Entre 1750 y 1900, la arquitectura europea evolucionó desde el barroco y rococó hacia el neoclasicismo y el historicismo, reflejando avances tecnológicos y una diversidad de estilos como el neogótico y el utopismo. Este período estuvo marcado por la combinación de elementos arquitectónicos de diferentes épocas y el uso de nuevos materiales como hierro y acero, permitiendo diseños más audaces. Obras emblemáticas como el Museo de Historia Natural de Londres y la Catedral de Colonia representan la riqueza y complejidad del paisaje arquitectónico de la época.