Garcilaso de la Vega, figura prominente del Renacimiento, popularizó el soneto y fusionó temas clásicos con un nuevo vocabulario del amor y del paisaje. Su poesía, influenciada por la belleza idealizada de la mujer renacentista, se ve reflejada en su relación con Isabel Freire, quien fue su musa. El soneto XXIII explora la fugacidad de la juventud y la belleza a través de imágenes metonímicas y paradojas, enfatizando el paso inexorable del tiempo.