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Autor del comentario: Humberto Rendón Rojas
Transcripción: Humberto Rendón Rojas
Hebreos 10 (2ª. Parte) Vengo oh Dios para hacer tu
voluntad
En el capítulo anterior concluimos con el análisis del versículo 5 de este
capítulo y comprendimos que el Mesías fue enviado a este mundo con la
proclamación de que Dios ya no quería los continuos sacrificios ni ofrendas,
sino que, en lugar de eso, el Mesías sería enviado al mundo, habiendo Dios
preparado un cuerpo para que el Mesías entrara en este mundo;
Hebreos 10.- 6 Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron…
En nuestro estudio anterior nos hicimos una pregunta ¿Por qué el escritor
afirma que Dios no quiso sacrificios y ofrendas si estos rituales fueron
establecidos por el mismo Dios en su propia ley? Y vimos que la respuesta se
encuentra en el versículo 1 de este capítulo, sin embargo, existen otras
razones importantes por las que Dios ya no tenía agrado en los sacrificios y las
ofrendas del pueblo y esto lo confirmamos por medio de los profetas quienes
en reiteradas ocasiones dieron mensajes al pueblo de parte de Dios acerca de
su rechazo a todas las cosas que el pueblo hacía;
• Isaías 1.- 10 Príncipes de Sodoma, oíd la palabra de Jehová; escuchad la
ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra. 11 ¿Para qué me sirve, dice
Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de
holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre
de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos. 12 ¿Quién demanda esto
de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para
hollar mis atrios? 13 No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me
es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no
lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes. 14 Vuestras
lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma;
me son gravosas; cansado estoy de soportarlas. 15 Cuando extendáis
vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando
multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras
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manos. 16 Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de
delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; 17 aprended a hacer el bien;
buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano,
amparad a la viuda. 18 Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si
vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán
emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como
blanca lana. 19 Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra; 20 si
no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la
boca de Jehová lo ha dicho.
Al analizar con detenimiento este pasaje, nos hace sentido la razón por la que
llegó el tiempo en que Dios tomó la decisión de que finalmente, todos esos
sacrificios y ofrendas no cumplirían el propósito final que era necesario para
que el pecado verdaderamente fuera quitado de la vida de las personas.
El hecho de describir a Israel como Sodoma y Gomorra, es una clara idea de la
forma en que Dios llegó a ver a su pueblo por causa del pecado y en este pasaje
del profeta vemos otra pregunta que armoniza con la negativa de Dios para
con los sacrificios ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a
presentaros delante de mí para hollar mis atrios? Por ello, una vez más
podemos confirmar una vez más que los sacrificios y ofrendas no fueron
inicialmente el deseo supremo de Dios, y como lo confirmamos con esta
profecía, todos esos sacrificios y fiestas bíblicas finalmente nunca cumplieron
lo que en realidad fue la voluntad de Dios.
Y ¿Cuál era el propósito de Dios a través de todos esos sacrificios? Que el
hombre hiciera conciencia de las consecuencias del pecado a fin de que ya no
pecara y por eso leemos que lejos de todos esos sacrificios y ofrendas, días de
reposo, lunas nuevas, etc. lo que en realidad Dios quería era: Lavaos y
limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad
de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al
agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Venid luego, dice
Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como
la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser
como blanca lana…
Ahora bien, entonces la única solución a ese problema sería que en las vidas
de todo creyente hubiese una transformación al nivel del espíritu de las
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personas, ya no en las obras del antiguo pacto, sino en el corazón y en la
mente de todo creyente, sin tener que estar llevando a cabo sacrificios y
ofrendas que solo de forma emocional cumplían su propósito en las personas,
pero solo por un tiempo corto porque después, todos volvían a las mismas
cosas.
Así es que eso solo sería posible a través del cumplimiento del Nuevo pacto;
• Jeremías 31.- 31 He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré
nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. 32 No como el
pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de
la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un
marido para ellos, dice Jehová. 33 Pero este es el pacto que haré con la
casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su
mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me
serán por pueblo…
La pregunta que tendríamos que saber responder a estas alturas sería:
¿Cuándo se cumpliría la profecía del Nuevo Pacto? Cuando la obra del Mesías
en la tierra fuera consumada (consumado es), porque a partir de entonces, la
proclamación del evangelio difundido en todo el mundo produciría
adoradores, ya no adoradores conforme a los sacrificios y ofrendas, sino
adoradores conforme a corazones transformados que buscaran hacer el bien
y que dejaran de hacer lo malo.
El autor continúa su cita del Salmo 40, enfatizando que el deseo supremo de
Dios nunca han sido los rituales externos, sino la justicia interior. Si bien la Ley
exigía sacrificios, estos jamás podrían satisfacer el corazón de Dios, pues
apuntaban a algo mucho mayor: la obediencia perfecta y la entrega del
Mesías; Dios no se complacía con los holocaustos y sacrificios por el pecado,
ya que estos jamás podrían purificar la conciencia ni reconciliar al hombre
consigo mismo, el verdadero gozo solo fue alcanzado mediante la obediencia
y el sacrificio perfecto de su Hijo.
Hebreos 10.- 7 Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu
voluntad, Como en el rollo del libro está escrito de mí…
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La palabra “rollo” en el griego es la palabra “κεφαλή kefalé” y se traduce como
“Cabeza”, lo que expresa la idea de lo principal y lo interesante es que esta
palabra se encuentra ligada a la palabra “libro”, que es de donde deriva la
palabra “biblia” que en el griego es la palabra “βιβλίον biblíon”. Así es que lo
que nos dice este pasaje es que lo principal, la cabeza, lo primordial, el
mensaje central de la biblia es sobre el Mesías, por eso leemos: Como en el
rollo del libro está escrito de mí…
David comprendió perfectamente la total insuficiencia del sistema levítico y si
David lo entendió mil años antes de la venida del Mesías, ¡cuánto más
deberían entenderlo los hebreos, (el pueblo judío), que vivieron en los días de
Yeshúa ¡Cuánto más deberíamos nosotros, con casi dos mil años de testimonio
acumulado, comprender el significado de la cruz!
Así es que el autor de la carta continúa citando el salmo 40 como prueba de
que el Mesías prometido cumpliría los designios divinos, sus mismos actos de
sumisión, dependencia y humillación fueron a su vez, actos poderosos de su
omnipotencia, porque Yeshúa tuvo la cualidad de tener un poder absoluto,
supremo y sin límites. El descenso del Hijo de Dios del cielo para asumir un
cuerpo humano y, en ese cuerpo, cumplir la voluntad de Dios, fue un milagro,
un milagro que fue profetizado, prefigurado y conocido de antemano.
Entonces el hecho de que se haya cumplido la profecía de aquel que en las
escrituras fue señalado como lo principal, vino al mundo con un propósito:
Hacer la voluntad de Dios.
Y si queremos saber dónde se escribió del Mesías como lo principal, debemos
buscar en las escrituras y entonces lo encontraremos en la vida de Moisés, Él
es la Roca que fue golpeada; Él es la Roca que acompañó a los hijos de Israel
en el desierto, a Yeshúa lo encontramos como Príncipe del ejército de Dios
que fue visto por Josué cuando se dirigía a conquistar Jericó, a Yeshúa lo
encontramos en el libro de Rut como la analogía de nuestro Redentor en el
pariente que le dio sentido a la vida de la joven moabita, porque Yeshúa es
nuestro Booz, el que nos dio redención, también vemos a Yeshúa como el
cuarto hombre que camina entre las llamas salvando a los amigos de Daniel y
si percibimos la dulzura de su fruto en nuestro paladar, Yeshúa es el que nos
lleva a la casa del banquete y su bandera sobre nosotros es, amor.
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Son innumerables los pasajes en los que podemos ver a Yeshúa como él mismo
lo anunció: …en el rollo del libro está escrito de mí…
Hebreos 10.- 8 Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y
expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se
ofrecen según la ley), 9 y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para
hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último…
El escritor está reiterando lo que ya analizamos en el capítulo 7;
• Hebreos 7.- 12 Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya
también cambio de ley…
Es decir, que todos esos sacrificios y ofrendas y holocaustos y expiaciones que
hasta ese entonces se habían hecho por el pecado y que ya no agradaban al
Padre, fueron establecidas por la ley, sin embargo, en relación a todo eso que
fue lo primero, el Mesías declaró: quita lo primero, para establecer esto
último… Es decir, para establecer de forma permanente el cumplimiento de la
voluntad de Dios a cargo del Mesías. La consecuencia de esta declaración fue
que efectivamente se quitaron los sacrificios y ofrendas para ser sustituidos
por el que vino para hacer la voluntad del Padre en la expiación por los
pecados del mundo de forma definitiva;
Hebreos 10.- 10 En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del
cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.
Es muy significativo que, mediante el sacrificio de la cruz, en el cual culminó la
voluntad sumisa del Salvador, se dice que fuimos santificados, consagrados o
apartados de una vez y para siempre. Evidentemente, la idea es que la muerte
de nuestro Salvador nos ha comprometido para siempre; y que su iglesia, a la
que representó en ese acto supremo, está comprometida eternamente a
morir al mundo y al pecado.
En ese sentido, Yeshúa ha perfeccionado para siempre a los santificados, así
es que, lo que se logró para nosotros en el propósito de Dios cuando Yeshúa
murió, debe lograrse mediante la obra del Espíritu Santo, por lo tanto, cada
vez que nuestra voluntad se une más perfectamente a la de Dios, damos un
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paso más hacia el cumplimiento de propósito que tuvo Yeshúa con su muerte
en la cruz, ser uno con Él.
Hemos sido santificados por la muerte de Yeshúa, y permanecemos santos a
pesar de nuestras luchas diarias contra la debilidad y el pecado, porque si bien
es cierto que somos pecadores, por causa de la santidad es que no pecamos
voluntariamente. Esto debe tenerse presente porque debemos entender la
dinámica que tienen los creyentes respecto a la santidad y no olvidar la
advertencia que la propia escritura nos ha manifestado:
• Hebreos 12.- 12 Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas
paralizadas; 13 y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo
cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. 14 Seguid la paz con
todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. 15 Mirad bien, no
sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna
raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados; 16
no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una
sola comida vendió su primogenitura. 17 Porque ya sabéis que aun
después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo
oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas…
Sin santidad nadie verá al Señor y esta es una santidad que se obtiene por la
fe, no por el esfuerzo de la justicia propia, y no se pierde por un fracaso
momentáneo, pues como lo dijo el apóstol Pablo: “Ahora, pues, ninguna
condenación hay para los que están en el Mesías Yeshúa”;
Hebreos 10.- 11 Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando
y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar
los pecados; 12 pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo
sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios…
En una sola y contundente declaración, el autor contrasta la futilidad del
sacerdocio levítico con la finalidad de la obra sacerdotal del Mesías. Los
sacerdotes permanecían de pie diariamente ofreciendo sacrificios que jamás
podrían eliminar el pecado; pero el Mesías ofreció un solo sacrificio que
consumó la redención eterna y luego se sentó, en la postura de plenitud,
autoridad y descanso.
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Su sentarse a la diestra de Dios no significa inactividad, sino entronización; no
cese de las preocupaciones, sino la certeza del cumplimiento, la ofrenda de sí
mismo fue una sola vez y para siempre, lo que el antiguo pacto solo podía
simbolizar, el nuevo pacto lo ha asegurado para siempre, y aquí
contemplamos el contraste triunfal: el sacerdote de pie frente al Salvador
sentado; el ritual interminable frente a la redención eterna.
Este es uno de los mayores contrastes de la Biblia: Los sacerdotes levitas
trabajando, mientras nuestro Gran Sumo Sacerdote descansa, un claro
contraste entre lo Nuevo y lo Antiguo: el sacerdocio de Yeshúa es superior al
sacerdocio levítico. Esto resalta el marcado contraste con la necesidad de
sacrificios repetitivos bajo el Antiguo Pacto.
Este pasaje nos recuerda que Yeshúa está sentado a la diestra del Padre
celestial, lo cual es muy importante para nosotros porque eso implica que está
compartiendo la gloria con el Padre, tal y como se lo pidió en su momento el
propio Yeshúa orando por todos los que somos de Él, le hizo una petición
acerca de esa gloria que el Mesías tuvo antes de venir al mundo y que volvería
a tener, solo que, en esta ocasión, tú y yo estaríamos unidos en gloria con
nuestro amado Redentor y por la santificación, será posible que le veamos,
pues habremos guardado su Palabra…
…Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al
cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu
Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como
le has dado potestad sobre toda carne, para que dé
vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida
eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero,
y a Jesucristo, a quien has enviado. Yo te he
glorificado en la tierra; he acabado la obra que me
diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame tú
al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo
antes que el mundo fuese. 6 He manifestado tu
nombre a los hombres que del mundo me diste;
tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu
palabra…
Juan 17:1-5