El arte románico, desarrollado en los siglos XI y XII, se expresa principalmente a través de iglesias y monasterios, reflejando una sociedad feudal y profundamente religiosa. Este estilo arquitectónico, caracterizado por su monumentalidad y una estrategia de diseño basada en la planta de cruz latina, se expandió por Europa gracias a las rutas de peregrinación y la influencia de las órdenes religiosas. La construcción de iglesias de peregrinación, diseñadas para albergar y honrar reliquias, se convirtió en un símbolo del poder de la iglesia y su rol en la vida espiritual de la época.