La escultura en la primera mitad del siglo XX experimentó una profunda renovación temática, técnica y formal, liberándose de las tradiciones académicas y del concepto de monumento. Artistas como Brancusi, Picasso y Duchamp transformaron la escultura en un objeto autónomo, empleando nuevos materiales y técnicas que incluyeron el ensamblaje y la abstracción. Los proyectos vanguardistas, desde el dadaísmo hasta el surrealismo, redefinieron la escultura al incorporar el espacio, el movimiento y la interactividad, permitiendo que cualquier objeto cotidiano pudiera ser considerado arte.