En 1998, dos empresarios crearon una sociedad para comprar terrenos en la playa de Las Teresitas en Tenerife con un préstamo bancario sin aval. Más tarde, el ayuntamiento reclasificó los terrenos como residenciales y de primera línea de playa antes de que la sociedad los vendiera y obtuviera grandes beneficios sin riesgo. Esto sugiere que pudo haber tráfico de influencias y tratos de favor entre los empresarios y el ayuntamiento.