carlista de Estella llamando con vehemencia a que no se fuese a
Montejurra sino a Montserrat.
* * *
3.Los deseos se fueron haciendo realidad en un
largo e intenso camino a la unión.
Muchos carlistas deseaban aglutinarse en el Ideario de siempre.
Esto era muy difícil debido a las enormes suspicacias personales y la
herencia de divisiones. Por eso todos se proponían mirar hacia
adelante. Casañas y Garisoain estaban convencidos que la unión iban a
Apuntes y recuerdos del Congreso carlista de la unidad. El Escorial, 1986. José Fermín Garralda
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hacerla los jóvenes, que carecían de las heridas del pasado. También
había que cortar el nudo gordiano presentado en el tema de la
Autoridad legítima, aunque siendo fiel a ésta. Y se cortó. Cada cuál
sabe qué sacrificó en ello. En realidad, la Autoridad legítima no fue
sacrificada –no podía serlo una vez reconocida-, sino que ordenó a sus
fieles a hacer caso en todo a la Junta de Gobierno de la reconstituida
Comunión Tradicionalista Carlista. Su existencia se prolongó como
muestra un manifiesto suyo hacia 1995.
Fueros diez años (1976-1986) de un ansiado y difícil camino
hacia la unidad. Camino empinado, costoso y arduo para unos
padres de familia que a la vez trabajaban para mantener a los suyos. Al
llegar a la cima, lo consideraron un “milagro”. Y lo fue.
Ejemplos como este enseñan que en todo hay que preparar el
camino con un trabajo intenso. En este caso se preparó de 1976-
1986 y quizás hoy se deba hacer de nuevo, aunque con diferente
esfuerzo y experiencia acumulada.
Los sectores activos y únicos del Carlismo de siempre allá por
1986, fueron los siguientes:
1)Se constatan algunas individualidades que habían
estado con don Carlos Hugo –alguno en los GAC-,
abandonándolo luego. Vivían en Zaragoza y Valencia y
siempre fueron muy queridos por los demás tradicionalistas.
2) La Comunión Católico Monárquica CCM. Eran
muy escasos en número: intelectuales como Tomás Barreiro,
García de la Concha, y del prestigio de don Fco. Elías de
Tejada. Eran ortodoxos y no reconocían a rey alguno.
3)RE.NA.C.E. fue la regencia que sustituyó a Don Javier
en 1958. Tras 1976 creó como brazo político Unión Carlista
UC. Extendida en algunas Regiones, sobre todo en Cataluña,
era ortodoxa, y de composición social muy variada.
4)La Comunión Tradicionalista CT, era la más
extendida y conocida en España por ser la heredera del
Javierismo. Tenía algunos medios materiales, y
espolvoreaba casi todos los lugares de España. Tenía un
fuerte eco en El Pensamiento Navarro, mientras que Unión
Carlista se lo fue ganando, influyen en ello la proximidad de
Miguel Garisoain con Juan Indave. La CT carecía de rey y
eran los únicos que hacían caso a Don Sixto, aunque muchos
de sus próceres (v. gr. Domingo Fal Conde…) rechazaron
que don Sixto fuese a Montejurra en 1976. Eran ortodoxa,
aunque alguna persona tendiese, avanzada su vida, hacia
algún planteamiento de la democracia cristiana, lo que se
hizo notar en el Congreso de la unidad en 1986.
De este camino sacaremos algunas enseñanzas.
* * *
4. Las primeras enseñanzas sobre la unión o
unidad de 1986.
Se aprendió bien la necesidad de tener un propósito continuado
(saber qué se quiere 1980-1986), de trabajar como con pico y pala,
de ser perseverante, aglutinar a todos como se hizo antes de 1986,
y vivir siempre con amplitud de miras. La flexibilidad curaba de una
posible rigidez.
La unión o bien unidad, costó muchos esfuerzos porque hay
defectos como el inconformismo y gusto por ir contracorriente, los
recelos, apegarse al propio criterio, cierta indocilidad, admitir
fácilmente a sodalicios –en general de carácter religioso- que también
se deben a otros planteamientos, instituciones y jefaturas paralelas, y
que sin buscarlo pueden fagocitar –orientar ideológicamente- las
iniciativas carlistas. Súmese alguna vanidad de componente familiar, y
cierto aburrimiento y acostumbramiento a los demás. Por último, un
defecto a corregir era la falta de atención y cortesía hacia los más
próximos.
La unidad de 1986 costó muchos sacrificios, esfuerzos y
empeño, exigiendo una gran comunicación mediante cartas, teléfono,
verse vis a vis y viajes (lejos de los despachos y de los papeles aunque
estos últimos ayudasen), reuniones y congresos particulares.
Añadamos el tiempo y dinero de las familias.
El Acción Carlista (2º TR. 1986) se recoge una encuesta entre 23
próceres, lo que era una cata porque faltan muchas personalidades. De
hecho, don Miguel Garisoain, que es quien tuvo la iniciativa, no es
preguntado. De todas las tendencias el redactor toma una muestra.
Vayamos por lugares. De Valencia: Vicente Febrer Fores, y
Salvador Ferrando Cabedo (faltan Orts y Monzonís…). De Barcelona:
Juan Casañas Balcells, José Mª Cusell Mallol, Luis Luna, Eladio
Huguet Salvat, Fernando Toda García (faltan del Moral, Hernández,
Bartomeu…). Desconocemos la procedencia de Rafael Ortín López. De
Zaragoza: Fco. Asín Remírez de Esparza, Roberto G. Bayod Pallarés,
Julio Brioso (Huesca). De Sevilla: Antonio Barrau García,
Hermenegildo García Llorente, Antonio de Urzáiz Gutiérrez de Terán,
Apuntes y recuerdos del Congreso carlista de la unidad. El Escorial, 1986. José Fermín Garralda
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Ángel Onrubia Rivas (falta Domingo Fal Conde…). De Madrid: Tomás
Barreiro, Rafael Gambra Ciudad, Eloy Landaluce, Alfonso Triviño de
Villalain. De Pamplona: Álvaro D’Ors, Ignacio de Orbe Tuero, José
Luis Los Arcos Elío. De Galicia aunque oriundo de Navarra: Ignacio
Salazar Ayerra. Faltan muchos otros como Casariego, Carlos Ibáñez
Quintana, Santiago Arellano, Raimundo de Miguel, Padura Vizmanos y
un largo etcétera.
Todos ellos responden al mismo cuestionario, de forma breve o
por extenso. Dejan constancia de la descomposición y paralización
social, y que a España la rijan eunucos. Señalan que el poder político
controla todo.
Preguntados sobre la actualidad del Carlismo, afirman que la
esencia del Carlismo es la misma esencia de las Españas. Más que
hablar de unidad del Carlismo dicen que se debe hablar de unidad de
los carlistas.
Para ellos, el Carlismo no ofrece un espacio político –es decir,
partitocrático y oligárquico necesitado siempre de dinero-, sino la
solución básica, porque el Carlismo es un faro, muestra la dirección,
redirecciona los problemas de España. Pero sobre todo –dice D’Ors- el
Carlismo ofrece un espacio moral.
Todos afirman que la unión y unidad son necesarias. Para ello: el
punto de partida era la ortodoxia carlista, sin que las desavenencias del
pasado debiesen paralizarnos, sino hacernos mirar al futuro y pensar
en los jóvenes. Era necesaria una organización dinámica y unitaria,
servicio y disciplina. El objetivo era rencontrarse consigo mismo,
interiorizar, e ir a la sociedad, ofreciendo un programa atractivo con
las formas apropiadas (se dejarán los uniformes y el color caqui de los
actos de gala y del primer campamento). Lejos de la tentación del
protagonismo y del puritanismo, no se debían discutir temas
accesorios y que pudiesen dividir, y era preciso crear cuerpos sociales
naturales. Para Casañas los carlistas y sus organizaciones sociales y
hasta políticas, no podían ser autoridad (suprema) de sí mismos,
porque ésta correspondería al rey o, en su defecto, a la regencia.
¿Qué se fue creando y qué se fue haciendo?
1. En 1976 se efectuó una cartelada por lugares
significativos de España con el Nada sin Dios, la bandera de
España, y las siglas de RE.NA.C.E. La iniciativa no fue de
partido alguno, ni de parte, sino de Autoridad (lógicamente
para los que la reconocían, y de autoridad moral para los
demás).
2. En 1978 se colocaron unos carteles horizontales de
color azul, desvelando los errores de la Constitución, con la
firma de unión Carlista.
3. Se creó el Boletín “Unión Carlista”, 1978-1982
4. También se imprimió el Boletín “… y con el mazo
dando”
5. Se costearon dos extensas Declaraciones en la prensa
en mayo de 1983.
6. Se hizo una Cartelada en 1985 firmada por Unión
Carlista.
7. Los de CT ponían sus carteles convocando Bocairente y
otros Actos. Una vez alguien puso carteles del requeté con
fusil (AJT) por la céntrica avenida de Franco, hoy Baja
Navarra de Pamplona. La imagen era de todo inapropiada en
ese momento –un rarismo-, pues la unidad sólo hablaba de
política. Cuando se ve algo “raro”, nos debe hacer pensar…
8. Se hizo la Cartelada de agua para la Ribera de Navarra.
9. Se creó la Unidad de los carlistas en Barcelona en 1985
10. Se intentó crear la Comisión Gestora para la unidad
del Carlismo en Navarra, siendo M. Garisoain su mentor.
11. Se intentó crear –pues también falló- la “Sociedad
Tradicionalista Navarra” en 1985
12. Se creó el Boletín “Acción Carlista” en Navarra en el
año 1985. En 1986, M. Garisoain donará su cabecera a la CTC
nacional.
13. S efectuaron abundantes actividades de jóvenes en
Pamplona y otras Regiones.
14. Se convocaron importantes reuniones en 1984 y 1985
De todo lo mencionado, destaquemos algunos puntos.
1. Tras la Constitución se creó el Boletín “Unión
Carlista”, 1978-1982. La RENACE –que era Autoridad- creó el
brazo político Unión Carlista UC para poder entrar en el campo
político. Unión Carlista (regencialistas RENACE, llamados Sivatistas
por los javieristas) era una minoría políticamente activa que tenía una
fuerte presencia en Cataluña (casi todos los carlistas de allá lo eran),
aunque también se encontraban en Navarra, Vizcaya, Guipúzcoa y
Madrid…
2 Boletín juvenil “… y con el mazo dando”, lo editaban de
los jóvenes de Unión Carlista de toda España, a imprenta y con
formato de medio folio.
Apuntes y recuerdos del Congreso carlista de la unidad. El Escorial, 1986. José Fermín Garralda
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Poco antes, Gilberto Motilla (MOT) dirigió otro boletín de formato
din-4 (o folio), editado en fotocopia y durante bastantes números,
titulado “Boina Roja”, para todos los jóvenes de Unión Carlista en
España. Este boletín cedió paso a “… y con el mazo dando”, mucho
mejor editado pero que tuvo unos 3 ó 4 números.
3. Notas de prensa en mayo de 1983. En mayo de 1983 se
publicaron dos extensísimas Notas de prensa a toda página: “El
Carlismo ante las elecciones municipales” en “La Vanguardia” (3-V) y
“Tras las elecciones municipales y autonómicas” en “Diario de
Navarra” (29-V), ambas firmadas por Unión Carlista, Comunión
Tradicionalista, y Comunión Católica Monárquica, añadiendo en la
segunda Nota el término de Navarra. Fue una iniciativa
económicamente muy cara, que mostró la unidad práctica de todos los
grupos carlistas, su fuerza, captó la atención, mostró que los carlistas
se preocupaban por los temas políticos candentes, y dio imagen de
potencial.
4. Cartelada de Unión
Carlista de 1985. De la misma
manera y formato que los carteles
callejeros contra la Constitución en
1978, se “empapelaron” las
paredes de varias ciudades
denunciando los impuestos
abusivos: “Miseria de jubilados,
engorde de diputados”, “Menos
derroche, menos impuestos”,
“Europeos en los impuestos,
africanos en los servicios”, “Paga,
vota y calla”.
A veces se derrochaba una
jerga popular para no perder
nunca el sentido del humor y hacer una política con sonrisa, lo que
reflejaba la huella de don Miguel Garisoain.
5. Cartelada de de Unión Carlista agua para la Ribera de
Navarra. En otra ocasión, los jóvenes “empapelaron” la calle con unos
carteles muy grandes con un tema, ideado por don Miguel, que
interesaba mucho a Navarra: si nos quitáis el agua, quitamos el vino.
Carecía de firma pero la realizó Unión Carlista de Navarra.
El cartel dibujaba en trazo grueso de color rojo, el contorno de
Navarra sobre fondo blanco; dentro del mapa, un grifo bien dibujado
que podía soltar vino sobre Navarra procedente de un gran racimo de
uva negra. Así se amenazaba con cortar el consumo del vino a aquellos
que, jugando a “vascos”, sin embargo querían restringir el agua que
debía regar la Ribera del viejo Reino de Navarra. Hoy día el Canal de
Navarra, que tanto tardó en construirse, es una bendición para la
Navarra Media y Ribera y el regadío navarro.
6. Unidad en Barcelona en 1985. Según el boletín “Desperta
Ferro”, el 31-I-1984 Fomento Autonómico Español (FAE) y Unión
Carlista en Cataluña convocaban a todos los carlistas catalanes a la
unidad. El 8-XII-1984 se constituyó la Comisión Gestora para la
Unidad del Carlismo en Cataluña. Apareció en el “Acción Carlista”
previo a la unidad de 1986.
Un ejemplo de acto común fue el Aplec carlista en Poblet el 16-VI-
1985, al que acudieron los de Unión Carlista de Navarra, Vizcaya…
7. Comisión Gestora para la unidad del Carlismo en
Navarra.
A diferencia de Barcelona, esta Comisión navarra sólo la iban a
formar –de crearse- afiliados de Unión Carlista. Por eso se planteó
pero no se llevó a cabo.
Al menos mostró una buena voluntad, por ofrecer algo abierto a
todos y sin restricciones salvo la lógica aceptación del Ideario de
siempre.
También se crearon Comisiones Gestoras en Santander para
organizar la Comunión en la Montaña y en Valladolid. En 1990 se
constituirá una junta regional Carlista en La Rioja, y otra en Burgos.
8. Proyecto fallido de “Sociedad Tradicionalista
Navarra” en 1985.
Don Miguel Garisoain y don Ignacio de Orbe –barón de
Montevilla y de origen vizcaíno- fueron el alma de la unión de los
carlistas en la Navarra de 1986.
Primero se organizaron los carlistas de Pamplona,
constituyéndose una Junta Local de Unión Carlista en octubre de
1984 hasta mayo de 1986. Enseguida, dicha Junta Local se llamó
Junta Regional de Navarra, claro que de Unión Carlista, que eran los
únicos activos que promovían la unidad.
Mientras se mantenía el Círculo Familiar Virgen del Camino –que
no era político sino religioso y cultural-, el 28-I-1985 don Miguel
Garisoain proyectó una “Sociedad Tradicionalista Navarra”, que
aunase –decía el borrador de estatutos- a todos los carlistas navarros
con independencia de su origen, incluyendo a todos los carlistas leales
al lema de siempre, con independencia de sus fidelidades relativas a
la Autoridad.
Apuntes y recuerdos del Congreso carlista de la unidad. El Escorial, 1986. José Fermín Garralda
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Esta era una manera de cumplir todo lo conducente a la unión
planteada en un anterior Acto de Morella (1984), y en las
declaraciones del representante de Unión Carlista en el acto
organizado por Comunión Tradicionalista en El Cerro de los Ángeles
de dicho año 1984.
Los recelos y la falta de fuerza para que coexistiesen dichos
Círculo y Sociedad, hizo que se renunciase a dicha Sociedad.
De Orbe y Garisoain, junto a otros agrupados en dicho Círculo,
hablaron con unos y otros. Nadie respondía activamente de cara a la
Sociedad y luego al Congreso de unidad. Como sólo trabajaban los de
Unión Carlista, sólo estos participaron en el Congreso. A partir de sus
conclusiones, formaron la CTC de Navarra, a la que se fueron sumando
poco a poco unos y otros, resultando un todo de gran armonía y como
si siempre se hubiera estado juntos. Los que más tardaron en
vincularse fueron algunas familias de vieja raigambre y probada
fidelidad. Recordemos que El Pensamiento Navarro había
desaparecido en 1982, de modo que la desconexión entre los carlistas
era muy significativa. El retraimiento era comprensible porque los
huguistas copaban la actividad política que de decía carlista.
9. Boletín “Acción Carlista” en Navarra en el año 1985.
Este proyecto salió a las mil maravillas. Suplía el vacío de un
instrumento impreso generado por la desaparición –ignoramos por
qué- del boletín Unión Carlista editado en Barcelona. Miguel
Garisoain, nada conforme con dicho vacío, quiso cubrirlo con un
boletín que promoviese directa y expresamente la unidad. La promovía
en sus artículos, los temas tratados, las diferentes firmas, olvidando a
los huguistas y respetando a todos, sabiendo que en la acción y el
compromiso se superaban las diferencias. El boletín ocupó todo el año
1985 y lo sufragó –que sepamos- él mismo, seguramente apoyado por
de Orbe.
A los cuatro primeros números (en realidad cinco), le siguieron
otros dos de mayor formato, para preparar y cerrar el Congreso
respectivamente, con un estilo de periódico en el formato y hasta el
papel.
10. Los jóvenes se suman desde Pamplona y otras
Regiones.
En el ámbito nacional, los jóvenes de Unión Carlista se reunieron
como juventudes para su organización y acción, concretamente en
Pamplona, los días 7 y 8-I-1984, y en Zaragoza el 23-II-1985.
Los jóvenes mostraban mucho entusiasmo, y, si los englobados en
Unión Carlista sabían bien qué querían, entendían que juntarse con
todos los jóvenes carlistas de España iba a ser la “repera”. Su afán era
extenderse y crecer. En estas circunstancias los de Pamplona fueron
conociendo a los de Barcelona, como Javier Barraycoa, Mir,
Hernández, los Vives, Toda, Canals… Ram de Viu. Todo indicaba que
éste último era señalado por Casañas y Cusell para liderar a los
jóvenes. Se realizaban campamentos al estilo scout.
Los mayores dejaban hacer, delegaban y confiaban mucho
sabiendo que los jóvenes mostraban una suficiente formación. Desde
luego ese era el talante de don Miguel.
El afán por la unidad práctica y de acción, obligó a don Miguel
Garisoain a escribir abundantes cartas particulares. Redactó textos
para boletines omitiendo su nombre, utilizó largamente el teléfono,
contactó con unos y otros, y enderezó los muchos entuertos que se
encontraban por el camino. Aún sin concretar, lo comentaba.
11. Reuniones de 1984 y 1985
Enumeramos las siguientes:
Madrid el 7-VI-1981 (UC se quejaba que CT quería la absorción de
todos en ella).
Madrid o El Cerro de los Ángeles el 2-X-1984 (ponencia relativa a
la “Aplicación hoy, según la doctrina tradicionalista, a los problemas
actuales”).
Jornadas de estudio del Círculo Zumalacárregui en Talavera en el
año 1984. Se crea una Comisión Gestora para la Unidad del Carlismo,
hablándose en adelante de los Acuerdos de Talavera. Por la
importancia que se les dio, creemos que englobaban el compromiso de
la unión pero también el tema relativo a la Autoridad. Creemos que no
fueron acuerdos escritos sino verbales.
Reuniones en Zaragoza el 30-VI-1984 y el 14 y 15-IX-1985, y otra
de jóvenes a mediados de 1985, también en Zaragoza.
En 1984 y 1985 se celebraron actos conjuntos de UC y CT en
Pamplona como es la Fiesta de la juventud Carlista –gran parte de los
reunidos eran de UC-, también en Barcelona, Bocairente, Montcada,
Quintillo, Montserrat e Isusquiza. El 28-X-1984 una reunión en
Morella dio origen al Acta de Morella, con el objeto de lograr una
organización unitaria del Carlismo. Al año siguiente, el 26 y 27-X-1985,
se repitió el acto en esta misma ciudad de Morella, aunque antes se fue
al Círculo San Miguel de Liria. La Jornadas estuvieron muy bien
preparadas por Pachi Asín Remírez de Esparza.
Estos actos culminaron en el Acto de Afirmación Carlista en
el Cerro de los Ángeles en 1984 sobre todo y el 1985. El 4-XI-
1984 participó don Juan Casañas Balcells por Unión Carlista, cuyo
importante discurso de varias páginas conservo íntegro. En un punto,
que más de una vez me recordará don Miguel, Casañas decía:
Apuntes y recuerdos del Congreso carlista de la unidad. El Escorial, 1986. José Fermín Garralda
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“Y este es el reto que el Pueblo carlista lanza a
quienes las circunstancias han colocado como dirigentes
responsables de las diversas Organizaciones en las que
por desgracia estamos todavía fragmentados. Y yo os
aseguro que los responsables recogen el guante. Y
aunque haya cuestiones, como las de la Suprema
Autoridad, auténtico nudo gordiano (tachado: cuya
solución parece ser más difícil que la cuadratura del
círculo) con la buena disposición que anima a los
dirigentes y las ansias de unidad que evidencia el Pueblo
carlista, aquel nudo, si no puede deshacerse, se cortará,
quitando así el último obstáculo en el camino hacia la
total unidad”. (Parte de éste párrafo lo recoge, pero
dando por bueno lo tachado, “Desperta Ferro” nº 13-14,
VII-X-1989).
A las reuniones realizadas en distintos lugares de España -
Valencia, Oviedo y Sevilla…-, asistieron Carlos Ibáñez y Miguel
Garisoain, añadiéndose Casañas a la de Sevilla, entre otros lugares.
El referéndum de la OTAN exigió una respuesta concreta, política,
unitaria, y rápida. Se hizo una breve Nota recogida como suplemento
monográfico y fotocopiado –por las prisas- de “Acción Carlista” (1er
Tr. 1986). En él denunciaba las escasísimas ventajas de la OTAN tras
los acuerdos con los EE.UU. de 1953, el juego político que había sobre
ella, y se animaba decir en la papeleta: “Que tu no bailas con la música
el PSOE”. Era anular el voto ante un PSOE que del “no” pasó
rápidamente al “sí” a la OTAN. Aconsejo a seguir al ministro socialista
Solana que luego será el número uno de la OTAN: casi nada.
* * *
5. Cómo fue el Congreso de la unidad de los
carlistas en El Escorial en aquel 1986.
5.1. La nueva imagen de “Acción Carlista”
Para preparar el Congreso de la unidad se editó un número
monográfico de “Acción Carlista” de gran formato (2º Tr. 1986), con el
título “La ahora del Carlismo”. Ya hemos comentado que en este
número se recoge una encuesta entre 23 próceres, lo que era una cata
porque faltan muchas personalidades, relativa a la situación de
España, la actualidad del Carlismo, la necesidad de la unidad de los
carlistas y si el firmante se comprometía a trabajar por ella. Leer estos
cuestionarios, sin duda involucraba al lector. La respuesta más extensa
fue la del embajador José Luis Los Arcos Elío de Pamplona. El
siguiente número, una vez efectuada la unión de todos, fue sobre el
mismo Congreso y se iniciaba con el rótulo “Unidos”.
El tamaño era grande, el papel de periódico, la letra pequeña
pero muy bien maquetado.
5.2. Algunos participantes, Junta de Gobierno y
Consejeros.
Recuerdo de Aragón a don Fco. Asín, Roberto Bayod Pallarés, y
Julio Brioso…. De Barcelona a don Juan Casañas, José María Cusell,
Luis Luna, Carlos Ram de Viu, los Vives, Toda, Gómez del Moral,
Fernández, Motilla Olmo, Barraycoa, Huguet, Torras Trías… De
Valencia a don Salvador Ferrando, Vicente Febrer Fores, José Miguel
Orts, Monzonís, Romero… Me admiró la mesura y clarividencia de los
Ferrando y Febrer. De Sevilla a don Domingo Fal-Conde Macías, los
Onrubia, Urzáiz (Segura Ferns no asistió)…. De Canarias a don Gabriel
De Armas. De Madrid a don Alfonso Triviño de Villalaín, Raimundo de
Miguel, Padura, Barreiro, García de la Concha, Eloy Landaluce, Fermín
Echeverría, los Vives (Rafael Gambra, Ruiz de Galarreta y Ayuso no
asistieron a éste Congreso pero sí al siguiente), Vieitez, Bullón de
Mendoza, María de Uriarte… De Navarra recuerdo a don Ignacio de
Orbe Tuero, Miguel Garisoain, Arellano, Etayo, Vives, Morte, los Zazu,
Garralda... De Vizcaya a don Carlos Ibáñez, Jaime Bordegaray, Felipe
Azcoitia, Vicente Ruiz de Alegría, Luis Casanova, los Ibáñez Estévez.
De Álava a Armentia y Centeno. De Santander a Cabrero Torres-
Quevedo, a Durán Valdés. De Asturias a Fonseca y Palomino. De
Guipúzcoa a Artola y Comas. De Galicia a Salazar Ayerra. Finalizado el
Congreso, pudo llegar Fco. Javier de Lizarza. Más de uno echará en
falta su nombre o el de sus conocidos, pero no he querido ser
exhaustivos ni siquiera con el recuerdo.
La mesa del Congreso. En la imagen Domingo Fal Conde, Miguel Garisoain, Angel
Onrubia, y Pachi Asín. Imagen: “Acción Carlista”
Apuntes y recuerdos del Congreso carlista de la unidad. El Escorial, 1986. José Fermín Garralda
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La Junta de Gobierno se constituyó como el órgano ejecutivo en
la Comunión. Don Miguel Garisoain, a quien recuerdo con especial
afecto, estuvo presente en ella en varias ocasiones, brevemente como
presidente, más como vicepresidente y sobre todo como secretario.
El Consejo Nacional se formó en el Hotel de los Tres Reyes de
Pamplona el 19-VII-1986, según acta notarial de Javier Nagore del Año
1986 nº 874.
5.3. La Unidad Católica y los carlistas entre 1986 y
1989.
Refirámonos al Ier Congreso celebrado en El Escorial del 1 al 4-
V-1986. Si la ponencia sobre el Ideario redactada por Raimundo de
Miguel no se aprobó en algunos de sus puntos (Unidad Católica y
partidos políticos), la ponencia programática de Santiago Arellano fue
aprobada en su totalidad, haciendo concreciones sobre los aspectos
discutidos y no aprobados del Ideario. Esto fue muy importante, y por
eso nunca hubo un vacío en tales temas de Unidad Católica y partidos
políticos.
La ponencia de Arellano tenía una estrecha conexión con el
folleto programático titulado: “Reflexiones de un español en tiempos
críticos para su historia” (Pamplona, 1977, 46pp.), escrito entre él,
Miguel Garisoain y De Orbe Tuero. Se publicó en el libro Carlismo otra
vez (Madrid, 1989), y se hizo sin su nombre por ser adoptada por el Ier
Congreso y la CTC en su totalidad. Tal era su autoridad. Así, el dicho
programa se dice:
“2.1. Debe asumirse la coherencia que se establece entre
la totalidad de nuestros Principios, sin olvido ni
relegación a un segundo orden de ninguno de ellos Pero
siempre mirando a convertirse en el fundamento de la
sociedad del mañana, y no como recuerdo de un pasado
irrecuperable. Ningún carlista de hoy ha de ser juzgado
por lo que aconteció en el ayer lejano; sí por lo que
aporte al presente o proyecte hacia el futuro.
La Comunión Tradicionalista Carlista, coherente y en
fidelidad a los principios contenidos en DIOS, PATRIA,
FUEROS, REY,
2.2.1. Se compromete a defender la presencia confesional
e impedir su abolición en todos los organismos que
todavía no la han perdido al menos formalmente:
cárceles, hospitales, escuelas, municipios, corporaciones,
ministerios, etc., y procurará recuperarla donde se haya
perdido a fin de que salvada la sociedad podamos
recuperar la confesionalidad del Estado, paso previo a la
Unidad Católica de España. “Nada sin Dios”; “Todo con
Dios” (p. 35-36).
En 1989 las Uniones Seglares de España se reunieron en un
Congreso para conmemorar el XIV centenario del Concilio de Toledo.
El tema era muy significativo, porque algunas personas destacadas en
la Comunión confundían el Concilio Vaticano II con la pérdida de la
Unidad Católica. Muchos que mantenían la Unidad Católica no caían
en semejante confusión. No en vano, los obispos españoles que
volvieron del Concilio dijeron claramente que España podía seguir
manteniendo su confesionalidad católica del Estado y la unidad
religiosa. Otra cosa es que este documento episcopal haya
desaparecido de las ediciones documentales posteriores.
De ahí que es importante la carta de Miguel Garisoain en nombre
de la CTC, dirigida al presidente de la Junta Nacional de la Unidad
Católica don Julián Gil de Sagredo. El original se conserva en el
archivo de don José Ignacio Dallo.
CTCX Comunión Tradicionalista Carlista
Sr. D. Julián Gil de Sagredo
Presidente de la Junta Nacional del
XIV Centenario de España Católica
24 de Noviembre de 1989
La Comunión Tradicionalista Carlista conmemora con
entusiasmo el decimocuarto centenario de la Unidad Católica
de España consciente de que el ser de nuestra Patria no tiene
otro fundamento, y se muestra agradecida a un Dios que hizo
que en nuestra Patria se cumpliese “el ser bienaventurada por
tener a Dios como Señor”; pero no se queda en un acto
puramente evocador de un pasado, sino que mira hacia el
futuro.
La Unidad Católica ha de ser nuestra esperanza de
restauración de España y la tarea de todos los que saben que
el triunfo está en las manos de Dios, pero haciendo que cada
uno en su puesto se esfuerce por restaurar en la sociedad lo
que un día habrá que conseguir para el Estado.
Apuntes y recuerdos del Congreso carlista de la unidad. El Escorial, 1986. José Fermín Garralda
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La Comunión Tradicionalista Carlista es asimismo
consciente de que quienes niegan la Unidad Católica “no
deben ser vistos como enemigos a los que hay que aplastar,
sino como hijos descarriados que hemos de convertir”.
Junta de Gobierno de la CT.C.
Miguel A. Garisoain
P.O./ Firmado:
Miguel A. Garisoain Fernández
Vicepresidente
(Por la transcripción)
Hay otros documentos en la misma dirección.
5.4.Qué se acordó en el Congreso de 1986 sobre el
titular de la Autoridad política.
Las conveniencias políticas no surgen de repente.
El tema de la suprema Autoridad tratado en el Congreso de la
Unidad de 1986 venía de atrás, y quizás por ello y por sentido común,
pudo establecerse una base de actuación práctica a satisfacción de
todos.
Antes del Congreso se reflexionaba sobre dicha base común de
actuación práctica.
En la fiesta de la Juventud carlista a la Inmaculada Concepción,
celebrada en el restaurante Bidasoa –hoy desaparecido- de Pamplona
el mes de diciembre, don Juan Casañas, procedente de Barcelona, dijo
como colofón de su discurso, con el unánime y rotundo aplauso de
todos: “no sabemos quién es el rey, pero sí quien no lo es”.
Los acuerdos de Talavera previos a 1986 concluían que la
Comunión Tradicionalista Carlista no se pronunciaría sobre la
concreción de la legitimidad o Autoridad –todos estaban de acuerdo en
quién no era el rey, esto es, don Juan Carlos de Borbón-, que no se
debían crear corrientes de opinión en el seno de la CTC a cerca del
titular de la monarquía, y desde luego evitar comentarios que pudiesen
dividir o encender discusiones. Se dejaba a cada carlista seguir sus
propias fidelidades dinásticas y/o de Regencia, con el respeto de los
demás por su pasado y de cara al porvenir.
De ésta manera, el Boletín oficial “Acción Carlista” informaba:
“(…) Unidos, sí. Conocedores también, de que la
unidad para la acción política lograda, en modo alguno
significa renuncia u olvido de la causa de la Legitimidad
inherente al ser del Carlismo.
El Congreso determinó posponer la solución de un
quién o de qué modo haya de encarnarse la Autoridad
Suprema. Por ello, todo carlista debe respetar hoy las
fidelidades a personas o instituciones que generosamente
han suspendido sus funciones policías en tanto el
Carlismo no llegue a resolver cuestión tan fundamental.
Claro es que cuanto venimos exponiendo no se hace
en un día. (Se refiere a las consideraciones que no
recogemos aquí). Pero debe iniciarse, del mismo modo
que el Congreso no fue unidad por sí y en sí mismo sino
punto de partida para la Unidad” (3er Tr. 1986, 12 pp. p.
1-3).
Cuando en 1989 la Junta de Gobierno intervino para resolver un
problema surgido en Barcelona, comunicó a la Junta Local de
Barcelona el acuerdo de El Escorial:
“1) el acuerdo de “congelar” la definición de en qué
persona u organismo se encarna hoy a Legitimidad
dinástica procedente de la Familia Real Carlista, que
comporta la Autoridad Suprema en el Carlismo, y con un
criterio pragmático, atribuir facultades operativas a una
Junta de Gobierno provisional, que como tal no se debe a
disciplinas dimanantes de órganos vinculados a ninguno
de los partidos fusionados en El Escorial ni actúa por
poderes delegados por personas o consejos ajenos al
Congreso que le confirió el mandado. 2) El acuerdo de
respetar como “criterios personales” las preferencias de
cada carlista en relación con tal capital problema siempre
y cuando dichas preferencias no trasciendan a relaciones
de jerarquía-disciplina paralelas y extrañas al elemental
organigrama de la Comunión Tradicionalista Carlista que
se intenta laboriosamente perfilar y de seguros efectos
nocivos respecto a la claridad y coherencia del proceso de
retorno a la unidad de los carlistas. Por ello hay que
agradecer a las personas o entidades presuntas
depositarias de la polémica Legitimidad histórica el cese
de sus funciones políticas, su silencio y si apoyo a la tarea
de lograr la tan ansiada unidad de doctrina, de
organización y de actuación, sacrificando méritos y
derechos muy estimables”.
Apuntes y recuerdos del Congreso carlista de la unidad. El Escorial, 1986. José Fermín Garralda
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6. El espíritu del 86
El llamado “espíritu del 86” se entenderá fácilmente si
observamos la actitud de quienes más trabajaron por la unidad y el
éxito del Congreso. Lo apreciamos en nuestro entorno de pertenencia
en Pamplona, y en personas a las que poco a poco fuimos conociendo
como José María Cusell, Juan Casañas, y Carlos Ibáñez…. Más tarde
entraríamos en contacto con Pachi Asín, Alfonso Triviño de Villalaín,
Vicente Febrer, José Miguel Orts, Raimundo de Miguel y tantos otros.
La persona de Domingo Fal Conde, tan querido por todos, nos abrió
enormes expectativas, así como la de Ángel Onrubia, Barrau, Segura
Ferns…
Como secretario general, don Miguel hacía suyo en mensaje
siguiente sobre la acción carlista:
“No nos engañemos. La unión por sí sola no basta.
Es necesaria la acción. Es necesario el entusiasmo, es
necesaria la entrega, la dedicación personal, la
aportación económica, y todo ello hasta el sacrificio.
Sacrificio de todos y cada uno de los carlistas.
“Nadie crea que los dirigentes por sí puedan
revitalizar el carlismo. La vida del carlismo está en las
manos de cada uno de nosotros, los que formamos el
pueblo carlista.
En estas horas graves, en esos tiempos críticos,
ningún carlista puede rehusar la parte que le
corresponde en el quehacer proselitista” (Acción Carlista,
nº 6, IX-1988).
Pues bien, hoy también los carlistas advierten sus nuevos retos.
Citemos algunos:
Evitar los viejos extremos “purista” y “practicista”.
No distraerse por cantos de sirena.
Curar las heridas –a veces graves- provocadas en el camino, con
necesidad de médico.
Ser albañiles a pie de obra y no de despacho, porque las líneas de
la arquitectura están en la historia, en 1986, y se mantienen hoy.
Se necesitan brazos, gente corriente y dispuesta. Urge el
compromiso. Y, en situación límite, compromiso al límite.
Reto permanente es evitar el correr solos en la carrera, y ansiar
escaparse del pelotón sin por ello hacer que éste gane posiciones, lo
que es una imagen de la ley económica de los rendimientos
decrecientes, por la cual si se aumenta la cantidad de uno de los
recursos económicos, pero los demás se mantienen constantes, la
producción total aumentará de forma cada vez más lenta hasta dejar de
crecer pudiendo incluso disminuir. Cuidado con esto.
Es preciso adecuarse a los medios de comunicación de hoy, al
estilo podcast, y tener en cuenta la inteligencia Artificial aunque ya
vendrán otros medios nuevos. Hace poco se debió acceder a los
ordenadores, las Redes, la telefonía móvil y otros instrumentos. De
todas formas, verse vis a vis, convivir y la comunicación en papel
(prensa convencional), son insustituibles.
El Cerro de los Ángeles 2025
7.Conclusiones
Para abreviar realizamos una enumeración como la siguiente.
1. El sino de los carlistas –y los restantes españoles- es
mantenerse en la unidad y recuperarla si la han perdido.
2. A la jugada maestra de la Revolución: la división y la lucha
entre antiguos hermanos en 1976, le respondió la jugada maestra de
la Tradición: la unión y unidad de los verdaderos carlistas en 1986, y
mantener las normas básicas de educación hacia los que se decían
serlo y no lo eran. La Revolución siempre quiso a los carlistas
desunidos, también cuando se les da por desaparecidos, y el marxismo
ambiental estimular el odio creando conflictos artificiales.
Apuntes y recuerdos del Congreso carlista de la unidad. El Escorial, 1986. José Fermín Garralda
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3. Preparar el camino a la unidad exigió un intenso trabajo y
mucha entrega. Las familias fueron muy generosas. Exigía mantener
los propósitos, ser perseverantes, aglutinar a todos los hermanos en el
mismo Ideario, y vivir con una amplitud de miras. La flexibilidad como
virtud política era la cura ante la posible rigidez originada por estar
siempre en la defensiva.
4. Los veteranos dieron pruebas de concordia, saber ceder,
altura de miras, darse cuenta que su principal obligación eran lograr la
unidad, y hacerlo con habilidad política. En esta última destacaron
algunos como don Miguel Garisoain, que de ella hizo gala durante al
menos tres años para poner fin a ciertas dificultades.
5. Los jóvenes fueron un elemento muy importante en la unidad.
Los mayores les dejaban hacer, delegaban y confiaban mucho en ellos
al advertir que tenían una suficiente formación y se dejaban guiar.
6. Los acuerdos previos de Morella y Talavera fueron verbales.
Las referencias escritas posteriores fijan sus contenidos sobre la
unidad y la autoridad.
7. Como decía el poeta, hemos constatado que el camino se
hace al andar, ya en la preparación del Congreso ya en la explotación
de su éxito.
8. Todo problema que surja en el tercer milenio, que parezca
mostrar el fracaso de la unidad de los carlistas en 1986, se superará
advirtiendo el amplio marco que ofrece la CTC reconstituida en
dicha fecha.
Montejurra
9. La CTC mantuvo siempre la Unidad Católica a pesar de lo
ocurrido puntualmente en el seno del Consejo nacional en 1991, del
que quien esto escribe formaba parte. Aceptó que cada cual
reconociese la Autoridad suprema que considerase jurídicamente
adecuada, aunque sin hacer causa de ella en el grupo y los trabajos
colectivos. La Regencia de Estella ordenó a los que le reconocían que
hiciesen caso en todo a la Junta de Gobierno. La CTC rechazó el
sistema político de partidos presentándose como partido antipartido
para poder influir en la política institucional.
10. Era necesaria una organización dinámica y unitaria, y poner
por delante el servicio y la disciplina más básica. Era necesario trabajar
en lo que une, que es casi todo, y recogerse y omitir en público lo que
pudiera dividir. El bien común de la Comunión y la situación de
emergencia de España exigían un prudente y exquisito modo de hacer
que permitiese en trabajo intenso, el camino propiamente político,
presentarse a elecciones si así se consideraba, y reconstituir una
sociedad para hacer posible el rey de todos los españoles.
Los lemas de nada sin Dios –todo con Dios-, más sociedad y
menos Estado, y reconstituir la sociedad para hacer posible un rey
tan oportunos en 1986, siguen teniendo hoy una plena actualidad.
José Fermín Garralda Arizcun
Consejero nacional de la CTC desde 1986