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INFORMATICA PARA
NEGOCIOS
RUBY MORENO GARRIDO
DESARROLLO DE NEGOCIOS
n12
Contenido
Capítulo I_El poder secreto. ........................................................................................................ 1-a
Capítulo II - Caras vemos...................................................................................................... 2-27
Capítulo III: ¿Superhéroe? ¿Heroína? ................................................................................. 2-27
Capítulo IV: ...corazones no sabemos... ...................................... ¡Error! Marcador no definido.
Capítulo 1 - El poder secreto.
Un día trece en la ciudad de Nueva York. El frío congelaba los nudillos y aquietaba a los
ciudadanos en pleno invierno.1

El nuevo mundo había pasado la navidad bajo techo y año nuevo no había sido festejado.
La promesa del trece era que ese nuevo año el mundo terminaría. Un niño de apenas
unos catorce años vestido con ropa roja y negra y de apariencia poco amistosa, con una
pequeña mochila negra con pequeños dibujos de fantasmas blancos, se había logrado
colar a media mañana en el edificio de la terraza más alta de la ciudad. Aproximándose la
hora indicada subió al ascensor y presionó el último botón.

Al llegar al último piso corrió la puerta del ascensor bajó de éste mirando el reloj de
cuerda que llevaba en su mano. Era pasado el mediodía. Su reloj era antiguo y grande
como la palma de su mano; era de metal, algo curioso de ver en esos tiempos. El niño se
dirigió a las escaleras de ese último piso, deseaba seguir subiendo. Volvió a mirar su reloj
y decidido miró hacia arriba tomando el pasamano de la escalera y empezó a subir
aquella escalera de cemento y hierro.

Llegó a la puerta que salía a la terraza y haciendo reverencia se persigno. En el
movimiento se pudo observar a si mismo los cortes en sus muñecas. Empujó con su
hombro la pesada y fría puerta y decidido a salir giró el picaporte. Al empujar le costó
bastante, esa fría puerta metálica era enorme y vencer la fuerza del viento no le fue nada
fácil. Pero éste logró abrirla y llegar a la terraza del edificio.

Aquel niño recibió una ola de viento que escalofrió su cara. Ésta se abría empujando
hacia afuera
El niño iba muy abrigado. Caminaba en contra de la fuerza del viento que amenazaba con
tirarlo. Y haciendo fuerza por mantenerse de pie, volvió a mirar el reloj y se sentó en el
piso de aquella terraza. Sacó de su mochila un pequeño estuche. Era muy pequeño y muy
liviano. Sacó de este una mini-computadora portátil. La colocó suavemente sobre el piso,
11

1-a
cuidando de no ponerla contra el viento que empujaba. Eligió ponerla al lado de la cornisa
donde había un borde para cubrir a la pequeña portátil de esta fuerza que soplaba sin
compasión. El niño miró hacia arriba. Empezaba a nevar fuertemente. Delicadamente,
abrió la pequeña computadora. Se sacó los guantes y se conectó a Internet.

En su página de inicio tenía la red social más popular del mundo. Ya todos sus amigos
estaban conectados. Entró a la sala de Chat universal, donde todos hablaban con todos
sus contactos en común: “¡Ya estoy Listo!” – colocó y envió a la red. Y antes de que
empezaran a contestarle, sacó su celular y lo configuró para que su cámara sirviera de
cámara Web inalámbrica y así, todos lo pudieran ver.

Uno a uno se fue sumando al mensaje lanzado por aquel niño. Las respuestas de todos
coincidían en: “¡Yo también Martín!” dirigiéndose a su líder Martín Esturreo. Tres mil
veintidós jóvenes contestaron el mensaje en apenas sesenta segundos. La misma
cantidad de cámaras Web inalámbricas se conectaban en la red en todo el mundo.

Todos se veían con todos y todos estaban en lugares estratégicamente pensados que
mostraban a los demás. Comenzó un conteo faltando cuarenta segundos para las mil
trescientas horas.
Una leyenda decía que si un sólo joven lograba hacer que más de tres mil jóvenes lo
siguieran, y éste los llevara a las terrazas más altas de los edificios del mundo, el día
trece, del mes trece, a la hora trece, y los encaminara a lograr la hazaña mundial, el
mundo se salvaría de la destrucción total y las catástrofes mundiales cesarían

Se podían ver los tres mil veintidós con Martín controlando la hora en el reloj que el
neoyorquino había puesto en la red social para que nadie se atrasara o adelantara un
segundo. En el reloj del joven Esturreo, heredado de generaciones por sus ancestros,
tenía un pequeño reloj del tiempo terrenal diario, la fecha decía 13/13 y estaban
esperando la hora trece.

“El mundo está en peligro y es nuestro deber evitar su destrucción total”, lanzó Martín el
mensaje a la red a la que estaban conectados sus seguidores. Faltaban sólo veinte
segundos para la hora trece y lo lograron leer los tres mil veintidós niños –

1-b
Todos miraban el reloj esperando las mil trescientas, todos saltarían a la vez, dejando sus
computadoras portátiles funcionando para filmarse con sus celulares mientras caían. Tres
mil veintidós niños y jóvenes cantarían en coro en su salto. Porque así lo había pedido su
líder.

“¡Es hora canten!” dijo Martín y en los parlantes de todo el mundo se empezó a escuchar
la canción más sensacional y rara del mundo.

Sada, Sada,
Poderoso Rey
Ven a detener la destrucción,
Detén el reloj del tiempo.
Borra el delito y todo su mal,
Bórralo para que el mundo pueda recomenzar.
Sada, Sada
Detén la destrucción mundial.
Cúbreme con tus alas
Y cubre a los que me aman y amaran.
Sada, Sada,
Quítale el poder al Abdón,
Quítale el poder al reino de perdición
Que no reine más la guerra,
Sada, Sada, Sada
Habítanos con tu esencia,
Habítanos con tu paz,
Habítanos y trae la paz.
Tráela
Hacia acá.

1-c
Cantaban todos los niños y jóvenes como despidiéndose del mundo al ir cayendo al vació.
Empezaron a caer en todo el mundo los jóvenes que habían decidido entregarse en esta
hazaña mundial. Desde Nueva York hasta Buenos Aires pasando por México y Brasil, se
escuchaban los gritos entremezclados con la canción de los niños al ir cayendo de tan
altas alturas, de Nueva York a Japón pasando por toda Europa, por España y la
legendaria Iglesia de León, por la torre inclinada de pizza de Italia, llegando a Rusia y
volviendo a Inglaterra caían más de tres mil apasionados por la salvación y en contra de
la destrucción mundial.

A todo el mundo había llegado el mensaje del líder de Nueva York, todos sus seguidores
lo siguieron con pasión creyéndole su verdad se habían lanzado al vacío. Ese día caían
con su celular tres mil veintidós jóvenes vírgenes en el mundo. La muerte los esperaba en
su guarida al tocar es suelo con sus cuerpos.

Un silencio profundo se adueñó de esa red social.

- Martín… – escucha que lo llaman mientras va cayendo – ¿Qué creías? ¿Que por
entregarte como suicida y matar más de tres mil almas en el mundo se salvaría alguien?
¿En qué estabas pensando? ¿Quién te ha inspirado esto? -

- ¿Quién habla? – contestó Martín encandilado y envuelto en nubes blancas que no lo
dejaban ver nada, mientras sentía estar cayendo porque el aire frío que le quemaba la
cara – ¿Ya estoy muerto? – preguntó cuándo dejo de sentir el aire en la cara y comenzó a
sentirse liviano –

- ¡Aún no! – Dijo aquella voz – Tu ignorancia de alguna manera los ha salvado. Ve y
muestra lo que hoy puedes ver – ordenó firmemente esa voz que hablaba como teniendo
la certeza de que no iban a morir ese día –

- ¡Es que no veo nada! – dijo Martín –

1-d
- Y eso verás si no crees primero y sigues matando las almas de los que te envío –
contestó aquella voz retándolo ferozmente –

- ¿Qué debo hacer? – preguntó Martín entrecortando la voz asustado por el tono que le
había hablado aquel sujeto que no podía ver –

- Arrepiéntete, porque una vida vacía no tiene sentido, y una vida no vivida va directo al
infierno, vive tu vida… usa tus talentos y sigue la estrella que te mandé. – dijo la voz
enérgicamente. Las nubes blancas desaparecieron y quedó en absoluta oscuridad –
“gloria de Sada es ocultar un asunto; pero honra del rey es escudriñarlo.”– dijo en forma
de eco esta voz ya dejando en plena oscuridad a Martín –

Minutos después los niños empezaron a despertar en distintos lugares, todos
adormecidos y acalambrados. Desde Mongolia hasta Argentina, pasando por toda Europa
y por toda América Latina. Hasta en Canadá, se había sentido la tierra temblar. De alguna
manera, el resultado de niños y jóvenes muertos de esta caída, era cero. Nadie había
muerto. Todos los niños confusos no lo podían creer. El sacrificio había quedado en la
nada, había

Sido interrumpido de manera inexplicable. Fueron rescatados de alguna manera que ellos
no lograban entender. Algunos habían sentido que entraban en un tubo de viento, otros
no habían sentido nada.

El niño líder (Martín Esturreo) despertó bajo el columpio donde conquistó su sueño de
volar. La hamaca se movía y al despertar una suave brisa acariciaba su cuerpo. “¡Vamos!
¡Despierta! ¡No puedes morir! Es tiempo de conquistar lo que te arrebataron”- escuchó
Martín como si fuera la voz de su padre – Martín abrió los ojos, estaba boca arriba
abrazando su mochila. Sentía dolor por todo el cuerpo como de dormir en el suelo. Su
vista que estaba llena de lagañas empezó aclararse.

Miró al cielo y estaba amaneciendo. Había pasado todo un día, eran cerca de las siete de
la mañana del día sábado. Se paró, se puso la mochila en la espalda y empezó a caminar
hacia su casa; Martín no entendía nada. En el camino meditaba sin poder creer estar vivo
después de meses de planear el sacrificio. Tanto juntar gente y al final nada había
sucedido. Era como si durante dos años hubiera planeado esto sólo para despertar como
de un mal sueño.

1-e
Pensando Martín cree acordarse de porqué está en ese lugar.

- ¿Estaré en el cielo? ¿Qué me arrebataron? – se pregunta acordándose de lo que había
escuchado antes de despertar –

- ¡Nada aun! – le contesta una voz interior – “Nadie que este matándose piense que mira
al cielo” – Escucha Martín

– Si alguno destruye el templo de Sada, Sada lo destruirá a él; porque el templo de Sada,
el cual es tu cuerpo, santo es. – escuchó Martín y se atemorizó y empezó a mirar a su
alrededor creyéndose perdido. –

- ¿Quién habla? – Exclama asustado al sentir una voz y no haber nadie a su alrededor –

- No recuerdas nada… – vuelve la voz a hacerse escuchar y Martín girando como loco en
medio de la plaza tratando de ver al dueño de esta voz –

- ¿Quién eres? ¿Dónde estás? – pregunta Martín furioso y atemorizado a esa extraña voz
–

- Las personas no ven lo que piensas, solo pueden ver tus actos – dijo aquella voz – ¡y yo
sé que eres mucho más que ese niño enlutado de negro, que ven hoy en ti! –

- ¿Qué quieres de mí? – preguntó Martín y recordó la frase que había escuchado “Si
alguno destruye el templo de Sada, Sada lo destruirá a él…” y analizó en su mente – Me
lancé del edificio más alto un día 13 a las 13; puse en esta hazaña mundial todas mis
fuerzas… – se detuvo un momento y pensativo, miraba hacia la nada mientras trataba de
entender lo que había pasado –

1-f
- ¡No estás muerto porque estarías en el Sol! – escuchó a la voz retarlo ferozmente y
Martín empezó a comprender lo que significaba esa frase de ser destruido, si él destruía
su mismo cuerpo. – ¡te voy a dar otra oportunidad! ¡Y estás vivo! – Martín escuchó y
prestó mucha atención a lo que esta voz le decía – mientras te lanzaste me invocabas,
fue justo a tiempo porque tengo mucho en este mundo para ti – dijo aquella voz –

- ¡En tus manos está mi voluntad! – dijo teniendo miedo Martín Esturreo –

Un silencio hermético se hizo dueño de la ciudad. Martín empezó a caminar y leyó la
portada del Times en un kiosco de revistas “Meteorólogos de distintas partes del mundo
aseguran haber visto movimientos extraños en las estrellas, jamás antes vistos por un ser
humano, creen que se trata de una reacción de los gases producidos por la tierra en
descomposición. Los marxistas reciclados llaman a la reflexión. El Papa asegura que fue
un movimiento de Ángeles en defensa de los bloques de hielo de la Antártida. Casos así
no tienen registro alguno para la humanidad. Expertos dicen que estos extraños
movimientos son advertencias de que el final está llegando. Lo innegable es que anoche
la tierra entera se estremeció. “Como que la venida se nos aproxima” dijo un estudioso del
Vaticano muy preocupado.

Hoy fanáticos religiosos salieron a las calles a repartir volantes. Algunos dicen que esto es
solo un acomodamiento brusco de placas…”
Martín no lo podía creer – “En verdad esto ha pasado” – dijo mientras leía el titular –

- ¡No creas todo lo que lees hijo! ¡Porque a veces te puede perturbar mente y hasta matar
el alma! – le contestó un hombre que leía el titular con él. –

- ¡Ya es hora! – aseguró Martín y abrió su mochila, la computadora ahí estaba. La sacó y
se puso a escribir desde donde estaba hacia el mundo entero, a tratar de contactarse con
sus seguidores de la mal llamada “hazaña mundial”.

Pido perdón a los que me siguieron en esta cruel y triste muerte sin sentido.

1-g
He podido darme cuenta que esta locura suicida, casi mata los sueños de muchos. No me
juzguen por mi ignorancia, no me juzguen por ser influenciado por leyendas urbanas, no
me juzguen porque no lo podría justificar.

Pido que este día sea tomado como el nuevo nacimiento de los que seguimos vivos.
Espero que seamos los tres mil veintidós.

P/D. El mundo está plagado de grandes héroes. Los héroes tienen algo en común, nadie
los entiende. Los héroes salen de los agujeros más tenebrosos y escondidos. Y salen de
adentro de nosotros mismos.

No hay héroe que antes de ser descubierto como tal, no haya sido burlado, ignorado o
señalado como un nada.
“La Nada es el trampolín para las Grandes y Buenas Hazañas”

Terminó de escribir Martín, presionó “Entre” y su mensaje se esparció por toda la red
social más de medio millar de personas leyó su mensaje, incluidos todos sus seguidores.
Un relámpago azotó la ciudad y la luz de carteles luminosos se apagó. Los generadores
de la ciudad volvieron a funcionar de inmediato y la luz volvió. Martín se asustó por el
relámpago en medio de tanto sol, las pocas nubes que había en el cielo no justificaba su
aparición.

Volvió a mirar la computadora que tenía en su falda y decía: “Has recibido un millón
setecientos mil cuarenta y dos mensajes nuevos (1.700.042 mensajes nuevos)”, Martín no
lo podía creer, no habían pasado más de tres minutos de presionar “entre” y las
respuestas llovieron a él de todos lados del mundo. Hasta gente que no conocía
respondió como si estuviera en su misma situación.

No podía leer todos a la vez pero sintió intriga por uno que tenía en asunto: “y si nacieras
de nuevo” abrió y era un pequeño poema que Martín se atrevió a leer en voz alta. El
poema se titulaba: “Los escogidos se atreven”

Y si naciera de nuevo,

1-h
Si tuviera esa oportunidad,
Yo te pediría que en mi nuevo nacimiento ahí puedas estar;
Que me abraces con ternura
Y con aliento de vida volvieras a soplar mi nariz,
Así me enteraría de las maravillas
Que tienes preparadas para mí.

Y si naciera de nuevo,
Si tuviera esa oportunidad,
Yo te pediría que llenes este vacío con tu infinita paz;
Que no te vayas nunca,
Que perdones si un día te ofendí,
Porque hoy siendo maduro entiendo
Que siempre estuviste para mí.

Hoy quiero nacer de nuevo
Hoy quiero nacer de nuevo… pero en ti
Déjame abrazarme a tu cintura para jamás dejarte ir
Porque hoy mis ojos están abiertos y te invito a vivir en mí,
Habita este desierto y saca toda enfermedad,
Que hoy he nacido de nuevo y en ti voy a confiar
Porque tú eres el Rey eterno,
Príncipe de Libertad.

Más abajo decía:

1-i
Un escogido es alguien que después de muchas peleas y catástrofes sigue vivo.
Encuentra tu designio y protégelo con tu vida. Sin apartarte del buen camino. Porque para
eso has nacido.
Habiendo sido predestinado conforme al designio del que hace todas las cosas…
Firma: Una Escogida.

Terminó de leer el mensaje y pudo sentir en su nariz un viento que él logró aspirar. Martín
respondió de inmediato ese e-mail. Era una persona desconocida que le había dicho
mucho y le había hecho sentir algo que nunca sintió.

Volvió a leer el poema y una brisa suave soplaba sobre su rostro, sentía que se llenaba
de una inconfundible paz.

No te conozco pero pareciera como si me conocieras. Quizás tenemos mucho de qué
hablar. De alguna manera tu mensaje me llenó. Todos los días no escogí la vida. Sé que
los suicidas no se atreven a vivir, pero los escogidos se atreven. Y a eso me atreveré de
ahora en más.
Habiendo sido predestinado conforme al designio del que hace todas las cosas…
Firma: Martín Esturreo.
Un nuevo Escogido.

Sin conocer y sin saber quién era esta persona, ya había inspirado un cambio en él. Algo
había entrado en su espíritu y ya nada sería igual.

Martín cerró su computadora, la coloco en su mochila sin mirar como la colocaba y
apurado se dirigió a su casa. Iban a ser las nueve de la mañana y él todavía no aparecía.
Deseaba ver a sus padres y contarles lo sucedido sin pensar en su reacción. Valía la
pena hablar sobre estas cosas que pasan solo una vez y cambian todo el rumbo de la
propia vida y la forma de verla. Llegó a su casa y con sus llaves abrió la puerta de
entrada. Entró como siempre pero en su cara se veía un brillo, una sonrisa sincera. Su
madre estaba entre un montículo de ropa, estaba por ponerse a planchar. Su padre venia
del patio lleno de tierra y con las rodillas de su pantalón verdes de estar arrodillado en el
pasto arreglando el jardín. Sus padres miraron a Martín y vieron algo cambiado en él, pero
se quedaron callados, tratando de no arruinar el momento. Normalmente, cuando Martín

1-j
se veía descubierto, él se quejaba o daba gritos explosivos para que no le preguntaran
nada. En esta oportunidad, solo pasaros unos segundos eternos para la familia y Martín
agachó la cabeza y murmuró algo que nadie entendió. Los padres vieron este cambio y se
preocuparon, pero les gusto. El Pequeño Esturreo pasó directo a su cuarto con la cabeza
gacha.

Admirado el padre se miró con su esposa.

- ¡Deberíamos dejar que él nos cuente solo! – dijo la madre tiernamente –

- ¡No sé! – Dijo el padre en secreto con su esposa – eso fue raro ¿Tú crees que nos
contará? – la cara de incertidumbre de los padres mirándose lo decía todo –

- Algo me dice que hoy volverá a ser ese niño que todos extrañamos. – afirmó el padre de
Martín en voz alta –

Pasaron tres horas y el pequeño Esturreo no salía. A las doce del mediodía salió de su
cuarto y se dirigió a su padre.

- Papi: ¿te has sentido engañado por algo que hiciste durante mucho tiempo para darte
cuenta de que al final son puros cuentos y mentiras? – dijo seriamente Martín –

- ¿En qué dejaste de creer? – pregunto Eugenio, su padre –

- Hoy mi vida cambió papá… – dijo sin titubearlo – Hoy soy otra persona… otro Martín ha
nacido –

- ¡Qué bueno hijo! – dijo Eugenio mostrándose distante mientras seguía con sus plantas
en el jardín. Martín se quedó en silencio ahí y el padre levantó la vista para mirarlo. –
¡Estás hablando en serio! – Dijo convencido cuando vio que sus ojos brillaban – ¡no sabes
lo feliz que me hace! – exclamó y soltó lo que hacía para abrazarlo. –

1-k
- ¡Voy a decírselo a mamá! – dijo sonriente después de ese abrazo y fue donde estaba su
madre planchando. –

- Mami, esta ropa no la planches más. – dijo refiriéndose a su ropa –

- ¿Qué? ¿Te la vas a poner arrugada? – Preguntó Liza Bella, su madre, desconfiando de
su rebeldía –

- El negro es tan egoísta Mami. Absorbe todos los otros colores y no refleja ninguno. Ya
no quiero ser así… – dijo seriamente el pequeño Martín y torció la lógica que su madre
creía que tenía su hijo. -

- ¿¡Qué!? – exclamó Liza Bella entre confundida escondiendo una gran sonrisa –

- Las personas eligen los colores por intuición y cada uno es lo que viste, no necesito un
manto negro para ocultarme, necesito mostrarme como soy y yo no soy un vampiro. – dijo
riéndose. Decía lo que su corazón le dictaba y sonreía – fíjate mamá – dijo y le señalo una
remera planchada – lazos, cárceles, cadenas. Es como vivir encerrado. Y mira esta
carabera, la muerte en mis espaldas… ya no me la pondré más. – explicaba a su madre
que escuchaba sorprendida, verdaderamente sorprendida. No era el mismo Martín. Se lo
habían cambiado. -

- ¿Ya no te pondrás más estas remeras sangrientas y con leyendas raras? – preguntó su
madre tratando de aclarar su mente –

- No mama, ya no me las pondré más. – contesto muy seguro él –

- ¡Tendré que comprarte ropa de colores entonces! – dijo entre sarcástica y queriendo
creer el cambio absoluto de su hijo. Para ella, si esto era cierto, Martín había vuelto a la
vida. Liza Bella odiaba esas remeras desde el día que se compró la primera, y su ropero
estaba lleno de ellas.

1-l
Liza Bella invito a Martín a revisar su ropero. Se dirigieron ambos a su cuarto. Liza Bella
tomó toda la ropa, pantalones, remeras, y Martín miraba con nostalgia su colección de
discos compactos, carteles y gigantografías que tenía repartida por todo el cuarto, una a
una las fue despegando de la pared dejando una mancha blanca bajo de ellas y
descascarando aquellas paredes por las cintas usadas para forrar aquel cuarto con
imágenes de seres de la oscuridad. Lo fue doblando todo con mucha paciencia y
convencido de lo que estaba haciendo, la furia contra aquello que antes sin saber adoraba
a ciegas se mezclaba con un sentimiento leve de nostalgia. Las paredes quedaron
blancas con manchas de cinta descascarada por el adhesivo usado cuando las quiso
pegar.

Estando el cuarto limpio por completo, miró desde la puerta, la luz que entraba por la
ventana. Ahora ésta se podía reflejar en las dañadas pero blancas paredes de su cuarto.
Se le escapo una sonrisa pacificadora para él mismo, dio medio paso y agarrando la
nueva basura para tirar, se dirigió al closet del cuarto donde su madre recolectaba
remeras y pantalones llenos de calaveras. Martín empezó a seleccionar con ella uno por
uno los atavíos, que a su entender, ya no combinarían más con el nuevo Martín Esturreo.

Martín no quería ser más confundido con un vampiro o con una sombra de la noche. Llevó
todo en bolsas de residuo negras al patio de su casa. Tres bolsas de un tamaño
importante que colocó frente al horno asador.

Su padre y su madre lo miraban muy confundidos. Su madre creyó que solo la sacaría
afuera pero esta nueva actitud de Martín los sorprendía a medida que Martín avanzaba en
sus acciones. A los padres les preocupaba y también les daba alegría. Pero no sabían si
había descubierto tras estos misteriosos objetos, de los que hoy quería deshacerse, algún
poder oscuro o misterioso. O si era otro tipo de rebeldía, de todas maneras les iba a
gustar más.
Martín se encontró solo frente al horno. Sentía una voz convencida diciéndole que había
llegado la hora de ser libre y de saber quién era él en realidad. Y otra voz se trataba de
imponer trayéndole recuerdos a su mente.

Martín sentía una verdadera batalla en su mente y gritó – “¡Cállate!” – De inmediato se vio
vestido de negro con cadenas y sangre como figuras con una leyenda que decía: “Rey
Tedeum vil”. La traía puesta desde aquella noche, se la saco de inmediato y la dejó caer
sobre el pasto, y luego se sacó los pantalones. Quedó en calzoncillos largos blancos y

1-m
camiseta blanca que le servían de abrigo. Hizo un paso hacia atrás y leyó sobre el piso en
aquella remera que al parecer no decía nada: “Rey muerte leve”, la letra e de leve estaba
simulada por un símbolo extraño. La única palabra escrita del derecho era Rey, las otras
dos estaban invertidas, intercambiando idiomas para disimular. Pero aquella frase, “Rey
muerte vive”, llevaba consigo el poder de los demonios de la muerte. Al ver esto, más se
convenció y llenó de inmediato el horno donde horneaban pan con toda esa ropa, que
había usado antes. Luego tiro ahí dentro todos los discos compactos que tenían el mismo
espíritu de muerte y perversidad, todo aquello que representaba un lazo siniestro lo tiró
adentro de aquel horno.

Martín con sus catorce años hasta había probado drogas, acercándose a estos grupos
que coqueteaban con la delincuencia y el mal. Estaba a punto de entender el poder que
tenían sobre él estas cosas y frases “al parecer” sin sentido.

Martín esparció con un pomo alcohol dentro del horno. Con su encendedor de bolsillo en
la mano miraba con odio dentro de ese horno, parecía que veía la misma perdición. Lo
encendió con la mano derecha y al ver su encendedor negro lleno de calaveras blancas
dibujadas, decidió deshacerse del también. Avía sentido hormigas salir de este y caminar
por su mano tratando de asustarlo. Miró dentro del horno y lo tiró encendido. Lo que antes
le pertenecía a él, o él le pertenecía a esos objetos, empezaba a quemarse. Lo que antes
le daba “placer” usar se prendía fuego en el horno.

Martín empezaba a sentir los efectos de su decisión. Todo empezó a arder y el
encendedor explotó. Martín mirando cómo se quemaba su pasado, se sacó las zapatillas
que estaban adornadas de la misma manera que el encendedor y las tiró. Se quedó
descalzo con sus medias blancas y nada de símbolos encima. Martín cerraba la tapa y
escucho “no me abandones” una voz suplicarle. Martín cerro la tapa y se empezaron a
escuchar gritos y quejidos, junto con toses que se ahogaban por el humo. Siendo
quemados por el fuego golpeaban la tapas lográndola mover pero no abrir. Martín hacia
oído sordo. Pero esto no lo sorprendió, su mente estaba preparada para saber esta
realidad infernal.

Se empezó a escuchar una melodía del inframundo, la misma que tenía la placa de su
artista preferido. Esa música a Martín le taladraba los oídos pero decidió ponerse a cantar
una canción alegre para no escuchar esta que salía del horno. Martín estaba preparado
para ver, sentir y saber de estos poderes ocultos al hombre racional y terrenalmente
aferrado. En un momento sintió como si a ese momento ya lo hubiera vivido; miró hacia
arriba y sonrió de alegría por la libertad recibida.

1-n
Martín miró hacia atrás como si nada pasara y vio a su padre afirmado en la puerta
abrazando a su madre. Ambos lo miraban sonrientes. No podían escuchar los gritos que
cada vez eran más fuertes y desesperados, seguían golpeando la tapa del horno pero era
inútil; la esperanza que se había encendido en Martín ya no se podía apagar.

- Sada me liberó de enemigos más fuertes que yo, me sostuvo porque se agradó de mí.
Hizo en mí su voluntad y yo sigo vivo gracias a él, bestias oscuras, huyan ya porque Sada
está en mí. – dijo eso y abrió la puerta del horno de barro y nubes negras salían de entre
el humo del fuego. Algunas se dirigían hacia el piso y se perdían chocando contra el
césped, otras deambulaban a altas velocidades como asustadas por la luz que había en
Martín; otras salían y volvían a entrar. Cuando la tercera que hizo esto, Martín se llenó de
ira y abriéndose las nubes del cielo e iluminando directo en su pecho, bajó un rayo de
Sada. Se armaron dos bolas de fuego una en cada palma de sus manos, y gritó con voz
de ira – ¡Por el poder de Sada les ordenó que dejen todo lugar donde antes les deje
estar!– grito ferozmente Martín – Los puedo ver no se pueden esconder más. ¡Se van! – y
de inmediato el fuego se apagó y nubes en forma de reptiles negros con ojos rojos y
orejas puntiagudas salieron de ahí como si una bomba de luz las hubiese espantado.
Algunas caminaban como lagartijas apuradas y desaparecían al chocar con el suelo y
otras volaban y frente a la luz que Martín reflejaba se desintegraban.

Martín se hizo para atrás sin dejar de mirar ese horno lleno de reptiles y de seres oscuros
que salían a través de la puerta abierta. Parecía que había descubierto un hormiguero de
hormigas coloradas que salían atacar a quien había perturbado su cueva, pero ninguno
pudo llegar a Martín y los que se atrevieron a acercarse de inmediato se retiraban de
inmediato en estampida o eran desintegrados desapareciendo del lugar. Siendo enviadas
al desierto como lo dice la escritura.

Caminando hacia atrás, Martín se dirigió a la reposera que su familia tenía en el patio y se
sentó en ella sin dejar de mirar ese raro espectáculo sobrenatural. Martín estaba
asombrado de cómo los seres oscuros huían sin poder ante este Sada. Nunca creyó en la
fantasía pero esto superaba todo dibujo animado. Esto era real. Él ya estaba preparado
para ver esto que a los ojos de otro esto sería espantoso. Era como ver a la luz terminar
con la oscuridad al encender una vela, con la diferencia de que esta oscuridad, crujía,
gritaba y lloraba como si se tratase de una fuerza del terror. El pequeño Esturreo se
sentía débil, la liberación en él había sido agotadora pero en sus ojos se podía ver la
libertad y el éxito de esta. Sonreía mientras miraba sus manos arder junto con todo el
fuego que descendía a él. En aquel hormiguero de perdición que se estaba quemando
bajo el poder extraño de un rayo de luz, los gritos no cesaban. Pero Martín se encontraba

1-o
en una absoluta paz, imposible de comprender con la batalla que se llevaba a cabo en
ese horno de barro.

Mirando al cielo y sintiendo todo el rayo blanco recorriendo por su cuerpo, dijo:
“Verdaderamente esta es la vida que me podía perder, hoy puedo ser quien soy sin tener
que ocultarme bajo la desesperación” termino de decir esto y Martín, en un gran suspiro,
se llenó de la promesa del viento.

Continuará…

1-p
Capítulo 2 – Caras vemos
Ay la oyó unas pesadas pisadas a su espalda y cuando se giró para ver de donde
procedían… ¡PLAAAFFF! Sobre ella cayó una tromba de agua helada, con tanta fuerza,
que -otra vez- volvió a quedarse sentada en el suelo y con cara de tonta.

-¡Esto ya se está volviendo una costumbre muy poco divertida! -se lamentó poniéndose
de pie más empapada que antes aunque, eso sí, sin pizca de tomate.

¿Quién la habría mojado de semejante manera?, pensaba mientras trataba de escurrir
algo del agua que caía de su ropa y su pelo. Y al girarse vio que, frente a ella, se detenían
dos patas tan gruesas como troncos, y al levantar la cabeza -muy lentamente-, descubrió
que dichas patas estaban unidas a una enorme cabeza. La cabeza, a su vez, iba pegada
a dos enormes orejas, dos enormes colmillos y una enorme trompa de la que aún caían
unas pocas y brillantes gotas de agua.

Al final de la trompa asomaba una espléndida sonrisa de enorme oreja a oreja enorme, y
tras ella se encontraba lo que parecía ser un gigantesco elefante de peluche de un
brillante color naranja con lunares morados.

-Hola -dijo Ayla con algo de preocupación.

-Hola -respondió, sonriente, el elefante naranja con lunares morados moviendo
alegremente sus orejotas.

-Estooo… ¿Has sido tú quien me ha mojado? -preguntó Ayla mientras retorcía su pelo y
dejaba caer un par de litros de agua sobre la hierba.

2-27
-Sí -respondió el elefante al tiempo que movía la cabeza de arriba abajo-. Me pareció que
necesitabas ayuda para quitarte todo ese zumo de encima. ¿Me he equivocado? preguntó dando unos saltitos de preocupación, que hicieron temblar el suelo.

-Bueno… no, la verdad es que estaba muy sucia -dijo Ayla estrujando su camisón y
dejando caer otro par de litros de agua-. Supongo que tengo que darte las gracias.

-De nada -contestó el elefante, y su enorme sonrisa se hizo -aunque parecía imposibleaún más grande.
-Bueno, ahora tengo que encontrar el modo de secarme antes de que pille un resfriado dijo Ayla con un gran

suspiro, y miró alrededor como si creyera que, colgada de algún árbol, iba a encontrar una
toalla. ¿Y por qué no?

Después de todo estaba en un lugar en el que el aire hablaba, los caminos eran ríos de
zumo de tomate, las cebras vestían uniforme y los elefantes eran de color naranja con
lunares morados.

-¡También puedo ayudarte con eso! -exclamó, de lo más entusiasmado, el sonriente
elefante.

Ante la asustada mirada de Ayla, el elefante aspiró una grandísima bocanada de aire, que
transformó sus mejillas en un par dos globos de color naranja y, a continuación, lo soltó
todo de golpe sobre ella.

Ayla voló, arrastrada por el aire recién salido de los pulmones del elefante, y acabó
sentada -una vez más- en el suelo varios metros más allá. Eso sí, ya no le quedaba ni
gota de agua en su ropa ni en su pelo.

El amable elefante trotó alegremente hasta donde estaba Ayla, con aquella permanente
sonrisa suya y le preguntó si necesitaba alguna otra cosa:

2-28
-No, no -se apresuró a decir Ayla-, no, gracias, de verdad, estoy muy bien así, en serio, no
es necesario que me ayudes más. Solo necesito saber si voy en la dirección correcta para
llegar a las Montañas de las Pesadillas.

El elefante abrió mucho los ojos y, por primera vez, se quedó sin sonrisa. Durante un par
de minutos la miró en completo silencio y luego, repentinamente, giró sobre sus patas y
corrió a esconderse tras un álamo cercano, encogiéndose todo lo que pudo -que no era
mucho- y poniendo las dos patas delanteras sobre sus ojos -lo que no resulta nada fácil
cuando eres un elefante-. Temblaba tantísimo que el árbol se agitaba como si lo
sacudiera un vendaval, y Ayla tuvo que hacer un gran esfuerzo para no reírse ante el
cómico aspecto que ofrecía el pobre elefante al intentar ocultar aquel enorme corpachón
tras un árbol tan pequeño.

El elefante se destapó un solo ojo y, con un susurro tembloroso, como si temiera que las
temibles montañas lo oyeran, contestó:

-Solo tienes que seguir ese camino -y señaló con la trompa hacia un sendero pedregosoy te llevará directamente a las montañas esas.

En cuanto hubo dicho esto el elefante salió de su escondite y corrió en dirección opuesta
a la que había indicado, sin sonreír, ni despedirse, ni nada.

Ayla lo siguió con la mirada hasta que se perdió de vista, y luego se giró hacia las oscuras
montañas. Le habría encantado hacer lo mismo que el elefante y volver a casa pero no
podía hacerlo: si quería librarse de aquellos horribles sueños tenía que seguir adelante.
Así que, asustada pero decidida, se puso nuevamente en marcha.

2-29
Capítulo 3 ¿SUPERHEROE? ¿SUPERHEROINA?
Cierto día en una pequeña escuela la maestra les dejo a sus estudiantes una tarea para la
casa; esta consistía en escribir sobre su superhéroe o heroína favorita.

A la mañana siguiente, la profe empezó a preguntarles a sus alumnos sobre la
composición que les había dejado:

-Juan narró que admiraba a Superman, porque poseía mucha fuerza y porque además
podía volar, Andrea hablo de la mujer maravilla y de su avión invisible.

-Carlitos dijo que su superhéroe preferido era BEN10, porque se podía convertir en
muchos alienígenas, los estudiantes contaron uno a uno de sus heroínas y superhéroes.
Pero ninguna historia sorprendió a la docente, pues todos hacían referencia a seres
ficticios, producto de la imaginación y sacados de los muñequitos de la televisión.

La clase transcurría en la monotonía del día a día, hasta que de pronto se acordó y volteó
a ver al niño más humilde y le pidió que leyera su composición. Fernando empezó su
historia hablando que su heroína favorita estaba dotada de muchos poderes o virtudes;
que tenía La nobleza del Chapulín Colorado, La valentía de la mujer Maravilla, que era
rápida como Flash, amorosa y tierna como una bella rosa, sabia como el rey Salomón y
que la cualidad o el poder que más destacaba de ella era que podía hacer surgir de la
nada y con pocos recursos, como hacen los magos, un delicioso desayuno; y que siempre
les inculcaba el poder más importante, el de la oración; porque al terminar de comer se
arrodillaba y le daba gracias al creador por todo lo que les daba, también les hablaba de
cuán importante es la gratitud.

Y el muchacho concluyo su narración diciendo:

- A esa gran Mujer que me dio la vida y que daría todo por mí, a mi madrecita santa, a ella
admiro con todo mi corazón, porque por siempre será mi gran Heroína.

3-XI
Capítulo 4

CORAZONES NO SABEMOS

Ay la se quedó muy sorprendida y muy quieta durante un minuto, y callada durante otro,
meditando sobre lo que acababa de oír.

El aire no debería hablar, ¿verdad? Se suponía que el aire no hacía esas cosas,
¿verdad? El aire te despeinaba, te refrescaba, entraba y salía de tus pulmones, hacía
volar las cometas y girar los molinillos de viento, pero nunca pronunciaba una palabra,
¿verdad? Bueno, pensó encogiéndose de hombros, tendría que preocuparse por eso más
tarde, ahora tenía cosas más importantes en las que pensar como:

-¿Qué hago aquí?

-Bueno, vienes aquí cada noche. Aquí es donde nacen tus sueños… y tus pesadillas, pero
esta noche es diferente.

-¿Por qué es diferente?

-Porque esta noche vas a aprender a defenderte de las pesadillas -respondió el Aire.

-¿Defenderme de las pesadillas? ¿Y no sería mejor no tenerlas?

-Por supuesto que sería mejor, pero eso es imposible. Nadie puede librarse de ellas, sólo
puedes aprender a vencerlas.

-¿Cómo?

-Enfrentándote a ellas.
-Entonces…-dijo Ayla tragando saliva- ¿Esto es una pesadilla?

-Todavía no, pero en algún momento se convertirá en una.

-¿Y no podría volver a casa ahora mismo… por favor?

-Podrías, nada te lo impide, pero piénsalo bien porque si regresas vas a seguir pasando
miedo por culpa de las pesadillas-respondió el Aire haciendo revolotear unas hojas.

Ayla se sentó a meditar sobre lo que el Aire le acababa de decir. Quedarse no le hacía
ninguna gracia, pero era cierto que, si se marchaba, no se iba a librar nunca de los malos
sueños. Enfrentarse a las pesadillas le daba muchísimo miedo, pero seguir sintiendo
miedo todas las noches no era muy agradable.

Meditó sobre todo esto un largo, largo, larguísimo rato, tan largo que la hierba del prado
creció hasta casi cubrirla.

Tanto, que una pareja de pájaros rarísimos -cabeza de ratoncito, patas de pato- anidó en
su cabeza. Tanto tiempo, que el musgo había comenzado a trepar por sus piernas. Todo
ese tiempo -y un poco más- le llevó a Ayla decidir que no podía volver a casa sin intentar
librarse de las pesadillas.

Pensado, dicho y hecho, se levantó y dijo al Aire:

-Está bien, me quedo. ¿Qué debo hacer?

-Tendrás que ir a las Montañas de las Pesadillas -dijo el Aire.

-¿Y hacia dónde quedan esas montañas?
El Aire levantó unas semillas de dientes de león, formó una flecha con ellas y señaló hacia
unas oscuras montañas que se veían en el lejano horizonte.

Ayla sintió unos tremendos escalofríos al mirarlas y preguntó:

-Y cuando llegue, ¿qué hago?

-Eso ya se verá -respondió el Aire, que deshizo la flecha y se marchó.

Ya no pintaba nada en aquel prado, así que apartó a la oveja -que ahora, además de
olfatearla, le daba unos tremendos lametones- y se puso en marcha.

Caminó durante mucho rato pensando en esto, en lo otro y en lo de más allá, que son
temas, como todo el mundo sabe, la mar de interesantes y que dan para mucho pensar. Y
mientras caminaba y pensaba, se asombraba al descubrir las cosas curiosas que había
en ese extraño mundo, como la hierba que, en lugar de quedarse quieta mientras era
aplastada -que es lo que haría cualquier hierba normal en cualquier mundo normal- se
apartaba a su paso para no ser pisada, o unos caracoles cuyas conchas tenían forma de
minúsculas casitas con diminutas ventanitas llenas de florecitas -cursicaracoles se
llamaban, no sé por qué-, o unos caballitos de mar con preciosas alas de libélula… O el
camino de color rojo con el que se encontró, así, de repente, como salido de la nada.
Bibliografía
WEB. (LUNES de NOVIMBRE de 2013). http://www.encuentos.com/cuentos-fantasticos/el-reinode-los-ninos-el-poder-secreto-capitulo-i/. Recuperado el 25 de 11 de 2013, de
http://www.encuentos.com/cuentos-fantasticos/el-reino-de-los-ninos-el-poder-secretocapitulo-i/: http://www.encuentos.com/cuentos-fantasticos/el-reino-de-los-ninos-elpoder-secreto-capitulo-i/
WEB, S. (25 de 11 de 2013). http://www.encuentos.com/cuentos-en-capitulos/nada-es-lo-queparece-capitulo-ii/. Recuperado el LUNES de 11 de 2013, de
http://www.encuentos.com/cuentos-en-capitulos/nada-es-lo-que-parece-capitulo-ii/:
http://www.encuentos.com/cuentos-en-capitulos/nada-es-lo-que-parece-capitulo-ii/

Bibliografía
WEB. (LUNES de NOVIMBRE de 2013). http://www.encuentos.com/cuentos-fantasticos/el-reinode-los-ninos-el-poder-secreto-capitulo-i/. Recuperado el 25 de 11 de 2013, de
http://www.encuentos.com/cuentos-fantasticos/el-reino-de-los-ninos-el-poder-secretocapitulo-i/: http://www.encuentos.com/cuentos-fantasticos/el-reino-de-los-ninos-elpoder-secreto-capitulo-i/

Trabajos citados
WEB, S. (25 de 11 de 2013). http://www.encuentos.com/cuentos-en-capitulos/nada-es-lo-queparece-capitulo-ii/. Recuperado el LUNES de 11 de 2013, de
http://www.encuentos.com/cuentos-en-capitulos/nada-es-lo-que-parece-capitulo-ii/:
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  • 1. INFORMATICA PARA NEGOCIOS RUBY MORENO GARRIDO DESARROLLO DE NEGOCIOS n12
  • 2. Contenido Capítulo I_El poder secreto. ........................................................................................................ 1-a Capítulo II - Caras vemos...................................................................................................... 2-27 Capítulo III: ¿Superhéroe? ¿Heroína? ................................................................................. 2-27 Capítulo IV: ...corazones no sabemos... ...................................... ¡Error! Marcador no definido.
  • 3. Capítulo 1 - El poder secreto. Un día trece en la ciudad de Nueva York. El frío congelaba los nudillos y aquietaba a los ciudadanos en pleno invierno.1 El nuevo mundo había pasado la navidad bajo techo y año nuevo no había sido festejado. La promesa del trece era que ese nuevo año el mundo terminaría. Un niño de apenas unos catorce años vestido con ropa roja y negra y de apariencia poco amistosa, con una pequeña mochila negra con pequeños dibujos de fantasmas blancos, se había logrado colar a media mañana en el edificio de la terraza más alta de la ciudad. Aproximándose la hora indicada subió al ascensor y presionó el último botón. Al llegar al último piso corrió la puerta del ascensor bajó de éste mirando el reloj de cuerda que llevaba en su mano. Era pasado el mediodía. Su reloj era antiguo y grande como la palma de su mano; era de metal, algo curioso de ver en esos tiempos. El niño se dirigió a las escaleras de ese último piso, deseaba seguir subiendo. Volvió a mirar su reloj y decidido miró hacia arriba tomando el pasamano de la escalera y empezó a subir aquella escalera de cemento y hierro. Llegó a la puerta que salía a la terraza y haciendo reverencia se persigno. En el movimiento se pudo observar a si mismo los cortes en sus muñecas. Empujó con su hombro la pesada y fría puerta y decidido a salir giró el picaporte. Al empujar le costó bastante, esa fría puerta metálica era enorme y vencer la fuerza del viento no le fue nada fácil. Pero éste logró abrirla y llegar a la terraza del edificio. Aquel niño recibió una ola de viento que escalofrió su cara. Ésta se abría empujando hacia afuera El niño iba muy abrigado. Caminaba en contra de la fuerza del viento que amenazaba con tirarlo. Y haciendo fuerza por mantenerse de pie, volvió a mirar el reloj y se sentó en el piso de aquella terraza. Sacó de su mochila un pequeño estuche. Era muy pequeño y muy liviano. Sacó de este una mini-computadora portátil. La colocó suavemente sobre el piso, 11 1-a
  • 4. cuidando de no ponerla contra el viento que empujaba. Eligió ponerla al lado de la cornisa donde había un borde para cubrir a la pequeña portátil de esta fuerza que soplaba sin compasión. El niño miró hacia arriba. Empezaba a nevar fuertemente. Delicadamente, abrió la pequeña computadora. Se sacó los guantes y se conectó a Internet. En su página de inicio tenía la red social más popular del mundo. Ya todos sus amigos estaban conectados. Entró a la sala de Chat universal, donde todos hablaban con todos sus contactos en común: “¡Ya estoy Listo!” – colocó y envió a la red. Y antes de que empezaran a contestarle, sacó su celular y lo configuró para que su cámara sirviera de cámara Web inalámbrica y así, todos lo pudieran ver. Uno a uno se fue sumando al mensaje lanzado por aquel niño. Las respuestas de todos coincidían en: “¡Yo también Martín!” dirigiéndose a su líder Martín Esturreo. Tres mil veintidós jóvenes contestaron el mensaje en apenas sesenta segundos. La misma cantidad de cámaras Web inalámbricas se conectaban en la red en todo el mundo. Todos se veían con todos y todos estaban en lugares estratégicamente pensados que mostraban a los demás. Comenzó un conteo faltando cuarenta segundos para las mil trescientas horas. Una leyenda decía que si un sólo joven lograba hacer que más de tres mil jóvenes lo siguieran, y éste los llevara a las terrazas más altas de los edificios del mundo, el día trece, del mes trece, a la hora trece, y los encaminara a lograr la hazaña mundial, el mundo se salvaría de la destrucción total y las catástrofes mundiales cesarían Se podían ver los tres mil veintidós con Martín controlando la hora en el reloj que el neoyorquino había puesto en la red social para que nadie se atrasara o adelantara un segundo. En el reloj del joven Esturreo, heredado de generaciones por sus ancestros, tenía un pequeño reloj del tiempo terrenal diario, la fecha decía 13/13 y estaban esperando la hora trece. “El mundo está en peligro y es nuestro deber evitar su destrucción total”, lanzó Martín el mensaje a la red a la que estaban conectados sus seguidores. Faltaban sólo veinte segundos para la hora trece y lo lograron leer los tres mil veintidós niños – 1-b
  • 5. Todos miraban el reloj esperando las mil trescientas, todos saltarían a la vez, dejando sus computadoras portátiles funcionando para filmarse con sus celulares mientras caían. Tres mil veintidós niños y jóvenes cantarían en coro en su salto. Porque así lo había pedido su líder. “¡Es hora canten!” dijo Martín y en los parlantes de todo el mundo se empezó a escuchar la canción más sensacional y rara del mundo. Sada, Sada, Poderoso Rey Ven a detener la destrucción, Detén el reloj del tiempo. Borra el delito y todo su mal, Bórralo para que el mundo pueda recomenzar. Sada, Sada Detén la destrucción mundial. Cúbreme con tus alas Y cubre a los que me aman y amaran. Sada, Sada, Quítale el poder al Abdón, Quítale el poder al reino de perdición Que no reine más la guerra, Sada, Sada, Sada Habítanos con tu esencia, Habítanos con tu paz, Habítanos y trae la paz. Tráela Hacia acá. 1-c
  • 6. Cantaban todos los niños y jóvenes como despidiéndose del mundo al ir cayendo al vació. Empezaron a caer en todo el mundo los jóvenes que habían decidido entregarse en esta hazaña mundial. Desde Nueva York hasta Buenos Aires pasando por México y Brasil, se escuchaban los gritos entremezclados con la canción de los niños al ir cayendo de tan altas alturas, de Nueva York a Japón pasando por toda Europa, por España y la legendaria Iglesia de León, por la torre inclinada de pizza de Italia, llegando a Rusia y volviendo a Inglaterra caían más de tres mil apasionados por la salvación y en contra de la destrucción mundial. A todo el mundo había llegado el mensaje del líder de Nueva York, todos sus seguidores lo siguieron con pasión creyéndole su verdad se habían lanzado al vacío. Ese día caían con su celular tres mil veintidós jóvenes vírgenes en el mundo. La muerte los esperaba en su guarida al tocar es suelo con sus cuerpos. Un silencio profundo se adueñó de esa red social. - Martín… – escucha que lo llaman mientras va cayendo – ¿Qué creías? ¿Que por entregarte como suicida y matar más de tres mil almas en el mundo se salvaría alguien? ¿En qué estabas pensando? ¿Quién te ha inspirado esto? - - ¿Quién habla? – contestó Martín encandilado y envuelto en nubes blancas que no lo dejaban ver nada, mientras sentía estar cayendo porque el aire frío que le quemaba la cara – ¿Ya estoy muerto? – preguntó cuándo dejo de sentir el aire en la cara y comenzó a sentirse liviano – - ¡Aún no! – Dijo aquella voz – Tu ignorancia de alguna manera los ha salvado. Ve y muestra lo que hoy puedes ver – ordenó firmemente esa voz que hablaba como teniendo la certeza de que no iban a morir ese día – - ¡Es que no veo nada! – dijo Martín – 1-d
  • 7. - Y eso verás si no crees primero y sigues matando las almas de los que te envío – contestó aquella voz retándolo ferozmente – - ¿Qué debo hacer? – preguntó Martín entrecortando la voz asustado por el tono que le había hablado aquel sujeto que no podía ver – - Arrepiéntete, porque una vida vacía no tiene sentido, y una vida no vivida va directo al infierno, vive tu vida… usa tus talentos y sigue la estrella que te mandé. – dijo la voz enérgicamente. Las nubes blancas desaparecieron y quedó en absoluta oscuridad – “gloria de Sada es ocultar un asunto; pero honra del rey es escudriñarlo.”– dijo en forma de eco esta voz ya dejando en plena oscuridad a Martín – Minutos después los niños empezaron a despertar en distintos lugares, todos adormecidos y acalambrados. Desde Mongolia hasta Argentina, pasando por toda Europa y por toda América Latina. Hasta en Canadá, se había sentido la tierra temblar. De alguna manera, el resultado de niños y jóvenes muertos de esta caída, era cero. Nadie había muerto. Todos los niños confusos no lo podían creer. El sacrificio había quedado en la nada, había Sido interrumpido de manera inexplicable. Fueron rescatados de alguna manera que ellos no lograban entender. Algunos habían sentido que entraban en un tubo de viento, otros no habían sentido nada. El niño líder (Martín Esturreo) despertó bajo el columpio donde conquistó su sueño de volar. La hamaca se movía y al despertar una suave brisa acariciaba su cuerpo. “¡Vamos! ¡Despierta! ¡No puedes morir! Es tiempo de conquistar lo que te arrebataron”- escuchó Martín como si fuera la voz de su padre – Martín abrió los ojos, estaba boca arriba abrazando su mochila. Sentía dolor por todo el cuerpo como de dormir en el suelo. Su vista que estaba llena de lagañas empezó aclararse. Miró al cielo y estaba amaneciendo. Había pasado todo un día, eran cerca de las siete de la mañana del día sábado. Se paró, se puso la mochila en la espalda y empezó a caminar hacia su casa; Martín no entendía nada. En el camino meditaba sin poder creer estar vivo después de meses de planear el sacrificio. Tanto juntar gente y al final nada había sucedido. Era como si durante dos años hubiera planeado esto sólo para despertar como de un mal sueño. 1-e
  • 8. Pensando Martín cree acordarse de porqué está en ese lugar. - ¿Estaré en el cielo? ¿Qué me arrebataron? – se pregunta acordándose de lo que había escuchado antes de despertar – - ¡Nada aun! – le contesta una voz interior – “Nadie que este matándose piense que mira al cielo” – Escucha Martín – Si alguno destruye el templo de Sada, Sada lo destruirá a él; porque el templo de Sada, el cual es tu cuerpo, santo es. – escuchó Martín y se atemorizó y empezó a mirar a su alrededor creyéndose perdido. – - ¿Quién habla? – Exclama asustado al sentir una voz y no haber nadie a su alrededor – - No recuerdas nada… – vuelve la voz a hacerse escuchar y Martín girando como loco en medio de la plaza tratando de ver al dueño de esta voz – - ¿Quién eres? ¿Dónde estás? – pregunta Martín furioso y atemorizado a esa extraña voz – - Las personas no ven lo que piensas, solo pueden ver tus actos – dijo aquella voz – ¡y yo sé que eres mucho más que ese niño enlutado de negro, que ven hoy en ti! – - ¿Qué quieres de mí? – preguntó Martín y recordó la frase que había escuchado “Si alguno destruye el templo de Sada, Sada lo destruirá a él…” y analizó en su mente – Me lancé del edificio más alto un día 13 a las 13; puse en esta hazaña mundial todas mis fuerzas… – se detuvo un momento y pensativo, miraba hacia la nada mientras trataba de entender lo que había pasado – 1-f
  • 9. - ¡No estás muerto porque estarías en el Sol! – escuchó a la voz retarlo ferozmente y Martín empezó a comprender lo que significaba esa frase de ser destruido, si él destruía su mismo cuerpo. – ¡te voy a dar otra oportunidad! ¡Y estás vivo! – Martín escuchó y prestó mucha atención a lo que esta voz le decía – mientras te lanzaste me invocabas, fue justo a tiempo porque tengo mucho en este mundo para ti – dijo aquella voz – - ¡En tus manos está mi voluntad! – dijo teniendo miedo Martín Esturreo – Un silencio hermético se hizo dueño de la ciudad. Martín empezó a caminar y leyó la portada del Times en un kiosco de revistas “Meteorólogos de distintas partes del mundo aseguran haber visto movimientos extraños en las estrellas, jamás antes vistos por un ser humano, creen que se trata de una reacción de los gases producidos por la tierra en descomposición. Los marxistas reciclados llaman a la reflexión. El Papa asegura que fue un movimiento de Ángeles en defensa de los bloques de hielo de la Antártida. Casos así no tienen registro alguno para la humanidad. Expertos dicen que estos extraños movimientos son advertencias de que el final está llegando. Lo innegable es que anoche la tierra entera se estremeció. “Como que la venida se nos aproxima” dijo un estudioso del Vaticano muy preocupado. Hoy fanáticos religiosos salieron a las calles a repartir volantes. Algunos dicen que esto es solo un acomodamiento brusco de placas…” Martín no lo podía creer – “En verdad esto ha pasado” – dijo mientras leía el titular – - ¡No creas todo lo que lees hijo! ¡Porque a veces te puede perturbar mente y hasta matar el alma! – le contestó un hombre que leía el titular con él. – - ¡Ya es hora! – aseguró Martín y abrió su mochila, la computadora ahí estaba. La sacó y se puso a escribir desde donde estaba hacia el mundo entero, a tratar de contactarse con sus seguidores de la mal llamada “hazaña mundial”. Pido perdón a los que me siguieron en esta cruel y triste muerte sin sentido. 1-g
  • 10. He podido darme cuenta que esta locura suicida, casi mata los sueños de muchos. No me juzguen por mi ignorancia, no me juzguen por ser influenciado por leyendas urbanas, no me juzguen porque no lo podría justificar. Pido que este día sea tomado como el nuevo nacimiento de los que seguimos vivos. Espero que seamos los tres mil veintidós. P/D. El mundo está plagado de grandes héroes. Los héroes tienen algo en común, nadie los entiende. Los héroes salen de los agujeros más tenebrosos y escondidos. Y salen de adentro de nosotros mismos. No hay héroe que antes de ser descubierto como tal, no haya sido burlado, ignorado o señalado como un nada. “La Nada es el trampolín para las Grandes y Buenas Hazañas” Terminó de escribir Martín, presionó “Entre” y su mensaje se esparció por toda la red social más de medio millar de personas leyó su mensaje, incluidos todos sus seguidores. Un relámpago azotó la ciudad y la luz de carteles luminosos se apagó. Los generadores de la ciudad volvieron a funcionar de inmediato y la luz volvió. Martín se asustó por el relámpago en medio de tanto sol, las pocas nubes que había en el cielo no justificaba su aparición. Volvió a mirar la computadora que tenía en su falda y decía: “Has recibido un millón setecientos mil cuarenta y dos mensajes nuevos (1.700.042 mensajes nuevos)”, Martín no lo podía creer, no habían pasado más de tres minutos de presionar “entre” y las respuestas llovieron a él de todos lados del mundo. Hasta gente que no conocía respondió como si estuviera en su misma situación. No podía leer todos a la vez pero sintió intriga por uno que tenía en asunto: “y si nacieras de nuevo” abrió y era un pequeño poema que Martín se atrevió a leer en voz alta. El poema se titulaba: “Los escogidos se atreven” Y si naciera de nuevo, 1-h
  • 11. Si tuviera esa oportunidad, Yo te pediría que en mi nuevo nacimiento ahí puedas estar; Que me abraces con ternura Y con aliento de vida volvieras a soplar mi nariz, Así me enteraría de las maravillas Que tienes preparadas para mí. Y si naciera de nuevo, Si tuviera esa oportunidad, Yo te pediría que llenes este vacío con tu infinita paz; Que no te vayas nunca, Que perdones si un día te ofendí, Porque hoy siendo maduro entiendo Que siempre estuviste para mí. Hoy quiero nacer de nuevo Hoy quiero nacer de nuevo… pero en ti Déjame abrazarme a tu cintura para jamás dejarte ir Porque hoy mis ojos están abiertos y te invito a vivir en mí, Habita este desierto y saca toda enfermedad, Que hoy he nacido de nuevo y en ti voy a confiar Porque tú eres el Rey eterno, Príncipe de Libertad. Más abajo decía: 1-i
  • 12. Un escogido es alguien que después de muchas peleas y catástrofes sigue vivo. Encuentra tu designio y protégelo con tu vida. Sin apartarte del buen camino. Porque para eso has nacido. Habiendo sido predestinado conforme al designio del que hace todas las cosas… Firma: Una Escogida. Terminó de leer el mensaje y pudo sentir en su nariz un viento que él logró aspirar. Martín respondió de inmediato ese e-mail. Era una persona desconocida que le había dicho mucho y le había hecho sentir algo que nunca sintió. Volvió a leer el poema y una brisa suave soplaba sobre su rostro, sentía que se llenaba de una inconfundible paz. No te conozco pero pareciera como si me conocieras. Quizás tenemos mucho de qué hablar. De alguna manera tu mensaje me llenó. Todos los días no escogí la vida. Sé que los suicidas no se atreven a vivir, pero los escogidos se atreven. Y a eso me atreveré de ahora en más. Habiendo sido predestinado conforme al designio del que hace todas las cosas… Firma: Martín Esturreo. Un nuevo Escogido. Sin conocer y sin saber quién era esta persona, ya había inspirado un cambio en él. Algo había entrado en su espíritu y ya nada sería igual. Martín cerró su computadora, la coloco en su mochila sin mirar como la colocaba y apurado se dirigió a su casa. Iban a ser las nueve de la mañana y él todavía no aparecía. Deseaba ver a sus padres y contarles lo sucedido sin pensar en su reacción. Valía la pena hablar sobre estas cosas que pasan solo una vez y cambian todo el rumbo de la propia vida y la forma de verla. Llegó a su casa y con sus llaves abrió la puerta de entrada. Entró como siempre pero en su cara se veía un brillo, una sonrisa sincera. Su madre estaba entre un montículo de ropa, estaba por ponerse a planchar. Su padre venia del patio lleno de tierra y con las rodillas de su pantalón verdes de estar arrodillado en el pasto arreglando el jardín. Sus padres miraron a Martín y vieron algo cambiado en él, pero se quedaron callados, tratando de no arruinar el momento. Normalmente, cuando Martín 1-j
  • 13. se veía descubierto, él se quejaba o daba gritos explosivos para que no le preguntaran nada. En esta oportunidad, solo pasaros unos segundos eternos para la familia y Martín agachó la cabeza y murmuró algo que nadie entendió. Los padres vieron este cambio y se preocuparon, pero les gusto. El Pequeño Esturreo pasó directo a su cuarto con la cabeza gacha. Admirado el padre se miró con su esposa. - ¡Deberíamos dejar que él nos cuente solo! – dijo la madre tiernamente – - ¡No sé! – Dijo el padre en secreto con su esposa – eso fue raro ¿Tú crees que nos contará? – la cara de incertidumbre de los padres mirándose lo decía todo – - Algo me dice que hoy volverá a ser ese niño que todos extrañamos. – afirmó el padre de Martín en voz alta – Pasaron tres horas y el pequeño Esturreo no salía. A las doce del mediodía salió de su cuarto y se dirigió a su padre. - Papi: ¿te has sentido engañado por algo que hiciste durante mucho tiempo para darte cuenta de que al final son puros cuentos y mentiras? – dijo seriamente Martín – - ¿En qué dejaste de creer? – pregunto Eugenio, su padre – - Hoy mi vida cambió papá… – dijo sin titubearlo – Hoy soy otra persona… otro Martín ha nacido – - ¡Qué bueno hijo! – dijo Eugenio mostrándose distante mientras seguía con sus plantas en el jardín. Martín se quedó en silencio ahí y el padre levantó la vista para mirarlo. – ¡Estás hablando en serio! – Dijo convencido cuando vio que sus ojos brillaban – ¡no sabes lo feliz que me hace! – exclamó y soltó lo que hacía para abrazarlo. – 1-k
  • 14. - ¡Voy a decírselo a mamá! – dijo sonriente después de ese abrazo y fue donde estaba su madre planchando. – - Mami, esta ropa no la planches más. – dijo refiriéndose a su ropa – - ¿Qué? ¿Te la vas a poner arrugada? – Preguntó Liza Bella, su madre, desconfiando de su rebeldía – - El negro es tan egoísta Mami. Absorbe todos los otros colores y no refleja ninguno. Ya no quiero ser así… – dijo seriamente el pequeño Martín y torció la lógica que su madre creía que tenía su hijo. - - ¿¡Qué!? – exclamó Liza Bella entre confundida escondiendo una gran sonrisa – - Las personas eligen los colores por intuición y cada uno es lo que viste, no necesito un manto negro para ocultarme, necesito mostrarme como soy y yo no soy un vampiro. – dijo riéndose. Decía lo que su corazón le dictaba y sonreía – fíjate mamá – dijo y le señalo una remera planchada – lazos, cárceles, cadenas. Es como vivir encerrado. Y mira esta carabera, la muerte en mis espaldas… ya no me la pondré más. – explicaba a su madre que escuchaba sorprendida, verdaderamente sorprendida. No era el mismo Martín. Se lo habían cambiado. - - ¿Ya no te pondrás más estas remeras sangrientas y con leyendas raras? – preguntó su madre tratando de aclarar su mente – - No mama, ya no me las pondré más. – contesto muy seguro él – - ¡Tendré que comprarte ropa de colores entonces! – dijo entre sarcástica y queriendo creer el cambio absoluto de su hijo. Para ella, si esto era cierto, Martín había vuelto a la vida. Liza Bella odiaba esas remeras desde el día que se compró la primera, y su ropero estaba lleno de ellas. 1-l
  • 15. Liza Bella invito a Martín a revisar su ropero. Se dirigieron ambos a su cuarto. Liza Bella tomó toda la ropa, pantalones, remeras, y Martín miraba con nostalgia su colección de discos compactos, carteles y gigantografías que tenía repartida por todo el cuarto, una a una las fue despegando de la pared dejando una mancha blanca bajo de ellas y descascarando aquellas paredes por las cintas usadas para forrar aquel cuarto con imágenes de seres de la oscuridad. Lo fue doblando todo con mucha paciencia y convencido de lo que estaba haciendo, la furia contra aquello que antes sin saber adoraba a ciegas se mezclaba con un sentimiento leve de nostalgia. Las paredes quedaron blancas con manchas de cinta descascarada por el adhesivo usado cuando las quiso pegar. Estando el cuarto limpio por completo, miró desde la puerta, la luz que entraba por la ventana. Ahora ésta se podía reflejar en las dañadas pero blancas paredes de su cuarto. Se le escapo una sonrisa pacificadora para él mismo, dio medio paso y agarrando la nueva basura para tirar, se dirigió al closet del cuarto donde su madre recolectaba remeras y pantalones llenos de calaveras. Martín empezó a seleccionar con ella uno por uno los atavíos, que a su entender, ya no combinarían más con el nuevo Martín Esturreo. Martín no quería ser más confundido con un vampiro o con una sombra de la noche. Llevó todo en bolsas de residuo negras al patio de su casa. Tres bolsas de un tamaño importante que colocó frente al horno asador. Su padre y su madre lo miraban muy confundidos. Su madre creyó que solo la sacaría afuera pero esta nueva actitud de Martín los sorprendía a medida que Martín avanzaba en sus acciones. A los padres les preocupaba y también les daba alegría. Pero no sabían si había descubierto tras estos misteriosos objetos, de los que hoy quería deshacerse, algún poder oscuro o misterioso. O si era otro tipo de rebeldía, de todas maneras les iba a gustar más. Martín se encontró solo frente al horno. Sentía una voz convencida diciéndole que había llegado la hora de ser libre y de saber quién era él en realidad. Y otra voz se trataba de imponer trayéndole recuerdos a su mente. Martín sentía una verdadera batalla en su mente y gritó – “¡Cállate!” – De inmediato se vio vestido de negro con cadenas y sangre como figuras con una leyenda que decía: “Rey Tedeum vil”. La traía puesta desde aquella noche, se la saco de inmediato y la dejó caer sobre el pasto, y luego se sacó los pantalones. Quedó en calzoncillos largos blancos y 1-m
  • 16. camiseta blanca que le servían de abrigo. Hizo un paso hacia atrás y leyó sobre el piso en aquella remera que al parecer no decía nada: “Rey muerte leve”, la letra e de leve estaba simulada por un símbolo extraño. La única palabra escrita del derecho era Rey, las otras dos estaban invertidas, intercambiando idiomas para disimular. Pero aquella frase, “Rey muerte vive”, llevaba consigo el poder de los demonios de la muerte. Al ver esto, más se convenció y llenó de inmediato el horno donde horneaban pan con toda esa ropa, que había usado antes. Luego tiro ahí dentro todos los discos compactos que tenían el mismo espíritu de muerte y perversidad, todo aquello que representaba un lazo siniestro lo tiró adentro de aquel horno. Martín con sus catorce años hasta había probado drogas, acercándose a estos grupos que coqueteaban con la delincuencia y el mal. Estaba a punto de entender el poder que tenían sobre él estas cosas y frases “al parecer” sin sentido. Martín esparció con un pomo alcohol dentro del horno. Con su encendedor de bolsillo en la mano miraba con odio dentro de ese horno, parecía que veía la misma perdición. Lo encendió con la mano derecha y al ver su encendedor negro lleno de calaveras blancas dibujadas, decidió deshacerse del también. Avía sentido hormigas salir de este y caminar por su mano tratando de asustarlo. Miró dentro del horno y lo tiró encendido. Lo que antes le pertenecía a él, o él le pertenecía a esos objetos, empezaba a quemarse. Lo que antes le daba “placer” usar se prendía fuego en el horno. Martín empezaba a sentir los efectos de su decisión. Todo empezó a arder y el encendedor explotó. Martín mirando cómo se quemaba su pasado, se sacó las zapatillas que estaban adornadas de la misma manera que el encendedor y las tiró. Se quedó descalzo con sus medias blancas y nada de símbolos encima. Martín cerraba la tapa y escucho “no me abandones” una voz suplicarle. Martín cerro la tapa y se empezaron a escuchar gritos y quejidos, junto con toses que se ahogaban por el humo. Siendo quemados por el fuego golpeaban la tapas lográndola mover pero no abrir. Martín hacia oído sordo. Pero esto no lo sorprendió, su mente estaba preparada para saber esta realidad infernal. Se empezó a escuchar una melodía del inframundo, la misma que tenía la placa de su artista preferido. Esa música a Martín le taladraba los oídos pero decidió ponerse a cantar una canción alegre para no escuchar esta que salía del horno. Martín estaba preparado para ver, sentir y saber de estos poderes ocultos al hombre racional y terrenalmente aferrado. En un momento sintió como si a ese momento ya lo hubiera vivido; miró hacia arriba y sonrió de alegría por la libertad recibida. 1-n
  • 17. Martín miró hacia atrás como si nada pasara y vio a su padre afirmado en la puerta abrazando a su madre. Ambos lo miraban sonrientes. No podían escuchar los gritos que cada vez eran más fuertes y desesperados, seguían golpeando la tapa del horno pero era inútil; la esperanza que se había encendido en Martín ya no se podía apagar. - Sada me liberó de enemigos más fuertes que yo, me sostuvo porque se agradó de mí. Hizo en mí su voluntad y yo sigo vivo gracias a él, bestias oscuras, huyan ya porque Sada está en mí. – dijo eso y abrió la puerta del horno de barro y nubes negras salían de entre el humo del fuego. Algunas se dirigían hacia el piso y se perdían chocando contra el césped, otras deambulaban a altas velocidades como asustadas por la luz que había en Martín; otras salían y volvían a entrar. Cuando la tercera que hizo esto, Martín se llenó de ira y abriéndose las nubes del cielo e iluminando directo en su pecho, bajó un rayo de Sada. Se armaron dos bolas de fuego una en cada palma de sus manos, y gritó con voz de ira – ¡Por el poder de Sada les ordenó que dejen todo lugar donde antes les deje estar!– grito ferozmente Martín – Los puedo ver no se pueden esconder más. ¡Se van! – y de inmediato el fuego se apagó y nubes en forma de reptiles negros con ojos rojos y orejas puntiagudas salieron de ahí como si una bomba de luz las hubiese espantado. Algunas caminaban como lagartijas apuradas y desaparecían al chocar con el suelo y otras volaban y frente a la luz que Martín reflejaba se desintegraban. Martín se hizo para atrás sin dejar de mirar ese horno lleno de reptiles y de seres oscuros que salían a través de la puerta abierta. Parecía que había descubierto un hormiguero de hormigas coloradas que salían atacar a quien había perturbado su cueva, pero ninguno pudo llegar a Martín y los que se atrevieron a acercarse de inmediato se retiraban de inmediato en estampida o eran desintegrados desapareciendo del lugar. Siendo enviadas al desierto como lo dice la escritura. Caminando hacia atrás, Martín se dirigió a la reposera que su familia tenía en el patio y se sentó en ella sin dejar de mirar ese raro espectáculo sobrenatural. Martín estaba asombrado de cómo los seres oscuros huían sin poder ante este Sada. Nunca creyó en la fantasía pero esto superaba todo dibujo animado. Esto era real. Él ya estaba preparado para ver esto que a los ojos de otro esto sería espantoso. Era como ver a la luz terminar con la oscuridad al encender una vela, con la diferencia de que esta oscuridad, crujía, gritaba y lloraba como si se tratase de una fuerza del terror. El pequeño Esturreo se sentía débil, la liberación en él había sido agotadora pero en sus ojos se podía ver la libertad y el éxito de esta. Sonreía mientras miraba sus manos arder junto con todo el fuego que descendía a él. En aquel hormiguero de perdición que se estaba quemando bajo el poder extraño de un rayo de luz, los gritos no cesaban. Pero Martín se encontraba 1-o
  • 18. en una absoluta paz, imposible de comprender con la batalla que se llevaba a cabo en ese horno de barro. Mirando al cielo y sintiendo todo el rayo blanco recorriendo por su cuerpo, dijo: “Verdaderamente esta es la vida que me podía perder, hoy puedo ser quien soy sin tener que ocultarme bajo la desesperación” termino de decir esto y Martín, en un gran suspiro, se llenó de la promesa del viento. Continuará… 1-p
  • 19. Capítulo 2 – Caras vemos Ay la oyó unas pesadas pisadas a su espalda y cuando se giró para ver de donde procedían… ¡PLAAAFFF! Sobre ella cayó una tromba de agua helada, con tanta fuerza, que -otra vez- volvió a quedarse sentada en el suelo y con cara de tonta. -¡Esto ya se está volviendo una costumbre muy poco divertida! -se lamentó poniéndose de pie más empapada que antes aunque, eso sí, sin pizca de tomate. ¿Quién la habría mojado de semejante manera?, pensaba mientras trataba de escurrir algo del agua que caía de su ropa y su pelo. Y al girarse vio que, frente a ella, se detenían dos patas tan gruesas como troncos, y al levantar la cabeza -muy lentamente-, descubrió que dichas patas estaban unidas a una enorme cabeza. La cabeza, a su vez, iba pegada a dos enormes orejas, dos enormes colmillos y una enorme trompa de la que aún caían unas pocas y brillantes gotas de agua. Al final de la trompa asomaba una espléndida sonrisa de enorme oreja a oreja enorme, y tras ella se encontraba lo que parecía ser un gigantesco elefante de peluche de un brillante color naranja con lunares morados. -Hola -dijo Ayla con algo de preocupación. -Hola -respondió, sonriente, el elefante naranja con lunares morados moviendo alegremente sus orejotas. -Estooo… ¿Has sido tú quien me ha mojado? -preguntó Ayla mientras retorcía su pelo y dejaba caer un par de litros de agua sobre la hierba. 2-27
  • 20. -Sí -respondió el elefante al tiempo que movía la cabeza de arriba abajo-. Me pareció que necesitabas ayuda para quitarte todo ese zumo de encima. ¿Me he equivocado? preguntó dando unos saltitos de preocupación, que hicieron temblar el suelo. -Bueno… no, la verdad es que estaba muy sucia -dijo Ayla estrujando su camisón y dejando caer otro par de litros de agua-. Supongo que tengo que darte las gracias. -De nada -contestó el elefante, y su enorme sonrisa se hizo -aunque parecía imposibleaún más grande. -Bueno, ahora tengo que encontrar el modo de secarme antes de que pille un resfriado dijo Ayla con un gran suspiro, y miró alrededor como si creyera que, colgada de algún árbol, iba a encontrar una toalla. ¿Y por qué no? Después de todo estaba en un lugar en el que el aire hablaba, los caminos eran ríos de zumo de tomate, las cebras vestían uniforme y los elefantes eran de color naranja con lunares morados. -¡También puedo ayudarte con eso! -exclamó, de lo más entusiasmado, el sonriente elefante. Ante la asustada mirada de Ayla, el elefante aspiró una grandísima bocanada de aire, que transformó sus mejillas en un par dos globos de color naranja y, a continuación, lo soltó todo de golpe sobre ella. Ayla voló, arrastrada por el aire recién salido de los pulmones del elefante, y acabó sentada -una vez más- en el suelo varios metros más allá. Eso sí, ya no le quedaba ni gota de agua en su ropa ni en su pelo. El amable elefante trotó alegremente hasta donde estaba Ayla, con aquella permanente sonrisa suya y le preguntó si necesitaba alguna otra cosa: 2-28
  • 21. -No, no -se apresuró a decir Ayla-, no, gracias, de verdad, estoy muy bien así, en serio, no es necesario que me ayudes más. Solo necesito saber si voy en la dirección correcta para llegar a las Montañas de las Pesadillas. El elefante abrió mucho los ojos y, por primera vez, se quedó sin sonrisa. Durante un par de minutos la miró en completo silencio y luego, repentinamente, giró sobre sus patas y corrió a esconderse tras un álamo cercano, encogiéndose todo lo que pudo -que no era mucho- y poniendo las dos patas delanteras sobre sus ojos -lo que no resulta nada fácil cuando eres un elefante-. Temblaba tantísimo que el árbol se agitaba como si lo sacudiera un vendaval, y Ayla tuvo que hacer un gran esfuerzo para no reírse ante el cómico aspecto que ofrecía el pobre elefante al intentar ocultar aquel enorme corpachón tras un árbol tan pequeño. El elefante se destapó un solo ojo y, con un susurro tembloroso, como si temiera que las temibles montañas lo oyeran, contestó: -Solo tienes que seguir ese camino -y señaló con la trompa hacia un sendero pedregosoy te llevará directamente a las montañas esas. En cuanto hubo dicho esto el elefante salió de su escondite y corrió en dirección opuesta a la que había indicado, sin sonreír, ni despedirse, ni nada. Ayla lo siguió con la mirada hasta que se perdió de vista, y luego se giró hacia las oscuras montañas. Le habría encantado hacer lo mismo que el elefante y volver a casa pero no podía hacerlo: si quería librarse de aquellos horribles sueños tenía que seguir adelante. Así que, asustada pero decidida, se puso nuevamente en marcha. 2-29
  • 22. Capítulo 3 ¿SUPERHEROE? ¿SUPERHEROINA? Cierto día en una pequeña escuela la maestra les dejo a sus estudiantes una tarea para la casa; esta consistía en escribir sobre su superhéroe o heroína favorita. A la mañana siguiente, la profe empezó a preguntarles a sus alumnos sobre la composición que les había dejado: -Juan narró que admiraba a Superman, porque poseía mucha fuerza y porque además podía volar, Andrea hablo de la mujer maravilla y de su avión invisible. -Carlitos dijo que su superhéroe preferido era BEN10, porque se podía convertir en muchos alienígenas, los estudiantes contaron uno a uno de sus heroínas y superhéroes. Pero ninguna historia sorprendió a la docente, pues todos hacían referencia a seres ficticios, producto de la imaginación y sacados de los muñequitos de la televisión. La clase transcurría en la monotonía del día a día, hasta que de pronto se acordó y volteó a ver al niño más humilde y le pidió que leyera su composición. Fernando empezó su historia hablando que su heroína favorita estaba dotada de muchos poderes o virtudes; que tenía La nobleza del Chapulín Colorado, La valentía de la mujer Maravilla, que era rápida como Flash, amorosa y tierna como una bella rosa, sabia como el rey Salomón y que la cualidad o el poder que más destacaba de ella era que podía hacer surgir de la nada y con pocos recursos, como hacen los magos, un delicioso desayuno; y que siempre les inculcaba el poder más importante, el de la oración; porque al terminar de comer se arrodillaba y le daba gracias al creador por todo lo que les daba, también les hablaba de cuán importante es la gratitud. Y el muchacho concluyo su narración diciendo: - A esa gran Mujer que me dio la vida y que daría todo por mí, a mi madrecita santa, a ella admiro con todo mi corazón, porque por siempre será mi gran Heroína. 3-XI
  • 23. Capítulo 4 CORAZONES NO SABEMOS Ay la se quedó muy sorprendida y muy quieta durante un minuto, y callada durante otro, meditando sobre lo que acababa de oír. El aire no debería hablar, ¿verdad? Se suponía que el aire no hacía esas cosas, ¿verdad? El aire te despeinaba, te refrescaba, entraba y salía de tus pulmones, hacía volar las cometas y girar los molinillos de viento, pero nunca pronunciaba una palabra, ¿verdad? Bueno, pensó encogiéndose de hombros, tendría que preocuparse por eso más tarde, ahora tenía cosas más importantes en las que pensar como: -¿Qué hago aquí? -Bueno, vienes aquí cada noche. Aquí es donde nacen tus sueños… y tus pesadillas, pero esta noche es diferente. -¿Por qué es diferente? -Porque esta noche vas a aprender a defenderte de las pesadillas -respondió el Aire. -¿Defenderme de las pesadillas? ¿Y no sería mejor no tenerlas? -Por supuesto que sería mejor, pero eso es imposible. Nadie puede librarse de ellas, sólo puedes aprender a vencerlas. -¿Cómo? -Enfrentándote a ellas.
  • 24. -Entonces…-dijo Ayla tragando saliva- ¿Esto es una pesadilla? -Todavía no, pero en algún momento se convertirá en una. -¿Y no podría volver a casa ahora mismo… por favor? -Podrías, nada te lo impide, pero piénsalo bien porque si regresas vas a seguir pasando miedo por culpa de las pesadillas-respondió el Aire haciendo revolotear unas hojas. Ayla se sentó a meditar sobre lo que el Aire le acababa de decir. Quedarse no le hacía ninguna gracia, pero era cierto que, si se marchaba, no se iba a librar nunca de los malos sueños. Enfrentarse a las pesadillas le daba muchísimo miedo, pero seguir sintiendo miedo todas las noches no era muy agradable. Meditó sobre todo esto un largo, largo, larguísimo rato, tan largo que la hierba del prado creció hasta casi cubrirla. Tanto, que una pareja de pájaros rarísimos -cabeza de ratoncito, patas de pato- anidó en su cabeza. Tanto tiempo, que el musgo había comenzado a trepar por sus piernas. Todo ese tiempo -y un poco más- le llevó a Ayla decidir que no podía volver a casa sin intentar librarse de las pesadillas. Pensado, dicho y hecho, se levantó y dijo al Aire: -Está bien, me quedo. ¿Qué debo hacer? -Tendrás que ir a las Montañas de las Pesadillas -dijo el Aire. -¿Y hacia dónde quedan esas montañas?
  • 25. El Aire levantó unas semillas de dientes de león, formó una flecha con ellas y señaló hacia unas oscuras montañas que se veían en el lejano horizonte. Ayla sintió unos tremendos escalofríos al mirarlas y preguntó: -Y cuando llegue, ¿qué hago? -Eso ya se verá -respondió el Aire, que deshizo la flecha y se marchó. Ya no pintaba nada en aquel prado, así que apartó a la oveja -que ahora, además de olfatearla, le daba unos tremendos lametones- y se puso en marcha. Caminó durante mucho rato pensando en esto, en lo otro y en lo de más allá, que son temas, como todo el mundo sabe, la mar de interesantes y que dan para mucho pensar. Y mientras caminaba y pensaba, se asombraba al descubrir las cosas curiosas que había en ese extraño mundo, como la hierba que, en lugar de quedarse quieta mientras era aplastada -que es lo que haría cualquier hierba normal en cualquier mundo normal- se apartaba a su paso para no ser pisada, o unos caracoles cuyas conchas tenían forma de minúsculas casitas con diminutas ventanitas llenas de florecitas -cursicaracoles se llamaban, no sé por qué-, o unos caballitos de mar con preciosas alas de libélula… O el camino de color rojo con el que se encontró, así, de repente, como salido de la nada.
  • 26. Bibliografía WEB. (LUNES de NOVIMBRE de 2013). http://www.encuentos.com/cuentos-fantasticos/el-reinode-los-ninos-el-poder-secreto-capitulo-i/. Recuperado el 25 de 11 de 2013, de http://www.encuentos.com/cuentos-fantasticos/el-reino-de-los-ninos-el-poder-secretocapitulo-i/: http://www.encuentos.com/cuentos-fantasticos/el-reino-de-los-ninos-elpoder-secreto-capitulo-i/ WEB, S. (25 de 11 de 2013). http://www.encuentos.com/cuentos-en-capitulos/nada-es-lo-queparece-capitulo-ii/. Recuperado el LUNES de 11 de 2013, de http://www.encuentos.com/cuentos-en-capitulos/nada-es-lo-que-parece-capitulo-ii/: http://www.encuentos.com/cuentos-en-capitulos/nada-es-lo-que-parece-capitulo-ii/ Bibliografía WEB. (LUNES de NOVIMBRE de 2013). http://www.encuentos.com/cuentos-fantasticos/el-reinode-los-ninos-el-poder-secreto-capitulo-i/. Recuperado el 25 de 11 de 2013, de http://www.encuentos.com/cuentos-fantasticos/el-reino-de-los-ninos-el-poder-secretocapitulo-i/: http://www.encuentos.com/cuentos-fantasticos/el-reino-de-los-ninos-elpoder-secreto-capitulo-i/ Trabajos citados WEB, S. (25 de 11 de 2013). http://www.encuentos.com/cuentos-en-capitulos/nada-es-lo-queparece-capitulo-ii/. Recuperado el LUNES de 11 de 2013, de http://www.encuentos.com/cuentos-en-capitulos/nada-es-lo-que-parece-capitulo-ii/: http://www.encuentos.com/cuentos-en-capitulos/nada-es-lo-que-parece-capitulo-ii/