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Poesía * Narrativa * Opinión * Fotografía * Moda
El Mal Menor
N°6 - Agosto 2016
En este número:
El rapto de Linterna Verde
Poesía de Jorge González Bastías
Fotografías de Estación Colina
La masacre de los nopales
El Patagón Rebelde de Batuco
¿Qué significa Mamihlapinatapai?
Noticias de la nadaProyecto Financiado por Fondo Nacional
de Fomento del Libro y la Lectura
Convocatoria 2016
Lengua chilena
Por el profe Raúl Emblema
Hay personas -contaminadas por
las teleseries mexicanas y las
películas de Disney- que cuando
ven un niño o una niña que recién
ha nacido le llaman bebé.
Usted, amigo chacabucano, no sea necio.
Usted, cuando vea a un niño o niña que recién
ha nacido, no le diga bebé, dígale guagua, que
es una hermosa palabra de origen andino.
Así estará defendiendo nuestra iden dad
y nuestra pulenta forma de hablar.
No lo olvide, guagua sí, bebé no.
Editorial
El Mal Menor N°6 - Agosto de 2016 - Batuco - Chile - Correo electrónico: revistaelmalmenor@gmail.com
Editores: Sergio Sarmiento - Emilio Serey - Melody Valenzuela - Colaboran
en este número: Héctor Figueroa M. - Jaime Núñez - Juan José Salinas
Diseño gráfico: Sergio Sarmiento - Fotogra a: Emilio Serey
Editorial
Mucho se habla de la libertad en nuestro país, asociándola comúnmente
con ciertos productos o servicios que permi rían obtenerla: gaseosas,
automóviles, paquetes turís cos; o con la idea de tener un negocio propio,
un emprendimiento. Ante esto, la pregunta que surge de inmediato se
refiere a la capacidad que enen estos productos o servicios -o el hecho de
conver rseenpequeñoogranempresario-paralograrqueunapersonasea
libre. Sin responder aún la espinosa pregunta, hay ciertas caracterís cas
comunes a ambas vías que se deben reconocer: las dos son de carácter
individual, no colec vo; las dos se ar culan sobre la base de la materialidad,
no de lo filosófico o lo espiritual; las dos funcionan a par r de lo económico,
del concepto de beneficio, no de la solidaridad. Es decir, el poder polí co
empresarial dominante concibe la libertad como un valor individual,
material y económico. Nosotros vemos el asunto al revés: lo individual, lo
materialy lo económico -a pesar de que son elementos necesarios- llevados
al exceso funcionan como una cárcel. Entre esos barrotes, que niegan lo
colec vo, lo filosófico y la solidaridad, vivimos aprisionados hoy en día.
Afortunadamente, no todo el mundo se traga esta medicina adoctrinadora
que nos transmiten los mas nes hegemónicos. Hay muchos que no
comparten tales ideas, muchos que quisieran deshacerse de los mas nes
por métodos que van de la extrema violencia, como la decapitación, la
alimentación con vidrio molido o por úl mo la emasculación, es decir, un
corte de tes culos que impida su reproducción, hasta estrategias más
pacíficascomolamuertequímica,sindolor,oelamaestramientoyposterior
postura de chalequitos para dejarlos en el jardín, durmiendo una siesta
eterna. Variopintas son las formas de deshacerse del baboso perro cuya
hambre, infinita, insaciable, nos impone una libertad de cartón mientras se
come nuestra parte más erna, más dulce, más generosa, dejando lo duro,
lo amargo, lo egoísta, como idea de la vida y el ser humano. Habría que
elegir, entonces, una forma para conjurar a los mas nes esclavizadores,
pronto.Yponermanoalaobra.
2
Iluminaciones
Los Estados Hundidos
de Norteamérica
3
Noticias de la nada
Lampa. Una vieja ampolleta -de
esas que ya no se usan por
an económicas- se comunicó
con El Mal Menor para darnos a
conocer el grave problema que la
aqueja. Resulta, señaló, que
estoyinstaladaeneltechodeuna
señora montepiada que falleció
hace poco. A la pobre mujer le
vino una insuficiencia renal y
rápidamente se fue para el otro
mundo. Su hija, que la visitaba a
diario, la encontró a la mañana
siguiente de haber fallecido,
rada en la cama, helada y con
los ojos hinchados, como de
camaleón. Llorando llamó a una
ambulancia y tras unas seis horas
de espera -la salud aquí es un
desastre- unos camilleros se
llevaron a la difunta. Después de
ella salió su hija, cerrando la
puerta sin apagarme. Ahí
comenzó mi problema. Llevo
doce días encendida. Lo más
seguro es que me termine
quemando. Por favor, que
alguien se apiade de mi filamen-
to, que es como mi corazón, y
apriete el interruptor antes de
que la muerte me lleve a mí
también,solicitófinalmente.SS
El drama de una vieja ampolleta
Serey
4
Chacabuco. Un micrófono
se acercó a nuestro medio
para hablarnos de la di cil
situación que le ha tocado
vivir en el úl mo empo. Lo
que pasa, señaló, es que me
usan constantemente en
todo po de actos públicos,
como inauguraciones,
congresos, convenciones,
campañas polí cas y todo
po de eventos culturales y
depor vos, situación de la
que no me quejo, ya que me
gusta trabajar y además
tengo una gran vocación por
las comunicaciones, cosa
que descubrí en mi infancia,
cuando recién me estaban
armando en un local de San
Diego; el problema no es
ese, aclaró, el problema es
q u e , c o n e l e m p o ,
comencé a darme cuenta
que me estaban usando
paraemi rfalsedades.
Interrogado acerca de quién
sería la persona que lo hace
emi r tales falsedades, por
miedo a las represalias
declinórevelarsu iden dad,
aunque indicó que se
trataría de uno de los
alcaldes de la provincia. Me
han hecho decir que la
atención de los consultorios
mejorará, que la educación
será de buen nivel, que
desaparecerán los campa-
mentos, que no habrá más
robos ni hacinamiento ni
licitaciones brujas, que la
pobreza por fin pasará a la
historia. Y todo sigue igual.
Hace unos días hablé con mi
jefe acerca del tema y
amenazó con dejarme en la
bodega, encerrado para
siempre en una caja de
cartón, si seguía hablando
este po de cosas, que
calificódehuevadas.
Antesdeirse,yvisiblemente
conmovido, el denunciante
hizo un llamado a todos los
micrófonos de la provincia y
del país para que se unan y
luchen colec vamente por
su dignidad, ya que, según
indicó, ha recibido informa-
ciones de otros micrófonos
que le hacen pensar que el
fenómeno de las falsedades
seríatransversal.SS
Valiente denuncia de un micrófono
Noticias de la nada
5
Noticias de la nada
Batuco. Llegó de manera silenciosa a
nuestra sala de redacción. Y tras
acomodarse en una silla, valiéndose
de papel y lápiz nos comentó su
compleja situación. Señaló que todas
las letras enen una imagen gráfica y
un sonido, pero que ella ene solo
una imagen. Valgo menos que un cero
a la izquierda, o una mesa o un florero
en una obra de teatro, estoy solo para
rellenar, anotó en la libre ta que le
servía para expresarse. Después nos
indicó que le gustaría dejar de ser una
letra impronunciable. La gente no
sabe el daño sicológico que estoy
sufriendo. El gobierno debería aplicar
la ley Zamudio a quienes me discrimi-
nan a diario, especialmente a profe-
sores y profesoras que, creyendo que
se trata de un asunto gracioso, me
humillan en las salas de clases
tratándome de la “mudita” o la
“calladita”, para luego señalar que,
salvocuandovoyacompañadadeuna
“c”, tengo un sonido. Ese sonido no es
el mío, aclaró de inmediato, es un
sonido mes zo. Esa no soy ni seré
nunca yo. Esa yo es otra, anotó
enseguida en la libre ta, cual una
enigmá caRimbaudfemenina.
Le preguntamos cuál sería la solución
a su penoso drama. Indicó que la RAE,
el ministerio de educación, o algún
engrupido escritor vanguardista, por
úl mo, deberían asignarle un sonido.
O dejarla marchar, no quiero más esta
vida sin sen do, no soporto más estar
en un abecedario donde nadie
en ende mi papel, donde existo -
como dicen algunos bárbaros- solo
para complicar irracionalmente el
idiomaespañol.SS
Letra H exige un sonido
6
Zona de Resistencia
Es invierno en el pueblo, las marcadas
zonas de niebla cobran sen do con la
densahumedadproducidaporelpantano.
Nuestras mañanas se llenan de pinturas
escarchadas, vaporosas de rabia, borro-
sas, húmedas y frías. La ciudad creciente
aspira, succiona con inmensas membra-
nas que hacen palidecer el pueblo entero.
San ago y su cemento infinitamente
endurecido se ex enden, despliegan sus
brotes y esconden sus frutos, que caen y
germinan en nuestros terrenos, avanzan
sus calles y traen con ellas la soledad, los
automóviles, atochamientos, brea
extendida en los suelos antes fér les,
dotados de raíces empantanadas, vemos
susernefastocarcomiendotodoasupaso.
Cuerpos fúnebres, extraños y agresivos,
aparecen a diario, ondas sonoras vibran-
tes, los tambores se mul plican, salen a
caminar por las calles principales, con sus
mejores teléfonos, alumbrándose con sus
logos se exhiben como vidas ejemplares,
memorables. No hay donde esconderse,
las casetas de vigilancia brotan en todos
lados, las cámaras se alzan, in midan, los
autos con balizas de colores rondan en
cada esquina, volvieron los milicos
púberes y sus cargados fusiles. Somos
todos culpables hasta demostrar lo
contrario, nos odiamos todos, desconfia-
mos, vivimos como islas asustadas,
endeudadas.
La ciudad creciente aspira, succiona a
nuestra aldea con inmensas llamaradas,
hace palidecer el pueblo entero y hoy, la
eterna plantación de tunales, arraigada en
el sector Los Corrales, ha desaparecido.
Después de alambrar y electrificar el si o
donde fruc ficaban, millones de paletas
espinadas fueron arrasadas junto a sus
frutos. Irremediablemente las llevarán a
algún peladero, basural o botadero
municipal, cualquier paraje capaz de
contener toneladas de nopales y espinos
verdosos, vigorosos y relucientes, cual-
quier paraje que deshaga y silencie la
matanza,juntoarestosdeaceroyplás co,
basuras condensadas de las faldas locales.
Hoy la niebla se desliza suavemente,
concentrada en el vacío terreno, los cerros
La masacre de los nopales
La maquinaria pesada, dirigida por chillosos celulares,
polerones nike y zapa llas adidas, levantó la muerte, alzó la
destrucción, pero el pueblo, entretenido con la zumba y las
no cias televisivas de la tarde, también con los ma nales y el
fútbol, mucho fútbol, se mantuvo en un silencio absoluto.
Por Aylín Jiménez
7
Zona de Resistencia
amputados son tes gos del crimen, tras los
filosos cuchillos de sus máquinas los
matarifes ocultan la desgracia, ocultan sus
iden dades carentes de cerebro, de sen do
común, de entendimiento, esconden sus
manos ensangrentadas, sus bolsillos
hambrientos, sus almas vacías. Después de
la ejecución, los empos de fruc feras
cosechas son visiones de otra época,
nostalgias sin remedio, como lo son las
noriasylascañasdelpa odeayer.
La maquinaria pesada, dirigida por chillosos
celulares, polerones nike y zapa llas adidas,
levantó la muerte, alzó la destrucción, pero
el pueblo, entretenido con la zumba y las
no cias televisivas de la tarde, también con
los ma nales y el fútbol, mucho fútbol, se
mantuvo en un silencio absoluto, el pueblo
sumergido en sus nichos se volvió masa
inconsciente, productor de escaso dinero y
negocios, emprendimientos sin rumbo,
fantasmas actuales, productores y consumi-
dores, engranajes temporales, piezas de
recambio, números mudos y fallidos, vidas
enanas de mentes enanas y desgracias
gigantes, desastres naturales, como los
tunales ex rpados, desperdicio amontona-
do que no siente, no piensa y me pregunto
¿hasta cuándo el infortunio creado por el
hombre ha de matar al hombre y me hará
presenciarlo con los ojos entumecidos?
¿hasta cuándo el infortunio creado por el
hombre nos mantendrá como espectadores
silenciados?¿hastacuándo?
8
Nacido en Aysén hace setenta años, Mario
Rabanal vivió en diferentes lugares del sur
de Chile y Argen na -donde estudió Artes
Plás cas- para establecerse en la ciudad de
Punta Arenas, donde instaló una imprenta
en los añossetenta,negocio quecerró para
dedicarse a la confección de carteles y
letreros, oficio que ejerce hasta el día de
hoy. En la austral ciudad, durante los años
ochenta par cipó en la Asamblea de la
Civilidad de Magallanes y ejerció como
dirigente de los pequeños industriales.
Más adelante, se inscribió en el PPD,
par do que abandonó rápidamente.
Durante los años noventa, por problemas
económicos, se vino a San ago. El año
noventa y uno, llegó a Batuco. Al poco
empo era uno de los integrantes de la
comisión Batuco Comuna. Paralelamente,
ha desarrollado la prác ca de la escritura.
Desde los años sesenta escribe poemas, de
carácter popular, que según señala "le
alcanzarían para un libro". Hace pocos
años, en una manifestación de "Patagonia
sin Represas", se ofreció para leer algunos
de sus textos. El animador, sabiendo la
procedencia de Rabanal, lo presentó como
"El Patagón Rebelde de Batuco". Y así se
hizo conocido este personaje local, que no
es tan patagón, ni tan rebelde, ni tan
batucano, ni tan poeta. Sí muy polí co,
aunqueconescasoéxito en la polí ca local.
Soy el único sobreviviente
de la comisión Batuco Comuna
Mario Rabanal, El Patagón Rebelde de Batuco
Entrevista: Sergio Sarmiento - Fotogra a: Emilio Serey
Entrevista
Serey
9
HoyintegraelmovimientoporlaAsamblea
Cons tuyente. De igual forma apoya a
algunos candidatos concertacionistas de la
comuna, sin que esto le parezca contradic-
torio con su interés por cambiar el modelo
polí co de raíz y crear una nueva cons tu-
ción,ni con el hecho de haber abandonado
elPPDylaconcertaciónhacemásdeveinte
años. Se trata -por cierto- de un pico
exponentedelamicroculturalocal.
Poesía
Usted nos mandó unos poemas para su
posible publicación, también los da a
conocer en Facebook y los ha leído en
público.¿Seconsideraunpoeta?
Mira, cuando estudiaba en la escuela de
Bellas Artes un crí co de la Universidad de
Artes del Gran Buenos Aires me hizo una
pregunta parecida. Me dijo: ¿usted pinta?
¿usted es pintor? Más o menos, le respon-
dí. Ah, es chileno, me dijo. Me descubrió
por el uso del más o menos. Entonces sos
pintor. ¿Serás bueno o serás malo? Lo
mismo podría responder con el tema de la
literatura. Si es así, si me consideran así,
pensaréquesoypoeta.
¿Desdecuándoescribepoesía?
Mi primer poema lo escribí el año 67. El
año80melargueaescribirfirme.
¿Quédefineaunpoeta?
Tendría que sen rme muy poeta para
darte esa respuesta, pero creo que un
poeta es el hombre que habla con el alma,
conelcorazónydespuésconlamente.
¿Ustedseconsideraunhombrequehabla
conelalma,elcorazónylamente?
Yconunpocomás,sí.
¿Quéeslapoesía,entonces?
La poesía es el amplio camino para el
hombre,sobretodoenlos emposdefalta
de libertad, como la que vivimos en Chile
en la dictadura, en que todo había que
hacerlo desde el clandes naje. La poesía
daba un poco esa oportunidad. Ahora, que
llegara a todos, era di cil, porque pasaba
lo mismo que hoy: todos los medios
estaban controlados. Hoy, por ejemplo, yo
lucho por la Asamblea Cons tuyente, pero
los medios, entregados a lo que dictamina
elsistema,elpoder,notedancobertura.
¿Cuálessonsusautorespredilectos?
Encuantoaautorespredilectos,heleídoal
pasar a Neruda, he leído al pasar a De
Rokha, he leído al pasar a Gabriela Mistral.
En Argen na, a esta niña que se suicidó,
Alfonsina. A la misma Violeta Parra. Me
quedo,esosí,másconelpoetadelpueblo.
¿Quiéneselpoetadelpueblo?
El que le escribe al pueblo. Hay poetas que
le escriben a la elite, pero hay poetas que
escriben para el pueblo, desde el pueblo,
lascosasdelpueblo.
Usted dice que lee al pasar ¿No debería
prepararse más, leer más, para hacer una
mejorpoesíaparaelpueblo?
Absolutamente de acuerdo, pero yo nunca
pensé prepararme para ser poeta, a mí las
cosas se me dieron, me fueron surgiendo,
Entrevista
Entrevista
10
como la autoexpresión, y agarré papa,
comosediceenbuenchileno.
¿Ustedespar dariodelapoesíarimada?
No tengo idea, mira, si me haces preguntas
técnicas de poesía; pero sí, he tratado de
rimar, he tratado de aprender obviamente,
uno busca información técnica. Yo creo
quelaliteraturanoesmifuerte.
Ustedsepresentócomopoeta.
En ese caso, disculpa, no lo tomé como una
entrevistaexclusivaparaeltemaliterario.
¿Usted se considera un poeta popular o
poblacional,ales lodelaBatucana?
Poblacional,sí.
¿Qué diferencia hay entre la poesía
popular o poblacional y la poesía moder-
na,porejemplo,ladeNeruda?
Tengountemaquelollamo:"Tuburguesía,
yo y él". Allí cito a Neruda, ya que justa-
mente antes de escribirlo estuve en Isla
Negra, en su casa, y noté que Neruda tenía
mucho de burgués. Y me inspiró a escribir
ese tema, donde marco las diferencias,
que hay entre tú, yo y él, son diferencias
quelleganadoler.
Usted,noscontó,fuerepresentantedelos
pequeños empresarios. ¿Un pequeño
empresarionoestambiénunburgués?
Y tú crees que porque tú digas eso yo me
voyaponerallorar.
Essolounapregunta.
Pero me parece que esa es una manera
errada de ver las cosas. Hace un rato te
conté que, en los años 80, me había
entrevistado con Pinochet como represen-
tante de CONUPIA, pero eso no significa
que, porque una persona pasó por la casa
deldiablo,hayquecortarleelcogote.
Nadie le ha cortado el cogote, estábamos
hablando de la casa de Neruda, no de la
casadeldiablo.
Claro. Mira, no es que yo no reconozca la
poesía de Neruda, sino que simplemente
no he leído mucho de él, además alguna
vez pensé que no quería tener influencias
de nadie; tampoco me gusta la poesía que
se va mucho en la volada. En la volada del
amor, en la volada de lo román co. Lo que
yo escribo, por ejemplo, está en lo con n-
gente,enlocontestatario.
Su imagen de Neruda es bastante limita-
da.Enfin.¿HaleídoaNicanorParra?
También he leído poco de él, pero me han
gustado algunos an poemas. De repente
también los encuentro di ciles de
entender, es que yo pienso como el
hombrecomún.
¿Cómo sabe Usted de qué forma piensa el
hombrecomún?
Comoloveoadiario,quenolee,leemenos
queyo,yessimple.
¿Hapublicadoalgúnlibro?
No, no he publicado. Por dejación y por
faltaderecursos.
¿Quéopinadelaliteraturalocal?
Bueno, soy amigo de la Batucana. Tengo mi
opinióndeloqueesella,deloquehace.
¿Cuálesesaopinión?
La poesía de la Batucana es una poesía
profunda, muyarraigadaalolocal,alavida
11
Entrevista
de la población, al dolor, al sufrimiento.
Cuando ella dice: "perdónenme que yo no
sé escribir, no soy una persona culta", yo le
digo: “tú no eres culta, tú eres curta,
cur daporlavida.”
Polí ca
¿QuéroljuegaUstedenlapolí calocal?
Ninguno.
¿Jugóalgunavezunrol?
Sí, fue cuando llegué a Batuco y Escobar
estaba en la alcaldía. Yo venía del mundo
de la polí ca de Magallanes, donde dimos
luchas desde la Asamblea de la Civilidad.
Yoeraunodesuscuatropresidentes.
¿Algunaanécdotadeesos empos?
Recuerdo que en un congreso de la
asociación de pequeños industriales que
se hizo en los Ángeles, con la presencia del
ministro de Economía de la época, que era
un militar de apellido Concha, luego del
recalcitrante discurso de Domingo Durán,
polí co par dario de Pinochet, me tocó
tomar la palabra y señalé que, desde ese
momento, los pequeños industriales se
declaraban en libertad de afiliarse a los
par dos polí cos que ellos quisieran
elegir, cosa que estaba vedada por el
decreto 2757. Fui ovacionado por el
público. Ese mismo día fui elegido Director
NacionaldeCONUPIA.
¿En ese contexto se entrevistó con
Pinochet?
Claro, yo fui parte de una comisión de las
fuerzas vivas de Magallanes, porque
Pinochet derogó un decreto -el 889- que
bonificaba la inversión y la mano de obra
en las regiones extremas de Chile, sin que
la comunidad alcanzara a obtener benefi-
cios, ya que no se sabía de su existencia.
Más encima este decreto sirvió para la
corrupción, porque mientras estuvo
vigente se construyeron los "galpones
paraguas", que eran solo techos parados
con cuatro palos que se declaraban como
galpones produc vos, a fin de cobrar las
bonificaciones.
¿QuéleparecióPinochet?
Unmilicocomocualquiera.
¿Perteneceaalgúnpar dopolí co?
Yo par cipé en Magallanes por el Par do
Socialista en clandes nidad. Después
creamos el PPD, par do instrumental y ahí
En cuanto a autores predilectos, he leído al
pasar a Neruda, he leído al pasar a De Rokha, he
leído al pasar a Gabriela Mistral. En Argen na, a
esta niña que se suicidó, Alfonsina. A la misma
Violeta Parra. Me quedo, eso sí, más con el
poeta del pueblo.
Serey
12
nos quedamos inscritos algunos. Al poco
andar -el año 94- renuncié y no me he
inscritonuncamásenunpar dopolí co.
¿Porquérenuncióal PPD?
Por las sucias maniobras de los dirigentes
locales, como lo que hizo Marcos Álvarez,
actual concejal por Lampa, al manejar
asambleas truchas o inventar asambleas y
autocalificarse como candidato. En el
momento, junto a un joven de apellido
Suárez, hicimos las denuncias al tribunal
supremodelPPDyno tuvimosrespuesta.
¿Hubomásrazonesparasalirdel PPD?
La Concertación tenía y ene una deuda
que ya no la pagó, me refiero a las inmen-
sas expecta vas que le dieron a la gente y
quenuncacumplieron.
Después del 94 ¿siguió par cipando en
polí ca? ¿Desde dónde? ¿Se volvió
anarquista,terrorista,musulmán?
Seguí par cipando desde mi forma de ser,
creyendo siempre en el socialismo y
colaborando con dirigentes amigos de la
Concertación. En las elecciones pasadas
apoyéalradicalManuelCas llo.
Parece que no se desilusionó tanto de la
Concertación...
Lo hago solo por amistad, hoy en día
trabajo por la Asamblea Cons tuyente,
que es un proyecto que busca dar una
verdaderademocraciaaChile.
¿QuépasóconBatucoComuna?
Soy el único sobreviviente de la comisión
Batuco Comuna. Todos mis compañeros de
comisiónfueroncandidatosaconcejales.
¿Qué opinión le merece la actual alcalde-
sadeLampa?
Mala, porque ha sido una persona muy
manipuladora de los conocimientos que
ene de la población, ya que cuando ella
era jefa de la Corporación Municipal, es
decir,elbrazo derecho deEscobar,maneja-
bainformaciónprivilegiadadelacomuna.
¿Graciela le pegó una puñalada por la
espaldaaEscobar?
Más de una. Cuando ella se presentó como
precandidata a alcaldesa dentro de la
Democracia Cris ana y no tuvo éxito, cosa
que también le ocurrió a Ricardo Díaz, se
re ró del par do y se ró por fuera, con el
apoyo de Renovación Nacional. Ricardo
Díazhizolomismo,peroconlaUDI.
SifuesealcaldedeBatuco,¿quéharía?
Primero hay que administrar bien. Luego
preocuparse de la salud, la educación, la
parte laboral. También le pondría otro
énfasis al deporte: pistas de atle smo,
tableros de ajedrez, canchas de tenis,
mesas de ping pong. Además, crearía una
planta de tratamiento solo para las aguas
servidas de Batuco, y desarrollaría todo lo
queesturismo.
¿Yenlacultura?
Talleres de teatro, de pintura, de literatura
para par cipar como estudiante. Más
concursos también, de pintura, de literatu-
ra,quedespiertanlasvocaciones.
¿Le hubiese gustado ser alcalde de
Lampa?
Nomehabríaquedadograndeelponcho.
Entrevista
13
Jorge González Bastías
Otro poeta chileno
en el índex del olvido
Por Héctor Figueroa M.
“Transformanhastaloirreconocible,ysinprevioaviso,
los paisajes rurales y urbanos donde solíamos anclar
nuestra seguridad duradera y fiable. Reorganizan a las
personas y hacen estragos con sus iden dades
sociales”.
Zygmunt Bauman
Realizando de manera obligada una mudan-
za-hormiga,ordenandopapelesyrumbasde
libros que fueron la emoción de algún día,
debajo de un ensayo acerca de la obra de
Octavio Paz, de pronto, al azar, me encandi-
la, como una brizna de hierba iluminándose
en noche de luna gigante, la portada de un
librito que cae al suelo sobre unas tablas de
madera sin encerar. Es un libro delgado, con
una cubierta hecha alguna vez de color
verde y ahora casi completamente color
sepia, es decir, color olvido. Es una primera
edición que no recordaba para nada poseer,
siendo que no poseo más que libros, y que
ahora, bajo un día domingo de otoño se me
aparece en la Casa de los Muertos, en Sierra
Bella 1497, vecina a la casa –también
derruida- del escritor Daniel de la Vega, en
San ago-Sur.
El ejemplar se tula “El poema de las erras
pobres” (1924), su autor: Jorge González B.
(1879-1950). Así publicó su nombre en la
El trabajo poé co de
Jorge González Bas as
emociona, incluso en lo
que ene de naíf,
describiendo y
develándonos la ruralidad
de antaño, preocupado en
todo caso de no hacer sólo
rimas cantarinas, tal cual
se prac caba en su época,
demostrando a su vez una
carga ecológica y a sbos
quejumbrosos de una
aplastante modernidad
ya en ciernes.
Taberna
14
portada este poeta chileno que nadie lee.
No, decir tal cosa es una exageración,
poetadeningúnrenombremejordigamos.
En todo caso un escritor que prac có el
arte de perder lustros antes al homónimo
poeta urbano y roquero de San Miguel,esa
voz de los ochenta que ahora perdió con lo
peor que un ser humano puede perder,
como es una buena salud. Y me llega al
ánimo entonces una an gua y melancólica
expresióncoloquial,laque decíaque “para
pocasalud,másvalemorirse”.
Cuando jovenleíaestecaballero enalguna
antología. Sí, y su apellido materno es
Bas as. A ver qué onda, un libro viejo, qué
buena. Prac caré el Sutra de la atención
plena en este pequeño y silencioso pa o,
debajo de un parrón seco. Decido no
hojear el libro sino leer sus páginas
amarillas desde la primera hasta la úl ma,
pues en este mausoleo no hay internet,
por suerte, o si no te desconcentras y
pierdes empo entrando, por ejemplo, a la
página de El Mostrador para informarte
acerca de las platas delincuenciales tanto
de algunos polí cos (en general senadores
o ex ministros) como de grandes peces
gordos-empresarios chilenos. “Robos
cortesanos perpetrados en las formas más
ruines, ante el misérrimo salario del pobre
que en su simplicidad se deja explotar”,
comodiríaWaltWhitman.
No haga tal pensar el lector que el párrafo
anterior es una digresión, por el contrario,
es incluso a nente al libro que de manera
casual cayó a las manos de este comenta-
rista, toda vez que también es un libro de
poemas que denuncia un estado de cosas,
como el status quo de la jus cia de aquella
época por ejemplo. En la onda de poema-
rios de urgencia como “Para matar este
empo” (1983) de Esteban Navarro, al que
“le hicimos chupete” de manera entreteni-
da cuando éramos jóvenes durante una de
las tantas dictaduras que ha padecido
Chile, pues convendrá conmigo el lector
–sin resen mientos ni tampoco creyéndo-
nos sagaces ante una ya burda constata-
ción- que ahora padecemos la Dictadura
de una manipulación informa va dirigida
por la Plutocracia de siempre. ¿Resen -
miento por este lado? Sí, pero no por eso
vamos a dejar de disfrutar del lenguaje
poé co aunque sea con poetas olvidados
(o débiles) que no llegaron a las cimas o
cumbres de Whitman, de Neruda o
Petrarca, pues no todo es clasicismo;
también hay gente valiosa que se expresa
tal vez sin el talento de los épicos o lo que
instala el marke ng de turno. La poesía no
es tanto la sofis cación extrema de un
lenguaje como un estado realmente
poé co, es decir una experiencia afec va y
empá cayhumana,queinclusopronuncia
o trata de pronunciar un minusválido, un
hombre con ojotas o una solterona con
muletas. ¿O acaso hay que seguir escu-
chando a los experimentales poetas
expertos en el silencio, casi siempre con
Taberna
15
licenciaturas en el extranjero o doctorados
creyéndose el cuento del crí co Adorno
que sentenció que después de Auschwitz
era imposible seguir escribiendo poesía?
Ni Ludwig Wi genstein, el más lúcido y
extremista de los prac cantes del silencio
se creería ese cuento. Los alemanes
sencillamente fueron malos y mataron
judíos,tantocomoloschilenosasesinando
a los propios chilenos, entre argen nos u
hondureños igual cosa, pero no por eso
desaparecerán las ganas de que alguien
nos siga leyendo un poema. Ni siquiera la
joven Ana Frank se calló o dejó de escribir
en su buhardilla, rodeada por el sonido de
bototos, de bombazos y aviones nazis,
sabiendo además que no era Cervantes o
Nicolás Gogol, pero ahí están sus descrip-
ciones (emocionalmente bien narradas)
de cuando se preparaba para la primera
cita con su pretendiente Peter en un al llo
clandes no. Si fue apócrifo o no ese Diario
-como denuncian impunemente algunos
resen dos en la red mundial de internet-
dalomismo.
El libro de Jorge González Bas as es una
poesíalárica,40añosantesqueJorgeTeillier
acuñara tal concepto para Chile en su
ensayo de 1965, reuniendo a Efraín
Barquero y a Rolando Cárdenas, entre otros,
como sus exponentes más ní dos. A
manera de ejemplo saco a la superficie la
siguiente estrofa, cuando el hablante,
refiriéndose a las pupilas, dice: “Ellas vieron
la santa / paz del hogar. Recuerdan / el
huerto en flor, la fruta sazonada, / el blancor
puro de la oveja / la leche pura, aún no
cuajada…Y la miseria, la miseria nueva…”. El
lenguaje de uno de los primeros poetas de
nuestro país, como es el caso del que se
presenta ahora, de manera primigenia, es
un lenguaje directo y claro, sin metáforas
intrincadas, de versos sencillos y llanos,
deslumbrante en su desnudez, como si de
unpoetadelaescuelanaturalistasetratase.
No es di cil inferir que en viejas obras
como “El poema de las erras pobres”
también abrevara y tomara impulso
Neruda para su “Canto General” de 1950,
pues, como suele ocurrir, los futuros
grandes poetas también beben de la
fuente de poetas satélites o estrellas más
pequeñitas o enanas. Escritores de la
Primera B, como les gustaba publicar en su
pasquínalosderazaesperpén ca.
En el primer poema de la sección “Los ecos
perdidos”, muchos años antes de la
corriente existencialista francesa, Jorge
Taberna
Cuando joven leí a este caballero en alguna antología, me digo.
Sí, y su apellido materno es Bas as. A ver qué onda, un libro
viejo, qué buena. Prac caré el Sutra de la atención plena en
este pequeño y silencioso pa o, debajo de un parrón seco.
16
González Bas as, bajo un foco y una forma
prís na,nospresentalasiguienteescena:
“Hablaunaancianadecabellosblancos:
-GranDios!Tantovivir!
Yestecansanciolargo,interminable,
Dehablar,dever,deoír.
Estecansancioqueescomolamuerte
uniformeyfatal,…”
Ante estos versos me da un sen miento
real -empa a y subje vidad son así- de
imaginar a esa anciana provinciana del
campo chileno y encontrarla más verídica
en sus estados de aburrimiento o has o
que Mersault, por ejemplo, el plomífero
protagonista de “El extranjero” de Albert
Camus, quien dice no condolerse ni ante la
no cia del fallecimiento de su madre. Esa
novelita significó lo que significó y no es
mala, pero realmente es una hipérbole
tenerla, como dice Oscar Hahn en TV,
como un libro fundamental o de cabecera.
Siempre es nutri vo, entretenido y fresco,
disen r en gustos literarios. En fin, esa
novela del francés no es “Pedro Páramo”,
ya que estamos en una onda material y
existencial de campesinos la noamerica-
nos. “En un mundo sin armis cios ni
escenas de piedad”, como señala un
hablante poé co de Sarmiento Monje,
deberíamos tratar de ejercitar, a pesar de
locitadooporesomismo,disponiéndonos
a leer ya no en la dicotomía apuntada por
Cortázar de aquel lector macho o hembra
sino de una lectura bajo una manera
horizontal y no ver cal, sin prosternación
o arrodillarse ante nadie. La vida es breve,
di cil,triste,bella,justaoinjusta,etcétera,
pero aquel momento mágico, sí, mágico,
de tu empo ín mo de lectura ante el
texto es lo más importante, el placer del
texto, como diría Roland Barthes en el
departamento frente a su madre anciana,
leyéndole y cuidándola. Toda vez que
estamos ante una soledad tan infinita que
deberíamos propender a disfrutar o
intensificar aquellos momentos buenos
que brinda la lectura, por ejemplo, en
silencio o en voz baja. Recordando además
que en el universo no somos más que unos
pocos instantes fugaces y anónimos, y que
fuimosyfuistegraciasaunaestrella.
En cuanto a la temá ca de estos poemas,
entre otros asuntos, aborda cues ones
como la preocupación por la erra (lo que
hoy se denomina ecología), la soledad, el
sonido de la naturaleza o la llegada de la
delincuencia a los alguna vez tranquilos
sembradíos o campos del valle central.
“Bandoleros” que nacen y llegan por una
pobreza o una “miseria nueva” -como
expresa su autor- y no al revés. González
Bas as dice: “Una miseria nueva / prendió
en las hondonadas y en los cerros,/ arrasó
los sembrados, / y los rebaños y los
huertos. / El pobre se hizo miserable, / el
miserable, bandolero!”. Intranquilidad o
miedo asolando humildes casas donde
antes reinaba la calma, la tranquilidad de
an guos terruños, hogares humildes o
sencillos, muy diferentes a las casas de
Taberna
17
ciudad o de parcelas como son ciertas
fortalezas del Chile actual, con familias
enteras escondidas bajo video-cámaras, o
rejas electrificadas, hasta con alambres de
púa inclusive, habitantes rayanos en una
histeria casi siempre imaginaria y donde el
único bandolero que los asusta, sin darse
muchas veces cuenta, es su propio
egoísmo, produciéndose -más allá de
cualquier miedo ancestral o cosmológico-
una verdadera sofis cación de la
seguridad, del temor o la preocupación,
valores intrínsecos a nuestra actual
sociedad, mercan l y recelosa, provocada
en gran parte, como se sabe, por los
mismosqueadministranelpoder.
En “El poema de las erras pobres”, en
apariencia un libro calmo y hasta bucólico,
de manera subrep cia, pero también de
manera directa, se plantea una cues ón
social de fondo, como fue la precarización
misma de la erra y de su gente, en este
caso, de los territorios del Maule. En este
contexto, el trabajo poé co de Jorge
González Bas as emociona, incluso en lo
que ene de naíf, describiendo y develán-
donos la ruralidad de antaño, preocupado
en todo caso de no hacer sólo rimas
cantarinas, tal cual se prac caba en su
época, demostrando a su vez una carga
ecológica y a sbos quejumbrosos de una
aplastante modernidad ya en ciernes. Un
autén co hallazgo en una casa del hambre
a borradasoloporlibrospolvorientos.
Concluyo este ar culo citando unas
palabras -aprovechando que estoy de
buen ánimo- publicadas por Carrasco
Vielma en 1999 en una antología de
Francisco Véjar: “Búscate un lenguaje que
te abrigue, frazada con que alguien te
cubre como alejando algún demonio,
mortaja que es promesa de fin, palabra
justa en momentos injustos.” Y eso hice
ahora, sin querer, en la an gua casa de mis
abuelos a punto de la demolición, en esta
tarde de domingo, lejano al ruido de la
actualidad, sin el afán de buscar vanguar-
dias ni transgresiones, bajo un espacio
introspec vo escuchando el sonido de
otro, guareciéndome y leyendo un libro de
poemas de un oriundo del Maule, ocu-
rriéndoseme casi al instante escribir esta
reseña dedicada a los lectores de “El Mal
Menor”, para que olvido y soledad no sean
tan completos, para que el olvido y la
soledadnoabarquentanto.
Taberna
En “El poema de las erras pobres” (...) de manera subrep cia,
pero también de manera directa, se plantea una cues ón social
de fondo, como fue la precarización misma de la erra y de su
gente, en este caso, de los territorios del Maule.
18
La miseria nueva (fragmentos)
III
-Señor! en este campo
mío yo trabajaba.
Tenía veinte ovejas que eran mías,
y alegre paz en esta casa.
Mira, señor, lo que hay ahora!
No queda nada, nada;
ni fuerzas en mis brazos torpes,
Incapaces de una venganza.
No sabe de piedad el hombre
que con su lenta infamia
secó la erra. Torva pesadilla
me parece la vida. No hay palabras
que digan esta obscura
miseria derramada.
Mira la pobre casa en ruinas.
Mira la esposa antes amada.
Mira los hijos engendrados
por el amor en sus entrañas,
andrajos en que no se puede
formar una conciencia humana!
VI
Baja por el sendero
de la abrupta montaña,
una joven morena que muestra honda
fa ga en la mirada.
La ropa cubre apenas
el cuerpo núbil y sin mácula,
la niebla fría no la hiere
ni las espinas, aunque va descalza.
La interrogo: -hacia dónde?
-Allá al final de la hondonada.
La noche ex nguió el fuego,
amor de nuestra casa.
-Cómo, le dije, el fuego? –El fuego!
Cuando la noche así lo apaga,
alba, al alba, voy a buscarlo
a viviendas lejanas…
Volvió. Subió la cuesta
entre un girón de niebla de la albada.
La esperaría el padre, acaso enfermo,
la madre, acaso anciana;
los hermanos pequeños
tal vez dormidos la esperaban.
El buen sol iba alzándose en las cimas
dando a todo el milagro de su gracia.
Los átomos del aire
Con el temblor de luz se transformaban,
y eran bieza, amor, beso fecundo,
en cada hoja, en cada gota de agua.
POEMAS DE JORGE GONZÁLEZ BASTÍAS
De su libro “El Poema de las Tierras Pobres” (1924)
Extractos
19
Recogimiento (fragmento)
I
Piedad a la sierra sombría,
a los caminos, al alcor!
Piedad a la montaña umbría,
a su orante melancolía,
a su noche llena de horror.
Cantar de miserias errantes,
de los recuerdos sin amor,
de las sombras amenazantes
que en los recodos más distantes
dejan su rostro de pavor.
Humilde tragedia (fragmento)
V
Pesado el sol, pesado el aire, todo
todo toma aspecto sombrío.
Sale al azar. Camina por las sierras
como los pájaros perdidos.
Está libre, está libre! pero siente
otro horrendo mar rio!
Se abren las cicatrices de su cuerpo
y va temblante y lívido.
A su miseria no le falta nada.
No le ofrece un alivio
nada en la obscura senda. Lo persiguen
implacables ladridos.
Mudo en la noche se recoge y piensa…
No conoce el designio
a que obedece la jus cia cuando
labra poder con viles ar ficios.
O cuando ampara el crimen generado
dentro del banderío,
y de los hombres que aniquila
hace lacayos o mendigos.
Los ecos perdidos (fragmento)
VII
Miremos esa casa abandonada,
esa casa sin vida…silenciosos
mirémosla. En ella no hay ya nada,
Sino un errante rumor de sollozos.
Miremos sus paredes carcomidas,
su corredor de postes vacilantes.
Por las puertas, abiertas como heridas,
escapan largos silbos ululantes.
Quedó entre sus paredes prisionero
un gran dolor humano;
entre las grietas se ha prendido austero
y clama! Es voz de padre, voz de
hermano.
Es voz de maldición! Se irá apagando
entre el derrumbe de la vieja casa;
se la siente silbando y ululando
y con el viento del des no, pasa…
Extractos
Retratos
20
Habitante suspendido en la niebla
Por Melody Valenzuela
Camino tras el hombre, viste saco de cuero, dos tallas más grandes
que él, sus zapatos vaqueros en punta, con tacones gruesos, tan
brillantes como su chaqueta. Cojea del pie izquierdo, sus dedos
morenos aparecen entre las mangas gastadas. Su pelo, negro grueso,
se mueve junto a la cabeza como buscando algo o alguien. Camina
exiliado del desarrollo y el desempeño estable de la economía. Se
sienta al borde de la acera, perdido sos ene con su puño el rostro,
mentónbarbudo.Estáalmargendelpaís,delcrecimiento,deltrabajo
digno y el sueldo é co, está al margen de los bonos subsidiarios del
gobierno, está al margen de las tarjetas de crédito y los pagos
mensuales, está al margen de la vida y la cultura impuesta en base al
encantamiento de los publicistas que bailan la danza neoliberal. Abre
la boca y muestra lo que el sistema le arrebató, lo esconde
rápidamente. Sus uñas crecidas y pintadas de erra grasienta
demuestran su espíritu comba vo, contra la existencia, contra el ser.
Lo demuestran también sus ojos en permanente llanto seco.
Alrededor la vida se sucede como siempre: compra venta de
verduras,caminoshúmedosquebrados,ensaladaspicadaslistaspara
la mesa, ropas de gentes gastadas con miradas de ojos perdidos,
viento húmedo que traspasa la basura olvidada en el pavimento.
Sobre el suelo, una radio mul plicando las voces de los gerentes de
esta larga y angosta empresa. El hombre levanta su cuerpo animal
voraz sin energía, la niebla lo aplasta. Suspendido se invisibiliza y se
sumerge en un basurero para recuperar algún trozo de comida
inventada, suicida, y algún consumido envase de cerveza que le
traerá un par de monedas para pasar unos cuantos días con algo de
alcohol en el cuerpo. Gorros, zapa llas y carteras pasan a su lado,
viviendo y enrostrándose las plás cas decepciones que arrastran con
hilos negros. Todos pasan a su lado, sufriendo por las cuotas impagas,
por el frío, la lluvia, el alma quebrajada. Todos pasan anhelantes de
prosperidad eterna y él, habitante suspendido en la niebla, en el
vientre de la vida misma, de la nada, se echa a andar con la fe puesta
enlosperrosquecuidaránsuser,loúnicoque ene.
Retratos
21
Sarmiento
Corona Mortuoria
22
Una novela de Augusto D’Halmar
Juana Lucero
Por Swamp Thing
Agusto d´ Halmar, nace en 1882 y a su
nacimiento lo tenía todo para conver rse
en un gran narrador, incluso su propio
mito de origen: hijo de una mujer de
ascendencia sueca y un padre marino
francés, tal condición le otorgaba un aire
de lejanía, la distancia de un aristócrata de
poca monta en un país esperando ser
narrado. Su talento narra vo lo llevaría a
fundar una de las primeras novelas
modernas del país: “Juana Lucero”, texto
que el año 1902 marca el inicio de un
narrador que con delicadeza ejecuta su
obra, inaugurando todo un territorio
imaginario, y que cercano a su muerte el
año 1950, se escribe su epitafio con
sencillez: “No vi nada, sino el mundo.
Nadamepasó,sinolavida”.
La novela, en términos generales, cuenta
la vida de Juana Lucero, una mujer que al
tener una mirada ingenua vive una vida de
precariedad. Hija ilegí ma de un diputado
delpar doConservadordelpaís,llevauna
existencia marcada por la miseria,
excluida junto a su madre que agoniza y
queprontomuere.
La narración está situada en un barrio
marginal y es ahí en donde Juana debe
sobrevivir. Arrimada a unos parientes
luego de la muerte de su madre, la lujuria
de un sacerdote azota su existencia,
episodio que marca el cambio de la
protagonista, quien luego de ser violada y,
al no tener amparo, se ve obligada a
refugiarse en la pros tución y habitar un
pros bulo. Despojada y vulnerada, la
protagonista debe vagar en el rincón más
marginal de la sociedad, un burdel. Sin
pertenencia de clase Juana pierde toda
condición; al ser una hija ilegí ma y
ultrajada sexualmente, su única posibili-
dad es refugiarse en los márgenes más
extremos, lugares de desecho, donde las
personas, en busca de la lujuria, se
muestran sin máscaras, apareciendo sus
bes asinternas.Enesecontexto,yapesar
de la brutalidad, el pros bulo se convierte
en el hábitat de los excluidos, adquiriendo
El pros bulo se convierte en el hábitat de los excluidos,
adquiriendo un carácter abierto y de fuga al recoger a las
figuras desamparadas y marginadas de la sociedad, que
no cumplen con los requisitos morales.
Corona Mortuoria
23
un carácter abierto y de fuga al recoger a
las figuras desamparadas y marginadas de
la sociedad, que no cumplen con los
requisitos morales. La ciudad funciona
como escenogra a y sus habitantes
sos enen an faces hasta traspasar el
umbral del pros bulo y entrelazarse con
ellugardeliberacióninfame.
En una úl ma imagen representada, la
protagonista mira su propio reflejo,
pareciera que no se reconoce, rostro
deforme, nombre cambiado, su ser ha
quedado en la niñez; no ene nada, ni el
deseo por el sexo ni menos por el dinero.
Pareciera que su existencia es vagar por el
lugar, en su ojos habita el vacío de la
muerte: el mundo en donde exis ó le
arrebató todo, su madre, su pertenencia,
susexualidad,suinocenciaysololequeda
buscarunanuevarealidadenlalocura.
En defini va, lo relevante de esta novela
radica en cómo el autor por medio de la
ficción es capaz de ar cular los discursos
relevantes de la época: la condición de la
clase popular y el lugar de la mujer, y
enmarcarlos dentro de una narración que
permite ser leída hasta la actualidad. Por
ello, bajo la mirada de un buen narrador
pareciera que cada acontecimiento,
incluso el más mínimo y los problemas de
hace cien años se perpetúan hasta la
actualidad.
Sarmiento,sobrefotograadeJosefVetrovsky.
24
Cuando el viento corre frío desde el este en la
Patagonia, los Selknam saben que se trata de un
mal presagio. Parika ya era un cazador según la
tradición de su pueblo, había cumplido su
undécimo ciclo y su clan ya había honrado su
paso de Kloketén a adulto con la ceremonia del
Hain, sin embargo la vida que conocía había
cambiado. Balsas de roca gigante llegaron desde
lejos tripuladas por hombres pequeños de caras
peludas, ellos venían con lanzas de fuego y
atacaban a su gente sin razón aparente, además
levantaban cercas diciendo que la erra les
pertenecía. ¿Por qué se volvían tan locos por la
piedra que brilla? ¿Acaso se la comían? Y si así
fuera, ¿para qué juntaban tantos animales
peludos si solo les sacaban el pelo? ¿Qué
primi vas criaturas eran estas, que preferían
matar al pueblo Selknam cuando bien podían
cazar el Wonankoi o arponear juntos al gran
espíritu del agua para que todos gozaran de sus
riquezas?
Tres atardeceres antes atacaron su campamen-
to, llegaron con animales pequeños que gruñen
y lanzas de fuego en medio de la noche. Parika
perdió a su madre, a su futura esposa y a su
padre aquella noche sin estrellas, al igual que
muchos otros como él; aquel día perdió a su
familiaporlaambición,perolajus ciallegaría.El
¿Qué significa
Mamihlapinatapai?
Por Juan José Salinas
Mamihlapinatapai:
Cuando todas las
miradas saben que
hacer y la decisión
la toma el más
valiente.
Narrativa
25
Chamán Tujori que sabía muchas cosas de
los invasores, pues conoció a uno que le
enseñó su lengua y sus dioses, les informó
que quienes habían atacado su campa-
mento eran gobernados por un hombre
que vivía en una choza hecha de árbol al
final de la erra y que no era un fuerte
guerrero. Parika par ó con el grupo de
cazadores cuando el espíritu que ilumina
los días se había ido y su esposa blanca
salía, sus compañeros de empresa tenían
el mismo empo en este mundo que él, así
que también sen an el miedo y la sed de
venganza. Al llegar a una colina que estaba
junto al gran hogar del líder de los invaso-
res, se pusieron cuerpo a erra para vigilar
a los enemigos que estaban en el jardín,
aguardaron hasta que los vieron embria-
garse con botellas de licor del fuego. Al
verlos dormir se acercaron y dispararon
una gran can dad de flechas matando a
cuatro e hiriendo a tres. Luego de veinte
minutos de trabajo, me eron a los
muertos dentro de la casa y ataron a los
heridos a un árbol seco que había en el
pa o; solicitaron después al Chamán que
interpretara lo que Parika quería decir en
nombre de su pueblo: “Hombres blancos
de más allá del mar, sus deseos traen
desgracia a este lado del mundo que
nosotros llamamos hogar, buscan consu-
mir todo aunque sus barrigas estén
repletasyaunasíquierenmás…Selesdará
la oportunidad de regresar al lugar de
donde vinieron y no volver jamás”. El
Chamán tradujo las palabras de Parika con
todoelconocimientoqueposeía,leshabló
con solemnidad y carácter a pesar de que
uno de los heridos ni siquiera podía oírle.
Uno que tenía el rostro repleto de pelos
blancos escupió y dijo: “Responderé sus
palabras solo esta vez monos del fin del
mundo, nosotros somos hijos de dios,
hemos venido a este lugar incivilizado por
gracia divina y nuestro deber es civilizarlos
para encaminarlos en la senda lejana de la
barbarie… Quizás vuestro inú l balbuceo
de niño sea oído, pero jamás será escucha-
do… En éndalo bien escoria negra, esta
errayanolespertenece,esta erraesdel
hombreblanco,esta erraesnuestra”.
Sin inmutarse el Chamán Tujori repi ó en
la lengua an gua de los Selknam las
palabras del peludo. Los ojos de los
jóvenes onas miraban con miedo, furia, e
incer dumbre, hasta que Parika alzó la
mano para decirle al Chamán que se
detuviese. Miró al hombre blanco y dijo:
“Ustedes son más poderosos, más hábiles
en la magia del arma, enen más ambición
y un odio profundo que seguramente nos
derrotará, solo hay algo que hacer”,
Mamihlapinatapai repi eron todos los
Selknam, mientras el hombre peludo y
Parika se miraban a los ojos fijamente,
reflejándose. Con una decisión rápida
Parika degolló al hombre peludo, y sus
compañeros hicieron lo mismo con los
otrosluegoderepe rlaextrañapalabra.
Narrativa
26
1
Elcieloestabacubiertoporunacaparizada
de nubes. El alumbrado público, cubierto
por tupidos árboles, apenas iluminaba. En
esa penumbra avancé por calles desiertas
hasta llegar a la pequeña plaza que
precede a la iglesia. Mi corazón retumba-
ba. Estaba un poco asustado, debo decirlo,
pero ningún Linterna Verde puede darse
ese po de lujos, eso queda para los
hombres comunes y corrientes, para los
oficinistas, para los electricistas, no para
quien trabaja para los Guardianes del
Universo y debe estar preparado -a diario-
para luchar contra malhechores prove-
nientesdemilmundos.
Un Jesucristo con los brazos abiertos me
recibió en el centro de la plaza. Estaba
montado sobre un monolito lleno de
placas agradeciendo favores concedidos.
Un par de focos de unos doscientos wa s
lo iluminaban. Tenía los ojitos brillantes,
parece que eran de vidrio corriente, y los
brazos extendidos como queriendo volar.
Esonoespara ,chico,ledije,volarespara
superhéroes, no para dioses siempre
vigilados por sus groupies, que los drogan
convelasyfloresynolespermiten,niporsi
acaso, salir a dar una vuelta por ahí, a ver
cómo andan las cosas. Después seguí
avanzando normalmente, sin volar, pues
no quería revelar mi iden dad secreta, no
quería que nadie conociera mi condición
de superhombre. Así, yo y mi an faz, yo y
mi linterna, nos movimos sigilosos por ese
pueblo chico, infierno grande, donde las
ventanas, por oscuras que parezcan, están
siempreabiertas,sinjamásparpadear.
El rapto de Linterna Verde
Por Enrique Atenas
Gork Acud, extraterrestre de la zona 893, me entregó el anillo
del poder y la linterna verde antes de morir y conver rse en un
montón de chanchitos de erra. Hay algo especial en , hay
algo justo en , fueron sus úl mas palabras.
Narrativa
27
Llegué a la iglesia y me detuve en la
enorme puerta del templo, enorme para
empequeñecer a la gente, como dice mi
madre.Unosqueltehuescantaron.Yovolví
a mirar hacia el centro de la plaza. El Cristo
seguía en el centro, inmóvil, como un
paralí co que en vez de una silla de ruedas
usara una cruz. Me hice, entonces, un
montón de preguntas inú les: ¿Quién
hace las placas que se instalan a los pies de
las estatuas? ¿Hay una fábrica, como
ocurre con las velas? ¿O más bien es un
tallercito artesanal? ¿Habrá escritores de
placas a pedido? ¿O habrá textos estanda-
rizados? ¿O será una mezcla? Si es así,
¿habrá autores canónicos dentro del
género, que es la versión más acotada de
lo que podría llamarse “discursos de
agradecimiento”? ¿Será un género
hermano o primo del epitafio? ¿Se cobrará
por metro cuadrado? ¿Por palabra? ¿Por
letra? ¿Por silencios entre letras? ¿Exis rá
un manual de grabado de placas? ¿O se
tratará, en cambio, de una técnica auto-
producida, heredada de padres a hijos? En
tal caso, ¿habrá alguien que se haya hecho
cargodeinves garla,esdecir,declasificar-
la y transformarla en folclore, en llaveros,
enposavasos,enpoleras?
Al rato, el silencio se hizo completo. Ni
siquiera los queltehues cantaban. Me
dirigí, entonces, hacia un callejón que
estaba al costado de la iglesia. Mi traje
verde brillaba tenuemente. Mi corazón
retumbaba. Pronto estaría con ella. Crucé
rápidamente el callejón, llegando hasta un
muro de adobes que nacía justo al fin de la
iglesia. Detrás de ese muro se hallaba un
pa o interior, donde asomaba una
ventana pequeña, sin rejas, por donde
tenía planeado entrar. De un salto me
instalé sobre el muro. Una rata, en alguna
parte, chilló. Desde lo alto observé el
panorama.Estabatodotranquilo.Solouna
luz se encontraba prendida en una casa
ubicada al fondo del pa o. Seguramente
se trataba de la vivienda del sacerdote.
Saltéhaciaelpa oydeinmediatofuihacia
la ventana. Llevaba una serie de herra-
mientas para forzarla, herramientas de
superhéroe, pero bastó un pequeño
empujón para que se abriese. De otro
salto, salto es lo Hombre Araña, entré en
la iglesia. Adentro estaba oscuro. Recordé,
en ese momento, la lucha de mi colega Hal
Jordan por darle vida al sol. El sol amarillo,
maldito para los Linterna Verde, pero vital
paralahumanidad.
Encendí mi lámpara de luz esmeralda y
recorrí el interior del edificio. La ventana
daba justo frente al altar, por lo que tuve
que ir hasta el sector central de la nave.
Caminé con nerviosismo y ansias, pues
sabía que sus ojos de piedras preciosas me
estaban esperando. Iba tan apurado que
no reparé en una banca que pasé a llevar,
haciendo un enorme ruido. Me quedé en
silencio, esperando que alguien aparecie-
ra. Pero nadie vino y al levantarme y
apuntar con la linterna me di cuenta que
Narrativa
Narrativa
28
estaba justo frente a la bella mujer que me
había subyugado hace un par de semanas,
cuando, a causa del funeral de la madre de
una amiga de mi madre, concurrí a la iglesia,
lugar al que jamás había ido –pese a estar a
unas pocas cuadras de mi casa- porque
nuestra familia, compuesta por mi madre y
yo,nuncahasidoreligiosa.
A las dos de la mañana llegué a casa con ella.
Era pequeña, de rasgos finos, ojos azules y
cabellos de crines rojizos. Ves a un traje
color café, bordado con hilos dorados, y una
manta que la cubría casi por completo. En
sus brazos habían colocado un niño, que
dejé en la iglesia, no me interesaba el niño,
sino esta mujer cuyos rasgos parecían
sacados de una pintura de Bo celli, pintor
que amaba. Ordené un poco la pieza, me
quitélaropa,meme enlacamaconella.
2
Mimadre,quesiemprehasidomediajipi,no
cues onó nuestra relación. En los amores y
en los colores no hay razones, filosofaba a
cada rato, especialmente cuando comentá-
bamos lo que todo el barrio comentaba: que
alguien se había robado la Santa Virgen de
Villa Esmeralda, dejando al niño Cristo en la
iglesia, solo, sin su madre purísima. Deben
ser traficantes de arte, fue la conclusión del
corrillo barrial, jus ficando tal teoría en el
hecho de que la virgen, tallada en madera de
lingue, fue confeccionada por un discípulo
A las dos de la mañana
llegué a casa con ella. Era
pequeña, de rasgos finos,
ojos azules y cabellos de
crines rojizos. Ves a un
traje color café, bordado
con hilos dorados, y una
manta que la cubría casi
por completo. En sus
brazos habían colocado un
niño, que dejé en la
iglesia, no me interesaba
el niño, sino esta mujer
cuyos rasgos parecían
sacados de una pintura de
Bo celli.
Narrativa
29
de un discípulo del maestro italiano Pietro
Bracci, un tal Francesco Baccaro, que hace
unos trescientos años abandonó Europa y
se avecindó en Salvador de Bahía, donde
se conver ría en maestro de la escultura
en madera, material más propio de
América La na, según su convicción, que
la realizada en piedra, especialmente en
mármol, material que el maestro de su
maestro y su maestro usaron en Europa.
Otro elemento que Baccaro agregó a sus
esculturas -caracterís co de su es lo-
fueron las incrustaciones de piedras
preciosas,quedabanmayorbellezayvalor
-económico recalcaban todos aquí, como
babeando- a su obra y por lo tanto a la
virgen robada. Así, todo el pueblito rural,
cuya existencia giraba en torno a la vieja
iglesia, monumento nacional y sede de
múl ples celebraciones religiosas, de la
nada se había vuelto experto en historia
del arte, mientras yo, en secreto, vivía mi
pasión desenfrenada por Simone a, la sin
igual, así llamaba yo a la virgen, recordan-
do a la musa de Bo ccelli y de otros
pintores del Renacimiento, cuya belleza y
perfección hacían vibrar la membrana de
cadaunademiscélulas.
Pasaron varios meses. En la facultad, el
segundo semestre estaba por terminar,
pronto saldría de vacaciones y podría
descansar de mis clases de diseño. El
ambiente en el pueblo, por otra parte, se
fue relajando. El arzobispado, según se
decía, había mandado a hacer una réplica
de Simone a a un discípulo del discípulo
del discípulo del discípulo, y así diez o doce
veces, de Baccaro, que se encontraba en
Salvador de Bahía, a fin de terminar con el
problema. El único que no se conformaba
eraelpárroco,ClementeRivas,queincluso
había salido en los no cieros exponiendo
el caso. Según él, no descansaría hasta dar
con los desalmados que le arrebataron la
madre al hijo de Dios, niño que hoy se
encuentra a la espera de una réplica que
no es su madre: la pieza que traerán es
mucho más joven que él, cuándo se ha
visto, señor, que la madre tenga menos
años que el hijo, eso me parece un enorme
contrasen do. En ese intertanto, y algo
asfixiados por mantener nuestra relación
siempre puertas adentro, solo teniendo
contacto con mi madre, quien salía harto y
cuandoestabaencasaselopasabavolada,
relajada, todo a cuenta de unos terrenos
en arriendo que le había dejado mi ex nto
padre, decidimos arriesgarnos y salir a
respirar. Como Simone a era pequeña,
más o menos de cincuenta cen metros, la
me a bajo un chaquetón grueso, azul, que
había sido de mi progenitor. Y después nos
sumergíamosenlacalle.
Alegres caminábamos y al poco rato,
cualquiera fuese la dirección que tomáse-
mos, llegábamos al final del pueblo, que
era demasiado reducido. Topábamos, si
íbamos hacia el norte, el sur o el oeste, con
Narrativa
30
los cercos que marcaban el inicio del campo,
que estaban sembrados de frutales y
hortalizas, o si íbamos hacia el este, con la
carretera hacia Los Andes. Optábamos, por
lo general, por el campo, que es más pacífico
y discreto. El campo, que me recordaba
aquella vez que Gork Acud, extraterrestre de
la zona 893, me entregó el anillo del poder y
la linterna verde antes de morir y conver rse
en un montón de chanchitos de erra. Hay
algoespecialen ,hayalgojustoen ,fueron
susúl maspalabras.
Muchas veces le relaté esa historia a
Simone a y le costaba creer que realmente
había ocurrido. Fui virgen por muchos siglos,
decía, por eso soy desconfiada. Luego reía,
luego me abrazaba, luego quería dejar de ser
virgen una vez más. Y se me raba encima,
vigorizada por los rayos verdes de mi anillo
mágico. Después del sexo, rados de
espaldas sobre la maleza mirábamos el
firmamento. Yo aprovechaba para contarle
historias que había vivido en lejanas conste-
laciones, zonas que ni hombres ni dioses
imaginan que existen, luchando contra seres
de tres cabezas y seis piernas que avanzaban
saltando como resortes, mientras dispara-
ban ondas que desintegraban el cerebro,
transformándolo en una concha vacía;
contra seres mitad mujer mitad árbol que
hipno zaban a sus enemigos con la danza de
sus hojas, para luego mear sobre los cuerpos
dormidos, secándoles las piernas y los
brazos. Ella escuchaba en silencio. Yo creo
A veces la tomaba y
volábamos sobre Colina,
mirando la mancha
luminosa que la ciudad
dejaba en la noche. Una vez
sobrevolamos el municipio y
vimos un montón de
delincuentes tramando
fechorías en la sala del
concejo. Quise atacarlos,
pero Simone a me pidió
calma. Miré sus ojos de azul
mineral y le hice caso.
Llamé, eso sí, a la policía,
que no llegó: se encontraban
allanando la casa de una
abuela de la droga.
31
Narrativa
que también había tenido historias en el
firmamento, pero callaba, bañada aún con
mi biosúpersemen.
A veces la tomaba y volábamos sobre
Colina, mirando la mancha luminosa que
la ciudad dejaba en la noche. Una vez
sobrevolamos el municipio y vimos un
montón de delincuentes tramando
fechorías en la sala del concejo. Quise
atacarlos, pero Simone a me pidió calma.
Mirésusojosdeazulmineralylehicecaso.
Llamé, eso sí, a la policía, que no llegó: se
encontraban allanando la casa de una
abuela de la droga, una señora que,
quedando postrada en silla de ruedas, en
vez de pedir ayuda al señor de los cielos, se
lahabíapedidoalashierbasdela erra.
Regresando de estos paseos me encontré,
una noche, con el párroco. Sin ponerme
nervioso, lo saludé, aunque no lo conocía.
Eracostumbreenelpueblo.Elsaludonose
le quita a nadie, se decía. El cura me
preguntó que andaba haciendo a esas
horas de la noche. Sin quitarme mi an faz,
le respondí que nada. Y seguí caminando.
Me extrañó, eso sí, verlo tan tarde, cosa
poco frecuente en su persona, que había
espiado varias semanas antes del secues-
tro de Simone a. Al día siguiente apareció
por mi casa. Era sábado. Mi madre andaba
de compras. Abrí la puerta y sin más
preguntó por ella. Le dije que no estaba y
entró sin pedir permiso. Era un po alto,
fornido, de mediana edad, que intentaba
dulcificarsucarasinquesesupierasifingía
o realmente había algo de dulzura en su
interior. Me preguntó si podía hablar
conmigo.Yolerespondíquesí,aunquecon
moles a, puesto que estábamos desayu-
nando y viendo tele con Simone a, que
estaba desnuda en la cama. Me preguntó
si me encontraba bien. De aquí, dijo, y se
tocó el corazón. Todo bien, respondí. Y de
aquí, volvió a preguntar, tocándose la
cabeza. Todo bien, respondí. Y le hablé un
ratodemisestudios.
Tras la visita del cura, Simone a comenzó
a ponerse mal. Y eso hizo que yo también
me pusiera mal. Hasta mi madre se dio
cuenta. Y se mostró muy preocupada,
aunque después encendió un THC y su
preocupación se vio aminorada. Cada cual
es dueño de su vida, dijo al rato, arreglán-
dose un pañuelo con flores que llevaba
atado al cuello. La vida, además, siempre
con ene algo de dolor, eso es supernatu-
ral. Me habló enseguida de su pololo, un
tal Turuco, para mí desconocido, que ella
visitaba en la cárcel, donde pasaba una
temporada por robo y desarme de
automóviles. El Turuco es súper decente,
dijo, por eso lo está pasando remal, el
ambiente, adentro, es muy violento,
además echa de menos a sus hijos. Supe,
entonces, lo que le sucedía a Simone a:
echaba de menos a su diminuto hijo. Sus
brazos, rígidos en la postura de sostenerlo,
32
no habían cambiado un ápice desde que
decidimos convivir. Y si bien tal postura
favorecía ciertas prác cas sexuales que nos
daban gran contento, no se podía negar que
también reflejaban una cierta melancolía de
madre.
Comencé a llevarla de paseo a la plaza,
donde estaba Cristo en versión adulta. Tu
hijo ha crecido, le decía, ahora es todo un
hombre. Ella siguió poniéndose triste. Peor
fuecuando llegó su réplicaalaiglesiayellalo
supo. Se puso mal. Sus ojitos minerales se
llenaron de nostalgia. Andaba mal también
en la cama. Entonces me di cuenta que
tendría que robar al niño. Producir el
encuentro madre hijo. Formaríamos una
familia como todos, tendríamos hijos, nos
endeudaríamos,iríamosalmall,nosemocio-
naríamos con la Teletón, votaríamos por los
imbécilesdesiempre.
Ese domingo fui a la iglesia, a la hora de misa,
para estudiar el terreno. La réplica estaba
tapada y así seguiría hasta que un cabrón de
San ago viniese a san ficarla, como
indicaba un cartelito bajo sus pies. Me
pregunté si el niño estaba con ella. Y me dije
que sí, pues un bulto emergía a la altura de
los brazos. Cuando la misa terminó el cura se
me acercó. No sabía que eras católico, y
menos devoto de la virgen, dijo con cierta
insidia. No, no lo soy, indiqué, pero vine
porque el asunto es tema nacional, sale
hasta en la tele, y quería saber de qué se
Para sobrevivir me dedico a
la venta de disfraces, lo que
me permite ves r todo el día
mi uniforme de Linterna
Verde, sin que nadie se
sorprenda. Simone a, por
su parte, finalmente aceptó
la pérdida de su nene.
Leyó la biblia y terminó
vomitando. Mi hijo se
convir ó en un gran
estúpido, dice a menudo.
Y llora. Y se deprime.
Por suerte que aquí los
an depresivos se venden sin
receta, por lo que puedo
mantenerla bajo control.
Narrativa
33
trataba.Ah,unjovencurioso,unjovenque
busca estar informado, señaló enseguida.
Ysealejodemilado.
Al martes siguiente, Clemente Rivas
apareció otra vez en nuestra casa. Mi
madre, por supuesto , no estaba. Tenemos
que hablar, dijo. Y me pidió que le contara
lo que sabía sobre Simone a, refiriéndose
a ella como la madre de Dios. Le contesté
que no sabía nada de nada. Alguien te vio,
la otra noche, junto al Cristo de la plaza;
este domingo fuiste a misa y te ubicaste
junto a la réplica de la Virgen Purísima.
Nunca antes te habías aparecido por la
iglesia,¿porquéahora?Voyahablarconla
policía,amenazó.Ysucaramepareciómás
ruda que nunca. El dulzor había desapare-
cido. Se levantó y dándome la espalda se
dirigió hacia la puerta. Yo tomé un jarrón
lleno de colas de zorro -orgullo de mi
madre- y se lo reventé en la cabeza. El cura
no cayó. Se tambaleó, pero se mantuvo de
pie. Entonces se dio vuelta y me tomó del
cuello. Hijo del gran Satanás, gritó, sabía
que eras el ladrón. ¿Dónde está la virgen?,
gritó fuertemente. Yo andaba sin mi traje,
sin mi an faz y sin mi anillo. Es decir, no
tenía ningún poder. Entonces entró ella,
flotando sobre el aire, rodeada de un halo
de luz. El cura cayó de rodillas. Madre,
madre misericordiosa, ten piedad de mí,
farfullaba. Simone a es ró un dedo y
apunto al cura. Enseguida algo como un
rayo salió de sus pequeñas uñitas. El cura
cayó sobre el piso, botando sangre por la
boca,lanarizylosoídos.
Simone a y yo vivimos actualmente en un
lugar indeterminado de la hermana
república Argen na. La policía cargó
conmigo, por supuesto. Se me busca por
homicidio y profanación de figuras
religiosas. Por ello me vi obligado a dejar
de estudiar. Para sobrevivir me dedico a la
venta de disfraces, lo que me permite
ves r todo el día mi uniforme de Linterna
Verde sin que nadie se sorprenda.
Simone a, por su parte, finalmente
aceptó la pérdida de su nene. Leyó la biblia
y terminó vomitando. Mi hijo se convir ó
en un gran estúpido, dice a menudo. Y
llora. Y se deprime. Por suerte que aquí los
an depresivos se venden sin receta, por lo
que puedo mantenerla bajo control.
Hablé, además, con el jefe de los gladiado-
res de la zona 631, a la que pertenece la
Tierra, para contarle el lío en que estaba
me do. Hay algo especial en , hay algo
justo en , fueron sus palabras, similares a
las que Gork Acud pronunciase años atrás
cuando me entregase los súper poderes.
Quédate tranquilo, añadió, el anillo jamás
se equivoca. De vez en cuando recibo
correos electrónicos de mi madre, quien
me sigue apoyando en todo, aunque
siempre me previene de Simone a. Ella ya
sabematar,dice,ellayaletomóelgus toa
la sangre, así que váyase con cuidado, hijo,
mirequelascalladitassonlaspeores.
Narrativa
34
Fotografía
Por Emilio Serey Cas llo
El día que me
fumé un pito en
Estación Colina
Mi periplo fotográfico me lleva
esta vez a Estación Colina, lugar
que entre sus calles y recovecos
esconde un sen r de pueblo
an guo, puertas y ventanas
descascaradas, con letreros de
“se venden chalecos tejidos a
mano” o “se hacen fotocopias”
refirman mi tesis espontánea,
de pito mañanero, que me es
revelada poco a poco. Miro la
línea férrea y me encuentro con
un bodegón de verduras y
abarrotes, y varios restoranes o
quintas de recreo que ven como
su historia forma parte del
pasado. Estación Colina recrea
ensuscallesde erraseseolvido
lindo, que debiera ser restaura-
do, pero conservando ese toque
de pueblo campesino y nostálgi-
co, que de forma honesta y sin
pretensionesnosmuestraqueel
patrimonio no siempre ene
queserunpalaciodelujo.
35
Fotografía
36
Fotografía
37
Una elegante ceguera
Por Monona Fontecilla
Moda
Hola, hola, faná cas y
faná cos de la moda.
Esperando que estén todos
regios y regias, es decir, la
raja, les comento que hoy no
re co m e n d a ré n i n g u n a
prenda de ves r, sino un par
de accesorios para el alcalde
UDI de Til Til, Nelson Orellana
Urzúa, quien acaba de
inaugurar, como señala el
si o web del municipio, “la
primera pileta con juegos de
agua y luces mul colores que
se instala en la comuna”,
proyecto preparado por el municipio y
financiadoporelestadochileno.
Ante esta inicia va, me pregunto si
Orellana realmente posee buena vista, o si
está ciego, ya que si uno revisa los infor-
mes del Observatorio Comunal y el
PLADECO 2015-2019, se da cuenta que Til
Til posee necesidades más importantes
que una tontona fuente de agua con
lucecitas de colores, y perdónenme que
me meta en temas polí cos, lo mío es la
moda, pero me calienta que en una
comuna donde existe hacinamiento,
trabajos inestables, baja escolaridad,
malos resultados en educación, bajos
ingresos, problemas ambientales y mala
atención en salud, entre otras carencias, la
plata se gaste en este po de
frivolidades. Analizando el
caso, me da por pensar que
Orellana, que alguna vez fue
representante de Myriam
Hernández, seguramente
sufrió daños irreparables al
escuchar las canciones de la
básicaintérprete.Otalvezfue
al revés, tal vez el mismo
alcalde fue quien dañó el
cerebro de la Hernández para
explotarla comercialmente,
proyecto que tal vez tenga
ahoraconTilTil.
En fin, las especulaciones dan para mucho,
pero yo me preocuparé, ahora, de reco-
mendar los accesorios para Orellana, que
parecequeestáperdiendolavista.Setrata
de lentes oscuros po CNI, muy apropia-
dos para un UDI; y un fino bastón de ébano
concachadeplata,conformadecabezade
águila imperial, muy apropiado para un
libremercadista,accesoriosquelepermi -
rán moverse sin tropezar con la fuente,
que en realidad es harto fea. Además poco
profunda. No daría, ni siquiera, para que
aquellos l lanos angus ados ante las
malas condiciones de vida de la comuna,
se lancen en sus aguas y se suiciden,
escapando del paradójico gobierno de la
cegueraylaslucesdecolores.
EmilioSerey
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  • 1. Poesía * Narrativa * Opinión * Fotografía * Moda El Mal Menor N°6 - Agosto 2016 En este número: El rapto de Linterna Verde Poesía de Jorge González Bastías Fotografías de Estación Colina La masacre de los nopales El Patagón Rebelde de Batuco ¿Qué significa Mamihlapinatapai? Noticias de la nadaProyecto Financiado por Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura Convocatoria 2016
  • 2. Lengua chilena Por el profe Raúl Emblema Hay personas -contaminadas por las teleseries mexicanas y las películas de Disney- que cuando ven un niño o una niña que recién ha nacido le llaman bebé. Usted, amigo chacabucano, no sea necio. Usted, cuando vea a un niño o niña que recién ha nacido, no le diga bebé, dígale guagua, que es una hermosa palabra de origen andino. Así estará defendiendo nuestra iden dad y nuestra pulenta forma de hablar. No lo olvide, guagua sí, bebé no.
  • 3. Editorial El Mal Menor N°6 - Agosto de 2016 - Batuco - Chile - Correo electrónico: revistaelmalmenor@gmail.com Editores: Sergio Sarmiento - Emilio Serey - Melody Valenzuela - Colaboran en este número: Héctor Figueroa M. - Jaime Núñez - Juan José Salinas Diseño gráfico: Sergio Sarmiento - Fotogra a: Emilio Serey Editorial Mucho se habla de la libertad en nuestro país, asociándola comúnmente con ciertos productos o servicios que permi rían obtenerla: gaseosas, automóviles, paquetes turís cos; o con la idea de tener un negocio propio, un emprendimiento. Ante esto, la pregunta que surge de inmediato se refiere a la capacidad que enen estos productos o servicios -o el hecho de conver rseenpequeñoogranempresario-paralograrqueunapersonasea libre. Sin responder aún la espinosa pregunta, hay ciertas caracterís cas comunes a ambas vías que se deben reconocer: las dos son de carácter individual, no colec vo; las dos se ar culan sobre la base de la materialidad, no de lo filosófico o lo espiritual; las dos funcionan a par r de lo económico, del concepto de beneficio, no de la solidaridad. Es decir, el poder polí co empresarial dominante concibe la libertad como un valor individual, material y económico. Nosotros vemos el asunto al revés: lo individual, lo materialy lo económico -a pesar de que son elementos necesarios- llevados al exceso funcionan como una cárcel. Entre esos barrotes, que niegan lo colec vo, lo filosófico y la solidaridad, vivimos aprisionados hoy en día. Afortunadamente, no todo el mundo se traga esta medicina adoctrinadora que nos transmiten los mas nes hegemónicos. Hay muchos que no comparten tales ideas, muchos que quisieran deshacerse de los mas nes por métodos que van de la extrema violencia, como la decapitación, la alimentación con vidrio molido o por úl mo la emasculación, es decir, un corte de tes culos que impida su reproducción, hasta estrategias más pacíficascomolamuertequímica,sindolor,oelamaestramientoyposterior postura de chalequitos para dejarlos en el jardín, durmiendo una siesta eterna. Variopintas son las formas de deshacerse del baboso perro cuya hambre, infinita, insaciable, nos impone una libertad de cartón mientras se come nuestra parte más erna, más dulce, más generosa, dejando lo duro, lo amargo, lo egoísta, como idea de la vida y el ser humano. Habría que elegir, entonces, una forma para conjurar a los mas nes esclavizadores, pronto.Yponermanoalaobra.
  • 5. 3 Noticias de la nada Lampa. Una vieja ampolleta -de esas que ya no se usan por an económicas- se comunicó con El Mal Menor para darnos a conocer el grave problema que la aqueja. Resulta, señaló, que estoyinstaladaeneltechodeuna señora montepiada que falleció hace poco. A la pobre mujer le vino una insuficiencia renal y rápidamente se fue para el otro mundo. Su hija, que la visitaba a diario, la encontró a la mañana siguiente de haber fallecido, rada en la cama, helada y con los ojos hinchados, como de camaleón. Llorando llamó a una ambulancia y tras unas seis horas de espera -la salud aquí es un desastre- unos camilleros se llevaron a la difunta. Después de ella salió su hija, cerrando la puerta sin apagarme. Ahí comenzó mi problema. Llevo doce días encendida. Lo más seguro es que me termine quemando. Por favor, que alguien se apiade de mi filamen- to, que es como mi corazón, y apriete el interruptor antes de que la muerte me lleve a mí también,solicitófinalmente.SS El drama de una vieja ampolleta Serey
  • 6. 4 Chacabuco. Un micrófono se acercó a nuestro medio para hablarnos de la di cil situación que le ha tocado vivir en el úl mo empo. Lo que pasa, señaló, es que me usan constantemente en todo po de actos públicos, como inauguraciones, congresos, convenciones, campañas polí cas y todo po de eventos culturales y depor vos, situación de la que no me quejo, ya que me gusta trabajar y además tengo una gran vocación por las comunicaciones, cosa que descubrí en mi infancia, cuando recién me estaban armando en un local de San Diego; el problema no es ese, aclaró, el problema es q u e , c o n e l e m p o , comencé a darme cuenta que me estaban usando paraemi rfalsedades. Interrogado acerca de quién sería la persona que lo hace emi r tales falsedades, por miedo a las represalias declinórevelarsu iden dad, aunque indicó que se trataría de uno de los alcaldes de la provincia. Me han hecho decir que la atención de los consultorios mejorará, que la educación será de buen nivel, que desaparecerán los campa- mentos, que no habrá más robos ni hacinamiento ni licitaciones brujas, que la pobreza por fin pasará a la historia. Y todo sigue igual. Hace unos días hablé con mi jefe acerca del tema y amenazó con dejarme en la bodega, encerrado para siempre en una caja de cartón, si seguía hablando este po de cosas, que calificódehuevadas. Antesdeirse,yvisiblemente conmovido, el denunciante hizo un llamado a todos los micrófonos de la provincia y del país para que se unan y luchen colec vamente por su dignidad, ya que, según indicó, ha recibido informa- ciones de otros micrófonos que le hacen pensar que el fenómeno de las falsedades seríatransversal.SS Valiente denuncia de un micrófono Noticias de la nada
  • 7. 5 Noticias de la nada Batuco. Llegó de manera silenciosa a nuestra sala de redacción. Y tras acomodarse en una silla, valiéndose de papel y lápiz nos comentó su compleja situación. Señaló que todas las letras enen una imagen gráfica y un sonido, pero que ella ene solo una imagen. Valgo menos que un cero a la izquierda, o una mesa o un florero en una obra de teatro, estoy solo para rellenar, anotó en la libre ta que le servía para expresarse. Después nos indicó que le gustaría dejar de ser una letra impronunciable. La gente no sabe el daño sicológico que estoy sufriendo. El gobierno debería aplicar la ley Zamudio a quienes me discrimi- nan a diario, especialmente a profe- sores y profesoras que, creyendo que se trata de un asunto gracioso, me humillan en las salas de clases tratándome de la “mudita” o la “calladita”, para luego señalar que, salvocuandovoyacompañadadeuna “c”, tengo un sonido. Ese sonido no es el mío, aclaró de inmediato, es un sonido mes zo. Esa no soy ni seré nunca yo. Esa yo es otra, anotó enseguida en la libre ta, cual una enigmá caRimbaudfemenina. Le preguntamos cuál sería la solución a su penoso drama. Indicó que la RAE, el ministerio de educación, o algún engrupido escritor vanguardista, por úl mo, deberían asignarle un sonido. O dejarla marchar, no quiero más esta vida sin sen do, no soporto más estar en un abecedario donde nadie en ende mi papel, donde existo - como dicen algunos bárbaros- solo para complicar irracionalmente el idiomaespañol.SS Letra H exige un sonido
  • 8. 6 Zona de Resistencia Es invierno en el pueblo, las marcadas zonas de niebla cobran sen do con la densahumedadproducidaporelpantano. Nuestras mañanas se llenan de pinturas escarchadas, vaporosas de rabia, borro- sas, húmedas y frías. La ciudad creciente aspira, succiona con inmensas membra- nas que hacen palidecer el pueblo entero. San ago y su cemento infinitamente endurecido se ex enden, despliegan sus brotes y esconden sus frutos, que caen y germinan en nuestros terrenos, avanzan sus calles y traen con ellas la soledad, los automóviles, atochamientos, brea extendida en los suelos antes fér les, dotados de raíces empantanadas, vemos susernefastocarcomiendotodoasupaso. Cuerpos fúnebres, extraños y agresivos, aparecen a diario, ondas sonoras vibran- tes, los tambores se mul plican, salen a caminar por las calles principales, con sus mejores teléfonos, alumbrándose con sus logos se exhiben como vidas ejemplares, memorables. No hay donde esconderse, las casetas de vigilancia brotan en todos lados, las cámaras se alzan, in midan, los autos con balizas de colores rondan en cada esquina, volvieron los milicos púberes y sus cargados fusiles. Somos todos culpables hasta demostrar lo contrario, nos odiamos todos, desconfia- mos, vivimos como islas asustadas, endeudadas. La ciudad creciente aspira, succiona a nuestra aldea con inmensas llamaradas, hace palidecer el pueblo entero y hoy, la eterna plantación de tunales, arraigada en el sector Los Corrales, ha desaparecido. Después de alambrar y electrificar el si o donde fruc ficaban, millones de paletas espinadas fueron arrasadas junto a sus frutos. Irremediablemente las llevarán a algún peladero, basural o botadero municipal, cualquier paraje capaz de contener toneladas de nopales y espinos verdosos, vigorosos y relucientes, cual- quier paraje que deshaga y silencie la matanza,juntoarestosdeaceroyplás co, basuras condensadas de las faldas locales. Hoy la niebla se desliza suavemente, concentrada en el vacío terreno, los cerros La masacre de los nopales La maquinaria pesada, dirigida por chillosos celulares, polerones nike y zapa llas adidas, levantó la muerte, alzó la destrucción, pero el pueblo, entretenido con la zumba y las no cias televisivas de la tarde, también con los ma nales y el fútbol, mucho fútbol, se mantuvo en un silencio absoluto. Por Aylín Jiménez
  • 9. 7 Zona de Resistencia amputados son tes gos del crimen, tras los filosos cuchillos de sus máquinas los matarifes ocultan la desgracia, ocultan sus iden dades carentes de cerebro, de sen do común, de entendimiento, esconden sus manos ensangrentadas, sus bolsillos hambrientos, sus almas vacías. Después de la ejecución, los empos de fruc feras cosechas son visiones de otra época, nostalgias sin remedio, como lo son las noriasylascañasdelpa odeayer. La maquinaria pesada, dirigida por chillosos celulares, polerones nike y zapa llas adidas, levantó la muerte, alzó la destrucción, pero el pueblo, entretenido con la zumba y las no cias televisivas de la tarde, también con los ma nales y el fútbol, mucho fútbol, se mantuvo en un silencio absoluto, el pueblo sumergido en sus nichos se volvió masa inconsciente, productor de escaso dinero y negocios, emprendimientos sin rumbo, fantasmas actuales, productores y consumi- dores, engranajes temporales, piezas de recambio, números mudos y fallidos, vidas enanas de mentes enanas y desgracias gigantes, desastres naturales, como los tunales ex rpados, desperdicio amontona- do que no siente, no piensa y me pregunto ¿hasta cuándo el infortunio creado por el hombre ha de matar al hombre y me hará presenciarlo con los ojos entumecidos? ¿hasta cuándo el infortunio creado por el hombre nos mantendrá como espectadores silenciados?¿hastacuándo?
  • 10. 8 Nacido en Aysén hace setenta años, Mario Rabanal vivió en diferentes lugares del sur de Chile y Argen na -donde estudió Artes Plás cas- para establecerse en la ciudad de Punta Arenas, donde instaló una imprenta en los añossetenta,negocio quecerró para dedicarse a la confección de carteles y letreros, oficio que ejerce hasta el día de hoy. En la austral ciudad, durante los años ochenta par cipó en la Asamblea de la Civilidad de Magallanes y ejerció como dirigente de los pequeños industriales. Más adelante, se inscribió en el PPD, par do que abandonó rápidamente. Durante los años noventa, por problemas económicos, se vino a San ago. El año noventa y uno, llegó a Batuco. Al poco empo era uno de los integrantes de la comisión Batuco Comuna. Paralelamente, ha desarrollado la prác ca de la escritura. Desde los años sesenta escribe poemas, de carácter popular, que según señala "le alcanzarían para un libro". Hace pocos años, en una manifestación de "Patagonia sin Represas", se ofreció para leer algunos de sus textos. El animador, sabiendo la procedencia de Rabanal, lo presentó como "El Patagón Rebelde de Batuco". Y así se hizo conocido este personaje local, que no es tan patagón, ni tan rebelde, ni tan batucano, ni tan poeta. Sí muy polí co, aunqueconescasoéxito en la polí ca local. Soy el único sobreviviente de la comisión Batuco Comuna Mario Rabanal, El Patagón Rebelde de Batuco Entrevista: Sergio Sarmiento - Fotogra a: Emilio Serey Entrevista Serey
  • 11. 9 HoyintegraelmovimientoporlaAsamblea Cons tuyente. De igual forma apoya a algunos candidatos concertacionistas de la comuna, sin que esto le parezca contradic- torio con su interés por cambiar el modelo polí co de raíz y crear una nueva cons tu- ción,ni con el hecho de haber abandonado elPPDylaconcertaciónhacemásdeveinte años. Se trata -por cierto- de un pico exponentedelamicroculturalocal. Poesía Usted nos mandó unos poemas para su posible publicación, también los da a conocer en Facebook y los ha leído en público.¿Seconsideraunpoeta? Mira, cuando estudiaba en la escuela de Bellas Artes un crí co de la Universidad de Artes del Gran Buenos Aires me hizo una pregunta parecida. Me dijo: ¿usted pinta? ¿usted es pintor? Más o menos, le respon- dí. Ah, es chileno, me dijo. Me descubrió por el uso del más o menos. Entonces sos pintor. ¿Serás bueno o serás malo? Lo mismo podría responder con el tema de la literatura. Si es así, si me consideran así, pensaréquesoypoeta. ¿Desdecuándoescribepoesía? Mi primer poema lo escribí el año 67. El año80melargueaescribirfirme. ¿Quédefineaunpoeta? Tendría que sen rme muy poeta para darte esa respuesta, pero creo que un poeta es el hombre que habla con el alma, conelcorazónydespuésconlamente. ¿Ustedseconsideraunhombrequehabla conelalma,elcorazónylamente? Yconunpocomás,sí. ¿Quéeslapoesía,entonces? La poesía es el amplio camino para el hombre,sobretodoenlos emposdefalta de libertad, como la que vivimos en Chile en la dictadura, en que todo había que hacerlo desde el clandes naje. La poesía daba un poco esa oportunidad. Ahora, que llegara a todos, era di cil, porque pasaba lo mismo que hoy: todos los medios estaban controlados. Hoy, por ejemplo, yo lucho por la Asamblea Cons tuyente, pero los medios, entregados a lo que dictamina elsistema,elpoder,notedancobertura. ¿Cuálessonsusautorespredilectos? Encuantoaautorespredilectos,heleídoal pasar a Neruda, he leído al pasar a De Rokha, he leído al pasar a Gabriela Mistral. En Argen na, a esta niña que se suicidó, Alfonsina. A la misma Violeta Parra. Me quedo,esosí,másconelpoetadelpueblo. ¿Quiéneselpoetadelpueblo? El que le escribe al pueblo. Hay poetas que le escriben a la elite, pero hay poetas que escriben para el pueblo, desde el pueblo, lascosasdelpueblo. Usted dice que lee al pasar ¿No debería prepararse más, leer más, para hacer una mejorpoesíaparaelpueblo? Absolutamente de acuerdo, pero yo nunca pensé prepararme para ser poeta, a mí las cosas se me dieron, me fueron surgiendo, Entrevista
  • 12. Entrevista 10 como la autoexpresión, y agarré papa, comosediceenbuenchileno. ¿Ustedespar dariodelapoesíarimada? No tengo idea, mira, si me haces preguntas técnicas de poesía; pero sí, he tratado de rimar, he tratado de aprender obviamente, uno busca información técnica. Yo creo quelaliteraturanoesmifuerte. Ustedsepresentócomopoeta. En ese caso, disculpa, no lo tomé como una entrevistaexclusivaparaeltemaliterario. ¿Usted se considera un poeta popular o poblacional,ales lodelaBatucana? Poblacional,sí. ¿Qué diferencia hay entre la poesía popular o poblacional y la poesía moder- na,porejemplo,ladeNeruda? Tengountemaquelollamo:"Tuburguesía, yo y él". Allí cito a Neruda, ya que justa- mente antes de escribirlo estuve en Isla Negra, en su casa, y noté que Neruda tenía mucho de burgués. Y me inspiró a escribir ese tema, donde marco las diferencias, que hay entre tú, yo y él, son diferencias quelleganadoler. Usted,noscontó,fuerepresentantedelos pequeños empresarios. ¿Un pequeño empresarionoestambiénunburgués? Y tú crees que porque tú digas eso yo me voyaponerallorar. Essolounapregunta. Pero me parece que esa es una manera errada de ver las cosas. Hace un rato te conté que, en los años 80, me había entrevistado con Pinochet como represen- tante de CONUPIA, pero eso no significa que, porque una persona pasó por la casa deldiablo,hayquecortarleelcogote. Nadie le ha cortado el cogote, estábamos hablando de la casa de Neruda, no de la casadeldiablo. Claro. Mira, no es que yo no reconozca la poesía de Neruda, sino que simplemente no he leído mucho de él, además alguna vez pensé que no quería tener influencias de nadie; tampoco me gusta la poesía que se va mucho en la volada. En la volada del amor, en la volada de lo román co. Lo que yo escribo, por ejemplo, está en lo con n- gente,enlocontestatario. Su imagen de Neruda es bastante limita- da.Enfin.¿HaleídoaNicanorParra? También he leído poco de él, pero me han gustado algunos an poemas. De repente también los encuentro di ciles de entender, es que yo pienso como el hombrecomún. ¿Cómo sabe Usted de qué forma piensa el hombrecomún? Comoloveoadiario,quenolee,leemenos queyo,yessimple. ¿Hapublicadoalgúnlibro? No, no he publicado. Por dejación y por faltaderecursos. ¿Quéopinadelaliteraturalocal? Bueno, soy amigo de la Batucana. Tengo mi opinióndeloqueesella,deloquehace. ¿Cuálesesaopinión? La poesía de la Batucana es una poesía profunda, muyarraigadaalolocal,alavida
  • 13. 11 Entrevista de la población, al dolor, al sufrimiento. Cuando ella dice: "perdónenme que yo no sé escribir, no soy una persona culta", yo le digo: “tú no eres culta, tú eres curta, cur daporlavida.” Polí ca ¿QuéroljuegaUstedenlapolí calocal? Ninguno. ¿Jugóalgunavezunrol? Sí, fue cuando llegué a Batuco y Escobar estaba en la alcaldía. Yo venía del mundo de la polí ca de Magallanes, donde dimos luchas desde la Asamblea de la Civilidad. Yoeraunodesuscuatropresidentes. ¿Algunaanécdotadeesos empos? Recuerdo que en un congreso de la asociación de pequeños industriales que se hizo en los Ángeles, con la presencia del ministro de Economía de la época, que era un militar de apellido Concha, luego del recalcitrante discurso de Domingo Durán, polí co par dario de Pinochet, me tocó tomar la palabra y señalé que, desde ese momento, los pequeños industriales se declaraban en libertad de afiliarse a los par dos polí cos que ellos quisieran elegir, cosa que estaba vedada por el decreto 2757. Fui ovacionado por el público. Ese mismo día fui elegido Director NacionaldeCONUPIA. ¿En ese contexto se entrevistó con Pinochet? Claro, yo fui parte de una comisión de las fuerzas vivas de Magallanes, porque Pinochet derogó un decreto -el 889- que bonificaba la inversión y la mano de obra en las regiones extremas de Chile, sin que la comunidad alcanzara a obtener benefi- cios, ya que no se sabía de su existencia. Más encima este decreto sirvió para la corrupción, porque mientras estuvo vigente se construyeron los "galpones paraguas", que eran solo techos parados con cuatro palos que se declaraban como galpones produc vos, a fin de cobrar las bonificaciones. ¿QuéleparecióPinochet? Unmilicocomocualquiera. ¿Perteneceaalgúnpar dopolí co? Yo par cipé en Magallanes por el Par do Socialista en clandes nidad. Después creamos el PPD, par do instrumental y ahí En cuanto a autores predilectos, he leído al pasar a Neruda, he leído al pasar a De Rokha, he leído al pasar a Gabriela Mistral. En Argen na, a esta niña que se suicidó, Alfonsina. A la misma Violeta Parra. Me quedo, eso sí, más con el poeta del pueblo. Serey
  • 14. 12 nos quedamos inscritos algunos. Al poco andar -el año 94- renuncié y no me he inscritonuncamásenunpar dopolí co. ¿Porquérenuncióal PPD? Por las sucias maniobras de los dirigentes locales, como lo que hizo Marcos Álvarez, actual concejal por Lampa, al manejar asambleas truchas o inventar asambleas y autocalificarse como candidato. En el momento, junto a un joven de apellido Suárez, hicimos las denuncias al tribunal supremodelPPDyno tuvimosrespuesta. ¿Hubomásrazonesparasalirdel PPD? La Concertación tenía y ene una deuda que ya no la pagó, me refiero a las inmen- sas expecta vas que le dieron a la gente y quenuncacumplieron. Después del 94 ¿siguió par cipando en polí ca? ¿Desde dónde? ¿Se volvió anarquista,terrorista,musulmán? Seguí par cipando desde mi forma de ser, creyendo siempre en el socialismo y colaborando con dirigentes amigos de la Concertación. En las elecciones pasadas apoyéalradicalManuelCas llo. Parece que no se desilusionó tanto de la Concertación... Lo hago solo por amistad, hoy en día trabajo por la Asamblea Cons tuyente, que es un proyecto que busca dar una verdaderademocraciaaChile. ¿QuépasóconBatucoComuna? Soy el único sobreviviente de la comisión Batuco Comuna. Todos mis compañeros de comisiónfueroncandidatosaconcejales. ¿Qué opinión le merece la actual alcalde- sadeLampa? Mala, porque ha sido una persona muy manipuladora de los conocimientos que ene de la población, ya que cuando ella era jefa de la Corporación Municipal, es decir,elbrazo derecho deEscobar,maneja- bainformaciónprivilegiadadelacomuna. ¿Graciela le pegó una puñalada por la espaldaaEscobar? Más de una. Cuando ella se presentó como precandidata a alcaldesa dentro de la Democracia Cris ana y no tuvo éxito, cosa que también le ocurrió a Ricardo Díaz, se re ró del par do y se ró por fuera, con el apoyo de Renovación Nacional. Ricardo Díazhizolomismo,peroconlaUDI. SifuesealcaldedeBatuco,¿quéharía? Primero hay que administrar bien. Luego preocuparse de la salud, la educación, la parte laboral. También le pondría otro énfasis al deporte: pistas de atle smo, tableros de ajedrez, canchas de tenis, mesas de ping pong. Además, crearía una planta de tratamiento solo para las aguas servidas de Batuco, y desarrollaría todo lo queesturismo. ¿Yenlacultura? Talleres de teatro, de pintura, de literatura para par cipar como estudiante. Más concursos también, de pintura, de literatu- ra,quedespiertanlasvocaciones. ¿Le hubiese gustado ser alcalde de Lampa? Nomehabríaquedadograndeelponcho. Entrevista
  • 15. 13 Jorge González Bastías Otro poeta chileno en el índex del olvido Por Héctor Figueroa M. “Transformanhastaloirreconocible,ysinprevioaviso, los paisajes rurales y urbanos donde solíamos anclar nuestra seguridad duradera y fiable. Reorganizan a las personas y hacen estragos con sus iden dades sociales”. Zygmunt Bauman Realizando de manera obligada una mudan- za-hormiga,ordenandopapelesyrumbasde libros que fueron la emoción de algún día, debajo de un ensayo acerca de la obra de Octavio Paz, de pronto, al azar, me encandi- la, como una brizna de hierba iluminándose en noche de luna gigante, la portada de un librito que cae al suelo sobre unas tablas de madera sin encerar. Es un libro delgado, con una cubierta hecha alguna vez de color verde y ahora casi completamente color sepia, es decir, color olvido. Es una primera edición que no recordaba para nada poseer, siendo que no poseo más que libros, y que ahora, bajo un día domingo de otoño se me aparece en la Casa de los Muertos, en Sierra Bella 1497, vecina a la casa –también derruida- del escritor Daniel de la Vega, en San ago-Sur. El ejemplar se tula “El poema de las erras pobres” (1924), su autor: Jorge González B. (1879-1950). Así publicó su nombre en la El trabajo poé co de Jorge González Bas as emociona, incluso en lo que ene de naíf, describiendo y develándonos la ruralidad de antaño, preocupado en todo caso de no hacer sólo rimas cantarinas, tal cual se prac caba en su época, demostrando a su vez una carga ecológica y a sbos quejumbrosos de una aplastante modernidad ya en ciernes. Taberna
  • 16. 14 portada este poeta chileno que nadie lee. No, decir tal cosa es una exageración, poetadeningúnrenombremejordigamos. En todo caso un escritor que prac có el arte de perder lustros antes al homónimo poeta urbano y roquero de San Miguel,esa voz de los ochenta que ahora perdió con lo peor que un ser humano puede perder, como es una buena salud. Y me llega al ánimo entonces una an gua y melancólica expresióncoloquial,laque decíaque “para pocasalud,másvalemorirse”. Cuando jovenleíaestecaballero enalguna antología. Sí, y su apellido materno es Bas as. A ver qué onda, un libro viejo, qué buena. Prac caré el Sutra de la atención plena en este pequeño y silencioso pa o, debajo de un parrón seco. Decido no hojear el libro sino leer sus páginas amarillas desde la primera hasta la úl ma, pues en este mausoleo no hay internet, por suerte, o si no te desconcentras y pierdes empo entrando, por ejemplo, a la página de El Mostrador para informarte acerca de las platas delincuenciales tanto de algunos polí cos (en general senadores o ex ministros) como de grandes peces gordos-empresarios chilenos. “Robos cortesanos perpetrados en las formas más ruines, ante el misérrimo salario del pobre que en su simplicidad se deja explotar”, comodiríaWaltWhitman. No haga tal pensar el lector que el párrafo anterior es una digresión, por el contrario, es incluso a nente al libro que de manera casual cayó a las manos de este comenta- rista, toda vez que también es un libro de poemas que denuncia un estado de cosas, como el status quo de la jus cia de aquella época por ejemplo. En la onda de poema- rios de urgencia como “Para matar este empo” (1983) de Esteban Navarro, al que “le hicimos chupete” de manera entreteni- da cuando éramos jóvenes durante una de las tantas dictaduras que ha padecido Chile, pues convendrá conmigo el lector –sin resen mientos ni tampoco creyéndo- nos sagaces ante una ya burda constata- ción- que ahora padecemos la Dictadura de una manipulación informa va dirigida por la Plutocracia de siempre. ¿Resen - miento por este lado? Sí, pero no por eso vamos a dejar de disfrutar del lenguaje poé co aunque sea con poetas olvidados (o débiles) que no llegaron a las cimas o cumbres de Whitman, de Neruda o Petrarca, pues no todo es clasicismo; también hay gente valiosa que se expresa tal vez sin el talento de los épicos o lo que instala el marke ng de turno. La poesía no es tanto la sofis cación extrema de un lenguaje como un estado realmente poé co, es decir una experiencia afec va y empá cayhumana,queinclusopronuncia o trata de pronunciar un minusválido, un hombre con ojotas o una solterona con muletas. ¿O acaso hay que seguir escu- chando a los experimentales poetas expertos en el silencio, casi siempre con Taberna
  • 17. 15 licenciaturas en el extranjero o doctorados creyéndose el cuento del crí co Adorno que sentenció que después de Auschwitz era imposible seguir escribiendo poesía? Ni Ludwig Wi genstein, el más lúcido y extremista de los prac cantes del silencio se creería ese cuento. Los alemanes sencillamente fueron malos y mataron judíos,tantocomoloschilenosasesinando a los propios chilenos, entre argen nos u hondureños igual cosa, pero no por eso desaparecerán las ganas de que alguien nos siga leyendo un poema. Ni siquiera la joven Ana Frank se calló o dejó de escribir en su buhardilla, rodeada por el sonido de bototos, de bombazos y aviones nazis, sabiendo además que no era Cervantes o Nicolás Gogol, pero ahí están sus descrip- ciones (emocionalmente bien narradas) de cuando se preparaba para la primera cita con su pretendiente Peter en un al llo clandes no. Si fue apócrifo o no ese Diario -como denuncian impunemente algunos resen dos en la red mundial de internet- dalomismo. El libro de Jorge González Bas as es una poesíalárica,40añosantesqueJorgeTeillier acuñara tal concepto para Chile en su ensayo de 1965, reuniendo a Efraín Barquero y a Rolando Cárdenas, entre otros, como sus exponentes más ní dos. A manera de ejemplo saco a la superficie la siguiente estrofa, cuando el hablante, refiriéndose a las pupilas, dice: “Ellas vieron la santa / paz del hogar. Recuerdan / el huerto en flor, la fruta sazonada, / el blancor puro de la oveja / la leche pura, aún no cuajada…Y la miseria, la miseria nueva…”. El lenguaje de uno de los primeros poetas de nuestro país, como es el caso del que se presenta ahora, de manera primigenia, es un lenguaje directo y claro, sin metáforas intrincadas, de versos sencillos y llanos, deslumbrante en su desnudez, como si de unpoetadelaescuelanaturalistasetratase. No es di cil inferir que en viejas obras como “El poema de las erras pobres” también abrevara y tomara impulso Neruda para su “Canto General” de 1950, pues, como suele ocurrir, los futuros grandes poetas también beben de la fuente de poetas satélites o estrellas más pequeñitas o enanas. Escritores de la Primera B, como les gustaba publicar en su pasquínalosderazaesperpén ca. En el primer poema de la sección “Los ecos perdidos”, muchos años antes de la corriente existencialista francesa, Jorge Taberna Cuando joven leí a este caballero en alguna antología, me digo. Sí, y su apellido materno es Bas as. A ver qué onda, un libro viejo, qué buena. Prac caré el Sutra de la atención plena en este pequeño y silencioso pa o, debajo de un parrón seco.
  • 18. 16 González Bas as, bajo un foco y una forma prís na,nospresentalasiguienteescena: “Hablaunaancianadecabellosblancos: -GranDios!Tantovivir! Yestecansanciolargo,interminable, Dehablar,dever,deoír. Estecansancioqueescomolamuerte uniformeyfatal,…” Ante estos versos me da un sen miento real -empa a y subje vidad son así- de imaginar a esa anciana provinciana del campo chileno y encontrarla más verídica en sus estados de aburrimiento o has o que Mersault, por ejemplo, el plomífero protagonista de “El extranjero” de Albert Camus, quien dice no condolerse ni ante la no cia del fallecimiento de su madre. Esa novelita significó lo que significó y no es mala, pero realmente es una hipérbole tenerla, como dice Oscar Hahn en TV, como un libro fundamental o de cabecera. Siempre es nutri vo, entretenido y fresco, disen r en gustos literarios. En fin, esa novela del francés no es “Pedro Páramo”, ya que estamos en una onda material y existencial de campesinos la noamerica- nos. “En un mundo sin armis cios ni escenas de piedad”, como señala un hablante poé co de Sarmiento Monje, deberíamos tratar de ejercitar, a pesar de locitadooporesomismo,disponiéndonos a leer ya no en la dicotomía apuntada por Cortázar de aquel lector macho o hembra sino de una lectura bajo una manera horizontal y no ver cal, sin prosternación o arrodillarse ante nadie. La vida es breve, di cil,triste,bella,justaoinjusta,etcétera, pero aquel momento mágico, sí, mágico, de tu empo ín mo de lectura ante el texto es lo más importante, el placer del texto, como diría Roland Barthes en el departamento frente a su madre anciana, leyéndole y cuidándola. Toda vez que estamos ante una soledad tan infinita que deberíamos propender a disfrutar o intensificar aquellos momentos buenos que brinda la lectura, por ejemplo, en silencio o en voz baja. Recordando además que en el universo no somos más que unos pocos instantes fugaces y anónimos, y que fuimosyfuistegraciasaunaestrella. En cuanto a la temá ca de estos poemas, entre otros asuntos, aborda cues ones como la preocupación por la erra (lo que hoy se denomina ecología), la soledad, el sonido de la naturaleza o la llegada de la delincuencia a los alguna vez tranquilos sembradíos o campos del valle central. “Bandoleros” que nacen y llegan por una pobreza o una “miseria nueva” -como expresa su autor- y no al revés. González Bas as dice: “Una miseria nueva / prendió en las hondonadas y en los cerros,/ arrasó los sembrados, / y los rebaños y los huertos. / El pobre se hizo miserable, / el miserable, bandolero!”. Intranquilidad o miedo asolando humildes casas donde antes reinaba la calma, la tranquilidad de an guos terruños, hogares humildes o sencillos, muy diferentes a las casas de Taberna
  • 19. 17 ciudad o de parcelas como son ciertas fortalezas del Chile actual, con familias enteras escondidas bajo video-cámaras, o rejas electrificadas, hasta con alambres de púa inclusive, habitantes rayanos en una histeria casi siempre imaginaria y donde el único bandolero que los asusta, sin darse muchas veces cuenta, es su propio egoísmo, produciéndose -más allá de cualquier miedo ancestral o cosmológico- una verdadera sofis cación de la seguridad, del temor o la preocupación, valores intrínsecos a nuestra actual sociedad, mercan l y recelosa, provocada en gran parte, como se sabe, por los mismosqueadministranelpoder. En “El poema de las erras pobres”, en apariencia un libro calmo y hasta bucólico, de manera subrep cia, pero también de manera directa, se plantea una cues ón social de fondo, como fue la precarización misma de la erra y de su gente, en este caso, de los territorios del Maule. En este contexto, el trabajo poé co de Jorge González Bas as emociona, incluso en lo que ene de naíf, describiendo y develán- donos la ruralidad de antaño, preocupado en todo caso de no hacer sólo rimas cantarinas, tal cual se prac caba en su época, demostrando a su vez una carga ecológica y a sbos quejumbrosos de una aplastante modernidad ya en ciernes. Un autén co hallazgo en una casa del hambre a borradasoloporlibrospolvorientos. Concluyo este ar culo citando unas palabras -aprovechando que estoy de buen ánimo- publicadas por Carrasco Vielma en 1999 en una antología de Francisco Véjar: “Búscate un lenguaje que te abrigue, frazada con que alguien te cubre como alejando algún demonio, mortaja que es promesa de fin, palabra justa en momentos injustos.” Y eso hice ahora, sin querer, en la an gua casa de mis abuelos a punto de la demolición, en esta tarde de domingo, lejano al ruido de la actualidad, sin el afán de buscar vanguar- dias ni transgresiones, bajo un espacio introspec vo escuchando el sonido de otro, guareciéndome y leyendo un libro de poemas de un oriundo del Maule, ocu- rriéndoseme casi al instante escribir esta reseña dedicada a los lectores de “El Mal Menor”, para que olvido y soledad no sean tan completos, para que el olvido y la soledadnoabarquentanto. Taberna En “El poema de las erras pobres” (...) de manera subrep cia, pero también de manera directa, se plantea una cues ón social de fondo, como fue la precarización misma de la erra y de su gente, en este caso, de los territorios del Maule.
  • 20. 18 La miseria nueva (fragmentos) III -Señor! en este campo mío yo trabajaba. Tenía veinte ovejas que eran mías, y alegre paz en esta casa. Mira, señor, lo que hay ahora! No queda nada, nada; ni fuerzas en mis brazos torpes, Incapaces de una venganza. No sabe de piedad el hombre que con su lenta infamia secó la erra. Torva pesadilla me parece la vida. No hay palabras que digan esta obscura miseria derramada. Mira la pobre casa en ruinas. Mira la esposa antes amada. Mira los hijos engendrados por el amor en sus entrañas, andrajos en que no se puede formar una conciencia humana! VI Baja por el sendero de la abrupta montaña, una joven morena que muestra honda fa ga en la mirada. La ropa cubre apenas el cuerpo núbil y sin mácula, la niebla fría no la hiere ni las espinas, aunque va descalza. La interrogo: -hacia dónde? -Allá al final de la hondonada. La noche ex nguió el fuego, amor de nuestra casa. -Cómo, le dije, el fuego? –El fuego! Cuando la noche así lo apaga, alba, al alba, voy a buscarlo a viviendas lejanas… Volvió. Subió la cuesta entre un girón de niebla de la albada. La esperaría el padre, acaso enfermo, la madre, acaso anciana; los hermanos pequeños tal vez dormidos la esperaban. El buen sol iba alzándose en las cimas dando a todo el milagro de su gracia. Los átomos del aire Con el temblor de luz se transformaban, y eran bieza, amor, beso fecundo, en cada hoja, en cada gota de agua. POEMAS DE JORGE GONZÁLEZ BASTÍAS De su libro “El Poema de las Tierras Pobres” (1924) Extractos
  • 21. 19 Recogimiento (fragmento) I Piedad a la sierra sombría, a los caminos, al alcor! Piedad a la montaña umbría, a su orante melancolía, a su noche llena de horror. Cantar de miserias errantes, de los recuerdos sin amor, de las sombras amenazantes que en los recodos más distantes dejan su rostro de pavor. Humilde tragedia (fragmento) V Pesado el sol, pesado el aire, todo todo toma aspecto sombrío. Sale al azar. Camina por las sierras como los pájaros perdidos. Está libre, está libre! pero siente otro horrendo mar rio! Se abren las cicatrices de su cuerpo y va temblante y lívido. A su miseria no le falta nada. No le ofrece un alivio nada en la obscura senda. Lo persiguen implacables ladridos. Mudo en la noche se recoge y piensa… No conoce el designio a que obedece la jus cia cuando labra poder con viles ar ficios. O cuando ampara el crimen generado dentro del banderío, y de los hombres que aniquila hace lacayos o mendigos. Los ecos perdidos (fragmento) VII Miremos esa casa abandonada, esa casa sin vida…silenciosos mirémosla. En ella no hay ya nada, Sino un errante rumor de sollozos. Miremos sus paredes carcomidas, su corredor de postes vacilantes. Por las puertas, abiertas como heridas, escapan largos silbos ululantes. Quedó entre sus paredes prisionero un gran dolor humano; entre las grietas se ha prendido austero y clama! Es voz de padre, voz de hermano. Es voz de maldición! Se irá apagando entre el derrumbe de la vieja casa; se la siente silbando y ululando y con el viento del des no, pasa… Extractos
  • 22. Retratos 20 Habitante suspendido en la niebla Por Melody Valenzuela Camino tras el hombre, viste saco de cuero, dos tallas más grandes que él, sus zapatos vaqueros en punta, con tacones gruesos, tan brillantes como su chaqueta. Cojea del pie izquierdo, sus dedos morenos aparecen entre las mangas gastadas. Su pelo, negro grueso, se mueve junto a la cabeza como buscando algo o alguien. Camina exiliado del desarrollo y el desempeño estable de la economía. Se sienta al borde de la acera, perdido sos ene con su puño el rostro, mentónbarbudo.Estáalmargendelpaís,delcrecimiento,deltrabajo digno y el sueldo é co, está al margen de los bonos subsidiarios del gobierno, está al margen de las tarjetas de crédito y los pagos mensuales, está al margen de la vida y la cultura impuesta en base al encantamiento de los publicistas que bailan la danza neoliberal. Abre la boca y muestra lo que el sistema le arrebató, lo esconde rápidamente. Sus uñas crecidas y pintadas de erra grasienta demuestran su espíritu comba vo, contra la existencia, contra el ser. Lo demuestran también sus ojos en permanente llanto seco. Alrededor la vida se sucede como siempre: compra venta de verduras,caminoshúmedosquebrados,ensaladaspicadaslistaspara la mesa, ropas de gentes gastadas con miradas de ojos perdidos, viento húmedo que traspasa la basura olvidada en el pavimento. Sobre el suelo, una radio mul plicando las voces de los gerentes de esta larga y angosta empresa. El hombre levanta su cuerpo animal voraz sin energía, la niebla lo aplasta. Suspendido se invisibiliza y se sumerge en un basurero para recuperar algún trozo de comida inventada, suicida, y algún consumido envase de cerveza que le traerá un par de monedas para pasar unos cuantos días con algo de alcohol en el cuerpo. Gorros, zapa llas y carteras pasan a su lado, viviendo y enrostrándose las plás cas decepciones que arrastran con hilos negros. Todos pasan a su lado, sufriendo por las cuotas impagas, por el frío, la lluvia, el alma quebrajada. Todos pasan anhelantes de prosperidad eterna y él, habitante suspendido en la niebla, en el vientre de la vida misma, de la nada, se echa a andar con la fe puesta enlosperrosquecuidaránsuser,loúnicoque ene.
  • 24. Corona Mortuoria 22 Una novela de Augusto D’Halmar Juana Lucero Por Swamp Thing Agusto d´ Halmar, nace en 1882 y a su nacimiento lo tenía todo para conver rse en un gran narrador, incluso su propio mito de origen: hijo de una mujer de ascendencia sueca y un padre marino francés, tal condición le otorgaba un aire de lejanía, la distancia de un aristócrata de poca monta en un país esperando ser narrado. Su talento narra vo lo llevaría a fundar una de las primeras novelas modernas del país: “Juana Lucero”, texto que el año 1902 marca el inicio de un narrador que con delicadeza ejecuta su obra, inaugurando todo un territorio imaginario, y que cercano a su muerte el año 1950, se escribe su epitafio con sencillez: “No vi nada, sino el mundo. Nadamepasó,sinolavida”. La novela, en términos generales, cuenta la vida de Juana Lucero, una mujer que al tener una mirada ingenua vive una vida de precariedad. Hija ilegí ma de un diputado delpar doConservadordelpaís,llevauna existencia marcada por la miseria, excluida junto a su madre que agoniza y queprontomuere. La narración está situada en un barrio marginal y es ahí en donde Juana debe sobrevivir. Arrimada a unos parientes luego de la muerte de su madre, la lujuria de un sacerdote azota su existencia, episodio que marca el cambio de la protagonista, quien luego de ser violada y, al no tener amparo, se ve obligada a refugiarse en la pros tución y habitar un pros bulo. Despojada y vulnerada, la protagonista debe vagar en el rincón más marginal de la sociedad, un burdel. Sin pertenencia de clase Juana pierde toda condición; al ser una hija ilegí ma y ultrajada sexualmente, su única posibili- dad es refugiarse en los márgenes más extremos, lugares de desecho, donde las personas, en busca de la lujuria, se muestran sin máscaras, apareciendo sus bes asinternas.Enesecontexto,yapesar de la brutalidad, el pros bulo se convierte en el hábitat de los excluidos, adquiriendo El pros bulo se convierte en el hábitat de los excluidos, adquiriendo un carácter abierto y de fuga al recoger a las figuras desamparadas y marginadas de la sociedad, que no cumplen con los requisitos morales.
  • 25. Corona Mortuoria 23 un carácter abierto y de fuga al recoger a las figuras desamparadas y marginadas de la sociedad, que no cumplen con los requisitos morales. La ciudad funciona como escenogra a y sus habitantes sos enen an faces hasta traspasar el umbral del pros bulo y entrelazarse con ellugardeliberacióninfame. En una úl ma imagen representada, la protagonista mira su propio reflejo, pareciera que no se reconoce, rostro deforme, nombre cambiado, su ser ha quedado en la niñez; no ene nada, ni el deseo por el sexo ni menos por el dinero. Pareciera que su existencia es vagar por el lugar, en su ojos habita el vacío de la muerte: el mundo en donde exis ó le arrebató todo, su madre, su pertenencia, susexualidad,suinocenciaysololequeda buscarunanuevarealidadenlalocura. En defini va, lo relevante de esta novela radica en cómo el autor por medio de la ficción es capaz de ar cular los discursos relevantes de la época: la condición de la clase popular y el lugar de la mujer, y enmarcarlos dentro de una narración que permite ser leída hasta la actualidad. Por ello, bajo la mirada de un buen narrador pareciera que cada acontecimiento, incluso el más mínimo y los problemas de hace cien años se perpetúan hasta la actualidad. Sarmiento,sobrefotograadeJosefVetrovsky.
  • 26. 24 Cuando el viento corre frío desde el este en la Patagonia, los Selknam saben que se trata de un mal presagio. Parika ya era un cazador según la tradición de su pueblo, había cumplido su undécimo ciclo y su clan ya había honrado su paso de Kloketén a adulto con la ceremonia del Hain, sin embargo la vida que conocía había cambiado. Balsas de roca gigante llegaron desde lejos tripuladas por hombres pequeños de caras peludas, ellos venían con lanzas de fuego y atacaban a su gente sin razón aparente, además levantaban cercas diciendo que la erra les pertenecía. ¿Por qué se volvían tan locos por la piedra que brilla? ¿Acaso se la comían? Y si así fuera, ¿para qué juntaban tantos animales peludos si solo les sacaban el pelo? ¿Qué primi vas criaturas eran estas, que preferían matar al pueblo Selknam cuando bien podían cazar el Wonankoi o arponear juntos al gran espíritu del agua para que todos gozaran de sus riquezas? Tres atardeceres antes atacaron su campamen- to, llegaron con animales pequeños que gruñen y lanzas de fuego en medio de la noche. Parika perdió a su madre, a su futura esposa y a su padre aquella noche sin estrellas, al igual que muchos otros como él; aquel día perdió a su familiaporlaambición,perolajus ciallegaría.El ¿Qué significa Mamihlapinatapai? Por Juan José Salinas Mamihlapinatapai: Cuando todas las miradas saben que hacer y la decisión la toma el más valiente. Narrativa
  • 27. 25 Chamán Tujori que sabía muchas cosas de los invasores, pues conoció a uno que le enseñó su lengua y sus dioses, les informó que quienes habían atacado su campa- mento eran gobernados por un hombre que vivía en una choza hecha de árbol al final de la erra y que no era un fuerte guerrero. Parika par ó con el grupo de cazadores cuando el espíritu que ilumina los días se había ido y su esposa blanca salía, sus compañeros de empresa tenían el mismo empo en este mundo que él, así que también sen an el miedo y la sed de venganza. Al llegar a una colina que estaba junto al gran hogar del líder de los invaso- res, se pusieron cuerpo a erra para vigilar a los enemigos que estaban en el jardín, aguardaron hasta que los vieron embria- garse con botellas de licor del fuego. Al verlos dormir se acercaron y dispararon una gran can dad de flechas matando a cuatro e hiriendo a tres. Luego de veinte minutos de trabajo, me eron a los muertos dentro de la casa y ataron a los heridos a un árbol seco que había en el pa o; solicitaron después al Chamán que interpretara lo que Parika quería decir en nombre de su pueblo: “Hombres blancos de más allá del mar, sus deseos traen desgracia a este lado del mundo que nosotros llamamos hogar, buscan consu- mir todo aunque sus barrigas estén repletasyaunasíquierenmás…Selesdará la oportunidad de regresar al lugar de donde vinieron y no volver jamás”. El Chamán tradujo las palabras de Parika con todoelconocimientoqueposeía,leshabló con solemnidad y carácter a pesar de que uno de los heridos ni siquiera podía oírle. Uno que tenía el rostro repleto de pelos blancos escupió y dijo: “Responderé sus palabras solo esta vez monos del fin del mundo, nosotros somos hijos de dios, hemos venido a este lugar incivilizado por gracia divina y nuestro deber es civilizarlos para encaminarlos en la senda lejana de la barbarie… Quizás vuestro inú l balbuceo de niño sea oído, pero jamás será escucha- do… En éndalo bien escoria negra, esta errayanolespertenece,esta erraesdel hombreblanco,esta erraesnuestra”. Sin inmutarse el Chamán Tujori repi ó en la lengua an gua de los Selknam las palabras del peludo. Los ojos de los jóvenes onas miraban con miedo, furia, e incer dumbre, hasta que Parika alzó la mano para decirle al Chamán que se detuviese. Miró al hombre blanco y dijo: “Ustedes son más poderosos, más hábiles en la magia del arma, enen más ambición y un odio profundo que seguramente nos derrotará, solo hay algo que hacer”, Mamihlapinatapai repi eron todos los Selknam, mientras el hombre peludo y Parika se miraban a los ojos fijamente, reflejándose. Con una decisión rápida Parika degolló al hombre peludo, y sus compañeros hicieron lo mismo con los otrosluegoderepe rlaextrañapalabra. Narrativa
  • 28. 26 1 Elcieloestabacubiertoporunacaparizada de nubes. El alumbrado público, cubierto por tupidos árboles, apenas iluminaba. En esa penumbra avancé por calles desiertas hasta llegar a la pequeña plaza que precede a la iglesia. Mi corazón retumba- ba. Estaba un poco asustado, debo decirlo, pero ningún Linterna Verde puede darse ese po de lujos, eso queda para los hombres comunes y corrientes, para los oficinistas, para los electricistas, no para quien trabaja para los Guardianes del Universo y debe estar preparado -a diario- para luchar contra malhechores prove- nientesdemilmundos. Un Jesucristo con los brazos abiertos me recibió en el centro de la plaza. Estaba montado sobre un monolito lleno de placas agradeciendo favores concedidos. Un par de focos de unos doscientos wa s lo iluminaban. Tenía los ojitos brillantes, parece que eran de vidrio corriente, y los brazos extendidos como queriendo volar. Esonoespara ,chico,ledije,volarespara superhéroes, no para dioses siempre vigilados por sus groupies, que los drogan convelasyfloresynolespermiten,niporsi acaso, salir a dar una vuelta por ahí, a ver cómo andan las cosas. Después seguí avanzando normalmente, sin volar, pues no quería revelar mi iden dad secreta, no quería que nadie conociera mi condición de superhombre. Así, yo y mi an faz, yo y mi linterna, nos movimos sigilosos por ese pueblo chico, infierno grande, donde las ventanas, por oscuras que parezcan, están siempreabiertas,sinjamásparpadear. El rapto de Linterna Verde Por Enrique Atenas Gork Acud, extraterrestre de la zona 893, me entregó el anillo del poder y la linterna verde antes de morir y conver rse en un montón de chanchitos de erra. Hay algo especial en , hay algo justo en , fueron sus úl mas palabras. Narrativa
  • 29. 27 Llegué a la iglesia y me detuve en la enorme puerta del templo, enorme para empequeñecer a la gente, como dice mi madre.Unosqueltehuescantaron.Yovolví a mirar hacia el centro de la plaza. El Cristo seguía en el centro, inmóvil, como un paralí co que en vez de una silla de ruedas usara una cruz. Me hice, entonces, un montón de preguntas inú les: ¿Quién hace las placas que se instalan a los pies de las estatuas? ¿Hay una fábrica, como ocurre con las velas? ¿O más bien es un tallercito artesanal? ¿Habrá escritores de placas a pedido? ¿O habrá textos estanda- rizados? ¿O será una mezcla? Si es así, ¿habrá autores canónicos dentro del género, que es la versión más acotada de lo que podría llamarse “discursos de agradecimiento”? ¿Será un género hermano o primo del epitafio? ¿Se cobrará por metro cuadrado? ¿Por palabra? ¿Por letra? ¿Por silencios entre letras? ¿Exis rá un manual de grabado de placas? ¿O se tratará, en cambio, de una técnica auto- producida, heredada de padres a hijos? En tal caso, ¿habrá alguien que se haya hecho cargodeinves garla,esdecir,declasificar- la y transformarla en folclore, en llaveros, enposavasos,enpoleras? Al rato, el silencio se hizo completo. Ni siquiera los queltehues cantaban. Me dirigí, entonces, hacia un callejón que estaba al costado de la iglesia. Mi traje verde brillaba tenuemente. Mi corazón retumbaba. Pronto estaría con ella. Crucé rápidamente el callejón, llegando hasta un muro de adobes que nacía justo al fin de la iglesia. Detrás de ese muro se hallaba un pa o interior, donde asomaba una ventana pequeña, sin rejas, por donde tenía planeado entrar. De un salto me instalé sobre el muro. Una rata, en alguna parte, chilló. Desde lo alto observé el panorama.Estabatodotranquilo.Solouna luz se encontraba prendida en una casa ubicada al fondo del pa o. Seguramente se trataba de la vivienda del sacerdote. Saltéhaciaelpa oydeinmediatofuihacia la ventana. Llevaba una serie de herra- mientas para forzarla, herramientas de superhéroe, pero bastó un pequeño empujón para que se abriese. De otro salto, salto es lo Hombre Araña, entré en la iglesia. Adentro estaba oscuro. Recordé, en ese momento, la lucha de mi colega Hal Jordan por darle vida al sol. El sol amarillo, maldito para los Linterna Verde, pero vital paralahumanidad. Encendí mi lámpara de luz esmeralda y recorrí el interior del edificio. La ventana daba justo frente al altar, por lo que tuve que ir hasta el sector central de la nave. Caminé con nerviosismo y ansias, pues sabía que sus ojos de piedras preciosas me estaban esperando. Iba tan apurado que no reparé en una banca que pasé a llevar, haciendo un enorme ruido. Me quedé en silencio, esperando que alguien aparecie- ra. Pero nadie vino y al levantarme y apuntar con la linterna me di cuenta que Narrativa
  • 30. Narrativa 28 estaba justo frente a la bella mujer que me había subyugado hace un par de semanas, cuando, a causa del funeral de la madre de una amiga de mi madre, concurrí a la iglesia, lugar al que jamás había ido –pese a estar a unas pocas cuadras de mi casa- porque nuestra familia, compuesta por mi madre y yo,nuncahasidoreligiosa. A las dos de la mañana llegué a casa con ella. Era pequeña, de rasgos finos, ojos azules y cabellos de crines rojizos. Ves a un traje color café, bordado con hilos dorados, y una manta que la cubría casi por completo. En sus brazos habían colocado un niño, que dejé en la iglesia, no me interesaba el niño, sino esta mujer cuyos rasgos parecían sacados de una pintura de Bo celli, pintor que amaba. Ordené un poco la pieza, me quitélaropa,meme enlacamaconella. 2 Mimadre,quesiemprehasidomediajipi,no cues onó nuestra relación. En los amores y en los colores no hay razones, filosofaba a cada rato, especialmente cuando comentá- bamos lo que todo el barrio comentaba: que alguien se había robado la Santa Virgen de Villa Esmeralda, dejando al niño Cristo en la iglesia, solo, sin su madre purísima. Deben ser traficantes de arte, fue la conclusión del corrillo barrial, jus ficando tal teoría en el hecho de que la virgen, tallada en madera de lingue, fue confeccionada por un discípulo A las dos de la mañana llegué a casa con ella. Era pequeña, de rasgos finos, ojos azules y cabellos de crines rojizos. Ves a un traje color café, bordado con hilos dorados, y una manta que la cubría casi por completo. En sus brazos habían colocado un niño, que dejé en la iglesia, no me interesaba el niño, sino esta mujer cuyos rasgos parecían sacados de una pintura de Bo celli.
  • 31. Narrativa 29 de un discípulo del maestro italiano Pietro Bracci, un tal Francesco Baccaro, que hace unos trescientos años abandonó Europa y se avecindó en Salvador de Bahía, donde se conver ría en maestro de la escultura en madera, material más propio de América La na, según su convicción, que la realizada en piedra, especialmente en mármol, material que el maestro de su maestro y su maestro usaron en Europa. Otro elemento que Baccaro agregó a sus esculturas -caracterís co de su es lo- fueron las incrustaciones de piedras preciosas,quedabanmayorbellezayvalor -económico recalcaban todos aquí, como babeando- a su obra y por lo tanto a la virgen robada. Así, todo el pueblito rural, cuya existencia giraba en torno a la vieja iglesia, monumento nacional y sede de múl ples celebraciones religiosas, de la nada se había vuelto experto en historia del arte, mientras yo, en secreto, vivía mi pasión desenfrenada por Simone a, la sin igual, así llamaba yo a la virgen, recordan- do a la musa de Bo ccelli y de otros pintores del Renacimiento, cuya belleza y perfección hacían vibrar la membrana de cadaunademiscélulas. Pasaron varios meses. En la facultad, el segundo semestre estaba por terminar, pronto saldría de vacaciones y podría descansar de mis clases de diseño. El ambiente en el pueblo, por otra parte, se fue relajando. El arzobispado, según se decía, había mandado a hacer una réplica de Simone a a un discípulo del discípulo del discípulo del discípulo, y así diez o doce veces, de Baccaro, que se encontraba en Salvador de Bahía, a fin de terminar con el problema. El único que no se conformaba eraelpárroco,ClementeRivas,queincluso había salido en los no cieros exponiendo el caso. Según él, no descansaría hasta dar con los desalmados que le arrebataron la madre al hijo de Dios, niño que hoy se encuentra a la espera de una réplica que no es su madre: la pieza que traerán es mucho más joven que él, cuándo se ha visto, señor, que la madre tenga menos años que el hijo, eso me parece un enorme contrasen do. En ese intertanto, y algo asfixiados por mantener nuestra relación siempre puertas adentro, solo teniendo contacto con mi madre, quien salía harto y cuandoestabaencasaselopasabavolada, relajada, todo a cuenta de unos terrenos en arriendo que le había dejado mi ex nto padre, decidimos arriesgarnos y salir a respirar. Como Simone a era pequeña, más o menos de cincuenta cen metros, la me a bajo un chaquetón grueso, azul, que había sido de mi progenitor. Y después nos sumergíamosenlacalle. Alegres caminábamos y al poco rato, cualquiera fuese la dirección que tomáse- mos, llegábamos al final del pueblo, que era demasiado reducido. Topábamos, si íbamos hacia el norte, el sur o el oeste, con
  • 32. Narrativa 30 los cercos que marcaban el inicio del campo, que estaban sembrados de frutales y hortalizas, o si íbamos hacia el este, con la carretera hacia Los Andes. Optábamos, por lo general, por el campo, que es más pacífico y discreto. El campo, que me recordaba aquella vez que Gork Acud, extraterrestre de la zona 893, me entregó el anillo del poder y la linterna verde antes de morir y conver rse en un montón de chanchitos de erra. Hay algoespecialen ,hayalgojustoen ,fueron susúl maspalabras. Muchas veces le relaté esa historia a Simone a y le costaba creer que realmente había ocurrido. Fui virgen por muchos siglos, decía, por eso soy desconfiada. Luego reía, luego me abrazaba, luego quería dejar de ser virgen una vez más. Y se me raba encima, vigorizada por los rayos verdes de mi anillo mágico. Después del sexo, rados de espaldas sobre la maleza mirábamos el firmamento. Yo aprovechaba para contarle historias que había vivido en lejanas conste- laciones, zonas que ni hombres ni dioses imaginan que existen, luchando contra seres de tres cabezas y seis piernas que avanzaban saltando como resortes, mientras dispara- ban ondas que desintegraban el cerebro, transformándolo en una concha vacía; contra seres mitad mujer mitad árbol que hipno zaban a sus enemigos con la danza de sus hojas, para luego mear sobre los cuerpos dormidos, secándoles las piernas y los brazos. Ella escuchaba en silencio. Yo creo A veces la tomaba y volábamos sobre Colina, mirando la mancha luminosa que la ciudad dejaba en la noche. Una vez sobrevolamos el municipio y vimos un montón de delincuentes tramando fechorías en la sala del concejo. Quise atacarlos, pero Simone a me pidió calma. Miré sus ojos de azul mineral y le hice caso. Llamé, eso sí, a la policía, que no llegó: se encontraban allanando la casa de una abuela de la droga.
  • 33. 31 Narrativa que también había tenido historias en el firmamento, pero callaba, bañada aún con mi biosúpersemen. A veces la tomaba y volábamos sobre Colina, mirando la mancha luminosa que la ciudad dejaba en la noche. Una vez sobrevolamos el municipio y vimos un montón de delincuentes tramando fechorías en la sala del concejo. Quise atacarlos, pero Simone a me pidió calma. Mirésusojosdeazulmineralylehicecaso. Llamé, eso sí, a la policía, que no llegó: se encontraban allanando la casa de una abuela de la droga, una señora que, quedando postrada en silla de ruedas, en vez de pedir ayuda al señor de los cielos, se lahabíapedidoalashierbasdela erra. Regresando de estos paseos me encontré, una noche, con el párroco. Sin ponerme nervioso, lo saludé, aunque no lo conocía. Eracostumbreenelpueblo.Elsaludonose le quita a nadie, se decía. El cura me preguntó que andaba haciendo a esas horas de la noche. Sin quitarme mi an faz, le respondí que nada. Y seguí caminando. Me extrañó, eso sí, verlo tan tarde, cosa poco frecuente en su persona, que había espiado varias semanas antes del secues- tro de Simone a. Al día siguiente apareció por mi casa. Era sábado. Mi madre andaba de compras. Abrí la puerta y sin más preguntó por ella. Le dije que no estaba y entró sin pedir permiso. Era un po alto, fornido, de mediana edad, que intentaba dulcificarsucarasinquesesupierasifingía o realmente había algo de dulzura en su interior. Me preguntó si podía hablar conmigo.Yolerespondíquesí,aunquecon moles a, puesto que estábamos desayu- nando y viendo tele con Simone a, que estaba desnuda en la cama. Me preguntó si me encontraba bien. De aquí, dijo, y se tocó el corazón. Todo bien, respondí. Y de aquí, volvió a preguntar, tocándose la cabeza. Todo bien, respondí. Y le hablé un ratodemisestudios. Tras la visita del cura, Simone a comenzó a ponerse mal. Y eso hizo que yo también me pusiera mal. Hasta mi madre se dio cuenta. Y se mostró muy preocupada, aunque después encendió un THC y su preocupación se vio aminorada. Cada cual es dueño de su vida, dijo al rato, arreglán- dose un pañuelo con flores que llevaba atado al cuello. La vida, además, siempre con ene algo de dolor, eso es supernatu- ral. Me habló enseguida de su pololo, un tal Turuco, para mí desconocido, que ella visitaba en la cárcel, donde pasaba una temporada por robo y desarme de automóviles. El Turuco es súper decente, dijo, por eso lo está pasando remal, el ambiente, adentro, es muy violento, además echa de menos a sus hijos. Supe, entonces, lo que le sucedía a Simone a: echaba de menos a su diminuto hijo. Sus brazos, rígidos en la postura de sostenerlo,
  • 34. 32 no habían cambiado un ápice desde que decidimos convivir. Y si bien tal postura favorecía ciertas prác cas sexuales que nos daban gran contento, no se podía negar que también reflejaban una cierta melancolía de madre. Comencé a llevarla de paseo a la plaza, donde estaba Cristo en versión adulta. Tu hijo ha crecido, le decía, ahora es todo un hombre. Ella siguió poniéndose triste. Peor fuecuando llegó su réplicaalaiglesiayellalo supo. Se puso mal. Sus ojitos minerales se llenaron de nostalgia. Andaba mal también en la cama. Entonces me di cuenta que tendría que robar al niño. Producir el encuentro madre hijo. Formaríamos una familia como todos, tendríamos hijos, nos endeudaríamos,iríamosalmall,nosemocio- naríamos con la Teletón, votaríamos por los imbécilesdesiempre. Ese domingo fui a la iglesia, a la hora de misa, para estudiar el terreno. La réplica estaba tapada y así seguiría hasta que un cabrón de San ago viniese a san ficarla, como indicaba un cartelito bajo sus pies. Me pregunté si el niño estaba con ella. Y me dije que sí, pues un bulto emergía a la altura de los brazos. Cuando la misa terminó el cura se me acercó. No sabía que eras católico, y menos devoto de la virgen, dijo con cierta insidia. No, no lo soy, indiqué, pero vine porque el asunto es tema nacional, sale hasta en la tele, y quería saber de qué se Para sobrevivir me dedico a la venta de disfraces, lo que me permite ves r todo el día mi uniforme de Linterna Verde, sin que nadie se sorprenda. Simone a, por su parte, finalmente aceptó la pérdida de su nene. Leyó la biblia y terminó vomitando. Mi hijo se convir ó en un gran estúpido, dice a menudo. Y llora. Y se deprime. Por suerte que aquí los an depresivos se venden sin receta, por lo que puedo mantenerla bajo control. Narrativa
  • 35. 33 trataba.Ah,unjovencurioso,unjovenque busca estar informado, señaló enseguida. Ysealejodemilado. Al martes siguiente, Clemente Rivas apareció otra vez en nuestra casa. Mi madre, por supuesto , no estaba. Tenemos que hablar, dijo. Y me pidió que le contara lo que sabía sobre Simone a, refiriéndose a ella como la madre de Dios. Le contesté que no sabía nada de nada. Alguien te vio, la otra noche, junto al Cristo de la plaza; este domingo fuiste a misa y te ubicaste junto a la réplica de la Virgen Purísima. Nunca antes te habías aparecido por la iglesia,¿porquéahora?Voyahablarconla policía,amenazó.Ysucaramepareciómás ruda que nunca. El dulzor había desapare- cido. Se levantó y dándome la espalda se dirigió hacia la puerta. Yo tomé un jarrón lleno de colas de zorro -orgullo de mi madre- y se lo reventé en la cabeza. El cura no cayó. Se tambaleó, pero se mantuvo de pie. Entonces se dio vuelta y me tomó del cuello. Hijo del gran Satanás, gritó, sabía que eras el ladrón. ¿Dónde está la virgen?, gritó fuertemente. Yo andaba sin mi traje, sin mi an faz y sin mi anillo. Es decir, no tenía ningún poder. Entonces entró ella, flotando sobre el aire, rodeada de un halo de luz. El cura cayó de rodillas. Madre, madre misericordiosa, ten piedad de mí, farfullaba. Simone a es ró un dedo y apunto al cura. Enseguida algo como un rayo salió de sus pequeñas uñitas. El cura cayó sobre el piso, botando sangre por la boca,lanarizylosoídos. Simone a y yo vivimos actualmente en un lugar indeterminado de la hermana república Argen na. La policía cargó conmigo, por supuesto. Se me busca por homicidio y profanación de figuras religiosas. Por ello me vi obligado a dejar de estudiar. Para sobrevivir me dedico a la venta de disfraces, lo que me permite ves r todo el día mi uniforme de Linterna Verde sin que nadie se sorprenda. Simone a, por su parte, finalmente aceptó la pérdida de su nene. Leyó la biblia y terminó vomitando. Mi hijo se convir ó en un gran estúpido, dice a menudo. Y llora. Y se deprime. Por suerte que aquí los an depresivos se venden sin receta, por lo que puedo mantenerla bajo control. Hablé, además, con el jefe de los gladiado- res de la zona 631, a la que pertenece la Tierra, para contarle el lío en que estaba me do. Hay algo especial en , hay algo justo en , fueron sus palabras, similares a las que Gork Acud pronunciase años atrás cuando me entregase los súper poderes. Quédate tranquilo, añadió, el anillo jamás se equivoca. De vez en cuando recibo correos electrónicos de mi madre, quien me sigue apoyando en todo, aunque siempre me previene de Simone a. Ella ya sabematar,dice,ellayaletomóelgus toa la sangre, así que váyase con cuidado, hijo, mirequelascalladitassonlaspeores. Narrativa
  • 36. 34 Fotografía Por Emilio Serey Cas llo El día que me fumé un pito en Estación Colina Mi periplo fotográfico me lleva esta vez a Estación Colina, lugar que entre sus calles y recovecos esconde un sen r de pueblo an guo, puertas y ventanas descascaradas, con letreros de “se venden chalecos tejidos a mano” o “se hacen fotocopias” refirman mi tesis espontánea, de pito mañanero, que me es revelada poco a poco. Miro la línea férrea y me encuentro con un bodegón de verduras y abarrotes, y varios restoranes o quintas de recreo que ven como su historia forma parte del pasado. Estación Colina recrea ensuscallesde erraseseolvido lindo, que debiera ser restaura- do, pero conservando ese toque de pueblo campesino y nostálgi- co, que de forma honesta y sin pretensionesnosmuestraqueel patrimonio no siempre ene queserunpalaciodelujo.
  • 39. 37 Una elegante ceguera Por Monona Fontecilla Moda Hola, hola, faná cas y faná cos de la moda. Esperando que estén todos regios y regias, es decir, la raja, les comento que hoy no re co m e n d a ré n i n g u n a prenda de ves r, sino un par de accesorios para el alcalde UDI de Til Til, Nelson Orellana Urzúa, quien acaba de inaugurar, como señala el si o web del municipio, “la primera pileta con juegos de agua y luces mul colores que se instala en la comuna”, proyecto preparado por el municipio y financiadoporelestadochileno. Ante esta inicia va, me pregunto si Orellana realmente posee buena vista, o si está ciego, ya que si uno revisa los infor- mes del Observatorio Comunal y el PLADECO 2015-2019, se da cuenta que Til Til posee necesidades más importantes que una tontona fuente de agua con lucecitas de colores, y perdónenme que me meta en temas polí cos, lo mío es la moda, pero me calienta que en una comuna donde existe hacinamiento, trabajos inestables, baja escolaridad, malos resultados en educación, bajos ingresos, problemas ambientales y mala atención en salud, entre otras carencias, la plata se gaste en este po de frivolidades. Analizando el caso, me da por pensar que Orellana, que alguna vez fue representante de Myriam Hernández, seguramente sufrió daños irreparables al escuchar las canciones de la básicaintérprete.Otalvezfue al revés, tal vez el mismo alcalde fue quien dañó el cerebro de la Hernández para explotarla comercialmente, proyecto que tal vez tenga ahoraconTilTil. En fin, las especulaciones dan para mucho, pero yo me preocuparé, ahora, de reco- mendar los accesorios para Orellana, que parecequeestáperdiendolavista.Setrata de lentes oscuros po CNI, muy apropia- dos para un UDI; y un fino bastón de ébano concachadeplata,conformadecabezade águila imperial, muy apropiado para un libremercadista,accesoriosquelepermi - rán moverse sin tropezar con la fuente, que en realidad es harto fea. Además poco profunda. No daría, ni siquiera, para que aquellos l lanos angus ados ante las malas condiciones de vida de la comuna, se lancen en sus aguas y se suiciden, escapando del paradójico gobierno de la cegueraylaslucesdecolores.
  • 40. EmilioSerey Descarga nuestra versión digital en slideshare El Mal Menor