María


        La hermana de
            Moisés
Mal lo estaba
pasando el
pueblo
israelita;
aumentaban
rápidamente
en número
por los
muchos hijos
que tenían y
los egipcios
empezaron a
temer que se
sublevaran
contra ellos.

Entonces el faraón dio esta orden -cruel, ¿verdad?- a las comadronas:
“Cuando asistáis a un parto de las hebreas, fijaos bien: si es niño, lo matáis;
en cambio, si es niña, la dejáis vivir.”
En estas
circunstanc
ias nació
Moisés. Su
madre, al
principio, lo
tuvo
escondido.
Pero, a los
tres meses,
no tuvo
más
remedio -a
lo mejor el
niño lloraba
mucho y se
notaba su
presencia-
y, en una cestita de papiro bien calafateada, lo dejó en la orilla del Nilo. María,
la hermana de Moisés, se quedaba al cuidado y se debe a ella el que no se lo
llevara la corriente.
Porque uno
de esos
días, la hija
del Faraón
fue a
bañarse,
descubrió la
cesta y le
gustó tanto
el niño que
decidió
quedárselo.
María lo observaba todo y entonces se ofreció para buscar una mujer que
lo criase. Y nada menos que se lo dijo a su propia madre. ¿Comprendéis
ahora por qué el nombre Moisés significa “salvado de las aguas”?
No dice nada la
historia, pero,
leyendo entre
líneas, María
fue testigo
de los
sufrimientos y
penas por las
que pasaron
los israelitas
a raíz de la
violencia que
desató sobre
ellos el Faraón
cargándoles
de trabajos
durísimos.
Su dolor era aún mayor porque, además, los jefes de su pueblo acusaban a
sus dos hermanos, Moisés y Aarón, de ser los culpables de tal situación.
Sin embargo,
qué alegría tan
grande llenó su
corazón cuando,
después de
muchas
negociaciones
-¿os acordáis
de las plagas de
Egipto?-, el
Faraón y su
gobierno dejaron
salir a los
israelitas e
iniciaron el
camino hacia
el Mar Rojo,
donde vivieron la
gran experiencia
de salvación.
Libres ya de los egipcios empezaron a cantar y bailar de alegría, dando
gracias a Dios por las maravillas que había hecho con ellos. ¿Lo hacemos
nosotros igual cuando nos sentimos felices?
Y lo bonito era
que María
interrumpía
constantemente
a sus hermanos
que eran los que
llevaban la voz
cantante. Con
un pandero en
sus manos y
animando
sobre todo a las
mujeres a que
también
tocasen
panderetas y,
dando palmas,
danzasen
a su ritmo,
no hacía otra cosa que repetir: “¡Cantad al Señor! ¡Grande es su victoria! ¡Él
nos ha salvado! ¡Él es el libertador de Israel!” Creo que acabó el día agotada. Y
Dios sonreía desde el cielo.
Aunque quería
mucho a Moisés
-lógico-, hubo un
momento en
que la relación se
tambaleó porque
 no le pareció bien
que se casara con
una mujer de otra
raza. Esto era por
fuera, porque
en realidad lo
que pasaba era
que tenía
envidia y celos
de él al ver
el trato
privilegiado
que le daba Dios.
En definitiva, que, aunque hablaba mal de Moisés, en su corazón se
rebelaba contra Dios. Y como castigo de Dios por esta actitud interpretaron
todos la lepra que padeció.
Claro que una
enfermedad así
llevaba consigo
el que tuviera
que estar
apartada de los
demás. Moisés
sufrió mucho
-¡tanto la quería
también!- y le
rogó a Dios que
la curase. Al
cabo de una
semana, María
había sanado y
otra vez pudo
hacer vida con
su pueblo.
Varios años después, cuando el pueblo de Israel, después de haber
explorado la tierra de Canaán, llegó en su totalidad al desierto de Sin y
acampó en Cadés, murió María y allí fue enterrada.
Texto e imágenes
       Revista Gesto, Nº 99




             Power Point
http://escuelajaire20.blogspot.com

María, hermana de Moisés

  • 1.
    María La hermana de Moisés
  • 2.
    Mal lo estaba pasandoel pueblo israelita; aumentaban rápidamente en número por los muchos hijos que tenían y los egipcios empezaron a temer que se sublevaran contra ellos. Entonces el faraón dio esta orden -cruel, ¿verdad?- a las comadronas: “Cuando asistáis a un parto de las hebreas, fijaos bien: si es niño, lo matáis; en cambio, si es niña, la dejáis vivir.”
  • 3.
    En estas circunstanc ias nació Moisés.Su madre, al principio, lo tuvo escondido. Pero, a los tres meses, no tuvo más remedio -a lo mejor el niño lloraba mucho y se notaba su presencia- y, en una cestita de papiro bien calafateada, lo dejó en la orilla del Nilo. María, la hermana de Moisés, se quedaba al cuidado y se debe a ella el que no se lo llevara la corriente.
  • 4.
    Porque uno de esos días,la hija del Faraón fue a bañarse, descubrió la cesta y le gustó tanto el niño que decidió quedárselo. María lo observaba todo y entonces se ofreció para buscar una mujer que lo criase. Y nada menos que se lo dijo a su propia madre. ¿Comprendéis ahora por qué el nombre Moisés significa “salvado de las aguas”?
  • 5.
    No dice nadala historia, pero, leyendo entre líneas, María fue testigo de los sufrimientos y penas por las que pasaron los israelitas a raíz de la violencia que desató sobre ellos el Faraón cargándoles de trabajos durísimos. Su dolor era aún mayor porque, además, los jefes de su pueblo acusaban a sus dos hermanos, Moisés y Aarón, de ser los culpables de tal situación.
  • 6.
    Sin embargo, qué alegríatan grande llenó su corazón cuando, después de muchas negociaciones -¿os acordáis de las plagas de Egipto?-, el Faraón y su gobierno dejaron salir a los israelitas e iniciaron el camino hacia el Mar Rojo, donde vivieron la gran experiencia de salvación. Libres ya de los egipcios empezaron a cantar y bailar de alegría, dando gracias a Dios por las maravillas que había hecho con ellos. ¿Lo hacemos nosotros igual cuando nos sentimos felices?
  • 7.
    Y lo bonitoera que María interrumpía constantemente a sus hermanos que eran los que llevaban la voz cantante. Con un pandero en sus manos y animando sobre todo a las mujeres a que también tocasen panderetas y, dando palmas, danzasen a su ritmo, no hacía otra cosa que repetir: “¡Cantad al Señor! ¡Grande es su victoria! ¡Él nos ha salvado! ¡Él es el libertador de Israel!” Creo que acabó el día agotada. Y Dios sonreía desde el cielo.
  • 8.
    Aunque quería mucho aMoisés -lógico-, hubo un momento en que la relación se tambaleó porque no le pareció bien que se casara con una mujer de otra raza. Esto era por fuera, porque en realidad lo que pasaba era que tenía envidia y celos de él al ver el trato privilegiado que le daba Dios. En definitiva, que, aunque hablaba mal de Moisés, en su corazón se rebelaba contra Dios. Y como castigo de Dios por esta actitud interpretaron todos la lepra que padeció.
  • 9.
    Claro que una enfermedadasí llevaba consigo el que tuviera que estar apartada de los demás. Moisés sufrió mucho -¡tanto la quería también!- y le rogó a Dios que la curase. Al cabo de una semana, María había sanado y otra vez pudo hacer vida con su pueblo. Varios años después, cuando el pueblo de Israel, después de haber explorado la tierra de Canaán, llegó en su totalidad al desierto de Sin y acampó en Cadés, murió María y allí fue enterrada.
  • 10.
    Texto e imágenes Revista Gesto, Nº 99 Power Point http://escuelajaire20.blogspot.com