El Congreso de Viena de 1814-1815 buscó restaurar el equilibrio de poder en Europa luego de las guerras napoleónicas. Las potencias de Austria, Rusia, Prusia y Gran Bretaña redibujaron las fronteras para favorecer sus propios intereses y limitar el expansionismo francés futuro. Esto marcó el inicio de la Restauración monárquica, un periodo caracterizado por el intento de reafirmar el Antiguo Régimen y los principios del absolutismo y privilegio social.