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de Aparecida a
Evangelii Gaudium
2
3
PRESENTACIÓN:
“¡ES HERMOSO SER MISIONEROS!”
Nuestro querido Papa Francisco siguiendo las huellas de
sus predecesores y continuando con su testimonio y magisterio
en la Iglesia de Buenos Aires; hoy, desde la cátedra de Pedro,
nos habla permanentemente de la misión.
“Jesús no es un misionero aislado, no quiere
realizar solo su misión, sino que involucra a sus
discípulos. Jesús no quiere obrar solo, vino a traer
al mundo el amor de Dios y quiere difundirlo con el
estilo de la comunión, con el estilo de la
fraternidad. Por eso forma una comunidad de
discípulos, que es una comunidad misionera. Y los
entrena para la misión, para ir.
Piensen esto, pregúntense: ¿Jesús me llama a
ir, a salir de mí para hacer el bien? Ustedes, ¿son
valientes para esto, tienen la valentía de escuchar
la voz de Jesús? ¡Es hermoso ser misioneros!
Todos deben ser misioneros, todos pueden
sentir la llamada de Jesús e ir hacia delante a
anunciar el Reino.
El Evangelio cuenta que los discípulos regresaron de
su misión llenos de alegría, porque habían
experimentado el poder del Nombre de Cristo
contra el mal. Jesús lo confirma: a estos discípulos
Él les da la fuerza para derrotar al maligno. Pero
agrega: “No se alegren de que los espíritus se les
sometan; alégrense porque sus nombres están
escritos en el cielo” (Lc 10, 20).
No debemos vanagloriarnos como si fuésemos
nosotros los protagonistas: protagonista es uno solo,
¡es el Señor! protagonista es la gracia del Señor. Él
es el único protagonista. Y nuestra alegría es sólo
4
esta: ser sus discípulos, ser sus amigos. Que la
Virgen nos ayude a ser buenos obreros del
Evangelio.” (Ángelus 7/7/2013)
Si recorremos sus mensajes y actitudes en distintas
ocasiones cuando estaba en la Arquidiócesis volveremos a
escuchar que la pauta de una Iglesia misionera es el índice de
“calle” que tiene la Iglesia: si la Iglesia es una iglesia callejera,
recorriendo geriátricos, hospitales, lugares de misión, en las
vacaciones, en el verano, el invierno…afinar la puntería hacia
dónde va la misión, hacia dónde va el anuncio, salir de los
grupos, de las seguridades para encontrarnos con tantos
hermanos nuestros alejados y desconocidos, que buscan la luz,
el consuelo, la verdad, el sentido…que buscan la salvación. Este
salir es la misión.
“La misionariedad no es sólo una cuestión
de territorios geográficos, sino de pueblos, de
culturas e individuos independientes,
precisamente porque los “confines” de la fe no
sólo atraviesan lugares y tradiciones humanas,
sino el corazón de cada hombre y cada mujer…
… En esta situación tan compleja, donde el
horizonte del presente y del futuro parece estar
cubierto por nubes amenazantes, se hace aún más
urgente el llevar con valentía a todas las
realidades, el Evangelio de Cristo, que es anuncio
de esperanza, reconciliación, comunión; anuncio
de la cercanía de Dios, de su misericordia, de su
salvación; anuncio de que el poder del amor de
Dios es capaz de vencer las tinieblas del mal y
conducir hacia el camino del bien.
El hombre de nuestro tiempo necesita una luz
fuerte que ilumine su camino y que sólo el
encuentro con Cristo puede darle.
5
Traigamos a este mundo, a través de nuestro
testimonio, con amor, la esperanza que se nos da
por la fe.
La naturaleza misionera de la Iglesia no es
proselitista, sino testimonio de vida que ilumina
el camino, que trae esperanza y amor.
La Iglesia – lo repito una vez más – no es una
organización asistencial, una empresa, una ONG,
sino que es una comunidad de personas, animadas
por la acción del Espíritu Santo, que han vivido y
viven la maravilla del encuentro con Jesucristo y
desean compartir esta experiencia de profunda
alegría, compartir el mensaje de salvación que el
Señor nos ha dado.
Es el Espíritu Santo quien guía a la Iglesia en
este camino.”
Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de las
Misiones 2013
6
7
INTRODUCCIÓN
EL CORAZÓN DE APARECIDA ES LA MISIÓN
El corazón de Aparecida es la misión, como vocación
absoluta de la Iglesia y de cada bautizado.
En nuestra Arquidiócesis estamos viviendo en Estado de
Misión y todos los que participamos en las comunidades de la
Iglesia de Buenos Aires queremos renovar este compromiso
misionero.
La realidad se presenta a menudo complicada y tal vez
desconcertante, como cristianos queremos vivirla como
hombres y mujeres apasionados por el Reino, impregnando
todas las estructuras de la sociedad de un Amor que hemos
conocido y que es lo mejor que nos pasó en la vida.
Queremos abrir nuestros ojos ante esta ciudad donde
Dios vive y donde Dios necesita ser anunciado, y salir llevado el
anuncio del Evangelio siendo testigos, luz, calor, abrazo y
abrigo allí donde el Espíritu nos envíe.
“La fuerza de este anuncio de vida será
fecunda si lo hacemos con el estilo adecuado, con
las actitudes del Maestro, teniendo siempre a la
Eucaristía como fuente y cumbre de toda actividad
misionera.
Invocamos al Espíritu Santo para poder dar un
testimonio de proximidad que entraña cercanía
afectuosa, escucha, humildad, solidaridad,
compasión, diálogo, reconciliación, compromiso
con la justicia social y capacidad de compartir,
como Jesús lo hizo.
Él sigue convocando, sigue invitando, sigue
ofreciendo incesantemente una vida digna y
plena para todos.
8
Nosotros somos ahora, en América Latina y El
Caribe, sus discípulos y discípulas, llamados a
navegar mar adentro para una pesca abundante.
Se trata de salir de nuestra conciencia aislada
y de lanzarnos, con valentía y confianza
(parresía), a la misión de toda la Iglesia.”
Documento de Aparecida 363
Estas breves reflexiones tienen una estructura simple:
• Introducen los encuentros las citas del
Documento de Aparecida para leer en común,
son una invitación a tomamos un tiempo para
reflexionar y pensar según la espiritualidad de
nuestro grupo un compromiso misionero para ser
vivido en nuestra realidad familiar, laboral,
eclesial, social, en nuestro ámbito.
• A continuación les proponemos meditar con
textos del Evangelio que nos iluminan y desde
los cuales queremos redescubrir juntos el estilo
misionero de Jesús.
• Siguen algunas preguntas que quieren ayudarnos
a mirarnos interiormente, a contemplar nuestra
experiencia de vida, para ser capaces de
compartirla después con nuestros hermanos.
• Cierra el encuentro una oración sencilla.
Que María, la primera misionera de Jesús, portadora de su
Buena Noticia de amor y salvación para todos, acompañe y guíe
nuestras reuniones como Madre buena, discípula atenta y
amorosa maestra de vida:
“Detenemos la mirada en María y reconocemos
en ella una imagen perfecta de la discípula
misionera.
9
Ella nos exhorta a hacer lo que Jesús nos diga1
para que Él pueda derramar su vida en América
Latina y El Caribe.
Junto con ella, queremos estar atentos una vez
más a la escucha del Maestro, y, en torno a ella,
volvemos a recibir con estremecimiento el mandato
misionero de su Hijo: “Vayan y hagan discípulos a
todos los pueblos”2
.
Lo escuchamos como comunidad de discípulos
misioneros, que hemos experimentado el encuentro
vivo con Él y queremos compartir todos los días con
los demás esa alegría incomparable.”
Documento de Aparecida 364
1
(cf. Jn 2, 5)
2
(Mt 28,19)
10
11
FICHA 1
MISIÓN ES: CERCANÍA Y ENCUENTRO
I - Aparecida nos dice: “Dios vive en nuestra ciudad”
“La fe nos enseña que Dios vive en la ciudad, en medio de sus
alegrías, anhelos y esperanzas, como también en sus dolores y
sufrimientos. Las sombras que marcan lo cotidiano de las
ciudades, como por ejemplo, violencia, pobreza,
individualismo y exclusión, no pueden impedirnos que
busquemos y contemplemos al Dios de la vida también en los
ambientes urbanos. Las ciudades son lugares de libertad y
oportunidad. En ellas las personas tienen la posibilidad de
conocer a más personas, interactuar y convivir con ellas. En las
ciudades es posible experimentar vínculos de fraternidad,
solidaridad y universalidad. En ellas el ser humano es llamado
constantemente a caminar siempre más al encuentro del otro,
convivir con el diferente, aceptarlo y ser aceptado por él.
El proyecto de Dios es “la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén”,
que baja del cielo, junto a Dios, “engalanada como una novia
que se adorna para su esposo”, que es “la tienda de campaña
que Dios ha instalado entre los hombres. Acampará con ellos;
ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos. Enjugará
las lágrimas de sus ojos y no habrá ya muerte ni luto, ni llanto,
ni dolor, porque todo lo antiguo ha desaparecido”3
. Este
proyecto en su plenitud es futuro, pero ya está realizándose en
Jesucristo, “el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin”4
, que nos
dice “Yo hago nuevas todas las cosas”5
.
La Iglesia está al servicio de la realización de esta Ciudad
Santa, a través de la proclamación y vivencia de la Palabra, de
la celebración de la Liturgia, de la comunión fraterna y del
3
(Apocalipsis 21, 2-4)
4
(Apocalipsis 21, 6)
5
(Apocalipsis 21, 5)
12
servicio, especialmente, a los más pobres y a los que más
sufren, y así va transformando en Cristo, como fermento del
Reino, la ciudad actual.”
Documento de Aparecida 514-516
• El Papa Francisco nos ayuda a profundizar:
“En Aparecida se dan de manera relevante dos
categorías pastorales que surgen de la misma
originalidad del Evangelio y también pueden servirnos
de pauta para evaluar el modo como vivimos
eclesialmente el discipulado misionero: la cercanía y
el encuentro. Ninguna de las dos es nueva, sino que
conforman la manera cómo se reveló Dios en la
historia.
Es el “Dios cercano” a su pueblo, cercanía que
llega al máximo al encarnarse. Es el Dios que sale al
encuentro de su pueblo. Existen en América Latina y El
Caribe pastorales “lejanas”, pastorales disciplinarias
que privilegian los principios, las conductas, los
procedimientos organizativos… por supuesto sin
cercanía, sin ternura, sin caricia. Se ignora la
“revolución de la ternura” que provocó la encarnación
del Verbo. Hay pastorales planteadas con tal dosis de
distancia que son incapaces de lograr el encuentro:
encuentro con Jesucristo, encuentro con los
hermanos. Este tipo de pastorales a lo más pueden
prometer una dimensión de proselitismo pero nunca
llegan a lograr ni inserción eclesial ni pertenencia
eclesial.
La cercanía crea comunión y pertenencia, da
lugar al encuentro. La cercanía toma forma de
diálogo y crea una cultura del encuentro.”
Papa Francisco,
Encuentro con el Comité de Coordinación del CELAM,
Río de Janeiro 28/07/2013
13
II - La Palabra de Dios nos ilumina: “Vengan y verán”
“Al día siguiente, estaba Juan otra vez allí con
dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba,
dijo: «Este es el Cordero de Dios». Los dos discípulos,
al oírlo hablar así, siguieron a Jesús. El se dio vuelta y,
viendo que lo seguían, les preguntó: «¿Qué quieren?».
Ellos le respondieron: «Rabbí –que traducido significa
Maestro– ¿dónde vives?». «Vengan y lo verán», les dijo.
Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese
día. Era alrededor de las cuatro de la tarde.
Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan
y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón
Pedro. Al primero que encontró fue a su propio
hermano Simón, y le dijo «Hemos encontrado al
Mesías», que traducido significa Cristo.
Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo
miró y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te
llamarás Cefas», que traducido significa Pedro.
Al día siguiente, Jesús resolvió partir hacia
Galilea. Encontró a Felipe y le dijo: «Sígueme».”
Juan 1, 35- 43
Apuntes para ayudar en la reflexión:
En este evangelio de San Juan podemos contemplar la
figura del Bautista que no busca protagonismo, y que señalando
a Jesús les dice a sus discípulos: “Miren, ese es el Cordero de
Dios”. Centra toda su atención y la de los dos discípulos en Él,
sin preocuparle la posibilidad de quedar solo.
Jesús se da cuenta que lo siguen, se da vuelta y les
pregunta: “¿Qué están buscando?”
Para decidirnos por un seguimiento a Jesús es necesario
ponernos en camino como buscadores de Aquel que desde
siempre nos está esperando.
La respuesta es sencilla: “¿Maestro, dónde vives?”. Es
otra manera de decir: “Queremos estar con vos, invitanos”; y
14
en realidad eso fue lo que hizo Jesús cuando les dijo: “Vengan y
vean”. Juan nos dice que pasaron con Él el resto del día, ya
eran cerca de las cuatro de la tarde.
Pero las cosas no terminan allí. Cuando las experiencias
son profundas uno no se puede quedar con ellas sin
compartirlas. Eso fue lo que les sucedió a los discípulos.
Andrés comparte su experiencia con el primero que
encuentra y que es su mismo hermano Simón. Lo hace con una
frase muy significativa: “Hemos encontrado al Mesías”. Y no se
limitó a contarle que habían encontrado al Mesías sino que lo
llevó hasta donde estaba Jesús. Una mediación perfecta.
Esto debe suceder siempre que nos encontramos con
Jesús. No podemos guardarnos el hallazgo para nosotros solos.
Hay algo que nos impulsa a compartirlo con los demás no como
noticia de última hora sino como una invitación para que
también otros lo encuentren.
“Todo el mundo debería poder experimentar la alegría de ser
amados por Dios, el gozo de la salvación. Y es un don que no se
puede conservar para uno mismo, sino que debe ser
compartido. Si queremos guardarlo sólo para nosotros mismos,
nos convertiremos en cristianos aislados, estériles y
enfermos.”
Papa Francisco
Mensaje para Jornada Mundial de las Misiones 2013
III - Preguntas para animar y compartir:
1. Miramos nuestro interior:
• Miramos, escuchamos, contemplamos a Jesús y
redescubrimos en sus palabras, gestos, actitudes, sus
rasgos y estilo misionero. Enumero en una o dos
palabras que descubro hoy en este encuentro con Él en
su Evangelio:
15
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
• Le pregunto: ¿Qué esperas de mí hoy, en mi situación
actual?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
• Hago memoria del momento de mi vida en el que me
sentí encontrado, alcanzado por Jesús. ¿Qué pasó en mi
corazón?, ¿Qué experimenté?, ¿Qué cambio se dio en mi
vida?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
• ¿En mi vida es tan fuerte la presencia de Jesús y mi
empeño por seguirlo que he ayudado a otros a
encontrarlo? ¿A quiénes he ayudado? ¿Quiénes me
ayudaron a mí?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
Compartimos en grupo:
• ¿Qué camino grupal hemos hecho o estamos haciendo en
la búsqueda sincera de Jesús vivo y presente en nuestra
16
ciudad, nuestra realidad? ¿Cómo estamos siguiendo sus
huellas?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
• ¿A qué compromiso comunitario misionero nos desafía
este Evangelio a la luz de Aparecida y del magisterio del
Papa Francisco?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
IV - Oración final:
“Padre de bondad,
Tú que eres rico en amor y misericordia,
que nos enviaste a tu Hijo Jesús para nuestra salvación,
escucha nuestra oración, escucha a tu Iglesia.
Que todos los bautizados
sepamos responder al llamado de Jesús:
"Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos".
Fortalece con el fuego de tu Espíritu a todos los misioneros,
que en tu nombre anuncian la Buena Nueva del Reino.
María, Madre de la Iglesia y Estrella de la Evangelización,
acompañanos y concedenos el don de la perseverancia
en nuestro compromiso misionero.
Queremos ser como vos,
17
queremos seguir a tu Hijo
y descubrirlo cada día vivo y presente en nuestra ciudad.
Queremos ser misioneros de la ternura, al servicio de la vida,
cuidándonos y animándonos unos a otros
para ir transformando en Cristo,
como fermento del Reino, nuestra ciudad actual.”
18
FICHA 2
MISIÓN ES: CAMINAR CON DIOS Y CON LOS HERMANOS
I - Aparecida nos dice:
“En su Palabra y en todos los sacramentos, Jesús nos ofrece
un alimento para el camino. La Eucaristía es el centro vital
del universo, capaz de saciar el hambre de vida y felicidad:
“El que me coma vivirá por mí”6
. En ese banquete, feliz
participamos de la vida eterna y, así, nuestra existencia
cotidiana se convierte en una Misa prolongada. Pero, todos
los dones de Dios requieren una disposición adecuada para
que puedan producir frutos de cambio.
Especialmente, nos exigen un espíritu comunitario, abrir
los ojos para reconocerlo y servirlo en los más pobres: “En
el más humilde encontramos a Jesús mismo”. Por eso san
Juan Crisóstomo exhortaba: “¿Quieren en verdad honrar el
cuerpo de Cristo? No consientan que esté desnudo. No lo
honren en el templo con manteles de seda mientras afuera
lo dejan pasar frío y desnudez”7
.
“Con la parábola de la Vid y los Sarmientos8
, Jesús revela
el tipo de vinculación que Él ofrece y que espera de los
suyos. No quiere una vinculación como “siervos”, porque
“el siervo no conoce lo que hace su señor”.
El siervo no tiene entrada a la casa de su amo, menos a su
vida. Jesús quiere que su discípulo se vincule a Él como
“amigo” y como “hermano”. El “amigo” ingresa a su Vida,
haciéndola propia. El amigo escucha a Jesús, conoce al
Padre y hace fluir su Vida en la propia existencia,
6
(Jn 6, 57)
7
SAN JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre san Mateo, L, 3-4: PG 58,
508-509.
8
(cf. Jn 15, 1-8)
19
marcando la relación con todos. El “hermano” de Jesús
participa de la vida del Resucitado, Hijo del Padre
celestial, por lo que Jesús y su discípulo comparten la
misma vida que viene del Padre, aunque Jesús por
naturaleza y el discípulo por participación.
La consecuencia inmediata de este tipo de vinculación es la
condición de hermanos que adquieren los miembros de su
comunidad.”
Documento de Aparecida 354.132
• El Papa Francisco nos ayuda a profundizar:
“La vida cristiana, es siempre un seguir al Señor.
Pero para seguirle primero hay que «oír qué nos
dice»; y después hay que dejar lo que en ese momento
debemos dejar y seguirle.
Finalmente está la misión que Jesús nos confía. Él
jamás dice: “¡Sígueme!”, sin después decir la misión.
Dice siempre: “Deja y sígueme para esto”». Así que, si
vamos por el camino de Jesús es para hacer algo. Ésta
es la misión.
Es una secuencia que se repite también cuando
vamos a orar. De hecho nuestra oración debe tener
siempre estos tres momentos.
Ante todo la escucha de la palabra de Jesús, una
palabra a través de la cual Él nos da la paz y nos
asegura su cercanía.
Después el momento de nuestra renuncia:
debemos estar dispuestos a dejar algo: “Señor, ¿qué
quieres que deje para estar más cerca tuyo?”.
Tal vez en aquel momento no lo dice. Pero
nosotros hagamos la pregunta generosamente.
Finalmente, llega el momento de la misión: la
oración nos ayuda siempre a entender lo que debemos
hacer.
He aquí entonces la síntesis de nuestro orar:
20
Oír al Señor, tener el valor de despojarnos de algo
que nos impide ir deprisa para seguirle, y finalmente
aceptar la misión.”
Papa Francisco
Homilía en Santa Marta, 5 de septiembre de 2013
II - La Palabra de Dios nos ilumina:
“Jesús se acercó y siguió caminando con ellos”
“Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un
pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez
kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban
sobre lo que había ocurrido. Mientras conversaban y
discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió
caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos
lo reconocieran. El les dijo: «¿Qué comentaban por
el camino?». Ellos se detuvieron, con el semblante
triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió:
«¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora
lo que pasó en estos días!».
«¿Qué cosa?», les preguntó. Ellos respondieron: «Lo
referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta
poderoso en obras y en palabras delante de Dios y
de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos
sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser
condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros
esperábamos que fuera él quien librara a Israel.
Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron
estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que
están con nosotros nos han desconcertado: ellas
fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el
cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les
habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él
está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro
21
y encontraron todo como las mujeres habían dicho.
Pero a él no lo vieron».
Jesús les dijo: «¡Hombres duros de entendimiento,
cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los
profetas! ¿No será necesario que el Mesías soportara
esos sufrimientos para entrar en su gloria?» Y
comenzando por Moisés y continuando en todas las
Escrituras lo que se refería a él.
Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús
hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le
insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es
tarde y el día se acaba». El entró y se quedó con
ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció
la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces
los ojos de los discípulos se abrieron y lo
reconocieron, pero él había desaparecido de su
vista. Y se decían: «¿No ardía acaso nuestro corazón,
mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba
las Escrituras?». En ese mismo momento, se pusieron
en camino y regresaron a Jerusalén.”
Lucas 24, 13 -33
Apuntes para ayudar en la reflexión:
Jesús se acerca y camina junto con los discípulos, pero
éstos no lo reconocen.
Seguramente y muchas veces a nosotros y a tantos
hombres y mujeres de nuestra ciudad, nos pasa lo mismo;
situaciones duras, contradictorias, sueños frustrados no nos
dejan descubrir la presencia de Jesús que está ahí, caminando
a nuestro lado, dispuesto a darle sentido y esperanza a nuestras
penas y decepciones.
Jesús pregunta, interpela, los deja hablar, escucha. Se
sitúa al mismo nivel en el que están ellos y con la luz de la
palabra, esa que es capaz de encender la esperanza en la
22
oscuridad del corazón de los discípulos, los va conduciendo y
los atrae hacia su experiencia de resurrección.
Jesús no sólo comparte, el camino, la casa de ellos sino
también su mesa. Y es en el gesto del don de sí, de su
generosidad, del amor extremo donde los peregrinos lo
reconocen.
Con una nueva fuerza, transformados, salen a recorrer el
camino inverso, regresan a la comunidad de la que se habían
alejado, y a la que le habían perdido el gusto.
Cada día podemos vivir esta relación tan estrecha entre el
pan de la palabra y el pan eucarístico, alimento para la fe, para
el amor.
Cada día podemos encontrar en alguien que se hace
cercano, que se nos da, que se hace compañero de camino y de
vida, al Jesús que nos abre los ojos y nos hace arder el corazón.
III - Preguntas para animar y compartir:
1. Miramos nuestro interior:
• Miramos, escuchamos, contemplamos a Jesús y
redescubrimos en sus palabras, gestos, actitudes, sus
rasgos y estilo misionero. ¿Que descubro hoy en este
encuentro con Él en su Evangelio?:
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
• Le pregunto: ¿Qué esperas de mí hoy, en mi situación
actual?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
23
• ¿Qué decepciones, qué sueños frustrados guardo en mi
corazón?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
• ¿He vivido situaciones, experiencias que me han hecho
alejarme de la comunidad como los peregrinos de
Emaús? ¿Quiénes como Jesús, han aparecido en el
camino y se han hecho don generoso? ¿Los recuerdo con
gratitud?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
2. Compartimos en grupo:
• ¿Qué actitudes de cercanía, de “caminar con”, de
escucha según la pedagogía de Jesús pondremos en
nuestro camino misionero con hermanos que se han
alejado?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
• ¿Qué gestos tendremos que implementar para acercar la
Palabra y la Eucaristía a nuestros hermanos para que su
corazón arda? ¿Qué gestos y actitudes manifiestan
nuestra apertura y acogida cuando hay hermanos que
regresan o se acercan a la comunidad?
24
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
IV - Oración final:
“Jesús, Tú vienes a transfigurarnos para renovarnos a imagen
de Dios:
ilumina nuestras tinieblas.
Jesús, luz del corazón, tú conoces nuestra sed:
condúcenos hacia la fuente de tu Evangelio.
Jesús, luz del mundo, tú iluminas a cada ser humano:
haz que discernamos tu presencia en los demás.
Jesús, amigo de los pobres:
abre en nosotros las puertas de la sencillez para acogerte.
Jesús, manso y humilde de corazón:
renueva en nosotros el espíritu de infancia.
Jesús, Tú haces posible que la Iglesia prepare tu camino en el
mundo:
abre para todos las puertas de tu Reino.
Jesús, que vienes a nuestro encuentro y animas nuestro
camino:
ayúdanos a ser misioneros de la escucha, siempre atentos a tu
voz y al clamor de los demás.”
25
FICHA 3
MISIÓN ES: ILUMINAR CON ALEGRÍA Y GRATITUD
I - Aparecida nos dice:
“La vida nueva de Jesucristo toca al ser humano entero y
desarrolla en plenitud la existencia humana en su
dimensión personal, familiar, social y cultural.
Para ello, hace falta entrar en un proceso de cambio que
transfigure los variados aspectos de la propia vida.
Sólo así, se hará posible percibir que Jesucristo es
nuestro salvador en todos los sentidos de la palabra.
Sólo así, manifestaremos que la vida en Cristo sana,
fortalece y humaniza. Porque Él es el Viviente, que
camina a nuestro lado, descubriéndonos el sentido de los
acontecimientos, del dolor y de la muerte, de la alegría y
de la fiesta.
La vida en Cristo incluye la alegría de comer juntos, el
entusiasmo por progresar, el gusto de trabajar y de
aprender, el gozo de servir a quien nos necesite, el
contacto con la naturaleza, el entusiasmo de los
proyectos comunitarios, el placer de una sexualidad
vivida según el Evangelio, y todas las cosas que el Padre
nos regala como signos de su amor sincero.
Podemos encontrar al Señor en medio de las alegrías de
nuestra limitada existencia y, así, brota una gratitud
sincera.”
Documento de Aparecida 354.132
• El Pablo VI y Francisco nos ayudan a profundizar:
“Conservemos el fervor espiritual. Conservemos
la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso
26
cuando hay que sembrar entre lágrimas. Hagámoslo —
como Juan el Bautista, como Pedro y Pablo, como los
otros Apóstoles, como esa multitud de admirables
evangelizadores que se han sucedido a lo largo de la
historia de la Iglesia— con un ímpetu interior que
nadie ni nada sea capaz de extinguir. Sea ésta la
mayor alegría de nuestras vidas entregadas. Y ojalá
que el mundo actual —que busca a veces con angustia,
a veces con esperanza— pueda así recibir la Buena
Nueva, no a través de evangelizadores tristes y
desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de
ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de
quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la
alegría de Cristo y aceptan consagrar su vida a la
tarea de anunciar el reino de Dios y de implantar la
Iglesia en el mundo.”
Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, 80
“Quisiera decirles una palabra, y esa palabra es:
alegría.
Algunos dirán: la alegría nace de las cosas que se
tienen, y entonces he aquí la búsqueda del último
modelo de “smartphone”, del coche que llama la
atención… Otros, incluso, del vestido más a la moda,
de la diversión...
Sabemos que todo esto puede satisfacer algún
deseo, crear alguna emoción, pero al final es una
alegría que permanece en la superficie, no es una
alegría íntima: es la euforia de un momento que no
hace verdaderamente feliz. La alegría no es la euforia
de un momento: ¡es otra cosa!
La verdadera alegría no viene de las cosas, del
tener, ¡no! Nace del encuentro, de la relación con los
demás, nace de sentirse aceptado, comprendido,
amado, y de aceptar, comprender y amar; y esto no
por el interés de un momento, sino porque el otro, la
27
otra, es una persona. La alegría nace de la gratuidad
de un encuentro.
Es escuchar: «Tú eres importante para mí», no
necesariamente con palabras.
Esto es hermoso… Y es precisamente esto lo que
Dios nos hace comprender. Dios nos dice: «Tú eres
importante para mí, te quiero, cuento contigo».
Jesús, a cada uno de nosotros, nos dice esto.
De ahí nace la alegría. La alegría del momento
en que Jesús me ha mirado. Comprender y sentir esto
es el secreto de nuestra alegría.
Sentirse amado por Dios, sentir que para él no
somos números, sino personas y sentir que es él quien
nos llama y nos envía.
Santo Tomás decía: “bonum est diffusivum sui”,
el bien se difunde. Y también la alegría se difunde.”
Papa Francisco, 06/07/2013
II - La Palabra de Dios nos ilumina:
“Sal de la tierra y luz del mundo”
“Te he destinado a ser alianza del pueblo y luz
de las gentes.”
Isaías 42,6
“Te voy a poner por luz de las gentes, para que
mi salvación alcance hasta los confines de la
tierra.”
Isaías 49,6
“Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal
pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar?
Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y
pisada por los hombres.
28
Ustedes son la luz del mundo. No se puede
ocultar una ciudad situada en la cima de una
montaña. Y no se enciende una lámpara para
meterla debajo de un cajón, sino que se la pone
sobre el candelero para que ilumine a todos los
que están en la casa.
Así debe brillar ante los ojos de los hombres la
luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean
sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está
en el cielo.”
Mateo 5, 13 - 16
• Apuntes para ayudar en la reflexión:
Lo que sucede en el interior de la vida del discípulo que
ha acogido el reino proclamado por Jesús, debe verse luego en
signos externos. La fuerza de esta palabra recae en lo que el
discípulo está llamado a ser: sal y luz, como expresión de su
identificación con Jesús.
El plural “ustedes son” nos recuerda que no se trata de
algo individual sino de la vida de las comunidades, las cuales a
pesar de su pequeñez, despliegan el anuncio en el ambiente en
el que están situadas.
Si colocamos sal en una sopa, ésta tiene una doble
virtud, estar en todo y ser discreta; de hecho nadie habla de
ella, a menos que haga falta o esté en exceso. El evangelio dice
específicamente “de la tierra”. Jesús nos remite con esta
expresión al mundo de la agricultura en antiguo oriente; era
costumbre agregarle sal al abono para darle más vigor, para
que éste, fuese más fecundo.
Nuestras comunidades cristianas están llamadas a ser
instrumentos de la vida del Padre, que es padre de todos.
Somos invitados desde este texto a redescubrir nuestra misión,
ser fermento en el mundo con la vida de Jesús.
La luz fue hecha para iluminar, por eso no admite ser
escondida. En la antigüedad, cuando todavía no había
29
señalizaciones, la gente se orientaba por referencias: tal árbol,
tal montaña o tal ciudad que se avistaba desde lejos.
El discípulo de Jesús y su comunidad son un punto de
referencia, de inspiración, de orientación para todos los que lo
ven.
La luz puesta en el lugar correcto permite apreciar los
espacios, evitar tropiezos, pero sobre todo reconocer el rostro
del otro. La luz pone en evidencia lo oculto, lo injusto, lo
incorrecto. Así es la fuerza de vida de una comunidad de
discípulos en su entorno.
La comunidad no se proyecta en el mundo por vanidad,
sino porque ésa es su misión; la finalidad última es la gloria del
Padre.
En el actuar de los discípulos, lo que se verá no es el
protagonismo personal, individual o comunitario, sino el de
Dios.
Todos descubrirán a Dios amando como Padre bueno. Su
rostro se revelará en el rostro de sus hijos.
III - Preguntas para animar y compartir:
1. Miramos nuestro interior:
• ¿Qué experimenta mi corazón al escuchar estas palabras?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
• ¿Qué realidades necesitan que sea sal y luz?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
2. Compartimos en grupo:
30
• ¿Qué buenas obras harán que el Padre sea glorificado y
alabado en nuestros ámbitos cotidianos?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
• ¿Qué pasos de humildad debemos dar para ser menos
individualistas y más comunitarios?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
IV - Oración final:
“Protege, Señor, a tus misioneros,
sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos,
que dejan todo para dar testimonio
de tu palabra y de tu amor.
En los momentos difíciles, sostenlos,
consuela sus corazones,
y corona su trabajo de frutos espirituales.
Y que tu imagen del crucifijo
que les acompaña siempre,
les hable de heroísmo,
de generosidad, de amor y de paz.
Amén.”
Beato Juan XXIII
31
FICHA 4
MISIÓN ES: AMAR Y CREAR COMUNIÓN
I - Aparecida nos dice:
“Con los ojos puestos en sus hijos y en sus
necesidades, como en Caná de Galilea, María
ayuda a mantener vivas las actitudes de atención,
de servicio, de entrega y de gratuidad que deben
distinguir a los discípulos de su Hijo.
Indica, además, cuál es la pedagogía para que los
pobres, en cada comunidad cristiana, “se sientan
como en su casa”9
.
Crea comunión y educa a un estilo de vida
compartida y solidaria, en fraternidad, en
atención y acogida del otro, especialmente si es
pobre o necesitado.
En nuestras comunidades, su fuerte presencia ha
enriquecido y seguirá enriqueciendo la dimensión
materna de la Iglesia y su actitud acogedora, que
la convierte en “casa y escuela de la comunión10
, y
en espacio espiritual que prepara para la misión.”
Documento de Aparecida 272
• El Papa Francisco nos ayuda a profundizar:
“La fe no aparta del mundo ni es ajena a los
afanes concretos de los hombres de nuestro tiempo.
9
NMI 50
10
NMI43
32
Sin un amor fiable, nada podría mantener
verdaderamente unidos a los hombres.
La unidad entre ellos se podría concebir sólo como
fundada en la utilidad, en la suma de intereses, en el
miedo, pero no en la bondad de vivir juntos, ni en la
alegría que la sola presencia del otro puede suscitar.
La fe permite comprender la arquitectura de las
relaciones humanas, porque capta su fundamento
último y su destino definitivo en Dios, en su amor, y
así ilumina el arte de la edificación, contribuyendo al
bien común.
Sí, la fe es un bien para todos, es un bien común;
su luz no luce sólo dentro de la Iglesia ni sirve
únicamente para construir una ciudad eterna en el
más allá; nos ayuda a edificar nuestras sociedades,
para que avancen hacia el futuro con esperanza.
La Carta a los Hebreos pone un ejemplo de esto
cuando nombra, junto a otros hombres de fe, a
Samuel y David, a los cuales su fe les permitió «
administrar justicia » (Hb 11,33). Esta expresión se
refiere aquí a su justicia para gobernar, a esa
sabiduría que lleva paz al pueblo (cf. 1 S 12,3-5; 2 S
8,15).
Las manos de la fe se alzan al cielo, pero a la vez
edifican, en la caridad, una ciudad construida sobre
relaciones, que tienen como fundamento el amor de
Dios.”
Papa Francisco,
Lumen Fidei 51
II - La Palabra de Dios nos ilumina:
“Ámense los unos a los otros”
“Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos
a los otros.
Así como yo los he amado, ámense también
ustedes los unos a los otros.
33
En esto todos reconocerán que ustedes son mis
discípulos: en el amor que se tengan los unos a los
otros.”
Juan 13, 34 – 35
Apuntes para ayudar en la reflexión:
Jesús le da a sus discípulos el mandamiento del amor:
“como yo los he amado, así también ámense los unos a los
otros”.
Este es el modo concreto como Jesús continuará en
medio de su comunidad y, al mismo tiempo, como los discípulos
serán identificados en cuanto tales.
La experiencia del amor de Jesús, envuelve
completamente la vida de los discípulos. Esta vida en el amor,
es la luz de los discípulos.
Jesús habla de un “mandato nuevo”, pero, ¿en qué está
lo nuevo? Jesús no habla de amor en abstracto o de forma
genérica, sino que su referente es el “como yo los he amado”.
Es el comportamiento y las actitudes de Jesús lo que
señala los límites y el estilo de este amor; en este sentido el
mandato de Jesús es completamente nuevo, porque sólo los
discípulos han experimentado su amor y porque sólo en la Cruz
se reveló en plenitud el amor de Jesús y el del Padre.
Por lo tanto, lo que Jesús subraya de manera particular
es que el amor de cada discípulo por el otro debe testimoniar la
intensidad y la grandeza del amor de Jesús Crucificado. El amor
de los discípulos toma forma en el molde de la Cruz.
El mandato no está en el simple hecho de “amar” sino
“amar a la manera de Jesús”; amor de aceptación del otro,
amor que ayuda y trasforma, que se despoja de sí mismo para
buscar el bien del otro.
En su forma de amar, cada uno le hará presente Jesús a
su hermano.
Jesús no se ha limitado a mandar que nos amemos sino
que nos ofrece ante todo la experiencia de su propio amor,
34
vaciándolo en nuestros corazones, creando así entre Él,
nosotros y los que nos rodean, un nuevo espacio vital y una
nueva dinámica relacional.
Discipulado y Misión se funden en este aspecto.
El amor de la comunidad atraerá a muchos y será
anuncio vivo de la presencia del Resucitado en el mundo.
III - Preguntas para animar y compartir:
1. Miramos nuestro interior:
• ¿Cuál es mi experiencia del amor de Jesús en mi vida?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
• Mi forma de amar ¿se inspira y tiene su fuerza en el amor de
Jesús? ¿De qué me tengo que despojar para amar como
Jesús?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
2. Compartimos en grupo:
• Jesús amó hasta el extremo a sus discípulos y les pidió que
hicieran lo mismo con los demás. En nuestras comunidades,
en nuestro grupo ¿cuál es ese “extremo” que manifiesta el
amor a nuestros hermanos?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
35
IV - Oración final:
Oración para Aprender a Amar
“Señor, cuando tenga hambre,
dame alguien que necesite comida;
Cuando tenga sed,
dame alguien que precise agua;
Cuando sienta frío,
dame alguien que necesite calor.
Cuando sufra,
dame alguien que necesita consuelo;
Cuando mi cruz parezca pesada,
déjame compartir la cruz del otro;
Cuando me vea pobre,
pon a mi lado algún necesitado.
Cuando no tenga tiempo,
dame alguien que precise de mis minutos;
Cuando sufra humillación,
dame ocasión para elogiar a alguien;
Cuando esté desanimado,
dame alguien para darle nuevos ánimos.
Cuando quiera que los otros me comprendan,
dame alguien que necesite de mi comprensión;
Cuando sienta necesidad de que cuiden de mí,
dame alguien a quien pueda atender;
Cuando piense en mí mismo,
vuelve mi atención hacia otra persona.
Haznos dignos, Señor,
de servir a nuestros hermanos;
Dales, a través de nuestras manos,
no sólo el pan de cada día,
también nuestro amor misericordioso,
imagen del tuyo.”
Beata Madre Teresa de Calcuta M.C.
36
“Mi alma se ha empleado
y todo mi caudal en su servicio:
ya no guardo ganado
ni ya tengo otro oficio,
que ya sólo amar es mi ejercicio.”
San Juan de la Cruz
37
FICHA 5
MISIÓN ES: HACERSE PRÓJIMO COMPASIVO
I - Aparecida nos dice:
“La respuesta a su llamada exige entrar en la
dinámica del Buen Samaritano11
, que nos da el
imperativo de hacernos prójimos, especialmente
con el que sufre, y generar una sociedad sin
excluidos, siguiendo la práctica de Jesús que come
con publicanos y pecadores12
, que acoge a los
pequeños y a los niños13
, que sana a los leprosos14
,
que perdona y libera a la mujer pecadora15
, que
habla con la Samaritana16
.”
Documento de Aparecida 135
• El Papa Francisco nos ayuda a profundizar:
“El Espíritu Santo nos introduce en el misterio
del Dios vivo, y nos salvaguarda del peligro de una
Iglesia gnóstica y de una Iglesia autorreferencial,
cerrada en su recinto; nos impulsa a abrir las puertas
para salir, para anunciar y dar testimonio de la
bondad del Evangelio, para comunicar el gozo de la
fe, del encuentro con Cristo. El Espíritu Santo es el
alma de la misión.
11
(cf. Lc 10, 29-37)
12
(cf. Lc 5, 29-32)
13
(cf. Mc 10, 13-16)
14
(cf. Mc 1, 40-45)
15
(cf. Lc 7, 36-49; Jn 8, 1-11)
16
(cf. Jn 4, 1-26)
38
Es el Espíritu Paráclito, el «Consolador», que da
el valor para recorrer los caminos del mundo llevando
el Evangelio. El Espíritu Santo nos muestra el
horizonte y nos impulsa a las periferias existenciales
para anunciar la vida de Jesucristo. Preguntémonos si
tenemos la tendencia a cerrarnos en nosotros mismos,
en nuestro grupo, o si dejamos que el Espíritu Santo
nos conduzca a la misión.”
Papa Francisco,
Solemnidad de Pentecostés 2013
“El discipulado misionero es vocación: llamado e
invitación. Se da en un “hoy” pero “en tensión”. No
existe el discipulado misionero estático. El discípulo
misionero no puede poseerse a sí mismo, su
inmanencia está en tensión hacia la trascendencia del
discipulado y hacia la trascendencia de la misión.
No admite la autorreferencialidad: o se refiere a
Jesucristo o se refiere al pueblo a quien se debe
anunciar. Sujeto que se trasciende. Sujeto proyectado
hacia el encuentro: el encuentro con el Maestro (que
nos unge discípulos) y el encuentro con los hombres
que esperan el anuncio.
Por eso, me gusta decir que la posición del discípulo
misionero no es una posición de centro sino de
periferias: vive tensionado hacia las periferias…
incluso las de la eternidad en el encuentro con
Jesucristo. En el anuncio evangélico, hablar de
“periferias existenciales” des-centra, y habitualmente
tenemos miedo a salir del centro. El discípulo-
misionero es un des-centrado: el centro es Jesucristo,
que convoca y envía. El discípulo es enviado a las
periferias existenciales.”
Papa Francisco,
Encuentro con el Comité de Coordinación del CELAM-
28/07/2013
39
II - La Palabra de Dios nos ilumina: “Haz tú lo mismo”
“Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para
ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer
para heredar la Vida eterna?».Jesús le preguntó a su
vez: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en
ella?». Él le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios,
con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus
fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como
a ti mismo». «Has respondido exactamente, le dijo
Jesús; obra así y alcanzarás la vida».
Pero el doctor de la Ley, para justificar su
intervención, le hizo esta pregunta: «¿Y quién es mi
prójimo?».
Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: «Un
hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en
manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo,
lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto.
Casualmente bajaba por el mismo camino un
sacerdote: lo vio y siguió de largo. También pasó por
allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un
samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él,
lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus
heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo
puso sobre su propia montura, lo condujo a un
albergue y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente,
sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue,
diciéndole: "Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo
pagaré al volver". ¿Cuál de los tres te parece que se
portó como prójimo del hombre asaltado por los
ladrones?».
«El que tuvo compasión de él», le respondió el
doctor. Y Jesús le dijo: «Ve, y procede tú de la
misma manera»”…
Lucas 10, 25 - 37
40
Apuntes para ayudar en la reflexión:
Este evangelio nos coloca ante una opción radical para vivir
según el evangelio. ¿Quién es el prójimo? ¿Cómo hacerse
prójimo?
Jesús nos invita a observar cuidadosamente las acciones del
samaritano. Todo lo que él hace está movido por la
“misericordia”: se “aproxima”, “cura sus heridas”, le cede su
propio puesto “montándolo en la cabalgadura”, lo “lleva a una
posada” y “cuida de él” personalmente. Finalmente da de su
propio bolsillo para que el tratamiento del herido llegue hasta
el final. Y cuando se despide todavía prevé un nuevo
encuentro: “cuando vuelva”, le dice el samaritano al posadero.
Cada una de las acciones del buen samaritano nos habla.
Podríamos detenernos por ejemplo, en el detalle de la
montura: “Lo montó sobre su propia cabalgadura”. La ayuda al
hermano implica cederle nuestro lugar, un compromiso de
fondo; salir de nuestra comodidad, ponerse en el lugar del otro.
Uno se hace prójimo con hechos concretos, no sólo con
palabras. Hechos que seguramente le duelen al que los hace.
No fue solamente un: “¡Uh!, ¡lo siento mucho!”, “¿qué le
pasó?”, “¿por dónde se fueron los ladrones?”, “¡ que Dios lo
bendiga!”.
Jesús dice claramente: “Haz tú lo mismo”. Este hacer
consiste en la práctica de la misericordia.
La caridad individual debe ir a la par de la caridad
institucional. No se trata de quitarse de encima la
responsabilidad, sino de saber trabajar por el prójimo
comunitariamente, asumiendo cada uno la tarea que le
corresponde. Es importante saber trabajar juntos apoyando las
diversas iniciativas que se toman en la Iglesia y en la sociedad.
Las calles de nuestra ciudad son como aquel camino de
Jericó donde alguien que quizás no conocemos aguarda por
nuestra misericordia.
Dejemos que el imperativo de Jesús se nos impregne en el
corazón y se convierta en regla de vida: “¡Ve y haz tú lo
mismo!”
41
III - Preguntas para animar y compartir:
1. Miramos nuestro interior:
• Recuerdo la última vez que actué como el buen samaritano.
¿Con quién fue?, ¿Qué hice?, ¿Qué intereses y necesidades
personales pasaron a segundo plano?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
• ¿Cuáles son las personas de mi entorno que más necesitan
de mí y a quiénes algunas veces he negado mi ayuda
oportuna?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
2. Compartimos en grupo:
• ¿Qué nos impide la proximidad, la cercanía, cuáles son
nuestros miedos? ¿qué obstáculos encontramos frente a las
tareas y un testimonio comunitario?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
• ¿Qué compromisos podemos asumir como comunidad para
hacernos prójimos de los hombres y mujeres que están en
la periferia, desconocidos, “invisibles”?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
42
IV - Oración final:
Oración de un misionero mártir
“¡Oh, mi Divino Salvador!,
haz, por tu omnipotencia y tu infinita misericordia,
que yo cambie y me transforme totalmente en Ti.
Que mis manos sean las manos de Jesús,
que mis ojos sean los ojos de Jesús,
que mi lengua sea la lengua de Jesús;
que todos mis sentidos y todo mi cuerpo
sólo sirvan para glorificarte;
pero, sobre todo, transforma mi alma y todas sus potencias:
que mi memoria, que mi inteligencia, que mi corazón,
sean la memoria, la inteligencia y el corazón de Jesús;
que mis actos, mis sentimientos
sean semejantes a tus actos, a tus sentimientos;
y que, como tu Padre decía de Ti:
“Yo te he engendrado hoy”,
puedas Tú decir lo mismo de mí
y agregar también con tu Padre celestial:
“He ahí a mi hijo bien amado, objeto de mis complacencias”.
Amén.”
San Juan Gabriel Perboyre (1802-1840)
43
FICHA 6
MISIÓN ES: DIALOGAR SIN FRONTERAS
I - Aparecida nos dice:
“El mundo espera de nuestra Iglesia
latinoamericana y caribeña un compromiso más
significativo con la misión universal en todos los
Continentes.
Para no caer en la trampa de encerrarnos en
nosotros mismos, debemos formarnos como
discípulos misioneros sin fronteras, dispuestos a ir
“a la otra orilla”, aquélla en la que Cristo no es
aún reconocido como Dios y Señor, y la Iglesia no
está todavía presente.”17
Documento de Aparecida 376
• El Papa Francisco nos ayuda a profundizar:
“Hace bien recordar las palabras del Concilio
Vaticano II: Los gozos y las esperanzas, las tristezas y
las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre
todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez
gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los
discípulos de Cristo18
. Aquí reside el fundamento del
diálogo con el mundo actual.
La respuesta a las preguntas existenciales del
hombre de hoy, especialmente de las nuevas
17
Cf. AG 6
18
cf. GS, 1
44
generaciones, atendiendo a su lenguaje, entraña un
cambio fecundo que hay que recorrer con la ayuda del
Evangelio, del Magisterio, y de la Doctrina Social de la
Iglesia.
Los escenarios y areópagos son de lo más
variado. Por ejemplo, en una misma ciudad, existen
varios imaginarios colectivos que conforman “diversas
ciudades”.
Si nos mantenemos solamente en los parámetros
de “la cultura de siempre”, en el fondo una cultura
de base rural, el resultado terminará anulando la
fuerza del Espíritu Santo. Dios está en todas partes:
hay que saber descubrirlo para poder anunciarlo en el
idioma de esa cultura; y cada realidad, cada idioma,
tiene un ritmo diverso.”
Papa Francisco,
Río de Janeiro, 28 de julio de 2013
II - La Palabra de Dios nos ilumina:
“Dame de beber”
“Jesús, cansado del camino, se sentó junto al
pozo. Era cerca del mediodía. Llegó una mujer de
Samaría a sacar agua, y Jesús le dijo: “Dame de
beber”.
La samaritana le dijo: “¿Cómo tú, siendo judío, me
pides de beber a mí que soy mujer samaritana?”
(Es que los judíos no se tratan con los
samaritanos)…”
“…Jesús le contestó: si conocieras el don de
Dios…tú misma me pedirías a mí y yo te daría agua
viva….
Ella le dijo: señor, no tienes con qué sacar agua
¿dónde vas a conseguir agua viva? Jesús le
contestó…el que beba del agua que yo le daré no
45
volverá más a tener sed… La mujer le dijo: señor
dame de esa agua…”
Juan 4, 6-9
Apuntes para ayudar en la reflexión:
El relato del Evangelio nos dice que Jesús debía regresar
desde Judea a Galilea y que para eso tenía que atravesar
Samaría. Para un judío, la Samaría era territorio hostil; sólo lo
recorría en caso de necesidad y evitando toda comunicación
con los samaritanos. A primera vista, para Jesús no era un lugar
adecuado para desarrollar su misión.
Sin embargo Jesús le habla a la mujer, le pide un favor.
Lo que ha hecho no tiene nada de anormal ni artificial. Era su
modo de ser. El no hacía acepción de personas, no discriminaba
a las mujeres, los samaritanos formaban parte de su amor
fraterno y universal.
Jesús ha creado un ambiente propicio, con su proximidad,
ha hecho sentir a la mujer su valor y su dignidad. El diálogo con
la samaritana es un diálogo evangelizador. Jesús no “busca” dar
testimonio de manera planificada y artificial. Actúa
normalmente.
El testimonio de amor fraterno en la misión no se puede
improvisar o “pre-fabricar”. Es el resultado de una caridad
ardientemente incorporada al modo habitual de ser. En este
caso, el amor fraterno, como testimonio, se da como acogida y
diálogo que supera toda discriminación y división.
Jesús habla con la samaritana del agua y de la sed,
elementos que la mujer conocía muy bien, formaban parte de
su realidad ordinaria y de su cultura. A partir de ellos, la abre a
realidades mayores: el agua viva, el don de Dios, el encuentro y
la experiencia de Dios.
Evangelizar es dialogar con lo más profundo de una
mentalidad y de una cultura.
El anuncio del Evangelio toma en cuenta la realidad, la
vida ordinaria, la experiencia humana de la gente.
46
III - Preguntas para animar y compartir:
1. Miramos nuestro interior:
• El don de Dios viene del encuentro con Jesús. La mujer
conoce a Jesús como “aquél que me conoce”, el que conoce
a fondo su vida, su historia y sus necesidades. ¿Pongo toda
mi vida bajo la mirada compasiva del Maestro?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
• La samaritana lleva a los otros a creer ¿Con qué rasgos de
esta mujer me identifico en mi contagio, entusiasmo y
anuncio misionero cotidiano?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
2. Compartimos en grupo:
• ¿Qué conversión necesitamos para que el anuncio del
Evangelio sea respuesta a las preguntas existenciales del
hombre de hoy?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
• ¿Qué conversión necesita nuestro diálogo, nuestra mirada
de la realidad para favorecer una cultura del encuentro, de
la comunión?
47
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
IV - Oración final:
Vayan y anuncien
“Vayan y anuncien el Evangelio...
porque nadie debe quedar sin escucharlo.
Vayan y anuncien el Evangelio...
porque a nadie se le puede negar este tesoro.
Vayan y anuncien el Evangelio...
porque si gratis lo has recibido, gratis lo debes
dar.
Vayan y anuncien el Evangelio...
porque sus palabras son palabras de vida.
Vayan y anuncien el Evangelio...
porque Dios te habla a través de la Palabra.
Vayan y anuncien el Evangelio...
porque nunca se debe ocultar.
Vayan y anuncien el Evangelio...
porque lo que es bueno para ti,
con otros lo tienes que compartir.
Vayan y anuncien el Evangelio...
porque Dios te necesita.
Vayan y anuncien el Evangelio...
y Yo estaré contigo hasta el final de los tiempos.
Porque sin Mí no puedes hacer nada;
porque de Mí te vendrá la fuerza para anunciarlo;
Porque tú solo no eres nada, pero conmigo lo eres todo.
Confía, confía en Mí...
Tú eres mi mensajero... Confía, confía...”
48
FICHA 7
MISIÓN ES: VIVIR LA RECONCILIACIÓN Y EL PERDÓN
I - Aparecida nos dice:
“Jesús salió al encuentro de personas en situaciones
muy diversas: hombres y mujeres, pobres y ricos,
judíos y extranjeros, justos y pecadores, invitándolos
a todos a su seguimiento.
Hoy sigue invitando a encontrar en Él el amor del
Padre.
Por esto mismo, el discípulo misionero ha de ser un
hombre o una mujer que hace visible el amor
misericordioso del Padre, especialmente a los pobres
y pecadores.”
Documento de Aparecida 147
• El Papa Francisco nos ayuda a profundizar:
“En la «modernidad» se ha intentado construir
la fraternidad universal entre los hombres fundándose
sobre la igualdad. Poco a poco, sin embargo, hemos
comprendido que esta fraternidad, sin referencia a un
Padre común como fundamento último, no logra
subsistir.
Es necesario volver a la verdadera raíz de la
fraternidad. Desde su mismo origen, la historia de la
fe es una historia de fraternidad, si bien no exenta de
conflictos.
El amor inagotable del Padre se nos comunica
en Jesús, también mediante la presencia del
hermano.
49
La fe nos enseña que cada hombre es una
bendición para mí, que la luz del rostro de Dios me
ilumina a través del rostro del hermano. ¡Cuántos
beneficios ha aportado la mirada de la fe a la ciudad
de los hombres para contribuir a su vida común!
Gracias a la fe, hemos descubierto la dignidad única
de cada persona, que no era tan evidente en el mundo
antiguo.
La fe afirma también la posibilidad del
perdón, que muchas veces necesita tiempo, esfuerzo,
paciencia y compromiso; perdón posible cuando se
descubre que el bien es siempre más originario y más
fuerte que el mal, que la palabra con la que Dios
afirma nuestra vida es más profunda que todas
nuestras negaciones.
Por lo demás, incluso desde un punto de vista
simplemente antropológico, la unidad es superior al
conflicto; hemos de contar también con el conflicto,
pero experimentarlo debe llevarnos a resolverlo, a
superarlo, transformándolo en un eslabón de una
cadena, en un paso más hacia la unidad.”
Papa Francisco,
Lumen Fidei 54-55
II - La Palabra de Dios nos ilumina:
“Yo tampoco te condeno”
“Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer
que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola
en medio de todos, dijeron a Jesús: «Maestro, esta
mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio.
Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de
mujeres. Y tú, ¿qué dices?». Decían esto para ponerlo
a prueba, a fin de poder acusarlo.
50
Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el
suelo con el dedo. Como insistían, se enderezó y les
dijo: «El que no tenga pecado, que arroje la primera
piedra». E inclinándose nuevamente, siguió
escribiendo en el suelo.
Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras
otro, comenzando por los más ancianos.
Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e
incorporándose, le preguntó: «Mujer, ¿dónde están
tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?».
Ella le respondió: «Nadie, Señor». «Yo tampoco te
condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en
adelante».”
Juan 8, 3- 11
Apuntes para ayudar en la reflexión:
Vemos a Jesús como el Señor de la misericordia y del
perdón que recrea y transforma nuestra vida.
Los escribas y fariseos “le llevan una mujer sorprendida
en adulterio” y le piden una definición.
Jesús no se precipita a dar opiniones. Más bien invita a
una serena reflexión.
Finalmente la respuesta de Jesús, obliga a sus adversarios
a entrar en sus corazones y reconocer humildemente su propio
pecado. Ninguno se atreve a tirar una piedra. Jesús tampoco
los ha condenado a ellos, y así, les ofrece su misericordia.
Al final Jesús y la mujer quedan solos, uno frente al otro.
La mujer todavía está en el medio, aguardando el juicio.
Las preguntas de Jesús le permiten a esta mujer
expresarse y recobrar dignidad de persona, dándole también la
oportunidad de constatar por ella misma que el amor
manifestado en los gestos y palabras de Jesús la han salvado de
la muerte.
51
Por fin se escucha el pronunciamiento de Jesús:
“¡Tampoco yo te condeno! Vete, y no peques más”.
Jesús no es acusador. Así como el Padre misericordioso
nunca condena al pecador, Jesús, imagen viva de su presencia y
de su amor compasivo, no condena sino que levanta a quien
está caído.
Jesús no sólo ha librado a esta mujer de la muerte, sino
que también la ha liberado interiormente infundiéndole la
capacidad de vivir en adelante según la voluntad de Dios. La
mujer es enviada a una vida nueva. El amor va de la mano de la
justicia; de aquí en adelante la mujer debe rectificar su
conducta.
Desarmados ante los demás, estamos llamados a abrirnos
a la misericordia que el Padre derrama sobre cada uno y sin
medida en la Pasión y muerte de su Hijo querido.
III - Preguntas para animar y compartir:
1. Miramos nuestro interior:
• Recuerdo un momento de mi vida en el cual me haya
sentido perdonado/a por Dios y abrazados por su
misericordia. Le damos gracias.
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
• ¿Cuál es la mirada que tengo generalmente sobre mi
prójimo? ¿De condena, juicio, o de ayuda y misericordia?
•
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
52
2. Compartimos en grupo:
• ¿Qué dificultades encontramos para ser constructores de
una fraternidad misericordiosa?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
• ¿Qué aportes podemos hacer para un anuncio gozoso de la
misericordia del Padre Dios? ¿Qué gestos contagian e invitan
al perdón?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
IV - Oración final:
“Por la paz en el mundo
y la liberación de todos los seres humanos, te pedimos
Señor.
Para que los responsables de las Iglesias busquen sin
descanso
la unidad visible de los cristianos, te pedimos Señor.
Por la integridad en la vida política,
por la justicia en la sociedad, te pedimos Señor.
Por los que ganan con dificultad su pan cotidiano,
te pedimos Señor.
53
Por los que están privados de trabajo o de recursos,
te pedimos Señor.
Por los que no tienen familia ni hogar,
te pedimos Señor.
Por quienes sufren de soledad, de abandono,
te pedimos Señor.
Por los que están oprimidos, calumniados, te pedimos
Señor.
Por quienes están al servicio de los más pobres,
de los extranjeros, de los que están aislados, te pedimos
Señor.”
54
FICHA 8
MISIÓN ES: COMPROMETERSE CON TODA MISERIA
HUMANA
I - Aparecida nos dice:
“Cuando el impulso del Espíritu impregna y motiva
todas las áreas de la existencia, entonces también
penetra y configura la vocación específica de cada
uno. Así, se forma y desarrolla la espiritualidad
propia de presbíteros, de religiosos y religiosas, de
padres de familia, de empresarios, de catequistas,
etc.
Cada una de las vocaciones tiene un modo concreto y
distintivo de vivir la espiritualidad, que da
profundidad y entusiasmo al ejercicio concreto de sus
tareas.
Así, la vida en el Espíritu no nos cierra en una
intimidad cómoda, sino que nos convierte en personas
generosas y creativas, felices en el anuncio y el
servicio misionero.
Nos vuelve comprometidos con los reclamos de la
realidad y capaces de encontrarle un profundo
significado a todo lo que nos toca hacer por la Iglesia
y por el mundo.”
“Descubrimos, así, una ley profunda de la realidad: la
vida sólo se desarrolla plenamente en la comunión
fraterna y justa. Porque “Dios en Cristo no redime
solamente la persona individual, sino también las
relaciones sociales entre los seres humanos”19
.
19
CDSI 52
55
Ante diversas situaciones que manifiestan la ruptura
entre hermanos, nos apremia que la fe católica de
nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños se
manifieste en una vida más digna para todos.
El rico magisterio social de la Iglesia nos indica que no
podemos concebir una oferta de vida en Cristo sin un
dinamismo de liberación integral, de humanización,
de reconciliación y de inserción social.”
Documento de Aparecida 285. 359
• El Papa Francisco nos ayuda a profundizar:
“El anuncio del Evangelio es parte del ser
discípulos de Cristo y es un compromiso constante que
anima toda la vida de la Iglesia.
«El impulso misionero es una señal clara de la
madurez de una comunidad eclesial»20
.
Toda comunidad es “adulta”, cuando profesa la fe,
la celebra con alegría en la liturgia, vive la caridad y
proclama la Palabra de Dios sin descanso, saliendo del
propio ambiente para llevarla también a las
“periferias”, especialmente a aquellas que aún no han
tenido la oportunidad de conocer a Cristo.
La fuerza de nuestra fe, a nivel personal y
comunitario, también se mide por la capacidad de
comunicarla a los demás, de difundirla, de vivirla en
la caridad, de dar testimonio a las personas que
encontramos y que comparten con nosotros el camino
de la vida.”
Papa Francisco,
Mensaje para Jornada Mundial de las Misiones 2013
20
(Benedicto XVI, Exhort. ap. Verbum Domini, 95)
56
II - La Palabra de Dios nos ilumina:
“Lo hicieron conmigo”
“Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha:
"Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en
herencia el Reino que les fue preparado desde el
comienzo del mundo, porque tuve hambre, y
ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron
de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y
me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me
vinieron a ver".
Los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos
hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te
dimos de beber?¿Cuándo te vimos de paso, y te
alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos
enfermo o preso, y fuimos a verte?".
Y el Rey les responderá: "Les aseguro que cada vez
que lo hicieron con el más pequeño de mis
hermanos, lo hicieron conmigo."
Mateo 25, 34 – 40
Apuntes para ayudar en la reflexión:
A lo largo de todo el Evangelio nos encontramos con Jesús
que permanentemente en sus palabras y obras nos revela las
intenciones de su corazón y ratifica sus opciones de vida
colocando por encima de todo la Palabra y el querer del Padre.
Elige siempre la humildad como actitud fundamental en la
realización de su misión.
La Palabra que hoy compartimos nos coloca en el mismo
horizonte de Jesús y nos invita a vivir como Él, en función del
otro, de los otros, haciendo del amor a Dios y a los hermanos la
meta fundamental de nuestra vida.
En el centro de la escena está Jesús, como Rey, un rey
con actitudes y corazón de pastor, que respeta y ama.
57
Jesús solamente constatará lo que hemos hecho día a día,
lo que hemos escrito con hechos. Estamos a tiempo de abrir los
ojos y reconocerlo en los más pequeños y olvidados.
El se identifica, son ellos el lugar privilegiado donde él se
nos revela día a día. Somos llamados a recorrer el mismo
camino de despojo y pequeñez que El ha recorrido,
permaneciendo en Él.
Cuando expresamos nuestra ternura, nuestra atención a
aquellos que a los ojos humanos no cuentan tanto, a los que son
considerados últimos, reproducimos en nosotros los mismos
sentimientos de Jesús, que pasó derramando la compasión del
Padre.
El nos ha trazado el camino, El es el Camino para
realizarnos como discípulos y misioneros.
III - Preguntas para animar y compartir:
1. Miramos nuestro interior:
• ¿Cuáles son las personas que menos tengo en cuenta, qué
considero “últimas”, que excluyo de mi mirada? ¿Qué estoy
dispuesto a hacer por ellas?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
2. Compartimos en grupo:
• ¿A qué persona o personas concretas que viven en
situaciones de hambre, sed, desnudez, enfermedad, prisión,
les hemos tendido una mano como comunidad? Si no lo
hemos hecho, ¿Cómo lo podemos hacer?
58
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
• ¿Qué le pedimos al Espíritu que convierta en nuestras
estructuras para ver y amar al Señor en los hermanos?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
IV - Oración final:
“Dios, Creador y Salvador, fuente de paz para toda la
tierra:
sé hoy nuestra vida.
Cristo, tú nos llamas a compartir con los demás;
unifícanos en tu amor.
Cristo, nuestro Pastor,
tú vienes a buscar a los que están perdidos,
visitas a los abandonados y a quienes están solos:
vivifica sus esperanzas.
Espíritu Consolador,
tú depositas en nosotros una esperanza y alegría
duraderas:
cólmanos con tu amor.
Espíritu Santificador,
tú suscitas en nosotros un amor que perdona:
Ven a nosotros, Espíritu Santo. Amén.”
59
FICHA 9
MISIÓN ES: COMPARTIR LA VIDA Y EL PAN
I - Aparecida nos dice:
“De los que viven en Cristo se espera un
testimonio muy creíble de santidad y compromiso.
Deseando y procurando esa santidad no vivimos
menos, sino mejor, porque cuando Dios pide más
es porque está ofreciendo mucho más:
“¡No tengan miedo de Cristo! Él no quita nada y lo
da todo”21
.”
Documento de Aparecida 352
• El Papa Francisco nos ayuda a profundizar:
“El Concilio Vaticano II destacó de manera
especial cómo la tarea misionera, la tarea de ampliar
los confines de la fe es un compromiso de todo
bautizado y de todas las comunidades cristianas:
«Viviendo el Pueblo de Dios en comunidades,
sobre todo diocesanas y parroquiales, en las que de
algún modo se hace visible, a ellas pertenece también
dar testimonio de Cristo delante de las gentes»22
.
Por tanto, se pide y se invita a toda comunidad a
hacer propio el mandato confiado por Jesús a los
Apóstoles de ser sus «testigos en Jerusalén, en toda
21
BENEDICTO XVI, Homilía en la inauguración del Pontificado, 24 de
abril de 2005.
22
(Decr.Ad gentes, 37)
60
Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra»23
,
no como un aspecto secundario de la vida cristiana,
sino como un aspecto esencial:
Todos somos enviados por los senderos del
mundo para caminar con nuestros hermanos,
profesando y dando testimonio de nuestra fe en Cristo
y convirtiéndonos en anunciadores de su Evangelio.”
Mensaje del Papa Francisco
para Jornada Mundial de las Misiones 2013
II - La Palabra de Dios nos ilumina:
“Denles ustedes de comer”
“Al atardecer, los discípulos se acercaron y le
dijeron: «Este es un lugar desierto y ya se hace
tarde; despide a la multitud para que vaya a las
ciudades a comprarse alimentos».
Pero Jesús les dijo: «No es necesario que se vayan,
denles de comer ustedes mismos».
Ellos respondieron: «Aquí no tenemos más que
cinco panes y dos pescados». «Tráiganmelos aquí»,
les dijo.
Y después de ordenar a la multitud que se sentara
sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos
pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció
la bendición, partió los panes, los dio a sus
discípulos, y ellos los distribuyeron entre la
multitud.
Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos
que sobraron se llenaron doce canastas.”
Mateo 14, 15 – 20
23
(Hch 1,8)
61
Apuntes para ayudar en la reflexión:
Este evangelio es un hermoso ejemplo de alguien que
comparte no sólo el pan sino la misión y sabe implicar a otros
en ella.
¿Qué descubrimos en Jesús?: Comparte su preocupación con
los discípulos, cuenta con los recursos que ellos tienen, y les
da espacio para que actúen.
Jesús se da cuenta de la situación y la necesidad de la
gente. Siente compasión. Los discípulos captan el deseo de
Jesús que se convierte para ellos en un reto, tras manifestar su
incapacidad de alimentar a tanta gente en aquel sitio
despoblado. Jesús toma los panes, que multiplicados, vuelven a
las manos de ellos para ser distribuidos.
Podemos centrar la mirada y detenernos en la actitud de
Jesús ante esas gentes: la misericordia.
Por misericordia Jesús les enseña largamente y por
misericordia los alimentará hasta dejarlos satisfechos.
Dios es Dios de misericordia y entró en la historia para librar
totalmente a los hombres de todas sus miserias, incluido el
pecado y la muerte. Ese es el reino de Dios. Jesús es la
encarnación de este reino de misericordia. Su misericordia es el
motor de su misión.
“Eran como ovejas sin pastor”: gente desorientada, sin
esperanza, alejadas de la verdad y además hambrientos y
sufrientes tras largos días de marcha. La misericordia de Jesús
se hace eficaz. Quiere abarcar todas las necesidades y miserias
y comienza por “enseñarles largamente”.
La motivación fundamental del misionero es la misericordia.
La misericordia es el motor que lleva a entregarse al
servicio de los demás, es esencial en una espiritualidad de la
misión.
III - Preguntas para animar y compartir:
62
1. Miramos nuestro interior:
• ¿Cómo involucro yo a los demás miembros de mi familia o
grupo en mis planes y proyectos? ¿Cómo me dejo implicar
en los de los demás?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
2. Compartimos en grupo:
• ¿Nos animamos a revisar la “participación”, la
“pertenencia”, el “compartir”, el “compromiso” personal y
grupal en el camino de la misión? ¿Cuáles son nuestras
fortalezas, cuáles las debilidades?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
IV - Oración final:
“Jesús, manso y humilde de corazón,
tú visitas a todo ser humano para revelarle el amor del
Padre.
Jesús, bondad sin medida,
tú liberas a los cautivos, tú perdonas nuestras faltas.
Jesús, nuestro descanso y nuestro refugio,
tu yugo es suave y tu carga ligera.
Jesús, enviado del Padre,
63
tú sanas nuestra ceguera.
Jesús, pan vivo bajado del cielo,
tú alimentas nuestro corazón con tu palabra.
Jesús, misionero incansable, peregrino de caminos,
tú has venido para encender un fuego en la tierra.
Jesús resucitado, alegría del Padre,
tú nos haces partícipes de tu alegría.
Jesús, tú eres el Camino, la Verdad y la Vida,
queremos compartir contigo y nuestros hermanos la vida
y el pan.”
64
FICHA 10
MISIÓN ES: ANUNCIAR CON PARRESÍA
I - Aparecida nos dice:
“El Espíritu en la Iglesia forja misioneros decididos
y valientes como Pedro 24
y Pablo25
, señala los
lugares que deben ser evangelizados y elige a
quiénes deben hacerlo26
.”
Documento de Aparecida 150 b
• Pablo VI y Francisco nos ayudan a profundizar:
“Sí, este mensaje es necesario. Es único. De ningún
modo podría ser reemplazado.
No admite indiferencia, ni sincretismo, ni
acomodos. Representa la belleza de la Revelación.
Lleva consigo una sabiduría que no es de este
mundo. Es capaz de suscitar por sí mismo la fe, una fe
que tiene su fundamento en la potencia de Dios27
.
Es la Verdad. Merece que el apóstol le dedique
todo su tiempo, todas sus energías y que, si es
necesario, le consagre su propia vida.”
Pablo VI,
Evangelii Nuntiandi 5
24
(cf. Hch 4, 13)
25
(cf. Hch 13, 9)
26
(cf. Hch 13, 2)
27
Cf. 1 Cor. 2, 5
65
“La luz de la fe no nos lleva a olvidarnos de los
sufrimientos del mundo. ¡Cuántos hombres y mujeres de
fe han recibido luz de las personas que sufren! San
Francisco de Asís, del leproso; la Beata Madre Teresa de
Calcuta, de sus pobres. Han captado el misterio que se
esconde en ellos. Acercándose a ellos, no les han quitado
todos sus sufrimientos, ni han podido dar razón cumplida
de todos los males que los aquejan. La luz de la fe no
disipa todas nuestras tinieblas, sino que, como una
lámpara, guía nuestros pasos en la noche, y esto basta
para caminar. Al hombre que sufre, Dios no le da un
razonamiento que explique todo, sino que le responde
con una presencia que le acompaña, con una historia de
bien que se une a toda historia de sufrimiento para abrir
en ella un resquicio de luz. En Cristo, Dios mismo ha
querido compartir con nosotros este camino y ofrecernos
su mirada para darnos luz. Cristo es aquel que, habiendo
soportado el dolor, «inició y completa nuestra fe» (Hb
12,2).
El sufrimiento nos recuerda que el servicio de la fe al
bien común es siempre un servicio de esperanza, que mira
adelante, sabiendo que sólo en Dios, en el futuro que
viene de Jesús resucitado, puede encontrar nuestra
sociedad cimientos sólidos y duraderos. En este sentido,
la fe va de la mano de la esperanza porque, aunque
nuestra morada terrenal se destruye, tenemos una
mansión eterna, que Dios ha inaugurado ya en Cristo, en
su cuerpo (cf. 2 Co 4,16-5,5). El dinamismo de fe,
esperanza y caridad (cf. 1 Ts 1,3; 1 Co 13,13) nos permite
así integrar las preocupaciones de todos los hombres en
nuestro camino hacia aquella ciudad « cuyo arquitecto y
constructor iba a ser Dios» (Hb 11,10), porque «la
esperanza no defrauda» (Rm 5,5).”
Papa Francisco,
Lumen Fidei 57
66
II - La Palabra de Dios nos ilumina:
“Vayan, Yo los envío”
“El Señor designó a otros setenta y dos, y los
envió de dos en dos para que lo precedieran en
todas las ciudades y sitios adonde él debía ir.
Y les dijo: «La cosecha es abundante, pero los
trabajadores son pocos.
Rueguen al dueño de los sembrados que envíe
trabajadores para la cosecha.
¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de
lobos.
No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se
detengan a saludar a nadie por el camino.
Al entrar en una casa, digan primero: « ¡Que
descienda la paz sobre esta casa!».
Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz
reposará sobre él; de lo contrario, volverá a
ustedes.
Permanezcan en esa misma casa, comiendo y
bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja
merece su salario. No vayan de casa en casa.
En las ciudades donde entren y sean recibidos,
coman lo que les sirvan; curen a sus enfermos y
digan a la gente: «El Reino de Dios está cerca de
ustedes».”
Lucas 10, 1- 9
Apuntes para ayudar en la reflexión:
En este momento los discípulos son enviados y Jesús coloca
en sus manos un verdadero “manual” de la misión. La esencia
de la misión de los discípulos es conducir a toda la humanidad a
la persona del Señor, a su seguimiento. Del mismo modo que
Jesús los llamó, sin forzarlos sino seduciendo su corazón,
apelando a la libre decisión de cada uno, así ellos deben hacer
discípulos a todos los pueblos de la tierra.
67
La misión no conoce restricciones: a todos los hombres, y al
hombre todo, con todas sus dimensiones. El reino se refleja en
el nuevo estilo de vida de quien lo anuncia. Repasemos algunos
rasgos distintivos de este nuevo estilo de vida.
El misionero se distingue por su corazón, por su ternura
activa para con los enfermos, los pobres, está impregnado de la
compasión de Jesús con los sufrientes de la tierra.
Al compartir la pobreza de Jesús queda claro que lo que
cuenta al fin y al cabo no son los recursos materiales para la
misión sino la persona, ella misma, en primer lugar.
Sabe iniciar la misión en el complejo mundo urbano, se
informa, saluda, es cortés.
Se distingue por su disponibilidad, por realizar bien la tarea
y su motivación es el servicio generoso.
El fracaso no lo deprime ni las reacciones agresivas de los
destinatarios le roban la paz. La misión está expuesta a
inconvenientes, algunos leves y otros de mayor envergadura. Él
actuará con madurez, a la altura de las circunstancias, al estilo
del Maestro.
En la misión, los discípulos deberán referir las palabras de
Jesús y reflejar su manera de actuar. Saben de la presencia y
ayuda del Señor que permanecerá a su lado a lo largo de toda
la historia.
III - Preguntas para animar y compartir:
1. Miramos nuestro interior:
• ¿Qué implicaciones tiene este texto de la palabra para mi
vida como discípulo(a) de Jesús?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
68
• De los rasgos que deben distinguir el modo de vivir de un
verdadero misionero del Reino ¿Cuáles estoy viviendo
personalmente? Mi vida ¿es anuncio de Jesús?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
2. Compartimos en grupo:
• Como grupo ¿A qué nos desafía el estilo de vida que Jesús
propone a sus misioneros? ¿Qué opciones, qué conversión
nos pide? ¿Qué debemos trabajar más?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
• ¿Qué decisiones concretas inspira en nosotros la Palabra a
favor de nuestro camino misionero?
………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………
IV - Oración final:
BIENAVENTURANZAS DEL MISIONERO
“Bienaventurado el misionero que vive enamorado de
Cristo, que se fía de Él como lo más necesario y absoluto,
porque no quedará defraudado.
Bienaventurado el misionero que cada mañana dice “Padre
nuestro”, llevando en su corazón todas las razas, pueblos y
lenguas, porque no se conformará con una vida mezquina.
69
Bienaventurado el misionero que mantiene su ideal e ilusión
por el Reino y no pierde el tiempo en cosas accidentales,
porque Dios acompaña a los que siguen su ritmo.
Bienaventurado el misionero con un corazón puro y
transparente, que sabe descubrir el amor y la ternura de
Dios sin complicaciones, porque Dios siempre se le revelará.
Bienaventurado el misionero que reconoce y acepta sus
limitaciones y debilidades y no pretende ser invencible,
porque Dios se complace en los humildes.
Bienaventurado el misionero que sabe discernir con
sabiduría lo que conviene callar y hablar en cada
circunstancia, porque nunca tendrá que arrepentirse de
haber ofendido a un hermano.
Bienaventurado el misionero que no puede vivir sin la
oración y sin saborear las riquezas de la Palabra de Dios,
porque esto dará sentido a su vida.
Bienaventurado el misionero que anuncia la verdad sobre
Jesucristo y denuncia las injusticias que oprimen a los
hombres, porque será llamado profeta de los signos de los
tiempos.
Bienaventurado el misionero que sabe asumir y valorar la
cultura de los pueblos, porque habrá entendido el misterio
de la Encarnación.
Bienaventurado el misionero que tiene tiempo para hacer
felices a los demás, que encuentra tiempo para los amigos,
la lectura, el esparcimiento, porque ha comprendido el
Mandamiento del Amor y se conoce humano y necesitado.”
Hna. María Virginia Ciette, SSpS
70
PARA FINALIZAR
MARÍA, NUESTRA GRAN MISIONERA
I - Aparecida nos dice:
“María es la gran misionera, continuadora de la
misión de su Hijo y formadora de misioneros.
Ella, así como dio a luz al Salvador del mundo, trajo
el Evangelio a nuestra América. En el acontecimiento
guadalupano, presidió junto al humilde Juan Diego el
Pentecostés que nos abrió a los dones del Espíritu.
Desde entonces son incontables las comunidades que
han encontrado en ella la inspiración más cercana
para aprender cómo ser discípulos y misioneros de
Jesús.
Con gozo constatamos que se ha hecho parte del
caminar de cada uno de nuestros pueblos, entrando
profundamente en el tejido de su historia y acogiendo
los rasgos más nobles y significativos de su gente.
Las diversas advocaciones y los santuarios esparcidos a
lo largo y ancho del Continente testimonian la
presencia cercana de María a la gente y, al mismo
tiempo, manifiestan la fe y la confianza que los
devotos sienten por ella. Ella les pertenece y ellos la
sienten como madre y hermana.”
Documento de Aparecida 269
• El Papa Francisco nos ayuda a profundizar:
"María, haznos sentir tu mirada de madre, guíanos a
tu Hijo, haz que no seamos cristianos de escaparate,
sino de los que saben mancharse las manos para
construir con tu Hijo Jesús su Reino de amor, de
alegría y de paz."
Papa Francisco 12/12/2013
71
II - La Palabra de Dios nos ilumina:
“Mi alma canta la grandeza del Señor”
“Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se
estremece de gozo en Dios, mi salvador, porque el miró
con bondad la pequeñez de tu servidora.
En adelante todas las generaciones me llamarán feliz,
porque el Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas:
¡su Nombre es santo!”
Lucas 1, 46 -49
Apuntes para ayudar en la reflexión:
El canto del Magnificat, colocado en labios de María, nos
la presenta como anunciadora de las acciones de Dios en ella,
auténtica misionera.
La V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y de
El Caribe reunida en Aparecida, nos presenta a María como
ejemplo y modelo de discípula misionera en el proceso de dar
vida a nuestros pueblos.
En ese itinerario de formación de creyentes, María nos
ha precedido y sigue siendo un ejemplo para todos los
cristianos.
¡Qué momento tan especial nos brinda el Señor, para
que animados por su Santo Espíritu y bajo la protección de
María, llevemos a todos los hombres y mujeres el mensaje de la
auténtica liberación: la persona de Jesucristo!
¡Que el Señor nos dé las luces y fuerzas necesarias para
ser fieles a su Palabra y al momento histórico que vivimos para
bien de todos nuestros hermanos, para que en Él todos
tengamos vida en abundancia!
Junto a ella hagamos nuestra oración final agradecida:
“María, mujer de la escucha,
haz que se abran nuestros oídos;
que sepamos escuchar la Palabra de tu Hijo Jesús
entre las miles de palabras de este mundo;
72
haz que sepamos escuchar la realidad en la que
vivimos,
a cada persona que encontramos,
especialmente a quien es pobre,
necesitado, tiene dificultades.
María, mujer de la decisión,
ilumina nuestra mente y nuestro corazón,
para que sepamos obedecer a la Palabra
de tu Hijo Jesús sin vacilaciones;
danos la valentía de la decisión,
de no dejarnos arrastrar
para que otros orienten nuestra vida.
María, mujer de la acción,
haz que nuestras manos y nuestros pies
se muevan «deprisa» hacia los demás,
para llevar la caridad y el amor de tu Hijo Jesús,
para llevar, como tú,
la luz del Evangelio al mundo. Amén.”
Papa Francisco, 31 de Mayo de 2013
73
EVANGELII
GAUDIUM
74
75
PRESENTACIÓN
El Papa Francisco al clausurar el Año de la Fe en noviembre de
2013 nos hace el regalo de la Exhortación Apostólica, Evangelii
Gaudium “La Alegría del Evangelio”.
Escuchando al Espíritu y reconociendo comunitariamente los
signos de los tiempos entre el 7 y el 28 de octubre de 2012, se
celebró la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los
Obispos sobre el tema La nueva evangelización para la
transmisión de la fe cristiana.
Francisco recogiendo la riqueza de los trabajos realizados en el
Sínodo, y aceptando el pedido de los obispos, redacta para toda
la Iglesia esta Exhortación.
En este documento nos invita a una nueva etapa
evangelizadora marcada por la alegría del Evangelio que llena
el corazón y la vida de los que se encuentran con Jesús.
“Sólo gracias a ese encuentro —o reencuentro— con el amor de
Dios, que se convierte en feliz amistad, somos rescatados de
nuestra conciencia aislada y de la autorreferencialidad. Lle-
gamos a ser plenamente humanos cuando somos más que
humanos, cuando le permitimos a Dios que nos lleve más allá
de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero.
Allí está el manantial de la acción evangelizadora. Porque, si
alguien ha acogido ese amor que le devuelve el sentido de la
vida, ¿cómo puede contener el deseo de comunicarlo a otros?”
E.G. 8
76
77
INTRODUCCIÓN
EL SUEÑO DEL PAPA
[…] “La actividad misionera «representa aún hoy día el
mayor desafío para la Iglesia» y «la causa misionera debe
ser la primera». ¿Qué sucedería si nos tomáramos realmente
en serio esas palabras? Simplemente reconoceríamos que la
salida misionera es el paradigma de toda obra de la Iglesia.
En esta línea, los Obispos latinoamericanos afirmaron que ya
«no podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en
nuestros templos»*** y que hace falta pasar «de una pastoral
de mera conservación a una pastoral decididamente
misionera».
Esta tarea sigue siendo la fuente de las mayores alegrías para
la Iglesia: «Habrá más gozo en el cielo por un solo pecador que
se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan
convertirse» (Lc 15,7)”.
E.G.15
En esta Exhortación el Papa Francisco nos presenta caminos
para la marcha de la Iglesia en los próximos años y líneas que
puedan alentar y orientar una nueva etapa evangelizadora
llena de fervor y dinamismo.
Nos invita a asumir un estilo evangelizador que llegue a las
periferias de todos los que necesitan luz, que salga de la
comodidad, que sepa adelantarse, involucrarse, metiéndose
con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás; buscando
a los lejanos, con “olor a oveja”, aguante apostólico, brindando
misericordia.
…“Conservemos, pues, el fervor espiritual. Conservemos la
dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando
hay que sembrar entre lágrimas. Hagámoslo —como Juan el
78
Bautista, como Pedro y Pablo, como los otros Apóstoles, como
esa multitud de admirables evangelizadores que se han
sucedido a lo largo de la historia de la Iglesia— con un ímpetu
interior que nadie ni nada sea capaz de extinguir. Sea ésta la
mayor alegría de nuestras vidas entregadas. Y ojalá que el
mundo actual —que busca a veces con angustia, a veces con
esperanza— pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de
evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos,
sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el
fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la
alegría de Cristo, y aceptan consagrar su vida a la tarea de
anunciar el reino de Dios y de implantar la Iglesia en el
mundo”...
E.N.80
Escuchando el sueño del Papa:
“Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo,
para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y
toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado
para la evangelización del mundo actual más que para la
autopreservación.
La reforma de estructuras que exige la conversión pastoral sólo
puede entenderse en este sentido: procurar que todas ellas se
vuelvan más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas sus
instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los
agentes pastorales en constante actitud de salida y favorezca
así la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús
convoca a su amistad”.
Queremos responder a su anhelo convirtiéndonos y
constituyéndonos en todas las regiones de la tierra en un
«estado permanente de misión».1
En estas fichas, nos detenemos y resaltamos algunas notas del
estilo evangelizador que nos propone Francisco para que
nuestro testimonio de discípulos misioneros se renueve y
profundice; acogiendo en medio de nuestro compromiso
79
cotidiano la exhortación de la Palabra de Dios: “Alegraos
siempre en el Señor. Os lo repito, ¡alegraos!” (Flp 4,4)
1 Documento de Aparecida - 201.
Estas fichas son una sugerencia para leer y profundizar la
Exhortación “La Alegría del Evangelio”, también para
entusiasmarnos comunitariamente por la misión.
Tienen una estructura sencilla, algún número del documento
introduce la reflexión, un texto de la palabra para iluminar el
contenido, preguntas para hacer memoria de nuestra
experiencia vital y otras para compartir con nuestro grupo de
referencia. Podemos aquí armar un grupo, quizás en familia o
con algunos miembros de ella, a lo mejor algunos compañeros
de trabajo, del colegio ¿por qué no?
No descartemos invitar a algunos vecinos, e ir rotando la casa
en la que nos reunimos mate de por medio.
Seguramente se nos van a ocurrir ideas para enriquecer este
aporte, mirar algún video y escuchar al Papa hablando,
dialogando, mirar sus gestos y no sólo conmovernos sino
dejarnos interpelar para salir como él.
Dejémonos inspirar por el Espíritu para revitalizar nuestra
experiencia de discípulos misioneros.
“La obra de la evangelización supone, en el evangelizador, un
amor fraternal siempre creciente hacia aquellos a los que
evangeliza. Un modelo de evangelizador como el Apóstol San
Pablo escribía a los tesalonicenses estas palabras que son todo
un programa para nosotros: "Así, llevados de nuestro amor por
vosotros, queremos no sólo daros el Evangelio de Dios, sino aun
nuestras propias vidas: tan amados vinisteis a sernos"
E.N.79
80
FICHA 1
¡NO TE PRIVES DE PASAR UN BUEN DÍA!
I – Francisco en su carta nos dice:
Cristo es el «Evangelio eterno» (Ap 14,6) […] Él siempre
puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestra
comunidad y, aunque atraviese épocas oscuras y debilidades
eclesiales, la propuesta cristiana nunca envejece. Jesucristo
también puede romper los esquemas aburridos en los cuales
pretendemos encerrarlo y nos sorprende con su constante
creatividad divina. Cada vez que intentamos volver a la fuen-
te y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos
caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos
más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado
para el mundo actual. En realidad, toda auténtica acción
evangelizadora es siempre «nueva».
E.G.11
II – Nos alegramos con el Evangelio:
“Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró
como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la
lectura.
Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo,
encontró el pasaje donde estaba escrito:
"El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado
por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los
pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los
ciegos, a dar la libertad a los oprimidos
y proclamar un año de gracia del Señor".
Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos
en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Entonces comenzó a
decirles: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que
acaban de oír». Todos daban testimonio a favor de él y estaban
81
llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su
boca. Y decían: «¿No es este el hijo de José?».
Lucas 4, 16 - 22
Apuntes para ayudar en la reflexión:
Nos encontramos con Jesús en su primera predicación. Está en
Nazareth, la ciudad “donde se había criado”; es miembro de
esa comunidad, para su auditorio es una figura familiar. Jesús
hace y comenta la lectura del pasaje tomado de uno de los
profetas.
Es un anuncio que revive la esperanza e invita a abrirse a la
acción de Dios. La Buena noticia del Reino en boca de Jesús es
ésta:
El anuncio de la buena noticia a los pobres...
¡Se cumple hoy!
La proclamación de la liberación a los cautivos y la
recuperación de la vista a los ciegos
¡Se cumple hoy!
La liberación de los oprimidos
¡Se cumple hoy!
¿Qué tenemos que predicar hoy? Nada más y nada menos que
esta profunda alegría que sigue siendo actual y viva en nuestro
tiempo.
III - Para animar y compartir:
Miramos nuestro interior con memoria agradecida:
La alegría evangelizadora siempre brilla sobre el trasfondo
de la memoria agradecida: es una gracia que necesitamos
pedir. Los Apóstoles jamás olvidaron el momento en que Jesús
les tocó el corazón: « Era alrededor de las cuatro de la tarde »
(Jn 1,39).
[…] A veces se trata de personas sencillas y cercanas que nos
iniciaron en la vida de la fe: « Tengo presente la sinceridad de
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  • 2. 2
  • 3. 3 PRESENTACIÓN: “¡ES HERMOSO SER MISIONEROS!” Nuestro querido Papa Francisco siguiendo las huellas de sus predecesores y continuando con su testimonio y magisterio en la Iglesia de Buenos Aires; hoy, desde la cátedra de Pedro, nos habla permanentemente de la misión. “Jesús no es un misionero aislado, no quiere realizar solo su misión, sino que involucra a sus discípulos. Jesús no quiere obrar solo, vino a traer al mundo el amor de Dios y quiere difundirlo con el estilo de la comunión, con el estilo de la fraternidad. Por eso forma una comunidad de discípulos, que es una comunidad misionera. Y los entrena para la misión, para ir. Piensen esto, pregúntense: ¿Jesús me llama a ir, a salir de mí para hacer el bien? Ustedes, ¿son valientes para esto, tienen la valentía de escuchar la voz de Jesús? ¡Es hermoso ser misioneros! Todos deben ser misioneros, todos pueden sentir la llamada de Jesús e ir hacia delante a anunciar el Reino. El Evangelio cuenta que los discípulos regresaron de su misión llenos de alegría, porque habían experimentado el poder del Nombre de Cristo contra el mal. Jesús lo confirma: a estos discípulos Él les da la fuerza para derrotar al maligno. Pero agrega: “No se alegren de que los espíritus se les sometan; alégrense porque sus nombres están escritos en el cielo” (Lc 10, 20). No debemos vanagloriarnos como si fuésemos nosotros los protagonistas: protagonista es uno solo, ¡es el Señor! protagonista es la gracia del Señor. Él es el único protagonista. Y nuestra alegría es sólo
  • 4. 4 esta: ser sus discípulos, ser sus amigos. Que la Virgen nos ayude a ser buenos obreros del Evangelio.” (Ángelus 7/7/2013) Si recorremos sus mensajes y actitudes en distintas ocasiones cuando estaba en la Arquidiócesis volveremos a escuchar que la pauta de una Iglesia misionera es el índice de “calle” que tiene la Iglesia: si la Iglesia es una iglesia callejera, recorriendo geriátricos, hospitales, lugares de misión, en las vacaciones, en el verano, el invierno…afinar la puntería hacia dónde va la misión, hacia dónde va el anuncio, salir de los grupos, de las seguridades para encontrarnos con tantos hermanos nuestros alejados y desconocidos, que buscan la luz, el consuelo, la verdad, el sentido…que buscan la salvación. Este salir es la misión. “La misionariedad no es sólo una cuestión de territorios geográficos, sino de pueblos, de culturas e individuos independientes, precisamente porque los “confines” de la fe no sólo atraviesan lugares y tradiciones humanas, sino el corazón de cada hombre y cada mujer… … En esta situación tan compleja, donde el horizonte del presente y del futuro parece estar cubierto por nubes amenazantes, se hace aún más urgente el llevar con valentía a todas las realidades, el Evangelio de Cristo, que es anuncio de esperanza, reconciliación, comunión; anuncio de la cercanía de Dios, de su misericordia, de su salvación; anuncio de que el poder del amor de Dios es capaz de vencer las tinieblas del mal y conducir hacia el camino del bien. El hombre de nuestro tiempo necesita una luz fuerte que ilumine su camino y que sólo el encuentro con Cristo puede darle.
  • 5. 5 Traigamos a este mundo, a través de nuestro testimonio, con amor, la esperanza que se nos da por la fe. La naturaleza misionera de la Iglesia no es proselitista, sino testimonio de vida que ilumina el camino, que trae esperanza y amor. La Iglesia – lo repito una vez más – no es una organización asistencial, una empresa, una ONG, sino que es una comunidad de personas, animadas por la acción del Espíritu Santo, que han vivido y viven la maravilla del encuentro con Jesucristo y desean compartir esta experiencia de profunda alegría, compartir el mensaje de salvación que el Señor nos ha dado. Es el Espíritu Santo quien guía a la Iglesia en este camino.” Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones 2013
  • 6. 6
  • 7. 7 INTRODUCCIÓN EL CORAZÓN DE APARECIDA ES LA MISIÓN El corazón de Aparecida es la misión, como vocación absoluta de la Iglesia y de cada bautizado. En nuestra Arquidiócesis estamos viviendo en Estado de Misión y todos los que participamos en las comunidades de la Iglesia de Buenos Aires queremos renovar este compromiso misionero. La realidad se presenta a menudo complicada y tal vez desconcertante, como cristianos queremos vivirla como hombres y mujeres apasionados por el Reino, impregnando todas las estructuras de la sociedad de un Amor que hemos conocido y que es lo mejor que nos pasó en la vida. Queremos abrir nuestros ojos ante esta ciudad donde Dios vive y donde Dios necesita ser anunciado, y salir llevado el anuncio del Evangelio siendo testigos, luz, calor, abrazo y abrigo allí donde el Espíritu nos envíe. “La fuerza de este anuncio de vida será fecunda si lo hacemos con el estilo adecuado, con las actitudes del Maestro, teniendo siempre a la Eucaristía como fuente y cumbre de toda actividad misionera. Invocamos al Espíritu Santo para poder dar un testimonio de proximidad que entraña cercanía afectuosa, escucha, humildad, solidaridad, compasión, diálogo, reconciliación, compromiso con la justicia social y capacidad de compartir, como Jesús lo hizo. Él sigue convocando, sigue invitando, sigue ofreciendo incesantemente una vida digna y plena para todos.
  • 8. 8 Nosotros somos ahora, en América Latina y El Caribe, sus discípulos y discípulas, llamados a navegar mar adentro para una pesca abundante. Se trata de salir de nuestra conciencia aislada y de lanzarnos, con valentía y confianza (parresía), a la misión de toda la Iglesia.” Documento de Aparecida 363 Estas breves reflexiones tienen una estructura simple: • Introducen los encuentros las citas del Documento de Aparecida para leer en común, son una invitación a tomamos un tiempo para reflexionar y pensar según la espiritualidad de nuestro grupo un compromiso misionero para ser vivido en nuestra realidad familiar, laboral, eclesial, social, en nuestro ámbito. • A continuación les proponemos meditar con textos del Evangelio que nos iluminan y desde los cuales queremos redescubrir juntos el estilo misionero de Jesús. • Siguen algunas preguntas que quieren ayudarnos a mirarnos interiormente, a contemplar nuestra experiencia de vida, para ser capaces de compartirla después con nuestros hermanos. • Cierra el encuentro una oración sencilla. Que María, la primera misionera de Jesús, portadora de su Buena Noticia de amor y salvación para todos, acompañe y guíe nuestras reuniones como Madre buena, discípula atenta y amorosa maestra de vida: “Detenemos la mirada en María y reconocemos en ella una imagen perfecta de la discípula misionera.
  • 9. 9 Ella nos exhorta a hacer lo que Jesús nos diga1 para que Él pueda derramar su vida en América Latina y El Caribe. Junto con ella, queremos estar atentos una vez más a la escucha del Maestro, y, en torno a ella, volvemos a recibir con estremecimiento el mandato misionero de su Hijo: “Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos”2 . Lo escuchamos como comunidad de discípulos misioneros, que hemos experimentado el encuentro vivo con Él y queremos compartir todos los días con los demás esa alegría incomparable.” Documento de Aparecida 364 1 (cf. Jn 2, 5) 2 (Mt 28,19)
  • 10. 10
  • 11. 11 FICHA 1 MISIÓN ES: CERCANÍA Y ENCUENTRO I - Aparecida nos dice: “Dios vive en nuestra ciudad” “La fe nos enseña que Dios vive en la ciudad, en medio de sus alegrías, anhelos y esperanzas, como también en sus dolores y sufrimientos. Las sombras que marcan lo cotidiano de las ciudades, como por ejemplo, violencia, pobreza, individualismo y exclusión, no pueden impedirnos que busquemos y contemplemos al Dios de la vida también en los ambientes urbanos. Las ciudades son lugares de libertad y oportunidad. En ellas las personas tienen la posibilidad de conocer a más personas, interactuar y convivir con ellas. En las ciudades es posible experimentar vínculos de fraternidad, solidaridad y universalidad. En ellas el ser humano es llamado constantemente a caminar siempre más al encuentro del otro, convivir con el diferente, aceptarlo y ser aceptado por él. El proyecto de Dios es “la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén”, que baja del cielo, junto a Dios, “engalanada como una novia que se adorna para su esposo”, que es “la tienda de campaña que Dios ha instalado entre los hombres. Acampará con ellos; ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos. Enjugará las lágrimas de sus ojos y no habrá ya muerte ni luto, ni llanto, ni dolor, porque todo lo antiguo ha desaparecido”3 . Este proyecto en su plenitud es futuro, pero ya está realizándose en Jesucristo, “el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin”4 , que nos dice “Yo hago nuevas todas las cosas”5 . La Iglesia está al servicio de la realización de esta Ciudad Santa, a través de la proclamación y vivencia de la Palabra, de la celebración de la Liturgia, de la comunión fraterna y del 3 (Apocalipsis 21, 2-4) 4 (Apocalipsis 21, 6) 5 (Apocalipsis 21, 5)
  • 12. 12 servicio, especialmente, a los más pobres y a los que más sufren, y así va transformando en Cristo, como fermento del Reino, la ciudad actual.” Documento de Aparecida 514-516 • El Papa Francisco nos ayuda a profundizar: “En Aparecida se dan de manera relevante dos categorías pastorales que surgen de la misma originalidad del Evangelio y también pueden servirnos de pauta para evaluar el modo como vivimos eclesialmente el discipulado misionero: la cercanía y el encuentro. Ninguna de las dos es nueva, sino que conforman la manera cómo se reveló Dios en la historia. Es el “Dios cercano” a su pueblo, cercanía que llega al máximo al encarnarse. Es el Dios que sale al encuentro de su pueblo. Existen en América Latina y El Caribe pastorales “lejanas”, pastorales disciplinarias que privilegian los principios, las conductas, los procedimientos organizativos… por supuesto sin cercanía, sin ternura, sin caricia. Se ignora la “revolución de la ternura” que provocó la encarnación del Verbo. Hay pastorales planteadas con tal dosis de distancia que son incapaces de lograr el encuentro: encuentro con Jesucristo, encuentro con los hermanos. Este tipo de pastorales a lo más pueden prometer una dimensión de proselitismo pero nunca llegan a lograr ni inserción eclesial ni pertenencia eclesial. La cercanía crea comunión y pertenencia, da lugar al encuentro. La cercanía toma forma de diálogo y crea una cultura del encuentro.” Papa Francisco, Encuentro con el Comité de Coordinación del CELAM, Río de Janeiro 28/07/2013
  • 13. 13 II - La Palabra de Dios nos ilumina: “Vengan y verán” “Al día siguiente, estaba Juan otra vez allí con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: «Este es el Cordero de Dios». Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús. El se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: «¿Qué quieren?». Ellos le respondieron: «Rabbí –que traducido significa Maestro– ¿dónde vives?». «Vengan y lo verán», les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde. Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo «Hemos encontrado al Mesías», que traducido significa Cristo. Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas», que traducido significa Pedro. Al día siguiente, Jesús resolvió partir hacia Galilea. Encontró a Felipe y le dijo: «Sígueme».” Juan 1, 35- 43 Apuntes para ayudar en la reflexión: En este evangelio de San Juan podemos contemplar la figura del Bautista que no busca protagonismo, y que señalando a Jesús les dice a sus discípulos: “Miren, ese es el Cordero de Dios”. Centra toda su atención y la de los dos discípulos en Él, sin preocuparle la posibilidad de quedar solo. Jesús se da cuenta que lo siguen, se da vuelta y les pregunta: “¿Qué están buscando?” Para decidirnos por un seguimiento a Jesús es necesario ponernos en camino como buscadores de Aquel que desde siempre nos está esperando. La respuesta es sencilla: “¿Maestro, dónde vives?”. Es otra manera de decir: “Queremos estar con vos, invitanos”; y
  • 14. 14 en realidad eso fue lo que hizo Jesús cuando les dijo: “Vengan y vean”. Juan nos dice que pasaron con Él el resto del día, ya eran cerca de las cuatro de la tarde. Pero las cosas no terminan allí. Cuando las experiencias son profundas uno no se puede quedar con ellas sin compartirlas. Eso fue lo que les sucedió a los discípulos. Andrés comparte su experiencia con el primero que encuentra y que es su mismo hermano Simón. Lo hace con una frase muy significativa: “Hemos encontrado al Mesías”. Y no se limitó a contarle que habían encontrado al Mesías sino que lo llevó hasta donde estaba Jesús. Una mediación perfecta. Esto debe suceder siempre que nos encontramos con Jesús. No podemos guardarnos el hallazgo para nosotros solos. Hay algo que nos impulsa a compartirlo con los demás no como noticia de última hora sino como una invitación para que también otros lo encuentren. “Todo el mundo debería poder experimentar la alegría de ser amados por Dios, el gozo de la salvación. Y es un don que no se puede conservar para uno mismo, sino que debe ser compartido. Si queremos guardarlo sólo para nosotros mismos, nos convertiremos en cristianos aislados, estériles y enfermos.” Papa Francisco Mensaje para Jornada Mundial de las Misiones 2013 III - Preguntas para animar y compartir: 1. Miramos nuestro interior: • Miramos, escuchamos, contemplamos a Jesús y redescubrimos en sus palabras, gestos, actitudes, sus rasgos y estilo misionero. Enumero en una o dos palabras que descubro hoy en este encuentro con Él en su Evangelio:
  • 15. 15 ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… • Le pregunto: ¿Qué esperas de mí hoy, en mi situación actual? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… • Hago memoria del momento de mi vida en el que me sentí encontrado, alcanzado por Jesús. ¿Qué pasó en mi corazón?, ¿Qué experimenté?, ¿Qué cambio se dio en mi vida? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… • ¿En mi vida es tan fuerte la presencia de Jesús y mi empeño por seguirlo que he ayudado a otros a encontrarlo? ¿A quiénes he ayudado? ¿Quiénes me ayudaron a mí? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… Compartimos en grupo: • ¿Qué camino grupal hemos hecho o estamos haciendo en la búsqueda sincera de Jesús vivo y presente en nuestra
  • 16. 16 ciudad, nuestra realidad? ¿Cómo estamos siguiendo sus huellas? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… • ¿A qué compromiso comunitario misionero nos desafía este Evangelio a la luz de Aparecida y del magisterio del Papa Francisco? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… IV - Oración final: “Padre de bondad, Tú que eres rico en amor y misericordia, que nos enviaste a tu Hijo Jesús para nuestra salvación, escucha nuestra oración, escucha a tu Iglesia. Que todos los bautizados sepamos responder al llamado de Jesús: "Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos". Fortalece con el fuego de tu Espíritu a todos los misioneros, que en tu nombre anuncian la Buena Nueva del Reino. María, Madre de la Iglesia y Estrella de la Evangelización, acompañanos y concedenos el don de la perseverancia en nuestro compromiso misionero. Queremos ser como vos,
  • 17. 17 queremos seguir a tu Hijo y descubrirlo cada día vivo y presente en nuestra ciudad. Queremos ser misioneros de la ternura, al servicio de la vida, cuidándonos y animándonos unos a otros para ir transformando en Cristo, como fermento del Reino, nuestra ciudad actual.”
  • 18. 18 FICHA 2 MISIÓN ES: CAMINAR CON DIOS Y CON LOS HERMANOS I - Aparecida nos dice: “En su Palabra y en todos los sacramentos, Jesús nos ofrece un alimento para el camino. La Eucaristía es el centro vital del universo, capaz de saciar el hambre de vida y felicidad: “El que me coma vivirá por mí”6 . En ese banquete, feliz participamos de la vida eterna y, así, nuestra existencia cotidiana se convierte en una Misa prolongada. Pero, todos los dones de Dios requieren una disposición adecuada para que puedan producir frutos de cambio. Especialmente, nos exigen un espíritu comunitario, abrir los ojos para reconocerlo y servirlo en los más pobres: “En el más humilde encontramos a Jesús mismo”. Por eso san Juan Crisóstomo exhortaba: “¿Quieren en verdad honrar el cuerpo de Cristo? No consientan que esté desnudo. No lo honren en el templo con manteles de seda mientras afuera lo dejan pasar frío y desnudez”7 . “Con la parábola de la Vid y los Sarmientos8 , Jesús revela el tipo de vinculación que Él ofrece y que espera de los suyos. No quiere una vinculación como “siervos”, porque “el siervo no conoce lo que hace su señor”. El siervo no tiene entrada a la casa de su amo, menos a su vida. Jesús quiere que su discípulo se vincule a Él como “amigo” y como “hermano”. El “amigo” ingresa a su Vida, haciéndola propia. El amigo escucha a Jesús, conoce al Padre y hace fluir su Vida en la propia existencia, 6 (Jn 6, 57) 7 SAN JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre san Mateo, L, 3-4: PG 58, 508-509. 8 (cf. Jn 15, 1-8)
  • 19. 19 marcando la relación con todos. El “hermano” de Jesús participa de la vida del Resucitado, Hijo del Padre celestial, por lo que Jesús y su discípulo comparten la misma vida que viene del Padre, aunque Jesús por naturaleza y el discípulo por participación. La consecuencia inmediata de este tipo de vinculación es la condición de hermanos que adquieren los miembros de su comunidad.” Documento de Aparecida 354.132 • El Papa Francisco nos ayuda a profundizar: “La vida cristiana, es siempre un seguir al Señor. Pero para seguirle primero hay que «oír qué nos dice»; y después hay que dejar lo que en ese momento debemos dejar y seguirle. Finalmente está la misión que Jesús nos confía. Él jamás dice: “¡Sígueme!”, sin después decir la misión. Dice siempre: “Deja y sígueme para esto”». Así que, si vamos por el camino de Jesús es para hacer algo. Ésta es la misión. Es una secuencia que se repite también cuando vamos a orar. De hecho nuestra oración debe tener siempre estos tres momentos. Ante todo la escucha de la palabra de Jesús, una palabra a través de la cual Él nos da la paz y nos asegura su cercanía. Después el momento de nuestra renuncia: debemos estar dispuestos a dejar algo: “Señor, ¿qué quieres que deje para estar más cerca tuyo?”. Tal vez en aquel momento no lo dice. Pero nosotros hagamos la pregunta generosamente. Finalmente, llega el momento de la misión: la oración nos ayuda siempre a entender lo que debemos hacer. He aquí entonces la síntesis de nuestro orar:
  • 20. 20 Oír al Señor, tener el valor de despojarnos de algo que nos impide ir deprisa para seguirle, y finalmente aceptar la misión.” Papa Francisco Homilía en Santa Marta, 5 de septiembre de 2013 II - La Palabra de Dios nos ilumina: “Jesús se acercó y siguió caminando con ellos” “Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido. Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. El les dijo: «¿Qué comentaban por el camino?». Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!». «¿Qué cosa?», les preguntó. Ellos respondieron: «Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro
  • 21. 21 y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron». Jesús les dijo: «¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No será necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?» Y comenzando por Moisés y continuando en todas las Escrituras lo que se refería a él. Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba». El entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. Y se decían: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?». En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén.” Lucas 24, 13 -33 Apuntes para ayudar en la reflexión: Jesús se acerca y camina junto con los discípulos, pero éstos no lo reconocen. Seguramente y muchas veces a nosotros y a tantos hombres y mujeres de nuestra ciudad, nos pasa lo mismo; situaciones duras, contradictorias, sueños frustrados no nos dejan descubrir la presencia de Jesús que está ahí, caminando a nuestro lado, dispuesto a darle sentido y esperanza a nuestras penas y decepciones. Jesús pregunta, interpela, los deja hablar, escucha. Se sitúa al mismo nivel en el que están ellos y con la luz de la palabra, esa que es capaz de encender la esperanza en la
  • 22. 22 oscuridad del corazón de los discípulos, los va conduciendo y los atrae hacia su experiencia de resurrección. Jesús no sólo comparte, el camino, la casa de ellos sino también su mesa. Y es en el gesto del don de sí, de su generosidad, del amor extremo donde los peregrinos lo reconocen. Con una nueva fuerza, transformados, salen a recorrer el camino inverso, regresan a la comunidad de la que se habían alejado, y a la que le habían perdido el gusto. Cada día podemos vivir esta relación tan estrecha entre el pan de la palabra y el pan eucarístico, alimento para la fe, para el amor. Cada día podemos encontrar en alguien que se hace cercano, que se nos da, que se hace compañero de camino y de vida, al Jesús que nos abre los ojos y nos hace arder el corazón. III - Preguntas para animar y compartir: 1. Miramos nuestro interior: • Miramos, escuchamos, contemplamos a Jesús y redescubrimos en sus palabras, gestos, actitudes, sus rasgos y estilo misionero. ¿Que descubro hoy en este encuentro con Él en su Evangelio?: ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… • Le pregunto: ¿Qué esperas de mí hoy, en mi situación actual? ……………………………………………………………………………………… ………………………………………………………………………………………
  • 23. 23 • ¿Qué decepciones, qué sueños frustrados guardo en mi corazón? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… • ¿He vivido situaciones, experiencias que me han hecho alejarme de la comunidad como los peregrinos de Emaús? ¿Quiénes como Jesús, han aparecido en el camino y se han hecho don generoso? ¿Los recuerdo con gratitud? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… 2. Compartimos en grupo: • ¿Qué actitudes de cercanía, de “caminar con”, de escucha según la pedagogía de Jesús pondremos en nuestro camino misionero con hermanos que se han alejado? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… • ¿Qué gestos tendremos que implementar para acercar la Palabra y la Eucaristía a nuestros hermanos para que su corazón arda? ¿Qué gestos y actitudes manifiestan nuestra apertura y acogida cuando hay hermanos que regresan o se acercan a la comunidad?
  • 24. 24 ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… IV - Oración final: “Jesús, Tú vienes a transfigurarnos para renovarnos a imagen de Dios: ilumina nuestras tinieblas. Jesús, luz del corazón, tú conoces nuestra sed: condúcenos hacia la fuente de tu Evangelio. Jesús, luz del mundo, tú iluminas a cada ser humano: haz que discernamos tu presencia en los demás. Jesús, amigo de los pobres: abre en nosotros las puertas de la sencillez para acogerte. Jesús, manso y humilde de corazón: renueva en nosotros el espíritu de infancia. Jesús, Tú haces posible que la Iglesia prepare tu camino en el mundo: abre para todos las puertas de tu Reino. Jesús, que vienes a nuestro encuentro y animas nuestro camino: ayúdanos a ser misioneros de la escucha, siempre atentos a tu voz y al clamor de los demás.”
  • 25. 25 FICHA 3 MISIÓN ES: ILUMINAR CON ALEGRÍA Y GRATITUD I - Aparecida nos dice: “La vida nueva de Jesucristo toca al ser humano entero y desarrolla en plenitud la existencia humana en su dimensión personal, familiar, social y cultural. Para ello, hace falta entrar en un proceso de cambio que transfigure los variados aspectos de la propia vida. Sólo así, se hará posible percibir que Jesucristo es nuestro salvador en todos los sentidos de la palabra. Sólo así, manifestaremos que la vida en Cristo sana, fortalece y humaniza. Porque Él es el Viviente, que camina a nuestro lado, descubriéndonos el sentido de los acontecimientos, del dolor y de la muerte, de la alegría y de la fiesta. La vida en Cristo incluye la alegría de comer juntos, el entusiasmo por progresar, el gusto de trabajar y de aprender, el gozo de servir a quien nos necesite, el contacto con la naturaleza, el entusiasmo de los proyectos comunitarios, el placer de una sexualidad vivida según el Evangelio, y todas las cosas que el Padre nos regala como signos de su amor sincero. Podemos encontrar al Señor en medio de las alegrías de nuestra limitada existencia y, así, brota una gratitud sincera.” Documento de Aparecida 354.132 • El Pablo VI y Francisco nos ayudan a profundizar: “Conservemos el fervor espiritual. Conservemos la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso
  • 26. 26 cuando hay que sembrar entre lágrimas. Hagámoslo — como Juan el Bautista, como Pedro y Pablo, como los otros Apóstoles, como esa multitud de admirables evangelizadores que se han sucedido a lo largo de la historia de la Iglesia— con un ímpetu interior que nadie ni nada sea capaz de extinguir. Sea ésta la mayor alegría de nuestras vidas entregadas. Y ojalá que el mundo actual —que busca a veces con angustia, a veces con esperanza— pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo y aceptan consagrar su vida a la tarea de anunciar el reino de Dios y de implantar la Iglesia en el mundo.” Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, 80 “Quisiera decirles una palabra, y esa palabra es: alegría. Algunos dirán: la alegría nace de las cosas que se tienen, y entonces he aquí la búsqueda del último modelo de “smartphone”, del coche que llama la atención… Otros, incluso, del vestido más a la moda, de la diversión... Sabemos que todo esto puede satisfacer algún deseo, crear alguna emoción, pero al final es una alegría que permanece en la superficie, no es una alegría íntima: es la euforia de un momento que no hace verdaderamente feliz. La alegría no es la euforia de un momento: ¡es otra cosa! La verdadera alegría no viene de las cosas, del tener, ¡no! Nace del encuentro, de la relación con los demás, nace de sentirse aceptado, comprendido, amado, y de aceptar, comprender y amar; y esto no por el interés de un momento, sino porque el otro, la
  • 27. 27 otra, es una persona. La alegría nace de la gratuidad de un encuentro. Es escuchar: «Tú eres importante para mí», no necesariamente con palabras. Esto es hermoso… Y es precisamente esto lo que Dios nos hace comprender. Dios nos dice: «Tú eres importante para mí, te quiero, cuento contigo». Jesús, a cada uno de nosotros, nos dice esto. De ahí nace la alegría. La alegría del momento en que Jesús me ha mirado. Comprender y sentir esto es el secreto de nuestra alegría. Sentirse amado por Dios, sentir que para él no somos números, sino personas y sentir que es él quien nos llama y nos envía. Santo Tomás decía: “bonum est diffusivum sui”, el bien se difunde. Y también la alegría se difunde.” Papa Francisco, 06/07/2013 II - La Palabra de Dios nos ilumina: “Sal de la tierra y luz del mundo” “Te he destinado a ser alianza del pueblo y luz de las gentes.” Isaías 42,6 “Te voy a poner por luz de las gentes, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra.” Isaías 49,6 “Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.
  • 28. 28 Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.” Mateo 5, 13 - 16 • Apuntes para ayudar en la reflexión: Lo que sucede en el interior de la vida del discípulo que ha acogido el reino proclamado por Jesús, debe verse luego en signos externos. La fuerza de esta palabra recae en lo que el discípulo está llamado a ser: sal y luz, como expresión de su identificación con Jesús. El plural “ustedes son” nos recuerda que no se trata de algo individual sino de la vida de las comunidades, las cuales a pesar de su pequeñez, despliegan el anuncio en el ambiente en el que están situadas. Si colocamos sal en una sopa, ésta tiene una doble virtud, estar en todo y ser discreta; de hecho nadie habla de ella, a menos que haga falta o esté en exceso. El evangelio dice específicamente “de la tierra”. Jesús nos remite con esta expresión al mundo de la agricultura en antiguo oriente; era costumbre agregarle sal al abono para darle más vigor, para que éste, fuese más fecundo. Nuestras comunidades cristianas están llamadas a ser instrumentos de la vida del Padre, que es padre de todos. Somos invitados desde este texto a redescubrir nuestra misión, ser fermento en el mundo con la vida de Jesús. La luz fue hecha para iluminar, por eso no admite ser escondida. En la antigüedad, cuando todavía no había
  • 29. 29 señalizaciones, la gente se orientaba por referencias: tal árbol, tal montaña o tal ciudad que se avistaba desde lejos. El discípulo de Jesús y su comunidad son un punto de referencia, de inspiración, de orientación para todos los que lo ven. La luz puesta en el lugar correcto permite apreciar los espacios, evitar tropiezos, pero sobre todo reconocer el rostro del otro. La luz pone en evidencia lo oculto, lo injusto, lo incorrecto. Así es la fuerza de vida de una comunidad de discípulos en su entorno. La comunidad no se proyecta en el mundo por vanidad, sino porque ésa es su misión; la finalidad última es la gloria del Padre. En el actuar de los discípulos, lo que se verá no es el protagonismo personal, individual o comunitario, sino el de Dios. Todos descubrirán a Dios amando como Padre bueno. Su rostro se revelará en el rostro de sus hijos. III - Preguntas para animar y compartir: 1. Miramos nuestro interior: • ¿Qué experimenta mi corazón al escuchar estas palabras? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… • ¿Qué realidades necesitan que sea sal y luz? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… 2. Compartimos en grupo:
  • 30. 30 • ¿Qué buenas obras harán que el Padre sea glorificado y alabado en nuestros ámbitos cotidianos? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… • ¿Qué pasos de humildad debemos dar para ser menos individualistas y más comunitarios? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… IV - Oración final: “Protege, Señor, a tus misioneros, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, que dejan todo para dar testimonio de tu palabra y de tu amor. En los momentos difíciles, sostenlos, consuela sus corazones, y corona su trabajo de frutos espirituales. Y que tu imagen del crucifijo que les acompaña siempre, les hable de heroísmo, de generosidad, de amor y de paz. Amén.” Beato Juan XXIII
  • 31. 31 FICHA 4 MISIÓN ES: AMAR Y CREAR COMUNIÓN I - Aparecida nos dice: “Con los ojos puestos en sus hijos y en sus necesidades, como en Caná de Galilea, María ayuda a mantener vivas las actitudes de atención, de servicio, de entrega y de gratuidad que deben distinguir a los discípulos de su Hijo. Indica, además, cuál es la pedagogía para que los pobres, en cada comunidad cristiana, “se sientan como en su casa”9 . Crea comunión y educa a un estilo de vida compartida y solidaria, en fraternidad, en atención y acogida del otro, especialmente si es pobre o necesitado. En nuestras comunidades, su fuerte presencia ha enriquecido y seguirá enriqueciendo la dimensión materna de la Iglesia y su actitud acogedora, que la convierte en “casa y escuela de la comunión10 , y en espacio espiritual que prepara para la misión.” Documento de Aparecida 272 • El Papa Francisco nos ayuda a profundizar: “La fe no aparta del mundo ni es ajena a los afanes concretos de los hombres de nuestro tiempo. 9 NMI 50 10 NMI43
  • 32. 32 Sin un amor fiable, nada podría mantener verdaderamente unidos a los hombres. La unidad entre ellos se podría concebir sólo como fundada en la utilidad, en la suma de intereses, en el miedo, pero no en la bondad de vivir juntos, ni en la alegría que la sola presencia del otro puede suscitar. La fe permite comprender la arquitectura de las relaciones humanas, porque capta su fundamento último y su destino definitivo en Dios, en su amor, y así ilumina el arte de la edificación, contribuyendo al bien común. Sí, la fe es un bien para todos, es un bien común; su luz no luce sólo dentro de la Iglesia ni sirve únicamente para construir una ciudad eterna en el más allá; nos ayuda a edificar nuestras sociedades, para que avancen hacia el futuro con esperanza. La Carta a los Hebreos pone un ejemplo de esto cuando nombra, junto a otros hombres de fe, a Samuel y David, a los cuales su fe les permitió « administrar justicia » (Hb 11,33). Esta expresión se refiere aquí a su justicia para gobernar, a esa sabiduría que lleva paz al pueblo (cf. 1 S 12,3-5; 2 S 8,15). Las manos de la fe se alzan al cielo, pero a la vez edifican, en la caridad, una ciudad construida sobre relaciones, que tienen como fundamento el amor de Dios.” Papa Francisco, Lumen Fidei 51 II - La Palabra de Dios nos ilumina: “Ámense los unos a los otros” “Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros.
  • 33. 33 En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros.” Juan 13, 34 – 35 Apuntes para ayudar en la reflexión: Jesús le da a sus discípulos el mandamiento del amor: “como yo los he amado, así también ámense los unos a los otros”. Este es el modo concreto como Jesús continuará en medio de su comunidad y, al mismo tiempo, como los discípulos serán identificados en cuanto tales. La experiencia del amor de Jesús, envuelve completamente la vida de los discípulos. Esta vida en el amor, es la luz de los discípulos. Jesús habla de un “mandato nuevo”, pero, ¿en qué está lo nuevo? Jesús no habla de amor en abstracto o de forma genérica, sino que su referente es el “como yo los he amado”. Es el comportamiento y las actitudes de Jesús lo que señala los límites y el estilo de este amor; en este sentido el mandato de Jesús es completamente nuevo, porque sólo los discípulos han experimentado su amor y porque sólo en la Cruz se reveló en plenitud el amor de Jesús y el del Padre. Por lo tanto, lo que Jesús subraya de manera particular es que el amor de cada discípulo por el otro debe testimoniar la intensidad y la grandeza del amor de Jesús Crucificado. El amor de los discípulos toma forma en el molde de la Cruz. El mandato no está en el simple hecho de “amar” sino “amar a la manera de Jesús”; amor de aceptación del otro, amor que ayuda y trasforma, que se despoja de sí mismo para buscar el bien del otro. En su forma de amar, cada uno le hará presente Jesús a su hermano. Jesús no se ha limitado a mandar que nos amemos sino que nos ofrece ante todo la experiencia de su propio amor,
  • 34. 34 vaciándolo en nuestros corazones, creando así entre Él, nosotros y los que nos rodean, un nuevo espacio vital y una nueva dinámica relacional. Discipulado y Misión se funden en este aspecto. El amor de la comunidad atraerá a muchos y será anuncio vivo de la presencia del Resucitado en el mundo. III - Preguntas para animar y compartir: 1. Miramos nuestro interior: • ¿Cuál es mi experiencia del amor de Jesús en mi vida? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… • Mi forma de amar ¿se inspira y tiene su fuerza en el amor de Jesús? ¿De qué me tengo que despojar para amar como Jesús? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… 2. Compartimos en grupo: • Jesús amó hasta el extremo a sus discípulos y les pidió que hicieran lo mismo con los demás. En nuestras comunidades, en nuestro grupo ¿cuál es ese “extremo” que manifiesta el amor a nuestros hermanos? ……………………………………………………………………………………… ………………………………………………………………………………………
  • 35. 35 IV - Oración final: Oración para Aprender a Amar “Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida; Cuando tenga sed, dame alguien que precise agua; Cuando sienta frío, dame alguien que necesite calor. Cuando sufra, dame alguien que necesita consuelo; Cuando mi cruz parezca pesada, déjame compartir la cruz del otro; Cuando me vea pobre, pon a mi lado algún necesitado. Cuando no tenga tiempo, dame alguien que precise de mis minutos; Cuando sufra humillación, dame ocasión para elogiar a alguien; Cuando esté desanimado, dame alguien para darle nuevos ánimos. Cuando quiera que los otros me comprendan, dame alguien que necesite de mi comprensión; Cuando sienta necesidad de que cuiden de mí, dame alguien a quien pueda atender; Cuando piense en mí mismo, vuelve mi atención hacia otra persona. Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos; Dales, a través de nuestras manos, no sólo el pan de cada día, también nuestro amor misericordioso, imagen del tuyo.” Beata Madre Teresa de Calcuta M.C.
  • 36. 36 “Mi alma se ha empleado y todo mi caudal en su servicio: ya no guardo ganado ni ya tengo otro oficio, que ya sólo amar es mi ejercicio.” San Juan de la Cruz
  • 37. 37 FICHA 5 MISIÓN ES: HACERSE PRÓJIMO COMPASIVO I - Aparecida nos dice: “La respuesta a su llamada exige entrar en la dinámica del Buen Samaritano11 , que nos da el imperativo de hacernos prójimos, especialmente con el que sufre, y generar una sociedad sin excluidos, siguiendo la práctica de Jesús que come con publicanos y pecadores12 , que acoge a los pequeños y a los niños13 , que sana a los leprosos14 , que perdona y libera a la mujer pecadora15 , que habla con la Samaritana16 .” Documento de Aparecida 135 • El Papa Francisco nos ayuda a profundizar: “El Espíritu Santo nos introduce en el misterio del Dios vivo, y nos salvaguarda del peligro de una Iglesia gnóstica y de una Iglesia autorreferencial, cerrada en su recinto; nos impulsa a abrir las puertas para salir, para anunciar y dar testimonio de la bondad del Evangelio, para comunicar el gozo de la fe, del encuentro con Cristo. El Espíritu Santo es el alma de la misión. 11 (cf. Lc 10, 29-37) 12 (cf. Lc 5, 29-32) 13 (cf. Mc 10, 13-16) 14 (cf. Mc 1, 40-45) 15 (cf. Lc 7, 36-49; Jn 8, 1-11) 16 (cf. Jn 4, 1-26)
  • 38. 38 Es el Espíritu Paráclito, el «Consolador», que da el valor para recorrer los caminos del mundo llevando el Evangelio. El Espíritu Santo nos muestra el horizonte y nos impulsa a las periferias existenciales para anunciar la vida de Jesucristo. Preguntémonos si tenemos la tendencia a cerrarnos en nosotros mismos, en nuestro grupo, o si dejamos que el Espíritu Santo nos conduzca a la misión.” Papa Francisco, Solemnidad de Pentecostés 2013 “El discipulado misionero es vocación: llamado e invitación. Se da en un “hoy” pero “en tensión”. No existe el discipulado misionero estático. El discípulo misionero no puede poseerse a sí mismo, su inmanencia está en tensión hacia la trascendencia del discipulado y hacia la trascendencia de la misión. No admite la autorreferencialidad: o se refiere a Jesucristo o se refiere al pueblo a quien se debe anunciar. Sujeto que se trasciende. Sujeto proyectado hacia el encuentro: el encuentro con el Maestro (que nos unge discípulos) y el encuentro con los hombres que esperan el anuncio. Por eso, me gusta decir que la posición del discípulo misionero no es una posición de centro sino de periferias: vive tensionado hacia las periferias… incluso las de la eternidad en el encuentro con Jesucristo. En el anuncio evangélico, hablar de “periferias existenciales” des-centra, y habitualmente tenemos miedo a salir del centro. El discípulo- misionero es un des-centrado: el centro es Jesucristo, que convoca y envía. El discípulo es enviado a las periferias existenciales.” Papa Francisco, Encuentro con el Comité de Coordinación del CELAM- 28/07/2013
  • 39. 39 II - La Palabra de Dios nos ilumina: “Haz tú lo mismo” “Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?».Jesús le preguntó a su vez: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?». Él le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo». «Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida». Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?». Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: "Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver". ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?». «El que tuvo compasión de él», le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: «Ve, y procede tú de la misma manera»”… Lucas 10, 25 - 37
  • 40. 40 Apuntes para ayudar en la reflexión: Este evangelio nos coloca ante una opción radical para vivir según el evangelio. ¿Quién es el prójimo? ¿Cómo hacerse prójimo? Jesús nos invita a observar cuidadosamente las acciones del samaritano. Todo lo que él hace está movido por la “misericordia”: se “aproxima”, “cura sus heridas”, le cede su propio puesto “montándolo en la cabalgadura”, lo “lleva a una posada” y “cuida de él” personalmente. Finalmente da de su propio bolsillo para que el tratamiento del herido llegue hasta el final. Y cuando se despide todavía prevé un nuevo encuentro: “cuando vuelva”, le dice el samaritano al posadero. Cada una de las acciones del buen samaritano nos habla. Podríamos detenernos por ejemplo, en el detalle de la montura: “Lo montó sobre su propia cabalgadura”. La ayuda al hermano implica cederle nuestro lugar, un compromiso de fondo; salir de nuestra comodidad, ponerse en el lugar del otro. Uno se hace prójimo con hechos concretos, no sólo con palabras. Hechos que seguramente le duelen al que los hace. No fue solamente un: “¡Uh!, ¡lo siento mucho!”, “¿qué le pasó?”, “¿por dónde se fueron los ladrones?”, “¡ que Dios lo bendiga!”. Jesús dice claramente: “Haz tú lo mismo”. Este hacer consiste en la práctica de la misericordia. La caridad individual debe ir a la par de la caridad institucional. No se trata de quitarse de encima la responsabilidad, sino de saber trabajar por el prójimo comunitariamente, asumiendo cada uno la tarea que le corresponde. Es importante saber trabajar juntos apoyando las diversas iniciativas que se toman en la Iglesia y en la sociedad. Las calles de nuestra ciudad son como aquel camino de Jericó donde alguien que quizás no conocemos aguarda por nuestra misericordia. Dejemos que el imperativo de Jesús se nos impregne en el corazón y se convierta en regla de vida: “¡Ve y haz tú lo mismo!”
  • 41. 41 III - Preguntas para animar y compartir: 1. Miramos nuestro interior: • Recuerdo la última vez que actué como el buen samaritano. ¿Con quién fue?, ¿Qué hice?, ¿Qué intereses y necesidades personales pasaron a segundo plano? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… • ¿Cuáles son las personas de mi entorno que más necesitan de mí y a quiénes algunas veces he negado mi ayuda oportuna? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… 2. Compartimos en grupo: • ¿Qué nos impide la proximidad, la cercanía, cuáles son nuestros miedos? ¿qué obstáculos encontramos frente a las tareas y un testimonio comunitario? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… • ¿Qué compromisos podemos asumir como comunidad para hacernos prójimos de los hombres y mujeres que están en la periferia, desconocidos, “invisibles”? ……………………………………………………………………………………… ………………………………………………………………………………………
  • 42. 42 IV - Oración final: Oración de un misionero mártir “¡Oh, mi Divino Salvador!, haz, por tu omnipotencia y tu infinita misericordia, que yo cambie y me transforme totalmente en Ti. Que mis manos sean las manos de Jesús, que mis ojos sean los ojos de Jesús, que mi lengua sea la lengua de Jesús; que todos mis sentidos y todo mi cuerpo sólo sirvan para glorificarte; pero, sobre todo, transforma mi alma y todas sus potencias: que mi memoria, que mi inteligencia, que mi corazón, sean la memoria, la inteligencia y el corazón de Jesús; que mis actos, mis sentimientos sean semejantes a tus actos, a tus sentimientos; y que, como tu Padre decía de Ti: “Yo te he engendrado hoy”, puedas Tú decir lo mismo de mí y agregar también con tu Padre celestial: “He ahí a mi hijo bien amado, objeto de mis complacencias”. Amén.” San Juan Gabriel Perboyre (1802-1840)
  • 43. 43 FICHA 6 MISIÓN ES: DIALOGAR SIN FRONTERAS I - Aparecida nos dice: “El mundo espera de nuestra Iglesia latinoamericana y caribeña un compromiso más significativo con la misión universal en todos los Continentes. Para no caer en la trampa de encerrarnos en nosotros mismos, debemos formarnos como discípulos misioneros sin fronteras, dispuestos a ir “a la otra orilla”, aquélla en la que Cristo no es aún reconocido como Dios y Señor, y la Iglesia no está todavía presente.”17 Documento de Aparecida 376 • El Papa Francisco nos ayuda a profundizar: “Hace bien recordar las palabras del Concilio Vaticano II: Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo18 . Aquí reside el fundamento del diálogo con el mundo actual. La respuesta a las preguntas existenciales del hombre de hoy, especialmente de las nuevas 17 Cf. AG 6 18 cf. GS, 1
  • 44. 44 generaciones, atendiendo a su lenguaje, entraña un cambio fecundo que hay que recorrer con la ayuda del Evangelio, del Magisterio, y de la Doctrina Social de la Iglesia. Los escenarios y areópagos son de lo más variado. Por ejemplo, en una misma ciudad, existen varios imaginarios colectivos que conforman “diversas ciudades”. Si nos mantenemos solamente en los parámetros de “la cultura de siempre”, en el fondo una cultura de base rural, el resultado terminará anulando la fuerza del Espíritu Santo. Dios está en todas partes: hay que saber descubrirlo para poder anunciarlo en el idioma de esa cultura; y cada realidad, cada idioma, tiene un ritmo diverso.” Papa Francisco, Río de Janeiro, 28 de julio de 2013 II - La Palabra de Dios nos ilumina: “Dame de beber” “Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo. Era cerca del mediodía. Llegó una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dijo: “Dame de beber”. La samaritana le dijo: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí que soy mujer samaritana?” (Es que los judíos no se tratan con los samaritanos)…” “…Jesús le contestó: si conocieras el don de Dios…tú misma me pedirías a mí y yo te daría agua viva…. Ella le dijo: señor, no tienes con qué sacar agua ¿dónde vas a conseguir agua viva? Jesús le contestó…el que beba del agua que yo le daré no
  • 45. 45 volverá más a tener sed… La mujer le dijo: señor dame de esa agua…” Juan 4, 6-9 Apuntes para ayudar en la reflexión: El relato del Evangelio nos dice que Jesús debía regresar desde Judea a Galilea y que para eso tenía que atravesar Samaría. Para un judío, la Samaría era territorio hostil; sólo lo recorría en caso de necesidad y evitando toda comunicación con los samaritanos. A primera vista, para Jesús no era un lugar adecuado para desarrollar su misión. Sin embargo Jesús le habla a la mujer, le pide un favor. Lo que ha hecho no tiene nada de anormal ni artificial. Era su modo de ser. El no hacía acepción de personas, no discriminaba a las mujeres, los samaritanos formaban parte de su amor fraterno y universal. Jesús ha creado un ambiente propicio, con su proximidad, ha hecho sentir a la mujer su valor y su dignidad. El diálogo con la samaritana es un diálogo evangelizador. Jesús no “busca” dar testimonio de manera planificada y artificial. Actúa normalmente. El testimonio de amor fraterno en la misión no se puede improvisar o “pre-fabricar”. Es el resultado de una caridad ardientemente incorporada al modo habitual de ser. En este caso, el amor fraterno, como testimonio, se da como acogida y diálogo que supera toda discriminación y división. Jesús habla con la samaritana del agua y de la sed, elementos que la mujer conocía muy bien, formaban parte de su realidad ordinaria y de su cultura. A partir de ellos, la abre a realidades mayores: el agua viva, el don de Dios, el encuentro y la experiencia de Dios. Evangelizar es dialogar con lo más profundo de una mentalidad y de una cultura. El anuncio del Evangelio toma en cuenta la realidad, la vida ordinaria, la experiencia humana de la gente.
  • 46. 46 III - Preguntas para animar y compartir: 1. Miramos nuestro interior: • El don de Dios viene del encuentro con Jesús. La mujer conoce a Jesús como “aquél que me conoce”, el que conoce a fondo su vida, su historia y sus necesidades. ¿Pongo toda mi vida bajo la mirada compasiva del Maestro? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… • La samaritana lleva a los otros a creer ¿Con qué rasgos de esta mujer me identifico en mi contagio, entusiasmo y anuncio misionero cotidiano? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… 2. Compartimos en grupo: • ¿Qué conversión necesitamos para que el anuncio del Evangelio sea respuesta a las preguntas existenciales del hombre de hoy? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… • ¿Qué conversión necesita nuestro diálogo, nuestra mirada de la realidad para favorecer una cultura del encuentro, de la comunión?
  • 47. 47 ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… IV - Oración final: Vayan y anuncien “Vayan y anuncien el Evangelio... porque nadie debe quedar sin escucharlo. Vayan y anuncien el Evangelio... porque a nadie se le puede negar este tesoro. Vayan y anuncien el Evangelio... porque si gratis lo has recibido, gratis lo debes dar. Vayan y anuncien el Evangelio... porque sus palabras son palabras de vida. Vayan y anuncien el Evangelio... porque Dios te habla a través de la Palabra. Vayan y anuncien el Evangelio... porque nunca se debe ocultar. Vayan y anuncien el Evangelio... porque lo que es bueno para ti, con otros lo tienes que compartir. Vayan y anuncien el Evangelio... porque Dios te necesita. Vayan y anuncien el Evangelio... y Yo estaré contigo hasta el final de los tiempos. Porque sin Mí no puedes hacer nada; porque de Mí te vendrá la fuerza para anunciarlo; Porque tú solo no eres nada, pero conmigo lo eres todo. Confía, confía en Mí... Tú eres mi mensajero... Confía, confía...”
  • 48. 48 FICHA 7 MISIÓN ES: VIVIR LA RECONCILIACIÓN Y EL PERDÓN I - Aparecida nos dice: “Jesús salió al encuentro de personas en situaciones muy diversas: hombres y mujeres, pobres y ricos, judíos y extranjeros, justos y pecadores, invitándolos a todos a su seguimiento. Hoy sigue invitando a encontrar en Él el amor del Padre. Por esto mismo, el discípulo misionero ha de ser un hombre o una mujer que hace visible el amor misericordioso del Padre, especialmente a los pobres y pecadores.” Documento de Aparecida 147 • El Papa Francisco nos ayuda a profundizar: “En la «modernidad» se ha intentado construir la fraternidad universal entre los hombres fundándose sobre la igualdad. Poco a poco, sin embargo, hemos comprendido que esta fraternidad, sin referencia a un Padre común como fundamento último, no logra subsistir. Es necesario volver a la verdadera raíz de la fraternidad. Desde su mismo origen, la historia de la fe es una historia de fraternidad, si bien no exenta de conflictos. El amor inagotable del Padre se nos comunica en Jesús, también mediante la presencia del hermano.
  • 49. 49 La fe nos enseña que cada hombre es una bendición para mí, que la luz del rostro de Dios me ilumina a través del rostro del hermano. ¡Cuántos beneficios ha aportado la mirada de la fe a la ciudad de los hombres para contribuir a su vida común! Gracias a la fe, hemos descubierto la dignidad única de cada persona, que no era tan evidente en el mundo antiguo. La fe afirma también la posibilidad del perdón, que muchas veces necesita tiempo, esfuerzo, paciencia y compromiso; perdón posible cuando se descubre que el bien es siempre más originario y más fuerte que el mal, que la palabra con la que Dios afirma nuestra vida es más profunda que todas nuestras negaciones. Por lo demás, incluso desde un punto de vista simplemente antropológico, la unidad es superior al conflicto; hemos de contar también con el conflicto, pero experimentarlo debe llevarnos a resolverlo, a superarlo, transformándolo en un eslabón de una cadena, en un paso más hacia la unidad.” Papa Francisco, Lumen Fidei 54-55 II - La Palabra de Dios nos ilumina: “Yo tampoco te condeno” “Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?». Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo.
  • 50. 50 Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían, se enderezó y les dijo: «El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra». E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?». Ella le respondió: «Nadie, Señor». «Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante».” Juan 8, 3- 11 Apuntes para ayudar en la reflexión: Vemos a Jesús como el Señor de la misericordia y del perdón que recrea y transforma nuestra vida. Los escribas y fariseos “le llevan una mujer sorprendida en adulterio” y le piden una definición. Jesús no se precipita a dar opiniones. Más bien invita a una serena reflexión. Finalmente la respuesta de Jesús, obliga a sus adversarios a entrar en sus corazones y reconocer humildemente su propio pecado. Ninguno se atreve a tirar una piedra. Jesús tampoco los ha condenado a ellos, y así, les ofrece su misericordia. Al final Jesús y la mujer quedan solos, uno frente al otro. La mujer todavía está en el medio, aguardando el juicio. Las preguntas de Jesús le permiten a esta mujer expresarse y recobrar dignidad de persona, dándole también la oportunidad de constatar por ella misma que el amor manifestado en los gestos y palabras de Jesús la han salvado de la muerte.
  • 51. 51 Por fin se escucha el pronunciamiento de Jesús: “¡Tampoco yo te condeno! Vete, y no peques más”. Jesús no es acusador. Así como el Padre misericordioso nunca condena al pecador, Jesús, imagen viva de su presencia y de su amor compasivo, no condena sino que levanta a quien está caído. Jesús no sólo ha librado a esta mujer de la muerte, sino que también la ha liberado interiormente infundiéndole la capacidad de vivir en adelante según la voluntad de Dios. La mujer es enviada a una vida nueva. El amor va de la mano de la justicia; de aquí en adelante la mujer debe rectificar su conducta. Desarmados ante los demás, estamos llamados a abrirnos a la misericordia que el Padre derrama sobre cada uno y sin medida en la Pasión y muerte de su Hijo querido. III - Preguntas para animar y compartir: 1. Miramos nuestro interior: • Recuerdo un momento de mi vida en el cual me haya sentido perdonado/a por Dios y abrazados por su misericordia. Le damos gracias. ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… • ¿Cuál es la mirada que tengo generalmente sobre mi prójimo? ¿De condena, juicio, o de ayuda y misericordia? • ……………………………………………………………………………………… ………………………………………………………………………………………
  • 52. 52 2. Compartimos en grupo: • ¿Qué dificultades encontramos para ser constructores de una fraternidad misericordiosa? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… • ¿Qué aportes podemos hacer para un anuncio gozoso de la misericordia del Padre Dios? ¿Qué gestos contagian e invitan al perdón? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… IV - Oración final: “Por la paz en el mundo y la liberación de todos los seres humanos, te pedimos Señor. Para que los responsables de las Iglesias busquen sin descanso la unidad visible de los cristianos, te pedimos Señor. Por la integridad en la vida política, por la justicia en la sociedad, te pedimos Señor. Por los que ganan con dificultad su pan cotidiano, te pedimos Señor.
  • 53. 53 Por los que están privados de trabajo o de recursos, te pedimos Señor. Por los que no tienen familia ni hogar, te pedimos Señor. Por quienes sufren de soledad, de abandono, te pedimos Señor. Por los que están oprimidos, calumniados, te pedimos Señor. Por quienes están al servicio de los más pobres, de los extranjeros, de los que están aislados, te pedimos Señor.”
  • 54. 54 FICHA 8 MISIÓN ES: COMPROMETERSE CON TODA MISERIA HUMANA I - Aparecida nos dice: “Cuando el impulso del Espíritu impregna y motiva todas las áreas de la existencia, entonces también penetra y configura la vocación específica de cada uno. Así, se forma y desarrolla la espiritualidad propia de presbíteros, de religiosos y religiosas, de padres de familia, de empresarios, de catequistas, etc. Cada una de las vocaciones tiene un modo concreto y distintivo de vivir la espiritualidad, que da profundidad y entusiasmo al ejercicio concreto de sus tareas. Así, la vida en el Espíritu no nos cierra en una intimidad cómoda, sino que nos convierte en personas generosas y creativas, felices en el anuncio y el servicio misionero. Nos vuelve comprometidos con los reclamos de la realidad y capaces de encontrarle un profundo significado a todo lo que nos toca hacer por la Iglesia y por el mundo.” “Descubrimos, así, una ley profunda de la realidad: la vida sólo se desarrolla plenamente en la comunión fraterna y justa. Porque “Dios en Cristo no redime solamente la persona individual, sino también las relaciones sociales entre los seres humanos”19 . 19 CDSI 52
  • 55. 55 Ante diversas situaciones que manifiestan la ruptura entre hermanos, nos apremia que la fe católica de nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños se manifieste en una vida más digna para todos. El rico magisterio social de la Iglesia nos indica que no podemos concebir una oferta de vida en Cristo sin un dinamismo de liberación integral, de humanización, de reconciliación y de inserción social.” Documento de Aparecida 285. 359 • El Papa Francisco nos ayuda a profundizar: “El anuncio del Evangelio es parte del ser discípulos de Cristo y es un compromiso constante que anima toda la vida de la Iglesia. «El impulso misionero es una señal clara de la madurez de una comunidad eclesial»20 . Toda comunidad es “adulta”, cuando profesa la fe, la celebra con alegría en la liturgia, vive la caridad y proclama la Palabra de Dios sin descanso, saliendo del propio ambiente para llevarla también a las “periferias”, especialmente a aquellas que aún no han tenido la oportunidad de conocer a Cristo. La fuerza de nuestra fe, a nivel personal y comunitario, también se mide por la capacidad de comunicarla a los demás, de difundirla, de vivirla en la caridad, de dar testimonio a las personas que encontramos y que comparten con nosotros el camino de la vida.” Papa Francisco, Mensaje para Jornada Mundial de las Misiones 2013 20 (Benedicto XVI, Exhort. ap. Verbum Domini, 95)
  • 56. 56 II - La Palabra de Dios nos ilumina: “Lo hicieron conmigo” “Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: "Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver". Los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber?¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?". Y el Rey les responderá: "Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo." Mateo 25, 34 – 40 Apuntes para ayudar en la reflexión: A lo largo de todo el Evangelio nos encontramos con Jesús que permanentemente en sus palabras y obras nos revela las intenciones de su corazón y ratifica sus opciones de vida colocando por encima de todo la Palabra y el querer del Padre. Elige siempre la humildad como actitud fundamental en la realización de su misión. La Palabra que hoy compartimos nos coloca en el mismo horizonte de Jesús y nos invita a vivir como Él, en función del otro, de los otros, haciendo del amor a Dios y a los hermanos la meta fundamental de nuestra vida. En el centro de la escena está Jesús, como Rey, un rey con actitudes y corazón de pastor, que respeta y ama.
  • 57. 57 Jesús solamente constatará lo que hemos hecho día a día, lo que hemos escrito con hechos. Estamos a tiempo de abrir los ojos y reconocerlo en los más pequeños y olvidados. El se identifica, son ellos el lugar privilegiado donde él se nos revela día a día. Somos llamados a recorrer el mismo camino de despojo y pequeñez que El ha recorrido, permaneciendo en Él. Cuando expresamos nuestra ternura, nuestra atención a aquellos que a los ojos humanos no cuentan tanto, a los que son considerados últimos, reproducimos en nosotros los mismos sentimientos de Jesús, que pasó derramando la compasión del Padre. El nos ha trazado el camino, El es el Camino para realizarnos como discípulos y misioneros. III - Preguntas para animar y compartir: 1. Miramos nuestro interior: • ¿Cuáles son las personas que menos tengo en cuenta, qué considero “últimas”, que excluyo de mi mirada? ¿Qué estoy dispuesto a hacer por ellas? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… 2. Compartimos en grupo: • ¿A qué persona o personas concretas que viven en situaciones de hambre, sed, desnudez, enfermedad, prisión, les hemos tendido una mano como comunidad? Si no lo hemos hecho, ¿Cómo lo podemos hacer?
  • 58. 58 ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… • ¿Qué le pedimos al Espíritu que convierta en nuestras estructuras para ver y amar al Señor en los hermanos? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… IV - Oración final: “Dios, Creador y Salvador, fuente de paz para toda la tierra: sé hoy nuestra vida. Cristo, tú nos llamas a compartir con los demás; unifícanos en tu amor. Cristo, nuestro Pastor, tú vienes a buscar a los que están perdidos, visitas a los abandonados y a quienes están solos: vivifica sus esperanzas. Espíritu Consolador, tú depositas en nosotros una esperanza y alegría duraderas: cólmanos con tu amor. Espíritu Santificador, tú suscitas en nosotros un amor que perdona: Ven a nosotros, Espíritu Santo. Amén.”
  • 59. 59 FICHA 9 MISIÓN ES: COMPARTIR LA VIDA Y EL PAN I - Aparecida nos dice: “De los que viven en Cristo se espera un testimonio muy creíble de santidad y compromiso. Deseando y procurando esa santidad no vivimos menos, sino mejor, porque cuando Dios pide más es porque está ofreciendo mucho más: “¡No tengan miedo de Cristo! Él no quita nada y lo da todo”21 .” Documento de Aparecida 352 • El Papa Francisco nos ayuda a profundizar: “El Concilio Vaticano II destacó de manera especial cómo la tarea misionera, la tarea de ampliar los confines de la fe es un compromiso de todo bautizado y de todas las comunidades cristianas: «Viviendo el Pueblo de Dios en comunidades, sobre todo diocesanas y parroquiales, en las que de algún modo se hace visible, a ellas pertenece también dar testimonio de Cristo delante de las gentes»22 . Por tanto, se pide y se invita a toda comunidad a hacer propio el mandato confiado por Jesús a los Apóstoles de ser sus «testigos en Jerusalén, en toda 21 BENEDICTO XVI, Homilía en la inauguración del Pontificado, 24 de abril de 2005. 22 (Decr.Ad gentes, 37)
  • 60. 60 Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra»23 , no como un aspecto secundario de la vida cristiana, sino como un aspecto esencial: Todos somos enviados por los senderos del mundo para caminar con nuestros hermanos, profesando y dando testimonio de nuestra fe en Cristo y convirtiéndonos en anunciadores de su Evangelio.” Mensaje del Papa Francisco para Jornada Mundial de las Misiones 2013 II - La Palabra de Dios nos ilumina: “Denles ustedes de comer” “Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: «Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos». Pero Jesús les dijo: «No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos». Ellos respondieron: «Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados». «Tráiganmelos aquí», les dijo. Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud. Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas.” Mateo 14, 15 – 20 23 (Hch 1,8)
  • 61. 61 Apuntes para ayudar en la reflexión: Este evangelio es un hermoso ejemplo de alguien que comparte no sólo el pan sino la misión y sabe implicar a otros en ella. ¿Qué descubrimos en Jesús?: Comparte su preocupación con los discípulos, cuenta con los recursos que ellos tienen, y les da espacio para que actúen. Jesús se da cuenta de la situación y la necesidad de la gente. Siente compasión. Los discípulos captan el deseo de Jesús que se convierte para ellos en un reto, tras manifestar su incapacidad de alimentar a tanta gente en aquel sitio despoblado. Jesús toma los panes, que multiplicados, vuelven a las manos de ellos para ser distribuidos. Podemos centrar la mirada y detenernos en la actitud de Jesús ante esas gentes: la misericordia. Por misericordia Jesús les enseña largamente y por misericordia los alimentará hasta dejarlos satisfechos. Dios es Dios de misericordia y entró en la historia para librar totalmente a los hombres de todas sus miserias, incluido el pecado y la muerte. Ese es el reino de Dios. Jesús es la encarnación de este reino de misericordia. Su misericordia es el motor de su misión. “Eran como ovejas sin pastor”: gente desorientada, sin esperanza, alejadas de la verdad y además hambrientos y sufrientes tras largos días de marcha. La misericordia de Jesús se hace eficaz. Quiere abarcar todas las necesidades y miserias y comienza por “enseñarles largamente”. La motivación fundamental del misionero es la misericordia. La misericordia es el motor que lleva a entregarse al servicio de los demás, es esencial en una espiritualidad de la misión. III - Preguntas para animar y compartir:
  • 62. 62 1. Miramos nuestro interior: • ¿Cómo involucro yo a los demás miembros de mi familia o grupo en mis planes y proyectos? ¿Cómo me dejo implicar en los de los demás? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… 2. Compartimos en grupo: • ¿Nos animamos a revisar la “participación”, la “pertenencia”, el “compartir”, el “compromiso” personal y grupal en el camino de la misión? ¿Cuáles son nuestras fortalezas, cuáles las debilidades? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… IV - Oración final: “Jesús, manso y humilde de corazón, tú visitas a todo ser humano para revelarle el amor del Padre. Jesús, bondad sin medida, tú liberas a los cautivos, tú perdonas nuestras faltas. Jesús, nuestro descanso y nuestro refugio, tu yugo es suave y tu carga ligera. Jesús, enviado del Padre,
  • 63. 63 tú sanas nuestra ceguera. Jesús, pan vivo bajado del cielo, tú alimentas nuestro corazón con tu palabra. Jesús, misionero incansable, peregrino de caminos, tú has venido para encender un fuego en la tierra. Jesús resucitado, alegría del Padre, tú nos haces partícipes de tu alegría. Jesús, tú eres el Camino, la Verdad y la Vida, queremos compartir contigo y nuestros hermanos la vida y el pan.”
  • 64. 64 FICHA 10 MISIÓN ES: ANUNCIAR CON PARRESÍA I - Aparecida nos dice: “El Espíritu en la Iglesia forja misioneros decididos y valientes como Pedro 24 y Pablo25 , señala los lugares que deben ser evangelizados y elige a quiénes deben hacerlo26 .” Documento de Aparecida 150 b • Pablo VI y Francisco nos ayudan a profundizar: “Sí, este mensaje es necesario. Es único. De ningún modo podría ser reemplazado. No admite indiferencia, ni sincretismo, ni acomodos. Representa la belleza de la Revelación. Lleva consigo una sabiduría que no es de este mundo. Es capaz de suscitar por sí mismo la fe, una fe que tiene su fundamento en la potencia de Dios27 . Es la Verdad. Merece que el apóstol le dedique todo su tiempo, todas sus energías y que, si es necesario, le consagre su propia vida.” Pablo VI, Evangelii Nuntiandi 5 24 (cf. Hch 4, 13) 25 (cf. Hch 13, 9) 26 (cf. Hch 13, 2) 27 Cf. 1 Cor. 2, 5
  • 65. 65 “La luz de la fe no nos lleva a olvidarnos de los sufrimientos del mundo. ¡Cuántos hombres y mujeres de fe han recibido luz de las personas que sufren! San Francisco de Asís, del leproso; la Beata Madre Teresa de Calcuta, de sus pobres. Han captado el misterio que se esconde en ellos. Acercándose a ellos, no les han quitado todos sus sufrimientos, ni han podido dar razón cumplida de todos los males que los aquejan. La luz de la fe no disipa todas nuestras tinieblas, sino que, como una lámpara, guía nuestros pasos en la noche, y esto basta para caminar. Al hombre que sufre, Dios no le da un razonamiento que explique todo, sino que le responde con una presencia que le acompaña, con una historia de bien que se une a toda historia de sufrimiento para abrir en ella un resquicio de luz. En Cristo, Dios mismo ha querido compartir con nosotros este camino y ofrecernos su mirada para darnos luz. Cristo es aquel que, habiendo soportado el dolor, «inició y completa nuestra fe» (Hb 12,2). El sufrimiento nos recuerda que el servicio de la fe al bien común es siempre un servicio de esperanza, que mira adelante, sabiendo que sólo en Dios, en el futuro que viene de Jesús resucitado, puede encontrar nuestra sociedad cimientos sólidos y duraderos. En este sentido, la fe va de la mano de la esperanza porque, aunque nuestra morada terrenal se destruye, tenemos una mansión eterna, que Dios ha inaugurado ya en Cristo, en su cuerpo (cf. 2 Co 4,16-5,5). El dinamismo de fe, esperanza y caridad (cf. 1 Ts 1,3; 1 Co 13,13) nos permite así integrar las preocupaciones de todos los hombres en nuestro camino hacia aquella ciudad « cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios» (Hb 11,10), porque «la esperanza no defrauda» (Rm 5,5).” Papa Francisco, Lumen Fidei 57
  • 66. 66 II - La Palabra de Dios nos ilumina: “Vayan, Yo los envío” “El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir. Y les dijo: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Al entrar en una casa, digan primero: « ¡Que descienda la paz sobre esta casa!». Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; curen a sus enfermos y digan a la gente: «El Reino de Dios está cerca de ustedes».” Lucas 10, 1- 9 Apuntes para ayudar en la reflexión: En este momento los discípulos son enviados y Jesús coloca en sus manos un verdadero “manual” de la misión. La esencia de la misión de los discípulos es conducir a toda la humanidad a la persona del Señor, a su seguimiento. Del mismo modo que Jesús los llamó, sin forzarlos sino seduciendo su corazón, apelando a la libre decisión de cada uno, así ellos deben hacer discípulos a todos los pueblos de la tierra.
  • 67. 67 La misión no conoce restricciones: a todos los hombres, y al hombre todo, con todas sus dimensiones. El reino se refleja en el nuevo estilo de vida de quien lo anuncia. Repasemos algunos rasgos distintivos de este nuevo estilo de vida. El misionero se distingue por su corazón, por su ternura activa para con los enfermos, los pobres, está impregnado de la compasión de Jesús con los sufrientes de la tierra. Al compartir la pobreza de Jesús queda claro que lo que cuenta al fin y al cabo no son los recursos materiales para la misión sino la persona, ella misma, en primer lugar. Sabe iniciar la misión en el complejo mundo urbano, se informa, saluda, es cortés. Se distingue por su disponibilidad, por realizar bien la tarea y su motivación es el servicio generoso. El fracaso no lo deprime ni las reacciones agresivas de los destinatarios le roban la paz. La misión está expuesta a inconvenientes, algunos leves y otros de mayor envergadura. Él actuará con madurez, a la altura de las circunstancias, al estilo del Maestro. En la misión, los discípulos deberán referir las palabras de Jesús y reflejar su manera de actuar. Saben de la presencia y ayuda del Señor que permanecerá a su lado a lo largo de toda la historia. III - Preguntas para animar y compartir: 1. Miramos nuestro interior: • ¿Qué implicaciones tiene este texto de la palabra para mi vida como discípulo(a) de Jesús? ……………………………………………………………………………………… ………………………………………………………………………………………
  • 68. 68 • De los rasgos que deben distinguir el modo de vivir de un verdadero misionero del Reino ¿Cuáles estoy viviendo personalmente? Mi vida ¿es anuncio de Jesús? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… 2. Compartimos en grupo: • Como grupo ¿A qué nos desafía el estilo de vida que Jesús propone a sus misioneros? ¿Qué opciones, qué conversión nos pide? ¿Qué debemos trabajar más? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… • ¿Qué decisiones concretas inspira en nosotros la Palabra a favor de nuestro camino misionero? ……………………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………… IV - Oración final: BIENAVENTURANZAS DEL MISIONERO “Bienaventurado el misionero que vive enamorado de Cristo, que se fía de Él como lo más necesario y absoluto, porque no quedará defraudado. Bienaventurado el misionero que cada mañana dice “Padre nuestro”, llevando en su corazón todas las razas, pueblos y lenguas, porque no se conformará con una vida mezquina.
  • 69. 69 Bienaventurado el misionero que mantiene su ideal e ilusión por el Reino y no pierde el tiempo en cosas accidentales, porque Dios acompaña a los que siguen su ritmo. Bienaventurado el misionero con un corazón puro y transparente, que sabe descubrir el amor y la ternura de Dios sin complicaciones, porque Dios siempre se le revelará. Bienaventurado el misionero que reconoce y acepta sus limitaciones y debilidades y no pretende ser invencible, porque Dios se complace en los humildes. Bienaventurado el misionero que sabe discernir con sabiduría lo que conviene callar y hablar en cada circunstancia, porque nunca tendrá que arrepentirse de haber ofendido a un hermano. Bienaventurado el misionero que no puede vivir sin la oración y sin saborear las riquezas de la Palabra de Dios, porque esto dará sentido a su vida. Bienaventurado el misionero que anuncia la verdad sobre Jesucristo y denuncia las injusticias que oprimen a los hombres, porque será llamado profeta de los signos de los tiempos. Bienaventurado el misionero que sabe asumir y valorar la cultura de los pueblos, porque habrá entendido el misterio de la Encarnación. Bienaventurado el misionero que tiene tiempo para hacer felices a los demás, que encuentra tiempo para los amigos, la lectura, el esparcimiento, porque ha comprendido el Mandamiento del Amor y se conoce humano y necesitado.” Hna. María Virginia Ciette, SSpS
  • 70. 70 PARA FINALIZAR MARÍA, NUESTRA GRAN MISIONERA I - Aparecida nos dice: “María es la gran misionera, continuadora de la misión de su Hijo y formadora de misioneros. Ella, así como dio a luz al Salvador del mundo, trajo el Evangelio a nuestra América. En el acontecimiento guadalupano, presidió junto al humilde Juan Diego el Pentecostés que nos abrió a los dones del Espíritu. Desde entonces son incontables las comunidades que han encontrado en ella la inspiración más cercana para aprender cómo ser discípulos y misioneros de Jesús. Con gozo constatamos que se ha hecho parte del caminar de cada uno de nuestros pueblos, entrando profundamente en el tejido de su historia y acogiendo los rasgos más nobles y significativos de su gente. Las diversas advocaciones y los santuarios esparcidos a lo largo y ancho del Continente testimonian la presencia cercana de María a la gente y, al mismo tiempo, manifiestan la fe y la confianza que los devotos sienten por ella. Ella les pertenece y ellos la sienten como madre y hermana.” Documento de Aparecida 269 • El Papa Francisco nos ayuda a profundizar: "María, haznos sentir tu mirada de madre, guíanos a tu Hijo, haz que no seamos cristianos de escaparate, sino de los que saben mancharse las manos para construir con tu Hijo Jesús su Reino de amor, de alegría y de paz." Papa Francisco 12/12/2013
  • 71. 71 II - La Palabra de Dios nos ilumina: “Mi alma canta la grandeza del Señor” “Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!” Lucas 1, 46 -49 Apuntes para ayudar en la reflexión: El canto del Magnificat, colocado en labios de María, nos la presenta como anunciadora de las acciones de Dios en ella, auténtica misionera. La V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y de El Caribe reunida en Aparecida, nos presenta a María como ejemplo y modelo de discípula misionera en el proceso de dar vida a nuestros pueblos. En ese itinerario de formación de creyentes, María nos ha precedido y sigue siendo un ejemplo para todos los cristianos. ¡Qué momento tan especial nos brinda el Señor, para que animados por su Santo Espíritu y bajo la protección de María, llevemos a todos los hombres y mujeres el mensaje de la auténtica liberación: la persona de Jesucristo! ¡Que el Señor nos dé las luces y fuerzas necesarias para ser fieles a su Palabra y al momento histórico que vivimos para bien de todos nuestros hermanos, para que en Él todos tengamos vida en abundancia! Junto a ella hagamos nuestra oración final agradecida: “María, mujer de la escucha, haz que se abran nuestros oídos; que sepamos escuchar la Palabra de tu Hijo Jesús entre las miles de palabras de este mundo;
  • 72. 72 haz que sepamos escuchar la realidad en la que vivimos, a cada persona que encontramos, especialmente a quien es pobre, necesitado, tiene dificultades. María, mujer de la decisión, ilumina nuestra mente y nuestro corazón, para que sepamos obedecer a la Palabra de tu Hijo Jesús sin vacilaciones; danos la valentía de la decisión, de no dejarnos arrastrar para que otros orienten nuestra vida. María, mujer de la acción, haz que nuestras manos y nuestros pies se muevan «deprisa» hacia los demás, para llevar la caridad y el amor de tu Hijo Jesús, para llevar, como tú, la luz del Evangelio al mundo. Amén.” Papa Francisco, 31 de Mayo de 2013
  • 74. 74
  • 75. 75 PRESENTACIÓN El Papa Francisco al clausurar el Año de la Fe en noviembre de 2013 nos hace el regalo de la Exhortación Apostólica, Evangelii Gaudium “La Alegría del Evangelio”. Escuchando al Espíritu y reconociendo comunitariamente los signos de los tiempos entre el 7 y el 28 de octubre de 2012, se celebró la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana. Francisco recogiendo la riqueza de los trabajos realizados en el Sínodo, y aceptando el pedido de los obispos, redacta para toda la Iglesia esta Exhortación. En este documento nos invita a una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría del Evangelio que llena el corazón y la vida de los que se encuentran con Jesús. “Sólo gracias a ese encuentro —o reencuentro— con el amor de Dios, que se convierte en feliz amistad, somos rescatados de nuestra conciencia aislada y de la autorreferencialidad. Lle- gamos a ser plenamente humanos cuando somos más que humanos, cuando le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero. Allí está el manantial de la acción evangelizadora. Porque, si alguien ha acogido ese amor que le devuelve el sentido de la vida, ¿cómo puede contener el deseo de comunicarlo a otros?” E.G. 8
  • 76. 76
  • 77. 77 INTRODUCCIÓN EL SUEÑO DEL PAPA […] “La actividad misionera «representa aún hoy día el mayor desafío para la Iglesia» y «la causa misionera debe ser la primera». ¿Qué sucedería si nos tomáramos realmente en serio esas palabras? Simplemente reconoceríamos que la salida misionera es el paradigma de toda obra de la Iglesia. En esta línea, los Obispos latinoamericanos afirmaron que ya «no podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos»*** y que hace falta pasar «de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera». Esta tarea sigue siendo la fuente de las mayores alegrías para la Iglesia: «Habrá más gozo en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse» (Lc 15,7)”. E.G.15 En esta Exhortación el Papa Francisco nos presenta caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años y líneas que puedan alentar y orientar una nueva etapa evangelizadora llena de fervor y dinamismo. Nos invita a asumir un estilo evangelizador que llegue a las periferias de todos los que necesitan luz, que salga de la comodidad, que sepa adelantarse, involucrarse, metiéndose con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás; buscando a los lejanos, con “olor a oveja”, aguante apostólico, brindando misericordia. …“Conservemos, pues, el fervor espiritual. Conservemos la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas. Hagámoslo —como Juan el
  • 78. 78 Bautista, como Pedro y Pablo, como los otros Apóstoles, como esa multitud de admirables evangelizadores que se han sucedido a lo largo de la historia de la Iglesia— con un ímpetu interior que nadie ni nada sea capaz de extinguir. Sea ésta la mayor alegría de nuestras vidas entregadas. Y ojalá que el mundo actual —que busca a veces con angustia, a veces con esperanza— pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo, y aceptan consagrar su vida a la tarea de anunciar el reino de Dios y de implantar la Iglesia en el mundo”... E.N.80 Escuchando el sueño del Papa: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación. La reforma de estructuras que exige la conversión pastoral sólo puede entenderse en este sentido: procurar que todas ellas se vuelvan más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales en constante actitud de salida y favorezca así la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús convoca a su amistad”. Queremos responder a su anhelo convirtiéndonos y constituyéndonos en todas las regiones de la tierra en un «estado permanente de misión».1 En estas fichas, nos detenemos y resaltamos algunas notas del estilo evangelizador que nos propone Francisco para que nuestro testimonio de discípulos misioneros se renueve y profundice; acogiendo en medio de nuestro compromiso
  • 79. 79 cotidiano la exhortación de la Palabra de Dios: “Alegraos siempre en el Señor. Os lo repito, ¡alegraos!” (Flp 4,4) 1 Documento de Aparecida - 201. Estas fichas son una sugerencia para leer y profundizar la Exhortación “La Alegría del Evangelio”, también para entusiasmarnos comunitariamente por la misión. Tienen una estructura sencilla, algún número del documento introduce la reflexión, un texto de la palabra para iluminar el contenido, preguntas para hacer memoria de nuestra experiencia vital y otras para compartir con nuestro grupo de referencia. Podemos aquí armar un grupo, quizás en familia o con algunos miembros de ella, a lo mejor algunos compañeros de trabajo, del colegio ¿por qué no? No descartemos invitar a algunos vecinos, e ir rotando la casa en la que nos reunimos mate de por medio. Seguramente se nos van a ocurrir ideas para enriquecer este aporte, mirar algún video y escuchar al Papa hablando, dialogando, mirar sus gestos y no sólo conmovernos sino dejarnos interpelar para salir como él. Dejémonos inspirar por el Espíritu para revitalizar nuestra experiencia de discípulos misioneros. “La obra de la evangelización supone, en el evangelizador, un amor fraternal siempre creciente hacia aquellos a los que evangeliza. Un modelo de evangelizador como el Apóstol San Pablo escribía a los tesalonicenses estas palabras que son todo un programa para nosotros: "Así, llevados de nuestro amor por vosotros, queremos no sólo daros el Evangelio de Dios, sino aun nuestras propias vidas: tan amados vinisteis a sernos" E.N.79
  • 80. 80 FICHA 1 ¡NO TE PRIVES DE PASAR UN BUEN DÍA! I – Francisco en su carta nos dice: Cristo es el «Evangelio eterno» (Ap 14,6) […] Él siempre puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestra comunidad y, aunque atraviese épocas oscuras y debilidades eclesiales, la propuesta cristiana nunca envejece. Jesucristo también puede romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo y nos sorprende con su constante creatividad divina. Cada vez que intentamos volver a la fuen- te y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual. En realidad, toda auténtica acción evangelizadora es siempre «nueva». E.G.11 II – Nos alegramos con el Evangelio: “Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor". Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Entonces comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír». Todos daban testimonio a favor de él y estaban
  • 81. 81 llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es este el hijo de José?». Lucas 4, 16 - 22 Apuntes para ayudar en la reflexión: Nos encontramos con Jesús en su primera predicación. Está en Nazareth, la ciudad “donde se había criado”; es miembro de esa comunidad, para su auditorio es una figura familiar. Jesús hace y comenta la lectura del pasaje tomado de uno de los profetas. Es un anuncio que revive la esperanza e invita a abrirse a la acción de Dios. La Buena noticia del Reino en boca de Jesús es ésta: El anuncio de la buena noticia a los pobres... ¡Se cumple hoy! La proclamación de la liberación a los cautivos y la recuperación de la vista a los ciegos ¡Se cumple hoy! La liberación de los oprimidos ¡Se cumple hoy! ¿Qué tenemos que predicar hoy? Nada más y nada menos que esta profunda alegría que sigue siendo actual y viva en nuestro tiempo. III - Para animar y compartir: Miramos nuestro interior con memoria agradecida: La alegría evangelizadora siempre brilla sobre el trasfondo de la memoria agradecida: es una gracia que necesitamos pedir. Los Apóstoles jamás olvidaron el momento en que Jesús les tocó el corazón: « Era alrededor de las cuatro de la tarde » (Jn 1,39). […] A veces se trata de personas sencillas y cercanas que nos iniciaron en la vida de la fe: « Tengo presente la sinceridad de