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MUNDOS C�LIDOS Y
OTROS
James Tiptree Jr.
James Tiptree Jr.
T�tulo original: Warm Worlds and Otherwise
Traducci�n: Carlos Peralta
� 1975 by James Tiptree Jr.
� 1985 Edhasa.
Avda. Diagonal 519 - Barcelona.
ISBN: 84-350-2067-3
Scan: Elfowar.
Revision: Cymoril
R6 03/03
�NDICE
Pr�logo, por Robert Silberberg
Todas las clases de s�
La leche de Para�so
Y he llegado a este lugar por caminos errados
El �ltimo vuelo del doctor Ain
Amberjack
A trav�s de una chica, oscuramente
La muchacha que estaba conectada
Los saurios que florecen de noche
Las mujeres que los hombres no ven
Desliz
Amor es el plan el plan es la muerte
En la �ltima tarde
�QUIEN ES TIPTREE? �QU� ES TIPTREE?
Por Robert Silverberg
El apellido Tiptree no figura en la gu�a de tel�fonos de Manhattan de 1971, la m�s
moderna que poseo. Yo no esperaba hallar el nombre de James Tiptree, Jr., en la gu�a de
Manhattan porque s� que recibe su correspondencia en un suburbio de Washington D.C.
Pero no hab�a ning�n Tiptree en la gu�a, y esto me pareci� significativo porque durante
mucho tiempo he cre�do que cualquier nombre humano se puede encontrar en la gu�a de
Manhattan. Por lo tanto, Tiptree es un apellido ins�lito. (No se encuentran Tiptrees en las
gu�as de tel�fonos de la regi�n de San Francisco, donde vivo, y sospecho que tampoco
en las gu�as de los suburbios de Washington. Nada se encuentra sub Tiptree en la
Encyclopaedia Britannica, excepto una referencia a Tiptree Heath, en Essex, donde,
seg�n mi edici�n de 1910, las condiciones son excepcionalmente favorables para el
cultivo de fresas, frambuesas y grosellas. Un nombre ins�lito, Tiptree.)
Y tambi�n un escritor ins�lito.
El nombre de James Tiptree, Jr. se insinu� silenciosamente en la conciencia del p�blico
lector de ciencia ficci�n en el n�mero de marzo de 1968 de Analog, donde apareci� una
farsa fren�tica llamada Birth of a Salesman (Nacimiento de un viajante). Sus personajes
se llamaban Freggleglegg, Lovebody y Splinx y se distingu�a principalmente por cierto
ritmo lun�tico. Pocos meses despu�s If public� The Mother Ship (El buque madre), un
relato convencional pero sustancioso acerca del primer contacto con extraterrestres; y
m�s o menos al mismo tiempo en Fantastic apareci� Fault (Falla), una peque�a narraci�n
construida alrededor de una idea sorprendente y turbadora sobre el desplazamiento
temporal. (Forma parte de esta recopilaci�n; es un buen ejemplo de los primeros trabajos
de este autor.) La firma de Tiptree asomaba espor�dicamente en el oto�o de 1968 y en
los primeros meses de 1969, pero fue el nombre extra�o y evocador, y no sus cuentos, lo
que se grab� en mi mente.
El Galaxy de marzo de 1969, sin embargo, tra�a un Tiptree que, a pesar de la modestia
de sus l�mites, abre ante el lector una puerta detr�s de otra y por fin lo empuja
limpiamente a un abismo sin fondos. Se trataba de The Last Flight of Dr. Ain (El �ltimo
vuelo del Dr. Ain), de apenas m�s de dos mil palabras, que tambi�n est� incluido en este
volumen. Dr. Ain atrajo la atenci�n de bastantes miembros de los Science Fiction Writers
of America para ser uno de los cuatro finalistas en la categor�a cuento breve del premio
N�bula de ese a�o. Los otros tres eran Ellison, Niven y Silverberg; ese a�o, Silverberg se
llev� el trofeo, pero la asociaci�n de un nombre poco familiar con tres tan bien conocidos
hizo que las siguientes narraciones de Tiptree recibieran la atenci�n particular de sus
colegas.
Dr. Ain, a pesar de esa menci�n, es un Tiptree relativamente primitivo. Narrado de prisa
y a los saltos, presenta cambios superfluos y desconcertantes de punto de vista. El mismo
Tiptree ha censurado la construcci�n de ese cuento en un ensayo publicado en el n�mero
de febrero de 1972 de Phantasmicom, una revista amateur de notas bibliogr�ficas sobre
ciencia ficci�n editada en Baltimore. Sin embargo, observaba en el mismo ensayo que Dr.
Ain cumpl�a una de sus principales finalidades literarias: transmitir el misterio y la
singularidad de la existencia. �La vida -escrib�a-, te pone entre extra�os que hacen
extra�os gestos, caricias inexplicables, amenazas, botones sin marcar que aprietas con
resultados imprevisibles, parloteo en c�digo que suena importante... y t� empiezas a
seleccionarlo y comprendes cinco a�os m�s tarde por qu� ella hizo o dijo algo, por qu�
ambos gritaron cuando t�... Tomemos El �ltimo vuelo del Dr. Ain. Toda la historia est�
contada de atr�s hacia adelante... Es un ejemplo perfecto del instinto narrativo t�pico de
Tiptree. Empieza por el final y preferiblemente a dos mil metros de profundidad un d�a
oscuro y NO LES DIGAS NADA.�
Este pasaje es una clave del m�todo de trabajo normal de Tiptree en casi todos estos
cuentos. Le gusta crear gradualmente una sensaci�n de alienaci�n y desorientaci�n que
nunca se resuelve por completo cuando el relato llega al climax. Tal vez a esto se debe
que tantos cuentos de Tiptree se refieran a formas de vida extraterrestres, a seres cuyos
prop�sitos y motivos son inexplicables para nosotros. Los monstruos sin mente de On the
Last Afternoon (En la �ltima tarde), los silenciosos invasores de The Women Men Don't
See (Las mujeres que los hombres no ven), los horribles bultos grises de The Milk of
Paradise (La leche de Para�so), los seres impulsados por la biolog�a de Love is the Plan,
the Plan is Death (El amor es el plan, el plan es la muerte), e incluso el seductor y
nost�lgico extraterrestre de All the Kinds of Yes (Todas las clases de s�), todos reflejan un
punto de vista subyacente de Tiptree sobre el universo como un lugar extra�o y
pr�cticamente incomprensible por el que erramos en una b�squeda de respuestas
valiente y desesperada que s�lo rara vez tiene �xito.
Tiptree ha elegido -quiz�s por un astuto sentido de las relaciones p�blicas, quiz�s por
cierto componente secreto de su naturaleza- ocultar en el misterio su propia persona. La
ciencia ficci�n es un campo en que los escritores se conocen naturalmente y en el que no
es de ning�n modo desusado que casi todos los amigos �ntimos de un escritor sean
tambi�n autores de ciencia ficci�n; sin embargo, no conozco a ning�n miembro de la
fraternidad de la ciencia ficci�n que se haya encontrado alguna vez con Tiptree ni a
persona alguna que sepa c�mo es o qu� hace para ganarse la vida. A medida que su
reputaci�n crec�a -como ha crecido durante 1970, 1971 y 1972-se ha intensificado la
curiosidad acerca del hombre que hay detr�s de estos relatos, y en particular cuando se
torn� evidente que se propon�a mantener toda la intimidad posible en este universo
literario notoriamente gregario. Escribe cartas, s�, muchas y vigorosas; pero la direcci�n
del remitente es un apartado de correos de Virginia. No llama por tel�fono a los editores o
agentes ni a otros escritores. Si concurre a las convenciones de ciencia ficci�n, lo hace de
inc�gnito.
Incitados por la obstinada insistencia de Tiptree en la oscuridad personal, los autores
de ciencia ficci�n se han permitido las especulaciones m�s descabelladas. Se suele decir
que su nombre verdadero no es Tiptree, aunque nadie sabe cu�l es. (Es bastante
plausible que Tiptree sea un seud�nimo, pero tengo la esperanza de que no sea as�. Me
gusta el nombre y me agradar�a que perteneciera por derecho de nacimiento al hombre
que lo usa.) Se ha sugerido que es una mujer, teor�a que encuentro absurda porque hay
para m� algo ineluctablemente masculino en sus narraciones. No creo que las novelas de
Jane Austen puedan haber sido escritas por un hombre ni las de Ernest Hemingway por
una mujer; del mismo modo creo que el autor de los cuentos de James Tiptree es un
hombre.
Como Tiptree vive a corta distancia del Pent�gono, o por lo menos utiliza una direcci�n
postal de esa zona, y como en sus cartas ha dicho en varias oportunidades que estaba a
punto de partir a alg�n remoto lugar del planeta, circula constantemente el rumor de que
en la vida �real� es una especie de agente del gobierno implicado en tareas de seguridad.
Su evidente conocimiento de primera mano del mundo de los bur�cratas y de los
aeropuertos -demostrado en relatos como Las mujeres que los hombres no ven- apoya en
cierta medida esta idea, as� como su conocimiento, igualmente profundo, del mundo de
los cazadores y los pescadores, en esa misma narraci�n, parec�a demostrar su
masculinidad. Tiptree admiti� ante uno de sus editores que hab�a pasado la mayor parte
de la Segunda Guerra Mundial en un s�tano del Pent�gono, y esto ha contribuido a ese
mito; tambi�n parece confirmar su car�cter de funcionario federal algo que me escribi�
hace pocos a�os: que era �un hombre del Medio Oeste que ha andado mucho por las
junglas del mundo en su juventud y en junglas peores, con escritorios, en su madurez�.
Sin embargo, hace poco Tiptree ha desmentido algunos de estos rumores: �Lo repito: no
trabajo para la C�A, el FBI, la NSA, el Tesoro, la brigada antidrogas ni la polic�a de
parques metropolitanos.�
Si deseamos informaci�n no negativa acerca de su vida, debemos recurrir a la sexta
edici�n (junio de 1971) de la valiosa revista de ciencia ficci�n de Baltimore,
Phantasmicom. Los editores de esta publicaci�n mimeografiada, Jeffrey D. Smith y
Donald G. Keller, mantienen estrecha relaci�n postal con Tiptree desde hace mucho
tiempo, y a lo largo de los a�os han logrado arrancarle una serie de textos reveladores.
En Phantasmicom 6 Tiptree declaraba al editor Smith:
�Nac� hace mucho tiempo en la zona de Chicago y cuando ni�o resid� en sitios como
las colonias de India y �frica... Soy una de esas personas para quienes el nacimiento y el
horrendo desarrollo del nazismo fue el hecho central de su generaci�n. De esto he
aprendido la mayor parte de lo que s� acerca de la pol�tica, la vida del hombre, el bien y el
mal, el valor, la libertad, el miedo, la responsabilidad y A Qu� Decir Adi�s... Y, lo repito,
acerca del mal. Y de la culpa. Si de una persona es importante conocer el rostro que
aparece en sus pesadillas, en mi caso ese rostro se parece mucho al m�o...
�De todos modos, para el momento en que termin� la d�cada de instrucci�n en C�mo
Son Las Cosas proporcionada por este acontecimiento (ya se sabe: unirse a
organizaciones, ingresar en el ej�rcito, participar en las primeras formas del sentimiento
americano de izquierdas, preocuparse por Si Va A Ocurrir Aqu� -ocupaci�n que no he
abandonado-, salir del ej�rcito, tener un peque�o cargo en el gobierno, intentar alguna
actividad comercial, etc., etc.) comprend� que toda mi vida, mi carrera y mis capacidades
tal como eran, mis amigos, todo en general, hab�a sido conformado por ese
acontecimiento y estaba muy lejos de lo que vagamente yo me hab�a propuesto hacer.�
La persona que se presenta ante m� a trav�s de estas afirmaciones autobiogr�ficas no
parece ninguna clase de agente secreto aunque bien puede tener alguna relaci�n
profesional con la burocracia de Washington. El mismo Tiptree, en la entrevista de Smith,
expone varios motivos de su r�gida separaci�n entre la vida personal y la carrera literaria
y, entre ellos, sus sentimientos de que la evaluaci�n de un relato hecha por un lector no
deber�a ser afectada por el conocimiento especial de los antecedentes o la personalidad
del escritor. Dice adem�s: �Entre la gente con quien tengo relaci�n hay muchos
espec�menes de hombre prehist�rico; en ellos, la noticia de que escribo ugh, ciencia
ficci�n destruir�a la poca credibilidad que me queda.� Pero tambi�n invoca cierto esp�ritu
juguet�n: �Probablemente, el resto de mi deseo de secreto no es otra cosa que diversi�n
infantil. Por fin tengo lo que desea todo ni�o: una verdadera vida secreta. No un secreto
oficial, no un secreto de muerda-la-c�psula-cuando-lo-cojan, no el maldito secreto de
nadie sino el M�O. Algo que ELLOS no saben. Al carajo el Big Brother. Un hermoso
mundo secreto REAL, con personas reales, amigos maravillosos, seres capaces de
grandes haza�as y palabras m�gicas. La gente de Frodo s� se quiere; ellos me escriben y
aceptan mis ofrendas y maldito sea si tengo ganas de abrir la puerta entre la realidad
m�gica y la tormenta universal de mierda conocida como el mundo (una l�grima) real...�
As� es entonces James Tiptree, un hombre de 50 o 55 a�os, calculo, posiblemente
soltero, amante de la vida al aire libre, inquieto en su existencia cotidiana, un hombre que
ha visto gran parte del mundo y lo comprende bien. Aunque todo esto es una mera
hip�tesis fundada en las pruebas que aportan los art�culos de Phantasmicom. las cartas
ocasionales de Tiptree y las narraciones mismas que, seg�n pienso, muestran gran parte
del Tiptree aut�ntico en personajes como el Dr. Ain, que se desliza de un aeropuerto a
otro o como la Ruth Parsons de Las mujeres que los hombres no ven, resueltamente
reservada acerca de todos los aspectos de su vida al servicio del gobierno. Lo que no es
hipot�tico es la calidad de los escritos de Tiptree, que se ha tornado cada vez m�s
profunda y vigorosa en los pocos a�os transcurridos desde sus comienzos.
�Mi verdadera finalidad es no aburrir-ha escrito-. Leo mis textos buscando con radar el
primer decaimiento, la primera se�al de aburrimiento inminente. El principio del relleno
insignificante, la basura, la inmoralidad. Las repeticiones... San Sebasti�n ensangrentado,
�c�mo me he aburrido en mi vida! Yo no le har� eso a nadie. Si puedo evitarlo.�
Los cuentos de Tiptree no aburren. Son delgados, musculosos, flexibles; consisten en
gran medida en di�logos interrumpidos por explosivas descripciones desnudas. Aunque
no hay influencias estil�sticas discernibles, pienso que su obra se parece en eso a la de
Hemingway, que prefer�a ser simple y directo, por lo menos en la superficie. Era tambi�n
un formidable y extraordinario innovador t�cnico que reestructur� el car�cter del cuento
moderno, pero Hemingway manten�a ese aspecto de su arte cuidadosamente fuera de la
vista del lector casual. Hemingway era un escritor m�s profundo y enga�oso de lo que
pretend�a, y esto mismo ocurre con Tiptree, que oculta detr�s de una aparente
negligencia una sorprendente habilidad para crear escenas y llevar al lector incauto a
inesperados abismos de experiencia. En ambos autores prevalece tambi�n la
masculinidad, la preocupaci�n por el coraje, los valores absolutos, los misterios y
pasiones de la vida y la muerte tal como se revelan en las pruebas f�sicas extremas, el
dolor y la p�rdida. Desde luego, Hemingway disminuy� su reputaci�n de escritor en sus
�ltimos a�os al permitirse escapadas p�blicas que lo mostraban insensato y absurdo;
Tiptree no ha cometido ese error.
�ste es s�lo el segundo libro de Tiptree que se publica. El primero fue Ten Thousand
Light Years From Home (A diez mil a�os luz de casa, Ace Books, 1973), una colecci�n de
quince cuentos publicados originariamente entre 1968 y 1972. Incluye la mayor parte de
las primeras narraciones; curiosamente, varias obras importantes de 1969 han sido
excluidas hasta hoy, entre las cuales la m�s conspicua es Your Haploid Heart (Tu coraz�n
haploide). La recopilaci�n de Ace Books, que cubre cinco a�os de trabajo, muestra la
evoluci�n de Tiptree, primero un h�bil manipulador de materiales convencionales de
ciencia ficci�n y luego un artista m�s oscuro y poderoso. Relatos como And I Awoke and
Found Me Here on the Cold Hill's Side (Y despert� y me encontr� aqu� en la ladera de
Cold Hill, 1971), The Man Who Walked Home (El hombre que volv�a a casa, 1972) y la
terrible pesadilla de Painwise (En la direcci�n del dolor, 1972) dan testimonio del nuevo
Tiptree m�s profundo.
Este volumen proporciona tambi�n una secci�n transversal de la obra de Tiptree; no
s�lo contiene los relatos m�s recientes sino tambi�n varios de los primeros dos a�os de
su carrera: El �ltimo vuelo del Dr. Ain (1969), Falla (1968), Through a Lass Darkly (A
trav�s de una muchacha, oscuramente, 1970) y dos o tres m�s. Son relatos breves,
valiosos, y ser su autor no har�a da�o a nadie; pero aqu� sirven principalmente para
esclarecer el desarrollo del futuro escritor.
El coraz�n de este libro se encuentra en el grupo de historias de 1972 y 1973. Como
por ejemplo Las mujeres que los hombres no ven (1973), una especie de obra maestra,
estructuralmente simple pero vivido en sus detalles e insuperable por su penetraci�n
psicol�gica. La soluci�n es un antiguo tema de la ciencia ficci�n -mujeres terrestres
raptadas por los tripulantes de un platillo volante-, pero redimida y totalmente
transformada por una asombrosa visi�n de las mujeres que intercambian a un conjunto de
amos extra�os por otros que podr�an ser m�s tolerables. Es un relato profundamente
feminista narrado de un modo enteramente masculino, y merece la atenci�n de todos
aquellos que est�n en primera l�nea en las guerras de la liberaci�n sexual, tanto hombres
como mujeres.
Luego est� En la �ltima tarde (1972) que es para m� un relato fallido, que intenta, sin
�xito completo, combinar una narrativa introspectiva con escenas de terrible energ�a. Sin
embargo, a pesar de sus problemas de estructura, es valioso porque demuestra uno de
los dones peculiares de Tiptree: su capacidad de crear una escena de movimiento
sostenido y prolongado, un juggernaut; cuando los extraterrestres llegan a la costa con su
monstruoso volumen incapaz de pensamiento revelan una especialidad caracter�stica de
Tiptree, la sensaci�n de un proceso continuo, que hace la escena literalmente inolvidable.
[V�ase tambi�n el ascenso de Evan al Clivorn en And I Have Come Upon This Place by
Lost Ways (Y he venido a este lugar por caminos errados) o la manifestaci�n de un ser
extraterrestre en un cuento largo no incluido en este libro, A Momentary Taste of Being
(Un moment�neo sabor de existencia).]
Y tantas cosas m�s: la c�mica extravagancia de Todas las clases de si, el premio
N�bula El amor es el plan, el plan es la muerte, el premio Hugo The Girl Who Was
Plugged In (La muchacha que estaba conectada), el siniestro y pavoroso La leche de
Para�so... Un verdadero fest�n. Un libro ins�lito, un ins�lito escritor.
Y todav�a esperamos mucho m�s. Por lo que s�, Tiptree a�n no ha escrito una novela;
el cuento largo Un moment�neo sabor de existencia, publicado en 1975, es lo que m�s se
parece a un trabajo en gran escala. Cuando est� preparado, escribir� una novela y nos
sorprender�. A sus 50 o 55 a�os, o a la edad que tenga, Tiptree est� en constante
proceso de cambio y crecimiento. En el m�s reciente de sus textos de Phantasmicom, un
ensayo memorable titulado Going Gently Down (Descendiendo suavemente) reflexiona
sobre la aproximaci�n de la ancianidad y concluye con estos pensamientos de excelente
augurio para el curso futuro de su desarrollo como artista:
�Cuando se llega a los 60 (me parece) el cerebro es un sitio de incre�bles resonancias.
Est� lleno de vida, historias, procesos, modelos, analog�as vislumbradas entre un millar
de niveles... Una explicaci�n de la lentitud con que responden los ancianos es que cada
palabra evoca mil referencias.
��Qu� ocurre si eso se puede liberar, abrir? Dejar caer el ego y el status, dejar caer
todo y respirar el viento, percibir con los sentidos que se oscurecen lo que all� est�
creciendo. Dejar que las resonancias se fundan y jueguen y vuelvan cambiadas diciendo
cosas nuevas. Quiz�s sea posible hallar una forma de crecer, de cambiar una vez m�s
interiormente... aunque el exterior repita "�c�mo, c�mo?" y los dientes huelan mal.
�Pero para hacer esto hay que prepararse de antemano durante a�os. Prepararse para
el retiro y emigrar hacia lo alto y hacia el interior de la torre m�s fuerte, con la �ltima
ventana hacia el exterior. Prep�rate para el viaje m�gico final, prepara tu cerebro. No
temas la verdad. Carga el combustible como un buque fluvial de vapor para quemarlo
�ntegro en la �ltima gran carrera r�o abajo sin preocuparte y echa al fuego los muebles, la
cabina, todas las cubiertas hasta la l�nea misma de flotaci�n, y oc�pate solamente de que
ese fuego te lleve hasta donde nunca has estado antes.
�Quiz�s... de alguna manera... ser�a posible.�
TODAS LAS CLASES DE SI
El primer extraterrestre que lleg� a la Tierra estuvo setenta y dos segundos; era un
televolpt. Hizo tres volpts inversos y se trajo desde la regi�n de Lyra.
-Por Dios -dijo m�s tarde-. Qu� barullo. Todo el mundo emit�a, nadie recib�a. Insistir�
en que pongan una advertencia en Ephemeris.
Luego vio la Tierra un grupo de xen�logos de Highfeather, incapaces de aguantar
nada.
-All� la inteligencia simplemente no ha evolucionado -informaron-. Las estructuras
sociales est�n al nivel de un crudo ritual de incubaci�n, con alguna organizaci�n ci�nica
migratoria. Francamente, parece inanidable. Un fastidioso mont�n de mam�feros ha
llenado el lugar de conchillas rotas. S�lo puede interesar a estudiantes de
seudoevoluci�n.
Algo m�s tarde, un oscuro mimestral pas� por casualidad y se qued� el tiempo
suficiente para componer una tocata de hidrauli�n conocida como Ritos de Excitaci�n
Masiva de un D�a de Deporte. A partir de ese momento la Tierra alcanz� peque�a fama
como fuente de aciertos de audio a la �ltima moda.
En el momento de nuestra historia, los �nicos extraterrestres en residencia permanente
eran una peque�a misi�n evang�lica cerca de Strangled Otter, Wisconsin, y cuatro locas
ratas de fuego del planeta Dirty que especulaban en bienes inmuebles en Nueva York
fund�ndose en la premisa de que el aire estar�a pronto libre de ox�geno. Hab�a tambi�n el
rumor de algo o alguien escondido en la meseta central australiana.
Cerca del sistema no hab�a l�neas regulares de transmisi�n. De modo que cuando
lleg�, nuestro h�roe -por decirlo as�- lo hizo mediante desmoronamiento estipulado; esto
indicaba, incidentalmente, gran riqueza o desesperaci�n. En realidad, �l pose�a ambas
cosas.
Su nombre se podr�a expresar mediante una configuraci�n de energ�a seguida por
varios gestos, y carece de importancia aqu�.
Hab�a ordenado a su sastre que le cultivara un soma del tipo mam�fero predominante,
vali�ndose de las muestras del viejo informe de Highfeather. En consecuencia, se
materializ� en el parque de autom�viles del New State Department una ma�ana de mayo,
a la hora punta, en la forma de un joven desnudo, con el trasero de un mandril, de cinco
metros de altura y brazos muy peculiares.
Afortunadamente su biotec hab�a previsto algunos ajustes optativos. Despu�s de un
breve paseo por la calle E que enriqueci� considerablemente a la industria psiqui�trica de
Washington, se desliz� en el portal del Sindicato Internacional de Obreras del Vestido
para hacer un r�pido retoque. Sali� con el aspecto de un joven e idealizado David
Dubinsky y cuando extingui� el halo se mezcl� de inmediato con la apresurada
muchedumbre.
Lo primero que descubri� fue que las hembras terrestres pose�an un misterioso
atractivo.
-De modo que esto sirve para eso -se dijo-. Qu� curioso.
Una flexible hembra joven le echaba los brazos al cuello y generaba temblores en el
traje Dubinsky 1935.
-�Querr�a anidar, madame? -pregunt�, mientras la muchedumbre los impulsaba a
trav�s de un cord�n policial. Afortunadamente lo dijo en Urdu, por lo que son� muy
parecido a �socorro, socorro�.
Ella dej� de mordisquear un bot�n de su camisa y alz� la vista. Su entusiasmo crec�a.
-Est�s tan alterado como yo -susurr� ella-. Puedo o�r tu coraz�n.
Esa dulce canci�n silvestre le encant�; el labio inferior de ella era una perfecta tractriz.
-Vamos de prisa a la sombra del roble -dijo encantado en quechua-. �Qu� entorno! -
Sonri�, agitando su brazo libre, a los coches antidisturbios y a los camiones de bomberos
que aullaban-. �Qu� brillantes son las luces, qu� suave el canto de las sirenas!
-Oh, Dios -dijo la muchacha, con sus �rganos visuales irradiando aproximadamente en
430 milimicrones. Hizo un delicioso ruido de soplo con su labio inferior mientras
desalojaba suaves hebras de pelo-. Mira, es absolutamente imposible caminar por la
calle. Aqu� no. -Se apart� y lo examin�-. �Tienes un coche?
El hab�a logrado una telepat�a de contacto.
-No-sonri�.
Una bocina empez� a ladrar detr�s de ellos.
-Santa Toledo-murmur� ella.
�Huida! �Miedo! �l se acerc� con ternura.
-Tu tiempo es la dulce primavera -rog� �l-. Es mi tiempo, nuestro tiempo, primavera es
el tiempo del amor y viva el dulce amor. E-e-cummings. Soy Filomena.
-Ohhh -dijo ella. �Hab�a comprendido? Hab�a dejado de alejarse-. Yo soy Filomena. A ti
te van a atrepellar.
�l se alegr� cuando ella lo tom� por el brazo y empez� a arrastrarlo hacia la calle 21.
-Todav�a me siento confundido en esta forma -dijo �l, rozando un coche de bomberos-.
Me falta equipaje.
Filomena lo apart� del coche.
-�A qui�n no? �C�mo te llamas?
-Jam�s he visto un cielo semejante, un sol as� -respondi� �l.
-Tu nombre. No te recuerdo.
-Nombre. -Gir� lentamente, admirando el desierto de la Pennsylvania Avenue-. �Rex?-
dijo-. �Rexall-Ligget? �Petr�leo Humilde! -Todo era tan perfecto. La hembra lo arrastraba
entre un torrente de veh�culos libres y le dec�a: �Vamos, deprisa� cada vez que �l se
deten�a para saborear algo. Pronto llegaron a una zona despejada, con un artefacto en el
centro. Ella parec�a buscar algo. �l vacil� en el bordillo mirando el tr�nsito del Washington
Circle que giraba a su alrededor-. �Fant�stico! �Qu� primitivo, qu� puro, cu�nta paz! -
Aspir� profundamente mientras un autob�s eructaba a su lado.
-Ay, madre. -Filomena lo extrajo del bordillo; una chica amable.
-Yo opongo... No; me opongo a buscar mi Handkoffer. Volver� a llamarme. Suspiro. -
Suspir� vigorosamente, mirando sus ojos de cero cuarenta y tres micrones-. �Eres t�pica?
�Mi nariz est� bien? -Cambi� un poquito la nariz Dubinsky para aprovechar al m�ximo el
mon�xido.
Los encantadores labios de Filomena se abrieron tanto como sus ojos, pero no le solt�
la mano.
-�Eh! -les grit� alguien.
RT se acerc�, demasiado excitado para acordarse de imitar a Ralph Nader. RT era una
versi�n abreviada de Rikki-Tikki, aunque ciertas personas de White Plains lo llamaban
Schuyler Rotrot Jr.
-�Hab�is o�do? Un monstruo desnudo de cinco metros avanza hacia la Casa Blanca.
�La ciudad entera est� alucinando!
Filomena no dijo nada. RT se inclin� y toc� a una persona de gran tama�o y pelo
amarillo cuyos enormes pies con sandalias sobresal�an de un banco pr�ximo.
-Despierta, Barlow.
Barlow no se movi�; el extraterrestre se acerc� con Filomena. Apoy� su mano libre en
los dedos del pie de Barlow.
-Entra�able es para mi dormir -dijo-. Porque mientras duren el mal y la verg�enza, no
ver y no sentir ser� buena fortuna. Miguel �ngel.
Los ojos de Barlow se abrieron de repente.
-�Lo he hecho bien? �Era �sa tu canci�n? -El extraterrestre se sent�a
maravillosamente. Confundido, pero maravillosamente. Se volvi� y puso la mano en la
cabeza de RT-. Cada emancipaci�n es una devoluci�n al hombre del mundo humano y de
las relaciones humanas. Marx, 1818-1883. Gran grobligroc a la ma�ana.
-Gran grobligroc a la ma�ana -dijo d�bilmente RT, retrocediendo. Barlow se puso de
pie. El extraterrestre dej� que su mano se alejara con RT cierto trecho y luego la recogi�.
Extendi� los brazos por encima de la cabeza, se puso de puntillas, aspir�, exhal�, solt� un
pedo y chasque� los dedos. De ellos brotaron chispas que cayeron en su pelo y lo
tornaron rojo.
-Oh, oh.
-�Nada de cohetes en el parque! -Hab�a un coche de la polic�a junto a la acera.
Llevaron r�pidamente al extraterrestre hasta una fuente.
-�He hecho algo malo?-les pregunt� ansiosamente-. Nadie ve ni oye al guardi�n de las
aves. Quiero o�rles a ustedes -pidi�, buscando manos.
-�T� eres eso! -aull� suavemente RT-. �No es verdad? �No eres t�? �Qu�, qui�n, el
proyecto Ozma? Has o�do las explosiones at�micas, has venido a salvarnos, �verdad?
Dios m�o, d�jame que te ayude a...
-Creo que deber�amos ir a otra parte -dijo Barlow. Era muy alto y corpulento; el
extraterrestre se estir� hacia arriba para mirar su rostro, y luego descendi�.
-No hagas eso -grit� RT-. Pronto, un campo de fuerza, una pantalla de invisibilidad.
Oye, el complejo militar-industrial de este pa�s solamente...
-Mujer, busca un sitio-dijo Barlow.
En todo ese tiempo Filomena no hab�a dicho nada; s�lo miraba atentamente al
extraterrestre y reten�a su mano.
-Has dicho algo acerca de tu equipaje -le record�.
La sonrisa del extraterrestre se desvaneci�. Hizo un amplio gesto en direcci�n a
Arlington.
-No hay prisa. -Dio una palmada a Barlow, otra a RT, volvi� a sonre�r-. �Por qu� no
anidamos? Nadie ha susurrado nunca tantas clases de si.
-Oh, hermoso, profundo -dijo RT-. Pero si tu enfoque es b�sicamente sociot�cnico,
todav�a debes agregar el entorno psicol�gico-ecol�gico.
-Mujer-dijo Barlow.
Filomena asinti� y se dirigi� con el extraterrestre, flanqueado por los otros dos, hacia la
New Hampshire Avenue. Hab�a mucho ruido cerca de la Elipse.
-Es dif�cil comprender que realmente estoy aqu� -dijo el extraterrestre, que miraba todo
con notoria felicidad-. La naturaleza. Absolutamente intacta.
-Crecientes oscilaciones adelante -dec�a RT-. Encerrado en un desprendimiento
entr�pico.
-Yo me siento as� despu�s de un trip -dijo Filomena. Los condujo hacia el parque de
autom�viles de la George Washington University-. S� d�nde oculta Greg las llaves del
coche. -La siguieron por un sendero sin pavimentar hasta el Toyota de cuatro puertas,
que apenas sobrepasaba las rodillas de Barlow. Filomena se agach� y empez� a buscar
algo debajo de la alfombrilla del asiento posterior. En el preciso momento en que vio las
llaves, alguien las recogi� del otro lado.
-Oh, hola, Greg-dijeron todos.
-La �ltima vez lo tuve que sacar del anfiteatro C�rter Barron -dijo Greg-. Ya est� bueno.
-Puso sus libros en el Toyota; era una chica peque�a, limpia, vivaz.
-Tenemos que ayudarle a recuperar sus cosas -le dijo RT. Empuj� al extratcrrestre
hacia Greg-. Vamos, mu�strale. Haz tu truco psi.
El extraterrestre tom� la mano de Greg.
-El estilo cristalino es un objeto gelatinoso de forma de rodillo que gira en el sentido de
las agujas del reloj a sesenta o setenta revoluciones por minuto en cierta regi�n del
est�mago de los bivalvos -exclam� encantado-, es quiz� la �nica parle rotativa de un
animal, la mavor aproximaci�n a la rueda que se halla en la naturaleza. Huxley afirma que
es una de las m�s notables estructuras del reino animal. Yo no lo creo.
-Ha ocurrido-dijo RT-. Es verdad: est�n realmente aqu�.
Hubo un poco m�s de eso y Greg dijo:
-Est� bien, pero conducir� yo misma -y todos se instalaron en el Toyota, el
extraterrestre en el asiento delantero entre Greg y Barlow.
-Hazte m�s delgado -dijo RT, y �l lo hizo hasta que le dijeron que no tanto. Salieron por
la calle 21 hacia el Memorial Bridge. RT se preocupaba por la contaminaci�n.
En la calzada que se dirig�a al puente vieron que la polic�a deten�a a todo el mundo.
Filomena se quit� su boina escocesa y la puso en la cabeza rubia de Barlow, mientras
tironeaba de su camisa.
-Ponla sobre tus rodillas -le dijo. Alguien sugiri� que el extraterrestre volviera gris su
pelo. Cuando el polic�a meti� la cabeza en el toyota Greg le dijo que llevaba a sua amigos
a visitar la tumba del presidente Kennedy. Barlow sonri� t�midamente entre su pelo.
-All� est� -dijo con energ�a el extraterrestre de pelo gris. La cabeza del polic�a gir� y se
retir�.
-All� est� -repiti� el extraterrestre mientras entraban en el puente.
-�Qu� est�?
-Mes equippages. Valise. Portmanteaux -explic�-. Me acaban de llamar.
-�En la tumba de Kennedy?
-Es obvio -dijo Greg.
El extraterrestre le toc� la mejilla para ver cu�l era el chiste.
-Desayuno en Betelgeuse, comida en Denebola, equipaje en Arlington -dijo, riendo.
Barlow sacaba por la ventanilla la antena de la radio de Greg. WAVA dec�a trrr trrr cord�n
policial trrr Casa Blanca. Entraron en el parque de autom�viles del cementerio de
Arlington y descendieron para caminar hasta la tumba del presidente Kennedy.
Cuando llegaron a ese lugar de m�rmol vieron una docena de personas que miraban la
llama de gas junto a las cuerdas. En el gran cofre blanco hab�a flores, algunas reales.
-Perd�n -dijo el extraterrestre. Busc� algo dentro de su boca y sac� una especie de
micronodo que sostuvo apuntando al catafalco. Un ramo de narcisos cay� sobre el borde
y algo peque�o y brillante silb� y cay� en la mano del extraterrestre, donde empez� a
hacer un ruido quejumbroso.
-Lo he visto -dijo una mujer con un traje rosado de chaqueta y pantal�n.
-R�pido-dijo RT-. El escudo, el distorsionador hipn�tico.
-No puedo -dijo el extraterrestre-. Hay una sobrecarga est�tica por horas extra.
-Rob� un souvenir- dijo la mujer, m�s fuerte-. Yo lo he visto.
-Devu�lvelo- grit� RT.
El extraterrestre meti� el dedo me�ique en el aparato quejumbroso, que call�. Cuando
sac� el dedo, era m�s corto; se lo puso en la boca.
-Lo denunciar�- dijo la mujer, cada vez m�s rotunda. Su rostro ten�a la forma de la
parte interior de una zapatilla-. Vandalismo. La tumba del presidente. -Se acerc� a ellos.
Barlow le hizo frente, mientras se quitaba la boina.
-Debe perdonarlo, se�ora. Es el Padre con Distrofia Muscular del A�o. Lo
devolveremos enseguida. -Tom� la cosa de manos del extraterrestre y la arroj�: cay�
nuevamente entre las flores.
-Tu control remoto-dijo RT. Tambi�n se hab�a ido.
Barlow los alej� del sitial de Kennedy por la colina cubierta de hierba donde hab�a
muertos ordinarios. Greg prob� nuevamente su radio.
--Un autob�s pegado al otro -dijo WAVA-; reservas toman posiciones trrr trrr en torno
bla bla del Pent�gono.
-�Qu� es un pent�gono?-pregunt� el extraterrestre.
-Eso es lo que trataba de decirte -respondi� RT-. El s�ndrome militar profesional se
presenta inevitablemente...
-Incre�ble -dijo el extraterrestre. Estaban de pie sobre seis veteranos muertos, y
miraban una gran sopera de smog sobre el r�o, de la que emerg�an al sol cosas blancas.
-Los indios env�an se�ales de aire puro -dijo Greg.
El extraterrestre suspir� profundamente.
-Millones de seres puros con su potencia primordial -exclam� con reverencia-. La
polvareda de su paso oscurece el sol. -Un 727 salt� desde el aeropuerto y cruz� por
encima de ellos, arrastrando una estela de keroseno, mientras dos helic�pteros de la
polic�a pasaban patachuc patachuc algo m�s abajo-. El estruendo, la salvaje majestad -
dijo el extraterrestre, inhalando keroseno.
Barlow, inquieto, se sent� sobre los veteranos con los ojos cerrados.
-Terrible, terrible -dijo RT-. �Crees que podemos realmente aspirar a ser miembros de
la Galaxia? -Tirone� un poco de su pelo corto y fue a ver si el p�blico hab�a abandonado a
los Kennedy.
Filomena se manten�a tranquilamente tomada del extraterrestre. Giraron un poco, de
modo que �l ahora la sosten�a a ella; ella le ech� su otro brazo al cuello y se besaron
lentamente el pelo de �l era de un hermoso rojo oscuro.
-Eh, todo el mundo se ha marchado -exclam� RT, que sub�a a la carrera-. Podemos
volver. -Pinch� con el dedo al extraterrestre-. Eh.
-La guardia lleg� a las diez -dijo Barlow, y se puso de pie. Greg apoy�
interrogativamente sus manos en el otro brazo del extraterrestre, que la rode� tambi�n a
ella. As� fueron hasta la tumba.
-�C�mo lo recuperar�s? -pregunt� RT. Las flores estaban a un par de metros detr�s de
la cuerda, donde la guardia pod�a verlas.
El extraterrestre apret� con sus brazos a Greg y a Filomena.
-Realmente no deseo... -murmur�.
-Deber�as-dijo Filomena-. Todas tus cosas.
-Empaqu� deprisa -respondi� en tono de excusa el extraterrestre.
-Vamos, vamos-urgi� RT.
El extraterrestre liber� un brazo de mala gana. Era un momento delicado.
-No me mir�is.
Cuando volvieron a mirar, el objeto estaba en su mano. Una rejilla trapez�ctica.
Parpadeaba.
-�brelo -jade� RT-. �No lo vas a abrir?
-Es tan peque�o -dijo Greg.
-S�lo una parte se encuentra en esta dimensi�n -explic� RT-. Ondas giratorias
independientes del tiempo. Fases de Magnon. -El extraterrestre lo mir� con admiraci�n.
-��brelo!
Pero el extraterrestre lo sosten�a meditativamente; parec�a molestarle.
-Ahora, realmente, no necesito nada -dijo-. M�s tarde. Hay tiempo. -Puso la cosa en su
bolsillo, ri�, abraz� a las chicas-. Me siento tan, tan �s��. Hagamos m�s cosas nativas.
-Podr�amos comer-sugiri� Barlow.
Volvieron al Toyota y se dirigieron al Howard Johnson de la costa. El Muzak del
Howard Johnson dec�a Inexplicable oscurecimiento electromagn�tico bla bla Fort Myer. El
extraterrestre bebi� tres chocolates, devor� una servilleta de papel y bes� a Greg. No era
vegetariano. El Muzak dijo Guardia Nacional y advirti� que nadie deb�a detener su coche
en las rutas nevadas de emergencia. Greg trat� de que el extraterrestre pudiera conocer
al menos a los Beatles del Men� Musical, pero se oy� en cambio Man of La Mancha en
ruido blanco. RT se dirigi� al lavabo. Filomena explic� al extraterrestre que deb�a
catabolizar con Barlow y RT, y no con ella y con Greg. �l se fue con ellos y despu�s de
ajustar la presi�n hidr�ulica, compararon todo. No hab�a nadie m�s en Howard Johnson.
-Una sociedad totalmente enferma -dijo RT, de vuelta en la mesa-. Es dif�cil saber
d�nde empezar. �Qu� es lo peor, lo m�s peor? �Cu�l es tu impresi�n? -pregunt� al
extraterrestre-. �Nuestra zona de m�xima entrop�a social?
-�C�mo te llamas?-pregunt� Filomena.
El extraterrestre consider� la pregunta, haciendo el ruido tch-tch-tch. Mientras no
abriera su equipaje, verdaderamente no pod�a saberlo.
-Grupos binarios -interpret� RT para los dem�s-. Naturalmente, todo el mundo lleva un
n�mero. No podr�amos pronunciarlo. -El extraterrestre lo admir� un poco m�s, mientras
abrazaba a Greg y a Filomena. RT empez� a decirle algo acerca de comportamientos
sumergidos. Barlow ten�a los ojos cerrados.
Cuando decidieron que era hora de irse, el extraterrestre emiti� un quejido y volvi� a
sentarse.
-El soma -dijo-. Es como si estuviera inflado.
-Pues des�nflate -dijo RT-. Puedes cambiar las cosas.
Vieron c�mo se encog�a y crec�a su nariz y luego sus orejas.
-Aparentemente no funciona -inform� �l-. Mi sastre dijo que pod�a haber problemas.
-Piensa en ra�ces cuadradas -sugiri� RT-. Ra�ces c�bicas. Coordenadas
intragal�cticas. N�meros primos m�s altos.
El extraterrestre frunci� el ce�o mientras lo intentaba. Luego movi� la cabeza.
-�No hay alguna forma mejor?
Filomena hizo un leve ruido.
Barlow abri� los ojos.
-Eso es -dijo.
Y eso era.
-�ste. Es. Un. Momento. C�smico -anunci� RT-. Oh. Mi-di�s. Personas femeninas:
ten�is una responsabilidad asustadora. �Ten�is de verdad, existencialmente, conciencia?
Filomena se apoyaba en el extraterrestre, con la nariz en su o�do.
-Vamos-dijo Barlow-. Vamos.
Cuando llegaron al Toyota, la radio de Greg dec�a reductos hippies de Georgetown
estrictamente controlados trrr trrr. La calle M estaba cerrada.
-Mi t�a est� en Costa Rica en un congreso de la OMS -dijo Greg-. Yo le riego las
violetas. Vive en Bethesda.
El Toyota se dirigi� al norte por el Chain Bridge y luego por la Seven Locks Road.
-Oh, oh -gimi� RT-. Kitsch duro. Violetas africanas. Pasillos para respirar, uno por cada
dos pisos. Los n�meros de las casas, de metal. Profanaci�n. -Palme� el hombro del
extraterrestre-. Realmente no somos as�. No mires.
Cuando irrumpieron en la sala de estr�pitos de la casa de la t�a de Greg hallaron las
cortinas cerradas. Estaba agradable y en penumbra.
-Hay incienso en alguna parte -dijo Greg. Les mostr� las violetas de su t�a junto a la
ventana. Algunas ten�an un metro de altura, con hojas plumosas color gris.
-No -dijo Barlow. Pero no objet� que pusiera Pink Floyd en el est�reo. Luego se sent�
en el sof� de pared a pared y se despoj� de la camisa y las sandalias. Despu�s se quit�
los t�janos. En la oscuridad parec�a corpulento, enorme, resplandeciente. Ummagumma,
en el est�reo, daba el sonido adecuado.
-Oh, midi�s. -RT emerg�a de su Trevira reforzado-. �Ten�is conciencia? -Filomena
desprendi� su falda; todos descorr�an cremalleras, sal�an de sus ropas, se pelaban, y el
extraterrestre disolvi� su traje Dubinsky excepto los botones, que cayeron sobre la
moqueta. No ten�a ropa interior, y su soma era sorprendente. Se sentaron en c�rculo con
Barlow; el extraterrestre rode� con sus brazos a Filomena y a Greg y las estrech�. Hubo
un complicado intervalo hasta que sac� la cabeza.
-Dos a la vez no es posible, supongo.
-Verdaderamente no- dijo Barlow.
El extraterrestre mir� de Filomena a Greg y de Greg a Filomena y luego su cuerpo
sigui� el claro y sencillo imperativo de las piernas incitantes de Filomena.
Por encima del hombro del extraterrestre pudieron ver que un ojo de Filomena parec�a
muy asombrado y luego rodaba hacia arriba y se cerraba; se sent�a penetrada, envuelta,
en completa empatia y amplificaci�n. RT contuvo la respiraci�n mientras los dos cuerpos
ondulaban y se mec�an en la penumbra. M�s tarde, Filomena se arque� y se corri� dos
veces, de forma concluyente. El extraterrestre sinti� que ella cambiaba a su alrededor;
alz� la cabeza y retrocedi� sorprendido, horadando el aire con su soma incandescente.
Era evidente lo que iba a ocurrir. Pero Greg se acurruc� de prisa en el regazo del
extraterrestre y �l entr� en ella, en el coraz�n del sol.
-S�, oh, s� -jade�. Y antes de que pudiera pensarlo, los sentimientos de Greg se
enredaron en su red neural y su cuerpo empez� a integrarse con el de ella hasta que
Greg maull� y rod� sobre �l abraz�ndolo estrechamente y luego ella termin� y �l qued�
nuevamente solo, arrodillado sobre ella, sin hogar.
Entonces RT apoy� la mano en la espalda del extraterrestre y se miraron mutuamente
un momento y el extraterrestre puso su mano sobre RT y RT hizo lo mismo con el
extraterrestre y resolvieron todo de esa manera.
Barlow estaba sentado tranquilamente contra el sof� modular de la t�a de Greg, con el
pelo de Filomena sobre sus tobillos.
-T�calo-dijo Filomena al extraterrestre.
El extraterrestre extendi� la mano con cierta timidez y Barlow la tom� y mantuvieron
sus manos unidas un rato, mir�ndose en los ojos.
-Dos puertas del sue�o -dijo el extraterrestre.
-Una de asta, otra de marfil -dijo serenamente Barlow, y as� fue para ellos. Greg se
puso de pie y puso el Quinteto para clarinete en Si menor de Brahms con Reginald Kell,
que era muy adecuado.
Luego todos se levantaron y llevaron al extraterrestre a la ducha de la t�a de Greg y
bebieron un poco de root beer; RT se escandalizaba de las frases y leyendas de la cocina
de la t�a de Greg, pero se pod�a ver que tambi�n �l era profundamente feliz.
-Pureza virginal -dijo el extraterrestre, bebiendo root beer mientras o�a reti�ir en las
ventanas de la t�a de Greg los motores diesel del Beltway-. La grandeza intacta de lo
salvaje.
-Lo dices como si fu�ramos bisontes -ri� Greg-. Palomas mensajeras de paso.
-Algunas personas no escuchan con suficiente atenci�n -dijo Barlow.
-�No vas a abrir tu equipaje? -dijo RT-. Oh, Gandalf. El d�a m�s grande de la Tierra. Lo
estoy viviendo. El primer contacto extraterrestre. Yo. Vosotros tambi�n -a�adi�-. Nosotros.
Los primeros.
-La maravilla de este momento. -El extraterrestre suspir� dichosamente.
-Vamos -dijo RT. Llev� a todos nuevamente abajo y se detuvo sobre la pila de botones-
. Todas estas grandes cosas.
-Realmente -dijo el extraterrestre-, yo ten�a mucha prisa.
RT puso el objeto que parec�a una rejilla en manos del extraterrestre. Apenas lo toc�,
emiti� un piip musical, y el tel�fono de la t�a de Greg respondi� arm�nicamente.
-�Qu� significa eso? -pregunt� Filomena-. �M�s horas extra?
-No, alguien me llama. -El extraterrestre movi� la cabeza y apret� una faceta de la
rejilla trapez�ctica. Brot� una especie de chip.
-La Central Gal�ctica -susurr� RT-. Ahora vas a informar, �verdad? Espera...
-En realidad es un llamado local. -El extraterrestre mir� atentamente el objeto-.
Cuarenta y dos norte, setenta y cinco oeste...
-�No es eso la ciudad de Nueva York? -pregunt� Greg, que siempre sab�a d�nde
estaban las cosas.
-�Quieres decir que tambi�n hab�is aterrizado en Nueva York? -protest� RT-. Pero t�
eres el primero, �no es verdad? �No es verdad? �Oh! -Se interrumpi� cuando el chip gir�
y abri� una falla en el espacio; �sta floreci� y se convirti� en una lente redonda, vertical,
como el parabrisas de un Bearcat Stutz de 1910.
-Oooh, aaah -dijeron todos.
-La tecnolog�a dura -suspir� RT, mirando por encima del hombro del extraterrestre-.
Esto es la verdad.
El extraterrestre toc� algo en la base de la pantalla, mientras el tel�fono de la t�a de
Greg llamaba por simpat�a. La pantalla se volvi� opaca y mostr� en blanco y negro a Julia
Child haciendo maldades a algunas cosas de comer en la WNET.
-N�mero equivocado.
-El sistema telef�nico de Nueva York es un desastre. -RT se inclin� un poco m�s para
ver los dedos del extraterrestre. Esta vez la pantalla mostr� un primer plano irisado de
algo grande, p�lido, parecido a un caracol.
-Oh, Dios-murmur� Filomena.
-�D�nde tiene la cabeza? -pregunt� Greg.
La cosa de la pantalla emiti� sin esfuerzo un miembro y empez� a aplicar contra s�
misma un instrumento cortante. A un lado pudieron ver una alfombrilla con la leyenda:
�Manteca de cacahuete para Dios�.
-��se no es un extraterrestre! -exclam� RT-. Es mi padre en White Plains, y se corta las
u�as de los pies. Qu�talo, cambia, cambia.
-Ser� mejor que te apartes un poco -dijo Filomerra-. Recoge tus vibraciones.
Al pr�ximo intento la pantalla adopt� vivos colores: un escenario ejecutivo rojo cereza
donde un hombre anciano apretaba con sus manos la rodilla en una butaca con pie de
pl�stico transparente. Mir� y su cara se encendi� con sincera alegr�a del tipo David Frost.
-�Frempl'vaxt? �Asimplaxco? -dijo.
-Vingh. Perd�n -dijo con cierta vacilaci�n el extraterrestre de ellos-. Me parece que no.
-Ah, perd�n. Cre� que era uno de mis clientes. A prop�sito: �es usted un anaerobio?
-Bueno, a�n no he desempacado.
-S�, s�, siempre es un problema. -El amable anciano uni� sus manos por detr�s del
respaldo-. Espero que lo sea, me encantar�a llevarlo a pasear. �Creer� usted que faltan
menos de veinte a�os para un cl�max ecol�gico en esta zona? -Puso alegremente su
cabeza de lado-. Si no me obligara a ser cauteloso, yo dir�a diez a�os; algunos d�as casi
no necesitamos filtros. Yo he elegido un sitio maravilloso en el �rea de m�xima conta-
minaci�n. Hola. -Movi� la cabeza sin dejar de mirarlos-. �No habr� estado buscando algo
usted mismo, espero?
-Pues... no -dijo el extraterrestre de ellos.
-Se ha convertido en un nativo -ri�, mientras se�alaba a los dem�s con el dedo.
Pudieron ver que ten�a la boca muy abajo, donde habr�a debido estar el ment�n-. Tut-tut-
tut. Una advertencia amistosa: tenemos una opci�n en firme sobre toda esta regi�n
pasados esos veinte a�os. La regi�n -mir� su consola- norteamericana. La crema. A
menos que sea usted acu�tico, por supuesto. -Golpete� sus dientes mientras sonre�a
locamente-. As� que no le aconsejo hacer planes sobre el planeta, no, no. -Una de sus
piernas pis� con fuerza, como la de un conejo-. Ha sido una alegr�a, una verdadera
alegr�a. Ahora debo cortar; ya oigo a mis clientes. -Movi� un dedo y la pantalla qued� en
blanco.
Hubo un silencio en la sala de estr�pitos de la t�a de Greg.
-Anaerobio significa que no necesita ox�geno -dijo lentamente Greg-. �Dentro de veinte
a�os?
-Estos son los malos, �no es as�? -pregunt� RT-. Has venido para luchar contra ellos y
para ayudarnos, �verdad?
-�Quer�a decir que va a comprar Norteam�rica? -pregunt� Filomena-. Pero nadie se la
puede vender.
-Nadie de aqu� -dijo Barlow. El extraterrestre lo mir� y volvi� a bajar la vista, sin tocar a
nadie.
-Nos ayudar�s a comprarla nuevamente -dijo RT, frunciendo el ce�o-. Cr�ditos
gal�cticos. �Qu� debemos usar? Unidades universales de moneda. Especias raras que
prolongan la vida. Tiempo. Tiempo-energ�a del planeta...
La rejilla emiti� un nuevo piip. El extraterrestre suspir� y toc� la base de la pantalla, que
se encendi� y mostr� una repelente cabeza verdosa acorazada, con ojos como panales.
-Dios m�o, m�s... -murmur� RT.
-Saludos en esta grexidad -dijo el monstruo-. Hemos escuchado por casualidad su
comunicaci�n. Comprendo su sit�aci�n actual y espero no ofender sus valores vitales.
-No es as�, por lo que s�.
-S�lo deseo observar que tambi�n nosotros lamentar�amos toda reorganizaci�n aqu�.
Nosotros somos una misi�n evang�lica registrada. -Sus ojos giraron-. Por esto mismo,
nos preocupa la posible avalancha de desarrollo que propone el grupo anaerobio.
Pensamos apoyar a la especie dominante. Ha hecho los progresos m�s alentadores,
se�alando realmente un umbral evolucionario... Oh, gracias, Olaf. -Se interrumpi� para
aceptar un trozo verde claro de algo que le ofrec�a un brazo negro articulado. Olaf,
bulboso, negro, brillante, apareci� a la vista por un instante-. Bien, es lo �nico que quer�a
decir. Con esto ser� suficiente, Olaf. -Acarici� la mand�bula de Olaf-. Nos pondremos en
contacto cuando haya reunido su identidad.
La pantalla qued� en blanco.
-�Significa eso que piensa ayudarnos?. -estall� RT-. �D�nde est�? �Qu� m�s est�
ocurriendo aqu�?
-�Qu� era esa cosa negra?-pregunt� Filomena.
-Me parece que era una hormiga -respondi� serenamente Greg-. Quiz�s Comonotus
herculeanus. M�s o menos de un cent�metro de altura. Est�n convirtiendo a las hormigas.
-Todos los aliados tienen importancia -dijo valerosamente RT, pero en tono poco
convencido. La pureza de la situaci�n, la maravilla...
Barlow se puso de pie y recogi� sus t�janos.
-Ya es hora -dijo al extraterrestre-. Averig�emos qui�n eres en realidad.
Todos se pusieron de pie. El extraterrestre pleg� la pantalla y la desliz� de vuelta en la
rejilla. Parec�a muy infeliz.
Filomena le toc� el brazo.
-�Eso te va a cambiar?
-Mientras recuerdo. Al principio -suspir� �l.
Filomena se irgui� y lo bes� con gravedad. Tambi�n Greg lo bes�, y RT apret� su
mano.
-Deber�amos retroceder; puede haber un v�rtice energ�tico -dijo. Todos se apartaron y
aguardaron con Barlow algo m�s lejos.
El extraterrestre se qued� solo; los miraba. Luego alz� la rejilla trapez�ctica, sac� la
lengua y la acerc� al objeto. No ocurri� nada. Ellos contuvieron la respiraci�n m�s de un
minuto y el extraterrestre alej� la rejilla de su boca, sin dejar de mirarlos.
Al comienzo pensaron que no hab�a cambiado. Luego vieron que su actitud era
sutilmente diferente. Sus hombros estaban ca�dos. Tambi�n su boca se inclinaba hacia
abajo, mientras sus ojos los espiaban. Gimi�.
-�Qu� ocurre? �Qu� te ocurre?
El extraterrestre gimi� de nuevo y trastabill� hacia ellos, con las manos tendidas.
-Yo... Ochquop, no s� la palabra, necesito ayuda, dejad que os toque...
Se apoder� de la mano de Barlow.
-Estoy encinta -dijo, y apoy� la cabeza en el pecho de Barlow.
-Oh, pobre... -Filomena y Greg le daban palmaditas en el hombro.
-De todas las est�pidas irrelevancias burguesas... -dijo con furia RT.
El extraterrestre se quej� otra vez; oyeron que la puerta del frente de la t�a de Greg se
abr�a arriba.
-�Hola, chicos! �Estoy de regreso!
-�Hola, t�a Dorothy! -grit� Greg. Respir�-. Tus violetas est�n espl�ndidas, espero que el
cuarto de ba�o no sea un desastre. Ven�amos del parque. �Qu� tal Costa Rica?
-Estoy agotada -grit� a su vez su t�a-. No vayas al centro, hay un tumulto.
Despu�s de gritar un poco m�s, todos estuvieron nuevamente en el Toyota. Greg ten�a
los botones del extraterrestre en una Baggie y �l usaba los pantalones cortos de RT
debajo del poncho de Filomena; mov�a la cabeza como si le doliera.
-�Eres realmente una mujer, quiero decir, una hembra? -pregunt� Filomena.
-Un crudo epifen�meno -murmuraba RT-. Huida de la censura social. Quiz�s busca a
su padre. Tal vez, ni siquiera quer�as venir aqu�, a la Tierra.
-No es cierto. Quer�a. -Las l�grimas brotaron de los ojos del extraterrestre. Las sec�
con angustia.
-�Adonde vamos? -dijo Barlow cuando Greg insert� su Toyota en la caravana
vespertina del Beltway.
-Creo que la semana pasada sacaron las cadenas del Turkey Run Park.
-Deber�amos buscar algo de comer. Debes tener hambre, querido -dijo Filomena.
El extraterrestre asinti� miserablemente. Segu�a mirando a Barlow; luego mir� a ambos
lados los equipos de demolici�n de la General Motors y suspir�.
-�Refugiados de una guerra interplanetaria? -gru�� RT-. Un futuro heredero de un
imperio perdido. �Qu� enga�o!
El Toyota sigui� la salida Dolly Madison y se dirigi� al McDonald's de McLean.
-Traer� los Altos en Prote�nas -dijo Greg.
-Y leche -pidi� Filomena.
El extraterrestre puso el paquete en su regazo, con la rejilla encima; regresaron al
Beltway y se dirigieron a la salida del Turkey Run. Las cadenas estaban en el suelo.
Hab�a una furgoneta Volkswagen en el �rea de Aparcamiento A.
-Bajemos a mirar el paisaje.
-Empieza a hacer fr�o -dijo Filomena mientras descend�an con dificultad hacia el
descuidado mirador sobre los restos del Potomac. Los musculosos tobillos del
extraterrestre ten�an piel de gallina.
-Tienes un aspecto bastante triste como madre soltera -dijo venenosamente RT-. �No
puedes hacer nada para no sentir fr�o?
-No s� si me he acordado de traerlo. -El extraterrestre manipul� la rejilla-, Ah, s�, est�. -
Una suave ola de calor los envolvi�. El extraterrestre manipul� un poco m�s y se encon-
traron hundidos hasta las rodillas en una invisible espuma el�stica.
-�Oh! -Hasta RT se regocij�. Era una maravillosa sensaci�n la de sentarse en esa
espuma invisible.
-Ahora cu�ntanos todo -dijo Greg, distribuyendo la comida-. �Por qu� est�s tan triste?
�La pre�ez es un crimen en tu hogar? �Est�s exiliado de tu planeta?
-Planetas -dijo el extraterrestre, un poco apresuradamente, con la boca llena. Parec�a
cada vez menos Dubinsky-. Pues no: en realidad es un honor. Yo fui -toc� el brazo de RT-
elegido. Gan�. -Baj� su bocadillo Alto en Prote�nas y los mir� con ansiedad.
-No puedo acostumbrarme a la idea de que seas mujer. -Filomena lo abraz�.
-Yo... No... Oh, es todo tan complicado. -El extraterrestre se inclin� hacia Barlow y sus
rasgos parecieron fundirse un poco-. Yo no ten�a idea de que esto era tan hermoso... Las
dos clases y todos los... Todos vosotros. -Se ahog� y los palme� ciegamente a todos.
-�Por qu�? �Por qu�, querido? Dinos.
El extraterrestre se compuso.
-Yo estaba desesperado. Quiero decir, cuando me eligieron. No hab�a mucho tiempo. Y
decid� dar a mi... mi descendencia el mejor punto de partida posible. Donde yo crec�, y
�ramos muy vrangh, sab�is, todo era horrible. Tan gastado. Yo quer�a darles el mejor
comienzo que se pudiera. Algo que tuviera sentido.
-Por supuesto. -Ellos comprendieron.
-Un lugar nuevo, salvaje, pens�. Libre. Recorr� toda la gu�a. Mirad. -Apret� la rejilla y
brot� un abanico de h�lices-. Oh, lo olvid�, no pod�is. Encontr� aqu� este sitio. Dice que
s�lo tiene inter�s para los estudiantes.
-�Estamos registrados ah�? -RT toc� las h�lices-. Eh, pica. Engramas telep�ticos -
murmur�-. Un objeto K.
-En realidad, no est� en un sitio privilegiado. Pante�n, �es �sa la palabra? Ellos
planeaban usar este sistema como un sitio para arrojar, bueno, desechos.
-Un basurero -dijo RT-. Es natural.
-�Qu� clase de desechos? -pregunt� Greg.
-Oh, basura espacial. Desperdicios. No s�. Pero lo imped�. Verdaderamente, soy de
muy alto vrangh. -Los mir� con los ojos muy abiertos-. Ahora recuerdo, us� un snaggler.
-�Qu�?
-No importa -dijo Barlow-. Sigue.
El extraterrestre mir� a Barlow y se fundi� un poco m�s. Ellos observaron que
empezaba a parecerce a Barbra Streisand.
-De modo que vine aqu� y todo ha sido espl�ndido. -Volvi� a sofocarse-. Tan hermoso.
Todos los si. -Hip�: una especie de resplandor lo rode�-. Yo empezaba a pensar en
vosotros como pnongl. Personas. Tenemos tanto en com�n. Oh, odio que sea aqu�. -Se
frot� los ojos.
-�Por qu� no aqu�? -dijo amablemente Filomena-. Nos encantar� ocuparnos de tu hijito.
-Espera-dijo Barlow.
-No es uno s�lo -dijo el extraterrestre.
-�Cu�ntos?
-Treinta... Quiero decir, treinta mil. Aproximadamente.
-�Todos a la vez?
El extraterrestre asinti�, apretando la mano de Filomena. Su pecho se hinchaba y se
tornaba cremoso.
-Bueno, son muchos -admiti� Greg-, �pero no podr�amos arreglarnos para cuidarlos, tal
vez con ayuda de las Naciones Unidas...?
-Especialmente si eres rica -dijo RT-. Realmente, no hay ning�n problema. Hmmm.
Treinta mil ni�itos extraterrestres de elevado status. �Tratados comerciales? Intercambio
cultural. La conquista del espacio.
-No -exclam� el extraterrestre-. No puedo, no puedo. No despu�s de haber
compartido... Oh, �qu� he hecho? -Escondi� su cara en el hombro de Filomena.
-Esos ni�os-dijo lentamente Barlow-, �c�mo son?
El extraterrestre alz� su cabeza y enfrent� la mirada de Barlow. El resplandor era muy
perceptible ahora.
-No es como aqu�. Quiero decir, la primera fase es casi energ�a pura. Simplemente
comen y pelean; ni siquiera es posible verlos, y son terriblemente veloces. Destruyen
todo. Por eso ahora utilizamos planetas especiales. Y enviamos soldados a buscar a los
sobrevivientes. Quiero decir, despu�s de la tercera muda. Cuando empiezan a ser pnongl.
No quedar�a nada.
Los ojos del extraterrestre estaban llenos de l�grimas; su brillo aumentaba
r�pidamente.
-�Cu�ndo?-pregunt� Barlow.
El o la extraterrestre ocult� su hermoso rostro entre sus manos.
-Dentro de unos minutos. Apenas el soma desaparezca.
Boquiabiertos, trataron de comprender.
-�El destrozo empieza inmediatamente? -balbuce� RT-. Entonces, �c�mo...?
Barlow se hab�a puesto de pie. La extraterrestre lo miraba de modo intenso y peculiar.
De pronto todos comprendieron que algo irrealmente real ocurr�a entre ambos.
-No, no -susurr� la extraterrestre, sosteniendo en alto la rejilla-. No puedes.
-Puedo intentarlo -dijo Barlow.
-De todos modos es demasiado tarde -dijo la extraterrestre-. Ya casi ha llegado el
momento.
Barlow apret� sus grandes manos.
-�No puedes ir a ning�n otro lugar?
-Ya he buscado en toda la galaxia -dijo suavemente la extraterrestre; ya no parec�a
muy humana-. Oh, sois tan reales para m�, es terrible: se piensa que un lugar es
simplemente salvaje, y est� poblado por gente con todos sus...
-S� -dijo Barlow.
-�Has buscado en la Nube Magall�nica? -pregunt� Greg.
-�D�nde? -La extraterrestre toc� a Greg para comprender-. Es una gu�a diferente. �Lo
hice? Es tan dif�cil pensar en este estado... -Ella o lo que fuera sac� otra h�lice de la rejilla
y la recorri� con sus dedos brillantes.
-No... Nada... Oh... Un momento... �Y esto? Tipo kveeth. Perfil de conjunto EMG. Post
glacial, esc�nico, no afiliado. Etc�tera. Pero esc�nico... Eso est� muy bien...
-Y los pobla... -empez� Filomena.
-�Podr�s llegar a tiempo? -interrumpi� Barlow.
-Da. Yes. II s'agit seulement de... -la extraterrestre tom� la mano de Barlow y logr�
continuar-: Pagar por franquear las coordenadas y frinx el drevath. Oh, mi soma se
disuelve...
-Adi�s -dijo Barlow.
Sin soltar a Barlow, la extraterrestre asinti� solemnemente. Luego marc� r�pidamente
algo en la rejilla y la arroj� al suelo.
-Transmisor de materia, simultaneidad en ambos extremos -murmur� autom�ticamente
RT.
-Jam�s olvidar� vuestra canci�n -dijo nost�lgicamente la extraterrestre.
Filomena acarici� su hermosa melena.
-Te extra�aremos.
Bruscamente la rejilla chisporrote� y desapareci�, dejando en su lugar un microchip.
RT lo recogi� y lo entreg� a la extraterrestre, que lo puso en su boca. Sus dientes
parec�an muy activos.
-�Estar�s bien? -pregunt� Greg-. �No necesitar�s un m�dico o alguna otra cosa?
-No. -La forma de la extraterrestre empez� a ondular y a deshacerse como un reflejo en
el agua; sintieron que se deslizaba de sus manos, pero todav�a estaba all�.
-Ha sido tan threengl, tan plegih -les dijo.
-Dinos el nombre de tu planeta -pidi� Greg.
-Vuelve despu�s -grit� Filomena.
-Yo vred...
-Oye -exclam� RT-. �Y esas basuras...?
El ser extraterrestre pas� estrobosc�picamente a un espectro discontinuo y el aire
vac�o los sacudi�.
-Prohibidos los cohetes -grit� alguien d�bilmente desde el parque de estacionamiento.
Permanecieron en silencio en ese c�lido espacio, mirando el punto donde hab�a estado
el extraterrestre. Del otro lado del r�o se encend�an las l�mparas de mercurio de Canal
Road, y el cielo por encima de Washington ten�a el color de los tigres en fusi�n. Un avi�n
descend�a lentamente, con sus luces cambiantes.
-�Verdaderamente hubieras tratado de matarlo, Barlow? -pregunt� Greg.
Barlow alz� un poco las manos y las baj� nuevamente.
-Me pregunto cu�nto durar� esto. -RT hundi� el dedo en la muelle espuma invisible-.
Habr�a que mostr�rselo a alguien. El Consejo Cient�fico Nacional. La C�A. -No se movi�.
-Tengo una Baggie llena de botones-dijo Greg.
-�C�mo puede ser que esos ni�os sean tan terribles? -Filomena lloraba
silenciosamente-. �Qu� ocurrir� con la gente que habita en ese lugar donde va?
Barlow suspir�.
-Creo que nos ha dejado un poco de su telepat�a -dijo Filomena-. T�came para ver si
sabes lo que pienso.
Greg la toc� y un instante despu�s RT las toc� a las dos.
�Volver� a ser asi de nuevo?
Se sonaron las narices. Barlow se ech� atr�s c�modamente y mir� la brillante estela
blanca del avi�n.
-El mal y la verg�enza subsisten. -Cerr� los ojos-. Creo que volver� a Australia.
LA LECHE DE PARA�SO
En el cubo de las caricias, a horcajadas sobre el vientre de �l, ella flu�a caliente y
desnuda y le ofrec�a sus tetas duras, peque�as. �l tuvo una convulsi�n y de pronto se
encontr� vomitando en el desag�e.
-�Timor! �Timor!
No era su nombre.
-Lo siento. -Devolvi� un poco m�s de U4-. Te lo advert�, Seoul.
Ella se incorpor� all� donde �l la hab�a arrojado, absolutamente sorprendida.
-�Eso significa que no me quieres? Pero si todos en esta estaci�n...
-Lo lamento. Yo te lo hab�a dicho. -Empez� a meterse en su traje entero gris, de largas
mangas, abullonadas en los codos-. No sirve. Nunca sirve de nada.
-Pero t� eres Humano, Timor. Como yo. �No est�s contento de que te hayan
rescatado?
-Humano. -Escupi� en el desag�e-. Eso es lo �nico que te interesa.
Ella estaba boquiabierta. �l estiraba hacia arriba los ce�idos pantalones, con tablas en
la rodilla y el tobillo.
-�Qu� te hac�an, Timor? -Seoul se mec�a hacia atr�s y hacia adelante sobre el trasero-.
�De qu� manera te han amado que yo no pueda...? -gimi�.
-Es por lo que son, Seoul -respondi� �l pacientemente, mientras arreglaba los pu�os
gris claro.
-�Eran as�? �Grises y brillantes? �Por eso usas...?
Se volvi� hacia ella: un chico bajo, vestido de gris, con ojos ardientes en el rostro
sereno.
-Uso esto para ocultar mi horrible cuerpo Humano -dijo con dureza-. Para no
enfermarme. Comparado con ellos yo era un... un Crot. Como t�.
-Ohhh...
La cara de �l se suaviz�.
-Si los hubieras visto, Seoul. Altos como el humo y siempre con m�sica, con... algo que
no puedes imaginar. Nosotros no tenemos... -Dej� de tironear de sus guantes grises; se
estremeci�-. M�s hermosos que todos los hijos de los hombres -dijo dolorosamente.
Ella se abraz� a s� misma, entornando los ojos.
-Pero est�n muertos, Timor. Muertos. Me lo has dicho.
El se endureci�, se apart� de ella, con una mano en su zapato gris.
-�C�mo pod�an ser mejores que los Humanos? -insisti� ella-. Todo el mundo sabe que
s�lo hay Humanos y Crots. Yo no creo que eso fuera tu Para�so, creo que...
�l hizo girar la cerradura de intimidad.
-�Timor, espera! �Timor?
El sonido que no era su nombre lo sigui� por los brillantes corredores; los pies lo
transportaban ciegamente por la seca dureza, luchando por respirar regularmente y por
controlar el pu�o que lo agitaba desde adentro.
Cuando se contuvo vio que estaba en una parte de la estaci�n que a�n no conoc�a.
Pero eran todas iguales, como el hospital y Entrenamundo. Prismas apergaminados.
Una anciana Crot-ella se acerc� sonriendo de modo vac�o y arrastrando la piel. A �l se
le revolvi� nuevamente el est�mago al ver la roja huella que dejaba. Los Crots locales
eran de alto grado, equivalentes a subnormales Humanos. Caricaturas. Subhumanos.
�Por qu� los dejaban en las estaciones?
Un zumbido le advirti� del equipo de aire que hab�a frente a �l; se desvi� y pas� ante
un anuncio con luces de destello: S�LO HUMANOS. M�s all� estaba el sal�n de juegos
donde hab�a conocido a Seoul. Lo encontr� vac�o, atiborrado de juegos rudimentarios y
gargantas mec�nicas. Eso que los se�ores de la galaxia llamaban m�sica. Tan engre�dos
de su fealdad. Pas� junto al bar de U4, hizo una mueca, y oy� el chapoteo del agua.
Lo atrajo vivamente. En Para�so hab�a habido agua, un agua que... Se acerc� a la
piscina de la estaci�n.
Dos cabezas emergieron del agua, sacudiendo el pelo negro.
-Hola, el nuevo.
Mir� la humedad, la carne oliva del muchacho.
-�Fluye! Ven, nuevo.
Por un momento vacil�, un extranjero vestido de gris. Luego su cuerpo se irgui� y
volvi� a desnudarse, mostrando el odiado color rosado.
-Hola, �fluye de veras!
El agua estaba clara y equivocada, pero se sinti� mejor.
-Ottowa -le dijo un chico.
-Hull. -Eran gemelos.
-Timor -minti�, girando, resbalando en el l�quido. Quer�a... Quer�a...
Manos color oliva en sus piernas, entre las burbujas.
-�Te gusta?
-En el agua -dijo oscuramente. Ellos rieron.
-�Eres un sub? �Ven!
�l enrojeci�, vio que era una broma y los sigui�.
El cubo de la piscina estaba sombreado y h�medo y casi agradable. Pero la carne de
ellos se tornaba caliente y aceitosa y �l no pod�a hacer lo que ellos quer�an.
-No fluye hacia ninguna parte -dijo el llamado Ottowa.
-No vais a... -Ellos estaban atareados cada uno con el otro. Dolorido, sin secarse, les
dijo furiosamente-: �Humanos! �Humanos feos y de cabeza hueca! No sab�is qu� es fluir.
Entonces lo miraron, demasiado asombrados para enojarse.
-�De d�nde eres, nuevo? -pregunt� Ottowa.
No serv�a de nada, no habr�a debido.
-De Para�so -dijo fatigadamente, poni�ndose sus sedas grises.
Ellos se miraron.
-Ese planeta no existe.
-Existe-dijo-. Existe. Exist�a. -Y sali�, mirando hacia otro lado, a las brillantes
extensiones vac�as. Aquietaba su rostro enderezaba el breve �rbol de su columna
vertebral. �Cu�ndo estar�a en el espacio, cu�ndo se le permitir�a hacer sencillamente su
trabajo? Las insensatas inmensidades, las estrellas vac�as. Mejor. Dibuja tres veces un
circulo a su alrededor y cierra tus ojos con sagrado temor, porque �l se ha alimentado de
mel�n y ha bebido...
Una mano cay� desde atr�s sobre su hombro.
-As� que eres el jovencilo Crot.
La vieja furia lo azot�. Con los pu�os listos, levant� la mirada.
Al sue�o. Boquiabierto de incredulidad, vio que la delgada cara morena era Humana.
Un Humano, y no mucho mayor que �l. Pero leve como una nube, gracioso como un
fantasma, como...
-Soy Santiago. Hay trabajo que hacer. Sigueme, Crotty.
La vieja costumbre cerr� sus pu�os; autom�ticamente su garganta dijo:
-Mi-nombre-es-Timor.
El de rostro oscuro gir� levemente; el golpe cay� de plano sobre su hombro. Una
desde�osa sonrisa de dios.
-Pax, pax. -Oscura voz de terciopelo-. Timor, hijo del gran explorador fallecido Timor.
Los cumplidos de mi padre: ahora, �quieres poner tu trasero en la nave de
reconocimiento que he sacado? El Sector D lo necesita y nos faltan manos. Tus
antecedentes dicen que sirves.
Santiago. Su padre deb�a ser el jefe de estaci�n corpulento y oscuro que lo hab�a
recibido ayer. C�mo pod�a ese...
-Certificado de aprendizaje -dijo su voz.
Santiago asinti� y sali� con �l sin mirar atr�s para ver si Timor lo segu�a.
El veh�culo era flamante y del mismo modelo en que Timor hab�a aprendido.
Autom�ticamente desarroll� la rutina de transyecci�n fuera del sistema, repitiendo los
controles como un loro, sin atreverse a mirar de frente la alta figura de la consola.
Cuando estuvieron preparados para el primer tr�nsito, Santiago se volvi� hacia �l.
-�Todav�a simulas?
Timor apart� su mirada de los oscuros imanes.
-Seoul me cont� un poco. Para m� no hay confusi�n posible: obviamente un Crol no
puede engendrar un hombre.
-...
-Mi padre me ha fastidiado demasiado tiempo. El hijo de su querido compa�ero de
exploraci�n, Timor, salvado de los extraterrestres. Tu padre y el m�o sal�an juntos al
espacio: lo escuchar�s todo cuando volvamos. El piensa que eres el Explorador Timor
reencarnado. Mi padre pidi� por ti, �sabes?
-S�. -Timor se puso de pie.
Los ojos lo estudiaron.
-Me alegro de que lo haya hecho. Tus antecedentes son un poco raros.
-�Qu� quieres decir?
-Todo ese expediente de psiconsejo. Supongo que han tenido que reconstruirte
completamente. �Qu� edad ten�as cuando te encontraron?
-Diez -dijo Timor, ausente-. �Por qu� has examinado mis...?
-No simules m�s. El hombre que sale al espacio quiere saber qui�n lo acompa�a, �no
es justo?... Diez a�os con... Est� bien, no lo dir�. Pero si no eran Crots, �qu� eran? A los
�nicos que conocemos es a los Crots.
Timor respir� hondo. Si de alguna manera pudiera excitar la comprensi�n sin
palabras... Pero estaba tan cansado.
-No eran Crots -dijo a la delgada cara color de humo-. Comparados con ellos... -Se
apart�.
-No quieres hablar.
-No.
-Es una pena -dijo con ligereza Santiago-. No nos vendr�a mal una s�per raza.
En silencio se ocuparon del tr�nsito, establecieron los principales par�metros de su
trayectoria y los controles secundarios. Luego Santiago se desperez� y se dirigi� a los
armarios.
-Ahora podr�amos descansar y comer, el pr�ximo tr�nsito ser� dentro de una hora. Y
entonces habr� tiempo para dormir. -Con una extra�a y arcaica ceremoniosidad abri� la
comida.
Timor advirti� que estaba hambriento. Y m�s alla de sus visceras, la pu�alada de un
hambre m�s profunda. Parec�a bien comer as� con otro Humano, �ntimamente, en el
espacio abismal. Antes siempre hab�a sido el disc�pulo al que se controla. Ahora...
Se endureci�, reuni� todo su desd�n.
-�U4?
-No.
-Entonces prueba esto. Es lo mejor de la estaci�n. No debes de haber descansado
mucho desde que llegaste de Entrenamundo.
Era verdad. Timor tom� el bulbo que le ofrec�an.
-�D�nde est� el Sector D?
-En direcci�n de Deneb. Seis tr�nsitos. Abrir�n tres nuevos sistemas y estamos
tratando de que todos reciban abastecimientos.
Entonces hablaron un poco acerca de la estaci�n y de la extra�a vida encapsulada de
Entrenamundo. A pesar de si mismo, Timor sent�a que sus nudos se deshelaban
peligrosamente.
-�M�sica?
Santiago sorprendi� su inadvertido parpadeo.
-�Te molesta? Tus extraterrestres ten�an mejor m�sica, �verdad?
Timor asinti�.
-�Hab�a ciudades?
-Oh, s�.
-�Verdaderas ciudades? �Como Mescalon?
-M�s hermosas. Diferentes. Con muchas melod�as -dijo dolorido.
El rostro oscuro lo miraba.
-�D�nde est�n ahora?
-En Para�so. -Timor sacudi� la cabeza con cansancio-. Quiero decir, el planeta se
llamaba Para�so. Pero todos han muerto. Los exploradores me dijeron que sufr�an una
enfermedad.
-Es lamentable.
Hubo una pausa. Luego Santiago dijo, como si divagara:
-Hay una espiral de planetas que se llaman Para�so algo o Para�so de alguien. �No
sabes las coordenadas por casualidad?
En la cabeza de Timor son� la alarma.
-�No!
-Te las dir�an...
-No, no. Las he olvidado. Ellos nunca...
-Quiz� podr�amos drogarte -dijo Santiago, sonriendo.
-�No!
El esfuerzo lo arranc� de su soporte. Mientras se sosten�a torpemente, advirti� que la
cabina parec�a muy peque�a y estaba llena de curiosos halos.
-Hab�a ciudades, has dicho. Hablame de ellas.
�l quer�a decir que dejaran de hablar, que era hora del tr�nsito. Pero se encontr�
hablando de las ciudades con el oscuro fantasma. Las ciudades de su mundo perdido, de
Para�so...
-Luz de oscuro color rub�. Y m�sica. La m�sica de muchos, y el barro...
-�El barro?
Su coraz�n corr�a, saltaba. Mir� en silencio al �ngel fantasma.
-Sigue -dijo severamente el �ngel.
Timor comprendi� s�bitamente.
-Me has drogado.
Los finos labios de Santiago temblaron.
-La gente. �Has dicho que eran hermosos?
-M�s hermosos que todos los hijos de los hombres -dijo Timor sin poder evitarlo; sus
palabras rezumaban.
-�Flu�an?
-Flu�an. -Timor sacud�a la cabeza, torturado-. M�s que cualquier Humano. M�s que t�.
Me amaban -gimi�, tendiendo los brazos hacia los fantasmas-. T� te pareces un poco a
ellos. �Porqu�...?
Parec�a que Santiago hac�a algo en la consola.
-�Me parezco? -De los dientes blancos surg�a un halo.
-No -respondi� Timor. De pronto estaba muy fr�o-. T� eres meramente Humano. Es que
no eres rosado, y eres alto. Pero s�lo un Humano. Para ellos, los Humanos son Crots.
-�Los Humanos son Crots? -El rostro de cuchillo, negro azulado, cern�ase letal sobre
�l-. Te empe�as en ello, nuevo. �As� que tus extraterrestres son algo mejor que los
Humanos? �Los meros Humanos te hacen vomitar? Eso te convierte en algo muy, muy
especial. Y es muy pr�ctico que todos hayan muerto y nadie los haya visto. �Sabes una
cosa, Timor, hijo del Crot Timor? Creo que mientes. Sabes d�nde es.
-No.
-�D�nde?
Timor se oy� gritar; la m�scara de �bano cambi�.
-Est� bien, no finjas. He visto lo bastante de tus antecedentes para saber en qu� sector
te recogieron. No es demasiado lejos de nuestro rumbo. T� has dicho que la primaria era
de color rojo oscuro, �verdad? El ordenador la encontrar�: no puede haber muchas
enanas de clase M por aqu�.
Se apart�. Timor intent� detenerlo, pero sus manos, afectadas por la droga, s�lo
tocaron el casco.
-No miento, no miento...
El ordenador dec�a en tono monocorde:
-Primarias Beta clase M Sector Dos cero punto zeta punto delta soluci�n uno cuatro
repito uno cuatro.
-Ah -dijo Santiago-. Catorce es demasiado. -Frunci� el ce�o; Timor estaba tranquilo.
-Debe haber algo que sepas. Alg�n criterio. Quiero encontrar ese Para�so.
-Est�n todos muertos -susurr� Timor.
-Quiz�s -dijo Santiago-. Quiz� no. Y quiz� mientes, o quiz� no. De todos modos quiero
verlo. Si las ciudades est�n all�, habr� algo que podamos usar. O te dejar� all� para
siempre. �Para qu� crees que vienes, nuevo? Alguien est� ocultando algo y yo voy a
descubrirlo.
-No puedes encontrarlos. No permitir� que les hagas da�o. -Timor oy� que la voz se
abr�a paso a trav�s de capas de irrealidad. Pod�a ver que las luces de la cabina arrojaban
reflejos violeta sobre la frente de Santiago. Unas estrellas negras, de bordes dorados, lo
pinchaban. El rostro de un sue�o.
-Yo no les har�a da�o. -La voz era nuevamente aterciopelada-. �Por qu� har�a da�o a
Para�so? Quiero verlos. Quiero ver las ciudades. Podr�amos verlas juntos. Me las
mostrar�as. -El sue�o crec�a y se acercaba. Calidez. Fusi�n-. Me las mostrar�as quieres
volver a Para�so.
La mirada de Timor se desenfocaba.
-Quiz�s alguno de ellos est� vivo todav�a. Quiz�s podamos ayudarles.
Sus profundidades se sacud�an; ardientes manantiales afloraban.
-Santiago... -Sus manos amasaban ricamente la excitaci�n. Si no fuera todo tan seco,
tan brillante...
Las luces bajaron hasta un fulgor azul.
-S� -dijo Santiago. Su t�nica se abr�a y ca�a; su carne oscura resplandec�a-. Querr�a
compartir esa belleza, debes de sentirte muy solo.
Los labios de Timor se movieron, sin palabras.
-Dime c�mo era... esa luz...
No, no, no, no, no, no...
Su boca era un fuego, hasta sus pulmones estaban resecos. En alguna parte la voz
parloteaba y callaba. Sus ojos ten�an costras.
-No, no -grazn�; en su boca hab�a algo de pl�stico.
-Chupa, est�pido.
Brot� el l�quido. Lo trag� �vidamente y la azulada oscuridad se puso en foco.
-Eso se pasa. Estar�s perfectamente cuando lleguemos a Para�so.
-�No! -Timor se enderez�, tratando de aferrar la alta forma que se alejaba. Ahora
recordaba todo, la droga y Santiago.
Lo hab�an drogado.
Eso que no deb�a ocurrir nunca.
Pero Santiago le sonre�a.
-Oh, s�, peque�o Timor o comoquiera que te llames. T� mismo lo has dicho. Per�odos
sin sol. Una binaria, �lo sab�as? Un sistema oscuro. Y ese conjunto que t� llamabas
Huevas de Pescado. El ordenador lo descubri�.
-�Lo has encontrado? �Has encontrado Para�so?
-Estamos a un tr�nsito de distancia.
Una fr�a explosi�n en su interior, una fuente de luz insoportable. Santiago lo hab�a
drogado y hab�a hallado Para�so. No pod�a creerlo.
Lentamente se ech� atr�s, bebi� algo m�s, mirando so�oliento a Santiago. Ahora cre�a.
Recorrer�an las calles de Para�so. Su orgulloso Humano ver�a. Una se�al centelle�.
Santiago volvi� la mirada.
-Se�al previa de llamada. Pero no pueden saber que hemos cambiado el rumbo. -Se
encogi� de hombros-. Ya veremos cuando el mensaje se aclare. No volver�.
-Santiago. -Timor sonri�-. Hemos fluido. Jam�s se lo he dicho antes a un Humano.
Pero las estrellas negras no se acercaron.
-Tal vez. Me lo pregunto. Has dicho muchas cosas. Si tu Para�so resulta un mundo
Crot... -Las ventanas de la nariz de Santiago se afinaron-. Un cambio de los Crots en
Humanos...
-Ya ver�s. Ya ver�s.
-Puede ser. -Son� la se�al del tr�nsito, y de pronto la cabeza de Timor se aclar�.
-Pero est�n muertos -exclam�-. No quiero verlos, Santiago. Muertos no. �No nos lleves
all�!
Santiago lo ignor� y continu� ocup�ndose del rumbo. Timor se acerc�, tirone� de sus
brazos y recibi� un golpe que lo envi� contra un soporte.
-�Qu� te preocupa? �Por qu� est�s tan seguro de que todos han muerto?
La boca de Timor se abri�, se cerr�. �Por qu� estaba tan seguro? En su cerebro
parec�a disolverse una armadura. �Qui�n le hab�a dicho eso? �l era tan joven... �Pod�a
ser un error? �Una mentira?
-Y si no es as� -Santiago recorri� la cabina con la vista-, �ser�n amistosos?
-�Amistosos? -Una temerosa alegr�a brotaba en Timor, peligrosa, incontenible. Vivos.
�Era posible? -Oh, s�.
-Aunque quiz�s, despu�s de esa enfermedad... -insisti� Santiago. Inici� el control-.
Aseg�rate de que nuestro Ambax funciona.
Timor apenas lo escuch�. Cumpli� la rutina como un zombie. Por fin Santiago lo hizo a
un lado.
-Ve a lavarte. Por si encontramos a tus amigos.
Parec�a flotar a menos de la gravedad nominal del veh�culo de reconocimiento,
arrastrado por olas alternadas de alegr�a y temor. Se concentr� en la imagen de s� mismo
y de Santiago entrando en las ciudades vac�as. Sin m�sica, pero las espiras, la luz... Su
amargo amante ver�a c�mo hab�a fluido ese mundo.
Frenaban para entrar en el sistema. A su lado una sombr�a estrella creci�, se eclips�,
reapareci�.
-�se. El tercero.
Las redes gravitacionales entraron en acci�n. Timor vio un gran conjunto estelar que
giraba en la pantalla.
-�Las Huevas de Pescado!
Para�so. Iban a aterrizar en Para�so.
-�D�nde est�n las ciudades?
-Debajo de las nubes.
-Nueve d�cimos de oc�ano. No veo caminos. Ni campos.
-Es as�. No las necesitan. Los espacios abiertos son... eran para el juego o la danza en
el agua.
-Una abertura. Aterrizar� junto al mar.
Mientras reduc�a la velocidad, la impresora de se�ales se puso en marcha. Santiago la
hizo a un lado. Las nubes los rodearon in crescendo, luego se tornaron tenues. Entonces
las redes se apoderaron de ellos y los depositaron en una luz de oscuro color rub�.
Ante ellos, la pantalla mostraba una lechosa suavidad: el mar. Una costa regular, y m�s
all�, unos bosques bajos. Y una larga l�nea almenada que toc� el coraz�n de Timor. Esto
no era real. Esto era real.
Santiago frunc�a el ce�o ante el mensaje recibido.
-Han perdido la cabeza. �Que volvamos por motivos m�dicos?
Timor apenas lo oy�. La puerta giratoria era un v�rtice que lo atra�a a la hermosa
penumbra, a esa luz resplandeciente de rub�. Real.
-Tu momento de la verdad, nuevo.
La puerta se abri� y salieron a Para�so. Una saludable humedad penetr� en los
pulmones de Timor.
-Ug, que humedad. �Est�s seguro de que esto es respirable?
-Ven. La ciudad.
-�D�nde est�n tus espiras?
El ocaso, el suelo cubierto de dulzura, lamido por el mar tranquilo y somero. Con
impaciencia tirone� del brazo de Santiago, sinti� que �l trastabillaba.
-�D�nde est� la ciudad?
-Ven. -En la penumbra, chapotearon a trav�s de un bosquecillo de �rboles blandos y
bajos cargados de frutas, junto a la curva de un mar que s�lo llegaba a la altura de los
tobillos.
-�Se supone que eso es una ciudad?
Timor mir� las bajas murallas almenadas que s�lo el poniente iluminaba. Parec�an m�s
bajas de lo que recordaba; m�s bajas, pero entonces �l s�lo era un ni�o.
-Est�n abandonadas. Desmoronadas.
-Barro. �Qu� es eso?
Unas peque�as cosas grises avanzaban agazapadas hacia ellos, fuera de las murallas;
se deten�an para mirar.
-�sos -dijo Timor- deben ser los criados. Los obreros. Parece que no han muerto.
-A su lado, los Crots son Humanos.
-No, no.
-Y aqu�llas no son sino chozas de barro.
-No -repiti� Timor. Avanz�, empujando a su amigo que no quer�a ver-. Solamente se
han deteriorado.
-�En siete a�os?
Una suave m�sica lleg� a o�dos de Timor. Tres de los seres agazapados se acercaban.
Los tres de un color gris de paloma, como �l mismo; pero era piel, y no seda, lo que se
ensanchaba en codos y rodillas. Anchos pies grises, y entre ellos, bajo los pliegues del
vientre, los gigantescos genitales de dos de ellos que dejaban un triple surco en el barro
blando. El tercero ten�a una hilera central de grandes ubres. De las aberturas de sus
rostros negro azulados surg�an suaves sonidos burbujeantes.
Oscuras gemas, incrustadas de oro como los ojos tristes de los sapos, encontraron su
mirada. El mundo se disolv�a en la transparencia. La m�sica...
Un terrible clamor estall�. Timor gir�. El extra�o, a su lado, re�a. Dientes crueles que
ladraban. -Muy bien, mi amigo Crot. As� que �ste es tu Para�so. -Santiago gritaba y re�a-.
Ni siquiera Crots. Subcrots. Habla con tus amigos, Crot -dijo-. Responde.
Pero Timor no comprend�a. Algo sal�a de �l; una cosa muy cuidadosamente construida
y que casi lo hab�a matado se disolv�a.
�Es absolutamente necesario que este ni�o sea reacondicionado por completo -dijo en
la voz de un extra�o-. Es el hijo del explorador Timor.� Pero sus palabras ya nada
significaban para �l, porque hab�a o�do su nombre entre la m�sica. Su verdadero nombre,
el nombre de su infancia, entre las suaves manos y cuerpos grises de su primer mundo.
Los cuerpos que le hab�an ense�ado el amor en el barro, el fresco barro.
La cosa que estaba a su lado profer�a sonidos dolorosos.
-�Quer�as la belleza! -Timor grit� sus �ltimas palabras Humanas.
Y de pronto estaban en el suelo, luchando y rodando en el barro blando, los cuerpos
grises a su lado. Hasta que vio que ya no hab�a lucha sino amor, amor como el de
siempre, su fluir verdadero, mientras las voces crec�an y la cosa embarrada debajo de �l
que estaba muerta o agonizante resbalaba en la confusi�n gris, en la m�sica de muchos
que flu�an juntos en Para�so a la oscura luz de rub�.
Y HE LLEGADO A ESTE LUGAR POR CAMINOS ERRADOS
Era tan hermoso.
El est�mago demasiado musculado de Evan se contrajo cuando lleg� al sal�n principal
y los vio alrededor de la gran ventanilla panor�mica. Olvid� su monta�a y hasta su
horrible chaqueta y mir� como un profano a los Cient�ficos vestidos de blanco en el
privilegiado santuario de su nave. Todav�a no lo pod�a creer.
Una Nave Estelar de Investigaci�n, se dijo maravillado. Una misi�n cient�fica estelar, y
yo pertenezco a ella. Salvado de la s�rdida vida de un T�cnico, he recibido el don de ser
un Cient�fico y de buscar el conocimiento en las estrellas...
-�Qu� tomar�, Evan?
El joven doctor Sunny Isham estaba en el bar. Evan murmur� palabras corteses y
acept� una copa. Sunny era el otro Cient�fico j�nior y, en teor�a, el igual de Evan. Pero
sus padres eran renombrados Jefes de Investigaci�n y la tela de su sencilla bata blanca
de laboratorio proven�a de sabe dios d�nde en el otro extremo de la galaxia.
Evan cerr� sobre su espantosa ropa su propia y basta bata blanca y se dirigi� hacia el
grupo que rodeaba la ventanilla. �Por qu� hab�a malgastado sus cr�ditos para ropa en
brocado de Aldebar�n si todos los Cient�ficos Estelares ven�an de Aldebtech? M�s le
hubiera valido seguir siendo Evan Dilwin, un licenciado del mediocre Galtech y para peor
un antropsico.
Para su alivio, los dem�s lo ignoraron. Evan borde� el silencio alrededor de la delgada
torre del Jefe de misi�n y encontr� un nicho detr�s de una gorguera almidonada que
pertenec�a al Delegado, el doctor Pontreve. Pontreve murmuraba algo al Jefe de
Astrof�sica. M�s atr�s hab�a una rubia deslumbrante: la peque�a ciberdoctora Ava Ling.
La muchacha bromeaba con su colega de Sirio. Evan les oy� re�r, pregunt�ndose por qu�
el escamoso hocico azul del siriano parec�a menos fuera de lugar all� que su propia cara
ancha. Luego mir� por la ventanilla y su est�mago se contrajo de otra manera.
En el extremo opuesto de la bah�a una vasta presencia ascend�a entre las nubes del
crep�sculo. El Clivorn, con sus m�ltiples estribaciones, jugueteaba con sus sempiternos
velos de nube, ignorante de la nave extra�a que ten�a a sus pies. An'druinn, la Monta�a
de la Partida; as� la llamaban los nativos. Por qu� �de la Partida�, se pregunt� Evan por
cent�sima vez, mientras sus ojos buscaban la cosa que hab�a cre�do vislumbrar. Era
in�til, las nubes la cubr�an. Y las inspecciones de rutina no pod�an...
El Delegado hab�a dicho algo importante.
-La nave est� siempre lista para el vuelo -dijo la voz del capit�n desde el bar-. �Qu�
dice el Jefe?
La sofocada exclamaci�n de Evan pas� inadvertida; todos dirig�an su atenci�n al Jefe
de Investigaci�n. Durante un instante, el sabio guard� silencio, mientras el humo de su
puro sal�a de las oscuras ventanas de su nariz. Evan lo mir� con los ojos encapuchados,
deseando que dijera que no. Luego el humo tembl� apenas: respuesta afirmativa.
-Pasado ma�ana, entonces. -El capit�n dio una palmada en la barra.
�Se ir�an sin mirar! Y ninguna otra nave volver�a a inspeccionar jam�s este sector.
La boca de Evan se abri�, pero antes de que pudiera reunir valor Sunny Isham
recordaba directamente al Delegado la enzima que su biosonda hab�a encontrado.
-Oh, Sonny, �puedo tocarte?-dijo burlonamente Ava Ling. Y luego una mirada del Jefe
hizo que todo el mundo se moviera hacia el comedor, dejando a Evan solo junto a la
ventanilla.
Procesar�an la enzima de Sunny. Y deb�an hacerlo, se dijo con firmeza Evan. Era el
unico hallazgo v�lido que hab�an logrado las computadoras en este planeta. En tanto que
su monta�a... Se volvi� ansiosamente hacia el Clivorn que ahora se hund�a detr�s de la
bruma dorada, del otro lado de la bah�a. Si pudiera ver, ir all�, tocar con sus manos...
Reprimi� esa expresi�n anticient�fica. El ordenador ha liberado al cerebro humano, se
repiti� con energ�a. �Era digno de ser un cient�fico? Con el cuello ardiendo, se apart� de
la ventanilla y sigui� apresuradamente a sus superiores.
La cena fue otro episodio m�gico. El �nimo de Evan se suaviz� entre el brillo del
ambiente y la graciosa conversaci�n trivial. El milagro de que estuviera all�. Sab�a cu�l era
ese milagro: su anciano t�o de Galcentral hab�a luchado por una oportunidad para su
sobrino. Y el anciano hab�a vencido. Cuando enferm� el antropsico de esa nave, en
primer t�rmino estaba el nombre de Evan Dilwyn. Y ahora se encontraba entre los Cien-
t�ficos Estelares, a�adiendo su contribuci�n a la tarea m�s noble del hombre. All� s�lo
contaban los m�ritos; los m�ritos, la honestidad y la devoci�n a las finalidades de la
investigaci�n.
La mirada de Ava Ling lo arranc� de sus sue�os. El capit�n narraba una an�cdota del
predecesor de Evan, el antropsico Foster.
-Y martilleaba la puerta con esas desventuradas mujeres-salamandra colgadas de �l
por todas partes -re�a el capit�n-. Aparentemente, las madres pensaban que hab�a
comprado a las chicas junto con sus cajas. Cuando no las quiso traer, casi lo destrozaron.
Ten�a las ropas desgarradas y cubiertas de barro. -Sus ojos azules miraron r�pidamente a
Evan-. �Qu� trabajo fue la decon!
Evan se sonroj�. El capit�n le recordaba las numerosas decontaminaciones que hab�a
necesitado despu�s de cada salida al exterior. Cada decon se cargaba a su cuenta
personal, por supuesto, pero era un fastidio. Y se consideraba indecoroso. Los dem�s no
sal�an jam�s; recog�an muestras por medio de sondas y robots o, muy raramente,
viajando en una burbuja sellada. Pero Evan no pod�a obtener as� los datos que necesitaba
acerca de las culturas locales. Los nativos no interactuaban con su robot. Deb�a
desarrollar alguna t�cnica antes de gastar todos sus fondos.
-Oh, son hermosas. -Ava Ling miraba los tres ata�des de cristal de luz que adornaban
la pared de los trofeos. �sas eran las �cajas� que Foster hab�a quitado al pueblo de las
salamandras. Evan frunci� el ce�o, tratando de recordar el pasaje del informe de Foster.
-Cajas de almas -se oy� decir-. Las cajas en que guardaban sus almas. Si las perd�an,
mor�an. Por eso luchaban. Pero, �c�mo...? -su voz se perdi�.
-Ahora no tienen almas -dijo frivolamente el doctor Pontreve-. Pero �qu� os parece
este vino? �Tiene o no car�cter?
Cuando finalmente pasaron a la sala de juegos le correspondi� a Evan oscurecer las
luces y activar los servobots. Apart� la vista de las ventanillas por donde se ve�a al Clivorn
meditando entre las nubes, y se acerc� a las risas y destellos que brotaban de la sala de
juegos. Estaban en los mandos de un juego infantil de l�ser llamado Sigma.
-�Vamos? -jade� alegremente la peque�a Ava Ling, por un instante fuera del juego.
Evan sorprendi� su olor: estaba excitada.
-No s� -sonri� �l. Pero ella ya se alejaba.
�l continu� andando, mientras se reprochaba sus primitivos reflejos olfatorios, y
atraves� la puerta del sector de mando de los laboratorios. Los sonidos se desvanecieron,
como si hubieran concluido. El pasillo, austeramente silencioso, resplandec�a. Estaba
ahora entre los laboratorios de mayor prestigio, los templos de las ciencias f�sicas. A su
lado estaba la habitaci�n, permanentemente iluminada, donde se guardaba el sagrado
registro de las instrucciones de la misi�n, con su sello de helio.
Como siempre, le ard�a levemente el cuello. A los laboratorios aflu�an todos los datos
recogidos por los sensores, las sondas, los robots recolectores, los bioanalizadores y
cibersondas, para que la capacidad de los Cient�ficos les diera la forma adecuada a las
instrucciones de la misi�n y los introdujera por fin en el Sancta Sanctorum, la
computadora principal de a bordo, a la que ahora se aproximaba. Desde all� se
transmit�an autom�ticamente los preciosos datos a la Computadora de la Humanidad en
Galcentral.
Junto a la entrada de la consola hab�a un centinela destinado a impedir el uso no
autorizado. Evan, mientras pasaba, tenso, ante la mirada impasible del hombre, trat� de
asumir una actitud m�s propia de un Cient�fico. Se sent�a interiormente como un impostor;
lo justo ser�a que lo devolvieran al gris de los T�cnicos, a una vida an�nima. �Lo sab�a
tambi�n el centinela? Con alivio entr� en el sector del personal y se dirigi� a su peque�o
cub�culo.
Su consola estaba vac�a. Su asistente hab�a ordenado su poco profesional mara�a de
cintas y -embarazosa debilidad- notas manuscritas. Evan trat� de sentirse agradecido. No
era cient�fico demorarse con hallazgos en bruto; hab�a que incluirlos de inmediato en el
programa adecuado. El ordenador ha liberado al cerebro humano, se dijo, sosteni�ndose
de un soporte para cintas de v�deo.
De la parte posterior del soporte cay� un grueso archivador. Ese est�pido asunto que
hab�a intentado: relacionar la rigidez social de una cultura con su inter�s por la nueva
informaci�n, representada por �l mismo y su robot especial. Los resultados parec�an
significativos, pero no dispon�a de categor�as de computadora que pudiera programar. Un
antropsico s�lo pod�a recurrir a veintis�is tipos de programa... Sunny Isham dispon�a de
m�s de quinientas para su materia, la biolog�a molecular. Pero as� ocurr�a con las ciencias
f�sicas, como Evan se record�. Empez� a arrojar al aspirador de desechos el archivador
in�til, mientras miraba ociosamente algunos de sus v�deos.
-Otras monta�as se llaman Oremal, Vosnuish, por ejemplo -se oy� decir-. S�lo el
Clivorn lleva el t�tulo honor�fico An, que significa El. Su nombre nativo, An'druinn o La
Monta�a de la Partida, puede referirse a la pr�ctica del exilio o la muerte rituales en lo alto
de la monta�a. Pero esto no parece coincidir con el resto de esa cultura. El Clivorn no es
una zona tab�. Hay senderos de pastores en todas las laderas por debajo de la l�nea de la
glaciaci�n. La tribu conserva una zona tab� cerca del mar, donde est�n las rocas
destinadas a la observaci�n de estrellas y el altar para la invocaci�n de los peces.
Adem�s, la palabra local partida, en formal tercera persona, sugiere que no son los
nativos quienes parten o han partido, sino otros. Pero �qui�nes? �Una tribu invasora? No
es probable: el interior est� deshabitado y los nativos viajan por mar, a lo largo de la
costa. Y el terreno m�s all� de An'druinn parece imprac...
�stas eran las notas que hab�a grabado antes de empezar a estudiar los registros del
Clivorn en busca de algo que explicara su nombre; alg�n monolito, una caverna, un
artefacto, o incluso un camino. Pero las nubes hab�an sido demasiado densas hasta ese
d�a en que crey� ver aquella l�nea, �Ver! �Acaso esperaba hacer ciencia con sus d�biles
sentidos?
-... los pozos transistorizados de alquitr�n en la galaxia... -dijo una voz �spera.
Evan gir�. Estaba solo.
-La computadora de la humanidad -continu� la voz, burlona. Evan comprendi� que era
la voz de su predecesor, el antropsico Foster, que sus propios registros no hab�an borrado
por completo. Mientras se dispon�a a hacerlo, la voz fantasmal de Foster dijo
vigorosamente-: Un mamotreto planetario de datos redundantes sobre los procesos
estelares que ninguna mente capaz ha examinado durante quinientos a�os.
Evan abri� la boca. Sus dedos no acertaron con la tecla de borrado; s�lo baj� el
volumen.
-�Investigaci�n? -dijo la voz ebria de Foster-. �Acaso se manchan las manos? -Una
invasi�n de ruidos est�ticos; Evan se agach� sobre la consola. Horrorizado, reconoci� las
palabras-: �Shamanes! �Imb�ciles hereditarios pulsadores de botones! -M�s ruidos
est�ticos, y Foster murmur� algo acerca del DNA-. �A eso le llaman vida! -grazn�-.
�Conducta de seres humanos? En toda la galaxia, lo m�s complejo... lo m�s dif�cil...
nuestra �nica esperanza... -La voz volvi� a desvanecerse.
Evan vio que la cinta se acercaba al final.
-Utop�a cient�fica -estall�, riendo, Foster-. La sociedad perfectamente organizada. Sin
guerras. Ya no necesitamos estudiarnos a nosotros mismos, porque somos perfectos. -Un
ruido l�quido devor� sus palabras. Foster hab�a estado bebiendo alcohol en el laboratorio,
comprendi� Evan. Estaba loco.
-Y yo soy el buf�n de la corte. -Un gran eructo-. Aprende unas cuantas palabras
nativas, nos trae algunos recuerdos... el buen viejo Foster, no hagamos ola. -la voz emiti�
gru�idos indefinidos y luego grit� definidamente-: �Sobre las manos y las rodillas! A solas,
entre las piedras. Simmelweis. Galois. El trabajo sucio. El trabajo duro y solitario de...
La cinta acab�.
A trav�s del remolino de su mente Evan oy� unos pasos r�pidos. Se irgui� cuando su
puerta se abr�a. Era el Delegado Pontreve.
-�Qu� hace, Evan? Me pareci� o�r voces.
-S�lo mis... notas locales, se�or.
Pontreve lade� la cabeza.
-�Acerca de esa monta�a, Evan? -Su voz era seca.
Evan asinti�. El dolor de partir volvi� a invadirlo.
-Doctor Pontreve, es una l�stima no hacer un examen. Esta zona no volver� a ser
inspeccionada.
-Pero �qu� podemos encontrar? Y adem�s, �qu� tiene que ver esa monta�a con su
especialidad?
-Se�or, mis estudios culturales indican una anomal�a. Alguna... bueno, no s� todav�a
qu� es exactamente. Pero estoy seguro de que he visto algo...
-�Quiz�s la m�tica Puerta del Tiempo?-La sonrisa de Pontreve se desvaneci�-. Evan.
En la vida de todo joven Cient�fico hay un momento que pone a prueba su vocaci�n de
modo definitivo. �Es realmente un Cient�fico? �O s�lo es un T�cnico demasiado
estudioso? La ciencia no debe traicionarse ni retornar a la fenomenolog�a o la
especulaci�n impresionista... Quiz� no lo sepa, Evan -prosigui� Pontreve en tono
diferente-, pero su t�o y yo estuvimos juntos en el precient�fico. �l ha hecho mucho por
usted. Tiene fe en usted. Yo lamentar�a profundamente que usted lo decepcionara.
El coraz�n de Evan se encogi�. Sin duda, Pontreve hab�a ayudado a su t�o a darle un
sitio en esa nave. Espantado, se oy� decir:
-Pero doctor Pontreve, si mi t�o tiene fe en m� querr�a que tambi�n tuviera fe en m�
mismo. �No es verdad que algunos hombres han logrado descubrimientos �tiles por
persistir en lo que s�lo parec�a un... presentimiento?
Pontreve retrocedi�.
-Confunde la curiosidad ociosa. Eso es lo que ocurre, Evan, con la intuici�n inspirada,
la capacidad de descubrimiento de los grandes cient�ficos de la historia. Me asombra.
Pierdo mi simpat�a. -Mir� fijamente a Evan, mordi�ndose los labios-. Por el bien de su t�o -
dijo duramente-, reflexione. Su posici�n es ya insegura. �Quiere perderlo todo?
Un olor acre lleg� a la nariz de Evan. Miedo. Pontreve ten�a verdaderamente miedo.
�Porqu�?
-Olvide ahora mismo este asunto. Es una orden.
En silencio, Evan sigui� al Delegado por los pasillos hasta el sal�n principal. No hab�a
nadie a la vista aparte de tres j�venes de Esparcimiento que aguardaban fuera del sal�n,
con caras asustadas, el momento de comenzar su tarea nocturna. Cuando entr�, Evan
pudo o�r las voces de los Cient�ficos superiores empe�ados en una grave discusi�n.
Se dirigi� a su habitaci�n, dejando por una vez opaca su ventanilla, y trat� de ver a
trav�s de la pesadilla. El rostro macilento de Pontreve se confund�a en su mente con las
ebrias herej�as de Foster. Y el miedo de Pontreve. �Miedo a qu�? �Qu� pod�a ocurrirle si
Evan ca�a en desgracia? �Acaso hab�a algo que pudiera investigarse e incluso
descubrirse?
�Era posible que un Cient�fico hubiese recibido un soborno?
Eso explicar�a el miedo... y el �milagro�.
Evan apret� las mand�bulas. Si era as�, Pontreve era un falso Cient�fico. Incluso sus
advertencias eran sospechosas, pens� Evan, furioso, revolvi�ndose en su cama de aire
mientras buscaba vanamente algo tangible con que fuera posible combatir. La memoria
de la fragancia de Ava Ling lo fustigaba. Dio un manotazo al filtro de la ventanilla y la fr�a
luz inund� la habitaci�n.
Las lunas gemelas del planeta estaban en el c�nit. La monta�a, m�s abajo, se ergu�a
tan irreal como de espuma entre sus perpetuas nieblas veloces. El Clivorn no era en
realidad una monta�a muy alta; quiz�s s�lo se alzaba unos mil metros por encima de la
antigua l�nea de las glaciaciones, pero se elevaba aislada sobre el nivel del mar. El
resplandor de las antorchas parpadeaba en el pueblo, al pie. Se desarrollaba una danza
de invocaci�n a los peces.
De pronto, Evan vi� que las nubes se separaban sobre los riscos m�s altos del Clivorn.
Como s�lo hab�a ocurrido una vez anteriormente, se aclaraban las torres por encima de la
marca del glaciar. Los �ltimos velos se disiparon.
Evan miraba fren�ticamente. Nada... �Espera! All� estaba: una l�nea horizontal que
fluctuaba levemente, alrededor de toda la cumbre. Unos doscientos metros m�s abajo.
�Qu� pod�a ser?
Las nubes volvieron a cerrarse. �Hab�a visto algo?
�Si!
Apoy� la frente contra la ventanilla. En la vida de todo joven cient�fico hay un
momento... Eso hab�a dicho Pontreve. Quiz�s nunca m�s tendr�a una oportunidad
parecida en otro mill�n de planetas desiertos. La certeza de lo que iba a hacer se apoder�
de sus entra�as; sinti� un miedo mortal.
Antes de que su �nimo decayera, se movi� y puso su inductor de sue�o en zeta.
La ma�ana siguiente se visti� formalmente, ley� durante unos minutos las condiciones
de su beca y se dirigi� al despacho de Pontreve. El ritual se desarroll�
parsimoniosamente.
-Doctor Administrador Delegado -dijo Evan, con la garganta seca-. Como Antropsico de
esta Misi�n ejercito mis prerrogativas para solicitar un sondeo en todas las bandas del
terreno situado por encima de los quinientos metros, en estas coordenadas.
Las comisuras de los labios de Pontreve se inclinaron hacia abajo.
-�Un sondeo en todas las bandas? Pero el costo...
-Certifico que mis fondos aut�nomos son adecuados -respondi� Evan-. Como �ste es
nuestro �ltimo d�a en el planeta, deseo que se haga cuanto antes, se�or.
En el tumulto diurno de los laboratorios, ante los T�cnicos, los Aprendices y Mec�nicos
congregados, Pontreve no pod�a decir nada. Evan estaba en su derecho. El rostro del
anciano se torn� gris; hizo una pausa antes de ordenar a su ayudante que trajera los
formularios de autorizaci�n. Cuando los colocaron ante Evan, se�al� con el dedo la l�nea
donde Evan deb�a certificar que el sondeo era relevante para sus Requisitos de
Especializaci�n.
Evan apoy� con fuerza el pulgar; sent�a que los ojos del equipo de T�cnicos estaban
clavados en �l. Esto acabar�a con sus fondos. �Pero hab�a visto la anomal�a!
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Mundos calidos y otros - James Tiptree

  • 2. James Tiptree Jr. T�tulo original: Warm Worlds and Otherwise Traducci�n: Carlos Peralta � 1975 by James Tiptree Jr. � 1985 Edhasa. Avda. Diagonal 519 - Barcelona. ISBN: 84-350-2067-3 Scan: Elfowar. Revision: Cymoril R6 03/03
  • 3. �NDICE Pr�logo, por Robert Silberberg Todas las clases de s� La leche de Para�so Y he llegado a este lugar por caminos errados El �ltimo vuelo del doctor Ain Amberjack A trav�s de una chica, oscuramente La muchacha que estaba conectada Los saurios que florecen de noche Las mujeres que los hombres no ven Desliz Amor es el plan el plan es la muerte En la �ltima tarde
  • 4. �QUIEN ES TIPTREE? �QU� ES TIPTREE? Por Robert Silverberg El apellido Tiptree no figura en la gu�a de tel�fonos de Manhattan de 1971, la m�s moderna que poseo. Yo no esperaba hallar el nombre de James Tiptree, Jr., en la gu�a de Manhattan porque s� que recibe su correspondencia en un suburbio de Washington D.C. Pero no hab�a ning�n Tiptree en la gu�a, y esto me pareci� significativo porque durante mucho tiempo he cre�do que cualquier nombre humano se puede encontrar en la gu�a de Manhattan. Por lo tanto, Tiptree es un apellido ins�lito. (No se encuentran Tiptrees en las gu�as de tel�fonos de la regi�n de San Francisco, donde vivo, y sospecho que tampoco en las gu�as de los suburbios de Washington. Nada se encuentra sub Tiptree en la Encyclopaedia Britannica, excepto una referencia a Tiptree Heath, en Essex, donde, seg�n mi edici�n de 1910, las condiciones son excepcionalmente favorables para el cultivo de fresas, frambuesas y grosellas. Un nombre ins�lito, Tiptree.) Y tambi�n un escritor ins�lito. El nombre de James Tiptree, Jr. se insinu� silenciosamente en la conciencia del p�blico lector de ciencia ficci�n en el n�mero de marzo de 1968 de Analog, donde apareci� una farsa fren�tica llamada Birth of a Salesman (Nacimiento de un viajante). Sus personajes se llamaban Freggleglegg, Lovebody y Splinx y se distingu�a principalmente por cierto ritmo lun�tico. Pocos meses despu�s If public� The Mother Ship (El buque madre), un relato convencional pero sustancioso acerca del primer contacto con extraterrestres; y m�s o menos al mismo tiempo en Fantastic apareci� Fault (Falla), una peque�a narraci�n construida alrededor de una idea sorprendente y turbadora sobre el desplazamiento temporal. (Forma parte de esta recopilaci�n; es un buen ejemplo de los primeros trabajos de este autor.) La firma de Tiptree asomaba espor�dicamente en el oto�o de 1968 y en los primeros meses de 1969, pero fue el nombre extra�o y evocador, y no sus cuentos, lo que se grab� en mi mente. El Galaxy de marzo de 1969, sin embargo, tra�a un Tiptree que, a pesar de la modestia de sus l�mites, abre ante el lector una puerta detr�s de otra y por fin lo empuja limpiamente a un abismo sin fondos. Se trataba de The Last Flight of Dr. Ain (El �ltimo vuelo del Dr. Ain), de apenas m�s de dos mil palabras, que tambi�n est� incluido en este volumen. Dr. Ain atrajo la atenci�n de bastantes miembros de los Science Fiction Writers of America para ser uno de los cuatro finalistas en la categor�a cuento breve del premio N�bula de ese a�o. Los otros tres eran Ellison, Niven y Silverberg; ese a�o, Silverberg se llev� el trofeo, pero la asociaci�n de un nombre poco familiar con tres tan bien conocidos hizo que las siguientes narraciones de Tiptree recibieran la atenci�n particular de sus colegas. Dr. Ain, a pesar de esa menci�n, es un Tiptree relativamente primitivo. Narrado de prisa y a los saltos, presenta cambios superfluos y desconcertantes de punto de vista. El mismo Tiptree ha censurado la construcci�n de ese cuento en un ensayo publicado en el n�mero de febrero de 1972 de Phantasmicom, una revista amateur de notas bibliogr�ficas sobre ciencia ficci�n editada en Baltimore. Sin embargo, observaba en el mismo ensayo que Dr. Ain cumpl�a una de sus principales finalidades literarias: transmitir el misterio y la singularidad de la existencia. �La vida -escrib�a-, te pone entre extra�os que hacen extra�os gestos, caricias inexplicables, amenazas, botones sin marcar que aprietas con resultados imprevisibles, parloteo en c�digo que suena importante... y t� empiezas a seleccionarlo y comprendes cinco a�os m�s tarde por qu� ella hizo o dijo algo, por qu� ambos gritaron cuando t�... Tomemos El �ltimo vuelo del Dr. Ain. Toda la historia est� contada de atr�s hacia adelante... Es un ejemplo perfecto del instinto narrativo t�pico de Tiptree. Empieza por el final y preferiblemente a dos mil metros de profundidad un d�a
  • 5. oscuro y NO LES DIGAS NADA.� Este pasaje es una clave del m�todo de trabajo normal de Tiptree en casi todos estos cuentos. Le gusta crear gradualmente una sensaci�n de alienaci�n y desorientaci�n que nunca se resuelve por completo cuando el relato llega al climax. Tal vez a esto se debe que tantos cuentos de Tiptree se refieran a formas de vida extraterrestres, a seres cuyos prop�sitos y motivos son inexplicables para nosotros. Los monstruos sin mente de On the Last Afternoon (En la �ltima tarde), los silenciosos invasores de The Women Men Don't See (Las mujeres que los hombres no ven), los horribles bultos grises de The Milk of Paradise (La leche de Para�so), los seres impulsados por la biolog�a de Love is the Plan, the Plan is Death (El amor es el plan, el plan es la muerte), e incluso el seductor y nost�lgico extraterrestre de All the Kinds of Yes (Todas las clases de s�), todos reflejan un punto de vista subyacente de Tiptree sobre el universo como un lugar extra�o y pr�cticamente incomprensible por el que erramos en una b�squeda de respuestas valiente y desesperada que s�lo rara vez tiene �xito. Tiptree ha elegido -quiz�s por un astuto sentido de las relaciones p�blicas, quiz�s por cierto componente secreto de su naturaleza- ocultar en el misterio su propia persona. La ciencia ficci�n es un campo en que los escritores se conocen naturalmente y en el que no es de ning�n modo desusado que casi todos los amigos �ntimos de un escritor sean tambi�n autores de ciencia ficci�n; sin embargo, no conozco a ning�n miembro de la fraternidad de la ciencia ficci�n que se haya encontrado alguna vez con Tiptree ni a persona alguna que sepa c�mo es o qu� hace para ganarse la vida. A medida que su reputaci�n crec�a -como ha crecido durante 1970, 1971 y 1972-se ha intensificado la curiosidad acerca del hombre que hay detr�s de estos relatos, y en particular cuando se torn� evidente que se propon�a mantener toda la intimidad posible en este universo literario notoriamente gregario. Escribe cartas, s�, muchas y vigorosas; pero la direcci�n del remitente es un apartado de correos de Virginia. No llama por tel�fono a los editores o agentes ni a otros escritores. Si concurre a las convenciones de ciencia ficci�n, lo hace de inc�gnito. Incitados por la obstinada insistencia de Tiptree en la oscuridad personal, los autores de ciencia ficci�n se han permitido las especulaciones m�s descabelladas. Se suele decir que su nombre verdadero no es Tiptree, aunque nadie sabe cu�l es. (Es bastante plausible que Tiptree sea un seud�nimo, pero tengo la esperanza de que no sea as�. Me gusta el nombre y me agradar�a que perteneciera por derecho de nacimiento al hombre que lo usa.) Se ha sugerido que es una mujer, teor�a que encuentro absurda porque hay para m� algo ineluctablemente masculino en sus narraciones. No creo que las novelas de Jane Austen puedan haber sido escritas por un hombre ni las de Ernest Hemingway por una mujer; del mismo modo creo que el autor de los cuentos de James Tiptree es un hombre. Como Tiptree vive a corta distancia del Pent�gono, o por lo menos utiliza una direcci�n postal de esa zona, y como en sus cartas ha dicho en varias oportunidades que estaba a punto de partir a alg�n remoto lugar del planeta, circula constantemente el rumor de que en la vida �real� es una especie de agente del gobierno implicado en tareas de seguridad. Su evidente conocimiento de primera mano del mundo de los bur�cratas y de los aeropuertos -demostrado en relatos como Las mujeres que los hombres no ven- apoya en cierta medida esta idea, as� como su conocimiento, igualmente profundo, del mundo de los cazadores y los pescadores, en esa misma narraci�n, parec�a demostrar su masculinidad. Tiptree admiti� ante uno de sus editores que hab�a pasado la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial en un s�tano del Pent�gono, y esto ha contribuido a ese mito; tambi�n parece confirmar su car�cter de funcionario federal algo que me escribi� hace pocos a�os: que era �un hombre del Medio Oeste que ha andado mucho por las junglas del mundo en su juventud y en junglas peores, con escritorios, en su madurez�. Sin embargo, hace poco Tiptree ha desmentido algunos de estos rumores: �Lo repito: no
  • 6. trabajo para la C�A, el FBI, la NSA, el Tesoro, la brigada antidrogas ni la polic�a de parques metropolitanos.� Si deseamos informaci�n no negativa acerca de su vida, debemos recurrir a la sexta edici�n (junio de 1971) de la valiosa revista de ciencia ficci�n de Baltimore, Phantasmicom. Los editores de esta publicaci�n mimeografiada, Jeffrey D. Smith y Donald G. Keller, mantienen estrecha relaci�n postal con Tiptree desde hace mucho tiempo, y a lo largo de los a�os han logrado arrancarle una serie de textos reveladores. En Phantasmicom 6 Tiptree declaraba al editor Smith: �Nac� hace mucho tiempo en la zona de Chicago y cuando ni�o resid� en sitios como las colonias de India y �frica... Soy una de esas personas para quienes el nacimiento y el horrendo desarrollo del nazismo fue el hecho central de su generaci�n. De esto he aprendido la mayor parte de lo que s� acerca de la pol�tica, la vida del hombre, el bien y el mal, el valor, la libertad, el miedo, la responsabilidad y A Qu� Decir Adi�s... Y, lo repito, acerca del mal. Y de la culpa. Si de una persona es importante conocer el rostro que aparece en sus pesadillas, en mi caso ese rostro se parece mucho al m�o... �De todos modos, para el momento en que termin� la d�cada de instrucci�n en C�mo Son Las Cosas proporcionada por este acontecimiento (ya se sabe: unirse a organizaciones, ingresar en el ej�rcito, participar en las primeras formas del sentimiento americano de izquierdas, preocuparse por Si Va A Ocurrir Aqu� -ocupaci�n que no he abandonado-, salir del ej�rcito, tener un peque�o cargo en el gobierno, intentar alguna actividad comercial, etc., etc.) comprend� que toda mi vida, mi carrera y mis capacidades tal como eran, mis amigos, todo en general, hab�a sido conformado por ese acontecimiento y estaba muy lejos de lo que vagamente yo me hab�a propuesto hacer.� La persona que se presenta ante m� a trav�s de estas afirmaciones autobiogr�ficas no parece ninguna clase de agente secreto aunque bien puede tener alguna relaci�n profesional con la burocracia de Washington. El mismo Tiptree, en la entrevista de Smith, expone varios motivos de su r�gida separaci�n entre la vida personal y la carrera literaria y, entre ellos, sus sentimientos de que la evaluaci�n de un relato hecha por un lector no deber�a ser afectada por el conocimiento especial de los antecedentes o la personalidad del escritor. Dice adem�s: �Entre la gente con quien tengo relaci�n hay muchos espec�menes de hombre prehist�rico; en ellos, la noticia de que escribo ugh, ciencia ficci�n destruir�a la poca credibilidad que me queda.� Pero tambi�n invoca cierto esp�ritu juguet�n: �Probablemente, el resto de mi deseo de secreto no es otra cosa que diversi�n infantil. Por fin tengo lo que desea todo ni�o: una verdadera vida secreta. No un secreto oficial, no un secreto de muerda-la-c�psula-cuando-lo-cojan, no el maldito secreto de nadie sino el M�O. Algo que ELLOS no saben. Al carajo el Big Brother. Un hermoso mundo secreto REAL, con personas reales, amigos maravillosos, seres capaces de grandes haza�as y palabras m�gicas. La gente de Frodo s� se quiere; ellos me escriben y aceptan mis ofrendas y maldito sea si tengo ganas de abrir la puerta entre la realidad m�gica y la tormenta universal de mierda conocida como el mundo (una l�grima) real...� As� es entonces James Tiptree, un hombre de 50 o 55 a�os, calculo, posiblemente soltero, amante de la vida al aire libre, inquieto en su existencia cotidiana, un hombre que ha visto gran parte del mundo y lo comprende bien. Aunque todo esto es una mera hip�tesis fundada en las pruebas que aportan los art�culos de Phantasmicom. las cartas ocasionales de Tiptree y las narraciones mismas que, seg�n pienso, muestran gran parte del Tiptree aut�ntico en personajes como el Dr. Ain, que se desliza de un aeropuerto a otro o como la Ruth Parsons de Las mujeres que los hombres no ven, resueltamente reservada acerca de todos los aspectos de su vida al servicio del gobierno. Lo que no es hipot�tico es la calidad de los escritos de Tiptree, que se ha tornado cada vez m�s profunda y vigorosa en los pocos a�os transcurridos desde sus comienzos. �Mi verdadera finalidad es no aburrir-ha escrito-. Leo mis textos buscando con radar el primer decaimiento, la primera se�al de aburrimiento inminente. El principio del relleno
  • 7. insignificante, la basura, la inmoralidad. Las repeticiones... San Sebasti�n ensangrentado, �c�mo me he aburrido en mi vida! Yo no le har� eso a nadie. Si puedo evitarlo.� Los cuentos de Tiptree no aburren. Son delgados, musculosos, flexibles; consisten en gran medida en di�logos interrumpidos por explosivas descripciones desnudas. Aunque no hay influencias estil�sticas discernibles, pienso que su obra se parece en eso a la de Hemingway, que prefer�a ser simple y directo, por lo menos en la superficie. Era tambi�n un formidable y extraordinario innovador t�cnico que reestructur� el car�cter del cuento moderno, pero Hemingway manten�a ese aspecto de su arte cuidadosamente fuera de la vista del lector casual. Hemingway era un escritor m�s profundo y enga�oso de lo que pretend�a, y esto mismo ocurre con Tiptree, que oculta detr�s de una aparente negligencia una sorprendente habilidad para crear escenas y llevar al lector incauto a inesperados abismos de experiencia. En ambos autores prevalece tambi�n la masculinidad, la preocupaci�n por el coraje, los valores absolutos, los misterios y pasiones de la vida y la muerte tal como se revelan en las pruebas f�sicas extremas, el dolor y la p�rdida. Desde luego, Hemingway disminuy� su reputaci�n de escritor en sus �ltimos a�os al permitirse escapadas p�blicas que lo mostraban insensato y absurdo; Tiptree no ha cometido ese error. �ste es s�lo el segundo libro de Tiptree que se publica. El primero fue Ten Thousand Light Years From Home (A diez mil a�os luz de casa, Ace Books, 1973), una colecci�n de quince cuentos publicados originariamente entre 1968 y 1972. Incluye la mayor parte de las primeras narraciones; curiosamente, varias obras importantes de 1969 han sido excluidas hasta hoy, entre las cuales la m�s conspicua es Your Haploid Heart (Tu coraz�n haploide). La recopilaci�n de Ace Books, que cubre cinco a�os de trabajo, muestra la evoluci�n de Tiptree, primero un h�bil manipulador de materiales convencionales de ciencia ficci�n y luego un artista m�s oscuro y poderoso. Relatos como And I Awoke and Found Me Here on the Cold Hill's Side (Y despert� y me encontr� aqu� en la ladera de Cold Hill, 1971), The Man Who Walked Home (El hombre que volv�a a casa, 1972) y la terrible pesadilla de Painwise (En la direcci�n del dolor, 1972) dan testimonio del nuevo Tiptree m�s profundo. Este volumen proporciona tambi�n una secci�n transversal de la obra de Tiptree; no s�lo contiene los relatos m�s recientes sino tambi�n varios de los primeros dos a�os de su carrera: El �ltimo vuelo del Dr. Ain (1969), Falla (1968), Through a Lass Darkly (A trav�s de una muchacha, oscuramente, 1970) y dos o tres m�s. Son relatos breves, valiosos, y ser su autor no har�a da�o a nadie; pero aqu� sirven principalmente para esclarecer el desarrollo del futuro escritor. El coraz�n de este libro se encuentra en el grupo de historias de 1972 y 1973. Como por ejemplo Las mujeres que los hombres no ven (1973), una especie de obra maestra, estructuralmente simple pero vivido en sus detalles e insuperable por su penetraci�n psicol�gica. La soluci�n es un antiguo tema de la ciencia ficci�n -mujeres terrestres raptadas por los tripulantes de un platillo volante-, pero redimida y totalmente transformada por una asombrosa visi�n de las mujeres que intercambian a un conjunto de amos extra�os por otros que podr�an ser m�s tolerables. Es un relato profundamente feminista narrado de un modo enteramente masculino, y merece la atenci�n de todos aquellos que est�n en primera l�nea en las guerras de la liberaci�n sexual, tanto hombres como mujeres. Luego est� En la �ltima tarde (1972) que es para m� un relato fallido, que intenta, sin �xito completo, combinar una narrativa introspectiva con escenas de terrible energ�a. Sin embargo, a pesar de sus problemas de estructura, es valioso porque demuestra uno de los dones peculiares de Tiptree: su capacidad de crear una escena de movimiento sostenido y prolongado, un juggernaut; cuando los extraterrestres llegan a la costa con su monstruoso volumen incapaz de pensamiento revelan una especialidad caracter�stica de Tiptree, la sensaci�n de un proceso continuo, que hace la escena literalmente inolvidable.
  • 8. [V�ase tambi�n el ascenso de Evan al Clivorn en And I Have Come Upon This Place by Lost Ways (Y he venido a este lugar por caminos errados) o la manifestaci�n de un ser extraterrestre en un cuento largo no incluido en este libro, A Momentary Taste of Being (Un moment�neo sabor de existencia).] Y tantas cosas m�s: la c�mica extravagancia de Todas las clases de si, el premio N�bula El amor es el plan, el plan es la muerte, el premio Hugo The Girl Who Was Plugged In (La muchacha que estaba conectada), el siniestro y pavoroso La leche de Para�so... Un verdadero fest�n. Un libro ins�lito, un ins�lito escritor. Y todav�a esperamos mucho m�s. Por lo que s�, Tiptree a�n no ha escrito una novela; el cuento largo Un moment�neo sabor de existencia, publicado en 1975, es lo que m�s se parece a un trabajo en gran escala. Cuando est� preparado, escribir� una novela y nos sorprender�. A sus 50 o 55 a�os, o a la edad que tenga, Tiptree est� en constante proceso de cambio y crecimiento. En el m�s reciente de sus textos de Phantasmicom, un ensayo memorable titulado Going Gently Down (Descendiendo suavemente) reflexiona sobre la aproximaci�n de la ancianidad y concluye con estos pensamientos de excelente augurio para el curso futuro de su desarrollo como artista: �Cuando se llega a los 60 (me parece) el cerebro es un sitio de incre�bles resonancias. Est� lleno de vida, historias, procesos, modelos, analog�as vislumbradas entre un millar de niveles... Una explicaci�n de la lentitud con que responden los ancianos es que cada palabra evoca mil referencias. ��Qu� ocurre si eso se puede liberar, abrir? Dejar caer el ego y el status, dejar caer todo y respirar el viento, percibir con los sentidos que se oscurecen lo que all� est� creciendo. Dejar que las resonancias se fundan y jueguen y vuelvan cambiadas diciendo cosas nuevas. Quiz�s sea posible hallar una forma de crecer, de cambiar una vez m�s interiormente... aunque el exterior repita "�c�mo, c�mo?" y los dientes huelan mal. �Pero para hacer esto hay que prepararse de antemano durante a�os. Prepararse para el retiro y emigrar hacia lo alto y hacia el interior de la torre m�s fuerte, con la �ltima ventana hacia el exterior. Prep�rate para el viaje m�gico final, prepara tu cerebro. No temas la verdad. Carga el combustible como un buque fluvial de vapor para quemarlo �ntegro en la �ltima gran carrera r�o abajo sin preocuparte y echa al fuego los muebles, la cabina, todas las cubiertas hasta la l�nea misma de flotaci�n, y oc�pate solamente de que ese fuego te lleve hasta donde nunca has estado antes. �Quiz�s... de alguna manera... ser�a posible.� TODAS LAS CLASES DE SI El primer extraterrestre que lleg� a la Tierra estuvo setenta y dos segundos; era un televolpt. Hizo tres volpts inversos y se trajo desde la regi�n de Lyra. -Por Dios -dijo m�s tarde-. Qu� barullo. Todo el mundo emit�a, nadie recib�a. Insistir� en que pongan una advertencia en Ephemeris. Luego vio la Tierra un grupo de xen�logos de Highfeather, incapaces de aguantar nada. -All� la inteligencia simplemente no ha evolucionado -informaron-. Las estructuras sociales est�n al nivel de un crudo ritual de incubaci�n, con alguna organizaci�n ci�nica migratoria. Francamente, parece inanidable. Un fastidioso mont�n de mam�feros ha llenado el lugar de conchillas rotas. S�lo puede interesar a estudiantes de seudoevoluci�n. Algo m�s tarde, un oscuro mimestral pas� por casualidad y se qued� el tiempo suficiente para componer una tocata de hidrauli�n conocida como Ritos de Excitaci�n
  • 9. Masiva de un D�a de Deporte. A partir de ese momento la Tierra alcanz� peque�a fama como fuente de aciertos de audio a la �ltima moda. En el momento de nuestra historia, los �nicos extraterrestres en residencia permanente eran una peque�a misi�n evang�lica cerca de Strangled Otter, Wisconsin, y cuatro locas ratas de fuego del planeta Dirty que especulaban en bienes inmuebles en Nueva York fund�ndose en la premisa de que el aire estar�a pronto libre de ox�geno. Hab�a tambi�n el rumor de algo o alguien escondido en la meseta central australiana. Cerca del sistema no hab�a l�neas regulares de transmisi�n. De modo que cuando lleg�, nuestro h�roe -por decirlo as�- lo hizo mediante desmoronamiento estipulado; esto indicaba, incidentalmente, gran riqueza o desesperaci�n. En realidad, �l pose�a ambas cosas. Su nombre se podr�a expresar mediante una configuraci�n de energ�a seguida por varios gestos, y carece de importancia aqu�. Hab�a ordenado a su sastre que le cultivara un soma del tipo mam�fero predominante, vali�ndose de las muestras del viejo informe de Highfeather. En consecuencia, se materializ� en el parque de autom�viles del New State Department una ma�ana de mayo, a la hora punta, en la forma de un joven desnudo, con el trasero de un mandril, de cinco metros de altura y brazos muy peculiares. Afortunadamente su biotec hab�a previsto algunos ajustes optativos. Despu�s de un breve paseo por la calle E que enriqueci� considerablemente a la industria psiqui�trica de Washington, se desliz� en el portal del Sindicato Internacional de Obreras del Vestido para hacer un r�pido retoque. Sali� con el aspecto de un joven e idealizado David Dubinsky y cuando extingui� el halo se mezcl� de inmediato con la apresurada muchedumbre. Lo primero que descubri� fue que las hembras terrestres pose�an un misterioso atractivo. -De modo que esto sirve para eso -se dijo-. Qu� curioso. Una flexible hembra joven le echaba los brazos al cuello y generaba temblores en el traje Dubinsky 1935. -�Querr�a anidar, madame? -pregunt�, mientras la muchedumbre los impulsaba a trav�s de un cord�n policial. Afortunadamente lo dijo en Urdu, por lo que son� muy parecido a �socorro, socorro�. Ella dej� de mordisquear un bot�n de su camisa y alz� la vista. Su entusiasmo crec�a. -Est�s tan alterado como yo -susurr� ella-. Puedo o�r tu coraz�n. Esa dulce canci�n silvestre le encant�; el labio inferior de ella era una perfecta tractriz. -Vamos de prisa a la sombra del roble -dijo encantado en quechua-. �Qu� entorno! - Sonri�, agitando su brazo libre, a los coches antidisturbios y a los camiones de bomberos que aullaban-. �Qu� brillantes son las luces, qu� suave el canto de las sirenas! -Oh, Dios -dijo la muchacha, con sus �rganos visuales irradiando aproximadamente en 430 milimicrones. Hizo un delicioso ruido de soplo con su labio inferior mientras desalojaba suaves hebras de pelo-. Mira, es absolutamente imposible caminar por la calle. Aqu� no. -Se apart� y lo examin�-. �Tienes un coche? El hab�a logrado una telepat�a de contacto. -No-sonri�. Una bocina empez� a ladrar detr�s de ellos. -Santa Toledo-murmur� ella. �Huida! �Miedo! �l se acerc� con ternura. -Tu tiempo es la dulce primavera -rog� �l-. Es mi tiempo, nuestro tiempo, primavera es el tiempo del amor y viva el dulce amor. E-e-cummings. Soy Filomena. -Ohhh -dijo ella. �Hab�a comprendido? Hab�a dejado de alejarse-. Yo soy Filomena. A ti te van a atrepellar. �l se alegr� cuando ella lo tom� por el brazo y empez� a arrastrarlo hacia la calle 21.
  • 10. -Todav�a me siento confundido en esta forma -dijo �l, rozando un coche de bomberos-. Me falta equipaje. Filomena lo apart� del coche. -�A qui�n no? �C�mo te llamas? -Jam�s he visto un cielo semejante, un sol as� -respondi� �l. -Tu nombre. No te recuerdo. -Nombre. -Gir� lentamente, admirando el desierto de la Pennsylvania Avenue-. �Rex?- dijo-. �Rexall-Ligget? �Petr�leo Humilde! -Todo era tan perfecto. La hembra lo arrastraba entre un torrente de veh�culos libres y le dec�a: �Vamos, deprisa� cada vez que �l se deten�a para saborear algo. Pronto llegaron a una zona despejada, con un artefacto en el centro. Ella parec�a buscar algo. �l vacil� en el bordillo mirando el tr�nsito del Washington Circle que giraba a su alrededor-. �Fant�stico! �Qu� primitivo, qu� puro, cu�nta paz! - Aspir� profundamente mientras un autob�s eructaba a su lado. -Ay, madre. -Filomena lo extrajo del bordillo; una chica amable. -Yo opongo... No; me opongo a buscar mi Handkoffer. Volver� a llamarme. Suspiro. - Suspir� vigorosamente, mirando sus ojos de cero cuarenta y tres micrones-. �Eres t�pica? �Mi nariz est� bien? -Cambi� un poquito la nariz Dubinsky para aprovechar al m�ximo el mon�xido. Los encantadores labios de Filomena se abrieron tanto como sus ojos, pero no le solt� la mano. -�Eh! -les grit� alguien. RT se acerc�, demasiado excitado para acordarse de imitar a Ralph Nader. RT era una versi�n abreviada de Rikki-Tikki, aunque ciertas personas de White Plains lo llamaban Schuyler Rotrot Jr. -�Hab�is o�do? Un monstruo desnudo de cinco metros avanza hacia la Casa Blanca. �La ciudad entera est� alucinando! Filomena no dijo nada. RT se inclin� y toc� a una persona de gran tama�o y pelo amarillo cuyos enormes pies con sandalias sobresal�an de un banco pr�ximo. -Despierta, Barlow. Barlow no se movi�; el extraterrestre se acerc� con Filomena. Apoy� su mano libre en los dedos del pie de Barlow. -Entra�able es para mi dormir -dijo-. Porque mientras duren el mal y la verg�enza, no ver y no sentir ser� buena fortuna. Miguel �ngel. Los ojos de Barlow se abrieron de repente. -�Lo he hecho bien? �Era �sa tu canci�n? -El extraterrestre se sent�a maravillosamente. Confundido, pero maravillosamente. Se volvi� y puso la mano en la cabeza de RT-. Cada emancipaci�n es una devoluci�n al hombre del mundo humano y de las relaciones humanas. Marx, 1818-1883. Gran grobligroc a la ma�ana. -Gran grobligroc a la ma�ana -dijo d�bilmente RT, retrocediendo. Barlow se puso de pie. El extraterrestre dej� que su mano se alejara con RT cierto trecho y luego la recogi�. Extendi� los brazos por encima de la cabeza, se puso de puntillas, aspir�, exhal�, solt� un pedo y chasque� los dedos. De ellos brotaron chispas que cayeron en su pelo y lo tornaron rojo. -Oh, oh. -�Nada de cohetes en el parque! -Hab�a un coche de la polic�a junto a la acera. Llevaron r�pidamente al extraterrestre hasta una fuente. -�He hecho algo malo?-les pregunt� ansiosamente-. Nadie ve ni oye al guardi�n de las aves. Quiero o�rles a ustedes -pidi�, buscando manos. -�T� eres eso! -aull� suavemente RT-. �No es verdad? �No eres t�? �Qu�, qui�n, el proyecto Ozma? Has o�do las explosiones at�micas, has venido a salvarnos, �verdad? Dios m�o, d�jame que te ayude a... -Creo que deber�amos ir a otra parte -dijo Barlow. Era muy alto y corpulento; el
  • 11. extraterrestre se estir� hacia arriba para mirar su rostro, y luego descendi�. -No hagas eso -grit� RT-. Pronto, un campo de fuerza, una pantalla de invisibilidad. Oye, el complejo militar-industrial de este pa�s solamente... -Mujer, busca un sitio-dijo Barlow. En todo ese tiempo Filomena no hab�a dicho nada; s�lo miraba atentamente al extraterrestre y reten�a su mano. -Has dicho algo acerca de tu equipaje -le record�. La sonrisa del extraterrestre se desvaneci�. Hizo un amplio gesto en direcci�n a Arlington. -No hay prisa. -Dio una palmada a Barlow, otra a RT, volvi� a sonre�r-. �Por qu� no anidamos? Nadie ha susurrado nunca tantas clases de si. -Oh, hermoso, profundo -dijo RT-. Pero si tu enfoque es b�sicamente sociot�cnico, todav�a debes agregar el entorno psicol�gico-ecol�gico. -Mujer-dijo Barlow. Filomena asinti� y se dirigi� con el extraterrestre, flanqueado por los otros dos, hacia la New Hampshire Avenue. Hab�a mucho ruido cerca de la Elipse. -Es dif�cil comprender que realmente estoy aqu� -dijo el extraterrestre, que miraba todo con notoria felicidad-. La naturaleza. Absolutamente intacta. -Crecientes oscilaciones adelante -dec�a RT-. Encerrado en un desprendimiento entr�pico. -Yo me siento as� despu�s de un trip -dijo Filomena. Los condujo hacia el parque de autom�viles de la George Washington University-. S� d�nde oculta Greg las llaves del coche. -La siguieron por un sendero sin pavimentar hasta el Toyota de cuatro puertas, que apenas sobrepasaba las rodillas de Barlow. Filomena se agach� y empez� a buscar algo debajo de la alfombrilla del asiento posterior. En el preciso momento en que vio las llaves, alguien las recogi� del otro lado. -Oh, hola, Greg-dijeron todos. -La �ltima vez lo tuve que sacar del anfiteatro C�rter Barron -dijo Greg-. Ya est� bueno. -Puso sus libros en el Toyota; era una chica peque�a, limpia, vivaz. -Tenemos que ayudarle a recuperar sus cosas -le dijo RT. Empuj� al extratcrrestre hacia Greg-. Vamos, mu�strale. Haz tu truco psi. El extraterrestre tom� la mano de Greg. -El estilo cristalino es un objeto gelatinoso de forma de rodillo que gira en el sentido de las agujas del reloj a sesenta o setenta revoluciones por minuto en cierta regi�n del est�mago de los bivalvos -exclam� encantado-, es quiz� la �nica parle rotativa de un animal, la mavor aproximaci�n a la rueda que se halla en la naturaleza. Huxley afirma que es una de las m�s notables estructuras del reino animal. Yo no lo creo. -Ha ocurrido-dijo RT-. Es verdad: est�n realmente aqu�. Hubo un poco m�s de eso y Greg dijo: -Est� bien, pero conducir� yo misma -y todos se instalaron en el Toyota, el extraterrestre en el asiento delantero entre Greg y Barlow. -Hazte m�s delgado -dijo RT, y �l lo hizo hasta que le dijeron que no tanto. Salieron por la calle 21 hacia el Memorial Bridge. RT se preocupaba por la contaminaci�n. En la calzada que se dirig�a al puente vieron que la polic�a deten�a a todo el mundo. Filomena se quit� su boina escocesa y la puso en la cabeza rubia de Barlow, mientras tironeaba de su camisa. -Ponla sobre tus rodillas -le dijo. Alguien sugiri� que el extraterrestre volviera gris su pelo. Cuando el polic�a meti� la cabeza en el toyota Greg le dijo que llevaba a sua amigos a visitar la tumba del presidente Kennedy. Barlow sonri� t�midamente entre su pelo. -All� est� -dijo con energ�a el extraterrestre de pelo gris. La cabeza del polic�a gir� y se retir�. -All� est� -repiti� el extraterrestre mientras entraban en el puente.
  • 12. -�Qu� est�? -Mes equippages. Valise. Portmanteaux -explic�-. Me acaban de llamar. -�En la tumba de Kennedy? -Es obvio -dijo Greg. El extraterrestre le toc� la mejilla para ver cu�l era el chiste. -Desayuno en Betelgeuse, comida en Denebola, equipaje en Arlington -dijo, riendo. Barlow sacaba por la ventanilla la antena de la radio de Greg. WAVA dec�a trrr trrr cord�n policial trrr Casa Blanca. Entraron en el parque de autom�viles del cementerio de Arlington y descendieron para caminar hasta la tumba del presidente Kennedy. Cuando llegaron a ese lugar de m�rmol vieron una docena de personas que miraban la llama de gas junto a las cuerdas. En el gran cofre blanco hab�a flores, algunas reales. -Perd�n -dijo el extraterrestre. Busc� algo dentro de su boca y sac� una especie de micronodo que sostuvo apuntando al catafalco. Un ramo de narcisos cay� sobre el borde y algo peque�o y brillante silb� y cay� en la mano del extraterrestre, donde empez� a hacer un ruido quejumbroso. -Lo he visto -dijo una mujer con un traje rosado de chaqueta y pantal�n. -R�pido-dijo RT-. El escudo, el distorsionador hipn�tico. -No puedo -dijo el extraterrestre-. Hay una sobrecarga est�tica por horas extra. -Rob� un souvenir- dijo la mujer, m�s fuerte-. Yo lo he visto. -Devu�lvelo- grit� RT. El extraterrestre meti� el dedo me�ique en el aparato quejumbroso, que call�. Cuando sac� el dedo, era m�s corto; se lo puso en la boca. -Lo denunciar�- dijo la mujer, cada vez m�s rotunda. Su rostro ten�a la forma de la parte interior de una zapatilla-. Vandalismo. La tumba del presidente. -Se acerc� a ellos. Barlow le hizo frente, mientras se quitaba la boina. -Debe perdonarlo, se�ora. Es el Padre con Distrofia Muscular del A�o. Lo devolveremos enseguida. -Tom� la cosa de manos del extraterrestre y la arroj�: cay� nuevamente entre las flores. -Tu control remoto-dijo RT. Tambi�n se hab�a ido. Barlow los alej� del sitial de Kennedy por la colina cubierta de hierba donde hab�a muertos ordinarios. Greg prob� nuevamente su radio. --Un autob�s pegado al otro -dijo WAVA-; reservas toman posiciones trrr trrr en torno bla bla del Pent�gono. -�Qu� es un pent�gono?-pregunt� el extraterrestre. -Eso es lo que trataba de decirte -respondi� RT-. El s�ndrome militar profesional se presenta inevitablemente... -Incre�ble -dijo el extraterrestre. Estaban de pie sobre seis veteranos muertos, y miraban una gran sopera de smog sobre el r�o, de la que emerg�an al sol cosas blancas. -Los indios env�an se�ales de aire puro -dijo Greg. El extraterrestre suspir� profundamente. -Millones de seres puros con su potencia primordial -exclam� con reverencia-. La polvareda de su paso oscurece el sol. -Un 727 salt� desde el aeropuerto y cruz� por encima de ellos, arrastrando una estela de keroseno, mientras dos helic�pteros de la polic�a pasaban patachuc patachuc algo m�s abajo-. El estruendo, la salvaje majestad - dijo el extraterrestre, inhalando keroseno. Barlow, inquieto, se sent� sobre los veteranos con los ojos cerrados. -Terrible, terrible -dijo RT-. �Crees que podemos realmente aspirar a ser miembros de la Galaxia? -Tirone� un poco de su pelo corto y fue a ver si el p�blico hab�a abandonado a los Kennedy. Filomena se manten�a tranquilamente tomada del extraterrestre. Giraron un poco, de modo que �l ahora la sosten�a a ella; ella le ech� su otro brazo al cuello y se besaron lentamente el pelo de �l era de un hermoso rojo oscuro.
  • 13. -Eh, todo el mundo se ha marchado -exclam� RT, que sub�a a la carrera-. Podemos volver. -Pinch� con el dedo al extraterrestre-. Eh. -La guardia lleg� a las diez -dijo Barlow, y se puso de pie. Greg apoy� interrogativamente sus manos en el otro brazo del extraterrestre, que la rode� tambi�n a ella. As� fueron hasta la tumba. -�C�mo lo recuperar�s? -pregunt� RT. Las flores estaban a un par de metros detr�s de la cuerda, donde la guardia pod�a verlas. El extraterrestre apret� con sus brazos a Greg y a Filomena. -Realmente no deseo... -murmur�. -Deber�as-dijo Filomena-. Todas tus cosas. -Empaqu� deprisa -respondi� en tono de excusa el extraterrestre. -Vamos, vamos-urgi� RT. El extraterrestre liber� un brazo de mala gana. Era un momento delicado. -No me mir�is. Cuando volvieron a mirar, el objeto estaba en su mano. Una rejilla trapez�ctica. Parpadeaba. -�brelo -jade� RT-. �No lo vas a abrir? -Es tan peque�o -dijo Greg. -S�lo una parte se encuentra en esta dimensi�n -explic� RT-. Ondas giratorias independientes del tiempo. Fases de Magnon. -El extraterrestre lo mir� con admiraci�n. -��brelo! Pero el extraterrestre lo sosten�a meditativamente; parec�a molestarle. -Ahora, realmente, no necesito nada -dijo-. M�s tarde. Hay tiempo. -Puso la cosa en su bolsillo, ri�, abraz� a las chicas-. Me siento tan, tan �s��. Hagamos m�s cosas nativas. -Podr�amos comer-sugiri� Barlow. Volvieron al Toyota y se dirigieron al Howard Johnson de la costa. El Muzak del Howard Johnson dec�a Inexplicable oscurecimiento electromagn�tico bla bla Fort Myer. El extraterrestre bebi� tres chocolates, devor� una servilleta de papel y bes� a Greg. No era vegetariano. El Muzak dijo Guardia Nacional y advirti� que nadie deb�a detener su coche en las rutas nevadas de emergencia. Greg trat� de que el extraterrestre pudiera conocer al menos a los Beatles del Men� Musical, pero se oy� en cambio Man of La Mancha en ruido blanco. RT se dirigi� al lavabo. Filomena explic� al extraterrestre que deb�a catabolizar con Barlow y RT, y no con ella y con Greg. �l se fue con ellos y despu�s de ajustar la presi�n hidr�ulica, compararon todo. No hab�a nadie m�s en Howard Johnson. -Una sociedad totalmente enferma -dijo RT, de vuelta en la mesa-. Es dif�cil saber d�nde empezar. �Qu� es lo peor, lo m�s peor? �Cu�l es tu impresi�n? -pregunt� al extraterrestre-. �Nuestra zona de m�xima entrop�a social? -�C�mo te llamas?-pregunt� Filomena. El extraterrestre consider� la pregunta, haciendo el ruido tch-tch-tch. Mientras no abriera su equipaje, verdaderamente no pod�a saberlo. -Grupos binarios -interpret� RT para los dem�s-. Naturalmente, todo el mundo lleva un n�mero. No podr�amos pronunciarlo. -El extraterrestre lo admir� un poco m�s, mientras abrazaba a Greg y a Filomena. RT empez� a decirle algo acerca de comportamientos sumergidos. Barlow ten�a los ojos cerrados. Cuando decidieron que era hora de irse, el extraterrestre emiti� un quejido y volvi� a sentarse. -El soma -dijo-. Es como si estuviera inflado. -Pues des�nflate -dijo RT-. Puedes cambiar las cosas. Vieron c�mo se encog�a y crec�a su nariz y luego sus orejas. -Aparentemente no funciona -inform� �l-. Mi sastre dijo que pod�a haber problemas. -Piensa en ra�ces cuadradas -sugiri� RT-. Ra�ces c�bicas. Coordenadas intragal�cticas. N�meros primos m�s altos.
  • 14. El extraterrestre frunci� el ce�o mientras lo intentaba. Luego movi� la cabeza. -�No hay alguna forma mejor? Filomena hizo un leve ruido. Barlow abri� los ojos. -Eso es -dijo. Y eso era. -�ste. Es. Un. Momento. C�smico -anunci� RT-. Oh. Mi-di�s. Personas femeninas: ten�is una responsabilidad asustadora. �Ten�is de verdad, existencialmente, conciencia? Filomena se apoyaba en el extraterrestre, con la nariz en su o�do. -Vamos-dijo Barlow-. Vamos. Cuando llegaron al Toyota, la radio de Greg dec�a reductos hippies de Georgetown estrictamente controlados trrr trrr. La calle M estaba cerrada. -Mi t�a est� en Costa Rica en un congreso de la OMS -dijo Greg-. Yo le riego las violetas. Vive en Bethesda. El Toyota se dirigi� al norte por el Chain Bridge y luego por la Seven Locks Road. -Oh, oh -gimi� RT-. Kitsch duro. Violetas africanas. Pasillos para respirar, uno por cada dos pisos. Los n�meros de las casas, de metal. Profanaci�n. -Palme� el hombro del extraterrestre-. Realmente no somos as�. No mires. Cuando irrumpieron en la sala de estr�pitos de la casa de la t�a de Greg hallaron las cortinas cerradas. Estaba agradable y en penumbra. -Hay incienso en alguna parte -dijo Greg. Les mostr� las violetas de su t�a junto a la ventana. Algunas ten�an un metro de altura, con hojas plumosas color gris. -No -dijo Barlow. Pero no objet� que pusiera Pink Floyd en el est�reo. Luego se sent� en el sof� de pared a pared y se despoj� de la camisa y las sandalias. Despu�s se quit� los t�janos. En la oscuridad parec�a corpulento, enorme, resplandeciente. Ummagumma, en el est�reo, daba el sonido adecuado. -Oh, midi�s. -RT emerg�a de su Trevira reforzado-. �Ten�is conciencia? -Filomena desprendi� su falda; todos descorr�an cremalleras, sal�an de sus ropas, se pelaban, y el extraterrestre disolvi� su traje Dubinsky excepto los botones, que cayeron sobre la moqueta. No ten�a ropa interior, y su soma era sorprendente. Se sentaron en c�rculo con Barlow; el extraterrestre rode� con sus brazos a Filomena y a Greg y las estrech�. Hubo un complicado intervalo hasta que sac� la cabeza. -Dos a la vez no es posible, supongo. -Verdaderamente no- dijo Barlow. El extraterrestre mir� de Filomena a Greg y de Greg a Filomena y luego su cuerpo sigui� el claro y sencillo imperativo de las piernas incitantes de Filomena. Por encima del hombro del extraterrestre pudieron ver que un ojo de Filomena parec�a muy asombrado y luego rodaba hacia arriba y se cerraba; se sent�a penetrada, envuelta, en completa empatia y amplificaci�n. RT contuvo la respiraci�n mientras los dos cuerpos ondulaban y se mec�an en la penumbra. M�s tarde, Filomena se arque� y se corri� dos veces, de forma concluyente. El extraterrestre sinti� que ella cambiaba a su alrededor; alz� la cabeza y retrocedi� sorprendido, horadando el aire con su soma incandescente. Era evidente lo que iba a ocurrir. Pero Greg se acurruc� de prisa en el regazo del extraterrestre y �l entr� en ella, en el coraz�n del sol. -S�, oh, s� -jade�. Y antes de que pudiera pensarlo, los sentimientos de Greg se enredaron en su red neural y su cuerpo empez� a integrarse con el de ella hasta que Greg maull� y rod� sobre �l abraz�ndolo estrechamente y luego ella termin� y �l qued� nuevamente solo, arrodillado sobre ella, sin hogar. Entonces RT apoy� la mano en la espalda del extraterrestre y se miraron mutuamente un momento y el extraterrestre puso su mano sobre RT y RT hizo lo mismo con el extraterrestre y resolvieron todo de esa manera. Barlow estaba sentado tranquilamente contra el sof� modular de la t�a de Greg, con el
  • 15. pelo de Filomena sobre sus tobillos. -T�calo-dijo Filomena al extraterrestre. El extraterrestre extendi� la mano con cierta timidez y Barlow la tom� y mantuvieron sus manos unidas un rato, mir�ndose en los ojos. -Dos puertas del sue�o -dijo el extraterrestre. -Una de asta, otra de marfil -dijo serenamente Barlow, y as� fue para ellos. Greg se puso de pie y puso el Quinteto para clarinete en Si menor de Brahms con Reginald Kell, que era muy adecuado. Luego todos se levantaron y llevaron al extraterrestre a la ducha de la t�a de Greg y bebieron un poco de root beer; RT se escandalizaba de las frases y leyendas de la cocina de la t�a de Greg, pero se pod�a ver que tambi�n �l era profundamente feliz. -Pureza virginal -dijo el extraterrestre, bebiendo root beer mientras o�a reti�ir en las ventanas de la t�a de Greg los motores diesel del Beltway-. La grandeza intacta de lo salvaje. -Lo dices como si fu�ramos bisontes -ri� Greg-. Palomas mensajeras de paso. -Algunas personas no escuchan con suficiente atenci�n -dijo Barlow. -�No vas a abrir tu equipaje? -dijo RT-. Oh, Gandalf. El d�a m�s grande de la Tierra. Lo estoy viviendo. El primer contacto extraterrestre. Yo. Vosotros tambi�n -a�adi�-. Nosotros. Los primeros. -La maravilla de este momento. -El extraterrestre suspir� dichosamente. -Vamos -dijo RT. Llev� a todos nuevamente abajo y se detuvo sobre la pila de botones- . Todas estas grandes cosas. -Realmente -dijo el extraterrestre-, yo ten�a mucha prisa. RT puso el objeto que parec�a una rejilla en manos del extraterrestre. Apenas lo toc�, emiti� un piip musical, y el tel�fono de la t�a de Greg respondi� arm�nicamente. -�Qu� significa eso? -pregunt� Filomena-. �M�s horas extra? -No, alguien me llama. -El extraterrestre movi� la cabeza y apret� una faceta de la rejilla trapez�ctica. Brot� una especie de chip. -La Central Gal�ctica -susurr� RT-. Ahora vas a informar, �verdad? Espera... -En realidad es un llamado local. -El extraterrestre mir� atentamente el objeto-. Cuarenta y dos norte, setenta y cinco oeste... -�No es eso la ciudad de Nueva York? -pregunt� Greg, que siempre sab�a d�nde estaban las cosas. -�Quieres decir que tambi�n hab�is aterrizado en Nueva York? -protest� RT-. Pero t� eres el primero, �no es verdad? �No es verdad? �Oh! -Se interrumpi� cuando el chip gir� y abri� una falla en el espacio; �sta floreci� y se convirti� en una lente redonda, vertical, como el parabrisas de un Bearcat Stutz de 1910. -Oooh, aaah -dijeron todos. -La tecnolog�a dura -suspir� RT, mirando por encima del hombro del extraterrestre-. Esto es la verdad. El extraterrestre toc� algo en la base de la pantalla, mientras el tel�fono de la t�a de Greg llamaba por simpat�a. La pantalla se volvi� opaca y mostr� en blanco y negro a Julia Child haciendo maldades a algunas cosas de comer en la WNET. -N�mero equivocado. -El sistema telef�nico de Nueva York es un desastre. -RT se inclin� un poco m�s para ver los dedos del extraterrestre. Esta vez la pantalla mostr� un primer plano irisado de algo grande, p�lido, parecido a un caracol. -Oh, Dios-murmur� Filomena. -�D�nde tiene la cabeza? -pregunt� Greg. La cosa de la pantalla emiti� sin esfuerzo un miembro y empez� a aplicar contra s� misma un instrumento cortante. A un lado pudieron ver una alfombrilla con la leyenda: �Manteca de cacahuete para Dios�.
  • 16. -��se no es un extraterrestre! -exclam� RT-. Es mi padre en White Plains, y se corta las u�as de los pies. Qu�talo, cambia, cambia. -Ser� mejor que te apartes un poco -dijo Filomerra-. Recoge tus vibraciones. Al pr�ximo intento la pantalla adopt� vivos colores: un escenario ejecutivo rojo cereza donde un hombre anciano apretaba con sus manos la rodilla en una butaca con pie de pl�stico transparente. Mir� y su cara se encendi� con sincera alegr�a del tipo David Frost. -�Frempl'vaxt? �Asimplaxco? -dijo. -Vingh. Perd�n -dijo con cierta vacilaci�n el extraterrestre de ellos-. Me parece que no. -Ah, perd�n. Cre� que era uno de mis clientes. A prop�sito: �es usted un anaerobio? -Bueno, a�n no he desempacado. -S�, s�, siempre es un problema. -El amable anciano uni� sus manos por detr�s del respaldo-. Espero que lo sea, me encantar�a llevarlo a pasear. �Creer� usted que faltan menos de veinte a�os para un cl�max ecol�gico en esta zona? -Puso alegremente su cabeza de lado-. Si no me obligara a ser cauteloso, yo dir�a diez a�os; algunos d�as casi no necesitamos filtros. Yo he elegido un sitio maravilloso en el �rea de m�xima conta- minaci�n. Hola. -Movi� la cabeza sin dejar de mirarlos-. �No habr� estado buscando algo usted mismo, espero? -Pues... no -dijo el extraterrestre de ellos. -Se ha convertido en un nativo -ri�, mientras se�alaba a los dem�s con el dedo. Pudieron ver que ten�a la boca muy abajo, donde habr�a debido estar el ment�n-. Tut-tut- tut. Una advertencia amistosa: tenemos una opci�n en firme sobre toda esta regi�n pasados esos veinte a�os. La regi�n -mir� su consola- norteamericana. La crema. A menos que sea usted acu�tico, por supuesto. -Golpete� sus dientes mientras sonre�a locamente-. As� que no le aconsejo hacer planes sobre el planeta, no, no. -Una de sus piernas pis� con fuerza, como la de un conejo-. Ha sido una alegr�a, una verdadera alegr�a. Ahora debo cortar; ya oigo a mis clientes. -Movi� un dedo y la pantalla qued� en blanco. Hubo un silencio en la sala de estr�pitos de la t�a de Greg. -Anaerobio significa que no necesita ox�geno -dijo lentamente Greg-. �Dentro de veinte a�os? -Estos son los malos, �no es as�? -pregunt� RT-. Has venido para luchar contra ellos y para ayudarnos, �verdad? -�Quer�a decir que va a comprar Norteam�rica? -pregunt� Filomena-. Pero nadie se la puede vender. -Nadie de aqu� -dijo Barlow. El extraterrestre lo mir� y volvi� a bajar la vista, sin tocar a nadie. -Nos ayudar�s a comprarla nuevamente -dijo RT, frunciendo el ce�o-. Cr�ditos gal�cticos. �Qu� debemos usar? Unidades universales de moneda. Especias raras que prolongan la vida. Tiempo. Tiempo-energ�a del planeta... La rejilla emiti� un nuevo piip. El extraterrestre suspir� y toc� la base de la pantalla, que se encendi� y mostr� una repelente cabeza verdosa acorazada, con ojos como panales. -Dios m�o, m�s... -murmur� RT. -Saludos en esta grexidad -dijo el monstruo-. Hemos escuchado por casualidad su comunicaci�n. Comprendo su sit�aci�n actual y espero no ofender sus valores vitales. -No es as�, por lo que s�. -S�lo deseo observar que tambi�n nosotros lamentar�amos toda reorganizaci�n aqu�. Nosotros somos una misi�n evang�lica registrada. -Sus ojos giraron-. Por esto mismo, nos preocupa la posible avalancha de desarrollo que propone el grupo anaerobio. Pensamos apoyar a la especie dominante. Ha hecho los progresos m�s alentadores, se�alando realmente un umbral evolucionario... Oh, gracias, Olaf. -Se interrumpi� para aceptar un trozo verde claro de algo que le ofrec�a un brazo negro articulado. Olaf, bulboso, negro, brillante, apareci� a la vista por un instante-. Bien, es lo �nico que quer�a
  • 17. decir. Con esto ser� suficiente, Olaf. -Acarici� la mand�bula de Olaf-. Nos pondremos en contacto cuando haya reunido su identidad. La pantalla qued� en blanco. -�Significa eso que piensa ayudarnos?. -estall� RT-. �D�nde est�? �Qu� m�s est� ocurriendo aqu�? -�Qu� era esa cosa negra?-pregunt� Filomena. -Me parece que era una hormiga -respondi� serenamente Greg-. Quiz�s Comonotus herculeanus. M�s o menos de un cent�metro de altura. Est�n convirtiendo a las hormigas. -Todos los aliados tienen importancia -dijo valerosamente RT, pero en tono poco convencido. La pureza de la situaci�n, la maravilla... Barlow se puso de pie y recogi� sus t�janos. -Ya es hora -dijo al extraterrestre-. Averig�emos qui�n eres en realidad. Todos se pusieron de pie. El extraterrestre pleg� la pantalla y la desliz� de vuelta en la rejilla. Parec�a muy infeliz. Filomena le toc� el brazo. -�Eso te va a cambiar? -Mientras recuerdo. Al principio -suspir� �l. Filomena se irgui� y lo bes� con gravedad. Tambi�n Greg lo bes�, y RT apret� su mano. -Deber�amos retroceder; puede haber un v�rtice energ�tico -dijo. Todos se apartaron y aguardaron con Barlow algo m�s lejos. El extraterrestre se qued� solo; los miraba. Luego alz� la rejilla trapez�ctica, sac� la lengua y la acerc� al objeto. No ocurri� nada. Ellos contuvieron la respiraci�n m�s de un minuto y el extraterrestre alej� la rejilla de su boca, sin dejar de mirarlos. Al comienzo pensaron que no hab�a cambiado. Luego vieron que su actitud era sutilmente diferente. Sus hombros estaban ca�dos. Tambi�n su boca se inclinaba hacia abajo, mientras sus ojos los espiaban. Gimi�. -�Qu� ocurre? �Qu� te ocurre? El extraterrestre gimi� de nuevo y trastabill� hacia ellos, con las manos tendidas. -Yo... Ochquop, no s� la palabra, necesito ayuda, dejad que os toque... Se apoder� de la mano de Barlow. -Estoy encinta -dijo, y apoy� la cabeza en el pecho de Barlow. -Oh, pobre... -Filomena y Greg le daban palmaditas en el hombro. -De todas las est�pidas irrelevancias burguesas... -dijo con furia RT. El extraterrestre se quej� otra vez; oyeron que la puerta del frente de la t�a de Greg se abr�a arriba. -�Hola, chicos! �Estoy de regreso! -�Hola, t�a Dorothy! -grit� Greg. Respir�-. Tus violetas est�n espl�ndidas, espero que el cuarto de ba�o no sea un desastre. Ven�amos del parque. �Qu� tal Costa Rica? -Estoy agotada -grit� a su vez su t�a-. No vayas al centro, hay un tumulto. Despu�s de gritar un poco m�s, todos estuvieron nuevamente en el Toyota. Greg ten�a los botones del extraterrestre en una Baggie y �l usaba los pantalones cortos de RT debajo del poncho de Filomena; mov�a la cabeza como si le doliera. -�Eres realmente una mujer, quiero decir, una hembra? -pregunt� Filomena. -Un crudo epifen�meno -murmuraba RT-. Huida de la censura social. Quiz�s busca a su padre. Tal vez, ni siquiera quer�as venir aqu�, a la Tierra. -No es cierto. Quer�a. -Las l�grimas brotaron de los ojos del extraterrestre. Las sec� con angustia. -�Adonde vamos? -dijo Barlow cuando Greg insert� su Toyota en la caravana vespertina del Beltway. -Creo que la semana pasada sacaron las cadenas del Turkey Run Park. -Deber�amos buscar algo de comer. Debes tener hambre, querido -dijo Filomena.
  • 18. El extraterrestre asinti� miserablemente. Segu�a mirando a Barlow; luego mir� a ambos lados los equipos de demolici�n de la General Motors y suspir�. -�Refugiados de una guerra interplanetaria? -gru�� RT-. Un futuro heredero de un imperio perdido. �Qu� enga�o! El Toyota sigui� la salida Dolly Madison y se dirigi� al McDonald's de McLean. -Traer� los Altos en Prote�nas -dijo Greg. -Y leche -pidi� Filomena. El extraterrestre puso el paquete en su regazo, con la rejilla encima; regresaron al Beltway y se dirigieron a la salida del Turkey Run. Las cadenas estaban en el suelo. Hab�a una furgoneta Volkswagen en el �rea de Aparcamiento A. -Bajemos a mirar el paisaje. -Empieza a hacer fr�o -dijo Filomena mientras descend�an con dificultad hacia el descuidado mirador sobre los restos del Potomac. Los musculosos tobillos del extraterrestre ten�an piel de gallina. -Tienes un aspecto bastante triste como madre soltera -dijo venenosamente RT-. �No puedes hacer nada para no sentir fr�o? -No s� si me he acordado de traerlo. -El extraterrestre manipul� la rejilla-, Ah, s�, est�. - Una suave ola de calor los envolvi�. El extraterrestre manipul� un poco m�s y se encon- traron hundidos hasta las rodillas en una invisible espuma el�stica. -�Oh! -Hasta RT se regocij�. Era una maravillosa sensaci�n la de sentarse en esa espuma invisible. -Ahora cu�ntanos todo -dijo Greg, distribuyendo la comida-. �Por qu� est�s tan triste? �La pre�ez es un crimen en tu hogar? �Est�s exiliado de tu planeta? -Planetas -dijo el extraterrestre, un poco apresuradamente, con la boca llena. Parec�a cada vez menos Dubinsky-. Pues no: en realidad es un honor. Yo fui -toc� el brazo de RT- elegido. Gan�. -Baj� su bocadillo Alto en Prote�nas y los mir� con ansiedad. -No puedo acostumbrarme a la idea de que seas mujer. -Filomena lo abraz�. -Yo... No... Oh, es todo tan complicado. -El extraterrestre se inclin� hacia Barlow y sus rasgos parecieron fundirse un poco-. Yo no ten�a idea de que esto era tan hermoso... Las dos clases y todos los... Todos vosotros. -Se ahog� y los palme� ciegamente a todos. -�Por qu�? �Por qu�, querido? Dinos. El extraterrestre se compuso. -Yo estaba desesperado. Quiero decir, cuando me eligieron. No hab�a mucho tiempo. Y decid� dar a mi... mi descendencia el mejor punto de partida posible. Donde yo crec�, y �ramos muy vrangh, sab�is, todo era horrible. Tan gastado. Yo quer�a darles el mejor comienzo que se pudiera. Algo que tuviera sentido. -Por supuesto. -Ellos comprendieron. -Un lugar nuevo, salvaje, pens�. Libre. Recorr� toda la gu�a. Mirad. -Apret� la rejilla y brot� un abanico de h�lices-. Oh, lo olvid�, no pod�is. Encontr� aqu� este sitio. Dice que s�lo tiene inter�s para los estudiantes. -�Estamos registrados ah�? -RT toc� las h�lices-. Eh, pica. Engramas telep�ticos - murmur�-. Un objeto K. -En realidad, no est� en un sitio privilegiado. Pante�n, �es �sa la palabra? Ellos planeaban usar este sistema como un sitio para arrojar, bueno, desechos. -Un basurero -dijo RT-. Es natural. -�Qu� clase de desechos? -pregunt� Greg. -Oh, basura espacial. Desperdicios. No s�. Pero lo imped�. Verdaderamente, soy de muy alto vrangh. -Los mir� con los ojos muy abiertos-. Ahora recuerdo, us� un snaggler. -�Qu�? -No importa -dijo Barlow-. Sigue. El extraterrestre mir� a Barlow y se fundi� un poco m�s. Ellos observaron que empezaba a parecerce a Barbra Streisand.
  • 19. -De modo que vine aqu� y todo ha sido espl�ndido. -Volvi� a sofocarse-. Tan hermoso. Todos los si. -Hip�: una especie de resplandor lo rode�-. Yo empezaba a pensar en vosotros como pnongl. Personas. Tenemos tanto en com�n. Oh, odio que sea aqu�. -Se frot� los ojos. -�Por qu� no aqu�? -dijo amablemente Filomena-. Nos encantar� ocuparnos de tu hijito. -Espera-dijo Barlow. -No es uno s�lo -dijo el extraterrestre. -�Cu�ntos? -Treinta... Quiero decir, treinta mil. Aproximadamente. -�Todos a la vez? El extraterrestre asinti�, apretando la mano de Filomena. Su pecho se hinchaba y se tornaba cremoso. -Bueno, son muchos -admiti� Greg-, �pero no podr�amos arreglarnos para cuidarlos, tal vez con ayuda de las Naciones Unidas...? -Especialmente si eres rica -dijo RT-. Realmente, no hay ning�n problema. Hmmm. Treinta mil ni�itos extraterrestres de elevado status. �Tratados comerciales? Intercambio cultural. La conquista del espacio. -No -exclam� el extraterrestre-. No puedo, no puedo. No despu�s de haber compartido... Oh, �qu� he hecho? -Escondi� su cara en el hombro de Filomena. -Esos ni�os-dijo lentamente Barlow-, �c�mo son? El extraterrestre alz� su cabeza y enfrent� la mirada de Barlow. El resplandor era muy perceptible ahora. -No es como aqu�. Quiero decir, la primera fase es casi energ�a pura. Simplemente comen y pelean; ni siquiera es posible verlos, y son terriblemente veloces. Destruyen todo. Por eso ahora utilizamos planetas especiales. Y enviamos soldados a buscar a los sobrevivientes. Quiero decir, despu�s de la tercera muda. Cuando empiezan a ser pnongl. No quedar�a nada. Los ojos del extraterrestre estaban llenos de l�grimas; su brillo aumentaba r�pidamente. -�Cu�ndo?-pregunt� Barlow. El o la extraterrestre ocult� su hermoso rostro entre sus manos. -Dentro de unos minutos. Apenas el soma desaparezca. Boquiabiertos, trataron de comprender. -�El destrozo empieza inmediatamente? -balbuce� RT-. Entonces, �c�mo...? Barlow se hab�a puesto de pie. La extraterrestre lo miraba de modo intenso y peculiar. De pronto todos comprendieron que algo irrealmente real ocurr�a entre ambos. -No, no -susurr� la extraterrestre, sosteniendo en alto la rejilla-. No puedes. -Puedo intentarlo -dijo Barlow. -De todos modos es demasiado tarde -dijo la extraterrestre-. Ya casi ha llegado el momento. Barlow apret� sus grandes manos. -�No puedes ir a ning�n otro lugar? -Ya he buscado en toda la galaxia -dijo suavemente la extraterrestre; ya no parec�a muy humana-. Oh, sois tan reales para m�, es terrible: se piensa que un lugar es simplemente salvaje, y est� poblado por gente con todos sus... -S� -dijo Barlow. -�Has buscado en la Nube Magall�nica? -pregunt� Greg. -�D�nde? -La extraterrestre toc� a Greg para comprender-. Es una gu�a diferente. �Lo hice? Es tan dif�cil pensar en este estado... -Ella o lo que fuera sac� otra h�lice de la rejilla y la recorri� con sus dedos brillantes. -No... Nada... Oh... Un momento... �Y esto? Tipo kveeth. Perfil de conjunto EMG. Post glacial, esc�nico, no afiliado. Etc�tera. Pero esc�nico... Eso est� muy bien...
  • 20. -Y los pobla... -empez� Filomena. -�Podr�s llegar a tiempo? -interrumpi� Barlow. -Da. Yes. II s'agit seulement de... -la extraterrestre tom� la mano de Barlow y logr� continuar-: Pagar por franquear las coordenadas y frinx el drevath. Oh, mi soma se disuelve... -Adi�s -dijo Barlow. Sin soltar a Barlow, la extraterrestre asinti� solemnemente. Luego marc� r�pidamente algo en la rejilla y la arroj� al suelo. -Transmisor de materia, simultaneidad en ambos extremos -murmur� autom�ticamente RT. -Jam�s olvidar� vuestra canci�n -dijo nost�lgicamente la extraterrestre. Filomena acarici� su hermosa melena. -Te extra�aremos. Bruscamente la rejilla chisporrote� y desapareci�, dejando en su lugar un microchip. RT lo recogi� y lo entreg� a la extraterrestre, que lo puso en su boca. Sus dientes parec�an muy activos. -�Estar�s bien? -pregunt� Greg-. �No necesitar�s un m�dico o alguna otra cosa? -No. -La forma de la extraterrestre empez� a ondular y a deshacerse como un reflejo en el agua; sintieron que se deslizaba de sus manos, pero todav�a estaba all�. -Ha sido tan threengl, tan plegih -les dijo. -Dinos el nombre de tu planeta -pidi� Greg. -Vuelve despu�s -grit� Filomena. -Yo vred... -Oye -exclam� RT-. �Y esas basuras...? El ser extraterrestre pas� estrobosc�picamente a un espectro discontinuo y el aire vac�o los sacudi�. -Prohibidos los cohetes -grit� alguien d�bilmente desde el parque de estacionamiento. Permanecieron en silencio en ese c�lido espacio, mirando el punto donde hab�a estado el extraterrestre. Del otro lado del r�o se encend�an las l�mparas de mercurio de Canal Road, y el cielo por encima de Washington ten�a el color de los tigres en fusi�n. Un avi�n descend�a lentamente, con sus luces cambiantes. -�Verdaderamente hubieras tratado de matarlo, Barlow? -pregunt� Greg. Barlow alz� un poco las manos y las baj� nuevamente. -Me pregunto cu�nto durar� esto. -RT hundi� el dedo en la muelle espuma invisible-. Habr�a que mostr�rselo a alguien. El Consejo Cient�fico Nacional. La C�A. -No se movi�. -Tengo una Baggie llena de botones-dijo Greg. -�C�mo puede ser que esos ni�os sean tan terribles? -Filomena lloraba silenciosamente-. �Qu� ocurrir� con la gente que habita en ese lugar donde va? Barlow suspir�. -Creo que nos ha dejado un poco de su telepat�a -dijo Filomena-. T�came para ver si sabes lo que pienso. Greg la toc� y un instante despu�s RT las toc� a las dos. �Volver� a ser asi de nuevo? Se sonaron las narices. Barlow se ech� atr�s c�modamente y mir� la brillante estela blanca del avi�n. -El mal y la verg�enza subsisten. -Cerr� los ojos-. Creo que volver� a Australia. LA LECHE DE PARA�SO
  • 21. En el cubo de las caricias, a horcajadas sobre el vientre de �l, ella flu�a caliente y desnuda y le ofrec�a sus tetas duras, peque�as. �l tuvo una convulsi�n y de pronto se encontr� vomitando en el desag�e. -�Timor! �Timor! No era su nombre. -Lo siento. -Devolvi� un poco m�s de U4-. Te lo advert�, Seoul. Ella se incorpor� all� donde �l la hab�a arrojado, absolutamente sorprendida. -�Eso significa que no me quieres? Pero si todos en esta estaci�n... -Lo lamento. Yo te lo hab�a dicho. -Empez� a meterse en su traje entero gris, de largas mangas, abullonadas en los codos-. No sirve. Nunca sirve de nada. -Pero t� eres Humano, Timor. Como yo. �No est�s contento de que te hayan rescatado? -Humano. -Escupi� en el desag�e-. Eso es lo �nico que te interesa. Ella estaba boquiabierta. �l estiraba hacia arriba los ce�idos pantalones, con tablas en la rodilla y el tobillo. -�Qu� te hac�an, Timor? -Seoul se mec�a hacia atr�s y hacia adelante sobre el trasero-. �De qu� manera te han amado que yo no pueda...? -gimi�. -Es por lo que son, Seoul -respondi� �l pacientemente, mientras arreglaba los pu�os gris claro. -�Eran as�? �Grises y brillantes? �Por eso usas...? Se volvi� hacia ella: un chico bajo, vestido de gris, con ojos ardientes en el rostro sereno. -Uso esto para ocultar mi horrible cuerpo Humano -dijo con dureza-. Para no enfermarme. Comparado con ellos yo era un... un Crot. Como t�. -Ohhh... La cara de �l se suaviz�. -Si los hubieras visto, Seoul. Altos como el humo y siempre con m�sica, con... algo que no puedes imaginar. Nosotros no tenemos... -Dej� de tironear de sus guantes grises; se estremeci�-. M�s hermosos que todos los hijos de los hombres -dijo dolorosamente. Ella se abraz� a s� misma, entornando los ojos. -Pero est�n muertos, Timor. Muertos. Me lo has dicho. El se endureci�, se apart� de ella, con una mano en su zapato gris. -�C�mo pod�an ser mejores que los Humanos? -insisti� ella-. Todo el mundo sabe que s�lo hay Humanos y Crots. Yo no creo que eso fuera tu Para�so, creo que... �l hizo girar la cerradura de intimidad. -�Timor, espera! �Timor? El sonido que no era su nombre lo sigui� por los brillantes corredores; los pies lo transportaban ciegamente por la seca dureza, luchando por respirar regularmente y por controlar el pu�o que lo agitaba desde adentro. Cuando se contuvo vio que estaba en una parte de la estaci�n que a�n no conoc�a. Pero eran todas iguales, como el hospital y Entrenamundo. Prismas apergaminados. Una anciana Crot-ella se acerc� sonriendo de modo vac�o y arrastrando la piel. A �l se le revolvi� nuevamente el est�mago al ver la roja huella que dejaba. Los Crots locales eran de alto grado, equivalentes a subnormales Humanos. Caricaturas. Subhumanos. �Por qu� los dejaban en las estaciones? Un zumbido le advirti� del equipo de aire que hab�a frente a �l; se desvi� y pas� ante un anuncio con luces de destello: S�LO HUMANOS. M�s all� estaba el sal�n de juegos donde hab�a conocido a Seoul. Lo encontr� vac�o, atiborrado de juegos rudimentarios y gargantas mec�nicas. Eso que los se�ores de la galaxia llamaban m�sica. Tan engre�dos de su fealdad. Pas� junto al bar de U4, hizo una mueca, y oy� el chapoteo del agua. Lo atrajo vivamente. En Para�so hab�a habido agua, un agua que... Se acerc� a la piscina de la estaci�n.
  • 22. Dos cabezas emergieron del agua, sacudiendo el pelo negro. -Hola, el nuevo. Mir� la humedad, la carne oliva del muchacho. -�Fluye! Ven, nuevo. Por un momento vacil�, un extranjero vestido de gris. Luego su cuerpo se irgui� y volvi� a desnudarse, mostrando el odiado color rosado. -Hola, �fluye de veras! El agua estaba clara y equivocada, pero se sinti� mejor. -Ottowa -le dijo un chico. -Hull. -Eran gemelos. -Timor -minti�, girando, resbalando en el l�quido. Quer�a... Quer�a... Manos color oliva en sus piernas, entre las burbujas. -�Te gusta? -En el agua -dijo oscuramente. Ellos rieron. -�Eres un sub? �Ven! �l enrojeci�, vio que era una broma y los sigui�. El cubo de la piscina estaba sombreado y h�medo y casi agradable. Pero la carne de ellos se tornaba caliente y aceitosa y �l no pod�a hacer lo que ellos quer�an. -No fluye hacia ninguna parte -dijo el llamado Ottowa. -No vais a... -Ellos estaban atareados cada uno con el otro. Dolorido, sin secarse, les dijo furiosamente-: �Humanos! �Humanos feos y de cabeza hueca! No sab�is qu� es fluir. Entonces lo miraron, demasiado asombrados para enojarse. -�De d�nde eres, nuevo? -pregunt� Ottowa. No serv�a de nada, no habr�a debido. -De Para�so -dijo fatigadamente, poni�ndose sus sedas grises. Ellos se miraron. -Ese planeta no existe. -Existe-dijo-. Existe. Exist�a. -Y sali�, mirando hacia otro lado, a las brillantes extensiones vac�as. Aquietaba su rostro enderezaba el breve �rbol de su columna vertebral. �Cu�ndo estar�a en el espacio, cu�ndo se le permitir�a hacer sencillamente su trabajo? Las insensatas inmensidades, las estrellas vac�as. Mejor. Dibuja tres veces un circulo a su alrededor y cierra tus ojos con sagrado temor, porque �l se ha alimentado de mel�n y ha bebido... Una mano cay� desde atr�s sobre su hombro. -As� que eres el jovencilo Crot. La vieja furia lo azot�. Con los pu�os listos, levant� la mirada. Al sue�o. Boquiabierto de incredulidad, vio que la delgada cara morena era Humana. Un Humano, y no mucho mayor que �l. Pero leve como una nube, gracioso como un fantasma, como... -Soy Santiago. Hay trabajo que hacer. Sigueme, Crotty. La vieja costumbre cerr� sus pu�os; autom�ticamente su garganta dijo: -Mi-nombre-es-Timor. El de rostro oscuro gir� levemente; el golpe cay� de plano sobre su hombro. Una desde�osa sonrisa de dios. -Pax, pax. -Oscura voz de terciopelo-. Timor, hijo del gran explorador fallecido Timor. Los cumplidos de mi padre: ahora, �quieres poner tu trasero en la nave de reconocimiento que he sacado? El Sector D lo necesita y nos faltan manos. Tus antecedentes dicen que sirves. Santiago. Su padre deb�a ser el jefe de estaci�n corpulento y oscuro que lo hab�a recibido ayer. C�mo pod�a ese... -Certificado de aprendizaje -dijo su voz. Santiago asinti� y sali� con �l sin mirar atr�s para ver si Timor lo segu�a.
  • 23. El veh�culo era flamante y del mismo modelo en que Timor hab�a aprendido. Autom�ticamente desarroll� la rutina de transyecci�n fuera del sistema, repitiendo los controles como un loro, sin atreverse a mirar de frente la alta figura de la consola. Cuando estuvieron preparados para el primer tr�nsito, Santiago se volvi� hacia �l. -�Todav�a simulas? Timor apart� su mirada de los oscuros imanes. -Seoul me cont� un poco. Para m� no hay confusi�n posible: obviamente un Crol no puede engendrar un hombre. -... -Mi padre me ha fastidiado demasiado tiempo. El hijo de su querido compa�ero de exploraci�n, Timor, salvado de los extraterrestres. Tu padre y el m�o sal�an juntos al espacio: lo escuchar�s todo cuando volvamos. El piensa que eres el Explorador Timor reencarnado. Mi padre pidi� por ti, �sabes? -S�. -Timor se puso de pie. Los ojos lo estudiaron. -Me alegro de que lo haya hecho. Tus antecedentes son un poco raros. -�Qu� quieres decir? -Todo ese expediente de psiconsejo. Supongo que han tenido que reconstruirte completamente. �Qu� edad ten�as cuando te encontraron? -Diez -dijo Timor, ausente-. �Por qu� has examinado mis...? -No simules m�s. El hombre que sale al espacio quiere saber qui�n lo acompa�a, �no es justo?... Diez a�os con... Est� bien, no lo dir�. Pero si no eran Crots, �qu� eran? A los �nicos que conocemos es a los Crots. Timor respir� hondo. Si de alguna manera pudiera excitar la comprensi�n sin palabras... Pero estaba tan cansado. -No eran Crots -dijo a la delgada cara color de humo-. Comparados con ellos... -Se apart�. -No quieres hablar. -No. -Es una pena -dijo con ligereza Santiago-. No nos vendr�a mal una s�per raza. En silencio se ocuparon del tr�nsito, establecieron los principales par�metros de su trayectoria y los controles secundarios. Luego Santiago se desperez� y se dirigi� a los armarios. -Ahora podr�amos descansar y comer, el pr�ximo tr�nsito ser� dentro de una hora. Y entonces habr� tiempo para dormir. -Con una extra�a y arcaica ceremoniosidad abri� la comida. Timor advirti� que estaba hambriento. Y m�s alla de sus visceras, la pu�alada de un hambre m�s profunda. Parec�a bien comer as� con otro Humano, �ntimamente, en el espacio abismal. Antes siempre hab�a sido el disc�pulo al que se controla. Ahora... Se endureci�, reuni� todo su desd�n. -�U4? -No. -Entonces prueba esto. Es lo mejor de la estaci�n. No debes de haber descansado mucho desde que llegaste de Entrenamundo. Era verdad. Timor tom� el bulbo que le ofrec�an. -�D�nde est� el Sector D? -En direcci�n de Deneb. Seis tr�nsitos. Abrir�n tres nuevos sistemas y estamos tratando de que todos reciban abastecimientos. Entonces hablaron un poco acerca de la estaci�n y de la extra�a vida encapsulada de Entrenamundo. A pesar de si mismo, Timor sent�a que sus nudos se deshelaban peligrosamente. -�M�sica?
  • 24. Santiago sorprendi� su inadvertido parpadeo. -�Te molesta? Tus extraterrestres ten�an mejor m�sica, �verdad? Timor asinti�. -�Hab�a ciudades? -Oh, s�. -�Verdaderas ciudades? �Como Mescalon? -M�s hermosas. Diferentes. Con muchas melod�as -dijo dolorido. El rostro oscuro lo miraba. -�D�nde est�n ahora? -En Para�so. -Timor sacudi� la cabeza con cansancio-. Quiero decir, el planeta se llamaba Para�so. Pero todos han muerto. Los exploradores me dijeron que sufr�an una enfermedad. -Es lamentable. Hubo una pausa. Luego Santiago dijo, como si divagara: -Hay una espiral de planetas que se llaman Para�so algo o Para�so de alguien. �No sabes las coordenadas por casualidad? En la cabeza de Timor son� la alarma. -�No! -Te las dir�an... -No, no. Las he olvidado. Ellos nunca... -Quiz� podr�amos drogarte -dijo Santiago, sonriendo. -�No! El esfuerzo lo arranc� de su soporte. Mientras se sosten�a torpemente, advirti� que la cabina parec�a muy peque�a y estaba llena de curiosos halos. -Hab�a ciudades, has dicho. Hablame de ellas. �l quer�a decir que dejaran de hablar, que era hora del tr�nsito. Pero se encontr� hablando de las ciudades con el oscuro fantasma. Las ciudades de su mundo perdido, de Para�so... -Luz de oscuro color rub�. Y m�sica. La m�sica de muchos, y el barro... -�El barro? Su coraz�n corr�a, saltaba. Mir� en silencio al �ngel fantasma. -Sigue -dijo severamente el �ngel. Timor comprendi� s�bitamente. -Me has drogado. Los finos labios de Santiago temblaron. -La gente. �Has dicho que eran hermosos? -M�s hermosos que todos los hijos de los hombres -dijo Timor sin poder evitarlo; sus palabras rezumaban. -�Flu�an? -Flu�an. -Timor sacud�a la cabeza, torturado-. M�s que cualquier Humano. M�s que t�. Me amaban -gimi�, tendiendo los brazos hacia los fantasmas-. T� te pareces un poco a ellos. �Porqu�...? Parec�a que Santiago hac�a algo en la consola. -�Me parezco? -De los dientes blancos surg�a un halo. -No -respondi� Timor. De pronto estaba muy fr�o-. T� eres meramente Humano. Es que no eres rosado, y eres alto. Pero s�lo un Humano. Para ellos, los Humanos son Crots. -�Los Humanos son Crots? -El rostro de cuchillo, negro azulado, cern�ase letal sobre �l-. Te empe�as en ello, nuevo. �As� que tus extraterrestres son algo mejor que los Humanos? �Los meros Humanos te hacen vomitar? Eso te convierte en algo muy, muy especial. Y es muy pr�ctico que todos hayan muerto y nadie los haya visto. �Sabes una cosa, Timor, hijo del Crot Timor? Creo que mientes. Sabes d�nde es. -No.
  • 25. -�D�nde? Timor se oy� gritar; la m�scara de �bano cambi�. -Est� bien, no finjas. He visto lo bastante de tus antecedentes para saber en qu� sector te recogieron. No es demasiado lejos de nuestro rumbo. T� has dicho que la primaria era de color rojo oscuro, �verdad? El ordenador la encontrar�: no puede haber muchas enanas de clase M por aqu�. Se apart�. Timor intent� detenerlo, pero sus manos, afectadas por la droga, s�lo tocaron el casco. -No miento, no miento... El ordenador dec�a en tono monocorde: -Primarias Beta clase M Sector Dos cero punto zeta punto delta soluci�n uno cuatro repito uno cuatro. -Ah -dijo Santiago-. Catorce es demasiado. -Frunci� el ce�o; Timor estaba tranquilo. -Debe haber algo que sepas. Alg�n criterio. Quiero encontrar ese Para�so. -Est�n todos muertos -susurr� Timor. -Quiz�s -dijo Santiago-. Quiz� no. Y quiz� mientes, o quiz� no. De todos modos quiero verlo. Si las ciudades est�n all�, habr� algo que podamos usar. O te dejar� all� para siempre. �Para qu� crees que vienes, nuevo? Alguien est� ocultando algo y yo voy a descubrirlo. -No puedes encontrarlos. No permitir� que les hagas da�o. -Timor oy� que la voz se abr�a paso a trav�s de capas de irrealidad. Pod�a ver que las luces de la cabina arrojaban reflejos violeta sobre la frente de Santiago. Unas estrellas negras, de bordes dorados, lo pinchaban. El rostro de un sue�o. -Yo no les har�a da�o. -La voz era nuevamente aterciopelada-. �Por qu� har�a da�o a Para�so? Quiero verlos. Quiero ver las ciudades. Podr�amos verlas juntos. Me las mostrar�as. -El sue�o crec�a y se acercaba. Calidez. Fusi�n-. Me las mostrar�as quieres volver a Para�so. La mirada de Timor se desenfocaba. -Quiz�s alguno de ellos est� vivo todav�a. Quiz�s podamos ayudarles. Sus profundidades se sacud�an; ardientes manantiales afloraban. -Santiago... -Sus manos amasaban ricamente la excitaci�n. Si no fuera todo tan seco, tan brillante... Las luces bajaron hasta un fulgor azul. -S� -dijo Santiago. Su t�nica se abr�a y ca�a; su carne oscura resplandec�a-. Querr�a compartir esa belleza, debes de sentirte muy solo. Los labios de Timor se movieron, sin palabras. -Dime c�mo era... esa luz... No, no, no, no, no, no... Su boca era un fuego, hasta sus pulmones estaban resecos. En alguna parte la voz parloteaba y callaba. Sus ojos ten�an costras. -No, no -grazn�; en su boca hab�a algo de pl�stico. -Chupa, est�pido. Brot� el l�quido. Lo trag� �vidamente y la azulada oscuridad se puso en foco. -Eso se pasa. Estar�s perfectamente cuando lleguemos a Para�so. -�No! -Timor se enderez�, tratando de aferrar la alta forma que se alejaba. Ahora recordaba todo, la droga y Santiago. Lo hab�an drogado. Eso que no deb�a ocurrir nunca. Pero Santiago le sonre�a. -Oh, s�, peque�o Timor o comoquiera que te llames. T� mismo lo has dicho. Per�odos sin sol. Una binaria, �lo sab�as? Un sistema oscuro. Y ese conjunto que t� llamabas
  • 26. Huevas de Pescado. El ordenador lo descubri�. -�Lo has encontrado? �Has encontrado Para�so? -Estamos a un tr�nsito de distancia. Una fr�a explosi�n en su interior, una fuente de luz insoportable. Santiago lo hab�a drogado y hab�a hallado Para�so. No pod�a creerlo. Lentamente se ech� atr�s, bebi� algo m�s, mirando so�oliento a Santiago. Ahora cre�a. Recorrer�an las calles de Para�so. Su orgulloso Humano ver�a. Una se�al centelle�. Santiago volvi� la mirada. -Se�al previa de llamada. Pero no pueden saber que hemos cambiado el rumbo. -Se encogi� de hombros-. Ya veremos cuando el mensaje se aclare. No volver�. -Santiago. -Timor sonri�-. Hemos fluido. Jam�s se lo he dicho antes a un Humano. Pero las estrellas negras no se acercaron. -Tal vez. Me lo pregunto. Has dicho muchas cosas. Si tu Para�so resulta un mundo Crot... -Las ventanas de la nariz de Santiago se afinaron-. Un cambio de los Crots en Humanos... -Ya ver�s. Ya ver�s. -Puede ser. -Son� la se�al del tr�nsito, y de pronto la cabeza de Timor se aclar�. -Pero est�n muertos -exclam�-. No quiero verlos, Santiago. Muertos no. �No nos lleves all�! Santiago lo ignor� y continu� ocup�ndose del rumbo. Timor se acerc�, tirone� de sus brazos y recibi� un golpe que lo envi� contra un soporte. -�Qu� te preocupa? �Por qu� est�s tan seguro de que todos han muerto? La boca de Timor se abri�, se cerr�. �Por qu� estaba tan seguro? En su cerebro parec�a disolverse una armadura. �Qui�n le hab�a dicho eso? �l era tan joven... �Pod�a ser un error? �Una mentira? -Y si no es as� -Santiago recorri� la cabina con la vista-, �ser�n amistosos? -�Amistosos? -Una temerosa alegr�a brotaba en Timor, peligrosa, incontenible. Vivos. �Era posible? -Oh, s�. -Aunque quiz�s, despu�s de esa enfermedad... -insisti� Santiago. Inici� el control-. Aseg�rate de que nuestro Ambax funciona. Timor apenas lo escuch�. Cumpli� la rutina como un zombie. Por fin Santiago lo hizo a un lado. -Ve a lavarte. Por si encontramos a tus amigos. Parec�a flotar a menos de la gravedad nominal del veh�culo de reconocimiento, arrastrado por olas alternadas de alegr�a y temor. Se concentr� en la imagen de s� mismo y de Santiago entrando en las ciudades vac�as. Sin m�sica, pero las espiras, la luz... Su amargo amante ver�a c�mo hab�a fluido ese mundo. Frenaban para entrar en el sistema. A su lado una sombr�a estrella creci�, se eclips�, reapareci�. -�se. El tercero. Las redes gravitacionales entraron en acci�n. Timor vio un gran conjunto estelar que giraba en la pantalla. -�Las Huevas de Pescado! Para�so. Iban a aterrizar en Para�so. -�D�nde est�n las ciudades? -Debajo de las nubes. -Nueve d�cimos de oc�ano. No veo caminos. Ni campos. -Es as�. No las necesitan. Los espacios abiertos son... eran para el juego o la danza en el agua. -Una abertura. Aterrizar� junto al mar. Mientras reduc�a la velocidad, la impresora de se�ales se puso en marcha. Santiago la hizo a un lado. Las nubes los rodearon in crescendo, luego se tornaron tenues. Entonces
  • 27. las redes se apoderaron de ellos y los depositaron en una luz de oscuro color rub�. Ante ellos, la pantalla mostraba una lechosa suavidad: el mar. Una costa regular, y m�s all�, unos bosques bajos. Y una larga l�nea almenada que toc� el coraz�n de Timor. Esto no era real. Esto era real. Santiago frunc�a el ce�o ante el mensaje recibido. -Han perdido la cabeza. �Que volvamos por motivos m�dicos? Timor apenas lo oy�. La puerta giratoria era un v�rtice que lo atra�a a la hermosa penumbra, a esa luz resplandeciente de rub�. Real. -Tu momento de la verdad, nuevo. La puerta se abri� y salieron a Para�so. Una saludable humedad penetr� en los pulmones de Timor. -Ug, que humedad. �Est�s seguro de que esto es respirable? -Ven. La ciudad. -�D�nde est�n tus espiras? El ocaso, el suelo cubierto de dulzura, lamido por el mar tranquilo y somero. Con impaciencia tirone� del brazo de Santiago, sinti� que �l trastabillaba. -�D�nde est� la ciudad? -Ven. -En la penumbra, chapotearon a trav�s de un bosquecillo de �rboles blandos y bajos cargados de frutas, junto a la curva de un mar que s�lo llegaba a la altura de los tobillos. -�Se supone que eso es una ciudad? Timor mir� las bajas murallas almenadas que s�lo el poniente iluminaba. Parec�an m�s bajas de lo que recordaba; m�s bajas, pero entonces �l s�lo era un ni�o. -Est�n abandonadas. Desmoronadas. -Barro. �Qu� es eso? Unas peque�as cosas grises avanzaban agazapadas hacia ellos, fuera de las murallas; se deten�an para mirar. -�sos -dijo Timor- deben ser los criados. Los obreros. Parece que no han muerto. -A su lado, los Crots son Humanos. -No, no. -Y aqu�llas no son sino chozas de barro. -No -repiti� Timor. Avanz�, empujando a su amigo que no quer�a ver-. Solamente se han deteriorado. -�En siete a�os? Una suave m�sica lleg� a o�dos de Timor. Tres de los seres agazapados se acercaban. Los tres de un color gris de paloma, como �l mismo; pero era piel, y no seda, lo que se ensanchaba en codos y rodillas. Anchos pies grises, y entre ellos, bajo los pliegues del vientre, los gigantescos genitales de dos de ellos que dejaban un triple surco en el barro blando. El tercero ten�a una hilera central de grandes ubres. De las aberturas de sus rostros negro azulados surg�an suaves sonidos burbujeantes. Oscuras gemas, incrustadas de oro como los ojos tristes de los sapos, encontraron su mirada. El mundo se disolv�a en la transparencia. La m�sica... Un terrible clamor estall�. Timor gir�. El extra�o, a su lado, re�a. Dientes crueles que ladraban. -Muy bien, mi amigo Crot. As� que �ste es tu Para�so. -Santiago gritaba y re�a-. Ni siquiera Crots. Subcrots. Habla con tus amigos, Crot -dijo-. Responde. Pero Timor no comprend�a. Algo sal�a de �l; una cosa muy cuidadosamente construida y que casi lo hab�a matado se disolv�a. �Es absolutamente necesario que este ni�o sea reacondicionado por completo -dijo en la voz de un extra�o-. Es el hijo del explorador Timor.� Pero sus palabras ya nada significaban para �l, porque hab�a o�do su nombre entre la m�sica. Su verdadero nombre, el nombre de su infancia, entre las suaves manos y cuerpos grises de su primer mundo. Los cuerpos que le hab�an ense�ado el amor en el barro, el fresco barro.
  • 28. La cosa que estaba a su lado profer�a sonidos dolorosos. -�Quer�as la belleza! -Timor grit� sus �ltimas palabras Humanas. Y de pronto estaban en el suelo, luchando y rodando en el barro blando, los cuerpos grises a su lado. Hasta que vio que ya no hab�a lucha sino amor, amor como el de siempre, su fluir verdadero, mientras las voces crec�an y la cosa embarrada debajo de �l que estaba muerta o agonizante resbalaba en la confusi�n gris, en la m�sica de muchos que flu�an juntos en Para�so a la oscura luz de rub�. Y HE LLEGADO A ESTE LUGAR POR CAMINOS ERRADOS Era tan hermoso. El est�mago demasiado musculado de Evan se contrajo cuando lleg� al sal�n principal y los vio alrededor de la gran ventanilla panor�mica. Olvid� su monta�a y hasta su horrible chaqueta y mir� como un profano a los Cient�ficos vestidos de blanco en el privilegiado santuario de su nave. Todav�a no lo pod�a creer. Una Nave Estelar de Investigaci�n, se dijo maravillado. Una misi�n cient�fica estelar, y yo pertenezco a ella. Salvado de la s�rdida vida de un T�cnico, he recibido el don de ser un Cient�fico y de buscar el conocimiento en las estrellas... -�Qu� tomar�, Evan? El joven doctor Sunny Isham estaba en el bar. Evan murmur� palabras corteses y acept� una copa. Sunny era el otro Cient�fico j�nior y, en teor�a, el igual de Evan. Pero sus padres eran renombrados Jefes de Investigaci�n y la tela de su sencilla bata blanca de laboratorio proven�a de sabe dios d�nde en el otro extremo de la galaxia. Evan cerr� sobre su espantosa ropa su propia y basta bata blanca y se dirigi� hacia el grupo que rodeaba la ventanilla. �Por qu� hab�a malgastado sus cr�ditos para ropa en brocado de Aldebar�n si todos los Cient�ficos Estelares ven�an de Aldebtech? M�s le hubiera valido seguir siendo Evan Dilwin, un licenciado del mediocre Galtech y para peor un antropsico. Para su alivio, los dem�s lo ignoraron. Evan borde� el silencio alrededor de la delgada torre del Jefe de misi�n y encontr� un nicho detr�s de una gorguera almidonada que pertenec�a al Delegado, el doctor Pontreve. Pontreve murmuraba algo al Jefe de Astrof�sica. M�s atr�s hab�a una rubia deslumbrante: la peque�a ciberdoctora Ava Ling. La muchacha bromeaba con su colega de Sirio. Evan les oy� re�r, pregunt�ndose por qu� el escamoso hocico azul del siriano parec�a menos fuera de lugar all� que su propia cara ancha. Luego mir� por la ventanilla y su est�mago se contrajo de otra manera. En el extremo opuesto de la bah�a una vasta presencia ascend�a entre las nubes del crep�sculo. El Clivorn, con sus m�ltiples estribaciones, jugueteaba con sus sempiternos velos de nube, ignorante de la nave extra�a que ten�a a sus pies. An'druinn, la Monta�a de la Partida; as� la llamaban los nativos. Por qu� �de la Partida�, se pregunt� Evan por cent�sima vez, mientras sus ojos buscaban la cosa que hab�a cre�do vislumbrar. Era in�til, las nubes la cubr�an. Y las inspecciones de rutina no pod�an... El Delegado hab�a dicho algo importante. -La nave est� siempre lista para el vuelo -dijo la voz del capit�n desde el bar-. �Qu� dice el Jefe? La sofocada exclamaci�n de Evan pas� inadvertida; todos dirig�an su atenci�n al Jefe de Investigaci�n. Durante un instante, el sabio guard� silencio, mientras el humo de su puro sal�a de las oscuras ventanas de su nariz. Evan lo mir� con los ojos encapuchados, deseando que dijera que no. Luego el humo tembl� apenas: respuesta afirmativa. -Pasado ma�ana, entonces. -El capit�n dio una palmada en la barra.
  • 29. �Se ir�an sin mirar! Y ninguna otra nave volver�a a inspeccionar jam�s este sector. La boca de Evan se abri�, pero antes de que pudiera reunir valor Sunny Isham recordaba directamente al Delegado la enzima que su biosonda hab�a encontrado. -Oh, Sonny, �puedo tocarte?-dijo burlonamente Ava Ling. Y luego una mirada del Jefe hizo que todo el mundo se moviera hacia el comedor, dejando a Evan solo junto a la ventanilla. Procesar�an la enzima de Sunny. Y deb�an hacerlo, se dijo con firmeza Evan. Era el unico hallazgo v�lido que hab�an logrado las computadoras en este planeta. En tanto que su monta�a... Se volvi� ansiosamente hacia el Clivorn que ahora se hund�a detr�s de la bruma dorada, del otro lado de la bah�a. Si pudiera ver, ir all�, tocar con sus manos... Reprimi� esa expresi�n anticient�fica. El ordenador ha liberado al cerebro humano, se repiti� con energ�a. �Era digno de ser un cient�fico? Con el cuello ardiendo, se apart� de la ventanilla y sigui� apresuradamente a sus superiores. La cena fue otro episodio m�gico. El �nimo de Evan se suaviz� entre el brillo del ambiente y la graciosa conversaci�n trivial. El milagro de que estuviera all�. Sab�a cu�l era ese milagro: su anciano t�o de Galcentral hab�a luchado por una oportunidad para su sobrino. Y el anciano hab�a vencido. Cuando enferm� el antropsico de esa nave, en primer t�rmino estaba el nombre de Evan Dilwyn. Y ahora se encontraba entre los Cien- t�ficos Estelares, a�adiendo su contribuci�n a la tarea m�s noble del hombre. All� s�lo contaban los m�ritos; los m�ritos, la honestidad y la devoci�n a las finalidades de la investigaci�n. La mirada de Ava Ling lo arranc� de sus sue�os. El capit�n narraba una an�cdota del predecesor de Evan, el antropsico Foster. -Y martilleaba la puerta con esas desventuradas mujeres-salamandra colgadas de �l por todas partes -re�a el capit�n-. Aparentemente, las madres pensaban que hab�a comprado a las chicas junto con sus cajas. Cuando no las quiso traer, casi lo destrozaron. Ten�a las ropas desgarradas y cubiertas de barro. -Sus ojos azules miraron r�pidamente a Evan-. �Qu� trabajo fue la decon! Evan se sonroj�. El capit�n le recordaba las numerosas decontaminaciones que hab�a necesitado despu�s de cada salida al exterior. Cada decon se cargaba a su cuenta personal, por supuesto, pero era un fastidio. Y se consideraba indecoroso. Los dem�s no sal�an jam�s; recog�an muestras por medio de sondas y robots o, muy raramente, viajando en una burbuja sellada. Pero Evan no pod�a obtener as� los datos que necesitaba acerca de las culturas locales. Los nativos no interactuaban con su robot. Deb�a desarrollar alguna t�cnica antes de gastar todos sus fondos. -Oh, son hermosas. -Ava Ling miraba los tres ata�des de cristal de luz que adornaban la pared de los trofeos. �sas eran las �cajas� que Foster hab�a quitado al pueblo de las salamandras. Evan frunci� el ce�o, tratando de recordar el pasaje del informe de Foster. -Cajas de almas -se oy� decir-. Las cajas en que guardaban sus almas. Si las perd�an, mor�an. Por eso luchaban. Pero, �c�mo...? -su voz se perdi�. -Ahora no tienen almas -dijo frivolamente el doctor Pontreve-. Pero �qu� os parece este vino? �Tiene o no car�cter? Cuando finalmente pasaron a la sala de juegos le correspondi� a Evan oscurecer las luces y activar los servobots. Apart� la vista de las ventanillas por donde se ve�a al Clivorn meditando entre las nubes, y se acerc� a las risas y destellos que brotaban de la sala de juegos. Estaban en los mandos de un juego infantil de l�ser llamado Sigma. -�Vamos? -jade� alegremente la peque�a Ava Ling, por un instante fuera del juego. Evan sorprendi� su olor: estaba excitada. -No s� -sonri� �l. Pero ella ya se alejaba. �l continu� andando, mientras se reprochaba sus primitivos reflejos olfatorios, y atraves� la puerta del sector de mando de los laboratorios. Los sonidos se desvanecieron, como si hubieran concluido. El pasillo, austeramente silencioso, resplandec�a. Estaba
  • 30. ahora entre los laboratorios de mayor prestigio, los templos de las ciencias f�sicas. A su lado estaba la habitaci�n, permanentemente iluminada, donde se guardaba el sagrado registro de las instrucciones de la misi�n, con su sello de helio. Como siempre, le ard�a levemente el cuello. A los laboratorios aflu�an todos los datos recogidos por los sensores, las sondas, los robots recolectores, los bioanalizadores y cibersondas, para que la capacidad de los Cient�ficos les diera la forma adecuada a las instrucciones de la misi�n y los introdujera por fin en el Sancta Sanctorum, la computadora principal de a bordo, a la que ahora se aproximaba. Desde all� se transmit�an autom�ticamente los preciosos datos a la Computadora de la Humanidad en Galcentral. Junto a la entrada de la consola hab�a un centinela destinado a impedir el uso no autorizado. Evan, mientras pasaba, tenso, ante la mirada impasible del hombre, trat� de asumir una actitud m�s propia de un Cient�fico. Se sent�a interiormente como un impostor; lo justo ser�a que lo devolvieran al gris de los T�cnicos, a una vida an�nima. �Lo sab�a tambi�n el centinela? Con alivio entr� en el sector del personal y se dirigi� a su peque�o cub�culo. Su consola estaba vac�a. Su asistente hab�a ordenado su poco profesional mara�a de cintas y -embarazosa debilidad- notas manuscritas. Evan trat� de sentirse agradecido. No era cient�fico demorarse con hallazgos en bruto; hab�a que incluirlos de inmediato en el programa adecuado. El ordenador ha liberado al cerebro humano, se dijo, sosteni�ndose de un soporte para cintas de v�deo. De la parte posterior del soporte cay� un grueso archivador. Ese est�pido asunto que hab�a intentado: relacionar la rigidez social de una cultura con su inter�s por la nueva informaci�n, representada por �l mismo y su robot especial. Los resultados parec�an significativos, pero no dispon�a de categor�as de computadora que pudiera programar. Un antropsico s�lo pod�a recurrir a veintis�is tipos de programa... Sunny Isham dispon�a de m�s de quinientas para su materia, la biolog�a molecular. Pero as� ocurr�a con las ciencias f�sicas, como Evan se record�. Empez� a arrojar al aspirador de desechos el archivador in�til, mientras miraba ociosamente algunos de sus v�deos. -Otras monta�as se llaman Oremal, Vosnuish, por ejemplo -se oy� decir-. S�lo el Clivorn lleva el t�tulo honor�fico An, que significa El. Su nombre nativo, An'druinn o La Monta�a de la Partida, puede referirse a la pr�ctica del exilio o la muerte rituales en lo alto de la monta�a. Pero esto no parece coincidir con el resto de esa cultura. El Clivorn no es una zona tab�. Hay senderos de pastores en todas las laderas por debajo de la l�nea de la glaciaci�n. La tribu conserva una zona tab� cerca del mar, donde est�n las rocas destinadas a la observaci�n de estrellas y el altar para la invocaci�n de los peces. Adem�s, la palabra local partida, en formal tercera persona, sugiere que no son los nativos quienes parten o han partido, sino otros. Pero �qui�nes? �Una tribu invasora? No es probable: el interior est� deshabitado y los nativos viajan por mar, a lo largo de la costa. Y el terreno m�s all� de An'druinn parece imprac... �stas eran las notas que hab�a grabado antes de empezar a estudiar los registros del Clivorn en busca de algo que explicara su nombre; alg�n monolito, una caverna, un artefacto, o incluso un camino. Pero las nubes hab�an sido demasiado densas hasta ese d�a en que crey� ver aquella l�nea, �Ver! �Acaso esperaba hacer ciencia con sus d�biles sentidos? -... los pozos transistorizados de alquitr�n en la galaxia... -dijo una voz �spera. Evan gir�. Estaba solo. -La computadora de la humanidad -continu� la voz, burlona. Evan comprendi� que era la voz de su predecesor, el antropsico Foster, que sus propios registros no hab�an borrado por completo. Mientras se dispon�a a hacerlo, la voz fantasmal de Foster dijo vigorosamente-: Un mamotreto planetario de datos redundantes sobre los procesos estelares que ninguna mente capaz ha examinado durante quinientos a�os.
  • 31. Evan abri� la boca. Sus dedos no acertaron con la tecla de borrado; s�lo baj� el volumen. -�Investigaci�n? -dijo la voz ebria de Foster-. �Acaso se manchan las manos? -Una invasi�n de ruidos est�ticos; Evan se agach� sobre la consola. Horrorizado, reconoci� las palabras-: �Shamanes! �Imb�ciles hereditarios pulsadores de botones! -M�s ruidos est�ticos, y Foster murmur� algo acerca del DNA-. �A eso le llaman vida! -grazn�-. �Conducta de seres humanos? En toda la galaxia, lo m�s complejo... lo m�s dif�cil... nuestra �nica esperanza... -La voz volvi� a desvanecerse. Evan vio que la cinta se acercaba al final. -Utop�a cient�fica -estall�, riendo, Foster-. La sociedad perfectamente organizada. Sin guerras. Ya no necesitamos estudiarnos a nosotros mismos, porque somos perfectos. -Un ruido l�quido devor� sus palabras. Foster hab�a estado bebiendo alcohol en el laboratorio, comprendi� Evan. Estaba loco. -Y yo soy el buf�n de la corte. -Un gran eructo-. Aprende unas cuantas palabras nativas, nos trae algunos recuerdos... el buen viejo Foster, no hagamos ola. -la voz emiti� gru�idos indefinidos y luego grit� definidamente-: �Sobre las manos y las rodillas! A solas, entre las piedras. Simmelweis. Galois. El trabajo sucio. El trabajo duro y solitario de... La cinta acab�. A trav�s del remolino de su mente Evan oy� unos pasos r�pidos. Se irgui� cuando su puerta se abr�a. Era el Delegado Pontreve. -�Qu� hace, Evan? Me pareci� o�r voces. -S�lo mis... notas locales, se�or. Pontreve lade� la cabeza. -�Acerca de esa monta�a, Evan? -Su voz era seca. Evan asinti�. El dolor de partir volvi� a invadirlo. -Doctor Pontreve, es una l�stima no hacer un examen. Esta zona no volver� a ser inspeccionada. -Pero �qu� podemos encontrar? Y adem�s, �qu� tiene que ver esa monta�a con su especialidad? -Se�or, mis estudios culturales indican una anomal�a. Alguna... bueno, no s� todav�a qu� es exactamente. Pero estoy seguro de que he visto algo... -�Quiz�s la m�tica Puerta del Tiempo?-La sonrisa de Pontreve se desvaneci�-. Evan. En la vida de todo joven Cient�fico hay un momento que pone a prueba su vocaci�n de modo definitivo. �Es realmente un Cient�fico? �O s�lo es un T�cnico demasiado estudioso? La ciencia no debe traicionarse ni retornar a la fenomenolog�a o la especulaci�n impresionista... Quiz� no lo sepa, Evan -prosigui� Pontreve en tono diferente-, pero su t�o y yo estuvimos juntos en el precient�fico. �l ha hecho mucho por usted. Tiene fe en usted. Yo lamentar�a profundamente que usted lo decepcionara. El coraz�n de Evan se encogi�. Sin duda, Pontreve hab�a ayudado a su t�o a darle un sitio en esa nave. Espantado, se oy� decir: -Pero doctor Pontreve, si mi t�o tiene fe en m� querr�a que tambi�n tuviera fe en m� mismo. �No es verdad que algunos hombres han logrado descubrimientos �tiles por persistir en lo que s�lo parec�a un... presentimiento? Pontreve retrocedi�. -Confunde la curiosidad ociosa. Eso es lo que ocurre, Evan, con la intuici�n inspirada, la capacidad de descubrimiento de los grandes cient�ficos de la historia. Me asombra. Pierdo mi simpat�a. -Mir� fijamente a Evan, mordi�ndose los labios-. Por el bien de su t�o - dijo duramente-, reflexione. Su posici�n es ya insegura. �Quiere perderlo todo? Un olor acre lleg� a la nariz de Evan. Miedo. Pontreve ten�a verdaderamente miedo. �Porqu�? -Olvide ahora mismo este asunto. Es una orden. En silencio, Evan sigui� al Delegado por los pasillos hasta el sal�n principal. No hab�a
  • 32. nadie a la vista aparte de tres j�venes de Esparcimiento que aguardaban fuera del sal�n, con caras asustadas, el momento de comenzar su tarea nocturna. Cuando entr�, Evan pudo o�r las voces de los Cient�ficos superiores empe�ados en una grave discusi�n. Se dirigi� a su habitaci�n, dejando por una vez opaca su ventanilla, y trat� de ver a trav�s de la pesadilla. El rostro macilento de Pontreve se confund�a en su mente con las ebrias herej�as de Foster. Y el miedo de Pontreve. �Miedo a qu�? �Qu� pod�a ocurrirle si Evan ca�a en desgracia? �Acaso hab�a algo que pudiera investigarse e incluso descubrirse? �Era posible que un Cient�fico hubiese recibido un soborno? Eso explicar�a el miedo... y el �milagro�. Evan apret� las mand�bulas. Si era as�, Pontreve era un falso Cient�fico. Incluso sus advertencias eran sospechosas, pens� Evan, furioso, revolvi�ndose en su cama de aire mientras buscaba vanamente algo tangible con que fuera posible combatir. La memoria de la fragancia de Ava Ling lo fustigaba. Dio un manotazo al filtro de la ventanilla y la fr�a luz inund� la habitaci�n. Las lunas gemelas del planeta estaban en el c�nit. La monta�a, m�s abajo, se ergu�a tan irreal como de espuma entre sus perpetuas nieblas veloces. El Clivorn no era en realidad una monta�a muy alta; quiz�s s�lo se alzaba unos mil metros por encima de la antigua l�nea de las glaciaciones, pero se elevaba aislada sobre el nivel del mar. El resplandor de las antorchas parpadeaba en el pueblo, al pie. Se desarrollaba una danza de invocaci�n a los peces. De pronto, Evan vi� que las nubes se separaban sobre los riscos m�s altos del Clivorn. Como s�lo hab�a ocurrido una vez anteriormente, se aclaraban las torres por encima de la marca del glaciar. Los �ltimos velos se disiparon. Evan miraba fren�ticamente. Nada... �Espera! All� estaba: una l�nea horizontal que fluctuaba levemente, alrededor de toda la cumbre. Unos doscientos metros m�s abajo. �Qu� pod�a ser? Las nubes volvieron a cerrarse. �Hab�a visto algo? �Si! Apoy� la frente contra la ventanilla. En la vida de todo joven cient�fico hay un momento... Eso hab�a dicho Pontreve. Quiz�s nunca m�s tendr�a una oportunidad parecida en otro mill�n de planetas desiertos. La certeza de lo que iba a hacer se apoder� de sus entra�as; sinti� un miedo mortal. Antes de que su �nimo decayera, se movi� y puso su inductor de sue�o en zeta. La ma�ana siguiente se visti� formalmente, ley� durante unos minutos las condiciones de su beca y se dirigi� al despacho de Pontreve. El ritual se desarroll� parsimoniosamente. -Doctor Administrador Delegado -dijo Evan, con la garganta seca-. Como Antropsico de esta Misi�n ejercito mis prerrogativas para solicitar un sondeo en todas las bandas del terreno situado por encima de los quinientos metros, en estas coordenadas. Las comisuras de los labios de Pontreve se inclinaron hacia abajo. -�Un sondeo en todas las bandas? Pero el costo... -Certifico que mis fondos aut�nomos son adecuados -respondi� Evan-. Como �ste es nuestro �ltimo d�a en el planeta, deseo que se haga cuanto antes, se�or. En el tumulto diurno de los laboratorios, ante los T�cnicos, los Aprendices y Mec�nicos congregados, Pontreve no pod�a decir nada. Evan estaba en su derecho. El rostro del anciano se torn� gris; hizo una pausa antes de ordenar a su ayudante que trajera los formularios de autorizaci�n. Cuando los colocaron ante Evan, se�al� con el dedo la l�nea donde Evan deb�a certificar que el sondeo era relevante para sus Requisitos de Especializaci�n. Evan apoy� con fuerza el pulgar; sent�a que los ojos del equipo de T�cnicos estaban clavados en �l. Esto acabar�a con sus fondos. �Pero hab�a visto la anomal�a!