Napoleón Bonaparte emergió como líder durante las últimas etapas de la Revolución Francesa y estableció un consulado tras un golpe de estado en 1799, convirtiéndose en emperador en 1804. Su imperio buscó expandir la influencia francesa y modernizar Europa, pero fue derrotado por una coalición en Waterloo en 1815, tras una serie de fracasos en campañas militares. La ocupación napoleónica provocó una transformación en Europa y el resurgir de movimientos nacionalistas, mientras que su caída permitió el restablecimiento del absolutismo en varios estados.