La Revolución Industrial se desarrolló en tres fases principales, comenzando en Inglaterra en la segunda mitad del siglo XVIII. Fue impulsada por transformaciones técnicas como la máquina de vapor, económicas como el uso del capital, y sociales como el surgimiento del proletariado. Permitió la sustitución de la producción artesanal por la manufactura en fábricas, aumentando enormemente la productividad y alterando definitivamente la relación entre el hombre y la naturaleza.