La arquitectura paleocristiana se desarrolló en dos etapas principales: 1) las catacumbas subterráneas que servían como lugares de reunión y sepultura durante los primeros siglos, y 2) las basílicas de planta rectangular construidas a partir del siglo IV como edificios dedicados a la liturgia cristiana. Estas basílicas incorporaron elementos de las basílicas romanas pero con una direccionalidad hacia el altar para enfatizar la jerarquía religiosa.