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Diversitas: Perspectivas en Psicología
ISSN: 1794-9998
revistadiversitas@correo.usta.edu.co
Universidad Santo Tomás
Colombia
Suárez Basto, Olga Elena
La mediación y la visión positiva del conflicto en el aula, marco para una pedagogía de la convivencia
Diversitas: Perspectivas en Psicología, vol. 4, núm. 1, 2008, pp. 187-199
Universidad Santo Tomás
Bogotá, Colombia
Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=67940115
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ISSN: 1794-9998 / Vol. 4 / No
1 / 2008 / pp. 187-199
187
La mediación y la visión positiva del conflicto en el
aula, marco para una pedagogía
de la convivencia
The mediation and positive view of the conflict in the
classroom: Framework for a pedagogy
of coexistence
* Correspondencia: Olga Elena Suárez Basto, psicóloga, magíster en Evaluación en Educación, docente Facultad de Psicología, Universidad Santo
Tomás. Dirección postal: cra. 9 No
51-11, Bogotá, Colombia. Correo electrónico: olgasuarez@correo.usta.edu.co; oesb_520@hotmail.com.
Olga Elena Suárez Basto*
	 Universidad Santo Tomás,
Bogotá
Recibido: 15 de octubre de 2007
Revisado: 7 de diciembre de 2007
Aceptado: 22 de enero de 2008
Resumen
En el presente artículo se ofrece un marco de re-
flexión que tiene como propósito destacar la impor-
tancia, para el ámbito escolar, de la gestión del con-
flicto en forma positiva desde la pedagogía para la
convivencia y la mediación transformadora. Es claro
que el conflicto es inherente al ser humano, pero la
convivencia también, y éste forma parte de la convi-
vencia; por tanto, es fundamental e ineludible pro-
mover una comprensión del conflicto como fuente de
aprendizaje, desarrollo y maduración personal, que
en una sociedad democrática que se rige por el diá-
logo y la tolerancia, encuentra su espacio y ámbito
de expresión. Formar, promover y fomentar las ac-
titudes que hacen del conflicto una oportunidad de
desarrollo, representa una visión contemporánea de
la educación y significa una oportunidad de cambio
para la sociedad.
Palabras clave: conflicto, pedagogía, mediación
transformadora, aula de clase, diálogo, convivencia.
Abstract
This article presents a framework of reflection whi-
ch purpose is to stand out the importance, for the
school field, of the conflict procedure in a positive
REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA
188 REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 4, No
1, 2008
Olga Elena Suárez Basto
way from the pedagogy in order to coexistence, since transforming mediation. Is clear that the
conflict is inherent to the human being, but the coexistence too and this it’s part of the coexis-
tence, there­fore, is essential and unavoidable, to promote an understanding of the conflict, as a
source of learning, development and personal growth that in a democratic society which it’s regu-
lated by dialogue and tolerance, it founds its space and expression field. To form and promote the
attitudes that makes from the conflict a development opportunity, it represents a contemporary
view of education, and it means a change opportunity for the society.
Key words: conflict, pedagogy, transforming mediation, classroom, dialogue, coexistence.
Qué se entiende por conflicto
escolar: un breve marco
de referencia
El aula de clase y su contexto, en el momento his-
tórico actual, no es siempre el espacio de convi-
vencia deseado para nuestros estudiantes; en ella
se organizan y planifican la influencia curricular
y la no curricular con el objetivo no solamente
de recrear conocimiento, sino también, de gran
manera, para construir valores de convivencia, de
solidaridad, de aceptación del otro en la diferen-
cia, del diálogo entre los sujetos y del sentido de
comunidad. No obstante, la escolarización dejó
de ser la única propuesta, después de la fami-
lia, de formación y educación de la personalidad.
Los mensajes que en ella se transmiten, se re-
conceptualizan y se producen son motivo de de-
bate por su credibilidad, legitimidad y viabilidad,
para determinados estudiantes, padres de familia
y docentes. La repercusión práctica de ello tiene
naturaleza diferente y afecta a distintas facetas
de la convivencia humana.
El ser humano, de acuerdo con lo anterior, tiene
una naturaleza convivencial, pero ello no niega
que las relaciones sociales puedan deteriorarse;
en otras palabras, de la misma coexistencia emer-
gen de manera inherente los conflictos en las re-
laciones humanas que se suscitan en cualquiera
de los escenarios de interacción social. Así: “Toda
relación social contiene elementos de conflicto,
desacuerdos e intereses opuestos. La escuela es
una organización y como tal su funcionamiento
no puede ser entendido sin considerar la signifi-
cación del conflicto” (Ovejero, 1989).
Los desacuerdos, las tensiones interpersonales,
los enfrentamientos intra o intergrupales, los an-
tagonismos, las hostilidades son propios de la na-
turaleza humana; no obstante, si los elementos
del conflicto emergen del diálogo, éste podría ser
nuestra mejor opción para trabajar sobre las rea-
lidades contenciosas. Sin embargo, como todos
los procesos dialógicos, no son útiles para redu-
cir la posible hostilidad, conflicto, o agresión. La
intención de este escrito es reforzar la postura
de comprender el conflicto como una oportuni-
dad transformadora de gran utilidad para dirimir
y generar constructos de realidades comunes y
consolidadoras que apunten al restablecimiento
de la convivencia y a prácticas culturales más fre-
cuentes de intercambio pacífico.
Para efectos de iniciar una comprensión acerca
de los conflictos en el aula y el papel prepon-
derante del mediador en el mismo, es necesario
adentrarnos en una conceptualización que nos
permita aclarar cómo entendemos el conflicto
en el aula de clase. En primer lugar, es menester
afirmar que en nuestro medio existe la marca-
da tendencia a utilizar indiscriminadamente los
términos conflicto y violencia como si se tratase
de una misma situación. La fuerte incidencia del
conflicto armado en nuestro desarrollo sociopolí-
tico y cultural es absolutamente absorbente. Los
medios de comunicación y aun el mismo esque-
ma de enseñanza tradicional han promovido de
manera permanente una percepción ambigua de
conceptos tales como “la sociedad de la violen-
cia”, “los hijos de la violencia”, “la cultura de la
violencia”; estas son algunas de las acepciones
que con frecuencia se acuñan en los discursos
189REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 4, No
1, 2008
La mediación y la visión positiva del conflicto en el aula
sociales, tratando de imprimir a nuestro carác-
ter un sentido eminentemente violento, vandáli-
co, agresivo, pendenciero y disruptivo, como si
se tratase de una condición inherente a nuestro
propio comportamiento. Ello hace necesario los
dos términos:
No es legítimo asociar conflicto con vio-
lencia, porque mientras el conflicto res-
ponde a situaciones cotidianas de la vida
escolar, en la que se dan enfrentamien-
tos de intereses, discusión y necesidad
de abordar el problema, la violencia es
una de las maneras de enfrentarse a esa
situación (Etxeberría, Esteve y Jordan,
2001, p. 82).
Dentro del conflicto se enmarcan las divergen-
cias, las disputas, las controversias, los objetivos
incompatibles y, en forma excluyente, los anta-
gonismos, los intereses entre las partes y muchos
más; sin embargo, éstos son propios de la interac-
ción humana. El conflicto es obvio en la sociedad
pero no la violencia, por lo que el conflicto no
necesariamente debe terminar en violencia. Por
ello, la manera de abordar el conflicto y los me-
canismos de resolución condicionan su desenlace;
si se maneja el conflicto con la naturalidad propia
que lo genera, se están incorporando la creativi-
dad, la innovación y las ideas que conducirán a
que cuando surja se puedan canalizar todas las
opciones de las partes intervinientes en la bús-
queda de una solución que no origine violencia.
Cuando el conflicto no es capaz de solucionarse,
o al menos de transformarse, genera frustración;
por ende, es previsible que se desaten comporta-
mientos agresivos y violentos.
Existe, por lo anterior, una relación entre conflic-
to y violencia, pero no es bidireccional. Se puede
afirmar lo siguiente:
La violencia siempre va acompañada de
nuevos conflictos, pero el conflicto no
siempre entraña situaciones de violen-
cia, pues los seres humanos disponemos
de un amplio abanico de comportamien-
tos con los que poder enfrentarnos a las
situaciones de confrontación de opinio-
nes e intereses con los otros sin necesi-
dad de recurrir a la violencia (Hernán-
dez, 2002).
El proceso de socialización es el proceso por el
que aprendemos a vivir con el conflicto y a regu-
larlo de manera que depare el máximo de bien-
estar para nosotros mismos y para los demás.
La concepción positiva del conflicto deviene de
entender el mismo como elemento intrínseco del
proceso de socialización, ya que es parte del pro-
ceso de interacción social, en el que personas,
grupos y especie establecen relaciones y se trans-
miten anhelos y expectativas. De la optimización
y manejo adecuado del conflicto emergen las al-
ternativas que permiten que éste no se convierta
en agresión y violencia.
El conflicto supone la pugna entre personas o
grupos interdependientes que tienen objetivos
incompatibles o aparentemente percepciones in-
compatibles. En este sentido
El conflicto conjuga los fines y las pre-
tensiones individuales y sociales que
persiguen los individuos (o los grupos).
Cada contrario, dentro de sus expecta-
tivas y formas de abordar las controver-
sias, genera interpretaciones propias de
los que esta en disputa. Esta perspectiva
(personal o grupal) puede dificultar o fa-
cilitar el tránsito hacia puntos de enten-
dimiento o contradicción que facilitan la
construcción de alternativas y paráme-
tros de entendimiento o pueden agudi-
zar la controversia mediante la asunción
de posicionamientos contrastantes. Si al
conflicto se le imprime una visión positi-
va, las diferencias se resolverán median-
te la apertura y búsqueda de instancias
que permitan a los interlocutores inte-
ractuar a través del dialógo, la reflexión
y el entendimiento.
Ahora bien, la violencia podría entenderse como
la forma oscura e inadecuada de enfrentarse a
los conflictos, recurriendo al poder, la imposición
y la anulación de los derechos del otro para salir
proclamado vencedor en el enfrentamiento. La
190 REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 4, No
1, 2008
Olga Elena Suárez Basto
violencia no puede negociarse, no pueden esta-
blecerse acuerdos sobre el tipo de violencia que
está permitida y el tipo de violencia que resultará
condenada en un centro escolar; no puede justifi-
carse cuándo está bien o mal empleada, la violen-
cia debe ser rechazada de plano por la comunidad
escolar como medio de resolución de conflictos.
No es dable permitir desde ningún punto de vista
la réplica de la metáfora del “conflicto armado en
la vida escolar”; por el contrario, la postura que
asumiremos nos permitirá manejar y gestionar
el conflicto en forma positiva: se contempla la
posibilidad de negociar, conscensuar, establecer
acuerdos, compromisos, generar empatía con el
otro, comprender su postura y conciliar con sus
razones, etc.
Como se ha dicho, el conflicto es propio de la
naturaleza del ser humano; forma parte de su
existencia, de su estructura básica que le permi-
te madurar y desarrollarse como persona y como
sistema humano. El conflicto es un espacio huma-
no, que no podemos destruir o desaparecer de
la realidad escolar. En estas condiciones podemos
afirmar que el conflicto es inevitable, a la vez que
es necesario en la vida de las personas; forma
parte de la convivencia humana y constituye una
fuente de aprendizaje, desarrollo y maduración
personal, ya que la persona debe poner en mar-
cha una serie de mecanismos que favorezcan una
gestión positiva del mismo. Se puede afirmar, en-
tonces:
Es verdad que a menudo el conflicto crea
tensión, ansiedad y molestia, pero como
el enfado, estos sentimientos en sí mis-
mos no siempre son malos. Pueden pro-
porcionar el tire y afloje necesario para
el desarrollo y el crecimiento. Creemos
que el conflicto en el aula puede pro-
porcionar una tensión creativa que sirva
para inspirar la solución de problemas y
para motivar la mejora del rendimiento
individual o grupal… constituye un paso
necesario hacia el aprendizaje personal
y hacia el proceso de cambio (Schnuck
y Schnuck, 1983, en Ovejero, 1989, p.
274).
En este mismo sentido alude Johson (1979, p. 301
en Ovejero, 1989), “que el conflicto en el aula
no sólo es inevitable sino que incluso es nece-
sario para combatir la rutina escolar y así faci-
litar el progreso en la escuela”. En esta misma
perspectiva, Peiró añade que el conflicto posee
tantos aspectos funcionales como disfuncionales:
“En realidad, la funcionalidad o disfuncionalidad
de una determinada conducta depende siempre
de poscriterios adoptados y de la perspectiva
considerada. Algo funcional para la organización
puede ser disfuncional para algunos miembros y
viceversa” (Peiró, 1985, Vol. II, p. 481, en Oveje-
ro, 1989).
El ser humano se encuentra inmerso en organi-
zaciones de diverso orden, desde microorganiza-
ciones como la familia hasta macroorganizaciones
como la misma sociedad. En esta interacción el
individuo despliega su conducta que se manifiesta
en pensar, sentir, transmitir, emprender, experi-
mentar, comunicar e inventar continuamente nue-
vas realidades y situaciones. La forma de manejar
y percibir las cosas y la vida en la individualidad,
o en grupo, genera puntos de vista y perspectivas
particulares que no siempre están acordes con las
expectativas y miradas que nuestros congéneres
hacen de esa misma realidad. Los puntos de vis-
ta divergentes con frecuencia generan conflictos,
que a la postre los podemos optimizar y poten-
cializar de modo que los convirtamos en ventajas
que contribuyan a cocrear escenarios que gene-
ren convivencia, cohabitación y cooperatividad.
En este contexto, los conflictos se convierten en
un vehículo para inventar, imaginar, aprender y
comunicar. No obstante, la visión del conflicto no
siempre es tan optimista, más aún tratándose de
un país marcado por el conflicto violento como el
nuestro. En tal sentido, Ortega afirma:
Existe una demonización del conflicto
que los asocia indiscriminadamente a
conductas no deseables, a veces delic-
tivas. Pero el conflicto es también con-
frontación de ideas, creencias, valores,
opiniones, estilos de vida de vida, pau-
tas de comportamiento, etc. Que en una
sociedad democrática que se rige por
191REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 4, No
1, 2008
La mediación y la visión positiva del conflicto en el aula
el diálogo y la tolerancia, encuentra su
espacio y ámbito de expresión (Ortega,
2001, p. 10).
En una sociedad que asocia con demasiada lige-
reza el conflicto con la violencia y sus diversas
formas de expresión, hay que tener en cuenta al-
gunas distinciones. Nosotros partimos de que el
conflicto es un fenómeno normal y no necesaria-
mente negativo; que posee una serie de potencia-
lidades positivas que sirven para fortalecer aque-
llas relaciones que nos importan. La expresión de
la violencia en el tratamiento de un conflicto sue-
le erradicar esas potencialidades positivas, dando
lugar a la ruptura en muchos casos y a una espiral
de violencia, en otros. En estas situaciones no
solo perdemos la oportunidad de aprender ética-
mente y profundizar en la relación a través de
un proceso constructivo, sino que deterioramos
el clima de convivencia; en este aspecto, el con-
flicto es una oportunidad para un proceso de bús-
queda conjunta de soluciones y de negociación,
que se convierte en una interacción que estimula
la reflexión ética del comportamiento humano.
Por lo anterior, acogemos la perspectiva según la
cual los conflictos, en tanto oportunidades para
aprender, son necesarios para el crecimiento per-
sonal y comunitario, pues ayudan a la diferencia-
ción individual, así como al desarrollo de habi-
lidades fundamentales para el aprendizaje y la
convivencia ciudadana (Colectivo Amani, 1994).
Aceptar el conflicto como algo natural, como ex-
presión inevitable de los individuos o de los gru-
pos, visto desde la perspectiva de la opción para
cocrear nuevos discursos de convivencia y cohe-
sión social basado en la mutualidad y fundado en
la aceptación de diferencia con el otro, constitu-
ye asumir un enfoque socioconstruccionista de la
comprensión positiva del conflicto (sentir que se
asume en este escrito).
Los nuevos paradigmas en resolución de conflic-
tos se asientan en la comunicación y las prácticas
discursivas y simbólicas que promueven diálogos
transformadores. En concordancia, Dora Schnit-
man comenta:
Como prácticas de resolución alternati-
va de conflictos, expande el foco desde
los intereses a las formas de intercambio
a partir de las cuales puedan emerger
acciones significativas para los partici-
pantes. Entienden que si el significado
se genera a través de relaciones, enton-
ces ser responsable hacia un proceso re-
lacional consiste en favorecer prácticas
comunicativas específicas que incremen-
tan la inteligibilidad del diálogo, el reco-
nocimiento y la recuperación del poder
(empowerment) de los participantes,
para avanzar hacia un futuro posible,
dando los pasos capaces de conducir a él
(Schnitman, 2000, p. 25).
Esta construcción colaborativa de nuevas realida-
des se fundamenta en el diálogo transformador
que surge de la interacción y permite reconocer
las pautas que se generan entre las personas o
los grupos, lo cual facilita identificar los dilemas,
los recursos, las potencialidades y alternativas de
acción.
Entiéndese la evolución de un conflicto
enfocando no sólo las emociones, inten-
ciones y creencias de los participantes
_o sus intereses_ sino los dominios sim-
bólicos, narrativos y dialógicos como el
medio en que se construyen y transfor-
man significados y prácticas, y surgen
identidades, mundos sociales y relacio-
nes emergentes (Schnitman, 2000, p.
26).
Se presume que en este proceso entran en juego
las competencias comunicativas; la comunicación
entre las personas es el soporte de la interacción,
por eso si ésta resulta distorsionada o bloqueada,
la resolución del conflicto puede darse en forma
violenta o pasiva. La educación para el desarrollo
integral y autónomo de los individuos debe partir
de una concepción positiva del conflicto, como
proceso lógico que se presenta en cuanto inten-
tamos hacer una tarea común a causa de la diver-
sidad humana.
192 REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 4, No
1, 2008
Olga Elena Suárez Basto
El conflicto trae consigo posiciones que resultan
antagónicas y en apariencia irreconciliables, lo
que eventualmente hace que los actores asuman
posturas radicales que impidan la posibilidad de
la interacción fundada en el diálogo y en la re-
conciliación. Es probable que estas posturas im-
posibiliten la búsqueda de iniciativas y polaricen
de manera extrema la viabilidad del dialogo. Ello
invita a que de modo preponderante emerja la
figura del mediador, como instancia que libera la
disposición hacia el diálogo y motiva las posibili-
dades para construir escenarios de concertación.
Por ello, es claro que del conflicto emergen en
forma fundamental la mediación y sus efectos
potencialmente transformadores; por tanto, el
papel del mediador en este ámbito tiene gran im-
portancia. A propósito, la autora Dora Schnitman,
afirma:
Una característica importante en el mo-
vimiento interno en el conflicto es el va-
lor otorgado a la mediación, entendida
como un trabajo colaborativo en contex-
to, para encontrar oportunidades y con-
diciones de cambio (Schnitman, 2000).
El rol del mediador se enmarca en la búsqueda de
las oportunidades que surgen durante el proceso,
en la compresión de las perspectivas de los otros
y en la forma de revertirlas a manera de empo-
deramiento para las partes, el reconocimiento
recíproco de los participantes, la consecución
conjunta de los recursos, de las acciones transfor-
madoras, de las potencialidades concertadas de
los contendientes, de la potencialización dialógi-
ca de las partes y de la búsqueda de apoyar las
perspectivas, opiniones y experiencias de ellas
para coconstruir verdaderas y reales alternativas
de decisión para la resolución del conflicto.
A través de la conversación el mediador opera
para facilitar esas condiciones, pero prescinde de
su propia calificación respecto de los temas, con-
tenidos, soluciones, y su postura viabiliza el en-
tramado de las relaciones, sin entrar en el “juego
del conflicto”. Una herramienta fundamental es
el énfasis en los intercambios comunicativos.
La negociación y su contrapartida, la mediación,
son intercambios comunicativos en los que las
partes en conflicto tratan de determinar “qué dará
y recibirá cada uno, o que hará o tomará, en sus
transacciones mutuas” (Rubin y Brown, 1975, p. 1).
La mediación es una extensión de la negociación.
El mediador o el equipo mediador representa a
una tercera parte “neutral” que facilita el proce-
so de negociación y deja a las partes la responsa-
bilidad de acordar una solución. Por ello, en este
aparte, y vale la pena retomar la importancia de
resaltar el diálogo en el caso concreto de la me-
diación.
Bohm (1996) recuerda que “dia-logos”, no se re-
fiere a “dos” sino a “a través de”. Diálogo es un
término que alude a la cocreación de significados
a través de _y entre_ cierto número de interlo-
cutores. La comunicación no es un vehículo para
la transmisión de información, sino un proceso
constructivo.
Bakhtin (1986) destaca la capacidad del diálo-
go para construir sentido al señalar que en toda
comprensión las personas responden activamente
a un “otro”; un diálogo involucra “comprensión
activa”. Quien escucha no sólo lo hace para de-
codificar una elocución sino que al mismo tiem-
po capta a quién va dirigida, la relaciona con su
propia trama compleja de intereses y supuestos,
e imagina cómo responde la elocución a futuras
elocuciones de posibles interlocutores y a qué
tipo de respuestas invita, la evalúa e intuye cómo
podrían comprenderla otros.
El diálogo permite pensar en algo no pensado,
escuchar algo no escuchado, decir algo no di-
cho; será posible obtener nuevas formulaciones
o producciones en donde se pueden considerar
nuevas perspectivas, es decir, recontextualizar
(encontrar nuevos significados); al resignificarse
se obtienen relatos diferentes y se reformulan los
conflictos por lo que, la mediación resulta ser un
encuentro comunicativo y, desde la visión narra-
tiva, un proceso comunicacional que invita a nue-
vas metáforas de la vida.
193REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 4, No
1, 2008
La mediación y la visión positiva del conflicto en el aula
El interés de este artículo se centra en dos as-
pectos que a nuestro juicio resultan relevantes
y prácticos. El primero atañe al desarrollo de los
principios básicos de una pedagogía convivencial
que estaría dirigida a contrarrestar y prevenir los
factores de violencia o conflicto en la educación
y que tienen la intención de fomentar escenarios
claves como marco para el desarrollo de una pe-
dagogía para la convivencia y la paz, y, en segun-
da instancia, lo pertinente a la mediación vista
desde un criterio transformador, desde una peda-
gogía propositiva constructivista.
Las estrategias y habilidades para la transforma-
ción de conflictos en el marco de la mediación en
el aula escolar se encuadran dentro de una peda-
gogía comprometida con la vida ciudadana de ca-
rácter democrático y participativo. Propiciar en
el contexto escolar escenarios y estructuras que
generen procesos de mediación, de negociación,
y fomentar las actitudes que hacen del conflicto
una oportunidad de desarrollo, representa una vi-
sión contemporánea de la educación.
Este tipo de educación promueve un marco de
relaciones fundamentadas en el valor de la dife-
rencia, en el respeto por el otro y con el otro,
que a su vez se repliquen y conciten un cambio
en los ámbitos de la vida cotidiana de la escuela.
Se debe pensar que hacia el futuro, el cambio
debe reflejar el porvenir de las interacciones en
la vida, en los órdenes profesional, familiar y so-
cial; en síntesis, se trabaja no sobre los proble-
mas, sino sobre las soluciones y esperanzas de un
porvenir más humano y comprensible.
Los principios de la pedagogía para la conviven-
cia bien pueden tomarse según el resumen que
podemos hacer de la autora Mireia Uranga Ara-
kistain (2007), los cuales fomentan los siguientes
aspectos:
1.	 El uso del diálogo. El desarrollo de la capaci-
dad dialógica promueve la disposición hacia
la comunicación. En este aspecto, el diálogo
se caracterizará por un intercambio y enri-
quecimiento de ideas a través de un proceso
de escucha activa, de empatía, de apertura
hacia el otro y de disposición para cuestio-
narse las ideas sin evitar rebatir las del otro:
“Así, para que el diálogo tenga éxito, es de-
cisivo que uno pueda hacer escuchar su voz.
Parafraseando la lógica: ‘Si no expreso cuál
es mi posición, lo que verdaderamente pien-
so, no hay diálogo’ ”. (Gergen, 1994). Para
el desarrollo de este importante aspecto, es
necesario acoger la perspectiva de Gergen,
frente a lo que denomina el diálogo trans-
formador, que en esencia es facilitar la cons-
trucción colaborativa de nuevas realidades
por parte de los intervinientes en el conflic-
to.
2.	 El aprendizaje cooperativo. El objetivo es que
el estudiante perciba y apropie que obtener
sus metas no lleva a que sus compañeros o
compañeras fracasen; al contrario, en la me-
dida en que el grupo avance como colectivo,
él como individuo avanzará. Ello no repre-
senta negar la competitividad, sino estimular
las diferentes dimensiones que encontramos
en ella. Es procedente situar procesos com-
petitivos en marcos cooperativos.
3.	 Solución de problemas. Los estudiantes, los
padres de familia, los docentes, los admi-
nistrativos y los orientadores deben apren-
der a generar recursividad y alternatividad
para buscar soluciones propias, no siempre a
través de alguien a quien atribuimos autori-
dad o conocimiento. Es un aprender a pensar
significativa y críticamente y a ser creativos
con la resolución de los problemas que sur-
gen en la interacción. Algunos de los pasos
que contribuyen a este proceso son crear el
clima, definir y discutir el problema, explorar
todas las opciones enriqueciéndolas con los
diversos puntos de vista de los participantes,
valorar todas las alternativas, etc.
4.	 Afirmación. Se trae a colación el fortaleci-
miento de las habilidades de las personas
para desarrollar comportamientos acepta-
bles socialmente, como la autorregulación,
la auto­estima y la autodisciplina, como be-
neficios adicionales fruto de desarrollo de las
habilidades de comunicación y solución de
194 REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 4, No
1, 2008
Olga Elena Suárez Basto
problemas. Los disputantes participan acti-
vamente y toman decisiones sobre los pro-
blemas a los que se enfrentan. Esto fomenta
la autoconfianza, la autoafirmación y la auto-
rregulación. Instrumentar este tipo de destre-
zas y habilidades es fundamental, en aras de
crear una cultura preventiva del conflicto; no
obstante, es clave, que las personas, además
de manejar sus propias experiencias vitales y
sentimientos, conozcan en el fragor del con-
flicto la manera de reconocer y encontrar la
importancia de la expresión del otro como
mecanismo que permita presentarle nuestro
apoyo y acuerdo a través de la reafirmación.
Reafirmar es conceder valor, respetar la va-
lidez de mi subjetividad. Por tanto, no basta
con generar afirmación de algunos valores
personales, sino que los mismos se pueden
transferir y reconocer en el otro.
5.	 Gestión democrática en el aula. La escuela
es uno de los contextos más importantes de
socialización de los estudiantes y es la can-
tera de ideas y percepciones acerca de prin-
cipios y conceptos tan fundamentales como
la sana convivencia, la armonía, la justicia,
la equidad, la democracia, etc. El proceso
consiste en involucrar a los estudiantes, en
forma activa y actuante, en las decisiones y
consensos que se derivan de la vida escolar.
Ello conlleva implícitamente la aceptabilidad
de las normas y preceptos que garantizan la
convivencia y las responsabilidades dentro
de la comunidad educativa.
6.	 Apertura y empatía. Consiste en fomentar la
actitud de estar abierto a lo que otra perso-
na expresa y desea, “el ponerse en los zapa-
tos del otro”, el promover la posibilidad de
experimentar cómo cada uno ve diferentes
aspectos de una misma situación y sentir que
la opinión del otro es tan importante y res-
petable como la personal, en razón de que
nos brinda una mirada diferente que nos en-
riquece.
7.	 Comprensión y manejo de la agresividad y la
violencia. Se debe distinguir entre agresivi-
dad y agresión, presumiendo que la agresivi-
dad exige aprender a manejarla para que no
se traduzca en agresión y, por tanto, en vio-
lencia. No se trata de desconocer la violencia
como un hecho cotidiano latente y evidente,
sino que el estudiante asuma una actitud crí-
tica y constructiva frente a sus causas y sus
efectos.
8.	 Promoción de modos de confrontación no vio-
lentos. Se debe socializar permanentemente
que la confrontación es uno de los modos
necesarios para tratar un conflicto, indican-
do para ello que el enfrentamiento es parte
de la interacción social y que por tanto cada
persona debe ser leal, honrada y pacífica,
como herramientas para obtener constructos
de convivencia.
9.	 Corresponsabilidad. La resolución de los con-
flictos debe residir, en esencia, en las partes
directamente involucradas en el mismo, pues
de esta manera se garantiza que la salida al
conflicto sea aceptada, sostenida y desarro-
llada por las partes. En este aspecto surge en
forma relevante el sentido de la mediación.
10.	 Educación en valores. Cualquier propuesta
para la gestión positiva de los conflictos debe
pasar necesariamente por una educación en
valores, donde se forme al estudiante en el
reconocimiento de la dignidad de toda perso-
na, en el derecho a la ciudadanía y a su ejer-
cicio, en la deliberación y la participación
por el interés común de una convivencia sana
en la vida escolar. En resumen, se pretende
que los estudiantes adquieran contenidos mí-
nimos de una educación cívica pertinente.
Los anteriores principios deben llevarse a la prác-
tica, para lograr el desarrollo de habilidades que
permitan un ambiente de armonía y convivencia
dentro del aula. No se pretende que los anterio-
res principios sean aceptados como principios de-
terminantes; es probable, y esa es la intención,
que los mismos se afinen y se enriquezcan para
consolidar la cultura de la convivencia en el ám-
bito educativo.
195REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 4, No
1, 2008
La mediación y la visión positiva del conflicto en el aula
Desde una orientación teórica basada en el cons-
truccionismo social y una gama de prácticas co-
herentes con ella, nuestro concepto del diálogo
transformador pone especial acento en la res-
ponsabilidad relacional, la expresión personal, la
reafirmación del otro, la coordinación, la autorre-
flexividad y la cocreación de nuevas realidades.
Sobre las competencias del
mediador orientador, desde
la práctica del enfoque
transformador
Para el desarrollo de este apartado, considera-
mos fundamental partir de:
la cosmovisión de comprender el conflic-
to como potencialmente transformador,
esto es, que ofrece a los individuos la
oportunidad de desarrollar e integrar sus
capacidades tanto para fortalecerse así
mismos como para empatizar con los de-
más. Al concretarse estas capacidades,
se da un paso significativo hacia la trans-
formación individual y social, porque la
fuerza del ser humano individual y el
sentido de conexión y de comunidad se
desarrollan conjuntamente (Bush y Fol-
ger, 1994, p. 74).
Esta estrategia resulta ostensiblemente útil para
sacar provecho de las oportunidades que ofrece
el conflicto para la autodeterminación (la recu-
peración del propio poder) y la empatía (el cono-
cimiento del otro).
Referenciado lo anterior, hay que reseñar cuáles
son las competencias con que debe contar un
mediador desde el enfoque transformador. Según
Bush y Folger, (1994), se precisan las siguientes:
1.	 Describir el papel y los objetivos del tercero
en lo referente a recuperación del poder y
reconocimiento. En la práctica transforma-
dora, el mediador puntualiza que su objetivo
es crear un contexto que ayude y aliente a
las partes a clarificar sus objetivos, recursos
y preferencias para la toma de decisiones
por sí mismos respecto de la situación.
2.	 No sentirse responsable por los resultados de
la mediación. En un marco transformador, el
mediador es consciente de su responsabili-
dad en establecer y mantener un contexto
adecuado para los esfuerzos que realicen las
partes en su proceso de deliberación, toma
de decisiones, comunicación y adopción de
perspectivas. El mediador rechaza en forma
deliberada su sentimiento de responsabilidad
en la generación de acuerdos, la resolución
de los problemas de las partes, el alivio de sus
dificultades o su reconciliación. Sólo tendrán
valor real y verdadero las decisiones y cam-
bios que las partes asuman libremente por
sí mismas. Transferir la toma responsable de
decisiones a las partes es una característica
primordial de la práctica transformadora.
3.	 Negarse conscientemente a emitir juicios so-
bre las opiniones y decisiones de las partes.
Es relevante dentro de la práctica transfor-
madora que el mediador rehúse asumir una
posición crítica o emitir juicios frente a las
opciones o decisiones de las partes disputan-
tes. La autoconciencia, el control y la sus-
pensión de los juicios de valor son esenciales
en esta práctica. Las acciones del mediador
son una “respuesta” adecuada a los pasos
que van tomando los disputantes porque el
proceso es guiado por el criterio de éstos.
4.	 Adoptar una visión optimista de la capacidad
y las motivaciones de las partes. La manera
como la tercera parte considera en forma op-
timista las capacidades y motivaciones de las
partes disputantes es una característica de la
práctica transformadora. Las terceras partes
que instrumentan este enfoque se muestran
siempre optimistas frente a la idoneidad de
los disputantes y su capacidad para mejorar
por sí mismos su situación en sus propios tér-
minos.
196 REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 4, No
1, 2008
Olga Elena Suárez Basto
5.	 Permitir y ser sensibles a la expresión de
emociones de las partes. En la práctica trans-
formadora, los profesionales intervinientes
consideran la expresión de las emociones
(ira, dolor, frustración, etc.) como parte in-
tegral del proceso del conflicto. Los media-
dores permiten que las partes manifiesten
sus emociones y las liberen, y están prepara-
dos a trabajar con las expresiones a medida
que se despliega el conflicto. Oprimir, eludir
o desestimar la expresión de las emociones
equivale a ignorar las oportunidades para la
recuperación de poder y el reconocimiento
que esas circunstancias suelen presentar. La
manifestación de los sentimientos no se da
para librarse de ellos, sino que se optimiza
para reencauzarlos y establecer qué hay de-
trás de ellos para contribuir a la recupera-
ción del poder y el reconocimiento.
6.	 Permitir y explorar la ambigüedad de las par-
tes. Con frecuencia, las partes contendien-
tes no tienen claridad frente a los temas en
discusión, en relación con lo que quiere cada
cual del otro y finalmente hacia la construc-
ción genuina de su postura. Para el media-
dor transformador, éstas son situaciones que
brindan una clara oportunidad para la recu-
peración del poder, por ello es fundamental
que el mediador permita, facilite y aun esti-
mule que las partes profundicen las fuentes
de su ambigüedad, confusión o incertidum-
bre.
7.	 Permanecer focalizado en el aquí y ahora de
la interacción en torno del conflicto. El me-
diador se centra en la atención a cada alusión
que los disputantes hacen (verbales o no ver-
bales) sobre cómo quieren que se les conside-
re, qué es lo importante para ellas, por qué
son relevantes específicamente esas cues-
tiones, cuáles son sus opciones preferidas,
etc. El mediador focalizado puede discernir
y analizar qué puntos tienen imprecisos las
partes, cuáles alternativas se les presentan,
en qué aspectos se sienten incomprendidos o
alguno de ellos ha malinterpretado a la otra
parte. En consecuencia, precisar cada uno de
los puntos que sirven para brindar posibilida-
des tendientes a la recuperación del poder y
el reconocimiento es una labor fundamental
del mediador transformador.
8.	 Ser sensible a las formulaciones de las partes
sobre hechos del pasado. Una excelente ma-
nera de lograr los objetivos de recuperación
del poder y el reconocimiento consiste en
estimular a los disputantes para que hablen
sobre sucesos del pasado que tengan relación
directa con el conflicto. Propiciar el abordaje
de debate sobre el pasado es una estrate-
gia de sentar las bases de estos intercambios
presentes y permite que las partes, sin incu-
rrir en presionarlas, reexaminen y revisen sus
ideas acerca del pasado y hagan extensivo su
reconocimiento a la otra parte. Cuando los
disputantes revisan su pasado con frecuencia
toman conciencia de las elecciones que de-
cidieron en diversos puntos de su evolución y
se lo revelan a sí mismos y al otro. Advierten
que hubo momentos decisivos desaprovecha-
dos y se percatan de los recursos y opciones
que en otro momento tuvieron y que dejaron
pasar inadvertidos. Esta situación lleva a los
disputantes a modificar la idea que tienen de
sus recursos, opciones y capacidades actua-
les, aspecto que implica de manera prepon-
derante avanzar hacia el reconocimiento y la
recuperación del poder. Explorar el pasado
fundamenta un valor que tiene incidencia di-
recta en el presente, particularmente por las
oportunidades que brinda a las partes para
aclarar sus opciones, y para revisar y modi-
ficar la percepción que cada uno tiene de la
otra parte.
9.	 Ver la intervención como un punto en una
secuencia más amplia de la interacción del
conflicto. El conflicto es un proceso y en la
misma medida lo es la intervención, por lo
que es necesario que el mediador tome con-
ciencia de los ciclos que posiblemente atra-
viese el conflicto. Es claro que una sola inter-
vención no basta para abordar en su totalidad
todos sus aspectos; en consecuencia, es ne-
cesario que el mediador comprenda que su
197REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 4, No
1, 2008
La mediación y la visión positiva del conflicto en el aula
visión puede ser “a largo plazo”. Ello implica
que su intervención se desarrolla dentro de
un marco temporal mayor. En este aspecto es
importante reconocer que incluso el hecho de
llegar a un acuerdo no es lo mismo que poner-
lo en práctica. Los terceros transformadores
dejan que sobrevengan los ciclos y hasta les
dan bienvenida como ulteriores momentos de
deliberación y de recuperación de poder”.
10.	 Experimentar una sensación de éxito cuan-
do se aprecia aunque sea un mínimo grado
de recuperación de poder y reconocimien-
to. Este aspecto apunta a las satisfacciones
profesionales que obtienen los profesionales
con una práctica transformadora, durante las
sesiones, cuando se ponen de manifiesto las
oportunidades para la toma de poder y el
reconocimiento, y pueden ayudar a las par-
tes a incrementar su fortaleza y capacidades
personales y a mejorar su comprensión de las
interrelaciones. En este aspecto el éxito no
se logra por haberse concertado un acuerdo
final; por el contrario, valoran el nexo exis-
tente entre los pequeños logros y los gran-
des compromisos. Finalmente, si no se logra
ningún acuerdo entre las partes, el mediador
está en la capacidad de comprender que aun
después de la intervención las partes pue-
den adquirir compromisos de acción si efec-
tivamente durante el proceso se presentaron
avances reales en el sentido de la recupera-
ción de poder y reconocimiento.
Desde la perspectiva de constituirse en orien-
tador como un consultor interno de procesos de
mediación, bien puede, para cumplir con este rol,
crear escenarios para facilitar procesos reflexivos
en torno a la convivencia humana y a sus dilemas
y conflictos. En este sentido, podemos utilizar las
siguientes reglas que viabilizan la creación de es-
tos contextos.
En el ejercicio de consultoría, la definición de las
reglas de trabajo con el colectivo es básica: ayu-
da a definir y a darle forma y sentido a la partici-
pación de todas las personas.
Reglas propuestas por el colectivo; reglas para
desarrollar convivencia y bienestar; reglas de
equidad, posibilitadoras de diálogo, el acerca-
miento, el intercambio y la reflexión en igualdad
de condiciones; reglas entendidas no en términos
restrictivos sino generatrices, es decir, reglas que
inviten a crear.
La explicitación de las reglas nos permite estable-
cer unas condiciones democráticas y saludables
mínimas para construir el conocimiento necesario
en los procesos de transformación. Las reglas van
a definir el tipo de vínculos y la naturaleza de las
relaciones.
El respeto
El respeto por el otro, por sus puntos de vista (no
hay miradas ni verdades únicas), así como el dere-
cho a hablar o permanecer en silencio.
El reconocimiento de múltiples saberes
Ningún conocimiento es menos valioso que los de-
más.
El carácter heteráquico de las relaciones
Las relaciones horizontales deben prevalecer so-
bre las verticales.
El consenso
Las alternativas se construyen en consenso con el
grupo y van a incidir en el tipo de relaciones que
el grupo requiere para poder moverse y movilizar
eficientemente sus ideas.
Emocionalidad/racionalidad
No sólo se construye desde lo racional, también
desde los deseos, los intereses y los gustos.
La transparencia para proceder
Compartir con los participantes los objetivos de la
consultoría: ¿por qué estamos aquí? (consultores y
198 REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 4, No
1, 2008
Olga Elena Suárez Basto
participantes) ¿Cuál es nuestra pretensión? ¿Cómo
vamos a lograr lo que queremos? ¿Comparten los
propósitos? ¿Desean incorporar nuevos propósitos
o les gustaría modificar algunos de los propues-
tos? ¿Cómo nos invitaron? ¿Qué diría nuestra insti-
tución de nuestra participación? Estas son algunas
de las inquietudes iniciales que se comparten con
el grupo, además de ir señalando cómo se van a
mover los consultores y el grupo, para dejar claro
desde el comienzo un principio de transparencia
en el proceso; sin este principio, las personas
pueden sentirse utilizadas y asumir posiciones di-
ferentes de las de construir colectiva, coherente,
consecuente y concertadamente las alternativas
de cambio (Estupiñán, 2006).
Las anteriores reglas contribuyen a la consolida-
ción de escenarios que garantizan a las partes
espacios transparentes, sólidos y desprevenidos,
que permiten un desenvolvimiento libre y demo-
crático, y que invitan al diálogo como parte del
reconocimiento a la acción mediadora por los
contendientes.
En este contexto, el trabajo del orientador me-
diador consiste en crear las condiciones para ad-
ministrar la conversación y ayudar a los partici-
pantes a trazar su itinerario, su propia solución
al conflicto. Esta es una invitación al diálogo, a
la comprensión y a la escucha activa, a las re-
flexiones y a las conversaciones con la experien-
cia propia y la de los otros. Los caminos son, en sí
mismos, reflejo de lo que consideran que puede
enlazarse, los puentes que pueden tender, lo que
es similar y lo que es diferente, lo que está más
allá de lo aceptable o lo posible.
Finalmente, la pedagogía para la convivencia,
como la mediación alternativa, no tiene otra
perspectiva que aceptar el conflicto como una
oportunidad de cambio, ya que la visión positiva
del conflicto trae consigo no solamente cocrear
una cultura del no conflicto, sino que permite a
los contendientes administrar responsablemente
los conflictos propios y allanarse hacia vías de
soluciones concretas, reales y satisfactorias para
las partes, trátese de individuos, organizaciones
o comunidades.
Privilegiar la pedagogía para la convivencia en
la educación como práctica cotidiana en el aula
permite proveer tempranamente herramientas y
destrezas para la solución de conflictos, incenti-
va todas las formas de participación social, me-
jora la calidad de la comunicación, desarrolla la
posibilidad de una formación ética y ciudadana,
ayuda a prevenir la violencia, propicia prácticas
democráticas, incentiva la coconstrucción de con-
textos colaborativos, ayuda no sólo a prevenir la
violencia como medio para dirimir los conflictos,
sino también al desarrollo de los jóvenes como
una oportunidad de cambio para la sociedad.
La mediación transformadora es de gran utilidad
por cuanto facilita la confrontación, propicia la
coparticipación responsable, permite considerar
y reconocer la singularidad de cada participante
en el conflicto, incrementa la posibilidad latente
de ganar conjuntamente, establece los puentes
en común y sienta las bases para implementar las
soluciones efectivas que legitimen la participa-
ción de todos los actores o grupos involucrados
para resolver constructiva y colaborativamente
los conflictos entre pares. Promueve así el cambio
mediante la búsqueda de soluciones acordadas,
concertadas y concienzudas para la construcción
de nuevos contextos que se erijan como espacios
de plena convivencia, respeto mutuo, solidaridad
y cooperatividad, no sólo en el ámbito de la es-
cuela, sino como práctica que se replique de ma-
nera generalizada en la sociedad.
Referencias
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199REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 4, No
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culolmireiaurangaa.html [2007, febrero 28].

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  • 1. Diversitas: Perspectivas en Psicología ISSN: 1794-9998 revistadiversitas@correo.usta.edu.co Universidad Santo Tomás Colombia Suárez Basto, Olga Elena La mediación y la visión positiva del conflicto en el aula, marco para una pedagogía de la convivencia Diversitas: Perspectivas en Psicología, vol. 4, núm. 1, 2008, pp. 187-199 Universidad Santo Tomás Bogotá, Colombia Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=67940115 Cómo citar el artículo Número completo Más información del artículo Página de la revista en redalyc.org Sistema de Información Científica Red de Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal Proyecto académico sin fines de lucro, desarrollado bajo la iniciativa de acceso abierto
  • 2. ISSN: 1794-9998 / Vol. 4 / No 1 / 2008 / pp. 187-199 187 La mediación y la visión positiva del conflicto en el aula, marco para una pedagogía de la convivencia The mediation and positive view of the conflict in the classroom: Framework for a pedagogy of coexistence * Correspondencia: Olga Elena Suárez Basto, psicóloga, magíster en Evaluación en Educación, docente Facultad de Psicología, Universidad Santo Tomás. Dirección postal: cra. 9 No 51-11, Bogotá, Colombia. Correo electrónico: olgasuarez@correo.usta.edu.co; oesb_520@hotmail.com. Olga Elena Suárez Basto* Universidad Santo Tomás, Bogotá Recibido: 15 de octubre de 2007 Revisado: 7 de diciembre de 2007 Aceptado: 22 de enero de 2008 Resumen En el presente artículo se ofrece un marco de re- flexión que tiene como propósito destacar la impor- tancia, para el ámbito escolar, de la gestión del con- flicto en forma positiva desde la pedagogía para la convivencia y la mediación transformadora. Es claro que el conflicto es inherente al ser humano, pero la convivencia también, y éste forma parte de la convi- vencia; por tanto, es fundamental e ineludible pro- mover una comprensión del conflicto como fuente de aprendizaje, desarrollo y maduración personal, que en una sociedad democrática que se rige por el diá- logo y la tolerancia, encuentra su espacio y ámbito de expresión. Formar, promover y fomentar las ac- titudes que hacen del conflicto una oportunidad de desarrollo, representa una visión contemporánea de la educación y significa una oportunidad de cambio para la sociedad. Palabras clave: conflicto, pedagogía, mediación transformadora, aula de clase, diálogo, convivencia. Abstract This article presents a framework of reflection whi- ch purpose is to stand out the importance, for the school field, of the conflict procedure in a positive REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA
  • 3. 188 REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 4, No 1, 2008 Olga Elena Suárez Basto way from the pedagogy in order to coexistence, since transforming mediation. Is clear that the conflict is inherent to the human being, but the coexistence too and this it’s part of the coexis- tence, there­fore, is essential and unavoidable, to promote an understanding of the conflict, as a source of learning, development and personal growth that in a democratic society which it’s regu- lated by dialogue and tolerance, it founds its space and expression field. To form and promote the attitudes that makes from the conflict a development opportunity, it represents a contemporary view of education, and it means a change opportunity for the society. Key words: conflict, pedagogy, transforming mediation, classroom, dialogue, coexistence. Qué se entiende por conflicto escolar: un breve marco de referencia El aula de clase y su contexto, en el momento his- tórico actual, no es siempre el espacio de convi- vencia deseado para nuestros estudiantes; en ella se organizan y planifican la influencia curricular y la no curricular con el objetivo no solamente de recrear conocimiento, sino también, de gran manera, para construir valores de convivencia, de solidaridad, de aceptación del otro en la diferen- cia, del diálogo entre los sujetos y del sentido de comunidad. No obstante, la escolarización dejó de ser la única propuesta, después de la fami- lia, de formación y educación de la personalidad. Los mensajes que en ella se transmiten, se re- conceptualizan y se producen son motivo de de- bate por su credibilidad, legitimidad y viabilidad, para determinados estudiantes, padres de familia y docentes. La repercusión práctica de ello tiene naturaleza diferente y afecta a distintas facetas de la convivencia humana. El ser humano, de acuerdo con lo anterior, tiene una naturaleza convivencial, pero ello no niega que las relaciones sociales puedan deteriorarse; en otras palabras, de la misma coexistencia emer- gen de manera inherente los conflictos en las re- laciones humanas que se suscitan en cualquiera de los escenarios de interacción social. Así: “Toda relación social contiene elementos de conflicto, desacuerdos e intereses opuestos. La escuela es una organización y como tal su funcionamiento no puede ser entendido sin considerar la signifi- cación del conflicto” (Ovejero, 1989). Los desacuerdos, las tensiones interpersonales, los enfrentamientos intra o intergrupales, los an- tagonismos, las hostilidades son propios de la na- turaleza humana; no obstante, si los elementos del conflicto emergen del diálogo, éste podría ser nuestra mejor opción para trabajar sobre las rea- lidades contenciosas. Sin embargo, como todos los procesos dialógicos, no son útiles para redu- cir la posible hostilidad, conflicto, o agresión. La intención de este escrito es reforzar la postura de comprender el conflicto como una oportuni- dad transformadora de gran utilidad para dirimir y generar constructos de realidades comunes y consolidadoras que apunten al restablecimiento de la convivencia y a prácticas culturales más fre- cuentes de intercambio pacífico. Para efectos de iniciar una comprensión acerca de los conflictos en el aula y el papel prepon- derante del mediador en el mismo, es necesario adentrarnos en una conceptualización que nos permita aclarar cómo entendemos el conflicto en el aula de clase. En primer lugar, es menester afirmar que en nuestro medio existe la marca- da tendencia a utilizar indiscriminadamente los términos conflicto y violencia como si se tratase de una misma situación. La fuerte incidencia del conflicto armado en nuestro desarrollo sociopolí- tico y cultural es absolutamente absorbente. Los medios de comunicación y aun el mismo esque- ma de enseñanza tradicional han promovido de manera permanente una percepción ambigua de conceptos tales como “la sociedad de la violen- cia”, “los hijos de la violencia”, “la cultura de la violencia”; estas son algunas de las acepciones que con frecuencia se acuñan en los discursos
  • 4. 189REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 4, No 1, 2008 La mediación y la visión positiva del conflicto en el aula sociales, tratando de imprimir a nuestro carác- ter un sentido eminentemente violento, vandáli- co, agresivo, pendenciero y disruptivo, como si se tratase de una condición inherente a nuestro propio comportamiento. Ello hace necesario los dos términos: No es legítimo asociar conflicto con vio- lencia, porque mientras el conflicto res- ponde a situaciones cotidianas de la vida escolar, en la que se dan enfrentamien- tos de intereses, discusión y necesidad de abordar el problema, la violencia es una de las maneras de enfrentarse a esa situación (Etxeberría, Esteve y Jordan, 2001, p. 82). Dentro del conflicto se enmarcan las divergen- cias, las disputas, las controversias, los objetivos incompatibles y, en forma excluyente, los anta- gonismos, los intereses entre las partes y muchos más; sin embargo, éstos son propios de la interac- ción humana. El conflicto es obvio en la sociedad pero no la violencia, por lo que el conflicto no necesariamente debe terminar en violencia. Por ello, la manera de abordar el conflicto y los me- canismos de resolución condicionan su desenlace; si se maneja el conflicto con la naturalidad propia que lo genera, se están incorporando la creativi- dad, la innovación y las ideas que conducirán a que cuando surja se puedan canalizar todas las opciones de las partes intervinientes en la bús- queda de una solución que no origine violencia. Cuando el conflicto no es capaz de solucionarse, o al menos de transformarse, genera frustración; por ende, es previsible que se desaten comporta- mientos agresivos y violentos. Existe, por lo anterior, una relación entre conflic- to y violencia, pero no es bidireccional. Se puede afirmar lo siguiente: La violencia siempre va acompañada de nuevos conflictos, pero el conflicto no siempre entraña situaciones de violen- cia, pues los seres humanos disponemos de un amplio abanico de comportamien- tos con los que poder enfrentarnos a las situaciones de confrontación de opinio- nes e intereses con los otros sin necesi- dad de recurrir a la violencia (Hernán- dez, 2002). El proceso de socialización es el proceso por el que aprendemos a vivir con el conflicto y a regu- larlo de manera que depare el máximo de bien- estar para nosotros mismos y para los demás. La concepción positiva del conflicto deviene de entender el mismo como elemento intrínseco del proceso de socialización, ya que es parte del pro- ceso de interacción social, en el que personas, grupos y especie establecen relaciones y se trans- miten anhelos y expectativas. De la optimización y manejo adecuado del conflicto emergen las al- ternativas que permiten que éste no se convierta en agresión y violencia. El conflicto supone la pugna entre personas o grupos interdependientes que tienen objetivos incompatibles o aparentemente percepciones in- compatibles. En este sentido El conflicto conjuga los fines y las pre- tensiones individuales y sociales que persiguen los individuos (o los grupos). Cada contrario, dentro de sus expecta- tivas y formas de abordar las controver- sias, genera interpretaciones propias de los que esta en disputa. Esta perspectiva (personal o grupal) puede dificultar o fa- cilitar el tránsito hacia puntos de enten- dimiento o contradicción que facilitan la construcción de alternativas y paráme- tros de entendimiento o pueden agudi- zar la controversia mediante la asunción de posicionamientos contrastantes. Si al conflicto se le imprime una visión positi- va, las diferencias se resolverán median- te la apertura y búsqueda de instancias que permitan a los interlocutores inte- ractuar a través del dialógo, la reflexión y el entendimiento. Ahora bien, la violencia podría entenderse como la forma oscura e inadecuada de enfrentarse a los conflictos, recurriendo al poder, la imposición y la anulación de los derechos del otro para salir proclamado vencedor en el enfrentamiento. La
  • 5. 190 REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 4, No 1, 2008 Olga Elena Suárez Basto violencia no puede negociarse, no pueden esta- blecerse acuerdos sobre el tipo de violencia que está permitida y el tipo de violencia que resultará condenada en un centro escolar; no puede justifi- carse cuándo está bien o mal empleada, la violen- cia debe ser rechazada de plano por la comunidad escolar como medio de resolución de conflictos. No es dable permitir desde ningún punto de vista la réplica de la metáfora del “conflicto armado en la vida escolar”; por el contrario, la postura que asumiremos nos permitirá manejar y gestionar el conflicto en forma positiva: se contempla la posibilidad de negociar, conscensuar, establecer acuerdos, compromisos, generar empatía con el otro, comprender su postura y conciliar con sus razones, etc. Como se ha dicho, el conflicto es propio de la naturaleza del ser humano; forma parte de su existencia, de su estructura básica que le permi- te madurar y desarrollarse como persona y como sistema humano. El conflicto es un espacio huma- no, que no podemos destruir o desaparecer de la realidad escolar. En estas condiciones podemos afirmar que el conflicto es inevitable, a la vez que es necesario en la vida de las personas; forma parte de la convivencia humana y constituye una fuente de aprendizaje, desarrollo y maduración personal, ya que la persona debe poner en mar- cha una serie de mecanismos que favorezcan una gestión positiva del mismo. Se puede afirmar, en- tonces: Es verdad que a menudo el conflicto crea tensión, ansiedad y molestia, pero como el enfado, estos sentimientos en sí mis- mos no siempre son malos. Pueden pro- porcionar el tire y afloje necesario para el desarrollo y el crecimiento. Creemos que el conflicto en el aula puede pro- porcionar una tensión creativa que sirva para inspirar la solución de problemas y para motivar la mejora del rendimiento individual o grupal… constituye un paso necesario hacia el aprendizaje personal y hacia el proceso de cambio (Schnuck y Schnuck, 1983, en Ovejero, 1989, p. 274). En este mismo sentido alude Johson (1979, p. 301 en Ovejero, 1989), “que el conflicto en el aula no sólo es inevitable sino que incluso es nece- sario para combatir la rutina escolar y así faci- litar el progreso en la escuela”. En esta misma perspectiva, Peiró añade que el conflicto posee tantos aspectos funcionales como disfuncionales: “En realidad, la funcionalidad o disfuncionalidad de una determinada conducta depende siempre de poscriterios adoptados y de la perspectiva considerada. Algo funcional para la organización puede ser disfuncional para algunos miembros y viceversa” (Peiró, 1985, Vol. II, p. 481, en Oveje- ro, 1989). El ser humano se encuentra inmerso en organi- zaciones de diverso orden, desde microorganiza- ciones como la familia hasta macroorganizaciones como la misma sociedad. En esta interacción el individuo despliega su conducta que se manifiesta en pensar, sentir, transmitir, emprender, experi- mentar, comunicar e inventar continuamente nue- vas realidades y situaciones. La forma de manejar y percibir las cosas y la vida en la individualidad, o en grupo, genera puntos de vista y perspectivas particulares que no siempre están acordes con las expectativas y miradas que nuestros congéneres hacen de esa misma realidad. Los puntos de vis- ta divergentes con frecuencia generan conflictos, que a la postre los podemos optimizar y poten- cializar de modo que los convirtamos en ventajas que contribuyan a cocrear escenarios que gene- ren convivencia, cohabitación y cooperatividad. En este contexto, los conflictos se convierten en un vehículo para inventar, imaginar, aprender y comunicar. No obstante, la visión del conflicto no siempre es tan optimista, más aún tratándose de un país marcado por el conflicto violento como el nuestro. En tal sentido, Ortega afirma: Existe una demonización del conflicto que los asocia indiscriminadamente a conductas no deseables, a veces delic- tivas. Pero el conflicto es también con- frontación de ideas, creencias, valores, opiniones, estilos de vida de vida, pau- tas de comportamiento, etc. Que en una sociedad democrática que se rige por
  • 6. 191REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 4, No 1, 2008 La mediación y la visión positiva del conflicto en el aula el diálogo y la tolerancia, encuentra su espacio y ámbito de expresión (Ortega, 2001, p. 10). En una sociedad que asocia con demasiada lige- reza el conflicto con la violencia y sus diversas formas de expresión, hay que tener en cuenta al- gunas distinciones. Nosotros partimos de que el conflicto es un fenómeno normal y no necesaria- mente negativo; que posee una serie de potencia- lidades positivas que sirven para fortalecer aque- llas relaciones que nos importan. La expresión de la violencia en el tratamiento de un conflicto sue- le erradicar esas potencialidades positivas, dando lugar a la ruptura en muchos casos y a una espiral de violencia, en otros. En estas situaciones no solo perdemos la oportunidad de aprender ética- mente y profundizar en la relación a través de un proceso constructivo, sino que deterioramos el clima de convivencia; en este aspecto, el con- flicto es una oportunidad para un proceso de bús- queda conjunta de soluciones y de negociación, que se convierte en una interacción que estimula la reflexión ética del comportamiento humano. Por lo anterior, acogemos la perspectiva según la cual los conflictos, en tanto oportunidades para aprender, son necesarios para el crecimiento per- sonal y comunitario, pues ayudan a la diferencia- ción individual, así como al desarrollo de habi- lidades fundamentales para el aprendizaje y la convivencia ciudadana (Colectivo Amani, 1994). Aceptar el conflicto como algo natural, como ex- presión inevitable de los individuos o de los gru- pos, visto desde la perspectiva de la opción para cocrear nuevos discursos de convivencia y cohe- sión social basado en la mutualidad y fundado en la aceptación de diferencia con el otro, constitu- ye asumir un enfoque socioconstruccionista de la comprensión positiva del conflicto (sentir que se asume en este escrito). Los nuevos paradigmas en resolución de conflic- tos se asientan en la comunicación y las prácticas discursivas y simbólicas que promueven diálogos transformadores. En concordancia, Dora Schnit- man comenta: Como prácticas de resolución alternati- va de conflictos, expande el foco desde los intereses a las formas de intercambio a partir de las cuales puedan emerger acciones significativas para los partici- pantes. Entienden que si el significado se genera a través de relaciones, enton- ces ser responsable hacia un proceso re- lacional consiste en favorecer prácticas comunicativas específicas que incremen- tan la inteligibilidad del diálogo, el reco- nocimiento y la recuperación del poder (empowerment) de los participantes, para avanzar hacia un futuro posible, dando los pasos capaces de conducir a él (Schnitman, 2000, p. 25). Esta construcción colaborativa de nuevas realida- des se fundamenta en el diálogo transformador que surge de la interacción y permite reconocer las pautas que se generan entre las personas o los grupos, lo cual facilita identificar los dilemas, los recursos, las potencialidades y alternativas de acción. Entiéndese la evolución de un conflicto enfocando no sólo las emociones, inten- ciones y creencias de los participantes _o sus intereses_ sino los dominios sim- bólicos, narrativos y dialógicos como el medio en que se construyen y transfor- man significados y prácticas, y surgen identidades, mundos sociales y relacio- nes emergentes (Schnitman, 2000, p. 26). Se presume que en este proceso entran en juego las competencias comunicativas; la comunicación entre las personas es el soporte de la interacción, por eso si ésta resulta distorsionada o bloqueada, la resolución del conflicto puede darse en forma violenta o pasiva. La educación para el desarrollo integral y autónomo de los individuos debe partir de una concepción positiva del conflicto, como proceso lógico que se presenta en cuanto inten- tamos hacer una tarea común a causa de la diver- sidad humana.
  • 7. 192 REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 4, No 1, 2008 Olga Elena Suárez Basto El conflicto trae consigo posiciones que resultan antagónicas y en apariencia irreconciliables, lo que eventualmente hace que los actores asuman posturas radicales que impidan la posibilidad de la interacción fundada en el diálogo y en la re- conciliación. Es probable que estas posturas im- posibiliten la búsqueda de iniciativas y polaricen de manera extrema la viabilidad del dialogo. Ello invita a que de modo preponderante emerja la figura del mediador, como instancia que libera la disposición hacia el diálogo y motiva las posibili- dades para construir escenarios de concertación. Por ello, es claro que del conflicto emergen en forma fundamental la mediación y sus efectos potencialmente transformadores; por tanto, el papel del mediador en este ámbito tiene gran im- portancia. A propósito, la autora Dora Schnitman, afirma: Una característica importante en el mo- vimiento interno en el conflicto es el va- lor otorgado a la mediación, entendida como un trabajo colaborativo en contex- to, para encontrar oportunidades y con- diciones de cambio (Schnitman, 2000). El rol del mediador se enmarca en la búsqueda de las oportunidades que surgen durante el proceso, en la compresión de las perspectivas de los otros y en la forma de revertirlas a manera de empo- deramiento para las partes, el reconocimiento recíproco de los participantes, la consecución conjunta de los recursos, de las acciones transfor- madoras, de las potencialidades concertadas de los contendientes, de la potencialización dialógi- ca de las partes y de la búsqueda de apoyar las perspectivas, opiniones y experiencias de ellas para coconstruir verdaderas y reales alternativas de decisión para la resolución del conflicto. A través de la conversación el mediador opera para facilitar esas condiciones, pero prescinde de su propia calificación respecto de los temas, con- tenidos, soluciones, y su postura viabiliza el en- tramado de las relaciones, sin entrar en el “juego del conflicto”. Una herramienta fundamental es el énfasis en los intercambios comunicativos. La negociación y su contrapartida, la mediación, son intercambios comunicativos en los que las partes en conflicto tratan de determinar “qué dará y recibirá cada uno, o que hará o tomará, en sus transacciones mutuas” (Rubin y Brown, 1975, p. 1). La mediación es una extensión de la negociación. El mediador o el equipo mediador representa a una tercera parte “neutral” que facilita el proce- so de negociación y deja a las partes la responsa- bilidad de acordar una solución. Por ello, en este aparte, y vale la pena retomar la importancia de resaltar el diálogo en el caso concreto de la me- diación. Bohm (1996) recuerda que “dia-logos”, no se re- fiere a “dos” sino a “a través de”. Diálogo es un término que alude a la cocreación de significados a través de _y entre_ cierto número de interlo- cutores. La comunicación no es un vehículo para la transmisión de información, sino un proceso constructivo. Bakhtin (1986) destaca la capacidad del diálo- go para construir sentido al señalar que en toda comprensión las personas responden activamente a un “otro”; un diálogo involucra “comprensión activa”. Quien escucha no sólo lo hace para de- codificar una elocución sino que al mismo tiem- po capta a quién va dirigida, la relaciona con su propia trama compleja de intereses y supuestos, e imagina cómo responde la elocución a futuras elocuciones de posibles interlocutores y a qué tipo de respuestas invita, la evalúa e intuye cómo podrían comprenderla otros. El diálogo permite pensar en algo no pensado, escuchar algo no escuchado, decir algo no di- cho; será posible obtener nuevas formulaciones o producciones en donde se pueden considerar nuevas perspectivas, es decir, recontextualizar (encontrar nuevos significados); al resignificarse se obtienen relatos diferentes y se reformulan los conflictos por lo que, la mediación resulta ser un encuentro comunicativo y, desde la visión narra- tiva, un proceso comunicacional que invita a nue- vas metáforas de la vida.
  • 8. 193REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 4, No 1, 2008 La mediación y la visión positiva del conflicto en el aula El interés de este artículo se centra en dos as- pectos que a nuestro juicio resultan relevantes y prácticos. El primero atañe al desarrollo de los principios básicos de una pedagogía convivencial que estaría dirigida a contrarrestar y prevenir los factores de violencia o conflicto en la educación y que tienen la intención de fomentar escenarios claves como marco para el desarrollo de una pe- dagogía para la convivencia y la paz, y, en segun- da instancia, lo pertinente a la mediación vista desde un criterio transformador, desde una peda- gogía propositiva constructivista. Las estrategias y habilidades para la transforma- ción de conflictos en el marco de la mediación en el aula escolar se encuadran dentro de una peda- gogía comprometida con la vida ciudadana de ca- rácter democrático y participativo. Propiciar en el contexto escolar escenarios y estructuras que generen procesos de mediación, de negociación, y fomentar las actitudes que hacen del conflicto una oportunidad de desarrollo, representa una vi- sión contemporánea de la educación. Este tipo de educación promueve un marco de relaciones fundamentadas en el valor de la dife- rencia, en el respeto por el otro y con el otro, que a su vez se repliquen y conciten un cambio en los ámbitos de la vida cotidiana de la escuela. Se debe pensar que hacia el futuro, el cambio debe reflejar el porvenir de las interacciones en la vida, en los órdenes profesional, familiar y so- cial; en síntesis, se trabaja no sobre los proble- mas, sino sobre las soluciones y esperanzas de un porvenir más humano y comprensible. Los principios de la pedagogía para la conviven- cia bien pueden tomarse según el resumen que podemos hacer de la autora Mireia Uranga Ara- kistain (2007), los cuales fomentan los siguientes aspectos: 1. El uso del diálogo. El desarrollo de la capaci- dad dialógica promueve la disposición hacia la comunicación. En este aspecto, el diálogo se caracterizará por un intercambio y enri- quecimiento de ideas a través de un proceso de escucha activa, de empatía, de apertura hacia el otro y de disposición para cuestio- narse las ideas sin evitar rebatir las del otro: “Así, para que el diálogo tenga éxito, es de- cisivo que uno pueda hacer escuchar su voz. Parafraseando la lógica: ‘Si no expreso cuál es mi posición, lo que verdaderamente pien- so, no hay diálogo’ ”. (Gergen, 1994). Para el desarrollo de este importante aspecto, es necesario acoger la perspectiva de Gergen, frente a lo que denomina el diálogo trans- formador, que en esencia es facilitar la cons- trucción colaborativa de nuevas realidades por parte de los intervinientes en el conflic- to. 2. El aprendizaje cooperativo. El objetivo es que el estudiante perciba y apropie que obtener sus metas no lleva a que sus compañeros o compañeras fracasen; al contrario, en la me- dida en que el grupo avance como colectivo, él como individuo avanzará. Ello no repre- senta negar la competitividad, sino estimular las diferentes dimensiones que encontramos en ella. Es procedente situar procesos com- petitivos en marcos cooperativos. 3. Solución de problemas. Los estudiantes, los padres de familia, los docentes, los admi- nistrativos y los orientadores deben apren- der a generar recursividad y alternatividad para buscar soluciones propias, no siempre a través de alguien a quien atribuimos autori- dad o conocimiento. Es un aprender a pensar significativa y críticamente y a ser creativos con la resolución de los problemas que sur- gen en la interacción. Algunos de los pasos que contribuyen a este proceso son crear el clima, definir y discutir el problema, explorar todas las opciones enriqueciéndolas con los diversos puntos de vista de los participantes, valorar todas las alternativas, etc. 4. Afirmación. Se trae a colación el fortaleci- miento de las habilidades de las personas para desarrollar comportamientos acepta- bles socialmente, como la autorregulación, la auto­estima y la autodisciplina, como be- neficios adicionales fruto de desarrollo de las habilidades de comunicación y solución de
  • 9. 194 REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 4, No 1, 2008 Olga Elena Suárez Basto problemas. Los disputantes participan acti- vamente y toman decisiones sobre los pro- blemas a los que se enfrentan. Esto fomenta la autoconfianza, la autoafirmación y la auto- rregulación. Instrumentar este tipo de destre- zas y habilidades es fundamental, en aras de crear una cultura preventiva del conflicto; no obstante, es clave, que las personas, además de manejar sus propias experiencias vitales y sentimientos, conozcan en el fragor del con- flicto la manera de reconocer y encontrar la importancia de la expresión del otro como mecanismo que permita presentarle nuestro apoyo y acuerdo a través de la reafirmación. Reafirmar es conceder valor, respetar la va- lidez de mi subjetividad. Por tanto, no basta con generar afirmación de algunos valores personales, sino que los mismos se pueden transferir y reconocer en el otro. 5. Gestión democrática en el aula. La escuela es uno de los contextos más importantes de socialización de los estudiantes y es la can- tera de ideas y percepciones acerca de prin- cipios y conceptos tan fundamentales como la sana convivencia, la armonía, la justicia, la equidad, la democracia, etc. El proceso consiste en involucrar a los estudiantes, en forma activa y actuante, en las decisiones y consensos que se derivan de la vida escolar. Ello conlleva implícitamente la aceptabilidad de las normas y preceptos que garantizan la convivencia y las responsabilidades dentro de la comunidad educativa. 6. Apertura y empatía. Consiste en fomentar la actitud de estar abierto a lo que otra perso- na expresa y desea, “el ponerse en los zapa- tos del otro”, el promover la posibilidad de experimentar cómo cada uno ve diferentes aspectos de una misma situación y sentir que la opinión del otro es tan importante y res- petable como la personal, en razón de que nos brinda una mirada diferente que nos en- riquece. 7. Comprensión y manejo de la agresividad y la violencia. Se debe distinguir entre agresivi- dad y agresión, presumiendo que la agresivi- dad exige aprender a manejarla para que no se traduzca en agresión y, por tanto, en vio- lencia. No se trata de desconocer la violencia como un hecho cotidiano latente y evidente, sino que el estudiante asuma una actitud crí- tica y constructiva frente a sus causas y sus efectos. 8. Promoción de modos de confrontación no vio- lentos. Se debe socializar permanentemente que la confrontación es uno de los modos necesarios para tratar un conflicto, indican- do para ello que el enfrentamiento es parte de la interacción social y que por tanto cada persona debe ser leal, honrada y pacífica, como herramientas para obtener constructos de convivencia. 9. Corresponsabilidad. La resolución de los con- flictos debe residir, en esencia, en las partes directamente involucradas en el mismo, pues de esta manera se garantiza que la salida al conflicto sea aceptada, sostenida y desarro- llada por las partes. En este aspecto surge en forma relevante el sentido de la mediación. 10. Educación en valores. Cualquier propuesta para la gestión positiva de los conflictos debe pasar necesariamente por una educación en valores, donde se forme al estudiante en el reconocimiento de la dignidad de toda perso- na, en el derecho a la ciudadanía y a su ejer- cicio, en la deliberación y la participación por el interés común de una convivencia sana en la vida escolar. En resumen, se pretende que los estudiantes adquieran contenidos mí- nimos de una educación cívica pertinente. Los anteriores principios deben llevarse a la prác- tica, para lograr el desarrollo de habilidades que permitan un ambiente de armonía y convivencia dentro del aula. No se pretende que los anterio- res principios sean aceptados como principios de- terminantes; es probable, y esa es la intención, que los mismos se afinen y se enriquezcan para consolidar la cultura de la convivencia en el ám- bito educativo.
  • 10. 195REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 4, No 1, 2008 La mediación y la visión positiva del conflicto en el aula Desde una orientación teórica basada en el cons- truccionismo social y una gama de prácticas co- herentes con ella, nuestro concepto del diálogo transformador pone especial acento en la res- ponsabilidad relacional, la expresión personal, la reafirmación del otro, la coordinación, la autorre- flexividad y la cocreación de nuevas realidades. Sobre las competencias del mediador orientador, desde la práctica del enfoque transformador Para el desarrollo de este apartado, considera- mos fundamental partir de: la cosmovisión de comprender el conflic- to como potencialmente transformador, esto es, que ofrece a los individuos la oportunidad de desarrollar e integrar sus capacidades tanto para fortalecerse así mismos como para empatizar con los de- más. Al concretarse estas capacidades, se da un paso significativo hacia la trans- formación individual y social, porque la fuerza del ser humano individual y el sentido de conexión y de comunidad se desarrollan conjuntamente (Bush y Fol- ger, 1994, p. 74). Esta estrategia resulta ostensiblemente útil para sacar provecho de las oportunidades que ofrece el conflicto para la autodeterminación (la recu- peración del propio poder) y la empatía (el cono- cimiento del otro). Referenciado lo anterior, hay que reseñar cuáles son las competencias con que debe contar un mediador desde el enfoque transformador. Según Bush y Folger, (1994), se precisan las siguientes: 1. Describir el papel y los objetivos del tercero en lo referente a recuperación del poder y reconocimiento. En la práctica transforma- dora, el mediador puntualiza que su objetivo es crear un contexto que ayude y aliente a las partes a clarificar sus objetivos, recursos y preferencias para la toma de decisiones por sí mismos respecto de la situación. 2. No sentirse responsable por los resultados de la mediación. En un marco transformador, el mediador es consciente de su responsabili- dad en establecer y mantener un contexto adecuado para los esfuerzos que realicen las partes en su proceso de deliberación, toma de decisiones, comunicación y adopción de perspectivas. El mediador rechaza en forma deliberada su sentimiento de responsabilidad en la generación de acuerdos, la resolución de los problemas de las partes, el alivio de sus dificultades o su reconciliación. Sólo tendrán valor real y verdadero las decisiones y cam- bios que las partes asuman libremente por sí mismas. Transferir la toma responsable de decisiones a las partes es una característica primordial de la práctica transformadora. 3. Negarse conscientemente a emitir juicios so- bre las opiniones y decisiones de las partes. Es relevante dentro de la práctica transfor- madora que el mediador rehúse asumir una posición crítica o emitir juicios frente a las opciones o decisiones de las partes disputan- tes. La autoconciencia, el control y la sus- pensión de los juicios de valor son esenciales en esta práctica. Las acciones del mediador son una “respuesta” adecuada a los pasos que van tomando los disputantes porque el proceso es guiado por el criterio de éstos. 4. Adoptar una visión optimista de la capacidad y las motivaciones de las partes. La manera como la tercera parte considera en forma op- timista las capacidades y motivaciones de las partes disputantes es una característica de la práctica transformadora. Las terceras partes que instrumentan este enfoque se muestran siempre optimistas frente a la idoneidad de los disputantes y su capacidad para mejorar por sí mismos su situación en sus propios tér- minos.
  • 11. 196 REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 4, No 1, 2008 Olga Elena Suárez Basto 5. Permitir y ser sensibles a la expresión de emociones de las partes. En la práctica trans- formadora, los profesionales intervinientes consideran la expresión de las emociones (ira, dolor, frustración, etc.) como parte in- tegral del proceso del conflicto. Los media- dores permiten que las partes manifiesten sus emociones y las liberen, y están prepara- dos a trabajar con las expresiones a medida que se despliega el conflicto. Oprimir, eludir o desestimar la expresión de las emociones equivale a ignorar las oportunidades para la recuperación de poder y el reconocimiento que esas circunstancias suelen presentar. La manifestación de los sentimientos no se da para librarse de ellos, sino que se optimiza para reencauzarlos y establecer qué hay de- trás de ellos para contribuir a la recupera- ción del poder y el reconocimiento. 6. Permitir y explorar la ambigüedad de las par- tes. Con frecuencia, las partes contendien- tes no tienen claridad frente a los temas en discusión, en relación con lo que quiere cada cual del otro y finalmente hacia la construc- ción genuina de su postura. Para el media- dor transformador, éstas son situaciones que brindan una clara oportunidad para la recu- peración del poder, por ello es fundamental que el mediador permita, facilite y aun esti- mule que las partes profundicen las fuentes de su ambigüedad, confusión o incertidum- bre. 7. Permanecer focalizado en el aquí y ahora de la interacción en torno del conflicto. El me- diador se centra en la atención a cada alusión que los disputantes hacen (verbales o no ver- bales) sobre cómo quieren que se les conside- re, qué es lo importante para ellas, por qué son relevantes específicamente esas cues- tiones, cuáles son sus opciones preferidas, etc. El mediador focalizado puede discernir y analizar qué puntos tienen imprecisos las partes, cuáles alternativas se les presentan, en qué aspectos se sienten incomprendidos o alguno de ellos ha malinterpretado a la otra parte. En consecuencia, precisar cada uno de los puntos que sirven para brindar posibilida- des tendientes a la recuperación del poder y el reconocimiento es una labor fundamental del mediador transformador. 8. Ser sensible a las formulaciones de las partes sobre hechos del pasado. Una excelente ma- nera de lograr los objetivos de recuperación del poder y el reconocimiento consiste en estimular a los disputantes para que hablen sobre sucesos del pasado que tengan relación directa con el conflicto. Propiciar el abordaje de debate sobre el pasado es una estrate- gia de sentar las bases de estos intercambios presentes y permite que las partes, sin incu- rrir en presionarlas, reexaminen y revisen sus ideas acerca del pasado y hagan extensivo su reconocimiento a la otra parte. Cuando los disputantes revisan su pasado con frecuencia toman conciencia de las elecciones que de- cidieron en diversos puntos de su evolución y se lo revelan a sí mismos y al otro. Advierten que hubo momentos decisivos desaprovecha- dos y se percatan de los recursos y opciones que en otro momento tuvieron y que dejaron pasar inadvertidos. Esta situación lleva a los disputantes a modificar la idea que tienen de sus recursos, opciones y capacidades actua- les, aspecto que implica de manera prepon- derante avanzar hacia el reconocimiento y la recuperación del poder. Explorar el pasado fundamenta un valor que tiene incidencia di- recta en el presente, particularmente por las oportunidades que brinda a las partes para aclarar sus opciones, y para revisar y modi- ficar la percepción que cada uno tiene de la otra parte. 9. Ver la intervención como un punto en una secuencia más amplia de la interacción del conflicto. El conflicto es un proceso y en la misma medida lo es la intervención, por lo que es necesario que el mediador tome con- ciencia de los ciclos que posiblemente atra- viese el conflicto. Es claro que una sola inter- vención no basta para abordar en su totalidad todos sus aspectos; en consecuencia, es ne- cesario que el mediador comprenda que su
  • 12. 197REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 4, No 1, 2008 La mediación y la visión positiva del conflicto en el aula visión puede ser “a largo plazo”. Ello implica que su intervención se desarrolla dentro de un marco temporal mayor. En este aspecto es importante reconocer que incluso el hecho de llegar a un acuerdo no es lo mismo que poner- lo en práctica. Los terceros transformadores dejan que sobrevengan los ciclos y hasta les dan bienvenida como ulteriores momentos de deliberación y de recuperación de poder”. 10. Experimentar una sensación de éxito cuan- do se aprecia aunque sea un mínimo grado de recuperación de poder y reconocimien- to. Este aspecto apunta a las satisfacciones profesionales que obtienen los profesionales con una práctica transformadora, durante las sesiones, cuando se ponen de manifiesto las oportunidades para la toma de poder y el reconocimiento, y pueden ayudar a las par- tes a incrementar su fortaleza y capacidades personales y a mejorar su comprensión de las interrelaciones. En este aspecto el éxito no se logra por haberse concertado un acuerdo final; por el contrario, valoran el nexo exis- tente entre los pequeños logros y los gran- des compromisos. Finalmente, si no se logra ningún acuerdo entre las partes, el mediador está en la capacidad de comprender que aun después de la intervención las partes pue- den adquirir compromisos de acción si efec- tivamente durante el proceso se presentaron avances reales en el sentido de la recupera- ción de poder y reconocimiento. Desde la perspectiva de constituirse en orien- tador como un consultor interno de procesos de mediación, bien puede, para cumplir con este rol, crear escenarios para facilitar procesos reflexivos en torno a la convivencia humana y a sus dilemas y conflictos. En este sentido, podemos utilizar las siguientes reglas que viabilizan la creación de es- tos contextos. En el ejercicio de consultoría, la definición de las reglas de trabajo con el colectivo es básica: ayu- da a definir y a darle forma y sentido a la partici- pación de todas las personas. Reglas propuestas por el colectivo; reglas para desarrollar convivencia y bienestar; reglas de equidad, posibilitadoras de diálogo, el acerca- miento, el intercambio y la reflexión en igualdad de condiciones; reglas entendidas no en términos restrictivos sino generatrices, es decir, reglas que inviten a crear. La explicitación de las reglas nos permite estable- cer unas condiciones democráticas y saludables mínimas para construir el conocimiento necesario en los procesos de transformación. Las reglas van a definir el tipo de vínculos y la naturaleza de las relaciones. El respeto El respeto por el otro, por sus puntos de vista (no hay miradas ni verdades únicas), así como el dere- cho a hablar o permanecer en silencio. El reconocimiento de múltiples saberes Ningún conocimiento es menos valioso que los de- más. El carácter heteráquico de las relaciones Las relaciones horizontales deben prevalecer so- bre las verticales. El consenso Las alternativas se construyen en consenso con el grupo y van a incidir en el tipo de relaciones que el grupo requiere para poder moverse y movilizar eficientemente sus ideas. Emocionalidad/racionalidad No sólo se construye desde lo racional, también desde los deseos, los intereses y los gustos. La transparencia para proceder Compartir con los participantes los objetivos de la consultoría: ¿por qué estamos aquí? (consultores y
  • 13. 198 REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 4, No 1, 2008 Olga Elena Suárez Basto participantes) ¿Cuál es nuestra pretensión? ¿Cómo vamos a lograr lo que queremos? ¿Comparten los propósitos? ¿Desean incorporar nuevos propósitos o les gustaría modificar algunos de los propues- tos? ¿Cómo nos invitaron? ¿Qué diría nuestra insti- tución de nuestra participación? Estas son algunas de las inquietudes iniciales que se comparten con el grupo, además de ir señalando cómo se van a mover los consultores y el grupo, para dejar claro desde el comienzo un principio de transparencia en el proceso; sin este principio, las personas pueden sentirse utilizadas y asumir posiciones di- ferentes de las de construir colectiva, coherente, consecuente y concertadamente las alternativas de cambio (Estupiñán, 2006). Las anteriores reglas contribuyen a la consolida- ción de escenarios que garantizan a las partes espacios transparentes, sólidos y desprevenidos, que permiten un desenvolvimiento libre y demo- crático, y que invitan al diálogo como parte del reconocimiento a la acción mediadora por los contendientes. En este contexto, el trabajo del orientador me- diador consiste en crear las condiciones para ad- ministrar la conversación y ayudar a los partici- pantes a trazar su itinerario, su propia solución al conflicto. Esta es una invitación al diálogo, a la comprensión y a la escucha activa, a las re- flexiones y a las conversaciones con la experien- cia propia y la de los otros. Los caminos son, en sí mismos, reflejo de lo que consideran que puede enlazarse, los puentes que pueden tender, lo que es similar y lo que es diferente, lo que está más allá de lo aceptable o lo posible. Finalmente, la pedagogía para la convivencia, como la mediación alternativa, no tiene otra perspectiva que aceptar el conflicto como una oportunidad de cambio, ya que la visión positiva del conflicto trae consigo no solamente cocrear una cultura del no conflicto, sino que permite a los contendientes administrar responsablemente los conflictos propios y allanarse hacia vías de soluciones concretas, reales y satisfactorias para las partes, trátese de individuos, organizaciones o comunidades. Privilegiar la pedagogía para la convivencia en la educación como práctica cotidiana en el aula permite proveer tempranamente herramientas y destrezas para la solución de conflictos, incenti- va todas las formas de participación social, me- jora la calidad de la comunicación, desarrolla la posibilidad de una formación ética y ciudadana, ayuda a prevenir la violencia, propicia prácticas democráticas, incentiva la coconstrucción de con- textos colaborativos, ayuda no sólo a prevenir la violencia como medio para dirimir los conflictos, sino también al desarrollo de los jóvenes como una oportunidad de cambio para la sociedad. La mediación transformadora es de gran utilidad por cuanto facilita la confrontación, propicia la coparticipación responsable, permite considerar y reconocer la singularidad de cada participante en el conflicto, incrementa la posibilidad latente de ganar conjuntamente, establece los puentes en común y sienta las bases para implementar las soluciones efectivas que legitimen la participa- ción de todos los actores o grupos involucrados para resolver constructiva y colaborativamente los conflictos entre pares. Promueve así el cambio mediante la búsqueda de soluciones acordadas, concertadas y concienzudas para la construcción de nuevos contextos que se erijan como espacios de plena convivencia, respeto mutuo, solidaridad y cooperatividad, no sólo en el ámbito de la es- cuela, sino como práctica que se replique de ma- nera generalizada en la sociedad. Referencias Bakhtin, M. M. (1986). Speech genres and other late essays (C. Emerson & M. Holquist, comps.; V. W. McGee, trad.). Austin: Univer- sity of Texas Press. Bohm, D. (1996). (Lee Nichol, comp.), On dialo- gue. Londres-Nueva York: Routledge. Bush, R.A.B. & Folger, J.P. (1994). La promesa de la mediación. Buenos Aires: Granica.
  • 14. 199REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 4, No 1, 2008 La mediación y la visión positiva del conflicto en el aula Colectivo Amani. (1994). Educación intercultural. Análisis y resolución de conflictos. Madrid: Popular. Estupiñán, J. (2006). Consultoría sistémica. Un enfoque interventivo, formativo e investiga- tivo. Bogotá: Universidad Santo Tomás. Etxeberría, F., Esteve, J.M. & Jordán, J.A. (2001). La escuela y la crisis social. En: P. Ortega, (coord.). Conflicto, violencia y educación. Actas del XX Seminario Interuniversitario de Teoría de la Educación. Murcia: Cajamurcia. Gergen, K. J. (1994). Realidades y relaciones. Buenos Aires: Paidós. Hernández, M.A. (2002). Reflexiones sobre la educación en el siglo XXI. La agresividad en la escuela. Ponencia presentada al Congre- so Internacional virtual de Educación (2002). Universidad de las Islas Baleares (ISBN:84- 7632-744-7). Ortega, P. (2001). Presentación. En: P. Ortega (co- ord.) Conflicto, violencia y educación. Actas del XX Seminario Interuniversitario de Teoría de la Educación. Murcia: Cajamurcia. Ovejero, A. (1999). Psicología social de la educa- ción. Barcelona: Herde. Picand, Ch. (2002). La mediación en conflictos in- terpersonales y de pequeños grupos. La Ha- bana: Centro Felix Varela. Rubin, J. Z. & Brown, B. R. (1975). The social psy- chology of bargaining and negotiation. Nueva York: Academic Press. Schnitman, D. F. (2000). Nuevos paradigmas en la resolución de conflictos. Buenos Aires: Paidós. Uranga, M. (1997). Mediación, negociación, y habili- dades para el conflicto en el marco escolar. [en llínea] http//www.gernikagogoratuz.org/artí- culolmireiaurangaa.html [2007, febrero 28].