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GENERO Y MOVIMIENTOS SOCIALES
        EN AMERICA LATINA


                                                                      Lola G. LUNA
                                                           Universidad de Barcelona




      Se trata de analizar como han sido considerados los movimientos de mujeres
 en algunos estudios recientes sobre los movimientos sociales contemporáneos en
América Latina y en qué punto está la historiografía sobre ellos. También plantear
 su análisis desde el significado de los géneros.
      En la década de los ochenta se abre una línea de investigación en América
 Latina sobre los movimientos sociales, produciendo hasta el momento una extensa
 literatura sobre el tema. Pero veamos algunos antecedentes: en los setenta los
 estudiosos del populismo, habían dedicado alguna atención a los sectores populares
 urbanos y en este sentido Octavio lanni l de la corriente de la dependencia, los
veía como un movimiento nacional poco estructurado en sus objetivos y enredado
entre la burocracia sindical y los partidos populistas. Anibal Quijano, desde sus
estudios sobre la marginalidad proporcionó datos sobre la formación de los sec-
tores populares urbanos, señalando también su dependencia del Estado y las polí-
ticas para organizarlos desde arriba (Promoción Popular en Chile, Acción Comunal
en Colombia, Cooperación Popular en Perú, etc). Los estudios desde posiciones
marxistas clásicas se centraban especialmente en el movimiento obrero y algunos
movimientos guerrilleros al ser considerados los sujetos revolucionarios. A fines
de los setenta, el fracaso de estas alternativas, y el cobrar fuerza las luchas po-
pulares por diferentes reivindicaciones, algunas de ellas ligadas a las necesidades
básicas y otras por la democracia y contra las dictaduras, se va tras la pista de
«nuevos sujetos revolucionarios~y el «sujeto popular. se convierte en centro de
atención. En este concepto se sintetizan movimientos diversos: mujeres, campe-
sinos, indígenas, estudiantes, comunidades cristianas de base, etc. que serían
liderados por una vanguardia partido, según la concepción clásica leninista. La
influencia de la revolución nicaraguense en esta tendencia historiográfica es muy


    l. Formación del Estado populista en América Latina. Era, 1975.
    2. Redefinición de la dependencia y proceso de marginalización en América Latina.
CEPAL. Santiago de Chile, 1970.
fuerte 3. Por otro lado los debates con replanteamientos sobre la democracia se
suceden, y se la considera vinculada históricamente a los movimientos populares 4.
La crisis y la democracia son los temas que catalizan las investigaciones sobre los
movimientos sociales. Los resultados a lo largo de los ochenta son fructíferos,
apareciendo estudios coordinados de carácter continental, con análisis de casos
concretos 5 .
     Estos estudios sobre los movimientos sociales de los setenta y ochenta apor-
tan elementos teóricos importantes a través de las tipologías que han elaborado
para caracterizar su diversidad (movimiento campesino, obrero, barrial, de muje-
res, jóvenes, etc.) Sin embargo no han abordado en profundidad los movimientos
de mujeres, que ya están presentes en la escena social desde antes de los popu-
lismos. Las mujeres desde comienzos del siglo XX aparecen organizando resisten-
cias puntuales (artesanas, planchadoras, lavanderas, obreras industriales del
tektil, etc.) por sus reivindicaciones laborales en Uruguay, Colombia, Perú y Ar-
gentina entre otros países. También se organizan para conseguir el voto y otros
derechos de ciudadanía. 'En las últimas décadas han reaparecido de nuevo las or-
ganizaciones y movimientos de mujeres para enfrentar la crisis y el hambre. para
luchar por los derechos humanos y para denunciar y luchar contra la discriminación
por razón de género.
     Se puede decir que en la mayoría de los estudios sobre movimientos sociales
se constata la existencia de movimientos de mujeres pero no se visualiza su
diversidad y sólo en algunos estudios de casos se han incorporado 6.
     La mayoría de las tipologías elaboradas sobre los movimientos sociales, si
bien son aportaciones muy útiles para desentrañar la naturaleza de su diversidad,
en lo referente a los movimientos de mujeres, se puede decir que son reducionis-
tas al delimitar el campo de conflicto de estos movimientos a la cultura y la ideo-
logía 7 pues están dejando a un lado una serie de mecanismos de género que oca-
sionan respuestas a veces relacionadas simultaneamente con múltiples campos:
la reproducción, la producción y el campo tradicional de la política. Virginia
Vargas ya ha señalado cómo los movimientos de mujeres han tenido incidencia
en las ciencias sociales al poner de manifiesto nuevos sujetos políticos y nuevos
compos de conflicto.
     El sistema patriarcal que rige la desigualdad en las relaciones entre los géne-
ros atraviesa en sus dimensiones materiales, ideológicas y culturales el orden



      3. Ver Pablo González Casanova: La Hegemonía del Pueblo y la Lucha Centroameri
cana. Nueva Sociedad, Managua, 1986.
      4. Varios Autores: América Latina 80: Democracia y Movimiento Popular. Desco,
Lima, 1981.
      5. Varios Autores: Los movimientos sociales ante la crisis. UNU. CLACSO 1986 E Ba-
llon (editor) Movimientos sociales y crisis: el caso peruano DESCO, Lima, 1986. Movimien-
tos sociales ante la crisis en Sudamérica. CINEP, Bogotá, 1986, etc.
      6. En el caso del Perú, Movimientos Sociales y Democracia: la Fundación de un Nue-
vo Orden [varios autores). DESCO, Lima, 1986, o en Movimientos Sociales en el Uruguay
hoy. CLACSO, CIESU, Ediciones de la Banda Oriental, 1986.
      7. Ver Fernando Calderón: Los Movimientos Sociales frente a la crisis. citado, y Luis
Alberto Restrepo: Los Movimientos Sociales, la Democracia y el Socialismo. Análisis Po-
lítico, núm. 5, U. Nacional, Bogotá. 1988.
      8. Reflexiones sobre la construcción del movimiento social de mujeres, Boletín Ame-
ricanista, núm. 38, Barcelona, 1988.
social. O dicho de otro modo, los conflictos de género están en relación con los
de clase, etnia, edad, etc., porque hay mujeres burguesas, obreras, de clase
media, jóvenes, viejas, blancas, indias, negras, etc. Las relaciones entre los géne-
ros en América tienen un carácter patriarcal universalizado desde la invasión
europea. Con anterioridad, se detectan diferencias que pueden ser relacionadas con
la centralización y el grado de organización estatal.
     Reduciendo los movimientos de mujeres a lo cultural se está dejando a un
lado el triple significado de la reproducción (social, biológica y de la fuerza de
trabajo) 9, clave para explicar las bases materiales del orden patriarcal y las orga-
nizaciones de mujeres por la sobrevivencia a las que me referiré más adelante.
Evers, Múller-Platenberg y Spessart lo en un trabajo acertado sobre el potencial de
los movimientos barriales y su relación con la esfera de la reproducción, dejan
pasar la oportunidad de ver la cara femenina que tienen. Preocupados por el aná-
lisis de clase, han dejado opacado una vez más el significado del género en la
articulación de estos movimientos.
     El carácter femenino de buena parte de los movimientos sociales actuales está
relacionado con la violencia, la crisis y la capacidad de producción y reproducción
de las mujeres, así como la emergencia de nuevo de la corriente histórica feminis-
ta que se inició con el sufragismo y que se desarrolla en la actualidad cara a una
nueva identidad de mujer. Por otro lado, en los movimientos de mujeres y en su
diversidad se encierra la historia de la mayor parte de la participación política de
las mujeres, hasta ahora invisible.




      Desde mediados de los ochenta han aparecido estudios sobre los movimientos
de mujeres, dentro de la literatura que tiene una orientación analítica feminista.
El interés por conocer la historia de las luchas de las mujeres ha ido unido al
desarrollo del movimiento feminista en América Latina al igual que ha sucedido
en otras partes del mundo. Esta necesidad de encontrar las raíces de la resistencia
de las mujeres ante el patriarcado es común a la historia del feminismo. Gracias a
esto, se ha iniciado el trabajo de localizar las memorias aún vivas y los documentos
dispersos, en donde se recoge parte de esta historia.
      Los estudios históricos sobre las mujeres de América Latina se iniciaron hace
pocos años y han sido precedidos de más de una década de investigaciones de
carácter sociológico, antropológico y económico. La investigación sobre la mujer
no surgió inicialmente como en EE.UU., o Europa, del impulso del feminismo sino
en los proyectos de investigación para el desarrollo y centros de investigación no
institucionales y que tampoco tenían una orientación feminista ' l .



     9. Lourdes Benería: Producción, reproducción y división sexual del trabajo. Mientras
Tanto. núm. 6, 1981.
     10. Movimientos barriales y Estado. Luchas en la esfera de la reproducción en Amé-
rica Latina. Revista Mexicana de Sociología del Instituto de Investigaciones Sociales de la
Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Aña XLIV, núm. 2. 1982.
     11. Lola G. Luna: Desarrollo y cambios en la situación de las mujeres latinoarnerica-
nas, siglo XX. En América, Desarrollo y Dependencia. siglos XIX y XX. Diputación de Gra-
nada [en prensa).
Posteriormente la investigación se fue decantando hacia el enfoque feminista
hasta ubicar la especificidad de la problemática de las mujeres en las relaciones
de género que se dan en la sociedad, articuladas al resto de las relaciones de
 clase, raza, edad, etc lY. 'Este enfoque globalizador de la realidad, es el resultado de
los avances que se han ido haciendo en el análisis feminista, siendo especialmen-
t e enriquecedor porque supera la polémica que se dio en los comienzos sobre la
dualidad capitalismo-patriarcado. Se puede observar una tendencia mayoritaria de
 no desarticular la problemática de las mujeres de la de clase y de articular a su
vez el problema multiracial, en un continente donde la mayoría de las mujeres no
son blancas.
      El estado actual de los estudios sobre el tema de los movimientos de mujeres
es de algunas investigaciones iniciales, la mayor parte iniciativas individuales que
 están faltas de un soporte para su continuación. Hasta ahora se ha avanzado en
 una primera recogida de datos y establecimiento de hipótesis sobre las luchas
 suáragistas y obreras de primera mitad de siglo. Desde que en el II Encuentro
 Feminista Latinoamericano y del Caribe que se realizó en Lima en 1983, en el
Taller de Historia, se comenzará a explicar .Así hacemos nuestra historia. 13, han
 comenzado a aparecer los primeros resultados y el anuncio de investigaciones en
 curso. Las tendencias han sido: la recuperación de la memoria sobre las luchas
 políticas de las mujeres l4 y los nombres y las obras de las líderes sufragistas,
 como es el caso de Ofelia Uribe de Acosta de Colombia l5 o de María Alvarado de
 Perú 16, rescatándolas de esa gran parte de la historia que aún permanece en la



      12. Un buen compendio de la producción de los setenta es el que ofrece Magdalena
León en Debate sobre la Mujer en América Latina y el Caribe. 3 volúmenes, ACEP, Bogotá,
1982. Entre los más de treinta artículos hay muchos en los que se plantea esta problemática.
También el trabajo de Adriana Muñoz D'Albora, Fuerza de Trabajo Femenina: Evolución y
Tendencias, en Mundo de Mujer, Continuidad y Cambio. Ediciones CEM, Santiago de Chi-
le, 1988, recogido también en Género, Clase y Raza en América Latina. Lola G. Luna (edit.),
Sendai Ediciones. Barcelona [en prensa].
      13. Maritza Villavicencio, FEM, núm. 32, México, 1983.
      14. Graciela Sapriza: Obreras y Sufragistas. Un Diálogo imposible?, Documentos Oca-
sionales, núm. 7, 1985 y Memorias de Rebeldía. Siete historias de vida. 1988. Ambas pu-
blicadas por GREMCU, Montevideo. Varias Autoras (coord. María del Carmen Feijoó] Nues-
tra Memoria, Nuestro Futuro. Mujeres e Historia, lsis Internacional y Clacso. Santiago de
Chile, 1988. E. Gaviola, X. Jiles, L. Lopresti, C. Rojas. Queremos votar en las próximas elec-
ciones. Historia del Movimiento Femenino Chileno (1913-52). Coedición La Morada, Fem-
press, Isis, Librería Lila, Pemci y CEM. Santiago de Chile, 1986. Anna Macias. Felipe Ca-
rrillo Puerto y la liberación de las mujeres en México; June E. Hahner, La prensa feminista
del siglo XIX y los derechos de las mujeres en el Brasil. ambos artículos en Las Mujeres
Latinoamericanas. Perspectivas Históricas. Asunción Lavrin, comp. FCE, 1985. Lola G. Luna,
Los movimientos de mujeres: Feminismo y Feminidad en Colombia. 1930-43. Boletín Ame-
ricanista, núm. 35. U. de Barcelona, 1985.
      15. Ofelia Uribe de Acosta creó la primera revista feminista en Colombia, Agitación
Femenina (Tunja, 19441, el periódico feminista Verdad (Bogotá, 1955) y publicó, en 1963,
Una Voz Insurgente. Su obra y su figura fue recuperada por las feministas colombianas en
1983. Murió en 1988 manteniendo la lucidez que la caracterizó siempre y siguiendo el pro-
ceso político y feminista colombiano.
       16. Elsa M. Chaney: Significado de la Obra de María Jesús Alvarado Rivera. Cendoc-
Mujer, Lima, 1988. Otro nombre precursor recogido por Ana María Portugal es Mercedes
Cabello o el riesgo de ser mujer. Cendoc-Mujer, Lima, 1987.
opacidad. En cambio salvo raras excepciones, está por abordar el estudia de las
masas femeninas en esos mismos años, en que se daban procesos modernizantes
de carácter populista en Argentina, Uruguay, Colombia, etc. y su relación con la
lucha por la ciudadanía.
     Sobre el movimiento feminista latinoamericano de los setenta y ochenta ya
existen abundantes fuentes a través de las memorias de los encuentros continen-
tales, regionales y nacionales, así como un gran número de revistas que han ido
en aumento en los últimos años 17, y bastante material teórico y de análisis l a .
     En relación con los análisis sobre los movimientos de mujeres y el sujeto
popular, el estudio de Ana Sojo articula claramente en los diferentes campos de
conflicto y a través de la multiplicidad de las relaciones de poder la especificidad
de las luchas de las mujeres al interior de la pluralidad de sujetos sociales, seña-
lando que, .si no existe un reconocimiento recíproco de las diversas formas de
asimetrías, la lucha de cada actor adquiere una orientación corporatistam. Ana
Sojo propone que las relaciones simétricas entre los sujetos son la alternativa a
un .eje-actor que presuntamente encarna la universalidad. 19.
     Julieta Kirkwood, en varios trabajos pioneros sobre el feminismo en América
Latina 20, señaló claves importantes que han sido puntos de referencia y de partida
desde su muerte. Desde los nudos por desatar del saber y el poder para conformar
una política feminista, a la reformulación del campo de la política a partir de
lo privado, y la relación que se da entre autoritarismo y patriarcado.
     Virginia Vargas, en una línea de continuidad con los planteamientos de
Kirkwood2', y al analizar la naturaleza de los movimientos de mujeres plantea que
los intereses de género aparecen nucleando los movimientos de mujeres. Su pro-



      17. Las ya consolidadas FEM (México) y Mujer/Fempress de carácter continental
que se edita en Chile; Mujeres en Acción de Isis, y un buen número de revistas locales,
 algunas ya con una andadura de varios años como por ej.: Cuéntame t u Vida y Brujas (Co-
 lombia), La Mala Vida (Venezuela), Viva y Manuela Ramos (Perú), La Cacerola y Cotidiano
Mujer (Uruguay), Quehaceres (Dominicana), Mulheiro (Brasil) y muchas más.
      18. Giovanna Merola, Feminismo: un movimiento social. Nueva Sociedad, núm. 78,
1985. Margarita Cordero, Feminismo latinoamericano: un desafío múltiple, entrevista a Ma-
galy Pineda; Ana María Portugal, Qué es ser feminista en América Latina; Luz Helena Sán-
chez, Balance y Perspectivas; Adriana Santa Cruz, Feminismo Latinoamericano. Los retos
frente al poder, en Movimiento Feminista. Balance y Perspectivas. lsis Internacional, nú-
mero 5, 1986. Margarita Pisano, Feminismo: Pasos críticos y deseos de cambio, en Muje-
res. Crisis y Movimiento, lsis Internacional núm. 5, 1987. Rocío Romero, Feminismo y Edu-
cación popular, en crecer juntas. Feminismo y Educación Popular, lsis Internacional núm. 8,
 1987. Marta Cecilia Vélez, Propuestas para una' discusión sobre el proyecto político del
feminismo, Brujas, núm. 7, 1987.
      19. Mujeres y Política. Ensayo sobre el feminismo y el sujeto popular. DEI C. Rica,
1985.
     20. El feminismo como negación del autoritarismo. Nueva Sociedad, núm. 71, 1984.
Feministas y Políticas, Nueva Sociedad. núm. 78, 1985. Feminarios, Documentas/Mujer, San-
tiago, 1987. Los nudos de la sabiduría feminista. en I I Encuentro feminista Latinoamericano
y del Caribe. lsis Internacional, núm. 1, 1884. Tejiendo Rebeldías, CEM-La Morada, Santia-
go, 1987.
     21. Reflexiones para la construcción ..., citado. Movimientos de Mujeres: Un reto
para el análisis y la acción, en Mujeres, Crisis y Movimientos en América Latina y el Ca-
ribe, lsis Internacional, núm. 9, 1987; Apuntes para una reflexión feminista sobre el movi-
miento de mujeres, en Género, clase y raza en América Latina, citado.

                                                                                        135
puesta política es politizar los intereses prácticos de género en torno a los cuales
   se organizan las mujeres y transformarlos en una estrategia que cuestione los
   mecanismos de la opresión. La diversidad de los movimientos la explica como el
   resultado de enfrentar las mujeres los conflictos de género que aparecen en
   múltiples campos: subsistencia, vivienda, salud, educación, violencia; el trabajo en
   la fábrica, el agro, y el servicio doméstico; la militancia política en los par-
   tidos, etc.
        La investigación adelantada de carácter socio-económico sobre las mujeres,
  las luchas y estrategias por la sobrevivencia y como han sido afectadas por la
  ((nueva división del trabajo. y su relación con el sector informal de la economía
  es un conocimiento imprescindible para mejor entender la diversidad de los movi-
  mientos de mujeres. Estas investigaciones además de diagnósticos para implemen-
 tar políticas han aportado elementos sobre la construcción de la identidad política
  de las mujeres que se desarrolla a través de las luchas que enfrentan ligadas a la
 reproducción a.
       La crisis del modelo de desarrollo dependiente, afecta de manera diferencial a
  las mujeres. Según Teresita de Barbieri y Orlandina de Oliveira. ésta ha supuesto
 aumento de la jornada de trabajo para las mujeres de sectores medios y populares
 con la intensificación de actividades domésticas ligadas a la reproducción y rela-
 cionadas con el área de servicios, que han sido recortadas por el Estado. Las mu-
 jeres de sectores populares a su vez han tenido que desarrollar además otras acti-
vidades en el comercio para aumentar los ingresosz. La movilización de las
 mujeres, según estas autoras, es una crítica al [(modelo de desarrollo. y ahí reside
 la posibilidad de un cambio radica111en las diversas relaciones que se dan en el
 seno de las sociedades latinoamericanas.
       Por otro lado, ha aumentado la incorporación de las mujeres a sectores pro-
 ductivos nuevos, como las industrias agrícolas, conserveras, textiles y electróni-
 cas; las industrias para la exportación que se han desarrollado en los últimos
 años en varios países. La incorporación de las mujeres a estas actividades produc-
tivas, resultado de la nueva división internacional del trabajo, no ha significado ni
 una .incorporación al desarrollo^> ni un signo de igualdad, sino mayor explotación
en donde el componente de género se articula con la clase. Ya hay bastante inves-
tigación que sustenta estas afirmaciones 24.




     22. Cecilia Blondet, Muchas vidas construyendo una identidad. Mujeres pobladoras
de un barrio limeño. IEP, 1986. María del Carmen Feijoó, Buscando un techo, CEDES, 1984.
Elizabeth Jelín, Ciudadanía e Identidad. Las mujeres en los movimientos sociales latinoa-
mericanos. CEDES, 1985, mimeo. Socorro Ramírez, Las estrategias de sobrevivencia como
una dimensión del movimiento de mujeres en Colombia. véase en este número.
     23. La presencia de las mujeres en América Latina en una década de crisis. CI-
PAF, 1987.
     24. Entre los muchos estudios de casos, citar a Claudia von Werlhof, Unidas como
una bandada de águilas furiosas! Luchas femeninas y machismo en América Latina; Helen
Safa, Las maquiladoras y el empleo femenino: la búsqueda de trabajo barato; Patricia Fer-
nandez, Las maquiladoras y las mujeres en Ciudad Juarez. En Debate... V. III; Diana Me-
dran~, Desarrollo y explotación de la mujer: efectos de la proletarización femenina en la
agroindustria de flores en la Sabana de Bogotá. En Debate... V. l. También Lourdes Bene-
ría y Martha Roldán, The Crossroads of Class and Gender, The University of Chicago
Press, 1987.
El tema de la participación política de las mujeres después de la eclosión y la
proyección de los diversos movimientos en esta última década, puede abordarse
en relación a estos y partiendo de lo que Julieta Kirkwood y Virginia Vargas han
señalado sobre la ampliación del ámbito de la política y su significado por el femi-
nismo. Falta pues un estudio sobre el impacto que han tenido las luchas de las
mujeres en los niveles de dirigencia y de representatividad a nivel municipal, así
como en las esferas superiores de poder; en los procesos electorales y en los
pactos para las transiciones a la democracia. Otros temas por estudiar en pro-
fundidad y desde una perspectiva histórica son las relaciones de los diversos mo-
vimientos de mujeres con el Estado, la familia y el trabajo. Ahí se desarrollan las
relaciones entre poder y género.

                                                                                            l
LAS FUENTES

      Hay una acumulación de conocimientos recogidos y ordenados en los Centros
de Documentación sobre mujeres, que existen en la hayor parte de los países la-
tinoamericanos (Centro de Documentación Ofelia Uribe de Acosta y Centro de
Documentación de La Casa de la Mujer en Bogotá y Centro de Documentación
de CAMl en Cali, Colombia. CENDOC-Mujer Lima. Centro de Documentación
GRECMU, Montevideo. CEDES en Buenos Aires, CIM en Sáo Paulo, lSlS en Santiago
de Chile, CIDHAL en México, Nora Astorga en Managua, CIRAF en Santo Domingo,
CEFEMINA en San José de Costa Rica, CIDEM en La Paz, CDE en Asunción, etc ...
Estos centros documentales, en su mayoría están bien informatizados y algunos
cuentan con publicaciones propias como los de Perú o Chile. Toda esta informa-
ción es una base importante para la investigación de los movimientos de mujeres.
      Las fuentes para el estudio de los movimientos sociales contemporáneos son
tradicionalmente escasas y dispersas, porque en ellos la acción prevalece sobre la
 elaboración teórica y la reflexión aunque el estudio de las luchas y rebeliones an-
teriores al siglo XIX y XX presenta dificultades aún mayores y de difícil resolución.
      Los procesos históricos de los movimientos sociales son cortos y sus cana-
 les de expresión muchas veces no tienen una continuidad. Lo dicho vale para los
 movimientos de mujeres, en donde los órganos de expresión: revistas, panfletos,
 documentos de discusión etc., existen pero aún en menor abundancia. Estas son
 las fuentes escritas, producidas desde los mismos movimientos, también hay otras
 fuentes como la prensa oficial, que sobre las mujeres es muy escasa; de mayor
 importancia es la prensa femenina del XIX y XX que es una fuente interesante para
 analizar como se reelabora el género femenino, la feminidad moderna. Para los
 movimientos recientes contamos con mayor información, por las redes de comuni-
 cación alternativa que existen 25. También hay nuevas fuentes como las cartillas
 y demás materiales elaborados para la concienciación y capacitación de las muje-




     25. Un ejemplo paradigmático es el caso de MUJER/FEMPRESS, que mensualmente
ofrece información de índole diversa y de carácter diferente de los diferentes países la-
tinoamericanos, conectando de este modo el continente. Se puede decir que no se ha dado
un ejemplo similar en Europa.
res en salud, derechos, etc., y la documentación videográfica 26. Quedan por des-
cubrir e investigar muchos movimientos locales que se dieron en la primera mitad
de siglo, de diferente signo 27, sobre los que las fuentes son escasísimas pero
parte de ellas aún están vivas.
     Las fuentes orales tienen una importancia fundamental para reconstruir la his-
toria de los movimientos sociales, tanto como complemento de las fuentes impre-
sas, como por s i mismas. La dificultad estriba en que s u recogida es un trabajo
que necesita medios y tiempo, pero en este momento es urgente realizarlo porque
aún viven las mujeres. Hay algunas muestras pioneras en esta línea como el tra-
bajo de Graciela Sapriza 28. ,
     Las fuentes son una parte importante que ha de ser abordada con mucho
ingenio para incluso generarlas a través de reelecturas de otras fuentes indirectas,
porque se trabaja en campos en donde aún enormes sombras impiden ver la pre-
sencia y la experiencia de vida y participación de las mujeres.


El. GENERO

      El enfoque del género procede de la antropología y ha ido arraigando cada vez
más en el análisis feminista. Su relevancia reside especialmente en que clarificó
la distinción entre l o biológico y l o cultural en l o referente a las diferencias y la
desigualdad entre los hombres y las mujeres. La diferencia sexual había sido uti-
 lizada para justificar la desigualdad. La revelación de la construcción social, cultu-
 ral y política de los géneros ha evidenciado que la diferencia no es igual a desi-
gualdad y que ésta se justificó durante siglos con una falaciaz9. La desigualdad
está en el sistema de valores, es cultural y por tanto modificable. 'En la raíz está el
patriarcado como orden social y variable en el tiempo y en el espacio, articulándose
a la especificidad de las formaciones sociales y rigiendo las relaciones de género.
Sus orígenes históricos se pierden en e l tiempo y como dijo Kate M i l l e t en 1969,
posiblemente nunca lleguemos a desvelarlos, pero hay una hipótesis que se repite
para sociedades antiguas europeas y americanas: la posición de las mujeres ha
sido más igualitaria con los hombres en aquellas organizacines sociales poco cen-
tralizadas y carentes de estado. En e l caso de América lo dicen los cronistas al
recoger la memoria de pueblos sometidos por los aztecas y los incas. El patriarca-
do se define como una política sexual que rige las relaciones entre los sexos y
también como la alianza masculina para controlar la fuerza de trabajo de las mu-
jeres 30. En realidad ambas definiciones se complementan dando una explicación




     26. Sobre la imagen y su aplicación también a las fuentes ver Conquistando las
Imágenes, lsis Internacional, 1987, y Lola G . Luna. El video aplicado a la memoria de las
mujeres latinoamericanas, Boletín Americanista, núm. 38, Universidad de Barcelona, 1988.
     27. Luis Vitale en Historia y Sociología sobre la mujer latinoamericana. Fontamara,
1981, y La mitad invisible de la Historia. Planeta, 1987, ofrece muchas pistas sobre el tema.
     28. Memorias de Rebeldía. Siete Historias de vida, 1988.
     29. Sobre el tema hay abundante bibliografía, entre otras obras, Ann Oackley, Mujer
Discriminada. Biología y Sociedad, Debate, 1972. María Jesús Izquierdo. Los, las, les, lis ...
La Sal. S. Hotner y H. Whitehead, edit. Sexual Meaning o The cultural construcción of gen-
der an dsexuality. Cambridge University Press. 1981. Julieta Kirkwood, Feminarios, citado.
más global de la construcción del sistema de géneros. El cómo se construyen los
géneros y cuáles son sus mecanismos de perpetuación tiene que ver con la socia-
lización de los niños, a través de la familia y la escuela, los mecanismos sociales
de control del funcionamiento de los roles respectivos y en los últimos siglos, en
los modelos estereotipados sobre lo masculino y l o femenino que transmiten los
medios de comunicación 31, todo ello relacionado con l o que supone la división
sexual del trabajo en cada sociedad y en cada época.
     Para la historia, e l género es ú t i l como un elemento de análisis de la relación
social que se establece entre los hombres y las mujeres y tan importante como la
clase, la etnia, la edad, etc. Se está avanzando en nuevas vías de investigación más
allá del significado de los roles, explorando el imaginario y el lenguaje 32.
     A partir del género se puede dar una explicación acerca de las motivaciones
que han tenido las mujeres latinoamericanas en el siglo XX para organizarse y
entrar en acción frente al estado y e l patriarcado. Sin entrar en la polémica sobre
la definición del movimiento social, decir que parto del planteamiento de que co-
lectivos coordinados para acciones frente al poder a fin de lograr objetivos y
reivindicaciones comunes considero que son movimientos sociales. Específica-
mente los movimientos de mujeres se pueden desagregar en tres niveles: la orga-
nización, e l proceso de toma de conciencia y la teoría feminista que producen
   Según la posición que las organizaciones de mujeres adoptan respecto a las
obligaciones que e l género femenino impone, se observan en América Latina
durante el siglo XX, movimientos feministas, movimientos por la sobrevivencia y
movimientos de madres que luchan contra la violencia de estado, dentro de la
línea de los derechos humanos 34.
     - LOS MOVIMIENTOS FEMINISTAS son los que parten de una crítica a las obli-
gaciones del sistema de géneros para con las mujeres y los hombres, impuesta en
la división sexual del trabajo, subordinando a las mujeres y cargando sobre ellas
todas las tareas de la reproducción material y social. El discurso feminista ha desa-




     30. La primera corresponde a Kate Millet, Política sexual, Aguilar, 1969, y la segunda
a Heidi Hartman, El infeliz matrimonio entre marxismo y feminismo, Zona Abierta. núm. 24,
Madrid, 1980.
     31. Ann Oacley. citado.
     32. Las obras de Milagros Palma, La Mujer es puro cuento, 1985, y Nicaragua. Once
mil vírgenes, 1988, Tercer Mundo. Bogotá, son fuentes inmejorables para investigar la cons-
trucción de los géneros en las sociedades latinoamericanas. Los mitos que en ellas se re-
cogen muestran la intervención masculina en la construcción de lo femenino y cómo la
violencia es un mecanismo repetitivo en esa construcción. Por otro lado, Joan Scott seña-
la que =si prestamos atención a los modos en que el lenguaje construye el significado.
estaremos en posición de dar con el camino del género., en Sobre el lenguaje, el género
y el lenguaje de la clase obrera, Historia Social, núm. 4, Valencia, 1989. Maria Emma Man-
narelli en De la historia de las relaciones de género en América Latina colonial, Nuestra
Memoria ..., citado, propone la búsqueda de la relación entre las identidades de género y
las estructuras de poder centrando el foco en la familia.
     33. C. Fagoaga y L. G. Luna. Notas para una historia social del movimiento de las
mujeres: signos reformistas y signos radicales. En ordenamiento jurídico y realidad de las
mujeres. U. Autónoma de Madrid, 1986.
     34. Para una caracterización de la tipología ver Lola G. Luna, El video aplicado ..., ci-
tado. Ahora sólo insistiré en el aspecto teórico.
rrollado la identificación del patriarcado y estrategias para enfrentarlo y cambiar
las relaciones entre los géneros, que es su objetivo central.
     Históricamente, estos movimientos tienen sus antecedentes en los movimien-
tos sufragistas que se dan en América Latina en los años treinta, cuarenta y cin-
cuenta, y que están relacionados con los procesos modernizadores. Los movirnien-
tos sufragistas son parte de los movimientos que lucharon por ampliar la escena
política para la participación en ella de nuevos grupos sociales surgidos en el
proceso del capitalismo. En general sucedió así: después de concederse el [[sufra-
gio universal)), masculino, las mujeres hicieron una lucha específica por sus dere-
chos de ciudadanía porque se sintieron excluidas mujeres que habían accedido a
la educación superior y que aspiraban también a los empleos públicos. Con las
sufragistas ya aparece el discurso feminista, pero la crítica sufragista al género
se refiere a las limitaciones que las mujeres tenían para acceder a los derechos
ciudadanos pregonados por el liberalismo. Su reivindicación inicial de grupo se
generalizó en una lucha para todas las mujeres. Este fue un primer paso en la
constitución de las mujeres como sujetos políticos; los derechos de ciudadanía al
menos formalmente las hizo visibles en la sociedad, aunque no supusiera una
mayor participación en el poder. También hubo posiciones más radicales, que
reivindicaban la sexualidad y la libertad de las mujeres, más allá de la reproduc-
ción. En aquellos años fueron voces aisladas, pero anunciadoras de lo que serían
las líneas básicas del feminismo de los setenta. America Latina, con variaciones
en el tiempo y desde luego en su expresión, no quedó fuera de la. corriente históri-
ca mundial del feminismo.
     -LOS MOVIMIENTOS POR LA SOBREVIVENCIA se van estructurando contra-
riamente a los anteriores en torno a las obligaciones de género: la responsabili-
dad de la economía familiar, de la vivienda, el cuidado de las criaturas. Son urba-
nos y fundamentalmente femeninos. En América Latina se pueden observar dos
rnomentos: los años cincuenta y sesenta coincidiendo con la urbanización de la
población rural y los ochenta coincidiendo con la crisis. Su organización y sus
objetivos tienen variaciones de una etapa a otra, pero en ambas son movimientos
~elacionadosestrechamente con el Estado, a través de tareas y obligaciones que
éste no cumple con los sectores populares de la sociedad. El hecho de que las
mujeres jefas de hogar en América Latina son una mayoría en las regiones andi-
nas, caribeñas y centroamericanas no es ageno a la continuidad de estas organi-
zaciones.
     -MOVIMIENTOS DE MADRES, que han aparecido en varios países a raíz del
ejemplo de las Madres de Plaza de Mayo en Argentina. Relacionados con la vio-
lencia, ya sea la represión de las dictaduras de los setenta en el cono sur o con
la guerra de defensa de la revolución en Nicaragua, o la violencia de estado para-
militar en Colombia; estos movimientos surgen ligados también al significado del
rol femenino. Fue una estrategia, que las madres argentinas salieran solas a la
Plaza, pero también es cierto que fueron ellas, las madres, las que iniciaron indi-
vidualmente la búsqueda inicial de sus hijos. Es un ejemplo de identificación total
con el rol y de politización de éste al hacer suya la reivindicación de los derechos
humanos, una vez que la institucionalización de la defensa de éstos, ha hecho
inoperante a los organismos internacionales en situaciones de genocidio como el
caso argentino. Las Madres de Plaza de Mayo, el paradigma por excelencia, reivin-
dicando el primer derecho de las personas que es la vida, como creadoras de la
vida de sus hijos sintetizan en su acción política lo privado, su rol materno, y lo
público. =lo político^^, los derechos humanos. Su marcha de cada jueves de la casa
a la Plaza es un símbolo acabado de esa síntesis. El género en su significado ha
 trascendido la ideología y la cultura una vez más.
      Hay múltiples indicios de cambios en la conciencia de las mujeres de los
 movimientos de madres y por la sobrevivencia en relación con el género. Las
críticas que van desarrollando hacia las obligaciones femeninas que antes asumian
obedientes confirman la tesis del aprendizaje de los géneros y por otro lado,
apuntan a un proceso de confluencia con los movimientos feministas. Se estaría
dando como dice Virginia Vargas una politización de los intereses prácticos de gé-
nero y una articulación a los intereses estratégicos. A ello no es ageno.el trabajo
del feminismo latinoamericano desde los Centros de Mujeres, a través de progra-
mas de educación y capacitación, la comunicación alternativa y la investigación-
acción a lo largo de los ochenta.
     Quedan aún muchos más aspectos de los movimientos de mujeres que nos
remiten de nuevo a la hipótesis de que los mecanismos del género y sus efectos
tienen un campo de acción más allá de la cultura y la ideología y que están pendien-
tes de análisis, como por ejemplo la naturaleza de las relaciones que mantie-
nen los movimientos de mujeres con el Estado, que son de confrontación, de
sustitución y de alianza, según los casos. En resumen, que son de confrontación,
de sustitución y de alianza, según los casos. En resumen, apenas se está definien-
do la complejidad que encierra el sistema de géneros y las respuestas políticas que
han dado y están dando las mujeres.

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Genero y Movimientos sociales en America Latina

  • 1. GENERO Y MOVIMIENTOS SOCIALES EN AMERICA LATINA Lola G. LUNA Universidad de Barcelona Se trata de analizar como han sido considerados los movimientos de mujeres en algunos estudios recientes sobre los movimientos sociales contemporáneos en América Latina y en qué punto está la historiografía sobre ellos. También plantear su análisis desde el significado de los géneros. En la década de los ochenta se abre una línea de investigación en América Latina sobre los movimientos sociales, produciendo hasta el momento una extensa literatura sobre el tema. Pero veamos algunos antecedentes: en los setenta los estudiosos del populismo, habían dedicado alguna atención a los sectores populares urbanos y en este sentido Octavio lanni l de la corriente de la dependencia, los veía como un movimiento nacional poco estructurado en sus objetivos y enredado entre la burocracia sindical y los partidos populistas. Anibal Quijano, desde sus estudios sobre la marginalidad proporcionó datos sobre la formación de los sec- tores populares urbanos, señalando también su dependencia del Estado y las polí- ticas para organizarlos desde arriba (Promoción Popular en Chile, Acción Comunal en Colombia, Cooperación Popular en Perú, etc). Los estudios desde posiciones marxistas clásicas se centraban especialmente en el movimiento obrero y algunos movimientos guerrilleros al ser considerados los sujetos revolucionarios. A fines de los setenta, el fracaso de estas alternativas, y el cobrar fuerza las luchas po- pulares por diferentes reivindicaciones, algunas de ellas ligadas a las necesidades básicas y otras por la democracia y contra las dictaduras, se va tras la pista de «nuevos sujetos revolucionarios~y el «sujeto popular. se convierte en centro de atención. En este concepto se sintetizan movimientos diversos: mujeres, campe- sinos, indígenas, estudiantes, comunidades cristianas de base, etc. que serían liderados por una vanguardia partido, según la concepción clásica leninista. La influencia de la revolución nicaraguense en esta tendencia historiográfica es muy l. Formación del Estado populista en América Latina. Era, 1975. 2. Redefinición de la dependencia y proceso de marginalización en América Latina. CEPAL. Santiago de Chile, 1970.
  • 2. fuerte 3. Por otro lado los debates con replanteamientos sobre la democracia se suceden, y se la considera vinculada históricamente a los movimientos populares 4. La crisis y la democracia son los temas que catalizan las investigaciones sobre los movimientos sociales. Los resultados a lo largo de los ochenta son fructíferos, apareciendo estudios coordinados de carácter continental, con análisis de casos concretos 5 . Estos estudios sobre los movimientos sociales de los setenta y ochenta apor- tan elementos teóricos importantes a través de las tipologías que han elaborado para caracterizar su diversidad (movimiento campesino, obrero, barrial, de muje- res, jóvenes, etc.) Sin embargo no han abordado en profundidad los movimientos de mujeres, que ya están presentes en la escena social desde antes de los popu- lismos. Las mujeres desde comienzos del siglo XX aparecen organizando resisten- cias puntuales (artesanas, planchadoras, lavanderas, obreras industriales del tektil, etc.) por sus reivindicaciones laborales en Uruguay, Colombia, Perú y Ar- gentina entre otros países. También se organizan para conseguir el voto y otros derechos de ciudadanía. 'En las últimas décadas han reaparecido de nuevo las or- ganizaciones y movimientos de mujeres para enfrentar la crisis y el hambre. para luchar por los derechos humanos y para denunciar y luchar contra la discriminación por razón de género. Se puede decir que en la mayoría de los estudios sobre movimientos sociales se constata la existencia de movimientos de mujeres pero no se visualiza su diversidad y sólo en algunos estudios de casos se han incorporado 6. La mayoría de las tipologías elaboradas sobre los movimientos sociales, si bien son aportaciones muy útiles para desentrañar la naturaleza de su diversidad, en lo referente a los movimientos de mujeres, se puede decir que son reducionis- tas al delimitar el campo de conflicto de estos movimientos a la cultura y la ideo- logía 7 pues están dejando a un lado una serie de mecanismos de género que oca- sionan respuestas a veces relacionadas simultaneamente con múltiples campos: la reproducción, la producción y el campo tradicional de la política. Virginia Vargas ya ha señalado cómo los movimientos de mujeres han tenido incidencia en las ciencias sociales al poner de manifiesto nuevos sujetos políticos y nuevos compos de conflicto. El sistema patriarcal que rige la desigualdad en las relaciones entre los géne- ros atraviesa en sus dimensiones materiales, ideológicas y culturales el orden 3. Ver Pablo González Casanova: La Hegemonía del Pueblo y la Lucha Centroameri cana. Nueva Sociedad, Managua, 1986. 4. Varios Autores: América Latina 80: Democracia y Movimiento Popular. Desco, Lima, 1981. 5. Varios Autores: Los movimientos sociales ante la crisis. UNU. CLACSO 1986 E Ba- llon (editor) Movimientos sociales y crisis: el caso peruano DESCO, Lima, 1986. Movimien- tos sociales ante la crisis en Sudamérica. CINEP, Bogotá, 1986, etc. 6. En el caso del Perú, Movimientos Sociales y Democracia: la Fundación de un Nue- vo Orden [varios autores). DESCO, Lima, 1986, o en Movimientos Sociales en el Uruguay hoy. CLACSO, CIESU, Ediciones de la Banda Oriental, 1986. 7. Ver Fernando Calderón: Los Movimientos Sociales frente a la crisis. citado, y Luis Alberto Restrepo: Los Movimientos Sociales, la Democracia y el Socialismo. Análisis Po- lítico, núm. 5, U. Nacional, Bogotá. 1988. 8. Reflexiones sobre la construcción del movimiento social de mujeres, Boletín Ame- ricanista, núm. 38, Barcelona, 1988.
  • 3. social. O dicho de otro modo, los conflictos de género están en relación con los de clase, etnia, edad, etc., porque hay mujeres burguesas, obreras, de clase media, jóvenes, viejas, blancas, indias, negras, etc. Las relaciones entre los géne- ros en América tienen un carácter patriarcal universalizado desde la invasión europea. Con anterioridad, se detectan diferencias que pueden ser relacionadas con la centralización y el grado de organización estatal. Reduciendo los movimientos de mujeres a lo cultural se está dejando a un lado el triple significado de la reproducción (social, biológica y de la fuerza de trabajo) 9, clave para explicar las bases materiales del orden patriarcal y las orga- nizaciones de mujeres por la sobrevivencia a las que me referiré más adelante. Evers, Múller-Platenberg y Spessart lo en un trabajo acertado sobre el potencial de los movimientos barriales y su relación con la esfera de la reproducción, dejan pasar la oportunidad de ver la cara femenina que tienen. Preocupados por el aná- lisis de clase, han dejado opacado una vez más el significado del género en la articulación de estos movimientos. El carácter femenino de buena parte de los movimientos sociales actuales está relacionado con la violencia, la crisis y la capacidad de producción y reproducción de las mujeres, así como la emergencia de nuevo de la corriente histórica feminis- ta que se inició con el sufragismo y que se desarrolla en la actualidad cara a una nueva identidad de mujer. Por otro lado, en los movimientos de mujeres y en su diversidad se encierra la historia de la mayor parte de la participación política de las mujeres, hasta ahora invisible. Desde mediados de los ochenta han aparecido estudios sobre los movimientos de mujeres, dentro de la literatura que tiene una orientación analítica feminista. El interés por conocer la historia de las luchas de las mujeres ha ido unido al desarrollo del movimiento feminista en América Latina al igual que ha sucedido en otras partes del mundo. Esta necesidad de encontrar las raíces de la resistencia de las mujeres ante el patriarcado es común a la historia del feminismo. Gracias a esto, se ha iniciado el trabajo de localizar las memorias aún vivas y los documentos dispersos, en donde se recoge parte de esta historia. Los estudios históricos sobre las mujeres de América Latina se iniciaron hace pocos años y han sido precedidos de más de una década de investigaciones de carácter sociológico, antropológico y económico. La investigación sobre la mujer no surgió inicialmente como en EE.UU., o Europa, del impulso del feminismo sino en los proyectos de investigación para el desarrollo y centros de investigación no institucionales y que tampoco tenían una orientación feminista ' l . 9. Lourdes Benería: Producción, reproducción y división sexual del trabajo. Mientras Tanto. núm. 6, 1981. 10. Movimientos barriales y Estado. Luchas en la esfera de la reproducción en Amé- rica Latina. Revista Mexicana de Sociología del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Aña XLIV, núm. 2. 1982. 11. Lola G. Luna: Desarrollo y cambios en la situación de las mujeres latinoarnerica- nas, siglo XX. En América, Desarrollo y Dependencia. siglos XIX y XX. Diputación de Gra- nada [en prensa).
  • 4. Posteriormente la investigación se fue decantando hacia el enfoque feminista hasta ubicar la especificidad de la problemática de las mujeres en las relaciones de género que se dan en la sociedad, articuladas al resto de las relaciones de clase, raza, edad, etc lY. 'Este enfoque globalizador de la realidad, es el resultado de los avances que se han ido haciendo en el análisis feminista, siendo especialmen- t e enriquecedor porque supera la polémica que se dio en los comienzos sobre la dualidad capitalismo-patriarcado. Se puede observar una tendencia mayoritaria de no desarticular la problemática de las mujeres de la de clase y de articular a su vez el problema multiracial, en un continente donde la mayoría de las mujeres no son blancas. El estado actual de los estudios sobre el tema de los movimientos de mujeres es de algunas investigaciones iniciales, la mayor parte iniciativas individuales que están faltas de un soporte para su continuación. Hasta ahora se ha avanzado en una primera recogida de datos y establecimiento de hipótesis sobre las luchas suáragistas y obreras de primera mitad de siglo. Desde que en el II Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe que se realizó en Lima en 1983, en el Taller de Historia, se comenzará a explicar .Así hacemos nuestra historia. 13, han comenzado a aparecer los primeros resultados y el anuncio de investigaciones en curso. Las tendencias han sido: la recuperación de la memoria sobre las luchas políticas de las mujeres l4 y los nombres y las obras de las líderes sufragistas, como es el caso de Ofelia Uribe de Acosta de Colombia l5 o de María Alvarado de Perú 16, rescatándolas de esa gran parte de la historia que aún permanece en la 12. Un buen compendio de la producción de los setenta es el que ofrece Magdalena León en Debate sobre la Mujer en América Latina y el Caribe. 3 volúmenes, ACEP, Bogotá, 1982. Entre los más de treinta artículos hay muchos en los que se plantea esta problemática. También el trabajo de Adriana Muñoz D'Albora, Fuerza de Trabajo Femenina: Evolución y Tendencias, en Mundo de Mujer, Continuidad y Cambio. Ediciones CEM, Santiago de Chi- le, 1988, recogido también en Género, Clase y Raza en América Latina. Lola G. Luna (edit.), Sendai Ediciones. Barcelona [en prensa]. 13. Maritza Villavicencio, FEM, núm. 32, México, 1983. 14. Graciela Sapriza: Obreras y Sufragistas. Un Diálogo imposible?, Documentos Oca- sionales, núm. 7, 1985 y Memorias de Rebeldía. Siete historias de vida. 1988. Ambas pu- blicadas por GREMCU, Montevideo. Varias Autoras (coord. María del Carmen Feijoó] Nues- tra Memoria, Nuestro Futuro. Mujeres e Historia, lsis Internacional y Clacso. Santiago de Chile, 1988. E. Gaviola, X. Jiles, L. Lopresti, C. Rojas. Queremos votar en las próximas elec- ciones. Historia del Movimiento Femenino Chileno (1913-52). Coedición La Morada, Fem- press, Isis, Librería Lila, Pemci y CEM. Santiago de Chile, 1986. Anna Macias. Felipe Ca- rrillo Puerto y la liberación de las mujeres en México; June E. Hahner, La prensa feminista del siglo XIX y los derechos de las mujeres en el Brasil. ambos artículos en Las Mujeres Latinoamericanas. Perspectivas Históricas. Asunción Lavrin, comp. FCE, 1985. Lola G. Luna, Los movimientos de mujeres: Feminismo y Feminidad en Colombia. 1930-43. Boletín Ame- ricanista, núm. 35. U. de Barcelona, 1985. 15. Ofelia Uribe de Acosta creó la primera revista feminista en Colombia, Agitación Femenina (Tunja, 19441, el periódico feminista Verdad (Bogotá, 1955) y publicó, en 1963, Una Voz Insurgente. Su obra y su figura fue recuperada por las feministas colombianas en 1983. Murió en 1988 manteniendo la lucidez que la caracterizó siempre y siguiendo el pro- ceso político y feminista colombiano. 16. Elsa M. Chaney: Significado de la Obra de María Jesús Alvarado Rivera. Cendoc- Mujer, Lima, 1988. Otro nombre precursor recogido por Ana María Portugal es Mercedes Cabello o el riesgo de ser mujer. Cendoc-Mujer, Lima, 1987.
  • 5. opacidad. En cambio salvo raras excepciones, está por abordar el estudia de las masas femeninas en esos mismos años, en que se daban procesos modernizantes de carácter populista en Argentina, Uruguay, Colombia, etc. y su relación con la lucha por la ciudadanía. Sobre el movimiento feminista latinoamericano de los setenta y ochenta ya existen abundantes fuentes a través de las memorias de los encuentros continen- tales, regionales y nacionales, así como un gran número de revistas que han ido en aumento en los últimos años 17, y bastante material teórico y de análisis l a . En relación con los análisis sobre los movimientos de mujeres y el sujeto popular, el estudio de Ana Sojo articula claramente en los diferentes campos de conflicto y a través de la multiplicidad de las relaciones de poder la especificidad de las luchas de las mujeres al interior de la pluralidad de sujetos sociales, seña- lando que, .si no existe un reconocimiento recíproco de las diversas formas de asimetrías, la lucha de cada actor adquiere una orientación corporatistam. Ana Sojo propone que las relaciones simétricas entre los sujetos son la alternativa a un .eje-actor que presuntamente encarna la universalidad. 19. Julieta Kirkwood, en varios trabajos pioneros sobre el feminismo en América Latina 20, señaló claves importantes que han sido puntos de referencia y de partida desde su muerte. Desde los nudos por desatar del saber y el poder para conformar una política feminista, a la reformulación del campo de la política a partir de lo privado, y la relación que se da entre autoritarismo y patriarcado. Virginia Vargas, en una línea de continuidad con los planteamientos de Kirkwood2', y al analizar la naturaleza de los movimientos de mujeres plantea que los intereses de género aparecen nucleando los movimientos de mujeres. Su pro- 17. Las ya consolidadas FEM (México) y Mujer/Fempress de carácter continental que se edita en Chile; Mujeres en Acción de Isis, y un buen número de revistas locales, algunas ya con una andadura de varios años como por ej.: Cuéntame t u Vida y Brujas (Co- lombia), La Mala Vida (Venezuela), Viva y Manuela Ramos (Perú), La Cacerola y Cotidiano Mujer (Uruguay), Quehaceres (Dominicana), Mulheiro (Brasil) y muchas más. 18. Giovanna Merola, Feminismo: un movimiento social. Nueva Sociedad, núm. 78, 1985. Margarita Cordero, Feminismo latinoamericano: un desafío múltiple, entrevista a Ma- galy Pineda; Ana María Portugal, Qué es ser feminista en América Latina; Luz Helena Sán- chez, Balance y Perspectivas; Adriana Santa Cruz, Feminismo Latinoamericano. Los retos frente al poder, en Movimiento Feminista. Balance y Perspectivas. lsis Internacional, nú- mero 5, 1986. Margarita Pisano, Feminismo: Pasos críticos y deseos de cambio, en Muje- res. Crisis y Movimiento, lsis Internacional núm. 5, 1987. Rocío Romero, Feminismo y Edu- cación popular, en crecer juntas. Feminismo y Educación Popular, lsis Internacional núm. 8, 1987. Marta Cecilia Vélez, Propuestas para una' discusión sobre el proyecto político del feminismo, Brujas, núm. 7, 1987. 19. Mujeres y Política. Ensayo sobre el feminismo y el sujeto popular. DEI C. Rica, 1985. 20. El feminismo como negación del autoritarismo. Nueva Sociedad, núm. 71, 1984. Feministas y Políticas, Nueva Sociedad. núm. 78, 1985. Feminarios, Documentas/Mujer, San- tiago, 1987. Los nudos de la sabiduría feminista. en I I Encuentro feminista Latinoamericano y del Caribe. lsis Internacional, núm. 1, 1884. Tejiendo Rebeldías, CEM-La Morada, Santia- go, 1987. 21. Reflexiones para la construcción ..., citado. Movimientos de Mujeres: Un reto para el análisis y la acción, en Mujeres, Crisis y Movimientos en América Latina y el Ca- ribe, lsis Internacional, núm. 9, 1987; Apuntes para una reflexión feminista sobre el movi- miento de mujeres, en Género, clase y raza en América Latina, citado. 135
  • 6. puesta política es politizar los intereses prácticos de género en torno a los cuales se organizan las mujeres y transformarlos en una estrategia que cuestione los mecanismos de la opresión. La diversidad de los movimientos la explica como el resultado de enfrentar las mujeres los conflictos de género que aparecen en múltiples campos: subsistencia, vivienda, salud, educación, violencia; el trabajo en la fábrica, el agro, y el servicio doméstico; la militancia política en los par- tidos, etc. La investigación adelantada de carácter socio-económico sobre las mujeres, las luchas y estrategias por la sobrevivencia y como han sido afectadas por la ((nueva división del trabajo. y su relación con el sector informal de la economía es un conocimiento imprescindible para mejor entender la diversidad de los movi- mientos de mujeres. Estas investigaciones además de diagnósticos para implemen- tar políticas han aportado elementos sobre la construcción de la identidad política de las mujeres que se desarrolla a través de las luchas que enfrentan ligadas a la reproducción a. La crisis del modelo de desarrollo dependiente, afecta de manera diferencial a las mujeres. Según Teresita de Barbieri y Orlandina de Oliveira. ésta ha supuesto aumento de la jornada de trabajo para las mujeres de sectores medios y populares con la intensificación de actividades domésticas ligadas a la reproducción y rela- cionadas con el área de servicios, que han sido recortadas por el Estado. Las mu- jeres de sectores populares a su vez han tenido que desarrollar además otras acti- vidades en el comercio para aumentar los ingresosz. La movilización de las mujeres, según estas autoras, es una crítica al [(modelo de desarrollo. y ahí reside la posibilidad de un cambio radica111en las diversas relaciones que se dan en el seno de las sociedades latinoamericanas. Por otro lado, ha aumentado la incorporación de las mujeres a sectores pro- ductivos nuevos, como las industrias agrícolas, conserveras, textiles y electróni- cas; las industrias para la exportación que se han desarrollado en los últimos años en varios países. La incorporación de las mujeres a estas actividades produc- tivas, resultado de la nueva división internacional del trabajo, no ha significado ni una .incorporación al desarrollo^> ni un signo de igualdad, sino mayor explotación en donde el componente de género se articula con la clase. Ya hay bastante inves- tigación que sustenta estas afirmaciones 24. 22. Cecilia Blondet, Muchas vidas construyendo una identidad. Mujeres pobladoras de un barrio limeño. IEP, 1986. María del Carmen Feijoó, Buscando un techo, CEDES, 1984. Elizabeth Jelín, Ciudadanía e Identidad. Las mujeres en los movimientos sociales latinoa- mericanos. CEDES, 1985, mimeo. Socorro Ramírez, Las estrategias de sobrevivencia como una dimensión del movimiento de mujeres en Colombia. véase en este número. 23. La presencia de las mujeres en América Latina en una década de crisis. CI- PAF, 1987. 24. Entre los muchos estudios de casos, citar a Claudia von Werlhof, Unidas como una bandada de águilas furiosas! Luchas femeninas y machismo en América Latina; Helen Safa, Las maquiladoras y el empleo femenino: la búsqueda de trabajo barato; Patricia Fer- nandez, Las maquiladoras y las mujeres en Ciudad Juarez. En Debate... V. III; Diana Me- dran~, Desarrollo y explotación de la mujer: efectos de la proletarización femenina en la agroindustria de flores en la Sabana de Bogotá. En Debate... V. l. También Lourdes Bene- ría y Martha Roldán, The Crossroads of Class and Gender, The University of Chicago Press, 1987.
  • 7. El tema de la participación política de las mujeres después de la eclosión y la proyección de los diversos movimientos en esta última década, puede abordarse en relación a estos y partiendo de lo que Julieta Kirkwood y Virginia Vargas han señalado sobre la ampliación del ámbito de la política y su significado por el femi- nismo. Falta pues un estudio sobre el impacto que han tenido las luchas de las mujeres en los niveles de dirigencia y de representatividad a nivel municipal, así como en las esferas superiores de poder; en los procesos electorales y en los pactos para las transiciones a la democracia. Otros temas por estudiar en pro- fundidad y desde una perspectiva histórica son las relaciones de los diversos mo- vimientos de mujeres con el Estado, la familia y el trabajo. Ahí se desarrollan las relaciones entre poder y género. l LAS FUENTES Hay una acumulación de conocimientos recogidos y ordenados en los Centros de Documentación sobre mujeres, que existen en la hayor parte de los países la- tinoamericanos (Centro de Documentación Ofelia Uribe de Acosta y Centro de Documentación de La Casa de la Mujer en Bogotá y Centro de Documentación de CAMl en Cali, Colombia. CENDOC-Mujer Lima. Centro de Documentación GRECMU, Montevideo. CEDES en Buenos Aires, CIM en Sáo Paulo, lSlS en Santiago de Chile, CIDHAL en México, Nora Astorga en Managua, CIRAF en Santo Domingo, CEFEMINA en San José de Costa Rica, CIDEM en La Paz, CDE en Asunción, etc ... Estos centros documentales, en su mayoría están bien informatizados y algunos cuentan con publicaciones propias como los de Perú o Chile. Toda esta informa- ción es una base importante para la investigación de los movimientos de mujeres. Las fuentes para el estudio de los movimientos sociales contemporáneos son tradicionalmente escasas y dispersas, porque en ellos la acción prevalece sobre la elaboración teórica y la reflexión aunque el estudio de las luchas y rebeliones an- teriores al siglo XIX y XX presenta dificultades aún mayores y de difícil resolución. Los procesos históricos de los movimientos sociales son cortos y sus cana- les de expresión muchas veces no tienen una continuidad. Lo dicho vale para los movimientos de mujeres, en donde los órganos de expresión: revistas, panfletos, documentos de discusión etc., existen pero aún en menor abundancia. Estas son las fuentes escritas, producidas desde los mismos movimientos, también hay otras fuentes como la prensa oficial, que sobre las mujeres es muy escasa; de mayor importancia es la prensa femenina del XIX y XX que es una fuente interesante para analizar como se reelabora el género femenino, la feminidad moderna. Para los movimientos recientes contamos con mayor información, por las redes de comuni- cación alternativa que existen 25. También hay nuevas fuentes como las cartillas y demás materiales elaborados para la concienciación y capacitación de las muje- 25. Un ejemplo paradigmático es el caso de MUJER/FEMPRESS, que mensualmente ofrece información de índole diversa y de carácter diferente de los diferentes países la- tinoamericanos, conectando de este modo el continente. Se puede decir que no se ha dado un ejemplo similar en Europa.
  • 8. res en salud, derechos, etc., y la documentación videográfica 26. Quedan por des- cubrir e investigar muchos movimientos locales que se dieron en la primera mitad de siglo, de diferente signo 27, sobre los que las fuentes son escasísimas pero parte de ellas aún están vivas. Las fuentes orales tienen una importancia fundamental para reconstruir la his- toria de los movimientos sociales, tanto como complemento de las fuentes impre- sas, como por s i mismas. La dificultad estriba en que s u recogida es un trabajo que necesita medios y tiempo, pero en este momento es urgente realizarlo porque aún viven las mujeres. Hay algunas muestras pioneras en esta línea como el tra- bajo de Graciela Sapriza 28. , Las fuentes son una parte importante que ha de ser abordada con mucho ingenio para incluso generarlas a través de reelecturas de otras fuentes indirectas, porque se trabaja en campos en donde aún enormes sombras impiden ver la pre- sencia y la experiencia de vida y participación de las mujeres. El. GENERO El enfoque del género procede de la antropología y ha ido arraigando cada vez más en el análisis feminista. Su relevancia reside especialmente en que clarificó la distinción entre l o biológico y l o cultural en l o referente a las diferencias y la desigualdad entre los hombres y las mujeres. La diferencia sexual había sido uti- lizada para justificar la desigualdad. La revelación de la construcción social, cultu- ral y política de los géneros ha evidenciado que la diferencia no es igual a desi- gualdad y que ésta se justificó durante siglos con una falaciaz9. La desigualdad está en el sistema de valores, es cultural y por tanto modificable. 'En la raíz está el patriarcado como orden social y variable en el tiempo y en el espacio, articulándose a la especificidad de las formaciones sociales y rigiendo las relaciones de género. Sus orígenes históricos se pierden en e l tiempo y como dijo Kate M i l l e t en 1969, posiblemente nunca lleguemos a desvelarlos, pero hay una hipótesis que se repite para sociedades antiguas europeas y americanas: la posición de las mujeres ha sido más igualitaria con los hombres en aquellas organizacines sociales poco cen- tralizadas y carentes de estado. En e l caso de América lo dicen los cronistas al recoger la memoria de pueblos sometidos por los aztecas y los incas. El patriarca- do se define como una política sexual que rige las relaciones entre los sexos y también como la alianza masculina para controlar la fuerza de trabajo de las mu- jeres 30. En realidad ambas definiciones se complementan dando una explicación 26. Sobre la imagen y su aplicación también a las fuentes ver Conquistando las Imágenes, lsis Internacional, 1987, y Lola G . Luna. El video aplicado a la memoria de las mujeres latinoamericanas, Boletín Americanista, núm. 38, Universidad de Barcelona, 1988. 27. Luis Vitale en Historia y Sociología sobre la mujer latinoamericana. Fontamara, 1981, y La mitad invisible de la Historia. Planeta, 1987, ofrece muchas pistas sobre el tema. 28. Memorias de Rebeldía. Siete Historias de vida, 1988. 29. Sobre el tema hay abundante bibliografía, entre otras obras, Ann Oackley, Mujer Discriminada. Biología y Sociedad, Debate, 1972. María Jesús Izquierdo. Los, las, les, lis ... La Sal. S. Hotner y H. Whitehead, edit. Sexual Meaning o The cultural construcción of gen- der an dsexuality. Cambridge University Press. 1981. Julieta Kirkwood, Feminarios, citado.
  • 9. más global de la construcción del sistema de géneros. El cómo se construyen los géneros y cuáles son sus mecanismos de perpetuación tiene que ver con la socia- lización de los niños, a través de la familia y la escuela, los mecanismos sociales de control del funcionamiento de los roles respectivos y en los últimos siglos, en los modelos estereotipados sobre lo masculino y l o femenino que transmiten los medios de comunicación 31, todo ello relacionado con l o que supone la división sexual del trabajo en cada sociedad y en cada época. Para la historia, e l género es ú t i l como un elemento de análisis de la relación social que se establece entre los hombres y las mujeres y tan importante como la clase, la etnia, la edad, etc. Se está avanzando en nuevas vías de investigación más allá del significado de los roles, explorando el imaginario y el lenguaje 32. A partir del género se puede dar una explicación acerca de las motivaciones que han tenido las mujeres latinoamericanas en el siglo XX para organizarse y entrar en acción frente al estado y e l patriarcado. Sin entrar en la polémica sobre la definición del movimiento social, decir que parto del planteamiento de que co- lectivos coordinados para acciones frente al poder a fin de lograr objetivos y reivindicaciones comunes considero que son movimientos sociales. Específica- mente los movimientos de mujeres se pueden desagregar en tres niveles: la orga- nización, e l proceso de toma de conciencia y la teoría feminista que producen Según la posición que las organizaciones de mujeres adoptan respecto a las obligaciones que e l género femenino impone, se observan en América Latina durante el siglo XX, movimientos feministas, movimientos por la sobrevivencia y movimientos de madres que luchan contra la violencia de estado, dentro de la línea de los derechos humanos 34. - LOS MOVIMIENTOS FEMINISTAS son los que parten de una crítica a las obli- gaciones del sistema de géneros para con las mujeres y los hombres, impuesta en la división sexual del trabajo, subordinando a las mujeres y cargando sobre ellas todas las tareas de la reproducción material y social. El discurso feminista ha desa- 30. La primera corresponde a Kate Millet, Política sexual, Aguilar, 1969, y la segunda a Heidi Hartman, El infeliz matrimonio entre marxismo y feminismo, Zona Abierta. núm. 24, Madrid, 1980. 31. Ann Oacley. citado. 32. Las obras de Milagros Palma, La Mujer es puro cuento, 1985, y Nicaragua. Once mil vírgenes, 1988, Tercer Mundo. Bogotá, son fuentes inmejorables para investigar la cons- trucción de los géneros en las sociedades latinoamericanas. Los mitos que en ellas se re- cogen muestran la intervención masculina en la construcción de lo femenino y cómo la violencia es un mecanismo repetitivo en esa construcción. Por otro lado, Joan Scott seña- la que =si prestamos atención a los modos en que el lenguaje construye el significado. estaremos en posición de dar con el camino del género., en Sobre el lenguaje, el género y el lenguaje de la clase obrera, Historia Social, núm. 4, Valencia, 1989. Maria Emma Man- narelli en De la historia de las relaciones de género en América Latina colonial, Nuestra Memoria ..., citado, propone la búsqueda de la relación entre las identidades de género y las estructuras de poder centrando el foco en la familia. 33. C. Fagoaga y L. G. Luna. Notas para una historia social del movimiento de las mujeres: signos reformistas y signos radicales. En ordenamiento jurídico y realidad de las mujeres. U. Autónoma de Madrid, 1986. 34. Para una caracterización de la tipología ver Lola G. Luna, El video aplicado ..., ci- tado. Ahora sólo insistiré en el aspecto teórico.
  • 10. rrollado la identificación del patriarcado y estrategias para enfrentarlo y cambiar las relaciones entre los géneros, que es su objetivo central. Históricamente, estos movimientos tienen sus antecedentes en los movimien- tos sufragistas que se dan en América Latina en los años treinta, cuarenta y cin- cuenta, y que están relacionados con los procesos modernizadores. Los movirnien- tos sufragistas son parte de los movimientos que lucharon por ampliar la escena política para la participación en ella de nuevos grupos sociales surgidos en el proceso del capitalismo. En general sucedió así: después de concederse el [[sufra- gio universal)), masculino, las mujeres hicieron una lucha específica por sus dere- chos de ciudadanía porque se sintieron excluidas mujeres que habían accedido a la educación superior y que aspiraban también a los empleos públicos. Con las sufragistas ya aparece el discurso feminista, pero la crítica sufragista al género se refiere a las limitaciones que las mujeres tenían para acceder a los derechos ciudadanos pregonados por el liberalismo. Su reivindicación inicial de grupo se generalizó en una lucha para todas las mujeres. Este fue un primer paso en la constitución de las mujeres como sujetos políticos; los derechos de ciudadanía al menos formalmente las hizo visibles en la sociedad, aunque no supusiera una mayor participación en el poder. También hubo posiciones más radicales, que reivindicaban la sexualidad y la libertad de las mujeres, más allá de la reproduc- ción. En aquellos años fueron voces aisladas, pero anunciadoras de lo que serían las líneas básicas del feminismo de los setenta. America Latina, con variaciones en el tiempo y desde luego en su expresión, no quedó fuera de la. corriente históri- ca mundial del feminismo. -LOS MOVIMIENTOS POR LA SOBREVIVENCIA se van estructurando contra- riamente a los anteriores en torno a las obligaciones de género: la responsabili- dad de la economía familiar, de la vivienda, el cuidado de las criaturas. Son urba- nos y fundamentalmente femeninos. En América Latina se pueden observar dos rnomentos: los años cincuenta y sesenta coincidiendo con la urbanización de la población rural y los ochenta coincidiendo con la crisis. Su organización y sus objetivos tienen variaciones de una etapa a otra, pero en ambas son movimientos ~elacionadosestrechamente con el Estado, a través de tareas y obligaciones que éste no cumple con los sectores populares de la sociedad. El hecho de que las mujeres jefas de hogar en América Latina son una mayoría en las regiones andi- nas, caribeñas y centroamericanas no es ageno a la continuidad de estas organi- zaciones. -MOVIMIENTOS DE MADRES, que han aparecido en varios países a raíz del ejemplo de las Madres de Plaza de Mayo en Argentina. Relacionados con la vio- lencia, ya sea la represión de las dictaduras de los setenta en el cono sur o con la guerra de defensa de la revolución en Nicaragua, o la violencia de estado para- militar en Colombia; estos movimientos surgen ligados también al significado del rol femenino. Fue una estrategia, que las madres argentinas salieran solas a la Plaza, pero también es cierto que fueron ellas, las madres, las que iniciaron indi- vidualmente la búsqueda inicial de sus hijos. Es un ejemplo de identificación total con el rol y de politización de éste al hacer suya la reivindicación de los derechos humanos, una vez que la institucionalización de la defensa de éstos, ha hecho inoperante a los organismos internacionales en situaciones de genocidio como el caso argentino. Las Madres de Plaza de Mayo, el paradigma por excelencia, reivin- dicando el primer derecho de las personas que es la vida, como creadoras de la vida de sus hijos sintetizan en su acción política lo privado, su rol materno, y lo público. =lo político^^, los derechos humanos. Su marcha de cada jueves de la casa
  • 11. a la Plaza es un símbolo acabado de esa síntesis. El género en su significado ha trascendido la ideología y la cultura una vez más. Hay múltiples indicios de cambios en la conciencia de las mujeres de los movimientos de madres y por la sobrevivencia en relación con el género. Las críticas que van desarrollando hacia las obligaciones femeninas que antes asumian obedientes confirman la tesis del aprendizaje de los géneros y por otro lado, apuntan a un proceso de confluencia con los movimientos feministas. Se estaría dando como dice Virginia Vargas una politización de los intereses prácticos de gé- nero y una articulación a los intereses estratégicos. A ello no es ageno.el trabajo del feminismo latinoamericano desde los Centros de Mujeres, a través de progra- mas de educación y capacitación, la comunicación alternativa y la investigación- acción a lo largo de los ochenta. Quedan aún muchos más aspectos de los movimientos de mujeres que nos remiten de nuevo a la hipótesis de que los mecanismos del género y sus efectos tienen un campo de acción más allá de la cultura y la ideología y que están pendien- tes de análisis, como por ejemplo la naturaleza de las relaciones que mantie- nen los movimientos de mujeres con el Estado, que son de confrontación, de sustitución y de alianza, según los casos. En resumen, que son de confrontación, de sustitución y de alianza, según los casos. En resumen, apenas se está definien- do la complejidad que encierra el sistema de géneros y las respuestas políticas que han dado y están dando las mujeres.