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EL AULA–TALLER COMO ESTRATEGIA DE ENSEÑANZA
Fuentes
Ausubel, D. et al. (2009). Psicología educativa. Un punto de vista cognoscitivo. México,
Trillas.
Ausubel, D. (2002). Adquisición y retención del conocimiento. Una perspectiva cognitiva.
Barcelona: Paidós.
Pasel, S. (1993). Aula taller. Buenos Aires: Aique
Perkins D (1997). La escuela inteligente. Del adiestramiento de la memoria a la educación de
la mente. Barcelona: Gedisa
Desarrollo
El aula–taller se fundamenta en un aprendizaje activo, en una forma de aprender diferente a la
tradicional, en la cual el estudiante se apropia de los conocimientos participando activamente
en este proceso y el docente cumple un rol de guía y facilitador. En el viejo paradigma “el
enseñar es superior al aprender”, entonces, la función del docente es exponer y transmitir
conocimientos (Perkins, 1997). En cambio, el nuevo paradigma, en el cual podemos incluir
como estrategia al aula–taller, está centrada en el aprendizaje de los estudiantes.
En cuanto a la aplicación del aula–taller, podemos identificar tres momentos (Pasel, 1993):
 Actividad inicial: Tiene como objetivo enfocar la atención del estudiante en el tema que
se desarrollará. Se recomienda que el docente proponga una actividad que estimule al
estudiante para que aporte espontáneamente sus conocimiento previos y sus intereses -
 Síntesis informativa o desarrollo del marco teórico: El docente orienta y guía al
estudiante en la elaboración del conocimiento. El docente no explica el tema, sino que
guía a los estudiantes para que adquieran la información por sí mismos, y establezcan
nexos y relaciones que los lleven a niveles cada vez más avanzados de comprensión.
 Actividades de integración, síntesis y extensión: No hay un límite rígido entre las
actividades de desarrollo del marco teórico y las de integración. Para que se lleven a
cabo las actividades individuales y grupales de integración de manera efectiva es
imprescindible que el docente prepare una guía de trabajo que permita ordenarlas. Estas
actividades deben permitirle al estudiante reelaborar, retrabajar, recrear el marco teórico.
No es simplemente un trabajo de aplicación, sino que las actividades deben incluir
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elementos que permitan reelaboraciones. Pasel (1993) propone varias técnicas grupales
para aprender a pensar y a actuar junto con otros: el brainstorming (torbellino de ideas),
trabajo en subgrupos; role-playing (juego de roles), debate parlamentario o juicio oral,
mesa redonda, etc. El eje de estas actividades son los objetivos y no los contenidos, y el
trabajo individual y grupal se complementan entre sí.
El docente debe identificar los conocimientos previos de los estudiantes para diseñar las
actividades en el aula descriptas anteriormente. En publicaciones anteriores, cuando nos
referimos al aprendizaje significativo, subrayamos la importancia de identificar los saberes
previos de los estudiantes (Ausubel, 2009, 2002).
La enseñanza tradicional disocia la teoría de la práctica, a diferencia del aula–taller que busca
integrarlas a través de la reflexión, los sentimientos y la acción. Para Pasel (1993) la
enseñanza tradicional es la que produce un adormecimiento de las posibilidades intelectuales
del estudiante ejercitando la repetición de lo aprendido, negando la posibilidad de análisis,
crítica y creatividad. En este sentido, de nada sirve incluir las TICs en las instituciones
educativas si los métodos de enseñanza siguen siendo los mismos. En cambio el aula–taller
tiene como objetivo evitar la rutina, que congela el interés y paraliza al aprendizaje. La
aplicación de esta metodología requiere del docente una permanente evaluación para
determinar en cada momento qué tipo de comportamiento conviene promover, y una
constante creatividad tanto en la preparación como en la ejecución de las guías de trabajo.
Con el objetivo de resumir y ampliar lo que desarrollamos anteriormente, podemos señalar
que la metodología del aula–taller implica un replanteo total en la dinámica de aprendizaje. Si
el aula es un taller, el estudiante cambia de rol respecto del aula tradicional, y se transforma
en sujeto activo de su propio aprendizaje. Del mismo modo, el docente, de único depositario
del saber y la verdad, pasa a ser un promotor del proceso de aprendizaje de los estudiantes. Su
tarea será, sobre todo, la de acompañar, coordinar y promover (cuando esto no suceda
espontáneamente) procesos cognitivos, utilizando para ello el diálogo y el debate en el aula.
En el aula–taller, el docente, más que dar respuestas deberá plantear preguntas, a fin de que la
respuesta surja de los propios estudiantes. El objetivo es que el resultado del aprendizaje se
creativo y “reelaborador” (no “aceptador”) de la realidad circundante. Esto no implica pasar,
como señalan muchos críticos de esta propuesta, del autoritarismo a la permisividad absoluta
Esto significa que el proceso de enseñanza y aprendizaje ya no se limita a una serie de
contenidos impartidos en el aula desde una tarima (la cima del “saber”) a estudiantes
alineados mirando el pizarrón, creando en los mismos un sentimiento de inferioridad. El
verdadero saber, el saber que perdura, el saber de los estudiantes, que es el que realmente
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importa, surgirá de la aplicación de estrategias como por ejemplo el aula–taller donde el eje
sea el debate y la práctica colectiva. Al respecto, solamente en el debate entre iguales,
resolviendo juntos los problemas que les afectan, los estudiantes van adquiriendo diversas
competencias cognitivas, actitudinales y procedimentales que no se aplican solamente al
ámbito académico, sino también a la vida en sociedad. En este contexto, la función del
docentes es planificar las clases para interesar a los estudiantes en los contenidos presentados
evitando la rutina y los estereotipos.
Mediante la aplicación de la metodología del aula–taller, muchos docentes se han
reencontrado con el placer de enseñar, con el placer de volver a escuchar a los estudiantes e
interactuar con ellos de manera efectiva en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Es decir,
este enfoque no solamente tiene ventajas para los estudiantes, sino también para los docentes
que lo aplican.
Finalmente, el aula–taller es un espacio donde se promueve la creatividad, donde interactúa el
docente con los estudiantes y éstos entre sí, y donde todos enseñan y todos aprenden.
También, en este contexto los estudiantes aprenden no solamente conceptos y habilidades,
sino también “aprenden a ser” y “aprenden a dejar que el otro sea” y, en consecuencia,
“aprenden a vivir con otros” aceptando sus diferencias y particularidades.
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